Tag archives for MARTINA LEMMI

Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 08” (POR MARTINA LEMMI)

El final del número fue apoteótico.  Aun con lo ajeno y lejano que se sentía Jack Reed con respecto al mundo sado y fetichista, no podía dejar de admitir que lo que Goran Korevic lograba, tanto en su público como en los ocasionales participantes de sus números, era realmente único: un artista de los que ya quedaban pocos en un mundo en el cual la tecnología había ido apropiándose de los placeres humanos y suplantando la sangre con circuitos.  Goran hizo poner a madre e hija de rodillas y alineadas una junto a la otra; luego hizo pasar a tres muchachos del público a quienes pidió que les mearan encima: demás está decir que la concurrencia respondió “¿y por qué noooo???” cuando se les preguntó si las damas debían ser orinadas.  Pero lo más admirable de todo era el modo misterioso en que Goran conseguía, por ejemplo, que una madre…
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Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 07” (POR MARTINA LEMMI)

Hacía ya un par de horas que Jack había partido hacia su trabajo y, sin embargo, Laureen seguía casi en la misma posición en que él la había dejado al marcharse.  Sentada sobre la cama y abrazada a sus piernas recogidas no dejaba de echar cada tanto inquietas miradas al androide que yacía a su lado.  Tal como ella le había pedido, Jack había dejado el robot en off pero, viéndolo ahora, dudaba acerca de si no era peor el remedio que la enfermedad.  El símil de Daniel Witt ya no respiraba; su formidable y hermoso pecho ya no le subía ni bajaba rítmicamente pero, paradójicamente, esa presencia inerte y carente de vitalidad resultaba aun más inquietante y hasta le producía algún que otro escalofrío. El cuerpo, por supuesto, seguía siendo igual de bello pero adolecía de la ausencia de las miradas, tics, gestos y movimientos que le hacían sensual…
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Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 06” (POR MARTINA LEMMI)

El robot que llevaba en volandas a Laureen, una vez traspuesto el umbral, se movió en la casa como si la conociese.  No le costó ningún trabajo hallar el camino al dormitorio en el cual justamente se hallaba la cama matrimonial.  Delicadamente pero a la vez con un toque de animal salvajismo, depositó sobre el somier a Laureen, quien aún no terminaba de asimilar una situación que la superaba.  Los juguetes tecnológicos aplicados a la vida sexual siempre le habían despertado una cierta resistencia y muy especialmente a partir del episodio que casi había enviado a la tumba a su esposo.  A propósito, se preguntaba en ese momento qué sería de él en manos de esas dos increíbles bellezas allá afuera en el parque.  La joven esposa estaba viviendo una tormenta interna: los intensos celos que le provocaba el saber a Jack en compañía de tan perfectos símiles de hembras…
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Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 05” (POR MARTINA LEMMI)

Miss Karlsten no cabía en sí de la sorpresa ni de la indignación; no lograba dar crédito a sus oídos.  Era tanto su enojo que hasta tironeó inútilmente de los grilletes que retenían sus muñecas aun sabiendo bien que no podían ser abiertos por quien permanecía cautivo. “¿Qué… estás diciendo?” – masculló, mostrando los dientes y girando la cabeza por sobre su hombro. “Lo que oye, Miss Karlsten – respondió el androide -; el mandato de mi cerebro positrónico me impide hacer daño a una persona” “¡No me vengas con tecnicismos absurdos! – vociferó Miss Karlsten, cada vez más contrariada y fuera de sí -.  Yo soy tu dueña y te estoy dando una orden… Tu maldito cerebro posinosecuanto bien te dice que debes obedecerme… ¡Dime que no te compré para que simplemente hagas o dejes de hacer lo que simplemente te venga en gana!” “No se trata de lo…
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Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 02” (POR MARTINA LEMMI)

La alarma automática del tablero del auto, como era habitual cada día, despertó a Jack Reed cuando ya estaba llegando a su lugar de trabajo.  En efecto, apenas entreabrió los ojos pudo ver que el vehículo estaba subiendo por la calle en espiral que rodeaba el edificio de la corporación Vanderbilt en la que él se desempeñaba.  Alrededor el paisaje sólo estaba poblado de las altas torres de Capital City en lo alto sobrevolaba Joy Town, el parque de diversiones volante que se sostenía con suspensores antigravitatorios.  Echó un vistazo hacia su robot conductor y pudo comprobar que, como siempre, hacía su trabajo de acuerdo a los parámetros normales y manteniendo la vista atenta al camino. “¿Cómo ha dormido, señor Reed?” – le preguntó el androide, con una voz tan fría y sin emoción como cuadraba a un robot. “B… bien – respondió Jack sin poder ahogar un bostezo y…
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Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 04” (POR MARTINA LEMMI)

