Edwar es el hijo de mi prima mayor, siempre fue como mi hermanito consentido, era un bebe precioso al que me encantaba llenar de mimos. Cuando él nació yo tenía alrededor de 14 años y a medida que iba creciendo le fui tomando tanto cariño, que solía consentirle al exceso de darle a escondidas los gustitos que sus padres le negaban, quizá por ello desde su más tierna infancia manteníamos una secreta complicidad, que hizo que yo me convirtiera en su prima favorita.
Pese a la diferencia de edad que hacía que nuestras vidas, diversiones e intereses giraran en mundos totalmente diferente, era el niñito de mis ojos, y debo confesar que aunque ya era un jovencito, no había perdido esa forma dulce de ser conmigo, por lo que el resto de la familia bromeaba diciendo que era su manera de retribuir los regalos que yo le hacía, lo cual pudiera tener algo de razón, sin embargo a nadie le quedaba duda que nos teníamos un cariño especial.
Mi vida laboral dio un giro inesperado y tuve que mudarme a la capital, transcurrieron alrededor de tres años de vida citadina y en tan poco tiempo cómo cambiaron las cosas, de pronto yo estaba ya a las puertas de los 32, y pese a no tener una belleza exuberante mantenía mis encantos a flor de piel, lo cual me hacía sentir una mujer llena de vida; en cambio Edwar se había convertido en un jovencito de 18 años, algo huraño y con ciertos problemas de conducta, por lo que sus padres pretendiendo brindarle una educación selecta y bajo un régimen mas estricto, decidieron que su ultimo grado de colegiatura pasaría en un internado en la capital, lo que no le hacía ninguna gracia pues estaría bajo la tutela de misioneros.
_Porqué no me dejan quedar en casa de mi prima!! protestó, es la única que me entiende. De seguro pensaba que era mas fácil lidiar con la prima que le consentia que con los religiosos.
Me puso en jaque, era una situación comprometedora pues se trataba de una responsabilidad muy grande la que tendría que asumir, sin embargo por el cariño que le tenía accedí a recibirle, con la condición de que si no se comportaba como debía, inmediatamente sería internado, lo cual aceptó de buena gana.
Así sin proponérnoslo, nuestra relación se volvió más estrecha, acoplándonos fácilmente a nuestra nueva vida, solo había algo que a momentos me incomodaba un poco: ya no tenía la misma privacidad de andar semidesnuda por el departamento, o dejar la puerta del baño abierta, pues él ya era un hombrecito y aunque era mi primo, empecé a notar que observaba mis muslos cuando vestía falditas, y no perdía ocasión de ver algo mas…
A pesar de eso mas que su tutora, éramos grandes amigos, sin embargo hubo un capítulo que marcó para siempre, nuestra forma de vernos.
Recuerdo que aquella noche habíamos salido a comprar una película, al regresar al departamento corrimos a mi cama y como dos niños nos peleábamos por adueñarnos de las almohadas, librando una batalla juguetona que hizo que por primera vez sienta sobre mí el peso de su cuerpo casi adolescente; mis pechos aplastados por su tórax, su pelvis rozando mi pubis, su rostro tan cerca, me hicieron temblar, por lo que asustada me incorporé con celeridad.
Intentando mostrarme serena le pedí que pusiera la película, mientras me quité la chaqueta quedándome en una blusa cortita de algodón, el brasier me incomodaba así que poniéndome de espaldas lo desabroche por detrás y lo retiré haciendo maniobras para no tener que quitarme la blusa, aún así una parte de mi pecho rebozó queriéndose escapar, instintivamente volteé hacia el espejo y Edwar me miraba con esos ojos de curiosidad que últimamente se volvían más frecuentes, causándome un nerviosismo inesperado.

_Aquí está tu pijama, me dijo lanzándome una bombachita corta y holgada que estaba sobre la cama, la agarré en el aire y esta vez no me conforme con decirle: date vuelta para cambiarme, sino que más bien salí a desvestirme en la otra pieza.

