Una Familia Decente 3

Karen limpio sus lágrimas de la cara con sus finas y blancas manitas, miro al viejo con sus preciosos ojos azules…y muy lentamente desabrocho el botón de sus jeans para luego más suavemente comenzar a bajar el cierre de este.
A continuación don Pricilo tomo asiento en el más cómodo de los sillones que había en aquella confortable sala de estar, que se notaba que era el que usaba el dueño de casa, se proponía a disfrutar del espectáculo que le brindaba aquella jovencita que en estos momentos ya se había quitado sus pantalones y que ahora se proponía a desnudarse de la cintura hacia arriba. Una vez que Karen ya estaba semidesnuda y se preparaba para quitarse sus pequeños calzoncitos de color rosa, el viejo la interrumpió…
–No te lo quites todavía, te viene bien el color rosado, jejeje, modela para mí, putita! recalco el vejete para que a la joven no se le olvidara su nueva condición para con él.
Karen aun tenía sus ojos llorosos, sentía rabia e impotencia por todo lo que le estaba ocurriendo, pensaba el por qué este viejo miserable había tenido que aparecer en su vida y arruinársela tal como lo estaba haciendo, para luego recordar los bruscos cambios de temperamento que sufría don Pricilo y antes de que eso sucediera y que este se volviese a enojar, comenzó a caminar por la sala.
La nena solo caminaba y daba vueltas entre el comedor y la sala de estar, pensaba en sus padres quienes no llegarían hasta el próximo día jueves, sacaba cuentas que le quedaban 4 días en los cuales tendría que aguantar a don Pricilo y obedecerle en todo lo que el requiriera, ya que estaba muy consiente de cual era ahora su situación, a la vez que tenía muy claro también de cuales serían esos tipos de requerimientos que este le solicitaría. El solo pensar en que tendría que volver a revolcarse con ese viejo asqueroso le provocaban nauseas.
Por su parte don Pricilo disfrutaba de la visión que tenía ante sus ojos, veía a esa hermosa niña-mujer semidesnuda y modelando solo para él, pensaba en la tarde y la noche del día anterior y en las culiadas que ambos se habían pegado. No entendía por qué había cambiado tanto de actitud, si lo último que recordaba fue cuando juntos se durmieron desnudos y abrazados.
–Al diablo!!, se decía para el mismo, lo que importaba era que ahora la tenía en sus manos y le quedaban 4 días para disfrutarla, ya vería cómo se las arreglaría para seguir poseyéndola una vez que llegaran sus padres. Y lo más importante!!, pensaba el vejete: llegaría también Andrea, la señora de la casa, quien era parte indiscutida en los calientes propósitos que se traía entre manos. En solo pensar que si todo le resultaba como él quería, podría por fin compartir cama con ambas mujeres a la vez, con la madre y con la hija, pero tenía que ser cuidadoso, tendría que ir paso a paso.
La imagen de la joven lo saco de sus ardientes cavilaciones, la veía y la contemplaba, era ella se decía, la misma nenita de carita angelical que la noche anterior le ofreció su cuerpo y junto con ello su más sagrada intimidad, claro que el tubo que usar algunas tácticas poco ortodoxas para que eso sucediera, pero lo importante fue que la bella joven se le entrego y lo disfruto.
Karen seguía con su recorrido dándole en el gusto a don Pricilo, su forma de caminar y de menear sus caderas solo denotaban delicadeza y femineidad. No era que ella quisiera llamarle la atención al viejo, era solo que esto lo llevaba por dentro, en su esencia de mujer, en su esencia de hembra.
La angustiada joven miraba la asquerosa humanidad de don Pricilo posada en el cómodo sillón Luis XVI, que era de uso exclusivo de su padre, cuando este reposaba o leía el periódico en sus días libres. Esta imagen hizo que Karen sacara nuevamente algo de la escasa fuerza interior que aún le quedaba, e intentando hacer que el viejo depusiera sus intenciones le dijo:
–Por favor don Pricilo, no siga con esto, se lo ruego, por favor váyase, con lo de anoche ya fue suficiente…
–Cállate putaaa!!, le grito el viejo –y sigue modelando para mí!!, acuérdate que de ahora en adelante eres mi zorraaaa!!, ¿o quieres que te de unos buenos correazos en el culo para que aprendas a obedecer a tu hombre?
Karen al escuchar el tipo de aclaraciones que le hacía don Pricilo, solo atino a balbucear algo que no se le entendió y muy acongojada siguió con su forzada sesión de modelaje.
Al viejo que ya la calentura empezaba a subir las revoluciones de su mente lasciva, procedió a despejar la pequeña mesita de centro que adornaba la elegante sala de estar y una vez que esta estuvo desocupada llamo a Karen para que se acercara:
–Ven putilla, ahora quiero que te pongas en cuatro patas aquí sobre esta mesita, jejeje.
La niña ya entregada a su triste realidad, obedeció sin reclamar nada, muy suavemente fue poniéndose en esa extraña posición que le solicitaba su ahora hombre, según lo que le habían aclarado con anterioridad.
Don Pricilo observaba embelesado esas exquisitas formas que tenía al alcance de sus asquerosas manos, miraba casi babeando las curvas casi diabólicas que se gastaba esa mujer con cara de quinceañera, y lo que ahora más le calentaba y enardecía al horripilante vejestorio, era el pensar que ese cuerpo le pertenecía, que aún no habían transcurrido más de 24 horas desde que él y su verga habían tomado posesión de esa figura esculturalmente hermosa y perfecta.
Karen seguía puesta en 4 patas sobre la pequeña mesa de centro que adornaba la elegante sala de estar de su casa, se sentía un objeto, y era eso lo que el viejo realmente quería lograr, deseaba que ella supiera y se viera que de ahora en adelante su rol para con él, seria ser solo un objeto, su juguete sexual, con el cual él podría satisfacer sus más degeneradas y sucias pasiones.
Don Pricilo ya se había levantado de “su cómodo sillón”, y caminaba rodeando la elegante mesita de estilo victoriano, pero con su mirada puesta en la preciosa hembra que a esta la adornaba, se daba cuenta de lo apetecible que se veía Karen en aquella exquisita postura, quien en estos momentos lo miraba con ojos suplicantes.
El viejo no aguantando más la tentación que tenía al frente de él, se arrodillo a un costado de ese magnífico cuerpo femenino y poso sus peladas manos en las tersas carnes de la nena, sintiendo la extrema suavidad de su piel y comenzando un caliente sobajeo, que recorría en su totalidad las perfectas y delineadas curvas de la nuevamente asustada muchachita, quien se encontraba en cuatro patas y a disposición de un caliente degenerado.
Pasados unos minutos de ardientes masajeos, don Pricilo le pidió a Karen que no se moviera de esa posición, para el dirigirse hacia la habitación de ella, al llegar a esta busco en los cajones del escritorio, a su paso botaba y desordenaba todo lo que encontraba, hasta que dio con lo que buscaba.
Karen quien permanecía puesta como las perras tal cual como le habían ordenado quedarse, lo vio venir y se quedó horrorizada, cuando se dio cuenta que el viejo traía en sus manos unas tijeras, pensaba que ahora si le cortarían las tetas y la mataban, tal como la habían amenazado la noche anterior, por lo que nuevamente comenzó con los quejumbrosos y suplicantes sollozos.
–Sniff…sniff…, nooo por favor don Priciloooh, sniff…sniff, no me corteee las tetaaas…sniff…sniff…, culiareee toda la nocheee con Ud. si quiereee, pero no me haga nadaaa…sniff…sniff, lloraba desconsoladamente la pobre Karen.
El viejo que por ahora no tenía ni la más mínima intención de hacerle daño, pero se aprovechó de la inocencia de ella y saco ventaja de la situación que se le presentaba. Le hablo muy cerca del oído:
–Qué bueno que quieras culiar conmigo por toda la noche putitaaa, jejeje, lo tendré presente, pero si te vuelves a poner difícil como lo hiciste hace un rato, ya sabes lo que te sucederá, jejeje, diciendo esto le pasaba la punta de la afilada tijera por las suaves y tiernas carnes de la joven, con la única intención de que ella sintiera en su propio cuerpo, lo que le podría pasar si no le obedecía, o por si se le ocurría poner algún tipo de resistencia a sus depravadas intenciones.
Una vez dicho esto último don Pricilo le asesto un chorreante beso con lengua a la fina y delicada boquita de Karen, quien por miedo y al sentir el frio de las tijeras recorriendo su cuerpo, le correspondió y junto su fresca lengua con la de él, comenzando así otro ardiente y apasionado beso de esta extraña pareja.
Ambos se besaban, el viejo por deleite y la nena por miedo a que le hicieran daño, a pesar de esta situación la sola imagen de verla puesta en cuatro patas sobre una mesita y besándose con un horrendo viejo quien se encontraba arrodillado y recorriendo el cuerpo de ella con unas tijeras, de a poco iban subiendo la temperatura de aquella elegante y decente sala de estar.
Don Pricilo se separó del caliente beso y a continuación procedió a cortar con mucho cuidado el rosado sujetador con la sola idea de liberar ese gran par de tetas que estaban contenidas por este, Karen solo temblaba de pavor ya que pensaba que en cualquier momento el viejo le podría hacer daño, y este una vez que cumplió su cometido retiro los retazos de tela de lo que fue del pequeño y fino brassier, a continuación se dirigió a la zona donde se encontraba el gran pedazo de culo que tenía la mocosa, corto por los elásticos que se agarraban por ambos lados de las caderas y con mucho cuidado lo fue retirando, Karen sentía como estaba siendo despojada de la última protección que le quedaba, se sentía avergonzada y humillada, nuevamente la tenían totalmente desnuda.
