portada narco2Una Familia Decente 10.2 (UFD-10.2)

Sin títuloAndrea se sentía morir al estar al medio de aquel grisáceo y macabro infierno de cemento en donde todo era basura y desolación. Sus llorosos ojos verdes miraban en todas direcciones girando su cuerpo hacia un lado y luego hacia el otro intentando con esto ver cuál sería la mejor opción para lograr salir de ese yermo y arruinado complejo industrial convertido en basural, o tal vez poder también encontrar a alguien que la ayudara.

Hasta que luego de estar por un buen lapso de tiempo recorriendo con su vista todo lo que la circundaba cayó en cuenta que todas las direcciones se parecían una a la otra quedando en tal grado de confusión que ya ni siquiera recordaba por donde había llegado.

La desorientada rubia luego de estar meditando por varios minutos sin saber qué diablos hacer en forma nerviosa se puso a deambular por el sector sin perder de vista la plazoleta. Se decía que aun debía ser temprano ya que recordaba haber salido de su casa cerca de las tres de la tarde pero no obstante a ello con espanto caía en cuenta que la tarde ya estaba casi en el ocaso, y con mas pavor aún calculó que en por lo menos dos horas mas ya habría anochecido, lo que la hicieron en forma automática llevar su vista a las escasas luminarias que existían comprobando que la gran mayoría de estas estaban con sus focos quebrados, sin mencionar que habría que ver si estas en el caso de haber estado en buen estado contarían con energía eléctrica, cosa muy poco probable según pensó al instante la afligida hembra ya que la gran mayoría del cableado eléctrico estaban cortados y tirados en el suelo debido al robo sistemático de ellos, por lo que en forma casi desconsolada por lo que sus ojos veían se propuso a caminar cada vez mas lejos del punto en que le dijeron que la pasarían a buscar en dos días más para ver si así encontraba alguna salida, pero como ya se dijo todo en aquel lugar se parecía. La asustada hembra se sentía estar extraviada en un verdadero laberinto de arruinados edificios y galpones de cemento.

Luego de varios minutos de deambular sin sentido y sintiéndose tan perdida como desesperada se fue a sentar en un frio escaño de viejas maderas quebradas que existía en la mencionada plazoleta, estando en esta se daba a pensar preguntándose una y otra vez del porqué a don Pricilo se le habría ocurrido esta vil forma de querer castigarla no encontrando una respuesta razonable a todo aquello.

Mientras se daba a meditar una y otra vez en todo lo que le estaba sucediendo en forma alterada su asustada mirada la llevaba rápidamente hacia la dirección de donde escuchaba el menor ruido, para luego con alivio darse cuenta que solo era los sonidos que hacía el viento en algunas latas de los altos techos en los amplios y vacios barracones que imperaban en aquel triste lugar.

Luego de eso y al estar observando que prácticamente las sombras se estaban apoderando de la totalidad del complejo fabril se dio nuevamente a estar dando varias vueltas sin sentido con la intención de poder encontrar alguna vía de escapatoria antes de que todo estuviera oscuro, y justo en la oportunidad en que otra vez se devolvía en dirección a la plazoleta por miedo a perderse y luego no saber cómo volver al único punto de referencia que tenía en aquella sórdida fortaleza abandonada fue cuando al doblar en una esquina se encontró a boca de jarro con un extraño ser que parecía ser sacado de algún documental sobre la teoría de la evolución del hombre ya que este según las apreciaciones de la asustada mujer era el prototipo ideal del autentico eslabón perdido de Darwin.

El infeliz personaje había venido avanzando solo preocupado en revisar cada montón de basura que se adornaban en distintos puntos de aquellas calles desiertas, esto lo hacía a diario ya que justo en esos momentos venía de regreso de la autopista y de un pueblucho de mala muerte, de esos que nadie conoce, en donde se dedicaba a limosnear tirado en las veredas y a los automovilistas, en donde también buscaba en los distintos basureros de las paradas de autobuses para ver si en estos podría encontrar algo para comer arrastrando con él un destartalado carretón de palos apolillados en el cual atesoraba todos los enseres que poseía en su mísera existencia.

El estrafalario y ordinario pordiosero también había quedado perplejo ante la celestial imagen que estaba plantada a solo un metro de donde él se quedó detenido, su mente no acostumbrada a trabajar tan rápidamente caía en cuenta que ante su presencia estaba el verdadero cuerpo de un ángel caído quien sabe de qué parte del cielo, era una criatura maravillosa se decía mientras que en su oscura cara sus pupilas se achicaban y se agrandaban al estarse ensalzando visualmente con los sugerentes encantos físicos que estaba presenciando a los que se sumaban unos misteriosos y mágicos aromas primaverales que se desprendían de semejante y celestial aparición que contrastaba con todo lo que existía en aquel miserable lugar.

El harapiento mendigo advertía que la extraordinaria criatura que en aquellos momentos contemplaba tenía un cuerpo del cual no podía retirar se vista ni aunque así lo quisiera, poco a poco y al ir superando aquel exquisito impacto se dio cuenta que lo que estaban viendo sus ojos era un despampanante cuerpo de hembra del cual él ni siquiera en sus mas acalorados sueños podría haber graficado.

Extrañamente para el desamparado viejo pordiosero sintió como su verga sin que nadie se lo pidiera comenzaba a moverse tímidamente debajo de sus andrajos debido a las diferentes emociones en que estaba siendo asaltada su mente, ya que hacían años que su avejentada mirada de indigente no veía algo similar, y las veces en que lo había logrado hacer las hembras tasadas huían de él espantadas por el asco y la repulsión, pero esta mujer… esta mismita que estaba viendo ahora a sus anchas y tan de cerca de su ajada humanidad las superaba a todas ellas juntas, se decía ahora ya mas repuesto sin cansarse de llenar sus ojos de tan tentadora y curvilínea arquitectura femenina, aquella hembra era extraordinariamente hermosa fue lo que pensó en el momento de que en forma instintiva llevó una de sus manos hacia su aun blanda verga.

Mientras que Andrea temblando de pavor y totalmente escandalizada psicológicamente por temor a lo que ese asqueroso sujete pudiera hacerle, con su verdosa mirada tampoco dejaba de analizar de pies a cabeza a ese horrendo mendigo, que debía medir 1.70 más o menos estatura muy parecida a la de ella.

Este era un viejo que su edad fácilmente rodeaba los 60 años, según calculaba, en su canosa y plomiza barba de años sin rasurar habían gruesas greñas de comida seca que se pegaban a los pelos de este, llamándole la atención que aparte de mugriento este extraño ser tenía también su cara de color azul bien oscuro, resaltándole en esta una nariz ancha y llena de hoyos, sin mencionar que si don Pricilo era de labios gruesos este otro viejo se los doblaba en grosor a parte que los tenía todos partidos incluso viéndosele carnes al rojo vivo en algunas de sus rajaduras, concluyendo finalmente que el mendigo que tenía justo al frente de ella era aparte de ser de lo mas harapiento e insignificante debido a su triste condición este también era de raza negra y que su vestimenta, si es que a eso se le podía llamar vestimenta, estaba toda hecha por un material muy parecido al de los sacos harineros o de papas, de esos que son muy parecidos al cáñamo, pero mucho más roídos y percudidos por la tierra mezclada con sudor corporal y de todo tipo de manchas que a lo lejos se notaba que hasta podrían ser de orina seca, la rubia ya notaba en sus fosas nasales la hediondez de su cuerpo, meados y de todo tipo de hedor que se desprendía de aquel deslucido y marchito ser.

La estrafalaria y mugrienta figura de aquel viejo negro y de edad algo avanzada la tenían al borde de casi morir de asco, o sea que si ella hacía sus comparaciones rápidamente concluía que don Pricilo venía siendo todo un Rey, don Sandalio el príncipe azul de alguna lejana comarca con su fiel escudero, siendo este ultimo el fotógrafo de la plaza en semejanza con este harapiento hombre que no paraba de mirarla de pies a cabeza, y para rematarla vio como este luego de haber estado con sus manos ennegrecidas, tanto por su color como por la mugre, agarrando el soporte de su humilde carretón ahora abiertamente con una de ellas se encontraba masajeándose el paquete solo a un par de metros de ella recorriéndola y devorándosela con los ojos de un verdadero desquiciado mental.

En eso estaban cada uno por su lado cuando los verdes ojos de Andrea tan llenos de vitalidad se encontraron con su pérdida mirada de desvalido y desamparado, que al paso de los segundos esta se había ido transformando en una mirada desbordante de deseos tan carnales como lujuriosos y la rubia así creía haberlo comprendido, si hasta lo sentía.

El negro harapiento lentamente se comenzó a acercar a la asustada mujer, y ella en forma casi automática y en pos de defender su anatomía comenzó también a retroceder pero lamentablemente para ella al no fijarse se fue encerrando en un húmedo y solitario callejón sin salida.

Andrea creyó morir de espanto al sentir en su espalda un frio bloque de cemento, ante sus ojos y a un solo metro de ella estaba aquel pobre infeliz que con toda seguridad iba a querer violársela según pensaba en aquellos desesperados momentos por lo que decidió comenzar a suplicar.

–Señor por favor no me vaya a hacer nada malo… se lo ruego… yo puedo pagarleee… pídame lo que quieraaa… pero no me haga dañoooo…, -el solo imaginar lo que ese asqueroso hombre podría hacerle no le causaban nada más que repulsión.

El hormonal estado del indigente negro estaba totalmente alterado debido a ese imponente cuerpo de mujer el cual se estaba devorando ocularmente, este solo se daba a recorrerla una y otra vez no escuchando lo que la escultural Andrea le decía en forma tan desesperada como aterrada, y él por muy desamparado que fuera sabía que tenía alcance de sus manos un exquisito cuerpo femenino al cual ya deseaba hacerle miles de cosas por lo que pensando casi en el acto a que según como se dieran la situación fácilmente se la podría llevar para su casa para probarla, pero debía hacerlo pronto antes que llegaran los demás.

El indigente recordaba muy bien que en las pocas oportunidades en que se le había dado la opción de por fin poder hacerlo otra vez con una mujer de verdad sus vecinos a punta de cuchilla le habían arrebatado sus femeninas presas teniendo que nuevamente conformarse con masturbarse o volver a hacer otro tipo de cochinadas de las cuales ya estaba acostumbrado, pero en esta ocasión lo daría todo por llevarse a esa despampanante mujer con él, ya que esta no era como las drogadictas o ebrias mujeres que llegaban a vivir a aquellos arrabales y que eran a lo único que los hombres de su tan precaria condición social podían optar a tener, pero esta… esta era una verdadera muñeca moldeada a mano se decía, su ya lubrica mente hasta imagina lo que aquella hembra poseía debajo de esa exquisita chaqueta que le llegaba hasta un poquito más debajo de sus muslos, y más acaloradamente se prendía al intentar imaginar lo que ella con toda seguridad tenía en la parte más intima de su portentosa anatomía que se encontraba justo en la parte en que se le juntaban esos dos soberanos muslos que estaba presenciando.

Al negro en su total condición de ignorancia no le daba para ponerse a pensar que la refinada mujer que tenía ante sus ojos no pertenecía ni en lo más mínimo a su estrafalario mundo lleno de pobreza y que por extrañas situaciones ella había llegado hasta allí ya que no era una de las típicas mujeres de vida vulnerable y destruida que llegaban a vivir a la vieja ciudadela abandonada huyendo de quizás qué tipo de otros infiernos buscando esconderse en esta en donde no existía ni ley ni orden, solo la natural ley de subsistir a como dé lugar. Así que ya queriendo intentar de convencerla que se fuera a vivir con él por fin le habló.

–Tranquila washitaaa… solo estoy mirando tus cositas… tu eres nueva aquí verdad?, -le consultó con su mirada clavada en toda la contextura de Andrea que había desde su estrecha cintura para abajo.

–Ehhh… que cosa me dice…!? Nueva adonde!?, no se a que se refiere… por favor hágase a un lado y déjeme pasar que debo irme para mi casa…

–Mmm… está bien… solo muéstrame las tetas y te dejo pasar, jijiji, solo necesito eso y tendré para masturbarme por 6 meses seguidos, jijiji.

Andrea aunque escandalizada y todo no daba acredito a lo que ese inmundo tipejo le estaba pidiendo tan desvergonzadamente.

–Pero que cosas me está diciendo, yo no soy una cualquiera, ahora salgase y déjeme pasar ya le dije que tengo que volver a casa antes de que se haga de noche…, -la rubia poco a poco le empezaba a perder el miedo ya que notaba que ese pobre infeliz era inofensivo.

–Y donde se supone que está tu casa!?, si ya casi todos los callejones están ocupados, además estoy seguro de no haberte visto nunca antes por aquí, por eso pienso que eres nueva en el barrio, Jijijiji…

Andrea quien ahora caía en cuenta que ese viejo mendigo negro pensaba que ella también vivía en aquel siniestro lugar se dio a explicarle cual era la verdad de todo aquello.

–No…no… Usted está confundido… yo no vivo en este barrio…, mire solo déjeme pasar que yo necesito irme de este lugar antes de que caiga la noche, -volvía a solicitarle.

–Mmm… irte?, y para donde te irás?, si la carretera más próxima está a kilómetro y medio de distancia, y la ciudad más lejos aun, -mientras el viejo indigente le hacía estas aclaraciones Andrea poco a poco le iba tomando algo de confianza, confianza que duraría muy poco. Hasta que por fin la hembra se atrevió a hablarle nuevamente.

–Por favor señor escúcheme… me he dado cuenta que Usted es un hombre bueno… por favor ayúdeme a llegar hasta la carretera… solo le pido eso…

El deslucido viejo en estos momentos ya no solo destilaba hediondez a cuerpo sino, que ya era una bomba de andrajosa calentura por el lado que se le mirara, así que escuchando a la rubia él también se daba a sacar sus aprovechadoras conclusiones con respecto a lo que le decían.

(-Mmmm… esta blanca güerita está dando muestras de que se quiere ir, pero yo ni pienso en dejar pasar esta tremenda oportunidad que tengo de meterle mi vieja y negra verga por ese rosado y blanco tajito de carne que debe tener al medio de su cuerpo la muy desgraciada.)

Luego de eso se dio a contestarle:

–La neta que me gustaría ayudarte preciosura, si es que es verdad eso que tú dices que no eres de por aquí, pero por la hora que es ya casi todos los mendigos como yo vienen de vuelta de la ciudad, si así lo hiciéramos lo más seguro que ocurriría es que con solo ver el escandaloso cuerpo blanco que te gastas no lo pensarían en tirarte en el suelo y violarte entre todos, por tu seguridad te recomiendo que nos vayamos hasta mi casa para pasar la noche y ya mañana le veríamos como lo hacemos, jijiji… -reía nerviosamente el facineroso y negro pordiosero al haber tenido la osadía de decirle tan abiertamente a esa inalcanzable mujer blanca y de tonalidades doradas la opción de que pasara la noche con él y en su casa. Aunque no le dijo tan claramente lo que él quería hacer con ella estimó que ya habría tiempo para ello.

Andrea por su parte pensaba en la inapropiada oferta que le acababa de realizar ese disparate de hombre negro y harapiento, y que haría ella en su casa por toda la noche?, se preguntaba.

La hembra muy preocupada como estaba aun no caía en cuenta de las ardientes intenciones que habían atrás de tan inocente propuesta del pervertido vagabundo quien seguía masajeándose la verga por encima de sus andrajos, y Andrea no lo hacía por no saber el riego sexual que se corre al estar una mujer no tan solo con esta clase de hombre sino con cualquiera en un lugar más o menos privado, pero es que aquel esperpento era tan de baja categoría en todo el sentido de la palabra que por la mente de la rubia no existía ni el más mínimo porcentaje de posibilidades de ni siquiera pensar en tan ridícula idea y menos aun en llegar a rosar siquiera su tiesa y percudida vestimenta, incluso imaginándonos si es que nuestra hembra pensara en la remota posibilidad de ver a ese hombre desnudo una profunda repulsión la harían vomitar de asco, y esto a lo lejos se reflejaba que era así ya que en las intenciones de Andrea existían cero posibilidades de sopesar la idea de acceder a ello, así que de la forma más agradecida del mundo y para que el buen hombre no se sintiera mal se dio a responderle.

–Ahhh…, ok si es así no se preocupe… y gracias de nuevo, yo intentaré de irme sola entonces…

Justo en el momento en que la asustada Andrea se encaminó para hacer su retirada aquel pobre infeliz se interpuso en su camino, el negro mendigo no estaba dispuesto a dejar ir a esa zorrita, ya que sabía que esta sería presa fácil para las hordas de vagabundos que ya habían llegado a la ciudadela de su diario deambular o de las numerosas bandas de maleantes que por las noches buscaban seguridad al interior de aquellos vacíos bodegones abandonados.

El pordiosero con solo verle su ligero pero exquisito atuendo equivocadamente ya creía saber que había algo en ella que a pesar de su hermosura y modales esta escondía, por lo que no lo dudo en hacérselo saber.

–Jejejejeje… tranquila cosita… no tan rápido, y que no te de vergüenza, pero yo ya me di cuenta que eres una más de las putitas que se vienen a pasar la noche en alguna de estas fábricas abandonadas para no pagarles a sus chulos, me he dado cuenta por la forma en que andas vestida, Jejeje, se nota que cuando encuentras a algún cliente es solo desabrochar esa muy mona chaquetita que llevas puesta y quedas lista para ponerte a culear y que una vez que terminas es solo abrocharla y aquí no ha pasado nada, jijiji…

Andrea ahora sí que se quedó totalmente escandalizada por las grandilocuentes peladeces en que ese mugriento mendigo negro se estaba comenzando a referir hacia ella, a la vez que no se explicaba como en un lapso tan corto de tiempo su vida se había ido familiarizando con hombres de tan baja calaña y en forma descendente.

El primero había sido el culpable de todo esto que ahora le estaba ocurriendo, que era el tosco y brutal de don Pricilo, luego el ordinario y mentiroso de don Sandalio con sus zapatillas amarradas con cáñamo y todas rotas acompañado del ordinario fotógrafo con su caballito que le faltaba un ojo, y ahora este harapiento sujeto que ni siquiera usaba algún tipo de calzado ya que sus mugrientas patas las andaba trayendo envueltas en periódicos sujetados por unos hilachentos elásticos negros, solo unas largas uñas negras se veían asomar desde sus negros pies que se asomaban por entremedio de los papeles que usaba por zapatos. Así que con voz temblorosa se dio a suplicarle que la dejara tranquila.

–No… Usted está equivocado… yo no soy eso que Usted dice… ahora si me permite…

–Ya te dije que no tan rápido mijita rica…, -le volvió a decir el ahora ya mas salido negro volviendo a interponerse en este nuevo movimiento de huída que había hecho la atractiva Andrea quien ya veía el rostro del indigente casi desfigurado por un lujurioso vicio y por las ansias de hacerle quizás qué tipo de cosas. El negro viejo continuaba, –Escúchame putita, es muy raro eso de que andabas perdida por estos lugares, ya que cuesta mucho llegar hasta aquí, y si así fuera y por si no lo sabes estas metida al medio de una de las más grandes edificaciones abandonadas de toda la capital en donde solo vivimos viejos vagabundos y una gran cantidad de delincuentes que hicieron de este sitio su propio hogar ya que aquí no nos molesta nadie, y si dices que te vas te aviso que tendrías que caminar toda la noche para poder llegar a la entrada de la ciudad, aun así no lo lograrías ya que apenas te vean te van a querer coger entre todos jejeje, mira nada mas si ya está casi anocheciendo,

La rubia quien en el momento en que el pordiosero dijo sus últimas palabrotas quedo mirando hacia el cielo comprobando que este tenía toda la razón, solo se dio a hablarle no preocupándose mucho del grosero vocabulario en que este se estaba refiriendo a ella.

–Tendría que caminar toda la noche!?, -le consultó ahora toda asustada y pensativa pero siempre haciendo con su cuerpo movimientos como si en cualquier instante fuese a salir corriendo.

–Si, toda la noche, y como ya te dije antes, a esta hora empiezan a llegar todo tipo de maleantes y vagabundos de la ciudad que de verdad te harían mucho daño, y da las gracias que fui yo el que te encontré primero, mira que o si no ya te tendrían de espaldas y te estarían culeando entre todos, jejejeje…, además que para tu suerte estamos al medio de este complejo abandonado y que son pocos los que se vienen para estos basurales, sino…

–Escúcheme, -le corto Andrea, –Si de verdad no quiere hacerme daño como dice… Usted me podría decir cuál es la salida más cercana sin encontrarnos con esas gentes que Usted dice?

–Es esa…! -le dijo el vagabundo apuntando hacia una de las calles, para luego continuar, –Pero la verdad que no te lo recomiendo mijita, entiende que si no te escondes antes de que anochezca te encontrarán y te violarán, y lo más seguro será que te meterán droga por tus bracitos y terminarás puteando para ellos para el resto de tu vida, jejejeje… sabes? Yo no soy tan malo… si quieres puedes venirte para mi casa para estar más segura.

Andrea ponía atención en todo lo que le hablaba aquel miserable ser que mas encima insistía con la descocada idea de llevársela para su casa, pero al caer en cuenta que de todo este rato en que estaban hablando el mugriento sujeto por encima de sus harapos no había parado de jalarse la verga mientras le hablaba prefirió arriesgarse e intentar de salir lo antes posible de aquel complejo abandonado.

–Se lo agradezco, pero prefiero que no, -le dijo finalmente poniendo sus ojos verdes en la mano en que el pordiosero se la estaba jalando.

–Piénsalo mamacita… si te decides a irte conmigo solo lo tendrías que hacer conmigo, pero si te vas y te encuentran, lo más seguro será que tus familiares nunca más sabrán de ti mi amorcito rico, jejejeje, vamos no seas tontita y vámonos a culear a mi ranchito, sabes…?, ya perdí la cuenta de los años en que no lo se lo hago a una mujer como tú, y menos a una blanquita tan buenaza y tan agraciada como lo estas rubita rica, -seguía atacando el miserable y mugriento sujeto que la calentura ya se le salía hasta por sus ojos.

Andrea ahora se quedó mirándolo con estupor, ya que el asqueroso mendigo negro desfachatadamente le estaba diciendo y demostrando las impúdicas intenciones que ansiaba hacer con ella y con su cuerpo, por lo que en forma más que incomoda se dio a analizar las zarrapastrosas condiciones en que el indigente le hacía saber sus más bajos y calientes propósitos, hasta que cuando ya se sintió incorporada se dio a ponerle en antecedentes.

–No gracias…! Como se le ocurre que yo haría algo así…!?, además que no le creo nada de lo que me está diciendo, solo lo hace para asustarme y para Usted poder hacer esa cochinadas que quiere que hagamos… yo… yo… no lo hareeé… ni locaaaa…!, -le dijo finalmente haciéndose a un lado y ya caminando rápidamente hacia la salida de aquel inmundo callejón.

–Pus entonces ve cosita rica!, -el caliente y algo decepcionado pordiosero muy a su pesar no le quedó más opción que dejarla ir ya que al hacer su diario vagabundeo y al no tener zapatos que ponerse sus pies contaban con llagas al rojo vivo, ya mucho había hecho en el instante en que rápidamente se le había interpuesto en su camino, así que ya no quedándole más remedio se dio a decirle por última vez, –Cualquier problema que tengas yo vivo justo al lado de la ultima fábrica de wc abandonada que esta por esta calle y que está al frente del basural en donde vienen a botar los camiones desde la ciudad, jejeje, si te decides y no quieres que te pase nada malo en la noche solo debes irte para allá y abrirte de patas para mi, Jijijiji…, -le dijo mientras veía a esa hermosa criatura alejarse del callejón en donde habían estado.

Una vez que la rubia Andrea perdió de vista al lujurioso mendigo con horror y con sus ojos llorosos calculó que le quedaba tal vez una hora de luz día, al mismo tiempo que creía darse cuenta que ese cochino hombrecillo negro era de lo mas mentiroso que podía haber en esta vida ya que ella ya estando bastante alejada de la plazoleta en que la había abandonado don Pricilo aun no se encontraba con nadie, hasta los grupos de mendigos que vio a la entrada de la ciudadela cuando la traían parecían haber desaparecido ya que ni a ellos se los encontraba.

En forma totalmente desorientada y aun algo temerosa se internó por el ancho laberinto de cemento doblando por distintas esquinas y recorriendo varias calles desiertas situación que la hiso perder totalmente el sentido del norte, sur, este y oeste, a la vez que pensaba que esos inmensos murallones de concreto eran todos iguales, para ese momento las sombras de aquel grisáceo atardecer ya lo invadían todo, y para rematarla el cielo se cubrió con unos gruesos nubarrones entre rojizos y plomizos que le daban un aspecto casi apocalíptico a esa horrible ciudadela abandonada, la rubia hasta ya se imaginaba ver la roja e inmensa aparición de la viva imagen del mismísimo Satanás por el techo de las viejas edificaciones quien la agarraría con sus garras para llevársela hasta lo más recóndito del infierno según imaginaba debido a lo devastado y tétrico de todo lo que la rodeaba en aquellos momentos, la hembra nuevamente estaba aterrada.

Fue en eso en que al haber llegado Andrea a una calle que en uno de sus costados se encontraba un deteriorado espacio que en otros tiempos parecía haber sido una cancha de basquetbol, vio que al medio de esta se encontraba un grupo de por lo menos 15 hombres de distintas edades, estos estaban bebiendo alrededor de un tambor de lata en el cual habían hecho fuego, y cuando la espantada hembra estaba por darse la vuelta para que no la vieran con estupor cayó en cuenta que era demasiado tarde ya que uno de ellos al instante y después de percatase de su presencia se separó del grupo y se comenzó a acercar hacia ella.

Andrea le dio gracias a Dios que la devastada cancha aun permanecía cerrada con altos alambrados por lo tanto deducía que estaba algo protegida si es que a esos mal vivientes se les ocurrían las enajenadas ideas que le había dicho el negro vagabundo hace un rato.

En eso el maleante de edad indeterminada que vestía de la misma forma en que lo hacen los para militares de poca monta con pantalón mimetizado y todo eso ya estaba por llegar a un lado de la cerca de alambre, la rubia casi con su mente en blanco solo se daba a caminar con ambas manitas al interior de los bolsillos de su ligera chaquetilla lo más rápidamente posible para de una vez por todas alejarse, hasta que este al estar ya medianamente cerca por fin se daba a hablarle,

–Hola washa…!, para dónde vas tan apuradita…!?

Andrea sin hacerle caso apresuro su caminar siempre mirando hacia el suelo, estaba tan asustada que ni siquiera tenía el valor para mirarlo,

–Te pregunto que porque tan apurada pendeja, o acaso estas sorda!?,

–Ehhhh… yo solo me voy de este lugar…, -de reojo la muy espantada hembra notaba que el hombre a pesar de su aspecto de delincuente usaba su cabello extremadamente corto.

En eso y junto con levantar su mirada con espanto se dio cuenta que los otros delincuentes que también se habían percatado de su presencia rápidamente habían salido por el otro extremo de la cancha y que se estaban dando la vuelta por esta para salir a su encuentro, con horror vio que alguno de ellos usaban el típico mohicano en su cabeza, y que sus rostros llenos de diversas cicatrices solo denotaban ferocidad y una vida llena de delincuencia.

–Vamos no nos tengas miedo zorrita… Jejeje, es solo que no estamos acostumbrados a ver putingas tan buenas como tú por estos lugares, de quien te estás escondiendo!?, -le volvía a preguntar el maleante que la seguía.

La rubia a sabiendas que en pocos momentos aquel grupo de hombres ya estaría justo al frente de ella aminoró su caminar y se dio a contestarle al maleante mas por asustada que por querer mantener una conversación con él,

–De nadie…!, no me escondo de nadie…, es solo que me encuentro algo desorientada, quisiera saber cómo puedo salir de este lugar, Usted me podría ayudar con eso, -fue en eso que Andrea casi se desmayó del terror ya que en el momento en que llevó sus ojos verdes hacia la figura del hombre que la seguía vio que este tenía la mitad de su rostro quemado y desfigurado, lo que la llevaron a pensar que este era muy parecido al mismísimo Freddy Krueger de la película Pesadilla, fue en eso que este último se dio a contestarle:

–O sea… si podría pero porque mejor no te vienes a beber con nosotros, lo pasaríamos realmente bien sabes, así estarás a salvo de quienes te anden buscando, que puteada les hiciste para haberte atrevido a meterte en este lugar?, -el maleante se controlaba en no excederse en su vocabulario, esa hembra era de ensueño y no podía permitir que se le escapara antes de que la rodearan y la tuvieran cazada.

–Nada… yo no le he hecho nada a nadie, oiga sus amigos se vienen acercando, por favor dígales que no me vayan a hacer nada malo,

El delincuente calculando que sus camaradas ya estaban aproximándose a paso rápido estimó que esa trolita ya estaba casi en sus manos.

–Lo siento putita, porque tú eres puta verdad?, -le consultó para luego decidirse abiertamente a darle conocimiento de lo que en realidad le esperaba, –Lo que pasa es que nuestras noches aquí son de lo más aburridas de lo que tú te puedas imaginar, y ellos viéndote así tan modosita con esa chaquetita tan corta en donde enseñas esas tremendas piernotas que te gastas lo más seguro es que van a querer que nos hagas compañía por toda la noche con ellas abiertas, jajajaja…!!!, que te parece…?, te animas a venirte por las buenas con nosotros?, -mientras le ponía en antecedentes de sus acaloradas intenciones el ordinario delincuente no paraba de ir devorándosela de pies a cabeza desde el otro lado de la alambrada como a su vez se embriagaba de deseos carnales al estar pendiente de cómo aquellos poderosos y bien formados muslos se entre cruzaban en su nervioso caminar.

Andrea se tuvo que frenar en seco ya que a solo a tres metros de ella estaba el grupo de mal vivientes que un rato antes había estado alrededor de la fogata, dándose cuenta además que las 15 ardientes y sucias miradas la desnudaban entera por la descarada forma en que se daban a tasarla y a comérsela imaginando todas las cosas que harían con ella una vez que se la llevaran hasta el bodegón que usaban como guarida, la rubia creía sentir en cada uno de sus poros como esos horrendos tipejos la abducían mentalmente fantaseando y haciendo con ella todo tipo de perversidades, y no estaba muy lejos de ello.

El grupo de maleantes que ya daban por hecho que les deparaba una larga noche con aquella rubia de ensueño rápidamente la fueron rodeando en un semi circulo, mientras que el delincuente que la había interceptado inicialmente y como si este fuese un verdadero gato de campo se trepó por las alambradas hasta dejarse caer justo al frente de la despavorida hembra en donde en el acto sacó un afilado cuchillo de entre medio de sus ropas para decirle mientras lo movía entre sus dedos y apuntándola:

–O te vas ahorita mismo con nosotros por las buenas o te rajo aquí mismito desde la zorra hasta las tetas perraaaa…!!!, -Andrea solo se quedó gesticulando y paralizada por el pánico dando pequeños pasitos hacia atrás, si hasta a sus mismas fosas nasales le había llegado el fuerte hedor bucal y aguardentoso de aquel sulfurado delincuente.

Las frías miradas y perversas risotadas del grupo de hombres que la acosaban ahora la tenían con su cuerpo temblando sin control, en su mente solo se daba a maldecir a don Pricilo por haberla dejado sola en aquel siniestro lugar, como así mismo y extrañamente hasta ya casi se arrepentía de no haberse ido con el negro pordiosero no importándole cual hubiese sido el costo sexual que ella ahora ni se la pensaría para pagar a ojos cerrados a cambio de su protección.

–Oye Freddy que tal si la drogamos orita mismo para que no nos cueste trabajo para llevárnosla, se nota que esta yegua escoria debe estar chúcara, que dices!?, -Le consultaba a su jefe un tremendo hombre de ojos azules, calvo y que en sus brazos y detrás de su oreja tenía tatuada la esvástica que usaban los nazis, este vestía una camiseta blanca que parecía estar más o menos limpia, de jeans y con bototos militares, en su cintura perfectamente se veía un linchaco a modo de armamento.

–Mmmm… esta perra está bien buena, a mi me hubiese gustado más en estado normal para sentir los movimientos que debe hacer con esas caderotas que se maneja la muy puta, pero creo que si, así nos será más fácil en el momento en que la estemos violando, prepárale una fuerte dosis que ojala le dure por toda la noche.

La rubia Andrea estaba atrapada al medio de aquella horda de mal vivientes, sabía que esa jauría de perros rabiosos no le guardarían consideraciones a la hora que entre todos se la estuviesen cogiendo. Con su corazón latiéndole a mil por hora solo se daba a mirar a su alrededor.

El pelado y robusto hombrón de ojos azules había sacado desde sus bolsillos una cuchara en la cual le había echado algo raro para ahora estar calentándola con un encendedor mientras reía facinerosamente mirándola a ella y a sus secuaces.

A posterior de eso vio que otro de los delincuentes se acercaba al lugar en donde se preparaba la droga y con una jeringa usada y manchada con sangre retiraba todo el burbujeante contenido de la cuchara sopera llenándola con un extraño y amarillento líquido que para la rubia era sinónimo de perdición y vicio total.

Andrea ahora sí que de verdad casi se estaba meando de miedo ya que ese otro delincuente con la jeringa en alto se acercaba a ella riéndose maliciosamente, tenía claro que no sacaba nada con retroceder ya que por detrás de ella también estaba plagado de maleantes, y fue como un milagro o quién sabe qué cosa que de pronto cuando el mal viviente estaba casi encima de ella lo vio retroceder para ponerse en posición casi de combate.

