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EPISODIO  II

 
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EL RETORNO
Marta miraba por la ventanilla lateral de la autocaravana el discurrir de las gotas de agua tras el cristal. La lluvia caía incesante debido a la tormenta veraniega que acababa de comenzar.
-Al final podría haber sido peor. –pensó irónicamente.
Estaba recostada sobre uno de los asientos en la parte trasera del vehículo. Junto a ella estaba Benito cabizbajo. Marta posó su mano sobre la cabeza de él y le acarició el pelo. Éste levantó la cabeza y miró a su madre a los ojos. La mirada inexpresiva que recibía de su madre no era de compasión, su expresión era fría como siempre. Ninguno de los 2 dijo nada durante los minutos que permanecieron en esa posición.
Benito notó que a través del escote de la camisa, que su madre se había puesto aprisa antes de subir al vehículo y que ahora llevaba como única prenda mal abrochada, podía ver buena parte de una de sus tetas. La estuvo observando durante largo rato.
Cuando volvió a levantar la vista se encontró de nuevo con la mirada de su madre que le había estado observando todo el tiempo. Su mirada ya no era inexpresiva, de nuevo reflejaba fuego en sus ojos. Su mano, que hacía rato que había dejado de acariciar su pelo, descansaba junto a su cuello, rodeándolo parcialmente y por un instante, Benito pensó que iba a estrangularlo.
– · –
Marta había estado reflexionando durante el trayecto desde que partieron de aquel bosque. Al ver a su hijo tan decaído y pese a todo lo que éste le había hecho sufrir no pudo dejar de sentir compasión. Siempre había sido dura con él, aunque hasta hoy no había sido consciente de lo mal que se lo había hecho pasar.
Le costó mucho esfuerzo pero se obligó a consolarle, así que le acarició el pelo como cuando era pequeño.
No sabía exactamente la razón por la que siempre le trató con tanta dureza, quizás quiso pagar con él los fallos de todos lo hombres que pasaron por su vida. En cualquier caso sentía que ella había tenido parte de culpa en la actitud de Benito aquella noche.
Pero aunque ella le hubiera empujado a cometer los actos acaecidos aquella noche, aun le parecía imposible que él hubiera sido capaz de hacer lo que hizo. El mero hecho de que se le pusiera dura con su propia madre le repugnaba sobremanera. Pero a lo que no podía dar crédito era que hubiese sido capaz de violarlas a las 2. Más aún, nunca hubiese llegado a imaginar que aquel mequetrefe, aquel ratón de biblioteca, hubiera juntado el valor necesario y ser capaz de rebelarse contra ella convertido en un león.
Recordaba el miedo que había sentido de su propio hijo, mayor aún que el que sintió por aquellos hombres. ¿Como una cosa tan insignificante y miserable se lo había hecho pasar tan rematadamente mal?. Le había temido más que a nada en el mundo, había dejado de ser su cobarde hijo para convertirse en un monstruo despiadado, y ahora estaba a su lado convertido de nuevo en un ratón tembloroso mirándola con ojos de cordero degollado.
Entonces le descubrió ojeando entre los pliegues de su camisa semiabierta. Su mirada estaba fija en una de sus tetas que asomaba en gran parte. De un plumazo desapareció la compasión que comenzaba a tener hacia él. Su mente retrocedió hasta el claro del bosque. Revivió la sensación de sus manos amasando sus tetas mientras se corría dentro de su coño sin importarle las súplicas de ella. La desagradable sensación de su semen caliente que aun llevaba dentro.
Estuvo a punto de abofetearle cuando Benito levantó la cabeza pero se había prometido no volver a hacerlo. Tenía el firme propósito de no infundirle castigo alguno nunca más por muy grande que fuera la ofensa recibida por él.
Retiró la mano que ahora reposaba en su cuello y lentamente cruzó sus brazos frente a su pecho cerrando la camisa y la visión de su busto, después giró la cabeza y prosiguió mirando tras el cristal.
– · –
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Beatriz iba sentada junto a su padre en el asiento del copiloto. Ambos viajaban en silencio mirando la carretera al frente. Al fin Fermín decidió romper el silencio.
-cariño…
-no me llames cariño. –corto tajante Beatriz.
-lo siento …, escucha corazón.
-tampoco me llames corazón, no me llames de ninguna manera, ya no soy tu hija.
-Beatriz por favor, ya te he dicho que lo siento. Solo quiero hablar contigo.
-¿solo quieres hablar?, ¿no será que quieres echar otro polvo gratis?
-no digas eso. Se que he cometido un error gravísimo.
Ella giró la cabeza bruscamente hacia él:
-¿error gravísimo?, saltarse un semáforo en rojo es un error gravísimo. Follarte a tu hija no es un error gravísimo, es una violación.
-Pero yo pensé que tú también querías follar conmigo.
-¿cómo voy a querer follar con mi padre? Por dios.
-te arrodillaste y empezaste a chupármela. ¿qué tenía que pensar yo?
-no debiste pensar nada. No comprendo como pudiste empalmarte. Eres un cerdo, siempre lo has sido. Nunca pierdes la oportunidad de babear tras mis amigas, viejo verde.
Oír eso le destrozo, pero también le enfureció.
-Y no se te ha ocurrido pensar que a lo mejor se me puso dura por lo bien que me la chupaste. O por como te la tragaste hasta meterla por completo en la boca. Hay que ser muy puta para hacer todo eso.
-¿Qué?, me has llamado puta, ¿como te atreves?. Me la metí entera para que aquel bastardo no se diera cuenta de tu erección. ¡¡TU ERECCIÓN!!. No quería que viera lo dura que se te puso.
-no te importa chupármela hasta el fondo pero te da vergüenza que vean lo dura que me la pones, esto sí que tiene gracia.
-¿pero es que no lo entiendes todavía?, ¿crees que te la chupé voluntariamente?.
Tras una pausa añadió lentamente.
-Papa, no soy ninguna puta. No me excito contigo ni me agrada meterme tu polla en la boca. Y por supuesto, no deseo lo más mínimo oírte gemir en mi oído cuando te corres en mí coño.
Pasaron unos segundos antes de que prosiguiera hablando.
-me vi obligada a chuparte la polla. A cambio no sería violada por ninguno de ellos. Tenía que chupártela 5 minutos al final de los cuales tu polla debía estar tan laxa como al principio.
Miró a Fermín a los ojos con cara enfurecida.
-a ningún padre se le pone dura con su hija, por lo que la prueba era relativamente fácil de pasar dentro de lo desagradable que era en sí misma, Joder.
Aumentó el tono que ahora sonaba más grave.
-pero tú; tú puto pervertido; tú te pusiste cachondo con tu hija. Te empalmaste en mi boca, por lo que yo debía permanecer tumbada e inmóvil si eso ocurría.
Y aun así ¿qué hiciste tú?. No pudiste quedarte quietecito, no. Ni te conformaste con mirarme las bragas y hacerte una paja. Me sobaste, me desnudaste y me follaste. Cabronazo. Me violaste. Abusaste de mí.
