Nada me faltaba con mi primito Edwar, disfrutaba de sentirme enamorada y gozaba de  buen sexo; era su maestra sexual, así que le había moldeado a mis gustos, aunque claro no puedo negar sus grandes contribuciones en ese aspecto. Conocíamos los rincones en que nuestros cuerpos se habrían al placer y juntos hicimos realidad las más perversas fantasías. 
El muchacho de 18 años de cuerpo delgado y facciones infantiles se había transformado en un hombre apuesto de 21 años, al que supongo acosaban la chiquillas colegialas, pero ese es un punto que prefería ignorar para evitar atormentarme recordando mis treinta y tantos, aunque claro tenía la ventaja de aun ser atractiva y  desinhibida.
Su época de aprendiz habia quedado atrás; y a más de un despliegue en madurez y en estatura,  también gozaba de un buen desarrollo genital que me hacia disfrutar de buenas estocadas, así, en ocasiones solía perseguirme haciendo gala de su cuerpo y agarrándose la reata con dos manos me decía: primita mira todo lo que tengo para ti…
Eso me ponía realmente cachonda y allí donde estuviéramos nos entraba unas ganas enormes de amarnos, tanto así que lo habíamos hecho en cada rincón del departamento, en la playa, en el campo, en el auto, e incluso en lugares algo públicos, desarrollando una perversa forma de exhibicionismo que  nos hacía gozar intensamente.
Pese a que había trascurrido mucho tiempo juntos, nadie en la familia sospechaba lo que sucedía entre nosotros, puesto que en presencia de los demás yo era simplemente su prima preferida,  aún así aquella tarde nos inquietó un poco la inesperada visita de sus padres, junto con Daniel, y unas enormes maletas que nos dejaron atónitos sin comprender lo que sucedía…
Daniel era el hermano menor de Edwar, el parecido entre ellos era impresionante, con la diferencia que tenía una mirada ingenua y cándida que Edwar  no tenía, ya que siempre fue más arrebatado y despierto. Además el chico era tímido y callado, bastante retraído para sus 19 años, supongo que debido a que sus padres fueron mucho más estrictos con él.
Mi prima nos comentaba que había decidido  inscribir a Daniel en el mismo  instituto que Edwar estudió, aunque claro el no permaneció internado puesto que  siempre vivió en mi departamento. Mientras la charla se desarrollaba, mi primo se mostraba totalmente preocupado, con su mirada quería decirme algo, así que a la menor oportunidad susurró:
_No aceptes que viva con nosotros, será un impedimento para nuestra relación, no podemos dejar que se quede…
Algo confundida seguí la plática, afortunadamente estábamos adelantándonos a suponer cosas, pues nunca tuvieron la intención de que Daniel se quedara a vivir con nosotros, sino que más bien venían a pedirnos que por la cercanía, lo visitáramos en el internado y de ser posible en los fines de semana que él no pudiera viajar a provincia, lo recibiéramos para que no se sintiera tan solo.
Sonreímos aliviados y aceptamos la propuesta ya que así eliminábamos cualquier tipo de sospechas, al fin y al cabo su visita sería tan solo uno que otro fin de semana.
Así fue como empezamos a relacionarnos con Daniel, el tímido  hermano de mi primo consentido. Desde luego los días en que él se quedaba con nosotros manteníamos la distancia apropiada, lo cual contrario a lo que creíamos en un inicio, empezaba a gustarnos muchísimo, pues se generaba un ambiente prohibido, elevando  la adrenalina a puntos en que nos deseábamos con una pasión casi animal.
