Tag archives for MARTINA LEMMI

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Relato erótico: “La Fábrica (38)” (POR MARTINA LEMMI)

No quedó, por lo tanto, más remedio que volver a mis labores con el consolador retráctil inserto otra vez en el ano para mi dolor e incomodidad; ello sumado a que mi cola aún seguía caliente por la paliza que Micaela me había propinado la noche anterior, razón por la cual creo que no necesito decir que, prácticamente, trabajé de pie durante el resto del día, agregándoseme así dolor de espalda y cervical a mis padecimientos. Al terminar el turno y tal como lo había anticipado, Evelyn me llevó en el auto a elegir ropa para el evento; por suerte, dejó previamente en su casa a Rocío o, de lo contrario, hubiera yo sufrido humillación por partida doble como venía siendo costumbre. Y en cuanto a lo de “elegir” era, por supuesto, relativo y, en todo caso, siempre estuvo más que claro que sería Evelyn quien elegiría y no yo;…
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Relato erótico: “La Fábrica (37)” (POR MARTINA LEMMI)

Penetré bien profundo a Luciano con el consolador y, en cada oportunidad en que lo hice, recordé el intenso placer anal que él mismo me había hecho conocer, pero también lo mal que se había portado conmigo. Se retorcía y gritaba; si se mantenía sobre el escritorio era porque Evelyn y Rocío se encargaban de sostenerlo. “¿Qué pasa, Luchi, duele un poquito?” – le decía Rocío, riendo y acercándole la boca al oído. “¡Le duele pero le gusta!” – dictaminó, jocosa, Evelyn, mientras le cruzaba a su pareja una mano por debajo del vientre y le palpaba el miembro para comprobar que el mismo estaba experimentando una erección. “Qué pedazo de puto”, pensé para mí misma y empujé el consolador aún más adentro de su cola y con más fuerza que antes. A Luciano se le vencieron los codos y cayó de bruces contra el escritorio, totalmente abatido por la…
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Relato erótico: “La Fábrica (36)” (POR MARTINA LEMMI)

Mientras la vergüenza me corroía por dentro al punto de lo indecible, permanecí como idiota mirando el falo artificial que quedó allí, delante no sólo de mis ojos sino de los de todas, pues no hace falta decir que tan insólita escena había conseguido captar las miradas de todo el personal. Con mi rostro teñido de todos los colores posibles, eché un vistazo en derredor por debajo de mis cejas y, en efecto, puede comprobar que así era: las expresiones, al menos de momento, no eran de burla sino más bien de azoramiento; era como si todavía no llegaran a entender bien qué estaba pasando. “¿No le decís nada al chico?” – me espetó Evelyn, gesticulando con aire histriónico. “Eso… - intervino Rocío, quien se había acercado al escritorio sin que yo me diera cuenta y, al igual que todas, tenía la vista clavada sobre el objeto que el sereno…
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Relato erótico: “La Fábrica (35)” (POR MARTINA LEMMI)

Así fue que tal como lo había aceptado (y sin tener otra alternativa), me dirigí hacia la sala de estar una vez que hube juntado los vidrios. Mica y Evelyn estaban ya nuevamente inmersas en una conversación que yo no comprendía, pues hablaban con algo de sorna sobre alguien que no conocía. En su charla, me ignoraban y eso aumentaba en mí la sensación de sentirme humillada. Fue Evelyn quien, en un momento, llamó la atención de Mica sobre el hecho de que yo me hallaba a su lado, a cuatro patas y junto al sofá. La jovencita giró la cabeza hacia mí y, de inmediato, rebuscó por todos lados hasta dar con el consolador; lo tenía al alcance, así que ni siquiera necesitó ponerse de pie para encontrarlo. Una vez que lo tuvo en mano, me indicó que me diera la vuelta con un simple y rápido movimiento de…
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Relato erótico: “Novio en estado de coma 4 final” (POR MARTINA LEMMI)

Y aquí me tienen: postrado, incapaz de actuar, imposibilitado de hablar y siendo sometido a la humillación de escuchar cómo mi esposa es penetrada por el culo aquí, a mi lado… Si esto que digo le produce gracia al lector, hasta puedo entenderlo; también a mí me la produciría en una situación parecida: qué fácil que es todo cuando las cosas le están pasando a otro.  Pero me están pasando a mí… Liz suelta un grito que está a mitad de camino entre gemido y alarido lo cual hace evidente que el doctor ya ha entrado en su zona trasera con ese miembro que, según dicen por ahí, es tan portentoso.         Ella jadea una y otra vez… y cada vez lo hace más cerca de mi oído.  Está bien claro que con cada nuevo empellón él la empuja un poco más hacia el lugar en que estoy, tanto que…
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Relato erótico: “Novio en estado de coma 3” (POR MARTINA LEMMI)

