dueno-inesperado-1Resumen de la primera y segunda parte…
A falta sólo de 3 meses para su boda, Marta es emborrachada y seducida por dos primos mayores de su novio Santi. Afectada por la bebida, y en presencia de su novio ya inconsciente por el alcohol, fue follada por ellos el asiento trasero del coche. Unas semanas después, cuando ya pensaba que el episodio estaba olvidado, los primos de Santi se las ingeniaron para volver a quedar todos juntos para cenar. Justo antes de la cena, el primo Tom ya había hecho una visita en solitario a su casa y la había seducido una vez más.
Tercera parte:
Marta estaba nerviosa y excitada. Una vez más, Tom, el primo de su prometido había dispuesto de su cuerpo con total libertad y ella, no podía negarlo, había disfrutado enormemente. Al bajar al coche, les esperaban enfadados Carlos y Santi. Marta, al llegar, evitó besar a Santi en la boca ya que Tom se había corrido en ella. Carlos se dio cuenta y guiñó un ojo con complicidad a Tom, que la sonrió confirmándolo. Fue un medio beso en la comisura de los labios. Marta se sentía como una puta. Sus expectativas de ser una chica buena esa noche se habían desmoronado. Aún así, se sentía excitadísima y la noche sólo había empezado.
Tom no la había permitido llegar al orgasmo, y ella seguía muy excitada. Incluso temía manchar el vestido al sentarse y se sentó en el asiento trasero del todoterreno extendiendo la falda sin que Santi, que se sentaba delante de ella, lo apreciase. Por su parte, Tom, ya relajado, se puso a hablar con los chicos de cosas intranscendentes. El restaurante no estaba muy lejos. Llegaban tarde. Un camarero les dirigió a la mesa que tenían reservada, indicándoles que había tenido que cambiar su mesa por otra más alejada pues una parte de las mesas las retiraban para dejar espacio para la pista de baile.
Marta se sentía nerviosa. Sabía que la noche aún le depararía algunas sorpresas. Para empezar y, mientras se dirigían en fila hacia la mesa, Carlos le había rozado su cadera a la vez que susurrado al oído “mira tu teléfono móvil que quizá recibas órdenes, Martita”. Ella no pudo reprimir un pequeño escalofrío. Les había tocado la mesa más cercana a la pared. La más alejada de la pista, y en una zona donde ya había un ambiente bastante oscuro. Marta quedó sentada frente a Santi, con Carlos y Tom uno a cada lado. Pidieron una ronda de cervezas y eligieron rápidamente el menú. Era tarde y tenían que terminar antes del comienzo del espectáculo de baile.
Los chicos se pusieron a hablar de sus cosas… fútbol, coches, etc, dejándola a ella fuera de la conversación. La daba un poco de rabia. Después de lo ocurrido en la casa, se sentía plena, guapa, excitada… ya había asumido la situación de que esta noche la harían alguna travesura y estaba nerviosa porque empezase. Pero pasaban los minutos y no la hacían caso. Llegaron sus platos y seguían sin hacerla caso. Juguetona se quitó el zapato y decidió rozar con su pie la pierna que ella intuía que era la de Tom, que siguió sin hacerla caso. Sintió que Santi la miraba fíjamente y por un segundo pensó que la había pillado en algo raro. La dio un vuelco el corazón. Entonces Tom se levantó y ella se dio cuenta de que se había equivocado de dueño de pierna… “uffff es la de Santi… menos mal” pensó. De todas formas retiró el pie, no era con su futuro marido con el que quería “jugar”… al menos esta noche…
 

Unos minutos después, fue Santi el que dijo “voy un momento al baño antes de que empiece esto… no sea que luego no se pueda”. Marta, espero el tiempo justo de que su prometido se alejase dos metros, y reprochó a los primos:

–         Jo, no sé para qué queriáis que me vistiera tan guapa. No me estáis haciendo ni caso…
–         Jajaja ¿Cómo que no te hacemos caso? ¿Qué quieres que te hagamos? –dijo Tom-
–         No sé… jugar un poco… -dijo Marta sin atreverse a mirarles directo a los ojos-
–         Pero Marta, eres la novia de Santi… ¡casi nuestra prima! Jajaja –dijo Carlos vacilándola-
–         Jooo
–         ¿Qué pasa? ¿estás excitada?
–         …
–         ¿No contestas ahora?