La rubia no entendía nada ya que los otros que la rodeaban también cambiaron de posición y se pusieron al frente de ella, en eso fue que el que se parecía al de la película pesadilla se puso a parlamentar con alguien:

–Escúchame Sato…!, yo no quiero problemas contigo… hemos compartido estas dependencias por más de tres años, ahorita tomaremos a la puta, nos largamos y todos amigos como siempre,

–Ja…! la zorra está en la zona que me pertenece por lo tanto nos la llevamos nosotros, además que no soy tu amigo le contestó su oponente a la misma vez que junto con decirlo último mandó un zendo escupo hacia un lado .

Andrea giró su cuerpo rápidamente para ver quién era el famoso Sato encontrándose con la flacuchenta figura de un hombre treintañero que a la legua se notaba que era un moreno de origen oriental y que este al andar sin camiseta y a dorso descubierto vio que en los pellejos de su pecho tenía un notorio dragón tatuado en la mitad de este.

La rubia hasta sintió simpatía por sus salvadores, simpatía que a los segundos se le fue a la verga ya que atrás del grupo de orientales que eran más de 20 había un grupo de chicas todas ellas vestidas con cortas minifaldas y pintarrajeadas escandalosamente, y que por cada movimiento que ellas hacían las pobrecitas eran corregidas a palo limpio por algunos de los hombres que trabajaban para el tal Sato, las chicas lloraban abiertamente, y estaban todas atadas en hilera con unas cadenas que seguramente eran para que ellas no se escaparan, mientras la discusión entre los dos líderes continuaba.

–Pus nosotros la vimos primero hijo de puta…!!!, por lo tanto nos la quedamos…!!!, -insistía con ferocidad el Freddy Krueger latino.

–Eso lo veremos ahora mismo feo conchetumareee…!!!, -el grosero léxico del oriental no era para nada de sus terruños, Andrea con espanto caía en cuenta que por el solo hecho de estar ella en cierto lado de la calle ahora le pertenecía a un Chino, o japonés, o vietnamita, la hembra no podía determinar la nacionalidad del salido oriental desconocido que por lo que ahora entendía la quería convertir en puta, o en esclava sexual más precisamente.

Mientras el debate continuaba, el tal Sato ya estaba a punto de impartir sus primeras ordenes a la que ya consideraba una más de sus putingas, –La zorra esta me pertenece…!! –Tu perra…!!!, -el asiático ahora se dirigía abiertamente a Andrea, –Ve al final y ponte en la fila con las otras putas que justo ahora vamos a hacer un trabajito, -le decía la miserable copia de Bruce Lee a la escandalizada rubia.

–Ni se te ocurra moverte de donde estas parada putona que o si no apenas te encontremos te descuartizamos y desperdigamos todas tus partes en distintos puntos de la capital para que tus familiares nunca más puedan saber de ti, -le ordenaba nuevamente el de la cara quemada.

La rubia miraba con estupor a ambos hombres cuando estos se daban a impartirle ordenes, en eso vio como el tal Sato en forma casi ridícula en comparación a los que si siguen ese tipo de disciplina se daba a realizar una serie de saltos y patadas en el aire con movimientos de manos dándole a demostrar a todos los presentes que él era todo un Karateca, luego cayó en cuenta que esos sobre marcados movimientos de artes marciales eran su señal de pasar al asalto que él le daba a su legión.

Viendo semejante batalla campal que se armó de un momento para otro, en donde patadas iban y venían, golpes de puños con manoplas incluidas y hasta fierrazos la conmocionada hembra principiante de puta o de esclava sexual para cualquiera de los dos bandos, desde su posición en la que había quedado disimuladamente se fue sacando sus femeninas zapatillas para al momento de ya estar descalza empezar a caminar en sentido contrario de donde estaba la hilera de putitas que seguían llorando por su desgracia, y una vez que ya se sintió segura se echó a correr como una verdadera alma seguida por el mismito demonio.

La rubia corría y corría en donde de vez en cuando y como podía miraba hacia atrás, y justo cuando ya estaba por desaparecer de aquel bestial escenario fue uno de los pelados el que se percató de ello y dio la voz de alarma:

–La putaaaa…!! se escapaaaaa…!!!

–Todos los suburbanos combatientes la vieron desaparecer por una esquina casi a tres cuadras de donde estaban ellos, hasta que fue el Sato quien dio la orden de persecución:

–Ustedes tres quédense con las putingas, todos los demás vamos a cazar a esa yegua y luego nos la prestamos en forma semanal.

El Freddy que ya no tenía nada que perder le pareció justo el trato así que también dio la orden de persecución a su tropa,

–Si a buscar a la zorra y luego le damos entre todos, la culiaremos hasta por el hoyo de sus orejas jajajaja…!!!!, -bastaron esas últimas palabras de uno de los comandantes para que los casi 40 hombres se echarán a correr en la misma dirección en que había escapado la rubia.

Andrea quien se detuvo a descansar justo en la esquina en que se les había perdido de vista y luego de tomar aire con su espalda apoyada en uno de los muros con sigilo se dio a mirar hacia el lugar de donde había escapado y con horror vio a la horda de maleantes, orientales y rapados que todos venían corriendo hacia ella, por lo que nuevamente se puso a correr en forma despavorida.

En su desesperada escapatoria y con el afán de perderlos de vista dobló avanzó y volvió a doblar todas las veces que pudo, por cada parada que hacía para tomar aliento escuchaba que a lo lejos se acercaban con gritos de alerta en donde se repartían las direcciones de donde buscar.

Ya no con tantas energías la mas que cansada mujer avanzaba como podía, sus pies ya le dolían, sus zapatillas habían quedado abandonadas en el lugar en donde dos desconocidos habían estado decidiendo cual sería su destino, fue en el momento en que las voces de sus perseguidores ya se oían muy de cerca cuando vio a lo lejos la harapienta figura del negro pordiosero con su carro de palo, como pudo se echó a correr hacia el pensando que aquella fantástica visión era el mejor de los milagros que le podía haber sucedido.

El mendigo quien como siempre ya había dado por perdida la oportunidad de poder hacerlo con una mujer, se encontraba feliz de la vida rastrojeando a un costado de un cerro de basura que un camión hace muy poco rato había depositado en aquel basural, pero con solo escuchar ladrar a su mascotas giró su triste apariencia para ver qué era lo que sucedía ese fue el justo momento en que la rubia ya a solo tres metros de donde él estaba se dejaba caer en el suelo para casi implorarle que la ayudara.

–Señor por favor ayúdeme, me vienen siguiendooo…!!!, -fue lo que pudo articular Andrea con su corazón casi saliéndosele por la boca.

–Ahhh… si, te recuerdo… tu eres la putita de hace un rato no…?, si te recuerdo, y muy bien, jijiji… que te ocurrió…?

–Si señor soy yo de nuevo… por favor ayúdemeee… me vienen siguiendo para después de violarme emputecermeee…!!!, -le decía la escandalizada hembra no dándose cuenta que le reconocía que ella era la putita de hace un rato, a la misma vez que se sinceraba con aquel harapiento sujeto de raza negra que extrañamente le inspiraba más confianza que sus perseguidores.

–Y quien se supone que te viene siguiendo?, criatura por Dios…!, -el viejo le respondió mirando en todas direcciones pero no veía a nadie a la misma vez que la ayudaba a levantarse sintiendo por vez primera la suavidad de esa manos blancas y delicadas.

–No lo sé… no lo los conozco… es un grupo de maleantes…!!, son muchos…!!!! Por favorcito ayúdeme…!!!

–Pero quienes…?, si no yo no veo a nadie…, -volvía a decirle el negro indigente.

–No lo sé… de verdad que no lo sé, uno de ellos se llama Sato… es todo lo que pude escuchar… y son como 40 en total… ya deben estar cercaaa!!!

–Mmmm… esos hijos de la chingada… vamos súbete y acuéstate en mi carretón antes de que te vean…, -el negro viejo la guio hasta su carreton notando que aquella fantástica mujer se dejaba llevar sin ningún tipo de objeción por parte de ella.

Andrea una vez que ya estuvo a un lado del rustico transporte del pordiosero como pudo levantó sus piernas para meterse al interior del carro que arrastraba el viejo mendigo quedándose puesta de espaldas y con sus piernas dobladas ya que la carreta media un poco más de un metro.

El indigente por su parte había visto como un idiota el portento de muslos que la hembra le había mostrado regalándole con esto el mejor espectáculo de suaves carnes femeninas a sus cansados ojos de viejo al momento de introducirse en su deplorable vehículo. Situaciones como esta, o como el momento en que la tomó de la mano extrañamente lo revitalizaban.

El mendigo mirando en todas direcciones y con el ardoroso afán de ayudar a esa agraciada mujer de cabellos dorados que el destino otra vez ponía en su camino, tomó una abultada bolsa de basura negra de las que recién había botado el camión recolector para luego apoyarla en una de las barandas de su carretón y para terminar diciéndole a la asustada hembra,

–Lo siento mi guachita pero esto es por tu bien, -Y dicho y hecho, una vez que rompió la bolsa desparramó todo su contenido por sobre el cuerpo de Andrea.

La rubia no reclamo nadita ya que captó en el acto que el negro viejo la estaba ocultando en caso que la encontraran, pero casi se puso a vomitar ahí mismo de una profunda repulsión cuando justo al lado de su cara cayó una toalla higiénica con sangre menstrual seca, y que más se apoyó a su cutis al caer otra vez sobre su rostro una buena cantidad de cascaras de papas, de sandias y hojas de repollo marchitas, sin contar el jugo de unos tomates podridos con pepas y todo incluido desparramándose por sus rubios cabellos.

El solidario mendigo rápidamente con sus negras manos le despejó la cara para que su hembra necesitada de protección pudiera respirar tapándola solamente con unas cuantas hojas de lechugas. Luego de eso le dijo,

–Estamos listos…! Tu quédate calladita y no hagas movimientos… yo me estaré haciendo el menso un poco más allá y cuando ya no haya peligro te avisaré,

–Por favor señor sáqueme de aquí…!, -le pedía casi cuchicheando, obviamente la hembra se refería a que el viejo se la llevara para donde él quisiera el asunto era que por nada del mundo la fuesen a encontrar los delincuentes que querían prostituirla a la fuerza*.

–Tú tranquilita mi amor que apenas haya pasado todo te llevaré conmigo, estás de acuerdo?

La rubia mujer que estaba completamente tapada con basura domiciliaria ni se la pensó para con su rostro de Diosa ahora semi tapado con desperdicios asentir con su cabeza, bastó solo eso para que al harapiento sujeto se le comenzara ahora si a endurecer la verga como jamás en su vida lo había hecho, de verdad que ahorita si la tenia bien parada.

Por otro lado y a los pocos minutos de sucedido lo último los dos jefes de ambas bandas de delincuentes que buscaban en forma desesperada a Andrea ya habían llegado al lugar en donde ella se encontraba escondida, estos casi ni pusieron atención en la desmejorada figura de aquel pobre muerto de hambre que en aquellos momentos se entretenía escarbando en el basural que estaba a un costado de una hilera de galpones abandonados, y menos todavía se les ocurrió revisar entre las porquerías que este cargaba en su destartalado carrito de madera.

Mientras eso sucedía a solo metros de donde estaba escondida la portentosa y bien formadita Andrea, ella se daba a escuchar lo que se decían entre ellos mientras recorrían cada barracón que existía en aquel sector:

–Y como les fue a Ustedes…!

–Nada por aquí…!, esta puta parece haberse desvanecido…

–No puede ser…!!, en algún lado se esconde esta furcia, revisemos de nuevo los galpones y luego nos iremos recorriendo calle por calle…

–Siiii… todos a buscar a la zorraaaaaaaaa…!!!, -eran las vociferadas que la aterrada rubia escuchaba desde su refugio de basura.

Los minutos se le hacían eternos a la casi ahogada ninfa, pero prefería estar en esas condiciones a que fuese a ser descubierta por la banda de delincuentes, hasta que oyó claramente unos encharcados pasos que se acercaban a su destartalado escondite con ruedas, gracias a Dios fue al negro pordiosero a quien vio desde entre medio de las hojas de lechuga.

–Ya se fueron…?, -le consultó con su vocecita casi inaudible.

El viejo quien la miraba con su negra y casi azulada cara en la que se dibujaba una sonrisa totalmente carente de dentadura se dio a contestarle,

–Aun están por aquí pero algo ya alejados…, -el pordiosero le contestaba con la verdad mientras miraba como los delincuentes continuaban la búsqueda por los distintos barracones.

–Por favor señor sáqueme de aquí, lléveme lo más lejos que pueda de esos hombres…, -le volvía a pedir en forma suplicante.

El negro vagabundo sabía que esta era la mejor opción que tenia para llevarse a esa mujer rubia y poder meterla al interior de su casucha.

–Pus tal como te dije antes mi reina, cualquier lugar de este complejo es inseguro para una mujer tan agraciada como tú, ya ves lo que casi te ocurrió por no hacerme caso cuando te lo advertí, jijiji, aunque mi casita aun sigue totalmente disponible para ti dulzura, o prefieres a que una vez que ellos se vayan salirte de mi carro y valerte por ti misma?,

–Noooo…!!!, no me deje sola por favor se lo pido… no me deje sola…!!!, -en la mente de Andrea aun estaba clara la anterior y caliente propuesta hecha por aquel miserable espantapájaros viviente, pero por ahora ella definitivamente prefería cualquier otra cosa que volver a vivir la pesadilla de estar en las manos de tan siniestros sujetos, en su mente aun se imaginaba a ella siendo drogada, o mas peor, se decía, al ahora imaginarse a ella encadenada a la fila de esclavas sexuales que poseía el oriental Sato.

Por su parte el negro pordiosero ya se sobaba las manos por lo que estaba a punto de suceder en su miserable existencia.

–O sea… prefieres a que yo te lleve…?

La rubia desde el interior del carretón creyó ver como en la cara del negro viejo nuevamente empezaban a predominar toques lujuriosos.

–S… siiii… prefiero irme con U…Usted a quedarme solaaaa…!, -le contestó no importándole sus recientes y acertadas apreciaciones.

–Mmmm… no tengo problemas en llevarte conmigo pero bueno tú ya sabes…

–Por favor lléveme con Usted, -le cortó Andrea de una, y para que ese hombre indigente la sacara lo antes posible de aquel sitio le notificó sin ningún tipo de preámbulos, –Estoy dispuesta a hacer eso que Usted quiere que hagamos… pero se lo repito no me deje solaaaa…!!!

Bastaron solo esas enajenadas y ardorosas aclaraciones por parte de la mujer rubia para que el mendigo sintiera que en cualquier momento su verga reventara en lecherasos.

–Será un honor ricura… orita mismo nos vamos… jijiji…

El harapiento vagabundo entre nervioso, caliente y emocionado cruzó con su destartalada carreta por entre medio de todos los delincuentes, no hubo ninguno de ellos que le prestara la mas mínima atención a aquel andrajoso y hediondo sujeto, si hasta con cara de asco le daban la pasada cuando cualquiera de los rastreadores se cruzaba por su camino en donde el mendigo los miraba con una salida sonrisa enseñándoles todas sus encías despobladas de dientes.

Hasta que una vez estando ya internado por los basurales aledaños a las fábricas y ya muy lejos de todo peligro el desastrado vagabundo llegaba por fin a su casa cargando en su carretón de mano su extraordinario trofeo femenino.

–Hemos llegado dulzura… ya puedes salirte de mi carrunchi, jijiji. –Le notificó una vez que ya estuvieron detenidos.

–De verdad…?, ya no están esos sujetos…!?. –Andrea aun estaba temerosa de la situación, por lo tanto le consultaba sin ni siquiera querer moverse aun.

–Nooo…!, ahora estamos bien lejos de donde viven esas bandas de maleantes, así que ya puedes bajarte con toda seguridad.

Andrea aun algo asustada y después de oír que su salvador le notificaba que ya no había nada que temer fue emergiendo de aquel cerro de desperdicios en el cual estuvo enterrada por casi 45 minutos por lo menos a la vez que iba sacudiendo su cuerpo de estos.

–Donde estamos? -consultó con algo de desconfianza y con sus ojos verdes mirando en todas direcciones una vez que ya estaba de pie y en tierra firme, claro que aquella desconfianza no era hacia la persona del vagabundo sino que quería estar segura de estar lo más lejos posible de aquella legión de mal vivientes que habían querido llevársela quizás para que cosas hacer con ella incluido todo tipo de vejaciones.

–Pus estamos en mi casa… donde mas, -le dijo el indigente con algo de orgullo. Y es que así se sentía el pobrecito, estaba realmente orgulloso de su hazaña, si esta era la primera vez en su vida que traía una chica hasta su casa, y que clase de chica, nunca se lo habría imaginado que el día que lo hiciera iba a ser con tan extraordinaria mujer.

Por su parte Andrea ya más calmada emocionalmente, y en el momento de que intentaba limpiar sus cabellos de los jugos de tomates podridos otra vez caía en otro total estado de desconcierto, pero ahora no era por el medio, sino por las nauseas y la repulsión. Si bien había superado a la fuerza el trauma de haber llevado al lado de su cara una mugrienta toalla higiénica femenina ya usada en los momentos en que estuvo enterrada en la basura, esto que estaba viviendo ahora era aun más asqueroso que lo primero.

El Dantesco e infra humano paisaje en el cual ella estaba inserta en aquellos momentos era de lo mas asqueroso y repulsivo de lo que jamás había imaginado, todo era basura y barro por donde se le mirara, gracias a Dios que ella descalza y todo había quedado en la casi única parte del suelo que no estaba húmeda, ya que existían numerosos charcos de agua podrida y medio verdosa de putrefacción en aquel sector en donde se encontraban. La tarde ya estaba dando paso al anochecer pero con la luz suficiente para que nuestra angustiada protagonista viera el espeluznante panorama del lugar en donde estaba metida.

Pero lo que la dejaron realmente sobrecogida y en total estado de estupefacción tanto por ser ella también parte de ese desamparado y carente espectáculo fue del mismo modo darse cuenta de la cruda pobreza e inhumana forma de vida que llevaba aquel pobre hombre con el cual ella se tendría que acostar según le iba refrescando su mente.

La casa del indigente era solamente un esquelético armazón de 5 pallets de madera que estaban parados justo al frente de un murallón de cemento que estaba plagado de bolsas plásticas que colgaban en clavos oxidados en las cuales el indigente guardaba sus posesiones materiales, pero la rubia había puesto más atención en la precaria morada del casi anciano vejestorio donde veía que dos de los tableros las hacían de muralla, otros dos eran el techo y el ultimo las hacía de muro de fondo, estos se afirmaban al mismo muro que debía pertenecer a una de las fábricas abandonadas, mencionando además que su deplorable morada estaba revestida de lo más diversos materiales hechos de basura como cholguanes, latones oxidados, bolsas plásticas de todos los colores imaginables que tapaban ciertas perforaciones, y un sinfín de porquerías que adornaban su techo para que este no se volara con el viento.

La escandalizada rubia sacaba cuentas que en aquella deplorable casucha (y si es que a esa cosa se le podía llamar casucha, ya que aun así la palabra le quedaba grande a la triste y aciaga vivienda del indigente) debían caber dos o tres personas acostadas, calculando que su techo no sobrepasaba la altura de la cintura de cualquier persona de estatura media, y que su puerta a los pies de esta eran simples trozos de nylon negro que estaban afirmados con piedras en la parte del techo para que estos no se cayeran.

La muy choqueada Andrea ahora con mas espanto aun puso atención también que aquel mugriento lugar estaba solo a dos metros de donde se elevaban unos inmensos cerros de basura que incluso sobrepasaban en altura a los altos murallones traseros del barracón en donde se adosaba la desamparada casucha del negro indigente.

La oscuridad de la noche ya era casi inminente y mientras la rubia intentaba acostumbrase al fuerte hedor y gases tóxicos que emanaban desde las montañas de desperdicios y que era muy parecido al de la mierda en su máxima expresión, su conciencia al ya saberse a salvo de los otros delincuentes le daban cuenta y le machacaban el desquiciante costo de apareamiento que ella debería saldar a cambio de la protección y hospitalidad que le brindaba aquel mugriento vagabundo.

Por su parte el negro y estrafalario pordiosero se estaba dando el gusto de su vida mirando a sus anchas aquel estupendo y curvilíneo bocado femenino que el destino le había puesto a su disposición.

La que iba a ser su hembra según ella mismita se había comprometido estaba en esos momentos observándolo todo según podía apreciar, su chaqueta café clarita y muy cortita con la cual enseñaba una generosa parte de sus piernas ahora estaba toda cochina con negros jugos de desperdicios domiciliarios al haber estado enterrada debajo de estos, pero a él le gustaba así ya que al tenerla en aquellas lamentables condiciones de higiene personal el mendigo se sentía en más confianza para acercarse a ella, extraño eso, pero así lo sentía el pobre hombre, y como él por nada del mundo quería perder brecha en lo avanzado y pensando que tal vez a esa soberbia hembra nuevamente le bajarían ganas de volver a escapársele se dio a intentar atenderla de la misma forma en que solo una mujer como ella se lo merecía.

El viejo con sus manos naturalmente azuladas por la negrura y todas mugrientas debido a que diariamente se dedicaba a andar rastrojeando en distintos basurales rápidamente ubicó un cajón tomatero contra una parte del frío muro de cemento para luego invitarle:

–Oye putita… debes estar muy cansadita con todo lo que te ha sucedido… que tal si te sientas un ratito para que descanses mientras yo hago fuego.

Andrea que ya no tenía ganas de discutir con nadie por todo lo que le estaba ocurriendo en este tan extraño día casi se sintió agradecida de que por el momento al menos había alguien que se preocupaba por ella, así que no dándole importancia a que ahora nuevamente fuera otro hombre el que se diera a tratarla con groserías con mucho cuidado se fue a sentar al reconfortante e improvisado diván que le ofrecían.

Al negro vagabundo casi se le cayeron las babas en el momento en que la rubia con mucho cuidado y delicadeza poso su redondo trasero en las maderas del cajón tomatero quedando con esos apetecibles muslos dorados bien levantados para beneplácito de la agotada visión del ya no tan infeliz mendigo el cual se preguntaba que como se vería ella con esas hermosas piernotas abiertas.

–Jijiji… estas muy buena zorrita… y pensar que en un ratito mas todas tus cositas serán todas para mi… ahorita cenaremos algo rápido para que luego nos metamos al interior de mi casa para que me muestres esos hoyos tuyos que deben saber a dioses. –El viejo por cada minuto que pasaba iba agarrando más confianza con ella y se lo demostraba con las leperadas en que le recordaba que ambos se tenían que acostar según habían acordado, esto lo había hecho justo al frente de ella y mientras se sacaba de las patas los diarios que usaba como calzado.

La descolocada rubia mientras escuchaba las salidas palabras de aquel horrendo y negro adefesio solo se dio mirar como este ahora se daba a hacer fuego en una especie de brasero.

Sus últimas palabras la hacían pensar en la posibilidad de no cumplir con su parte del trato, tenía claro que fácilmente podía salir corriendo y escapar de las enfermizas intenciones que este tenía, pero y si así lo hacía que sería de ella?, se preguntaba casi al borde del llanto, y con solo recordar la cara quemada del tal Freddy acompañado del rapado con su jeringa con droga para metérsela en uno de sus bracitos se daba cuenta de lo peligroso que sería escapar de aquel inmundo lugar en que un asqueroso vagabundo estaba decidido a cogérsela, y tras seguir pensando en el mismo asunto más espantada aun se quedaba al recordar a esa hilera de muchachas llorando y encadenadas unas a otras en donde a ella también habían querido incluirla.

-No… no… no…, ella no quería volver a pasar por la misma pesadilla, así que su mejor opción era quedarse con ese caliente viejo indigente que tan carente de afecto y atención se veía y que se había arriesgado para salvarla, además que su aspecto físico era tan deplorable e insignificante en comparación a la grotesca a figura de don Pricilo que la llevaban a pensar en que tal vez no sería gran cosa lo que aquel desvalido indigente podría hacerle.

Mientras la rubia se encontraba inmersa en esos confusos y vergonzosos planteamientos el viejo pordiosero de raza de color ya había preparado la lumbre, y en aquellos momentos ya tenía hirviendo agua en un tarro todo oxidado que saco desde una de sus bolsas.

–Que prefieres para beber?, una tacita de té o un agüita de perra?, jijiji…

Andrea saliendo de su estado de forzada distracción caía en cuenta de lo que le estaba ocurriendo, ahora el viejo que apenas tenía para el solo le estaba ofreciendo tomar té.

–De verdad tiene té…!?

–Pus si mensa…!, o si no simplemente no te lo ofrecería, jijiji… espera voy por la tazas.

La extrañada hembra veía ahora como el harapiento indigente escarbaba en otra de sus innumerables bolsas colgadas en el muro sacando de esta dos latas de pescado vacías y que estaban más oxidadas y cochinas que el tarro donde se hervía el agua pasándole una de estas a su nuevamente asqueada invitada.

–Ehhh… pero esta lata esta algo sucia…, -le dijo la rubia con su voz temblorosa.

–Ahhh… si, ya veo, discúlpame… es que no estoy acostumbrado a traer a mis novias hasta mi casa, espera un tantito… esto tiene solución.

Andrea quien estaba analizando lo que acababa de decir ese andrajo de hombre casi se desmayó del asco al ver como el negro con toda naturalidad le mandaba con sus gruesos y carnosos labios partidos dos sendos escupos al interior de la lata que era para ella y que luego con sus mismas ropas mugrientas y hediondas pasarlas por el interior del oxidado tarro a modo de estar sanitizandolo.

Una vez que el vagabundo estimó que la lata de pescado ya estaba en condiciones se la volvió a pasar a su ninfa quien por no ser despreciativa se la recibió pensando que por nada del mundo se bebería el té que le servirían. En eso vio como su estrafalario anfitrión desde un lado de su brasero sacaba otro receptáculo que contenía un liquido café y algo negruzco, por el pasoso olor que tenía estimó que ese era el té, y cuando ya una vez estuvieran las “tasas” servidas y como si ambos estuviesen en una de las mejores salas de estar se dieron a compartir la merienda con el pordiosero sentado en otro cajón que había ubicado justo al lado del llamativo cuerpo de nuestra muy asqueada y nerviosa Andrea.

La rubia a quien ya no le quedaba más remedio que aceptar su situación y mientras se cambiaba el tarro de una a otra manita para no quemarse se dio a estudiar a ese extraño ser que el destino había puesto en su camino, y tambien por las ganas del ex jardinero de su casa ahora estaba con ella a su mismo nivel. Puso atención a sus negros pies llenos de llagas por entre medio de sus dedos, y que a la altura de sus canillas se notaban unas vistosas y tiñosas secreciones blancuzcas que alguna vez debieron ser heridas pero que ahora estaban secas y que se habían convertido en parte de su piel según podía apreciar.

El negro viejo ahora estaba concentrado en solo comer piezas de pan endurecido que remojaba en su vaporeante infusión, y que mientras intentaba masticarlas con sus desdentadas encías estas caían quedando atrapadas en diferentes partes de su greñosa barba plomiza, en donde sus gruesos y carnosos labios partidos se movían como si este en vez de pan estuviese comiendo goma de mascar.

El fuerte olor a orina y a cuerpo desaseado que desprendía el indigente desde sus harapos y de su cuerpo tenían a la hembra casi al borde de las regurgitaciones, además que este mientras comía no se cansaba de mirarle sus piernas y todo el resto de su cuerpo.

Y efectivamente esto era así ya que el viejo mientras también se zampaba ocularmente a la hembra que tenía a su lado de la misma forma se daba a mirar su pan en las manos para luego volver a echárselo a la boca y seguir devorándosela mentalmente y con su ansiosa mirada.

Andrea quien creía estar al tanto de todo esto no le quedaba más opción que mirar en sentido contrario y hacerse la desentendida a la misma vez que tragaba saliva ya que ahora la vivaz mirada del miserable pordiosero abierta y literalmente la estaban desnudando.

En eso el muy hambriento viejo pensó que tal vez aquella fabulosa hembra que estaba sentada a su lado y que se había comprometido a acostarse con él también podría tener algo de hambre, así que nuevamente queriendo ser cortés con ella le ofreció:

–Quieres comer pan?, -le dijo extendiéndole un trozo de pan duro que aquel día había recogido de un basurero. Andrea no podía quitar sus ojos verdes de su negra mano de largas uñas mal cuidadas que mas parecían garras.

–Ehhh… no gracias, -le dijo de pronto, –Sírvase no mas… yo solo como ensaladas, -se excusó Andrea intentando no hacer sentir mal al pordiosero.

Este con su fea cara de desvalido en la cual brillaba la negrura de su piel y mostrándole el rosado de sus encías con una amplia sonrisa nuevamente se daba a intentar congraciarse con la que iba a ser su mujer:

–En mi carretón creo que vi unas lechugas y repollos, también me pareció ver tomates, quieres que te prepare una ensalada?.

Andrea al instante recordó de donde venían las lechugas, tomates y repollos de los que se refería aquel pobre viejo, a lo que se sumaba la mugre de sus manos que parecían no ser lavadas en años, y acordándose también que entre medio de aquellas verdura y vegetales venía una toalla de mujer con sangre y un sinfín de porquerías mas inmediatamente se dio a agradecerle por sus atenciones.

–No se preocupe por mí, de verdad gracias pero hoy almorcé muy bien…

El vagabundo tras de quedarse mirándola con su cara de anchas narices llanas de hoyos negros solo movió sus hombros como si la situación le diera lo mismo y siguió comiendo pan untado en agua caliente.

La ya más que nerviosa mujer nuevamente estaba analizando la posibilidad de salir huyendo de aquel mísero basural en que forzadamente estaba compartiendo con un indigente, pero lo que de verdad hacía que se le enervaran todos los bellitos de su cuerpo era saber que el vagabundo ya estaba casi por terminar de comer, y una vez que este lo hiciera con toda seguridad iba a querer cobrar la factura que ella le tenía pendiente.

En su mente la rubia muy a su pesar pensaba que si bien don Pricilo, don Sandalio y el fotógrafo no eran tan desastrados como este otro horrendo personaje con el que tal vez tendría que hacerlo, meditaba que las situaciones en que le tocó hacerlo con ellos eran muy distintas a esta otra, con don Pricilo lo había hecho estando ebria, además que esas incursiones mas parecían violaciones a que ella se estuviese entregando voluntariamente, al menos al principio se decía de pronto, y en la única situación en que estuvo con los otros dos prácticamente estos si se la habían violado.

Lamentablemente para ella era que cuando esas acaloradas situaciones se sucedieron había sido su cuerpo el cual en la forma de los mas inexplicable del mundo la habían hecho de que prácticamente terminara cogiendo como una verdadera prostituta.

Además de que ahora la situación era totalmente distinta, ella estaba lucida y sin ninguna gota de alcohol en su cuerpo, no sabía si sería capaz realmente de entregarse en forma voluntaria a aquella demencial y sexual incursión en que se había comprometido, ya que el tipejo ese lo único que le producía era el más profundo asco, se decía en la oscuridad de la noche, a la luz de una miserable fogata y al medio de un tremendo y apestoso basural.

Una fuerte y tibia erupción flatulenta que le llegó en todo su nórdico rostro sacó a la hembra de sus tan enajenados pensamientos, con esto el vagabundo le avisaba que su cena ya había terminado por lo tanto ahora era quizás el momento en que ambos pasarían a la suite menos 10 estrellas en que ambos se acostarían pensaba la rubia con su cuerpo temblando de miles de sensaciones: miedo, asco, arrepentimiento, horror, nauseas, recelo, repugnancia, aversión y todo lo demás que se pareciera a lo anterior.

Y claro que tenía razón nuestra poderosa hembra ya que el hediondo pordiosero ahora se lo decía abiertamente,

–Estamos wacha rica… orita mismo vamos a acostarnos, jijiji no sabes las ganas que tengo de verte encuerada, -junto con decirle esto último el asqueroso sujeto ya no aguantándose más posó su negra mano encima de uno de los dorados muslos de una Andrea que le dieron ganas de salir arrancando disparada tal como lo hizo cuando huyó de los anteriores facinerosos que la habían acosado.

La hembra nuevamente creía ver en los oscuros ojos del indigente esos mismos deseos lascivos y lujuriosos que ya le había visto en dos ocasiones anteriores de aquella enajenada tarde.

–Ehhhh…! Ahhhh…! si… esoooo…!, s… señor la verdad es que yo aun no tengo sueño… que le parece si…

–Y quien te dijo que nos íbamos a ir a dormir puta!?, yo lo único que quiero es meterte la verga, sino no me hubiera arriesgado a traerte hasta mi casa entre medio de todos esos maleantes que me hubieran apaleado si se hubiesen percatado de que te estaba ayudando, así que ándale no seas malagradecida y metete al interior de mi casita, -el viejo pordiosero si bien no era una bestia de hombre como lo era el energúmeno que la rubia tenía metido en su casa si se sintió algo molesto ya que en el acto se percató que aquella atractiva mujer también se le estaba arrepintiendo como lo hicieron muchas en los tiempos de que él era más joven.

Andrea rápidamente se puso de pie para quedar parada delante del viejo, y al estar consciente de que la situación se estaba poniendo tensa para ella y muy candente para el vagabundo se dio a intentar de explicarle que ella no quería acostarse con él debido al profundo asco que le tenía, claro que no se lo diría de esa forma, lo menos que deseaba la mujer en esos momentos era hacer sentir mal a la única persona que la había ayudado hasta el momento.

–Señor… mire, la verdad es que lo he pensado mejor y creo que no me acostaré con Usted…, no puedo, si ni siquiera lo conozco… como tampoco me sé su nombre, pero sepa Usted que le estaré eternamente agradecida por haberme ayudado.

El deslucido y negro viejo luego de recorrer varias veces aquella imponente escultura femenina tan llena de diabólicas curvas y que sus muslos brillaban a luz de la fogata, por fin cayó en cuenta de que la muy zorra ahora sí que se le estaba corriendo olímpicamente del trato que ambos habían hecho.

