Tag archives for MARTINA LEMMI

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Relato erótico: “la vida da revancha 4 y final” (POR MARTINNA LEMMI”

               Al regresar a casa no hubo palabras entre los esposos y, por cierto, tampoco casi las hubo durante el resto del día.   Lo que habían vivido era lo suficientemente impactante como para ameritar el silencio.  Y a la noche, una vez más, vuelta al trabajo, al signo de interrogación que constituía cada noche en ese bar en donde nunca se sabía qué podía pasar.  Fernando volvió a ser vestido como una chica para hacer de camarera puesto que ése era el rol que, ya de forma definitiva, Ofelia le había asignado.  Incluso y una vez más, fue ella misma quien se encargó de vestirlo para la ocasión en tanto que su “asistente” se encargó del maquillaje.  Otra empleada, por su parte, se encargó, de depilarle las piernas, cosa que no habían tenido tiempo de hacer en la noche anterior.  De ese modo la…
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dominación

relato erótico: “La vida da revancha 3” (POR MARTINNA LEMMI)

                Ofelia giró sobre los tacos de sus botas y se marchó.  El hombre agradeció su presencia en el lugar y luego se dedicó de lleno a Eliana.  Subiendo con la verga por entre los muslos llegó hasta la entrada de su concha, la cual acababa de ser inspeccionada por Ofelia.  Apenas introdujo la punta de su miembro, Eliana soltó un gritito que se mezcló con un jadeo.  El sujeto hizo una pausa; jugó con el momento.  Habiendo logrado el efecto de que ella estuviera excitada al punto de sentir ansiedad, jugueteó un poco con su verga arrancándole así a Eliana gemidos que denotaban que estaba sintiendo un placer intenso, ya fuera por su voluntad o en contra de ella.  Y luego entró con decisión; esta vez fue un aullido lo que brotó de la garganta de Eliana.  Y el tipo la cogió…
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Relato erótico: “la vida da revancha 2 ” (POR MARTINNA LEMMI)

 Una de las chicas se adelantó unos pasos hacia Eliana.  Sorprendió a Fernando que no fuera la misma que había ido a buscar la fusta o el taco; parecía como si hubiera una red de asistentes de Ofelia con las funciones bien determinadas, donde cada una sabía cuándo tenía que actuar.  En un gesto que a Fernando hasta se le antojó piadoso, la chica apoyó una mano sobre el vientre de Eliana y otra sobre la parte superior de la espalda, entre los omóplatos; le susurró algo al oído y, empujándola levemente, la impelió a inclinarse hacia adelante.  Una vez más su cola entangada quedó descubierta pero la orden de Ofelia había ido más allá, así que la joven tomó la prenda íntima de Eliana por los bordes y la deslizó hasta dejársela a mitad de los muslos.  Luego la muchacha se hizo a un lado, como ocurría todo el…
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Relato erótico: “La vida da revancha” (POR MARTINA LEMMI)

          Eliana y Fernando eran el matrimonio perfecto hasta que ocurrió el desastre.  Por lo general, los noviazgos de la secundaria no duran de por vida, pero a veces hay excepciones y el caso de ellos parecía ser.  Él era en aquellos días el alumno perfecto, atractivo y ganador con las chicas, además de brillante en los estudios.  Ella era lo mismo pero puesto en términos de mujer: es decir, muy cortejada por los varones y también con altísimas calificaciones.  Durante bastante tiempo, Fernando se dedicó a sus correrías de adolescente pirata y quizás por eso no hizo, en un principio esfuerzo por levantarse a Eliana; es que, a pesar de que ella tenía a la mayoría de los varones encima, la realidad era que se mostraba como una chica seria y no daba demasiada cabida a ninguno o, al menos, no era proclive a embarcarse en…
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lésbico

Relato erótico: “Hechizo de una noche 2” (POR MARTINA LEMMI)

                  Cuando salí de la carpa y dejé la playa, caminé largo rato meditando sobre lo que acababa de ocurrir y lo que me estaba pasando.  ¿Era posible?  ¿O era un sueño?  Unas chicas adolescentes pasaron en un auto y me gritaron cosas de un modo totalmente desinhibido y desaforado:                     “Mmmm…, ¡Bombón!  ¿Cómo hacés para ser tan lindoooo????”                     “¡Guauuuu! ¡Te bajo el pantalón con los dientes, preciosooo!!!”                     “¡Haceme un hijo!!! ¡O dos!!! Jajaja….”                      Eran las típicas adolescentes de veraneo que no escatiman absolutamente nada cuando se trata de piropear a un chico porque están de vacaciones y nadie las conoce; es la desinhibición que otorga el anonimato.  En otro contexto, la actitud que con tal descaro exhibían me hubiera parecido desagradable e histérica.  Sin embargo, en ese momento, hasta me produjo una sonrisa.  Era algo totalmente nuevo que…
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lésbico