–         No hace falta preguntar cosas –dijo Marta-
–         ¿quieres jugar Martita? –dijo Carlos-
–         No, si no quiere hablar… no va a contestar –dijo Tom, y añadió mirando a Marta a los ojos- Marta, no hables, pero si quieres jugar quítate las bragas ahora mismo…
–         Jo, no me hagáis esto…
–         No quiere jugar –dijo Carlos a Tom- La mujer del primo exhibe una conducta intachable… ¡muy bien Marta!
La mente de la chica trabajaba vertiginosamente. Por un lado estaba loca por comenzar el juego. Por otro le daba un vértigo. Lo deseaba, pero sabía que no debía. Nunca se habría imaginado estar en una situación así. Estaba excitada al máximo. Sabía que tenía muy poco tiempo antes de que Santi volviese del baño y, sin saber muy bien por qué, hizo la maniobra morbosa más atrevida de su vida. Esperó a que el camarero mirase a otro lado, se levantó levemente un segundo sin atreverse levantar la mirada, y levantando discreta su falda extrajo su prenda íntima. El precioso tanga blanco de seda con un corazón bordado dejó de estar en contacto con su intimidad, y un escalofrío recorrió su cuerpo. El corazón la latía a 200 por hora. Mientras nerviosamente abría su bolso para guardar la prenda. El camarero la miraba ahora con la boca abierta. La había pillado haciéndolo.
–         Dámelo –ordenó Tom-
–         No… -Marta dudó-
–         Vamos –insistió Tom extendiendo la mano, y ella tímidamente cedió y la entrego la prenda oculta en su puño-
–         Esto está empapado Martita –dijo Tom con crueldad-
–         ¿a ver? –pidió Carlos-
Tom entregó sin el menor reparo la prenda de la chica a su hermano. El rostro de ella estaba rojo de vergüenza. No entendía lo que la pasaba. No entendía cómo podía sentirse tan excitada por ser manipulada por los dos chicos, pero lo estaba. Carlos la miraba a los ojos diverdido, mientras entre sus dedos manoseaba el húmedo tejido. Ella no podía sostenerle la mirada. Santi estaba llegando y ella, prácticamente, temblaba.
–         Esto del baile va a empezar ahora… están retirando ya algunas mesas y hay una pareja de bailarines profesionales a punto de salir –dijo Santi al regresar del aseo-
–         Venga pues id terminando la comida –dijo Tom-
–         Yo ya he terminado -dijo Marta- no quiero más que luego no cabré en el vestido de novia…
Lo cierto es que ella tenía un nudo en el estómago y no podía comer nada más. El espectáculo de baile estaba a puntito de empezar, y un “speaker” se puso a presentarlo con un micrófono. Los camareros recogían los platos con rapidez. El suyo la miró descaradamente con una sonrisa extraña. Las luces se fueron apagando y sólo dejaron un haz apuntando a la pista, donde salió una pareja. La chica iba vestida en plan mujer fatal, con falda corta con aberturas laterales que permitían ver el encaje de las medias. Empezaron bailando un tango, con unos movimientos precisos y provocativos…
–         Podriáis abrir el baile de la boda con algo así –dijo Tom-
–         Jaja no des ideas que Marta quiere hacer algo “distinto”, y yo odio bailar –respondió Santi-
–         Seguro que cuando haga el primer baile de la boda se vuelve a la barra del bar… si ya le conozco yo –dijo Marta con una leve amargura-
–         No te preocupes Marta, que allí estaremos nosotros por si te hacemos falta… para algo estamos los primos de tu novio, ya nos conoces ¿no? –dijo Tom guiñando el ojo provocador-
–         Jaja ni que fuera un sacrificio bailar conmigo… -dijo ella restaurando la cordura-
Para ver mejor el espectáculo, Santi había dado la vuelta a su silla:
–         Siento daros la espalda, pero quiero ver bien la falda de la bailarina jaja –dijo divertido-
–         Vale, pues nosotros cuidaremos de Marta mientras tanto –respondió Carlos siguiendo su broma-
–         Jaja mi niña sabe cuidarse sola… dijo Santi mirando hacia atrás y guiñando el ojo a su prometida-
Marta le miró con ternura. Carlos, dejó pasar un minuto, y decidió que era el momento de actuar: sutilmente comenzó a pasar el dorso de sus dedos recorriendo la curva del pecho de Marta sobre la ropa. Marta le miró inquieta, y más aún cuando sacó de su bolsillo y puso sobre la mesa las braguitas de la chica hechas una bola. Eso la dejó alarmada. Pero Carlos hablaba y bromeaba como si nada pasase, retirando su mano de ella o volviendo a recorrer las curvas de la futura esposa de su primo con completa impunidad. Santi, inocente, no se enteraba de nada y hacía comentarios divertidos de los bailarines, secundado por Tom y Carlos. Marta no podía hablar. Estaba alucinada y excitada. Su cuerpo la había traicionado y sus pezones se marcaban clarmente a través de su fino sujetador de seda. Una vez más, los primos habían conseguido crear una situación en la que su mente luchaba entre lo correcto y lo emocionante. De todas formas, ellos tampoco la daban opciones: hacían con ella lo que querían y ahora la estaban metiendo mano impúdicamente a menos de un metro de la espalda de su novio.
