Reencarnación 7

Tomo conciencia a primera hora, me pongo un vestido largo tras ducharme y saco a Thor, me temo que por última vez. Me gusta tenerle en casa, y que me obligue a salir y divertirme con él, así como su desparpajo para subirse al sofá conmigo, o meterse en mi cama. Tal vez son cosas que aprecio en un hombre, confianza en sí mismo. Ojalá la tenga su dueño conmigo durante estas semanas, estoy ansiosa por que llegue esta tarde.

Al regresar dejo al perro con comida y agua, y me cambio para ir a la oficina. Meto la pata con un par de citas durante el trabajo, tengo la cabeza en otro sitio, en concreto en un autobús Zamora – Madrid que llega en unas horas, pero David me las perdona como si nada ya que mañana me necesita en una reunión lo más guapa posible. Me mando unos mensajes muy dulces con Javier, el contesta cosas del tipo, “Nos vamos a divertir de lo lindo, tengo unas ganas de lucirte por ahí y pasarlo bien, que no vas a bajar de una nube de felicidad, ya me ocuparé yo de eso”, que me dejan con ánimos de salir corriendo a la terminal.

Aguardo impaciente hasta el fin de mi jornada como una chiquilla la última hora de clase antes del verano, ansiosa y mirando el reloj sin parar. Estoy pensado si es que a lo mejor se ha dado cuenta y desea volver a jugar a mi juego, pero no quiero hacerme ilusiones, tal vez solo sea amable, y quiera agradecerme lo que hice por él con Celia.

Cuando llega mi hora, salgo corriendo a casa, doy una vuelta a la manzana con Thor para que se alivie, y me pego una ducha rápida al volver. Me pongo un tanga rojo, con una minifalda a medio muslo con vuelo de tono granate y un top azul escotado, marcando mis senos elevados por un sujetador nuevo negro, que me realza la figura. Me dejo el pelo suelto, sé que le gusta verlo así, y me pongo unos zapatos cómodos pero con algo de tacón, lo justo para sentirme muy sensual. Me realzo los ojos con sombra y voy en el coche a la estación, dejando al perro en casa, quiero que se centre en mí cuando me vea.

Conduzco muy nerviosa, pero aparco y espero dentro de la terminal. Según sus mensajes está al caer, y jugueteo con el anillo de Luis antes de ver aparecer su autobús. Sonrío sin darme cuenta, y busco ansiosa con la mirada su rostro de la fila de gente que va bajando. Tras varios amagos, veo unos ojos clavados en mí por las escaleras y se me acelera el corazón. Es él y luce una horrible cara de agobio por el viaje. Me cruzo de brazos, pero una mano se me escapa a morderme la uña, está tardado en que le den sus maletas. Al entrar al enorme pasillo de la dársena, se acerca con paso alegre esquivando al gentío, y suspira antes de alcanzarme, abrumado por mi vestimenta quiero creer.

Me gana cuando suelta las maletas en mitad de la nada, y corretea con los brazos abiertos hacia mí, que sin pensarlo hago lo mismo. Con una simple camiseta a cuadros negros y rojos, y un pantalón pirata blanco, me dan ganas de tirarlo al suelo y hacer lo que quiera con él.

Creo escuchar un “Hola, Laura” antes de saltarle encima, y rodearle la nuca con mis manos para comerle a besos toda la cara. Él me corresponde alzándome con sus antebrazos por mi espalda. Ha sido un pequeño choque que me llena de felicidad, y al notar que baja su cuerpo para alzarme en el aire y darme un número casi infinito de carantoñas en el cuello y el hombro, me río llena de una alegría que no puedo describir. Por si fuera poco, empieza a girarme, y la fuerza hace que media terminal me vea el trasero, algo que me da igual, estoy en sus brazos, y ahora es lo único que me importa.

-JAVIER: Por dios, si me intuyo este recibimiento, me vengo antes. – dice al final, tras muchos gemidos cariñosos y tiernas miradas. Me deja en el suelo pero no se aparta, ni deja de abrazarme.

-YO: Anda bobo, es sólo que me hace ilusión verte. – froto su gran espalda con fuerza.

-JAVIER: Y a mí, de verdad que no sabes la tortura china que es un pueblo de Zamora una vez que conoces la gran ciudad.

– YO: Pues ya estás aquí.- mi mano se mueve sola a su cara, y paso los dedos por su barba de tres días que me encantaría besar otra vez, pero la escena ya es comprometida, no veo a muchas parejas reencontrarse así de efusivos a nuestro alrededor.

– JAVIER: ¿Y el perro está en el coche? – tarda unos segundos en acordarse de su mascota.

– YO: No, en mi casa, no quería agobiarlo con el viaje.

– JAVIER: Se habrá portado bien ¿No?

– YO: Genial, es muy bueno, le tengo mucho cariño y voy a echar de menos pasearle o tenerle por casa.

-JAVIER: Pues vamos a verle, que lo mismo ya no se quiere venir conmigo. – por fin me suelta, y coge sus maletas. Le ayudo con la mochila para que no cargue mucho peso, pero no parece muy afectado.

Al meternos en el coche ya se ha quejado dos veces del calor, y no le culpo, viene de temperaturas mucho más suaves que los cuarenta y dos grados de máxima de hoy en Madrid, y en el termómetro que está a pleno sol en la salida de la terminal, pone unos asfixiantes cuarenta y siete grados. Metemos las maletas en la parte de atrás y se sienta delante conmigo en el coche. Guardamos un silencio tenso hasta que noto que me mira las piernas, parcialmente descubiertas por la minifalda. Me acomodo un poco coqueta, y le pregunto por el viaje.

-YO: ¿Qué tal por Zamora?

-JAVIER: Genial, ha sido fantástico volver a ver a mi familia, y algunos amigos, o volver a comer los platos de mi madre, ha sido estupendo, creo que he cogido unos kilos y todo…no como a ti, que se te ve espectacular. – sonrío vagamente, esperaba un comentario así.

-YO: Gracias, deben ser los paseos con Thor, me ha hecho hacer más ejercicio que en el gimnasio.

-JAVIER: Es un trasto, pero no me refería a eso, digo que te veo bien, no sé, alegre, ilusionada…irradias felicidad. – me ruborizo esperando que no se note que si se me ve así, es por él.

-YO: Pues no sé porqué, serán las ganas de verte…- bromeo, diciendo toda la verdad del mundo.

-JAVIER: No menos que yo, al tercer día creía que me pegaba un tiro por el aburrimiento, con todo lo que ofrece Madrid, un pueblo perdido de Zamora resulta agobiante, y más sin nadie con quien salir.

– YO: Aquí es un poco igual, gracias a Thor no me tiro en casa todo el día. Si no es por estar hablando contigo, hubiera sido un suplicio.

– JAVIER: A mí me dabas la vida cada vez que me escribías, y esas fotos con el perro… me sacabas una sonrisa cada día.

-YO: Pero ya estás aquí.- repito.

-JAVIER: Si, y encima contigo, nos lo vamos a pasar genial. – al posar su mano en mi brazo, todo mi cuerpo reacciona, y la piel se eriza al contacto.

El viaje dura poco, lo bueno de Madrid en verano es que no hay casi nadie por las calles a media tarde, y los trayectos se acortan. Llegamos a mi casa, dejando las maletas en el coche, y subimos en el ascensor sin dejar de hablar de anécdotas de su viaje, y de Thor.

Normalmente el animal en casa es muy callado, y solo gruñe si alguien llama a la puerta, pero ya desde abajo, se le oye ladrar desesperado, sabe que su dueño está de camino. Al llegar y abrir, el enorme dogo pega un salto y se sube en brazos de Javier, que haciendo un gran esfuerzo lo mantiene en alto, soportando lamidas de cara y carantoñas con la cabeza.

Acaban los dos en el suelo del recibidor, sin saber cuál de los dos está más alegre de ver al otro. La escena es familiar, casi reconfortante, cómo le acaricia y trastea con él, y el perro me mira, o se acerca a darme con el hocico, como queriendo decir que él había regresado, lleno de la misma ilusión que debo tener yo en mi rostro.

Tardamos unos minutos en que Thor deje de atosigarnos, el pobre está casi llorando de felicidad. Luego recogemos sus cosas y nos preparamos para llevarlas al piso de Javier, que se bebe casi todo el líquido de mi nevera. Solo cuando salgo tras ellos con una bolsa llena de juguetes y comida de perro, el animal deja de tirar de su amo para esperarme. Le montamos en el coche y saca la cabeza por la ventanilla, gozando de la brisa árida y ladrando a algún transeúnte despistado por el trayecto. Al llegar a su casa, sube como un loco a las escaleras hasta la habitación, y se revuelca en la cama. Es divertido ver a un poderoso animal tan grande, moverse como un cachorro feliz.

Ayudo a deshacer las maletas de mi galán particular, y sin saber exactamente de qué, seguimos hablando, sin parar, sobre cosas mundanas o sin relevancia, pero generando una sensación de bienestar en mi interior. Al acabar de poner una lavadora, nos quedamos los tres sentados en la cama, Javier se acaba tumbando antes las acometidas de su perro, que quiere jugar, y la imagen de mí metiéndome entre los dos para ser traviesa, me cruza la mente, con esta minifalda a nada que me mueva, se me verá todo. Me resisto las ganas.

-JAVIER: Es un gustazo estar en casa.

-YO: Me alegro de verte tan contento.

-JAVIER: Lo estoy.

-YO: Eso significa que las cosas con Celia… Carlos no me informa detalladamente en sus crípticos mensajes.

-JAVIER: Bueno…la verdad es que no hablamos mucho, pero no es el lugar de hablarlo, déjame que me pegue una ducha, me cambio, y vamos a tomar algo por ahí, así charlamos. – asiento, deseaba escucharle algo así.

De golpe, rueda por la cama y me abraza, tumbándome boca arriba, le tengo encima y me besa la cara mientras me dice cuánto me ha echado de menos. Rodeo su cabeza, y por un segundo creo que va a besarme por el cuello y seguir bajando hasta mi escote, pero no lo hace, solo me aprieta con dulzura. Luego se alza de pie, busca unos calzoncillos limpios, y se va a ducharse.

Yo me quedo acostada en su cama, embobada con ese gesto tan sutil y tan tierno. ¿De verdad no se da cuenta del efecto que produce en mí? Me cuestiono si es que es inocente, o finge serlo. En cualquiera de los casos, me gusta, porque es un trozo de pan que me enamora tal como es, o un cabrón que sabe llevarme, como sólo supo Luis.

Juego con el perro unos quince minutos, hasta que Javier regresa, se me queda mirando un segundo, pero luego se gira y se quita la toalla que anudaba a su cintura, mostrando unos bóxer de licra.

-YO: Por dios Javier, avísame y me salgo.

-JAVIER: Si nos vamos a ver en bañador, habrá que acostumbrarse. – quiero decirle que no es lo mismo, pero me he quedado muda mirándole el culo mientras se pone unos pantalones piratas azules, junto a una camiseta blanca.

Al vestirse y salir a la calle me cuelgo de su brazo, damos un ligero paseo hasta unas terrazas apostadas a lo largo de una de las avenidas aledañas y pedimos algo fresco de beber. Nos sentamos en una mesa bajo un ventilador con vaporizador de agua fría, y charlamos de algunos detalles de lo que podemos hacer en los siguientes días, pero no dejo pasar la oportunidad de meter baza contra Celia.

– YO: Bueno ¿Y lo de tu chica?

– JAVIER: No sé, creo que estar separados nos viene bien, no nos estamos mandando mensajes todo el día, pero cuando hablamos, la noto alegre y contenta, se lo está pasando bien.

– YO: ¿Pero tú eres feliz?

– JAVIER: Creo que sí, voy a esperar a que vuelva, y a ver cómo nos va…

-YO: ¿Y no te preocupa que en el viaje… pase algo? – me sale demasiado directo.

-JAVIER: No, confío en ella, jamás me haría nada de eso, y Carlos me dice que él cuidará de ella. – su tono de voz no indica el nivel de peligro que esa frase conlleva.

