Lorenzo estuvo un par de días deambulando como un fantasma. No sabía que hacer, no quería hablar con la policía por miedo a las represalias, pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados… Entonces pensó en ella, ¿Como no se le había ocurrido antes? Si alguien podía tirar de la manta y descubrir algo era ella, Ana Castor.

Concertó una cita lo más discretamente posible, están nervioso, muy nervioso, pero ella accedió a ayudarle.

A partir de ese momento Lorenzo se sintió algo mas liberado, por lo menos sentía que había hecho algo para liberar a su familia, no se había quedado de brazos cruzados mientras esos cabrones se aprovechaban de la situación.

Todas las semanas recibía e-mails con instrucciones de cómo debía actuar en el congreso, si había votaciones o deliberaciones, él solo era un muñeco que decía lo que le indicaban que dijera. De vez en cuando le hacían entregar algún maletín o algún sobre a otros diplomáticos. No quería saber en que más asuntos estaba metida esa gente…

Un par de veces a la semana, Marcelo aparecía por su casa con Helen, así Lorenzo podía comprobar que estaba en perfecto estado, aunque el precio a pagar era ver como ese cabrón se follaba a su mujer con la complicidad de ésta. Helen y él siempre habían tenido una buena vida sexual, incluso habían realizado algunos juegos extravagantes, pero la manera en que se entregaba a ese hombre, la sumisión con la que lo hacía era algo que no podía soportar. Ver como alguien encula a tu mujer mientras es ella misma la que separa sus nalgas para facilitarle la tarea… La única razón por la que aguantaba era por la pequeña esperanza de que su amiga Ana le ayudase a recuperar a su familia… Tenía que hacerlo, se había enfrentado a investigaciones peliagudas en su trabajo como periodista… Tenia que hacerlo…

Y de pronto todo se rompió.

Dejó de tener noticias de Marcelo, o de Xella Corp. Al principio respiró aliviado, pero cuando estuvo más de una semana sin saber de Helen empezó a preocuparse. No sabía como contactar con aquél hombre. Intentó llamar a Ana pero tampoco era capaz de localizarla.

Estuvo tres semanas histérico, a punto de acudir a la policía, y entonces recibió un nuevo e-mail. “Gracias por el regalo” rezaba en el asunto, en el cuerpo un escueto “La próxima vez lo pagarás caro” y un vídeo adjunto.

Se estremeció, ¿Le habían descubierto? ¿Le habrían hecho algo a su familia, o a Ana? Tenía miedo de ver el video, pero a la vez había algo en su cabeza que le obligaba a verlo.

Lo abrió.

Primero apareció unas frases sobre fondo negro.

“Tienes que aprender a obedecer”

“No intentes jugar con nosotros”

“La próxima vez no seremos tan benévolos”

Después el fondo se difuminó y apareció Ana Castor, su amiga, en medio de una sala de la misma manera en la que se encontró a su mujer con Marcelo, simplemente con tacones, medias, una mordaza y un collar.

¿Que había hecho? ¿Por qué había tenido que meterla en este lío? Ahora era una víctima mas de esos depravados…

Una música de fondo comenzó a sonar, parecía la banda sonora de una película porno, y cuando vio a su mujer aparecer por un lado del plano supo que era exactamente eso lo que iba a ver: iba exactamente igual que Ana salvo por un pequeño detalle, llevaba a la cintura un arnés con una enorme polla de plástico.

Comenzó a faltarle el aire mientras veía como Helen se acercaba a su amiga y comenzaba a acariciarla, mientras ésta hacia lo mismo con su mujer. Las manos de ambas subían y bajaban lentamente, con pausa pero con decisión, recorriendose de arriba a abajo.

Realmente el vídeo parecía una película porno de verdad, tanto la música como los planos, que se acercaban y alejaban, mostrando el detalle, la caricia, el suspiro… Pudo ver como la mano de su mujer se introducía con seguridad en el coño de Ana, que estaba perfectamente depilado. Las mujeres estaban entrelazadas en una sensual danza que no pudo menos que excitar a Lorenzo que, incluso a pesar del odio y la rabia que sentía, no pudo evitar ni obviar la enorme erección que la escena que estaba viendo le producía.

Helen desabrochó la mordaza de Ana y, contrariamente a lo que imaginaba Lorenzo, no era una bola de goma y ya está. El lado que tenía introducido el la boca tenía la forma de una polla que debía llegarle por lo menos hasta la campanilla.

La periodista se inclinó hacia delante, con las piernas rectas y se separó las nalgas, permitiendo que Helen le introdujera la polla que acababa de sacar de la boca de su amiga en el culo.

La escena se mostraba en la película con total detalle, mostrando un primer plano de la penetración anal. Seguidamente, Helen obligó a Ana a arrodillarse ante ella, y a comenzar una profunda mamada de la polla de plástico que llevaba puesta.

Lorenzo estaba sufriendo, se sentía culpable de la excitación que estaba experimentando, Ana tenía un cuerpo espectacular, al igual que su mujer a pesar de la diferencia de edad, y verlas a las dos juntas en esa actitud sería un sueño para cualquier hombre… Pero no se podía quitar de la cabeza la razón de por qué se encontraban en esa situación, estaba claro que no eran ellas mismas.

Salió de sus pensamientos al ver como Ana se colocaba a cuatro patas ante su mujer que, tras extraer la mordaza de su culo y volver a colocarsela en la boca, comenzó a sodomizar a la periodista.

El hombre no aguantó más, sacó su polla y comenzó a masturbarse ante la erótica escena.

