COMO DESCUBRIVacaciones con mamá (Día 4)

sin-tituloA la mañana siguiente vuelvo a despertarme y ella está en el baño. Cuando abre la puerta aparece una vez más con el diminuto bikini, que vuelve a despertar a todos mis bajos instintos, incluyendo, cómo no, a mi desgraciada polla que salta como un resorte.

Se mira al espejo y con sus manos se ubica bien el sostén de ese pequeño bikini para que no se escape accidentalmente ninguno de sus pezones. Mi visión es la de ese redondo culo y esa tirilla amarilla que se va colando por sus glúteos hasta desaparecer y volver a mostrarse justo por debajo en el dibujo de su coño por detrás. Acaricio mi polla por encima del pijama y corroboro que estoy otra vez como un toro.

– Vamos cariño, que tenemos que ir a la playa. – añade ella mirándome por el espejo atusándose el pelo y haciendo que sus tetas suban un poco más.

– Enseguida voy.

– ¿Qué pasa que vuelves a estar empalmado? – pregunta de pronto en un vocabulario impropio de mamá.

– Creo que sí – digo por algo que es más que evidente.

– No me voy a asustar por eso, cariño, ya lo sabes. Venga…

Ella no deja tiempo para la réplica. Se acerca con decisión y disfruto de sus andares que me parecen lascivos. De pronto levanta las sábanas y descubre la erección bajo mi pijama que apenas puedo tapar con mis manos.

– Vaya, como andas otra vez, hijo, eres tremendo

– Lo siento. – vuelvo a disculparme.

– No, tonto, sí da gusto verte – sonríe mientras yo salgo corriendo al baño tapándome a duras penas.

Me quedo por un momento tras la puerta asimilando todo esto y la respuesta de mamá, cuando ha dicho “da gusto verte” ¿Realmente le gustará ver mi erección? Puede sonar raro, pero estoy deseando enseñársela en vivo y en directo, aunque no sé cómo reaccionaría. Seguramente me partiría la cara.

Después de una ducha de agua casi helada para apagar mi calentura, me voy vistiendo y cuando vuelvo a la habitación ella puesto sus vaqueros y una camiseta nueva de tirantes negra con letras chinas de vivos colores. Vuelve a estar impresionante. Bajamos a desayunar y allí, en el comedor mamá me confiesa lo bien que se lo está pasando y que está haciendo muchísimas locuras, que con mi padre serían totalmente impensables…

– Entonces te veo lanzada a hacer topless- le digo mientras doy un trago de mi café observando el canalillo que ofrece esa camiseta.

– No creo que pueda, Víctor. Eso ya sería demasiado. Le he estado dando vueltas y definitivamente no voy a hacerlo.

– ¿No quieres ir a la playa?

– Sí, sí… me apetece mucho.

– Y en el fondo, te gustaría enseñar las tetas… .- digo sin pensar.

Cuando creo que mamá va a echarme una mirada de asesina, ella se ríe a carcajadas por mi ocurrencia.

– Me da vergüenza, Víctor, pero tengo que reconocer que sí que me gustaría. – añade.

– ¿En serio?

– Sí, lo haría encantada, ya que nunca lo he hecho y creo que nunca podrá darse una oportunidad como esta sin estar tu padre delante…

– ¿Entonces por qué no lo haces? – la animo

– Hijo, por tí no me importaría, si estuviésemos solos en la playa, lo haría encantada.

Casi me atraganto con mi siguiente sorbo de café. Pues no me dice la tía que no le importaría enseñarme las tetas.

– El caso es que me da corte delante de la gente y con Toni… – comenta enrojeciendo.

– Ese tío ¡Te pone! – afirmo.

– ¡Víctor!

– No mientas, mamá.

– Bueno, es cierto, es un hombre muy atractivo y me gusta cómo me mira.

– Y a tí provocarle.

– Pufff, pues sí, ya sé que no está bien, pero es solo un juego.

– Ya lo sé, simplemente estás jugando a calentarle.

– ¿Está mal?

– ¡Qué va!… bueno, mientras sea sólo eso.

– Claro, claro. No pienso hacer nada de lo que pueda arrepentirme.

