Tag archives for MARTINA LEMMI

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Relato erótico: “La Fábrica (33)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 33 El terror se posesionó de mí a tal punto que di un salto sobre las palmas de mis manos e instintivamente giré la cabeza por sobre mi hombro. Mica me miraba con una mueca siniestramente divertida. “Tranquila – me dijo, en falso tono tranquilizador, mientras me enseñaba la botella en su mano -. Has tenido cosas peores que esto dentro del culo, ¿o no?” Coronó sus palabras con un guiño de ojos que sólo destilaba sadismo. Moví mi cabeza a un lado y a otro en señal de negación o, más bien, de súplica. “P… por f… favor, s… señorita Micaela, s… se lo rueg…” No me dio tiempo de terminar la frase: antes de que pudiese siquiera reaccionar y siempre manteniendo mi cabeza tomada por los cabellos, introdujo el pico de la botella dentro de mi boca de tal modo que cuando quise cerrarla ya era…
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Relato erótico: “La Fábrica (32)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 31 Las fichas me cayeron todas juntas. ¡Con razón me sonaba haber oído previamente ese nombre de labios de Evelyn! Ahora recordaba perfectamente que ella la había mencionado aquel día en la oficina de Luis, justo unos momentos antes de dar media vuelta y renunciar. Conque ésa era la chica… No sé por qué, pero no la había imaginado tan joven. Sus ojos, ahora que ella sabía quién era yo, brillaban de un modo especial… y en ese brillo descubrí una mezcla de sentimientos y sensaciones que iban desde la incredulidad hasta la alegría, pero una alegría sádicamente perversa, difícil de definir; por un momento me hizo acordar a Rocío, pero a la vez había algo distinto en Mica: como si dentro de ella anidaran mil resentimientos pugnando por salir a la luz; y yo, sin comerla ni beberla, era, de algún modo, el blanco de buena parte…
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Infidelidad

Relato erótico: “La fábrica (31)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA Aun entre todas las situaciones humillantes que me había tocado vivir, puedo asegurar que pocas tuvieron parangón al hecho de que ambas hablaran de mí como si yo fuera un mero objeto sin decisión alguna o, como mucho, un simple animal. Evelyn dejó en su casa a Rocío y sentí un enorme alivio cuando la rubia se bajó del auto; de todos modos, no hace falta decir que no desaprovechó la oportunidad para saludarme y sonreírme con sorna. “Portate bien – me recordó varias veces, apoyando un dedo índice sobre el párpado inferior -. No hagas enojar a Eve…” Desapareció por la puerta de la casa al momento en que alguien le abrió, en tanto que Evelyn puso el auto nuevamente en marcha e iniciamos el camino que, supuestamente, nos llevaba a su hogar. Yo seguía en el asiento de atrás, pues casi resultaba absurdo pensar que ella…
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Relato erótico: “La fábrica (30)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FABRICA 30 Con un gesto tan amable como elocuente en cuanto a su significado, el hombre me hizo seña de que me inclinase sobre el mostrador; vacilé durante unos segundos, pero finalmente lo hice, quedando con mis pechos prácticamente sobre el cristal. ¿Qué otra opción tenía? Mientras lo hacía, ojeé de soslayo el objeto que sostenía en sus manos y me invadió un acceso de terror que me hizo temblar de la cabeza a los pies. “Tranquila – dijo Rocío mientras me acariciaba un brazo en lo que constituía un falso intento por serenarme -. Se ve grande, sí, pero te vas a acostumbrar: no te preocupes” El hombre del local, en tanto y tras ubicarse por detrás de mí, hincó trabajosamente una rodilla y espiando de reojo lo vi acomodarse sus lentes y escrutarme con ojo experto. “Abrí el culito, nadita – intervino, bien hiriente, Rocío -. Así…
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Relato erótico: “La fabrica (29)” (POR MARTINA LEMMI)

Fue tanta la conmoción que me invadió que, aun a pesar de llevarme una mano a la boca para silenciar cualquier grito de espanto, el nombre de mi esposo se deslizó por entre mis labios casi como si yo careciera de control sobre mi lengua: “Da… niel” Fue apenas un susurro, pero claramente audible, lo cual quedó demostrado en el hecho de que tanto Evelyn como Rocío desviaron de inmediato sus ojos para mirar hacia donde yo lo hacía. Comprendí al instante que había sido una tonta, pues de no haber emitido sonido alguno, lo más probable era que ninguna de ambas se percatase de la presencia de mi esposo sobre la acera de enfrente. Pero, claro: bastó que se dieran cuenta del motivo de mi súbito terror para que sus rostros se iluminasen con el más perverso morbo. “¿Es… Daniel?” – preguntó Evelyn en un tono que rezumaba incredulidad.…
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Infidelidad

