Reencarnación 6

Durante los siguientes dos meses mi vida es un desastre, pero un desastre que no conocía, y por lo cual, me siento todavía más insegura en él.

Javier ya es oficialmente el novio de Celia, y son la maldita pareja perfecta. Veo fotos, comentarios en redes sociales y de vez en cuando viene a comer a mi casa para no dejar de hablar de lo bien que les va todo. Me dan asco. Mi relación con él es pura fachada de mi parte, sonrío, le escucho y le felicito, pero estoy que echo chispas por dentro. No lo nota nadie y me parece que es que nadie le importa mi estado emocional. Lloro casi todas las noches, y sobre todo los días en que, de forma estúpida, sigo acudiendo cada vez que me llama para sacar a Thor, y darles un respiro para acostarse juntos.

La semana pasada hasta se la subió a mi casa tras un sábado de fiesta, y durmieron en el sofá, aquel en el que me abrazó medio borracho, y me tuvo días pensado en sus brazos rodeándome. Aquello fue demasiado y me inventé que me molestaba subir a tanta gente a mi casa, cuando en realidad es que es verles juntos y tengo ganas de sacarla los ojos. Hay algo en esa chica que no me gusta, lo obvio es decir que es por celos, pero es tan lanzada que me da mala espina.

Para colmo, ahora mi hijo, el chulo guaperas, se ha echado también novia, la chica con la que estaba tonteando, que se llama Isabel, y es una imbécil de cuidado. Se pasa la mayor parte de los días en mi casa, mejor dicho, en su habitación, con la música a todo volumen para no lograr a callar los polvos que echan sin parar. Es una jovencita de su edad, de piel morena y rasgos árabes, aunque es española, de pelo negro enmarañado, ojos marrones y cara bonita. Alta, casi de la estatura de Carlos, y diría que hasta pesa más, es algo robusta pero no le afea en absoluto, es más, le queda genial con unos pechos grandes y caderas opulentas. El problema es que desde el día uno se cree la dueña de la casa, y como el idiota de mi crío, ya que se comporta así, se lo permite, yo debo tragar sus desasieres, del tipo, “Lávame la ropa” o “Esto no me gusta de comer”. Al principio lo pedía por favor, pero ahora lo ordena, y bastante tengo con un vago marimandón, como para tener a dos.

En el trabajo siguen los recortes, y estoy saturada. David ha decido que en vez de echarme a mí, ha despedido a mi compañera, de turno completo, y a mí me ha subido de horas. Es más dinero, pero tampoco lo necesito, lo que si me viene bien es estar más horas lejos de casa. El contrapunto es que tengo menos tiempo para las cosas del hogar, y no tengo ayuda alguna.

Ha llegado el verano, y eso incluye el calor asfixiante de Madrid, y que todas mis amigas se han ido de vacaciones, con lo cual no tengo con quien salir a tomar algo para despejarme. He pensado en volver a salir de discotecas, como hice el día de Jimmy, pero me da apuro ir sola y el único que se ofreció fue Javier, al que casi no puedo ver a solas, con la otra pegada como una lapa a él.

Con lo cual, vivo entre sofocones, enfados y lloros. Carlos está harto, pero no más que yo, de verdad que no tengo ni idea de lo que hacer con mi vida.

Mi único bálsamo, es el viaje de la universidad. Se pagó hace tiempo, y mi hijo irá a Londres casi un mes, junto a muchos de sus amigos, incluidas Isabel, su nueva novia, y Celia, la imbécil que le absorbe la vida a la versión joven de mi marido. Todo me hace suponer que Javier también irá a ese viaje, aunque según creo, ya que no he hablado con él directamente, le avisaron tarde y no tiene el dinero para ir. Si no va, se pasará una semana de visita en casa de sus padres en Zamora, pero regresará a Madrid. Lo más triste de todo, es que para no viajar con el animal, me lo dejaría a mí para cuidarlo hasta que regrese, tanto si va a Inglaterra cuatro semanas, como si se va solo una a su pueblo.

Faltan unos pocos días, y podré estar en casa sola y tranquila. Thor es grande, pero está bien adiestrado, me hará compañía y me obligará a sacarlo a pasear, necesito una distracción, y a estas alturas un perro me vale. Tres paseos al día con visitas a parques, es más de lo que me ha sacado nadie en tres años.