–O sea… me mentiste para que te ayudara…!?, -le preguntó en forma incrédula desde su improvisado asiento de palo y mirándola hacia arriba.

–Ay qué pena… pero creo que si…!, por favor entienda que no puedo acceder a eso que Usted quiere que hagamos, cuando lo hice estaba en una situación desesperada, tenía que hacerlo así…

El astuto viejo quien a pesar de ser analfabeto de imbécil no tenía nada, rápidamente se dio a analizar la situación:

1.- En varias ocasiones el ya había intentado violar a mujeres y todas ellas se la habían ganado en la fuerza al él estar tan mal alimentado, si lo intentara con aquella rubia amazona tal llena de vida lo más probable sería que ella también lo superaría en fuerzas, por lo tanto la opción de levantarse e intentar llevársela a la rastra para después violársela quedaba terminantemente descartada ya que si así lo hacía a parte de no poder metérsela la yegüita le perdería la confianza y nuevamente se le volaría.

2.- Notaba que la mujer era de buen hablar de ahí que no era una puta cualquiera y era eso lo que más lo tenía caliente en esos momentos, ni mencionar el cuerpazo que se gastaba la muy putinga para sus cosas, sin contar que en su perra vida de indigente se había imaginado que alguna vez se le daría la oportunidad de cogerse a una hembra blanca y menos que esta fuera rubia y de ojos verdes. A las pocas mujeres que logró cogerse todas habían sido viejas gordas y alcohólicas que ni siquiera habían estado conscientes en el momento en que les había metido a medias su verga por temor a despertarlas y que estas huyeran despavoridas una vez que lo vieran y no le permitieran acabar.

3.- Tenía claro que esa escultura de hembra estaba aterrada por lo que le había ocurrido en la ciudadela abandonada en la que ambos se encontraban de manera que era más que seguro que no la movían ni a palos de al lado de su casucha.

4.- La muy guarrilla no tenía el desplante para darle un no rotundamente ya que le estaba dando muchas explicaciones, por esta razón sabía que sería fácil manipularla para hacer que ella misma y por propia voluntad se metiera adentro de su mísero cubículo en donde él pensaba hacerle miles de cochinadas.

5.- El mismo había notado que tuvo muchas opciones para que ella huyera desde el momento en que llegaron a las entrañas de aquel vertedero capitalino, y la rubia no había dado la mas mínima señal de querer irse no importando los motivos y a sabiendas de su acalorada solicitud, o sea, existía una pequeña posibilidad de que la muy viciosa también tuviera ganas de probarle su negra verga con su blanca concha, eso lo averiguaría cuando ya la tuviera adentro de su casita.

Conclusiones: De alguna forma debía hacer que la rubia con cara de puta adinerada siguiera tomándole confianza, no debía espantarla por nada del mundo para luego confundirla y hacer que ella entrara solita a su casucha, por lo que se dio a iniciar un rápido plan de ataque y hacer que esa despampanante y femenina yegua se equivocara en algo y fuera ella sola quien terminara abriéndosele de patas.

Andrea mientras veía el pasivo estado con que dejó al viejo después de decirle su verdad se percató que a este se le llenaron los ojitos de lágrimas y que luego de limpiárselas le decía sin atreverse a mirarla:

–Es porque yo soy negro y tu eres blanca… verdad…?, -le dijo teatralmente el pordiosero intentando darle pena a esa soberbia hembraza que se le quería arrancar de su verga.

La potente mujer en el acto le contestó con profunda sinceridad,

–Noooooo…! Como me dice eso!?, ese sería el ultimo motivo…!, yo no soy así…!, como se imagina tal cosa!?, -y era verdad lo que le decía la escandalizada rubia, ella no quería acostarse con él por la sencilla razón de que ella no era una cualquiera, si ni siquiera sabía quién era, sumándole que a pesar de los adefesios con los cuales ella ya se había revolcado por extrañas razones del destino el negro pordiosero no era su tipo de hombre, si ni siquiera usaba pantalones debajo de sus harapos, se decía mirándoles sus negras canillas llenas de extrañas heridas algo secas.

Además que a ella le gustaban hombres inteligentes, seguros de sí mismos, varoniles y bien perfumados, o al menos así le gustaban antes de que comenzara todo este drama con don Pricilo incluido, sumándole a que lo encontraba demasiado viejo para ella, y para que mencionar su escasa higiene y mas que precaria presentación personal, pero lo principal era que esa enajenación sexual que le habían propuesto simplemente no iba con ella.

Mientras tanto el negro indigente seguía con sus falacias:

–P…ues… pues yo así me lo imagino, y aunque me lo niegues sé que es por eso…, -continuaba atacando el vagabundo poniéndole su mejor cara de cordero degollado, de reojo veía la cara de angustiada que había adoptado aquella hembra de orígenes germánicos según él lo creía, ya que una vez un amigo pordiosero igual que él le había enseñado que todas las rubias del mundo venían de Alemania.

Andrea que en su vida había sido de esas típicas mujeres que gustaban de humillar a hombres poco agraciados físicamente, como tampoco en ella existía ningún tipo de diferencia entre personas de distintos orígenes intentaba de seguir explicándole sus motivos en forma sincera y sin llegar a herir sus sentimientos.

–Usted está equivocado…!, yo no tengo nada en contra del color de su piel ni de sus orígenes, esas cosas son de gentes ignorantes, pero por favor entienda mi posición.

(La posición en 4 patas en que te tenga cuando te la mande a guardar por el culo desgraciada, es la única posición que yo entiendo en este minuto, Ufff que piernas que se gasta esta yeguaaa…!!!, era lo que pensaba y se decía el negro harapiento en el momento en que nuevamente subía su vista para seguir suplicándole.)

–Entonces hagámoslo… vamos se buenita con este pobre viejo negro, si no te cuesta nada…!, -le decía ahora estirándole su negra mano tal cual como lo hacía en los momentos en que se dedicaba a limosnear tirado en las aceras y todo meado, claro que ahora estaba limosneando una buena cacha con una hembra de belleza casi criminal.

–Es que Usted no me entiende…!, yo soy una mujer con principios, como se le ocurre que yo voy a ir y acostarme con Usted o con cualquiera solo porque me lo están pidiendo, eso…!, eso no es correcto…!!, por favor entiéndalo…!!!

–Si te entiendo…!, -le contesto el harapiento sujeto en forma cabizbaja pero encargándose de que la rubia mujer si lo escuchara, –Tú solo eres otra puta blanca de esas que se creen superiores a nosotros los negros…, pero no importa… ya estoy acostumbrado a este tipo de humillaciones, si quieres te puedes ir, yo luego me iré a acostar a mi casita tal como lo he hecho siempre, solo y sin tener la oportunidad de conversar con alguien que me escuche, solo vete… fue una linda ilusión de viejo que tuve contigo…

–Noooo…!, ya le dije que no es eso…!!, y siento mucho que Usted no tenga con quien conversar cuando se acuesta, pero no puedo hacerlo.

Andrea de buenas ganas se hubiera marchado para nunca jamás volver a ese asqueroso lugar, pero la detenían las razones de saberse estar descalza, era de noche y que fuera donde fuera sabía que terminaría siendo violada, además que creía escuchar a lo lejos horribles risotadas de varios hombres, como a su vez diversos y espantosos gritos de dolor emitidos por alguna mujer caída en desgracia por aquellas periferias, además que extrañamente le daba algo de pena dejar a ese pobre vagabundo que la había salvado y que según ella estaba sufriendo por su desgraciada condición.

Sin saber qué hacer ni como actuar ante el silencio que se creó después de sus últimas palabras, silencio que se veía alterado por los gritos y risotadas ya descritas y que se sumaban a esas raras emociones recién descritas que extrañamente la llevaron a volver a sentarse al lado del harapiento negro.

Ante todo lo anterior Andrea igualmente estaba muy asustada y ya sentía ese extraño escalofrío que le recorría por su espalda debido a lo que sus oídos escuchaban, así que aguantando como podía la hediondez a meados y axilas que desprendía el cuerpo del viejo negro que parecía estar humillado se manutuvo sentada junto a él buscando alguna palabra para ver si le podía levantar el ánimo ya que a parte de sus temores quería demostrarle que ella no le tenía asco por su precaria higiene, y menos de que ella lo discriminaba por el color de su piel.

-Eso washita rica piérdete en tus estupideces de hembra buenita de corazón, no te vas a dar ni cuenta en el momento que te tenga metida en mi inmundo cuchitril y te este ensartando mi negra verga vagabunda en tu blanco coño remilgado y de alta alcurnia según esos aires que te das estúpida…!!!, -pensaba exaltadamente el ya muy salido vagabundo notando que su estrategia estaba saliendo de película, por lo que se dio a seguir confundiéndola:

–Y entonces… no vamos a entrar a mi casita…!?, -le consultó poniéndole y mirándola cara de perro asustado.

–Lo siento pero no puedo…!, -la hembra ya en forma un poco mas serenada se daba cuenta que era ella quien podía manejar a ese inofensivo viejito, lo único que la ponían mal en esos momentos era la infernal música de fondo que aun se sentía por las cercanías de donde ellos estaban sentados.

–Pus entonces déjame tocarte un tantito… solo eso, has feliz a este pobre viejo vagabundo que su vida solo ha sido marcada por la más profunda tristeza debido a la soledad y a las privaciones, yo se que en el fondo tu eres muy buenita…, -y junto con ir diciéndole esto último el ya muy lujurioso vejete quien creía que la hembrota ya se estaba comenzando a confundir al haberse sentado junto a él, se dio a manosearle descaradamente uno de sus suaves y dorados muslos a su total antojo y sin ni siquiera esperar la autorización de la nuevamente descolocada mujer que no sabía cómo reaccionar a ese lascivo y negro sobajeo que el viejo pordiosero le estaba practicando, mientras este último solo se dedicaba a sentir al máximo tanto su dureza como su tersura.

Andrea en forma apenada sintió las tremendas ganas de retirarle su negra mano desde su pierna pero en un acto de solidaridad se dio a dejarlo por un momento, total, ya sabía que era ella quien estaba manejando la situación.

-Está caliente esta yegua blanca, ahora me está dejando tocarla con mi negra mano pordiosera, de seguro que ya se está comenzando a calentar, es solo que la muy puta aun no se da cuenta, le insistiré para que nos metamos en mi pocilga que tengo por casa, ya la quiero ver cuando este corcoveando puesta en 4 patas en el momento en que le tenga mi verga ensartada por el culo.

–Mi niña… que tal si nos metimos entonces al interior de mi casita y me dejas solo tocarte… solamente con eso me conformo, eso si puedes hacerlo verdad?

Andrea impactada como estaba con semejante sobajeo de muslos se decía para sí misma -Dios este viejo vagabundo me sigue manoseando con su negra mano y mas encima me sigue invitando a que entre en su casucha, está realmente loco si piensa en que entraré a ella, le diré que ya es suficiente.

–Ya… ya es suficiente señor, mire mejor quedémonos aquí afuerita así tal como lo estamos ahora. –le contestó finalmente y con su blanca manita retirándole la negra mano de su muslo.

Y justo en el momento en que el esperpento le iba a insistir a que lo dejara seguir manoseándola sucedió el hecho que prácticamente y en forma gradual hicieron capitular a tan atractiva mujer.

Fue una fuerte balacera que se escuchaba venir por el otro lado del galpón en el cual estaban apoyados en que Andrea sin darse cuenta y en forma impulsiva se agarró fuertemente a la andrajosa vestimenta del viejo negro con pelos canosamente motudos debido al profundo miedo que la invadió al ya creer ver que en cualquier momento se aparecían nuevamente los maleantes para llevársela lejos.

El viejo al notar la reacción de la atractiva mujer supo que este era el mejor momento para hacerla caer por lo que en el acto se dio a seguir confundiéndola.

–Ves lo que te digo?, el estar aquí afuera y en la noche no es seguro, lo mejor que podemos hacer es ir y meternos al interior de mi casita, así podrás estar segura…

–Q… Que… que fue eso…!?, -le preguntó en forma más que alterada y apegando su exuberante anatomía al ajado cuerpo del negro vagabundo.

–Fueron balazos mijita, pero no te preocupes… conmigo estarás protegida, vamos ricura que aquí afuera no es seguro, metámonos adentro de mi casita, es humilde pero tiene calor de hogar. –El harapiento vagabundo ni se la pensó para aprovechar este momento y pasar un brazo por detrás de su espalda para luego posar su ansiosa mano negra en la remarcada y esponjosa cadera de la asustada mujer en señal de protección, aquel momento para el marchito mendigo fue sublime.

–Es que…! es que…! Aay…!! no lo sé…!!, oiga señor y habrán matado a alguien!?, -la rubia le hablaba ahora mas apegada a él y no importándole que el mendigo ahora aparte de mantenerla bien agarrada desde su cintura con su otra mano se daba a nuevamente manosearle las piernas de la misma forma como si estuviese haciéndole cariño.

El negro pordiosero a sabiendas que en su excéntrico barrio no eran de los trigos muy limpios se aprovechó de todo lo que estaba sucediendo y se dio a magnificar todo eso con el único afán de querer asustarla más todavía.

–Lo más seguro es que así es mi washa, aquí hay mucho tráfico de drogas duras, ajustes de cuentas, y sé que en uno de los galpones hacen películas pornográficas con esos tipos que andan enmascarados, muchas veces he visto como han dejado a mujeres desnudas y que en sus tetas llevan puesta una cadena con anillos en los pezones para después dejarlas atadas a altos maderos mientras las azotan y las graban… y eso no es todo… en los años que llevo viviendo aquí he visto eso y muchas cosas más, por eso creo que lo más conveniente es que nos vayamos a acostar adentro de mi casucha ya que si esos tipos se llegan a dar cuenta de tu presencia no lo dudarán para llevarte con ellos… así que ya no seas tontita, si yo no te haré nadita…, -le decía sin dejar de sobajearle sus piernas.

La rubia se quedó aterrada con las terribles y perversas historias que le contaba el pordiosero, mientras se imaginaba que a ella siniestros y desequilibrados hombres la crucificaban al medio de un sombrío bosque en donde también le anillaban las tetas para después grabarla y pegarle.

El negro viejo quien se daba cuenta en el estado en que la tenia continuó con sus acaloradas insistencias, pensaba que en cualquier momento la rubia se rendiría.

–Vamos cosita, tú no querrás que todas esas cosas malas te ocurran a ti verdad, es solo entrar a mi casucha y ya estarás segura.

–Ay no lo sé… tengo mucho miedo, p… pero… pero es que yo no soy de ese tipo de mujeres…!, y si nos fuéramos a otro sitio más seguro, pero que no tengamos que estar encerrados…!?.

–Vamos… no creo que seas capaz de pasar toda la noche aquí afuera, además que si te vas para el lado de las fábricas a estas horas ya sabes lo que te ocurrirá… te juro que yo no te haré nada… solo metámonos adentro y déjame tocarte, así ganas tú y yo toco…, jijiji.

Otra fuerte balacera que la muy aterrada Andrea sintió más de cerca que la anterior la hicieron comenzar a pensar más seriamente la enajenante propuesta que le estaban haciendo, hasta que siempre mirando en dirección de donde le parecían venir lo balazos se dio a hablarle al ardoroso y feliz vagabundo.

–Es que… es que… no sé… me jura que solo me tocará y que no me hará nada indebido…

–Lo juro…!, solo tocaré un tantito y luego te puedes dar vuelta y dormir para tu lado y yo para el mío…, -en el momento el que ya impaciente viejo dio por aceptada su propuesta descaradamente la tomó de la mano y se puso de pie para llevársela hacia su deprimente vivienda, Andrea también se levantó junto con el sin soltarle la mano para no sentirse sola debido a lo muy asustada que estaba al ya creer ver aparecer entre medio de la oscuridad a esa horda de delincuentes que se andaban agarrando a balazos, pero aun así intentó seguir dilatando el momento de meterse en la casucha.

–Espere…! espere…!, esto es muy difícil para mí…, -se daba a decirle siempre mirando hacia la negrura de la noche, solo la débil lumbre del brasero que ya estaba que se apagaba los acompañaba, –Mire entiéndame por favor, a mi me complica mucho entrar a su casa aunque no vayamos a hacer nada, que le parece si primero nos conocemos un poco para que la situación no me sea tan chocante…, -le propuso como si eso fuese a restarle peligrosidad al tremendo error que estaba a punto de cometer.

–Bien… yo me llamo Tobías, y tu cómo te llamas?, -le contesto el viejo vagabundo quien a la misma vez se la fue llevando tomada de la mano hacia su pocilga.

–Me llamo Andrea…!, -le contestó la rubia estúpidamente a la misma vez que pensaba en la identidad del vejete ya que este le había revelado su nombre, -Asi que este viejo indigente se llama Tobías, -meditaba para sus adentros.

–Andrea?, bonito nombre… pero ya nos conocemos, ahora entremos al interior de mi casucha, jijiji…

–Espereee…!, que hace señor Tobías…!?, -le consultaba la asustada y nerviosa mujer mientras veía como el viejo pordiosero ahora se agachaba para tomar el nylon que la hacía de puerta para luego levantarlo. En el momento en que lo hizo una gran cantidad de perros y gatos gigantes salieron desde el interior de su estrafalaria y pobre vivienda, como si todos ellos fuesen buenos amigos.

–Tu querías que nos conociéramos y ya nos conocimos, ahora yo me dedicaré a tocar tu cuerpo de putita blanca, o quieres que te deje aquí afuera por toda la noche para que esos maleantes que deambulan por aquí te encuentren y hagan con tu cuerpo todo tipo de cochinadas?.

Y una vez que el ahora ya mas confianzudo mendigo tuvo a la asustada Andrea a un lado de su miserable pocilga se dio a casi obligar a que la rubia se agachara para que se introdujera al interior de esta.

–Por favor señor Tobías… mire yo entraré a su casa pero luego de que Usted me toque un ratito solo dormiremos, le parece…?, -le dijo Andrea antes de agacharse para meterse al interior de la pocilga.

–Por supuesto que así será Andreíta, jiji, como crees…

–Y una cosa más…!, -le dijo la atractiva hembra a la misma vez que se mordía por un lado su labio inferior…

–Pus solo dímelo cosita, que ahí le veremos…, -el viejo ya estaba casi desesperado, pero sabía que tenía que aguantarse hasta ya tenerla metida adentro.

–Mire… si Usted se porta bien conmigo y me respeta puede que me quede en su casita hasta el jueves, así podrá tocarme las veces que quiera, pero con la condición de que para ese día me vaya a dejar a la plazoleta en la que nos conocimos hace un rato…

Al pordiosero casi se le reventaron los testículos con semejante solicitud que le hacia la hembra, aunque no entendía mucho eso de respetarla pero a la misma vez manosearla tenía claro que la moción que le ofrecían era de lo mas tentadora. Pero es que la situación de la hembra era tan extrema que ni ella misma era consciente de las incoherentes propuestas que le hacía al negro indigente, así que el vagabundo sin querer tampoco ponerse a pensar mucho en el asunto de inmediato le dio su aceptación,

–Acepto rubia… hasta el jueves entonces y en la plazoleta, jijiji, -le contestó encantado.

–Me lo jura…?, -le consultaba la rubia mirándolo con sus intensos ojos de color verde turquesa.

–Te lo juro ricura… ahora agáchate y entra de una buena vez, mira que ya me está dando frío, -el vagabundo lo que menos sentía en aquellos mágicos momentos era frio, y al contrario de ello era una escalofriante calentura la que lo estaba comenzando a envolver cuando con sus ojos casi salidos de sus orbitas vio que la hembra que se había conseguido se comenzaba a agachar para luego lentamente verla gatear y perderse hacia el interior de sus humildes aposentos.

El negro viejo mientras que su corazón le zapateaba a la misma velocidad en que cogen los conejos, y una vez en que también estuvo ya agachado con unas perversas miradas y sonrisas de calentura se dio a otear en diferentes direcciones para cerciorarse de que todo andaba bien, sería una ardiente noche se dijo para luego de haberse metido a su mugriento cubil y volver a mirar para todos lados bajar el nylon que cumplía la función de puerta y terminar afirmándolo en el suelo con un fierro oxidado que manejaba apoyado al muro.

Un minuto antes mientras Andrea se iba agachando aun no se la podía creer de lo que estaba a punto de realizar, nunca en su vida imaginó que llegaría a caer tan bajo a como lo estaba haciendo ahora, su conciencia le martilleaba diciéndole una y otra vez que no lo hiciera, si estaba a punto de encerrarse en la miserable pocilga de un desvalido y harapiento vagabundo que lo conocía de hace menos de tres horas.

Estando ya agachada y a sabiendas que casi ya no tenía más opción debido al infierno que se vivía en el exterior se animó y gateó hacia el interior del pulguiento cubículo que era igual a internarse en un misterioso hoyo negro del cual solo hace menos de un minuto había visto salir una gran cantidad de gatos gordos y peludos acompañados de perros de distintos tamaños.

La asustada hembra estando ya arrodillada en la oscuridad y al interior de la casucha del negro Tobías se tuvo que llevar rápidamente una de sus manos a la boca y a la nariz ya que casi se puso a vomitar de repulsión debido a la pesada y tremenda hediondez que casi le dañaron sus pulmones al momento de respirar, el hedor a orina, a caca, a cuerpo humano sin asear los cuales se combinaban con las pestilencias que dejaron los animales ahí encerrados se impregnaban y lo invadían todo.

El viejo pordiosero estando ya encerrado junto con ella rápidamente se puso a escarbar entre sus porquerías para luego encender dos velas que con su misma cera derretida las posó cada una en unos tarros que usaba para tal efecto.

La rubia poco a poco se fue calmando a la misma vez que intentaba controlar su respiración para poder soportar la fetidez imperante, y una vez que notó que si podía soportarlo por fin pudo mirar el interior de la casucha en la cual la tenían metida quedando nuevamente sorprendida por lo que sus ojos veían.

Vio que en el interior de la inmunda y rectangular pocilga de madera no había nada más que una buena cantidad de húmedos y mugrosos sacos desparramados en distintas partes, algunas rotosas frazadas y todo tipo de trapos que seguramente eran los que usaba el viejo por las noches para soportar el frio, concluyendo que esos eran todos sus enseres, además de comprobar que la deplorable y hedionda morada no debía medir más que 1 metro y 30 centímetros de altura, por un poco mas de 2 metros de largo x 1.50 de ancho.

–Bien… ahorita que ya estamos más en confianza acuéstate dulzura mira que debes estar cansadita, -le dijo de pronto el ansioso vagabundo que su respiración ya era algo dificultosa debido a su excitación.

–No… no lo creo señor Tobías, así como estoy me siento muy cómoda…, -la rubia inocentemente pensaba que a estas alturas aun podía seguir siendo ella la que lo estaba controlando todo, pero iba a ser el mismo vagabundo quien le demostraría lo contrario.

–No seas tontita y que no te de vergüenza… solo recuéstate ya verás que estarás muy cómoda, jijiji, -el mas que caliente pordiosero ya no le importaba nada lo único que deseaba era tenerla encuerada lo antes posible, por lo que ya no medía sus hormonales impulsos, –Pero antes quítate esta chaquetita que quiero mirar todas esas cositas que escondes debajo de ella,

–Noooo…! señor Tobías que haceee!?, -Ohhh… este negro se está aprovechando, en ningún momento quedamos en que me sacaría mi chaqueta, pensaba Andrea en forma más que escandalizada a la misma vez que sus blancas manitas luchaban con las negras manos del pordiosero quien ya habiéndole desabrochado el cinturón ahora quería hacer los mismo con los botones.

–Jijiji… solo te estoy semi encuerando, vamos si no te haré nada solo quiero verte, luego te puedes cubrir con mis cobijas…, -el negro Tobías con entusiasmo caía en cuenta que su ardiente labor había sido exitosa y ya teniéndola con su chaqueta totalmente desabrochada con sus dos manos negras se la retiró de una y hacia abajo por la parte de sus hombros deslizándola por sus brazos para terminar dejándola solamente con sus minúsculos calzoncitos blancos y con sus sostenes que eran del mismo color.

–Nooo… no lo hagaaa…!!!, exclamó Andrea cuando se sintió semidesnuda al interior de aquella pocilga a la misma vez que en forma casi automática se llevó las manos a sus senos en señal de pudor, la pobre estaba roja como un tomate.

–Wowwww…!!!, vaya tetotas mamacita…!!! Como no me las habías enseñado antes putaaa…!!!!, y que chiquititos tus calzoncitos… eres… eres una verdadera preciosidad, por algo esos cabrones te querían coger desgraciadaaa…!!!, -le vociferaba el entusiasmado vagabundo con sus ojos salidos para afuera de sus orbitas.

–Noooo…!!!, por favor no me mire…!!! no me toqueee…!!!, -le suplicaba la hembra al sentir las mugrientas manos del vagabundo sobarla por los muslos a la misma vez que las subía hasta sus caderas para luego repetir la enajenante operación.

–Si te voy a tocar ricura, y te voy a tocar todo lo que yo quiera… ese es nuestro trato…, jijiji…

Andrea en el acto se propuso a defender su cuerpo de aquellos lujuriosos toqueteos a la vez que decidía que por nada del mundo le iba a dar cabida a ese asqueroso adefesio para que este llegara ni siquiera a pensar en la posibilidad de llegar a concretar con ella, pero lamentablemente fue en ese mismo momento en que la pareja que estaba encerrada en aquel pequeño espacio escuchó que afuera los perros comenzaban a ladrar fuertemente de la misma forma en que lo hacen cuando se sienten amenazados por algo o por alguien.

La hembra quien agudizó sus oídos escuchó claramente las voces de varios hombres que se acercaban hablando y a risotada limpia, situación que hizo que en forma automática se le olvidaran sus anteriores decisiones y para que casi en un acto genuinamente reflejo nuevamente buscara protección en la destartalada figura del pordiosero posando su casi desnudo y deslumbrante cuerpo detrás de él a la misma vez que con sus brazos se aferrara a sus andrajos, ya que a fin de cuentas él era el hombre en aquellas circunstancias y ella era la mujer, por lo tanto la sabia naturaleza le hacían buscar seguridad en la persona del macho no importándole cual fuese su apariencia y condición social.

El viejo y astuto vagabundo en el acto puso cara desafiante como si el fuese el jovencito de la película que ahí se estaba rodando para luego hacerle señal de silencio con su negro dedo puesto en sus gruesos labios para a posterior de eso decirle,

–Tranquilita dulzura que aquí estoy yo para protegerte y pase lo que pase yo te defenderé, ahora tu calladita y ni te muevas hasta que ya haya pasado todo.

El salido viejo se mataba de la risa por dentro ya que sabía que los que iban pasando eran los mismos viejos vagabundos igual que él y que pasaban todas las noches para ir a refugiarse a sus respectivas casuchas que estaban hacia el interior del basural, mientras sentía como la mujer lo apretaba y tiritaba de miedo apoyando su cabeza en los harapos de su espalda.

Pero Andrea estaba que se moría de pavor ya que las risotadas y voces cada vez eran más fuertes, escuchaba que los hombres que iban pasando el 90% de sus palabras eran soeces y leperadas del más grueso calibre en donde casi todas ellas hacían referencia al cuerpo femenino desde la cintura para abajo, hasta que con alivio notaba que estas ahora se iban alejando.

–Ya se fueron cosita, puedes estar tranquila y suerte que no te pusiste a gritar o a chillar mira que lo más seguro era que a mí me mataban y a ti te llevaban lejos para hacerte miles de cosas malas.

–G… gra… gracias por protegerme… yo… yo…

–De nada lindura… conmigo estarás segura… vamos ahora tiéndete y déjame tocarte como te habías comprometido hace un rato…, -el negro pordiosero sentía como toda la extensión de su verga se tensaba y pulsaba por debajo de sus harapos ahora más que antes ya que la situación de estar prácticamente timando a aquella potente y antojable mujer lo calentaban hasta la locura.

Andrea inexplicablemente sentía un enorme sentimiento de gratitud hacia la piojenta persona del pordiosero, pensaba que lo mejor que le podía haber ocurrido en aquella siniestra ciudadela abandonada había sido conocerlo, y ya hasta sentía que ella de alguna forma debía recompensarlo con los enajenantes requerimientos que este le hacía debido a que ahora ya eran casi tres veces que este la salvaba contando que al tenerla adentro de su cochina porqueriza ella también lo contaba como medida de protección, total serían solo unos simples toqueteos, pensaba nuevamente, además que él por muy harapiento que fuese era también muy valiente ya que el mismo le había dicho que pasara lo pasara la defendería, así que por esas sencillas razones su deber de mujer era tenderse y dejarse que él la tocara.

–Ok… ok… me dejaré que toque mi cuerpo, pero por favor solo toque por encima, nada de meter las manos por debajo de acuerdo?, -le dijo no muy convencida, ya que su estado anímico aun estaba en shock debido al miedo que había sentido recientemente.

–Vale… y tranquilita ricura si yo lo único que quiero es que a ti no te pase nada malo, además que lo único que haré será sobar tu blanco cuerpo suavecito con mis negras y peladas manos de pordiosero…

La rubia lentamente y a la luz de las velas comenzó a mover sus femeninas y escandalosas curvas para ir lentamente poniéndose de espaldas ante la ardiente mirada del negro vagabundo quien con toda la calentura acumulada de años sin estar con una hembra como ella solo se daba a morbosear y a babear ante aquella voluptuosa y curvilínea anatomía ejerciendo movimientos de acostamiento pre coital hasta que por fin la vio quedarse puesta de espaldas sobre sus pulguientos y mugrientos trapos que él tenía por cobijas.

Una vez que la hembra ya estaba a la espera de que el pordiosero comenzara a manosearla, este mismo rápidamente se tendió de costado y a un lado de ella, diciéndose a el mismo y en su mente, -Aun no me la creo que tengo a esta yegüita blanca adentro de mi casucha y que en pocos minutos ya me la estaré culeando, jijiji la pobre ni se imagina toda la carne negra que se comerá por su ajustada concha rosácea.

Andrea nerviosa como estaba igual se sentía podrida por dentro ya que a pesar de todos sus sentimientos encontrados también estaba consciente que por cada momento que pasaba su situación prácticamente iba en picada, sin embargo aun tenía algo de fe en que ella podría frenar al viejo y negro pordiosero si es que este intentaba propasarse con ella, hasta que al estar en estos sórdidos planteamientos sintió unos leves roces de las grasientas manos del negro vagabundo raspándola en una de sus piernas.

Los lijosos roces que le estaban practicando y que en un principio comenzaron en sus muslos en forma gradual se fueron transformando en desesperadas y rasposas fricciones que alternaban entre un muslo y otro dejando huellas de mugre en cada uno de ellos, la hembra por su parte al llevar sus ojos verdes al ajado rostro del negro Tobías lo vio a este con cara de ser un verdadero desquiciado mental mirando sus piernas a la misma vez que se las manoseaba pesadamente hacía sonar las pieles de sus manos y de los suaves muslos de ella ante las acaloradas fricciones en que la estaba sometiendo.

Por su parte el viejo pordiosero estaba totalmente ajeno a las estupideces que pensaba la hembra el solo estaba concentrado en continuar el ardoroso magreo que le estaba dando a las poderosas y doradas piernotas de Andrea, pero no se contentó con solo tocar aquellas suaves y tersas extremidades, ya que viendo en la pasividad en que se encontraba la mujer con un verdadero trabajo de joyería se posesiono con unos de sus negros dedos en la parte media de ese hipnotizante triangulito de tela blanca y almidonada que casi lo tenían sin aire en los pulmones, su respiración ya era agitada y dificultosa, como también le temblaban todos los pellejos del cuerpo por debajo de sus andrajosas vestimentas, su negra vergota que la mantenía bien parada ya estaba adquiriendo una rigidez nunca antes sentida, si ya hasta casi le dolía de lo tan empinada y tiesa que la tenía, en eso fue que sintió la manita de Andrea posada en la negra mano de él con claras intenciones de hacer que la retirara.

Un momento antes Andrea con todo su cuerpo tensado debido a lo enajenante de todo aquello solo lo dejaba ya que el viejo hasta el momento solo se daba a manosear sus muslos con una de sus manos, y con la otra disimuladamente le acariciaba su vientre a la altura de su ombligo, para luego con espanto caer en cuenta que el muy aprovechador vagabundo lentamente había ido corriendo su mano desde uno de sus muslos hasta llegar a su cadera para luego ir corriéndola en forma pausada por su suave vientre y para finalmente comenzar el descenso hasta dejarla posada en su más intima hendidura, -Ohh Diosss… este viejo vagabundo me está tocando la vagina con su negra mano, -pensó en forma escandalizada, y estando en un sinfín de contradicciones por fin se dio a decirle:

–Señor Tobías… por favor no me toque en esa parte, acuérdese que fue lo único que le pedí antes de tenderme…, -le pidió la rubia mirándolo a su azulada cara en la cual solo predominaba la perversión.

–Quedamos en que yo no iba a tocar por debajo, y hasta el momento no lo he hecho así que déjate de reclamar, además recuerda que yo estoy cuidando que no te pase nada malo, -le dijo hipócritamente el sulfurado vagabundo a la misma vez que comenzaba a mover lentamente sus negros dedos como si le estuviera rascando cariñosamente la panocha por sobre la tela blanca en la cual quedaban rastros de piñén dibujados al ritmo de la dedada, a la misma vez que este con sus negros ojos ahora llenos de vida no se cansaban de llenarse de hembra blanca y dorada mientras la recorría de pies a cabeza y centímetro a centímetro.

Andrea muy a su pesar tuvo que admitir que el negro pordiosero tenía razón, ella nunca le había dicho nada a su salvador de no tocar por encima, así que cerrando sus ojos en señal de forzada complacencia se dio nuevamente a dejarlo.

