MALCRIADA2
Antes de nada tengo que reconocer que he escrito este relato porque una buena amiga, me ha puesto una pistola en el pecho.
Sin-t-C3-ADtulo15“O escribía un nuevo relato de prostituto sobre Ivanka o dejaba de enviarme sus sensuales fotos”
Como comprenderéis, ¡Lo he escrito!. Es la primera vez que relato algo sobre un personaje real y aunque usaré hechos verídicos para darle cierta verosimilitud, todo lo demás será parte de mi febril imaginación y no tiene nada que ver con la realidad.
 
 
 
Acababa de mudarme de apartamento. Después de dos años siendo el prostituto de moda de Nueva York, decidí darme un capricho y por eso me mude a un piso más grande situado en la mejor zona del Soho. Con mi cuenta corriente rebosando de dólares y apenas veinticinco años, la vida me sonreía. No solo tenía un trabajo que me reportaba pingües beneficios sino que había conseguido exponer mis cuadros en una galería de la quinta avenida.
Esa mañana de un lunes, al levantarme de la cama, no se me pasó por la cabeza que mi existencia iba a dar un vuelco y que todos mis planes. Como todos los días, después de desayunar me puse a pintar mientras esperaba una llamada de mi jefa para decirme cual sería mi siguiente contrato.
Por eso cuando sonó mi móvil y apareció Johana en la pantalla, contesté mecánicamente:
-¿Qué tal preciosa?
-¡Necesito verte!
La urgencia con la que me habló, me hizo comprender que algo pasaba. Creyendo que sería un tema suyo personal, le pregunté donde quería que nos viéramos. Me alarmó que tardara en contestar pero aún más cuando en vez de ser ella, fue otra mujer con acento extranjero la que me dijera:
-Le esperamos en la entrada del Central Park frente al Plaza en veinte minutos.
El tono seco de esa zorra me hizo salir de mi recién estrenado piso corriendo sin mirar atrás. No quería llegar tarde y por eso cogí un taxi, al recordar lo difícil que era conseguir un aparcamiento en esa zona. Por mucho que intenté darme prisa, cuando llegué a donde habíamos quedado ya estaba Johana esperándome.
Acompañada por un enorme chino y una cuarentona de su misma nacionalidad, se la veía aterrada. Os juro que algo me hizo comprender que su vida corría peligro. El dolor y el miedo reflejado en su rostro me alteró y enfrentándome a esos dos sujetos, me encaré con ellos preguntando que cojones pasaba.
La mujer en voz baja me respondió:
-Acompáñeme a dar un paseo, si hace lo que le decimos, devolveremos a su jefa sana y salva.
Aunque sopesé liarme a golpes con esa mole, la prudencia y sobre todo la seguridad de esa pelirroja, me hicieron obedecer y sumisamente acompañe a la oriental dentro del parque mientras Johana y el tipo se quedaban fuera.
La diminuta mujer, con paso firme, tomó un camino poco transitado y solo cuando llegamos a un espeso pasaje con arbusto, me hizo sentarme en un banco.
-¿Qué quiere de mi jefa? ¿Por qué la tiene retenida?
Con absoluto hieratismo, esperó que terminara y entonces, me contestó:
-De ella nada, es usted al que necesitamos.
-¿A mí?- respondí tan extrañado como furioso mientras intentaba cavilar en qué cojones me había metido para que esos dos tomaran la decisión de secuestrarla, ¿Quieren dinero?
La guarra soltó una carcajada y recuperando de inmediato su compostura, me soltó:
-Necesitamos sus dotes con las mujeres. Hay un personaje que a mis superiores les resulta muy molesto y quieren sus servicios para neutralizarlo.
Más tranquilo al saber que sin duda sería un tema de faldas pero en absoluto confiado, contesté que aceptaría acostarme con quien ellos me mandasen pero que por favor, dejaran a la mujer a un lado.
-Sabe que no podemos- me respondió- su amante se quedará con nosotros hasta que cumpla con su cometido.
Estuve a punto de decirle que entre Johana y yo no había nada pero asumiendo de que de nada serviría, le pregunté:
-¿Qué quiere que haga?
La secuestradora sonriendo dijo:
-Nada que no haya hecho antes, queremos que se acueste con Ivanka Trump- y despidiéndose de mí, dijo que ya se pondrían en contacto.
 
Las condiciones de mi “trabajo”.
Hecho una verdadera mierda salí del parque. Sabía que la vida de Johana dependería de lo que hiciera y al saberlo, me percaté por primera vez de lo importante que era esa pelirroja en mi vida.
Durante los últimos dos años, no solo había sido mi jefa sino también mi mejor amiga y mi confidente. Y ahora que su futuro dependía de mí, me dí cuenta de que no podía concebir una existencia sin ella a mi lado. Si durante todo ese tiempo, habíamos jugado al perro y al gato respecto a nuestros mutuos sentimientos, con ella en peligro, no podía seguir engañándome:
“Estaba totalmente colado por esa pecosa”.
En el taxi de vuelta a casa, me asaltaron imágenes de Johana siendo torturada y con un dolor que me correía las entrañas, comprendí que tenía que evitar que la mataran.
 
“Mierda” pensé al tratar de visualizar mis siguientes pasos, “ Aunque consiga engatusar a esa rubia, Donald Trump es un enemigo formidable”.
 
Mi futuro era aciago. Si no cumplía a rajatabla las instrucciones de los orientales, podía dar por perdida a mi amiga, pero si lo hacía y ese magnate se enteraba, era claro que se vengaría. Tomando eso en cuenta y también el hecho de que una vez cumplido el encargo, lo mas seguro para esos putos chinos sería acabar conmigo, comprendí que debía de alguna forma desbaratar sus planes sin poner en riesgo la propia existencia de Johana.