Dicho todo esto, Javier se va a pasar esta tarde con el enorme dogo negro, para que se acostumbre a mi casa, y no sea de golpe. Creo que va a ser la primera vez desde que le enseñé a quitar sujetadores, que le voy a ver a solas. Estoy un poco nerviosa, en este tiempo he logrado refrenar mis sentimientos cuando le veo, es fácil cuando Celia literalmente no deja de abrazarlo y besarlo. Creo que hasta él se ha dado cuenta de mi incomodidad, y por eso ya no le veo tanto. Es por eso que ahora mismo no tengo ni idea de lo que voy a sentir cuando le vea.

Regreso del trabajo ya casi de tarde, y me da tiempo a subir y darme una ducha antes de que venga. Me tengo que morder el labio de frustración cuando me encuentro unos tangas y sujetadores de Isabel tirados en mi baño, y luego otra vez cuando veo que Carlos y su novia se han comido lo que había preparado de cena para mí. Iba de cabeza a echarles la bronca y tener otra discusión, pero me arrepiento a última hora, la experiencia me dice que no me va a servir de mucho. Me pongo unos pantaloncitos cortos a rayas blancas y negras, con un top azul oscuro de tirantes, porque el calor es demasiado hasta para los camisones, y limpio la cocina y el baño, mientras los otros dos no salen de su cuarto. Tengo la sensación de ser la sirvienta de la casa, no la dueña.

Por fin suena el timbre, tengo que lavarme un poco la cara para refrescarme y voy a abrir. Es Javier, y le espero en la puerta hasta que sube, me hace gracia escuchar las aceleradas pisadas del animal, es como si supiera que estoy allí, y deseara verme. Cuando llegan a mi rellano, Thor ladra, pero como he notado que me ladra a mí, una especie de saludo efusivo. Su dueño trata de sujetarlo pero hasta a él le cuesta, y con unas chanclas en los pies, junto a un pantalón corto vaquero y un polo amarillo, no ayudan a sujetarlo.

– YO: Hola Javier…hola Thor. – ya le saludo, y como hace siempre que me ve por primera vez ese día, salta y se pone sobre dos patas sobre mí. Es casi de mi altura, y técnicamente no hay diferencia con que me abrace una persona.

– JAVIER: Quieto, que la vas a hacer daño. – le chista y el animal me lame el brazo antes de acudir a sentarse a los pies de Javier.

– YO: No pasa nada.

-JAVIER: Vaya cariño te ha cogido, es decir tu nombre y se pone como loco.

– YO: Es que ya son muchos paseos ¿Verdad? – le acaricio la enorme cabeza al perro, que saca la lengua jadeando. – Anda, pasad.

Entran con celo, el animal olfatea todo, pero está bien sujeto. Le doy un buen recibimiento, un cuenco lleno de agua fresca que casi vacía, y unas salchichas que se come enteras. Le hablo a los dos, y le índico al cuadrúpedo que no se meta en mí cuarto ni se suba al sofá, como si me entendiera.

Tras la visita guiada, nos sentamos en la cocina, y dejamos algo suelto a Thor para que investigue por su cuenta. Me fío lo suficiente como para saber que no hará ninguna trastada, y ya me he ocupado de guardar todo lo susceptible de romperse o caerse.

– JAVIER: Muchas gracias por quedarte con él, Laura, eres la mejor.

– YO: No hay de qué, pero al final no sé si es un mes o una semana.

– JAVIER: Estoy probando mil maneras para poder ir a Londres, pero lo veo imposible.

– YO: Si es por dinero, yo podría… – me coge de la mano afectuosamente.

-JAVIER: Nada de eso, no lo permitiría, y es que no es sólo eso, ya no hay asientos, y reservar todo fuera del viaje conjunto, sale por mucho más.

-YO: Lo lamento, esperaba que pudieras ir.

-JAVIER: Y yo, tengo ganas, pero…creo que va a ser bueno no ir.

-YO: ¿Y eso?

– JAVIER: Nada, cosas con Celia, llevamos unas semanas raras…se habrá pasado el efecto inicial. – contengo el aliento.

-YO: ¿Raras, cómo?