El viejo tenía los pequeños calzoncitos de color rosado en sus manos y dejando la tijera a un lado se dio a ubicar la parte de este pequeño trozo de tela que en algún momento habría protegido el tajito de la rica adolescente, y una vez que lo ubico sin pensarlo se lo llevo a sus narices para oler profundamente e impregnarse con el aroma y con la esencia de su mujer.
Luego de esto don Pricilo ya había tomado ubicación en la parte trasera de la fabulosa anatomía de la nuestra dulce Karen, su intención era una sola, iba a tomar posesión del pequeño orificio posterior de la perra que en estos momentos tenia para su propia voluntad, simplemente se la quería meter por el culo, pero antes del ya casi seguro enculamiento que se llevaría a efecto, al vejete se le había antojado paladear el sabor que tendría aquel pequeño conducto, por lo que procedió a tomar con ambas manos cada una de ese glorioso par de nalgotas que tenía para el solo y las abrió lo que más pudo.
El viejo miraba estupefacto hacia el magnífico culo que tenía ante sus ojos, su verga ya totalmente erecta se contorsionaba furiosa entre las ropas de este, luchando por salir y escurrirse por las apetitosas carnes que en este momento miraba y tocaba su dueño.
Don Pricilo seguía sorprendido ya que una vez que separo las nalgas de la joven, se pudo fijar en el pequeño círculo rosadito que tenía la sabrosa chiquilla, y justo al medio de este rosáceo anillo también había un diminuto puntito, que incluso hasta era dificultoso verlo a simple vista, el viejo si hubiese tenido una lupa con gusto la habría ocupado para inspeccionar bien ese coqueto puntito negro, que él ya había decidido que lo tendría que perforar en esa misma tarde dominical.
Karen se sentía desconcertada por el hecho de estar en tan vergonzosa posición, y lo peor se decía, era estar con don Pricilo justo detrás de ella, observando todo lo que su cuerpo le exhibía, y esto sumado a que la nena sentía que el viejo le tenía bien abiertas sus nalgas con ambas manos.
Por su parte el viejo no aguantando más fue acercando su boca y lengua a tan preciado anillito rosado, comenzando así un rápido lengüeteo anal, don Pricilo hacia grandes esfuerzos por adentrar la punta de su lengua en el diminuto puntito negro que en estos momentos se comía, pero la tarea era casi imposible, ese orificio estaba tan apretado que por ahí no entraría ni siquiera una aguja aunque a esta la metieran a martillazos, meditaba el vejete, pero aun así no separaba su boca ni un milímetro del exquisito culo el cual degustaba.
Karen no tenía idea de las intenciones de don Pricilo, solo se daba cuenta que este ahora le estaba besando su trasero, no entendía por qué el degenerado viejo le chupaba en su orificio anal y a la vez sentía esa resbalosa lengua hacer una serie de rápidos círculos en el mismo centro de este, ella sabía muy bien que esa parte del cuerpo era para hacer otro tipo de cosas, muy distintas a las que ahora le practicaba este cochino viejo.
En estos pensamientos estaba la avergonzada Karen cuando sintió el primer corrientazo escalofrioso de la tarde, el cual le causo esa rica y conocida erización de todos los pelitos de su cuerpo incluyendo los de su panocha. Don Pricilo al notar en sus propias manos que la piel de la nena se erizaba y a su vez que esta misma se comenzaba a retorcer por las supuestas sensaciones que él le estaba provocando con su lengua, se dio a poner más aplicación en los rápidos y circulares movimientos lingüísticos que le estaba aplicando.
–Ohhhhh…ahhh!!—fue todo lo que pudo expresar la joven de 18 años recién cumplidos, quien muy suavemente y por estar siendo ya superada por los exquisitos escalofríos, empezó a menear su culo sobre la boca del viejo, con la insana intención de acrecentar en su cuerpo aún más, esas agradables sensaciones que poco a poco se iban a apoderar de su propia voluntad y persona.
Mientras a Karen la lengüeteaban en el culo en la sala de estar de su propia casa, a muchos kilómetros de distancia, la situación era totalmente distinta.
Eduardo y Andrea, los padres de Karen, ya se encontraban instalados en una de las más confortables habitaciones del elegante Resort, que la conservadora y decente congregación había escogido para su junta anual de familias bien consolidadas, la cual se realizaba con la finalidad de dar cuenta de todas las actividades realizadas en los últimos 12 meses, como así mismo proyectar el año siguiente, además se aprovechaba para compartir y hacer camaradería, ya que a esta reunión solo participaban las 12 familias más distinguidas y sobresalientes dentro de la misma entidad.
Para ese día domingo tendrían la primera actividad oficial dentro de lo programado por la congregación, que era la participación en la recepción de bienvenida, en donde se reunirían las doce decentes familias para compartir y luego pasar a disfrutar de una apetitosa y abundante cena, digna para gentes de tal grado de conservadurismo y decencia como lo eran todos ellos.
El matrimonio se encontraba en la habitación preparándose para la recepción, Eduardo vestía de sport, pero con sobriedad, esperaba a su esposa que aún se encontraba encerrada en el servicio, terminando de arreglarse. Una vez que Andrea salió de la sala de baño, la imagen de ella hubiera dejado boquiabierto a cualquier pobre mortal que hubiese presenciado la imagen de tan encantadora hembra.
Andrea se había preocupado de alisar su rubio cabello, se maquillo solo lo necesario, ya que este tipo de hembras al igual que su hija, y que no se encuentran en cualquier lado, no lo necesitan. Había escogido un vestido negro el cual se ceñía y ajustaba a la perfección en su delineado cuerpo, resaltando en demasía las marcadas curvas que se pronunciaban desde su esbelta cintura hacia la amplitud de sus caderas, el cual le llegaba solo hasta la mitad de sus torneados y tonificados muslos, claro que este no dejaba ver mucho las carnes de esas majestuosas tetas que en estos momentos contenía, pero al igual que en la parte de sus caderas, también se delineaban las formas exquisitas de esas montañas de carne, que como ya se dijo una vez no caían en la exuberancia ni lo grotesco…(por algo era la madre de Karen…)
Eduardo al ver salir a su mujer tuvo la intención de escandalizarse, pero se contuvo, en realidad debía reconocer que su mujer era perfecta, por lo que fue a su encuentro y la tomo de su cintura depositando un tierno y amoroso beso en la frente de ella, se abrazaron. Por su parte Andrea se sentía feliz, le encantaba que su marido le demostrara el amor que por ella sentía, con estos tiernos gestos de cariño (ya que en el sexo el hombre no demostraba mucho, debido a sus estrictos y solidos principios de mojigatería y conservadurismo según él), permanecieron abrazados por un momento.
–Te ves encantadora cariño, le dijo el hombre a su mujer, mientras la afianzaba más hacia su cuerpo.
–Gracias amor, tú también estas muy apuesto, le contesto Andrea dedicándole una de sus encantadoras sonrisas.
–¿Qué estará haciendo nuestra pequeña?, decía Eduardo a su esposa, a la cual mantenía en un cálido abrazo,–Realmente la he extrañado mucho, creo que deberíamos haberla traído, le decía un poco triste, ya que era la primera vez que salían sin ella.
–No te preocupes mi vida, tú sabes que ella quiso quedarse para estudiar, le consolaba su tierna mujer,–Además ella ya es una mujercita muy responsable de sus acciones y cuenta con toda nuestra confianza, por lo mismo tú le diste permiso para quedarse en casa.
–Si tienes razón, es más que seguro que a esta hora esta de cabeza en sus libros, al igual que ayer cuando la llamamos por teléfono…
(El decente matrimonio no se imaginaria nunca que en estos mismos momentos, a su hija la tenían en la sala de estar de su casa totalmente desnuda, en 4 patas, langueteandole el culo y todo esto al frente del sillón Luis XVI de Eduardo…)
–¿A qué hora nos vamos al salón?, pregunto Andrea a su marido.
–Luego, y no te preocupes que don Urias se comprometió de pasarnos a buscar, contesto el marido.
Don Urias era un hombre que representaba unos 58 años de edad aprox., era el director de la conservadora congregación, y aparte de ello también era orientador y consejero oficial de estas doce distinguidas familias, aparte de ser uno de los más influyentes asesores de Eduardo en cuestiones de decencia y conservadurismo. Era de aspecto enfermizo, calvo, extremadamente alto y delgado, pálido y de facciones cadavéricas, debía medir por lo menos 1.85 de estatura y debido a su excesiva delgadez daba el aspecto de ser un esqueleto vestido con ropa.
Don Urias llevaba toda una vida siendo miembro de esa particular congregación, conoció a Eduardo cuando este era un tímido joven recién egresado de la facultad de Ingeniería, y cuando noto que este mostraba un entusiasta interés por asuntos de Conservaduría y de querer ser un ejemplo ante los demás, don Urias no dudo para intentar reclutarlo y hacer de el uno de los pilares fundamentales de esta misma.