El asqueroso vagabundo estaba que se vomitaba entero encima de aquella loable deidad femenina debido a la tremenda calentura a la cual esta misma lo transportaba, tenía a su completa disposición ese potable cuerpo de mujer para hacerle todo lo que él quisiera, ya que si la muy puta se le ponía difícil solo bastaba con meterle un poco de miedo y esta era capaz de prestarle hasta el culo deducía según los sucesos ocurridos en el transcurso de la tarde.

Por otro lado las raras sensaciones que estaba experimentando Andrea eran difusas y contradictorias, en parte pensaba que don Pricilo se había excedido en este extraño castigo y que era por su culpa que ella estaba en tal situación, otra parte de su mente le decía que estaba mal el hecho de estar dejándose manosear por tan vulgar y harapiento sujeto independiente a la responsabilidad que le caía al ex jardinero de su casa, pero lo más raro de todo era que al estar debatiéndose entre esto y lo otro caía en cuenta que justo en este momento el negro pordiosero prácticamente la estaba masturbando y ella era incapaz de frenarlo al sentirse en deuda con él por haberla salvado de una horda de mal vivientes que se la habían querido violar y muchas cosas más, pero el hombre que se estaba dando tal agasajo con la parte más intima de su persona era tan de baja calaña y poco agraciado físicamente que sus intensos sobajeos no le causaban absolutamente nada situación que la tranquilizaban ya que ahora sí que lo frenaría si es que a ese esperpento le daban ganas de profundizar más en la incursión.

-A esta yegua pura sangre se le nota que quiere que le den caña, la muy viciosa se hace la decentita y no me dice nada porque le estoy masajeando la zorra, esas chichotas están para estar chupeteándolas por toda la noche, voy a hacer que se caliente para que sea ella solita quien me amamante, jijiji, -reía y decidía el negro pordiosero, ajeno a lo que pensaba la rubia.

En tanto Andrea continuaba debatiéndose entre lo bueno y la malo, a estas alturas tenía más que claro que aquel vagabundo de raza negra no la excitaba para nada, además que ella buscaba pensar o imaginar cualquier otra cosa, o concentrarse en lo inmundo que era el vagabundo para abstraerse de lo que le estaban haciendo por miedo a calentarse, e irónicamente fue esta misma situación el detonante para que la atractiva mujer comenzara a lentamente a perderse sin darse cuenta ella misma ya que el solo hecho de pensar de estar dejándose masturbar por un horripilante hombre mucho más viejo que ella al interior de una desastrosa choza hecha de basura y levantada improvisadamente al costado de un hediondo vertedero extrañamente le estaban causando un insólito estado emocional que le ordenaba a que se siguiera dejando hacer, su cuerpo comenzó a sentir esas misteriosas cosquillas que ya había sentido en otras ocasiones pero ahora estas se multiplicaban por mil e iban peligrosamente bajando desde su estómago, pasando por su bajo vientre y que se le iban instalando en la entrada de su tajito que tan exquisitamente estaba siendo sobajeado, su cuerpo empezó a temblar de una desquiciada excitación ya que justo lo que estaba deseando que no sucediera si estaba sucediendo, estas sensaciones no eran nuevas para ella pero si la estaba sintiendo mucho más exquisitas, como ya se dijo, pero aun así entre nerviosa y temblorosa intentaba mostrarse lo más normal posible, por nada del mundo le daría a demostrar a ese harapiento sujeto que a ella ya le estaba comenzando a gustar estar metida en su pulguienta y minúscula casucha deseando que le siguieran haciendo todo tipo de guarrerías.

Al viejo vagabundo ya casi hasta le dolía la mano de tanto sobarle la zorra, ahora estando hincado a un lado del delineado cuerpo de nuestra dorada Diosa y mientras no paraba de pajearla su otra mugrienta mano de pordiosero la fue subiendo en forma temblorosa por su vientre tocando y palpándolo todo, su morbosa mente estaba llena de deseos carnales pero por cada vez que se envalentonaba de que le iba a hacer esto o lo otro, o cuando pensaba en decidirse de una vez por todas meterle su otra mano por debajo de la tela para poder sentir en sus dedos el calor y las humedades que debería tener aquella deliciosa hendidura que estaba sintiendo por encima de la tela el portentoso cuerpo de aquella imponente valkiria de cabellos dorados lo intimidaban.

La hembra por su parte se estaba dejando hacer sin ningún tipo de reclamos, por lo que el pordiosero ya no aguantándose más con su otra mano se dio a empezar a sobar suavemente aquel majestuoso par de globos de carne que estaban apretados por un inmaculado sujetador blanco, aquellas colosales tetas eran las mismas que por tantos años había estado soñando y que ahora por obra de las más extrañas situaciones las tenía solamente para él, fueron unos buenos minutos de suave sobajeo en las partes más sensibles de la ninfa.

Tras todos estos minutos el piojento vagabundo ya no daba más de calentura y cuando por fin vio el hermoso rostro de Andrea quien tenía sus ojos cerrados dándole la nítida impresión de estar sintiendo y gozando la gran sobada que le estaban mandando a su cuerpo aprovechó ese momento de debilidad por parte de la ninfa para que en un rápido y brusco movimiento de manos subirle el sujetador y por fin apoderarse de aquel fenomenal par de tetas que parecían estar hechas de la más suave y duras de las gomas según sentía el pobre infeliz debido a su dureza y tersura, mientras se daba a apretarlas y exprimirlas con desesperación para finalmente y sin pedir su permiso pasar a posar sus partidos labios en uno de sus rosados pezones a la misma vez que comenzaba a darles un más que hambriento y voraz chupeteo en forma acaloradamente alternada que la rubia jamás en su vida había sentido.

Andrea en un principio creyó que el negro viejo solo se dedicaría a sobajearle las tetas por encima de su bracier, y el notar que lo estaba haciendo tan bien para ella que ni siquiera se dio cuenta del momento en que este las había liberado, solo después de sentir los fuertes y algo dolorosos apretones en sus chichotas con estupefacción sintió los gruesos labios partidos del negro pordiosero posarse en una de ellas y como el abusivo negro no se conformaba solo con eso empezó una fuerte succión en cada una de ellas.

La escandalizada hembra desde su posición solo veía su greñoso y motudo pelo canoso cambiarse de una teta a la otra sintiendo una ancha y caliente lengua serpenteante que en forma desesperada y rasposa intentaba borrarle los pezones de su piel mamaria, a la misma vez que luego de lengüetear y succionárselas con fuerzas si como de verdad este horrendo ser quisiera lograr sacarle leche de estas, sentir como este le mordía los pezones con sus suaves encías desprovistas de piezas dentales causándole unas ricas cosquillas en estas para luego con estas mismas traspasarle a su cuerpo unas exquisitas oleadas de escalofríos creándole eróticas sensaciones que la recorrían entera.

En un principio esta delirante situación la llevaron a sentirse verdaderamente violada por aquel asqueroso hombre negro que en esos momentos estaba dando su vida en tan excitante tarea succionadora, y cuando lograba verle la cara en el intertanto en que este se cambiaba de una teta a la otra notaba que esta era la de un autentico desesperado, por lo que en un instante tuvo la instintiva reacción de protegerse y sacárselo de encima pero la rica fricción de lengua sumadas a la suavidad de sus encías en sus dos grandes y redondas protuberancias de carne que a base de chorreantes lengüetazos muy a su pesar la estaban haciendo ver las estrellas de las más lejanas galaxias la llevaron a no tener las fuerzas necesarias de negarse a esa vil sesión de lamidas de chichotas que le estaban mandando.

Pasado un rato de lo anterior y estando aun sumidos en ello, sumado a ese extraño estado de excitación al saberse estar siendo casi violada en la oscuridad de la noche y al medio de un basural, llevaron lentamente a la rubia a un delirante estado que ya casi la estaban haciendo perder la razón, quedando demostrado esto por la sencilla razón que la ya casi perdida mujer en forma inconsciente fue elevando sus dos manitas para tomarlo de la cabeza muy delicadamente y siempre con sus ojos cerrados con señales de calentura en su rostro comenzar ella misma a ejercer fuerzas contra sus pechos para que el pordiosero le pusiera más ganas aun a esa inmunda comida de chiches que tan entusiasmadamente le estaba brindando.

Andrea estaba en un enfermizo estado de nerviosismo muy parecido al de la excitación y desde hace un buen rato que ya no estaba pensando en forma sensata, se encontraba perdida en el gran universo de su impetuosa sensualidad, y mientras se daba a solo sentir aquel acuoso magreo en una de las partes más sensibles de su encomiable anatomía también ya se imaginaba en cómo se vería su rubio cuerpo siendo ensartado por la negra verga que debía tener aquel hediondo indigente.

En tanto lo anterior se sucedía en la acalorada conciencia de Andrea, el negro viejo estaba embriagado en el erotizante sabor de las carnes de aquella ninfa ya que después de haberse dado el festín de su vida comiéndole las tetas y notando también como era la misma mujer quien lo animaba a que el siguiera lengüeteando todo lo que quisiera se envalentonó a comenzar a subir por el medio de ellos hasta llegar a su cuello el cual estuvo ensalivándolo por unos buenos minutos, recorriéndolo de lado a lado, subiendo hasta los hoyitos de sus orejas, para luego volver a bajar y pasarse a la otra, finalizando sus salivosos recorridos mandándole un enrojecido chupón que le dejó estampado justo en la mitad de su garganta y por uno de sus costados.

El harapiento sujeto no contento con su obra maestra impresa en el cuello de la perdida mujer y aprovechándose de que ella en todo momento se había mantenido con sus ojos cerrados y con sus rosados labios semi abiertos y respirando por ellos, según sus enrojecidos ojos veían, se dio a nuevamente comenzar a chuparle y meterle su tosca lengua en uno de sus oídos, su aroma a hembra limpia y bien cuidada lo tenían enloquecido y aun no se la creía que ella se estuviera dejando chupetear y manosear como lo estaba haciendo por lo que aprovechó ese mismo momento para darse a despojarla de la diminuta prenda que era lo único que le impedía que en pocos momentos darle a probar a su verga de los encantos íntimos que tan tentadora hembra le tenían reservados.

En esos instantes la rubia quien a veces su conciencia volvía a medias a la realidad se daba a pensar en todo aquello que le estaba ocurriendo, si bien el viejo que estaba gozando con todo lo que ella tenía para ofrecer era de lo mas repulsivo y asqueroso, lo que la prendían hasta la locura y como ya se dijo anteriormente era estar ella, Andrea Rojas ex de Zavala, metida en su rectangular y pulguienta casucha que por las noches el dormía rodeado por una infinidad de perros y gatos callejeros que ahora estaban siendo sustituidos por ella y por su cuerpo casi desnudo, y en los momentos en que de verdad sentía las imperiosa necesidad de empujarlo para ella tomar su escasas prendas de vestir y salir huyendo de aquel inmundo cubículo hecho de palos y de basura esas enfermizas apreciaciones la detenían para seguir comprobando hasta que punto sería capaz de soportarlo, ya ni siquiera era por el temor de lo que podría sucederle si caía en las manos de los delincuentes.

El lujurioso y aun vestido harapiento sujeto, ya que aun no se animaba a empelotarse delante de la rubia para no espantarla con lo que él tenía para mostrarle había ido deslizando su lengua desde su oreja hasta su cara, ahora la lamía como loco en su cutis cambiándose de una mejilla a otra, aprovechando además de repasarle apasionadamente su nariz y también por sus rubias cejas, mojando y lamiéndole toda la cara, hasta que en un momento en que se quedó mirando esos tentadores labios de azúcar estar semi abiertos si como estuviesen esperando ser besados por él se montó sobre el voluptuoso cuerpo de la casi entregada mujer y simplemente se dejó caer con sus gruesos labios partidos uniéndoselos a los de ella.

Andrea sintió el caliente y putrefacto hedor del viejo mendigo negro invadir toda su cavidad oral hasta llegarle a sus pulmones con lo cual aquella asquerosa pestilencia hizo conjunción con su fresco y aromático aliento femenino, lo que la llevaron a abrir sus ojos verdes bien grandes demostrando con esto la real aversión que le causaba semejante ósculo, y cuando ahora sí que pensaba en empujarlo para que este se saliera de encima de ella el mendigo en su ansiedad por probar los encantos que aquella beldad escondía entre medio de sus piernas lo llevaron a que con una de sus negras manos le tomara con rudeza su diminuta prenda interior blanca por un lado de sus ampulosas caderas y de un rápido y fuerte tirón cortárselos y arrancárselos para luego dejarlos caer a un lado de las velas, dejando a Andrea ahora si totalmente desprotegida e indefensa para los ardientes propósitos que él deseaba concretar, el viejo en forma calientemente sobrecogida caía en cuenta que ahora sí que la tenía desnuda y en condiciones para por fin clavársela de una buena vez por todas.

La rubia quien se sintió despojada y desvalida ante el demencial encueramiento en el que se encontraba no opuso ningún tipo de resistencia debido al inmenso estado de miedo mezclado con nerviosismo ya que ahora sí que sabía que aquel inmundo pordiosero no se iba a conformar con solo simples manoseos, mientras sentía como la apestosa lengua del vagabundo buscaba con desesperación a la de ella en el interior de su boca, automáticamente su mente le volvió recordar de lo muy miserable que era el reducido espacio en donde un negro indigente pretendía cogérsela, cayendo nuevamente en cuenta que la miserable choza en que la tenían metida se encontraba en un mugriento emplazamiento en donde se acopiaban todas las inmundicias de la gran capital y que ella ahora era parte de las mismas, por lo que se avergonzó de ella misma, (valga la redundancia), pero extrañamente y maldiciéndose una y otra vez reconocía que esto en lugar de cohibirla y amedrentarla le subían la temperatura aún más, por lo que nuevamente se abandonaba a la espera del siguiente paso que quisiera dar el vagabundo.

Andrea misteriosamente sentía ganas de seguir experimentando esas enajenantes sensaciones de las cuales estaba siendo asaltada, y que a lo mejor ese asqueroso sujeto que la estaba besando en esos momentos de una buena vez por todas se lo hiciera, y no porque le gustara aquel horrendo indigente de raza negra, sino que sus deseos eran nacidos por el verdadero llamado propio de la naturaleza al volver a graficar en su mente la destartalada e inmunda ratonera en que pretendían cogérsela según sus apreciaciones debido a los avances que iba haciendo el negro viejo, con esto la calentura empezó a subirle por cada centímetro de su cuerpo hasta al grado de admitirse a ella misma que también deseaba ponerse a culear al interior de esa cochambrosa y piojenta armazón hecha de palos y de basura, aflojándole con esto todos los tornillos de la escasa cordura que aún le quedaba en su mente dándole el favor a una creciente y descontrolada lujuria nunca antes sentida, a la hembra ahora sí que verdaderamente se le habían pelado los cables.

Andrea con todas esas enajenantes sensaciones en su cuerpo mas el lamentable estado emocional antes descrito y mientras seguía siendo besada forzosamente por el viejo negro Tobías lentamente fue entrecerrando sus ojos y animada ahora por unas nacientes y gratificantes oleadas de escalofríos que estaba sintiendo en todo su cuerpazo, fue ella misma quien buscó la lengua del pordiosero con la suya, a la misma vez que con sus níveos brazos fue abrazándolo por la espalda en forma apasionada para entregarse al más ardiente e inter racial beso con lengua que la llevaron a estar en la antesala de una infernal y sexual sesión de apareamiento que ya casi deseaba mandarse con un piojento vagabundo.

Andrea con el negro Tobías se besaban de la misma forma en que lo hacen una pareja de recién enamorados, el viejo mendigo ahora metía toda su asquerosa lengua lo que más que podía dentro de la dulce boquita de la rubia quien al notarlo y producto de la tremenda calentura que le producía ponerse a coger adentro de esa casucha con un indigente no lo dudaba para continuar en aquel delirante besuqueo y enredar casi con desesperación su fresca lengüita con la de él, estas se enredaban una contra la otra, y Andrea estando ya casi asfixiada por los pestilentes hedores bucales del negro mendigo solo emitía unos femeninos y ahogados gemidos que ya parecían ser de placer sobre todo cuando era ella misma quien se dedicaba a recorrer con su lengüita las suaves encías desdentadas del asqueroso indigente.

Por su parte el viejo y negro pordiosero seguía metiéndole lengua intentando traspasar la campanilla de la mujer hasta sus mismas amígdalas, cuantiosas cantidades de babas mezcladas con residuos que se habían desprendido de su lengua se le acumulaban y los traspasaba a la dulce boquita de Andrea quien al sentir aquellas asquerosidades no le quedaba más remedio que ir tragándoselas todas, incluso hasta ya perecían gustarle, a la rubia a quien al principio de aquel repulsivo atracón de bocas tuvo las tremendas ganas de empujar al pordiosero para luego salir huyendo de aquel mal oliente basural, a estas alturas ya casi lo había superado y hasta daba la impresión que ella lo disfrutaba tanto como su indigente pareja que en esos momentos se encontraba en el séptimo cielo.

El negro y viejo Tobías ya estaba casi seguro de que la hembra estaba entregada, así que junto con seguir besándola en forma desesperada y salivosa ahora también se daba a sobarla en distintos puntos de su cuerpo, sobajeos que él iba alternando con sus dos manos entre sus tetas y su dorada panocha, claro que sin meterle ningún dedo todavía ya que ese tipo de penetración la estaba reservando para su verga, pero si sentía que la intensa suavidad de su vientre antes de llegar a sus primeros pelos íntimos y dorados lo tenían al borde del colapso neuronal.

Así que ya estando mucho más caliente y exaltado que antes debido a tan ardiente situación que estaba viviendo con tan soberbia hembra en esos tan soñados momentos nuevamente la tomó por asalto besándola con más calentura que antes, ahora su negra estaca de carne caliente rugía por ser liberada de entre medio de sus harapos y Andrea que ya se la creía sentir a la altura de su estómago en los momentos en que el mendigo se adosaba a su vientre ya no se aguantó más y en un puro e instintivo movimiento hormonal y calenturiento llevó su delicada mano para internarla por entre medio de todos esos tiesos andrajos que el vagabundo usaba por ropa hasta encontrarla y agarrársela.

La rubia volvió de una a la realidad ya que el ardiente grosor del cual ella estaba aferrada en esos momentos la dejó sin aliento, mientras seguía siendo besada por el pordiosero su blanca manita no alcanzaba a circundarla por completo, sabía que solamente era una “C” lo que dibujaban sus dedos, y esta enajenante comprobación lejos de espantarla hicieron que comenzara a tantearla aun entre medio de los harapos.

La hembra sabía que de la forma en que estaba actuando podría terminar en una sola cosa y esta sería con ella ensartada por el vagabundo y por esa gruesa lanza que estaba empuñando, y nuevamente sintiéndose caliente hasta más no poder y a manera de solapar sus puteadas que le nacían de lo más profundo de su acalorada mente recordó que había sido el mismito don Pricilo quien le había dicho: “…y lo mejor que puedes hacer sobre todo por tu bien será que les prestes a ellos todos tus agujeros para poder subsistir de aquí hasta dos días más…”, así que sabiéndose autorizada se dispuso a comenzar a subsistir por dos días seguidos.

Lentamente y en forma de abandono fue recorriendo la verga con su manita sintiéndola y palpándola mientras seguía siendo asquerosamente besada en forma salvaje, la manoseaba desde su base que fue de donde la agarró inicialmente hasta su esponjosa punta que era de la misma forma de un huevo gigante, la rubia por más que recorría aquella gruesa manguera de carne comprobaba que esta era enajenadamente larga e interminable, mucho más gruesa y extensa de las tres que ella ya había probado antes, asimismo su vagina se iba encharcando y derritiendo a la misma medida de que ella iba descubriendo y comprobándolo todo, lo que la llevaron a ahora aferrase con sus dos manitas a ese venerable pedazo de carne caliente que en ningún momento la atemorizaron, por lo que se la apretaba una y otra vez sintiéndola y acostumbrándose a ella al mismo tiempo que ahora era ella quien se devoraba los gruesos labios del negro vagabundo para luego de haberla sentido todo lo que ella quiso soltársela para proceder a nuevamente abrazarse en forma impetuosa a la harapienta figura del feliz pordiosero.

Un momento antes el negro quien mientras se entretenía en besarla sintió esas suaves manitas agarrarle la verga, como así mismo experimentó el mayor de los placeres cuando se dio cuenta que la rubia putilla que había logrado meter al interior de su inmundo cuchitril ahora le recorría su gruesa herramienta una y otra vez como si la muy zorrita no se convenciera de sus medidas y dimensiones vergales, y cuando cayó en cuenta que por fin se la liberaba la muy putinga con fuerzas lo agarró y lo empujó hacia ella para hacer más completa la conjunción de cuerpos determinando que había llegado el momento para enseñarle a la rubia lo que en pocos momentos se comería por el coño.

El viejo negro quien no quería separarse de los dulces labios de Andrea de un momento a otro y a regañadientes tuvo que hacerlo ya que él quería probar otras sensaciones en el interior del cuerpo de aquella virtuosa hembra que le había caído desde el cielo.

Una vez separado de ella se quedó montado y enderezado en la cintura de la temblorosa mujer para luego desfachatadamente y sin ninguna gota de pudor subirse sus harapos hasta quitárselos mostrándole a la hembra su deslucido y ajado cuerpo negro el que era totalmente lampiño y que también tenía llamativas ulceras secas y en forma de costras blanquecinas dejando liberado por fin el voraz Kraken africano con el cual pensaba poseer aquel esbelto cuerpo dorado de una Diosa escandinava.

Andrea quien ahora veía con sus propios ojos semejante monstruosidad carnal y de forma peneana cayó en un desesperado estado de enervante incredulidad, esa voluminosa manguera negra que estaba rodeada de un motudo bosque de pelos negros en su base que tenía ante su vista era demencialmente larga y brillosa que hasta caía en lo sobre natural, esta estaba surcada por llamativas y nudosas venas que sobresalían desde la carne de su oscuro tronco y que eran tan gruesas como los dedos de su mano (la de ella).

La rubia veía como esa negra y enorme serpiente se envaraba vibrantemente hacia arriba y pulsaba en forma agitada dejando salir de su punta ríos de líquidos transparentes y aceitosamente pre seminales que la recorrían hasta llegar a sus dos grotescos testículos azulados muy parecidos al de los caballos, su mente en forma neurótica le indicaba que en pocos minutos iba a estar fácilmente comiéndose por su tajo intimo y femenino una negra verga de casi 33 centímetros de largo por lo menos x 8 en grosor, (y el que no me la crea que vea videos porno en categoría inter racial), si bien ella misma la había sentido en sus propias manos y ahora el tenerla en vivo y en directo la hicieron caer en cuenta del porque el asqueroso vagabundo se la mostraba tan desvergonzadamente, la situación era obvia, ahora se la iba a culear.

El negro pordiosero estando ya desnudo en forma desvergonzada se agarró su descomunal miembro rugoso y erecto que era tan oscuro y azulado como el mismísimo petróleo, para luego comenzar a agitarlo descaradamente para que su atractiva compañera de pocilga se lo viera en toda majestuosidad teniendo muy en cuenta que esta era la primera vez que veía una mujer blanca desnuda y por lo que veía y por lo que ese curvilíneo cuerpo le hacía sentir a su verga sabía que esta desbordaba deseos carnales por cada centímetro de sus curvas.

Andrea quien de a poco estaba volviendo a la realidad dejando atrás esas ricas emociones de sensualidad en que había estado envuelta supo que si no hacía algo rápido ese repulsivo estropajo de hombre no iba dudar en intentar meterle su negra y deforme virilidad, pero ese ligero estado de cuerdo razonamiento poco le iba a durar ya que al tener la tranca viril del pordiosero de cerca, y que se la veía tan grande, muy gruesa y bien parada, a lo que se sumaba su fuerte y embriagante olor a verga de macho que era mucho más hediondo y fuerte de los que ella ya había sentido antes producto del casi nulo aseo por parte del mendigo, que estos que olía ahora extrañamente hacían que los latidos de su corazón se le fueran acelerando mucho más de lo normal, como a su misma vez su blanca y dorada vagina nuevamente comenzaba a chorrearse de jugos femeninos.

La perdida hembra no se dio ni cuenta cuando nuevamente ya estaba deseando intentar comprobar si aquella brutal tranca de carne negra le cabría entera al interior de su cuerpo, incluso hasta se preguntaba si realmente sería capaz de aparearse con el negro vagabundo, pero cuando sus ojos nuevamente daban con ese enorme y pesado miembro masculino que por su porte y dimensiones ahora apuntaba directamente y en forma diagonal hacia su cara, determinó que si el pordiosero lograba meterle por su tajo aquella grotesca y bizarra protuberancia de carne negra esta fácilmente le llegaría hasta un poco mas debajo de las tetas haciendo con esto que sus alocadas ganas de empalarse con semejante monstruosidad se le fueran a la mismísima verga debido al terror que esto le causaba ya que si el negro lograba embutírselo entero lo más seguro sería que le causaría serios daños en sus órganos internos.

Estos sórdidos planteamientos ya casi tenían enloquecida a la pobre Andrea, y lo más extraño de todo era que a pesar de todas sus acertadas tribulaciones su dorada panocha le hormigueaba en forma desquiciante que la hacían pensar en tal vez intentar dejarse hacer, total si no le cabía entera sería el mismo negro quien se aburriría y la dejaría tranquila, para luego volver a arrepentirse de sus desquiciantes y desnaturalizadas zorrerías que ni ella misma se explicaba cómo era que estas se le ocurrían, pero el poder de la verga negra y larga que tenía antes sus ojos superó todas aquellas aflicciones ya que en un acto totalmente de abandono lujurioso fue ella mismita quien en forma inconsciente e irresponsable para su propia integridad dio su autorización para que prácticamente la destrozaran.

El negro pordiosero por su parte creyó morir de amor cuando vio que la bella mujer rubia después de haber estado mirándole y comiéndole la verga con cara de puta necesitada según él había apreciado, como fue ella misma y solita quien se fue abriendo piernas para luego recogerlas y exponerse para la irrupción de su oscuro ariete tal cual como él lo había profetizado en los momentos antes de que entraran a su mugrienta casucha, y más enloquecido aun quedó cuando a sus oídos llegaba la imperativa solicitud que aquella blanca criatura le hacía:

–Señor Tobías… creo que yo también quiero que Usted me haga eso que quería hacerme cuando recién me trajo en su carretón…!!!, -le solicitó Andrea desvergonzadamente con sus ojos semi cerrados producto de la espeluznante calentura de la cual estaba siendo presa, ya ni siquiera le importaba lo que aquel negro y robusto cañón pudiera romperle en el momento en que este se internase al interior de su cuerpo.

El viejo pordiosero se sentía en el mejor de los sueños del cual no quería despertar jamás, era la misma rubia quien le estaba pidiendo que le metiera su hedionda y grotesca verga desaseada, pero al tenerla ahora totalmente entregada y exhibiéndose en total y descarada magnificencia no pudo evitar llevar sus ojos totalmente abiertos y ardiendo en deseos a su rosada y atrayente hendidura de mujer blanca la cual expelía un hechizante aroma que lo llamaban a que antes del aunamiento corporal la probase.

El pordiosero ya dejando a un lado aquellas turbadoras sensaciones que le causaba el estar en aquellas condiciones con semejante pedazo de mujeron, se dijo que ya era hora de probar el sabor de una autentica zorra blanca, por lo que le dio conocimiento,

–Claro que si zorrita…, jijiji, vez que no era tan malo venir a meterte a mi casita!?, pero antes voy a probarte los jugos que te salen de la concha, será la primera vez que lengüeteo una panocha rubia como la tuya, y una vez que me canse y cuando ya estés tan caliente como una yegua en temporada de apareamiento te perforaré tu blanca zorra de putita de alta alcurnia con mi negra y asquerosa verga vagabunda, jijiji, ya verás que te va a encantar cuando te tenga trabada con ella.

El viejo negro del señor Tobías con nerviosidad se ubicó justo al medio de los completamente abiertos muslos de Andrea para luego con sus dos negras y partidas manos posarlas cada una en la parte baja de estos, entre su cadera y donde estos se doblaban, y a continuación con cada uno de sus dos pulgares proceder a abrir los rosados labios vaginales de la rubia para así poder echar una rápida mirada antes de lamerle su atrayente rajadura rosadita que estaba segregando una no menor cantidad de fluidos en aquellos momentos, mientras que nuestra muy alterada ninfa se daba a pensar y pensar del estado en que se encontraba al estar siendo inspeccionada tan íntimamente por un viejo vagabundo negro que casi recién había conocido y que para rematarla era ella misma quien le había solicitado que le metiera su gigantesca herramienta viril y caballuna que este se gastaba.

La muy excitada Andrea se encontraba con su mente totalmente perdida y nublada, y a pesar de todas sus morbosas contradicciones en donde el tamaño de la vergota del vagabundo llevaba el estandarte en lo que se refería a sus salidas emociones en las cuales estaba sumida, igual se daba a pensar de lo extraño que era eso de que el vagabundo en cada momento en que se dedicaba a mandarle soeces bombardeos de peladeces este se esforzaba en remarcar sus diferencias de origen como si esto realmente lo excitaran, y en el fondo de su mente reconocía que por lo menos a ella también la tenían verdaderamente hirviendo de calentura, lo cual quedaba evidenciado con su bella carita de finas facciones completamente mojada de transpiración, así lo demostraban varias gotitas de sudor que ahora la adornaban, además que sus sensuales labios rosados ahora habían adquirido un exquisito color rojo como las frambuesas y los mantenía semi abiertos mientras respiraba agitadamente por ellos, tanto por el miedo como por la excitación, hasta que otra vez y sin aguantarse mas era ella quien le demandaba al pordiosero a que de una buena vez por toda la atendiera, y ahora lo hacía de la misma forma en que lo había estado haciendo el pordiosero:

–Señor Tobías…! p… por f… favor p… páseme su n… ne… negra l… len… lengua por mi b… blanca v… vaginaaaa…!!, ya casi no me aguanto…!! lo deseo tantooo…!!!, -con solo decir ella misma semejante barbaridad desde su zorrita salió expulsado una buena cantidad de fluidos femeninos que fueron advertidos por el negro mendigo.

Dicho y hecho, el vagabundo después de haber mirado todo lo que quiso hacia los íntimos interiores vaginales de la rubia, en donde también estudio en forma sobre cogida ese atractivo monte de Venus apenas sombreado por áureos y escasos pelitos encrespados, y que además no paraba de chorrear líquidos vaginales ni se la pensó para enterrar su gruesa nariz en la dorada pelvis de la Andrea para luego de aspirar aquel adictivo aroma vaginalmente femenino hasta embriagarse en el, al instante comenzó a lengüetearla y devorársela en forma casi animal y hambrienta, respirando y absorbiendo por los notorios hoyos de sus fosas nasales todo ese fuerte aroma a hembra que seguía expeliendo ese atrayente tajo de carne que se estaba zampando como a su misma vez se iba bebiendo todos los ácidos y dulces jugos femeninos que este le iba soltando.

–Asi…! Asiiii…! señor Tobiasss…!!, métame su puntiaguda y caliente lengua más para adentroooo…!!!, -le solicitó de pronto la hembra con sus ojos verdes semi cerrados puestos fijamente en los palos del techo de la mugrienta casucha, y con excitada convicción.

Mientras el caliente y negro vagabundo disfrutaba comiéndose aquella atrayente panocha blanca sorbiendo todo lo que salía de ella como a su misma vez inconscientemente y por las ganas que este le ponía a semejante ágape vaginal también le estaba sacando todo el aire que había al interior de su bajo vientre causándole a la rubia electrizantes sensaciones que la llevaron a comenzar a moverse al mismo ritmo en que le comían la concha.

La pobre estaba tan caliente y desesperada que inconscientemente había agarrado uno de los mugrientos sacos pasados a orina y se daba a morderlo y a chuparlo intentando con esto redimir sus bramidos de calentura.

–Ohh…! Ohhh…! Señor To… Tobiasss…!! Diosss…!! Diosssss…!!! Esto… esto… es muy ri… ricoooooo…!!! Mmmmm…!!! Ahhhhh…!!!

El enardecido pordiosero viendo la caliente porrista que tenía abierta de patas y haciéndole barra a grito limpio comenzó a chupar y a lamer cada vez más fuerte y más profundo introduciendo su lengua lo más adentro que podía, al mismo ritmo en que se lo solicitaban.

–Mmmmffffsss…!!! Sigaaa…!!! chupemelaaaa…!!! Diossss…!!! Diosssss…!!! Que ricoooo…!!! Me va a mandar cortadaaaa…!!! Me va a mandar cortadaaaaa…!!!, Ohhhh…!!! Ohhhhh…!!!! Me corrrooooooo!!!!, -le gritaba y repetía Andrea una y otra vez al mismo tiempo que sufría un arrebatador orgasmo, por lo que el señor Tobías ardientemente entusiasmado se concentró en profundizar con su lengua rápidamente y hasta lo más recóndito que podía al interior de la mojada panocha que se estaba sirviendo y que no cesaba de soltarle chorros de caldos íntimos y calientes, mientras que la rubia Andrea orgasmeandose como una posesa tensaba todo su cuerpo a la misma vez que se abría de muslos todo lo que podía.

En aquellos delirantes momentos su cara demostraba todo lo que podía estar sintiendo ya que sus temblorosos labios ahora los tenía separados y se los dibujada con sus deditos que inconscientemente había llevado a ellos, mientras que sus ojos se le iban para arriba una y otra vez por cada arrebato de escalofríos que sentía mientras se producía una y otra vez el sexual enervamiento de sus sentidos.

El negro pordiosero que estaba preso de una infinidad de sensaciones tan lascivas como carnales lentamente se fue separando de la encharcada panocha que se acababa de devorar, su desdentada bocota abierta la tenia bañada y chorreante de los líquidos que le había regalado esa rubia de ensueño a quien veía tirada entre sus pulguientos sacos harapientos y que aun estaba siendo atacada por los últimos tiritones de cuerpo, así que aprovechando el estado en que la tenía se dio a proponerle.