– JAVIER: Pues no sé, cada vez que salimos se emborracha mucho y me deja algo de lado, no hablamos tanto, ni anda pendiente del móvil por si la escribo, y ya no siento que me toca o me besa de la misma forma….tal vez es que nos hemos pasado casi dos meses pegados, y el roce ya cansa, un descanso de un mes separados puede ser bueno, ¿No? – analizo las respuestas posibles. Es la primera vez que le escucho una mínima brecha en su relación, y debo decidir si hago caso a mis sentimientos, y hago el agujero más grande, o si debo ayudarle.

– YO: Pero eso es normal, es que tú forma de querer es muy constate, y si la otra persona no está preparada, puede agobiar.

– JAVIER: Pues por eso, que se lo pase bien, y así desconectamos un poco el uno del otro.

– YO: No quiero ser mala, pero en esos viajes pasan muchas cosas, aclaro todo antes de que se vaya.

– JAVIER: Ya, eso sí que me da un poco de respeto, pero confío en ella.

– YO: Tú la conoces mejor que yo. – le sonrío sin saber si he instando a unir o separar.

– JAVIER: Eso creía….En fin, que me iré entonces la semana que viene a casa de mis padres. Qué asco quedarme sin vacaciones.

-YO: Te vas al pueblo. Si al final no vas a Londres, podrías quedarte en Zamora todo el mes ¿No?

-JAVIER: Lo he pensado, pero mi familia trabaja muchas horas y pasaría mucho tiempo solo o estorbándoles. Aparte que alguien debe cuidar el piso de estudiantes, todos se van y no quiero que se quede la casa sola tanto tiempo. Prefiero no incordiar a mis padres, pasaré una semana con ellos, y luego volveré aquí…lo que no sé es qué hacer, literalmente se van todos los que conozco. ¿Y tú qué, no sales por ahí?

– YO: Que va, si ahora con mi turno es de locos, y no tengo vacaciones hasta dentro de dos meses.

-JAVIER: Todo el verano aquí sola, puf, no te envidio.

– YO: Ya, Javier, pero es lo que hay, ser adulto es un fastidio.

– JAVIER: Digo yo, ya que vamos a estar los dos solos, podemos quedar a pasear el perro y tomar algo. – me doy cuenta de que las cosas se tercian para que sea solo mío, al menos tres semanas.

-YO: ¡Claro, sería estupendo! Que últimamente me tienes algo abandonada. – lo digo con sorna para ocultar la ilusión que me ha hecho el detalle.

-JAVIER: Lo sé, y lo lamento, te tengo mucho cariño, pero entre la universidad y Celia, estaba hasta arriba.

-YO: Lo comprendo.

-JAVIER: Oye, hasta podríamos ir a la piscina, a mi novia no le gusta nada, y todavía no he pisado una este verano. – me quedo paralizada ante él.

– YO: Yo…bueno…si te apetece. – desde que murió mi marido, tampoco soy asidua, hay mucho baboso para ir sola.

– JAVIER: Me gustaría mucho, así algún fin de semana que libras, vamos y de noche te saco a bailar como te mereces, que te debo mucho. – me muerdo el labio anonadada, todavía se acuerda de aquello.

-YO: Vale, pero nada de pasarse con la bebida. – digo por frenar mi alegría. Me pongo en pie junto a él, lleva un rato mirando el reloj del móvil, y eso me indica que ha quedado con Celia.

– JAVIER: Claro que sí, nos lo vamos a pasar genial. – se pone en pie y, sin dudarlo, me abraza, es como si nada hubiera pasado, me siento de nuevo envuelta en su calidez, y le aprieto contra mí. No puedo evitarlo, me encanta sentir sus brazos sobre mí, mi cara en su pecho y las carantoñas de sus dedos a lo largo de mi espalda.

– YO: Pásalo bien, y dale recuerdos a tus padres.

-JAVIER: Lo haré, pero ahora me voy a pasar una semana pensando en ti. – se me suben los colores como llevo meses sin sentir.

-YO: Anda, bobo. – me besa tres veces en la mejilla, y me saca una carcajada sentir a Thor metiendo su hocico entre mis piernas, para luego saltar y juntarnos en un triple abrazo.

-JAVIER: Vaya con el perro…será mejor que me marche antes de que decida quedarse contigo ya, que he quedado. – No me fallaba el olfato y me confirma que se va a buscar a su novia.

