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No me hizo ninguna gracia cuando me dijeron que la semana antes de mis vacaciones de Semana Santa tendría que visitar a unos clientes en una ciudad perdida de Rusia. Y menos cuando me dijeron que Marta, una de las Sin-t-C3-ADtulo25comerciales iba a venir conmigo a ver si conseguíamos venderles algún equipo nuevo.
Trabajo de técnico para una empresa de tecnología de impresión. Nos dedicamos a impresoras gigantes para vinilos, pancartas, telas, vallas de publicidad y todo ese tipo de cosas. Es una empresa china y la sede europea está en España. Por suerte a mí me toca el mercado nacional, pero con la Semana Santa algunos compañeros estaban de vacaciones y no quedaba gente en el cuadrante. Además el cliente era potente y el jefe quería que quedásemos bien para hacer más negocios con ellos. Por eso iba Marta, la comercial. También cabreada como es habitual en ella.
El viaje de ida fue realmente catastrófico. El vuelo se retrasó y perdimos la conexión con Moscú, por lo que tuvimos que tomar el último avión de la tarde llegando allí a las 10 de la noche. No os podéis imaginar lo que es una ciudad pequeña de Rusia a las 10-11 de la noche. Te asomas a la calle y todo está oscuro. Incluso el taxista que nos trajo desde el aeropuerto daba miedo, un tío malencarado con aspecto de mafioso que no se enteraba de nada o no se quería enterar. El tío fumaba y nos llevaba por carreteras oscuras con pinta de secundarias. Joder, para que la borde de Marta se acercase a mí en el coche… Después me confesó que si no fuese acompañada por mí se veía violada en cualquier descampado.
Lo cierto es que yo soy un tío grande. Como voy rapado y no soy precisamente un modelo, también doy cierto miedo. Mido casi 1,90 y estoy bastante musculado. Hablando de mis músculos, sobre ellos notaba el cuerpo de Marta que viajaba a mi lado y se había pegado bastante a mí en el coche. Joder, entre el ligero contacto y el olor a perfume que siempre desprenden las mujeres estaba incluso poniéndome cachondo en el taxi. Marta es una morenaza, mas bien bajita y con muchas curvas. Todo lo que tiene de pequeñá lo tiene de mala leche, pero en el viaje a mi lado se hacía un poco la simpática. Pensaría que si me pongo de acuerdo con el taxista nos la follaríamos los dos, y ganas no me faltaban estando tan cerca de mí esas tetazas.
La cosa es que sobre las 11 llegamos al hotel, que era de una conocida cadena de hoteles francesa y apartado de la ciudad. Tuvimos que llamar a la puerta porque ya habían cerrado para la noche y, una vez allí nos llevamos la siguiente sorpresa: Sólo tenían una habitación reservada. El imbécil de la agencia de viajes había metido la pata. Además, había un congreso de no sé qué idiotez y el hotel estaba completo. Total que a pesar de que Marta montó el pollo, nos tuvimos que joder con una sóla habitación para los dos y encima cabreados entre nosotros porque yo había dicho que no me iba a dormir a ningún sitio raro, que se fuera ella si quería. En fin, al día siguiente lo arreglaríamos que allí íbamos a estar dos noches.
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De todas formas, debimos darle algo de pena a los del hotel, que nos abrieron la cocina sólo para nosotros y aceptaron llevarnos algo a la habitación.
Al llegar a la habitación su cabreo aumentó. Sólo había una cama de matrimonio y no exageradamente grande. También había un sofá en el que yo no cabía y ella sí. Una mesita, televisión, minibar y armario. Todo estaba enmoquetado y la calefacción funcionaba a buen ritmo. Se nota que los rusos tienen petroleo de sobra.
Yo normalmente viajo con equipaje sólo de mano y claro, no suelo llevar muchas cosas. Para empezar, a los viajes no llevo pijama y cuando me acordé de eso al abrir la maleta no pude menos que sonreir pensando en el cabreo monumental que iba a coger Marta, cuando se enterase que compartiría la noche conmigo y además en calzoncillos. Yo, por mi parte, tenía curiosidad en verla a ella en pijama. Tan pija como era y con esas tetazas ¿cómo sería su pijama? ¿habría traído camisón? No creo, pero tenía la duda y estaba nervioso. Estaba nervioso por todo.