Espero que hayas disfrutado mucho con el polvo que me echaste porque yo pase un infierno.
Fermín tenía la cara desencajada.
-Pero cariño…
-que no me llames cariño.
-Beatriz, por favor, escúchame. –tartamudeaba al hablar.
-ese hombre no paraba de intentar convencerme de que querías follar conmigo. Me dijo que querías hacerlo allí en ese momento.
Te aseguro que no le creí. Nunca intenté nada contigo. Me gustan las mujeres jóvenes pero nunca he pensado en ti de esa manera. Pero cuando llegue junto a ti me bajaste el pantalón de dormir, me cogiste la polla y te la metiste en la boca y empezaste a … hacerme una mamada.
Yo…yo… ¿qué podía pensar? era tal y como ese hombre me dijo. Joder, Incluso en ese momento te juro que no sentí nada… no tuve ningún deseo sexual pero luego…
Se hizo el silencio.
-¿luego? –preguntó Beatriz inquisitoria
-luego bajé la vista más abajo. Desde mi posición podía verte las tetas al completo a través del escote de la camisa. Veía su balanceo y veía las aureolas de tus pezones. Las tetas de una mujer son mi debilidad y las tuyas además tenían los pezones apuntando hacía adelante, ¡estaban duros de la excitación!
-porque tenía frío, estaba en mangas de camisa en plena noche. –se excusó Beatriz.
-pero yo eso no lo sabía y mi cabeza ya solo pensaba en una cosa, además…
Fermín hizo una pausa y Beatriz esperó a que siguiera hablando.
-Tu boca no paraba de recorrerme la polla adelante y atrás. Cada vez que lo hacías un calambrazo recorría mi cuerpo. Era inevitable que acabara poniéndose dura.
Cuando te retiraste estaba a punto de correrme y entonces tú te tumbaste en el suelo con las piernas extendidas. No podía más, Beatriz, ya no era yo.
-pues haberte hecho una paja, joder.
-Creí que tú también querías y que por eso te tumbaste. Quería acariciarte las tetas, cuando lo hice fue peor porque el fuego que llevaba dentro aumentó aún más. Sabía que eras mi hija, estaba mal y que no debía hacerlo pero la tentación era tan grande… y tu cuerpo tan bonito.
Beatriz bajó la cabeza. Siempre le gustó escuchar aquello. Ahora en la boca de su padre era algo grotesco.
-Decidí que no me importaba que esos hombres me vieran contigo. Tu madre follaba con ellos, que más da si yo también follaba  aunque fuera contigo. Mire tus bragas que se trasparentaban. Cuando te las quité ya no hubo posibilidad de salvación para mí.
Te follé como un poseso y me porté como un cerdo. No pretendo convencerte de lo contrario. Lo que te pido es que me perdones.
Beatriz seguía con la mirada baja.
-sé lo duro que habrá sido…
–si, la tenías muy dura -cortó con sarcasmo
-N…No me refiero a eso, quiero decir que se … lo difícil…
-¿lo sabes? –cortó Beatriz –¿de verdad crees que lo sabes?
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Le miró fijamente antes de continuar.
-No sabes lo que sentí cuando me sobaste de arriba abajo. Ni lo que sentí cuando abriste mi camisa ni cuando me bajaste las bragas. No sabes lo que fue notar tu aliento y tu lengua entre mis piernas lamiéndome el coño y las tetas. Pero lo que nunca podrás saber y mucho menos imaginar es lo duro que fue notar como me metías la polla una y otra vez cuando me follabas el coño, ni como te corrías dentro todo tu semen, ni lo asqueroso que resulta notar tu dedo explorando mi culo más y más hondo. Tu sudor o tus gemidos en mi oído o tu lengua en mi boca. Dios, que asco me das. ¿De verdad crees que lo sabes? Tú no sabes nada.
-Bea –imploró Fermín -si pudiera hacer algo para que te sintieras mejor te aseguro que lo haría sin dudarlo.
Tras una pausa Bea añadió -si, si que puedes.
La cara de Fermín se llenó de ternura. Esperó la respuesta.
-Bájale las bragas a tu madre y acuéstate con ella, después hazle lo mismo que a mí: ábrele las piernas, lámele el coño, las tetas y fóllatela. Empezarás a saber como me siento.
Fermín borró la sonrisa de su rostro de un plumazo giró la vista al frente y no volvió a hablar.
Pasaron unos instantes antes de que Bea volviera a hablar.
-¿Te follarías a la abuela, papa?, ¿harías eso por mi? –preguntó con malicia.
Fermín mantuvo la vista al frente sin contestar.
-¿le olerías el coño antes de lamerlo?, ¿le meterías tu polla dura muy despacito por su coñete?
Disfrutaba haciendo sufrir a su padre.
-la abuela te la chuparía hasta el fondo, despacito. Te dejaría correrte en su boca o en su cara. A ella también se le moverían las tetas con cada chupada y te llenarías las manos con ellas. Todavía tiene una buenas tetas. Después la pondrías a 4 patas la sujetarías por la cadera y te la follarías despacito, ¿a que si?. Le llenarías el coño con tu semen. Y el culo. Y la boca. ¿le comerías la boca a tu madre?
-dime –insistía –¿se la comerías… como me hiciste a mi?
No contestó.
– · –
Marta, después de un largo rato absorta en la lluvia que golpeaba contra el cristal se giró hacia Benito y le preguntó:
-como has sido capaz de hacerme todo lo que has hecho.
Benito levantó la vista hacia su madre.
-llevo todo el camino pensando en ello. Sentía tanto odio… no era yo.
-no me refiero al daño físico. Eso nace del rencor y el odio que me tienes.
Benito hizo un amago de hablar pero Marta le atajó.
-No te excuses, no hace falta. He tenido la mayoría de la culpa. No puedo esperar que me quieras después de cómo te trato. Has sido tan cruel conmigo como yo lo he sido contigo.
Lo que quiero saber es como es posible que te hallas excitado conmigo, con tu madre, hasta el punto de violarme. Puedo entender que me odies pero no que se te ponga dura conmigo.
-mama, te aseguro que yo tampoco lo sé.
Y continuó diciendo:
-Cuando ese hombre me dijo que podía vengarme de ti, acepté.
Lo único que deseaba era hacerte sufrir. Acepté la propuesta de aquel hombre para que me la chuparas, solo para humillarte. Pero cuando te vi de cerca las tetas y el …
Dudó un momento antes de continuar, pero Marta se adelantó y acabó la frase -…y el coño.
-eso. –confirmó Benito -Nunca había visto a una mujer desnuda. No podía quitar la vista de tus tetas. Son enormes, tus pezones parecían dianas. No resistí la tentación de tocarte una teta por primera vez en mi vida, aunque fuera de mi madre…  y me gustó.
Después de eso quise volver a verte …el… coño. Por eso te dije que te tumbaras.
Benito levantó la cabeza y miro a su madre.
-Te prometo que solo quería verte el coño y como mucho tocarlo, pero cuando empecé a acariciarlo … –Benito no siguió hablando, se le quebró la voz y de nuevo agachó la cabeza.