Si creía que ya en mi piso tendría tiempo de planear una estrategia, me equivoqué porque nada más entrar me llevé una desagradable sorpresa:
 
¡Sentada en mi sala había una asiática preciosa!
 
No me tuvo que explicar su presencia allí. Al verla supe que era parte de la trama que había secuestrado a mi jefa y por eso, sin darle importancia me quité la chaqueta y desde la cocina le pregunté si le apetecía una cerveza. La maldita china no solo me contestó que sí, sino  que viniendo a donde yo estaba se sentó en una de las sillas con cara de recochineo.
-Veo que no te ha sorprendido verme aquí- dijo con marcado acento mientras tomaba un sorbo de la botella.
-La verdad que no- confesé. -Me imagino que vienes a darme las pautas que tengo que seguir.
Mis palabras le hicieron recordar su misión y apurando su bebida, me soltó:
-Así es. Como sabes para mis jefes esta misión es muy importante y por eso me han encomendado tanto instruirte como acompañarte hasta que la lleves a cabo.
Eso sí resulto una sorpresa. No me esperaba que esa mujer se quedara conmigo y viendo que era inevitable su compañía, le pregunté que era lo que realmente querían que hicieras.
-Llevamos estudiando la organización Trump mucho tiempo y hemos descubierto que la única pieza débil de toda su estructura es la hija de su dueño.
-No comprendo de qué os sirvo-, me quejé, – no solo no conozco a Ivanka sino que por lo que sé de esa rubia, de tonta no tiene un pelo y va a ser difícil de embaucar.
La mujer me miró con cara seria y tras meditar que era lo que me podía  decir y que no, me explicó:
-Lo sabemos y por eso mismo su padre confía ciegamente en ella. Nunca voluntariamente lo traicionaría ni pondría en peligro sus aspiraciones políticas…- En ese momento comprendí la razón de todo ello. Donald Trump no solo recelaba de todo lo chino sino que se había postulado como candidato conservador a suceder a Obama. Por eso permanecí callado mientras la oriental seguía explicando.- pero nada va a poder hacer para evitar seguir tus órdenes.
-¿Mis órdenes?- totalmente confundido, rectifiqué: -¿Qué parte de lo que os he dicho no me has oído?. ¡No la conozco!
-Pero ella ¡Si! – respondió y ante mi cara de asombro, me dijo: -¿Recuerdas a Erica Waldorf?
-Por supuesto- respondí –Es una de mis mejores clientas.
-Pues hace casi un año te vio con ella y preguntó a las personas que tenía alrededor por si alguien te conocía.
 
-Vale- dije tratando de aclarar el asunto. –La tal Ivanka me ha visto un día y se ha mostrado interesada pero de eso a que venda a su viejo por mí, va un trecho.
Soltando una carcajada, me pidió otra cerveza y mientras la sacaba del refrigerador, me explicó:
-Ahí es donde entran nosotros. Llevábamos siguiendo a esa ricachona largos años y jamás se mostró interesada por otro hombre que no fuera su marido. Por eso al oir la cinta donde tan abiertamente manifestaba su admiración por ti, decidimos estudiar vuestra afinidad. No te imaginas nuestra alegría en cuanto demostramos que eras totalmente compatible.
Sin entender de que servía eso, me quedé callado. La china viendo que tenía toda mi atención, prosiguió diciendo:
-Una vez te habíamos encontrado, el resto ha sido fácil. Por medio de la estimulación de su subconsciente, hemos incrementado su atracción por ti hasta extremos impensables. En cuanto te vea no va a poder resistirse e caerá entre tus brazos.
-¡De acuerdo!- rebatí todavía confuso- de algún modo que no me vas a explicar, tu gente ha conseguido que esa rubia se pirre por mí. Suponiendo que es así, no creo que se deje manipular por un desconocido hasta el extremo de traicionar a su padre.
-¡Te equivocas!-contestó: -Cuando te dije que la hemos manipulado, no me he explicado bien, la realidad es que le hemos lavado el cerebro y hoy en día está condicionada a obedecerte sin rechistar.
“¡No es posible!” pensé al advertir el verdadero significado de sus palabras. Si era cierto lo que decía la pobre Ivanka estaba en sus manos al igual que yo. Tratando de encontrar la lógica al asunto, y creyendo que lo que querían era sacarle fotos comprometedoras, pregunté:
-Bien, y entonces, ¿En cuánto os la ponga en bandeja soltareis a Johana?
-No, además de acostarte con ella, deberás introducir un virus en sus ordenadores.
No tuve que ser un genio para comprender que no iban a dejar escapar una herramienta tan poderosa y que cuando terminara esa misión, me darían otra hasta que habiéndome exprimido ya no les fuera de utilidad. Cabreado, la dejé con la palabra en la boca y me dirigí a mi habitación. Iba a cerrar la puerta para quedarme solo cuando esa puta me lo impidió diciendo:
-Tienes prohibido quedarte solo. Hasta que cumplas con lo que se te ha ordenado, deberé estar siempre junto a ti.
Hecho una furia, la dejé pasar y tratándola de hacerla pasar un mal rato, le solté:
-Voy a ducharme.
La muy zorra sonrió y por mucho que intenté que se le borrara, desnudándome enfrente de ella, solo conseguí que disfrutara echando un ojo a la mercancía que tenía cautiva.
“Maldita hija de puta” mascullé entre dientes mientras entraba al baño.