A cualquiera le dices que estás con un pivón así en una habitación de hotel y le da envidia, pero lo cierto es que la situación era tensa. Marta se metió al baño a darse una ducha y no, no dejó la puerta abierta, ni una rendija ni nada de nada. Todo lo contrario, la cerró a conciencia como si yo fuese a entrar. Al salir, salió con el albornoz del hotel, que de eso sí que había, puesto sobre su pijama. Claro, sólo había un albornoz en la habitación y lo había cogido ella. Joder con esta tía, podía haber preguntado ¿no?
Llegó la cena que consistía en una sopa con algo parecido a carne flotando y una tortilla francesa. Lo que nos quisieron traer. También había una botella de vino de procedencia desconocida. Por el tipo de letras que tenía debía ser ruso, y una botella de vodka que el camarero nos señaló con una sonrisa como esperando una propina por ella que ni Marta ni yo le dimos. Que se joda, que bastante jodidos estábamos nosotros.
En fin, empezamos a cenar y Marta bromeaba con lo mala que estaba la sopa y lo peleón que era el vino, del que estábamos bebiendo bastante. Sobre todo yo, que pensaba que de perdidos al río. Al terminar, incluso nos atrevimos a darle un poquito al vodka
Marta se estaba haciendo la simpática de nuevo. Sospechaba que para que la dejase la cama y sospechaba bien. Haciendo el gesto de taparse el albornoz dijo con aire seductor pero firme:
–         Oye, yo hoy duermo en la cama y si mañana no arreglamos esto te toca a ti.
–         No, no, en la cama dormimos los dos, que yo en el sofá no quepo… salté yo
–         ¿Pero tú estás loco? Como vamos a dormir juntos… vamos ¡ni lo sueñes!
–         Bueno, pues duermes tú en el sofá que cabes perfectamente. Además, yo no tengo la culpa de tú hayas tenido que venir a última hora y no te hayan hecho bien la gestión
–         ¡Pero serás…!
–         Dilo… di lo que ibas a decir… ¿Cabrón? ¿Cabrón porque paso de dormir en esa mierda de sofá en el que no quepo porque a la princesita le da reparo dormir a mi lado?
–         ¡Sí! Tenía que salir de ti lo de dormir en el sofá.
–         O de ti, que cabes perfectamente en ese sofá y yo no
–         O de ti, que parece que eres un muerto de hambre que está deseando dormir a mi lado para luego decírselo a los compañeros
Sus palabras me hirieron. La verdad es que estábamos un poco calientes ya, y no precisamente en el terreno sexual. Y eso sin haberla dicho que no tenía pijama y que iba a dormir en calzoncillos.
–         Mira guapa, duerme donde te salga de… de ahí, que yo voy a utilizar la mitad de la cama y no tengo el menor interés en acercarme a ti… antes me voy de putas, que creo que en Rusia hay unas cuantas –se me escapó decir-
–         ¿ah sí? Pues vete de putas que seguro que era lo que ibas a hacer si yo no hubiese venido. Tienes toda la pinta de hacerlo…
–         ¡Y tú tienes toda la pinta de serlo!
No sé cómo paré su bofetada, pero lo hice… como un rayo soltó su mano y como un rayo la paré yo, quedándonos en una estúpida posición en que yo la sujetaba de las muñecas y ella estaba demasiado cabreada para hacer nada. Sus mejillas estaban rojas, y el albornoz se había abierto dejando ver una chaqueta de pijama abotonada y rosa. Creo que era un pijama corto, porque se le veían las piernas bajo el albornoz. Joder, si encima estaba preciosa.
Típico momento en el que yo, a la fuerza la daba un beso y ella se resistía unos segundos para luego corresponder y entregarse jaja. Pero no. Eso no pasó. Me di cuenta de que había ido demasiado lejos y la pedí perdón por lo que había dicho. Me había pasado tres pueblos llamándola puta aunque se lo había merecido. Ella tuvo el buen gesto de corresponder lo que la dio algunos puntos en mi estimación.
–         Perdona, no tenía que haber dicho eso.
–         No, perdona tú también
–         Mira, yo creo que voy a estar incomodísmo en el sofá porque no quepo y que podemos compartir la cama, pero si no quieres la tendrémos que echar a suertes.
–         Vale, vamos a echarla a suertes –concedio ella más calmada-
–         ¿Nos lo jugamos a cara o cruz?
Yo no me atrevía a decirle que no tenía ni pijama, y me puse otro vasito de vodka. Al ir a ponérselo a ella no se negó, así que llené también su vaso. Pareciamos rusos de verdad. Busqué una moneda y le dije:
–         Cara o cruz
–         Los euros no tienen cara o cruz ¿o sí?
