-Hola Mario

-Hola Miguel. ¿Me pones un cubata?

Unas horas después de nuestra conversación telefónica mi hermano se pasaba por mi casa para comentar el tema, y el tema no era otro que Rita, su ex novia, con la que se había encontrado en un pub la noche anterior.

-Y dime: ¿Esta guapa?

-Esta preciosa. No ha envejecido nada desde que nos daba clase. Daban ganas de comérsela.

Era obvio que mi hermano aún sentía algo por ella. Habían roto porque ella quería tener un hijo y él no estaba por la labor, pero eso no quería decir que no se quisieran. Desde la ruptura él no había salido con ninguna chica en serio. Se notaba que no podía olvidarla. Su entusiasmo solo por habérsela cruzado en un local lo atestiguaba. Yo también lo había pasado mal al romper con Sofía, pero no había sido lo mismo. Aunque hubo un tiempo en que pensé que podríamos sobrellevar la diferencia de edad y tener un futuro juntos, los últimos meses ya me había hecho a la idea de que aquello no podía ser, había conocido a otra chica y, aunque mentiría si dijera que no echaba de menos a Sofía de vez en cuando, tenía asumido que nunca volveríamos. Mi hermano en cambio pensaba que Rita era su gran amor y albergaba la esperanza inconfesable de volver con ella algún día.

-¿Y estaba sola?

-No, estaba con su hermana, que por cierto también estaba guapísima y con su amante lesbiana.

-¿Una camionera?

-No, que va, una cría monísima, de 18 añitos. Una perita en dulce.

-Valla con Rita, no es tonta ni na…

-Pero no creo que vayan en serio.

Mi hermano volvía con sus fantasías. Antes de estar con él Rita ya había tenido una relación lésbica en la Universidad. En las películas americanas eso suele indicar un “experimento” que luego no tiene continuidad en la vida adulta, pero esto no era una película americana y ambos sabíamos positivamente que Rita era bisexual, así que aquella podía ser una relación perfectamente seria. Tampoco la diferencia de edad garantizaba nada. También Mario tenía 18 años cuando empezaron a salir y habían estado juntos 5. Después de haber tenido yo una relación con una mujer que me triplicaba la edad, unos cuantos años no me parecían una gran dificultad.

-¿Crees que debería llamarla?

Después del incidente con mi hermano Rita se decidió a que usáramos su casa de picadero. Era un gusto poder follar acostados en una cama, cómodamente y sin miedo a ser descubiertos, puesto que aunque ella vivía con su madre, la señora sabía lo nuestro y no se oponía. Fue un poco incomodo cuando me la presentó y acto seguido fuimos a su cuarto a echar un casquete. Se notaba que esa familia era más liberal que la mía. Además Sofía, como se llamaba su madre, era una mujer espectacular, casi tan guapa como la hija, una madurita atractiva, con unas tetas enormes.

Esos días conocimos mejor nuestros cuerpos, practicamos varias posturas y mis destrezas como amante mejoraron fruto de la experiencia. En cierta ocasión me invitó a pasar con ella y su madre el fin de semana. En casa dije que iba a pasarlo con una compañera y mis padres se empeñaron en que me llevara a Miguel, que no tenía otra cosa que hacer. No sé si querían que me ocupase de él porque su pasividad les preocupaba o si lo querían de carabina, fuera como fuese se lo pedía Rita y ella no tuvo inconveniente. Parecía que mi hermano, persuadido por ella, guardaba el secreto de nuestro encuentro, así que no había motivos para negarse. Miguel aceptó acompañarme con desgana y así nos presentamos en su casa aquella soleada mañana de sábado estival. El escote de Sofía era de vértigo y mi hermano no le quitaba ojo. Aquella noche y la siguiente Rita y yo follamos como locos. La verdad es que no hice mucho caso a Miguel que pasó casi todo el tiempo con Sofía. La mañana del lunes, cuando nos levantamos, me llevé la sorpresa.