Un fin de semana en que Daniel se quedó con nosotros, Edwar llegó con una película y una invitación de verla juntos, aquel brillo perverso en sus ojos me llenó de morbo recordando nuestra primera vez…
Por supuesto que acepté la invitación y dejé que mis dos primos invadieran mi habitación y mi cama…
Vestía una blusa corta sin brasier que se acoplaba a mis pechos haciéndolos lucir más grandes de lo que en realidad eran, una falda también corta y holgada que dejaba al aire mis muslos, llevaba el cabello suelto que me hacia lucir aún más femenina y un ligero maquillaje que resaltaba mis rasgos. Caminé sensualmente, sabía que Edwar amaba la insinuación de mis caderas, me miraba de pies a cabeza de ida y venida, lo sabia excitado y ansioso por tenerme a su lado, aun mas cuando la presencia de Daniel, nos ponía realmente lujuriosos.
Apagué la luz y aplaste el play del equipo, ubicándome intencionalmente en medio de mis dos primitos, bastó con recostarme y rozarlo para que Edwar respirara acelerado, mientras Daniel ajeno a nuestras intenciones gozaba de la película.
Protegido por la oscuridad, y aprovechando de estar tras de mí, casi inmediatamente sentí su mano rozando mis senos, lo miré retadora pues aun era muy pronto para empezar a jugar, pero a él pareció no importarle y me dio un pellizco en mis pezones que me hizo dar un brinco, al cual respondí agarrando su pene y propinándole un apretón mas de dolor que de placer, sin embargo al notar que ya lo tenía erecto, se me subió la excitación de golpe.
Me incorporé un poquito arrimándome en Daniel, de forma que con mi cuerpo cubría cualquier toque que mi otro primo me diera, a la vez que echaba mi cola hacia atrás dejando la vía libre para que Edwar tuviera más libertades de manosearme si así lo quería.
Mi faldita se levantó y al no llevar braguitas quedé expuesta a que la mano de mi amante no solo recorriera mi trasero sino que sus dedos se deleitaran en hundirse en mi coñito, uno…dos …tres dedos… vaya que gozaba de sus mañosas formas de tocarme.
Al voltearlo a ver, provocativo lamia sus dedos llenos de mi fluido, los cuales a la menor oportunidad me hacia lamer para aumentarme las ganas.
Daniel reía absorto con la comedia, y esos instantes de su distraimiento yo los aprovechaba  para meter la mano por la bermuda de Edwar que ya se encontraba a medias rodillas, valiéndonos de que estaba cubierto por la colcha.
Se la halaba hacia arriba y luego hacia abajo, como ansiaba que me la metiera, que me propinara aquellas crueles embestidas, pero nos gustaba torturarnos así que seguíamos el juego de excitarnos de manera riesgosa.
Un poco más atrevido se pegaba a mí rozándome con su falo y dejándome sentir al menos su cabecita, vaya que me ponía a mil.
En ocasiones cuando Daniel se dormía, la fiesta continuaba allí junto a él, nos habíamos convertido en amantes del peligro, se zambullía, chapoteando como un pececillo en mi laguna. Me lo metía tan solo hasta el glande, cuando yo necesitaba que empujara hasta el fondo, esa era su estrategia para enloquecerme, negarme lo que era mío, al punto que terminaba rogando que me follara y así lo hacíamos cínicamente junto a mi otro primito.
Otras ocasiones en que Daniel no se dormía o ya no aguantábamos las ganas, me levantaba en dirección al baño, y segundos después con el pretexto de ir a la cocina iba tras de mí. Me arrinconaba contra la taza del inodoro, y ya sin más preludios me propiciaba una de esas cogidas que resultaban realmente excitantes por el temor de ser descubiertos y por las ansias de no aguantar más.
Su pene abría paso por entre mis piernas, queriendo hasta desgarrar mi coñito, golpeaba con tanta intensidad que deliciosos sonidos sexuales armonizaban con nuestra desesperación por corrernos. Me ayudaba a mi misma masajeando mis pechos, ensalivándolos al igual que a mi clítoris, lo cual rápidamente me hacia alcanzar un rico  orgasmo; ya sintiéndome desecha se bajaba a lamer para generarme aun más intensidad en mi delicioso desenlace.