–         Sí –dije mostrando una moneda de 50 céntimos en la que aparecía la cara de Cervantes en pequeño-
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Ella se acercó a mí para verlo, como no fiándose, y otra vez su aroma a pelo recién lavado me envolvio.
–         Cara –dijo- si sale cara gano yo y elijo-
–         Vale… bueno, antes de tirar la moneda ¿no te enfadarás si pierdes?
–         Noooo
–         Bueno, vamos a brindar primero. No más enfados ¿vale?
–         Vale, pero con una condición –dijo casi susurrando- De lo que pase aquí ninguna palabra a nadie de la empresa.
No sé si la frase tendría segundas, pero yo me puse cachondo nada más oirla. Se me debió quedar una expresión rara en el rostro porque ella echó a reir dándose cuenta
–         Jajajajaja No va a pasar nada de lo que tú te imaginas
–         ¿y tú qué sabes lo que yo me imagino, listilla? ¿no será de lo que TÚ te imaginas? –dije resaltando el TÚ-
–         Anda vamos a brindar. Por… por… -no sabía que decir-
–         Por lo que se imagina cada uno, jajajaja –rescaté yo la frase. Y añadí para que se quedase tranquila-… y que no va a pasar… al menos lo que uno de los dos imagina –seguí bromeando-
–         Jajajajaja o los dos –dijo ella animada por el vodka-
La verdad es que cuando quería era un encanto de mujer. Supongo que por eso era comercial. Ahora casi prefería que no compartiésemos la cama, porque dormir al lado de semejante hembra y no poder hacerla nada iba a ser una tortura también. Además, todo el mundo sabe el dicho “donde tengas la olla no metas la polla”…
Nos tomamos un copazo de un trago, y tiré la moneda al aire dando vueltas… CRUZ!!
–         Perdiste Marta, pero sigo manteniendo mi oferta de dejarte un ladito de la cama –dije amable-
–         ¿Doble o nada?
–         ¿Cómo que doble o nada? Pero si no tienes nada que ofrecer listilla
–         A ver a ver… algo tiene que haber. Te dejo beberte todo el vodka a ti
–         Jajajajaja pero si queda menos de media botella. Además prefiero que te lo bebas tú que así estás más graciosa.
–         Bueno, vamos a jugar y ya hablaremos de la cama –dijo llenando un vaso de vodka-
–         De la cama no hay más que hablar jajaja, pero vale, vamos a jugar a el que pierda bebe
–         Pero tiro yo la moneda –dijo ella-
No sé porque noté un brillo en su mirada y pensé “hoy me voy a follar a esta zorrita”, pero también tenía una cierta precaución porque la tía es muy lista y aún tenía sospechas de que me pudiese engañar. ¡CRUZ otra vez! Y se bebió el vaso de un trago, llenándolo otra vez.
Aunque los vasos eran pequeños, después de 4 rondas ya iba quedando poco en la botella. Ella había bebido más que yo y nuestros comentarios y nuestras risas denotaban que íbamos bastante borrachos. Entonces dijo haciéndose la indignada:
–         ¡No es justo! ¡Esa moneda está trucada! Déjame verla. Me llevas haciendo trampas toda la noche. ¿no te da vergüenza?
Y se inclinó hacia mí para quitarme la moneda de la mano, pero yo en un gesto reflejo la retiré, llevándome la sorpresa de que su espectacular par de tetas se apoyaba contra mi brazo intentándomela quitar. Joder, estaba seguro de que esta tía quería algo. Algo que tenía yo entre mis piernas y que en ese momento ya estaba creciendo de tamaño. Lo peor de todo es que no sabía cómo plantearlo. De hecho le di la moneda porque tenerla así de pegada a mi cuerpo me daba más vergüenza a mí que a ella.
–         Toma anda, que es una puta moneda normal. Tírala tú a partir de ahora.
–         Vale ¿Qué nos jugamos?