Seguimos un largo rato conversando, conmigo aguantado las miradas desvergonzadas del camarero a mi escote y mis piernas.

Es casi la hora de cenar, y trabajo por la mañana, debemos irnos. Me obliga a llevarle a mi casa, para dejarme sana y salva, luego él se irá a la suya, pero soy convincente, y le hago quedarse a cenar conmigo. Es algo liviano y fresco lo que preparo, genial para las altas temperaturas, y de guinda, me encanta la sensación de estar junto a él.

Tras un buen rato, de risas y charla en el sofá, en el que trasteamos, nos hacemos caricias, y nos abrazamos varias veces, se hace tarde y Javier se despide con un beso en la mano que me hace suspirar, para luego darme otro en la mejilla rodeándome con sus manos, que repasan mi espalda y mis costados en un largo apretón de nuestros cuerpos.

-JAVIER: Un placer verte, pero me voy a sacar a Thor que lleva toda la tarde solo. – retengo mi lengua, que quiere decirle que si puedo acompañarle, pero es tarde y él mismo no me dejaría ir.

-YO: Ten cuidado Javier, y ya quedamos para estos días.

– JAVIER: Tranquila, y nos vemos cuando quieras… ¿Te llamo cuando salgas de trabajar y así paseamos al perro?- se dibuja un sonrisa encantada en mi cara.

-YO: Claro, ya me he acostumbrado a sacarlo.

-JAVIER: Perfecto, Laura, pues hasta mañana. – agacha la cabeza en señal de despedida, y cierro la puerta lo más lentamente que puedo.

Apenas se ha marchado y ya estoy deseando que llegue el día siguiente.

Me voy a darme una ducha fría, la temperatura es alta, pero mi cuerpo está ardiendo todavía más, sus roces, sus miradas o sus gestos de cariño desinteresado me vuelven loca. Me paso media hora jugando con la alcachofa de la ducha hasta sacarme un orgasmo delicioso, he aprendido que desde Jimmy, el boy que casi me partiera en dos, con el dildo no hago mucho, y en la bañera me ahorro tener que asearme después.

Me acuesto con sólo unas braguitas de algodón, y me cuesta conciliar el sueño de lo agitada que está mi cabeza. Me desvelo varias veces de madrugada, me levanto echa un asco y con sueño para irme a trabajar como una autómata.

No puedo creerme lo lento que se me está haciendo el día a meda mañana, a la hora del almuerzo sigo con la mente llena de pensamientos que no debería tener, pero que me invaden sin poder hacer nada. La mayoría acaban conmigo encima de Javier, montándolo como a mí me gustaría hacerlo.

Recibo varios mensajes de mi objetivo, todos en tono amable y feliz, hasta fotos de “lo triste que parece Thor sin mí”. Tengo que dejar de reírme porque algunos clientes de la sala de espera de mi oficina me han mirado raro. Acudo a la reunión de oyente que me pidió David ayer, y para variar he llevado mi traje blanco nuclear apretado y escotado, camiseta fina debajo, con la variante de una falda de tubo hasta las rodillas, no enseño tanto muslo, pero con un tanga diminuto color negro me hace una cadera de escándalo. No hay un sólo hombre que no me haya dado cuenta que me miraba el trasero al pasar a su lado, y hasta mi jefe tiene cara de querer darme una palmadita.

A penúltima hora Javier me dice que van a salir ya, que Thor está desquiciado de estar en casa, me da pena pensar que no les voy a ver hasta que me dice que vaya directa al parque cuando salga. Le he comentado que me daba algún apuro manchar mi traje, pero visto el resultado ante los chicos de mi departamento, creo que voy perfecta para seguir con mi plan de meterme a ese muchacho en el bolsillo.

Al acabar mi turno, me voy en el coche directa al parque del oeste, le dije que llevaba allí a Thor y que le encantaba, así que pese a ser un buen paseo desde su casa, le lleva allí.

Aparco de milagro en Moncloa, muy cerca de donde hemos quedado, y me dejo las sandalias de conducir que llevo en el maletero, en vez de volverme a poner los taconazos a juego con el traje. Seamos realistas, no voy a un cóctel. Cruzo la calle y tras unos minutos de avisarnos por el móvil, aparece una masa negra corriendo como un loco hacia mí, con Javier detrás sin poder detenerlo. El animal casi me tira al chocar contra mis piernas con su enorme cabezota, gime y menea el rabo alegre cuando le acaricio, esperando que su dueño nos alcance.

– JAVIER: ¡Maldito perro! Casi no podía con él, sí que te echaba de menos. – dice jadeando, la camiseta gris que lleva marca un poco de sudor, que no se nota en los pantalones cortos negros.

-YO: Es que nos hemos hecho muy amigos ¿Verdad grandullón? – le hablo al perro como a un crío. La forma en que se frota contra mí al acariciarle el lomo es tan hilarante, que me río si parar.

– JAVIER: Vaya…me voy a tener que poner celoso. – la idea de que puedo ponerle así, me atrae.

– YO: Tú no has venido corriendo a saludar. – le pincho, y como joven que es, cae. Se lanza a abrazarme y darme mi beso, al cual ya hasta pongo la cara sin esperar a que me lo de, y cada vez son más largos y tiernos.

-JAVIER: Perdona, es que con este engendro tirando de mí…. En fin, menos mal que me has avisado de lo del traje, sería una pena que te mancharas, vas espectacular Laura. – no se corta, me coge de una mano para hacerme dar una vuelta sobre mí misma, y pongo sonrisa coqueta.

– YO: Muchas gracias, es por el trabajo ¿Pero por qué lo dices?

– JAVIER: Me he traído una manta, y he comprado algo para pasar la tarde aquí, espero que no te importe, me ha parecido una gran idea. – me percato de la bolsa de plástico en su mano, con bebidas frías y algo de picar.

-YO: ¡No, es perfecto! Vamos a buscar un buen sitio.

Ni tengo que pedirlo, pone su brazo para que me agarre a él, y paseamos por los caminos de tierra hasta acabar en lo alto de una colina de hierba verde, abajo hay un riachuelo empedrado que le da un aire fresco a toda la zona, junto al inicio del atardecer a nuestra espalda, perdiéndose entre los altos arboles.

Extendemos literalmente un manta de su cama, y nos sentamos en ella. Tengo que poner las piernas juntas y dobladas ya que la falda no da para más, y al soltarme los botones de la chaqueta, respiro mejor al liberarme de esa pequeña prisión para mi caja torácica, regalando una pose de “Pin up” que Javier observa con cierto disimulo.

Estoy seca, y rechazo un refresco que me ofrece de inicio, para tomarme una cerveza helada casi del tirón. Nos reímos y jugamos a lanzar pendiente abajo la pelota de tenis desgastada a Thor.

-YO: ¿Que tal el regreso a casa?

-JAVIER: Bien, el piso está un poco vacío en vacaciones, y se hace raro, pero da gusto volver a dormir en tu propia cama, y hacer un poco lo que te da la gana. ¿Y tú?

-YO: Pues igual, es un alivio sin Carlos y su chica, aunque echo de menos cuidar de Thor, me hacía compañía estos días.

-JAVIER: Entiendo, estás un poco sola sin tu hijo.

-YO: Sí… Bueno, no, llevo mucho tiempo sintiéndome…abandonada. – me noto mejor al expresar esa realidad en alto.

-JAVIER: Lo lamento, supongo que es muy duro perder a tu marido de esa forma, y Carlos no es que se haya portado bien contigo…pero eres una gran mujer, no debes sentirte así, Laura, puedes hacer muchas cosas aún, y … y estoy seguro de que podrías tener al hombre que quisieras. – me saca del momento triste con esa patada directa a mi hígado sentimental.

– YO: No sé, creo que podría acostarme con el hombre que yo quisiera, pero eso no es lo que busco, quiero algo más profundo y trascendental, la gente no está preparada para dar eso a una mujer como yo. – la experiencia con Emilio y Jimmy me lo ha demostrado, soy un hermoso juguete roto, un bonito pañuelo de usar y tirar.

-JAVIER: Pues el género masculino es idiota, estás tremenda físicamente y tu carácter y tu forma de ser son maravillosas, eres todo lo que yo buscaría en una mujer. – la forma tan amigable en que lo dice, me duele, pero lo disimulo lanzando la pelota a Thor, que es incansable.

– YO: Eres un cielo, ojalá alguien me viera como lo haces tú, y se atreviera a intentarlo conmigo. – creo que no puedo ser más evidente.

– JAVIER: Seguro que sí, Laura, no voy a ser el único que vea lo especial que eres. – se tumba boca arriba, con las manos apoyadas en su nuca, estirando las piernas, dándole un aire muy seguro a sus palabras, que me hieren de nuevo. Me dicen que él no es esa persona.

Me recuesto junto a él, estoy algo ofuscada pero la partida está en pañales. Me las ingenio para que sin decir nada extienda su brazo y lo use de apoyo para mi nuca, terminando en su hombro, y estirada boca arriba de forma diagonal. Su mano se dobla, con sus dedos buscando mi brazo, haciendo carantoñas que me hacen ronronear.

No me entra en la cabeza ninguna posibilidad de estar haciendo esto con alguien que no sea mi pareja, pero aquí estoy, a gusto, tranquila y hasta cierto punto, feliz. Claro que podría estarlo más, si me diera la vuelta sobre su pecho y me besara tan apasionadamente como le he visto hacer con Celia, pero me conformo con regalar mi canalillo despejado cada vez que gira la mirada hacía mí.

Permanecemos en silencio, la situación, paradójicamente, lo pide a gritos, es un momento de paz y serenidad que hacía bastante que no sentía junto a alguien.

Al rato de quedarnos algo traspuestos, con Thor tumbado a nuestro lado, vigilante, nos sentamos de nuevo, y nos tomamos unas patatas fritas con los refrescos, algo tibios ya. Nos activamos un poco y nos ponemos en pie para jugar con el perro, es muy divertido verle coger uno o varios palos a la vez. Debo reconocer que me lo estoy pasando genial.

Un tiro flojo de mi parte acaba con la pelota rodando hasta el empedrado, el animal corre como parece que sólo sabe hacerlo, a lo loco, y para cuando quiere frenar, es tarde. Choca con las piedras y cae al agua. La escena es cómica, pero estoy preocupada unos segundos, Javier incluso amaga con salir corriendo, pero como si nada, el dogo emerge empapado, con cara de susto, y tras un par de tirones, sale por su propio pie.

Casi nos caemos al suelo de risa, el maldito bicho coge su pelota y sube al galope a buscarnos. Tengo que echar a correr para que no nos manche del barro cuando se sacude orgulloso, pero entiende que es un juego, y me persigue. No sé cómo, pero acabo volando por los aires, Javier me ha cogido por los gemelos y me ha cargado a su hombro tal cual fuera un saco de patatas, tratando de esquivar, entre risas, al tozudo perro, que salta tratando de tumbarnos.

No podemos acabar de otra forma, los tres tirados por la hierba, y mi traje blanco impoluto se llena de suciedad, y pese a ello, llevamos unos quince minutos sin poder dejar de reírnos, de esas veces en que hasta te falta el aire.

-YO: ¡Por dios, mírame, estoy hecha un asco! – alcanzo a decir cuando me sereno un poco.

-JAVIER: Perdona, pero es que…es que no se puede con este mastodonte. – está tirado a mi lado, tratando de sujetar al perro, que jadea alegre sin entender lo que ocurre.

-YO: No pasa nada, es ropa, se lava y punto.

-JAVIER: Ya, y a este no le vendría mal un lavado. – la realidad es que el perro está para pasarlo por un túnel de lavado.

-YO: Pues ahora en casa le das una ducha.

-JAVIER: Puff, no sabes el suplicio que es meterle bajo el agua…- le miro, y entiende que llevo una semana luchando con él perro cada vez que le lavaba. Hasta que descubrí que metiéndome dentro con él dejaba de escabullirse. -…Cierto, pero tú tienes una gran bañera, que en mi piso es un plato de ducha y no hay manera.

-YO: Pues vamos a mi casa y le levamos allí, todavía tengo el champú que me diste.

