NUERA4-Adivina

Sin títuloLa cara de mi hermano era un poema. Sonreía enseñando todos los dientes, en una expresión de autosatisfacción que a mi particularmente me resultaba desagradable.

-¿Y bien?- le pregunté impaciente

-Rita ha cambiado de opinión. Este mismo fin de semana quedaremos.

Eso no me lo esperaba. Parecía obvio que Rita había rehecho su vida y no tenía sentido que quisiera quedar con el capullo de mi hermano. Lo primero que pensé es si me podría acoplar a la cita. Me apetecía ver a Rita y podría preguntarle por Sofía. Luego pretextaría tener cosas que hacer y desaparecería dejándolos solos para que hicieran lo que tuvieran que hacer. Si es que tenían que hacer algo. Que quedasen como amigos no quería decir que fuera a pasar nada, Rita tenía pareja después de todo. Tal vez Mario lo estuviera malinterpretando. Y sí Rita efectivamente estaba pensando en que tuvieran sexo, también podía tenerlo conmigo. Al fin y al cabo no sería la primera vez que terminábamos los tres juntos compartiendo cama.

-Recuerdas los tríos que hacíamos en los buenos tiempos- dije tanteando el terreno

-Ni lo pienses mocoso, tú no estás invitado

-¿Quién te ha pedido nada?- repuse algo molesto. Me había pillado la intención al vuelo.

Los “ménages à trois” comenzaron poco después del primer intercambio, al que habían seguido algunos más. Sofía se encontraba mal y se había acostado antes. Para no molestarla me iba a ir a la otra habitación, la de la hermana de Rita que no viva ya con ellos. Rita le cuchicheo algo a mi hermano y me llamó. Me acerqué y me besó, luego besó a Mario y después otra vez a mí. Pasamos a su cuarto y comenzamos a besarla entre los dos. Se me hacía un poco raro. Pensé que me estaría comiendo toda la saliva de mi hermano de boca de Rita, pero estaba tan excitado que no me importó. Nos tumbamos en la cama y seguimos así un rato. Ella había deslizado sus dedos por nuestros pantalones mientras tanto y nos acariciaba los paquetes. La desnudamos poco a poco y nos prendimos de sus pezones. Llevé mi mano a su entrepierna pero al sentir la de Mario la aparté rápidamente. Mi hermano se colocó sobre ella y la penetró con vigor. Yo la besé mientras tanto y sentí su lengua estremecerse en mi boca ante las sacudidas que recibía del pene que entraba en su coño. Pasé unos instantes comiéndole la boca y acariciándole los pechos mientras mi hermano se la follaba, hasta que no pude aguantar más y aproximé mi polla a sus labios para que me la chupara. Lo hizo con increíble destreza a pesar de tener a ese morlaco encima y me corrí en su boca casi a la vez que Mario lo hacía entre sus piernas.

Después de esa vinieron otras. Sofía era algo más mayor que nosotros y no siempre le apetecía quedarse hasta tan tarde cuando nos íbamos de fiesta. En esas ocasiones en que mi novia se retiraba antes quedaba sobreentendido que follaríamos los tres, Rita, mi hermano y yo, sin remordimientos, sin conciencia de que estuviéramos haciendo algo mal. Una de esas veces Mario se corrió pronto así que yo le sustituí y monté a su chica delante suyo. Luego preferí ir a dormir con Sofía, que tenía la cama más grande. Cuando entre en la cama la desperté y me preguntó si me había tirado a Rita y si me lo había pasado bien. Confesé que sí y nos pusimos a besarnos. Mi polla se puso dura de nuevo. Era muy joven y no me costaba empalmarme en seguida. Al sentirla me preguntó si es que no me había quedado satisfecho. Riendo respondí que debía ser que no y ella se puso a chupármela. Te sabe al coño de mi hija, me dijo, y eso me excitó más aún. Me la follé con ímpetu. Al final, rendidos, nos dormimos los dos.

Realmente a pesar de los antecedentes, ya lejanos, no era probable que esa cita me acabara alcanzando a mí, así que sería mejor dejar de soñar.

¡Iba a quedar con Rita! ¡Al final había dicho que sí! Estaba excitado ante la mera perspectiva. Mi hermano me miraba con fastidio. Se notaba que no tenía mucha fe en esa posibilidad. Además aquello quería decir que seguramente el fin de semana siguiente yo mojaría y él no. Eso añadía un poco de pimienta a mi alegría. La incredulidad del muy capullo había estado deprimiéndome. Entonces oí su vocecita molesta:

-Recuerdas los tríos que hacíamos en los buenos tiempos

-Ni lo pienses mocoso, tú no estás invitado- respondí sin pensarlo. ¿Qué se habría creído el majadero? Que se buscase su propio sexo.

