Tag archives for MARTINA LEMMI

Infidelidad

Relato erótico: “La fábrica 17” (POR MARTINA LEMMI)

En eso,  mi rostro quedó súbitamente liberado y el aire volvió a entrar en mis pulmones: súbitamente cobré conciencia del largo rato que llevaba sin hacerlo.  Lo curioso del caso fue que, más allá del evidente alivio por volver a respirar, también en parte lo lamenté: sé que suena raro, pero, de pronto, había pasado a extrañar esa sensación de ahogo, de asfixia… Levanté la mirada y vi al joven, quien se había puesto en pie, aunque seguía mirándome desde lo alto; yo lo veía enorme, inmenso, musculoso, casi un dios griego, pero repito: era muy posible que, por mi estado, estuviera percibiéndolo todo de modo sobredimensionado aun cuando el muchacho fuera, sin lugar a dudas, una más que ostensible colección de atributos físicos.  Detecté en sus labios una ligera sonrisa que era puro erotismo y, casi de inmediato, lo vi comenzar a quitarse el slip: tal imagen hizo que…
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Relato erótico: “La fábrica 16” (POR MARTINA LEMMI)

La sorpresa casi me hizo caer de espaldas; ni siquiera había pensado en él ni se me había ocurrido que pudiese estar en la fábrica cumpliendo con su horario de trabajo.  En un impulso mecánico me pasé la mano por la boca y escupí al darme cuenta de que había tenido su verga dentro de ella.  Las chicas, en tanto, no hacían más que aplaudir y corear una y otra vez el nombre de Milo.  Una vez más, busqué con la vista a Flori pero seguía sin estar allí; no había regresado o bien se había marchado… Evelyn tomó a Milo por el brazo y lo trajo hasta mí; involuntariamente reculé un paso. “Tu salvador, nadita – dijo, con gesto de picardía -.  ¿Te acordás?” Algunas risitas circularon por debajo de la algarabía general: que Evelyn sabía lo ocurrido en la planta unos días atrás era ya por mí conocido…
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Infidelidad

Relato erótico: “LA FÁBRICA (15)” (POR MARTINA LEMMI)

  Tatiana miró a Luis y su rostro pareció encenderse; se la veía alegre ante la ocurrencia de su novio. “¡Cruz!” – se apuró a decir, acompañando su exclamación con un saltito que era propio de una chiquilina entusiasmada. Luis me miró. “Va con cara entonces, Soledad” Flexioné ligeramente una rodilla y, sin querer hacerlo, apoyé una pierna sobre la otra.  La situación era altamente erotizante y el corazón me saltaba dentro del pecho.  Sin embargo, fue en ese momento cuando pensé que, definitivamente, no quería exponerme al juicio del azar. “N… no, Luis… S… señor Luis, perdón” Me miró sorprendido, levantando una ceja. “No… hace falta que expongamos esto a la suerte, señor Luis… Cójala… a ella: a Tatiana” Mis palabras causaron obvio impacto a juzgar por la expresión de azoramiento que ambos adoptaron.  Por un momento me puse a pensar si no habría sido algo brusca, pues si…
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Infidelidad

Relato erótico: “LA FÁBRICA (14)” (POR MARTINA LEMMI)

Al otro día del incidente en la planta, Evelyn me llamó a su oficina.  Estaba al tanto de lo ocurrido, lo cual me resultaba extraño considerando que prácticamente no se hablaba con Luis desde aquel día en que él decidiera despedirla por no haberse dejado nalguear en su oficina.  El sereno no parecía de demasiadas palabras pero tal vez algo habría contado en la planta y, aun de no ser así, estaba también la posibilidad de que el propio Luis lo hubiera comentado a alguien más: a Hugo, por ejemplo. “Me… enteré de lo ocurrido ayer – me dijo Evelyn mostrando en su rostro un cierto pesar que, por una vez, no me pareció fingido -.  Quiero decirte que lo lamento profundamente y nunca pensé que algo así pudiera ocurrir.  Es cierto que fue un error tuyo quedarte en la planta fuera de hora y no largarte apenas sonó la…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (13)” (POR MARTINA LEMMI)

Allí estaba yo, en la oficina de Luis pero sin la presencia de éste, y prácticamente acorralada por una mujer con la que cualquier hombre soñaría. Me puse nerviosa y titubeé; me sentí muy estúpida, puedo asegurarlo: “Eeh… hmm… es que: esto… hmm… yo… en realidad nunca…” Cada palabra que me costaba pronunciar era un paso más que ella daba hacia mí luego de bajarse del escritorio con absoluta decisión y avanzar en mi dirección. Caminé instintivamente hacia atrás pero ello sólo sirvió para aumentar la sensación de acorralamiento pues pronto me encontré con mis espaldas apoyadas contra la puerta mientras ella seguía avanzando hacia mí; yo manoteé con desesperación buscando el pomo del picaporte pero, con los nervios, no lo hallé. Y, de todos modos, ya era tarde: ella me tomó por el talle atrayéndome hacia sí y me dirigió una mirada devoradora ubicando sus ojos a escasos centímetros…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (12)” (POR MARTINA LEMMI)