Marta volvió a posar su mano sobre el hombro de Benito.
-continúa.
-tus tetas son tan blanditas, nunca había tocado ninguna y siempre he querido hacerlo.

Después, cuando bajé las manos entre tus piernas y acaricié el pelo me pareció tan suave, me gustó tocarlo. Tenía curiosidad por saber que se sentiría si lo tocaba con la polla por eso la coloque entre tus piernas, pero cuando empecé a frotarme sentí la necesidad de meterla, solo una vez, para saber que se siente. Después lo dejaría.

Y cuanto la tuve dentro creí ver el cielo, era una sensación tan cálida, y tan suave. Ya no pude parar. Siempre había querido dejar de ser virgen, quería follar, lo deseaba tanto que no me di cuenta de que era con mi propia madre con quien lo estaba haciendo.
Te juro que no era consciente de que eras tú la que estabas allí, solo veía tetas, coño y culo. Hasta que no acabé no fui consciente de lo que había hecho y aun así quería más, quería repetir.
Y repetiste con tu hermana , sentenció Marta. Benito agacho la cabeza y continuó hablando.
-soy un pervertido, siempre he estado obsesionado con el sexo pero ya sabes lo introvertido que soy con las chicas.
Me hacía pajas continuamente pensando en las amigas de Bea e incluso alguna vez… también en ella.
Marta cerró los ojos y soltó un suspiro.
-Sus amigas eran las únicas chicas que conocía… pero cuando dejaron de venir a casa… Bea era la única chica con la que tenía un mínimo roce. Sentía curiosidad por su cuerpo… y a veces… la espiaba.
Marta miraba a Benito fijamente y esperó a que siguiera hablando.
Una vez conseguí verle una teta y algo de vello púbico. –Benito miró a los ojos de su madre con ojos lastimosos -Es lo más cerca que he estado de practicar sexo con una mujer.
Cuando ella me dijo que me daría una bragas de su amiga si dejaba de espiarla acepté. El resto de la historia ya la conoces.
Después de aquel incidente en el que me pillaste en mi cuarto no pude mirar a ninguna chica a la cara aunque mi obsesión por el sexo no había disminuido durante todos estos años… ni por Bea.
Volvió a bajar la mirada al suelo antes de continuar.
-Cuando aquel hombre la trajo y la obligó a desnudarse frente a mí vi todos mis sueños hechos realidad. Sabía que lo que iba a hacer estaba mal pero me justificaba pensando en el daño que me hizo siempre.
Con ella sí disfrute sabiendo a quien me follaba. ¡Lo había deseado durante tanto tiempo!
Ahora me parece imposible que haya sido capaz de todo ello. Todo me parece un sueño.
Miro a los ojos de su madre fijamente.
-Perdóname, no puedo reparar mi error, pero estoy arrepentido.
-te perdonaré y antes me perdonas tú primero. –contestó Marta. –Benito quedó sorprendido.
-Siempre supe que andabas tras ella, por eso cuanto te pillé con aquellas bragas di por hecho que eran suyas, además es lo que Bea me dijo. Nunca debí acusarte ni juzgarte pero sobretodo…, no debí tan siquiera entrar a tu cuarto. No tengo derecho a invadir tu privacidad y menos a humillarte delante de toda la familia.
Ahora era Marta la que agachó la cabeza
-Sabes que odio a tu abuela paterna. Bajar de las orejas a su nieto preferido al que había descubierto en un acto tan poco decoroso era como abofetearla en plena cara, una tentación muy grande para mí. Te utilicé.
Después no me atreví a decir la verdad, que eran mis bragas y no las de Bea. Tu abuela se hubiera regocijado al saber que era yo la diana de tus pajas. Mi vanidad no podía permitirlo. Por eso te odiaba, por dejarme en una posición tan peligrosa frente a ella.
-entonces –dijo Benito –¿olvidaremos lo de esta noche?
-no, olvidarlo no, nunca he podido olvidar. Pero sí perdonar. Y en lo que a mi respecta te perdono todo lo de esta noche.
Benito hizo una mueca que parecía ser una sonrisa –está bien, por mi parte también queda todo perdonado.
Un buen rato después Benito volvió a hablar
-¿Te hice mucho daño? –preguntó Benito
-solo en mi amor propio
-te vi arrugar la cara de dolor cuando te metí la polla.
-tienes la polla de un adulto, es grande. No me lo esperaba. Intenté relajarme como con aquellos hombres, pero contigo era más difícil. No me hacía a la idea.
-¿y cuando te di por el culo?
-sentir tu dedo entrar y salir me puso más tensa. Me dolió algo cuando metiste la polla, una vez dentro llegué a acostumbrarme.
-lo siento
-ya está hecho. Y ya no tiene importancia. Lo único que siento es que no me oyeras cuando te pedí que no te corrieras dentro del coño. Me dolió más que todo junto. No sabes lo asqueroso y repugnante que resulta saber que tengo todo el coño lleno del semen de mi propio hijo. Hubiese preferido que te corrieses en el culo o en mi boca. Podría haberlo escupido.
Una sombra de preocupación cubrió la cara de Benito.
-sí te oí –repuso –pero no podía… no quería parar.
Se hizo el silencio.
-entiendo. –dijo Marta
Marta apretó la cabeza de Benito contra su pecho. De nuevo su camisa quedó abierta y de nuevo la mirada de Benito se posó sobre el pezón descubierto de Marta. Ella se dio cuenta y su rostro se ensombreció pero esta vez no se cubrió.
Permanecieron así un buen rato, descansando el uno en el otro. Después ella se incorporó, dejó a Benito sentado en la parte trasera del vehículo y fue hacia la parte delantera, quería hablar con su marido, se agachó sobre el asiento de Bea para pedirle que le dejara su asiento, al hacerlo, su camisa se levantó sobre su trasero dejando a la vista de Benito su coño. Pudo ver de nuevo los labios vaginales entre los glúteos de su madre recubiertos de oscuro vello. Mantuvo la vista varios segundos antes de apartarla.
Bea se acercó y sentó a su lado, justo donde había estado su madre y mantuvo la misma actitud silenciosa que ella, limitándose a contemplar la noche a través del cristal.
– · –
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Al interrogatorio de Bea le seguiría otro de su mujer.
-¿cómo es posible que hayáis follado juntos? –preguntó Marta –delante de todos aquellos.
-es muy difícil de explicar, pero en resumen… soy un cerdo. –repuso Fermín.
-de eso nunca tuve duda, siempre has babeado detrás de cualquier falda. Sé que te pierden las jovenzuelas, pero ¿Beatriz?, es tu hija, ¿es que no respetas ni eso?
-Marta, cariño…
-no me llames cariño –cortó tajante.
-te vi follar con aquellos hombres, gritabas de placer mientras brincabas sobre ellos, ¡todos te vimos!. Además no paraban de mofarse de mí diciendo cosas que solo tú sabías. Te odiaba Marta, te odiaba.