Le pone la correa y me da otro abrazo antes de irse. No es hasta que cierro la puerta que empiezo a dar saltos de alegría, sonriendo y apretando el puño. No tenía ni idea de lo que iba a sentir, pero ahora lo sé, y me encanta. Javier tiene todo para lograr animarme, y lo que se planteaba como un verano soso y aburrido, puede convertirse en el más divertido en mucho tiempo.

Me voy derecha a mi armario y saco mis biquinis, están algo anticuados y rancios, así que me decido a comprar unos nuevos, y ya puestos, algo más de ropa juvenil.

A la hora de cenar sigo sonrojada, y para cuando vuelvo a la cama, saco el consolador, casi olvidado de mi cajón, y me doy un par de horas de placer. Es solo imaginar a los dos bailando en una discoteca o en la piscina, y me pongo mala. Acabo durmiéndome completamente desnuda y empapada en sudor, pero es la mejor noche desde que Celia llegó a nuestras vidas.

Pasan los días y llega la hora de despedirse. Hasta ayudo a hacer las maletas a la odiosa Isabel, no vaya a ser que pierda el vuelo, y a Carlos le despido con los consejos de madre preocupada más típicos. Temo por lo que le pueda pasar a mi hijo, pero ahora mismo, le necesito lejos de mí.

Llevo al aeropuerto de Barajas, a unos cuantos kilómetros al noreste de Madrid, a mi hijo y su novia, y a Celia y Javier, así me vuelvo con él. Esperamos con ellos hasta que se marchan, y aparto la mirada ante el efusivo beso con lengua de las parejas, sobretodo la del joven que se va a quedar conmigo. Al meternos en el coche de regreso, tengo la misma sensación que cuando dejas a los niños en el colegio el primer día, tienes pena, pero por dios ¡Qué alivio!

Nos vamos derechos a casa de Javier, donde nos espera su mascota. Hoy soy el taxi oficial, y aparte de recoger al perro, tengo que llevar a su dueño a la estación de autobuses de Plaza de Castilla, al norte de la ciudad. Él no tiene tanto dinero para ir en avión, y me ofrecí para llevarle a casa de sus padres, son muchos kilómetros juntos, pero declinó férreamente, y hasta me dijo que si lo hacía, me quedaría con él allí la semana entera. Lo hablé con mis jefes de pasada, pero era imposible cuadrar las fechas con tan poco tiempo de antelación.

Llegamos pronto, y nos da tiempo a hacer las cosas con calma. Thor el último, para que no se agobie por el calor en el coche, y vamos metiendo un par de maletas y una mochila en el maletero. Mientras lo hacemos, se da una ducha para refrescarse, y si tuviera ropa para cambiarme, iría detrás. El calor es terrible, una ola de aire caliente africano nos está asolando desde hace cuatro días y no bajamos de los cuarenta grados de día, y de los veinticinco de noche. Ahora mismo tengo la falda blanca vaporosa hasta las rodillas y el top a juego, empapados y la tela se pega a mi piel, noto el sudor cayendo entre mis senos y pese a la coleta, me tengo que abanicar la nuca para no desmayarme.

Javier sale del baño con una toalla anudada en la cintura. No es la primera vez que le veo el pecho, hinchado y robusto, sin músculos aparentes pero sí dando una imagen poderosa, con la piel brillante del agua y un poco de pelo bajando por el vientre y todavía más en las piernas, que le queda muy varonil. Tengo que empezar a abanicarme más rápido.

– JAVIER: Puf, con este calor me muero, menos mal que me voy al norte, allí dice mi padre que no pasan de los veinte grados.

-YO: Cállate, que me voy contigo.

-JAVIER: Invitada estás, ya lo sabes…

– YO: Porque no puedo, trabajo, que si no me iba de cabeza. – se me queda mirando y me sonríe.

– JAVBIER: Perdona que te lo diga, Laura, pero estás preciosa hoy. – abro la boca impresionada.

-YO: Vaya…muchas gracias…será que otros días no lo estoy…- uso la salida fácil.

-JAVIER: Siempre vas espectacular, pero no sé, con el sudor y la ropa pegada, estás para comerte….me preocupa volver y que tengas a alguien que te distraiga. – está de broma, lo sé, pero mi cara se ha encendido como una bola de Navidad.