-Llámala si quieres. Entonces te dijo que Sofía estaba bien…

-Sí, eso dijo. ¿Recuerdas el fin de semana que pasamos en su casa cuando la conociste?

Como podría olvidarlo…

Cuando mis padres insinuaron que debía acompañar a Mario contuve la indignación que esa propuesta me producía (yo tenía mejores cosas que hacer que de sujeta-velas de mi hermano) ante la posibilidad de volverla a ver. Me había hecho mi primera mamada, que era lo más lejos que había llegado nunca con una chica. No es que esperara que lo volviera a hacer, pero quien sabía que podía ocurrir si estaba ella cerca. Tampoco debía mostrar un entusiasmo que hubiera resultado sospechoso, así que fingí la típica desgana adolescente. Así, cuando me quise dar cuenta estábamos llamando a la puerta de su casa. Fue entonces cuando la vi. Es Sofía, mi madre, dijo Rita. Mama este es Miguel, el hermano de Mario. Y aquel monumento maduro pero irresistible se me acercó y me dio dos besos. Recuerdo su escote como si lo estuviera viendo. Sofía tenía unas tetas enormes, preciosas, perfectas. Me dejaron sin aliento.

El día transcurrió anodinamente. Mi hermano y Rita lo pasaron haciéndose arrumacos y pasando de mí. Parecía tan a gusto con mi hermano y sin embargo me la había chupado unas semanas antes, lo que no la impedía ignorarme completamente ahora. Simplemente no lo entendía. Por otra parte Sofía estaba buenísima. Cierto que debía tener cuarenta y tantos, pero era una mujer de bandera, alta, escultural, elegante… Entre madre e hija me tenían loco. Llegó la noche y Mario se acostó con Rita y yo me quedé solo. Tras un par de vueltas en la cama me levanté a por un vaso de agua y comencé a oírlos. La verdad es que podían cortarse un poco, vale que follaran, pero podían ser más discretos: los gemidos se oían en toda la casa. No pude evitar acercarme movido por la curiosidad. De nuevo la puerta estaba entreabierta y la luz que entraba por la ventana me bastaba para ver el cuerpo, esta vez completamente desnudo, de Rita cabalgando sobre mi hermano. Ni que decir tiene que ante ese espectáculo de porno en vivo la polla se me puso dura al instante. Me la meneé un poco, pero tuve miedo de ser descubierto y me retiré enseguida. Me pareció poco probable que si me volvían a pillar me callera otra mamada, más bien un guantazo, así que reculé, pero entonces la vi a ella. Sofía estaba nadando desnuda en la piscina. De nuevo había bastante luz para distinguir los detalles de su cuerpo que me dejaron anonadado. Aquello era una mujer y lo demás tonterías. Tras un par de chapuzones salió del agua en toda su gloria, me miró sin ningún aspaviento y vino hacia mí como si que semi-desconocidos la vieran desnuda fuera lo más normal del mundo. “Me acercas la toalla” pidió con una voz dulce y tranquilizadora. Se la di flipando. Intenté disculparme pero me dijo que era ella la que se estaba bañando desnuda a pesar de tener invitados, así que no era culpa mía. Luego me preguntó, con toda tranquilidad, si no estaba mirando a los tortolitos. Totalmente desconcertado contesté la verdad: que prefería mirarla a ella. Esa respuesta la agradó y se le escapó una sonrisa. Entonces se acercó y me besó en los labios. ¿Qué le pasaba a esa familia? ¿Iba a ocurrir lo mismo, pero ahora con la madre? Pues sí, la señora se arrodilló y se metió mi miembro en la boca. No sabría decir si la chupaba mejor la madre o la hija, pero a los pocos minutos eyaculé mojando con mi semen sus labios. Turbado, pero satisfecho me fui a dormir.