La oriental sentada en la cama, se rio y sin perderme de vista, me ordenó que no cerrara la puerta. Su actitud me encabronó de sobremanera y obviando que esa monada estaba mirándome a través de la mampara, me empecé a duchar. Os reconozco que no fui insensible a su examen y cerrando los ojos me puse a imaginar cómo sería esa china en pelotas. Por el ceñido conjunto con el que iba vestida sabía que esa mujer estaba dotada de dos pechos espectaculares pero nada me hacía imaginar cómo tendría los pezones.
Un ruido en el baño, me hizo girarme y fue cuando me percaté que esa zorra se había desnudado y que con una sonrisa se aproximaba a mí. Con una superioridad clara, la jodida oriental abrió la ducha y antes de que pudiera hacer nada,  se había arrodillado frente a mí y se había apoderado de mi miembro. Con auténtica maestría cogió mi pene entre sus manos y sin más prolegómeno, vi cómo sacaba la lengua y que se ponía a lamer mi extensión mientras sus manos acariciaban mis testículos. En silencio y de pie, observé a esa mujer metiéndose mi pene lentamente en la boca. Sus labios presionaron cada centímetro de mi miembro mientras lo hacía, dotando a su maniobra de una sensualidad sin límites.
Tengo que reconocer que me sorprendió su pericia mamando. No solo fue precisa sino que como una autentica devoradora, se engulló todo y no cejó hasta tenerlo hasta el fondo de su garganta. Entonces y solo entonces, empezó a sacarlo y a meterlo con gran parsimonia mientras su lengua no dejaba de presionar dentro de su boca. Poco a poco fue acelerando la velocidad de su mamada hasta convertirse en una ordeñadora que podría competir con las putas mas expertas en el arte de la felación. Sabedora de lo que estaba sintiendo, se sacó la polla y con tono pícaro, preguntó:
-¿Ves que no todo es malo?
Ni siquiera me digné en responder y satisfecha por mi falta de respuesta, se volvió a embutir toda mi extensión y esta vez, no se cortó, dotando a su cabeza de una velocidad inusitada, buscó mi semen como si su vida dependiera de ello.
-¡Dios!- exclamé al sentir que mi pene era un pelele en su boca y deseando correrme dentro de ella, no le avisé de la cercanía de mi orgasmo.
Ahora sé que de nada hubiera servido un aviso porque, con auténtica obsesión, buscó mi clímax. Al obtenerlo y explotar mi pene en su interior, sus maniobras se volvieron frenéticas y con usando la lengua como cuchara fue absorbiendo y acumulando todo el esperma que se derramaba en su boca.  Con su buche lleno, salió rápidamente de la ducha dejándome insatisfecho. Acto seguido, escupió el contenido de su boca en un bote y poniéndole la tapa, sonrió encantada.
-¿Qué haces?- pregunté al ver su acción.
Muerta de risa, me contestó:
-Nos faltaba una muestra de tu semen para completar su tratamiento y que esa rubia no pueda escapar de nuestro dominio,
Comprendí que de alguna forma, iban a usar mi simiente para que si su víctima la probaba desde su envase original, quedara marcada sin remedio. Habiendo cumplida su misión, la mujer se introdujo bajo la ducha y pegando su cuerpo al mío, me soltó:
-¡Ahora quiero comprobar porque las neoyorquinas te consideran el mejor!

Indignado por el modo en que esa zorra me usaba, no me pude contener y dándole la vuelta, separé sus nalgas con mis manos y sin esperar su permiso, llevé una de mis yemas hasta su ojete. La resistencia de su ano me confirmo que se había usado poco y creyendo que si le daba por culo podría humillarla, le incrusté el segundo. El chillido de placer con el que esa oriental contestó a mi maniobra, me dejó claro que iba errado pero ya inmerso en la lujuria, decidí que no había marcha atrás.  Olvidando toda precaución y cogí mi pene en la mano y tras juguetear con mi glande en esa entrada trasera, forcé estrecho agujero con mi miembro.

La china sin quejarse pero con lágrimas en los ojos, absorbió centímetro a centímetro mi verga y solo cuando sintió que se la había clavado por completo, se quejó diciendo.
-¡Mas despacio!
Intentando incrementar su castigo, empecé a moverme sin esperar  a que se acostumbrara mientras me aferraba a sus enormes pechos. Sin escuchar sus gritos seguí deslizando mi miembro por sus intestinos. Desgraciadamente, la presión que ejercía su esfínter se fue diluyendo por lo que comprendí que en poco tiempo el dolor iba a desaparecer y sería sustituido por  placer.
Previéndolo aceleré mis penetraciones. La china se quejó y en vez de compadecerme de ella, le solté:
-¡Cállate puta y disfruta!
Que su víctima no le obedeciera y que encima le insultara, le cabreó y tratando de zafarse de mi acoso, me exigió que parara. Pero entonces por segunda vez, la desobedecí y recreándome en mi rebeldía, di comienzo a un loco cabalgar sobre su culo.
-¡Me haces daño!- chilló al sentir el rudo modo con el que la estaba empalando.
-¡Es tu puto problema! – fuera de mí, grité y recalcando mis insubordinación, solté un duro azote en una de sus nalgas.
El dolor que escocía en su cachete, le hizo reaccionar y sin llegárselo a creer, empezó a gozar entre gemidos. Fue entonces cuando decidí seguir castigando sus posaderas, la mujer más excitada de lo que podría reconocer a sus superiores, me pidió que la siguiera empalando mientras su mano masturbaba con rapidez su ya hinchado clítoris.
La suma de todas esas experiencias terminó por asolar todos sus cimientos y en voz en grito me informó que se corría. El oír su entrega y como me rogaba que derramara mi simiente en el interior de su culo, fue el detonante de mi propio orgasmo y afianzándome con las manos en sus pechos, dejé que mi pene explotara en sus intestinos.