-YO: Ya, es que este calor me puede…pero tú tranquilo, estaré esperándote, soy toda tuya. – mi cerebro me juega una mala pasada, y Javier sonríe mirando al suelo.

-JAVIER: Afortunado de mí. – le veo venir, y me abro de brazos. Si normalmente me encantan sus abrazos, hacerlo con su torso desnudo y después de lo que me ha dicho, me hace elevarme para besarle la mejilla. Me zarandea feliz, murmurando lo mucho que me va a echar de menos. – Por cierto, tengo que vestirme. – dice con unos calzoncillos en la mano, tardo medio segundo en reaccionar y salir de su cuarto.

No cierro del todo, y no puedo evitar quedarme mirando por la rendija, no se ve mucho, pero si intuyo que se quita la toalla, y cuando se agacha a ponerse la pernera de la muda, veo su culo en primer plano. Solo dios sabe cómo evito entrar y agarrárselo, es casi la perfección, pero me voy al baño y me echo agua fría en la cara. “Madre mía, es que se lo muerdo” me dice mi yo más travieso. Al regresar ya está vestido con una siempre camiseta blanca y un pantalón corto azul oscuro.

Bajamos a Thor, y tras una leve pelea logramos subirlo a la parte de atrás del coche. Vamos a la estación, y me da lástima no poder esperar con Javier todo el rato, pero no podemos dejar al perro en el coche con este calor, y tampoco nos dejan meterlo hasta las dársenas.

– JAVIER: Bueno, trasto, me voy, pórtate bien, y cuida de mi mujer favorita. – le dice al animal, que sin ser consciente del todo, intuye que no lo va a ver durante tiempo, y le lame como nunca le había visto hacerlo.

– YO: La que se supone que tiene que cuidarle, soy yo.

-JAVIER: Ya, pero él tiene su cometido, mantenerte sana y salva hasta que vuelva. – se alza y me abraza. Me dejo, adoro la sensación, ya lo he dicho mil veces, y este dura casi un minuto, con carantoñas, besos y palabras de cariño.

– YO: Tú cuídate, y vuelve entero, que eres mi única esperanza para divertirme un poco.

-JAVIER: Aquí estaré.

-YO: Te voy a extrañar mucho. – se me escapa, no es el decirlo, es el tono, tengo incluso peor cara que Celia cuando se han despedido.

-JAVIER: Y yo a ti, pero es una semana, y te voy a acribillar a mensajes por el perro, y porque así nos distraemos el uno al otro, que en Zamora no hay tanto que hacer.

-YO: ¿Y con Celia?

-JAVIER: Hemos charlado, y sí, hablaremos, pero vamos a dejarnos nuestro espacio.

-YO: Está bien, pues vete ya, anda, que no llegas.

-JAVIER: Vale, cuídate mucho. – coge las maletas y le dedica una última mirada al perro, antes de darme un beso y marcharse. Me cuesta un par de tirones y chistar que Thor no salga corriendo detrás de Javier, pero al final me mira, con ojos tristes, y comprende que se queda conmigo.

-YO: Yo también le voy a echar de menos. – le acaricio la cabeza, y ya más obediente, se va conmigo, dedicando un par de vistazos atrás.

Al llegar a casa suelto al animal, que en su desconocimiento, busca a su dueño allí. Pero tras una hora dando vueltas, se calma, y se sienta a mi lado, junto al sofá. Da algo de pena ver a un portento de su tamaño, lloriquear un poco, gime angustiado, y acaba apoyando la cabeza en mi regazo. Se la acaricio con mimo, y tras un rato se le ve más animado.

Me ducho por segunda vez ese día antes de comer, y la verdad es que la tranquilidad de la casa es relajante. Salvo algún gruñido o el sonido de la respiración de Thor, el resto está tan silencioso que me emociona. Me bebo medio litro de agua comiendo, y me llevo otro frío medio al sofá. El perro se ha comido todo lo que le he puesto, y he tenido que reponer el cuenco para que beba.

Trato de tumbarme a descansar, pero entre el calor y los gimoteos del animal no puedo. Ahora no está triste, es que quiere subirse conmigo a dormir. Le digo que no, muchas veces, y le chisto, pero amaga un par de veces, y al final, se mete a la fuerza. Quiero echarlo pero me da lástima, y acabo acomodándome a su tamaño. Me recuerda a Javier borracho allí mismo, y tenerle entre mis brazos.

