PABLO.

Vaya día aburrido. No tengo ganas de hacer nada…Voy a tomar algo a la cafetería.

Sentado en un taburete en la barra del bar, en la planta baja del bloque de mi apartamento, tomando mi café, solo, el café y yo, no hay más clientes.

Entra alguien. A mi espalda oigo hablar, es una voz femenina y me resulta familiar.

Me giro y me llevo una grata sorpresa, es Mila. Una muchacha que conocí en un hotel en Madrid, ella esperaba un cliente que no llegó. El maître del hotel me informo de su ocupación como acompañante, o sea, prostituta. Pero viene acompañada de un hombre, disimulo y les doy la espalda. Sé que ella me ha visto, si no me dice nada, yo tampoco, no quiero comprometerla.

Por un espejo, que hay en la pared tras la barra, les veo sentarse en una mesa. Hablan quedamente. Ella le dice algo a él, al oído. Mila se levanta y viene hacia mí. Toca mi hombro y me giro.

–¿Pablo? Me alegro mucho de verte. ¿Cómo estás?

–¡Muy bien Mila! ¡Qué sorpresa! ¿Y tú? Tan guapa como siempre.

De pie nos damos dos besos, le hablo despacio.

–Perdona si no te dije nada al entrar, no quería meter la pata.

–No te preocupes, ven, quiero presentarte a alguien.

Nos acercamos a la mesa.

— José este es Pablo, el amigo del que te hablé. Pablo, mi marido.

A pesar de mi perplejidad nos damos un fuerte apretón de manos. Me invitan a sentarme, traigo mi café y tomo asiento frente a Mila.

–Pablo, nos vienes como caído del cielo. José sabe, desde hace poco, a lo que me dedicaba. Y lo hemos pasado muy mal. Seguimos pasándolo mal. Mi vida anterior ha causado estragos en mi familia. José lo ha pasado, lo está pasando muy mal. Es muy bueno. Demasiado, no lo merezco y me quiere, nos queremos, Pablo, pero los recuerdos de mi vida pasada no dejan de hacernos daño. No sé, qué podemos hacer. Tú eres psicólogo y me consta que eres una buena persona. Hemos charlado en varias ocasiones y te he contado cosas de mi vida que nadie, más que tú, sabe. En el pasado me has dado buenos consejos que me han sido muy útiles. Por favor. Ayúdanos. Te lo suplico. Mi vida, nuestra vida, es un infierno.

Los ojos de Mila se llenan de lágrimas. La veo muy triste, muy delgada. ¿Qué está pasando aquí?

–Sabes que te aprecio y te admiro Mila. Pero estoy jubilado y no ejerzo como psicólogo. Solo puedo echar una mano como amigo. No sé, exactamente, a qué os enfrentáis. Puedo dirigiros a algún colega que pueda ayudaros.

–No, Pablo, te necesitamos a ti. No puedo confiar en nadie más, son temas muy escabrosos y cualquier profesional podría malinterpretarnos, a ti te conozco. Encontrarte ha sido providencial, ya no sabía qué hacer. Has hecho renacer la esperanza.

–Por el aprecio que te tengo acepto. Lo primero que tendremos que hacer es definir y evaluar, el problema. Después trataré de ayudaros a encontrar posibles soluciones. ¿Por qué no me lo contáis todo desde el principio?

José, muy serio, me mira fijamente a los ojos.

–Es muy largo de contar, Pablo. No te conozco pero intuyo, por lo que Mila me ha dicho, que eres una persona en la que podemos confiar. ¿Por qué no vienes a cenar esta noche a casa y hablamos tranquilamente?

–Bien pues, de acuerdo.

–Vivimos cerca de aquí, en ————- Te esperamos ¿A las ocho te viene bien?

–A las ocho estaré en vuestra casa.

Me dan la dirección exacta y nos despedimos con un apretón de mano a José y un beso a Mila. Esta más delgada, pero está más bella, si cabe, que cuando la conocí. ¿Qué habrá pasado en esta pareja?

Subo a mi casa e intento meditar mientras escucho algo de Mozart, respiración, relajación. Mi mente no deja de pensar en Mila y su marido. En un par de ocasiones Mila me ofreció sus servicios, pero decline la tentadora oferta, muy a mi pesar, pero soy muy enamoradizo y corría el peligro de colarme por ella. Eso me daba miedo, saber a lo que se dedicaba me cohibía. Pero ¿Y su marido?