Agotado salí de la ducha dejando a mi captora tumbada en la ducha y dejándome caer sobre el colchón, me puse a pensar en cómo librarme de esa puta. No llevaba ni un minuto en mi cama, cuando la oí llegar y tumbándose a mi lado, sin el menor atisbo de rencor, me dijo:
-Ahora comprendo porque esa ricachonas pagan tanto dinero- y sin dar ningún valor a mi claro desagrado se agachó entre mis piernas. Ya estaba reanimando mi maltrecho pene cuando levantando su mirada, soltó: -Por cierto, ya que vamos a disfrutar uno del otro en los próximos días, me llamo Kim.
Los cinco días de espera con la china.
La compañía de Kim fue obsesiva. Cumpliendo las órdenes recibidas, no solo me quitó el móvil sino que convirtiéndose en mi sombra, no me dejó solo ni un minuto, llegando incluso, una mañana en la que la había convencido para salir a desayunar en el bar de al lado, a intentar meterse conmigo en el baño de hombres.
Cabreado, le solté que prefería hacérmelo encima a pasar la vergüenza de ni siquiera poder mear a gusto. Por vez primera, la maldita oriental se comportó como un ser humano y a regañadientes, me permitió entrar solo. El poder desayunar allí y entrar solo a hacer mis necesidades, fueron las únicas victorias que tuve en esos cinco días porque el resto de la semana, esa zorra se mostró implacable.
Para que os hagáis una idea, ni siquiera podía tener contacto por teléfono con nadie, siendo ella la que llamaba a los sitios para que nos trajeran la comida. Ella recibía al mensajero, ella le pagaba y evitaba cualquier contacto con el exterior. Su estricta vigilancia incluyó cortarme el teléfono, quitarme la cartera e incluso las llaves del coche. Ella decidía cada mañana que tenía que ponerme, que canal de televisión podía ver y sobre todo cuando follaríamos.
La muy guarra le cogió gusto a mi pene y en cuanto le picaba el chichi, me obligaba a satisfacerla sin importarle que me repeliera hacerlo. Aunque Kim era un mujer guapa, con un cuerpo exquisito y una amante sin igual, le cogí manía y por eso cuando la veía acercarse entornando los ojos, ya sabía que daba igual  que me quejara porque esa mujer no cejaría hasta sentirse satisfecha.
Hastiado, hasta los cojones y harto de ser su juguete sexual, el viernes en la mañana, exploté y encarándome con ella, le exigí que me dijera cuando terminaría esa agonía. La oriental se carcajeó de mí y mientras se quitaba las bragas para reanudar su peculiar acoso me dijo:
-Hemos conseguido una invitación para una fiesta donde te encontrarás con Ivanka.
Juro que fue la primera vez, que no me importó que esa guarra hiciera uso de mí porque de alguna manera supe que a partir de esa noche todo se aceleraría. Kim ajena del rumbo de mis pensamientos, se acomodó encima de mí y tal y como había hecho durante cinco interminables días, se empezó a empalar en silencio.
“Esta tía es insaciable” sentencié al comprobar que poniéndose a horcajadas sobre mí, se volvía a ensartar. Ya empalada, se quitó el vestido dejándome disfrutar de su cuerpo al desnudo y moviendo su trasero, buscó reanudar su celo. Yo mientras tanto, aunque están enfadado no pude mas que admirar la perfección de sus pezones y ya excitado, llevar mis manos hasta sus pechos. Queriendo que sufriera, cogí sus botones entre mis yemas y los pellizqué salvajemente. Mi gesto fue la señal de inicio de su salvaje cabalgar.
La zorra de Kim, usando mi pene como si fuera un machete, se asestó fieras cuchilladas mientras berreando como una loca me gritaba su pasión. Inspirado por su entrega, cogí entre mis dientes sus aureolas mientras le marcaba el ritmo con azotes en su culo. Ella al sentirlo me gritó:
-¡Dame duro!
Sus palabras me confirmaron lo que ya sabía y por eso tratando de incrementar su excitación, le solté:
-Eres una puta barata.
La oriental en vez de enfadarse, rugió de lujuria y sin esperar a que yo tomara la iniciativa, se levantó y poniéndose a cuatro patas, me exigió que la tomara por detrás. Al verla separando con sus manos sus nalgas, me puse a su lado y recogiendo un poco de flujo de su sexo, embadurné con él su ojete.
-¡Dale a esta puta lo que se merece!- bufó mientras colaboraba conmigo, llevando una mano a su sexo.
Decidí no esperar y acercando mi glande a su esfínter, con un golpe de mi cadera, la penetré. La mujer ni siquiera se quejó al sentir mi extensión iba rellenado su conducto. No me lo pude creer, ni una queja ni un sollozo. Desde el primer momento, esa zorra estaba disfrutando y retorciéndose como una anguila, me exigió más velocidad. Su petición abolió todos mis reparos y forzando mi penetración al máximo, me puse a disfrutar bestialmente de la entrada trasera de esa mujer.
Os juro que usé, gocé y exploté a esa zorra con profundas estocadas, pero retorciéndose de gusto, mi captora gritó vociferando lo mucho que le gustaba que le hiciera el sexo anal. Fue al cogerme de sus pechos para acelerar mis embestidas cuando llegó a mis oídos su orgasmo. Aullando la oriental se corrió por enésima vez en esa semana pero lejos de estar satisfecha me reclamó que siguiera.  Pero entonces, sacándosela de su interior, le dije:
-Si quieres que esta noche cumpla con Ivanka será mejor no malgastar mis fuerzas.
Con un evidente disgusto, me dio la razón y refunfuñando dejó que me abrochara la bragueta dejándola alborotada. Esa victoria insignificante, levantó mi ánimo y con mejor humor esperé a la fiesta.