Relato erótico: “La fabrica (28)” (POR MARTINA LEMMI)

“Es cierto – dijo Rocío, al cabo de un rato, pensativa y sin dejar de mirarme -: no sería justo, pero… tampoco me parece que tengamos que castigarla tanto” El comentario, por supuesto, me sobresaltó y, viniendo de quien venía, no pudo menos que generarme una cierta desconfianza. Evelyn, no menos sorprendida que yo, giró la vista hacia su amiga. “¿Qué estás diciendo?” – preguntó, extrañada. “O sea… - se apresuró a aclarar Rocío -: me parece perfecto que nadita tenga que tener esta noche su culito ocupado: fue mi idea después de todo, así que me hago cargo, jeje. A lo que voy es a que deberíamos, de todos modos, darle a nadita algún pequeño gustito…” Evelyn lucía tan azorada como yo; sus ojos, ahora, parecían taladrar a su amiga. “¿Gustito?” – preguntó. Rocío, simplemente, asintió con la cabeza; luego, poniéndose algo más seria, volteó la cabeza hacia mí…
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Relato erótico: “La fabrica (27)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 27 Me giró y me hizo apoyar las palmas de mis manos contra la inmunda pared. Me tomó por las nalgas y, durante algún momento, fue como si las sopesara; las zamarreaba de tal modo de levantarlas y dejarlas caer como si quisiera comprobar si estaban en su lugar. “Cola firme y bien paradita – dictaminó, con voz sibilina y confirmando mis pensamientos -. De las que a mí me gustan” Acto seguido se desabrochó el cinturón y lo arrojó a un lado junto con su teléfono celular que, una vez más, visitaba el piso, separándose de tapa y batería. Al igual que él lo hiciera antes, se hincó por detrás de mí, lo cual no sólo me sorprendió sino que, en cierto modo, me decepcionó, ya que yo tenía, para esa altura, tal grado de calentura que lo único que quería era recibir en mí su verga…
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Relato erótico: “La fabrica (26)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 26 Siempre con su mano sobre la base de mi espalda, el oficial me fue guiando a través de un largo corredor y, para mi vergüenza, me hizo pasar nuevamente por delante de casi todo el personal policíaco que se hallaba en ese momento en funciones en aquella dependencia. De pronto salimos al aire libre y me encontré cruzando un patio con piso de ladrillos; la tarde ya estaba bastante avanzada, por lo cual el sol ya prácticamente no daba allí sino que quedaba oculto por detrás de altos muros que rodeaban el patio. Fue en ese momento cuando descubrí que, desde un precario ventanuco enrejado, unos famélicos ojos que eran pura depravación me devoraban de arriba abajo. “Mmmm…. Mamita, ojalá te pongan en mi celda, ja. Te meto la verga por el orto y te la saco por la boquita” Lo asqueroso del comentario me hizo revolver…
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Relato erótico: “La fabrica (25)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 25 “Bueno, vas a decirnos ahora qué es lo que pasó” – me urgió en tono imperativo Evelyn, deteniendo el auto junto a la acera. No había estacionado en ningún sitio en particular ni tampoco era que hubiésemos llegado a destino alguno. Si aparcó el vehículo, fue simplemente porque consideró que ya era momento de exigirme una explicación de lo ocurrido; tanto ella como su amiga se giraron hacia mí con expresión expectante en sus rostros. “B… bueno… - tartamudeé -; v… verá, s… señorita Evelyn: el s… sereno…” “¿El nuevo?” – inquirió Evelyn, abriendo enormes los ojos. “S… sí, seño… rita Ev… elyn; el nuevo” “¿Vas a decirme que también intentó violarte?” – indagó, con el ceño fruncido. “¿O directamente lo hizo?” – terció Rocío. “N… no, en realidad no…” “¿Entonces…?” – preguntó otra vez la rubia. Me sentí muy tonta: no sabía cómo explicar los hechos…
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Relato erótico: “La fabrica (24)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FABRICA 24 El dolor me hizo retorcerme y enroscar una pierna sobre la otra mientras mi rostro se contraía en un rictus indefinible y mi sexo, por contraste, se iba humedeciendo; en parte, a eso último apuntaba al cruzar mis piernas: no quería por nada y por nada que Rocío o Evelyn advirtiesen mi excitación. De ser así se reirían a carcajadas haciendo mi humillación infinitamente mayor. “Duele. ¿Verdad, linda?” – preguntó burlonamente Rocío junto a mi oreja; como pude y mientras jadeaba quejosamente, asentí con la cabeza pues, en la condición en que me hallaba, no había forma de que surgiera de mis labios palabra alguna. “Pero ya lo tuviste adentro y te acostumbraste – continuó la rubia, tras propinarme un muy suave beso junto al lóbulo -: y tuviste adentro otras cosas también, así que no te preocupes que tu culito tiene memoria; de acá a un…
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Relato erótico: “La fabrica (23)” (POR MARTINA LEMMI)