En la casa de José y Mila me presentan a Ana, su hija, Claudia, una amiga de Ana. Hay tres niños jugando en la planta superior. Las chicas se meten en la cocina, me quedo charlando con José. En un impasse de la conversación, me lleva a su despacho y me entrega un pendrive.

–Pablo, aquí tienes las notas y el relato que he recogido y preparado para que lo leas, lo analices y cuando volvamos a vernos hablamos de ello. ¿De acuerdo?

–Por mí de acuerdo, pero sería mejor que me adelantases algo.

José se asoma para ver si hay alguien que nos pueda escuchar.

–Mila se está recuperando de una tentativa de suicidio. Y yo me siento, en parte, responsable de ello. En el pen hay tres series de anotaciones, donde describo lo que nos ha ocurrido durante los últimos meses.

Se acerca alguien y deja de hablar, es Mila. Me guardo el pen y vamos al comedor.

Nos sentamos y las jovencitas nos sirven unos entrantes, antes de la cena. Esta transcurre en un ambiente agradable. Nadie diría que la familia atraviesa una crisis. Después de cenar nos sentamos a hablar, José, Mila, Ana y Claudia. José me mira.

–Después de lo ocurrido en Madrid, nos hemos refugiado aquí, tratando de olvidar el pasado. Pero al parecer es imposible. Continuamente están surgiendo fantasmas, relacionados con nuestra vida anterior. No es fácil empezar desde cero.

Mila me coge las manos.

–Pablo, Ana y Claudia, necesitan ayuda. Olvidar no nos es posible, necesitamos alternativas que faciliten nuestra vida, sin traumas. Creo que tú puedes ayudarnos. Hay algunos aspectos, muy críticos, que no podemos permitir que trasciendan, por eso recurrimos a ti, no queremos otro profesional. Ellas han ejercido la prostitución hasta hace poco, siendo menores. No sabemos en qué forma puede haberles afectado y como puede perturbar su comportamiento futuro. Las personas involucradas en los hechos delictivos, ya no son un problema. Unas han fallecido y otras están en la cárcel.

–Bien, siendo así, os propongo algo. Ana y Claudia, vendréis mañana, a las seis de la tarde, a mi casa, para charlar, luego ya veremos. Espero que me invitéis a comer algún que otro día para compensar el tratamiento. ¿Estáis de acuerdo? Jajaja

–Por nosotros encantados. Así podremos hablar más tranquilamente contigo. Además, también podrás conocer a Marga, amiga de Mila y a Claudia, Clau, para abreviar, madre de Claudia, que ahora están en Madrid resolviendo algunos problemas que han surgido, el peor, el fallecimiento del padre de Claudia.

–Vaya, lo siento.

–Pero háblanos de ti. ¿Qué haces aquí en Torrevieja?

–Veras Mila. Hace unos años, tuve problemas con mi trabajo. Problemas que llegaron a incapacitarme para ejercer como profesor. Me dieron de baja laboral por depresión, que luego se convirtió en indefinida, esto sumado a mi edad, me apartó, definitivamente, de mis labores docentes. Como ya sabes soy soltero, no he encontrado aún la pareja adecuada, así que compre un apartamento, en la parte de arriba del bar donde me encontrasteis y me dedico a leer y escribir, sin publicar, solo para mí. Pasear, charlar con las buenas gentes de aquí y en fin, no mucho más. Pero lo cierto es que esto es demasiado tranquilo, sobre todo en invierno. Por eso de cuando en cuando visito alguna ciudad, como Madrid, así nos conocimos.

Mila palmea el reverso de mi mano con la suya.

–Pues con nosotros no te aburrirás, te lo garantizo. Te necesitamos todos. Esta familia está muy traumatizada. Tienes mucho trabajo por delante.

José me mira con gesto serio.

–Y no somos una familia normal, al uso. Las normas que nos hemos dado son un tanto peculiares. Sobre todo en lo referente al sexo.

–Y ¿Cuáles son esas normas? Si puede saberse.