El día siguiente fue tan raro como incómodo. No sabía cuál debía ser mi proceder. Rita y mi hermano seguían a la suya pasando de todo, y Sofía y yo… era tan extraño todo aquello. Ella era amable y deferente conmigo al máximo y yo… prácticamente no podía ni mirarla sin que se me pusiera dura. Racionalmente pensaba que era mayor para mí, pero esa mujer era puro sexo según yo la percibía, exuberante, sensual… me tenía loco y después de que me comiera la polla aún más. En los ratos en que nos quedábamos solos jugaba conmigo cogiéndome la mano o preguntándome si era virgen. Incluso cuando le contesté sincero que sí me lamió la oreja y murmuró que tal vez dejara de serlo esa misma noche. ¿Hablaba en serio? ¿Esa mujer madura y tremendamente atractiva me estaba seduciendo o estaba riéndose de mí? Por lo ocurrido la noche anterior todo hacía pensar que lo primero, pero aún así me costaba creerlo. El resto de mujeres del mundo que no eran de esa familia no parecían mostrar excesivo interés por mí… Llegó la noche y todos se acostaron temprano. Yo me quedé en el comedor solo pensando. A los pocos minutos la parejita ya estaba follando a juzgar por los ruidos que hacían y, mientras, Sofía sola en su habitación… ¿Debía ir tras ella? La mamada del día anterior y la escenita de la lengua en la oreja parecían una invitación en toda regla, pero, ¿y si me equivocaba? Finalmente hice acopio de valor y me dirigí a su cuarto con un par de excusas preparadas por si no me recibía como yo esperaba. La puerta estaba abierta así que no tuve que llamar, me paré en el umbral y ella, al verme abrió, las sabanas mostrando su cuerpo solo cubierto con fina lencería. No hicieron falta palabras, me acerqué y ella misma me cogió de la mano y me atrajo hacia sus labios que besé como si no hubiera otros más tentadores en el mundo. Para mí, en aquellos momentos, no los había. Me desnudó despacio. Estaba nervioso pero trataba de disimularlo y ella era comprensiva. Seguimos besándonos lentamente. Me ofreció sus pechos y los palpé incrédulo. Me parecía mentira que fueran de verdad, tan grandes, tan tentadores, tan suaves. Aproximé la boca a los pezones, primero de la teta derecha y luego de la izquierda. Los lamí, los mordí, los besé. Volví a unir mi lengua con la suya mientras mis manos seguían agarradas a sus gloriosos globos. Ella acariciaba mi pene y comenzó a guiarlo hacia su cueva. Al tocar con la punta en los labios de su vagina me estremecí. Poco a poco mi miembro iba adentrándose en su coño mientras nuestros labios seguían pegados. Me agarró el culo con las manos y mi polla se deslizó totalmente dentro de ella. Empecé a moverme en el ritmo que me marcaba. Mis manos seguían en sus tetas y sus pezones se clavaban en mi pecho. Pasé a besarle el cuello y aceleré un poco mis movimientos. Ella me frenó e hizo que me sentara sobre la cama. Me la meneó un poco con la mano, para que no perdiera consistencia con la interrupción y se sentó encima de mí. Aquello era maravilloso. Sus maravillosas tetas volvieron a restregarse sobre mi pecho y volvimos a besarnos. Poco acostumbrado a besar a una chica casi me dolían los labios, pero no me importaba, podría pasar la vida cosido a esa boca fantástica. En esta postura la polla me entraba menos en su chocho y me hubiera sido difícil correrme, pero volvió a cambiar de posición tumbándose de lado. Ella misma me la cogió y se la metió desde atrás, tenía su culo pegado a mi pelvis y podía agarrar sus tetas y acariciarlas a gusto y besarla en el cuello y la oreja, y en la boca si giraba la cabeza. Mi mano bajó por su vientre hasta llegar a su clítoris. Cuando lo rocé dio un respingo. En esa posición no podía acelerar mis embestidas así que se levantó, me tumbó boca arriba y se puso sobre mí. Sus tetas cayeron sobre mi boca y las besé con placer. Nos corrimos así, con su cuerpo glorioso sobre el mío, botando sobre mí, cabalgándome como a su potro recién domado.