-eso no te da derecho a tirarte a tu hija.
-el cabecilla no paraba de decirme que Beatriz quería vengarse de ti follando conmigo.
Marta le miraba con cara de incredulidad
-no me hagas reír
-yo tampoco le creía. Y más conociendo a Bea. Pero ese hombre me acusaba de querer engañarle e insistía en lo mismo una y otra vez. Me propuso que fuera donde ella para demostrarle que yo tenía razón. Yo acepté pero cuando llegue…
Se hizo el silencio hasta que Marta habló al fin.
-¿cuando llegaste?
-Bea…, me bajó los pantalones de dormir…, me cogió la polla… –Fermín giró la cabeza hacia Marta. –y me la chupó. Bea me chupó la polla. Sin parar. No sabía que pensar, es lo último que esperaba de ella. Después…,
-¿después?
-después…, el cerdo que llevo dentro se aprovechó de la situación…, tú lo has dicho bien claro, me pierden las jovenzuelas y Bea … estaba tumbada, yo miraba su cuerpo adolescente … sus bragas. Comencé a tocarla, la desnudé. Ella no hacía nada, no se oponía, me permitía todo. Además…, te odiaba Marta, te odiaba con todas mis fuerzas. Quería vengarme, yo también quería hacer lo mismo que tú.
Le metí la polla en el coño sin oposición y galopé sobre ella como un poseso. Nunca llegue a imaginar que estaba coaccionada cuando me la chupó ni que estaba amenazada si mostraba algún tipo de resistencia mientras me la follaba.
Soy un pervertido y lo siento. Aunque sentirlo ya no vale para nada …¿verdad?
-verdad, eres un pervertido. Y no, sentirlo no sirve para nada.
-si pudiera hacer algo para redimirme…
Marta le miró con una expresión extraña
-¿follarías con tu madre? –dijo al fin -follarte a Ángela me haría sentir mejor. La cara que pondría esa bruja mientras le comes el coño y las tetas o mientras le metes la polla en su coñete y te la follas despacio hasta correrte dentro llenándola de semen. La cara de horror que pondría mientras te chupa la polla y saborea tu semen en ella.
Marta divagaba fascinada ante la idea de ver a su suegra pasando por lo mismo que ella.  La odiaba con todo su alma. Sin duda, la idea del sufrimiento de Ángela, su suegra, le hacía sentir mejor. Mientras Fermín la miraba con los ojos como platos.
-sois las 2 iguales –musitó –estáis peor que yo.
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-me diste una bragas de mama.
-lo siento –dijo Beatriz sin girar la cabeza.
-me dijiste que eran de Verónica, que las habías cogido en el gimnasio.
Bea, agachó la cabeza pero no dijo nada.
-Que me sentí cuando me las diste. Sabías que estaba enamorado de ella. Jugaste muy sucio.
-lo sé.
-¿sabes las pajas que me hice con aquellas bragas? ¿la cantidad de veces que pensé en ella mientras las olía sin cesar? Dormía con ellas bajo la almohada. No puedes imaginar la alegría que sentí cuando encontré un pelo rizado enredado y oculto en aquellas bragas. ¡un pelo del coño de Verónica! ¿sabes que pensé?
-no –contestaba Bea en un susurro.
Deseé con todas mis fuerzas follar con la dueña de aquellas bragas, follar el coño que dejó aquel pelo. Recé para que se hiciera realidad algún día. Pensaba en las cosas que estaría dispuesto a renunciar por ese sueño. Que cruel ironía me ha preparado el destino.
-Me gustaba tumbarme boca arriba desnudo en la cama, con las bragas en mi cara donde podía olerlas sin parar mientras me pajeaba. Estaba corriéndome cuando noté una mano arrancarlas de mi cara. Vi a mamá hecha una auténtica furia, me agarró de la oreja y me arrastró hacia la puerta. No tuve tiempo de hacer nada. Solo pensaba en mi oreja. Cuando llegamos al salón casi me desmayo al ver a la tía y a la abuela. Todos me visteis desnudo, con el vientre aun manchado de semen. Me quería morir. Lo peor fue oír que las bragas eran tuyas. Te odié a muerte.
-Benito…
-deseaba follar el coño de la dueña de aquellas bragas y resulta que eras tú. En el fondo seguí deseándolo. Seguí deseando follar el coño que vistió aquellas bragas. Deseaba follarte por lo que me habías hecho. Así que cuando esta noche he tenido la oportunidad, no lo he dudado ni un momento.
-Benito…, escucha…
-he disfrutado corriéndome dentro de ti, pero sobretodo humillándote sabiendo el asco que sentías.
-por favor, escúchame, te lo ruego…
-entonces me entero de que las bragas eran de mama, y que ella siempre pensó que me hacía pajas con sus bragas. Mi sueño de follar la dueña de aquellas bragas hecho realidad por partida doble.
-déjame que te explique porque te di sus bragas…
-pero quiero pedirte perdón.
Se hizo un pequeño silencio
-¿…cómo?
-aun con todo no tenía derecho a comportarme como un cerdo sádico. Te he violado, a las 2. Me he pasado los últimos años espiándote como un ratón para por fin acabar demostrando a todo el mundo públicamente que eso es lo que soy. Ya no estoy pletórico ni me siento bien. Merecía que las bragas fueran de ella. Perdóname …
-no, perdóname tú. –interrumpió Bea -Yo te he llevado a esto. Me chivé de ti, siempre lo hice. Mamá no te hubiera tratado tan mal de no ser por mí. No te guardo rencor.
– · –
-podías haber mentido, haberte inventado algo. –replicaba Fermín
-te repito que las respuestas de ambos debían coincidir. No quería que la violaran a ella también. Les dije todo cuanto quisieron. ¿qué sabía yo que lo utilizarían de aquella manera?
-pero tú si que te enfadaste cuando te dijeron algo que yo había dicho.
Marta cerró los ojos y cogió aire.
-me estaba dejando follar por segunda vez, no podía pensar en otra cosa.
– · –
-¿Verónica?, no puede ser. –preguntaba atónito Benito
-Te digo que sí. Fue idea suya.
-¿Pero como…? no entiendo…
-yo le contaba todo de ti, que te gustaba, que no dejabas de preguntarme por ella, que nos espiabas cuando estábamos en casa… entonces a ella se le ocurrió el plan.
-pero… ¿por qué?
-porque no le gustaba que estuvieras babeando por ella, a ella no le gustabas tú. Además, solo iba a ser una broma. Yo me dejé convencer sin tener en cuenta las consecuencias.
-¿Y te convenció para que me dieras unas bragas de mama?
-En realidad quiso que te diera unas mías. A última hora cogí unas de mama de la tropa sucia.
Benito no daba crédito a lo que oía.
-Pero… ¿con que finalidad, humillarme?…Verónica no puede ser tan cruel.
-¿qué no puede ser cruel?, es una auténtica hija de puta. –contestó Bea
-Además… –continuó –quería devolverme una que me debía.
Benito la miró inquisitorio -¿Que es lo que te debía?