– JAVIER: ¿En serio? No quiero abusar… pero sería un lujo.

-YO: Anda, vámonos ya, que se hace tarde.

Pese a poder ser un táctica para que no piense mucho, y obedezca, es la verdad. La noche se cierne sobre el parque, y pese a contar con Thor y Javier, prefiero irme antes de que anochezca.

Recogemos y regresamos hasta la civilización de nuevo, llegando a mi coche. Nos subimos y vamos a mi casa, recordando y riéndonos todavía del incidente del riachuelo. Noto la piel tirante del barro, y observo que Javier está tan sucio como los demás, así que juego mis bazas al llegar a casa.

-YO: Vamos a duchar a esta fiera.- tiro del perro, que ya se huele a la tostada y se sienta. Resistencia pasiva lo llaman.

-JAVIER: Pero cámbiate, que vas a echar a perder la ropa.

-YO: La experiencia me dice que si me cambio, me tendré que volver a vestir después de lavar a Thor, así que mejor así, y luego nos duchamos. – lo dejo caer, pero no tarda en reaccionar.

-JAVIER: ¿Cómo que “nos duchamos”?

– YO: Claro, míranos, si estamos hechos unos zorros.

-JAVIER: Yo ya me ducho en mi piso…

-YO: No, tú te duchas aquí, te pones algo de ropa de Carlos, y cenamos juntos. – va a replicar, pero no le doy opción, y me meto en el baño con el perro.

Técnicamente no es una guerra, pero como batalla campal no está mal duchar a Thor, y hoy, con la cantidad de ramas, hierbas y suciedad que tiene, cepillarlo es un suplicio. Acabamos los tres empapados, y al haberme quitado la chaquetilla, mi torso marcado bajo el sujetador sale a relucir con la camiseta mojada. Digamos que no he evitado el chorro del grifo.

Cuando terminamos, Javier se sale con el perro al balcón, aún hace calor, y así se secan. Yo me pego una ducha que me deja como nueva, me pongo algo de aceite corporal, dejándome el pelo suelto empapado, ya que lo lavo con cuidado, y con un tanga minúsculo, y una toalla anudada en forma de vestido palabra de honor, salgo a la terraza.

Mi galán bufa al mirarme, no me dice que estoy para empotrarme contra la barandilla y devorarme allí mismo, pero se lo leo en los ojos. Le empujo juguetona a la ducha, y tras unos minutos de espera, sale del baño con una toalla por la cintura. Sé de buena tinta que no lleva nada debajo, he metido su ropa en la lavadora, calzoncillos incluidos.

Me ha parecido elegante ponerme el camisón corto azul de satén, y su cara de querer comerme entera no ha desaparecido. Al preguntar por su ropa, le contesto traviesa para que sepa que no tiene escapatoria. Cenará conmigo.

Le dejo un bañador dado de sí de Carlos y una camiseta de baloncesto de mi hijo que le queda algo justa. Tal cual, pasamos media hora discutiendo qué pedir a domicilio tirados en el sofá, termina siendo una pizza familiar con lo más grasiento que se nos ocurre. Javier baja a por un par de cervezas que le pido que compre mientras hago una ensalada ligera de primero. Para cuando llega el repartidor, suben a la vez él, y no se da cuenta de la mirada de “Carbón afortunado” que pone al verle entrar mientras le pago.

Cenamos sin dejar de hablar, y como aún le falta a la lavadora, que obviamente he puesto en ciclo largo, nos sentamos a ver una película. Thor trastea, se ha comido dos porciones él solo, se ha bebido casi un litro de agua, y hace un rato que duerme en su rincón favorito del salón.

– YO: Estoy reventada.

-JAVIER: Ya, perdona por tanto jaleo. – le sonrío.

-YO: No te disculpes, me gustan estos días, llegar a casa molida y tumbarme a descansar encima de…- “…Luis.” iba a decir, eso hacía con mi marido, pero hace mucho que nadie me acuna en su cuerpo.

-JAVIER: Pues me alegro entonces, se te ve muy feliz. – hábilmente pasa por alto mi lapsus.

-YO: Es que ahora mismo lo soy, necesitaba desconectar, y me estás ayudando mucho.

-JAVIER: Es un placer, además me lo paso genial contigo, no sé…

-YO: Es que una vale mucho. – me muevo orgullosa, mostrándome con las manos.

– JAVIER: Ya lo creo que vales. – su forma tan firme de decirlo me apaga la sonrisa, es como un dardo a mi corazón.

-YO: ¿Puedo… pedirte un abrazo? – me sale de dentro.

-JAVIER: Laura, tú no tienes que pedir dármelos, ven y te los daré encantando, los más largos y fuertes que quieras. – pongo morritos, es justo lo que quería oír.

Me recuesto sobre él, sentado uno al lado del otro, y la sensación emerge de la nada, como el dogo en el agua, un bienestar que no puedo palpar o narrar, pero sí sentir. Sus manos me quieren rodear pero me coge en mala postura, su pierna está en medio, y me aparta.

-YO: ¿Ya? – la voz de niña me sale sola.

-JAVIER: No, es que me estaba clavando la rodilla, deja que me mueva. – se apoya en el respaldo y pasa una pierna por mi espalda, queda un hueco entre sus piernas que me lanzo a ocupar, y ahora sí, el abrazo es completo.

– YO: Muchas gracias por todo, Javier, eres un encanto.

-JAVIER: Gracias a ti por ser como eres, te adoro. – casi me lo susurra.

Cierro los ojos y me digo que no voy a separarme de él hasta que me lo pida. No lo hace, y tras varios minutos de sentir sus dedos jugar con mi cintura, se recuesta sobre el sofá, y le uso de acomodo. Noto su barbilla en mi pelo, su respiración fuerte y pausada al lado de mi cabeza, y su pelvis apretada contra mi cadera. Doblo las piernas subiéndome del todo al sofá, y me tumbo rendida sobre su torso, posando mis manos en sus pectorales, gozando de la calidez de su cuerpo y de la sensación de sus brazos protegiéndome.

La situación aquel día que llegó borracho y se durmió en mi salón, se repite, pero ahora soy yo quien le usa a él de oso de peluche. Podría ser una maniobra de mujer resabida, pero en realidad creo que se ha dado cuenta de que necesito afecto, mucho más que cualquier otra cosa, y me deja hacer a mis anchas. “Dios, qué cómoda estoy.”

Al abrir los ojos me aterro al comprobar en el móvil que son las tres de la mañana. Alzo la cabeza y me doy cuenta de que me he quedado dormida encima de él, que ha hecho lo propio con la nuca apoyada en un cojín. Me da mucha vergüenza, pero moverme es estropearlo, y esta vez no me da la gana irme. Una de sus manos sigue en mi espalda, pero la otra ha debido de usarla para acomodarme, y está en mis piernas, pese a que parece inerte, su sólo contacto me estremece.

Casi temo respirar, pero las horas en la misma postura me están matando, así que giro un poco la cadera para quedar más cómoda, y es cuando noto su miembro en mi vientre. Es inconfundible su forma en mi piel, ya que se ha levantado el camisón, y solo un bañador fino está entre su sexo y yo, y lo peor es que juraría que está… morcillón. No debería extrañarme, él es joven, conmigo encima y el roce, el subconsciente ha hecho de las suyas. Levanto el bajo del satén y me sorprendo mirando directamente su paquete, que se adivina con la luz de la televisión encendida aún.

“Carga de derechas, como Luis” es lo primero que pienso, pero las similitudes acaban ahí, ni en sus mejores días mi marido marcaba tal bulto. Le favorece que de la postura se haya enrollado la tela, pero aún así, la imagen es poderosa. La siguiente idea que me llega es el miembro duro de Jimmy, aquello era colosal, pero si lo que veo no está a toda su capacidad, este joven tiene un buen trasto ahí metido, tal vez no tan largo, pero igual de ancho que el boy.

Mi mente de golpe se imagina mi mano sacando su mástil del encierro, y dejar que pase lo que tenga que pasar. Algo me detiene, supongo que puede llamarse conciencia, pero la realidad es que el día ha sido maravilloso, y no quiero estropearlo con una metedura de pata que le haga marcharse para no volver. Me arrebujo abrazándolo por el vientre, y me vuelvo a quedar profundamente dormida sobre él, con una sonrisa de oreja a oreja.

– JAVIER: Buenos días, Laura. – su firme y endulzado tono de voz me hace abrir los ojos, hasta que no bostezo no escucho la alarma de mi móvil sobre la mesa.

– YO: Dios…me he quedado traspuesta encima de ti. – atino a decir, fingiendo como puedo que ha sido ahora cuando me he dado cuenta.

– JAVIER: No pasa nada, ha sido muy dulce. – me alzo sobre su pecho, temo estar horrible, pero me besa en la frente y me aprieta un poco con los brazos.

– YO: Qué vergüenza…Javier, perdóname.

– JAVEIR: Te he dicho que no pasa nada, además, estás preciosa mientras duermes.

– YO: ¿Pero cuándo te has despertado?

– JAVIER: Hace media hora o así, pero me daba pena inquietarte, se te veía tan contenta que te he dejado dormir. – se me encienden la mejillas.

– YO: No sé qué me ha pasado.

-JAVIER: Que necesitabas afecto, y me encanta ser yo quien te lo de.- sus ojos marrones me penetran, casi veo amor en ellos, pero sólo es ternura.

– YO: Tienes razón, y muchas gracias.

– JAVIER: De nada…pero si no te importa…debo acudir al baño.

Asiento aún adormecida, y me levanta hasta sentarnos de nuevo. Me encanta que me abrace y me de cuatro besos largos en la mejilla y el cuello. Se pone en pie, y pese a querer disimular, su media erección sale a relucir sin prenda íntima que lo reprima.

Mientras se da una ducha rápida, preparo el desayuno, y al salir, le doy su ropa seca. Mientras se viste, me meto en el baño, y me refresco el cuerpo entero. La idea de una masturbación en esa bañera, que hace nada ocupaba su cuerpo, me pasa fugaz, pero el pensamiento dominante es “Hacía más de tres años que no dormía así de bien.” Luego me visto con un traje pantalón de tela fina azul marino, y tomamos algo de zumo con tostadas.

No es que hablemos mucho, es más las miradas que cruzamos, cómplices y alegres, lo que me hace reír. Cuando estoy lista, bajamos con Thor, que está desesperado por encontrar un árbol en el que evacuar. Javier me acompaña hasta el coche, y me da las gracias por una noche tan genial, “¡Si soy yo la que debería dártelas!” me digo. Acepto otro abrazo, y le dejo irse con su mascota, dice que prefiere pasearle de vuelta a casa, y no acepta que les acerque.

Paso casi todas las horas del trabajo pensando en lo ocurrido, en la tarde en el parque y lo bien que me lo he pasado. No puedo evitar tratar de adivinar lo consciente que habrá sido él de lo que ha pasado, o de si le da la relevancia que para mí ha tenido. Ha sido especial, no puedo definirlo mejor, salvo ese momento a las tres de la mañana, he dormido del tirón, sin preocupaciones ni tristeza, éramos él y yo, fundidos en un solo ser, y pensar en su forma de mirarme mientras todavía estaba soñando, me intriga.

A última hora de mi turno en la oficina empiezan los mensajes. Un “¿Cómo estás?” Da paso a una serie de risas, y comentarios que acaban en volver a quedar esta tarde para ir a pasear a Thor. Pero esta vez quiero pasar antes por casa, y cambiarme, ya me he jugado un traje de los buenos, no quiero poner en riesgo más de mis herramientas de trabajo. No pone objeción y quedamos a las seis en mi casa.

Al llegar, como algo y limpio la casa, para sentarme un rato a descansar. Tras un rato voy a la ducha y salgo a cambiarme, dudo si escoger algo de la ropa más juvenil de la nueva que me compré, el primer día le dejé muy impresionado, pero me las guardaré para más adelante. Opto por un top negro ajustado encima de cómodo sujetador del trabajo, y una falda amarilla hasta las rodillas con vuelo, algún susto me he llegado con esa prenda un día de aire, así que me pongo un coulotte discreto, del mismo tono limón, junto a unas zapatillas del gimnasio. No es que vaya a romper moldes hoy, creo que pretendo saber si puedo obtener el mismo nivel de complicidad con él sin tener que recurrir a mi físico.

