ROSA, LA CACHONDA INVISIBLE.

Sin títuloAntes de empezar esta historia, he de confesar que he leído unos cuantos relatos vuestros, acerca de hombres invisibles así pues es justo agradeceros vuestras (peregrinas) ideas gracias a las cuales me he decidido a escribir este relato, solo he modificado el sujeto, ¿Por qué solo chicos invisibles, porque no una chica? Los personajes, hechos y lugares son ficticios aunque a algunos nos gustaría que no, Veamos que tal sale.

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Rosa Suarez, madrileña de 27 años muy bien llevados, ex cajera de una cadena de tiendas de ordenadores que cerró hace dos meses y actualmente en paro forzoso, soltera y sin compromiso vive en casa de sus padres, pero conozcámosla algo mejor veamos, es rubia y le encanta el pelo corto, naricilla respingona y ojos grandes (dos) azules, labios llenos y muy sexis (de esos que estaríais horas besando, picaron@s) todo esto enmarcado en una cara bonita, es de figura delgada pesa unos 50 kg, su silueta es más que atractiva pues con un 90 de pecho un culito firme y rotundo, además de una estrecha cintura debida al ejercicio físico que hace, se siente observada y deseada por los hombres.

Precisamente aquel lunes de junio venia del gimnasio, después de un año de trabajar sentada de cajera se sentía algo rara, lo primero que hizo fue apuntarse a clases de “steep” el ejercicio la sentaba bien y la puso nuevamente en forma, al llegar a casa se dispuso a darse una ducha para tonificarse y quitarse el sudor, estaba sola pues sus padres estaban ambos trabajando en aquel laboratorio estatal de investigación y desarrollo, mientras se desnudaba pensó que sería estupendo que por fin diesen con aquel biocombustible que intentaban hacer, serian ricos y se solucionarían todos sus problemas.

Cuando estaba a punto de meterse en la ducha recibió una llamada telefónica, era su amiga Marichu agobiándola con sus problemas, sospechaba de su novio y estaba convencida de que la ponía los cuernos, cuando por fin colgó el teléfono estaba de mal humor, fue al baño y decidió que mejor que una ducha se daría un baño largo y relajante para tranquilizarse, así que tapo la bañera y abrió los grifos del agua, fue a la habitación y cogió su vibrador acuático, tenia forma de delfín y era de látex azul clarito se lo compro por internet, después de leer unos relatos eróticos y pinchar en un enlace que había en la pagina y decía “sexshop” estuvo un rato curioseando y finalmente lo compró, ahora era su favorito y no desaprovechaba nunca la ocasión de darse un baño muy pero que muuuy placentero con su delfín azul.

El gel de baño estaba acabándose, echó a la bañera lo poco que quedaba en el bote y fue al baño que había en la habitación de sus padres, cogió de allí las sales de baño de mama y un frasco que no conocía, parecía gel de baño y olía como el que usaba su madre, le llamo la atención que no tuviera etiqueta sino un papel pegado con cinta transparente que decía “GEL H22” pero pensó que sería algún nuevo tipo de gel de limpieza que estarían probando en el laboratorio, volvió a su baño y echó una buena dosis en el agua, añadió sales de baño y tras taparlo y devolver lo que había cogido a su sitio se dispuso a entrar en el baño.

Rosa estaba finalmente metida en la bañera, permanecía quieta mientras el agua caliente relajaba su cuerpo firme y las burbujas de espuma le hacían cosquillas, tomo el champú y se lavó la cabeza mientras tarareaba una canción de moda, luego de quitarse el jabón del pelo y pasarse la esponja lavándose todo resto de sudor de su cuerpo, se sintió mejor y relajada.

Cerró los ojos y se recostó en la bañera y de repente recordó a su vecino Edu, cuando él se duchaba ella le veía por su ventana al otro lado del patio, tenía unos 19 años y estaba buenísimo pues jugaba mucho al futbol y hacia gimnasia, recordó su cuerpo desnudo mojado por el agua de la ducha, Rosa se fue calentando mientras recordaba que aquel chico guapo pero muy tímido acostumbraba a pajearse en la ducha, ella se acariciaba los pechos notando como se le erizaban los pezones, recordando el miembro no muy grueso pero si largo de su joven vecino, mientras se acariciaba ambos pechos con sus manos y frotaba sus muslos, se sintió cachonda mientras tironeaba de sus pezones recordando como el chico se corría contra la pared de la ducha, así que decidió que era el momento de jugar y cogió el vibrador con forma de delfín.

Rosa lo encendió y comenzó a pasarlo por sus tetas, despacito y sin brusquedades, recorriendo cada centímetro de ellas fue contorneándolas suavemente sin llegar a tocar sus ansiosos y duros pezones, recordando algo que leyó “cada centímetro de piel a de ser acariciado, prolonga el placer haciéndolo esperar un poco” se mordió los labios notando como el placer la inundaba poco a poco, siguió acariciándose los pechos con la mano izquierda mientras fue bajando la derecha con el delfín vibrando recorriéndose el cuerpo hasta su vientre, abrió las piernas y recorrió con la nariz del vibrador sus labios externos, pese a estar rodeada de agua se sintió empapada de flujo, ansiaba recibir más placer y siguió bajando hasta presionar en su ano con el vibrador, las sensaciones que recibía la hicieron suspirar de gusto y pasar su seductora lengua por los labios, humedeciéndoselos en un gesto de puro vicio.