Cuando regresé, la habitación ya estaba en penumbras, solo el reflejo de la tv, daba algo de claridad, había descorrido la colcha y estaba metido entre mis sábanas, su pantalón y zapatos habían quedado tirados a los pies de la cama. Retándole le pedí recoger el desorden y ponerse su pijama, a regañadientes se dirigió a su pieza murmurando quien sabe qué.
Al poco rato volvió sin camiseta y con una bermuda corta, su apariencia era la de un chiquillo puesto que su rostro aun guardaba rasgos de la adolescencia, tenia el cabello oscuro que contrastaba con sus ojos claros, la piel trigueña y una bonita sonrisa que alegraba su rostro, era algo escuálido y paliducho, de esos chicos a los que el desarrollo les llega dolorosamente tarde, pero aun asi no pude evitar bajar la vista hasta su pelvis, imaginando como habría crecido su pene desde que lo veía corretear desnudo cuando era un niño, esperaba ver un bulto en su entrepierna, pero no, no se veía nada que pudiera llamar mi atención. Sonreí por las boberías que se me ocurrían, y lo dejé acomodarse a mi lado.
Así, recostado en mi cama, con sus pies sobre los míos y su rostro apoyado cerca de mi pecho, disfrutábamos de la comedia que habíamos elegido.
A momentos su mano acariciaba con suavidad mi vientre a través de la camisetita corta de algodón, haciendo que por la tibieza de sus suaves caricias mis pezoncitos se levantaran a curiosear, sospechaba que lo hacía intencionalmente pues de vez en cuando desviaba su vista a mis tetitas, cenándoselas con la mirada y fruto de eso, algo despertó entre sus ingles. Debió asustarle su reacción inapropiada, pues separó un poco la pelvis, cubriéndose con la colcha.
No podíamos engañarnos nuestra relación de primos empezaba a cambiar y yo me preguntaba cómo diablos podía estarnos pasando esto?
_Epa prima en que piensas tanto?,…que no sea en mi…sonrió socarronamente, aquella intención escondida en sus palabras me hizo meditar que pese a su apariencia de chiquillo ya era todo un hombrecito, y aunque yo era una mujer madura, estaba cayendo en su juego.
_En nada chiquito…solo empiezo a tener sueño, le dije mientras simulaba un bostezo.
Me quedé unos minutos en silencio pensando en lo mórbido e impensable de la situación, pero él interrumpiendo un poco mis pensamientos, inquirió:
_ Prima estas despierta?
Decidí no responderle, la verdad ya quería descansar un poco y el no darle contestación haría que se dirija a su habitación.
Estaba esperando que se incorpore pero esta vez no lo hizo, más bien se acurrucó aún más, su brazo me rodeo y su mano quedó tan cerca de mi pecho, que temía hasta respirar, la bajó un poco y su palma quedó chantada sobre mi seno.

Estaba tan cerca a mí que sentía su corazón palpitar con fuerza, mientras me hacia una caricia casi imperceptible, contra mi voluntad mis pezones crecieron al instante, alzándose sobre la blusa, y su pulgar algo enardecido lo sobaba torpemente.