Espero ansiosa hasta que escucho el telefonillo, me asomo al balcón y veo a Thor ladrándome al saludar, y a Javier a su lado, con una camiseta blanca, con dibujos negros, y un pantalón corto marrón. Me atuso el pelo suelto en el espejo del recibidor antes de salir, para que de una sensación descuidadamente perfecta, y bajo al trote a por mí abrazo y mi beso.

No me defrauda, hasta me levanta del suelo mientras me come a besos. No es el único, el perro me empuja pidiendo sus caricias, y me lame las manos, ansioso por empezar otra tarde de paseo.

-JAVIER: Buenas tardes preciosa ¿Repetimos plan en el parque del oeste?

-YO: Como quieras…– “¡Me ha llamado preciosa!” – …pero podemos ir al retiro hoy, hace mucho que no paso por allí.

-JAVIER: Pues vamos.

Me pego a su brazo y empezamos a caminar. Aparte del parecido a Luis, o de que me sienta bien a su lado, da gusto tener a alguien con quien poder salir a hacer cualquier cosa, sin pegas ni quejas.

Damos una buena vuelta hasta llegar a la Puerta de Alcalá, una de la cinco antiguas puertas que daban acceso a la cuidad de Madrid, y que ahora corona una rotonda gigante en medio la Plaza de la Independencia, en la cual, uno de los lados da a la entrada principal al parque del Retiro.

Es una explanada inmensa, vallada con altas verjas de hierro, un entresijo de fuentes, estatuas (Se dice que aquí está la única figura dedicada al Ángel caído) y caminos de piedra o tierra, con artistas callejeros de toda índole y condición a cada paso. Tiene un montón de césped, se llena de grupos de jóvenes o familias pasando la tarde, paseando perros o gente haciendo ejercicio. En mitad de todo, hay un estanque artificial, rodeado por varios bares con terraza, de tantos repartidos por la zona, una barandilla con asientos, unas escaleras que dan a un monumento, a Alfonso XII creo recordar, y en un lateral un puesto para alquilar barcas y poder disfrutar de una paseo con ellas. El agua está sucia, y pese a tener patos y peces vivos, como muestra de su poca toxicidad, es preferible no meterse de lleno ahí, la gente los alimenta con trozos de pan, pero les he visto comerse colillas o trozos de plástico como si nada.

Damos una vuelta hasta acabar en una zona algo despejada, y soltamos a Thor, que se pasa media hora corriendo en todas direcciones sin saber hacia dónde tirar, parece tener una sobredosis de estímulos. Nos sentamos en la hierba, bajo la sombra de un gran árbol, y la conversación fluye sin más.

-JAVIER: ¿Qué tal el trabajo?

-YO: Bien, algo agobiada con el cambio de horario, pero es mejor que estar en casa sola todo el día.

-JAVIER: Espero que no te moleste, pero Carlos me dijo que teníais dinero, y que no te hace falta trabajar. ¿Por qué lo haces?

-YO: Si, no es que seamos millonarios, aunque podría vivir de las rentas de mi marido. Pero no sé, no me parece justo, así tengo una distracción, y me siento útil.

-JAVIER: No muchas mujeres lo harían.

-YO: Conozco a muchas de esas, madres de otros amigos de mi hijo, o mujeres del gimnasio que viven de sus parejas, me llaman loca por trabajar y no dedicarme a sentarme al sol y beber margaritas.

-JAVIER: Pues eso te hace una mujer muy superior a ellas, no les deseo ningún mal, pero puede llegar el día que tengan que ponerse a trabajar, y no sabrán qué hacer.

– YO: No lo había visto así, pero supongo que es cierto. – se me acerca y me rodea la cintura con un brazo, me zarandea con suavidad, y me besa en el hombro.

-JAVIER: Claro que sí, Laura, vales mil veces más que esas gallinas que se deleitan de su estatus, y que no han sufrido una pérdida del tipo que tú has superado, y no es que te vea como una mujer fría, se nota que amabas a tu esposo, y que no era un pelele al que embaucaste. – le miro perpleja, parece veinte años mayor de lo que es, su forma de expresarse y decirlo son de hombre hecho, no de adolescente.

-YO: Le quería tanto. – se me cristalizan los ojos, quiero echarme a llorar, como aquellas primeras noches eternas cuando perdí a mi esposo, pero me doy cuenta de que por primera vez he usado el tiempo verbal en pasado. ¿He dejado de amar a Luis?

-JAVIER: Ojalá encontrara yo a alguien a quien amar así. – su respuesta me saca del momento de amargura.

-YO: Creía que Celia…

-JAVIER: Es una buena chica, y me gusta pasar tiempo con ella…pero no me llena, no es muy cariñosa y es muy independiente en muchos aspectos. Creo que me desvivo por hacerla ver que la quiero, y no veo eso de parte de ella, quiero decir ¿Qué ha hecho ella para ganarse mi amor? – no entiendo de dónde saca una mentalidad tan madura. A su edad, con tener a una chica que se deje follar y no sea una imbécil, casi todos se dan por satisfechos, y en cambio, él busca algo más que eso.

-YO: ¿Vais a cortar? – escondo la ilusión en la pregunta.

-JAVIER: No lo sé, no quiero hacerla daño, hablaré seriamente de esto, y trataré de arreglarlo cuando vuelva de Londres.

– YO: Deseo que te vaya todo bien con ella.- miento, descaradamente.

– JAVIER: Gracias, eres una gran amiga. – el abrazo tan dulce que me da, mitiga la puñalada por la espalda que siento al oír la palabra “amiga”.

– YO: Y tú también eres un gran…hombre.- me niego a encajarlo como amigo, todavía no me he rendido.

Casi leyéndome la mente se tumba en la hierba, y me recuesta sobre su pecho. Acomodo la cabeza sobre su corazón y noto su brazo pegarme a su costado. La imagen coincide con otras tantas parejas alrededor, pero no creo que ninguna la forme una madre con el amigo, casi veinte años menor, de su hijo.

Pasamos una hora retozando y cambiado de posturas, hasta que acabamos con él sentado de piernas abiertas y estiradas, conmigo hecha una bola entre ellas, con mi trasero pegado a su pelvis y mi espalda recostada sobre su tórax. Cuando no se está apoyando con las manos atrás, me rodea con los brazos por el vientre y me hace reír comentando lo que sucede cerca de nosotros. A Thor asustando a niños que se acercan cautelosos, a unos enamorados que se están metiendo mano como si nadie pudiera verlos, o a un señor sentado en posición del Buda, meditando tranquilamente, sin hacer caso al ruido del grupo de jóvenes con aspecto gótico tras él, bebiendo cervezas y charlando sobre algún tema a viva voz.

Nos activamos al ir a tomar unos refrescos fríos en las mesas de la terraza de unos de los puestos cercanos, ya con el perro atado a nuestro lado. Más tarde damos un rodeo, para quedarnos unos minutos aplaudiendo y admirando a un grupo de danza callejera, haciendo auténticas proezas por unas monedas. Va llegando la noche y disuado de nuevo a Javier para que cuando me acompañe a casa, cene conmigo. Hoy es mucho más fácil.

Tomamos algo ligero y fresco de la nevera, charlando de la juventud de Javier en Zamora. Me explica que su padre es un tipo muy rudo y serio, que llevó su casa con mano de hierro, y que pese a ser un buen hombre, le costaba demostrar afecto, así que él siempre pensó que no era lo suficientemente buen hijo para él. Ahora no le da importancia, pero es evidente que toda su forma de ser y carácter provienen de un conflicto emocional con él.

Tras devorar la cena, volvemos al sofá, y no me cuesta terminar entre sus brazos, casi estaba ofreciéndose desde un inicio. Es sólo estar apoyada a su lado, pero me gusta, y veo una oportunidad.

-YO: Es tarde.

-JAVIER: Es verdad, debería irme… es que me lo paso tan bien contigo que se me va el tiempo.

-YO: Y yo contigo, Javier…- aguanto un instante tenso, llenándome de valor.- No quiero que te vayas…lo de anoche fue muy bonito…y temo propasarme, pero… ¿Podrías dormir conmigo esta noche? – la boca se le abre al máximo, como sus ojos marrones, sorprendido.

-JAVIER: Bueno…no sé, Laura, es algo un poco raro, con lo que nos pasó al principio…- está muy confuso, pero no ha llegado a decir un “No” rotundo.

– YO: Sé que es mucho, pero ayer dormí como nunca, y me gustaría volver a sentir esa sensación. Si te molesta lo comprenderé. – se atusa la barba de tres días, y no sé si es la duda o la ilusión lo que le hace tener reparos.

-JAVIER: Si lo necesitas, puedo hacerlo…pero entiende que me resulta extraño, eres la madre de Carlos.

-YO: Pero él no está, estamos los dos solos y estoy harta de sentirme así, abandonada…pero entiendo que no quieras hacerlo.- la tristeza falsa se mezcla con la real, su mirada no me dice nada bueno.

-JAVIER: Lo haré.

Me giro a abrazarlo, me recibe encantado, bufando porque intuye la que se le viene encima. Pero soy feliz, no puedo decirlo más claramente, me siento como la mañana de Navidad antes de abrir los regalos.

– YO: Muchas, muchas gracias. Voy a darme una ducha y ponerme algo más cómodo.

Noto su mirada turbada en mí al levantarme e irme. Y sonrío nerviosa al ducharme, tanto que acabo masturbándome con el componente de saber que el hombre que me enciende, está a tres paredes de mí.

Me pongo el tanga más pequeño que encuentro, rojo granate, y me pongo mi camisón de satén azul, es tan corto que al levantar los brazos se me ve todo. Justo lo que pretendo. Vuelvo al salón con él en el sofá aún, está deleitándose con mi figura, me mira sin querer reconocer lo preciosa que me ve, ya que sería muy desconsiderado de su parte cuando vamos a dormir juntos.

-JAVIER: Creo que yo también necesito una ducha…- “…de agua fría”, casi le escucho decir.

-YO: Vale, no sé cómo quieres dormir, pero a mí no me incomoda nada, tú como en tu casa.

-JAVIER: Con este calor, duermo en calzoncillos…no sé…- le toco del brazo.

-YO: Pues como te sea más cómodo, yo te espero en la cama. – se le nota la sangre burbujear en la cara.

-JAVIER: Bueno…pensaba que en el sofá…como ayer…- me río para ponerle en evidencia un poco.

-YO: No, bobo, que te vas a destrozar la espalda, dormiremos en mi cuarto. -asiente sin capacidad de respuesta, en este juego está perdiendo por goleada.

Escucho cómo se ducha mientras pruebo mil poses sensuales sobre el colchón, pero tras verme ridícula en el espejo, simplemente me quedo de lado, mirando a la puerta para verle salir. Cuando lo hace, casi me da un infarto. El chico los tiene bien puestos, y ha salido sólo con un bóxer elástico negro, resaltando el paquetazo que le vi ayer. Su cuerpo no está marcado de gimnasio, pero desprende un poderío y una fuerza que me atrae enormemente, así como la leve mata de vello en su pecho que le da todavía más aspecto varonil.

Se queda al borde de la cama, y hasta que no palmeo la sábana no se sienta, del lado en que dormía mi marido, y se tumba boca arriba, casi sin moverse. Respondo apagando las luces, y recostándome sobre él, obligándole a rodearme con un brazo.

-YO: Espero que no te moleste, pero necesito algo de contacto humano para descansar.

-JAVIER: Sin problemas, a mí también me gusta, lo que tú quieras… – titubea al decirlo.

-YO: Eres un sol. – me alzo a besarle la mejilla.