La verdad es que sí que los recordaba. Después de las orgías y los intercambios de parejas los tríos eran el paso natural siguiente. Primero los dos con Rita. Cuando Sofía se encontraba mal o quería acostarse pronto invitábamos a Miguel a compartir nuestra cama y follábamos los tres. Más adelante los dos con Sofía. La primera vez fue una noche que Rita había quedado con su hermana y nos quedamos los demás solos. Yo asumí que igual que en las otras ocasiones Miguel había pillado cacho con Rita, ahora yo lo pillaría con Sofía, pero claro, aunque mi hermano no tenía fuerza moral para negarse, sí ella no quería no había nada que hacer. Intenté estar seductor con ella toda la noche, pero creo que hice el ridículo. Aun así, cuando nos sentamos en el sofá a ver una película, ella se puso en el medio y abrió los brazos para que los dos la abrazáramos, cada uno a un lado. Yo empecé a acariciar su pierna y al no encontrar resistencia en ella terminé metiéndole mano sin disimulo. Mi hermano hacía lo propio y pronto ella nos correspondió tocándonos los paquetes. Le dije algo al oído y aproveché para lamerle la oreja. Miguel no quería quedarse atrás, ya que esta vez estábamos con su chica, y la besó metiéndole la lengua hasta la garganta. Nos olvidamos de la película y le desabotoné la blusa para chupar uno de sus magníficos senos. Parecía mentira como una mujer que nos sobrepasaba tanto en edad podía excitarnos tanto. Mi hermano me había imitado y cada uno estábamos amorrados a una teta mientras nuestras manos tropezaban en sus bragas. Nos repartimos su entrepierna de manera que él le frotaba el clítoris y yo hacía círculos con mis dedos índice y corazón en su vagina. Pronto su coñito maduro estuvo rebosando fluidos y su garganta comenzó a emitir suspiros, señal de que estaba disfrutando. Nos jaló de los cabellos para besarnos intensamente, primero a uno y luego al otro, acariciando nuestras lenguas con la suya y nuestros penes con sus manos expertas. Por indicación suya nos levantamos y acercamos nuestras pollas a sus labios. Primero nos besó en las puntas, luego pasó la lengua por mi glande mientras el rabo de mi hermano le acariciaba la mejilla. Nos la estuvo chupando a los dos un rato. Se metía mi miembro en la boca mientras masturbaba el de Miguel, luego le lamía los huevos a él mientras me la machacaba a mí, después pasaba la lengua entre los dos troncos y así durante un rato. Finalmente se centró en la mía poniendo el culo en pompa y restregándolo en el paquete de su chico que entendió la indirecta y se la metió de un golpe en su vulva chorreante. Yo la agarraba de la melena y ella a mí del culo mientras me follaba su boca y mi hermano su chocho cogiéndola de la cintura. En un momento dado nos miramos, nos sonreímos y chocamos las manos agradecidos de haber conocido a esa familia, a esa madre y esa hija que nos habían cambiado la vida y nos habían introducido en el sexo de un modo más satisfactorio que el de todos los chicos de nuestra edad que conocíamos. Nos corrimos con Sofía y continuamos viendo la película. A la hora de acostarse a dormir lo hicimos los tres en la cama de matrimonio de nuestra anfitriona, donde la volvimos a follar hasta quedar exhaustos.

-Dijiste que María también estaba en la discoteca. ¿Seguía igual de guapa?

Mi hermano interrumpió mis cavilaciones con su pregunta.

-Más guapa aun tal vez. Estaba radiante.

Conocimos a María, la hermana mayor de Rita, la primera hija de Sofía, poco después de aquel trío. Nos impresionó su aspecto y su carisma. Era una versión aun más decidida de Rita, aun más independiente, aun más desacomplejada, que ya era decir mucho. Se notaba que tanto su madre como su hermana la adoraban, era la autentica líder familiar. Escuchamos de sus labios y de los de su marido la historia de cómo aquella familia conservadora normal se había convertido en aquel oasis de libertad sexual en el que nosotros reposábamos, como había convencido a su novio para follar con su madre y con su hermana para olvidar así al padre que las había abandonado. Su marido era un tipo simpático, que se encogía de hombros cuando su mujer explicaba cómo le había inducido a acostarse con Sofía, como queriendo dar a entender que no había tenido otra opción. ¿Quién iba a negarse a algo así? Por supuesto la historia nos calentó a todos y esa noche me follé a Rita con más ganas aún que de costumbre.