A parte de esto el flaco Urias, como le decían algunos de los miembros de la congregación a sus espaldas, era el encargado de orientar a todos los jóvenes de estas familias y de hacerlos participes de obras benéficas en distintas instituciones dedicadas a ayudar al prójimo. Pero la realidad era que esto lo hacía solo para la pantalla, ya que lo que a él realmente le interesaba era que los padres de estos jóvenes hicieran puntualmente los depósitos mensuales de dinero, en las distintas cuentas bancarias que poseía la congregación en uno de los principales bancos del país, claro que él era el titular de aquellas generosas cuentas.
Desde un principio la relación de amistad entre Eduardo y don Urias fue verdadera, pero todo cambio cuando Eduardo paso a ser miembro oficial de la institución, incluida su joven esposa Andrea que para esos tiempos era una encantadora veinteañera, que a pesar de ya haber sido madre, se gastaba un cuerpo endiabladamente rico y sensual, sumado a su candorosa y natural personalidad y de trato espontaneo.
Don Urias al conocer a Andrea quedo impactado, fue amor a primera vista lo que sintió ese flacuchento, y olvidándose de la amistad entablada con Eduardo intentó por todos los medios posibles seducir a la mujer de su prójimo. Gasto dinerales en costosas joyas, perfumes y un sinnúmero de diversos artilugios para llamar la atención de ese ángel venido desde los cielos, pero todos fueron rechazados por Andrea e incluso cuando Eduardo debía viajar por asuntos laborales, el viejo flaco no dudaba en acosar a la mujer haciéndole invitaciones a cenar o simplemente la hacía ir bajo cualquier pretexto a las instalaciones de la decente congregación, con la sola finalidad de poder estar cerca de ella aunque sea por un instante.
Andrea que era más despierta en estos asuntos que su mojigato marido se daba cuenta de las intenciones y sentimientos del pobre viejo de don Urias, pero ella siempre supo saber manejar la situación, para no alterar la amistad de ambos y para también no hacer sentir mal al pobre hombre.
Hasta que don Urias al haber ya agotado todos los recursos necesarios para intentar engatusar a esa beldad de cabellos dorados, esposa de unos de sus mejores discípulos, se convenció de que tenía cero posibilidad de llegar a tener algún tipo de relación extramarital con ella y menos que llegara a dejar a Eduardo por irse con él. Por lo que desistió y se odio a el mismo por no tener la edad y el aspecto necesario para conseguir alguna hembra con tales atributos como los de Andrea, ya que don Urias a pesar de su edad y aspecto, el hombre era de gustos exquisitos y refinados.
Desde aquel tiempo, el flaco director de la congregación benéfica, destinaba gran parte de los recursos que le daban los mismos integrantes de esta, para tener encuentros ocasionales con las mejores putas de lujo que habían en el mercado e incluso cuando llego el internet las escogía por catálogo, siempre poniendo atención de que la mujer que pasaría una noche con él, debía tener características físicas muy parecidas a las de su Andrea y en los últimos tres años, también escogía de vez en cuando alguna que tuviera algún tipo de similitud con Karen.
Desde que la hermosa joven se fue transformando en mujercita, el viejo Urias puso sus hundidos ojos de cadáver en ella, no era que al viejo le gustaran las niñas pequeñas, pero cuando comenzó a notar los primeros cambios de la tierna niñita de ojos azules, tubo la certeza de lo que estaba al frente de su mirada, era un verdadero cheque a fecha, por lo que se encargó el mismo de guiar por el buen camino a la dulce jovencita.
Muchas veces don Urias quiso poner a prueba a la joven, en las ocasiones en que ambos se encerraban en su oficina, con el fin de orientar o aconsejar a la hermosa y virginal adolescente, el viejo entraba en charlas que tuvieran relación con el sexo o con las vinculaciones de amistad que tenía con otros jóvenes de su misma edad, pero Karen siempre demostró ser una nena integra y de nobles sentimientos, situación que enorgullecían a don Urias, ya que veía reflejada en estas conversaciones todas las enseñanzas y conocimientos de decencia que el mismo había entregado a los padres de estos jóvenes, y sobre todo si se trataba de la hija de Andrea, de su Andrea, del gran y único amor de su vida. El viejo quedaba consternado al darse cuenta del casi idéntico parecido que tenían, si no fuese por el color de pelo y ojos, ambas parecerían hermanas gemelas, determinaba don Urias, lo cual coincidiría con las impresiones que haría don Pricilo algún tiempo después.
A estas alturas don Urias ya no podía ver a Karen como tal, ahora la veía como toda una mujer, pero asumía que si no tuvo oportunidad con la madre de ella, menos la tendría con la hija, pero aun así la hermosa pendeja lo excitaba, y lo que más le calentaba al viejo flaco era que esta dulce criatura era hija del gran amor de su vida, era hija de Andrea.
En consecuencia de lo antes señalado, don Urias poco a poco se fue distanciando de la sana amistad que en algún momento tubo con Eduardo Zavala, en primera instancia fue por haber quedado herido de amor por esa hembra que no le dio la más mínima y remota esperanza de abandonar a su marido por él, luego fue por la creciente envidia que sentía por la familia de Eduardo, envidia que con los años se fue transformando en odio total hacia ese hombre que en algún momento llego a estimarlo como a un verdadero amigo. Claro está que Eduardo nunca se dio cuenta de lo que le pasaba a don Urias con su bella esposa y menos que este le haya hecho algo al flacuchento viejo para ganarse el odio que este sentía por él.
Pero ya habían pasado los años y don Urias mantenía intacto el odio que sentía por Eduardo, pero lo disimulaba ya que no le convenía que este se fuera de la congregación por tres motivos:
1.- Eduardo Zavala era miembro reconocido y respetado por la mayoría de los más generosos contribuyentes de la Congregación.
2.- Eduardo era uno de los más entusiastas a la hora de realizar dichas contribuciones. Y
3.- Si Eduardo se retiraba, don Urias no vería más a su adorada Andrea Rojas, y por supuesto tampoco vería más a su Bonus Track…: Karen.
El matrimonio se encontraba charlando en su habitación, cuando sintieron que tocaban a la puerta de esta…
–Debe ser don Urias, hablo Eduardo.
–Yo le recibiré, contesto Andrea quien ya se dirigía a la puerta para recibir al visitante.
–Buenas tardes don Urias, le saludo la rica de Andrea una vez que le abrió la puerta.
–Buenas tardes, saludo secamente y con voz grave, el hombre que en estos momentos hacia ingreso a la elegante habitación.
Don Urias no podía evitar mirar esas curvas infernales que se gastaba la mujer de su enemigo (así veía don Urias a Eduardo), la recorría con sus hundidos ojos, admirando las notorias curvas que se pronunciaban entre la cintura y caderas que poseía la hembra de sus sueños.
–¡Eduardo! amigo mío, lo saludo cínicamente don Urias estrechándole la mano,– vamos que nos están esperando en el salón.
–Buenas don Urias, saludo Eduardo y tomando a su esposa por la cintura, procedieron a dirigirse al salón donde los esperaban las otras familias.
El viejo esquelético se quedó un poco retrasado con la sola intención de poder admirar tranquilo la exquisita figura de su Andrea, mientras más le miraba el culo y sus ancas de hembra reproductora, mas odiaba a Eduardo y sobre todo por lo que estaba a punto de acontecer en el elegante salón al cual en estos momentos se dirigían.
Al hacer ingreso a tan distinguida dependencia fueron recibidos por las otras familias que allí se encontraban, el matrimonio Zavala saludo a cada una de ellas y se desasían en explicaciones cuando les preguntaban por su adorada hija.
A continuación de los saludos de rigor, don Urias tomo lugar al centro de la sala para dar un pequeño discurso de bienvenida a todos ellos y darle el vamos a tan elegante reunión.
Eduardo y Andrea charlaban animadamente sobre asuntos que tenían que ver directamente con ellos y su participación en las distintas actividades que se habían realizado en el último año, como también de otros temas, de la feliz vida que llevaban etc., cuando fueron interrumpidos por don Urias.
–Eduardo, necesito que me acompañes, el señor Almarza tiene un importante asunto que tratar con tu persona, Andrea te quitare por unos minutos a tu marido, le decía don Urias a la rubia y exquisita mujer, con su mirada puesta en cualquier parte, ya que al viejo flaco le costaba mirarla a los ojos, después de haberse sentido rechazado por ella, aunque esto había pasado hace mucho tiempo la herida de amor aún seguía intacta.
–Cariño vuelvo enseguida, dijo Eduardo a su esposa,–Iré a ver de qué se trata ese importante asunto, diciendo esto último se encaminaron hasta el otro extremo del salón donde los esperaba don José Almarza y su hijo Ignacio de 23 años.
Los hombres se saludaron y hablaron de cosas sin importancia, todos en el salón estaban pendientes de esa pequeña agrupación de varones, ya que sabían que cuando se juntaba un grupo de solo hombres era porque algo importante estaban tratando y más aún, si en este grupo se encontraba don Urias, quien hacía de Ministro de Fe, de lo que ahí se trataba
Fue Eduardo quien quiso ir al grano y pregunto:
–Don José, quisiera saber cuál es el asunto en cuestión, ya que don Urias me comento que era muy importante, dijo Eduardo cruzando un brazo por el pecho y con su otra mano puesta en la barbilla.
–Si Eduardo, don José permaneció pensativo por unos segundos para luego continuar,–no sé si ya conoces a mi hijo Ignacio.