-Creo que voy a llamarla- dijo mi hermano sacándome de mis ensoñaciones. Le acerqué el teléfono y le dije: Llámala. Cuanto antes acabásemos con aquello, mejor. Lo cogió nervioso, tomó aire y marcó el número- Hola Rita, soy Mario… ¿Sabes? Me gustó mucho encontrarme contigo la otra noche… he pensado que podíamos quedar un día… estas con alguien… ¿y vas en serio? … pero te echo de menos… ¿y no echas de menos las pollas? Bueno, no pasa nada, llámame si cambias de opinión.

-¿De verdad le has preguntado si echaba de menos las pollas?

-Esta con una lesbiana, yo que sé…

-Te ha dado calabazas ¿no?- mi hermano asintió en silencio, tras lo que añadí- Cuando la viste en la discoteca te dijo si Sofía estaba con alguien.

-No, solo me dijo que estaba bien. ¿Quieres llamarla?

-No, rompimos por una razón y a diferencia de tu paja mental con Rita yo recuerdo cual era.

Nos levantamos tarde pero aún así fuimos los primeros. Rita preparó el desayuno mientras charlábamos. Me pareció raro que mi hermano no diera señales de vida, pero no le di importancia. Cuando el desayuno estuvo listo Rita decidió despertar a su madre. Fui con ella y al llegar a su alcoba… Miguel estaba con ella en su cama… los dos estaban desnudos, era evidente que habían pasado la noche juntos. Rita no le dio ninguna importancia, con una sonrisa les dijo que el desayuno les estaba esperando y se fue. Yo flipaba en colores. Mi hermanito con la madre de mi novia. Bien pensado aquello no estaba mal del todo. Ya no tendría que preocuparme de que el enano les dijese nada a mis padres, ahora era mi cómplice al 100% por la cuenta que le traía. Además seguro que la señora, que por cierto no estaba nada mal, podría enseñarle un par de cosas. Aun así una vocecita interior me decía que aquello no estaba bien, que era una diferencia de edad excesiva.

Desde ese día cada vez que iba a casa de Rita el pequeñajo se venía detrás para estar con Sofía. ¿Estás seguro?, le pregunté la primera vez. Respondió afirmativamente y le dejé acompañarme. Ya se apañaría. Al principio follábamos cada uno en la habitación de nuestras respectivas, pero poco a poco fuimos cogiendo confianza y terminamos haciéndolo las dos parejas juntas en el salón o en el dormitorio de Sofía, en la enorme cama de matrimonio en la que cabíamos los cuatro. En esas ocasiones Rita siempre me provocaba preguntándome si me gustaban las tetas de su madre y cosas así. Yo sabía que su madre se había acostado también con el novio de su hermana años antes con la aprobación de esta. ¿Quería hacer lo mismo conmigo? Me parecía todo tan increíble… Unos meses antes era virgen y ahora estaba pensando en orgias con mi profesora, su madre y mi hermano…

Después de esa primera vez lo que tenía claro era que quería repetir. No me importaba que me doblara la edad, ni que fuera la madre de mi profesora que era además la novia de mi hermano. No sabía si estaba bien o mal, ni lo que duraría, pero quería volver a estar con ella, quería volver a sentir sus besos, quería volver a meter mi pija en su coño húmedo y caliente.

La ocasión se me presentó al fin de semana siguiente. Mario quedó a comer en casa de Rita y yo me pegué a él como una lapa. La verdad es que no sabía que decirle a Sofía salvo que me moría por acostarme otra vez con ella. Durante la semana no la había llamado principalmente porque me daba vergüenza. Estuve incómodo toda la comida hasta que conseguí quedarme a solas con ella. Me muero por darte un beso, le dije al fin. Ella se río con esa risa cristalina que tenía y me dijo que lo hiciera. Le di un beso torpe y nervioso. Ella me devolvió el beso y nos enzarzamos a batallar con nuestras lenguas. Poco después estábamos en la cama de nuevo. A partir de ahí quedábamos directamente para hacer el amor. Hablábamos poco. Iba a su casa, follábamos y volvía a la mía. Mientras Rita y mi hermano continuaban con su noviazgo algo más tradicional.