Al otro día, Evelyn me convocó a su oficina.  ¿Se habría enterado de mis tratativas secretas con Luis?  No, yo no podía ser tan paranoica: ¿acaso requerir mi presencia no era lo que hacía todos los días?  Cuando entré en la oficina, fue como si me encontrara con la indecencia en su máxima expresión; parecía que nada había cambiado desde que me retirara de allí la tarde anterior.  En realidad, lo único diferente era que Luciano se hallaba a cuatro patas sobre el escritorio de Evelyn; el resto de la escena era básicamente lo mismo: ella lo estaba penetrando por detrás con el consolador  mientras tenía una perversa sonrisa dibujada en su rostro; él, en tanto, lucía como embobado, fuera de sí, en otro mundo… Apenas me vio, Evelyn retiró el objeto del ano de la cola de Luciano al tiempo que con su otra mano le propinaba una palmada.…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (11)” (POR MARTINA LEMMI)

  Quedé helada y muda; un gritito de horror se ahogó en mi garganta sin llegar a salir. “Jaja – rió Evelyn -.  Vamos, Ro, no te hagas la tonta.  Bien sabés lo que es eso…” Rocío giraba en su mano el objeto de forma de falo como buscando apreciarlo desde todos los ángulos; lo miraba con expresión intrigada y rostro ceñudo. “Te juro que no sé lo que es” – dijo sacudiendo su rubia cabellera. “Jaja, qué boluda que sos… Digamos que es un juguetito con el cual entretengo a Luchi” “¿Luchi?  ¿El hijo de Di Leo?” – preguntó Rocío abriendo grandes los ojos. “¿Cuántos Luchi conocés, tarada?” Rocío quedó en silencio; seguía inspeccionando el objeto. “¿Y… qué le hacés con esto?  ¿Por qué tiene forma de pija?” “¡Porque es un consolador, pedazo de pelotuda!” La expresión de asombro en el rostro de Rocío aumentó.  Pareció como si sintiera…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (10)” (POR MARTINA LEMMI)

Por esos días tuve muy mal atendido a Daniel.  No era que lo hubiera dejado de querer; en absoluto.  Pero había una cuestión muy simple: yo estaba viviendo montones de experiencias nuevas que, como he dicho antes, tenían un costado degradante y otro excitante; necesariamente, de un modo u otro mis sentidos y mi atención estaban absorbidos por todas esas experiencias nuevas, ya fuera por voluntad propia o no.  Daniel, pobre, quedaba entonces en segundo lugar o bastante más atrás: mis pensamientos no estaban dedicados a él y mucho menos mis fantasías, razón por la cual se hacía harto difícil consumar nuestra relación en términos sexuales.  Él, por supuesto, lucía preocupado y me notaba extraña; le echaba la culpa al trabajo ya que, tal como yo le decía, me absorbía por completo y no me dejaba posibilidad de nada. Pero la gran sorpresa me la dio cuando en medio de…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (9)” (POR MARTINA LEMMI)

Quedé como tonta con el impacto.  Y al mirar fugazmente de soslayo hacia Floriana comprobé que su expresión de sorpresa no era menor.  Evelyn nos miró, sonriente y, según lo entendí, exultante, notándose claramente que de las dos a quien más miraba era a mí; la sonrisa dibujada en su rostro sólo trasuntaba triunfo.  Más diplomática que yo, fue Floriana la primera en saludarla: “¡Evelyn!  ¿Otra vez por acá? ¡Una alegría tenerte…!” Si hubo falsedad en el saludo, Flori no lo evidenció; yo, en cambio, estaba mucho más turbada y no era para menos: tartamudeé, el labio inferior me tembló. “Ho… hola Evelyn” – musité. Ella sólo saludó con un cortés asentimiento de cabeza y sin decir palabra alguna; era como si ya disfrutara de su nueva situación jerárquica dentro de la empresa. “Ahora trabaja para mí y no para Luis – explicó Hugo en tono alegre -.  Fue duro…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (8)” (POR MARTINA LEMMI)