– Dices que te da apuro enseñárselas a Toni, aunque te aseguro que a él le encantaría – digo, pero a pesar de mi pose natural, estoy pensando lo mismo.

– Pues sí, hay algo dentro de mí que está deseando hacerlo, pero otra cosa es que lo hiciera.

– Entonces, ¿En qué quedamos?, te gustaría enseñarle las tetas… ¿Sí o no?

– Sí, claro. Me gusta como me mira.

– Y te gusta él…

– Sí, pero no… o sea, no, no me líes, ¡Que soy una mujer casada!

– Ya lo sé, pero eso ¿Qué tiene que ver? Lo importante es que te sientes atraída por él y que te encanta mostrarle tu cuerpo, que estás viéndote deseada. – añado sin cortarme.

Veo cómo ella enrojece de nuevo, pero no dice nada, algo que confirma que lo que digo es totalmente cierto. Sin duda, está disfrutando, sintiéndose así de deseada por todos los hombres, por Toni y por mí, aunque no lo piense, aunque ahora que lo medito.. ¿Lo pensará realmente?

– ¿Y a tí? – me pregunta y pienso si se refiere a sus tetas, si me gustaría verlas.

– A mí ¿Qué?

– Que te gusta Sandra. Tú sí que puedes… no eres un hombre casado. Está buena ¿No?

– No tanto como tú. – digo de sopetón, pero es lo que realmente pienso.

– Jajaja, que tonto eres – contesta ella creyendo que lo digo de coña.

– Además la casada es ella.

– Ya pero eso no tiene que ver, Víctor.

– ¿En qué quedamos?

– La tienes loquita, hijo. No hay más que ver cómo te mira. – sentencia.

Tras esa intensa conversación, al fin decidimos dirigirnos a la playa y en un momento mamá me da la mano y me siento más que dichoso, ya que estoy de la mano de la mujer más impresionante y a la que más deseo en este mundo.

A medida que avanzamos por la arena, nos damos cuenta de que no hay mucha gente, pero curiosamente casi todo el mundo está desnudo. La mayor parte son parejas de recién casados y alguna familia, pero principalmente parejas. Evidentemente me fijo más en ellas que en ellos y disfruto de esos cuerpos sin nada de ropa. Veo que además, prácticamente todas las mujeres van depiladas al completo, mostrando sus conejitos por entero. ¡Joder! Una maravilla para los ojos de un mortal como yo. Un montón de rajitas preciosas por todas partes. Intento controlar de nuevo mi erección, pero el hecho de ir de la mano de mamá y viendo tanta tía buena en pelota picada la cosa se me hace más que complicada.

La cosa empeora cuando divisamos a Sandra sentada en una toalla que nos ve y se levanta, mostrando su preciosa desnudez. Nos sonríe y saluda con su mano acercándose hasta nosotros. Está impresionante, con su pelo recogido en una coleta, sus tetas que hoy me parecen más grandes, bailando a cada paso y su sexo totalmente rasurado, exhibiendo una linda rajita mientras se acerca.

Primero se pega a mamá para darle los dos besos, después a mí dejándome de nuevo descolocado y es que no todos los días una rubia imponente se le pega a uno como una lapa y menos estando ella en pelotas. Mi erección ya no tiene ningún tipo de control. Ella lo nota y me sonríe, mirando a mis ojos primero y a mi polla bajo mi bañador, después.

– Veo que os habéis decidido- dice Sandra.

– Sí, nos apetecía venir. Pero de momento yo no me desnudo, aunque casi todos lo estén – dice mamá para dejar las cosas claras y observando el bonito cuerpo de nuestra vecina.

– Tranquila, tú haz lo que te apetezca. Sin agobios – añade Sandra sin dejar de mostrar su dulce sonrisa-.

– Ya veo que tu estás muy relajada así… desnuda.

– Claro, ya te lo dije. Y cuando tú te decidas, verás que bien te sientes. – añade Sandra

– No creo.

– Bueno, tú siéntete cómoda haciendo lo que quieras. No te sientas forzada a nada. ¿Vale?

– Vale, gracias… Oye y ¿Toni? – pregunta intrigada mamá.

– Ah, sí, está dándose un baño.