Tomándole la palabra, me pego más a él, acuesto mi cabeza en su hombro y le abrazo como hacía con mi marido. Su respuesta es carraspear y mirar al techo, nervioso, pero sus manos juegan en mi espalda y en uno de mis brazos, dibujando círculos que me van adormeciendo. Cuando se pone a entrelazar sus dedos con mi larga cabellera, peinándome con suavidad, me quedo tan profundamente dormida que me da rabia no disfrutar de sacarle de su terreno de confort.

No recuerdo nada de lo ocurrido esta noche, hasta que ha sonado el despertador. Ha sido, con diferencia, la vez que mejor he dormido, superando a ayer o a cualquier otro día de estos tres años. Lo podría achacar al cansancio, pero la realidad es que la postura me delata. Estoy de espaldas a Javier, pegada a su cuerpo, con su brazo rodeándome por el vientre, y su respiración calmada en mi nuca, hasta muevo un poco la cadera para sentir su miembro en mi trasero. No se ha despertado, y yo no quiero moverme, tengo ganas de cerrar los ojos y seguir así hasta que el mundo se acabe.

La responsabilidad de un trabajo es tan cruel, que tras remolonear cinco minutos, el maldito móvil suena, para recordarme que no puedo permitirme el lujo de soñar con Javier. El sonido despereza a mi acompañante, que como gesto inicial apoya su cabeza en mi hombro y me aprieta fuerte, con un cariño que me hace desear besarlo. Luego se gira, dándose cuenta de que la postura es comprometedora, y se queda estirado boca arriba, pero su otro brazo me pertenece, es mi almohada.

– JAVIER: Buenos días, Laura. – veo como abre y cierra su puño, debo estar cortándole la circulación.

-YO: Buenos días, Javier.- me giro y ruedo para acabar casi encima de él, mi mano se posa en su pecho y me recuesto con intenciones de no soltarlo.

– JAVIER: Gracias, ya casi no sentía los dedos. – siento su brazo moverse, y al rato me rodea con él. Hasta me permito el lujo de jugar raspando su piel con mis cuidadas uñas.

– YO: No sabes lo bien que me siento ahora mismo…no puedo agradecerte suficientemente lo que haces por mí. – le miro a los ojos, que tardan unos segundos en enfocar los preciosos zafiros incrustados en mi bonito rostro.

– JAVIER: Me alegra hacerte feliz, es cuanto quiero, eres una mujer muy especial y si necesitabas esto, creo que es un honor que me hayas escogido a mí. – mi mano se mueve hasta acariciar su cara, me gusta la sensación de su barba, y de pensar que si me lanzara a besarlo, no me lo impediría. Lo que lo evita es el reflejo de mis anillos en el dedo anular.

– YO: Lo necesitaba, y mucho…perdóname pero es que me siento muy sola, y tú me haces reír y sentirme bien, que se me olvide todo.

– JAVIER: Y tanto ¿No tienes que ir a trabajar?

– YO: No, no quiero. – mi respuesta de niña pequeña le hace sonreír, pero le abrazo fuerte y paso una pierna por encima de las suyas.

– JAVIER: Es hora de levantarse, y Thor no podrá aguantar mucho más. Ve a darte una ducha y le bajo a dar una vuelta, así subo el desayuno.

Lo cotidiano de su forma de expresarse, como si fuera un día más en un largo matrimonio, me encanta. Me acaricia la cadera antes de sentarse sobre la cama, y quedarse unos segundos mirando al infinito. Luego me percato de que en realidad, está observando el reflejo del espejo del armario, y mi trasero en posición fetal. No me muevo ni un ápice.

Se va al baño y remoloneo contenta entre las sábanas, me ilusiono creyendo que tarda tanto porque no puede evitar masturbarse tras pasar la noche en la cama conmigo, pero sale ya vestido y aseado tras un rato.

Me ve en la cama, de medio lado abrazando la almohada y mirándole juguetona, resopla y se agacha a darme un beso dulce en la mejilla, y me da una palmadita en las piernas, diciéndome que me levante, pero resisto coqueta. Noto sus ojos clavados en mi, en mis piernas y mi trasero al aire, y me acaricia para despertarme, me excita sobre manera, me murmura que soy una vaga y que me levante, me da besitos en el cuello y sus dedos recorren el perfil de mis muslos, la situación se vuelve tan erótica, que me da la sensación de que al final solo le queda ir a sacar al perro o follarme, y por desgracia elije lo primero. No tardo mucho en ponerme en pie, sin él, ya nada me retiene en la habitación.

Me doy una ducha rápida para vestirme con el primer traje de oficina que encuentro, uno gris con falda larga. Cuando estoy lista, Javier ya está de regreso, Thor me saluda buscando caricias que le doy, y desayunamos unos bollos recién hechos que ha traído en una bolsa de papel, que se empieza a manchar de grasa.

-JAVIER: Entones ¿Has descansado bien?

-YO: Como nunca, de verdad, sé que pedírtelo fue pasarme de la raya, pero me ha venido genial. – rodeo la mesa para apoyarme en su hombro. – ¿He sido muy mala?

– JAVIER: Un poco…pero ya soy mayorcito para contenerme. – me río, ha caído en la trampa.

-YO: No, galán, si me refería a si me he movido mucho. – la verdad es que me pongo roja por mi atrevimiento, pero él lo interpreta como un malentendido.

-JAVIER: Ah…claro, perdona…no, has sido una niña buena. – me rodea la cintura con un brazo y hace un apretón cariñoso.

Nos quedamos así, con él desayunando sentado, cogiéndome de la cadera, conmigo apoyada en su hombro, y riéndonos del hastió de madrugar entre semana, mientras que cuando se cruzan nuestras miradas se hace un silencio muy atractivo, hasta que uno de los dos se ríe, y el otro hace una carantoña. Miro la hora en el reloj de la cocina y mi corazón da un vuelco.

-YO: ¡Dios, que tarde es! Hoy no llego. – murmuro mientras recojo mi bolso.

-JAVIER: Tranquila, ya me quedo yo a limpiar, y me voy a casa.

-YO: O quédate, come, hay cosas en la nevera, y ya luego vamos al parque con Thor. – para estar improvisando, me ha quedado genial.

-JAVIER: Bueno, no sé, quedarme aquí solo me da apuro.

-YO: Como quieras, pero avísame por móvil….y gracias. – no pienso demasiado, y me agacho a darle varios besos en la cara, muy cálidos, para despedirme a la carrera. Me pasaba algunos días con Luis, la sensación es buena, y extrañamente familiar.

-JAVIER: Vale, mucho ánimo Laura.

Me paso media hora gritando en el coche, por el insufrible calor de una nueva ola de aire del desierto, y por lo tonta que he sido al remolonear en la cama. Ahora llegaré tarde, pero al mirarme en el espejo, y retocarme un poco con maquillaje, observo una sonrisa imborrable, “Ha merecido la pena” me digo, preguntándome si Javier ha tenido la misma sensación de todo o nada cuando me estaba desperezando.

Al llegar a la oficina David me dice que estoy fabulosa, y en la hora del café una de las abogadas más deslenguadas, se me acerca y me dice que tengo cara de que me han echado un buen polvo esta noche. Lo niego aunque no me creen, tampoco es grave pensar que por dormir una noche con Javier, tenga la misma cara que decían que tenía cuando el boy Jimmy me dejó medio rota. Sólo de pensar en el gesto que pondría si el amigo de mi hijo me hiciera el amor, me entra un escalofrío de los que gustan sentir.

No pretendo disimular que en estos días he tenido la sensación, casi olvidada, de vivir. La idea de tener sexo con ese casi adolescente es constante, pero va más allá de todo eso, de la atracción física, de su parecido a mi marido fallecido, o de que me ganara jugando a algo en que me creía experta. La auténtica verdad es que me siento feliz a su lado, y mi mente asume esa realidad de forma tranquila, sin sobresaltos ni malos pensamientos, el tabú que sintiera irrompible hace unos meses, ha dado paso a un único camino a seguir, que me lleva directa a sus brazos, y que estoy deseando caminar.

No se hace esperar, y tras un par de horas Javier me escribe, ha limpiado la cocina y se ha llevado a Thor de paseo. Le pregunto si va a regresar a comer a mi casa, pero me pide disculpas y dice que le ha llamado uno de sus compañeros de la universidad, se va a tomar algo con él, ya que también se han quedado en Madrid. Casi estallo de ira, pero me acaba confirmando que a las seis, como un clavo, estará en mi casa con su perro, para continuar nuestro rutinario paseo diario, que empiezo a degustar. Aprieto los dientes furiosa, asimilando que soltar un poco la correa puede ser beneficioso, que me eche de menos un poco.

Centrándome en mi trabajo, repaso unos informes y charlo con varios clientes en la sala de reuniones mientras esperan ser atendidos. Al rato me acabo quitando la chaquetilla gris del traje, pese a que la camisa blanca interior está parcialmente empapada de sudor, no podía respirar con ella puesta. No se hacen esperar los comentarios subidos de tono de algún desvergonzado, y algo saturada, respondo de malas formas a algunos que me miraban obscenamente. Eso me lleva a que David me llame a filas, y me pida hablar en su despacho con gesto serio delante de todos.

Cualquier otro día me fijaría en su perfecto traje a medida italiano azul marino, con corbata a juego y zapatos elegantes, hasta en su bonita cara bien afeitada, y su pelo moreno algo largo para ocultar su calvicie incipiente, pero hoy no es de esos días.

– YO: Perdóname…es que no soporto a esos cerdos. – al sentarme en una silla frente a su mesa, agacho la cabeza, algo avergonzada.

-DAVID: No te preocupes, tienes toda la razón del mundo. – le miro de pie a mi lado, creyendo que es una broma, su tono es de comprensión absoluta.

-YO: ¿Y para qué me has llamado?

– DAVID: Una cosa es que esté de acuerdo, y otra que esos capullos de fuera lo sepan, ahora mismo estarán pensando en la bronca que te estaré echando, y se creerán superiores. Tal vez así nos contraten.

– YO: ¿Entonces no estás enfadado? – se sienta al borde de su enorme mesa caoba, y me coge de la mano, en una pose que le he visto mil veces cuando quiere vender algo a un cliente.

– DAVID: Laura, que ya nos conocemos, no podría enfadarme contigo, esta empresa se vendría abajo sin ti. – me saca una carcajada, a veces creo que eso es cierto.

– YO: Muchas gracias David, no sé como agradecértelo. – me sale como una frase automatizada.

-DAVID: Cena conmigo mañana, reservé para dos en un sitio nuevo y ahora no tengo con quien ir… – le dedico una sonrisa burlona.

-YO: No empieces…- ya os dije que suele tirarse a alguna de la oficina, y yo he sido objetivo de algunos intentos, pero siempre me he mostrado lejana y poco receptiva.

– DAVID: Mujer, una cena entre amigos, llevamos años trabajando juntos y no sé casi nada de ti.

– YO: Ya has conocido a muchas de la oficina…- se cruza de brazos viéndose pillado.

– DAVID: Mira, la reserva ya está hecha, y es en el japonés nuevo que han abierto cerca de mi casa, si cambias de idea, me avisas y cenamos, nada más, te lo prometo. – alza la mano cual santo, ¿Me pregunto cuantas han caído con se truco?

– YO: Vale, pero tengo planes, así que no te prometo nada. – un “No” rotundo tras el favor de cara a los clientes sería mal educado.

– DAVID: Me vale con eso, y ahora al salir pon cara triste y no te asustes por lo que te diga.

Me acompaña con la mano en la espalda hasta la puerta, suspiro y entorno los ojos como mejor sé, para que al abrir y salir, todos crean que estoy arrepentida. David hace su papel, y suelta un “Y que no vuelva a pasar.” bien alto. Lo mejor es que durante el resto del día, nadie se me acerca demasiado, y así se me pasan las horas volando.

Salgo a la calle tras el fin de mi turno, y no me creo el golpe de calor que recibo, son las tres de la tarde y pese a los zapatos altos noto la acera ardiendo. Correteo hasta el coche y le piso un poco para que con las ventanillas bajadas corra el aire, luego pongo el aire acondicionado para aguantar llegar a casa. Ni me lo pienso, me desnudo como si mi amante me esperara, me dejo un camisón y como algo antes de intentar descansar en el sofá. A media tarde me rindo a un baño de agua fresca, en el que me quedo abstraída hasta que suena el timbre de mi puerta.