–Si creo que lo ubico, contesto Eduardo quien recordaba muy bien a ese mocoso que hace un par de años antes tuvo que espantar por andar rondando a su hija.
–Bien, el asunto es el siguiente, dijo don José tosiendo un poco para aclarar la voz,–Mi hijo viene llegando del extranjero, donde termino sus estudios de economía, y desde este mes se integrara al grupo de empresas Almarza S.A, donde ocupara el cargo de Sub Gerente del área de inversiones…
Eduardo pensaba en lo que hablaba don José, no entendía que tenía que ver él, con el brillante futuro de su hijo.
–Es por ello que yo en su representación, continuaba hablando don José, y poniendo un tono grave y solemne en su voz,–solicito oficialmente la mano de tu hija para que se case con Ignacio.
Eduardo sintió que se estaba cagando en los pantalones ante tan inoportuna solicitud, como se les podía ocurrir a esos bellacos que su niña, su dulce hija se podría casar! ¡Si es solo una bebita!, pensaba el desesperado padre de familia. Lo único que quería en esos momentos era salir de esa situación y huir para cualquier parte. ¡Estaban locos…! se decía, su inocente hija aún no estaba preparada para mantener una relación conyugal y menos con obligaciones carnales, el solo hecho de pensar e imaginar a su hija besándose con el tal Ignacio, le daban arcadas.
Mientras esto le pasaba al pobre de Eduardo, en la elegante sala de estar de su casa, don Pricilo ya se estaba desnudando para cogerse a la perra que en estos momentos le meneaba el culo en su boca, al viejo le costaba quitarse la ropa ya que este no se separaba ni un centímetro de ese grandioso pedazo de culo, con ese diminuto puntito negro que este tenía en su parte de al medio y que ya parecía que su dueña se lo estaba ofreciendo en bandeja, por la forma en que se lo movía. Bastaron solo unos minutos de lengüeteos, para que Karen se transportara a ese maravilloso mundo de sensaciones exquisitas para su cuerpo.
Don Pricilo ya había desenfundado su armamento, pero se tuvo que separar muy a su pesar de ese perfecto y redondo culo que se estaba comiendo, para así poder quitarse la camisa. El viejo a pesar de su prominente barriga se puso de pie en forma atlética y una vez que estuvo en pelotas noto que la ansiedad por taladrarle el orto a la niña estaban por superarlo.
Karen al notar que esos exquisitos lengüeteos se acabaron llevo su azulada mirada hacia atrás y lo primero que vio fue ese gran pedazo de verga con la cual la habían perforado la noche anterior, los jugos de su zorra no tardaron en empezar a fluir, nuevamente se cruzaron sus miradas.
Don Pricilo camino en dirección a esa boquita con labios purpuraceos, y una vez que tomo ubicación al frente de ellos, apunto su erecto instrumento hacia estos. La joven quien ya adivinaba las intenciones del viejo y olvidándose de sus amenazas quiso protestar diciendo…
–Don Pricilo, por favor yo no quiero chup…slrprrr…frrspp…frrspp…sfrrspp…sfrrspp
El vejete cuando la vio abrir su boquita para reclamar, se la envaino hasta el fondo de su garganta, y para luego afianzarse la tomo de su negra cabellera haciéndole una coleta y con su otra mano la tomo de la barbilla, comenzando así nuevamente a culiarsela por la boca.
Karen sentía el grueso tronco deslizarse por su vía oral, sentía que se ahogaba cuando notaba que este traspasaba sus amígdalas y se encorvaba para abajo penetrando hacia el interior de su cuerpo por el conducto de su garganta.
En la sala solo se escuchaban los ahogados gemidos de placer de don Pricilo, secundados por los eróticos sonidos de fruición que hacia la boca de Karen al estar recibiendo verga de esa forma,
–Srrpp…! srrppp…!! srrrpp…!! srrrppp…!!! srrrppp…!!! Srrrppp…!!!, se escuchaban las chapoteantes mamadas, acompañadas de una que otra arcada que hacia la nena cuando quedaba sin aire en sus pulmones.
El viejo Pricilo arremetía con fuerzas, le encantaba ver como la hermosa chica se la comía toda, en un momento disminuyo la velocidad de sus movimientos para descansar, el cual fue aprovechado por Karen, quien ya había asumido su papel de chupadora de verga y comenzó a mamar ella solita esa sabrosa barra de carne que la empalaba oralmente. Sin quitársela de la boca la rodeaba con su lengua, ahora era ella quien arremetía contra el pico de don Pricilo, sentía en su paladar como se juntaban los líquidos pre seminales de su macho para ella ir tragándoselos todos, en su mente pensaba que le encantaba comerse los mocos de ese hombre.
El viejo estaba fascinado con la labor chupadora de la joven, pero al acordarse de que esta tubo el intento de protestar, decidió que merecía un pequeño castigo por insolente, sin sacarle la verga de su boca, estiro una de sus manos hacia la suavidad de una sus redondas nalgas, para comenzar a sobarla en forma casi paternal, para luego alzar su mano lo más alto posible y dejársela caer con todas sus fuerzas:
Plashh!!, retumbo por toda la casa la fuerte y sonora nalgada que recibió el blanco culo, quedando en este la marca enrojecida de la mano del vejete.
Plashh!!, Plashh!!, Plashh!!, Plashh!!, fueron la otra serie de fuertes nalgadas que sufrió el pobre trasero de la atractiva joven, los cuales fueron repetidos en una secuencia de tres veces más. En total fueron 17 nalgadas que don Pricilo le propino a la adolorida chiquilla, que en ningún momento dejo de mamar esa verga que ya la volvía a tener como hipnotizada.
Karen a pesar del dolor que le causaba el hecho de que este viejo la golpeara, a su vez la calentaba, por cada nalgada que recibió en el culo, su cuerpo le brindaba un rico corrientazo de placer que se iba a depositar a su ya encharcada panocha, haciendo que la nena esperara con ansiedad la próxima flagelación a su asustado culote.
La nena continuaba chupando verga como poseída, con todo su trasero enrojecido por las feroces nalgadas que tuvo que recibir, don Pricilo se sentía conforme con la sumisa actitud de su puta.
Mientras tanto lejos de la decente casa, Eduardo se encontraba impactado por la atrevida propuesta por parte de la familia Almarza, fue en ese momento que don Urias cumplió con su parte como mediador.
–Eduardo es normal que te sientas preocupado, pero piensa, le decía el flacuchento con cara de calavera,–La niña ya es mayor y está en edad de casarse y formar familia, y que mejor opción que esta, la familia de don José es una de las más decentes de nuestra congregación, y el joven Ignacio le podría brindar un brillante porvenir a Karen…
–Un momento, dijo Eduardo,–necesito pensar…
El acongojado hombre no tenía idea de que hacer, le estaban pidiendo oficialmente la mano de su virginal hija, necesitaba que alguien lo aconsejara, miro hacia donde estaba Andrea quien conversaba animadamente con dos jóvenes que se le habían acercado cuando notaron que su marido la había dejado sola. Eduardo tuvo la intención de buscarla y hablarlo con ella, pero sabía que si lo hacía sería motivo de burlas de parte de la comunidad masculina de la congregación, ya que por tradición esas decisiones las tomaban los jefes de hogar. También pensó que don Urias ya había dado su opinión, y quien mejor que lo ayudara a decidir, pensaba el apesumbrado hombre, por lo que se decidió y habló…
–Si en el hipotético caso que yo cediera la mano de mi hija para que se case con su hijo, Eduardo intentaba buscar lo mejor para el futuro de Karen,–ella tendría que terminar sus estudios, antes o después de casada, su gran sueño es ser profesional, aunque ella no lo necesita, pero yo no quiero interferir en ellos, fue lo que dijo Eduardo, muy seguro de sí mismo.
Don Urias atento a lo que ya casi se tomaba en acuerdo entre dos de sus principales miembros, chasqueo los dedos a un mozo, quien rápidamente se acercó a ellos con una bandeja, cuatro copas y una botella de champagne.
Por su parte don José Almarza, escucho el petitorio de su ya casi seguro consuegro, y él como hombre de palabra que era, estiro su mano hacia donde estaba Eduardo y con mucha solemnidad dijo:
–Hecho!
Los hombres se estrecharon la mano y decidieron ellos por el futuro de sus hijos, a continuación a Eduardo le tocaba dar la mano a su futuro yerno, y al estrechársela, el joven Ignacio muy emocionado se lanzó a los brazos de su suegro, diciéndole muy eufóricamente:
–Papá!!…
A Eduardo le vinieron unas ganas tremendas de sentarlo de un solo puñetazo en el rostro, pero no le quedo más opción que devolver el abrazo a su futuro hijo político.
Por su parte don José estaba conforme, se sentía orgulloso de mesclar la sangre de su familia con la de las hembras Zavala, e incluso se sentía honrado que un macho de su descendencia se fusionara con tan suculenta mujer. De reojo miraba a su futura consuegra, si bien el hombre no era mal intencionado no dejaba de sentirse excitado por la buena suerte que tuvo su primogénito, tenía la sensación de que iba ser el quien disfrutaría de la virgen a la cual le acababan de conceder.
A continuación se llenaron las copas y brindaron por el futuro y felicidad de los novios.