La situación era morbosísima. Lo que pasaba sólo podía ser visto desde las mesas adyacentes, pero estaban centradas en el espectáculo. Además, el local estaba muy oscuro ya. Si Santi se diera la vuelta de repente, podría pillar a sus admirados primos, uno a cada lado de su prometida, rozando el bonito pecho de ella, que no hacía nada por evitarlo. Pero Santi no se iba a dar la vuelta. Marta se sentía completamente ruborizada, y no podía evitar tenía la mirada baja.
Con gran alivio para Marta, salió el presentador y anunció que “… y ahora TODOS A BAILAAAAR”. La gente se levantó y se dirigió a la pista. La chica, en un gesto rápido, quiso recuperar su prenda íntima que estaba sobre la mesa, pero Tom fue más rápido y la cogió antes, guardando la prenda en su bolsillo. Tom era muy alto, pero no por eso torpe. Ella le miró suplicante pero la ignoró. Al levantar su mirada, Marta vio al camarero mirándola fijamente con una sonrisa irónica ¿se habría dado cuenta de lo sucedido? ¿también de esto? Ufff, tal como la miraba seguro que sí… era una mirada extraña. Un hombre feo, mulato, pero con unos ojos penetrantes y claros… bueno, pensó, “no le voy a ver en mi vida”.
Carlos aún no se había levantado. Sorprendentemente se mostraba cansado y decía que había mucha gente en la pista y en la barra. Que lo mejor sería no quedarse a bailar y sólo tomar una copa en otro sitio, y marchar a dormir al hotel… Marta, de repente, se sintió muy disgustada. Se estaba dando cuenta de que estaba metida en su papel de chica mala y no deseaba para nada acabar ya la noche. Santi, como siempre, era más complaciente con sus primos:
–         Como queráis. Podriamos tomar una copa aquí al lado que hay un pub –dijo dispuesto a plegarse a sus primos y más si ello conllevaba evitar el baile-
–         Venga pues vamos a ese pub –dijo Carlos-
–         ¡Ah no, ni hablar! Me habéis prometido bailar, me habéis hecho venir guapa y ahora quiero bailar -saltó Marta enfadada-
–         Jajaja así me gusta, aún no te has casado con ella y ya surgen las discrepancias en el “matrimonio” –apuntó irónico Carlos-
–         No, discrepancias no… me habiáis prometido que veniamos a bailar –dijo ella lastimera-
–         Ummm y a tu edad… ¿todavía te crees las promesas de los tíos? “tú sigue que yo te aviso” o “sólo la puntita” –bromeó Carlos de nuevo que se estaba comportando como un imbécil-
–         Jajajajajajajajajajajaja -saltaron los otros-
–         ¡Sois unos cabrones! –dijo ella algo cabreada, era la segunda vez de la noche que la hacían esa broma-
–         No te enfades anda, pero es que no me apetece nada bailar hoy –dijo Carlos-
–         Sí me enfado… luego nos tomamos una copa donde queráis, pero antes tenéis que bailar todos conmigo al menos una vez
–         No seas pesada anda, que en la boda te vas a hinchar a bailar…  -Dijo Santi poniéndose del lado de su primo Carlos.-
Marta estaba indignada. Santi no lo sabía, pero ella sí sabía que el propio Carlos había estado jugando con ella segundos antes, calentándola, y ahora la enfadaba que ya no quisiesen ni siquiera bailar. La cara de ella debía delatarla. Como siempre, Tom intervino para resolver el conflicto. Siempre lo hacía. No sabía si es por la gran estatura de Tom o por la completa seguridad con la la que hablaba, pero irradiaba mando y todos le acababan haciendo caso.