Poco a poco fuimos hablando más entre polvo y polvo. Conocí su historia de mujer abandonada por su marido y rehabilitada al amor, o cuanto menos, al sexo, por el novio de su hija mayor y como a partir de ahí sus vidas se habían convertido en la locura que ahora compartíamos mi hermano y yo. Además de una mujer hermosa que me ponía a mil a pesar de la diferencia de edad Sofía era también una persona interesante. Un día después de hacer el amor le propuse ir al cine. Aceptó con naturalidad. No me di cuenta de la trascendencia del hecho hasta el día siguiente. Ya no solo follábamos… Poco a poco fui queriendo estar con ella en general y no solo para el sexo. Acostarse con ella era genial, pero me apetecía también hablar con ella, acompañarla a donde tuviera que ir, cogerla de la mano, oírla contar chistes, verla cocinar y comerme su comida… Cuando no estaba con ella no hacía más que pensar en nuestro reencuentro. Finalmente una noche mientras nos besábamos y mi pene entraba y salía ágilmente de su vagina húmeda y cálida le dije que la quería. Me respondió que ella a mí también y esa noche cambió todo.

Desde entonces formamos dos parejas, mi hermano con Rita y yo con Sofía, a todos los efectos. Íbamos a cenar los cuatro, o al cine, o a bailar a alguna discoteca y terminábamos en su casa follando cada uno con nuestra respectiva. El resto del mundo no sabía nada de lo nuestro, claro. Mis padres sabían que Mario tenía novia pero no quién era, y desde luego, no imaginaban que fuera su profesora. De lo mío no sabían nada, obviamente. En el colegio tampoco podían saber lo de mi hermano y Rita, aunque él ya iba a la universidad y no era alumno suyo. Siempre íbamos a sitios en los que no pudiéramos encontrarnos con nadie y casi siempre las dos parejas, de tarde en tarde cada pareja por separado y nunca con otras personas. Así las cosas y siendo nosotros hermanos y ellas madre e hija surgió una complicidad muy especial entre nosotros. Al principio se limitaba a la vida social no a la intimidad del dormitorio que era un mundo aparte. Aún así no se me olvidaba que Rita me había hecho una mamada y me seguía atrayendo. Por aquel entonces me estaba enamorando, ahora lo sé, de Sofía, pero eso no me impedía desear a Rita y morirme de morbo por ella. Mi hermano no tenía razones para sentirse especialmente atraído por Sofía, tirándose a su hija, pero era obvio que las tetas de mi chica ponían cachondo a cualquiera de cualquier edad. Poco a poco la confianza empezó a entrar en el terreno sexual. Primero en las conversaciones, alusiones veladas al principio, más explicitas después. Luego en las muestras de cariño, cuando nos besábamos o nos metíamos mano una pareja frente a la otra. Mi hermano y yo, que antes evitábamos estos temas, ahora hablábamos abiertamente de sexualidad y de lo que hacíamos con nuestras parejas, e imagino que madre e hija harían lo mismo. Progresivamente los besos y caricias que nos permitíamos una pareja frente a la otra se fueron extendiendo hasta hacer frecuente que nos enrolláramos los 4 en el salón antes de ir a las habitaciones por separado a hacer el amor. Finalmente Sofía y yo terminamos follando delante de ellos sobre la arena en una playa nudista casi desierta que ellas conocían. Antes Rita se la había chupado a mi hermano mientras nosotros “vigilábamos”. Desde entonces se convirtió en “normal” practicar el sexo las dos parejas juntas. Solíamos hacerlo en el comedor o en la alcoba de Sofía, el escenario de mi primera vez y de tantas noches mágicas. Pasó lo que tenía que pasar. Al principio estaba cada oveja con su pareja, pero poco a poco Mario fue quedándose prendado de las tetas de Sofía, y yo hacía mucho que deseaba fieramente a Rita. Las fronteras se iban debilitando, una noche ellos terminaron primero y nos “ayudaron” a nosotros. Rita fue la que tomó la iniciativa incitando a mi hermano a besar a su madre mientras yo se la metía. Luego ella me besó a mí. No había sentido sus labios desde el día de la mamada, pero nunca había dejado de soñar con ellos. Me corrí en el coño de Sofía como un loco.

