Tag archives for MARTINA LEMMI

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Relato erótico: Diario de una Doctora Infiel (5) (POR MARTINA LEMMI)

  Durante los dos días siguientes pensé seguido en renunciar definitivamente al trabajo en el colegio.  Pero cuando una está enredada en algo, salir se vuelve mucho más difícil que entrar.  Tal como las cosas estaban dadas ahora, renunciar implicaba más tormentas que sosiego, más sospechas que disuasiones, más dudas que certezas… alimentaría la imaginación en los chicos del colegio, en los directivos, en los dueños y, sobre todo, en Damián.  A propósito traté en esos días de estar en casa la mayor cantidad de horas que pudiera y compartir tiempo con él.  Pero en realidad mi motivación era estratégica, ya fuera de modo consciente o inconsciente.  Sabía que se aproximaba el fin de semana y que de un momento a otro recibiría un llamado o un mensaje de texto requiriendo mis “servicios”.  De ser así tendría que ausentarme en casa y, una vez más, debería recurrir a las excusas…
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Relato erótico: Diario de una Doctora Infiel (4) (POR MARTINA LEMMI)

          La verdad que ya no se sabía qué cosa era más degradante.  Rogar por sexo anal era una humillación tanto o más grande que pagar para que me lo hicieran.  Pero yo estaba ultra caliente.  Y ya para esa altura no había obstáculo que se me interpusiese con tal de conseguir la verga del pendejo en mi cola.  Ni aun si ese obstáculo era mi dignidad.  Así que inspiré, tragué saliva y recité, casi como si se tratara de una oración o alguna perorata legal.              “Por favor Franco… ¿Puede usted hacerme la cola?”              El pendejo rió, como ya era costumbre en él.  Me estrelló una palmada en la nalga.              “Casi bien, doc, casi…” – dictaminó.                Me quedé un rato en silencio a la espera de que aclarara mejor qué era lo que faltaba a mi pedido, pero no dijo nada, así que…
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Relato erótico: Diario de una Doctora Infiel (3) (POR MARTINA LEMMI)

   Mi nerviosismo se empezó a convertir en terror.  Esa locura tenía que parar ya mismo.  Pero acudió enseguida a mi mente el video en el que yo le chupaba la verga a Franco, así como también la amenaza de que el mismo fuera exhibido por todo el colegio si es que aún no lo había sido.  Me llevé las manos a la zona del orificio para separar los plexos y al instante en que lo hice, prácticamente sin más trámite, la endemoniada jovencita empujó el consolador adentro.  Los ojos se me llenaron de lágrimas y tuve unas ganas incontrolables de gritar pero mis potenciales alaridos no pasaron de un “mmmmmm” ahogado.  Agradecí en ese momento que Vanina me hubiera amordazado la boca.  Ahora, la perversa gordita me acariciaba por entre los bucles detrás de mi oreja y no paraba de darme besitos sobre la mejilla.  De manera acompasada empujaba y…
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Relato erótico: Diario de una Doctora Infiel (2) (POR MARTINA LEMMI)

  Un cúmulo de sensaciones entremezcladas me invadió una vez que la puerta se cerró detrás de él y yo quedé allí en el piso, abatida.  Por un lado angustia porque él se había ido y, a pesar de sus últimas palabras, no me iba a ser fácil tenerlo de nuevo por allí; por otro lado una terrible vergüenza de mí misma: en el hipotético caso de que alguien me hubiera visto durante toda la escena, sólo podía  ocurrírseme que mi imagen debía ser patética.  Además una intensa culpa se apoderó de mí más que nunca, ya que de pronto acudía a mi cabeza el recuerdo de quién era, cuál era mi lugar y cuál era, sobre todo, mi situación conyugal.  Tardé un rato en incorporarme.  Me acomodé el pelo y la ropa, junté mis cosas; estaba a punto de abandonar el lugar cuando la puerta se abrió y experimenté…
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Relato erótico: Diario de una Doctora Infiel (1) (POR MARTINA LEMMI)

Mi nombre es Mariana Ryan.  Y soy médica.  Felizmente casada además con un esposo divino que siempre me dio todo desde el punto de vista sentimental y afectivo y a quien me entregué en un ciento por ciento desde que hace tres años decidí unirme a él en matrimonio.  Aún no tenemos hijos aunque supongo que a mis treinta y un años de edad empieza a ser previsible que no tardemos mucho más en ir encargando nuestro primer crío.  Quisimos (y quise) disfrutar de la vida en pareja y de la convivencia lo más que pudiésemos estirando el momento todo cuanto fuese posible.  Debo decir que tengo mis buenos atributos físicos y puedo afirmar que luzco un cuerpo no exuberante pero armonioso y deseable para cualquier hombre.  En la clínica, en el consultorio, en la calle, los hombres me echan el ojo constantemente y si bien eso es algo que…
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Relato erótico: “LA ORQUÍDEA Y EL ESCORPIÓN 10 EPÍLOGO” (POR MARTINA LEMMI)