Conozco a Ivanka.
Contra toda lógica, estuve todo el día nervioso. Algo en mí, me decía que tenía que mantener la calma pero por mucho que lo intenté no pude. Deseaba no solo cumplir mi cometido para volver a ver a Johana pero también me reconcomía saber si las maniobras de esos tipos habían conseguido su objetivo e Ivanka al verme caería postrada a mis pies.
Por los periódicos, sabía que esa rubia no tenía nada que ver con la típica hija de papá y que a pesar de haber hecho sus pinitos en el mundo de la moda, había terminado una carrera y ahora era la vicepresidenta de todo el conglomerado Trump. Casada con un judío riquísimo, no se le conocía ningún tropiezo y por eso se consideraba que tenía un matrimonio a prueba de bombas.
“Lo que intentan los chinos me suena a ciencia ficción”, me dije mientras me anudaba la pajarita del frac con el que iría a esa fiesta. “Es imposible que esa pantera olvide su posición y se convierta en una dulce minina solo con mirarme”.
Ya  vestido tuve que esperar a que Kim terminara. Al hacerlo y por mucho que la odiara, tuve que reconocer que esa puta estaba muy buena. Embutida en un traje de seda negro, su belleza oriental daría que hablar en esa reunión porque la delgada tela no ocultaba sino realzaba la perfección de su culo y cualquiera que lo viera, desearía hacerlo suyo.
Debido a que estaba presenté cuando se vistió no pude evitar que bajo mi pantalón, mi pene me traicionara con esa zorra y poniéndose erecto dejó claro mis pensamientos aunque cuando me preguntó si estaba guapa, yo le respondiera que parecía una criada filipina. Mi deliberado insulto no la afectó y cómo ya estábamos listos, la china me ordenó salir con ella hacía la fiesta.
Ya en el taxi, me informó que el evento al que íbamos tenía por objetivo recaudar fondos para la Fundación Trump.
“Migajas para sentirse bien” pensé al analizar la costumbre de los ricachones americanos de crear fundaciones con sus nombres.  Sus propias conciencias les obligan a devolver a la sociedad parte de lo que la han robado.
La recaudación iba a tener lugar en la torre Trump y al llegar me sorprendió ver el estricto protocolo de seguridad que tuvimos que pasar. No solo nos obligaron a cruzar dos arcos detectores de metales sino que contaban con escáneres personales a los que nos tuvimos que someter. Mientras a Kim la revisó una latina, a mi me tocó soportar que un negrazo de mas de dos metros me pasara por mi cuerpo el jodido detector.
Al mirar a los demás asistentes, reconocí en sus caras a muchos de los que aparecen en las páginas salmón de los diarios financieros. Que esos chinos me hubieran conseguido una entrada personal, hablaba de su poder y con un escalofrío, supe que me iba a resultar casi imposible librarme de ellos. Como el evento consistía en un coctel, con tranquilidad me dirigí hacia la barra. Mientras pedía una copa para mí y otra para mi acompañante, busqué con la mirada a mi supuesta víctima y aunque por lo que sabía esa mujer medía uno ochenta, me resultó imposible localizarla:
-¿Estás segura de que viene?- pregunté al no encontrarla.
La oriental sonrió diciendo:
-Esa princesa no se perdería este baile por nada del mundo y mas teniendo en cuenta que su marido no está en Nueva York.
La ausencia de Jared Kushner facilitaba las cosas porque no me apetecía tener que enfrentarme con el judío. El saber que nada podía hacer hasta que llegara me permitió observar con detenimiento al público presente. Se notaba a la legua que esa gente nadaba en dinero y no solo por las joyas que lucían las mujeres sino  porque todos y todas destilaban poder y clase a raudales.
Mi espera se prolongó durante más de media hora. Como en las películas la susodicha heredera apareció por las escaleras mientras un susurro de admiración se extendía entre los integrantes de esa fiesta. Os reconozco que incluso yo, que estaba habituado a las mujeres hermosas, me quedé paralizado por la prestancia de esa mujer. Tras echarla una rápida mirada, me pareció imposible que esa belleza fuera madre de dos hijos.
“Coño, ¡Está buenísima!” me dije al admirar su figura y recrearme en su cara.
En contra de la idea preconcebida que tenía de ella, Ivanka se comportó con una exquisita educación, repartiendo besos y saludos a su paso. Todo el mundo deseaba hacerse una foto con ella y en vez de quejarse, esa rubia aceptó de buen grado todas y cada una de las peticiones al respecto. Cómo su función en ese acto, era servir de anfitriona, poco a poco se fue acercando hasta el estrado. Una vez allí cogió el micrófono y pidiendo silencio a los presentes, les agradeció el haber venido.
Su voz profundamente femenina tenía un tono tan atrayente que me cautivó desde el principio. Os juro que el notar que esa mujer me atraía en vez de alegrarme, me aterró porque comprendí que o tenían razón los chinos y éramos totalmente compatibles o por el contrario de algún modo siniestro, ¡A mí también me habían manipulado!  
Incapaz de retirar mi atención de ella, admire su sonrisa y la elegancia de sus gestos al hablar. Todo lo que hacía era majestuoso, el modo en que caminaba, como ladeaba su cara al posar para los fotógrafos e incluso la forma en que se sentó parecía de un miembro de la realeza de cualquier país europeo.
Confieso que empecé a ponerme nervioso, al comprobar que me resultaba extremadamente difícil retirar mis ojos de esa mujer. Cada vez que intentaba fijarme en otra persona, algo en mí me impelía a retornar a esa belleza de piel blanca y labios rojos.
“¡Estoy jodido!”, admití al notar que no era normal eso y que de alguna forma los enemigos de esa mujer, me habían lavado el cerebro.