–         Ahora nos jugamos prendas. Quien pierda entrega una. –Dije yo atrevido-
–         No, mejor nos jugamos la cama –insistió-
–         Jajajaja qué lista!! Ni de coña!! Si quieres nos jugamos prendas
–         Venga anda, juégate la cama. Con lo hombre que pareces y ahora vas a resultar cobarde. –estaba claro que quería sacar algo del juego. Yo también quería sacar algo, pero primero quería meterlo.-
–         No seas cobarde tú y juega conmigo a las prendas…
–         Bueno, unas tiradas a las prendas y luego una tirada para jugarnos la cama…
–         No, la cama la he ganado yo, si quieres que nos la juguemos otra vez tendrás que apostarte otra cosa… jajaja otra cosa que me interese…
–         Jajajaja qué cabrón eres!! En qué estás pensando?? –dijo ella curiosa-
Para mi sorpresa, 10 minutos después estábamos jugándonos las prendas a cara o cruz. Marta había puesto como condición que nada de esto trascendiese (cosa que yo había jurado), y que bajásemos la luz al máximo, por lo que estabamos casi a oscuras, con la habitación apagada y el baño encendido con la puerta abierta.Las reglas eran claras… el que perdía entregaba una prenda y, si no quería, la podía cambiar por un vaso lleno de vodka. Al principio perdí 3 rondas seguidas, luego una ella, otra yo y 2 más ella…
En ese momento yo estaba en calzoncillos y camiseta, mientras que ella se había quitado el albornoz quedando en su precioso pijama pálido, con pantalón corto y dibujos de estrellas de color. Para no quitárse ni el pantalón ni la camisa del pijama, había bebido 2 vasos más acabando la botella de vodka. Se notaba que estaba poniéndose muy contenta porque me insistía bromeando que me pusiese de pie para ver el bulto de mis calzoncillos que, por cierto, estaba ya bastante voluminoso. Yo me negaba divertido y avergonzado.
Cuando perdió la siguiente vez empezó a remolonear para no quitarse la camisa del pijama. Se notaba que al salir de la ducha no se había puesto el sujetador porque ya estaba preparada para dormir. Entonces se me ocurrió una alternativa.
–         Te cambio la prenda por que te pase un hielo por el cuello durante 20 segundos –dije atrevido-
–         Jajajaja eres un cerdo… me quieres poner caliente
–         ¿caliente? Si es un hielo…
–         Qué morro tienes!!
–         Es que sospecho que no llevas sujetador y quiero comprobarlo. Así que decide… una prenda o el hielo
–         Jajajajajajajajajaja… venga el hielo… ¿pero cuánto tiempo dices?
–         20 segundos
–         No 10!
–         15!
–         15 si te pones de pie para hacerlo –dijo ella pícaramente-
–         Venga, pues 10 entonces que con eso ya me vale para comprobar lo que quiero ver
–         ¿y no te vas a poner de pie?
–         No, pero tú sí
–         Jajajaja entonces voy a cruzar los brazos
–         No, Marta, tienes que hacer lo que yo diga… si no pues me das la prenda y ya está… elige, ¿pantalón o camisa? –dije yo que tenía las de ganar-
–         Yo también quiero que tú hagas lo que yo diga
–         Pues tendrás que ganarme una apuesta Martita…
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La sensación de pasar el hielo por su cuello y observar cómo sus pezones se marcaban en la ropa fue espectacular. En ese momento me parecieron gigantes. Tal como había sospechado, no llevaba sujetador, y la actitud que tomó de niña buena poniéndose a mi lado y sin cruzar los brazos me puso la polla como una piedra. Yo estaba sentado y la mesa me la tapaba pero ella miraba de reojo a ver si la veía. Estaba loca por hacerlo y se la notaba.
Entonces le propuse una nueva apuesta:
–         Martita, nueva propuesta: El que gane ahora puede hacer lo que quiera con el otro durante 10 minutos. Con una única condición: no puede meter sus manos ni nada bajo la ropa que llevamos puesta.
–         Jajajajaja eso es sufrir más que disfrutar!!
–         ¿Por qué? Por encima de la ropa puedes hacer lo que quieras si ganas. Sería tu esclavo. Si dices que me ponga de pie me pongo de pie. Todo lo que tú quieras durante 10 minutos.
–         Quiero poner una condición –dijo ella-
–         ¿Cuál?
–         Si gano yo, además de los 10 minutos, me quedo con la cama
–         Jajajajaja, eres una  zorra Martita… –se me escapó el insulto-  seguro que estás jugando a esto sólo para quedarte con la cama…
–         Ah sí? Soy zorra? –Dijo ella melosamene mientras hacía un gesto de sacar pecho dejándo a la vista la silueta de sus tetazas y sus pezones bajo el pijama-
Esta vez el calificativo de zorra no la había molestado en absoluto. Al contrario, la había provocado más. Habría dado un brazo por grabar en mi teléfono movil su imagen diciendo eso. Yo estaba cardiaco, verraco… y con un nerviosismo brutal pues no sabía como iba a terminar la noche. Para empezar, si perdía el siguiente cara o cruz me iba a quedar con cara de gilipllas, sin cama y sin “escalva zorra”. Pero claro, si ganaba… si ganaba iba a dar su merecido a una inaccesible y preciosa compañera de trabajo. Una chica decente de la que por casualidad estaba sacando a la puta que lleva dentro.