El mini módulo espía se introdujo por la ventana de la habitación que, afortunadamente, los Reed habían dejado abierta.  Desde el cuarto de su  casa al que había convertido prácticamente en centro de monitoreo, Luke lo iba guiando y así oteando el panorama.  Al parecer y por fortuna no había rastros del perro – robot, el cual seguramente andaría correteando por el parque sobre el lado opuesto de la propiedad.  La luz matinal que, entrando por la ventana, bañaba la habitación, era más que suficiente y no necesitó, por lo tanto, activar la visión infrarroja con la que había equipado al módulo. Lauren estaba allí, en la cama.  Desnuda y algo ladeada, con la sábana enroscada en la pierna.   Luke la contempló en toda su belleza: mansa, serena, etérea… El módulo danzó en el aire por sobre ella y la fue recorriendo desde todos los ángulos, previo a lo cual…
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Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 03” (POR MARTINA LEMMI)

  Esa tarde, mientras Jack Reed regresaba por la atestada autovía camino de su casa, no cabía en sí mismo de las ganas de llegar debido a la ansiedad que tenía por cargar el VirtualRoom con los nuevos datos y así poder hundirse en su nueva y doble fantasía… Poco antes de salir del trabajo había pasado por el despacho de Carla Karlsten, encontrándose con el patético espectáculo de ver al muchacho nuevo lamiéndole el calzado; el joven, semidesnudo, lucía marcas tanto sobre sus nalgas como sobre su espalda que evidenciaban que la perversa jefa lo había sometido al látigo y la fusta.  Miss Karlsten había hecho, sin más, pasar a Jack a su despacho, de lo cual podía inferirse que poco le importaba tomar recaudos o que, incluso, se complacía en mostrarle la condición a que había reducido al nuevo empleado.  Por lo pronto, Jack se mostró lo más…
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Infidelidad

Relato erótico: “Maquinas de placer 01” (POR MARTINA LEMMI)

Al principio Jack Reed avanzó sigilosamente por entre la floresta.  Aun a pesar de moverse por entre un mundo paradisíaco, no podía evitar sentir una cierta inquietud cada vez que volvía a transitar por el mismo.  Por mucho que quisiera hacerlo, costaba asimilar la idea de andar por un mundo en el cual no había otro hombre más que él.  Apartó las hiedras y lianas que caían a su paso, casi siempre jalonadas por grandes coronas de flores que, en tonos blancos, amarillos o anaranjados, pendían desde lo alto cual si se tratase de una lluvia que caía desde un verde vegetal tan infinito como indefinible.  Dio unos pocos pasos hacia adelante y, de pronto, la vegetación se abrió.  Un maravilloso estanque que parecía salido de algún cuento apareció ante él; aquí y allá, nenúfares y camalotes poblaban el acuático ámbito coronados con campánulas de color violeta, en tanto que…
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Relato erótico: “la vida da revancha 4 y final” (POR MARTINNA LEMMI”

               Al regresar a casa no hubo palabras entre los esposos y, por cierto, tampoco casi las hubo durante el resto del día.   Lo que habían vivido era lo suficientemente impactante como para ameritar el silencio.  Y a la noche, una vez más, vuelta al trabajo, al signo de interrogación que constituía cada noche en ese bar en donde nunca se sabía qué podía pasar.  Fernando volvió a ser vestido como una chica para hacer de camarera puesto que ése era el rol que, ya de forma definitiva, Ofelia le había asignado.  Incluso y una vez más, fue ella misma quien se encargó de vestirlo para la ocasión en tanto que su “asistente” se encargó del maquillaje.  Otra empleada, por su parte, se encargó, de depilarle las piernas, cosa que no habían tenido tiempo de hacer en la noche anterior.  De ese modo la…
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dominación

relato erótico: “La vida da revancha 3” (POR MARTINNA LEMMI)