–         Venga, vamos a hacer una cosa: Vosotros os vais al pub de aquí al lado –dijo a Carlos y Santi- y yo me quedo bailando con la supernovia ¿vale? En media hora vamos para allí y todo arreglado.
–         Ok -dijo Santi-
–         Ya no sé si quiero bailar –dijo Marta enfadada-
Pero las dotes de persuasión de Tom hicieron el resto y, en menos de 5 minutos, ya estaban bailando en la pista. Tom lo hacía muy bien, y ella le seguía forzando algún roce no estrictamente necesario.
–         Ummm no podía perder la ocasión de bailar con una chica tan guapa… y sin ropa interior
–         Jo, no seas malo. Siempre jugáis conmigo –dijo ella algo ruborizada-
–         Como no te gusta… –dijo él irónico-
–         ¡Sí me gusta! Pero no está bien
–         ¿quieres bailar o quieres que vayamos ya al pub?
–         Bailar –dijo con voz de niña-
–         Bueno, pues relájate…
Tom bailaba muy bien. No había aprendido en ningún sitio, pero tenía esa habilidad natural. Marta le seguía tratando de concentrarse y no dar pasos equivocados. También había practicado cuando había podido preparando la boda. Ahora el ambiente era agradable. Más calmado en todos los sentidos. Un lugar para bailes clásicos y gente bien. Tom la hablaba al oido… cosas tontas como:
–         Mira, esa señora se parece a mi loro “Curro”
–         Jaja qué tonto eres…
–         Es que tú no conoces a Curro pero se parece –insitía él- claro que su marido no para de mirarte el culo…
–         Joder, es que lo tengo un poco grande… muy redondo y salido. ¡ojalá lo tuviera más plano! –dijo ella-
–         ¿Pero qué dices? Si más bonito no puede ser –contestó Tom mientras bajaba una de sus manazas a la curva del culo de ella, justo al punto donde si siguiese estaría mal visto-
–         ¿De verdad? Dime la verdad Tom… ¿qué te parece mi culo? Pero se sincero…
–         Vale, sincero. De tu culo pienso que en cuanto pueda te lo voy a utilizar –dijo él a su oido- es un culo perfecto para tocarlo, amasarlo, rozarlo, sentirlo apretado y caliente… y si sigues diciendo que es feo te llevo al baño a darte unos cuantos azotes… pero fuertes.
–         Ummm fuertes… qué ricos jaja –dijo ella siguiendo la broma. Estaba contenta por el comentario y algo ruborizada al pensar en los azotes-
–         Pues te sigue mirando el culo, jeje, seguro que es porque antes te ha pillado quitándote las bragas en la mesa… si es que eres lo peor, y todo para provocarnos jaja –bromeaba él- claro, ahora como sabe que vas sin ellas, está frenético.
–         Jajaja ¡no creo que sea por eso! No es él el que lo sabe jaja –dijo divertida- El que lo sabe es el camarero…
–         ¿Qué camarero? –preguntó Tom que se activó de repente-
–         El de antes… ese que también nos mira  -dijo tratando de ser discreta, pero Tom dirigió su mirada hacia él de forma descarada, era un tipo curioso: unos 40 años, mulato muy claro, impecablemente vestido con camisa blanca y pajarita, debía ser dominicano o similar, muy flaco y feo, el pelo corto y rizado le nacía en la parte alta de la frente, y estaba bastante picado de viruela… sin embargo, sus ojos eran penetrantes, almendrados y de un color verde impresionante-
–         ¿Ese te ha pillado? Jajajaja –Los ojos de Tom brillaban ahora con morbo- Vamos a provocarle…
Y sin hacer caso a las protestas de la chica, Tom fue dirigiendola poco a poco, con pasos precisos de baile, hacia la zona que atendía el camarero en cuestión. Ella se resistía pero seguía bailando protestando ligeramente, y Tom la llevaba mucho más apretada a su cuerpo. Pese a ello, el rostro de él era tranquilo, mientras que en ella se podía apreciar un cierto nerviosismo. Marta podía sentir el sólido cuerpo de él sobre sus pechos y eso, no podía evitarlo, la producía un hormigueo en su cuerpo. Tom sabía cómo moverse, cómo actuar, con determinación y cariño. Después de unos minutos, ya no tenía que obligar a Marta a bailar así de pegada, y era ella quien mantenía el contacto suave sobre el primo de su novio, con movimientos disimulados. Los pezones de la chica estaban incrustados en la tela del sujetador. Ella no quería pensar en lo que la estaba pasando. No podía entenderlo, pero Tom sabía como encenderla. Su control de la situación, su constante combinación de actos elgantes y educados, con otros “sucios”, conseguían tenerla de nuevo completamente derretida.