Me pongo unas braguitas de color azul oscuro y me tapo con una toalla encima, sin enrollar si quiera. Totalmente empapada voy a abrir, y me encuentro a Javier con Thor, jadeando ambos.

– YO: Por dios, perdona, se me ha hecho tarde dándome un baño, dame un minuto y salimos.

-JAVIER: No pasa nada… y de todas formas, no creo que sea buena idea salir. – acaricia la cabeza de Thor, que me mira casi ahogado, me doy cuenta de que se refiera a que con esta temperatura, salir a estar horas es hacer sufrir al animal.

-YO: Anda, pasa y le damos algo de beber a esta criatura.

-JAVIER: A mí no me vendría mal tampoco. – pasa y sin rubor alguno me abraza pese a ir casi desnuda, y mojada. Su camiseta roja y sus pantalones cortos vaqueros se empapan un poco.

Me luzco dándome la vuelta, sé de sobra que por detrás se me ve toda la espalda y el culo en braguitas, con la toalla medio sujetada por mis manos en el pecho, y pese a ello me aseguro de ir por delante de mi invitado, con el pelo suelto pegado a mi piel, y las marcas de agua en la prenda intima. Considero un milagro que no me salte encima.

Les dejo en la cocina, con el dueño cuidando de que a Thor se le pase el sofocón tras venir a mi casa. Me voy al baño, acabo de secarme y me pongo el viejo camisón amarillo. Salgo con el pelo recogido, y pese a refrescarme, me tomo algo de la nevera junto a mis acompañantes, que parecen más enteros. Hasta el fortachón de Javier parecía afectado al llegar.

-YO: ¿Y qué tal la comida con tu compañero?

– JAVIER: Un desastre, es un buen chaval, pero no sabe hablar de otra cosa que no sea fútbol o videojuegos.

– YO: Lo lamento…

– JAVIER: No pasa nada, ahora estoy aquí, y toca divertirnos. – se frota las manos con energía.

-YO: Una lástima no poder salir a la calle.

– JAVIER: Se pueden hacer muchas cosas en casa, ya verás.

No me queda otra que darle la razón. Pasamos cuatro horas riéndonos, hablando o jugando con Thor. Luego vemos una película, y hasta se inventa unas preguntas extrañas que me hacen sonreír sin parar. Terminamos en el sofá, revolcados, perro incluido. Tras jugar con él, hasta diría que al caerme por el suelo, intenta montarme, es un gesto muy cotidiano para un perro, pero me hace llorar de risa. Javier me lo quita de encima, y me pone en pie para darme un abrazo de los que sabe que me gustan.

Terminamos pidiendo comida china para cenar, y probar algunas cosas nuevas que no suelo pedir. Al acabar, me pongo un vestido amarillo con estampados florales, y salimos a pasear, en parte para bajar la comida, en parte para que Thor se quede a gusto. Compro unas cervezas y les hago subir de nuevo a casa, nos las tomamos entre risas viendo un programa de la televisión, pero algo más tarde noto la tensión del momento. Javier quiere saber si se va a casa o no, y mi opinión al respecto es clara.

-YO: Bueno, es algo tarde ya… ¿Nos vamos a la cama? – me mira con una delicada sonrisa forzada.

-JAVIER: ¿Quieres que hoy también…? – asiento como si no entendiera sus reticencias.

-YO: ¿Es que no tú no quieres? – suelta todo el aire y se frota las piernas con fuerza.

-JAVIER: No es que no quiera, pero…pensaba que sería sólo ayer.

-YO: Lo entiendo, es demasiado para ti, y no quiero incomodarte… Pero yo me siento sola todos los días, no sólo ayer, y tú me ayudas a que no me sienta tan mal, que me gustaría…

-JAVIER: No me malinterpretes, me encanta dormir contigo, y si es lo que necesitas, lo haré. – lo dice firme, trasmitiendo seguridad.- Pero todos los días…es algo extraño.

-YO: Sólo hasta que vuelvan Carlos y Celia, te lo pido como favor personal. – le tomo del antebrazo mirándole con ojos de cachorro.

-JAVIER: Vale…pero tú me tienes que hacer un favor.

-YO: Sí, lo que sea.- digo ilusionada al verle entrar al trapo.

-JAVIER: El sábado voy a ir a la piscina, este calor me va a matar, y quiero que vengas conmigo, ir solo debe ser muy aburrido. – sorprendida por su forma de expresarlo, casi una orden, le beso y abrazo.

-YO: Será un placer.- me quedo pegada a él, sin soltarlo, es perfecto, me da lo que quiero y más. Estaba deseando lucirme con los nuevos biquinis diminutos, y no quería sacar el tema yo.

– JAVIER: Pues vamos a la cama.

Si algún rincón de mi ser me decía que lo que hago está mal, se acalla al sentir que me coge por la cadera, mete su mano por debajo de mis rodillas, y me levanta del sofá cogiéndome en brazos. Le adoro, y pasando mis manos por su nuca, deseo besarlo para que me lleve a mi cuarto a me haga suya, en cambio, me río avergonzada mientras me lleva. Con mucho celo y cuidado, pasamos el marco de la puerta, y me deja suavemente sobre el colchón.

-JAVIER: Dame un minuto… que voy a comprobar que Thor tiene agua y todo…tú quédate aquí, y enseguida vuelvo.

-YO: Vale. – le miro confusa, su pose con las palmas en alto hacia mí, parece nerviosa.

Estoy deseando que vuelva, tanto que me empieza a desesperar que tarde tanto. Voy a llamarle, pero me levanto traviesa y le busco por la casa. Thor está dormido tranquilo en el salón, y Javier no aparece, así que descalza y sin hacer ruido, le encuentro metido en el cuarto de Carlos.

Sale la misma luz que cuando mi hijo se la deja abierta con la televisión encendida, me acerco con cuidado, y tras amagar un par de veces, veo por la rendija a Javier delante del ordenador. Afino el oído para escuchar unos gemidos leves, y cuando mis ojos se acostumbran a la oscuridad, la postura y los gestos le delatan, “¡Madre mía, se está masturbando viendo una porno!”

No puedo evitar que mis braguitas se mojen, la mezcla de sorpresa y atrevimiento me están volviendo loca. Un demonio dentro de mí me grita que entre y le pille desprevenido, para que sea lo que tenga que ser, pero me contengo con la cabeza llena de dudas. ¿Por qué lo hace? ¿Es por mi culpa? ¿Lo necesitaba debido a mis provocaciones? ¿Es que echa de menos a Celia?

Deseo quedarme allí mirando, está de espaldas y no veo nada salvo su figura y su brazo moverse, pero su cabeza se gira cada vez que le parece oír un sonido, y si sigo aquí, me va a descubrir. Sopeso las ventajas e inconvenientes de eso, antes de volver a la cama y pensar que ahora mismo, no me vendría nada mal la visita de Jimmy.

Tras unos cinco minutos, le escucho acercarse, y sin entender mucho el motivo, me hago la dormida. Se va directo al baño, y al minuto sale, yo finjo despertarme por el sonido de la puerta, que en realidad no tiene.

– YO: Has tardado mucho.

-JAVIER: Ya… es que tenía que ver algo en el ordenador de Carlos, espero que no te moleste.

-YO: Nada, es tu casa… ¿Ya estás preparado para pasar la noche conmigo? – me muevo coqueta sobre la cama, cediéndole el sitio de ayer.

-JAVIER: Sí, creo que sí. – dice, jugando a no mentirme.

Se desnuda dejándose unos bóxer blancos, apaga las luces y se recuesta, ofreciendo su pecho, al que acudo rápida a apoyar la cabeza y abrazarle. Me da algo de apuro que note el olor a hembra necesitada que emana de mis muslos, pero no muestra ninguna reacción, ni cuando acaricio su fuerte vientre, o le beso en el cuello a modo de agradecimiento.

Por segunda noche consecutiva, no recuerdo nada hasta despertarme, y pese a sentir mucha rabia por no aprovecharme de la situación, el cansancio que me acompañaba todos los días ha desapreciado. Antes mal dormía, entre el sofá o la cama vacía, y ahora junto a él, descanso. Parece lo mismo, pero mi cuerpo dice lo contrario.

Estoy cara a cara con Javier, apenas luce el sol del amanecer por la ventana, me tiene rodeada con ambos brazos por la cadera, y mi cabeza está apoyada en su cuello, y una de sus piernas está enroscada entre las mías. Voy a volver a llegar tarde al trabajo, lo sé en cuanto al murmurarle un “Buenos días”, me besa en la frente y me da un apretón tan fuerte que me deja sin aire, no porque me oprima, sino que noto su miembro algo duro en mi vientre, “De aquí me sacan a rastras, o no me sacan.”

– JAVIER: Venga dormilona, que se hace tarde.- me acuna con cuidado, que respondo con un gemido ahogado de placer.

– YO: Es que estoy en la gloria. – la mezcla de su potente colonia, el desodorante, y algo de sudor, me inunda la nariz, que froto contra su pecho.

– JAVIER: Y yo, pero tienes que trabajar. – tras unos segundos en que no me muevo, se ríe, luego trata de girarse para separarse y quedar boca arriba. No cuenta con mi determinación, no le suelto, y se queda blanco al verme girar y estar montada encima de él.

-YO: Estoy muy a gusto. – ronroneo melosa, dándole un aire cómico a una situación, por otro lado, brutalmente sexual.

Sonríe incrédulo, y me acaricia la espalda con ambas manos, separando los largos cabellos dorados de mi cabeza, que reposa dulcemente en su pecho. Aguanta el duelo, me encanta verle parecer tranquilo, cuando estoy notando entre los muslos algo moviéndose. Creo que puedo escuchar mi propio corazón apunto de desbocarse, y alzo la mirada para clavar mis ojos azules en los suyos, que muestran un rostro firme, tratando de esconder que no es lo único en ese estado de su cuerpo.

– JAVIER: Laura, eres preciosa. – una medio sonrisa nace en mis labios.

-YO: Muchas gracias…tú no estás nada mal…- me sale entre lo sonrojada que estoy, y lo excitada que pretendo disimular.

– JAVIER: ¿De verdad?

-YO: Claro que sí…Celia es una chica afortunada.- querer halagar me hace recordar que ese chico está con otra mujer.

-JAVIER: El afortunado creo que soy yo.

-YO: Bueno, pues que sepas que para mí ella es a la que le ha tocado la lotería, no muchos hombres se meterían en mi cama, sólo para darme algo de calor y afecto. – mis manos suben a su nuca, me levanto sobre su cuerpo para besarle en la barbilla, y luego abrazar su cabeza, casi incrustándole mis senos en la cara.

Mi ataque no acaba ahí, según lo hago, me estiro sobre él, junto las piernas y las doblo a partir de las rodillas hacia el techo. Es impresionante sentir todo su sexo, tenso y duro bajo el bóxer, rozar directamente mis braguitas azules, el mero contacto me saca un suspiro inaudible. Me quedo a la espera de que haga cualquier gesto, una simple palabra murmurada o alguna caricia de más, y estoy dispuesta a lanzarme a por todas. Mi cuerpo emana sexo por cado poro de mi piel.

Mi desolación llega cuando, tras varios segundos, no ocurre nada, simplemente me abraza y se mantiene inerte, casi aguantando la respiración.

– JAVIER: Se hace tarde para ti, y necesito ir al baño. – le cuesta decirlo, pero el momento de que ocurriera algo ha pasado, y ambos los sabemos.

– YO: Esta bien, anda, ve.

Me recuesta con pausa a un lado, y rápidamente se sienta dándome la espalda. No es que disimule, pero al ponerse en pie, trata de darme la espalda al caminar e ir al aseo, gracias a dios el reflejo del armario me regala un plano de su miembro, casi sobresaliendo por una de las perneras del bóxer.