Duermo del tirón, pero a media tarde su ladrido me dice que quiere salir. Me pongo un vestido vaporoso de flores y salgo con él a pasear. Una vez en el parque le dejo suelto, y es cuando me llegan los mensajes de Carlos, comentando que han llegado bien a Londres. Aviso a Javier y me dice que se alegra, pero que a él le quedan al menos dos horas de trayecto. Y como tal, empezamos a hablar, casi como el primer día que me dio su número.

Charlamos hasta que llega a Zamora, y me dice que en cuanto pueda, me manda un mensaje. Dejo de estar abstraída y busco a Thor entre una maraña de perros en persecución de una mariposa. Le llevo a casa y nos bebemos cada uno al menos un litro de agua. Hago algo ligero de cena, y le pongo su pienso, que Javier me trajo hace dos días, junto a una mezcla de salchichas y carne picada, que se zampa desesperado hasta no dejar nada. Me tumbo en el sofá, y tras un leve duelo de miradas, le dejo subirse conmigo. Se hace una bola detrás de mis piernas y apoya la cabeza en mi cadera, le acaricio la cabeza con suavidad durante un rato, hasta que el sueño casi nos vence a ambos.

Es cuando le saco por última vez, es apenas una vuelta a la manzana, pero así se desquita. Al volver, me escribo con Javier, ha llegado bien y le digo que el perro está genial. Luego me pego otra ducha, la tercera del día, y me quedo pensando si ponerme algo encima, pero al final me dejo un tanga, y con eso ya tengo calor. El perro se tumba en el suelo de mi habitación, pero gimotea, y harta de verle con su carita triste, palmeo el colchón, y de un salto mueve casi toda la cama al subirse. Busca posición, me lame la cara y se tumba a mi lado. Es raro, pero el calor de su cuerpo me tranquiliza, hace mucho que nadie dormía conmigo, y caigo profundamente dormida acariciado del lomo a esa bestia de carácter afable.

Por la mañana me toca trabajar, así que me levanto, me ducho y me visto cómoda, saco al animal a dar un buen paseo a primera hora. Luego me cambio a ropa de oficina y le dejo comida y bebida, para pasarme unas cuantas horas fuera de casa. Todo el día estoy pendiente entre el trabajo y el móvil, charlando con ese joven que me tiene embobada, aunque no quiera.

Me dice que llegó bien y que se ha instalado, que está muy fresco y que me manda besos y caricias, supongo que en lo segundo, se refería para Thor. Me manda unas fotos suyas, el maldito va con jersey y todo, cuando aquí me sobran hasta las pestañas. Le cojo el gusto y le mando yo una instantánea mía en el trabajo, sentada en la mesa de mi oficina, saludándole con una gran sonrisa, y me responde que no sabe lo que le pasa a los hombres, cuando tendría que tener a todos besando por donde piso de lo guapa que soy. Me suelta ese tipo de cosas, y me confunde, porque me gusta ser halagada, pero sé que lo hace para que me sienta bien, no porque quiera nada conmigo, y no lo quiere porque yo misma le dejé claro que no lo habría. Eso me duele en muchos aspectos.

Regreso a casa sin dejar de hablar con él de lo que ha comido, y de lo mucho que le ha gustando ver a su familia. Al llegar temo encontrarme un desastre épico de Thor por dejarlo solo, pero simplemente me salta encima cuando entro, casi me tira, pero nada más. Se ha portado bastante bien, y juego con él un rato mientras me cambio, casi me ducho pero prefiero sacar al perro y hacerlo luego.

Me pongo las zapatillas, unos shorts blancos y una camiseta a rayas azules y negras, encima de la misma ropa interior del trabajo, y me veo estupenda en el espejo, con el cabello suelto dorado. Damos una gran vuelta hasta acabar en el parque del oeste de nuevo, y allí le suelto mientras juego a lanzarle la pelota y hacer carreras. Me divierto un montón con él, es incansable, y no se queja ni pide volver a casa. Termino rodando por el suelo junto a él, y como le estoy cogiendo el gusto a eso del móvil, le mando a Javier unos videos cortos de Thor, y de mí, haciendo un poco el tonto. La respuesta que recibo es demoledora, “Ojalá estuviera allí contigo”, me hace suspirar su franqueza. “Ojalá estuvieras, Thor te echa mucho de menos…y no es el único.” es mi contestación, junto con una foto de mi cara pegada a la del perro.