No conforme con ello, acentuaba el estado de excitación de la chica con caricias firmes de las yemas de sus dedos en la espalda de ella, el roce de sus labios en su cuello y oido, y el susurro de suaves palabras directamente allí. La decía cosas del estilo “hoy vamos a hacer una pequeña locura ¿quieres?”…  “lo que pase, sólo lo vamos a saber tú y yo” … “hoy sí que va a ser tu despedida de soltera”…  Marta no contestaba. Solamente bailaba muy muy pegada a Tom y se dejaba llevar a donde él quisiera. Y él, hacía que su baile fuese directamente frente a la mirada clara y directa del camarero mulato desde detrás de la barra. Ella, cuando sentía su mirada penetrante, simplemente cerraba los ojos y se aferraba más a Tom.
–         Estás muy caliente. Vamos a ver hasta donde. –dijo según se aproximaban hacia la barra donde el camarero trabajaba-
–         ¿Qué vas a hacer? –preguntó Marta temerosa-
–         Nada… lo de siempre… jugar, pero sólo hasta donde tú quieras, te lo prometo –dijo Tom tranquilizador-
–         ¿Qué les pongo señores? –dijo él hombre-
–         Nada de beber ¿tienen ustedes algún sitio tranquilo para hablar? –dijo Tom mientras deslizaba por la barra un billete de 50 tapado por su gran mano-
Marta simplemente no quería pensar lo que la esperaba. Sabía que Tom maquinaba algo, pero se sentía excitada y arrastrada por la personalidad tranquila y arrolladora de él. Curiosamente, el camarero tomó las palabras de Tom con la mayor naturalidad del mundo, y entrando por un pasillo, les guió a una puerta metálica rotulada con la palabra “Almacén” y, abriéndola ágilmente con una llave, encendió la luz y dijo “pasen señores”.
Los fluorescentes parpadearon y mostraron un lugar sencillo y limpio. Paredes blancas cubiertas por pilas de cajas de bebidas a distintas alturas y, en el centro de la habitación, una mesa alargada metálica con algunos taburetes bajos donde se podían preparar algunas cosas. Si no tuviera varios metros de larga, parecería la mesa de un quirófano. El hombre cerró la puerta y dijo:
–         ¿Se les ofrece algo más, señores?
–         ¿Te gusta la chica? Dijo Tom mostrándola del brazo sin más preámbulos mientras Marta mantenía la mirada hacia abajo-
–         Claro señor… es guapa la pendeja…  ¿su esposa? –no parecía extrañado por la situación-
–         No, digamos que va a ser mi cuñada… ¿la quieres ver bien?
–         No, por favor… -dijo Marta en un momento de lucidez y con voz casi inaudible-
–         ¿Quieres que nos vayamos, Marta? –preguntó Tom directamente, pero la chica no contestó-
Entonces, puso su gran manaza en el pelo recogido en coleta de la chica y la acercó hacia sí, boca contra boca, dándola un beso intenso. Incompresnsiblemente tierno y salvaje a la vez, y al que Marta correspondía con los ojos cerrados ignorando la presencia del camarero. La otra mano de Tom fue al pecho de la chica, acariciándolo sobre la tela con la misma ternura e intensidad que el beso. Entonces, la mano que tenía en la nuca de la chica la tomó con firmeza del pelo, orientando un poco hacia arriba la cabeza de la chica, a la vez que la lengua de él recorría impunemente todos los rincones de su boca, y pasaba a su cuello para volver a su boca. La mano que estaba en el pecho de ella bajaba recorriendo despacito el cuerpo de la chica como si la tomase medidas para una escultura: las costillas, el abdomen, pasando al culo o a sus piernas, para meterse debajo de su vestido y levantarla impúdicamente la falda hasta permitir al extraño camarero una visión directa de su coñito desprovisto de ropa interior.