Desde entonces tuve claro lo que tarde o temprano iba a pasar. Estar finalmente con Rita era cuestión de tiempo. Lo malo es que eso implicaría que mi hermano se acostaría también con mi novia, pero que le íbamos a hacer. Adoptar una pose de celos a estas alturas no tendría sentido. Aun pasaron algunas semanas de sexo compartido, juntos pero no revueltos, o al menos no demasiado. En cierta ocasión estábamos los cuatro sobre la cama de Sofía. Rita cabalgaba sobre Mario y yo penetraba de pie a mi chica que, recostada sobre las sabanas, tenía la cara justo al lado de la de mi hermano. No tardaron en besarse. La mano de Mario pasó por los pechos de Sofía, pero en lugar de encelarme me excité más. Cambiamos de postura y mi hermano comenzó a darle a su novia, a cuatro patas. Fui yo entonces el que se tumbó con Sofía sobre mi cuerpo y la cara de Rita sobre la mía. Nos devoramos las bocas ansiosos mientras jodíamos con nuestras parejas. Fue espectacular. En otra ocasión estábamos sentados en el sofá enrollándonos con ellas cuando Rita se puso a mamársela a Mario. Sofía la imitó y comenzó a chupármela a mí. Ahí estábamos los dos hermanos, repantingados entre cojines recibiendo las atenciones de aquellas mujeres experimentadas y maravillosas. De repente Rita abandonó el miembro de mi hermano y aproximó su boca al mío. Su madre le hizo sitio y empezaron a chupármela entre las dos. Aquello era alucinante, las lenguas iban y venían sobre mi falo palpitante. Sofía se apiadó de Mario y se la metió un momento en la boca mientras Rita me la seguía lamiendo a mí. Era la segunda vez que sentía esos labios aprisionando mi polla, pero esta vez estaba mi hermano, su novio, delante y no le importaba. Sofía volvió conmigo y Rita con Mario y terminamos follando allí mismo.

Llevando aquella marcha que un buen día Sofía me dijera que había hablado con Rita y que le había propuesto un intercambio de parejas no me sorprendió en absoluto. Obviamente accedí. Esa misma noche cenamos los cuatro. La tensión se palpaba en el ambiente. Después de cenar pasamos al sofá y Sofía y yo comenzamos a besarnos. De reojo vi que ellos hacían lo mismo. Fue Rita la que tomó la iniciativa y, dejando a mi hermano, me atrajo hacia sí. Habíamos hecho cosas parecidas en nuestros juegos, pero se notaba que aquella vez era especial, que ambos sabíamos que acabaría de otra forma. Cuando me quise dar cuenta Mario estaba enzarzado con Sofía y Rita y yo nos habíamos alejado. Le dije lo mucho que la deseaba desde el día en que me la chupó. Confesó sentir lo mismo, no sé si por cortesía o con sinceridad, pero me sentí bien al oírlo. La besé por todas partes, le mordí los pechos, no tan grandes, pero más firmes que los de su madre y le acaricié ese coñito con el que tanto había soñado y que pronto iba a ser mío. Ella volvió a meterse mi polla en su boca como aquella primera vez que no conseguía olvidar. Estuve cerca de correrme entre sus labios como entonces, pero se frenó a tiempo. Ella tenía el control y yo solo era un peluche entre sus brazos… y pronto lo sería entre sus piernas. Más que penetrarla yo, se penetró ella con mi miembro. Tumbada sobre mí, se movía como quería, arrancándome placer y dulzuras que le decía al oído y que ella correspondía agradecida, sobre lo mucho que la deseaba y lo que había esperado ese momento. La besaba, le agarraba el culo, sentía sus pezones en mi pecho y mi verga entraba y salía de su vagina perfectamente lubricada como si se hubiese creado para eso. Cuando detectaba que me iba a correr, paraba o ralentizaba sus movimientos. Conocía mejor mis reacciones que yo mismo, debían ser parecidas a las de mi hermano. Finalmente llegamos los dos a la vez, mientras mi lengua se hundía en su boca. Inundé su coño con mi esperma, creo que eyaculé como nunca antes en mi vida.