–Quieres que te culie mi amor…!?

Andrea que para nada estaba con sus 5 sentidos bien puestos y perdida en las nebulosas de reciente orgasmo aun así cayó en cuenta que semejante tranca por muy tentadora que se viera debido a su grotesco volumen nunca le cabría entera, incluso recordó que en las oportunidades en que don Pricilo le había encajado su verga esta le cabía en forma ajustada por lo que imaginaba que si a ese negro indigente se le ocurría la insana intención de aparearse con ella, lo más seguro que ocurriría seria que la reventaría en el intento, y justo cuando le iba a decir que se la había pensado mejor y que la mejor opción era que cada uno se durmiera vuelto para su lado tal como lo habían acordado inicialmente sintió como la lengua del negro nuevamente le violaba su boquita avisándole que por su parte no había mucho que conversar y que se la iba a coger si o si, o al menos eso era lo que entendía la rubia, y qué decir cuándo se subió sobre ella dejándole caer su enorme torpedo de carne sobre su plano vientre, en donde ella con solo comprobar su poderío pensaba que al momento de que se la metieran sencillamente la iban rajar desde la zorra.

–Estás bien caliente y mojada blanquita, ahora sí que vas a disfrutar mucho de una verdadera verga negra y pordiosera cuando te la tenga encajada en tu rubio cuerpecito putita… te voy a coger por todos tus hoyos, jijiji, te los dejaré bien abiertos para que siempre me recuerdes si es que sales viva de las tremendas cachas que te voy a poner por el culo y por la concha, jijiji.

La rubia quien ya había vuelto a medias a la realidad ya no estaba tan convencida como hace un rato de querer intentarlo.

–Por favor señor Tobías no me lo vaya a hacer…!, no me va a caber entera… su cosa… es… es… demencialmente grandeeee…!!!, –Andrea al ya haber disfrutado de un riquísimo orgasmo ahora solo pensando en ella y en forma egoísta pretendía no cumplir con su parte del contrato, y esto por el autentico terror que le causaba el solo imaginar esa gigantesca herramienta abriéndola por su vagina, pensaba que sus carnes no resistirían y que simplemente se la partirían.

–Pero si recientito me lo pediste con la mejor cara de puta que tenías?, -le decía el indigente quien estaba decidido a metérsela bajo cualquier costo.

–Si pero lo he pensado mejor, por favor no me la vaya a meter… me mataría con eso que Usted tiene… me… me la va rajar… y me va a hacer gritar… nos podrían oír esos delincuentes… mejor lo dejamos para otro día…, si?, -le solicitaba y rogaba estúpidamente la asustada hembra intentando con esto hacer entender al ya más que enardecido pordiosero, como ya se dijo sus ganas anteriores casi se le habían esfumado.

–No mamita… recientito te corriste como una autentica cerda y por lo que vi tampoco te hiciste mucho del rogar para que te lengüeteara la concha, así que ahora me toca a mi putingaaa…!!!, de aquí no te vas hasta que no te vayas bien cogida y bien perforada de tus agujeros…!!!

Andrea viéndole la cara de desquiciado con la que le hablaba el negro viejo supo que este no iba a cambiar de parecer y que se la iba a salir culeando por las buenas o por las malas, y ella por su parte lo que menos quería era llamar la atención de los hombres que podrían merodear por el sector, así que encomendándose al señor solo se dio a solicitarle.

–Está bien…! Ok…!, está bien…!, -La rubia para nada estaba convencida de lo que decía, pero no tenia mas alternativa, –Solo le pido que cuando me la este metiendo lo haga con mucho cuidado, y cuando Usted vea que ya no le entra mas por favor deténgase, su miembro es muy grande… y sé que nunca me cabrá…

–Vale rubia…, pero primero cómetela por tu boquita un poco, quiero sentir esos dulces labios de fresa envolverse en mi gruesa tranca caballuna, sabes?, nunca en mi vida una mujer quiso hacerlo conmigo por miedo a que las rompiera por dentro y porque soy extremadamente feo, lo reconozco, jejejeje, tu eres la primera vieja que se me anima a hacerlo por las buenas con este pobre viejo negro y pordiosero, además que vas a ser la primera hembra en mi vida que va a chupármela -en eso el ya mas envalentonado vagabundo la tomó en forma prepotente de sus rubios cabellos para que se pusiera en 4 patas con su cara frente a su alargado y grueso engendro masculino a la vez que mientras la jalaba le decía, –Ponte como las perras y métetela en la boca…!!! Anda… se buenita…!!! Chupalaaa…!!! Chupalaaaa….!!!!

Increíblemente para todos nosotros, pero sobre todo para el ansioso y enardecido viejo indigente, fue que Andrea después de ponerse como le decían ella solita hizo el resto del trabajo ya que al sentirse aliviada por extender el momento de la penetración, y extrañamente sintiéndose también de lo más afortunada por ser ella la primera que disfrutaría bucalmente de ese atractivo y recio falo masculino lleno de nudos, con ansias y desesperación se aferró a este notando asimismo que aquella gruesa verga de color superaba con creces en dimensiones y poderío a las tres que ella había conocido en este último tiempo, rápidamente y como una verdadera desesperada se puso a inspeccionarla y a olerla, aquella intimidatoria tranca de carne masculina a parte de asustarla tambien la tenían tan seducida como embelesada.

Hasta que por fin nuestra curvilínea rubia, siempre puesta en 4 en aquella inmunda y reducida casucha rectangular hecha de palos y de basura, se enfrentó a la punta de la colosal verga negra manteniéndola agarrada con una de sus blancas manitas desde el nacimiento de su tronco.

Mientras se la devoraba con la sensualidad de sus ojos verdes tragando saliva y en forma tan fascinada como determinada se animó para con su otra manita ir estirando el forro de la caliente verga e ir descubriéndola en toda plenitud en donde vio que desde el encorvado glande hacia atrás estaba cubierta por una llamativa y asquerosa nata amarillenta que su fuerte olor a hombre desaseado contradiciendo a todas las normas de la buena higiene y limpieza que siempre habían imperado en ella, salvo en este último tiempo, lejos de espantarla más la atraían y mas la calentaban, y sabiendo también que esa tremenda e inmunda verga de macho era la del valiente pordiosero negro que ya la había defendido tantas veces (otra zorrería de su parte) con una de sus manitas se arregló parte de sus cabellos rubios por detrás de su oreja y lentamente fue sacando su inmaculada y fresca lengüita de mujer millonaria para proceder a ser ella misma quien le iba a practicar su primer y femenino lavado de verga a ese pobre y desvalido indigente que rayaba en lo repugnante.

La bella Andrea antes que nada posó sus rojos labios en el centímetro 15 de aquella descomunal e inflamada tranca negra para luego, y con mucho cuidado, ir recorriéndola hacia el glande retirando con su lengua toda esa pestilente materia amarillenta con su lengüita que la iba haciendo de retroexcavadora para que cuando una vez que llegó al aceitoso glande el cual vomitaba incesantemente copiosas cantidades de tibios moquillos semitransparentes, volver por el otro lado de la verga y proceder a limpiar aquella lactosa inmundicia de la misma forma en que lo había hecho recientemente, y así lo hizo una y otra vez encargándose de retirar toda esa brumosa capa en descomposición que según ella ensuciaba a ese hermoso miembro masculino que ella nuevamente ya se sentía con el deber de atender.

La repasó una y otra vez con sus labios y lengua por todos lados poniendo especial cuidado que esta quedara libre de cualquier tipo de contaminación, en aquellos momentos a la rubia le encantaba ser ella la encargada de tan noble labor sin que nadie la molestara y sin que se lo hayan pedido, así que una vez en que toda su boca ya estuvo completamente rebosante de tan asquerosa sustancia descompuesta que en más de una ocasión le hicieron sentir unas profundas arcadas la rubia pensando solamente y nada más que en ella, hizo de fuerzas corazón y simplemente se la trago toda, sintiendo su sabor tan repulsivo como nutritivo, según paladeaba al borde de los vómitos.

El negro y viejo Tobías quien fue el desnudo y dichoso espectador de la forma tan femenina en que literalmente le habían lavado la verga y después de haberla visto tragar toda esa inmundicia que él había tenido almacenada por años entre el tronco y el forro de su desaseada virilidad, mas gozoso se quedó cuando vio que la hembra fue abriendo lo que más pudo sus rojos labios de caramelo para simplemente atravesársela oralmente logrando ensartarse solamente ¼ de esta, para después comprobar cómo la muy guarrilla empezaba a chupársela con mucho cuidado y en forma concentrada.

La mamada era dificultosa para la rubia ya que por más que intentaba ensartarse en la boca otra porción de carne negra no lo podía lograr, sentía como si de verdad en cualquier momento se le rajarían las comisuras de sus labios, o que simplemente se le dislocarían las mandíbulas, determinando que aquel hinchado y duro miembro era demasiado grande para ella ya que ni siquiera conseguía zamparse en último caso la mitad de este, por lo que se tuvo que conformar solamente con succionar la el negro y brilloso glande y un poco mas de esa monstruosidad, alternando a veces con deliciosas lamidas en el tronco y en los brillosos testículos del afortunado vagabundo mientras este en forma libidinosa le decía:

–Así mamacita…!!! así… por abajo tambiennn!!! es toda tuya…!!! tócala…!!! mámamela así…!!! Aahhh… que ricoooo…!!! te gusta chuparla verdad…!!??

Pero lo que obtuvo por respuesta por parte de Andrea fue que ella estuvo por varios minutos engolosinada solo en la tarea de chuparle, lamerle, succionarle y volver a lengüetearle toda la extensión de su tranca, sin mencionar las grandes cantidades que se tragaba de aquel néctar trasparente y bien salado que se le formaban en sus testículos y que salían por la punta de su alargado y grueso palo de carne que ella tan bien le estaba chupando, el vagabundo en tanto solo se daba al mejor de los festines oculares al estar mirando como aquella Diosa puesta en 4 patas le mamaba la verga tan animadamente, a la misma vez que con una de sus manos negras puesta en los rubios cabellos de la nuca de Andrea se daba a sentir los movimientos de avance y retroceso que ella hacía con la cabeza, mientras que con su otra mano se encargaba de profanar como un desesperado la parte de su espalda, sus caderas, pasaba también por cada una de sus suaves y estilizadas nalgotas poniéndole a estas unos vibrantes palmetazos, luego por su cintura y también por sus dos colgantes y turgentes tetas que se mecían despaciosamente al ritmo de la mamada, el pordiosero lo hacía una y otra vez, estaba en el paraíso.

En la mente de la rubia mientras se daba a tan acalorada y chupadora labor ya se imaginaba a ella siendo taladrada hasta lo más profundo de su interior por esa negra verga de burro que ella mismita se incrustaba en su boca una y otra vez en forma rítmica, mientras que por su boca ya caían gruesos cordones de los líquidos masculinos que se le escapaban y que no alcanzaba a tragarse, como también por sus fuertes y bien formados muslos nuevamente corrían abundantes hilillos de jugos vaginales, fue en eso que el negro pordiosero ya dándose por satisfecho decidió que ya venía siendo la hora en que esa bonita rubia de cuerpo espectacular e inalcanzable pasara a ser cabalmente, y como lo dictan las leyes naturales… su mujer.

–Ya mamacita… ya deja de mamármela sino vas a hacer que me corra en tu boquita de almíbar, y si eso pasa ya no te la voy a poder meter…!!!, -le dijo el vagabundo en el momento que con esfuerzo le tuvo que arrancar su herramienta de sus manitas y de su boca, la rubia había estado tan empecinada en la acción succionadora que en forma instintiva se había negado a separarse oralmente de semejante miembro masculino.

–Ehhh… queeee…?, que pasaaa!?, -iba diciendo la rubia con su boquita de rosas chorreante de líquidos pre seminales que el viejo había expulsado desde su verga en el momento de la mamada, a la misma vez en que el mendigo la iba acostando nuevamente de espaldas en sus inmundos y entierrados sacos, para luego notificarle.

–Ahora si putitaaa…!, ahora sí que te la voy a meter toditita mi wacha buena para chupar la vergaaa…!!, -el viejo le decía todo esto masajeándose la tranca y mirándola con ojos de degenerado, mientras que Andrea tendida de espaldas solo le quedaba seguir escuchando todas las peladeces que le estaban vociferando, –Te voy a coger rubiaaa…!!, te voy a pegar una tremenda culeada…!! Será la cacha de tu vidaaa…!!!, jajaja…!!!, te la voy a estar metiendo hasta romper tu blanca y aristocrática panocha a vergazo limpioooo…!!!, y más te vale que no te pongas a gritar cuando te la abra mira que si te escuchan vendrán por ti y te pondrán a culear con cuanto vato se cruce por tu camino, jajaja…!!!, así que cierra tus ojitos y resiste la negra verga que te voy a embutir por tu blanca zorraaa…!!!, ya que te la tendrás que comer enteraaa…!!! jajaja…!!!

La rubia con semejantes y crudas aclaraciones cayó en un total estado de conmoción, por lo que nuevamente volviendo a la realidad se dio a comenzar a suplicar misericordia,

–Por favor señor Tobiasss…!, me… va a hacer daño cuando me lo hagaaa…!!, m… me… me va a matar con su herramientaaa…!! la tiene exageradamente grandeee…!! y yo… yo… nunca me he comido nada de ese tamañooo…!!, por favorcitooo…!! no sea malo conmigo… solo durmamos…!!, y si quiere mañana puedo estar chupándosela por todo el día si así lo desea, si!?, -le decía y proponía una muy atemorizada Andrea ya que temía que si el viejo lograba encajársela entera lo más seguro era que ella terminaría en la morgue pública con cero signos vitales y clasificada como NN para luego ser sepultada en alguna fosa común de algún humilde cementerio, ya que la pobre recordaba que ni siquiera pudo tomar su documentación en el momento en que don Pricilo la había sacado de su casa.

El negro vagabundo no haciéndole caso a sus ruegos y estúpidas propuestas como pudo se fue montando sobre su cuerpo, y la muy salida y caliente de Andrea contradiciendo a todo lo que sus labios estaban pronunciando nuevamente era ella solita quien se iba abriendo de piernas a la misma vez que se preparaba sicológicamente para la brutal y apremiante irrupción que se avecinaba inminentemente.

El azulado y traspirado pordiosero quien se encontraba en un enajenado estado de calentura como pudo se acomodo sobre ella y se mojó la punta de la verga con saliva para luego ponerla a la entrada intima de la mujer, hasta que sin muchos miramientos y sin darle previo aviso le mandó un fuerte empujón que salió resbalado en dirección al vientre de la hembra.

Andrea con alivio caía en cuenta que el indigente había fallado en su osadía y que tal vez este se convencería que no iba a poder lograr sus enajenadas intenciones, pero el viejo notando que la rosada raya de aquella vagina se notaba tan chiquitita en comparación al cabezón glande que el poseía en su armatoste vergal acertadamente supo que no sería una tarea muy fácil de concretar, pero viendo que aquella apretada entrada hacia el placer le pertenecía a una mujer hecha y derecha que se gastaba un tremendo y curvilíneo cuerpo hecho para la procreación y el apareamiento, y estando ahora un poco más calmado se propuso a volver al ataque, posó nuevamente su afiebrado y duro glande que era tan grande como un puño humano justo al medio de aquella tierna hendidura femenina que a simple vista daba la impresión que jamás albergaría a su considerable miembro fálico, para luego de eso comenzar a presionar y horadar sobre ella con su mano puesta en el grosor de la verga justo detrás del glande, pero aquella cerrada entrada si bien se lograba abrir un poco esta se negaba a abrazarlo por entero.

Andrea sentía dolorosamente en sus carnes vaginales como el vagabundo presionaba, empujaba y volvía a presionar su grueso y descomunal armamento intentando embutir la punta de este al interior de su entrada intima, pero el viejo por más que lo intentaba no lo lograba, este mismo viendo la cantidad de liquidos que botaba su verga aprovechaba para moverla por toda la extensión del tajito de carne intentando lubricarlo para que este cediera.

Los minutos pasaban y el vagabundo no cejaba de sus afiebradas intenciones, Andrea miraba la operación en forma expectante con rosáceas tonalidades en su cara. Su jugosa almejita ya estaba comenzando a sentir sensaciones cosquilleantes por cada arponazo que recibía del vergal invasor que no renunciaba en su afiebrado cometido, y ella a estas alturas ya casi deseaba que ese grotesco tronco de carne se deslizara hacia su interior.

Mientras que la rubia estaba ya casi entregada a la escalofriante situación en que había caído con el pordiosero este mismo seguía presionando con su mano y con su verga una y otra vez ya que quería sentir su tranca al interior de ese precioso cuerpo dorado que era sinónimo de perfección, el indigente empujó otra vez con su verga intentando adentrarse a las intimidades del cuerpo de la rubia, empujón que milagrosamente hizo que la gruesa punta de su verga abrieran triunfalmente los labios vaginales adentrándose con todo el glande al interior de la vagina, estaba claro y la suerte ya estaba echada, Andrea se estaba comenzando a comer la negra manguera de carne que poseía el suertudo y negro indigente.

La reacción de la bien formada y bella amazona de cabellos dorados fue en forma refleja en el momento que sintió la irrupción de la verga, ya que de un momento a otro desaparecieron todas las ricas sensaciones y cosquillas que ella había estado sintiendo, y debido a que el dolor de la distención fue tan lacerante para ella que con horror imaginó lo que iba a sentir al momento en que el negro pordiosero siguiera metiéndosela, pero sus pensamientos fueron tardíos porque justo en ese momento el aprovechador vagabundo empujó hacia adelante con fuerzas descomunales para su condición de desvalido hasta clavar 1/4 de su verga adentro del dorado cuerpo de Andrea, quien solo atinó a cerrar fuertemente sus ojos cuando sintió que su vagina ahora si se abría brutalmente formándosele un gran embolo de carnes vaginales con el que abrazaba y recibía apretadamente a la descomunal verga de burro que le habían metido sin ni siquiera avisarle, quedándose totalmente estática y ahogando ella misma el fuerte grito de dolor que en un principio en forma involuntaria quiso pegar, por su parte el asqueroso vagabundo sentía como su gruesa anaconda acostumbrada siempre a estar en las podridas vestimentas que tenia por hábitat ahora estaba comenzando a nadar por las cristalinas aguas de un mar deliciosamente idílico que poseía la rubia al interior de vagina.

En aquellos afiebrados momentos ambos cuerpos temblaban, el de la rubia por el inmenso dolor que sentía en las carnes de su vagina, y el negro temblaba debido a las fuerzas que hacía para adentrase aun más en ella, hasta que Andrea una vez que se pudo calmar a medias tomó un poco de aire para solicitarle:

–Nooooo…!!, por favor señor Tobías…!! saquelaaa… no me la metaaaa…!!! por favooor…!!!! No la podré aguantar todaaaa…!!!!, –

–Siiii blanquitaaaa…!! te la voy a meteeer todaaaaa!!!…, si ya te entró la punta significa que demás te la puedes comer completa… es solo que debo hacer un poco de espacio para que te la puedas tragar como yo quiero… así que quietecita porque aún falta mucho… jajajaja!!!!. –le decía el enajenado negro al estar sintiendo en su glande y un poco mas las ricas tibiezas y placeres que le prometía el interior de aquella vagina a su verga.

–Nooo…! Noooo…! por favooor…!!! No podre tragármela todaaa…!!!,-Andrea forzadamente tuvo que llevar sus blancas manitas a los negros pellejos del vagabundo ya que este ahora se había acomodado montándose sobre su cuerpo, y por más que la rubia se movía y pataleaba para que la verga se saliera de su abierta hendidura esta mas parecía atorarse en ella.

–Tranquilita zorrita solo tienes que aguantar… ya verás que una vez que la tengas completamente adentro y te acostumbres a ella te harás adicta a las vergotas grandes y negras como la mía, jijiji…, -le dijo a la misma vez que le mandaba otro empujón y como también comenzaba a lengüetearle la cara aprovechándose que en la posición en que estaban así se lo permitía.

–Noooo… jamás la podré aguantar… por favor no empuje que me va a reventarrrr…!!!, -le imploraba una y otra vez casi al borde del llanto.

Andrea a quien ahora no le importaba que el negro indigente la estuviera lamiendo solo se daba a sentir como este ya le comenzaba a dar pequeños empujones estando ella de espaldas y con sus brillosos muslos recogidos y abiertos en su totalidad, le acababan de mater más de 10 centímetros de ancha verga, y ella la aguantaba lo mejor que podía, aun le faltaban por recibir por lo menos otros 20 y quizás un poco mas según le indicaba su exaltada mente, sentía un profundo dolor en su interior, su femenina estrechez había frenado la total entrada de la animalesca tranca vergal del negro vagabundo.

Pero el indigente no se iba a dar por vencido así como así, y al saberse encajado a medias y aun ejerciendo presión de adentramiento con su descomunal miembro, tras concentrarse y envalentonarse al ver el prodigio de mujer que tenia trabada a su verga arremetió con otro solido empujón con el cual pudo exitosamente encajarle hacia adentro otros 10 centímetros de verga lográndole arrancar en el silencio de la noche un fuerte bramido de hembra recién ensartada que retumbó entre medio de todos los arruinados edificios y por las 4 esquinas de aquel horrendo complejo industrial abandonado convertido en basural.

–Ahhhh…Ahhhhhh…Ayyyyyyyyyyyyyyy…!!!!!!, -fue el feroz bramido que emito Andrea tal cual como ya fue descrito anteriormente.

–Cállate zorraaa…!!!, y acepta mi negra verga al interior de tu blanca conchaaaa…!!!, jajajaja…!!!, -bufaba el negro indigente con sus ojos salidos de sus orbitas al saberse sumido en tan fantástico cuerpo. Por su parte la recién ensartada y dolorida Andrea seguía reclamando con cara de espanto

–Ayyyyyyy que me mataaaa…!!! por favor no empujeeee…!!! aahhhh…!!! que me está matandoooo…!!! aahhh…!!! saquelaaa…!!! saquelaaaa…!!!

Pero el negro no se la sacó solamente se concentraba en las ricas sensaciones que le otorgaba su verga al estar sintiendo como aquella ajustada funda de carne se contraía una y otra vez apretándole lo que había alcanzado a meter de su enervado y grueso falo masculino, hasta que cuando calculó que la rubia ya se estaba acostumbrando al dolor decidió volver otra vez a la carga, pero ahora aparte de empujar hacia adelante también se movía frenéticamente formando círculos adentro de ella, claramente el muy aprovechador pero a la misma vez afortunado negro estaba buscando hacer lugar para dejársela ir toda, tal como le había dicho hace un rato que lo haría, la adolorida ninfa que por su cara corrían sin cesar hilillos de lagrimas sentía como el negro golpeaba la ancha cabeza de su verga en las finas paredes de su estrecha vagina.

Andrea aun se mantenía inmóvil y aguantándola toda, mientras el vagabundo poco a poco comenzaba a ganar terreno, ya que el poderoso cuerpo de la rubia extrañamente comenzaba a aceptar a su bestial invasor, el negro gradualmente y haciendo esfuerzos iba metiendo milímetro por milímetro su enorme verga, aunque para la quejumbrosa ninfa parecía que esa descomunal herramienta masculina no iba a acabar de entrar nunca al interior de ella y menos que esta entraría en su totalidad, ya que por cada milimetro que la penetraba le causaban un inmenso dolor que le daban la sensación que en cualquier momento su vientre reventaría al ser este incapaz de albergar en su interior semejante cantidad de carne negra y caliente.

–Qué rica y apretada estás cabrona, -le dijo de pronto el negro con voz aguardentosa.

–Por favor…!, ya no sigaaaa…!, me duele muchoooo…!!, métala hasta ahí no mas, ya no cabe massss…!!!, le suplicaba desde su posición, ambos rostros estaba uno frente al otro, el vagabundo desde arriba le contestaba:

–Tranquilita guarrilla, y aguanta que ahora sí que te voy a enseñar lo que es bueno, jijiji, vas a ver lo bien que te la vas a pasar cogiendo con un negro viejo vagabundo, -le decía mientras le mostraba sus rosadas encías muy cerca del bello rostro bañado en lagrimas de la rubia, a la misma vez que comenzaba meterle y a sacarle los 20 centímetros de verga que hasta el momento había logrado ensartarle, además de introducirle su hedionda lengua en su fresca boquita en donde en forma más que aprovechada su apestosa y abundante saliva se la iba introduciendo en su boca, mientras que Andrea no podía hacer otra cosa que ir tragándosela toda.

El negro Tobías mientras más se la metía, mas quejidos le sacaba de su garganta, pero Andrea no se movía, solo se mantenía totalmente abierta de patas y con todos sus músculos totalmente tensos por la verga que tenía moviéndose adentro de ella, notando con mucho dolor los movimientos de penetración y de apareamiento en que se esforzaba el negro vagabundo metiéndole por su vagina el inmenso trasatlántico negro que se gastaba, el caliente pordiosero ahora aserruchaba con mas fuerzas, le clavaba hasta un poco más de la mitad de su verga ensartándola sin piedad, los gemidos del dolor que emitía Andrea rápidamente se transformaron en quejidos de aguante, la hembra abría su boquita en gritos ahogados por cada embestida que recibía a sabiendas que se la estaban culiando firme conforme pasaban los minutos.

Pero las suaves y placenteras fricciones que hacía la negra verga del pordiosero en los rosados labios íntimos de la rubia por cada vez que se los abrían para meterle carne estaban causando estragos en el sistema neuronal de la ninfa, ya que ella ahora notaba claramente las diferencias vergales de sus anteriores violadores y sabia que esta las superaba a todas ellas juntas, por lo que su acalorada mente le aclaraba que ella como mujer perfectamente se la podía con vergotas de cualquier tamaño, pensamientos que poco a poco comenzaron a elevarle la temperatura, situación que la llevaron a envalentonarse y ponerse a gemir y a bufar para hacerle saber al vagabundo que ella ya había comenzado a disfrutar, o sea, Andrea otra vez ya estaba caliente.

–Ahhhhhh… Ohhhhh… señor Tobiasss…!!! Su v… vergaaaa…!!!!, -le dijo con sus ojos entrecerrados y ya prácticamente abandonada a la lujuria.

–Te gustaaa… te gusta que mi negra verga podioseraaa!!??, -le contestó el indigente quien seguía haciendo movimientos ondulatorios y de adentramiento intentando de una buena vez metérsela por completa, ya que la rubia hasta este momento solo había logrado comerse 20 centímetros, aun faltaban más de 10 que tragarse.

–Es… es… t… tan grandeeee…! T… tan grandeeeeee…!!, -le decía al mismo tiempo que comenzaba a débilmente a menear sus caderas al mismo vaivén en que se lo estaban haciendo.

–Eso putita…! así…!! así…!! te dije que te iba a gustar…!! Aaaahhhhh…!!! tomaa…!!! tomaaa…!!!, -el negro pordiosero estaba en la gloria al haber notado que aquella tremenda mujer de rasgos germánicos ya estaba caliente y aceptaba el acto del coito junto a él.

–Así…!! así…!!! metamelaaa!!! Métamela todaa…!!! Todaaa…!!! Aaahhhhh…!!!, -le pidió descaradamente la rubia y totalmente fuera de control no importándole lo que pudiera pasar con ella si es que el negro llegaba a ensartársela completa, lo único que ella quería en esos momentos era moverse al mismo ritmo en que se la encajaban.

El viejo pordiosero ahora la culeaba como desesperado ya que nunca en su vida habría imaginado tener en su casucha a una mujer totalmente desnuda y cogiéndosela tal como él lo estaba haciendo y menos que ella misma fuese quien lo estuviera animando a seguir tirándosela tal como lo seguía haciendo Andrea, a la misma vez que ella ya estaba culeando en toda ley, con su cuerpo moviéndolo exquisitamente abajo del macho en forma instintivamente reproductora.

–Ohhhhh… Ahhhhh… Ahhhhhh… c… cr… creooo q… que… me la p… puedo c… con su v… ver… vergaaaa… m… me… meta… métamela e… en… enteraaaa…!!!!, -le pidió en forma enajenante la rubia perdiendo total estado de compostura, por lo que el negro redobló las fuerzas de sus acalorados embates.

La tremenda cacha que le estaban poniendo a la rubia estaba resultando tan gratificante para ella que en un momento dado y ya no aguantándose mas las tremendas ganas de apareamiento que le habían bajado que fue ella misma quien tomando la iniciativa volteó al vagabundo para que este quedara de espaldas tirado en los harapos con su tieso aparato bamboleándose hacia todos lados al haberse salido del tajo femenino cuando su compañera hiso el brusco movimiento de cuerpos, y una vez que ella nuevamente ya estuvo montada sobre él le tomó la hiniesta verga con una de sus manitas para intentar metérsela ella misma, pero la cosa del negro era tan inmensamente grande que la hembra tuvo que ponerse en cuclillas para luego de ya estar en esa posición y con la verga nuevamente apuntando hacia su entrada vaginal lentamente comenzó a sentarse sobre ella penetrándosela despaciosamente en la concha.

A la rubia no le importaba nada, solo quería ser penetrada por ese largo mástil de ébano caliente que ella solita se estaba ensartando, sintiendo como aquel grueso trozo de carne entraba en su cuerpo, cada milímetro de este aumentaba tanto en dolor como en placer, incluso le parecía que este nunca le iba a entrar en forma completa, pero fue en el momento en que la ya muy sudada rubia se detuvo al creer imposible la tarea en que fue tomada por sorpresa por su casual protector, el negro vagabundo enderezándose como pudo se sentó para quedar en iguales condiciones que ella y pasando sus negras manos por la espalda se afianzó a ella firmemente de sus suaves hombros para luego de ya estar listo y dispuesto empujarla con brutalidad hacia abajo obligándola en un santiamén a comerse por la zorra toda la extensión de su grueso y oscuro miembro, la rubia se la había tragado completa.

Andrea pegó otro fuerte bramido entre dolor y placer, al mismo tiempo que llevó su vista hacia el cercano techo de palo cuando sintió los grandes testículos del negro chocar con sus nalgas, por lo que se tuvo que quedar por un rato en un doloroso estado de éxtasis y aferrada con sus delineados brazos al cuerpo de su ocasional amante, comprendiendo y asimilando que se acababa de comer por la concha los 33 centímetros de verga que ella le había calculado.

Hasta que la rubia sabiéndose bien trabada por el vagabundo y al ver a este como se dejaba caer hacia atrás comprendió que a pesar del dolor que estaba sintiendo en su abierta vagina ya no le quedaba otra cosa más que comenzar a moverse, así que lentamente empezó como pudo una serie de arrítmicos movimientos copulatorios que en forma gradual iban dando paso a una fenomenal galopada sobre la demencial verga que le habían metido.

La muy traspirada hembra de a ratos se detenía y se dejaba caer sobre el ajado cuerpo del negro para poder tomar algo de aire, momentos que el ahora feliz indigente aprovechaba para darle besos con lengua que ella correspondía con apasionamiento, no porque le gustase besar a aquel despojo de persona, sino porque la calentaban todo lo prohibido que ello encerraba al estar ella culeando al interior de la inmunda casucha hecha de basura, y mas subía su excitación al saber estar comiéndose por la zorra una descomunal verga negra, hedionda e indigente.

Los minutos pasaban y la rubia lo seguía cabalgando en forma vigorosa, mientras el pordiosero le lamía las tetas, de ratos este mismo la tomaba de la cara con ambas manos negras para atraerla hacia él y volvía a meter su lengua en su boca la cual era muy bien recibida por la de Andrea, ambos cogían, se culiaban y se besaban al ritmo de sus sexuales movimientos que ahora hacían instintivamente para cada cual sentir más rico de lo que sentían, el apareamiento que se estaban pegando era tan tremendo que daba la impresión que eran dos criaturas que se esforzaban y empecinaban en preservar y mantener la supervivencia de su especie a través de la procreación, incluso habían momentos en que la embravecida y caliente hembra detenía sus movimientos copulatorios haciendo que toda la verga del macho se saliera de ella, para luego volver a ubicársela en su entrada intima y dejarse caer sobre ella con fuerzas y cuando ya la tenía atravesada entera movía su cuerpo hacia los lados y ondulatoriamente como si ella se estuviera asegurando de que le hubiese entrado entera.

En el exterior del inmundo cubículo solo se escuchaba el ruido de cuerpos chocando uno contra el otro, que se entremezclaban con solapados gemidos de placer de hembra siendo penetrada una y otra vez.

De pronto el negro vagabundo se alzó tomándola y dándose vuelta con ella poniéndola nuevamente acostada de espaldas sobre los andrajos que tenía por cobijas para después echarse otra vez sobre ella todo esto manteniéndola siempre trabada a su grotesca herramienta para empezar una furiosa y acelerada cogida metiéndole la verga hasta lo más profundo de su ser.

Andrea sentía que toda la pulguienta casucha le daba vueltas por su cabeza mientras también esta extrañamente crujía ante aquel acalorado temporal de sexo desenfrenado.

La rubia ahora solo se mantenía abierta de patas dejándose que le metieran una y otra vez los más de 30 centímetros carne caliente, hasta que en un momento en que perdiendo el total sentido de la razón se puso a gritar vuelta loca por la excitación y a pedirle al indigente negro que no parara de cogérsela ya que estaba siendo tomada por una bestial oleada de orgasmos que se le venían uno después de otro:

–Asiiii…!!, asiiiii…!!, empuje hasta el fondoooo…!!!, yo me la puedo con su vergaaaa…!!!, si que me la puedoooo…!!! démela todaaaaa…!!!, asiiii…!!!!, asiiiiiii…!!!!, Ohhhh…!!!! Diossss…!!!! Diossssss…!!!!!, me estoy corriendoooooo…!!!!!