Relato erótico: “Hechizo de una noche 1” (POR MARTINA LEMMI)

           Me llamo Abigail.  Y todos me conocen como Abi.  Si tuviera que decir si soy lesbiana, me encontraría sin respuesta, pero lo cierto es que los varones no son mi foco de atracción o, por lo menos, sé que dejaron de serlo cuando tenía doce años, si es que alguna vez lo habían sido.  Es decir, puedo apreciar un cuerpo masculino bello pero, al momento de generarme deseo sexual, lo que me produce el cuerpo de una hermosa mujer es único.  Y, sin embargo, la realidad marca que, por lo menos hasta los hechos que voy a pasar a contarles en este relato, jamás he tenido intimidad alguna con una mujer.  Tampoco con un hombre y, de hecho, hasta me he tenido que ligar las cargadas crueles de quienes me han caratulado como “torta”.  No han sido la mayoría, debo admitirlo, sólo algunos estúpidos, pero…
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Infidelidad

Relato erótico: “Diario de una Doctora Infiel (11): Final” (POR MARTINA LEMMI)

           En fin… No necesito decir al lector que tuve que practicarle sexo oral nuevamente, esta vez arrodillada en el interior de un probador.  Tampoco necesito decir que tuve que comprar el conjunto de lencería y, una vez más, pagar en efectivo para evitar el que mi nombre quedara involucrado y expuesto en una compra con tarjeta…, con la tarjeta de Damián, por cierto, de la cual yo tenía una extensión.   Nos intercambiamos, por supuesto, los números de celular con la vendedora; lo cómico del asunto fue que ni siquiera le pregunté su nombre al momento de agendarla y recién entonces caí en la cuenta de que en realidad nunca lo había sabido, no sé si por no haberlo oído jamás o quizás porque, en el supuesto caso de que Franco lo hubiese mencionado,  mis oídos, selectivamente, se habían negado a registrarlo: una especie de mecanismo…
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Infidelidad

Relato erótico: “Diario de una doctora infiel 10” (POR MARTINA LEMMI)

 No sé a qué hora terminé regresando a casa, ya que después del delirante episodio en la estación de servicio, todavía tenía que volver a pasar por el consultorio para ducharme y cambiarme, cosa que en definitiva no había hecho en mi pasada anterior  aun cuando fuera justamente a eso a lo que había ido.  Damián, por supuesto, ya dormía; nuestra relación se estaba volviendo cada vez más fría y distante.  Era impensable que no fuera así: mis salidas hasta cualquier hora con las consecuentes sospechas, sumadas a mi propio alejamiento de él, no podían llevar a otra cosa más que a que él también se alejara.  A pesar de eso, jamás decía o manifestaba nada; por el contrario, cuando yo le daba explicaciones o exponía excusas acerca de mis demoras o ausencias, se comportaba como si estuviera atento a otra cosa, provocándome con ello la sensación de estar dando…
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Infidelidad

Relato erótico: “Diario de una Doctora Infiel (9)” (POR MARTINA LEMMI)

 Estuve largo rato recorriendo la sandalia derecha de la trola con mi lengua.  Al igual que ocurriera antes, no hubo tampoco esta vez contraorden alguna al respecto; estaban, por otra parte, demasiado entretenidos.  Fui, por lo tanto, una vez más, yo misma quien decidió cuándo dar por terminada mi labor y, por alguna razón, permanecí allí, arrodillada junto a ellos, quienes se seguían besando al tiempo que ella persistía en masajearle la verga en tanto que él, ahora, le sobaba las tetas por encima del vestido.  Estuve un rato mirándolos estúpidamente y en algún momento me pregunté qué diablos hacía yo de rodillas.  Era como si de a poco yo misma fuera naturalizando mi propia humillación y degradación; si Franco y esa atorrantita habían querido conseguir en mí eso, lo habían logrado.           Cuando terminaron con su insufrible franeleo, Franco me miró y me ordenó que fuera a buscar otra…
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Infidelidad

Relato erótico: “Diario de una doctora infiel 8” (POR MARTINA LEMMI)

