Viviana 3

Sin títuloAl otro día no vino por la mañana, me fui a trabajar, cuando volví a la noche encontré un papelito debajo de la puerta: me pedía que fuera esa noche a su casa.

La encontré contenta pero cansada, como era lógico, después de la sesión de la noche anterior sin dormir tuvo que llevar al nene al jardín, arregló un poco el despelote que habíamos dejado, dormitó un rato y lo fue a buscar.

Me extrañó que esa noche se quisiera reunir conmigo, enseguida vino la explicación, dijo que no podíamos seguir así…

Se me hizo un nudo en la garganta porque yo lo estaba pasando bomba y no quería que se cortara, me puse a elucubrar si me había mandado alguna cagada.

Pronto llegó el alivio, me ofreció que le dedicara las mañanas a ella en vez de trabajar, a cambio de pagarme un sueldo, me quedaban las tardes libres para mi laburo y algunas noches (otras iba a la universidad)

Me sentí extraño, varias veces me habían hecho regalos algunas de mis amantes pero nunca me habían ofrecido dinero tan directamente, lo pensé unos minutos y en realidad era una excelente propuesta, yo tenía lo que más gustaba, una buena hembra dispuesta a todo y no tenía que preocuparme por ganarme la vida.

Le pregunté de cuanto estábamos hablando, la cifra que propuso era lo que yo ganaba trabajando mañana y tarde, ella no tenía problemas de dinero, el cornudo ganaba bien y además sus padres eran ricos y podía inventar algo para pedirles.

Así que acordamos hacer así, a partir del día siguiente tenía un nuevo trabajo: ser el macho de mi vecina. Cerramos el trato con una copa de champán que ella compró especialmente para la ocasión, le di un beso y me fui a dormir a mi casa.

A la mañana siguiente tocó el timbre, salí a recibirla ya bañado y desayunado, listo para empezar con mi nuevo trabajo, fue un error, me pidió que no me bañe antes que ella venga, que le gustaban los hombre sucios.

Trajo un escrito hecho por ella a mano donde explicaba la naturaleza de nuestra relación y dejaba constancia que podía someterla a todo tipo de vejámenes que se me ocurrieran, sexuales, torturas, exhibiciones públicas, etc. Ella no tenía nunca derecho a negarse ya fuera conmigo o con otros que yo le indicara, en resumen era uno de esos contratos de sumisión que no tiene validez legal pero que pueden servir si ocurre un accidente.

Lo interesante en este caso era que estaba escrito a mano por ella, lo firmó, puso su huella digital y una foto carnet como para que no quedaran dudas. También establecía el monto que yo iba a cobrar y hasta como se iba a ajustar si había inflación, me gustó casi más esta parte porque demostraba su verdadera sumisión.

Guardé el contrato, le apreté fuerte las tetas aún vestida y le di un par de cachetadas, se puso a mil y se me tiro encima manoteándome la pija, la aparté y le dije que no se la merecía, antes tenía que hacer algo…

“Lo que quieras”

Le hice sacarse el corpiño y la tanga e ir de compras a la verdulería, tenía que traer 2 pepinos, 2 zanahorias, 2 bananas o algo equivalente y se tenía que notar que las elegía para metérselas en sus agujeros, cuando salía le avisé:

“Andá a la verdulería donde comprás siempre…”

Dudo un instante pero en seguida sonrió con picardía, esa sonrisa que empezaba a conocer y que revelaba lo que sentía por dentro, o sea su tremenda calentura.

Volvió en un rato, la camisa abierta mostrando buena parte de sus hermosas tetas, los pezones durísimos se veían claramente a través de la fina tela, la cara colorada; ni bien entró le levanté la minifalda y toque su concha, chorreaba.

Al tocarla largó un profundo suspiro, me sorprendí porque no era mi intención, pero tuvo el primer orgasmo del día.

Le pedí que contara en detalle su aventura: “ fui a la verdulería de acá a la vuelta, donde compro habitualmente, a esta hora siempre hay bastante gente, hoy había tres personas antes que yo y mientras esperaba mi turno llegaron tres más.”

Cuando me atendieron le pedí al verdulero lo que vos me dijiste y cada vez que traía algo, lo agarraba y evaluaba para ver si eran apropiados, en general le decía “¿tenés más grandes?”, volvía a tomar el que me ofrecía y le decía: “este está mejor”. Las viejas me miraban con asombro y hacían comentarios entre ellas “que desvergonzada”, “fijate como está vestida”, “está tratando de levantarse al verdulero”

La verdad es que el verdulero también estaba bastante asombrado, nunca me había visto vestida así y pidiendo productos de tan evidente uso, suelo comprar estas cosas pero siempre en cantidades más grandes y junto con otras para disimular; el pobre hombre no sabía muy bien como actuar y se quedó medio parado, hasta que en el momento de entregarme la mercadería me dijo: “¿te los pongo en una bolsa o los llevás puestos?”

Al llegar a esta altura del relato yo no aguantaba más, me había hecho calentar tanto que me la cogí allí mismo, en el piso del living, le arranque prácticamente la camisa y le eché un polvo interminable en su concha hirviente. Si bien fue rápido acabamos juntos, creo que su calentura era mayor que la mía.