–To…maaa…!!!!, to…maaaa…!!!!, -le gritaba el vagabundo como un verdadero poseído en el momento en que se dejaba caer sobre ella entrecortando sus palabras con cada feroz apuntalamiento de carne que le propinaba.

–Ahhh…!!! Ahhhhh…!!! Ahhhhhhh…!!!! Ric… ri… ricoooooo…!!!!

La brutal cogida estaba siendo interminable y Andrea no paraba de correrse y gritar de puro placer a la misma vez que jadeaba como una loca debajo del cuerpo del concentrado negro que no paraba de ensartarla con furiosos enviones haciendo creer a la rubia que en cualquier momento le sacaría su verga por la boca.

El caliente pordiosero estrujaba con ansias el portentoso cuerpo de su hembra que de a ratos esta no llegaba a tener contacto con los harapos que la hacían de colchón ya que al estar siendo sujetada desde las nalgas por el negro quedaba suspendida con todas sus curvas en el aire y apoyada al suelo solamente con sus hombros manteniéndose ensartada y moviéndole frenéticamente la zorra con aquel poderoso tronco de carne bien metido en lo más profundo de su ser y que le empalaban sin consideraciones.

Hasta que el negro Tobías sintió que de un momento a otro procedería a fertilizar con su caliente simiente aquel dorado cuerpo de Diosa que se estaba cogiendo con su negra y bien parada verga de caballo.

–Ahhh…!! putitaaa…!!! falta pocooo…!!!, te llenare de leche calienteeee…!!! eres mia putingaaaa…!!! tu blanca concha remilgada quedará rebalsada de mis negros mocos de pordiosero…!!! Argghhhh…!!! los quieresss putaaaa…!!??

–Siiiiiii…!! Yo soy suyaaa…!!! soy su putaaa…!!! Aaahhh…!!! Y quiero sus negros mocos de pordiosero muy al interior de mi blanca concha remilgada…!!! Ahhhhh… que recioooo…!!! Ohhhh…!!! que brutoooo…!!! Ahhhhhh…!!! que salvajeeee…!!! Ooohhhh…!!!

–Ohhhhh putaaaa…!!! que buena eres para cogerrrr…!!! me voy a venir mamacita…!!!! te los voy a echar adentro putita…!!!! Aaaahhhh…!!!! te voy a preñar con mis mocos cositaaaa…!!!!, en poco tiempo mas deberás llevar en tu blanco y rubio cuerpo a mi hijo negroooo… lo quieresssss…!!!???

–Siiiiiiiiiiiiiiiiiii…!!!!! Ohhhh que ricoooooo…!!!!! Preñemeee…!!!!! Preñemeeee…!!!!! que yo le daré todos los negritos que Usted quiera echarme adentro de mi cuerpo blanco y rubiooooo…!!! Ohhhh Diossss…!!! Diossssss…!!!! Que Ricoooooo…!!!! Que ricoooooooooo…!!!!!, -bufaba la excitada Andrea en la cúspide del más grande de los orgasmos que había sentido hasta este mismo día.

En ese mismo momento el negro viejo Tobías enterándose por la misma rubia de que ella estaba dispuesta a engendrar el hijo de ambos según se lo había gritado lujuriosamente empuñó sus manos en los dorados cabellos de Andrea aferrándose a ellos en un acto netamente de bestial apasionamiento, mientras que la rubia quien seguía chorreando líquidos al mismo compas en que la perforaban experimentaba que los empellones que ahora le mandaban eran cada vez más firmes y más profundos, hasta que con su nórdica carita con claras señales de ardiente regocijo sexual sintió una torrencial y furiosa inyección de líquidos calientes dentro de su panocha, cayendo en cuenta de lo obvio, el vagabundo que la había salvado hace unas cuantas horas atrás estaba eyaculando al interior de su vagina, y ni siquiera eso sino que al mismo lado de su útero, o quizás hasta cerca de sus pulmones debido a lo larga que este tenía la verga, según estaba sintiendo.

–Arghhhhhhhh…!!!! que bien que te estoy preñando blanca desgraciadaaaa…!!!!! Argggggggghhhhhh…!!!!! tu zorra sabe a dioses…!!!!! -le notificaba el negro a medida que la iba llenando de su espeso semen pordiosero por cada expulsión que disparaba con su manguera de carne negra y africana muy al interior del dorado y caucásico cuerpo de Andrea.

Ya había pasado todo, habían culiado de lo lindo, y el viejo vagabundo aun se mantenía acostado sobre el todo traspirado y semi inconsciente cuerpo de la rubia, todavía dándole los últimos golpes de verga, y una vez en que ya estuvo seguro de que su tranca no tenía nada más para echarle adentro de su vientre simplemente se la desclavó.

En el momento en que la rubia sintió que le extraían aquel soberbio taladro de carne negra con el cuan la habían estado perforando como pudo estiro su manita hacia sus destrozados calzones blancos que estaban al lado de uno de los tarros en que estaba las velas, y una vez que los pudo tomar casi al instante procedió a otra vez abrirse completamente de muslos en donde con su destrozada ropa interior comenzó a limpiarse su vagina de los restos de semen que habían corrido hacia afuera en el momento del desclavamiento de verga.

Hasta verla en esas condiciones al viejo lo calentaba la rubia, en su vida había visto a una mujer en tan enajenantes operaciones limpiadoras y menos una de tan curvilínea categoría*, pero casi sufre otra eyaculación cuando su hembra le dijo:

–Señor Tobías me dieron ganas de hacer pis… me podría indicar donde hay un baño?, -la hembra se lo pedía casi en forma desvergonzada con sus dos manitas puestas en su vagina y toda mojada por la sudoración producto del cansancio y el desgaste corporal en que había quedado después de la categórica cacha que se habían mandado.

–Pus aquí no hay baño mami, y si sales para afuera te van a pillar los maleantes y te llevaran con ellos, o acaso no lo recuerdas?, -le contestó el eufórico vagabundo intentando ser de lo mas caballeroso con esa hembra de ensueño que estaba que se meaba según él veía, ya que la ninfa hacía sugerentes movimientos de aguante entre cruzando sus piernotas y a veces echando sus caderas hacia atrás.

–Pero y que puedo hacer… si estoy que me hago…!!!

–Pus hazlo aquí mami, jijiji… -el viejo rápidamente apagó una de las velas y le ofreció uno de los tarros que la habían hecho de soporte para la lumbre.

–Ay no… como cree… yo no puedo…

Otra vez la suerte le sonreía la viejo, ya que sus perros nuevamente ladraban afuera lo que acallaron de una a la rubia con sus explicaciones a la misma vez que producto de los nervios las tremendas ganas de mear se le acentuaron.

–Ya te lo dije werita, o meas aquí en mi tarro o sales para afuera, jijiji.

Andrea quien estuvo atenta hasta que los perros dejaron de ladrar supo que si no hacía algo rápido alguna desgracia fisiológica le iba a ocurrir, y como ya no tenía que porque tenerle tanta vergüenza al vagabundo después de lo habían hecho juntos se puso rápidamente de rodillas ante él con el oxidado tarro entre sus manitas para luego solicitarle:

–Por favor… mire para otro lado…,

El vagabundo totalmente embriagado por la lujuria de todo lo que le estaba ocurriendo rápidamente se giró para un lado, en ese mismo momento Andrea que ya no se aguantaba más ubicó el tarro justo al frente de ella, ya que en el reducido rectángulo de madera no había espacio para muchos movimientos, al mismo tiempo de ubicarse acuclillada y con sus muslos bien abiertos hacia los lados y casi en línea para no mancharse, después semi inclinó su dorso para delante para finalmente cerrar sus ojos y soltar un fuerte chorro de un áureo liquido que salía de su apetitosa vagina la cual misteriosamente había vuelto a sus medidas originales.

Estando nuestra fabulosa hembra meando feliz de la vida casi se derritió de bochorno y vergüenza al caer en cuenta que en el momento de haber iniciado aquel escandaloso ritual poco decoroso para una mujer como ella el negro indigente se había dado vuelta como un desesperado clavando sus enrojecidos y bien abiertos ojos solo a centímetros de su zorra mientras se meaba.

–Noooo… no me mireeee…!!!, -le gritó la hembra en forma escandalizada.

–Jijiji…tu solo mea zorrita… como se te ocurre que yo me iba a perder este estupendo espectáculo que me estás dando!?, -el salido pordiosero miraba embelesado y saboreándose como aquel dorado liquido salía de ese precioso escondite de carne vaginal apenas sombreado por escasos y encrespados pelitos dorados que poseía la rubia en ella, y que también él había usurpado con su manguera.

–Yaaa…! yaa…!! Señor Tobiasss… salgaseee…!!! Dese la vueltaaaa…!!!, -le pedía la abochornada Andrea quien seguía dejando salir sus líquidos ajena a las libidinosas emociones del feliz vagabundo, sintiéndose vejada y humillada ante un morboso hombre indigente que por nada del mundo se perdería aquella legendaria meada que la rubia le estaba otorgando al interior de su casucha.

La casi destruida hembra no supo porque motivos no pudo cerrar sus muslos en el momento en que fue sorprendida por el pordiosero, pero ella no dejó de mear hasta que no le salió la última gota de orina desde su vagina, y una vez de haber terminado se arrojó como pudo a su rincón que le correspondía en aquella miserable pocilga en que estaba metida, y más escandalizada se quedó cuando vio al negro viejo cual niño sediento de su lechita, tomar el tarro con sus dos manos y sin ni siquiera pensársela o hacerle asco llevárselo a sus gruesos labios partidos y comenzar a bebérselo como si estuviese participando en algún tipo de concurso, el vagabundo bebió y bebió hasta la última gota para luego dedicarse a alabarla:

–Uffffff… si que eres deliciosa rubia… y tienes un sabor a mujer más que suculento… Mmmmm…, -le decía el satisfecho indigente una vez que tragó todo lo de Andrea en el momento en que se sacaba el tarro de su bocota que aun chorreaba líquidos amarillos por ambos lados de sus partidos labios, –Como ya te dije… sabes exquisito mamasotaaaa…!!!! En mi vida había saboreado semejante bálsamo como el que me acabas de regalar, con este exquisito brebaje que salió desde el interior de tu cuerpecito me has enseñado cuál es tu verdadera esencia de mujer y me ha encantado, jijiji, te juro que ahora soy capaz hasta de comerte asada a la barbacoa, y que si no lo hago orita mismo es solo porque después no podría volver a cogerte, jijiji, riquísima… eres verdaderamente riquísima lindura. Andrea solo lo miraba desde su rincón con algo de miedo y de asco al mismo tiempo, claro que aun tenía en su cuerpo ciertas sensaciones de deleite que le había regalado la verga de ese salido pordiosero.

Después de estas desequilibradas aclaraciones el apasionado y enamorado vagabundo procedió a apagar la única vela que quedaba encendida para luego acostarse de costado hacia donde estaba puesta su mujer.

Andrea quien había escuchado las ardientes declaraciones que el viejo negro le acababa de decir no podía dejar de pensar en ellas, este le indicaba que sería capaz hasta de comérsela si es que eso se pudiera, y de lo riquísima que estaba ella con sus sabores y todo, no sabía el porqué pero esas enfermas apreciaciones mientras más las pensaba mas la sonrojaban y como que le había comenzado a gustar un poquito que le hubieran dicho todo eso, así que finalmente y a oscuras asumió en el acto su rol de hembra recién fertilizada eventualmente, por lo que en forma casi automática se adosó al oscuro cuerpo de su indigente acompañante, ya que el pordiosero para ella en esos momentos era sinónimo de seguridad, y estando ambos en la más completa oscuridad de aquel basural y al interior de la inmunda casucha hecha de basura se quedaron dormidos desnudos y abrazados ya que eran víctimas del cansancio y el agotamiento corporal tras la tremenda cogidota que ambos se habían mandado.

Andrea se despertó con los primeros rayos del sol de la mañana los cuales se filtraban por distintos lados del rectángulo de madera en que había tenido que pasar la noche. Puso atención que aun estaba completamente desnuda sobre los entierrados sacos del pordiosero notando en el acto que su cuerpo tenia vistosas manchas de mugre que se le habían pegado con los sudores de ambos, estas se desparramaban por sus muslos, su vientre y sus tetas, y por otras partes también, además que su pelo rubio estaba algo tieso y greñoso debido al jugo de sandia y tomates podridos que se le había secado en este desde el día anterior, ni mencionar el semen seco que también sentía en su entrepierna.

En estas lamentables condiciones de higiene la mancillada y contaminada hembra recordaba nítidamente que ambos a parte de haber dormido juntos también habían tenido relaciones sexuales, -O sea que se había apareado con un vagabundo, -se decía en su conciencia además de estar analizando lo rara que era toda esa situación, por nada del mundo quería mirar al vagabundo que aun yacía a un lado de ella, ahora le tenía mucha vergüenza debido a que él le había aclarado que ya le conocía el sabor de su esencia al haberse bebido todo su pis un momento antes de que se durmieran.

En otra oportunidad todo lo que había hecho la rubia solo hace una noche atrás según lo pensaba en esos momentos la habrían escandalizado hasta quizás volverla loca, pero ahora extrañamente se daba cuenta que no se sentía mal para nada, claro que cuando recordaba con más detenimiento la precaria higiene del hombre con el cual ella se había acostado sumado a ciertos detalles del acto sexual volvía a sentir nauseas, y a pesar de lo insólito que era todo aquello y de ser también de lo mas reprobable para una mujer como ella por alguna inexplicable razón no se sentía mal por ello, además que si no hubiese sido por la ayuda que le brindó aquel desmejorado hombre quizás que habría sido de ella, ni mencionar que también la había salvado de la banda de maleantes.

Sin embargo también había una razón aun mucho más poderosa que todas aquellas zorrerías en que estaba pensando la serenada y tranquila hembrota, ella lo sabía, era simplemente que no quería reconocerlo, pero lo que realmente la tenían en tal estado y haciéndose la mensa era el hecho de que el saberse haber sido empalada con una larga y gruesa verga negra y brillosa, tan grotesca como fea y hedionda, pero si muy robusta y masculina, y que su cuerpo la había aguantado entera sin causarle daño alguno, todo esto la hacían sentirse más hembra que nunca, adoraba esa gruesa y larga verga de burro no importándole como o quien fuera su dueño, además que no cualquier mujer se podría tragar por su reducto intimo una monstruosidad vergal como si lo había hecho ella, se decía con orgullo, a la misma vez que su femenino ego estaba subido hasta los cielos por su extraordinaria hazaña cometida.

Todo lo anterior revoloteaba en la mente de la rubia, claro que ella lo solapaba con las puteadas del salvamento, la protección y cuanta patraña se le cruzaba por su cabecita, pero la única verdad era que había quedado prendida a la vergota que le metió el negro vagabundo por la concha, sin mencionar lo mucho que le gustaron las palabras de este cuando le declaró que se sería capaz hasta de comérsela a la barbacoa si es que eso fuera posible, y aunque ella siguiera pensando estupideces en alguna parte de su subconsciente ya estaba deseando volver a probársela, era solo que aun no se daba cuenta de todo esto, pero ya llegaría su momento, tal como se vería en los sucesos venideros.

Andrea tras haber repasado ocularmente el inmundo cubículo rectangular en donde ella se mantenía totalmente desnuda por fin se atrevió a mirar nuevamente al hombre que la salvó el día anterior, y ahí estaba el negro feliz de la vida con una mano puesta en su cabeza y con la otra comiéndose los mocos de sus narices, esto lo hacía en forma pensativa, la hembra a parte de pensar en lo cochino que era al estar comiéndose los mocos, también puso atención que este ya se había vuelto a vestir con sus andrajosas vestimentas.

–Ji…!, veo que ya estas despiertas washa… que tal dormiste!?, -le decía ahora el negro inspeccionando un loro seco que recientito se había sacado de la nariz.

–Ehhhh… bien… y Usted?, -la rubia ahora nuevamente le estaba tomando asco por lo repulsivo de su actuar.

–Dormí como un rey después de la tremenda culeada que nos pegamos, incluso hasta me siento rejuvenecido, y todo gracias a ti… por lo mismo decidí no salir a limosnear, jijiji…

–No salió?, y que se supone que hará en todo el día?, -le consultaba la rubia quien aun no se percataba de estar hablando con aquel hombre de lo mas suelta de cuerpo y toda encuerada.

–Pus a penas te sientas en condiciones me dices y nos podemos poner a coger nuevamente, jiji, tengo que aprovechar de aquí hasta mañana…

–Ahhh… claro mañana…!, pero sabe?, no creo que podamos volver a hacerlo…, -Andrea, a pesar de todo lo rico que sintió después de haber superado los dolores en su vagina en el momento en qué se había tragado semejante monstruo vergal, igual comprendía que todo aquello no estaba bien, a parte del tremendo desgaste emocional y síquico al tener que aceptar copular con un totalmente anti higiénico mendigo según había comprobado, ni mencionar que aun se enervaba de temor al recordar las dimensiones de su instrumento.

–Pero porque no!?, si hasra dormimos abrazaditos y hubieron varias oportunidades en que mientras soñabas me agarrabas la verga y me la acariciabas, jiji…

–Ehhh… no… eso no es verdad…, -y claro, la rubia en el acto recordó haber soñado que ella se agarraba de un robusto palo que nacía de un tronco reseco para no caerse a un precipicio.

–Si, si es verdad, así que no te hagas la pendeja, jiji… así que a penitas me reponga tomare de tu cuerpo todo lo que yo quiera princesa, recuerda que estas bajo mi cuidado hasta mañana…

Andrea notando que no tenía mucho caso seguir discutiendo con el vagabundo con pudor se dio a decirle uno de los reales motivos del porque ella no se sentía en condiciones de darle lo que él quería nuevamente.

–Señor Tobias, mire la verdad de las cosas es que anoche casi me mata con eso que Usted tieneee…, -le contestó sonrojándose y no pudiendo evitar mirarle a la altura de su apéndice intentando adivinar de qué forma estaría acomodada su larga verga negra entre medio de sus harapos.

–Pus si no fue para tanto lindura, sabes? Eres una hembra soberbia, nunca pensé que te lo podrías con mi verga, eres… eres… la mejor puta que me he cogido en mi vida, es por eso que te doy las gracias por haberte dejado culear, jijiji.

–Ehhhh… de nada señor Tobías…, -le contestó nerviosamente, la rubia de pronto cayó en cuenta que estaba totalmente encuerada al lado de un grosero y tiñoso vagabundo que la estaba tratando de puta y que mas encima era ella misma quien le agradecía por habérsela podido con su verga, rematándola con su estúpida respuesta de decirle “de nada”, por lo que rápidamente se propuso a dejarle bien en claro que ya había tenido lo que él quería y que ya no habría más, así que para que se fuera haciendo la idea. –Mire, Usted ya me hizo eso que quería, así que ahora me vestiré y podemos salir a conversar afuerita, y como le dije antes, me dejó un poco adolorida así que no creo que podamos volver a hacerlo… donde esta mi ropa?

–Jijiji, supuse que te ibas a querer ir así que te la escondí, o sea, te tendrás que quedar encuerada aquí adentro de mi pocilga hasta mañana, jiji, no es una maravilla?

–Oiga no sea aprovechador…!, -le contestó con escándalo, –Yo… yo… ya hice mi parte, y Usted obtuvo lo que quería… además… además… que su casucha está muy hedionda, no podría soportar estar aquí encerrada hasta mañana…

–Mmmm… ya veremos eso putita… según cómo te portes, jiji, ahora esperaremos a que se vayan la mayoría de los demás vagos y los delincuentes y veré la posibilidad de que salgas a ventilarte un rato.

Andrea sacaba sus propias conclusiones, a pesar de que el negro y viejo pordiosero también la trataba de puta igual a cómo lo hacía don Pricilo, este no era tan alterado, además que en ningún momento había dado muestras de querer pegarle o maltratarla de alguna otra forma, y ya sin querer mentirse a ella misma tenía que reconocer que se sentía muy bien al aun estar metida en la piojenta casucha del indigente y totalmente encuerada.

La rubia intentando de alguna forma no hacer tan terrible la enajenante vivencia por la que estaba pasando y sumado a que sabía que aún le quedaban más de 24 horas de estar en aquel extraño lugar quiso saber algo más del hombre con el cual había mantenido relaciones sexuales, ella muchas veces había escuchado en la televisión de ciertos millonarios, o exitosos ingenieros, y hasta médicos que por extrañas circunstancias de la vida abandonaban sus familias y todas sus posesiones materiales para irse a vivir de mendigos, tal vez este negro sería un caso de ellos, por lo que se atrevió a preguntarle:

–Señor Tobías… si no le molesta… quisiera saber a qué se dedicaba Usted antes de dedicarse a la vagancia…, -le dijo la rubia en forma totalmente desenvuelta para ver si lograba sacarle información al vagabundo ya que sabía que a estos hombres no les gustaba hablar de su pasado.

–No se de que xuxas me estás hablando werita… jijiji, explícate en castellano por favor que no te estoy entendiendo nada…, -el viejo se puso de lado ya que a él también le interesaba platicar con esa Diosa desnuda que ahora solo se tapaba sus partes intimas con uno de sus pulgosos trapos que el manejaba para secarse sus mocos cuando se masturbaba en sus solitarias noches.

–De su vida, quiero saber de su vida, hábleme de la que fue su familia, en que trabajaba antes, de sus estudios…, -Andrea verdaderamente estaba interesada en saber de la otra vida del pordiosero.

–Jijiji… tu sí que eres weona… yo soy vago de nacimiento por si no te habías dado cuenta… con decirte que desde que tengo uso de razón que vivo en este basural, -mientras le hablaba el viejo ya comenzaba a mirarla con sus encías afiladas. (Podría haber sido colmillos o dientes afilados, pero recordemos que el negro no tenía ni dientes)

–Pero como…!? No entiendo…!!, al menos dígame como se llama…, -le contestó Andrea con un rictus de preocupación en su lindo rostro.

–Pus como ya te dije…, solo me llamo Tobías, soy tan insignificante y miserable que ni siquiera tengo un apellido, jijiji, y si lo tuve alguna vez nunca me di por enterado, jiji.

La bella Andrea se quedó sin habla, o sea que se había apareado con un hombre que ni siquiera tenía un apellido!?.

Estando la sorprendida hembra pensando en eso y en mucho más con respecto a la vida del hombre con el cual se había acostado sintió algo caliente en la altura de sus caderas, si… era algo caliente y acuoso…

–Oiga que es este líquido tibio que siento aquí en los sacos!?. –le consultó ahora dejando de lado sus salidos razonamientos a la misma vez que comprobaba con su manita que lo que corría por su cadera apoyada en el suelo era un líquido algo caliente.

–Ah, si…! es que me estoy meando, -el vagabundo le respondía con sus ojos cerrados y con su desdentada bocota semi abierta en señal de concentración mientras se orinaba a un lado de la asustada hembra.

–Nooo…! no lo hagaaa…! mire que me está mojando todaaa…!!, acaso no tiene baño…???!!!. –le consultaba Andrea mirándolo con cara de asco al caer en cuenta que el indigente simplemente se estaba meando como si eso fuese lo más normal del mundo.

–Pus no lo tengo…!, y si lo tuviese tampoco lo ocuparía, para que ocupar un baño si puedo mearme aquí mismo tal como lo he hecho siempre… tu eres media rara para tus cosas…, -al viejo pordiosero se le había formado una tremenda mancha acuosa en la altura de su verga, la rubia ahora sí que creía estar segura a lo que correspondían las vistosas manchas que ornamentaban los trapos que el viejo usaba como vestimentas.

Andrea al borde del ataque de nervios y asqueada hasta más no poder había visto como el mendigo llegaba y se meaba sin importarle ni siquiera que ella estuviese a su lado, por lo que intentó de alguna forma enseñarle ciertas normas de conducta, o al menos que las tuviera hasta un día mas, lo que hiciera el indigente con su vida después que ella se fuera realmente no le importaban.

–Oiga…!, por favor escúcheme… y no me mal entienda… pero si vamos a estar juntos hasta mañana por lo menos le pido que tenga un poco de decencia… como no va y lo hace de pie allá afuera o donde usted quiera pero no en sus ropas y en el lugar en que duerme…!?.

–Ja…!, déjate de hablar webadas raras, tu estas en mi casa y debes acostumbrarte a mis reglas, jijiji, además que deberías intentarlo, es muy agradable llegar y mearse en el momento y en el lugar de cuando te bajan las ganas, jijiji…, -fue la descarada respuesta que recibió la hembra por parte del incivilizado pordiosero.

–Señor Tobías…!, por favor no sea tan cochino…!!, allá Usted con sus normas, yo soy una mujer civilizada, como se lo ocurre que voy a llegar y hacerme!?, -le contestó en forma más que escandalizada.

Tras superar aquella desquiciada experiencia orinatoria Andrea casi le imploró al vagabundo que le devolviera su ropa ya que el sol estaba haciendo su trabajo en aquel inmundo hábitat basurero levantando hedores casi insoportables para cualquier sistema respiratorio. Por lo cual el viejo temiendo a que la rubia una vez vestida con sus ropas se le escapara de sus dominios solo le ofreció un par de harapos igual a los que usaba él para que se pusiera como vestimenta, a lo cual la rubia en un principio se había negado rotundamente pero al haberse hecho el aire casi insoportable al interior de la casucha no le quedo más opción que ponérselos.

–Jijiji… igual te vez tentadoramente buena con esos trapitos, jijiji, -le alabó el negro viejo cuando vio que su compañera de indigencia ya se había puesto las harapientas vestimentas, su gruesa herramienta ya se movía entre medio de sus andrajos buscando espacio para acomodarse, y es que el soberbio cuerpazo que se gastaba la hermosa y ahora harapienta amazona de cabellos dorados le despertaban miles de sensaciones lujuriosas, claramente el ardiente vagabundo ya estaba más que caliente y no lo dudaría en buscar el mejor momento para volver a clavarle su verga.

Andrea ya estaba de pie y afuera de la casucha llevando puesto por ropa un andrajoso saco papero color café oscuro que le llegaba hasta un poco mas arriba de la mitad de sus dorados muslos, todo entierrado y lleno de manchas de meados y de líquidos secos de basura, obviamente debajo de aquellos harapos no llevaba absolutamente nada, pero era mejor eso que estar aguantando la fetidez que se había formado al interior del pulguiento cubículo, -al menos solo sería hasta mañana se decía intentando conformarse con su desdichada situación.

Estando sentada y descalza en el cajón tomatero tuvo que ver toda la ceremonia que hacía el negro pordiosero para tomar su desayuno, que era exactamente lo mismo que le había ofrecido el día anterior, por lo menos el viejo le había pasado una botella de gaseosa que se notaba limpia y que contenía agua potable, sin mencionar la manzana que le ofreció a ella por merienda al haber recordado que su hembra solo comía verduras, vegetales y frutas, obviamente Andrea sabía que la manzana tenía que haber salido de la basura, pero esta al menos se veía en buenas condiciones, la rubia se sintió muy halagada por la atención que este tuvo con ella, pero lo que no sabía es que el astuto y negro indigente nuevamente estaba en plena acción de ataque intentando conservar la confianza que ya existía entre ambos.

Por su parte el viejo pordiosero mientras ya se había sentado a un lado de ella para tomarse su infusión de agua caliente con pan duro de reojo miraba a la hembra que se había conseguido, las fuerzas ya le habían renacido desde hace rato y sentía las imperiosas ganas de abalanzarse sobre ella para tirarla en el barro y cogérsela de la misma forma en que lo había hecho el día anterior, hasta que en un momento en que ya no se aguantó más al tenerla tan cerca de él otra vez posó una de sus manos negras en uno de los dorados muslos que solo en la noche anterior se habían abierto para él.

–Rubia… que tal si nos metimos de nuevo adentro de mi casucha… la neta que ya me bajaron las ganas de metértela de nuevo.

–Ehhh… que me dice…!?, la rubia no podía quitar su verdosa mirada de la negra mano que le recorría una de sus piernas.

–Ya te dije… hoy no fui a limosnear para quedarme cuidándote, jiji, no es justo que tu no me pagues la tarifa por las molestias que me estoy tomando contigo, no crees?, jijiji

–Señor Tobías… como ya se lo dije antes, no creo que sea una buena idea…!, además que su tarifa es un poco cara…!

–Vamos… se buenita… y dame de eso que me convidaste anoche, recuerdo muy bien que a ti también te gustó lo que hicimos, jijiji…

–Ay… ya le dije que no lo creo…!, aparte que aun estoy algo adolorida ya que no estoy acostumbrada a hacerlo y dormir en el suelo… además que yo solo lo me deje a que me lo hiciera porque me había comprometido con ello, pero en ningún momento dije que lo haríamos otra vez…, -Andrea le decía todo esto en forma nerviosa, si hasta ella misma se daba cuenta de lo estúpidas que eran sus explicaciones.

–Solo mira como la tengo nuevamente, -le cortó de una el caliente indigente en el mismo momento en que en forma descarada se subió sus andrajos para descubrir su tiesa herramienta la cual quedó meciéndose orgullosa ante los ojos verdes de Andrea quien en el acto se quedó estupefacta ante tan fantástica como también espeluznante visión fálica.

Si bien ella la había visto y sentido en al interior de su cuerpo la noche anterior esto había sido a la precaria luz de las velas y no como ahora que la tenía a tan corta distancia y a plena luz del día, admitiendo que lo que su sensual mirada estaba devorando era una descomunal y terrorífica verga negra como nunca antes en su vida había visto, la veía interminablemente gruesa notándose en forma nítida de lo tiesa y endurecida en que la tenía el negro pordiosero en aquellos instantes, preguntándose además que como había sido posible que ella se hubiera tragado por el coño semejante monstruosidad.

La femenina sensualidad de la ninfa nuevamente le estaban haciendo una mal jugada ya que por más que miraba la verga que tenía a un lado de ella analizando su tamaño y oscuro color poco a poco se le estaban haciendo más que tentadores, ahora no se cansaba de admitir que esta era una herramienta descomunal tanto en su interminable extensión, como en su espesor, la veía claramente reluciente y como exudaba fuertes líquidos interiores desde la rajadura de la uretra, además que sus llamativas y grandes venas entre verdosas y azuladas se notaban hinchadas de deseo, todo era negra carne y nervios nudosos que pulsaban en forma acelerada, desde la humeante e imponente verga con su enorme glande de colores purpuraceos chorreaban sendos riachuelos semitransparentes de líquidos pre seminales que caían amoquilladamente en forma de hilos que no se cortaban.

El negro vagabundo al notar que la rubia le miraba la verga en forma hipnotizada y boquiabierta se dio en el acto a sacar provecho de aquel trance en que la tenía.

–Vamos rubia… entonces anímate a chupármela solo un poquito…, -le propuso en forma descarada.

Andrea quien escuchaba los salidos requerimientos del pordiosero y aun estudiándole su mal formada y grotesca virilidad, solo por hacerse la difícil según ella se dio a contestarle.

–Q…quiere q…que s…se la c…chu… chupee…!?. –le consultó a la misma vez que se puso de pie para quedar ubicada justo frente a él, su vista no podía quitarla de aquel enajenante pedazo de verga.

–Si vamos… ándale… si solo será un ratito… jijiji, -el viejo en el acto la tomó de un brazo para hacer que ella misma se fuera agachando hasta dejarla de rodillas ante su erecto aparato.

–S… so…looo un ratitooo!?, -volvió a preguntar la nuevamente perdida fémina como al mismo tiempo que sin ser ella consciente se la volvía a agarrar desde la base con sus dos manitas, esta era la parte más gruesa de la verga, y la rubia no se cansaba de tantearla y convencerse que ella misma se la había comido entera.

–Si solo un ratito ricura… dale… yo se que te gusta mamar vergas, jijiji, vamos abre la boca, abre la boca, -le repetía una y otra vez mientras se pajeaba su brillante trozo de carne que estaba despejado de las manos de la hembra con el cual el mismo le apuntaba el glande a los semi abiertos y sensuales labios que con toda seguridad ya lo estaban esperando.

Andrea solamente abrió su boca lo mas que pudo esperando con ansias el trozo de carne caliente que iba a degustar, y el viejo que no era tonto ni perezoso metió su cabezón miembro el cual le entró directo y hasta trabárselo en su garganta en donde la rubia a sabiendas que ya no cabía mas solo se dio a apretar sus labios en torno a ese caliente y salado mástil masculino para comenzar a envolverlo exquisitamente con su lengua no importándole estar en un asqueroso sitio público en donde arriesgadamente podría ser sorprendida por cualquiera que pasara por el lugar.

Las continuas arcadas y copiosas cantidades de saliva mezcladas con los líquidos testiculares del pordiosero no tardaron en llegar al ritmo de la mamada que le había comenzado a dar la rubia, estos llenaban por completo el paladar Andrea y ya corrían y chorreaban por su barbilla, ella mientras se esforzaba en seguir mamando tragaba todo lo que podía al tiempo que era animada por el negro viejo quien seguía sentado en el cajón tomatero con su tarro con agua caliente en una mano y con su pedazo de pan en la otra:

–Chupa putaaa…!!, chupaaaa…!!!, déjame seca la vergaaaa…!!!, -le vociferaba con los ojos cerrados a la misma vez que de vez en cuando arrancaba un trozo de pan con sus encías para seguir desayunando mientras Andrea le succionaba la verga.

Ella por su parte sin sacarse el glande y parte de su tronco de la boca solo se empeñaba en seguir mamándosela imaginándose los ríos de semen caliente que semejante herramienta le otorgaría al momento de la colosal acabada que esta le daría, ni siquiera le importaba que la trataran de puta cuando ella sestaba en estos menesteres, total ya estaba casi acostumbrada se había dicho en algún momento, además que estaba tan entusiasmada con la negra tranca que le habían prestado que de a momentos en que se daba a volver a lengüetearla tal como lo había hecho en la noche, luego se la pasaba por toda la cara golpeándose con ella en las mejillas para sentir su poderío y su dureza, para después seguir chupándosela con más dedicación todavía.