Volvemos a casa, y ahora sí, me pego una ducha para sacarme la suciedad y el sudor. Luego meto al animal a la fuerza en la ducha, y con un champú especial que me dejó su amo, le doy un buen cepillado. Es casi una hora de luchar contra los elementos, su fuerza y testarudez son entretenidas, y al finalizar, tengo que volver a ducharme, mientras él sale al pequeño balcón del piso a secarse al sol del atardecer. Cuando salgo, me pongo un tanga y un camisón para salir a la ventana con él, y mirar a la gente pasar. No falta el grosero que me suelta alguna guarrada, desde un segundo piso si no tengo cuidado se me ve todo, pero no me molesta.

Al entrar nos sentamos en el sofá, y me gusta verle buscar la forma de apoyar la cabeza en mis piernas o el costado. Luego cenamos copiosamente, el paseo me ha dejado famélica, y tras ver un rato la televisión, le saco a dar una vuelta en plena noche, con el camisón y todo. Normalmente no me atrevería, es tan corto como un vestido de “putón”, pero con Thor al lado no tengo miedo a nada, hasta la gente normal se aparta de él, y todo aquel que pueda tener mala pinta, recibe una mirada inquisitiva del perro antes de que pueda decir o hacer nada. Al volver a casa me voy directa a la cama, estoy rendida pero me paso una hora hablando con Javier, me dice que se lo está pasando bien con viejos amigos del pueblo, pero que se aburre un poco.

Le mando una foto de Thor estirado en mi cama, y al rato me dice que “es listo el jodido bicho, se va a tu cama y no a otra”. Me sonroja pensar que le tiene envidia al perro, al menos esta noche. Me acuesto y abrazo al pobre animal, que se deja hacer sin comprender que, en realidad, es un sustituto de su amo.

La semana pasa larga y eterna, en unos términos similares. Levantarme, pasear a Thor, ir a trabajar, volver, comer, ir al parque con el perro, regresar, ocuparme de la casa, cenar, sacar al dogo un poco, ver la televisión un rato, y dormir con él animal. Es simple, sumándole dos o tres duchas diarias, dependiendo de si baño al monstruo, que le tiene miedo a la bañera si le dejo solo, o no.

También paso las horas muertas hablando con Javier, es un encanto, y siempre me responde, da igual si tarda más o menos. Nos mandamos fotos y notas de audio, hasta me atrevo a mandarle un vídeo de Thor retozando conmigo en la hierba, en que por jugar con él, el escote es de vértigo.

Los primeros días me decía que estaba bien, y que me echaba de menos, con el tono amable que le caracteriza, pero en los últimos su tono ha cambiado, pasa mucho tiempo en casa, y no sabe qué hace allí, su familia le quiere, pero tienen sus trabajos y sus vidas, así que pasa mucho tiempo solo. Ahora ya no parecen frases protocolarias cuando dice que me quiere dar un abrazo que me va a partir en dos cuando me vea, está necesitado de un cariño y un afecto que allí no tiene, que estoy segura que Celia no es capaz de dar, y todavía menos por teléfono, desde Londres.

He hablado con Carlos, pero salvo decir que está bien, y que todos lo están pasando de cine, no responde nada más. En el ordenador veo que sube cosas de su viaje en las redes sociales, y para mi sorpresa, Isabel ha quedado relegada, sale poco o nada, mientras que Celia aparece en casi todas, siempre pegada a mi hijo. Me da muy mala espina, pero si a mí me la da, a Javier, que lo verá igualmente, imagino que más, y decido no comentar nada.

El fin de semana es de lo mejor. Dejo de ir al gimnasio por la mañana, me llevo a Thor a la Casa de Campo, una porción de bosque al sur de Madrid, y echo a correr con él a mi lado. Es una buena zona de día, y me cruzo con muchos otros ciclistas y corredores, así como grupos de familias acudiendo al zoo o al parque de atracciones, muy cercanos uno del otro. Me he llevado algo de comida y tirada bajo la sombra de un árbol, me la como, con el animal al lado, zampándose su parte correspondiente. Luego busco una fuente y reponemos líquidos, me hace cosquillas la lengua grande y áspera en mis manos cuando la uso de cuenco para él. Luego le mojo entero, ya que el calor aprieta y regresamos al coche dando brincos y saltos, esquivado también a alguna prostituta y drogadictos que empiezan a salir en cuanto llega la tarde, así como ancianos homosexuales que se esconden tras los matorrales para tocarse entre ellos.