Permanecí inmóvil disfrutando de la primera caricia filial, sé que debía simular despertarme para que dejara de tocarme, o reclamarle directamente su atrevimiento, pero me quedé en silencio fingiendo dormir profundamente.
No se que cruzaba por su cabecita loca, pero bajó su mano y la deslizó sigilosamente por debajo de la blusa adueñándose del calor de mis senos, rozándolos distraídamente; se retiro suave y creí morirme de la impaciencia porque me tocara con más fuerza, demoró unos segundos y un frescor en mi aureola me volvió a la vida, supongo que sus dedos se habían humedecido de su saliva pues resbalaban haciéndome estremecer.
Me moví un poco como si tuviera el sueño algo inquieto, ya estaba húmeda y con muchas ganas, así que ligeramente separé mis piernas dejando el camino libre por si Edwar quisiera avanzar más… Así lo hizo, mi movimiento facilitó las intenciones de ambos, metió su mano por la pretina de la pantaleta y tocó ligeramente mi pubis, quise que siguiera pero simplemente dejó su mano allí apropiada de mi monte depilado.
Descendió su rostro, se detuvo unos segundos como si esperara que no haya ninguna reacción mía, bajó las tiritas de la pechera profanando la desnudez de mis pechos y aprisionó con sus labios mis pezones.
Quisiera decir que los besó deliciosamente pero en realidad era mucho más que eso, fue una mamada algo torpe y sin embargo la más excitante de mi vida, quizá por la lujuria de saber que tan solo era un muchachito y más aun mi primo consentido.
Duró escasamente unos segundos, lamentablemente, pues yo quería que siguiera mucho más, se movió hacia un lado y, aunque yo permanecía impávida con los ojos cerrados sabía perfectamente lo que sus manos hacían entre sus piernas, se tocaba allí, acariciaba su pene de arriba hacia abajo, también sus bolas, sentía sus movimientos acelerados mientras se masturbaba, y yo ansiaba que fluyera rápido su semen para que abandonara la habitación y yo también pudiera regalarme placer.
Le oí gemir bajito, dándose gusto, con una mano agarraba su pene y con la otra pellizcaba mis pezones, me di vuelta como pretendiendo que vea mi cola, y sin aguantar las ganas echó mano por entre las holgadas piernas de mi bombacha. Sus dedos tímidamente juguetearon en la entrada encontrándose con la humedad de mi vagina que se contraía de ganas, los hundió suavecito haciéndome delirar mientras cruelmente me sentía obligada a permanecer inmóvil; agarró su pene violentándolo insistentemente hasta hacerle fluir, dejando el rico aroma de su semen impregnado en mis sábanas
Corrió al baño llevando la preciada carga entre sus manos, al instante el sonido de la regadera me hizo entender que demoraría unos minutos en volver, con desesperación bajé la bombache que me estorbaba, me abrí de piernas, buscando la fuente de mi placer, allí estaba entre mis labios mi amado clítoris, aumentado de tamaño, y tan lleno de humedad que incluso mis ingles estaban bañadas, con desesperación moví mis dedos sobre su capuchón de un lado al otro, a la vez que doblándome sobre mi misma lamía con locura mis pechos, Estaba tan caliente, que no necesité mucha estimulación para encontrar lo que buscaba; terminé gimiendo en mi cama y gozando de un rico orgasmo engendrado en nombre de mi primo.
Ya estaba aliviada cuando le escuche entrar, siguió con la rutina de siempre, apagó la tv, me besó, esta vez en los labios y se dirigió a su recámara.

Dormí tan rico esa noche, que tan solo el despertador logró levantarme.

En la mañana nos encontramos, tarareaba una cancion, mientras yo preparaba un suculento desayuno.
_Porque tan feliz? pregunté desfachatadamente
Sonrió mientras dijo, _soñé con la mujer de mi vida
_Compañerita de clases? insistí en preguntar
_Ya te lo contaré…y me besó con suavidad en el rostro.
Salimos a nuestras labores y todo volvió a la normalidad, excepto que no podía olvidar lo que sucedió, y por lo visto mi primo tampoco, pues a unos pocos días de aquello, me dijo:
_Sorpresa!!, compré esta película para que la veamos juntos.
Noté un brillo malicioso en sus ojos y seguramente le respondí de igual forma, aunque ninguno de los dos se dio por enterado.
Nos recostamos juntos como la primera vez, traté de disfrutar la trama de la película aunque realmente era aburrida, reí para mis adentros deduciendo que era su estrategia para que me durmiera más rápido.
Veíamos a medias la película, más bien charlábamos de tonterías y queriendo comprobar sus intenciones cerré mis ojos; minutos después mumuro:
_Prima estás dormida?
No respondí; volvió a preguntar y al no obtener respuesta, se pegó a mí totalmente, abrazándome con fuerza.
Sorpresivamente conteste:
_Chiquito estoy despierta, solo tengo los ojos cerrados por el cansancio
Vaya susto que se llevó, no lo esperaba y solapadamente se distanció un poco
Pese a mis ganas de seguir con el juego, esta vez estaba decidida a no dormirme, algo de culpa había nacido en mi interior, además que no quería que el sospechara de mi predisposición, después de todo yo era la adulta y debía controlar la situación.
Se pasó todo la noche intranquilo, hasta un poco fastidiado, seguramente en su cabecita ya se había cristalizado la idea de gozar de su primita por segunda vez.
Se hicieron como las once de la noche y el sueño le venció, le acaricie la mejilla mientras pensé, como es la vida, ahora estoy en su misma situación, con las mismas ganas de tocarle, con los mismos deseos de olvidar nuestro parentesco y Edwar dormido a disposición mía, con la única diferencia que él si lo hacía profundamente…
Jugué con su cabello, pasé mis dedos por sus labios, ahora era yo la que buscaba la cercanía de su frágil cuerpo, baje mis manos por su vientre, y solo de mirarlo ya estaba toda humedecida, que ansias por bajarle la bermuda y despertar a puta de besos su miembro, que ganas al menos de verlo, de descubrir su tamaño..
Dejé caer mi mano bajo su vientre, palpando su falo por encima de la ropa, lo tenía flácido lo que me daba la certeza de que en verdad dormía, no aguanté las ganas y metí mis manos por entre su pubis, en busca de eso que calmara mi calentura, jugue con ella, y empezó a erectarse, mi morbo creció instantáneamente, y mientras lo tocaba, apretaba mis muslos y los abría, que rico disfrutar así de mi primito, se lo estaba parando a punto de que parecía latir y mojaba mis manos con las primeras gotas de sus fluidos, el se movió un poco en medio de un suspiro, dejándome la duda de si era el sueño inquieto o al igual que yo disfrutaba en silencio de las caricias. Me tranquilizó ver que sus ojos cerrados no daban muestras de ninguna reacción, además es conocido que los hombres tienen erecciones nocturnas así que bajo esa justificación que no me satisfacía totalmente, me atreví a seguir disfrutando.