Confieso que cuando Rita me propuso lo del intercambio me puse un poco celoso. Que el capullo de mi hermano se la tirase no me hacía ninguna gracia. Habíamos tenido ya algún contacto de ese tipo haciendo el amor los cuatro y tampoco había pasado nada, pero eso eran besos y poco más, que se la metiera a mi chica era otra cosa. Por otra parte me moría por follarme a mi suegra. Verla con mi hermano, las provocaciones de Rita, preguntándome con voz de niña buena si me gustaban las tetas de su madre justo antes de llegar al orgasmo… todo eso había conseguido aumentar mi deseo hacia ella a límites insospechados. Al final tenía que pasar y, en efecto, pasó. Me preocupó un poco que la iniciativa la tomase Rita. ¿Deseaba ella estar con mi hermano? Si era así nunca había dado muestras de ello. No parecía que mi hermano le gustase ni pensase en él de esa manera más allá de la lujuria de nuestras noches compartidas. Podía servirse de él para su placer como de un vibrador, pero no le excitaba especialmente. No como yo. Simplemente se veía envuelto en la ola de erotismo que se había establecido entre los cuatro. O eso quería pensar.

Llegado el momento todo fue más fácil de lo que pensaba. De nuevo tomó la iniciativa mi novia y morreó a mi hermano, pero estaba tan pendiente de lo que iba a hacer con Sofía que no me importó. Por fin la besé a gusto, me comí sus tetas, la abracé con libertad, olvidando nuestra diferencia de edad y que era la novia de mi hermano. Entendí lo que le atraía de ella, en la cama Sofía era una fiera. Además te hacía sentir seguro, como si fueras todo un semental. Me lancé sobre ella y se la metí en la postura del misionero. Mi pecho se resbalaba sobre sus impresionantes tetas, nos besábamos y la follaba con energía. Con ese ritmo no tardamos mucho en corrernos, pero seguimos abrazados, haciéndonos arrumacos. Miguel y Rita seguían a lo suyo y los estuvimos observando. Ella tenía el control del polvo y él se dejaba llevar como un muñeco. Mis celos desaparecieron. Yo me había follado a la novia de mi hermano, pero mi hermano no se estaba follando a la mía. Era ella la que se lo follaba a él. Sonreí mientras acariciaba a Sofía. A ella también le gustaba la escena. Supongo que le complacía ver a su hija feliz. A quien unos meses antes me hubiera dicho que iba a ver algo así le hubiera llamado mentiroso.

-Miguel, ¿recuerdas cuando hicimos el primer intercambio de parejas?

-Precisamente estaba pensando en eso ahora.

-Joder, como disfrutamos. Por cierto, siempre me he preguntado algo. Cuando nos pillaste follando a Rita y a mí en casa. ¿Qué te dijo ella para convencerte de que no les dijeras nada a los papas?

-Coño no me acuerdo. Con Rita no era lo que decía sino como lo decía.

Aquello era cierto. Mi Rita era una mujer muy persuasiva. En aquel momento sonó el teléfono. Era ella. Había cambiado de opinión. Podíamos quedar aquel mismo fin de semana. Se me puso dura al oírlo. Colgué y con una sonrisa me dirigí a Miguel.

-Adivina.

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