Y era muy puta. El ambiente de la habitación estaba cargado y ya empezaba a sentirse un ligero aroma a sexo… seguro que estaba empapada como una cerda. Me moría de ganas por ganar la apuesta y comprobarlo con mi manita sobre sus bragas. He tocado muchos coños en mi vida, pero os aseguro que tocárselo a una compañera de trabajo borde y atractiva produce un morbo bestial. Estaba en mi mano, sólo tenía que sonreirme la suerte en el cara o cruz….
Y me sonrió la suerte!! volvió a salir cruz!! Y dijo
–         Bueno, todo esto era una broma… anda vamos a acostarnos, te dejo la cama
–         Ni hablar!! –Salté yo como una fiera- una apuesta es una apuesta y ahora vas a hacer 10 minutos lo que yo diga
Me sorprendí a mí mismo tomándo su brazo con mi mano y llevándola a la pared
–         Pero no te pases ¿vale? –dijo otra vez melosamente. A esta puta le gustaba jugar pensé-
–         Contra la pared zorra!! Vamos! –simulé autoridad y respondió-
–         ¿así?
Joder, no daba crédito a lo que veía. Había entrado de lleno en el juego y obedecía mis órdenes mirándome pícaramente. Se dejaba manipular e incluso creí verla mordiéndose el labio inferior. Yo alucinaba, pero seguía el juego tratando de representar el papel de duro, usando lenguaje sucio pero sin pasarme. En realidad era caminar por el alambre.
–         Tú quieta ahí Putita! Que voy a poner el cronómetro del teléfono para que no digas que hago trampas ¿vale?
Pero sí las hice. Por supuesto que las hice: Puse el teléfono sobre la mesa y, con toda la frialdad de que fui capaz, pulsé el botón de grabar. No sé si saldría algo de imagen porque estaba muy oscuro y posiblemente desenfocado, pero sólo con el sonido podría inspirarme para algunos… algunas necesidades futuras. Mientras le explicaba las reglas y ella asentía obediente:
–         Durante 10 minutos eres mía. No puedo entrar en tu cuerpo ni quitarte la ropa. Y claro, no puedo hacerte daño.
–         Vale, pero no te pases… -continuaba con esa voz melosa que la delataba, estaba loca por que sí me pasase-
–         Claro que me pasaré Martita, para eso nos lo hemos jugado y ahora tienes que ser buena ¿vás a ser buena?
–         Sí, mi amo
–         Jajajaja no me llames amo que me recuerda a una peli porno
–         Sí, mi amo –dijo provocándome y descojonándose-
Me hice el desobedecido, y le di un azote en el culo con la mano abierta
–         ayyy!! –dijo mordiéndose el labio inferior de nuevo y sacando el culo para provocarme de nuevo- no me pegues amo…
–         Jajajaja pues no me provoques. Mira –expliqué de nuevo la situación- yo te puedo hacer lo que quiera sin hacerte daño, y tú si dices una palabra que decidamos me harás parar ¿qué palabra quieres?
–         Basta
–         Vale, si dices basta paro. Venga zorra, que se acaba mi tiempo y tengo una fantasía…
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Decidí darme un capricho, una fantasía que a veces rondaba mi turbia mente. Joder, estaba loco por pasar mi mano sobre su ropa.
–         ¡Vamos, contra la pared! ¡Las manos en la pared donde pueda verlas y sin moverlas de allí!
–         Ayy –decía mientras la manipulaba-
–         ¡Abre las piernas! -dije sobreactuando y dándole dos pataditas en los pies como si fuera yo un policía y ella una detenida-
–         ¿me vas a esposar? –seguía con su tono sensual-
–         Haré lo que me dé la gana. Ni se te ocurra moverte –estaba loco por recorrer su cuerpo con mis manos y el rollo “policía” estaba resultando divertido-
Obedecía nerviosa y excitada. Yo hacía muy bien mi papel. Susurraba en su oído “eres mi puta… ni se te ocurra moverte”, y pasaba mi mano suavemente por su coño sobre el pijama simulando registrarla. Presionaba más alguna vez y otras simplemente frotaba notando como su ropa se empapaba con sus propios jugos. Ahora sí olía a sexo. Entre el olor y sus gemidos, mis sensaciones eran brutales. Estaba tocando el coño a una de las mujeres más serias de la oficina y ella jadeaba ostensiblemente. Sólo de pensarlo ahora me excito, pero en ese momento estaba completamente empalmado, con la polla como una barra de acero. Marta miraba de reojo a mi paquete, pero yo le hacía de rabiar aún más “¡mira a la pared, zorra!”.