Mi madre se despoja del resto de su ropa para quedarse con su mini bikini amarillo mientras yo extiendo la toalla rápidamente para intentar ocultar una erección más que evidente. Justo en ese momento llega hasta nosotros Toni, también en bolas y con su polla balanceante y sin ningún pelo en sus partes tampoco. Miro a mamá de reojo que aún continúa de pie y veo que no le quita ojo a esa polla que se acerca columpiándose de lado a lado hasta que nuestro amigo llega hasta nosotros. Me parece incluso ver a mi madre relamerse al ver a Toni desnudo.

Cuando el tipo se pega al cuerpo de mamá, me dan ganas de levantarme y sacarle a patadas de la playa. La imagen me tortura y siento unos celos terribles, pero es que claro, mamá con ese minúsculo bikini y el tío en pelotas completamente adherido al cuerpo de ella, para plantarle dos besos y es que no entiendo porque son tan pegajosos. No se conforma con besarla y ya, sino que se agarra a su cintura y se adosa al cuerpo de mamá como si se fuese a caer. Ella parece cortada, pero seguro que por dentro está ardiendo.

Siento una furia interna que me tortura. En el fondo me gustaría ser yo el que estuviera en este momento desnudo abrazando así a mamá, creo que es simplemente eso.

Después de todos mis mosqueos internos, nos colocamos en nuestras respectivas toallas. En ese instante Sandra dice a su marido que tiene que echarse crema y me quedo observándola, mientras ambos desnudos se untan la crema solar mutuamente. No se cortan y se extienden el bronceador por todas partes, incluyendo tetas, culo y ambos sexos. Cuando Sandra agarra la polla de su marido, esta adquiere un tamaño más que considerable, algo que no pasa desapercibido por mamá que no despega su vista de ese show. Cuando terminan, Toni se vuelve mostrando descarado su erección y mamá se muerde el labio inferior. Creo que está muy cachonda con la situación.

En ese instante la pareja se dirige corriendo al agua mientras nosotros nos quedamos sentados y algo impactados en nuestras respectivas toallas sin dejar de observarles. Allí en el agua juegan y se meten mano con toda la naturalidad del mundo.

– ¡Vaya espectáculo que nos han dado! – dice mamá de pronto en un largo suspiro.

– Sí, jeje, no se han cortado un pelo. Se han metido mano a base de bien.

– Ya lo creo. Y no les ha importado que estuviéramos presentes.

– Desde luego. Qué manera de esparcir la crema por todas partes – añado.

– Y… ¿Has visto como estaba Toni con su polla a tope?

Me quedo sorprendido ante esa pregunta de mamá. En principio por llamarle polla, algo que no se le suele escuchar y por otro lado por comentármelo con tanto descaro.

– Ya he visto que te has quedado flipada mirándosela.

– ¿Se me ha notado mucho? – pregunta mirándome con rubor.

– Pues sí, se te ha visto muy interesada, jeje.

– Hijo, es que hace mucho que no veo una así.

– ¿Grande?

– Más bien normal, pero tan tiesa… – aclara.

Después de decir eso, mamá desvía su vista hacia el bulto de mi bañador y por mi respuesta creo que está pensando si yo la tengo así como Toni o incluso más grande. En ese momento me gustaría enseñársela. Estaría deseoso de ponérsela cerca de su cara y que opinara. Ella vuelve a morderse el labio.

– Te ha puesto cachonda la sesión ¿eh?- le comento envalentonado.

– Un poco. – responde ella avergonzada y con la cabeza gacha.

– Creo que bastante… ¿No?

– ¡Victor!

– No pasa nada, mamá, relájate, a mí sí que me ha puesto.

– Ya veo, jeje. – dice mirando a mi entrepierna.

– Demasiadas experiencias en poco tiempo estamos teniendo.

– Ya lo creo.

– Estamos viviendo cosas muy intensas. – le digo.

– Sí, ¿Hoy te masturbaste? – me pregunta de repente.

– ¿Cómo? – vuelvo a cortarme a pesar de que ella se siente cada vez má segura de sí misma.

– Si, ¿qué si te has hecho una paja esta mañana?

– ¡Joder, mamá!

– ¿Qué pasa? ¿No le vas a ser sincero a tu esposa? – dice ella jugando a ese rol tan divertido.

– Pues hoy no…. todavía.