Un poco más aliviados nos fuimos al dormitorio con su bolsita de las compras, había traído dos pepinos, dos calabacines, dos zanahorias y dos bananas, todos de buen tamaño, yo iba a elegir uno, pero preferí pedirle a ella que lo haga.

Tomo uno de los más grandes, un calabacín y se empezó a masturbar con la punta en su concha, no creí que pudiera entrarle pero ella evidentemente sabía más que yo, lo fue haciendo girar por la entrada, donde se mesclaban sus jugos con mi leche y de golpe se metió un buen pedazo adentro, pegando un hermoso grito de dolor-placer.

Ya estaba, de allí en adelante todo era más fácil, me preguntó que quería que hiciera, le conteste ponete otro en el orto; sin dudarlo agarro el otro calabacín, tan grande como el anterior se puso en cuatro e hizo más o menos lo mismo que antes, pero acá no había lubricación alguna.

A pesar de ello una vez que jugó con la verdura en la entrada, relajó bien y lo metió sin problemas, obviamente había años de práctica, yo no me hubiera animado a hacérselo, pero ella lo fue hundiendo fácilmente hasta más de la mitad de su largo, lo que siguió fue aun mejor: se sentó de golpe sobre la cama y el zapallito se metió completo en su culo, el grito fue maravilloso.

Me dijo: “me encanta hacer esto con vos, que me veas y te des cuenta de lo puta que soy”

“ No sos puta, las putas cobran, acá estás pagando vos por hacerlo y eso es mejor”

Se rio y dijo “tenés razón y me gusta que me lo recuerdes; no soy una puta, soy una degenerada que hace cualquier cosa para calmar su calentura, pero no me da vergüenza, creo que muchas mujeres son iguales sólo que no se animan a asumirlo”.

“Me parece muy bien que no te de vergüenza porque estamos apenas empezando, si hoy te calentaste en la verdulería ya verás, tendrás que pasar pruebas mucho más duras”

Me abrazó y me dio un terrible chupón en la boca, “cogeme por favor”, no me hice rogar, la acosté boca arriba e iba a sacar un calabacín para liberar su concha, me pidió “dejalo y ponela por debajo”

Aunque no creí que pudiera la apunté a la parte de abajo de su concha y puse la puntita, ella la agarró bien fuerte con su mano y se la metió, sentía como su concha se dilataba increíblemente.

Y por primara vez cogí una argolla ya ocupada sintiendo además el otro zapallito ocupándole el orto; fue muy fuerte y no pude aguantar lo que hubiera querido, a los pocos minutos estábamos los dos gritando y acabando como perros calientes.

Todo fue muy intenso y eso que recién era el primer día de nuestro contrato laboral.

Nos bañamos juntos, me la chupo mientras lo hacíamos, se vistió y se fue a buscar al hijo al jardín; cuando se iba pensé pedirle que fuera con alguna verdura en sus agujeros, pero me pareció demasiado, sólo le dije que fuera sin el corpiño y con la camisa medio abierta, sonriendo dijo “como usted ordene mi amo”.

Otro día vino con unas calzas bien finitas que marcaban claramente su pequeñísima bombachita y una camiseta haciendo juego, tan delgada que se transparentaban las areolas de sus pezones, estos sobresalían claramente, tenía corpiño pero también era muy finito; completaba el conjunto unos zapatos de taco alto, no exagerado pero muy sexis

“¿Te gusta cómo se vistió tu puta?” preguntó pícaramente.

“¿Fuiste así a llevar al nene al colegio?”

“No, me cambié para venir a verte”

“Entonces hubieras venido en pelotas”, contesté duramente, “para andar por la calle está bien esa ropa, pero no para venir a coger”

Bajó la vista con aire de culpa, me acerqué y sin decir nada le di una buena cachetada, sorprendida me miró, le ordené: “desnúdate inmediatamente.”

No le daban las manos para cumplir, cuando terminó la hice ir gateando hasta la cama y subirse con el culo para arriba.

Había conseguido una caña bambú bien flexible y resistente, al agitarla hacia zumbar el aire; le crucé el orto con un certero golpe, pegó un grito de sorpresa, y dijo “perdón, no volverá a suceder”, conteste “no hay problema, podés gritar o decir todo lo que quieras”

Le seguí pegando durante un buen rato, dejando toda su espalda, culo y parte superior de las piernas con unos hermosos rayones rojos; la hice dar vuelta y seguí con su vientre, tetas y especialmente su concha.

Paré un momento para servirme un whisky, necesitaba algo fuerte en la garganta, Viviana me pidió que le sirva uno a ella; “¿no era que no tomabas?

“No, pero vos me hiciste probar y me gustó, además con vos me siento segura”

Ella me incentivaba, pedía por favor que le diera más fuerte, se abría bien de piernas levantando el culo de la cama para dejar totalmente expuesta la concha y decía: “dame con todo justo en el medio”, por supuesto yo no me hacía rogar.