Don Pricilo ya hacía abandono de la boca de Karen y se aprontaba para que su verga tomara posesión del apretado orificio posterior que ella tenía, quien para estos momentos también estaba de novia. El viejo sabía muy bien que antes de ensartarle su falo debía dilatar un poco, no para que a ella no le doliera, si por el fuese deseaba que la joven se llagara a recagar del dolor, pero debía dilatarlo para que a él le fuese más fácil perforar ese culo de ensueño, por lo que se dedicó a ensalivarlo un poco más y fue cuando de improviso metió su dedo índice en el apretado ojete anal que ya casi le pertenecía.
Karen sintió el mismo dolor invasivo que cuando le perforaron la panocha, pero este era un dolor más animal, un dolor desnaturalizado!!, le daba la sensación que don Pricilo le reventaría el culo si es que se le ocurría meterle su garrote de carne por su apretado conducto anal, que por lo que ella sabía era para otro tipo de cosas.
–Nooo!!, fue el grito de Karen.—Nooo por favorrr don Pricilitoooh, duele!!, duele!!, ahhh!!
–Jajaja!!, callate perra caliente!!, hoy no te salvas de tu enculamiento, jejeje, reía el depravado viejo,–así que prepárate porque ahora te va a doler 10 veces más de lo que ya te dolió ayer, jejeje…
–Nooohh!!…por…fa…vorrr, don Pri…ci…looohhh!!… Ahhhh!!… no … me… en.. cuuu… leeee… Ahhh!!… Ayyy…due…leee!!!
Karen intentaba por todos los medios posibles escapar de su agresor culistico, pero el viejo la tenía abrazada por alrededor de sus piernas dejándola prácticamente inmovilizada, ahora ya había metido un segundo dedo en el pequeño puntito negro, que el mismo estaba agrandando.
El dolor que sentía la joven era desesperante, prefería mil veces que le volvieran a destrozar la zorra, a tener que prestar el culo para que se lo reventasen con la introducción de ese pedazo de fierro caliente que tenía don Pricilo.
La chica ya iba a empezar a llorar cuando ambos escucharon:…DING—DONG…!!!, era el timbre de la reja que daba a la calle, en ese mismo instante se miraron con cara de preocupación.
–A quien le dijiste que viniera!!, le grito el viejo intentando moderar el tono de voz para que quien fuese no le escuchara.
–A nadie don Pricilo, yo no he llamado a nadie, volvía a decir la asustada joven.
–No me mientas puta!!, porque ahora sí que te rajooo!!, le vociferaba junto a su oído.
–Don Pricilo de verdad, yo no he llamado a nadie, se lo jurooo!!, le decía la desesperada nena.
–Ve a mirar por la ventana y me dices quien es, le mando el viejo,–Y cuidado con hacer alguna pendejada, porque ya sabes lo que te espera!, termino diciendo el viejo mirándola con su aborrecible mirada.
Karen se puso de pie muy delicadamente le costaba un poco moverse por todo el tiempo que estuvo en 4 patas sobre esa mesita, una vez que estuvo de pie muy sigilosamente se fue acercando a la ventana, don Pricilo la miraba extasiado, pero que soberbia se veía la chiquilla sin nada de ropa, también el viejo notaba que ella a estas altura poco hacía por cubrir sus desnudeces, poco a poco estaba logrando que la nena perdiera su pudor al exhibirse desnuda ante su mirada.
La preocupada joven ya estaba junto a la ventana que daba al ante jardín de la casa, pensaba que era realmente extraño que alguien viniese ya que esta se encontraba retirada de calles concurridas y menos con transeúntes, muy despacio corrió la cortina para poder mirar y ver quien tocaba el timbre a estas horas de la tarde, desde los ventanales de la casa existían unos 6 metros para llegar hasta la reja que daba hacia el desolado camino, la chica miraba incrédula a los extraños visitantes que en estos momentos volvían a hacer sonar el timbre.
–Don Pricilo, le hablo la joven,–son dos jóvenes, pero yo no les conozco, no se quiénes son, volvía a repetir la muchachita.
El viejo se acercó a la ventana para confirmar que lo que le decía la nena era cierto, al mirar don Pricilo se dio cuenta que no le mentía, vio a los dos jóvenes parados justo en la reja de entrada a la casa y uno de ellos volvía a tocar el timbre.
Ambos jóvenes eran rubios, se notaban que eran extranjeros, venían impecablemente vestidos con traje y corbata, en una mano un libro de color azul y en la otra un maletín, además en la parte izquierda de su traje portaban una especie de identificación. Karen fue la primera en reconocerlos.
–Son jóvenes decentes don Pricilo!!, pero de otra congregación, le dijo la tierna chiquilla.
–Y que se creen estos diablillos, jejeje, dijo el viejo medio divertido por darse cuenta de quienes eran, —les tendré que dar una lección para que aprendan a no andar interrumpiendo a la gente cuando está ocupada, jejeje.
Don Pricilo se fue corriendo a la sala de baño, Karen sentía curiosidad por lo que pretendía hacer el viejo, lo vio venir con una toalla en la mano, la nena no podía evitar de no posar su azulada mirada en esa gruesa verga que se bamboleaba para todas direcciones cada vez que su dueño hacia algún movimiento. El timbre volvía a sonar.
Una vez que don Pricilo llego a su lado, le pidió a Karen que levantara sus brazos y el mismo procedió a envolver su cuerpo con la toalla, tal como si ella viniese saliendo de una ducha. La toalla le tapaba solo lo necesario ya que dejaba una buena porción de sus tetas asomadas al aire, y en su otra zona le tapaba solo unos centímetros más debajo de su panocha.
–Ahora vas a salir y los atenderás, jejeje, y mostraras interés por las mamadas que ellos te quieran explicar, luego de un rato yo te llamare y les dirás que ya no puedes atenderlos porque tu marido te necesita en la cama!, jejeje, reía el vejete. Karen lo miraba estupefacta, no lo podía creer, ella no sería capaz de hacer algo así, por lo que el viejo continuo,–Pero permanecerás un rato más con ellos y por cada vez que yo te llame les dirás lo mismo que te acabo de explicar, y no te vengas hasta que yo te salga a buscar, jejeje, termino riendo el viejo.
–Nooo!!, don Pricilo yo no hare eso, yo, yoo soy una niña decente, y no estoy dispuesta…
–Cállate perra caliente!!, tu aquí estas dispuesta para hacer todo lo que yo te diga!!, le grito don Pricilo,–Aquí mando yo!! Y si no me haces caso, te agarro en este mismo momento, te llevo hacia afuera y te culeo delante de ellos, ¿eso quieres? ¿Quieres eso putita!!?
–Nooo, don Pricilo, no lo haga, no lo haga, yo, yo hareeh…lo que Ud. me dice.
–Entonces ahora ve y haslo!!
Los jóvenes ya estaban por retirarse cuando se percataron que la puerta principal de esa elegante casa se abrió y pudieron ver como de esta hacia aparición de una hermosa joven, la cual traía puesta solamente una toalla, ambos coincidieron que ella venia de darse una ducha. En un principio la miraban sonrientes, pero a medida que la joven se acercaba, se dieron cuenta de dos cosas, la primera era que la nena que se les aproximaba era una preciosidad, y la segunda era que esta venia prácticamente desnuda, solo con su toalla la cual le cubría muy precariamente, ambos se miraron y empezaron a temblar.
Karen muy avergonzada se desplazaba en dirección a ellos, caminaba muy despacio, sabía que cualquier movimiento brusco la toalla se le podía correr y les dejaría ver todos los pendejos de su zorra a esos pobres y decentes muchachos, una vez que llego a la reja de entrada la abrió y les pregunto muy avergonzada y con su voz muy bajita:
–¿Qué desean?, su mirada era triste y cabizbaja.
–Nosotros, es que… nosotrosss, ehh, ehh, ehh, los muchachos estaban choqueados, no podían articular palabras.
–Necesito saber qué es lo que desean, les volvía a decir con sus ojitos llenos de lágrimas.
Los jóvenes solo balbuceaban incoherencias, ambos nunca habían estado en semejante situación calenturienta con alguna mujer, pero por mucho estado de shock que tuvieran no podían evitar mirar las exquisitas formas de la suculenta hembra que tenían al frente de ellos, e incluso uno de estos inclinaba su cabeza intentando mirar un poquito más debajo de lo que cubría esa niña a la altura de sus caderas.
Karen se quería morir.
–Por favor díganme que es lo que desean, volvía a preguntar la nena.
Nosotrooos, bueeeno, nooosotrooos, ehhhh…
Los jóvenes intentaban tomar aire para poder decir lo que ellos querían, pero escucharon un fuerte grito que venía desde el interior de la casa.
–Karen!!, apúrate mamasota que te necesitooo!!
Lo único que pensó la joven fue que por lo menos no la trato de puta.
–Lo siento me tengo que retirar, mi marido me necesitaaa en la camaaah, dijo la jovencita toda compungida.
Nuevamente los jóvenes se miraron, ahora sí que no entendían nada de lo que pasaba, y se acentuaron aún más sus temblores de piernas que ambos sentían.
–Les repito, dijo la nena, –Me tengo que retirar, mi marido me necesitaaa en la camaaa!
Los muchachos no se querían ir, para ellos todo esto era nuevo y ya les estaba empezando a gustar la situación.
–Kareeeen!! Vamos putita, apurateee, que te necesitooo!!, volvía a gritar don Pricilo.