Después de gastar un precioso minuto de mi tiempo dando un repaso a sus tetazas, decidí forzar más la situación: Puse un hielo en mi mano sobre su caliente raja de la que me separaba sólo la húmeda tela del pijama y de las bragas tipo culotte que llevaba y la mantuve ejerciendo una ligerísima presión pero sin moverla en absoluto. En menos de 10 segundos comenzo a mover las caderas sutilmente para rozar su clítoris sobre mi mano.
–         No te muevas
–         Jo, por qué te gusta tanto hacerme sufrir? Eres malo conmigo… -decía golosa-
–         Pues no te oigo que digas basta, Martita… –contesté provocando ahora yo-
–         Es que me encanta lo que estás haciendo
–         Ah sí? Pues entonces tengo que ser más duro jajajajaja
Y sacando mi mano de entre sus piernas, me puse detrás de ella de modo que sintiese sobre su redondo culo mi polla, que estaba a punto de reventar. Entonces, sobre su pijama, tomé sus tetazas en mis manos y sucesivamente, me dediqué a sopesarlas, rozarlas, apretarlas con firmeza, y otra vez rozarlas. Cuando gemía de nuevo y restregaba su culo contra mi polla la tomé de los pezones y me puse a pellizcarlos sobre la ropa. Entonces decía “¡Estate quieta zorra!” y soltaba un poco mi presión, acariciándola, pero luego cuando se aceleraba otra vez, incrementaba mi presión sobre sus pezones llegando al punto fronterizo con el placer y donde ella iba a empezar a sentir un leve dolor. Ella misma se gobernaba en su movimiento gimiendo como una perra en celo. Entre esos jadeos acertó a decir:
–         Eres un puto cerdo. No me voy a poder quitar esto de la cabeza y me voy a tener que tocar pensando en ello.
–         Ni se te ocurra moverte. Has venido a que yo te use y lo voy a hacer –continuaba con mi representación tirando más de sus pezones cuanto más se restregaba-
–         jooooooo porfa –se quejaba un poco poniendo voz de niña- Déjame enseñarte todo lo q sé hacer… No seas malo conmigo…
–         ¡Cállate zorra! Si mira como estás… -dije mostrándole mis dedos recién mojados sobre la tela de su entrepierna-
–         ¿Cómo?
–         Húmeda como una puta… las niñas buenas no se ponen así con un extraño. ¿No?
–         ¡Cabrón! Vas a sufrir cuando me toque a mí…
–         Sí, pero ahora me toca a mí y voy a aprovechar los minutos que me faltan.
Y tomándola del brazo la llevé a la cama
–         Ponte a cuatro patas sobre la cama, Marta… sobre “mí” cama –recalqué-
De momento estábamos respetando las reglas del juego: “sólo uso del cuerpo del otro para lo que sea, sin entrar en la ropa interior, todo por fuera”, pero tenía dudas de si iba a ser capaz de respetarlo mucho más.
–         Nunca me habían tratado así, no sabía que había tanto morbo en obedecer
–         No es obedecer Martita, es dejarse hacer, dejarse usar –dije por contradecirla, que también era parte del juego-
–         Ummm ¿es eso?
Entonces, juguetonamente, simuló quitarse de esa posición y yo, yo no podía consentirlo. La tome con mi mano todo su pelo que tenía recogido en una coleta. No quería hacerla daño, pero veía su carita de enfadada mientras la devolvía a su posición a cuatro patas sobre la cama.
–         Tú quieta zorrita, no he oído que digas basta…
–         No lo voy a decir –susurró jadeando-
Yo mismo estaba asustado de lo que decía y hacía, pero notaba claramente cómo ella estaba disfrutando del juego de somenterse a mis ideas. Tenía claro que si hubiese dicho la palabra “basta” la hubiese soltado y me hubiese disculpado, pero ella no la dijo. Yo tampoco esperaba que lo hiciese. De hecho ya estaba comportándose bien y manteniéndose a cuatro patas sobre la cama ante mí, que estaba de pié junto a ella. Me puse cerca de su cabeza y, mientras acariciaba suavemente su pelo, la decía que estaba preciosa, que era un pivón, una diosa y que era morbosa y adorable.