Cuando más o menos me calmé y volví a poner mi cabeza medianamente en orden, me inquietó la posibilidad de estar sola en la fábrica con el sereno.  Ninguna de las chicas se había quedado haciendo horas extra; es más: Floriana me envió, de hecho, un mensaje de texto preguntándome si estaba bien pues, claro, no me había vuelto a ver por la fábrica después de mi salida.  Le respondí que sí, ¿qué podía decirle?  Intentó en un segundo mensaje ahondar acerca de mi salida con Inchausti y qué había ocurrido en la misma, pero ya no contesté: no sabría por dónde empezar a contar aunque, por otra parte, empezaba a plantearme si no era ya hora de contarle a Flori las cosas que me venían ocurriendo tanto dentro como fuera de la empresa y de las que ella parecía no ser consciente.  En fin, restaba por ver qué ocurriría…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (7)” (POR MARTINA LEMMI)

  Mi más que obvia presunción quedó pronto confirmada.  Sentí el contacto de su húmedo miembro contra mi sexo y cómo el desgraciado lo hacía jugar un poco sobre mi entrada pero aún sin introducirlo.  A pesar de que me resistía a hacerlo, tal situación me hizo excitar y soltar una bocanada de aliento.  Él se dio cuenta y rio: había logrado su objetivo.  A continuación, me entró sin más trámite y esta vez lo que me arrancó fue un profundo grito que no logré contener.  Teniéndome entonces a cuatro patas, Inchausti inició su bombeo sin piedad alguna y sin darme respiro; sorprendente a su edad.   A cada una de sus embestidas, brotaba de mi boca un jadeo y hasta, a veces, un grito; era como si en ese momento no tuviese completo control de mí misma.  Él también jadeaba: “Aaah, así, Soledad, así… aaah, mmmm, sienta la verga dentro…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (6)” (POR MARTINA LEMMI)

  Habíamos apenas terminado de arreglarnos la ropa cuando se abrió la puerta y entró Hugo; se me detuvo el corazón ya que, de haber entrado sólo un par de minutos antes, muy distinta sería la escena que hubiera visto.  Luciano, sin embargo, se comportó con absoluta normalidad. “¿En qué andan ustedes dos acá?” – preguntó Hugo pero como desentendido del asunto y en tono de broma.  Yo me trabé y se me hizo un nudo en la garganta, pero por suerte Luciano habló, directamente optando por ignorar la pregunta de su padre. “¿Y?  - preguntó -.  ¿Cómo está eso?” “Está duro, está duro, pero bueno, ya para mañana o pasado tendremos una respuesta definitiva y a partir de ello veremos qué hacer – respondió Hugo y yo interpreté que hacía referencia a la designación de la nueva secretaria -.  Soledad, ¿se puede quedar un momento?  Luciano, si nos disculpas,…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (5)” (POR MARTINA LEMMI)

Al salir de la oficina de Luis pasé frente a la de Hugo.  Con la conmoción reciente, había olvidado totalmente que Luciano me había dicho que pasara.  Quizás, pensé, ya se habría marchado y, de no ser así, bien podía hacerme la distraída e irme simplemente: ya no faltaba mucho para la chicharra de salida.  Pasé frente a la puerta sigilosamente o, al menos, lo más sigilosamente que mis tacos me permitían; no resultó… “¡Sole! – exclamó en el momento mismo de asomarse por la puerta entreabierta; me llamó así: Sole, como si fuera su amiga de toda la vida -.  La estaba esperando; pase, por favor…” Fue como si me hubieran arrojado un nuevo peso sobre mis ya castigadas espaldas.  Acababa de salir de una pesadilla en la oficina contigua y vaya a saber a qué nueva pesadilla me enfrentaría ahora.  Con abatimiento y resignación, bajé mi cabeza y…
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Relato erótico: “LA FÁBRICA (4):”(POR MARTINA LEMMI)

Al otro día cayó por la fábrica Luciano, el hijo de Hugo.  Para mi desgracia, no vino esta vez con compañía familiar, lo cual le dejaba un mayor margen de maniobra.  Y, de hecho, del modo más obvio posible, prácticamente se abalanzó sobre mi escritorio apenas llegó.  Yo lo saludé cortésmente como también lo hicieron el resto de las chicas pero la realidad era que él tenía los ojos clavados como dagas sólo en mí.  Lo suyo parecía ser una obsesión perversa; ésa era exactamente la sensación que me había dado dos días antes al conocerlo, sólo que en aquel momento la presencia de su esposa actuó como factor de contención. “La falda sigue corta, ¿no?” – preguntó con una sonrisa ladina y estirando el cuello como para espiar por detrás del escritorio; yo, en un acto reflejo, me cubrí con las manos. “S… sí, por supuesto – respondí -. …
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