                Ofelia giró sobre los tacos de sus botas y se marchó.  El hombre agradeció su presencia en el lugar y luego se dedicó de lleno a Eliana.  Subiendo con la verga por entre los muslos llegó hasta la entrada de su concha, la cual acababa de ser inspeccionada por Ofelia.  Apenas introdujo la punta de su miembro, Eliana soltó un gritito que se mezcló con un jadeo.  El sujeto hizo una pausa; jugó con el momento.  Habiendo logrado el efecto de que ella estuviera excitada al punto de sentir ansiedad, jugueteó un poco con su verga arrancándole así a Eliana gemidos que denotaban que estaba sintiendo un placer intenso, ya fuera por su voluntad o en contra de ella.  Y luego entró con decisión; esta vez fue un aullido lo que brotó de la garganta de Eliana.  Y el tipo la cogió…
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Relato erótico: “la vida da revancha 2 ” (POR MARTINNA LEMMI)

 Una de las chicas se adelantó unos pasos hacia Eliana.  Sorprendió a Fernando que no fuera la misma que había ido a buscar la fusta o el taco; parecía como si hubiera una red de asistentes de Ofelia con las funciones bien determinadas, donde cada una sabía cuándo tenía que actuar.  En un gesto que a Fernando hasta se le antojó piadoso, la chica apoyó una mano sobre el vientre de Eliana y otra sobre la parte superior de la espalda, entre los omóplatos; le susurró algo al oído y, empujándola levemente, la impelió a inclinarse hacia adelante.  Una vez más su cola entangada quedó descubierta pero la orden de Ofelia había ido más allá, así que la joven tomó la prenda íntima de Eliana por los bordes y la deslizó hasta dejársela a mitad de los muslos.  Luego la muchacha se hizo a un lado, como ocurría todo el…
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Relato erótico: “La vida da revancha” (POR MARTINA LEMMI)

          Eliana y Fernando eran el matrimonio perfecto hasta que ocurrió el desastre.  Por lo general, los noviazgos de la secundaria no duran de por vida, pero a veces hay excepciones y el caso de ellos parecía ser.  Él era en aquellos días el alumno perfecto, atractivo y ganador con las chicas, además de brillante en los estudios.  Ella era lo mismo pero puesto en términos de mujer: es decir, muy cortejada por los varones y también con altísimas calificaciones.  Durante bastante tiempo, Fernando se dedicó a sus correrías de adolescente pirata y quizás por eso no hizo, en un principio esfuerzo por levantarse a Eliana; es que, a pesar de que ella tenía a la mayoría de los varones encima, la realidad era que se mostraba como una chica seria y no daba demasiada cabida a ninguno o, al menos, no era proclive a embarcarse en…
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Relato erótico: “Hechizo de una noche 2” (POR MARTINA LEMMI)

                  Cuando salí de la carpa y dejé la playa, caminé largo rato meditando sobre lo que acababa de ocurrir y lo que me estaba pasando.  ¿Era posible?  ¿O era un sueño?  Unas chicas adolescentes pasaron en un auto y me gritaron cosas de un modo totalmente desinhibido y desaforado:                     “Mmmm…, ¡Bombón!  ¿Cómo hacés para ser tan lindoooo????”                     “¡Guauuuu! ¡Te bajo el pantalón con los dientes, preciosooo!!!”                     “¡Haceme un hijo!!! ¡O dos!!! Jajaja….”                      Eran las típicas adolescentes de veraneo que no escatiman absolutamente nada cuando se trata de piropear a un chico porque están de vacaciones y nadie las conoce; es la desinhibición que otorga el anonimato.  En otro contexto, la actitud que con tal descaro exhibían me hubiera parecido desagradable e histérica.  Sin embargo, en ese momento, hasta me produjo una sonrisa.  Era algo totalmente nuevo que…
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Relato erótico: “Hechizo de una noche 1” (POR MARTINA LEMMI)

           Me llamo Abigail.  Y todos me conocen como Abi.  Si tuviera que decir si soy lesbiana, me encontraría sin respuesta, pero lo cierto es que los varones no son mi foco de atracción o, por lo menos, sé que dejaron de serlo cuando tenía doce años, si es que alguna vez lo habían sido.  Es decir, puedo apreciar un cuerpo masculino bello pero, al momento de generarme deseo sexual, lo que me produce el cuerpo de una hermosa mujer es único.  Y, sin embargo, la realidad marca que, por lo menos hasta los hechos que voy a pasar a contarles en este relato, jamás he tenido intimidad alguna con una mujer.  Tampoco con un hombre y, de hecho, hasta me he tenido que ligar las cargadas crueles de quienes me han caratulado como “torta”.  No han sido la mayoría, debo admitirlo, sólo algunos estúpidos, pero…
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