Bea tomo aire antes de empezar a hablar de Verónica a su hermano.
– · –
-Es que no puedo quitarme de la cabeza la imagen de Bea desnuda con las piernas abiertas y tú brincando entre ellas, follándotela y disfrutando como un viejo verde sobre una colegiala en celo.
-¿y crees que para mí es diferente? No solo te he visto “disfrutar” con 3 hombres, sino que además también te vi con Benito, con tu hijo. ¿ crees que me dolió menos?
-eso es diferente y lo sabes. A diferencia de ti yo no disfruté con ello.
-eso lo sé ahora pero en aquel momento no era eso lo que parecía.
Marta tomo aire y cortó la conversación
-Está bien, está bien, vamos a dejarlo. Ahora lo principal es llegar a casa y superarlo. Nadie debe enterarse de esto. Hay que guardar las formas. Lo pasado, pasado está.
-bueno pero habrá que denunciarlo, tienen que buscarles…
-ni se te ocurra –cortó Marta –lo de esta noche debe quedar entre nosotros. Nada de denuncias ni investigadores privados ni nada de nada. Este episodio maldito se acabó aquí y ahora.
-Pero Marta…
No. He dicho que no saldrá de aquí.
Marta miró a Fermín.
-Estoy segura de que serás capaz de superar el “trauma” de tirarte a tu hija. –Fermín agachó la cabeza –yo por mi parte también lo superaré lo mío, como he hecho siempre.
Hizo una pequeña pausa
-Ser follada y enculada por Benito es mucho más de lo que nunca llegué a imaginar pero ya he hablado con él y está todo arreglado.
-después –prosiguió –hablaré con Bea. Tú también debes hacerlo. Mañana seremos una familia nueva.
-ya he intentado hablar con ella pero no hay nada que hacer. Esto no tiene arreglo. –o al menos tiene uno muy malo –pensó Fermín, que ahora no podía quitarse de la cabeza a su madre.
-bueno, dale tiempo al tiempo. Tu hija tampoco es ninguna santa. El que la haya montado su padre tampoco es ninguna catástrofe irreparable. Yo hablaré con ella.
Fermín apenas creía lo que oía decir a su mujer, parecía que esa noche lo único que hubieran soportado era un chaparrón de agua que les hubiese estropeado el picnic.
Marta, su mujer, fría, calculadora, una persona manipuladora nunca dejaba de sorprenderle, incluso después de todos estos años de matrimonio. Era una máquina andante con un corazón de piedra.
– · –
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Al final Verónica, su novio y yo nos quedamos en casa de su hermano. Como ninguno de los 4 teníamos que madrugar decidimos quedarnos allí viendo unas pelis y tomando algo.
Benito escuchaba hipnotizado el relato de Bea.
-yo estaba bastante borracha y Vero estaba dándose el lote con “el pecas”. Como a mi me gustaba el hermano de Vero … empezamos a darnos el lote también.
-¿con ese chulo bobalicón? –repuso Benito airado
Bea le miro con los ojos encendidos
-quiero decir… pero si el hermano de Vero tiene novia. –intentó arreglar Benito.
Ya lo sé, yo también salía con otro, pero estaba un poco borracha y en ese momento no me importó.
-¿y Vero?… ¿no decía nada?
-cuando Héctor y yo empezamos a meternos mano ellos ya estaban casi desnudos. A ella le importaba tan poco como a mí. Además al cabo de un rato empezaron a …  follar.
A Benito comenzó a faltarle el aire al imaginarse a “la globos”, apelativo con el que se la conocía, semidesnuda y en plena folleteo.
-¿empezaron a follar junto a vosotros?
-si. El caso es que… –continuó Bea –al cabo de un rato cada una de las 2 estábamos … –hizo una pausa -… follando con ellos sobre el sofá.
-las… las 2 … ¿una junto a otra?
-sí, estábamos sentadas sobre cada uno de ellos. Los 4 estábamos casi completamente desnudos. El pecas no dejaba de meterse conmigo y decirme lo grandes que eran las tetas de su novia. Y para colmo Héctor alargó el brazo y le las sobó todo orgulloso de ella.
-¿a Vero?… ¿le sobó las tetas a su hermana?
-sí, y ella se dejo sobar muy ufana… la muy guarra. No me gustó nada. Estaba enfadada, además. Después de eso no recuerdo muy bien que pasó pero el caso es que al cabo de un rato Héctor se lo montaba con Vero.
A Benito casi se le caen los mocos al oírlo. El corazón latía con tanta fuerza que podía sentir los latidos en sus sienes.
-¿Quieres decir que acabaron follando juntos?, ¿los 2 hermanos, el chulo bobalicón y la globos?
Bea volvió a mirarle fijamente con cara de enfado. -Eso no lo sé. Yo estaba enfadadísima, me vestí y me fui. Les dejé a uno encima del otro, comiéndose la boca y magreándose sobre el sofá, lo que pasara después no lo vi.
– Pero… ¿y “el pecas”, que hacía mientras tanto?
-Estaba tumbado boca arriba en el suelo borracho y dormido.
-mientras ellos 2 …, follaban a vuestra costa.
Ahora Bea agachó la cabeza y entristeció su semblante.
-Bueno, el caso es que fui yo quien les empujó para que se lo hicieran, estaban tan borrachos que ni se dieron cuenta de lo que hacían.
-¿Por qué?
-no sé, me puse celosa cuando vi como miraba las tetas a ella sin parar en lugar de mirarme a mí y como se las sobaba.
-¿Y que pasó al día siguiente?
-Entre ellos no sé. Vero y yo seguimos haciendo como si no hubiera pasado nada aunque en el fondo ella me la tiene jurada porque sabe que fui la culpable de aquello.
-¿Y “el pecas” y Héctor?
-Héctor es amigo del alma del “pecas”. No creo que entre ellos cambie nada. Ni tan siquiera sé si el pecas sabrá algo de aquello. Además, no se hasta donde llegaron. Lo más probable es que se durmieran justo después de irme yo.
Pasó un largo rato antes de que Benito dijera nada
-Bea. –llamó Benito
-Que –contestó ella
-No tienes que envidiar las tetas de “la globos”. Las tuyas son mucho más bonitas.
-¿Acaso estás en disposición de comparar? –preguntó inquisitiva.
-Pues hombre… del todo no… pero por lo que he visto… … esta noche
-Entonces cállate.
Benito no dijo nada más.
– · –
Marta regresó hasta donde estaban sus hijos.
-Benito, ve a sentarte con tu padre. Quiero hablar con Bea.
Marta ocupo el asiento que abandonó Benito y comenzó a hablar.
-He estado hablando con tu padre sobre lo de esta noche.
-Quieres decir que has tenido un monólogo con él.
-Bea, no quiero discutir, ahora no es el momento. Además, aún estoy muy dolida contigo por haberle dado mis bragas a Benito.
Beatriz se arrugó, había dado en plena línea de flotación.
-lo siento, ya he hablado con Benito y le he pedido perdón –repuso Bea –también iba a pedirte perdón a ti…
-Eso no importa ahora, ya he hablado de ello con tu hermano y para mí ya está zanjado ese asunto.