    Las cosas fueron bastante parecidas en los días que siguieron.  Diariamente yo debía atender a Loana en el parque y diariamente ella me instalaba el consolador y el culote para recordarme quién era ella y quién era yo…  El corazón me iba latiendo más fuerte en la medida en que se acercaba el fin de semana… ¿Reclamaría nuevamente Loana mi presencia en su finca?  ¿Tendría alguna tarea para asignarme ahora que el trabajo sobre el conductismo ya estaba hecho y presentado?  La realidad fue que al llegar el viernes no ocurrió nada distinto al resto de los días y eso, por supuesto, me produjo un cierto desencanto… Al otro fin de semana volvió a ocurrir lo mismo, pero al siguiente… ¡me requirió!  Puede imaginar el lector que yo, obviamente, estaba como perro con dos colas… No puedo describir la emoción que me embargó al ver nuevamente la finca que…
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Relato erótico: “La orquídea y el escorpión 9” (POR MARTINA LEMMI)

Cuando finalmente se marcharon, yo supe que había vivido una noche de experiencias difíciles de olvidar… Loana se llevó por el brazo doblado a Sofi, hermosamente enrojecido su culo… y su madre hizo lo propio con Eli… Volví a quedar sola en la habitación con el plug conectado a mi cola… y sin saber cómo concentrarme para retomar el trabajo… Las imágenes del día y de la noche se presentaban en mi cabeza una y otra vez… A pesar de todo logré finalmente dedicarme a lo mío y avancé muchísimo… el cansancio fue haciendo mella en mí y en algún momento me dormí durante un par de horas… Desperté sobresaltada, temerosa de ser descubierta y a sabiendas de que estaba perdiendo tiempo… Al llegar la madrugada, el trabajo estaba prácticamente reconstruido e incluso logré avanzar algo más…              La primera visita matinal fue de la enfermera, quien vino a retirar…
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Relato erótico: ” la orquidea y el escorpión 8″ (POR MARTINA LEMMI)

 Qué mujer interesante y hermosa que era la enfermera, había que decirlo… Su presencia física era tan avasallante que hasta costaba imaginarla en rol de sumisa.  Ese momento de espera que se había producido me resultó ideal para animarme a hacerle algunas preguntas:                                                        “¿Hace mucho que está en este lugar?” – le pregunté, sin atreverme a tutearla; en parte era su edad y en parte su tipo lo que me hacía tratarla con una cierta reverencia.            “Cuatro años”             Había esperado que se explayara más allá del mero dato pero no lo hizo, así que cargué con una nueva pregunta:             “Y… ¿cómo fue que cayó aquí?  ¿Fue Loana?”             “Hmmm… no – me respondió -… Podría haber sido tranquilamente pero no……
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Relato erótico: “La orquídea y el escorpión 7” (POR MARTINA LEMMI)

  Yo no salía de mi asombro.  Para cubrir a su amiga, la chiquilla Batista me había echado al incinerador sin ningún complejo y, a decir verdad, no parecía la expresión de su rostro rezumar sentimiento de culpa alguno.  Abrí los ojos y la boca enormes, presa tanto de la incredulidad como del terror; desde el piso, arrodillada como me hallaba, miré a Loana y pude ver que sus ojos estaban encendidos en furia, tanto que el color marrón parecía virar hacia el rojo: era como si estuviese a punto de estallar de un momento a otro.  Yo quería, por un lado, decir algo; sentía que necesitaba defenderme… y a la vez percibía que una invisible mordaza me tapaba la boca y me ataba la lengua: mi mutismo era el que correspondía a una criatura que se sentía infinitamente inferior ante la grandeza y altivez de Loana Batista, de pie…
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Relato erótico: La orquídea y el escorpión 6 (POR MARTINA LEMMI)