Luego satisfecha de caricias, poniéndome de rodillas procuraba premiarle por el placer que me daba y llenando mi boca con su falo, lo succionaba suave pero firmemente llegando cada vez más al fondo, más mucho más hasta llegar a los limites de mi garganta.
Lamia…succionaba…chupaba….con suavidad y luego con vehemencia hasta que producto de ello jadeaba apretando su pene contra mi boca a la vez que sus manos estrujaban mis cabellos en un intento de coronarme y en una lucha por dejar toda su leche en mi boquita de mujer mala.
Se arrimaba contra la pared como si las fuerzas le faltaran mientras yo lamía su pene hasta dejarlo totalmente limpio…ya sin ganas de caricias volvíamos a la cama ahora sí a prestar atención al argumento de la película.
Así fue como la compañía de Daniel se volvía nuestro mayor afrodisiaco que llevaba nuestra relación a incrementar los riesgos, aprovechandonos de su aparente distraimiento.
Tanta excitación nos producía la sensación de ser descubiertos que muchas noche en las que su hermano dormía en el internado, nosotros fingíamos que el rondaba por la casa y lo hacíamos parte de nuestras fantasías, sin darnos cuenta estábamos iniciando un juego peligroso…
Edwar empezaba a preocuparse por la lencería que yo utilizaba, esto me extrañaba porque escogía las mas sexys para que las usara especialmente los fines de semana en que Daniel estaba, al principio me sentía un poco incomoda de andar toda sensual paseándome por el departamento a la vista de mis dos primos, como si pretendiera generar un aire de morbosidad, pero me quedaba tranquila cuando sentía que los ojos de Daniel aparentemente me ignoraban.
No sentía su mirada en mis muslos, ni aun cuando recostados en la sala, levantaba mis piernas sobre el sillón, ante la mirada mórbida de mi otro primo, ni sus ojos en mis pechos cuando descuidada caminaba en la cocina y el ligero movimiento de mis pechos  mostraban que no llevaba brasier, nada llamaba su atención, ni siquiera mi cintura descubierta dejando ver el camino sinuoso de mi caderas; bárbaro eso estaba preocupante, siempre creí que mi parte posterior con shorcitos cortos que dejaban ver mis cacheticos, eran irresistibles, pero por lo visto no para Daniel, para él no era una mujer sino simplemente su prima.
Debo reconocer que su actitud me generaba dos sentimientos opuestos, me tranquilizaba que no me viera de manera diferente a la que debía, pero a la vez me sentía algo humillada en mi orgullo de mujer pues no lograba llamar su atención y eso me dejaba la duda de si ya no era tan atractiva como antes.
Afortunadamente Edwar estaba allí para darme la seguridad que necesitaba, solía disfrutar de mis primeros pasos de exhibicionista filial con un brillo realmente morboso, desde una esquina me observa devorándome, y extrañamente parecía recrearse de las reacciones de Daniel.
Tantas lecturas de todo relatos, creo que empezaban a ser mella en mi primito, pues empezaba a tener muchas fantasías, que para una pareja normal pudieran salirse de foco.
Reiteraba en decirme que le excitaba mucho, la pasividad de Daniel, y que su mayor fantasía en ese momento era verme actuar como una sensual loba que va en busca de asediar a su presa, me hacía reír con sus ocurrencias, y debo reconocer que me empezó a gustar el juego de coquetear disimuladamente con Daniel en su presencia. A veces estratégicamente se ubicaba tras un mueble, una puerta, o algo que le sirviera de escondite  para fantasear, la excitación se hacía evidente en la carpa que se formaba en su entrepierna, se lo tocaba para mi, mientras yo llevaba a efecto alguna de mis actuaciones de mujer fatal.