No sé cómo, evito sacar el dildo del cajón y hundírmelo hasta sacarme varios orgasmos, ahora mismo soy puro fuego y mi bombero acaba de irse a remojar su manguera bajo la ducha. Me levanto el camisón y observo impresionada que las braguitas azules tiene un mancha oscurecida descarada en mi zona íntima, sólo de rozarme mi cuerpo me pide que acaricie más, con una descarga eléctrica que me recorre la espalda. Necesito sexo, o una ducha.

Tras pensar en obtener ambos metiéndome en la bañera junto a Javier, me voy al aseo del pasillo. Tras desvestirme, me meto bajó el chorro a presión, y no pongo el agua caliente hasta que se entrechocan mis dientes. Me da igual, mi cuerpo no remite, y sopeso la idea de llegar tarde de verdad a trabajar, o quedarme allí hasta que me saque todo del cuerpo con una dosis de masturbación frenética.

La poca conciencia, que sobrevive a la montaña rusa de emociones que soy, me hace salirme y secarme, para enrollarme una toalla por encima y volver al cuarto. Allí me encuentro con Javier sentado en mi cama ya vestido, algo que agradezco.

-JAVIER: Llegas tarde…- es casi un reproche marital.

-YO: Lo sé, pero es que necesita sacarme el calor del cuerpo.

-JAVIER: Pues corre, vístete, yo voy a sacar a Thor y pasarme por casa.

-YO: Vale, pues… ¿Nos vemos luego? – me acerco insinuante.

-JAVIER: Claro, te llamo luego.

Se levanta y me abraza fuerte, aunque Thor me saluda, apremiando con ganas de salir a la calle en sus ojos. Me visto mientras oigo cómo se marchan, y bufo desesperada al saber que pasaré unas horas sin verle.

Junto a la ropa interior, algo más convencional que últimamente, me pongo un traje de oficina tono crema con falda hasta las rodillas y corro a la calle. El nulo tráfico de Madrid en pleno verano ayuda, y llego puntual de milagro, algo sofocada por las prisas y el agobiante calor reinante. Son las nueve de la mañana, y ya vamos por los treinta grados de temperatura.

David, mi jefe, me saluda al verme pasar, y se queda mirando esperando que me acerque. Me alejo, hoy no soportaría sus intentos de llevarme al huerto.

Preparo el día, y me voy a la cafetería a desayunar algo de una máquina expendedora. El café es horrible y lo dejo a la mitad sobre mi mesa mientras paso revista de las citas de hoy, y cojo algunas llamadas. Todo desde fuera tiene una apariencia de un viernes cualquiera, natural y casi rutinario, pero desde que me he sentado mis piernas no paran quietas, y ya cerca de las once de la mañana me doy cuenta de que la ducha no me ha aliviado en nada, estoy ardiendo por dentro.

-DAVID: Hola, encanto. – su voz firme y grave me saca de mis pensamientos.

-YO: Ah, buenos días jefe.

-DAVID: ¿Todo bien?

-YO: Sí, acalorada un poco…- suspiro pensando en roce con el miembro de Javier esta mañana.

-DAVID: ¿Y lo de esta noche…qué?

-YO: ¿El qué pasa esta noche?

-DAVID: Nuestra cena…juntos…- me cuesta recordar la conversación unos segundos.

-YO: Pues es que tengo planes…no va a poder ser.

– DAVID: ¿Seguro? Ya te dije que es solo cena de compañeros de trabajo.

-YO: Lo sé, pero he quedado con…alguien.

– DAVID: Una lástima, pues iré yo sólo al Japonés…- me dedica una sonrisa falsa de complicidad.

Se va, al menos hoy se ha rendido rápido, muchos días insiste más de la cuenta, y no estoy para tonterías. Paso un rato pensando en el motivo por el que su mujer no puede acompañarlo a cenar, la primera explicación es que no le aguanta las infidelidades y no puede ni mirarle. Supongo que aún no se han divorciado porque al ser un gran abogado, tendrá blindados sus bienes, y puestos a ser una mantenida, él es una buena opción.

La mañana continúa tediosa, lenta y asfixiante, esta vez es el calor entre mis piernas el que me está haciendo pasar unas horas horribles. Paso a limpio unos informes que me han dado de la agenda de la semana que viene, y trasteo con el móvil, esperando la llamada de Javier. Cuando veo su nombre aparecer en mi pantalla, suspiro llena de alegría, esta noche voy a volver a acostarme con él.

-JAVIER: Hola Laura, ¿Que tal el día?

-YO: Horrible, deseando que acabe esta semana de trabajo.

-JAVIER: Tranquila, mañana un chapuzón y como nuevos ¿Qué llevamos? – sonrío al saber que ir conmigo a la piscina le apetece tanto.

-YO: Pues no me gusta mucho eso de ir cargada con neveras portátiles, ya llevo el bolso, y compramos allí…de todas formas lo concretamos esta tarde en nuestro paseo…- espero una respuesta ilusionada, que no llega.

-JAVIER: Ya, bueno…es que Celia me ha mandado un mensaje y esta tarde quiere hablar conmigo por el ordenador, dice que me echa de menos. No te molesta, ¿No? – el breve silencio que debe escuchar le deja mudo, es como si me hubieran dado con un mazo en la cabeza.

-YO: No…claro que no…habla con ella…y luego te pasas por casa a cenar.

-JAVIER: Lo siento, pero no sé cuánto va a durar la charla, y tengo que organizar un poco mi habitación…creo que es mejor que ya nos veamos mañana. – un segundo golpe me tumba al suelo emocionalmente.

-YO: Como quieras… ¿Quedamos sobre las diez en mi casa para ir a la piscina mañana? – al preguntarlo, casi temo otra negativa.

-JAVIER: Perfecto, sabía que no me fallarías Laura, un abrazo enorme y vamos hablando.

-YO: Hasta luego, Javier.

Caigo desolada en la mesa, esta era mi noche especial, llevo toda la semana preparándome para este momento, y un simple mensaje de la maldita Celia lo ha estropeado todo.

Me resisto a llorar, me repongo y sigo trabajando como si nada. Al par de horas ya no tengo que hacer esfuerzos por no sollozar, y puedo levantarme e ir al baño. De camino paso por delante del despacho de David, que me mira el culo sin disimulo desde su mesa. Es raro, suele ser más discreto conmigo, pero hoy no me quita el ojo de encima.

Me echo agua en la cara al llegar al excusado, y me sereno, pero sin dejar de notar una necesidad de sexo casi desesperada. Me contengo de la idea de masturbarme allí, estoy entre cabreada y frustrada, no sé cómo voy a responder el resto del día.

Salgo tras unos minutos, de camino a mi puesto alguna mirada de mis compañeros me asquea, “Esta falda es muy ceñida y se me debe marcar buen culo”. Veo a mi jefe, que ha salido a la puerta de su oficina, no puedo evitar dedicarle una sonrisa maliciosa, lo ha hecho para poder verme mejor el trasero. Sin saber cómo, o el motivo, cantoneo las caderas y le regalo un poco de sensualidad.

Para cuando regreso a mi mesa, el calor externo e interno me está matando, solo deseo que termine mi jornada y marcharme a casa. Trato de trabajar, aunque más bien es una distracción, y al rato me llegan varios mensajes de Javier, disculpándose por no poder quedar conmigo pero queriendo mantener una conversación dulce y cariñosa, como si no hubiera pasado nada, y eso me enfada. Estoy a punto de mandarle un mensaje tajante cuando veo a David acercarse, ya preparado para marcharse, con su traje azul marino, impoluto y elegante.

-DAVID: Bueno, me marcho ya Laura, si entra alguna llamada o algún cliente ya les citas para el lunes.

-YO: Vale, pasa buen fin de semana David. – se me queda mirando un segundo.

-DAVID: ¿Estás segura de que no quieres cenar conmigo? Pareces necesitar alguien con quien hablar.

Le miro agotada, casi le digo que no, pero al observarme a mí misma, me veo con el móvil en una mano, y con un bolígrafo apretado tan fuerte en la otra, que casi lo parto en dos, notando el fuego en mis mejillas. Soy consciente de qué lo ha provocado, es la ira de saber que Javier me ha dejado plantada. Suelto el teléfono y me pongo en pie.

-YO: ¿Sabes qué? Que sí, vamos a cenar hoy.

-DAVID: Genial, pues voy a casa, y te recojo a las ocho. – Se cerca y aprieta mi hombro con una de sus varoniles manos. Su mirada cambia de normal a feliz.

-YO: De acuerdo, es en la calle…

-DAVID: Ya sé donde es Laura ¿No te acuerdas que te acerqué a casa cuando se te rompió el coche el año pasado? – me mira extrañado.

-YO: Dios, si, es verdad, perdona, que ando con la cabeza en otro sitio.

Sonríe al rozarme el brazo con cariño, y luego se despide con un gesto con la cabeza, antes de marcharse. No tengo muy claro lo que ocurrirá en la cena, pero lo que sí sé es que no quería quedarme en casa sola.

Me apresuro a coger de nuevo el móvil y contarle mi plan de cenar con mi jefe a Javier, deseando darle celos. Su contestación no puede ser más entusiasta, desando que me vaya genial, y me lo pase bien. Suspiro algo ofuscada, sabiendo que me he comportado como una adolescente, sin saber cómo lidiar con mis propios sentimientos.

Se acaba mi turno, por fin, y algo más serena me voy a casa a comer, una ensalada y poco más. Me cambio para estar cómoda y, tras limpiar la casa, más por mantenerme ocupada que por que lo necesite, me recuesto en el sofá, y me relajo hasta las siete de la tarde, momento en que me pongo en marcha.

Me voy al baño y sin percatarme de ello ya me estoy repasando las piernas con la maquinilla, soy consciente al acabar que eso solo lo hago cuando preveo sexo esa noche. La idea de acostarme con mi jefe, casado, algo que en principio no me interesa, hoy va cobrando fuerza de forma natural.

Me doy una ducha larga, tras secarme el pelo lo cepillo hasta conseguir la cascada de oro liquida que me gusta, y salgo desnuda a mi habitación. Me echo crema corporal y aceites para relucir, luego escojo lo más sexy de mi viejo armario. Un tanga negro de encaje y un sujetador a juego, vestido azul marino que me llega hasta las rodillas con cierto vuelo, y escote recatado. Me pongo unos zapatos oscuros y unos pendientes dorados junto con la pulsera y un reloj del mismo tono.

Faltan cinco minutos, me maquillo ligeramente y me perfumo para estar lo más apetecible que pueda, sin que parezca que voy dispuesta a lo que sea. En ese momento jugueteo con los anillos de casados en mi dedo anular, y tras sopesarlo, me los quito y los meto en el bolso.

Desconecto el móvil del cargador, donde lo había dejado, para ver un par de mensajes de Javier, deseándome suerte en mi cita, y comentándome lo nervioso que está él por hablar con Celia. Le respondo con un “Ok “ sin más. Si tenía alguna duda para anular la cena, me la acaban de disipar.

El teléfono vuelve a sonar, es un mensaje de David, está abajo ya, puntual como suele serlo en la oficina. Bajo ansiosa por volver a centrarme en lo que sea, y me encuentro a mi jefe en la entrada, apoyado en un precioso descapotable italiano, rojo fuego, y él con un traje de mismo país, pero sin corbata, de color negro y camisa blanca. Está para comérselo, su barriga incipiente no se nota tras esa fachada de opulencia. Viene a lucirse, y soy parte de ello.

-YO: Hola David, qué pedazo de coche traes… ¿Y tu familiar con el que vas al trabajo? –pregunto con sorna, no quiero parecer una incrédula impresionada.

-DAVID: En casa, me apetecía cambiar un poco hoy. – se acerca caminando hasta mí.

Supongo que cuando dice que le apetece cambiar hoy, también se refiere a su mujer, y que hoy le apetece más mi compañía. Por si dudaba aún de sus intenciones, la forma en que me toma de las caderas con ambas manos para atraerme hacia él, y darme los dos besos de saludo, me deja claro que quiere guerra esta noche, y si juega bien sus cartas, creo que se la voy a dar.