Así es mi cuidad, un contraste tras otro.

Al regresar a casa me meto en la ducha, Thor se siente más cómodo si entro con él, y ahora se mete conmigo. Me dio algo de apuro el sábado, pero el domingo me encantó verle allí sentado mirándome como si no estuviera desnuda enjabonándome entera. Así le baño a él también y ahorro agua, que al ritmo que voy, agotaré los embalses cercanos a la capital.

Tras vestirme con un tanga y un sujetador cómodo, me pongo un vestido suave y me voy a comprar ropa a un centro comercial cercano. Se acercan mis tres semanas con Javier, y no quiero que me vea como hasta ahora. A parte que necesito biquinis, me he probado los viejos y no me gusta nada cómo me quedan, hasta tengo bañadores de cuerpo entero, que estilizan pero no enseño nada. Me digo que es para ponerme morena de sol natural, pero la verdad es que quiero impresionar a cierto joven.

Acabo con varias bolsas de ropa de secciones juveniles, es un gustazo verme con esa ropa, no me siento muy cómoda, ya que realmente todo se ha acortado o empequeñecido a niveles “sonrojantes”, pero no voy a negar que estoy tremenda con una minifalda elástica negra o un top banco sin mangas palabra de honor, que apenas cubre mis senos. En mi época de joven he llevado cinturones más anchos que esas prendas. De los biquinis, me han gustado varios, uno blanco y otros de flores estampadas que se atan por los lados con lazos diminutos, así como la parte de arriba, con pequeños triángulos que tapan lo justo. Y para remate, me he comprado un bañador de esos de tanga, negro, de hilo tan fino que atrás no tiene tela, solo las gomas, y al caminar con ellos noto una presión en mi vulva de lo más placentera.

Regreso a casa y me pruebo todas las combinaciones para verme lo mejor posible, con Thor allí sentado, mirándome, le pido opinión y todo, pero sólo ladea la cabeza y jadea. Me dejo un vestido negro de tela ligera, que si levanto ambos brazos se me ve el tanga, y como lleva la espalda totalmente al aire, voy sin sujetador a sacar al perro. Ni loca haría esto sin él, y vaya por delante que cada una puede ir como quiera, pero entiendo que se piensen los que me vean así, que voy pidiendo guerra. Tal vez lo haga, pero esperaré a que Javier venga para que me la den. Me ilusiono al ver que, incluso con el poderoso perro delante, alguno no pude evitar acercarse, siempre en tono amable y cariñoso, hablando de los animales, pero tratando de jugar conmigo. Soy amable, sonrío, pero nada más, mi objetivo es otro, y ya he demostrado que estoy para comerme entera.

De vuelta apuro el paso, no es que nadie me siga, pero tengo algo de miedo, no he debido regresar tan tarde. No ocurre nada, y al llegar me pego un buen baño, con el perro sentado mirando cómo me relajo. Quiero estar reluciente, mañana viene Javier. Me paso una hora decidiendo si le mando las fotos de hoy, no se ve nada raro, pero si lo hago le quitaré la parte de la sorpresa. Simplemente me escribo con él, y noto, temblando de alegría, que está deseando verme, me ha dicho, literalmente “Dios, no sabes cuantas ganas tengo de abrazarte y no soltarte en tres semanas.”, es lo que más deseo ahora mismo. Temo mucho estar equivocándome, otra vez, pero tengo la sensación de que si no hago algo antes de que Celia regrese, me lo arrebatará para siempre, tengo que aprovechar esa leve brecha en su relación.

Salgo y me doy un buen tratamiento para la piel, me pongo unas braguitas y un camisón para acostarme, pero a mitad de noche el calor, y el tibio cuerpo de Thor, me pueden, y me quito el satén, abrazando al animal, que me lame el cuello, casi como si entendiera que estoy necesitada de caricias. Me quedo dormida y sueño con mil situaciones que puedan darse a partir de hoy, sobretodo, empezando por mañana.

Continuará…

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