Lo que ha pasado esta noche –continuó Marta –debe quedar entre nosotros.
Beatriz la miro extrañada.
-esos hombres han abusado de nosotros, te han violado, ¿No vamos a denunciarles?
-¿y después como explicaremos que tu hermano y tu padre nos follaron también? Olvídalo, hay que pasar página cuanto antes.
-¿pasar página?, ¿cómo se supone que voy a pasar página?, ¿Sabes lo que es que te folle tu padre?
Marta la miro con cara inexpresiva.
-Puedo hacerme una idea. –contestó –¿Sabes tú lo que es que te folle tu hijo?
Bea se mostró ofendida
-Quizás para ti sea muy fácil superarlo, quizás ya tengas costumbre pero para mí no lo es.
-más vale que lo sea. Haz lo que quieras pero a partir de mañana, lo de esta noche nunca sucedió.
Beatriz respiraba agitadamente, no estaba dispuesta a olvidar lo de esta noche. Detestaba a su padre y no quería correr un tupido velo por algo que a él o a su madre les resultase vergonzoso. Había abusado de ella y si eso le causaba un problema moral era su problema. Ella no tenía nada que ocultar y no quería zanjar el tema sin más.
-A lo mejor para superar el trauma necesito “terapia de choque”. –estaba preparando un cañonazo hacia su madre. Apuntaba donde más podía doler.
-¿a que te refieres?, -preguntó Marta.
-es muy duro que te folle tu propio padre. Dicen que para superar un trauma hay que pasar las mismas experiencias …, quizás…, lo que necesito es repetirlo de nuevo… pero esta vez intentando participar yo también… solo para superarlo.
Marta miraba con cara inexpresiva a Bea. Y esta continuó disparando.
-esta vez debería chupársela a papá más lentamente, quizás tendría que ayudarme con ambas manos para poder acariciarle las pelotas y la polla. Cuando la tenga bien dura y se corra en mi boca le dejaré que me coma el coño y las tetas … otra vez y… cuando me la meta en el coño a lo mejor debería moverme con él … no sé… para disfrutar más y así evitar que él haga todo el trabajo.
Espera, mejor puedo ponerme encima de él y cabalgarle un rato, de esa manera le sería más fácil meterme el dedo en el culo como hizo antes y podría lamerme los pezones durante más tiempo mientras me soba y gime en el oído.
Repetía una y otra vez lo que le había hecho. Su madre, que ya había cambiado su expresión, mostraba un enfado supremo. Acercó su cara a la de Bea hasta que ésta pudo sentir su aliento. Entonces Marta comenzó a hablar en un volumen bajo utilizando un tono áspero y lento.
-Escucha guapita, aunque aun no hayas cumplido los 19 no eres una santa. ¿acaso crees que no sé que metes a tus novios en mi casa, en mi cama?, ¿crees que no se como consigues tus aprobados a costa de los viejos verdes de tus profesores?, ¿crees que no se la cantidad de braguetas que has bajado para conseguir tus buenas notas o el dinero para comprar la ropa de tu armario que escondes en el fondo?
-Sí, tu padre te la lamido las tetas, te ha metido la polla en tu coñete y se ha corrido dentro de ti ¿y que?, ¿acaso eso es peor que cuando le abres tus piernas al marido de la vecina, ese viejales repelente? Total para lo que consigues a cambio.
Si crees que follar con tu padre es lo que necesitas para acabar con este tema, pues adelante, tienes mi beneplácito, no seré yo quien te lo impida. Por mi como si te quieres tirar al perro.
-Esta noche llegaremos a casa y mañana será otro día. Después todo será igual que ayer. Arregla tus diferencias con tu padre de la manera que quieras pero no quiero que a partir de mañana se hable más de este tema. ¿está claro?
Bea quedó estupefacta. Tenía la boca y los ojos abiertos. ¿cómo sabía su madre todo eso?
– · –
Benito y su padre habían permanecido largo rato sin hablar, al final fue el padre quien rompió el silencio.
-Lo que has hecho hoy con tu madre … y con tu hermana…
-lo siento mucho, no sé que… –interrumpió Benito.
-no te disculpes –cortó Fermín -mi comportamiento no ha sido mejor que el tuyo ni de lejos. No pretendo juzgarte, pero… me tiene intrigado que hayas podido… es decir… tú… con tu madre…
-¿quieres saber como se me ha puesto dura con mama?
-si… eso es… es que no consigo comprender…, con el miedo que siempre le has tenido…, además …, es tu madre,¿ como puede calentarte?
-Eso mismo me ha preguntado ella. Al principio solo quería humillarla como siempre me ha hecho ella a mi. Pero …, después…, cuando la vi desnuda…, yo nunca he visto a una mujer desnuda…, y…, no se que me pasó. Al principio solo quería tocarle una teta para saber que se siente. Lo que pasa es que después todo se me fue de las manos y …, ya no era yo…
Benito hablaba cabizbajo.
-tranquilo, tranquilo hijo, te comprendo. No te lo reprocho. No soy quién para hacerlo después de lo que hice con tu hermana. Yo también pasé por algo parecido. Una cosa llevo a la otra…, y al final … bueno, ya no podemos remediarlo.
Al cabo de un rato Fermín volvió a preguntar a su hijo.
-¿Lo volverías a hacer?
-¿el qué? -preguntó Benito.
-quiero decir si volverías a acostarte con alguna de ellas.
Benito miró hacia atrás y vio a su madre y hermana hablando entre sí.
-pues … no. -esperó un rato y continuó diciendo –supongo.
Fermín volvió a insistir. -¿En serio no deseas repetir…, aunque solo sea de pensamiento?
Benito meditó la respuesta un rato.
-Antes, cuando estaba sentado junto a mama, he visto una teta a través del escote de su camisa.
Nunca he sentido la más mínima atracción por ella. Me da grima imaginármela desnuda. Por eso, al verle de nuevo aquella teta me sorprendí de cómo había sido capaz de disfrutar con ella, con su cuerpo. Como había sido capaz de… follarla.
No puedo explicar como he podido excitarme, ni como he podido disfrutar tanto viéndola desnuda y tocándola. No podía creer que me hubiera corrido dentro de ella, al recordarlo sentí tanto asco que tuve arcadas. Cada vez que pienso en como manoseaba sus tetas, debía estar drogado para hacer tal cosa. No pude soportarlo más y aparté la vista. Luego …
Benito cortó su narración de súbito pero Fermín le instó a continuar. -¿luego?
…luego mama se levantó y fue hasta donde estaba Bea. Al agacharse, la camisa se levantó por atrás dejando al descubierto parte de su culo y … entre sus nalgas volví a verle el …  coño.
-¿Y te excitaste?, ¿sentiste deseos de hacerlo con ella de nuevo? –preguntó Fermín
-nada más verlo. -Se excusó Benito. –pero en cuanto recordé que era a mama a quien estaba mirando la repulsión me obligó a apartar la mirada. Y eso me lleva a darme cuenta de que necesito echarme una novia urgentemente.