Golosa como estaba, llené mis dedos de saliva, para facilitar el movimiento, lo hice unas cuantas veces de arriba abajo como toda la experta que era; cual no sería mi sorpresa cuando con unas tantas caricias mis manos quedaron totalmente mojadas, se había venido no se si dormido o despierto, pero allí estaba yo con la miel en mis manos, mientras él se contraía deliciosamente.

Retiré abruptamente mi mano y fingí dormir, incluso para reforzar mi simulación deje que sonidos guturales, salieran de mi garganta como si roncara incesablemente.
Todas las ganas que traía se esfumaron de pronto, solo quería salir airosa de semejante situación, Mi primo como confundido se incorporó, metió sus manos entre sus piernas, gimió mientras se lo manoseó un poco…me moría por ganas de saber si me descubrió o creyó que tuvo un sueño húmedo de los tantos que supongo habría tenido, no obstante me quedé con las dudas.
Me abrazó, fuerte por detrás, me besó la nuca y se quedo dormido nuevamente, después de unos minutos también yo lo hice, esa fue la primera vez que amanecimos juntos…
En la mañana al despertar actúe con total normalidad, quitándole las cobijas lo animé
_Ya chiquito hora de levantarse…
Algo confundido miraba la habitación como dudando de donde se encontraba, hasta que la lucidez pareció volver.
_Que rico que me dejaste dormir aquí…
_Es que me dio pena despertarte…pero no se vuelve a repetir, eh?
No mencionamos nada más sobre el asunto. Todo siguió como de costumbre, nuestro trato, nuestra complicidad, nuestras rutinas, nada parecía haber cambiado, excepto que comenzamos a ver tv juntos con más frecuencia, y a mí me empezó a dar sueño cada vez más temprano…
Así inmediatamente me daba vuelta fingiendo dormir sentía sus manos en mis pechos, con menos temor cada día, las masajeaba tan rico y los chupaba con tanta certeza, que de tanto lubricar terminaba mojando mi tanguita, me exploraba toda y luego venían sus deliciosas caricias en mi coñito, sin duda las páginas sucias que veía en internet lo estaban volviendo todo un experto.
Algunas madrugadas en que me sentía muy caliente, solía ir a su habitación a contemplarlo, bueno más bien a despertar su juguetito, las últimas veces lo hallé desnudo como si me esperara. Consciente de que al parecer había un tácito acuerdo entre los dos de siempre fingir dormir, me escabullía entre sus sabanas y me adueñaba de su falo, lo chupaba con verdadera adoración, llenaba mi boca, lactaba como lo hace un bebe con el pecho materno, a veces con suavidad, a veces con furia según el hambre que traía, hasta llenarme de aquella leche tibia que se convirtió en mi obsesión.
Nunca dijimos nada, gozábamos siempre en silencio, pues el miedo a enfrentar la realidad nos hacía conformarnos con eso. A ese ritmo habían trascurrido como tres meses y debo reconocer que ya no resistía tener que aguantarme, necesitaba ser penetrada no estaba en edad de conformarme con solo caricias, deseaba llegar a sentirlo en mis profundidades, pero no estaba dispuesta a hacerlo a plena conciencia, prefería que nos gozáramos secretamente, así que ideé mi gran plan…

Aquel día llegue a casa un poco más tarde, había pasado por la farmacia comprando unas vitaminas recetadas por mi médico, le quité la etiqueta al frasquito y las coloque en mi velador, mientras sonreía pícaramente me diriji al baño, quería relajarme bajo la espuma, preparar mi piel que esa noche seria amada; me envolví en mi bata de salida, y fui a recostarme hasta que él fuera a verme como acostumbraba.