– Todavía… o sea que alguna cae hoy, jejeje.. – añade.

– Pues seguramente, ¿Y tú?

– ¿Yo, qué?

– ¿Que si te has masturbado?

– ¡Victor! – contesta mirándome con enfado y roja como un tomate.

– ¿Qué pasa? – digo envalentonado – yo lo digo y tú no puedes… además, sé que lo haces. – añado sin darme cuenta de mis palabras, pero creo que lo hago herido en mi orgullo.

– ¿Cómo dices? – pregunta alarmada.

– Que sí mamá, que es normal.

– ¿Me oiste anoche masturbarme?

Con esa pregunta se delata ella sola. Se da cuenta de ello y se pone aún más colorada.

– No, jajaja… anoche no te oí, mamá. – contesto riendo y pensando en qué momento se hizo un dedito sin que yo me percatase, supongo que en el baño, mientras se dio esa ducha.

– ¿Entonces? Si no me oíste anoche, ¿Cuando? – vuelve a preguntar muy alterada.

– Te oí otras veces, en casa.

– ¿En serio?

– Sí, pero no te preocupes, que lo entiendo.

– Es que yo… ¡Dios qué vergüenza, Víctor!

– Mamá, no te disculpes. Supongo que tu cuerpo te lo pide.

– ¡Qué horror!

– No seas tonta, que no pasa nada.

– Es que tu padre anda muy liado últimamente y no tiene tiempo… – se disculpa.

– Para echarte un buen polvo… – digo de sopetón.

– ¡Víctor! – me grita dándome un manotazo en el hombro.

– Perdona, mamá, pero no tienes por qué darme explicaciones, aunque follaras a diario con papá y te masturbaras a todas horas yo no te voy a juzgar. Si lo haces bien y sino, también.

– Gracias hijo, pero a veces pienso si hago mal.

– Mamá, por favor, no seas antigua. Hoy en día se mastruba todo el mundo.

– ¿Tu crees?

– La mayoría.

– Ya sé que no es nada raro, pero no sé, me siento extraña. Y además ahora tu padre no está muy centrado y hace mucho tiempo que… – se queda sin acabar la frase.

– ¡No folláis! – la termino yo.

– Hijo, ¿tanto se nota?

– Pues viéndote en estos días, creo que sí, que hace mucho que no…

– Sí, hace mucho que no. – confirma mirando a la arena.

– Pero ¿mucho, mucho? – pregunto ya intrigado.

– Creo que casi tres meses.

– ¡Joder! – digo. – no me extraña que tengas ese calentón y ganas de desahogarte.

No contesta. Está avergonzada. Mamá guarda silencio y cuando lo hace es porque se siente incómoda y prefiero no continuar con el tema. Nos quedamos mirando a la gente pasar a nuestro lado viendo que casi todos están desnudos, prácticamente todos menos ella y yo. Ella observa las vergas que discurren columpiándose a nuestro lado y yo los cuerpos de casi todas las chicas con esas tetillas balanceantes y esos coños sin pelitos…

– Mamá, ¿Por qué no te quitas la parte de arriba? – la animo de pronto.

– ¿Qué dices? – me recrimina.

– Ahora es el momento. Eres la única en toda la playa que lleva sostén del bikini.

Ella mira a todas partes aunque sabe que es cierto lo que le digo y no solo eso, sino que casi todo el mundo está desnudo completamente. Observa hacia el mar a lo lejos y se puede ver a nuestra pareja amiga bañándose tranquilamente.

Decido no presionarla más. Me tumbo en la arena y cierro los ojos, intentando asimilar tantas cosas como me están ocurriendo en estos días.

– Víctor – me dice mamá en voz baja.

– Dime – contesto con el ojo guiñado cegado por el sol.

– ¿De verdad que no te importa si me quito la parte de arriba?

Me pongo sentado sobre la toalla como un resorte porque no acabo de creerme lo que me acaba de decir. Ahora está sonriendo esperando mi respuesta.

– ¿Quieres decir que te vas a poner en tetas?

– Sí, pero antes quiero saber tu opinión.

– ¿Cómo? – mis ojos deben estar como platos y mi polla a punto de reventar.