En ese momento Tom dijo “Abre los ojos Marta” y pudo observar como el extraño camarero tenía un enorme bulto en su pantalón, y con la mano lo masajeaba sobre la tela, mientras su mirada lasciva estaba clavada en el coño de ella. Tom continuaba acariciándo su piel en el entorno, hasta que con un hábil gesto su mano acabó por cubrir el sexo de la chica presionando uniformemente. Marta no pudo evitar un gemido de placer.
Tom separó su boca del cuello de la chica y dijo al hombre tendiéndole un nuevo billete de 50:
–         Ya es suficiente. Déjenos un cubo de hielos.
–         Como mande señor –dijo el camarero servilmente mientras recogía el billete tendido por Tom-
Tom, cuidadosamente, hizo sentarse a Marta sobre la mesa metálica. Tratándola como a una princesa para, a continuación, súbitamente cambiar su actitud y empujarla hacia abajo hasta que ella quedó tendida boca arriba sobre la mesa, mientras imitaba la voz del camarero:
–         Vamos… pendeja… ya sabías a lo que venías, así que cómela mamasita.
–         Jajaj……. –la hizo gracia que Tom simulase la voz del camarero”
Sin embargo, Marta no pudo reirse más, porque Tom la tapó la boca con una mano, mientras con la otra desabrochaba bruscamente la cremallera de su pantalón y sacaba su polla en un generoso estado de excitación. A continuación metió su polla en la boca de la chica y volvió al acento caribeño: “dale duro mamita… demuestra lo que sabes o vuelvo a llamar a mi compadre…”. Marta, divertida y excitada, movía sus labios sobre la enorme barra de Tom con más ánimo que habilidad, pasando su lengua longitudinalmente y entreteniéndose en la puntita. Sentía como la rigidez de ésta iba en aumento. Él continuaba representando el papel de camarero mulato “Así, pendeja, ya sabía yo que esto te gusta… ¿eh zorrita?”, y apretaba los pezones de la chica entre sus dedos, tirando de ellos sin su delicadeza habitual. Por una extraña razón, cuanto más brusco era él, más caliente se sentía la chica, que lascivamente trataba de que la enorme polla la entrase completa en la boca.
Entonces Tom dio una vuelta de tuerca más a la situación y tomando ambas manos de Marta las sujetó con una suya sobre la cabeza de la chica. Ésta, tumbada boca arriba en la mesa metálica del almacén, estaba completamente a merced del primo de su prometido, caliente como el fuego…  y se iba a casar en menos de 3 semanas!
–         Así que esta novia está caliente? –dijo Tom malvado- pues yo tengo la solución…
Marta mientras tanto, chupaba sin manos la polla de Tom. Torpemente. Y él, estiró el otro brazo, y tomó el cubo de hielo que el extraño camarero había dejado para él. Con la piedra de hielo más grande que encontró, cilíndrica, casi del tamaño del interior de un vaso de tubo, se puso a pintar sobre el cuello de la chica. Marta solo podía gemir. Tom sacó su polla de la boca de la chica y le pasó el hielo por los labios como si fuera un pintalabios. Ella pasaba la lengua por el hielo como si siguiese chupando una polla, cosa que Tom aprovechó para continuar su ataque “Ummm Martita, eso no es mi polla y lo chupas igual… quizá no teníamos que haber echado al mulato jajaja”. Ella cerraba los ojos por vergüenza. Si no tuviera las manos sujetadas por la de Tom le habría pegado con el puño en el pecho. Pero estaba completamente inmovilizada y se dejaba hacer.
Tom era habilidoso también con el hielo. Lo pasaba por el escote de la chica… y bajaba hacia los pezones de ella mojando la tela q los cubría. Los pezones estaban duros como el propio hielo, y destacaban orgullosos como nunca. Luego bajaba el hielo hacia el abdomen, jugando con las costillas de la chica, y recorría paciente las ingles, la línea de sus braguitas que no tenía, o bien depositaba el hielo unos segundos en el ombligo de ella. Marta estiraba las piernas luchando contra la sensación, y a la vez deseando con todas sus fuerzas qué el gigante Tom siguiera hacia abajo. Que la usara. Que la follara. Que la poseyera como si fuera completamente de su propiedad. No podía evitarlo, era completamente de su propiedad.
Él ahora hacía círculos con el hielo alrededor de clítoris de la chica provocándola continuos escalofríos de placer. Cuando notaba que el orgasmo de la chica iba a llegar, paraba en su movimiento y se iba a recorrer otra zona… los suaves muslos de la chica, o subía de nuevo por la piel de seda de su costado a rodear sus pechos, camino del cuello y la cara.