Los jóvenes miraban a esa hembra semidesnuda entre nerviosos y entretenidos.
–Por favooor, ya váyanse, les dije que mi marido me necesita en la camaaa!!
–¿Cómo the llamas?, alcanzo a preguntar uno de ellos, con un español más o menos bien pronunciado.
–Pero que mierda pasa aquí!!, salió gritando don Pricilo desde el interior de la casa, quien se había vestido solo con sus bermudas.
Ambos muchachos se extrañaron de ver a ese viejo gordo que venía gritando y en dirección a ellos.
–Que se traen ustedes dos por aquí, les pregunto don Pricilo a la vez que abrasaba a Karen y la arrimaba con fuerzas hacia su cuerpo, con la intención de que los jóvenes entendieran que ella era su mujer. –Mmmm, continuo el vejete, veo que solo quieren molestar a mi esposa, jejeje, les gusta?
Los muchachos se extrañaron ante la pregunta que les hacían, algo entendían de español y ya sabían a qué se refería ese señor.
–Miren jovencitos, el asunto es este, dijo don Pricilo quien mantenía a Karen bien abrasada a él,–Por ahora no tenemos tiempo para atenderlos, ya que mi mujer y yo estamos en planes de tener un crio, jejeje, o sea nos tenemos que ir a culiar, termino diciendo el descarado vejete.
Karen se mordía fuertemente su labio inferior, se sentía totalmente avergonzada por lo que le estaba sucediendo. El viejo al notar que los jóvenes no se marchaban, decidió continuar un rato más con sus leperadas.
–Pero miren que calientes me salieron los niños, jejeje, yo ya se lo pretenden ustedes dos, y mirándolos a ambos con su más irónica sonrisa les dijo,–Lo que ustedes quieren es follarse a mi mujer, y como yo soy buenito se las prestare un ratito, jejeje. Y diciendo esto último, de un solo zarpazo le quito la toalla a Karen, dejándola completamente desnuda, delante de esos dos decentes muchachos.
Karen se quedó paralizada, nunca se imaginó que ese viejo caliente fuera capaz de empelotarla delate de otros hombres, los jóvenes la miraban extasiados y la recorrieron en toda su plenitud, nunca en su vida habían visto a una mujer desnuda y sumándole a que ella estaba a menos de un metro de ellos. Ambos muchachos quedaron con sus miradas clavadas en ese pequeño triangulito sombreado por escasos pelitos negros y sedosos. Fue don Pricilo quien los saco de aquel estado de embrujamiento en el cual ambos habían caído.
–Vamos par de maricones!!, les grito,–Entren a la casa y culeensela!!, a la vez que le daba un leve empujón al cuerpo desnudo de la nena para que ella quedara más cerca de los jóvenes.
Ambos muchachos ya estaban superados por la extraña y ardiente situación que se sucedía, y como si ellos estuviesen programados, los dos y al mismo tiempo dieron media vuelta para salir corriendo horrorizados y espantados, con la convicción de nunca más volver a aparecerse por aquella lujuriosa casa, debido a la calentona experiencia vivida. Lo único que alcanzaron a escuchar Karen y don Pricilo, fueron los desesperados gritos de: Ohhhh my Gooodd!!!.
Don Pricilo al ver que los jóvenes entrometidos desaparecían de su vista, cerro la reja de entrada, para luego tomar a su hembra fuertemente del brazo y se la llevo hacia el interior de la casa.
Karen estaba destrozada emocionalmente, se sentía vejada y humillada por lo que acababa de acontecer, pensaba que ya era suficiente el tener que posar y modelar en pelotas para ese maldito viejo y para rematar este la exhibía desnuda delante de unos desconocidos, esto no podía estar sucediéndole se decía para ella misma. Por esta razón cuando el vejete la soltó y cerró la puerta de entrada, la exaltada joven con todo el odio acumulado le asesto una débil cachetada en el rostro.
Don Pricilo al sentir el golpe en su cara y ver tal actitud de osadía por parte de Karen, no lo pensó para devolverle con fuerza, un fuerte bofetazo que fue a impactar en su dulce y angelical carita, quien al recibirlo cayo y rodo por el piso hasta quedar tirada y casi aturdida. La nena se vio en el suelo, estaba reaccionando al fuerte cachuchazo del cual había sido víctima, cuando vio que el viejo nuevamente se le venía encima, solo atino a encogerse y con sus dos manitos se tapaba la cara.
Y comenzaron los gritos.
–Nooo!!, pooor favooor!!, don Priciloooh!!, no me pegueee!!, yo no quise hacerlooo!!, perdonemeee!!, por favooor!!, sniff, sniff, comenzaba nuevamente a llorar la pobre Karen.
El viejo aún estaba sorprendido por la insolencia de la mocosa, y por un momento sintió una pequeña debilidad de compasión al ver a esa hermosa chica tirada en el piso desnuda y llorando, la veía temblar y sollozar, el viejo se entretenía en forma lujuriosa mirando su bien formado cuerpo, pero se dijo a si mismo que no podía permitirse dejar que esa potranca hiciera lo que ella quisiera, tenía que seguir domándola, le estaba saliendo más chúcara de lo que él había pensado.
–Y que es lo que te has imaginado inmunda perra asquerosa!!, le grito don Pricilo,–Yo te voy a enseñar a comportarte con tus mayores, por lo que la tomo fuertemente de sus cabellos y la fue arrastrando hacia su propia habitación, Karen en el trayecto solo pataleaba y se contorsionaba en forma desesperada, no por el fuerte dolor que sentía, si no por miedo a lo que le pudiese ocurrir.
–Nooo!!, sueltemeee!!, por favooor!!, ahhh!!, ahhh!!, gritaba la desesperada hembra.
–Tú lo pediste maldita zorraaa!!, le contestaba el vejete.
–Perdonemeee!! Por favooor!! No lo volveré a hacerrr!! Lo jurooo!!
Una vez que llegaron al dormitorio de Karen, don Pricilo la tomo con más fuerzas de sus cabellos y la levanto empujándola y dejándola contra el muro.
–Escúchame bien puta mugrienta, si te vuelves a poner insolente conmigo, tomare el Cd que ya te mostré, y lo subiré a internet, para que todos se enteren de lo caliente y perra que eres a la hora de follar, le decía el vejete bien cerca de su oreja y para luego continuar,– A parte de ir yo mismo y mostrárselo a todos los mojigatos de tu congregación, o ya se te olvido de la forma indecente en que me pedias a gritos que te metiera mi verga!! Quieres eso puta!!
–Nooo!! Por favooor!! No nooo lo hagaaa!!, le juro que me portare biennn!! Snifff.
–Claro que te portaras bien putilla, porque si no lo haces, lo del Cd será lo más suavecito de le que te ocurrirá, jajajaja!!!!.
Junto con esto y al tenerla de pie contra el muro, el viejo introdujo dos de sus cochinos dedos al interior de la fragante vagina de Karen, comenzando a meterlos y sacarlos rápidamente en forma salvaje y casi sádica. En la habitación solo se escuchaban los quejidos que hacia la nena a tan brutal masturbación que le estaban administrando y esto sumado a los chapoteantes crjs! Crsjs!! Crsjs!!!, que emitía su encharcada vagina la cual disfrutaba de todo lo que le hacían a su dueña.
Karen en su mente todavía tenía la imagen de los 2 jóvenes que minutos antes la habían mirado desnuda y en todo su esplendor, a pesar de la humillación que sintió, el lado calenturiento de su sub consciente ya empezaba a trabajar. La nena ya asumía la situación de que la hayan exhibido en pelotas la calentaban al máximo, y lo peor para ella era reconocer que su excitación se multiplicaba con el solo hecho de que don Pricilo la tratase tan brutalmente.
En este momento desde el fondo de su ser deseaba que le volvieran a asestar otra bofetada. Karen realmente estaba que se meaba de la pura calentura que le provocaba ese despreciable ser que era el viejo de don Pricilo.
–Ahhh!! Don Priciloooh, nececitoooh ir al bañoooh.
–Para que putillaaa!! Jejeje, pregunto el vejete sin dejar de masturbarla.
–Estoooy quee mee hagooo pipiii!!
Don Pricilo aprovechando la oportunidad que se le estaba dando, volvió a tomar de las mechas a la mocosa y casi la fue arrastrando hasta llegar al patio posterior de la casa, y aun con más fuerzas siempre tomada de sus cabellos, la lanzo al pasto.
Karen no sabía por qué el viejo ahora hacia esto, de lo que si estaba segura, era que ya casi se estaba meando de tanta excitación, al sentir que el viejo la trataba tan inhumanamente.
–Vamos zorra calienteee!! Ábrete de patas meateee!! Le ordeno don Pricilo.
La nena no comprendía lo que el viejo le estaba pidiendo, ella no quería hacer eso, lo que le solicitaba el degenerado vejete era algo sucio e inmoral, muy contradictorio a los conceptos de decencia que ella entendía, y más alejado aun pensaba, de sus sólidos y estrictos valores éticos, que a estas alturas ya ni sabía adonde se les habían quedado, pero los gritos de don Pricilo la sacaron de sus reflexiones.
–Y que se supone que estas esperando putilla!! No querías mearrr!! Hazlooo!! Meeateee!!, le gritaba el degenerado.