-Su padre mostró una sonrisa amarga. –no cabe duda de es hijo de su padre –dijo Fermín.
Al cabo de unos segundos Benito preguntó .
-¿y tú, follarías con tu madre?
¿Que le pasaba a todo el mundo con su madre?, a que tanto interés con follársela.
Fermín imaginó a su madre en el lugar de Bea tumbada desnuda con las piernas abiertas. Recreó mentalmente todo cuanto le dijeron Bea y su mujer que hiciera con ella. Lamiéndole el coño, chupándole las tetas y follándosela. Corriéndose dentro de su coño, en su culo, en su boca y en su cara. Imaginando mentalmente los labios de su madre chupándole la polla dura como otrora hiciera su hija.
Tampoco Benito pudo evitar pensar en su abuela. ¿y si hubiese sido ella en lugar de su madre?,¿se le hubiera puesto igual de dura al verla desnuda?.
Su abuela Ángela, era una mujer fría y calculadora como su madre, con una mirada de hielo que encogía el corazón de todos cuantos la rodeaban. Sin embargo a él siempre le trató con dulzura. Era su ojito derecho al que consentía. Con el resto de la familia mantenía una distancia considerable sobretodo con su madre con la que compartía un acérrimo odio mutuo.
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Su abuela paterna se mantenía diabólicamente joven para su edad y aun guardaba la mayor parte de su belleza y carácter. Benito se preguntó como sería su cuerpo. Se imagino el coño negro como el de su madre y a él follándoselo mientras amasaba sus tetas. Inmediatamente apartó esos pensamientos y vio en su padre la misma cara de repulsión que debía tener él.
Fermín le miraba de reojo y esbozando una leve sonrisa.
-No hijo, no me follaría a mi madre.
–¿y a Bea? –preguntó Benito. -¿la volverías a follar?
Fermín borró la sonrisa de inmediato.
– · –
Benito notó como alguien tocaba su hombro. Era Beatriz.
-Déjame el sitio Beni, quiero hablar con papá.
Otra vez intercambiaron sus asientos, Benito se sentó junto a su madre.
-Papá.
-¿Si?
-he estado pensando sobre lo de esta noche.
-¿sola?, ¿o con ayuda de tu madre?
-No me lo pongas más difícil, he venido en son de paz.
-Fermín no dijo nada y siguió conduciendo con la vista al frente.
-quiero contarte algo de mi. Si es que no lo sabías ya.
Esperó paciente que Beatriz continuara hablando.
-A veces he metido en casa a chicos en vuestra ausencia.
-ya lo sé.
-me refiero en vuestra habitación.
Fermín no movió un músculo -continúa
-en vuestra cama.
Con aire cansado contestó -ya, me lo imaginaba. ¿qué más?
-y a veces te he sisado dinero.
-eso también me lo imaginaba.
Esperó un rato antes de continuar.
-Alguna vez alguno de esos chicos era mayor que yo.
-¿cuanto más? –preguntó con cara de preocupación
-pues… de tu edad… más o menos.
Los ojos de Fermín se agrandaron. Pero siguió mirando al frente sin decir nada.
-y… también… para traer buenas notas a casa he hecho cosas.
El corazón de su padre comenzó a latir con más fuerza -¿cosas … de que tipo? -preguntó
-cosas con algún profesor.
Cerró los ojos por unos momentos. -¿Y hasta donde has llegado con ellos?
-a veces solo utilicé mis labios, otras tuve que emplear… el resto del cuerpo.
-¿me estas diciendo…? –Fermín se agarrotó sin poder acabar la frase
-…que cuando no era suficiente con hacer una mamada me follaba al profesor –sentenció.
-¿cómo..? pero si solo tienes 18 años, cuando empezaste a …
-casi 19. –cortó. –y… bueno… empecé con 16, pero si te sirve de consuelo ha sido este año cuando he empezado a obtener mejores notas a base de y polvos. Antes solo hacía pajas y solo en algún caso alguna mamada. Te lo aseguro.
Ambos permanecieron callados un buen rato.
-¿y con cuantos…? –dejó la pregunta a medio hacer
-no muchos.
-más o menos…
-no se, no los he contado, solo lo he hecho en ocasiones muy contadas. –bajaba la mirada y se arrugaba en su asiento intentando que esa respuesta fuera suficiente como excusa.
-podrías darme una cifra… menos de 10, entre 10 y 20… Para que me haga una idea de hasta que punto es mi hija de guarra. Siempre pensando que eras una adolescente normal y ahora descubro que eres una fulanilla coleccionista de hombres.
-Oye, que siempre fue a cambio de algo, no voy por ahí tirándome al primero que pasa por placer.
-tirarte al primero que pasa por placer es ser una viciosa, pero hacerlo a cambio de algo es ser una fulana.
-¿pero tú que te has creído? no soy ninguna puta cobrando a tarifa.
-sexo a cambio dinero, bienes materiales o de notas, al final todo es lo mismo. Y si encima disfrutas con ello, además de puta, zorra.
Bea había venido a enterrar el hacha de guerra con su padre y sin embargo todo se estaba torciendo.

-no, no lo hice. –contestó airada -No disfruto cuando me la mete un baboso como los de tu calaña y no tengo una tarifa por mis servicios, así que no soy ni puta ni zorra.
Utilizo algo que tengo para conseguir algo que quiero, así de simple. No hay nada de malo en ello. No he hecho daño a nadie y todo el mundo sale ganando. ¿no te gusta? Pues te jodes, es lo que hay.
Fermín temblaba.
-dios, te oigo y no me lo puedo creer. ¿tu madre lo sabe?
-claro que lo sabe. Sabe más de mí de lo que creía.
-¿y por qué me lo cuentas a mí?, justo ahora.
-estabas hecho polvo por lo que me habías hecho. Por eso quería que supieras a lo que estoy acostumbrada. No es la primera vez que abro las piernas a hombres de tu edad y me dejo follar por ellos. Contigo no fue diferente a otras veces, no fue tan desagradable como te dije.
-pe… pero… . dios, es que no doy crédito. Me he hundido pensando que era un violador, que te había destrozado la vida y que difícilmente podrías superarlo. Y resulta…, resulta que para ti lo de esta noche es el pan de cada día.
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-Tampoco es eso. No voy por ahí enseñando el coño a todo el mundo. Ya te he dicho que solo lo hago en contadas ocasiones a cambio de algo. Y por supuesto, jamás disfruto con ello.
-yo…, yo…, he tenido el corazón en un puño todo este tiempo…
-te detestaba por lo que me hiciste, quería que te arrepintieras y sufrieras por ello.
-¿y ya no me detestas?, ¿ya no quieres que sufra?
Bea tomo aire.
-mira papa, mamá tiene razón en una cosa, lo que nos han obligado a hacer esos hombres debe quedar atrás. Mañana será otro día y podremos seguir detestándonos entre nosotros como hemos hecho siempre pero no podemos dejar que lo de esta noche nos martirice y siga haciéndonos más daño. Me has follado y no se puede volver atrás, lo hecho hecho está. Lo mejor es olvidarlo y superarlo.