– Sí, que me digas si hago bien y sobre todo si las tengo muy caídas, para antes de que vengan ellos, ya sabes, me da vergüenza. Si me ves mal, no me pongo. Es que nunca lo he hecho.

– Vale – intento contestar con cierta naturalidad, pero me sale en tono nervioso.

– Y por favor, a tu padre ni una palabra.

– ¡No, mujer!… tranquila.

– ¿No lo utilizarás como arma arrojadiza en algún momento?

– ¡Mamá, por favor!. Yo no haría eso nunca. Lo de este viaje es absoluto secreto.

– ¿Seguro?

– Te lo juro.

Mamá se echa las manos a la espalda y se suelta el cordón de su sostén. Mira a ambos lados y deja caer la prenda. Casi me caigo de espaldas al verla. Lo cierto es que las tetas de mamá son más bonitas todavía de como nunca antes las hubiera imaginado. Son perfectas, grandes, con unas aureolas en sus pezones rosados grandes y estos bastante marcados y puntiagudos. Creo que está excitada por la situación pues noto sus pezones como dos botones. Qué pechos tan lindos. Mis ojos parecen hipnotizados por esas domingas divinas y esos pezones que parecen ojos mirándome.

– ¿Qué tal hijo?- me pregunta sosteniendo sus tetas por debajo en sus manos.

– Mamá, son preciosas – lo digo con pleno convencimiento.

– Gracias, pero dilo en serio. Están muy caídas ¿verdad?- repite y las suelta descendiendo esas protuberancias por su propio peso, pero lo hacen ligeramente, para nada me parecen caídas, creo además que están más erguidas de lo que debieran para su edad, vamos están en su punto justo y necesario, al menos eso me parece.

– Lo digo completamente en serio, mamá, no me parece que estén caídas, sino al natural siendo tan grandes y las tienes muy bien puestas. Ya quisiera más de una… -digo a fin.

Mamá besa mi frente y una de sus tetas roza mi hombro, sintiendo una especie de escalofrío por todo mi cuerpo. Mi polla está a punto de reventar, claro.

– ¿Entonces me quedo así?

– Sí, mamá, estás impresionante. ¿Tú te sientes bien? – le pregunto hipnotizado con la visión.

– Sí, la verdad es que me apetece mucho mostrarlas. Me muero de vergüenza pero me encanta. Después de ver a estos, creo que estoy un poco…

– Cachonda…

– Sí – dice sin replicarme esta vez.

– Pues hazlo. Por mí no hay problema.

– ¿De verdad que no te importa que tu madre esté con las tetas al aire?

– Para nada, me encanta verte así.

– ¿Me estoy volviendo loca?

– En absoluto, es algo natural. Tú, siéntete libre y muestra tu lado más salvaje.

– Tu padre nunca me dejó probar y ahora me siento rara, pero a gusto. En estas vacaciones es todo tan extraño… – acaba diciendo.

En ese instante llegan hasta nosotros la pareja que había estado jugando en el agua. Ella aplaude desde lejos y Toni parece ponerse bizco y vuelve a crecer su polla mientras se acercan, pero es que no me extraña porque yo no puedo dejar de mirar esos pechos divinos. Cuando están a nuestro lado Toni presenta su polla completamente empalmada y no parece cortarse ni su chica tampoco, que no se lo recrimina.

– Al final te has decidido, ¡Bravo! – añade Sandra dirigiéndose a mamá.

– Sí, creo que aquí nadie se va a alarmar. – le contesta ella.

– Tienes unas tetas preciosas. – apunta la rubia.

– Sí, son geniales, ya solo te queda quitarte las braguitas. – añade sin cortarse, todo gracioso, Toni.

– ¡No, tanto como eso no! jajajaa. – es la respuesta de mamá avergonzada.

La verdad es que de sólo pensarlo me pongo a mil. Y sí que me gustaría verla en pelota picada, pero creo que eso ya es más que un sueño, algo impensable. Verla así, con ese tanga amarillo cubriendo lo justo y esas enormes tetas es lo que menos hubiera imaginado jamás.

Pasamos un día muy agradable y mamá después de echarse crema en sus tetas de una forma que me parece más que sugerente, se ha ido sintiendo más segura y enseña sus pechos al desnudo con total naturalidad. Cómo ha cambiado en tan pocos días, pero me encanta. Toni tampoco pierde detalle y a mi madre parece gustarle provocar erecciones continuas.