_Amor le dije, asegúrate de cerrar todo bien porque ya voy a recostarme, mi médico me recetó estas píldoras para descansar mejor, así que no te preocupes por mí, dormiré profundamente…
Mimoso se acercó a abrazarme, preguntándome si me sentía mal, le tranquilicé diciendo que estaba mejor que nunca y que solo necesitaba reposar.
Tomé mi supuesta píldora del sueño, y me dispuse a esperar sus caricias.
Tímidamente se recostó, espero un tiempo quizá para asegurarse de mi profundo sueño o tal vez para ponerme más ansiosa, luego sin reparo abrió mi bata, se dedicó a dejar sobre mi piel las huellas de sus besos, a buscar los rincones que no había probado, besándome con la intensidad de quien tuviera a la mano lo que siempre quiso. Deslizó sus dedos por mi vagina, abriendo mis labios al máximo y poniéndose detrás de mi me restregaba con su falo, lo sentía temblando indeciso, hasta que al fin golpeteó en mi entrada resbalando hasta mis profundidades, me la hundió fuerte mientras me agarraba de la cintura; empezó a moverse en mi interior con el ímpetu de la juventud a su favor, mi vagina engulléndoselo, palpitaba muy rico y yo la ajustaba aún más para que ambos tuviéramos mas sensaciones.
Había deseado tanto sus embates que el orgasmo se hizo evidente, poquito después el gimió y se estremeció varios segundos tras de mí, retiró rápido su pene y dejó caer su tibia leche sobre mis muslos…
Varias veces me amó así, y aunque no podíamos desplegarnos como quisiéramos al menos podíamos disfrutar del encuentro de nuestros cuerpos.
Cada vez que una necesidad sexual me corroía, tomaba delante de él mi píldora del sueño, y mi chiquito, se disponía a quitarme las ansias de sentirme mujer…
Pese a todo lo que disfrutaba a su lado, tiempo después empecé a comprender que el juego con mi primito no me llevaría a ninguna parte, así que queriendo alejarme un poco de lo absurdo, comencé a salir con un amigo, pretendiendo marcar distancias con Edwar.
Después de varias salidas, le invité a mi departamento quería que mi primo le conociera y sobretodo entendiera que las cosas tenían que cambiar, que entre los dos ya no podría haber nada.
Aquella tarde estaba conciente que el chico estaba por llegar, y aún así dejé que mi amigo me besara, correspondiendo a su caricia. De pronto, Edwar entró, se quedó allí como paralizado ante aquella escena, pero no hizo más que mirarme con verdadera rabia, azotar la puerta y encerrarse en su habitación.
Nunca pensé que me doliera tanto lastimarle, algo apretujo mi corazón  y sin dar explicaciones  despedí a mi amigo y fui a buscar a Edwar, pero no esperaba su reacción…
Apenas crucé el umbral de la puerta me recibió con un:
_Eres una cualquiera!!
Le crucé la cara con una cachetada,
Volvió a gritar:
_Aunque me golpees no dejas de serlo!
Me dolieron sus palabras porque en realidad estaba lejos de ser una mujer libertina,
_No te permito que me faltes el respeto, niñito malcriado porque no lo merezco!!
El insistió en agredirme con sus palabras:
_Entonces dime, como se le dice a una mujer que está con dos hombres a la vez?
Me quedé helada, todo podía esperar menos eso, me estaba sacando en cara nuestra secreta relación, ventilándola de la peor forma y aún más asumiendo que yo me acostaba con cualquiera.
Le odié profundamente en ese momento, y no pude evitar que lágrimas de coraje resbalaran por mi rostro.
No nos hablamos varios días, la casa se sentía fría y vacía, me faltaba su sonrisa, diablos!! que me estaba pasando…
Ya más tranquila y con los pies en la tierra, le anuncié que iba a llamar a sus padres para que tramiten su ingreso al internado. No sabía cómo reaccionaría, si mostrándose orgulloso y aceptándolo o tal vez arrepentido y pidiendo una segunda oportunidad.
Pero para mi sorpresa su reacción fue distinta a las que yo había deducido.
Se mostró triste, quizá hasta dolido.
_No significo nada verdad…no sientes lo que yo por ti.
Me quedé callada y continuó:

_Te amo cuando fingimos dormir y nos tocamos, también cuando no lo hacemos, te quiero en todo momento, y aunque no lo sabía, creo que te he amado desde que era un niño…

Después de oír aquellas palabras, no quise más que olvidar la realidad, y me acerqué despacio a sus labios, los atrapé suave, dejándole sentir la humedad de mis deseos, era nuestro primer beso con consentimiento, un momento mágico. Nos besamos dulcemente y a medida que nuestras caricias se hacían más intensas, caímos sobre el lecho. Besé sus hombros, bajé por su pecho, haciéndole estremecer cuando mis labios rastreaban por su pelvis, tomé su pene en mis manos y lo masturbé con suavidad, luego mi labios succionaban con maestría haciendo que mi pobre chiquito temblara en mis manos, se lo ponía tan erecto que pensé que se vendría en pocos segundos, pero me empujó sobre la cama susurrando:
_Enséñame… enséñame a besarte ahí…
Me abrí suave regalándole mi sexo, moví provocativamente mis caderas invitándole a acercarse, tome su mano e hice que sus dedos recorrieran mis labios…mi vagina… mi clítoris y aprendieran a tocarme, su lengua también aprendió donde refugiarse y donde provocar mis gemidos de placer.
Me acomodé sentándome sobre él, separando mis piernas, de forma que a medida que bajaba engullía su falo, y al subir lo liberaba, en un movimiento que me hacia retorcer de placer. El jugaba en mis pezones y en mis glúteos, yo procuraba darme más placer friccionando mi capullo. Subía… bajaba… cabalgando en mi corcel de raza, como una hábil amazona.
Pocos segundos después una estocada me regaló un orgasmo que calmaba mis ansias, mi primito también gimió y se vino dentro mío mientras palidecía de placer. Me retiré, y bajé a su pelvis a lamer un poco de esa leche tan amada. Nos besamos nuevamente y enlazados nos quedamos dormidos.
En la madrugada sentí sus manos nuevamente, ahora con la seguridad del que se siente dueño, me punteaba mientras agarraba mis pechos como le daba la gana, me ubiqué en cuatro como una deliciosa perrita que quiere ser cogida inmediatamente, el se paró detrás mío y me lo estrello en la vagina con verdadera intensidad. Como me excitaba su piel juvenil, me ponía lujuriosa pensar que estaba acabando con cualquier resto de inocencia que le quedaba, y esos pensamientos sucios me hicieron querer darle algo que seguramente nunca había probado.
Me tendí en la cama, mezquinándole mi rica madriguera, y empecé a tocarme para él… mis pechos …mi vientre…mis muslos…mi vagina y cuando estaba ya enloqueciendo de ganas dejé que viera como llevaba mis jugos hacia atrás e introducía un dedo en mi estrecho culito.
Se acercó casi automáticamente y dejándonos guiar por nuestras ganas, nos acomodamos de forma que mi trasero quedaba totalmente expuesto para que me gozara; me enloqueció el hormigueo que me producía su pene al dilatar mi traserito y aun más la sensación de ser invadida una y otra vez por aquel camino que me llenaba de placer.
No resistimos mucho se sentía todo tan ajustado, que estábamos a punto de venirnos,
En unos cuantos movimientos más mi vagina latía con vigor mientras su leche resbalaba de mi culito.
Fue delicioso amarnos sin miedos, matando el deseo a punta de besos, aprendiendo a tocarnos y a descubrir cada vez más escondites de placer…
De eso han pasado como 3 años, Edwar tiene ya casi 21 años, y yo no quiero ni recordar mi edad, aunque modestia aparte me veo muy bien. Sé que es una locura pero aun creemos estar enamorados, no se cuanto más dure esta relación, solo sé que hasta hoy soy feliz y si tiene que terminarse en algún momento, pues guardaré esto como uno de mis mejores recuerdos.
El está a mi lado ahora leyendo este relato, dice que no le gusta el fin que le he dado y que el desenlace lo relatará él:
“Nos amamos, y viviremos felices por siempre …
Y ahora primita, quiero descansar, así que tomaré una de aquellas píldoras para dormir…estaré en nuestra habitación…esperándote…
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