Comenzó el curso y yo empecé a ir a la universidad mientras que mi hermano tenía ahora de profesora a Rita en el instituto. A veces quedábamos con María y su marido y hacíamos algo: cenar, ir al cine, al futbol o lo que fuera. Una de esas veces, mi hermano y Sofía se fueron a casa y los demás continuamos la fiesta en una discoteca. Al retirarnos a la madrugada decidimos ir a casa de María a tomar la última copa. Era una morada sencilla pero acogedora, no tan grande como la casa familiar pero decorada con gusto y agradable. Nos servimos unos cubatas y Julio, el marido de María, puso música. Las dos hermanas empezaron a bailar animadas. Se movían de un modo muy sensual lo que me puso un poco cachondo. La manera en que se restregaban no parecía propia de hermanas. Hicieron el baile de las falsas lesbianas con tanto sentimiento que no parecían tan falsas. Entonces Rita se giró quedando cara a cara con su hermana mayor y comenzaron a besarse. Abrí mucho los ojos porque no podía creer lo que estaba viendo y me percaté de que el beso era con lengua, un morreo apasionado. Además se metían mano, Rita le acariciaba las tetas a María que a su vez le sujetaba el culo. Julio estaba muy tranquilo, como si viera algo así todos los días. Yo, simplemente no lo podía creer.

Entre baile y baile empezaron a quitarse la ropa, como en un striptease doble. Primero descubrieron sus senos. María me miró relamiéndose mientras Rita le sostenía los pechos desde atrás como enseñándomelos y le besaba en la nuca y el cuello. Mientras seguían moviéndose al ritmo cadencioso de la música prodigándose besos y caricias. Las hermanas dejaron lo que tenían entre manos y vinieron sensualmente hacia mí. Verlas acercarse contoneándose, tan bellas, tan decididas y tan desnudas me asustó un poco. Tenía una erección brutal que amenazaba con romper mis calzoncillos. Llegaron a mi altura y se arrodillaron ante mí. Entre las dos me desabrocharon los pantalones y me sacaron la polla de los bóxers. Rita me la acarició despacio pero fue María la primera en metérsela en la boca. Me la chuparon entre las dos. Nunca había sentido algo así. Eran unas expertas en lo que hacían. Una me besaba la punta y la otra me lamía el tronco, una la rodeaba con los labios y la otra me pasaba la lengua por los huevos. De vez en cuando se besaban entre ellas. Ante tal tratamiento y tal espectáculo no tardé mucho en estallar. Los chorros de esperma brotaron saltarines manchando las caras de las dos hermanas. Ellas comenzaron a besarse y a lamerse limpiándose el semen la una a la otra y devorándolo todo con glotonería. Estaba extasiado mirándolas. Cuando acabaron fueron a atender a Julio, que se había estado meneando la polla mientras miraba hasta entonces. Su mujer se clavó su verga y Rita le puso el chocho en la boca para que le diera placer. Era obvio que ya habían estado los tres juntos antes. Fui hacia María, que había quedado mirando hacia mí mientras montaba a su marido y la besé. Le metí la lengua en la boca y le chupé las tetas. Luego le acerque mi polla para que la chupara de nuevo hasta que estuviera erecta otra vez. Cuando lo logró fui hasta mi chica, la aparté de Julio y sin más preámbulo se la metí. Ella me abrazaba y jadeaba y movía la pelvis para facilitarme la labor. Se la veía muy cachonda. De reojo vi a Julio erguirse quedando María a cuatro patas y follársela así, arrancándole gemidos cada vez más fuertes. Fue un polvo brutal tras el que quedé rendido. Ahora te pareceré una pervertida, me dijo Rita. Nada de eso, le conteste. Creo que eres maravillosa. Me besó complacida con la respuesta. Prefiero que no le comentes nada de esto a tu hermano ni a mi madre. Ella se ha vuelto muy liberal, pero no entendería lo mío con mi hermana. Ni yo mismo lo entiendo a veces. Le prometí silencio y cumplí mi promesa.