Le estimulaba con movimientos sensuales, con miradas insinuosas, y ocultándome de la mirada de Daniel, acariciaba mis pechos hasta que mis pezones saltaran, mi lengua sobre mis dedos fingiendo lamer su falo, chupándolo, apresuraba el movimiento de su mano sobre su pija, un: maaaas tócate maaas dibujado en mis labios sin emitir sonido, le hacía, continuar en aquella masturbación que  me tenía mojada; a veces corría al baño a terminar su tarea y en otras ocasiones me premiaba con una follada increíble a la menor oportunidad que tuviéramos. Bajo esas condiciones como no me iba a gustar seguir su juego.
Así fue como Daniel llego a sospechar de nuestros encuentros, era tímido y retraído pero no tonto, su mirada se había vuelto curiosa, intranquila y ahora incluso parecía disfrutar de mi cercanía…
Un fin de semana sucedió lo inesperado…
Daniel  había salido con unos amigos, así que estábamos en nuestra habitación amándonos con total libertad, el espejo de mi cama me devolvía la erótica imagen de mi cuerpo sobre él, con las piernas separadas y un movimiento de hembra caliente que me hacia brincar sobre su pene invadiéndome a mi antojo, mi cabello caía sobre mi rostro, que a momentos se desfiguraba de placer, mi cuerpo arqueado, mi trasero levantado, llevaban una fuerte carga de sensualidad, que la cara de mi primo parecía disfrutar mas que la rica sensación que mi vagina le daba,  estaba tan cerca de conseguir mi orgasmo, cuando unos pasos silenciosos tras la puerta me cortaron el sublime momento, el temor me hizo querer levantarme, pero Edwar sujetándome por las caderas me dijo:
_Tranquila amor…ya lo sabe…gocemos de sus miradas y …dejémosle disfrutar…
Vaya que el exhibicionismo lo estábamos llevando a niveles más altos, pero me dejé llevar por sus palabras; mis movimientos se volvieron mas intensos como si una inyección de energía corría por mis venas, la imagen de mi primo tras de la puerta tocando sus genitales me ponían tan cachonda…. su respiración agitada…su mirada dulce…su parecido con Edwar…su nerviosismo cuando estaba cerca de mi…tanto así que por un momento olvidé que Edwar era quien me daba caricias y arrancaba mis gritos de placer….
Me ubiqué en cuatro, de forma que Daniel tuviera una vista perfecta, y por el haz de la puerta gozara de verme con su hermanito, me la metía con mucha intensidad, con la misma rabia y con la misma furia con que el otro, se daba manivela sobre su arma, allí estaba yo dándole placer a mis dos primitos.
Al poco rato me vine gimiendo en un orgasmo que me hacia chillar mientras continuaban sus movimientos de cadera; en poco rato el también tuvo un orgasmo que lo dejo tirado en la cama.
Nos besamos, mientras escuchamos los pasos de Daniel dirigiéndose a su habitación
_Tranquila me dijo, hablaré con él,  ya verás que nadie se enterará…ahora solo dime si te gustó….
_Me encantó amor, tanto tanto como a tí…
Lo que nunca le dije es  que mientras me hacía el amor,  extrañamente  el rostro de mi primo Daniel se me confundió con el suyo….
Diablos que me pasaba, de pronto mientras Edwar salía de la habitación, Daniel se metia en mis fantasias, estaba abriendo las piernas mientras pensaba en él, en sus labios que de seguro aún no sabían como dar un buen beso húmedo, en  sus manos sudorosas cuando tenía la oportunidad de tocarme, en sus nervios cuando le plantaba la mirada,  en su  uniforme que me incitaba a ser su maestra…
 Pasé mis manos por mi cuello, dejando que resbalen hacia mis pechos, con pezones sonrosados que se habían levando al oir su nombre, sé que podría ser mi hijo, y ni aun eso detenía mis pensamientos lúbricos.
Vaya perversa en la que me he convertido me dije mientras dejaba de tocar mis pechos que ya estaban duros de tantos estímulos, tan solo es primo y la historia no debe repetirse…o si? 
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