…Aunque lo de follarte a tu madre para resarcirme…
Fermín miraba al frente confundido. -si…, si…, es lo mejor. Olvidarlo.
Después volvió la mirada hacia Bea. Miró sus piernas aun desnudas y recorrió su cuerpo hasta llegar a su busto. Después cerró los ojos y volvió la vista al frente.
Pasó un buen rato antes de que Fermín volviera a hablar.
-Bea.
-¿si? –contestó sin volver la cabeza hacia él.
-nunca volveré a hacerte lo que te he hecho esta noche. He sufrido por haberte causado tanto daño y humillación. Soy tu padre y me comportaré como debo, tu eres mi hija y te respetaré como tal, ….sin embargo…
Beatriz miró a su padre intrigada esperando lo que tendría que decir.
-… sin embargo, no puedo evitar desear repetirlo.
Se quedó helada. Instintivamente estiró la camisa intentando tapar la mayor parte de sus piernas y su escote –¿ que coño quieres decir…?
-quiero decir, que soy un pervertido.
-pero ¿papá…?
-tú lo has dicho antes, babeo por tus amigas. Me pierden las jovencitas. Y esta noche me he dado cuenta que me pierden “TODAS” las jovencitas.
-¿pero…  que dices?, ¿pretendes que entre tú y yo…?
-…no, por dios, no quise insinuar eso. –dijo en voz baja –lo quiero decir es que soy un miserable que babea por tu cuerpo o el de tus amigas.
Quería que lo supieras después de lo que me has contado de ti. Me has hablado de tus malos actos …, yo te hablo de los míos. Solo quería que supieras que no soy mejor que tú.
Bea siguió escuchando a su padre.
Estoy muy lejos de ser un hombre honesto. He cometido errores muy graves. Hace no mucho…
Fermín calló de súbito y Bea le instó a continuar.
-¿hace no mucho?
-… follé con tu amiga…
-…Verónica –cortó Bea.
-¿Lo sabias? –preguntó sorprendido.
-pues claro, anda que no hace tiempo de eso.
Fermín estaba confuso
-¿pero, cuando… como lo sabes? –preguntó consternado
-me lo dijo ella… Vero se lo hizo contigo a modo de venganza contra mi.
-¿venganza contra ti?, ¿por qué?
-Es una historia muy larga y algo complicada.
-de verdad que no entiendo nada. –miraba al frente con lo ojos abiertos como platos.
-digamos que me debía una y follar contigo era una manera de devolvérmela.
-devolvértela…, ¿devolverte el qué?
-después yo me acosté con su padre.
-con…, con…, su…, ¿padreee?
Bea le miró a los ojos.
-ojo por ojo.
-pero si aún eres una cría y su padre un viejo verde.
-exactamente igual que ella y tú.
Eso le desarmó. Tenía razón y agachó la cabeza humillado.
-si, ya me pareció demasiado fácil, vino a casa buscándote en horas de colegio. Una excusa poco creíble o cuando menos extraña. En cualquier caso no desaproveché la ocasión para…, bueno…, intimar. Se dejó cortejar fácilmente. Más tarde…, follamos en tu cuarto.
-lo se, Vero me lo contó todo. Que os metisteis en mi cama, que se puso mi ropa, que te la tiraste sobre mi escritorio…. todo, con pelos y señales. Solo le faltó enseñarme una foto del móvil.
-bu…, bueno, lo cierto es que insistió en hacernos una. No la dejé. Nunca se sabe donde pueden acabar esas fotos.
¿Que paso entre vosotras después de aquello? –preguntó Fermín.
-lo que tenía que pasar. Follé con su padre en su cama, con su ropa y yo sí que saque fotos. Por cierto, la tiene igual que tú.
-¿el qué?
-la polla, la tiene igual que tú.
-joder, joder, joder, joder. No me lo puedo creer. –¿qué ese cabrón se acostó contigo? ¡Pero si eres una cría!
Padre e hija se miraban fijamente. Él con cara de asombro, ella con desprecio. Entonces Fermín cayo en la cuenta.
-ah bueno, sí, yo hice lo mismo a su hija, vale. Estamos empatados, yo le eché un polvo a su hija y el se lo echó a la mía.
Bea mostró una sonrisa amarga
-No fue un polvo, fueron varios. Hasta que ella suplicó que lo dejase.
-espera, espera. ¿varios?, ¿cuántos?, ¿ella te suplicó…?, pero, por que…?
-porque tenía miedo de que su madre se enterase y se separasen.
-iba a preguntar por que lo hiciste varias veces y no solo una como hizo ella conmigo.
Bea no dijo nada pero mantuvo la sonrisa amarga.
-Dios, eres peor que tu madre –dijo Fermín.
-No, soy igual que ella. No es suficiente con vencer a los enemigos, hay que humillarlos hasta la extenuación. Deben tener claro que jamás pierdo una batalla.
-¿que jamás pierdes…?, pero…, ¿y seguís siendo amigas Verónica y tú?
-se puede decir que sí. En una batalla entre damas… Vero tiene buen perder.
-conociéndote que remedio le queda.
– · –
Marta dormía de nuevo con la cabeza apoyada en el cristal, Benito la observaba en silencio. De nuevo podía ver parte el vello púbico de su coño que su camisa no tapaba.
Observaba la escena con horror. Le desagradaba recordar el momento en que la follaba. Apartó la mirada por las arcadas que sentía al recordarlo. Debió pasar por algún estado de locura transitoria, o algún tipo de embriaguez mental debido a la mezcla de odio y deseo sexual acumulado durante los últimos años.
Sin embargo, una y otra vez dirigía la vista hacia el mismo sitio, su pubis, su oscuro bosque, su negro coño. Y cada vez que lo hacía sentía un calambrazo en la entrepierna. No entendía por qué algo que detestaba tanto le excitaba mismo tiempo.
Era evidente, o al menos lo era para él, que necesitaba tener una novia cuanto antes. Su deseo sexual descontrolado era lo que le había llevado a hacer algo tan terrible a su propia madre. Con estos pensamientos y la polla dura Benito se durmió.
 
 
Nota del autor: Espero que esta segunda parte no haya defraudado demasiado a los pacientes lectores pero me apetecía escribir una historia erótica sin que hubiera raudales de sexo. Además, me sirve como introducción a la tercera parte que ya está casi lista.
No os podeis imaginar lo agradecido que estoy de leer los comentarios del reato anterior. No tengais miedo de señalar todo aquello que no os guste y de criticar a cuchillo… eso es precisamente lo que me haría mejorar los siguientes relatos que tengo en la cabeza. Tampoco dudeis en escribirme un e-mail si lo deseais poniendo verde o del color que querais mis relatos. gracias por leerme, un saludo y felices pajas
A todos gracias por leerme, SI QUERÉIS HACERME ALGÚN COMENTARIO, MI EMAIL ES boligrafo16@hotmail.comacqXFquW