  “El suero ya lo cambié yo… vos encargate de las sábanas”            “Ah, ok”             Reconozco las voces.  Son las dos enfermeras que habitualmente realizan el servicio de la habitación.  Debo haber estado “dormido”; suena extraño pero mi estado alterna momentos de sueño inconsciente con otros de sueño comatoso semiconsciente…             “¿Estuviste en la guardia anoche?” – pregunta una, la que puedo identificar como de menor edad.             “Sí, sí…” – responde la mayor con un deje de picardía.             “¿Y? Jiji… contameeeee… ¿qué onda???”              La otra ríe antes de contestar…               “Y… mirá… lo que se dice ver no pude ver nada porque el guacho de Javier cerró la puerta, je… Pero escuchar se escuchaba bastante eh…”                “Hmmmmm… jajaja… ¡No me digas!!!”                 “Jeje… sí… No te das una idea de cómo aullaba la putita ésa… Una perra en celo y no sé si no me…
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Relato erótico: “Novio en estado de coma 2” (POR MARTINA LEMMI)

   Mis oídos ya hace rato que no pueden creer las palabras que brotan de los labios de Liz.  Por momentos me pongo a pensar que quizás todo esto sea una gran pesadilla, un maligno y prolongado sueño provocado por el coma… O quizás… O quizás esté muerto… y mi cabeza siga trabajando e inventando cosas, tal vez dando forma a mis peores temores… Pero por otro lado siento que es todo tan real: la voz de Liz, la entonación de las palabras, los movimientos que los sonidos permiten deducir… Por lo pronto él avanza hacia ella: eso está bastante claro; los pasos son lentos y pausados pero a la vez firmes y decididos.  El lobo va hacia su presa, la cual se entrega mansa y plácidamente a su influjo…            Ahora escucho sus bocas besarse: también está claro; hay sonidos como de succión y reconozco auditivamente la forma en…
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Relato erotico: “Novio en estado de coma (1)” (POR MARTINA LEMMI)

 Me siento como en el fondo de un inmenso foso… La luz no llega salvo ligeros destellos que, por lo que parece, mis párpados no logran detener… ¿Por qué no consigo abrir los ojos?  Mis sentidos van volviendo a mí poco a poco pero mis movimientos continúan ausentes, como si mi cuerpo no respondiera a mi cerebro o bien mis músculos estuvieran absolutamente embotados…  Mis oídos captan el mundo a mi alrededor pero las frases llegan cortadas… como si estuviera tratando de establecer una comunicación a larga distancia que cada tanto se interrumpe…         “…haciendo lo posible…............ las posibilidades están pero son remotas……………..sólo queda esperar…………en la mayoría de los pacientes no……………”           ¿Quién está hablando?  Desconozco esa voz… ¿De qué habla exactamente?  ¿En dónde estoy?  Necesito moverme… necesito ordenarle a mi cuerpo que se mueva… pero por más que lo intento sigo ahí, como presa de la inercia de un…
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Relato erótico: “La Fábrica (34)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 34 Para esa altura no sólo no había de mi parte nada para objetar sino además ninguna duda acerca de lo que me esperaba: el hecho de que Mica me ordenara abrir la boca dejaba bien a las claras que su plan era utilizarme como inodoro en su real uso y sentido. Comencé a temblar; la miré y, seguramente, mi mirada era implorante. Sin embargo, bastaba con ver los ojos de Mica para darse cuenta que era absurdo esperar alguna piedad de su parte; sus mejillas brillaban rozagantes y las comisuras se le estiraban en una amplia y maléfica sonrisa, a la vez que sus ojos destilaban el más perverso y anticipado disfrute de lo que seguramente, en su mente, sería la consumación de una venganza más que esperada. “Vamos – me insistió, propinándome un puntapié en uno de mis muslos -; abriendo la boquita, te dije” Sin…
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dominación