Al día siguiente mientras follábamos Rita me pregunto si me gustaba su hermana, si me gustaría tirármela. Le confesé que sí y me dijo que pronto lo haría, que lo habían hablado y yo también le gustaba. La besé y apreté el ritmo de la penetración. Cuando acabamos le pregunté por su rollo lésbico-incestuoso con su hermana. Empezamos de pequeñas, me dijo, viendo una película porno que se había dejado nuestro padre cuando se marcho. Al principio solo nos masturbábamos mirándola. Luego yo empecé a espiarla cuando estaba con Julio que entonces era su noviete. Un día me pilló y me hizo pasar a la habitación. Digamos que ese día aprendí a hacer una mamada. Luego a solas las dos rememorándolo, bueno, puedes imaginarte. Pero hasta que rompí con Belinda no nos comimos el coño. Desde entonces estamos juntas de vez en cuando. ¿Te perece monstruoso? No sabía lo que me parecía pero sí que estaba empalmadísimo. Tanto que follamos otra vez.

El fin de semana siguiente volvimos a quedar todos, pero en esa ocasión no salimos de casa de Sofía. Después de cenar María propuso jugar al strip-poker y todos aceptamos entre risas.

-Recuerdas la noche del strip-poker- le dije a Miguel.

-Como olvidarla. Gané yo.

Eso es cierto. Que ganó significa que fue el último en conservar los calzoncillos. Teníamos un par de botellas de cava y bebíamos mientras jugábamos. María fue la primera en apostarse las bragas contra mí y perdió. Su trío no pudo nada contra mi full. Sin la menor vergüenza y contoneándose se quitó el tanga por debajo de la falda y me lo tiró a la cara. Estaba claro que le gustaba apostar fuerte. Poco a poco las prendas de ropa fueron cayendo. Cuando quedamos todos desnudos cogimos una de las botellas vacías y nos pusimos a jugar con ella dándole vueltas. Había que besar al que apuntara la botella, un juego adolescente de iniciación sexual típico. Aunque nosotros no éramos exactamente adolescentes, desde luego nuestras acompañantes no lo eran. Rita besó a Julio con confianza, este morreó a Sofía sin el menor sonrojo, Sofía me metió la lengua sin cortarse y como a mí me salió otra vez ella, se la metí con el mismo desparpajo. El momento que yo esperaba, el de besar a María se hizo esperar un poco, pero cuando llegó me lancé sobre ella dispuesto a no dejar pasar la oportunidad. Hubo gritos y risas animándome, y ningún reproche. Después de habernos comido las bocas todos varias veces Rita propuso pasar a cosas más fuertes y como la botella me apuntaba a mí, me chupó la polla un rato. Luego a mí me salió María y esta se abalanzó sobre mí, imitando lo que yo había hecho en la ocasión anterior. Rita aprovechó para irse con Miguel y Julio atacó a Sofía. Las parejas quedaron establecidas así para esa noche y acabé llevando a María a su antiguo cuarto a hacer el amor con ella.

-Tenía ganas de estar contigo, le dije, me atraes mucho.

– ¡Qué mono!, dijo ella. No me extraña que mi hermana te adore. Yo también tenía ganas de acostarme contigo. Se lo dije a Julio nada más verte.

-¿Y a él no le importa?, pregunté yo, aunque ya sabía la respuesta.

-Claro que no, dijo y me besó con su boca húmeda y sensual.

Tenía las tetas algo más grandes que las de Rita, aunque sin llegar a lo de Sofía. Era como una versión de mi amor pero con algo más de curvas. Follamos como locos esa noche. Le chupé las tetas, bajé la lengua por su vientre, juguetee con los pelos de su pubis, le besé el clítoris, le pasé la lengua por el coño como Rita me había enseñado… Cuando noté que se iba a correr, paré y se la metí de un golpe. Estaba mojadísima y entró sin ningún problema. Follamos como salvajes. María se movía de una forma más excitante aún que su hermana, que ya era decir. Tras unas cuantas embestidas la noté estremecerse y alcanzar el orgasmo. Se separó de mi exhausta y yo, que aún no había llegado al mío, me quedé tumbado con la polla apuntando al techo. Se repuso unos instantes y se colocó a cuatro patas de una forma muy sensual. Tranquilo cariño que no te voy a dejar así, dijo, saca un bote que hay en mi bolso y úntame el culo con su contenido. Tardé un poco en darme cuenta de que era vaselina y en comprender lo que eso significaba. Lo hice aprovechando para meterle el dedo en su agujerito de atrás y juguetear con él. Ahora métemela por ahí, me pidió con tranquilidad y así lo hice. Costó más que antes, esa entrada la tenía menos usada obviamente. Aún así no ofreció tanta resistencia como pensaba. Antes de darme cuenta le estaba rompiendo el culo a la hermana de mi novia. Sentía el pene apretadísimo, sus nalgas chocaban contra mi pelvis y la tenía agarrada de las tetas, esas tetas maravillosas. El sonido de mis embestidas y el olor a sexo inundaron la habitación. En tal estado de excitación no tardé mucho en correrme. El semen salió a borbotones y se esparció por el culo de María. Nos besamos contentos. Eres un buen amante, me dijo, mi hermana te ha entrenado bien.