A los pocos minutos ya eran numerosos los colgajos de semen y babas que escurrían por las comisuras de sus labios sumándose otros más grotescos que insistentemente salían expulsados por sus narices en los lapsos en que se atoraba debido a la asfixia. El negro desde hace rato ya había tirado el tarro y el pan al suelo estudiando cual sería el mejor momento para tirarla en el mismo barro y culearla ahí mismo, mientras que la hembra ya analizaba la posibilidad de subirse sus andrajos hasta los hombros para poner la negra manguera de carne entre sus tetas y así poder amasarla con ellas.

Fueron unos sonoros bocinazos que sacaron a la ardiente pareja de aquel preámbulo de pre apareamiento. La rubia con la negra tranca del vagabundo aun agarrada con su manita volteó su cabeza para ver de dónde venían los sonidos que había escuchado, un grueso cordón de semen unía su boca al miembro del indigente, para luego con un incrédulo espanto ver que solo a unos buenos metros de donde estaban ellos había estacionado una moderna camioneta con una familia entera en su interior, y casi se desmayó de pavor cuando increíblemente reconoció que era la familia Almarza completa la que estaba descendiendo del vehículo con cestos de comida, refrescos y todo tipo de mamadas, claro que las hijas se quedaron a un lado del vehículo ya que le tenían mucho miedo y asco al vagabundo y su forma de vida, solo don José y su mujer eran los que se encaminaban al precario entorno en que ellos estaban, para la buena suerte de Andrea ellos al estar algo alejados no habían visto lo que ella estaba haciendo, y menos pudieron reconocerla debido a la distancia.

–Me lleve la verga, justo ahora que estaba tan entretenido, jijiji, tenemos suerte rubia, justo llegaron esas buenas gentes que vienen de vez en cuando a dejarme comida.

–No me diga…!, y vienen para acá!?, -le consultó la rubia que había girado rápidamente su rostro en sentido contrario de aquellas gentes, ahora estaba al borde del colapso cardiaco al imaginar verse sorprendida por la familia Almarza en tan comprometedoras y lamentables condiciones.

–Pus si… pero son buenas personas, así que no te preocupes, ya verás que te caerán muy bien cuando los conozcas.

–Noooo…!, yo no los quiero conocer…!, debo esconderme…!, no me pueden ver…!!!, -le exclamaba sin saber qué hacer, por ningún motivo podía permitirse a que ellos la vieran.

–Jijiji pero parece que ya te vieron… mira si ya se vienen acercando, jiji.

–Solo avíseme cuando se vayan y cuando estén bien lejos…!!!, -alcanzó a exclamarle Andrea justo en el momento en que como una verdadera desquiciada se lanzó al interior de la casucha del vagabundo lo que fue advertido por el matrimonio Almarza.

–Jojojo…! como estas Tobi…!!!, como anda la salud…!!!, pensé que otra vez no te encontraríamos, acaso estás enfermo que no fuiste a ese pueblucho que vas de vez en cuando?, -le saludaba con su vozarrón don José al negro mendigo, claro que él ya estaba al tanto de cuáles eran los motivos del porque su protegido indigente no había salido a limosnear este día.

–Estoy bien don Josesito, jiji, hoy no fui a recolectar…, no sé si se dio cuenta pero estaba algo ocupadito en estos momentos, pero pasen… pasen… siempre es un gusto recibirlos en mi humilde casita.

–Si…!, me di cuenta de algo, creo que era una linda mujercita lo que vimos entrar en tu casa… no nos vas a decir que por fin te encontraste una compañera para pasar tus días?, -le consultó don José con un dejo de picardía en su rostro .

–Jijiji, ojala don Pepito, pero no, no, que va, solo se quedará hasta mañana…

–Don Tobías…!, -intervino la esposa de don José, –Tenga mucho cuidado con lo que hace, recuerde que fue solo a un par de años que casi se nos muere de una infección estomacal por andar comiendo basura y que gracias a Dios que alcanzamos a llevarlo a la clínica, así que si va a intimar con alguna mujer es necesario que use algún tipo de protección, no vaya a ser que esa criatura que se escondió de nosotros le vaya a pegar algún tipo de infección venérea, sabe Dios con cuantos hombres se tendrá que acostar por las noches para poder sobrevivir la pobrecita, -le decía la señora Inés al negro Tobías en forma de reprimenda mientras dejaba dos cestos con comida a un lado de la casucha.

En eso fue don José quien intervino:

–No seas tan dramática mujer, este pobre hombre necesita tener sus momentos de hacer sentir bien a su cuerpo, y que mejor que lo haga con una pobrecilla y miserable mujer de su misma condición, aunque yo pague una millonada no habría ningún prostíbulo en que me lo acepten para que el pueda hacer sus necesidades sexuales.

–No seas tan mal hablado José, y respeta a esta clase de gente, ellos no tienen la culpa de que les tocara vivir en estas condiciones, -a la vieja de don José no le gustaba que nadie humillara a ese tipo de personas.

–Ya Inés… no empieces, además que no lo dije con mala intención, si mira nada mas este pobre ni siquiera entiende de lo que estamos hablando, y lo más seguro es que la mujer que está adentro de la casucha debe ser tan vulnerable y quizás hasta más ignorante que él.

Por su parte el negro vagabundo les comprobaba su nivel de ignorancia ya que efectivamente los miraba alternadamente sonriéndoles y dándoles a entender estar totalmente ajeno a lo que ellos le hablaban.

La que no estaba de acuerdo para nada en todo lo que hablaba don José Almarza era la rubia Andrea quien tapada hasta la cara y temblando de miedo al imaginar que a don José se le ocurriera echar un vistazo adentro de la casucha. Pero ahora se mantenía escuchándolo todo, como era eso que ella le iba a pegar una enfermedad de transmisión sexual y venérea al vagabundo, esto hiso que el susto se transformara en rabia al estar siendo humillada por gentes de su mismo status y todo por culpa de don Pricilo, ya que el buenito del negro que estaba ahí afuera no tenía la culpa de nadita el pobrecito, se decía, y claro ahora el muy comemierda de su casi ex consuegro la tildaba de miserable e ignorante.

–Bien Tobías, eras el último que nos quedaba, así que ahora nos vamos para que puedas seguir en lo que estabas. –vocifero don José a modo de despedida y cerrándole un ojo al pordiosero.

–Don Tobías… por favor cuídese y tenga mucho cuidado con quien se aparea, esta otra semana volveremos a ver como esta, -termino diciéndole la señora Inés al negro antes de emprender la retirada.

Cuando el vehículo se perdió de su vista el indigente que no era tan ignorante a pesar de ser analfabeto, los remedó haciendo muecas de gentes remilgadas a la vez que el mismo los imitaba: “Ayyy… no seas tan mal hablado José, y respeta a esta clase de gente”, –Que se creen los muy come mierda!?, lo único bueno es que me traen harta comida, jijiji.

–Ya rubia… ya sale… si ya se fueron…!, -le daba aviso el negro a su hembra.

La negra cortina de la casucha se corrió lentamente y un tímido mechón rubio se asomo aun temeroso.

–De verdad… y cree Usted que vuelvan!?

–No… no volverán, oye y porque te escondiste de ellos, jijiji…

–Ehhh… no… no se preocupe, es solo que a veces soy algo tímida, -le contestaba Andrea aun puesta en 4 patas y solo asomando su cabeza por la cortina de aquella ratonera.

–Ya que estas ahí ayúdame a guardar lo que nos trajeron, jiji.

Mientras el pordiosero le iba pasando los víveres era la misma Andrea quien se las iba clasificando en las distintas bolsas que este le había pasado, ubicándoselas al fondo de su casucha, le gustaba ayudar al pordiosero en sus asuntos.

–Nooo… no rubia esas cosas son innecesarias, yo las boto a la basura, jijij, -le dijo de pronto cuando vio a la rubia que le estaba guardando útiles de aseo personal.

–Pero es jabón y shampoo…, mire si hasta le trajeron un cepillo y pasta dental, -Andrea estaba que se mataba de la risa ya que el viejo ni siquiera tenía dientes y le llevaban semejantes utensilios.

–Sip, pero a mí no me gusta lavarme, jiji, -de pronto algo hiso click en la mente del viejo ya que estando agachado y ver que la mujer que estaba acompañándolo y que en ningún momento desde que lo había conocido se había atrevido a humillarlo o decirle algún tipo de palabra ofensiva, sacó cuentas rápidamente que sus modales eran muy parecidos a los de la señora Inés, claro que los de la rubia eran muchos más femeninos y exquisitos, y mirándola con todo su pelo sucio y con machas de mugre en su cara y en sus piernas se le ocurrió una idea que ni el mismo sabía porque la estaba haciendo, pero igual se la propuso.

–Oye rubita… a ti te gusta lavarte?, -le consultó en forma misteriosa.

–Claro que me gusta lavarme, si no lo he hecho es porque a todas luces aquí ni siquiera hay agua potable.

–Pus… te regalo todas esas mamadas que me trajeron.

Andrea se quedó extrañamente impactada ante el regalo que le estaban haciendo y sonrojándose quién sabe por qué tipos de motivos un extraño hormigueo la recorrió en su vientre, hormigueo que rápidamente se transformó en una agradable sensación de cosquillas en el estomago.

–Me… me las regalaaa a miiii…!?, -le consultó finalmente la rubia totalmente ruborizada y mirándolo con sus hermosos ojos verdes a los opacos ojos del vagabundo.

–Pus si, y a quien más mensa…, así podrías lavar tu cuerpecito rico… jijiji.

–Pero… pero… como ya le dije si aquí ni si quiera hay agua…, -le respondía con su cara ardiendo de rubor y llevándose una de sus manitas con sus dedos doblados a su boquita a la vez que trataba de mirar hacia otro lado.

–Pus yo sé donde hay washita…!, dime te gustaría que te llevara…!?

–De verdad…!?, Usted me llevaría a un lugar donde podré lavarme sin correr ningún tipo de riesgo…!!??

–Jijiji, claro que puedo reinita… es solo que queda un poquito lejos… pero no te preocupes, como no tienes zapatos yo te llevo en mi carretón, así también podrás ocultarte por si alguien se nos aparece en el camino…

Sin hablar más del asunto la feliz pareja cargó todo lo necesario en el destartalado vehículo del negro pordiosero, tal cual como si ellos se estuvieran yendo de vacaciones a una idílica isla paradisiaca. Fue la hembra quien seleccionó algunos de los comestibles que les habían traído, para ella solo rescató una caja de leche y algunas galletas, mientras el viejo cargaba todo tipo de cachureos, entre cartones, trapos, latas de pescado (sus tasas), etc., y cuando la entusiasmada hembra, que en esos momentos ni se acordaba de don Pricilo, ni de Karen y menos de Eduardo, estando subida y sentada en el piso del transporte de su estrafalario compañero de aventuras iniciaron juntos el largo recorrido hacia el lugar en donde ella por fin podría lavarse.

Andrea con mucho asco se percató que el viejo en vez de emprender hacia el lado de los galpones abandonados, este lo hizo en sentido contrario internándose lisa y llanamente por un angosto camino que estaba al medio de los cerros de basuras. La rubia iba inspeccionándolo todo, entre las montañas de desperdicios veía sillones desarrapados, colchones rotosos y con sus resortes asomados, oxidadas lavadoras de esas blancas y redondas que ya no se usan, carcasas de televisores con pantallas plomas quebradas, y así muchas cosas más, mientras el pordiosero solo se daba a avanzar alternando su ardiente mirada entre el grisáceo horizonte que tenía por delante y los apetecibles muslos de la asombrosa hembra que el trasladaba en su humilde carreta de mano.

Luego de saltear el basural dieron con un cementerio de vehículos abandonados y destartalados en el cual también se veían diversos grupos de hombres que parecían tener sus casas al interior de la carcasas de latas de los viejos buses o camiones que ahí se veían, la sorprendida ninfa en varias ocasiones se tuvo que agachar para que no la vieran, al rato cruzaron un árido descampado en el cual a lo lejos se veía la autopista que llegaba a la capital.

Habían momentos de la lenta caminata en que Andrea se ponía a mirar al traspirado señor Tobías a la vez que pensaba en lo insólito que era todo lo que le estaba sucediendo, recordando el instante del día anterior que casi se había vomitado en el momento en que había conocido a ese extraño hombre viejo y negro que ahora la trasladaba en su carretón quien sabe a qué parte, también la habían intentado secuestrar para luego violársela, y que si no hubiese sido por él y su valentía eso si hubiera sucedido, ni mencionar que su mente intentaba no recordar que ambos habían mantenido relaciones sexuales, y menos todavía graficar en su mente las dimensiones que este se gastaba en su verga, pero aun así la recordaba, por lo que nerviosamente después de estudiarlo de pies a cabeza prefería seguir mirando aquel grisáceo paisaje, claro que de a momentos no podía evitar mirarlo de reojo a la cara viéndose sorprendida por la desdentada sonrisa con que este también la miraba mientras seguía empujando su carrito.

Fueron casi dos horas de camino, en las cuales después de tres detenciones que hicieron para saltear una mallas de alambrados que el negro viejo sabía muy bien donde estaban los puntos precisos para poder cruzar que llegaron a un sendero que parecía bajar a una quebrada, este lugar también estaba bordeado de basura, pero ahora en menor cantidad, y cuando por fin la rubia cayó en cuenta que estaban casi a las orillas del río de desperdicios que ella había visto el día anterior en los momentos en que la traían a cumplir su penitencia, comprendió que ya casi estaban llegando a destino, por supuesto que ahora estaban varios kilómetros más abajo.

–Jijiji… llegamos lindura… aquí podrás lavar tu cuerpecito sin que nadie te moleste o mire tus cositas, excepto de yo, jijiji.

Andrea quien ya se había bajado del carretón, otra vez caía en un angustiante estado de temor a lo desconocido ya que el lugar al que la había traído el negro vagabundo era más que desierto, se encontraban justo al lado del asqueroso río y abajo de un alto puente abandonado que descansaba sobre tres viejos pilares de cemento todos agrietados dando la impresión que en cualquier momento estos se derrumbarían sobre ellos.

La rubia lo inspeccionaba todo, veía también que tanto los pilares como los muros que sujetaban el viejo puente estaban todos pintarrajeados con grotescos grafitis en los cuales lo único que se podía apreciar eran obscenos dibujos de vergas gigantes, corazones cruzados por flechas que decían pico y zorra s/a, y muchas ordinarieces mas, como así mismo le llamaron mucho la atención unos medianos tubos que sobresalían del muro que estaba al lado de ellos, estos botaban unos asquerosos líquidos negros formando riachuelos que iban a dar directamente al ennegrecido arroyo, y mientras ahora miraba con estupor las mugrientas aguas que corrían torrentosamente por este y que en esa misma orilla existían vestigios de fogatas apagadas rodeadas por todo tipo de cachureos se dio a notificarle al vagabundo que ella por nada del mundo lavaría su cuerpo en las pestilencias acuosas que corrían por el mencionado y sucio cauce.

–Señor Tobías… yo por nada del mundo me lavaré en esas mugrientas aguas, como pudo pensar que lo haría…!?, Yo creo que Usted me trajo hasta aquí y lejos de todo el mundo para otra cosa…, le aviso que a mí no me gusta que me mientan…

–Jijiji… tranquilita mi reina, si yo no te estoy mintiendo… como crees!?, jiji, ya te mostraré en donde te lavarás, solo déjame terminar de acomodar nuestras cosas y te diré donde.

Andrea no muy convencida de lo que decía el negro mendigo se dio a seguir estudiando ese sórdido viaducto abandonado mientras que con femeninos y muy bien cuidados movimientos se daba a beber leche directamente de una caja que le había ofrecido su destartalado guía turístico.

Con sus pies descalzos y vestida como una verdadera pordiosera se dio a caminar unos cuantos metros por la orilla del miserable afluente, una vez que estuvo afuera del puente se pudo percatar que estaban literalmente metidos entre medio de una árida quebrada, y que solo a unos 10 metros de donde estaban ellos se erigía otro alto puente un poco más moderno por el cual si transitaban vehículos, este era un poco más elevado en comparación al que ellos estaban, y tras comprobar que en la superficie de la quebrada existía una alta alambrada que impedía el acceso a quien quisiera bajar prefirió volver a donde estaba el negro, no fuese a ser que alguien la viera y la confundiera con una pordiosera, se dijo.

Una vez que la rubia ya estuvo nuevamente debajo del macizo viaducto, no le quedó más remedio que ir a sentarse en uno de los fríos bloques de cemento que estaban alrededor la modesta fogata que había hecho con basura y algunos palos que encontró su amigo el vagabundo quien es esos momentos otra vez se encantaba con la visión de aquellos soberbios muslos levantados al estar la hembra ya sentada.

El negro en esos momentos se estaba zampando unos buenos lomos de pescado directamente desde una lata de conservas, sintiendo que su verga que hace algunas horas se había quedado a medias ya comenzaba nuevamente a rugir y encorvarse por la ansiedad de probar otra vez las delicias que le prometían lo que aquella soberbia y harapienta amazona escondía debajo de sus andrajos.

–Ya rubia… ahora te mostraré donde te podrás lavar todas tus cositas, -le dijo en el momento que ya terminaba su almuerzo pasándole los dedos a la lata para luego chupárselos, obviamente el ya caliente pordiosero quería ver en vivo y en directo, y a plena luz del día, a toda esa perfecta arquitectura femenina completamente desnuda.

–Y donde se supone que lo haré, si aquí no hay nada…, es casi lo mismo que haya cerca de su casa…, -su voz y la del negro sonaban con eco al estar ellos debajo del puente.

–Ven tu solo sígueme, y cuidado donde pisas que hay algunos vidrios.

El pordiosero luego de levantarse simplemente la tomó de un brazo para hacer que ella lo acompañara, claro que no fueron muy lejos sino que el viejo la llevó al mismo muro que estaba detrás de ellos. Pero la rubia otra vez quedó tan aterrada, asqueada y mas que escandalizada apegándose con fuerzas al ajado cuerpo del negro ya que justo en el momento en que casi llegaban a donde el viejo quería llevarla una seguidilla de ratones de distintos tamaños caían uno detrás de otro desde uno de los tubos de desagüe que sobresalía del muro.

–Ohhhhh… Diosssss que asco señor Tobías, por favor no deje que esas cosas me muerdan…!!!!, -le gritó con espanto y desesperación a la misma vez que en un acto reflejo impulsó su cuerpo hacia arriba quedando tomada en los brazos por el pordiosero, mientras que los de ella rodeaban y se aferraban a su roñoso cuello.

–Jijiji tranquila mi washa… esos bichos no te harán nada mientras yo esté aquí contigo, mira si ya se van…, -el pordiosero notaba y medía en sus brazos que aquel soberbio cuerpazo tan lleno de curvas lujuriosas no era tan pesado en comparación a lo imponente que se veía la hembra cuando estaba de pie, la notaba livianita situación que la hacían sentir aun mas femenina para él, deseándola ya con una sulfurante calentura nunca antes sentida en su perra vida, pero por ahora solo se daba a aprovechar de que mientras con la mano que pasaba por detrás de su espalda le agarraba una teta, con la otra se daba a sentir la extrema suavidad de sus muslos.

–Por favor no me baje…!, no me baje…!!!, -le solicitaba la rubia al borde del llanto, sin darse cuenta que el vagabundo estaba aprovechando para tocarla en los momentos en que la mantenía levantada como si ella fuera su novia.

Andrea mientras decía lo ultimo con ojos sicóticos veía como un gran número de roedores corrían rápidamente por al lado de ellos y como estos solos se iban a meter a las negras aguas del torrente en donde algunos se mantenían flotando en su orilla como a otros simplemente se los llevaba la corriente.

–Ya está… ya se fueron rubia, así que ahora con mucho cuidado te bajaré, estás de acuerdo ricura?

–Pero y que pasará si esas cosas salen del agua… ay… no…!, por favor se lo pido señor Tobías, no me baje…!

–Jijiji… ya te dije que pase lo que pase yo te voy a cuidar… así que no temas, ahora te bajo si?, al viejo le encantaba tener en sus brazos a semejante Diosa, pero ya se estaba cansando, además que estaba casi desesperado por tenerla encuerada y solo para él a plena luz del día.

Los asustados y verdes ojos de Andrea vieron que los bicharracos se habían alejado un poco de donde estaban ellos por lo que se pudo calmar un poco.

–Por favor señor Tobías ni se le ocurra alejarse de donde yo esté, acaso no ve que esas cosas me dan asco!?.

–No te preocupes werita, conmigo siempre estarás a salvo, jijiji. Mira acércate a este lado del muro, es esto lo que te quería enseñar, -le dijo a la vez que apuntaba a cierta parte del agrietado y gran bloque de cemento.

Andrea en el momento en que ya estaba a un lado de este vio que un poco más arriba de la altura de su cabeza existía una pequeña llave de la cual ella no se había fijado hasta ese momento.

Fue el indigente quien levantó su negra mano para girarla, en donde la rubia totalmente emocionada vio que comenzaba a caer un hilillo de agua totalmente potable y cristalina.

–Aguaaa…!, es agua verdaderamente limpia…!, -la voz de Andrea ahora era similar a la de alguna protagonista de esas películas apocalípticas en donde los sobrevivientes luchan por el vital elemento.

–Así es mi reina y es todita para ti… ves que yo no te mentí, y es más, a una mujer como tú no lo haría jamás…, así que ya puedes proceder a lavarte tus cositas, hazlo tranquilita que yo estaré vigilando que esos malditos roedores no se te acerquen y no te molestare en nada, solo estaré mirando desde ahí donde estábamos sentados.

Andrea superando el traumático momento recién acaecido con esos repulsivos ratones de alcantarilla y ahora totalmente feliz fue con mucho cuidado a buscar la bolsa con los implementos de limpieza que se encontraba la interior del carretón ya que estaba desesperada por bañarse, lo único que la hacían dudar es que tendría que hacerlo delante del pordiosero quien la seguía animando a que se quitara los harapos, este ya estaba acomodado en uno de los pequeños bloques de cemento que las hacían de asiento:

–Ya pues encuérate de una vez por todas mamacita que ya me muero por trabarte otra vez con mi verga… mira como la tengo por culpa tuya!, -al mismo tiempo que le decía lo anterior se levantó parte de sus andrajos mostrándole su tremendo y largo miembro que lo tenía bien parado, este hasta se encorvaba mostrándole las gruesas venas que lo surcaban, la rubia se la veía incluso mas gruesa y prieta de cómo se la había visto esa misma mañana, lo que la hicieron temblar con solo vérsela, extrañamente sintió como su vagina comenzaba a contraerse sin que nadie se lo ordenara.

Así que animada otra vez con las falacias de que el la había salvado una y otra vez de distintas situaciones, y sumándole también a que el asqueroso indigente ya había anotado íntimamente con ella, se animó para ponerse de perfil hacia él para luego con sus dos manitas tomar los bordes bajos de los harapos que llevaba puestos por ropa para luego ir subiéndolos lentamente hasta finalmente quitárselos.

El negro pordiosero estaba que eyaculaba, si bien ya se había guardado la vega por debajo de sus andrajos, con sus ojos ya enrojecidos, y con sus anchas fosas nasales resoplando como toro embravecido, había sido fiel testigo del encueramiento de aquella Diosa asustada estando él sentado solo a un par de metros de donde se encontraba el femenino ejemplar de hembra que ya pensaba nuevamente en poseer, mirandole cada curva que ella poseia, las redondeces de sus nalgotas bien paraditas, esas perfectas tetas redondas y duras como el mismo las había sentido que eran cuando se las habia chupeteado, y sobre todo aquella mistica parte de su bajo vientre en donde escasamente se le veian unos bellitos tan dorados y aureos como su pelo y que se perdían timidamente hacia el interior de entrepierna.

Andrea por su parte ya había hecho mucha espuma en sus cabellos dejándolos así por unos momentos, como también procedió a enjabonar completamente su cuerpo, quedándose en esa aséptica condición con la única finalidad de volver a purificar su corrompido estado de higiene personal. Estando en tal estado de higienización ahora se cepillaba los dientes con harta pasta dental, mientras que de soslayo miraba y caía en cuenta que el infeliz pordiosero casi se la estaba comiendo con sus dos ojos salidos para afuera, pero ella lo dejaba mirar todo lo que el quisiese pensando que el pobre se lo merecía por todo lo que había hecho por ella, y notando el notorio abultamiento que este tenía por debajo de sus andrajosas vestimentas prefirió no seguir prestándole atención ya que rápidamente esa extraña sensación de nervios revoloteó exquisitamente en su estomago haciendo que su presión sanguínea de le acelerara casi en el acto.

El vulnerable e indigente hombre vio como la hembra después de haberse estado cepillando sus blancos dientecitos por un buen rato y que ahora, siempre puesta de perfil hacia él, comenzaba a enjuagarse su pelo amarillo corriéndole lentamente el agua con espuma por su cuerpo limpiándola y sanitizándola por completo, este ya no se pudo aguantar más, y quiso ir el mismo a supervisar la limpieza de la rubia.

Una ya más que relajada Andrea vio que el vagabundo se acercaba peligrosamente a ella, pero a estas alturas lo que menos le tenía era miedo, y al contrario hasta se sentía agradecida de aquel horrendo tipejo negro que aparte de habérsela cogido como un verdadero hombre lo hace con su hembra, también le protegía y le ayudaba a sobrevivir en aquellos suburbios. Hasta que el pobre infeliz ya estuvo justo al lado de ella este se dio a solicitarle.

–Déjame tocarte primor… estas tan… pero tan buenaaa… que por ahora lo único que quiero es tocarte…, -le pedía el negro con sus ojitos llenos de lágrimas debido a la enajenante excitación en que estaba preso, y también por las tremendas ganas que tenía de volver a palparla, el pobre hombre estaba tan alterado emocionalmente al tener una hembra de tan alta categoría totalmente encuerada abajo del puente en que el pasaba los veranos que ya hasta se la había comenzado a achicar un ojo debido al grado de calentura en que se encontraba.

La rubia que en un momento sintió la imperiosa necesidad de cubrirse con lo que fuera al ver al negro casi encima de ella, extrañamente y justo en ese momento también sintió un dejo de compasión mezclada con complicidad, o con solidaridad, apego y un sinfín de sensaciones que no se pudo explicar ni ella misma, el caso fue que simplemente lo dejó que se le acercara todo lo que el quisiese, y cuando este le dijo que deseaba tocarla porque ella estaba muy buena, estúpidamente le contestó con lo primero que salió de sus labios.

–Usted puede tocarme todo lo que quiera…, -el negro por un momento casi se puso a vomitar ya que suponía que la hembra por lo menos le iba a dar jugo tal como lo había hecho las veces que el intentaba acercarse, el pobre aun no caía en cuenta que esa misma mañana la rubia no se había hecho mucho de rogar a la hora de mamarle la verga, es más, ninguno de los dos aun ponían atención en ese extraño detalle. Pero Andrea después de haber dicho semejante y salida blasfemia quiso corregir inmediatamente lo que su impetuoso temperamento le había dictaminado, –Digo… Nooo!!!, espere…! espereee…!, mire… si quiere puede esperarme ahí sentadito donde estaba y luego veremos…

–Tranquila mi putita… si yo por ahora lo único que quiero es tocar, nada más que eso mi reina…

Por Dios y como le gustaba a la rubia que ahora semejante esperpento la tratara de su putita y de reina al mismo tiempo, y todo gracias a que el la pasaba salvando y también al porte de su verga, claro que de esto último ella aun no era consciente.

Andrea vio como el negro vagabundo no haciéndole caso tomó el jabón que ella había dejado sobre la bolsa que estaba en el suelo y como este viejo indigente ahora comenzaba a pasárselo con su negra mano por distintas partes de su rubio y estilizado cuerpo, lo deslizaba por su vientre y por sus caderas, lo que alcanzaba de sus muslos, también por las tetas, sus brazos, y en los momentos en que este ardiente ser bajaba por su vientre llegando peligrosamente hasta muy cerca de su vagina este se devolvía para comenzar nuevamente a enjabonarla.

Mientras el pordiosero literalmente la estaba bañando, la hembra en forma nerviosa se dejaba, pensando que esta era la primera vez que un hombre la sometía a tal tratamiento, y que a pesar de su mala higiene y lamentable apariencia física este la estaba haciendo sentir tal cual como si ella verdaderamente fuera una nenita necesitada de afecto, -eso, era eso, el vagabundo la estaba tratando con cariño, tratamiento que nunca había recibido de nadie, ni del tío Eulogio, ni de su ex marido, y menos de don Pricilo, -se decía la rubia en el momento en que el negro ahora ya la estaba enjuagando con su verga totalmente parada debajo de sus harapos, ya que este muy lejos de los pensamientos de la rubia lo único que deseaba hacer con ella era cogérsela y encularla, como también darle otro espumoso baño, pero ahora este sería un baño de espeso y caliente semen recién provenido de sus negros y brillosos testículos.

–Ya estas casi bañadita mi reina que tal si ahora…

El viejo no pudo terminar lo que estaba diciendo ya que la hembra al haber estado pensando en todo lo anterior y sintiendo unas ricas sensaciones nunca antes experimentadas, ni siquiera sentidas en los mejores momentos que tuvo en su juventud en los tiempos de Eduardo, que se sumaban a ese rico hormigueo que le había vuelto en el estomago al haber estado siendo bañada con tanta dedicación que estos hicieron que los latidos de su corazón se le aceleraran al máximo, a tal grado que fue su mente quien le ordenó a que fuera ella misma quien impulsivamente tomara al viejo de los harapos de su pecho atrayéndolo hacia ella para estamparle un fresco beso con sabor a limpieza y a pasta dental en sus gruesos labios partidos hasta sentir con su dulce lengüita esas fétidas encías.

El pordiosero al haberse visto sorprendido con semejante ósculo por parte de aquella impresionante mujer rubia que estaba totalmente desnuda y con aun gotitas y riachuelos de agua limpia corriéndole por distintos puntos de su cuerpo no le quedo más que abrazarse a ella y sacar su apestosa lengua para introducirla lo que más pudo al interior de la boca de ella, pensando en que por fin se estaba cumpliendo su sueño de aquella tarde de poder besarla a su antojo, como también de hacerle miles de cosas más.(desde hace rato que ya era mas de mediodía).

El beso se tornaba cada vez más apasionado con Andrea aferrándose con sus brazos al cuello del indigente, mientras este último con sus negras manos se dedicaba ahora a acariciarle pesadamente sus bellas y suaves nalgas, sintiéndolas de tal manera para que jamás de lo jamases se le olvidaran aquellas suavidades una vez que la hembra se marchara al siguiente día.

Pero el pordiosero aun quería mas, una vez que después de varios minutos en que se estuvieron sobando y comiéndose sus bocas el indigente poco a poco comenzó a bajar por su cuello hasta llegar a la turgencia de aquellas chichotas de ensueño, comenzando a en forma desesperada a chupar aquellos pedazos de carne que la hembra le ofrecía sin oponer ningún tipo de resistencia, ella sólo se dedicaba a sentir y a disfrutar de esas suaves encías con sus ojos cerrados.

El ya mas confianzudo vagabundo lentamente comenzó a llevársela para el lado en que estaban los bloques de cemento y Andrea comprendiendo lo que él pretendía hacerle al estar llevándosela a un lugar donde había más espacio para tirarse en el suelo simplemente se dejó llevar ya que según entendía ella como su mujer debía volver a premiarlo por haber sido tan atento y valiente en los momentos que lo había necesitado.

Pero la verdad era una sola, y esa verdad era que aparte de todas las extrañas emociones que realmente estaba sintiendo la rubia en alguna parte de su mente y que ella misma prefería no ahondar mucho en ellas por temor a algo espeluznante, era que sencillamente también estaba más que caliente.

Una vez en que estuvieron en el lugar elegido para el inminente apareamiento que ambos deseaban concretar, Andrea sin que se lo pidieran fue levantando los harapos del indigente como a la misma vez ser ella quien los tendía en el suelo para luego de hincarse ante el ya desnudo pordiosero rápidamente aferrase a la gruesa estaca que había quedado bamboleándose circularmente al frente de su cara, y así casi en el acto ser ella misma quien se la llevaba a la boca comenzando a practicarle una lenguosa y rica mamada mientras que con sus dos manitas se daba a masturbar las gruesas extensiones de carne negra que quedaban afuera de su boca.

–Ohhhhh…! Mamiiiiii…!!, que rico me la chupasss…!!, Ohhhhh…!!! Uhhhmmm…!!! Mmmm…!!!, Asi…!!!, ensalívala bien para que luego te entre bien ricoooo…!!!!, -fue lo primero que pudo decir el negro vagabundo cuando sintió que la hembra le apretaba la verga con sus sensuales labios femeninos.

–Srpssss…!! Srpssss…!!! Srpssssss…!!!! Srpsssssss…!!!!!, -era lo que obtenía por respuesta el dichoso y desnudo pordiosero al ascendente y creciente ritmo de la mamada de verga que le estaba pegando una abandonada y romántica Andrea, quien le hacía caso al negro indigente para que después este se la metiera bien rico según le decía.

Por su parte la acalorada hembra seguía succionándosela con ganas, incluso dejándosela por varios segundos trabada hasta su misma garganta y sólo se la sacaba cuando se empezaba ahogar, era delicioso para ella escuchar el acuoso sonido de salivas y líquidos que provenían de su propia boca cuando se la sacaba lo que le hacían que en forma rápida y apasionada se la bañara de tibios y húmedos besos con sus labios entreabiertos, para después de ensalivarla desde los testículos hasta la punta volver a incrustársela hasta la garganta.

La rubia mientras le hacía esta sensual mamada succionadora al vagabundo se vio sorprendida a ella misma poniendo especial cuidado en que a este le gustara, fue ese momento en que descubrió no sin cierta preocupación que ese vagabundo ahora le gustaba como también la calentaba, no importándole su desaseo ni la hediondez de su cuerpo, y menos aun la notoria y ansiosa avidez de su mirada llena de enfermiza calentura con que este la miraba hacia abajo cuando ella de a ratos lo miraba mientras le practicaba la mamada.