Luego de la “justa” en que me tocó salir derrotada, volvimos a nuestro trabajo, teniendo que soportar el descontrolado frenesí de la colorada, quien no cabía en sí por el premio ganado.  El sabor amargo del semen seguía en mi boca como un humillante recordatorio de mi derrota.  La mujerona que hacía la limpieza llegó en un momento; agradecí estar en presencia de Loana: me sentía más protegida.  En efecto, la abominable bruja no se extralimitó en modo alguno en sus funciones sino que simplemente se dedicó a ubicar tres cuencos en el piso a unos cinco metros de donde nos hallábamos; luego de llenarlos con la inmunda mezcla que venía a cumplir función de almuerzo, se retiró.               “Bueno… ¡a comer, perritas!” – conminó la voz de mando de Loana al tiempo que palmoteaba el aire.               Interrumpimos nuestra labor y nos abalanzamos hacia nuestra “comida”.  Las otras dos me sacaron…
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Relato erótico: La orquídea y el escorpión 5 (POR MARTINA LEMMI)

  No tuve más visitas durante la noche y, por cierto, ya tenía suficiente.  La golpiza recibida de parte de Loana por mi desobediencia con respecto al celular había sido la frutilla del postre.  Ya no me quedaban más energías ni físicas ni morales y tenía aún que delinear el trabajo.  Terminé haciendo algo como pude: un borrador bastante precario con algunas líneas fundamentales: no debe ser difícil para el lector imaginar que yo no estaba en condiciones de tener demasiada capacidad de concentración ni inventiva.  En un momento tuve ganas de ir a orinar y recién caí en la cuenta de que nadie me había hablado de eso; no había margen, por ejemplo, para salir fuera de la habitación a satisfacer mis necesidades.  Y fue entonces cuando descubrí el sentido de la palangana que había sido dejada en el suelo, no lejos del cuenco maloliente que, por cierto, seguía…
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Relato erótico: La orquídea y el escorpión 4 ( POR MARTINA LEMMI)

Siguiendo a Loana tan decadentemente, llegamos ante dos peldaños en mármol que ascendían hacia una galería en forma de semicírculo y, una vez allí, desapareció ella al cruzar el vano de una puerta.  Las otras dos muchachas no la siguieron sino que permanecieron junto a la puerta y supuse que ésa debía ser la pauta correcta o, más bien la norma: como un perrito obediente que sigue a su amo y se queda afuera a aguardar que él decida salir.  Yo, por lo tanto, hice lo mismo.  Allí había más luz y ello me permitió distinguir en ambas chicas, sendas mariposas tatuadas  sobre el empeine del pie, muy semejantes a la que yo llevaba desde hacía un rato (se apreciaba claramente la mano del mismo tatuador) y sólo con algunas variaciones en las tonalidades del color.  Pero lo que más me inquietó fue reconocer en la nalga derecha de cada una…
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Relato erótico: La orquídea y el escorpión 3 (POR MARTINA LEMMI)

  El tono de Loana era lo suficientemente imperativo como para que yo no persistiera con la duda… Comencé a soltar muy lentamente los botones de la blusa que llevaba.              “Más rápido – conminó ella -.  No estás haciendo un strip tease, putita”               El tatuador festejó el comentario de Loana con una risita.  Urgida por las órdenes de ella, desprendí casi de un tirón la blusa sin cuidado de que tal vez pudieran saltarse algunos botones.  La premura me había puesto nerviosa; me quité el calzado simplemente pisando un pie con el otro y luego desprendí el botón del pantalón para comenzar a deslizarlo hacia abajo.  Era bastante ajustado así que era prácticamente imposible no contonear las caderas al hacerlo.  Pensé en los ojos escrutadores del tatuador detrás de mí o en los de la gente que pasaba caminando al otro lado de los cristales.  Muerta como estaba…
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Relato erótico: La orquídea y el escorpión 2 (POR MARTINA LEMMI)

Al llegar a casa al atardecer, pasé casi sin saludar a mis padres con rumbo hacia mi habitación.  Me preguntaron algo acerca de cómo había estado mi día y no sé qué contesté.  Me encerré en mi habitación y me dejé caer en la cama sintiéndome terriblemente baja… y sucia.  Yo, Luciana Verón, estudiante siempre brillante y de personalidad segura y bien formada, había sido degradada al punto de sentirme la peor basura del mundo y todo había sido obra de una muchachita rubia con aires de engreída… Las sensaciones se encontraban y chocaban, tanto que en algún momento lloré… pero también en algún momento me toqué, me acaricié el sexo mientras a mi mente acudía el recuerdo de cada una de las escenas vividas en el buffet y en baño de la facultad.  Reconstruí todo mentalmente mil veces porque hasta tenía temor de olvidarme de algún detalle con el correr de…
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