Su mano derecha apretaba sus pechos, pasaba de uno a otro continuamente mientras con la izquierda sujetaba la cola del vibrador y subía de nuevo hacia su coñito, a ella le pareció que su delfín azul cobraba vida, le recorría los labios del coño y se introducía despacio pero firmemente en su vagina, sintió el interior de esta vibrando mientras el objeto se metía en ella, Rosa gemía de placer y se tironeaba de los pezones mientras en su interior el vibrador la estimulaba salvajemente pues las pequeñas aletas que llevaba la estimulaban tanto el clítoris como el punto G, inconscientemente ella aumento la velocidad de penetración y se metía y sacaba el objeto cada vez más rápido, su cuerpo se elevaba y dejaba caer siguiendo el ritmo de las arremetidas de su mano, ella con los ojos cerrados solo podía jadear de placer y dejarse llevar gimiendo al éxtasis del placer, cuando finalmente llego al orgasmo lo hizo chapoteando, jadeando y soltando un pequeño grito, su vagina apretaba hambrienta el vibrador y su mano derecha apretaba tan fuerte su pezón derecho que parecía querer arrancárselo, su cuerpo estremecido de gusto se puso tenso como un arco mientras de su vagina salió un chorrito de flujo que inmediatamente se disolvió, Rosa se fue tranquilizando y su cuerpo ya relajado quedó derrengado y agotado en su bañera.

Entonces empezaron a pasar cosas, mientras nuestra protagonista con los ojos cerrados se calmaba y recuperaba su respiración normal, el agua de la bañera refulgía en un tono verdoso, la mezcla de gel de baño, champú para el pelo, sales de baño rosas, “gel H22” mas flujo vaginal, restos de sudor y una pizca de orina, se habían mezclado y batido por culpa del vibrador que olvidado en el fondo de la bañera seguía funcionando, al cabo de dos minutos el agua una vez acabada la reacción química, perdió su brillo verdoso.

Unos cinco minutos después, Rosa más tranquila después del orgasmo, abrió los ojos y recordando que su juguete seguía funcionando, palpó por el fondo de la bañera hasta encontrarlo, lo cogió y lo saco del agua, se quedo mirándolo mientras pensaba “que bonito que es mi delfincito azul, cuanto gusto me das bonito mío, con esos bultitos que parecen aletas, y ese hociquito tuyo tan……” entonces exclamo en voz alta:

– ¡Mi mano, ¿dónde está mi mano? Joder, me la siento pero no la puedo ver!

Rosa estaba muy asustada, se incorporó en la bañera y se miró el cuerpo, nada… no se veía sus hombros ni sus brazos, se puso en pie y cogió torpemente la toalla, (intentad coger algo sin veros la mano, ya veréis) se secó todo el cuerpo de forma automática, incluso llegó a cerrar los ojos y descubrió que así era más fácil, finalmente se puso sus zapatillas y se miró en el espejo del baño exclamando:

– ¡Mierda no veo nada, solo una toalla y mis pies cuando miro al suelo!

Salió del baño y fue a su habitación, cualquiera que estuviera mirando solo vería unas zapatillas y una toalla moviéndose por el pasillo de casa, se miró en el espejo de cuerpo entero que tenía en su habitación, nada… no veía nada tendría que llamar a alguien pero que diría:

– ¡Oiga policía! Si es que… me he vuelto invisible! ¿pueden ayudarme?

– ¿ Oiga es el hospital, podrían mandarme una ambulancia? Si es que me he vuelto invisible y si salgo a la calle me pueden atropellar.

Decidió calmarse y pensárselo lógicamente, era culpa suya pues recordó lo de aquel frasco que ponía “gel H22” no debía haberlo mezclado con nada sin saber que era, Joder “que tonta había sido” pero y si no era esa la causa, bueno fuera la que fuera la causa estaría en el agua del baño, primer paso coger una muestra, se dirigió a la cocina y busco un recipiente, cogió una botella de refresco de dos litros y tras lavarla bien se dirigió a la bañera y sumergiéndola en ella la llenó de aquel agua, al sacarla se vio la forma de su mano rodeada de una película de liquido, el agua del interior de la botella tenía un color grisáceo pero no vio en ella nada extraño, se la llevo a la nevera y la dejo en un compartimento al lado de la puerta, volvió a la habitación y se sentó en la cama pensando en que haría hasta que llegaran esa noche sus padres, a fin de cuentas eran los únicos científicos que conocía, por otra parte, empezaba a sentirse muy excitada otra vez.

(CONTINUARA)

Este primer capítulo solo es una introducción al personaje y la trama, dejadme vuestros comentarios e ideas pues a partir del siguiente capítulo comenzara nuestra amiga rosa a salir de casa.