Después nos metemos en el agua, tomamos el sol, paseamos por la orilla y mamá ya no se corta como al principio, que miraba a todos lados. Ahora se siente segura y admirada, no solo por Toni y por mí, sino por muchos de los bañistas que no disimulan para echarla un ojo y asombrarse por ese par de melones. Yo, naturalmente, me siento más que orgulloso.

Por la tarde regresamos al hotel y mamá me confiesa lo bien que se lo ha pasado durante ese día y lo valiente que ha sido mostrando las tetas por primera vez.

Cuando llegamos a la habitación yo me meto en el baño y me hago otra de mis monumentales pajas, pensando obviamente en las tetas de mamá, que no logro borrar de mi mente y que las veo pletóricas y preciosas en cada una de las imágenes que vuelven a mi mente de ese día playero tan extraordinario. Esto es una locura, pero me encanta y creo que a ella también. Me corro imaginando mi polla entre esas dos moles mamarias que disfruté de niño y ahora también, afortunadamente, de adulto.

Al salir del baño veo a mamá hablando con mi padre por teléfono y se ha quitado la camiseta que llevaba por lo que vuelve a dejar al aire esas tetas tan deliciosas y sin que le importe que la mire. Yo, evidentemetne, no puedo remediar quedarme prendado de semejante visión. Ella sigue parloteando y no hago mucho caso a su conversación, pero de vez en cuando me mira y me pilla mirando sus tetas, además de todo su cuerpo pues tan sólo lleva la braguita minúscula del bikini.

– Era tu padre otra vez – me dice cuando termina la conversación.

– Ya me imaginé.

– Dice que si lo estamos pasando bien.

– Y le dijiste que sí, claro…

– Por supuesto, y es verdad ¿no? Yo al menos estoy encantada. ¿Tú? ¿Te lo estás pasando bien con tu madre?

– Yo estoy en la gloria.

– Jajaja, que bobo eres… Podrías estar con tus amigos y aquí conmigo….

– Disfrutando de tu cuerpo – lo digo sin pensar.

– Ya y de alguna otra chica en la playa. Supongo que ya te habrás hecho otra paja pensando en Sandra.

– ¡Joder, Mamá!

– No pasa nada, hijo, estás en la edad y la chica es preciosa y con un cuerpo de miedo, viéndola desnuda como para no sentirte excitado, es lógico. Es un bombón, lo entiendo perfectamente…

Ella lo dice como si tal cosa, pero no piensa que la que está en mis pensamientos y casi en exclusiva es ella y su endiablado cuerpo, ese que tengo ahora delante y me deja siempre sorprendido.

– También se ha quedado flipado Toni con tu cuerpo – añado, por no decir que soy su incondicional admirador.

– ¿Tú crees?

– No disimules, anda, que lo sabes tan bien como yo.

– Bueno, sí, pero no tanto como para flipar… – contesta riendo.

– ¿Acaso no viste como se empalmaba viéndote?

– ¡Víctor!

– ¿Es cierto o no, mamá?

– Sí, tienes razón, noté que no me quitaba ojo a las tetas.

– Como para no…

– Sí y me miraba sin cortarse.

– Y a tí te gustaba provocar eso en él…

– No… bueno… sí. Y además no dejaba de insinuar que me quitara las braguitas para quedarme desnuda.

– Hubiera flipado. – contesto eufórico, aunque realmente hubiera sido yo el primer desmayado.

– Ya lo creo.

– No te atreverías a hacerlo… – lo digo casi como una afirmación.

– ¿Lo de desnudarme del todo?, eso sí que no. Ni borracha.

– Esa sería tu prueba de fuego ¿No? jajaja.

– No, Víctor, eso es demasiado. ¿Te imaginas que me ponga desnuda en la playa?

– Pues sí, me lo imagino… jeje.

– Y ¿Tú te atreverías? – me pregunta de pronto.

– Uff, claro, supongo que sí. – lo digo haciéndome el chulito animándola a que no sea ella la única en no atreverse.

– Aunque estarías todo el día a tope, jajaja… – responde haciendo que yo enrojezca.