Desde entonces mi obsesión fue metérsela por el culo a Rita. La siguiente noche que follamos mencioné el tema y ella se echó a reír. Le has dado por culo a mi hermana y ahora quieres darme a mí. Lo suponía. Tuve que confesar que llevaba razón. No estaba enfadada, lo entendía como algo normal, María le había contado los pormenores de nuestra noche de sexo (las hermanas se lo contaban todo) y ella había imaginado que querría repetir la experiencia, añadir esa variante a nuestros juegos sexuales. Nunca lo he hecho por ahí, dijo como dudando. Lo haremos más adelante, si te portas bien. Sus palabras, expresadas de un modo muy sensual, me habían dejado cachondo, así que me lancé sobre ella. Mientras follábamos le metí un dedo por el culo, cosa que a ella pareció gustarle.

Nuestros siguientes polvos aumentaron mi fijación con el trasero de mi novia. Se lo palpaba, se lo besaba, se lo lamía, le metía los deditos… Un día mientras nos achuchábamos sacó algo de su bolso. Mira lo que me ha dejado mi hermana. Era el bote de vaselina. Eso quería decir que había llegado el día. No fue tan fácil como con María. Rita lo tenía más apretadito. Intenté meterla pero noté que le hacía daño así que me detuve. La besé despacio. En mis meses de relación y desenfreno sexual con ella había aprendido lo que le gustaba y sabía que en un momento de tensión así agradecería mi cariño. Nuestras lenguas se unieron armoniosas en una danza de lujuria. Mientras le mordía los labios la acariciaba por todo el cuerpo, especialmente en los muslos y en los pechos. Poco a poco mis dedos fueron dirigiéndose a sus ingles y a lo que había entre ellas. Me encantaba la manera en que su coño se abría a mis roces y como suspiraba y se mordía el labio inferior cuando le frotaba el clítoris. La tumbé boca abajo y le pasé la lengua por las paredes de su vagina, le chupé el clítoris y subí hasta su culito. Lo tenía embadurnado con la vaselina así que mis dedos entraron con facilidad. Pero mi polla era más grande que mis dedos. Restregué el glande contra su vulva y su botoncito, solo cuando la vi muy excitada volví a intentarlo en su culo. Metí la punta y le pregunté si debía detenerme. Me pidió por favor que continuara. La metí un poco más. Parecía que le hacía daño pero aun así me decía que no quería que la sacara. Le di un último empujoncito y entró del todo. Estuve quieto unos instantes. Sentía la polla apretadísima en su ano. Lentamente inicié un suave vaivén. Mi cuerpo cayó sobre su espalda y aproveché para manosearle las tetas. La besé en la nuca, en el cuello y cuando giró la cara en la boca. Poco a poco fui acelerando mis movimientos. Sus gemidos eran prueba inequívoca de que estaba disfrutando. Me atreví a ser más contundente y a darle más duro. Los gemidos se convirtieron en gritos pidiéndome que no me detuviera. Me encantaba tenerla así, a mi merced. Me excitaba escucharla y notarla en ese paroxismo. Estuvimos así bastantes minutos. Cuando me parecía que iba a correrme frenaba mis embates para reiniciarlos después, más fuertes que nunca cuando estimaba que había pasado el peligro. Creo que ella se corrió varias veces antes de que terminara escupiendo mi semilla en su ano acogedor. Cuando mi pene volvió a estar flácido y me tumbé a su lado vi unas lagrimillas escapando de sus ojos. ¿Te he hecho daño?, pregunté preocupado. Un poquito, pero ha sido fantástico, respondió ella. Te quiero mucho, añadió. Yo también, le dije y estuvimos besándonos mucho rato antes de dormirnos.