Al día siguiente era domingo: cuando desperté, Damián ya no estaba en la cama.  Hizo las preguntas de rigor pero sólo eso y hasta podría decirse que ni siquiera pareció demasiado interesado y que por momentos era más yo la interesada en explicar que él en escuchar.  Ignoraba yo si su comportamiento al respecto se debía a que simplemente me dejaba manejarme con libertad o bien a que ya empezaba a tener una actitud resignada hacia mis excusas; de ser esto último, significaba que él ya estaba sospechando algo.  Pero bueno, bien podía ser sólo mi imaginación.                Durante los dos días siguientes no hubo novedad alguna: fui al colegio y, como siempre lo hacía, busqué tanto ingresar como salir del establecimiento estando los alumnos en clase de tal modo de evitar  los recreos para no tener que cruzarme con Franco, con los chicos de la fiesta o con la…
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Infidelidad

Relato erótico: “Diario de una doctora infiel 7” (POR MARTINA LEMMI)

    Cuando toda la perversa escena hubo llegado a su aparente fin los jóvenes quedaron todos extenuados.  Y yo también.  Mareo, alcohol, drogas y cansancio constituían un cóctel difícil de aguantar tanto para mí como para ellos, aun cuando debían estar más acostumbrados que yo.  Al rato dos de ellos dormitaban… o tal vez dormían, no lo sé.  El flaco y el pendejito se mostraron cansados pero no a tal punto de abatimiento.  En un momento se dedicaron a jugar con una playstation.  Yo seguía en el piso como si me hubiera pasado un tren por encima.  Estaba abatida, tanto física como psicológicamente: ni en mi más remota y perversa fantasía podría haber imaginado vivir una locura así.  E increíblemente, en ese momento volví a pensar en Franco: ¿qué sería de él?  ¿Seguiría con la maldita turrita de la tienda?  Me invadieron unas incontrolables ganas de llamarlo: era un delirio…
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Infidelidad

Relato erótico: “Diario de una Doctora Infiel (6)” (POR MARTINA LEMMI”

  Cuando llegué al lugar, se trataba simplemente de una casa de dos plantas o, al menos, eso fue lo que me pareció; quizás hubiera más de una vivienda.  Toqué el portero; una voz adolescente (diferente de la que escuchara en el teléfono) preguntó quién era.  Una vez que me presenté como la doctora Ryan, simplemente me dijeron que pasara y se accionó la apertura de la puerta de entrada.  No había ascensor en el lugar: mucho lujo para sólo dos plantas, así que encaré las escaleras y con cada paso que daba oía retumbar mi propio taconeo y no cesaba de preguntarme hacia dónde o hacia qué estaba subiendo.  Al final de la escalera me encontré con una puerta; yo ignoraba si debía golpearla, buscar un timbre o simplemente aguardar a que me abrieran, pero casi no tuve tiempo de analizar ninguna de las tres opciones porque la misma…
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Relato erótico: Diario de una Doctora Infiel (5) (POR MARTINA LEMMI)

  Durante los dos días siguientes pensé seguido en renunciar definitivamente al trabajo en el colegio.  Pero cuando una está enredada en algo, salir se vuelve mucho más difícil que entrar.  Tal como las cosas estaban dadas ahora, renunciar implicaba más tormentas que sosiego, más sospechas que disuasiones, más dudas que certezas… alimentaría la imaginación en los chicos del colegio, en los directivos, en los dueños y, sobre todo, en Damián.  A propósito traté en esos días de estar en casa la mayor cantidad de horas que pudiera y compartir tiempo con él.  Pero en realidad mi motivación era estratégica, ya fuera de modo consciente o inconsciente.  Sabía que se aproximaba el fin de semana y que de un momento a otro recibiría un llamado o un mensaje de texto requiriendo mis “servicios”.  De ser así tendría que ausentarme en casa y, una vez más, debería recurrir a las excusas…
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hetero

Relato erótico: Diario de una Doctora Infiel (4) (POR MARTINA LEMMI)

          La verdad que ya no se sabía qué cosa era más degradante.  Rogar por sexo anal era una humillación tanto o más grande que pagar para que me lo hicieran.  Pero yo estaba ultra caliente.  Y ya para esa altura no había obstáculo que se me interpusiese con tal de conseguir la verga del pendejo en mi cola.  Ni aun si ese obstáculo era mi dignidad.  Así que inspiré, tragué saliva y recité, casi como si se tratara de una oración o alguna perorata legal.              “Por favor Franco… ¿Puede usted hacerme la cola?”              El pendejo rió, como ya era costumbre en él.  Me estrelló una palmada en la nalga.              “Casi bien, doc, casi…” – dictaminó.                Me quedé un rato en silencio a la espera de que aclarara mejor qué era lo que faltaba a mi pedido, pero no dijo nada, así que…
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