Me acompaña con la mano en la cintura hasta el coche, donde me abre la puerta, gustosa le regalo un poco de erotismo al entrar en el asiento del copiloto, con una sonrisa dulce. Se toma su tiempo para dar la vuelta al coche y dejar que todo ser viviente de la zona vea el espectacular deportivo y la bella mujer que hay dentro, antes de sentarse a mi lado y hacer rugir el motor por si algún alma todavía no se había percatado de su existencia.

Antes de poder ponerme el cinturón da tres fuertes acelerones que me dejan sin aire, y al frenar, debo apoyarme en la puerta y en su pierna para no ceder a la inercia. Sonreímos los dos, es un brabucón, pero me ha hecho gracia.

-YO: No hagas el tonto David, pórtate bien, que podemos tener un accidente. – digo tratando de mantener una postura madura.

-DAVID: Está bien, pero no prometo nada, estos coches son unas bestias, están pensados para darlo todo, y llevarlos con calma es casi un pecado, si sabes llevarlos, es un autentico placer, y yo sé hacerlo.

Su metáfora no me pasa inadvertida, aunque es la primera vez que me comparan con un coche. De todas formas, mientras me abrocho el cinturón, se permite poner su mano en mi rodilla con gesto de cariño. Mi primer instinto es cogérsela y ponérsela en el cambio de marchas, él no se da por aludido, y a cada parada, vuelve a poner su mano allí, me toca o la deja, para llamar mi atención y charlar de algunas cosas vanas por el trayecto. No es incómodo, pero me hace sentir rara.

Al llegar al restaurante, que es elegante y de nivel, revoluciona el motor antes de darle las llaves a un aparcacoches, que cree que le ha tocado la lotería por poder conducir esa maravilla de máquina. David se apresura a ponerse a mi lado y le tomo del brazo para acercarnos a la entrada. No se me escapa el billete que le da mi jefe al camarero que nos atiende, para que nos den mesa, no tenía ninguna reserva, solo era una excusa. De todas formas el local, con aire asiático futurista, con azulejos negros y mesas modernas, da un ambiente íntimo y semi profesional. Nos llevan a una de las mesas más esquinadas, y al sentarme, David se pone a mi lado, y no enfrente.

-DAVID: Me han hablado muy bien de este sitio, espero que vengas con hambre…

-YO: No soy mucho de pescado crudo la verdad, pero por probar. – leo la carta mientras él fanfarronea de su puesto de director del bufete. Me cuesta reconocer al hombre listo y sereno de la oficina, y solo veo a un pavo real sacando sus plumas a pasear.

Tras un intento fallido de hablar en japonés con el camarero, pedimos un poco de todo para probar, y una botella de buen vino, que me bebo casi entera yo, ya que él “tiene que conducir”. En la espera, la charla se vuelve un poco más amena, y hasta me río al repasar antiguas anécdotas de la oficina.

Ha pasado una hora cuando por fin terminamos de comer, la verdad es que estaba todo muy rico, pero tengo la sensación de que el mundo del sushi no es de mi agrado. Las bromas con mi acompañante, y la bebida, han mejorado mucho la cena. Al pedir el postre, nos traen una esfera de chocolate, que al echarle por encima leche caliente, descubre una bola de helado de vainilla. El efecto es precioso y la devoramos con gusto. De golpe, David me ofrece de su cuchara para que pruebe el cacao derretido, sonrío educada negándome, pero ante su insistencia lo hago, y veo su cara de satisfacción cuando chupo su cuchara.

-DAVID: ¿Ves como te gusta, a que está rico?

-YO: Claro, pero puedo servirme yo sola…

-DAVID: Yo no ¿Me ayudas? – pone la cara muy cerca de mí.

Es algo embarazoso verle así, pero cuando se acerca y apoya su mano en mi espalda, acortando el espacio entre nosotros, prefiero coger algo de vainilla y dársela para que se aparte. Ha sido una bobada, pero se aleja con cara de suficiencia al verme reír.

El resto del postre lo tomamos en silencio, intercalando cucharadas propias con algunas al otro. Se ha hecho un silencio tenso entre ambos, las miradas fijas y medias sonrisas se hacen evidentes. Luego se pasa el camarero, que nos pone la cuenta y un par de chupitos de regalo. David toma uno y me da el otro.

-DAVID: Vamos a brindar, por los buenos compañeros.

– YO: Por ellos. – me lleno de valor y le doy un trago al liquido verdoso del vaso, que baja como fuego por mi garganta. Ambos tosemos mientras él hace un gesto para que nos pongan más. –No, para, que me sienta muy mal.

– DAVID: Solo uno más Laura, no seas mojigata que quien conduce soy yo.

Pone cara firme y no le digo que no, así que cuando nos traen otra ronda, brindamos otra vez. Para luego pedirle al camarero que vuelva y traiga algo más sabroso, como el licor de castañas que me gusta.

Cuando nos levantamos de la mesa, ya me he bebido cuatro chupitos, y al ir al baño me noto algo mareada. Me mojo la nuca para templar un poco los ánimos y salgo a la calle, donde el calor, pese a ser casi media noche, es asfixiante.

El gesto del aparcacoches a David es de “Menudo afortunado”, aunque no sé si es por el coche o por verle agarrándome de la cintura sin reproches. La verdad es que no sé cuando puso su mano ahí, pero hasta que no llegamos al descapotable no la aparta, y lo hace bajándola de forma que me roza el trasero, como si fuera un descuido.

El acelerón al salir disparados por la calle me saca un grito de subida de adrenalina, me viene bien el aire fresco al recorrer la avenida principal que tomamos para volver a mi casa.

-DAVD: ¿A que no ha sido tan horrible cenar conmigo?

-YO: Pues no, me lo he pasado bien. –se lo agradezco apretándole del antebrazo.

Necesitaba una distracción y durante toda la noche no he pensado en Javier, así que me siento mejor. Ha sido raro sacarlo de mi cabeza unas cuantas horas, y lo necesitaba.

-DAVID: Claro que no, boba, que vaya cara tenias hoy en el trabajo. ¿Me vas a decir qué te pasa? – posa su mano en mi rodilla y la deja, acariciando con sus dedos la piel desnuda.

-YO: Nada, David, que una tiene una edad ya, y cuando las cosas no salen me agobio un poco.

-DAVID: Eres una gran mujer, Laura, trabajas genial y eres muy dulce con todos, te apreciamos mucho en la oficina, y yo sé cuanto vales, sin ti seriamos un desastre y tu nos mantienes a flote. No te vengas abajo por nada del mundo, te necesitamos.

Suena sincero, y es grato y reconfortante escuchar a alguien cosas positivas de ti, más allá de que eres bonita y poco más. Trato de no pensar en lo que me mantiene triste, Javier, el idiota de mi hijo, su novia, o la terrible soledad de mi vida sin mi marido. Es algo que David comprende y me deja tranquila, combinando su mano entre la palanca de cambios y mi pierna, donde hace círculos con sus dedos para serenarme.

Al llegar a mi casa encuentra un hueco donde aparcar, y le agradezco con la mirada que se quede allí conmigo un rato más, sin decir nada, solo esperando a que me encuentre mejor. Me siento muy frustrada y no puedo ni expresarlo, solo estoy ahí sentada, jugueteando con el bajo de mi falda, mirando al infinito.

-YO: Se hace tarde…pero quiero darte las gracias por esta velada. La necesitaba.

-DAVID: No es nada mujer, en el fondo has sido un encanto conmigo, y me lo he pasado bien.

-YO: Solo espero que esto no nos afecte a nivel laboral, no me gustaría que se divulgaran rumores por la oficina, no puedo lidiar con más cosas ahora mismo. – amago con salir del vehículo.

-DAVID: No te preocupes, soy una tumba, pero me da cosa que te vayas así, ven aquí y dame un abrazo.

No me da opción a negarme, me rodea de la cintura y me vence sobre él, que me da un cálido lugar en su pecho, y caigo rendida. Es extraño, de inmediato noto las diferencias con Javier y sus abrazos, pero esta noche me resulta igual de acogedor y cómodo lo que mi jefe me ofrece. Me hago una bola encogiendo los brazos y dejo que me apriete con delicadeza.

-DAVID: Anda, no seas tímida, siéntate en mi regazo.

De nuevo no me da opción, una de sus manos baja por mi piernas y tira de mí de tal forma que quedo sentada entre el volante y él, con las rodillas juntas y dobladas, y la cabeza apoyada en su pecho. Es casi acunarme, mientras siento una de sus manos recorrer mi espalda y la otra inerte en uno de mis muslos.

Trato de imaginar si me importaría que se girara para besarme, y aquello iniciaría una noche loca de sexo subiéndole a mi casa, pero él no toma iniciativa alguna, y yo me cuestiono qué hacer, con los nombres de Jimy y Emilio flotando por mi mente.

Pasado un buen rato, la postura es incómoda ya para ambos, y me acomodo entre sus piernas, notando su innegable erección. Me sonríe sin ocultarla y empiezo a sentir como su mano quieta, sube para acariciarme el muslo. Es mi cuerpo el que reacciona, no yo, y cogiéndole de la cara, le miro serenamente, le doy un largo y cariñoso beso en la mejilla, alejándome un poco.

-YO: Debo subir ya a casa… sola. – su cara entristecida más parece como si hubiera fallado un tiro con una bola de papel a la papelera.

-DAVIAD: Si, mejor ¿Quieres que te acompañe? – es casi tierno verle intentarlo.

-YO: No gracias, solo dame otro abrazo antes de que salga.

-DAVID: Lo que tú quieras.

Me rodea de nuevo por la cadera y deja que me cargue las pilas de energía positiva. No me costaría nada tener sexo con él, soy consciente, pero ahora mismo soy una mujer diciendo que no quiere más relaciones esporádicas sin sentido, aunque sean por despecho. Estoy tomando las riendas de mi vida, decidiendo que esta vez no seré el juguete de nadie.

Me apoyo en su hombro para alzarme y él me abre la puerta del coche de conductor, por donde estiro las piernas y salgo, no sin su inestimable ayuda cogiéndome de la cadera. Luego sale detrás de mí.

-YO: Muchas gracias por todo David. – nos damos dos besos castos y un último abrazo en el que siento que David se da por vencido.

-DAVID: Gracias a ti, y si encestas lo que sea, aquí me tienes.

Le acaricio la mejilla, notando el afeitado reciente, y entorno los ojos dulcemente. Luego me doy la vuelta y al cruzar la calle me despido con la mano, dirigiéndome a mi portal. Hasta que no abro y entro, David no se mete en el coche, asegurándose de que no me pasaba nada, ya que es casi la una de la mañana. De fondo oigo el rugido del motor mientras subo a mi casa. Espero que con una buena cabalgada a lomos de ese coche se le pase la frustración.

Al entrar en casa trasteo con las llaves pensando en por qué no habré dejado que subiera mi jefe, ha sido una buena cena, y estaba claro lo que él quería, y yo quería que pasara en ciertas fases de la noche. Hasta que no voy a mi cuarto y me quito los dolorosos tacones, no encuentro una explicación sensata. Todo iba bien, encaminado, pero ese abrazo, pese a reconfórtame, no era el que yo quería, o mejor dicho, no era de quien yo lo quería. Así que me desvisto y me desmaquillo, busco mis anillos en el bolso para ponérmelos, me visto con un camisón y me tumbo en la cama.

Hay una idea que se reitera en mi cabeza, es un martillo pilón constante, es algo abstracta y poco definida, y me cuesta encontrar las palabras para escribirla, pero si no lo hago siento que no podré conciliar el suelo. Al final lo consigo, y estoy segura de lo que quiero y lo que deseo, antes de caer dormida. “No quiero nada de nadie que no sea Javier, y si él no me lo va a dar porque está con Celia, o porque le dejé claro en su día que no podría haber nada entre nosotros por ser quiénes éramos, es algo con lo que tendré que vivir.”

Mis últimos pensamientos son que debo poner el despertador, mañana es sábado y he quedado con quien de verdad me interesa estar, y jugaré todas mis bazas. Al menos pienso divertirme todo lo que él me permita.

Continuará…

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