Karen no se dio cuenta en que momento don Pricilo se había quitado los bermudas, lo veía completamente desnudo masajeándose su gruesa verga totalmente erecta a tan solo un metro de donde estaba tirada ella en el pasto. Vasto con esta visión para que a la chica se le borrara todo de su mente y se quedara con la sola imagen de lo que tenía al frente se sus hermosos ojos azules, y como si fuese un robot mecanizado se apoyó con sus dos manos sobre el pasto, una cada una justo al lado de sus ampulosas caderas, muy lentamente fue elevando su esbelta cintura con ancas y culo incluidos, a la vez que iba abriendo sus perfectos y hermosos muslos, una vez que tuvo sus piernas lo más abiertas posibles y sus caderas elevadas a unos 30 centímetros del suelo, y sin quitar su azulada mirada de la tranca del viejo, concedió lo que este le habían solicitado:
–Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…!!, se escuchaba cuando el dorado liquido de Karen salía expulsado de su vagina, –Shhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…!!!, continuaba saliendo sin ningún tipo de impedimento desde su cuerpo y desde esa pequeña abertura que tenía justo al medio de sus piernas totalmente abiertas. El chorro del áureo y brillante líquido era abundante y potente, la sensación que tuvo la caliente joven al dejar salir de su cuerpo este precioso licor de Dioses, y el saberse observada por un hombre, la llevaron a sentirse que estaba en los cielos, esto era un verdadero sueño, pensaba la desquiciada criatura.
–Ricooo!!, fue lo que instintivamente pronuncio la chiquilla, una vez que ya iba en la mitad de la expulsión de su naturaleza.
A don Pricilo se le caían las babas ante la indecente función que le estaba brindando esa diosa venida desde el mismísimo infierno, pero que preciosidad, belleza absoluta, digna de ser la verdadera Madonna italiana, era lo que estaba presenciando el horripilante vejestorio.
Cuando la brillante naturaleza de la nena ya empezaba a aminorar, el viejo se lanzó como enfermo mental a lamer esa deleitable válvula de líquidos femeninos, alcanzando a degustar unas buenas y considerables porciones de las ya últimas expulsiones de esa dorada esencia natural, de ese exquisito almíbar que le había obsequiado esa deidad hecha mujer.
Don Pricilo no se cansaba de lamer y chupar la panocha de Karen, por su parte ella solo se mantenía en la misma posición, se dedicaba solo a sentir la suavidad de esa lengua que en estos momentos la recorría y la limpiaba de todos los restos que quedaron de su propia esencia natural. Poco a poco el viejo fue subiendo por su cuerpo, siempre lengüeteando y lamiendo, no hubo curva alguna que el vejete no probara, hasta que llego a la boca de ella e hiso que ella se recostara en la suavidad de la hierba.
Karen estaba caliente pero al sentir el palo de carne de don Pricilo rozarle su panocha, recordó lo de su enculamiento y como adivinando lo que nuevamente le iban a hacer, entre temerosa y extasiada le pidió a don Pricilo:
–Por favooor don Priciloooh, nooo meee looo hagaaa, nooo meee vayaaa a encularrr! A pesar que la joven pedía que no se lo metieran, aun así mantenía sus piernas bien abiertas.
–No te preocupes putitaaa! lo de tu enculamientoooh quedara para despuesss!, le dijo el vejete, para después lanzarse en busca de esa fresca boca para comenzar a besarla.
La joven al escuchar lo que decía el hombre se sintió un poco más segura y fue cuando pensó que tal vez no sería tan malo que se la culiaran nuevamente.(error)
Karen lo recibió como la hembra que recibe a su macho, se besaron y se acomodaron para el inminente acto de apareamiento que se avecinaba, el cual ambos ya deseaban, el tieso miembro del macho ya se acomodaba en las tiernas carnes vaginales de esa hembra en estado de celo que mantenía sus bien formadas piernas abiertas lo que más le permitía su cuerpo, fue necesario un solo y certero empujón por parte de él, para que nuevamente quedaran pegados en una perfecta ceremonia de acoplamiento.
Ya no hubo dolor, la gruesa verga de don Pricilo había perforado y entrado con total libertad hacia el interior del cuerpo de la joven, se lo enterró hasta el fondo, ambos amantes se fusionaron y fundieron para pasar a ser solo uno. Los movimientos y meneos copulatorios comenzaron muy lentamente por parte de ellos, lo hacían en forma perfecta y sincronizada, no habían palabras salidas ni gritos obscenos. Como ya se dijo antes eran solo macho y hembra en plena faena reproductora.
El coito era largo e intenso, los gemidos placenteros de Karen, se perdían en la boca de don Pricilo, la lengua de la nena recorría en su totalidad las putrefactas encías de su hombre, ya que en ningún momento dejaban de besarse.
El viejo muy lentamente comenzó a cambiar de posición, se retiró del cuerpo ardiente de esa joven Diosa guiándola el mismo para que ella nuevamente adoptara la posición de en 4 patas, Karen obediente y ahora sumisa debido al tal grado de excitación en cual se encontraba se fue dando vuelta para quedar puesta en esa extraña posición que ya le estaba empezando a gustar en que la tuvieran, por su mente nuevamente paso la idea de su enculamiento, pero en la posibilidad que esto ocurriese sencillamente ya no lo importaba, ese hombre era su macho y podría hacer con ella lo que quisiese, pensaba la enajenada criatura.
Don Pricilo al observar el perfecto cuerpo de la nena quien ya se encontraba como él quería, y con Karen mirándolo expectante por lo que a él se le pudiese ocurrir hacer con ella, acomodo la punta de su verga en la suave y tibia entrada vaginal y nuevamente de un solo y fuerte empujón, se lo mando a guardar hasta lo más adentro que pudo del excitado cuerpo de la jovencita. El vejete miraba desde su perspectiva el gran culo que se gastaba, con sus dos manos tomo el portentoso par de nalgas y las separo lo que más pudo, a pesar de esto el pequeño puntito negro de la nena se negaba a abrirse ni siquiera un milímetro.
Don Pricilo la follaba con fuerzas descomunales, sentía como la panocha de Karen le apretaba la verga cuando este se la tenía enterrada lo más adentro posible, dándole la sensación de como si esa vagina se la estuviese succionando. Se deleitaba con la tibieza interior de ese cuerpo infernalmente perfecto, por lo que aumento la velocidad de sus embates y en combinación con fuertes y sonoras nalgadas, con la intención de que ella se calentara aún más de lo que ya estaba, y de que comenzara ella misma a pedir que no le guardaran misericordia, tal como lo había hecho el día anterior.
Karen por su parte estaba solamente dedicada a sentir de como la perforaban con esa gruesa verga, le encantaba el hecho de que se la estuvieran culiando en esa excitante posición en la cual la tenían puesta en el patio de su casa, y palmoteándola como si ella fuese una yegua, era lo que se imaginaba la dulce criatura.
Al estar puesta en cuatro patas y recibiendo verga de la forma tan brutal en que se la metía don Pricilo, a la joven la hacían sentirse de como si ella estuviese en un estado meramente animal, y por dios como le gustaba, pensaba la nenita, sobre todo cuando don Pricilo le asestaba feroces nalgadas como si la estuviese animando a que ella le siguiera meneándole el culo.
Pero a pesar de toda la calentura y de lo bien que se lo estaba pasando, Karen no quería demostrárselo al vejete. Ella solo lo estaba haciendo con él porque este la había chantajeado, y no estaba dispuesta a hacer nada que le diera a entender a ese viejo maldito que a ella le gustaba todo lo que él le hacía, pensaba esto sin dejar de mover el culo.
Ahora el vejete quería que la joven putita lo montara y lo cabalgara, Karen entendió en el acto lo que su hombre deseaba y con sus siempre femeninos y delicados movimientos lo fue secundando, una vez que noto que le habían retirado esa gruesa barra de carne caliente, se puso de rodillas al frente del horrendo vejestorio, y una vez ya estando frente a frente se abrazaron y cayeron en otro apasionado beso con lengua, ahora fue Karen quien muy lentamente se fue abalanzando hacia la mórbida humanidad de don Pricilo, hasta lograr quedarse empalada y encima de ese garrote que ella misma se lo fue metiendo hasta sentir que sus escasos y finos bellitos púbicos se enredaban con lo gruesos y antihigiénicos pendejos del vejete.
Una vez de sentirse bien ensartada, Karen empezó a menear su cintura haciendo una serie de circulares ondulaciones, tal cual como lo había aprendido el día anterior, solo que esta ves las sensaciones eran de puro y delicioso placer al sentir esa gruesa estaca de carne que la habría y la llenaba, ella ya no recordaba la traumática experiencia de su desfloramiento, de su primera vez.
La hermosa joven empezó a aumentar el frenesí de sus jadeos, nuevamente le vinieron esas ganas locas de arrancarle la verga a don Pricilo con su panocha, se la movía y se la refregaba con desesperación, el viejo se tuvo que separar del placentero beso que se estaban dando, ya que pensó que a la nena le estaba viniendo un ataque de algo, y realmente era eso lo que Karen experimentaba, en estos momentos sufría un verdadero ataque!! Pero un ataque de calentura era lo que sentía esta pendeja, su respiración se encontraba totalmente agitada, algo muy similar a lo que es una crisis asmática.