Cabreado, me encaré con Kim y con las venas de mi cuello a punto de estallar, le exigí que me confirmara si tal y como me temía,  habían experimentado con mi mente. No tuvo tiempo de contestar por que justo cuando iba hacerlo alguien me tocó en el hombro. Al girarme me encontré cara con cara con esa mujer.
La mujer luciendo una sonrisa de oreja a oreja, se presentó diciendo:
-Soy Ivanka Trump.
Confieso que creí estar en el paraíso cuando esa rubia extendió su mano y la cogí. Casi balbuceando, respondí:
-Encantado señora, me llamo Alonso Ruiz.
-Lo sé- me contestó con una alegría contagiosa.
Que supiera mi nombre, me destanteó y sin saber cómo comportarme, le pregunté si quería algo de beber. La mujer dudó durante unos instantes y tras meditarlo, me pidió una copa de champagne. Ni siquiera tuve que llamar al camarero porque como arte de magia apareció uno con lo que pedía esa rubia despampanante.
Mientras sorbía de su copa, entornó los ojos antes de decirme:
-Nunca creí que volvería a verle.
Su confesión terminó de confundirme y extrañado le pregunté cuando nos habíamos visto.
-Usted no me ha visto con anterioridad pero yo sí- respondió con tono feliz. –Un día le vi acompañando a una amiga.
Comprendí que se refería a Erica Waldorf tal y como me había revelado la china. Aunque nunca me había avergonzado mi oficio, con ella la certeza de que conocía a que me dedicaba me hundió en la miseria y solo gracias que al sentir Ivanka que de algún modo había metido la pata, decidió compensar su acción con un suave beso en mi mejilla, evitó que huyera de ese lugar.
Al sentir la dulce caricia de sus labios, creí morir y totalmente excitado, estuve a un tris de abrazarla frente a todos y besar a esa rubia tentación. Afortunadamente, no lo hice pero al mirarla, descubrí que ella también se había excitado porque bajo su vestido, dos pequeños bultos la dejaron en evidencia.  Durante unos segundos nos quedamos callados porque ambos fuimos conscientes de que la atracción que asolaba nuestros cuerpos era compartida.
El rubor de sus mejillas se incrementó en cuanto le pedí que se sentara conmigo en la barra, tras dudarlo, lo pensó mejor y aceptando, cogió un taburete.  Olvidándonos del resto del universo, como si fuéramos unos adolescentes y aquella nuestra primera cita nos pusimos a charlar animadamente mientras Kim permanecía en un segundo plano.  Aunque resulte difícil de creer estando con ella, mis problemas desaparecieron momentáneamente y realmente disfruté de su compañía. A Ivanka le debió de pasar algo parecido porque ante varios intentos de sus ayudantes de llevársela a ver a otros donantes de su fundación, se negó en rotundo y comportándose como una dama encantadora, me apabulló con su ternura.
“Dios, ¡No puedo traicionar a esta criatura!” pensé sin darme cuenta de que eso condenaría a una muerte seguro a Johana.
Estaba a punto de reconocerle la tela de araña en la que ambos estábamos enredados cuando Kim se acercó y me dijo al oído:
-Tienes que comprobar hasta donde llegan sus cadenas mentales.
Esa frase rompió el encanto en el que me había auto instalado, olvidándome de la verdadera razón por la que estaba en ese lugar y con autentico dolor, comprendí que debía obedecerla.  Haciendo caso omiso a que esa mujer estaba felizmente casada y que encima estaba rodeada de sus amistades, acerqué mi cara a la suya y le susurré:
-Te deseo.
La heredera, dejando a un lado que era un desconocido quien le había hecho esa confidencia, se puso colorada y bajando la mirada, me respondió:
-Yo también -sus pezones erectos y el sudor que empezó a recorrer su frente fueron señales inequívocas de lo que esa rubia sentía.
 La confirmación de su atracción por mí, me dio alas para seguir verificando los límites de su claudicación y como no deseaba dejarla en ridículo, le pedí que fuéramos a un lugar con menos gente.  Sin pensarlo dos veces, Ivanka asintió y cogiéndome de la mano, salimos del salón mientras Kim nos seguía sin hacerse notar. Disimulando ante los personajes con los que se cruzaba, la rubia me iba explicando los logros de su fundación pero en cuanto nos metimos junto con la china en el ascensor, me besó con frenética pasión.
Saber que esa lujuria era inducida me hizo sentir mal pero bajo mi pantalón mi pene no entendía de moral y ni siquiera me había tocado cuando ya había alcanzado su máxima erección. Por otra parte, la excitación de la millonaria no solo era evidente sino que sin importarle que hubiese otra mujer presente, me soltó:
-Necesito ser tuya.
Fue entonces cuando poniéndose entre nosotros dos, Kim la separó diciendo:
-Si quieres a Alonso, tendrás que ser también mía.
La cara de angustia de esa rubia me dolió pero reponiéndose en el acto, le respondió indignada:
-No soy lesbiana.
La oriental, al oírla, me miró y con gesto serio, me dijo:
-Dile que me bese.
Comprendí cual era la intención de esa zorra. Todo el mundo sabía que Ivanka Trump había hecho siempre gala de su sexualidad y nunca había dado motivo para que alguien supusiera que se sentía atraída por otras mujeres. Como no podía negarme, le dije con un sentimiento ambiguo:
-Bésala.
Olvidando sus antiguas reticencias, cogió a Kim y tal como había hecho conmigo, la besó con ardor. El verla obedecer sumisamente mis órdenes me calentó y aprovechando que habíamos llegado al piso donde tenía ella un apartamento, le pedí que se pusiera al lado de mi acompañante. La oriental no se esperó esa orden y menos que aprovechando su turbación, me pusiera a su espalda y sin esperar a que reaccionara, le desabrochara la blusa poniendo sus pechos a disposición de Ivanka.