Lo que Helen comenzó con delicadeza, en pocos minutos se convirtió en un brutal mete-saca en el que su cadera bombeaba furiosamente el culo de Ana. Los gemidos de ésta se oían de manera ahogada a través de la mordaza, pero estaba claro que lo estaba disfrutando. La cámara pasó a un primer plano de su cara desencajada, para después abrir plano y mostrar las soberbias tetas de la mujer, bamboleándose al ritmo que marcaba Helen.

Los gemidos de Ana se hicieron más fuertes, apoyó la cara en el suelo para facilitar que Helen la follase más profundo y a los pocos segundos explotó en un intenso orgasmo

Lorenzo se corrió a la vez, manchando el teclado de su ordenador, mientras la pantalla mostraba como la polla de Helen salía del culo de Ana, dejando tras de sí el enrojecido ojete abierto de la periodista.

Las mujeres se levantaron y se fueron a un lado de la sala, arrodillándose ahí la una junto a la otra. Se quedaron inmóviles.

“Ya ha terminado” Pensó Lorenzo, sintiéndose culpable de haberse corrido con las imágenes.

Pero entonces comenzó a sonar una especie de campanillas. No se veía nada en pantalla, Ana y Helen estaban quietas… Era como los cascabeles de un gato…

Un escalofrío recorrió la espalda de Lorenzo, una idea asaltó su mente y no podía sacarla de allí…

Los cascabeles sonaban más cerca, y por un lado de la imagen aparecieron dos enormes negros completamente desnudos, andaban con seguridad hacia el centro de la sala, con sus enormes rabos bamboleándose de forma obscena mientras andaban.

Cada uno de estos hombres llevaba una cadena y, al final de cada cadena…

Los temores de Lorenzo se hicieron realidad, su mundo se vino abajo, más aun de lo que ya estaba. Al final de las cadenas, avanzando a cuatro patas como meras mascotas, se encontraban Lydia y Nuria, sus hijas.

El hombre lanzó un grito de rabia ante la pantalla, mientras la cámara hacía un recorrido detallado mostrando el estado de las chicas. Estaban totalmente desnudas, exceptuando, si es que se puede considerar vestimenta, unas pequeñas orejas de gato y una cola del mismo animal que llevaban introducidas en el culo, gracias a un pequeño plug.

También averiguó de donde salía el ruido de cascabeles, y no era de otro sitio que de los pezones de sus hijas, ahora agujereados y decorados con las pequeñas campanillas.

Sus hijas gateaban tras los negros de manera felina, como si llevasen toda la vida desplazándose de aquella manera.

Cuando llegaron al centro de la sala los hombres soltaron las cadenas a las chicas.

– Dadle un buen espectáculo a vuestro padre, – sonó una voz por los altavoces. – que aprenda a no volver a hacer lo que no debe.

Inmediatamente las chicas agarraron cada una una polla y comenzaron a acariciarla y lamerla para poner a los hombres a tono, recreándose especialmente en las pelotas. La cámara comenzó a mostrar los planos como si fuese el punto de vista de los negros, dando la impresión de que cada vez que les miraban a los ojos, estaban mirando a su padre. Lorenzo veía anonadado las expresiones de lujuria en su mirada. Quería vomitar.

Entonces la cámara le mostró una imagen que, a su pesar, se quedó grabada a fuego en su retina: su pequeña Lydia tenía la boca enterrada bajo las pelotas de su negro, de tal manera que la polla de éste estaba apoyada en todo su esplendor sobre la cara de la chica. Su melena rubia contrastaba con el oscuro color del rabo que cada vez estaba más duro.

La cámara enfocó a Nuria, que ya engullía como una posesa la polla del negro, intentando sin éxito tragársela entera. El sonido de su garganta hacía ver que se esforzaba, pero no era capaz de introducirse semejante rabo. Entonces una mano se apoyó en su nuca y, suavemente empezó a ayudar a la chica a tragar cada vez un poquito más. Lorenzo empezó a marearse, ¡Quien la estaba ayudando era su propia madre!

El negro comenzó a acariciar sus tetas, con la complicidad de la mujer mientras al lado se estaba dando una escena similar, esta vez con Ana ayudando a Lydia.

El hombre que estaba con Nuria y Helen profirió un pequeño grito, que fue la señal para que la madre se arrodillarse junto a la hija mientras el negro se masturbaba sobre sus caras. Una enorme descarga cayó sobre ellas mientras competían por ver quien de las dos se llevaba la mayor parte del pastel.

El grito del otro hombre inició las mismas acciones, siendo esta vez la cara de Ana y Lydia las que eran cubiertas con su abundante semen.

La cámara se separó y comenzó a alejarse, mostrando mientras la imagen se fundía en negro como las cuatro mujeres comenzaban a limpiarse las unas a las otras con la lengua.

Lorenzo no se podía mover siquiera. Lo único que deseaba era acabar con todo, tirarse de la ventana, pegarse un tiro, o…

Ring Ring. Descolgó.

– ¿S-Si?… – Casi no tenía voz

– Espero que haya disfrutado del vídeo.

– Hijo de…

– Y también espero que haya aprendido la lección. Debo admitir que gracias a su desliz tenemos una bella componente más de nuestro pequeño grupo de zorras, así que en cierta manera le doy las gracias. No se preocupe, ya ha visto que la tratamos tan bien a ella como a su mujer e hijas, están todas encantadas con la nueva incorporación. Pero no se equivoque… Esto sólo ha sido un advertencia, si vuelve a irse de la lengua o a desobedecer, acabaran todas clavadas en una pica.

Y después de decir eso, simplemente colgó.

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