Mientras la rubia seguía succionándole la verga rápidamente declarándose a ella misma que ahora el oscuro color de su piel manchada con ulceras resecas le fascinaban, comenzó a alternar los tibios chupeteos con ardientes miradas de deseos a sus ojos, en donde claramente se notaba que ella quería que ese viejo y negro hombre de la calle tan vagabundo como basurero para sus cosas le pegara una espectacular y segunda cogida ahí mismo debajo del solitario puente, a la misma vez que sentía como todo su cuerpo se iba derritiendo con solo imaginar verse ensartada nuevamente por semejante monstruosidad que ella estaba mamando como podía, ni que decir que también sentía unas desesperadas y golosas ganas de beberse todo el hirviente semen que a este dejara salir desde sus negras bolas.

Con todo lo que estaba sintiendo la rubia concluía y comprendía para ella misma que aterradoramente deseaba que ese negro vagabundo fuera para ella sola, para culear con el por todo el día y todas las veces en que a ambos le dieran ganas, hasta sacarse esas tremendas ganas de hombre en que la había dejado su ex marido por tanto tiempo, no importándole que el indigente fuera quizás un desquiciado mental, un criminal, o un violador, la cosa era que las cosquillas en el estomago, sumada a su tremenda calentura y su soledad la estaban arrastrando a tal situación.

La rubia Andrea mientras seguía hincada y succionando la negra verga como una verdadera bebita sedienta de lechita se sentía tan aterrada como excitada, ya que sabía y tenía claro que era ella quien ahora deseaba lujuriosamente ser ensartada vaginalmente por la larga y ancha negra verga de ese maloliente hombre sin casa, o sea, que tenía ganas de sexo, los deseos de estar abierta de patas y tirada en el suelo para que ese estropajo de hombre le metiera su enorme verga negra ya la tenían desesperada.

La caliente brisa de la tarde que corría por debajo de aquel abandonado puente ya era sofocante, y la rubia a pesar de haberse bañado recientemente ya hasta había comenzado a transpirar mas por su temperamental y sensual estado que por el calor imperante.

Hasta que el salido vagabundo que se encontraba tan caliente como la hembra le arrancó su descomunal verga del los húmedos labios, este se fue agachando para quedarse hincado frente al tembloroso cuerpo que lo esperaba buscando en el acto su boca para comenzar a besarla en forma desaforada.

Los chapoteantes besuqueos del indigente dieron paso a lúbricos lengüetazos en su cara, en el cuello y hasta llegar a sus tetas los cuales hicieron que Andrea comenzara a gemir casi en el acto, para luego volver a comérsela a besos que hacían derretir en miles de sensaciones a la excitada rubia quien lo abrazaba fuertemente hacia sus curvas sintiendo en sus brazos los ajados y negros pellejos de su cuerpo que también hervía y transpiraba de calentura tal como estaba el de ella.

La desnuda rubia ya estaba completamente entregada, y el ardiente vagabundo lo sabía por lo que ya sin esperar nada mas poco a poco se fue moviendo haciéndola comprender que nuevamente le había llegado su momento por lo que la complaciente hembra entendiendo lo que él quería de ella sensualmente se fue acomodando en el suelo y de espaldas quedándose estirada boca arriba y con la mitad de su cuerpo desnudo directamente en el barro y la otra escasamente sobre los harapos del indigente.

La imagen de la rubia y desnuda mujer tirada en un charco de barro casi podrido junto a un mugriento arroyo era soberbia, el vagabundo se dio unos momentos para deleitarse ocularmente con semejante y curvilíneo pedazo de carne que el ya se aprontaba a volver a morder con su temible serpiente negra que vomitaba continuos ríos de moquillos transparentes que se iban a depositar en distintos puntos del vientre de la exasperada y ardiente hembra mientras que se daba a balbucear:

–Que ganas que me dan de comerte rubia…, -apreciación que rápidamente fue contestada por su bella oponente sexual,

–Cómame señor Tobias!!! Métemela yaaa..!!! se lo suplicooo! Trábame bien con su negra verga…!!! que yo también tengo ganas de comermelaaa!!!

Desde luego que el negro no se hizo de rogar mucho, así que tomándole sus muslos con ambas manos y abriéndoselos al máximo aproximó su ardiente y oscura herramienta a la aurea entrada de la rubia, para luego de una vez dejarla posada en esta acomodarse sobre el esbelto cuerpo de ella, y una vez que hubo pasado sus manos por debajo de las nalgas y después de echarle una última mirada al bello rostro de la mujer que se le estaba entregando voluntariamente cerró sus ojos para casi en el acto proceder a jalarla enérgicamente hacia arriba, a la misma vez que el empujaba furiosamente hacia abajo para de un solo golpe dejársela ir hasta el fondo, cumpliéndose así el erótico acoplamiento de cuerpos que tanto habían estado deseando cada uno por su parte.

Andrea en el momento en que sintió sus labios vaginales distenderse y abrirse para permitirle la entrada a semejante miembro masculino abrió fuertemente su boca en la cual se perdió un inmenso grito ahogado al haber aguantado la considerable y ruda embutida de carne negra que le pusieron, como a si mismo y sin darse cuenta una vez ensartada envolver la cintura del indigente con sus piernas para que este no se le saliera ni siquiera un centímetro de adentro de su cuerpo, entregándose así a ese hediondo pordiosero que otra vez la lastimaba pero que también la trasladaba hasta el mismísimo paraíso al sentir su panochita deliciosamente bien abierta, bien estirada y llena de carne caliente.

El negro vagabundo por su parte comenzó a culearla con ligeros movimientos de cintura, primero despacio, luego un poco más rápidos, para después volverlos tan lentos como deliciosos para ella, siempre mirándola a la cara y estudiándole las contracciones de su rostro por cada arremetida que le ponía hasta el fondo, claramente la estaba disfrutando y ella por su parte se le estaba entregando entera.

A los pocos minutos en que se sucedía la antológica cogida que se llevaba a cabo abajo del solitario puente ambos se besaban y acariciaban mientras que las ahora furiosas ensartadas de verga se venían una y otra vez, acomodándose cada uno lo mejor que podía, el pordiosero le lamía el cuello y chupaba sus tetas sin dejar de penetrarla, sus descaradas manos nuevamente la tenían atrapada por las nalgas y por cada embestida que le daba la jalaba hacia su inmenso cipote apretándola con fuerzas contra el adivinando que eso que hacía a la hembra le encantaba.

Andrea disfrutaba como una verdadera enajenada la cacha que le estaba pegando a campo travieso, sus ojos verdes que estaba perdidos en alguna parte del puente aledaño vieron como de pronto un vehículo que había pasado por este se devolvía en marcha atrás y que sus dos ocupantes masculinos se bajaban para apoyarse en las barandas y se ponían a ver como a ella se la estaban culeando, y cuando quiso darle aviso a su macho de que estaban siendo observados este mismo moviéndose como pudo logró ponerse sus dos estilizadas piernas sobre sus propios hombros, con esto sus penetraciones se hicieron más profundas como enérgicas, ella sudaba y él la poseía a su antojo, por lo que a la rubia no le importó lo más mínimo que los estuvieran observando, total estaban muy lejos de ellos le aconsejaba su ardiente subconsciente, haciéndole que ella también comenzara a mover sus caderas al ritmo de la cogida.

–Arghhhhhh…!!! Te la siento apretadísima mi putita deliciosaaa…!!!, que buena eres para culearrrr!!!, muéveteeee…!!! así…!!! así…!!! menéate más rico mamacitaaaa!!!!, -le vociferaba el indigente al mismo tiempo que era el quien la movía y la ensartaba.

Andrea ahora con sus ojos cerrados no hacía más que disfrutar y entregarse a ese asqueroso pordiosero, claro que ella en estos momentos no lo veía para nada de asqueroso, y al contrario de ello ahora se meneaba tal cual como ella sabía cómo le gustaba a los hombres que una mujer se moviera, así que cuando el pordiosero la embestía furiosamente ella salía con su vagina a su encuentro moviéndole sus caderas y su cintura en forma alucinantemente desquiciada, haciendo aun más profunda la invasión de verga negra en sus rosadas entrañas de hembra blanca, estaba sintiendo muy rico, en ese momento la rubia al volver a abrir sus ojos pudo divisar que desde unos de los tubos del muro nuevamente caían una gran cantidad de ratones plomizos y de colas largas y que estos corrieron muy cerca de donde ellos estaban cogiendo, pero ahora se la estaban trabando tan exquisitamente bien que ni siquiera le importó la asquerosa y repelente situación, ella prefería que se la siguieran culeando a interrumpir la sesión de sexo por unos simples roedores, total estaba don Tobías para defenderla. Se decía en su perdida mente.

Ahora mientras ella seguía disfrutando de la ardiente cacha que le ponían y al haber comprobado que luego de unos buenos minutos en que los roedores estuvieron corriendo alrededor de ellos para luego ir a meterse al agua, la rubia comprobaba que habían mas carros detenidos en el puente aledaño y que eran muchas las personas que ahora miraban a lo lejos como a ella se la cogían, situación que hizo que casi se desbordara de calentura.

Rápidamente tomó al negro de sus espaldas atrayéndole hacia ella haciendo con esto que sus piernas nuevamente quedaran abiertas y recogidas hacia los lados, a posterior giró con el vagabundo siempre clavado en su cuerpo y un rato después ya estaba montada y empalándose ella misma su tremenda pieza carnal en la zorra moviendo sus caderas en forma desesperada, cabalgándolo y cogiéndoselo muy rico, meneando su pelvis y sintiendo su negra verga en lo más recóndito de su interior.

Los minutos pasaban y Andrea se movía suave y bien rico con su cuerpo semi inclinado hacia adelante apoyada con ambas palmas de sus manos en el barro, y con toda la verga del vagabundo embutida en su rubio sexo, mientras este le estrujaba las nalgas, sobándolas en todas sus redondeces, abriéndoselas y cerrándoselas, luego este mismo le succionaba las tetas al mismo tiempo que ya sin pensársela mas metió uno de sus dedos en su orificio posterior profanando así su apretado esfínter con lo que la hizo gemir de calentura a la misma vez que le hacía pensar seriamente en la posibilidad de dejarse encular ante las miradas de los automovilistas en el puente aledaño, la sudada rubia al volver a mirar en aquella dirección vio que ya eran varios hombres los que miraban y grababan con sus celulares la magnánima culeada que se estaba pegando.

El salido y caliente viejo pordiosero ajeno a lo que estaba sintiendo la rubia al estar siendo observada por los mirones automovilistas igual cayó en cuenta que le tenía metido en el culo un dedo entero así que envalentonándose con esto se dio a decirle y proponerle.

–Te gustaría tener el culito lleno de carne verdad putaaa!?, –Ohhhh que rico me exprimes la vergaaaa… culias muy sabroso rubiaaa…!!!, -le dijo al sentir una contracción vaginal que le dio Andrea a la verga con las salidas palabrotas que este le estaba diciendo, para luego continuar con las peladeces. –Ya me imagino tu trasero bien estrechito y apretado siendo partido por mi pedazo de carne negra, jijiji.

–Ayyy no lo sé señor Tobias, nunca me cabra por ahí donde Usted diceee…!. –le contestaba la rubia siempre meneando su cintura y con los ojos cerrados, en su mente ya se imaginaba a ella puesta en 4 patas y dejándose encular por esa semejante y gruesa herramienta.

–Pus ahora te lo romperé putaaa!!!

–Nooooo Señor Tobiassss… me partirá en dos si lo intentamosss, -Andrea era inconsciente que ella misma ahora se incluía en la enajenante posibilidad de intentarlo, y le decía todo aquello siempre moviéndose y cogiéndoselo más caliente que nunca, subiendo y bajando sus caderas bien trabada en su tranca.

El negro por su parte se la estaba pasando de lo lindo con semejante Diosa clavada a su negro mástil de carne y hablando tan viles leperadas, aun así el quería poseerla en forma completa y aun sintiéndose con fuerzas para seguir descubriendo las bondades carnales que poseía aquella Diosa se dio a ir sacándole lentamente su verga ya que ahora quería partirla por el culo, el vagabundo rápidamente la empujó hacia un lado y Andrea a sabiendas de lo que se le venía automáticamente se puso en 4 patas ofreciéndole sus suaves nalgotas para que el pordiosero se la culeara por detrás hasta despedazarla si es que el así lo quería, y este al verla puesta como las perras y mirándolo hacia atrás junto con abrirle con ambas manos sus nalgas dirigió la gruesa cabeza de su verga justo al medio del punto rosado que la rubia poseía y casi en el acto se dio a penetrarla por el culo.

El enculamiento de Andrea fue un verdadero suplicio, ya que al negro pordiosero le costó un mundo poder abrírselo, pero como la rubia estaba siendo más que cooperadora al estar aguantando el inmenso dolor que le ocasionaba el intento de adentramiento vergal, el esfuerzo del vulnerable macho fue recompensado porque finalmente le entró, con la rubia puesta en 4 patas mientras el negro empujando su apéndice y estando bien aferrado con sus dos manos a las rubias caderas de ella poco a poco su verga fue ganando terreno ante el lacerante sufrimiento de Andrea al estar sintiendo como los 8 centímetros de grosor prácticamente la estaba partiendo en dos.

Los automovilistas desde su lejana posición estaban impactados ya que a pesar de la lejanía se notaba claramente que la hembra a la cual se estaban culeando debajo del puente abandonado poseía un cuerpo despampanante en comparación al estropajo de hombre que se la estaba sirviendo, maldecían que el zoom de sus cámaras no pudieran grabar nítidamente el rostro de la mujer, pero si sería muy buen material para subir a internet se decían y comentaban sin dejar de grabar.

Por otra parte y al otro lado del puente pegados a las alambradas había un grupo de 10 indigentes que vagaban por esas soledades y que se habían encontrado también con semejante espectáculo, en un principio pensaron que la parejita que estaba abajo del puente era uno más de ellos con otras de las viejas gordas, feas y alcohólicas que de vez en cuando se dejaban caer por esos lares, pero al notar el calibre de hembra con la cual ese infeliz se estaba apareando no pudieron más que quedarse pegados a la alambrada mirando y masturbándose a la vez que se dieron a animarlo y a aplaudirle su ardiente hazaña.

Volviendo a la quebrada lujuriosa y justo debajo del puente adonde se llevaba a cabo el doloroso enculamiento de Andrea, ella misma sufría la forzada dilatación de su esfínter, pero a pesar de lo doloroso que estaba sintiendo era ella misma quien más alentaba a su sucio compañero a que la culeara más profundo de lo que ya se la estaban metiendo, y cuando la verga estaba atorada solo hasta la mitad de su reducto posterior, y en el momento en que el pordiosero se dio cuenta que estaba siendo observado y vitoreado por un grupo de indigentes que el bien conocía se concentró al máximo y le mando un sólido empujón con el cual de un puro golpe seco y brutal terminó por meterle toda su gruesa verga negra.

El épico enculamiento fue observado tanto por los vagos como por los automovilistas y ambos grupos se dieron a aplaudir la proeza del negro, mientras que Andrea gritaba y corcoveaba como una enajenada, movía y sacudía el culo para ambos lados una y otra vez intentando escupirlo por su ojete, pero el enardecido vagabundo cual cowboy del lejano oeste se aferraba a sus caderas negándose a sacársela, parecía como si este estuviera arriba del toro mecánico de la feria de Evelin en pleno funcionamiento, ya que Andrea corcoveaba con el culo para todos los lados posibles tal cual como lo hacen las yeguas cuando recién se ven ensartadas, así que una vez que el negro viendo como su yegua se negaba a mantenerlo en sus interiores la agarró firmemente de los cabellos rubios que nacían arriba de su frente para jalarla con fuerzas hacia atrás exponiendo su rostro a quien quisiera verla y con claras intenciones de domarla a la misma vez que se la dejaba embutida en forma completa.

La dolorida hembra se arrepentía de haberse dejado encular tan dócilmente en un principio a la vez que sentía como la tenía toda adentro, por ahora solo se daba a pujar y a llorar, mientras el negro vagabundo solo se daba a respirar pesadamente, hasta que este ya queriendo sentir las sensaciones que le daría la rubia con su apretado orificio posterior se la dejo salir hasta la mitad para luego volver a encajársela con mas energías que antes, así empezó un rico movimiento de entrada y salida del distendido orto de Andrea, el cual le ardía y dolía terriblemente, ella entre sollozos le pedía que se la sacara, pero el vagabundo nunca le hizo caso, y al contrario de ello y al notar que su mujer ya no se movía con las fuerzas de al principio se dio a asestarle unas fuertes y sonoras nalgadas a modo de reprimenda por habérsele puesto difícil.

El caliente vagabundo se la estaba culeando de una manera espeluznante y salvaje y la rubia que ya había superado la parte más enajenante de aquel público enculamiento ya se estaba comenzando a calentar, ahora entendía que todo esto debía ser así al comprender que si ya se la había podido con su zorra ahora también se podía a esa verga con el culo, y el indigente cumplía a las mil maravillas con sus salidos ímpetus femeninos, horadándole el culo una y otra vez con vibrantes estocadas tan profundas como dolorosas que la hembra ya hasta sentía que en cualquier momento se desmayaba de dolor.

Pero el nivel de su excitación superaba al del dolor y en un verdadero arranque de pasión mesclada con lujuria al sentirse humillada públicamente al notar que a lo lejos la estaban grabando mientras que por el otro lado y un poco más cercanos a ellos estaba el grupo de mendigos masturbándose y aleonando a sus colega a que la matara a cachas no se resistió mas y se abandonó a las delicias del sexo anal pidiendo a grito limpio que no pararan de meterle la verga:

–Asi…!! asi…!!! Asiiiii…!!! Mas fuerteee…!!! mas… mas profundooooo!!!!, así señor Tobiassss ábreme todo el culo si así lo quiereee!!!! Es todo suyooo…!!!! es suyooooo!!!!!

Mientras que el concentrado pordiosero escuchaba como su mujer le pedía que se la metiera más fuerte y más profundo él así se lo hacía ensartándosela con rudeza. Se la sacaba casi hasta la punta para luego dejársela ir de golpe y hasta el fondo de sus entrañas en donde antes de sacársela otra vez se daba a moverla circularmente explorándolo todo con su verga al interior de ella e intentando abrirle más el culo tal cual como ella lo estaba pidiendo.

De a momentos la rubia se sentía morir de dolor pero allí estaba ella puesta en 4 y aguantándola toda, hasta que en un momento dado en que sintió que ya no lo iba a lograr por muy caliente que ella estuviera le suplicó que por favor ya se la sacara, pero el vagabundo quien ni si quiera la escuchaba al estar concentrado solo a su propio placer no importándole lo que ella estaba sufriendo se la volvió a meter más fuerte que antes y de un solo espolonazo con lo que la hizo gritar más fuerte de lo que ya lo había hecho, así se la estuvo culeando por un buen rato, diciéndole de a ratos lo muy puta que era, con Andrea sollozando y a veces jadeando entregándose poco a poco a su verga con su culo ya totalmente abierto.

Ahora la hembra le movía enajenadamente su tronco, cintura y caderas como culebra disfrutando de ese animal que se la estaba culeando por el orto, las negras manos de este la tenían firmemente agarrada de sus brillosas ancas, apretándola con fuerzas contra su verga mientras ella se la comía entera, se la metía y se la sacaba a un ritmo veloz hasta que una de sus manos se fue hacia su panocha para claramente comenzar a masturbarla al mismo tiempo en que la enculaba haciéndola encabritarse con su cuerpo para por fin lograr hacerla gritar y explotar en un fabuloso orgasmo tan doloroso como placentero y terrible…

–Ohhhh…!!! Diossss…!!! Diossssss…!!! señor Tobías no me masturbeee…!!!! no me masturbeeeee…!!!!! que me corrooooo…!!!!! Me corro por los dos ladossss…!!!!! me corroooo…!!!!! me corrrooooooo…!!!!!!, -y así la rubia quien empujaba su anatomía hacia tras para hacer más profundas las clavadas en el momento en que fue invadida por las oleadas de escalofríos sufrió un doble orgasmo tal cual como ella le decía al hediondo vagabundo, se había ido cortada tanto por la zorra como por el culo.

El señor Tobías para descansar un tantito se la fue desclavando casi con cuidado, el sabia que aun tenía casi toda la tarde y la noche para seguir cogiéndosela, y cuando por fin pudo sacársela por completo vio como desde su abierto hoyo rosado caían unos extraños líquidos transparentes que se mesclaban con sangre ya que obviamente le había rajado el culo en el momento en que se la había ido metiendo, hasta que de un momento a otro vio como se cerraba apretadamente ese redondo circulo rosado que se le había visto al medio de las nalgas.

Por su parte la Andrea cuando cayó en cuenta que estaba desclavada y al sentir en su abierto orificio posterior el frío aire que entraba hacia su interior, y al ver al negro viejo mirándola y sonriéndole en forma insana mientras se masturbaba su diabólico y grueso instrumento, ella misma y sin que nadie se lo pidiera giró su cuerpo siempre puesta en 4 patas para volver a mamarle su verga, el pordiosero por su parte al volver a sentir los húmedos labios de la rubia se estremeció de un delirante deleite, ya que la ninfa le estaba otorgando una mamada sublime, pero más encantado se quedo cuando fue la vigorosa hembra quien le solicitó:

–Culéeme mas señor Tobías… se que Usted aun no se ido cortado… y yo quiero sentir eso que le sale de aquí adentro, -le dijo a la misma vez que le lamía los testículos, claramente esa era la señal en que la caliente rubia le indicaba que ese era el lugar en que estaba el hirviente contenido que ella quería sacarle.

–No me digas putita… y por donde los quieres recibir…!?. –El viejo se sentía en el paraíso…

–Por donde Usted quiera dármelos…!, srppsss…! Srpssssss…!!, -la rubia estando ahora arrodillada ante él seguía ensalivándole las bolas.

El negro rápidamente la tiró directamente de espaldas en el barro, desde hace rato que estaban lejos de los harapos del pordiosero y Andrea rápidamente se abrió de piernas cayendo en cuenta que el vagabundo le iba a echar el semen por la zorra tal cual como lo había hecho la noche anterior, y una vez en que ella ya estuvo en posición el exaltada vagabundo nuevamente se la metió por delante, claramente por esta parte ya no le dolió nada y el viejo una vez acomodado cuando la tuvo trabada se dio a bombearla con furia y rapidez.

Andrea se la sentía toda, experimentaba su tiesa extensión centímetro a centímetro mientras el viejo se daba a culearla, con sus semi cerrados y lánguidos ojos verdes vio a tres asquerosos ratones que volvieron a cruzar rápidamente solo a centímetros de su cara que estaba casi enterrada en el barro, pero a ella esto ya casi ni le importaba ni tampoco le temía, al haber sobrevivido analmente a ese tremenda verga de burro de la cual ella ya se sentía dependiente.

La aglomeración de gentes en el otro puente aun seguían grabándola, como así mismo un poco más arriba de donde a ella la tenían tirada mientras la montaban los vagos estaban más que desesperados buscando la forma de poder bajar a la quebrada para también ellos probar de sus encantos, incluso uno tuvo la osadía de treparse por uno de los altos postes para poder caer al otro lado y bajar por la peñascosa pendiente pero tuvo tanta mala suerte que debido a la altura perdió el equilibrio y cayó aturdido al haberse pegado en la cabeza en una piedra y sin lograr por ultimo haber caído en el lado correcto, por lo tanto la rubia comprendió que podía seguir fornicando sin temor a nada malo.

La sensaciones al estar siendo violada por un asqueroso vagabundo negro y siendo vista por una multitud de gentes desconocidas la estaba llevando a placenteras dimensiones prácticamente desconocidas para ella, tenía sus manitas clavadas a las fláccidas nalgas del viejo y canoso pordiosero, hasta que estas ardientes sensaciones le hicieron ver toda la constelación de estrellas habidas y por haber en lo más lejano del universo, la hembra sencillamente explotó, su vagina se contrajo rítmicamente como si estuviera chupando esa gran verga rica que la ensartaba hasta el fondo forzándola a otra vez gritar y gemir de calentura ante otro demencial orgasmo tan intenso y prolongado que casi la aturdieron de un vicioso gusto, al mismo tiempo que incitaba al indigente a que siguiera metiéndole verga todo lo que él quisiera,

–Ahhhhh…!!! Sigaaaa…!!! Mas…!!! mas mi vidaaaa…!!!! Asi mi amorrrrrr…!!! trábame todaaaa!!! Cógame mas durooooo…!!!, señor Tobías mi vidaaaaa…!!!, métamela todaaaaa…!!!, que me estoy vieniendoooooo…!!!, así…!!!, Ayyyy…!!! , massss…!!! quiero massssssssss!!!

El eufórico vagabundo se la metía más duro y más rápido, acomodándose nuevamente sobre ella, aplastándola y sofocándola con su negro cuerpo haciéndole abrir sus muslos al máximo, su cara con barba de años le irritaban sus mejillas, mientras le mandaba otro asqueroso chupón en el otro lado de su cuello, después le chupaba las tetas con fuerzas y se las mordisqueaba dejándole otras marcas en diferentes partes de estas, mientras que Andrea con sus femeninos piececitos le pegaba en las nalgas pidiéndole más verga mientras ella se seguía yendo cortada.

Y cuando el pordiosero le mandó el más fuerte y poderosos de los empujones declarando que con este la iba a premiar con su descarga de semen, la hembra con sus bien formadas piernas en forma de tenazas se doblaron en su cintura para entregarse a él moviendo rápidamente su pelvis como si lo estuviese masturbando con esta, sintiendo en esta misma los envaramientos que hacia la negra verga al estar anticipándose a una espantosa eyaculación.

Andrea imaginándose el liquido blanco que saldría de la punta de la verga que mantenía ensartada en su jugosa hendidura contrajo la panocha con todas sus fuerzas y gozó como una verdadera puta exhibicionista de la verga que tan buenamente mantenía encajada, sus brazos lo apretaban contra ella, y sus manitas se aferraban apasionadamente a la piel de su espalda disfrutando como nunca lo había hecho, hasta que por fin los chorros de semen caliente que le inyectaba con aquella poderosa manguera la inundaron por completo, mientras el dichoso vagabundo seguía bombeando ahora despaciosamente pero sin sacar ni un centímetro de verga de aquel placentero reducto que la mujer rubia le había convidado.

La rubia quien estaba enloquecida sintiendo los largos lecherasos de esperma espesa y caliente que el negro le estaba depositando otra vez en su misma matriz, experimentaba que la verga del negro estaba durísima y que esta pulsaba convulsivamente incluso hasta levantarle las caderas del barro cuando el pordiosero le escupía una nueva venida de semen y ella a la misma vez intentaba exprimirle hasta la última gota que este tuviera para darle, hasta que finalmente cuando los testículos del indigente quedaron prácticamente secos, fue cuando la hembra se sintió desvanecer para ir poco a poco aflojando sus nervios y los ligamentos de sus articulaciones, hasta que ambos cuerpos, uno rubio y el otro negro, nuevamente se quedaron inmóviles pero siempre tendidos en el barro y bien pegados con sus sexos el uno al otro, la hembra concluyó que este viejo sí que la había gozado como nadie y en su pérdida mente deseaba que el vagabundo también opinara lo mismo de ella.

El recién deslechado pordiosero en forma temblorosa se dejó caer a un lado de ella, pero sin sacar su gruesa virilidad que poco a poco iba perdiendo su dureza, hasta que al ir sacándosela lentamente un borbotón de semen se hizo presente con globitos y todo quedando coagulado entre los sedosos bellitos rubios de la casi desmayada mujer, quien solo pensaba en que había sido bien cogida como nunca por un indigente negro y debajo de un puente abandonado rodeada de desperdicios y de ratones que aun merodeaban por el lugar, aun así se sentía gozosa sin poderse explicar el motivo de su estado, pero estaba encantada con el pordiosero y se lo demostró quedándose en el barro junto a él abrazándose a su cuerpo como si verdaderamente ella fuera su mujer, y así sin hablar y sin decirse nada se quedaron por varios minutos.

Fue la hembra quien rompió el silencio del extraño momento, los indigentes ya se habían ido al igual que los automovilistas al haber comprendido que ya no habría más acción.

–Mire como me ha dejado… estoy toda sucia…, -le dijo mirándolo con una amplia sonrisa y con todo su pelo encharcado de lodo hediondo.

–Jijiji… no importa dulzura ahí tienes la ducha… mientras te bañas atracaré el carretón a un lado del puente para protegernos del frío, ya que pasaremos la noche aquí debajo del puente y ya para mañana te iré a dejar a la plazoleta.

Andrea después de haber recuperado algo de fuerzas se dio un largo baño debajo de la llave de agua, mientras el pordiosero volvía a hacer fuego, para después a la luz de la fogata volver a merendar el mismo menú que a la hora de almuerzo.

Ambos sabían que si las fuerzas les daban volverían a hacerlo en la noche, pero el cansancio les hizo una mala pasada, ya que al momento de estar ya acostados contra el muro de cemento en un pequeño corral que había hecho el vagabundo con su carretón, fue cuando les venció el sueño quedándose dormidos y abrazados en un tranquilizador sueño.

Al siguiente día el viejo negro respetó su promesa, si bien había sentido las tremendas ganas de volver a cogérsela comprendió que si no se ponían en marcha lo antes posible no llegarían a tiempo a la plazoleta en el horario que le había solicitado la rubia.

Y por su parte Andrea quedo más que encantada al notar que el indigente iba a respetar el acuerdo.

El viaje de vuelta a la ciudadela y al basural se hizo en silencio al igual que el de ida al puente, pero ahora con la diferencia que Andrea no podía dejar de mirar al señor Tobías, fue el viejo quien sacó a la hembra de su real estado de abstracción.

–Sabes washa…?, es probable que una vez que te deje en la plazoleta no nos volvamos a ver es por eso que quería darte la gracias por haberte apareado conmigo, jijiji, y la verdad de todo es que me gustaría mucho volver a hacértelo…, pero sé que eso no sucederá…

Hasta el viejo se extrañaba que no sentía ganas de aprovecharse de la rubia, y no porque no la deseara, sino por una extraña sensación de gratitud hacia ella que jamás había sentido.

–Sabes?, nunca en mi vida me había cogido a una mujer como tú, ni siquiera cuando fui joven… –Yo no sabía lo que era hacerlo con una mujer joven, mis hembras siempre fueron viejas feas y gordas, tú has sido la más jovencita que me he cogido, jijiji…

–No me diga… y eso es verdad!?, yo soy la mujer más joven con la que Usted ha estado íntimamente?

–Pus si…!, que edad tienes lindura?, solo para recordarlo cuando me masturbe pensando en ti…

–Ehhhh… yo tengo 35 años… y Usted qué edad tiene…?

–Ni idea, jijiji, ya te dije que ni siquiera tengo un apellido, menos voy a saber cuándo naci…

La rubia siguió el trayecto en silencio y sonrojándose cuando se veía observada por los negros ojos del indigente, pero más se sonrojaba al verse a ella misma pensando en las salidas abominaciones que de a momentos se imaginaba.

Una vez que ya llegaron a la plazoleta abandonada con Andrea estando con su cuerpo limpio pero vestida como una verdadera harapienta con los sacos mugrientos que le había prestado el pordiosero vio que a lo lejos de la ancha calle de cemento veía que uno de sus vehículos venia acercándose, rápidamente se dio a despachar al indigente para no hacer tan incómoda su situación ante don Pricilo, aunque ella ya había tomado ciertas determinaciones para su futuro, aun así se dio a despedirse del señor Tobías.

–Señor Tobías, me vienen a buscar, es mejor que Usted se vaya…, -le dijo nostálgicamente.

–Está bien mi washa me voy entonces, segura que no te quieres quedar a vivir conmigo en mi casita!?, -la rubia se sonrojó y se rio de tal invitación, pero no por humillar al negro sino que sencillamente le dio risa al imaginarse a ella haciendo una vida conyugal con el pordiosero en las afueras de su casucha.

–Como se le ocurre… yo no podría hacer eso, y gracias por haberme cuidado en estos dos días, mire tome esto en señal de mi gratitud, -la rubia se sacó su argolla matrimonial para ser ella misma quien se la depositaba en su mano. –Cuando vaya a la ciudad véndala y cómprese ropa y comida, este anillo vale una fortuna pero para mí ya no vale nada, y como le dije tenga cuidado porque vale mucho.

–Ohhhh…!!! gracias mi washa y no te preocupes que en algo me manejo con los números, sobre todo si se trata de dinero, jijiji…

–Y una última pregunta…!?, -le dijo la rubia en forma más que nerviosa.

–Si…? dime mami… que puedo contestarte lo que quieras…

–Es sobre eso que me habló cuando veníamos del puente…,

–pus dime rubia…, jijiji, para que tanto misterio…

Andrea con su corazón latiéndole a mil por hora, y mordiéndose el labio inferior se la tiró antes de que llegara don Pricilo y no le diera tiempo para su proposición.

–A Usted le gustaría hacerlo… hacer eso que nosotros hicimos, pero ahora con una jovencita!?… o sea, a… acostarse con una candorosa jovencita de 18 años!?

–Pus claro que me gustaría mi reina… además…

–Solo eso quería saber…! ahora váyase…! váyase pronto que el vehículo que me viene a buscar ya está por llegar.

Andrea con su corazón casi saliéndosele por la boca debido a su enajenante ocurrencia vio perderse al pordiosero por entre medio de unos tarros de basura, mientras don Pricilo ya estaba dando la vuelta con una de las camionetas de Andrea, el viejo casi se mataba de la risa al volver a verla en aquellas harapientas condiciones.

(Continuará)