Esta, comprendió mis deseos y no esperó mi orden. Influenciada por el lavado de cerebro al que se había visto sometida, metiendo su cara entre los senos de la china, abrió la boca y empezó a mamar. Alucinado, vi la lengua de Ivanka recorriendo esas areolas mientras yo, también excitado, frotaba mi pene contra el culo de Kim.
Nuestro ataque a dos bandas, la desarmó y desnudándose ella misma, disfrutó de nuestras caricias. De pie y con las piernas abiertas, dejó que los besos de la millonaria fueran bajando por su cuerpo pero cuando advirtió que la muchacha se acercaba a su sexo, quiso que fuera yo quien usara a la rubia porque de eso dependía su completa sumisión.
-¡Cállate y disfruta!- le dije al oído y para forzar su calentura, abriéndole las nalgas jugueteé con su trasero.
Completamente cachonda, cuando sintió la húmeda caricia de Ivanka en su vulva, pegó un chillido y presionando contra su pubis la cara de la rubia, le rogó que continuara. No se lo tuvo que pedir dos veces y siguiendo mis deseos,  separó con sus dedos los pliegues de la oriental y  con los dientes, se puso a mordisquear el botón que se escondía en su sexo. Kim que hasta ese instante había mantenido una frialdad profesional, sintió que se le acumulaban las sensaciones y pegando un grito, se corrió.
Tras unos momentos donde se quedó traspuesta, recordó su misión y separándose de la rubia, me dijo:
-Según mi jefa, el acondicionamiento de Ivanka es tan brutal que solo con que se lo pidas llegará al orgasmo.
Aunque no quería manipularla de ese modo, el morbo de comprobar hasta donde llegaba, me hizo mirar a la rubia y decirle:
-Córrete para mí.
La primera reacción de Ivanka fue de incredulidad pero entonces como si estuviera siendo poseída por un incendio, sintió que la excitación se iba acumulando en su entrepierna y antes de que hubiera asimilado lo que le ocurría, se corrió dando gritos. La violencia de su orgasmo fue tal que retorciéndose en el suelo, no pudo evitar que el flujo que manaba de su sexo le mojara por completo las piernas.
-¡No puede ser!- aulló al notar que ese clímax no paraba sino que incrementándose en su intensidad era cada vez mas completo.
De algún modo, se me contagió su calentura y no pudiendo aguantar más sin tocarla, la levanté del suelo y mientras le acariciaba su rubia melena, le pregunté donde estaba su habitación. Mis palabras iluminaron su cara y con manifiesta alegría me llevó hasta un lujoso cuarto.
Nada más cerrar la puerta, Ivanka se lanzó a mí. Era tanta su urgencia que ni siquiera espero a llegar a la cama para desabrocharme el cinturón. Una vez, había conseguido bajarme los pantalones, se subió sobre mía abrazándome con sus piernas y de pie, me obligó a penetrarla. La heredera chilló al sentirse invadida y forzada por mi miembro, pero en vez de intentarse zafar del castigo, se apoyó en mis hombros para profundizar su herida. Al sentir cómo mi pene chocaba contra la pared de su vagina, rogó que la tomara.
Sabiendo que todavía no estaba preparada, esperé a que se relajara antes de iniciar un galope desenfrenado, pero ella me gritó como posesa que empezara. Sus gemidos y aullidos se sucedían al mismo tiempo que mis penetraciones, y en pocos segundos un cálido flujo recorrió mis piernas, mientras su dueña se arqueaba en mis brazos con los ojos en blanco, mezcla de placer y de pasión. No me podía creer que esa mujer de uno ochenta me resultara tan liviana y viendo la facilidad con la que la elevaba para dejarla caer empalándola, me hizo pensar que era parte de mi lavado de cerebro y que su peso quedaba compensado con creces por su lujuria.
Manteniéndola en volandas, disfrutó de un orgasmo tras otro, mientras mis cuerpo se preparaba para sembrar su vientre con mi semilla. Para facilitar mis maniobras la coloqué encima de la cama sin dejarla de penetrar. Esta nueva postura me permitió deleitarme con sus pechos. Grandes y duros, estaban decorados con dos rosadas areolas que se movían al ritmo de su dueña.
Maravillado por su perfección, los cogí con mi mano y me los acerqué a la boca. Ivanka aulló desesperada cuando sintió como mis dientes mordían sus pezones y totalmente entregada, me clavó las uñas en mi espalda, buscando aliviarse la calentura. Su acción solo consiguió que el dolor incrementara tanto mi líbido como mis ganas de correrme en su interior y que cogiendo sus senos como agarre, comenzara un galope desenfrenado encima de ella.
Al hacerlo, olvidé toda precaución introduciendo mi pene hasta que mis huevos rebotaban como en un frontón contra su cuerpo, de forma tal que no tardé en oír como berreaba de placer. Fue entonces cuando sentí la lengua de Kim recorriendo mi espalda y sin poderlo evitar, me derrame en el interior de mi nueva amante. Agotado me desplomé a su lado mientras la oriental, que había quedado insatisfecha se afanaba en resucitar a mi alicaído miembro.
-Joder, Kim- me quejé. -¡No soy Superman!
Soltando una carcajada, me miró y con un descaro que me dejó acojonado, me informó:
-Con esta zorra aquí, no necesitas descansar.