Acariciaba su espalda sobre el pijama y me desplazaba hacia su culito, que casi no se veía porque estaba en la parte de sombras. La verdad es que estábamos casi a oscuras porque Marta había pedido que sólo estuviese la luz que salía por la puerta del baño. Tomé mi mechero de la mesilla y encendí una llama. Marta se asustó “¿qué haces?”. Pero la tranquilice “naaada cielo, sólo quiero verte con esta luz” y acerqué la llama a unos centímentros de su cuerpo pero sin que fuese demasiado que no quería que se asustase, sólo contemplar mejor esa zona de su coñito con la tela arrugada y húmeda marcando su raja. Hinchada y jugosa. Quería retener esa imagen en mi memoria para que no se me olvidase. En realidad quería apartarle la tela y ver su coño abierto como una flor antes de clavarle mi polla hasta la garganta. Pero eso estaba fuera de las reglas del juego.
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Entonces le dije “mírame pequeña…” mientras las yemas de mis dedos se deslizan por la piel suave del interior de sus muslos, mientras recorría sus curvas “me encanta tenerte así… sometida a lo que yo digo…”. Ella sólo gemía suavemente. Y yo, acercando mi abdomen a su cara dije “mira cómo me tienes” y seguía suavemente recorriendo su cuerpo con mis manos. Su columna, despacio, desde su nuca a su culito y su sexo y luego hacia su cara, sus ojos, su buca para que sienta el aroma de su propia feminidad. Ahora su pelo, sus orejas, su los labios de su boca, su cuello… y mi otra mano sus costillas. Ella se dejaba hacer y por su respiración denotaba que se estaba relajando.
Acerqué mi cuerpo a su boca para ver si algún impulso la hacía ir hacia mí, pero ella dudaba si moverse después de mi “representación”. Entonces acabé tomando con suavidad su pelo, su coleta, y dejé que mi polla durísima recorriera su rostro sólo separado por la fina tela de mi ropa interior. No sin cierta ansiedad, Marta abrió los labios y envolvió con ellos la tensa barra que tenía ante sí, mojando aún más la tela con su saliva y saboreando golosamente lo que empezaba a tener para ella.
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La alarma del teléfono nos advirtió de que habían pasado ya los 10 minutos. Durante unos segundos a los dos se nos quedó cara de tontos. Joder, qué cortos habían sido. Marta empezó a hablar:
–         ¿Te vas a quedar así? ¿con lo excitado que estás? Jajaja
–         Tú tampoco estás mal… no te has dado cuenta de que mis manos intensificaban sus caricias en función de tu ansiedad?
–         ¡Sí! ¡Buen chico!
–         Buena chica tú…. así puesta como yo te mandé para que yo te contemple y te acaricie.
–         Es lo que me ha tocado… –dijo Marta justificándose-.
–         Ya vermos que pasa cuando cambie el rol…
–         ¿me toca? ¡Quiero la revancha…mis 10 minutos!
–         Habría que tirar monedas de nuevo
–         ¡No! me toca mandar.
–         Vale, pero ya nada de medias tintas. –dije yo deseando que las reglas del juego fueran más duras-
–         ¿medias tintas? ¡Hablas conmigo, no con tus adolescentes universitarias cachondas!
–         ¿sin reglas? Bueno, la de “basta” sí que no me fío un pelo de ti jajajaa
–         La de “basta” sí –corroboró ella-
–         Pero es que me ha quedado una cosa por hacer
–         Ummmmmm no sé si dejarte jajaja ¡escupe! ¿qué es?
–         Quiero comerte el coño sobre la ropa… que se me ha pasado el tiempo viéndote tan orgullosa puesta a 4 patas para mí… jajajaja y no me ha dado tiempo
–         Ya, perdiste tu tiempo, guapo. Sorry. Jo, qué bien me vendrián ahora unas velas…
Mientras me disponía a poner el cronómetro al teléfono móvil de nuevo, Marta se había puesto en pie y me estaba empujando hacia la cama. Me pidió que me sentase sobre ella y que apoyase mis manos atrás. Que estirase bien las piernas y las abriese.
– Ya tenía ganas de que me dejases ver bien el enorme pollón que tienes ahí debajo -fruto de la situación estaba enorme y había una gran mancha de humedad en el boxer a la que su saliva también había contribuido-
La escena era brutal. Marta gateando a 4 patas y dirigiéndose hacia mí. Cuando estaba sólo a unos pocos centímetros, bajó su cabeza mientras apartaba su pelo como en una escena de peli porno, sacó la lengua y la pasó lentamente sobre mi polla. Todo por encima del boxer. Así puesta va subiendo sin despegar la lengua de mi ropa, como si lamiera mi piel y se va colocando, subiendo encima de mí hasta comentarme al oído que coloque exactamente mi polla justo entre sus labios “inferiores, claro está” dijo traviesa.