El viejo se anduvo asustando, por las severas convulsiones respiratorias que estaba sufriendo la nena e hiso el intento de retirarle su herramienta pero fue contenido por la misma muchachita que al ver las pretensiones de su macho, le asesto un húmedo beso con lengua para detenerlo, como a su vez enterrándose ella misma todo lo que podía a esa verga que la transportaba al paraíso y que Karen ya la estaba empezando a querer para ella sola.
Don Pricilo comprendió que la tierna joven solo estaba pasando por un fuerte lapsus de calentura y que no había peligro, pero él quería más comodidad, por lo que se empezó a inclinar hacia adelante para quedar con Karen bien ensamblada a su verga, el viejo hiso que ambas piernas de su joven amante quedaran rodeando sus espaldas, a la vez que poso su callosas manos sobre la extrema suavidad del gran culo que se gastaba su mujer, para que esta quedara bien afianzada y concentrándose en todas sus fuerzas comenzó a ponerse de pie con Karen bien ensartada a su grueso tranco de carne.
La joven sintió que se elevaba por los aires, no sabía de donde sacaba tantas fuerzas este viejo, ¡Era todo un hombre!!, declaraba en su acalorada y distorsionada mente. Don Pricilo una vez que estuvo de pie y con Karen clavada y moviéndose como enajenada sobre su cipote, comenzó a caminar a duras penas hacia el interior de la casa principal, el vejete pensó que ya iba siendo hora de inaugurar la pulcra habitación de la nena, y fue cuando Karen se atrevió a hacerle una petición.
–Donnn Priciloooh…, porrr favorrr… hagameloooh… enn… suuu catreeeeh!!!!, le solicito con un extraño brillo en sus ojos azules.
La chica se auto cuestionaba de porque le hacia ese tipo de solicitudes a su violador chantajista, pero a la vez pensaba que si el viejo se la iba a seguir culiando una vez más para llenarla con su simiente, ella deseaba que esto sucediera en ese catre caliente y chillón, en el cual la habían convertido en mujer, para luego volver a recriminarse y decirse para sí misma –Ohhh pero por Dios!! porque se lo estoy pidiendo, se contradecía, pero nuevamente al sentir su vagina totalmente abierta y ensartada por esa gruesa verga, su mente se fue nublando para concentrarse solamente en las desquiciantes sensaciones que le producía el saberse ella misma ensartada por tan horripilante sujeto.
El Viejo midió la distancia que lo separaba de la cabañita de madera que estaba justo al fondo del patio, tendría que cruzar rodeando la piscina para poder llegar hasta su inmundo y caliente catre, a pesar del cansancio y de que ya se encontraba todo sudado, quiso demostrarle a su hembra que él era todo un macho y le cumpliría su solicitud, por lo que emprendió la dificultosa odisea que le habían demandado.
El trayecto no fue tan largo como lo había pensado don Pricilo, además llevar a Karen ensartada en su verga era el mejor salario que le podrían haber pagado. La excitada joven para hacerle menos complicada la tarea, se meneaba sobre la verga de este suavemente de atrás hacia adelante, prodigándole tiernos besos en la frente y combinándolos con suaves y frescas lamidas en las verrugas de su cara.
Una vez que llegaron a la cabaña, el viejo abrió la puerta de esta de una sola patada e ingreso con su trofeo de guerra que traía ensamblado en su garrote como si viniesen llegando ambos de una ardua batalla. Apenas se acercó a su caliente e inmundo catre se lanzó sobre este con todo el peso de sus cuerpos, por su parte el catre no lo dudo para empezar con sus cochinos e indecentes crujidos, como si este estuviese aplaudiendo y vitoreando la hazaña que acababa de cumplir su horripilante dueño.
Ahora nuevamente todo crujía y temblaba al interior de la cabañita de madera, don Pricilo estaba sobre el cuerpo de la nena y le arremetía con todas sus fuerzas intentando despedazarla a vergazos, los movimientos y jadeos de los amantes eran brutales, ambos se daban con todo, sin miramientos ni pudores de ningún tipo, los gemidos de Karen no tardaron en convertirse en verdaderos bramidos de auténtico placer.
–Siiii, siiii don Pricilo métame la verga!! Métame el picoooh!! Lo quiero bien adentroooh!! Por favor bien adentroooh!! Gritaba en forma desaforada ya que nuevamente había perdido el control de su persona.
–Sigue culiandooo putillaaah!! Que ya me falta poco ahhh!! Bufaba también el viejo, quien se sentía como el ganador de la lotería al haber logrado que Karen alcanzara el grado de excitación en el cual se encontraba en estos momentos.
–Don Priciloooh, quierooo corrermeeeh juntoooh con usteddd!! Ahhh!!, gritaba la puta que estaba dentro del cuerpo de la dulce criatura.
–Correteeeh todooo lo que quierasss putaaah!!, que yo te tengo un regalooo para despuessss!!, volvía a bufar el vejete.
Karen no aguantando más libero todas sus fuerzas y ansias contenidas que fue acumulando en el transcurso de esa caliente y bestial tarde de día domingo que tuvo con don Pricilo y concentrándose en una sólida y vibrante estocada que le encañono su hombre, dejo fluir todos sus líquidos en un chorreante y fabuloso orgasmo que le brindo su viejo y asquerosos amante.
–Ahhhh!! Ahhhh!! Ahhhh!! Que rico Priciloooooh!! Priciloooh!! Ricooooh!! Ricooo! Ricoo! Rico. Hasta que su cuerpo lentamente fue dejando de arremeter contra esa verga que la seguía apuntalando, para luego quedar con su cuerpo inmóvil pero con sus piernas bien abiertas para que su macho también alcanzara el grado máximo, pensaba la distorsionada mente de la todavía caliente muchachita.
El viejo que todavía la seguía ensartando sin piedad, se sintió conforme con la corrida que se acababa de mandar su joven manceba, por lo que él también fue aminorando sus embates y de un solo movimiento retiro su verga goteante desde el interior de ese exquisito cuerpo que nuevamente le habían entregado.
Karen se asustó cuando don Pricilo la tomo ferozmente de sus cabellos jalándola y arrastrándola con fuerzas para que saliera expulsada del caliente catre.
–Arrodíllate putaaa!!, ordeno el viejo.
La asustada joven a pesar de todo aún se mantenía en grado de calentura, obedeció en el acto a lo que su hombre requería y como adivinando lo que ahora le tocaba hacer, comenzó con ambas manitos a despejar su carita de los enmarañados y desordenados cabellos que tenía pegados a esta, debido a la transpiración del cuerpo del viejo y de ella misma y también a los distintos jaloneos de pelo a la cual había sido sometida, su aspecto dejaba mucho que desear, ya nada quedaba de su alisado cabello, si no fuese por sus facciones casi angelicales y sus exquisitos labios purpuraceos, parecería una verdadera mujer recién salida de las cavernas del tiempo paleolítico.
–Escúchame zorraaa!!, como hoy no quisiste almorzar, ahora yo te daré tu nutriente recargado en proteínas jajaja!! O sea te voy a dar tu lechitaaa!! Y no quiero que desperdicies ni una sola gota! Escuchasteee!!, le gritaba el viejo mientras le impartía sus órdenes.
La nena solo lo escuchaba, y como el grado de excitación aun no la abandonaba del todo, solo le asentía al vejete aceptando sin reclamar nada de lo que viniese. Karen miraba como el vejete se pelaba la verga al frente de su carita, se veía soberbia en la posición que se encontraba, desnuda y arrodillada con sus piernas levemente abiertas y con cada una de sus manitas apoyadas en sus muslos esperando complaciente a lo que don Pricilo ahora le iba a hacer…
El hombre miraba a la tierna joven como ella lo esperaba, y la visión de verla arrodillada esperándolo y mirándolo con sus hermosos ojos azules lo llevaron a un desesperante y lujurioso orgasmo, soltando un feroz gruñido a la vez que posaba su verga en labio inferior de la dulce boquita abierta de Karen, vocifero:
–Ahoraaa putaaa!! Grito el viejo,–Abreee biennn laa bocaaa!!, Karen la abrió lo que más pudo y fue cuando recibió la primara descarga de un copioso y abundante chorro de leche caliente que se fue a estrellar al fondo de su garganta, cinco fuertes expulsiones más de grueso semen recibió la pendeja dentro de su cavidad oral, seguidas por otras de menor intensidad. La sentía en abundancia, espesa y caliente. Notaba que su boca estaba casi rebalsada de esta extraña sustancia nueva para ella, por un momento pensó en escupirla, pero fue el viejo quien le ordeno:
–Vamos perra!! Qué esperas, trágala todaaa!!
La joven que no quería hacer que ese hombre se volviese a enojar con ella y le volviera a pegar, cerró sus hermosos ojitos azules y se lo trago todo. (No sintió asco…)
El vejete al notar que la niña Karen se lo había comido todo, se sintió el más afortunados de los machos que pisan esta tierra, por lo que se derrumbó y desplomo sobre su catre, se sentía feliz mirando a la joven que todavía estaba arrodillada junto a su camastro mirándolo sin saber qué hacer, le veía su carita hermosa y sus labios purpuraceos estaban adornados por pequeñas gotas de su propio semen, por lo que le hablo:
–Vete a descansar a tu casa niña, le dijo don Pricilo a Karen,– Que aún nos falta lo mejor, jejeje, y prepara tu Habitación… que esta noche nos acostaremos juntos e intentaremos hacer a Pricilito, jajajajaja…!!!!
(Continuara)