LA FABRICA 23 Evelyn tomó un bolígrafo de encima del escritorio y se quedó jugueteando con él entre sus dientes; me miraba de un modo que era escrutador y también calculador: ya no había en su rostro ninguna sonrisa sino que, por el contrario, parecía estarse tomando muy en serio lo que fuese que su enferma mente estuviera tramando. Yo, que seguía arrodillada, comencé a temblar de la cabeza a los pies, como si súbitamente cobrara conciencia de los posibles alcances del “pacto” celebrado: no había modo alguno de prever con qué se iba a salir la colorada perversa ahora que sabía que disponía de mí por completo. “Quiero tu cara en el piso. Ya mismo” – me ordenó de repente, con voz fría y carente de toda emoción. Yo sabía que, de acuerdo al trato no firmado por escrito que teníamos entre ambas, no me quedaba demasiada opción, así…
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Relato erótico: “La fábrica 22” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 22 Esa noche era, en teoría, la última que yo pasaba en casa de Luis; sin embargo, los últimos acontecimientos de la fábrica en relación con la llegada de la nueva empleada me hicieron rever mi postura.  Los celos y la paranoia hicieron presa de mí al punto de la angustia, pues yo suponía que, en caso de marcharme, estaría allí dejando otra plaza libre para ser ocupada por esa chica.  Viéndolo hoy, la mía estaba lejos de ser una estrategia acertada ya que corría riesgo de atosigar con mi presencia, pero en esos momentos la mente de una trabaja de una forma distinta y se deja llevar por impulsos y sentimientos obsesivos.  Apenas Luis y Tatiana estuvieron en casa me arrojé, por supuesto, en brazos de ella y, casi literalmente, le comí la boca: creo que nunca le había llevado la lengua tan adentro de su boca…
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Relato erótico: “La fábrica 21” (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 21 El resto del domingo discurrió sin mayor novedad y, de hecho, lo pasé la mayor parte del tiempo durmiendo.  Tatiana, un amor, me llevó a la cama lo que no supe si era una merienda, una cena o bien el desayuno del lunes pues yo ya había perdido noción del tiempo.  Mis padres volvieron a llamarme un par de veces porque, claro, los rumores seguían circulando y vaya a saber qué era lo que les había llegado y de qué forma.  Le pedí a Luis, por lo tanto, que me llevara a verlos así se tranquilizaban; previo a ello, obviamente, me vestí de tal forma de no dejar visible ninguna de las marcas de los golpes de cinturón aun cuando éstas, por fortuna, ya comenzaban a atenuarse. El lunes no me presenté a trabajar, lo cual, de todos modos, supuse que era para todos un hecho.  Ya…
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Relato erótico: ” La fábrica 20″ (POR MARTINA LEMMI)

LA FÁBRICA 20 “Es… ¡ese sereno de mierda! – rugió Daniel con el rostro desencajado para, automáticamente, girarse hacia mí -.  ¡El degenerado que te miraba a la salida de la fábrica!  ¡Yo sabía que algo había!” Yo no conseguía aún salir de mi sorpresa.  Se terminaba de confirmar que, en efecto, era Milo el sujeto a quien yo había visto escondido tras un árbol.  Y seguramente, además, habría estado espiando no durante uno sino durante varios días; mi cabeza le dio rápidamente vueltas al asunto y no fue difícil llegar a la conclusión de que, cuando llegamos, debió haber estado apostado en la puerta de casa y entrado presurosamente al escuchar mis gritos: después de todo, Daniel no había cerrado la puerta y era de pensar que sus padres tampoco lo habrían hecho. Durante algún instante fugaz me miró; no supe interpretar la expresión en sus ojos había piedad…
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