– Como Toni – añado yo en ese toma y daca.

– Sí supongo que estarías así como él.

– Y ¿te gustó verle así eh?

– ¿Empalmado?

– Sí, tiene una buena polla… – digo sin pensar.

– Ufff, tengo que reconocer que sí, pero me siento mal.

– ¿Por qué?

– Culpable, ya sabes…tu padre…

– Mamá, ¿Otra vez con eso? Tú misma dijiste que esta es tu única oportunidad de hacer algo diferente, luego no podrás hacerlo.

– Es verdad. Pero parece que le esté engañando y no me gusta.

– Que le veas la minga a un tío no es nada malo.

– Ya, pero estando así… por mi culpa.

– Pues ¿qué quieres que te diga, mamá? Que pongas cachondos a todos los tíos de la playa y del hotel no quiere decir que le estés poniendo los cuernos ni nada por el estilo

– Anda exagerado, a todos los tíos – dice riendo.

– Es verdad. Toni está como loco y yo también – añado envalentonándome y esperando su reacción.

– Víctor ya se que tu lo dices desde el cariño y por ti no me importa. A pesar de que nunca me hayas visto las tetas, bueno, salvo cuando eras un bebé y mamaste bien de ellas, claro.

– De eso hace mucho, jeje… – intervengo.

– Ya lo creo, pero bueno, no me importa que ahora me veas medio desnuda, pero con los demás, parece que esté siendo un poco putilla, provocadora… No me gusta del todo.

– Que disfruten, mamá. Yo ya lo hago – insisto en mostrar mi admiración hacia ella.

– Ya, pero no es lo mismo, tú eres mi hijo y eso tampoco es tan malo.

– ¿Te desnudarías del todo delante de mí? – mi pregunta es así, fulmimante.

– Anda, calla bobo – dice riendo otra vez y metiéndose en el baño.

Me deja allí pasmado sin responder a mi pregunta y dejando mil incógnitas en el aire, yo no puedo remediar acariciarme la polla por encima del bañador.

Cuando sale del baño, lo hace únicamente llevando unas braguitas blancas. Algo que hace que mi polla quiera pedir a gritos salir de mi bañador. Esta noche hemos decidido no bajar a cenar porque mamá dice haberse quemado con el sol y prefiere ponerse una crema hidratante y no ponerse ninguna prenda encima. Yo estoy encantando, claro. Y ella se pasea por la habitación con sus tetas al aire y esparciéndose un after sun por todo el cuerpo, que por cierto, brilla moreno.

– Deberías echarte algo de esto – dice señalando el envase.

Ni corta ni perezosa comienza a untarla por mi espalda, mis hombros, mis pectorales, juega entre mis abdominales y los acaricia. Mi erección es evidente, pero a estas alturas y viendo la risita de mamá, estamos perdiendo la cordura y acercando distancias. Es nuestro gran secreto y ambos lo estamos disfrutando. Para uno es difícil mantener la compostura cuando la mujer a la que más desea está ataviada únicamente con unas minúsculas braguitas y todo lo demás al aire, como jamás hubiera pensado.

Nos metemos en la cama y seguimos charlando durante un buen rato del divertido día, de lo atrevida que ha sido al ponerse en top-less y a sentirse contenta de hacerlo y de verse admirada por tanto hombre, algo que nunca antes había podido hacer. Es una sensación rara, pero estar ahí juntos en la cama y medio desnudos es como si fuéramos dos buenos amigos y no una madre y un hijo precisamente.

– Nos hemos quemado un poco ¿no? – me dice ella.

– Sí, nos ha dado el sol fuerte, quizá deberíamos usar una protección solar mayor.

– Sí, creo que si. Mañana compramos otra en la tienda del hotel. No quiero que se me quemen las tetas, ahora que estoy decidida a enseñarlas, jeje.

– Vale, mañana compramos protección para tus tetazas.

– ¿Son muy grandes? – me pregunta mirándome fijamente y sosteníendolas por debajo haciendo que estas suban.

– Son preciosas – afirmo y paso mi lengua como si me las fuera a comer.

– ¡Calla tonto!

