Me dices que anoche, separando tus piernas, pensaste en mí.

¿Crees que no sé que con los dedos, separando suavemente los pliegues, te apoderaste de tu clítoris?. ¿Crees que no sé, que soñando que era mi lengua, la que jugaba con ese botón, te corriste sobre las sábanas?.

Te equivocas, ¡porque tu noche es mi mañana!, y hoy, me desperté sintiendo que tu boca se abría para devorar mi sexo, y fue tu mano, la que jalando de mi piel, liberó mi glande de su prisión.

¡Eres mía!. Tus gritos ahogados por el miedo a despertar a tu familia, los pude escuchar como si los hubieses susurrado a mi oído. Tu pubis con su sabor y su aroma, no me resulta desconocido, porque noche a noche, es mi lengua la que sustituye a tus yemas, mientras rindes culto a Onan.

¡Nada de ti me es ajeno!. Ni siquiera esa espalda, que tumbándote sobre las sabanas dejas al descubierto, mientras te imaginas que te poseo. La he acariciado nocturnamente, al penetrarte en mi imaginación.

Y tu trasero, ese del que estás tan orgullosa, lo he desflorado con mi boca y con mi pene muchas veces.

O ¿te crees que cuando estas en la regadera y usando el teléfono de la ducha te masturbas, no me entero?.

No mi niña, es mi pene el que te riega, y son mis dedos los que te tapan la boca, para evitar que grites. Ese, que tanto placer te da, ¡soy yo!.