–         Eres un cabrón ¿te lo han dicho? –acertaba a decir Marta-
Mientras Tom aún estuvo unos minutos jugando con ella. Después, soltó una mano de la chica y se la dirigió a su propio coño, instándola a masturbarse para él. El vestido marinero suelto estaba ya completamente levantado y húmedo. Así, tumbada boca arriba, casi se le subía hasta el bonito sujetador blanco de seda, que ahora estaba mojado por él hielo. Él se recreaba mirándo su suave piel. También jugando con el ombligo de la chica. Marta, agradecida y obediente, seguía las órdenes de Tom y se tocaba como si no hubiera nadie delante y estuviera en la intimidad. Estaba a punto de correrse y quería de nuevo la polla de Tom en ella. Hizo ademán de cambiar de posición, pero la manaza de Tom en su pecho se lo impidió, manteniéndola tumbada boca arriba en la mesa metálica
–         Aún no he terminado contigo… -dijo él-
–         Por favor
–         ¿Qué quieres Marta?
–         Fóllameee
–         Repítelo
–         Fóllameeee
–         No te oigo, repítelo
–         Fóllameeee por favor –dijo casi gritando-
–         Luego no digas que no querías eh…
–         Fóllame, fóllame, fóllame, fóllame…. por favorrrrr
–         Dime que eres Marta
–         Soy tu puta, tu guarra, tu zorra… para que me hagas lo que quieras… soy toda tuya… pero por favor fóllame ahora por favor…
La excitación hablaba por la boca de la chica mientras Tom, que había puesto las piernas de ella sobre sus hombros, situaba cuidadosamente su glande entre los labios vaginales de ella, friccionándolos de arriba abajo. Con movimientos suaves y sucesivos fue metíendo su erguido miembro cada vez más profundo en las entrañas de la novia de su primo Santi que gritaba “AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH” “AAAAAAAHHHHHHHHH”. Una vez estuvo clavada hasta el fondo detuvo su movimiento y preguntó:
–         ¿Esto era lo que querías?
–         Síiii
–         ¿Del primo de tu novio?
–         Síiiiii…
–         ¿Para esto querías venir a bailar?
–         Síiiiiiii para esto! Sigue por favor… -rogaba a Tom fuera de sí-
Después de oir eso, la actitud de Tom volvió a cambiar. Empezó a follarla con intensidad. Metódicamente, entraba en el cuerpo de la chica una y otra vez. Cada cosa que hacía era respondida por la chica con gemidos de excitación. Momentos después puso una de sus manos en la cara de ella. La acariciaba dulcemente para, de cuando en cuando, cambiar su papel y meterla varios dedos en la boca, o la darla pequeñas y crueles palmadas en su mejilla. A Marta todo parecía gustale.
La pidió que se tocase el clítoris para él, mientras la contemplaba con una mirada mezcla de perversión y cariño. Estaba tomando cariño a esta preciosa muñeca. Joder. En eso pensaba cuando ella empezó a contraerse y a gritar AAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH MADRE MÍA… MADRE MÍA… ¿QUÉ ME HAS HECHO CABRÓN?   AAAAAHHHHHHHHH…. Ella misma se tapó la boca mientras Tom veía todo su cuerpo convulsionándose en espasmos distanciados varios segundos…Un orgasmo largo que Tom la dejó disfrutar penetrándola lentamente para, cuando ella estaba ya relajándose, empezar unas brutales embestidas sobre el frágil cuerpo de la chica que comenzó a gritar otra vez AAAAAAAAAAHHHHHHHHH.
Justo antes de correrse, Tom sacó su polla y la cubrió con su manaza, depositando su semen ardiendo sobre el abdomen de la novia de su primo. En ese momento había algo más que sexo en las miradas.
Tardaron algunos minutos en recuperarse. Tom, de nuevo, se dio el gusto de ver arreglarse a la chica en aquel almacén que a partir de ahora ambos mantendrían en su memoria. La chica era preciosa. La hizo una concesión más: al salir a la pista bailaron una pieza y, tomados de la mano salieron del bar a buscar a Carlos y a Santi.
No terminaron aquí los episodios, pero eso lo contaré en la siguiente entrega. El día de la boda 😉
Muchas gracias por leer hasta aquí, por vuestros votos y comentarios. También por los correos.
Carlos