Mamá se pone a leer un libro y yo uso mi smartphone para contestar a los mensajes que he ido recibiendo de mis amigos y que no he tenido ni tiempo de contestar y viendo alguna foto cachonda que me han enviado. De pronto recuerdo que no tengo las fotos de las tetas de mamá al natural.

– Oye ¿podría hacerte una foto a las tetas con mi móvil?

– ¿De mis tetas?

– Sí, un par de fotos, ya sabes, para verlas luego juntos…

– Bueno, haz un par de ellas, pero nada más. – dice ella tras pensarlo unos segundos aunque sabe de sobra que no haré solo dos.

Yo me pongo a disparar y sigo sin creérmelo. Estoy loco de contento. Me pongo de rodillas en la cama y sigo sacando una y otra foto sin parar, ella al estar sentada queda frente a mí y sonríe. Aprovecho a disparar un montón de fotos desde todos los ángulos, de cerca, de lejos, primeros planos de sus pezones, hasta que incluso se los tapa avergonzada, pero al hacerlo, me excita incluso más y vuelvo a ponerme como un toro.

– Ya te has puesto otra vez a tope. – dice riendo y señalando mi bulto.

Ya no oculto mi empalmada y llega incluso a gustarme ofrecerle la erección bajo el pantalón de mi pijama.

– ¿Te gusta provocar esto en los hombres eh? – le digo de pronto y sin dejar de hacer fotos.

– Anda, ya vale de fotos, guarro, que soy tu madre.

Vuelvo a sentarme en mi lado de la cama y empiezo a ver las fotos que le he hecho. Ella se pega a mí y noto su teta rozándome el brazo. Mira las fotos conmigo y me siento super feliz con ella tan cerca de mi, incluso en alguna ocasión, su duro pezon roza mi piel y me estremezco. A ella no parece importale y a mí me encanta.

Después de un rato se retira y sigue leyendo y yo no dejo de pensar en la suerte que tengo de tener a una madre tan buenorra. De vez en cuando miro ese perfil de su rostro y más abajo las tetas con su caída natural

– Ufff, me rozan las braguitas y me molestan. Hemos estado mucho al sol. Creo que me las voy a quitar. – dice de pronto con sus manos bajo las sábanas.

Trago saliva porque no creo lo que oigo. Mi madre ya no le da más importancia a nada y bajo las sábanas sigue haciendo unos leves movimientos hasta que se saca las braguitas por los pies y las tira por encima de su cabeza hasta el suelo. Joder… ¡Está en pelotas bajo las sábanas!

– Así, desnudita, estoy mucho mejor. Deberías quitarte tú también el bañador para que no te roce.

– No sé… – respondo dudoso aunque estoy deseando hacerlo.

– Sí, tonto, bajo las sábanas no te veo, tranquilo.

No lo dudo más, es una oportunidad de oro. Hago la misma operación que ella, metiendo mis manos bajo las sábanas y saco mi bañador para dejarlo en el suelo. Estoy en bolas igual que ella y no acabo de asimilarlo: Ambos desnudos y en la misma cama. ¡Dios! ¡A unos pocos centímetros!. No quiero pensar si nos rozamos en algún momento de la noche, creo que me correré si me toca.

– Hijo, no abuses de tu madre mientras duermo, jajaja. – dice de pronto a modo de broma.

– ¡Mamá! – protesto aunque mis pensamientos van por ahí, ya que no acabo de asimilar que ambos estemos desnudos en la misma cama.

– No, ya sé que me respetas, cariño.

– ¡Claro, mamá que soy tu hijo! – Lo digo intetando ser convincente y en mi papel de buen hijo, pero por dentro sé que soy un demonio.

– Pero así desnuda bajo las sábanas y desnudo tú también…. – acaba añadiendo ella.

No sé cómo tomármelo, espero que no sea una invitación al pecado. Ahora resulta que el cortado soy yo, pero el caso es que ella me incita con esas palabras, como si fuera un cortado y ella una lanzada. Creo que todo está sucediendo muy rápido, tanto, que me pilla de sorpresa a mí el primero. Todas mis fantasías se están cumpliendo, algunas a tanta velocidad, que me sobrepasan, al menos no soy capaz de asimilarlas tan rápido. ¡Estamos desnudos en la misma cama, joder! ¿Cómo voy a asimilar eso?

Juliaki

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