No comprendí sus palabras hasta que cogió la mano de IVanka y la posó sobre mi entrepierna. Como si fuera un resorte, mi pene se puso erecto. Lo extraño de su resurrección, me hizo comprender que era algo inducido y tratándolo de confirmar pregunté el motivo:
-No nos podíamos arriesgar que no funcionaras. Por eso siempre que esta mujer te toque, te excitaras sin poder evitarlo.
La certeza de ser un mero pelele en manos de esos capullos, en vez de derrotarme consiguió lo contrario y con mi mente a mil por hora, pensé en como podía liberarme de su acoso. Todavía agradezco a las musas que me inspiraran en ese momento. Como si fuera una visión, vi la solución de inmediato. Aprovechando la calentura de esa maldita oriental, le pedí que me trajera algo de beber, prometiéndola a cambio que la tomaría.
La cerda de Kim no pudo resistir la tentación y olvidando que no debía dejarme solo, salió en busca de una bebida.  Nada mas desaparecer, cogí a la rubia y le dije:
-Necesito que hagas una cosa- y sin esperar su asentimiento, proseguí diciéndole: -En cuanto te dejemos, ve con tu padre y cuéntale todo. Necesito que sepa que  somos ambos víctimas y que nos van a obligar a traicionarle. Dile que mande mañana a las diez a alguien de su entera confianza al Toni Roma´s del Soho pero que me espere en el baño y no intente contactar conmigo.
La muchacha, sin saber el motivo, aceptó justo en el momento en que la oriental hacía su aparición por la puerta con una botella de champagne y tres copas. Completamente desnuda, se acercó a la cama y sin hablar se empaló en mi artificialmente erecto pene, mientras me decía:
-Ordena a esa zorra que me chupe las tetas mientras te follo.
Aunque esa maldita no lo sabía, me convenía que Ivanka hiciera cosas que por ningún motivo haría siendo ella. Por eso, siguiendo sumisamente la orden que me había dado, le pedí que se apoderara de sus pechos. La heredera no solo cumplió a rajatabla lo que le había pedido sino que como si fuera algo habitual en ella, llevó su mano a la entrepierna de la china y la empezó a masturbar mientras la zorra se empalaba.
 Nuestro doble ataque la desarmó y en voz en grito, nos exigió que siguiéramos. Separando sus rodillas, ordenó a Ivanka que tomara con su boca el sexo que ponía a su disposición pero esta se negó pro lo que tuve que pedírselo yo.
-¡Hazlo!- le dije al oído.
 La mujer no pudo evitar hundir su cara en el coño de la oriental. Esta al sentir la húmeda caricia de la rubia en su vulva, pegó un chillido . Ivanka, inducida por su subsconciente alterado, separó con sus dedos los pliegues de la maldita china y  sacando su lengua acarició el botón de la mujer.
Tratando de castigar a Kim, separé a la rubia y obligándola a ponerse a cuatro patas, le informé que le iba a dar por culo:
-¡A qué esperas!, – chilló descompuesta.
Cabreado, le abrí los cachetes y colocando mi glande en su esfínter, la penetré. Mi captora gritó de dolor al verse empalada de un modo tan brutal y entonces ocurrió algo no previsto, Ivanka cogiendo la cabeza de la mujer entre sus manos, se fundió con ella en un sensual beso, tras lo cual y oí que le decía:
-Disfruta de Alonso, ahora que puedes, pero te aviso que él es solo mío.
Lo posesivo de sus palabras me dejó helado pero en cambio para Kim incrementaron su pasión y desbordada por las sensaciones acumuladas, me exigió que siguiera machacando su intestino con mi pene..
-¡Así!,¡Más fuerte!- reclamó descompuesta la muy guarra al sentir mi extensión acuchillando su interior
Humillado hasta decir basta, mis incursiones se volvieron brutales en un intento de que semejante violencia la desgarrara por dentro pero esa mujer que nunca dejaba de sorprenderme, en vez de quejarse, ordenó a nuestra acompañante que me ayudara.
-¿Qué quieres que haga?- preguntó Ivanka.
-Marca nuestro ritmo con azotes en mi culo-
La rubia dudó en obedecer, por lo que tuve que intervenir, diciendo en voz en grito:
-¡Hazlo!
Temblando, le soltó una nalgada y al escuchar el gemido de placer que brotó de la garganta de la oriental, con más confianza y más fuerza le dio el segundo. Kim entonces le exigió que continuara. La muchacha sudando sin legarse a creer lo que estaba haciendo cumplió su cometido,  soltándole una serie de mandobles que me dolieron hasta mí.
La china, con el culo rojo y con su esfínter ocupado,  se corrió sobre la cama.  Al dejarse caer, mi pene se incrustó aún más hondo y con la base de mi miembro rozando su ojete, me uní a ella en un su orgasmo. La muy zorra al sentir que regaba su intestino, unió un orgasmo con el siguiente hasta que consiguió ordeñar por completo mi miembro.
Entonces, habiendo satisfecho su lujuria, se empezó a vestir diciendo:
-Tenemos que darnos prisa. No nos conviene que alguien se asuste porque la anfitriona no aparezca.
Obedeciendo nuevamente, tanto Ivanka como yo, nos vestimos.
Ya salíamos del apartamento de esa heredera cuando Kim recordó que todavía quedaba una parte de su misión sin cumplir y pegándose a mí, me pidió que quedara con la rubia ese mismo lunes en su oficina.
Curiosamente, Ivanka mostró alegría al saber que volvería a verme y lo único que dijo cuando oyó mi petición fue:
-¿A qué hora? Mi amor  
El modo en que se dirigió a mí, profundizó tanto el desprecio que sentía por la china como el genuino afecto que profesaba a esa heredera y solo pude desear que cumpliera mis órdenes y al día siguiente, un hombre de su padre se encontrara conmigo en los baños del Tony Roma´s.