No fue difícil pues estaban marcados en sus braguitas, en el centro de una buena mancha de humedad, similar a la que se muestra sobre mis boxer. Como las reglas del juego nos impedían quitarnos la ropa, comencé a simular follar. Mejor dicho, en mi cerebro no quedaba sangre y yo ya no pensaba, sólo empujaba mi polla hacia ella clavándola más y más hasta el límite que dejaba nuestra ropa interior. Había entrado unos centímetros. Su culotte era una simple tela y yo empujaba con la intención de reventarlo. Joder, estába tan cachondo y tenía la polla tan dura que no podía pensar en otra cosa que intentar reventarlo.
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Ella, que había dejado pasar unos instantes gimiendo como una perra, de repente se separó un poco de mí y tuve un sobresalto pensando que iba a parar ahí el juego. Pero no, simplemente soltó el botón de mi boxer y apartó sus braguitas dejándome ver por primera vez su precioso y arreglado coñito. Estaba empapada y una tira de pelo perfectamente recortada, lo hacía aún más bello. Me quedé quieto y fue ella la que empezó a masturbarse sobre mí, sin introducirme en ella. Movía lentamente sus caderas sobre mí, rozándose a su gusto y yo observaba la expresión de su rostro, sus gemidos, su respiración, y rozaba sus pechos sobre la camiseta. Manejaba sus pezones con mimo sobre la tela, mientras su pubis rozaba contra el mío y sentía cómo se aceleraba su respiración. Sujetaba sus pezones entre mis dedos para que fuera ella, con su propio movimiento los estirase y aplastase un poco. Estaba super excitada y se notaba… me dijo al oído entrecortadamente “uffffffff no pares de hacerme eso”, y era mi turno de ser obediente…
En ese momento ella empezó a moverse salvajemente sobre mí. A agitarse mientras sus gemidos eran cada vez más audibles
– “Ayyyy!!! Sigue, sigue, sigue…!!! ¿qué me haces cabrón? ¿qué me haces cabrón?… “
Llevó sus manos a su coño y yo pensé que era para incrementar el roce. Pero con una gran hablilidad, en un gesto rápido y aprovechando el vaivén, colocó mi polla en su agujero y se clavó hasta el fondo según bajaba. “¡¡¡Ahhhhh!!!” Los dos pegamos un grito al sentirlo. No de dolor que estábamos hiperlubricados, sino de placer. Yo porque noté de repente todo el calor de su cuerpo, que guardaba en las profundidades de su coñito hinchado, y ella porque empezó a correrse convulsionándose sobre mí.
Y yo la dejé. La dejé apretarse contra mi cuerpo buscando que mi polla llegase hasta lo más profundo. Mis manos seguían presionando sus pezones y sus uñas se clavaban sobre mis antebrazos obligándome a que siguiese haciéndola eso con fuerza.
Cuando se fue calmando, pensé que ya me tocaba a mí. Ya estaba bien de aguantarme sin correrme sólo para verla gozar y pues mis manos en las curvas de su precioso culo marcándola el ritmo. Era como si me estuviese haciendo una paja con su cuerpo. Ella se abrazó a mi cuello y puso su cara junto a la mía. Sentía sus tetas en mi pecho y me fascinaba. Cuando ella ya se movía sola al ritmo que yo la había marcado, sujeté la coleta de su pelo y la hice mantener la cabeza ligeramente ladeada. Poco, pero lo justo para sentir que estaba en mis manos y hacía con ella lo que quería. Mientras, comencé a golpes de abdomen a follármela profundo y rápido, fuerte, mientras ella se dejaba hacer, abrazada a mí y gimiendo. Yo ya no podía aguantar más y me vine dentro de ella inundándola con mi semen sin importarme las consecuencias. Obedeció a mi orden de que bajase el ritmo y poco a poco fue extrayéndome todos mis fluidos.
Esa noche compartimos la cama. No para dormir, porque estuvimos follando como conejos hasta el amanecer. Después de eso hemos repetido algunas veces, y hemos probado todo lo imaginable. Incluso ahora, que ella está a punto de casarse con un directivo de la empresa, a veces pasa por mi mesa y me susurra al oido frases como “soy tu puta”. Y está claro que lo es y que quizá sea yo el único que sé sacar esa faceta en ella.
Muchas gracias por vuestros correos, comentarios y sugerencias. Me encanta recibirlos.
Carlos López
diablocasional@hotmail.comachElwt4