Compartir a Rita, como más adelante a Sofía, con mi hermano estaba bien, pero a mí me gustaban más los tríos con dos mujeres. La primera ocasión que tuve de probar uno fue poco después de empezar el curso. Ahora Rita era mi profesora y Mario iba a la universidad así que pasaba más tiempo con ella que él. Una de las noches que salimos a mi hermano le sentaron mal los cubatas y acabó vomitando. Después de acostarlo en su cama Rita vino a la nuestra, a ver qué hacíamos su madre y yo. Lo que hacíamos era obvio. Ente risas la invitamos a que nos acompañara. ¿Por qué no? Ya habíamos estado juntos de todas las maneras. Recordé la primera noche en esa casa, cuando Rita se enrollaba con Mario y Sofía solo era la madre guapísima de mi profesora. Que pronto iba a cambiar todo. Y ahora ahí estaban las dos. Medio desnudas, en mi cama (bueno, técnicamente en la cama de Sofía), bromeando sobre la vitalidad de mi miembro y acariciándolo. Mi vida era envidiable. Recordé a mis compañeros, orgullosísimos por haberle metido la lengua en la boca a una compañera o, como mucho, haber tenido un coito patético de dos minutos. Les recordé en clase dándose codazos y murmurando lo buena que estaba la profesora, bajito, para que no les oyera. Y ahí estaba yo, a punto de follarme a esa profesora y a su madre, que era una señora de bandera. No podía ser más feliz.

Estuvimos un buen rato besándonos. Me morreaba con Sofía y después con su hija. Les tocaba las tetas y ellas a mí la polla. Aquello me encantaba. Parecía que las dos competían por ver quién besaba mejor, cual me daba más placer. Le mordía los labios a Sofía mientras Rita me besaba la oreja. Después cambiaba. Mi lengua se juntaba con la de la hija y la madre me mordisqueaba el cuello. Hubo un momento en el que se juntaron sus dos lenguas en mi boca. Me pareció fantástico. Me enganché al pezón derecho de mi chica mientras su nena bajaba la boca a mi bragueta y me chupaba la polla como ella tan bien sabía hacerlo. Las tetas de Sofía seguían hechizándome, las agarré con las manos y volví a besarla. Rita seguía con la mamadita cada vez más entregada. Le acaricié el conejito a mi novia y lo noté mojadísimo. Tenía los labios de una en los míos y los de la otra en mi pene. Sofía no pudo aguantar más y apartando a su hija me montó sentándose sobre mí. Mi polla se deslizó por su húmedo coño con toda facilidad. Rita me abrazó y comenzó a besarme. Parecía un muñeco en manos de las dos hembras. Podía ver las enormes tetas de Sofía bamboleándose mientras su hija me murmuraba al oído cuanto me deseaba y lo cachonda que la ponía. Luego me acercó el pezón a la boca para que lo chupase. Me sentía abrumado por el cariño y la sensualidad de las dos mujeres. Sofía aceleró sus movimientos mientras Rita me besaba apasionadamente y se corrió sobre mí. Yo aún no había terminado así que su hija ocupó su puesto y siguió cabalgándome como a su potro. Me besé con mi novia entonces y la acaricié las tetas. Le mordí los pezones y los succioné como si me alimentaran. Rita botaba sobre mí, buscado correrse ella también. Lo hicimos a la vez y cayó desplomada sobre mi cuerpo. Abracé a las dos mujeres bendiciendo la copa de más que había dejado fuera de juego a mi hermano.

Por aquellas fechas conocimos María, la hermana mayor de Rita. Recordé que mi hermano me había dicho que la había visto también en la discoteca y le pregunté si estaba tan guapa como siempre. Me respondió que aún más. Le creí. Era una mujer bella y dinámica. Debía venir de familia. Estaba casada, pero practicaba el intercambio de parejas con su marido, así que pronto se unió a nuestros juegos. Mario debía estar pensando lo mismo que yo porque me recordó la noche del streap-poker y el juego de la botella, la primera en que intimamos con ellos. Esa noche mi hermano se fue con María, yo con Rita y Julio, como se llamaba el marido de María, con mi Sofía. Poco después me acosté yo con María. Era una bomba en la cama, como cabía esperar. Los siguientes meses se dieron todo tipo de combinaciones sexuales: parejas, tríos, cuartetos, etc. Entre semana estábamos con nuestras parejas, aunque algún día me tire a Rita en los baños del colegio en el recreo sin poderme contener. Los fines de semana quedábamos todos y terminábamos haciendo orgias o juegos sexuales de cualquier tipo. Poco a poco nos fuimos tranquilizando y estos encuentros se fueron haciendo más espaciados, pero nunca renunciamos del todo a ellos… hasta que rompimos con nuestras parejas, claro…

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