Relato erótico: “La Fábrica (33)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 33 El terror se posesionó de mí a tal punto que di un salto sobre las palmas de mis manos e instintivamente giré la cabeza por sobre mi hombro. Mica me miraba con una mueca siniestramente divertida. “Tranquila – me dijo, en falso tono tranquilizador, mientras me enseñaba la botella en su mano -. Has tenido cosas peores que esto dentro del culo, ¿o no?” Coronó sus palabras con un guiño de ojos que sólo destilaba sadismo. Moví mi cabeza a un lado y a otro en señal de negación o, más bien, de súplica. “P… por f… favor, s… señorita Micaela, s… se lo rueg…” No me dio tiempo de terminar la frase: antes de que pudiese siquiera reaccionar y siempre manteniendo mi cabeza tomada por los cabellos, introdujo el pico de la botella dentro de mi boca de tal modo que cuando quise cerrarla ya era…
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Infidelidad

Relato erótico: “La Fábrica (32)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 31 Las fichas me cayeron todas juntas. ¡Con razón me sonaba haber oído previamente ese nombre de labios de Evelyn! Ahora recordaba perfectamente que ella la había mencionado aquel día en la oficina de Luis, justo unos momentos antes de dar media vuelta y renunciar. Conque ésa era la chica… No sé por qué, pero no la había imaginado tan joven. Sus ojos, ahora que ella sabía quién era yo, brillaban de un modo especial… y en ese brillo descubrí una mezcla de sentimientos y sensaciones que iban desde la incredulidad hasta la alegría, pero una alegría sádicamente perversa, difícil de definir; por un momento me hizo acordar a Rocío, pero a la vez había algo distinto en Mica: como si dentro de ella anidaran mil resentimientos pugnando por salir a la luz; y yo, sin comerla ni beberla, era, de algún modo, el blanco de buena parte…
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Infidelidad

Relato erótico: “La fábrica (31)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA Aun entre todas las situaciones humillantes que me había tocado vivir, puedo asegurar que pocas tuvieron parangón al hecho de que ambas hablaran de mí como si yo fuera un mero objeto sin decisión alguna o, como mucho, un simple animal. Evelyn dejó en su casa a Rocío y sentí un enorme alivio cuando la rubia se bajó del auto; de todos modos, no hace falta decir que no desaprovechó la oportunidad para saludarme y sonreírme con sorna. “Portate bien – me recordó varias veces, apoyando un dedo índice sobre el párpado inferior -. No hagas enojar a Eve…” Desapareció por la puerta de la casa al momento en que alguien le abrió, en tanto que Evelyn puso el auto nuevamente en marcha e iniciamos el camino que, supuestamente, nos llevaba a su hogar. Yo seguía en el asiento de atrás, pues casi resultaba absurdo pensar que ella…
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Relato erótico: “La fábrica (30)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FABRICA 30 Con un gesto tan amable como elocuente en cuanto a su significado, el hombre me hizo seña de que me inclinase sobre el mostrador; vacilé durante unos segundos, pero finalmente lo hice, quedando con mis pechos prácticamente sobre el cristal. ¿Qué otra opción tenía? Mientras lo hacía, ojeé de soslayo el objeto que sostenía en sus manos y me invadió un acceso de terror que me hizo temblar de la cabeza a los pies. “Tranquila – dijo Rocío mientras me acariciaba un brazo en lo que constituía un falso intento por serenarme -. Se ve grande, sí, pero te vas a acostumbrar: no te preocupes” El hombre del local, en tanto y tras ubicarse por detrás de mí, hincó trabajosamente una rodilla y espiando de reojo lo vi acomodarse sus lentes y escrutarme con ojo experto. “Abrí el culito, nadita – intervino, bien hiriente, Rocío -. Así…
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Infidelidad

Relato erótico: “La fabrica (29)” (POR MARTINA LEMMI)

Fue tanta la conmoción que me invadió que, aun a pesar de llevarme una mano a la boca para silenciar cualquier grito de espanto, el nombre de mi esposo se deslizó por entre mis labios casi como si yo careciera de control sobre mi lengua: “Da… niel” Fue apenas un susurro, pero claramente audible, lo cual quedó demostrado en el hecho de que tanto Evelyn como Rocío desviaron de inmediato sus ojos para mirar hacia donde yo lo hacía. Comprendí al instante que había sido una tonta, pues de no haber emitido sonido alguno, lo más probable era que ninguna de ambas se percatase de la presencia de mi esposo sobre la acera de enfrente. Pero, claro: bastó que se dieran cuenta del motivo de mi súbito terror para que sus rostros se iluminasen con el más perverso morbo. “¿Es… Daniel?” – preguntó Evelyn en un tono que rezumaba incredulidad.…
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