A medida que fueron pasando los minutos empecé a ver que las marcas se oscurecían más, levantándose un poco la piel formando como un cordón, me asusté y le dije: vamos a tener que parar o vas a quedar toda marcada”

“Eso quiero, dame más fuerte, que salga sangre, así la marcas duran más, sino estas se me irá en unas horas” No podía creer lo que oía, no tenía límites, estaba gozando con el castigo como me había imaginado, pero nunca pensé que llegara a esos extremos.

Apunté bien y le di un par de cañazos fortísimos en las tetas, la hice dar vuelta y completé con otros tres en el orto, en la misma posición se la metí en la concha desde atrás; el grito fue impresionante, creo que acabó ni bien se la puse; seguí un rato y cuando no aguantaba más la saqué, la di vuelta y le acabé encima de las tetas mezclándose la leche con su sangre.

Serví un par mas de whisquies que bebimos de un trago, parecía que ayudaba a disfrutar más de esta situación que para mí era novedosa, me pidió otro que también desapareció en un instante.

Se chupó las tetas como una posesa con lo cual logró que brotara más sangre, me pidió alcohol, con este se frotó abundantemente todo el cuerpo, sobre todo la concha, mientras lo hacía gemía débilmente, “¿esto te cura?” pregunté, “evita las infecciones, pero sobre todo arde muchísimo y eso aumenta el placer”

La volví a coger por la concha, era una caldera, entre su propia calentura y el alcohol hasta a mi me hacía arder y no estaba lastimado. Esta vez estuvimos más tiempo cogiendo y ella no paraba de orgasmar, cuando no pude más le pregunté donde quería mi leche: “en el piso” contestó.

Sorprendido obedecí y me mandé una regia acabada en el parqué del dormitorio, me miró sonriente y se puso a lamer el piso con su culo marcado bien para arriba, le pasaba la lengua una y otra vez mientras yo miraba asombrado parado a su lado.

Cuando dejo todo impecable siguió en esa posición se acercó hasta mí y me lamió los pies como una perrita, subió y siguió con mi pija mientras alternaba entre tomar whisky directamente de la botella y seguir chupándome la poronga.

Cuando sintió que yo estaba por acabar agarró el vaso y me pajeó hasta que salto el chorro de leche dentro del vaso, completó con whisky se bebió todo junto relamiéndose.

Era una imagen demasiado fuerte, de rodillas con todo el cuerpo marcado, una cara de morbo indescriptible y diciendo “¿y ahora que me vas a hacer?”. En verdad ya no se me ocurría mucho, además estaba bastante cansado del esfuerzo físico por los golpes y los dos polvos sumado al whisky que empezaba a marearme, no se me ocurrió nada mejor que decir: “¿y a vos que te gustaría?”

“Quiero más biaba, haceme algo que realmente duela y después seguime cogiendo hasta que no puedas mas”, evidentemente tenía que seguir, no era momento para mostrar debilidad.

Prendí un cigarrillo, me acerque despacio y le pasé la brasa suavemente por una teta, no dijo nada; volví a darle una pitada y a pasarlo por la otra. Cuando iba a repetir la misma acción dijo “dejame a mi” me sacó el cigarrillo de las manos, le dio una profunda pitada y lo puso y largo rato sobre la piel en el costado de una teta, se podía sentir el olor a carne quemada, otra pitada y vuelta a ponerlo en el mismo lugar, se la notaba temblar pero no emitía sonido alguno.

Repitió la misma acción sobre el mismo lugar un par de veces más, entonces dijo”dame tu pija”, me acerque a ella que estaba sentada en el borde de la cama, me agarró la pija entre sus tetas y se puso a hacerme una paja con las mismas, el lugar donde se había quemado coincidía justo donde rozaba mi poronga, podía sentir todavía el calor.

Cuando acabé se aseguró que parte de la leche cayera sobre la quemadura, se puso a chuparlo desesperada y a morderse hasta hacerse sangrar, me miro otra vez con esa sonrisa infernal y dijo “que rico, ¿me podés seguir cogiendo’”.

Le di un beso a la botella y me tire sobre ella, me puse yo a morderle las tetas ya sangrantes mientras se la metía, ya no me quedaba nada en los huevos así que está vez estuve un largo rato dándole mientras ella gozaba sin parar.

Mientras me ocupaba de torturar sus tetas: las mordía, les pegaba cachetazos, se las apretaba con toda mi fuerza, prendí un cigarrillo y se las queme como hacía ella, dejando la brasa un largo rato sobre la piel y cuando se enfriaba repetía la operación, pero yo lo hice sobre un pezón.

Cuando acabé quede exhausto, me separé y quedé sobre la cama recuperando el aire, ella hizo lo mismo, al rato junté algo de energía; me di cuenta de algunas cosas: el dormitorio era un desastre, se nos había escapado el tiempo, ya casi era la hora de salida del nene del colegio y el estado de Viviana era lamentable.

Le comunique el tema de la hora y recién allí pareció recuperar la conciencia, se miró en el espejo del placard, fue al teléfono y habló con alguien pidiendo que retiran al hijo del jardín que ella después pasaba por su casa a buscarlo.

Volvió al dormitorio y dijo: “listo, ahora tenemos tiempo, ¿seguimos?”…

Continuará