–Pues las que pueden regir en una comuna, al estilo de los años sesenta. ¿Recuerdas la ideología hippie? Todo aquello del amor libre, paz, no violencia. Pero todo esto, aderezado con las explosiones hormonales, de las jovencitas, libido exacerbado en las mayorcitas y yo en medio, soportándolas a todas. Un suplicio. Jajaja.

–¡Venga ya, José! Ya me gustaría a mí soportar ese suplicio. Jajaja

–Dejaros de bromas los dos. Que sois unos guasones.

La velada pasó entre bromas y chanzas. Fue muy agradable, me sentía muy agusto con esta familia. Realmente no se traslucía el drama por el que habían pasado. Me despedí, con abrazos y besos a todas, incluso a José, que me pareció un buen hombre, con una pesada carga.

ANA.

–¡¡Papá!! ¡¡Papá!! ¡Pepito se ha caído, tiene sangre en la cabeza!

Mamá y papá han cogido el coche, lo han llevado al centro de salud para curarlo.

Estamos en obras, papá ha encargado la construcción de la piscina. El lio es enorme.

Aunque la obra se realiza en el jardín, en casa todo anda manga por hombro.

Marga y Claudia se han ido a Madrid para resolver los asuntos de la muerte de Gerardo y de Isidro, el ex-marido de Claudia. Fallecidos en un ajuste de cuentas entre traficantes.

Papá ha dejado el ordenador funcionando al salir corriendo. Voy a apagarlo, no sabemos lo que van a tardar.

¡Hosti! ¿Qué es esto? Es una copia de una hoja manuscrita y parece la letra de mamá. Está en el pendrive que tiene conectado. ¿Qué dice aquí?

–Martes, 22 de Enero 2010

Hoy, por la mañana, al volver de llevar a los niños al colegio, me encontré a Pepe, mi suegro, en la entrada de casa. Sabe que su hijo, no vuelve hasta el jueves. Yo, ya sabía a qué venía. Tuve que cancelar dos citas, pero se las he cobrado a él. No hizo más que entrar, cerró la puerta y me desnudó. Me folló en el salón, sobre el sofá. Con violencia, sin un beso, sin una caricia, solo túmbate y ábrete de piernas.

Ha sido desagradable, pero ya estoy habituada a ese tipo de comportamientos. El machismo está muy arraigado en este país. Sé que mi suegro me desea y me aborrece, como tantos otros. Se siente atraído por mí, por mi cuerpo, mi experiencia en el ámbito sexual, pero no puede evitar sentirse asqueado en cuanto se derrama dentro de mí. Entonces me desprecia. Y el caso es que a mí no me importa, me comporto con él como con cualquier otro cliente. Es uno más. Solo que este me tiene atrapada, no puedo negarme a follar con él, puede contárselo a su hijo y eso me jodería más aún.

Con la excusa de estar con los nietos, se ha quedado toda la noche, conmigo claro. Me la ha metido por todos mis agujeros. Una sola vez ha hecho que me corra. Me follaba el culo y yo me tocaba el clítoris.

Creo que Ana nos ha visto. Ella lo sabe, pero no dirá nada, sigue pensando que José lo consiente. Algún día sabrá la verdad y tendré problemas con ella. Mi suegro se ha ido temprano. Al marcharse me ha dejado mil euros en la mesita de noche. Al menos es generoso.

He podido aplazar una de las citas de ayer para hoy miércoles. Más trabajo, las dos citas de hoy más la de ayer.

¡Dios mío! Mamá llevaba una especie de diario con las citas y los encuentros de sus clientes y conocidos. Y papá lo sabe. Tiene copia de todo. Aquí hay más de mil páginas con datos. Además hay videos. Voy a copiar este pendrive en mi portátil y lo dejaré todo como estaba, para que no se dé cuenta. No sé si decirle algo a mamá. O mejor no. ¡Joder, no sé qué hacer! Papá y mamá ahora se llevan bien, creo que tratan de olvidar todo lo que ha pasado. Y si meto la pata, removiendo recuerdos… ¡No! No diré nada. Lo de papá ha sido un descuido, pero ¿Por qué lee estas cosas? Lo tiene que pasar muy mal. Mi madre era una puta, mi abuelo era una mala persona, aprovechándose de lo que sabía para follársela. Y el que pagaba las consecuencias era mi padre.

Acaban de llegar con Pepito.

–Mamá, ¿Cómo está Pepito?

–Bien, cariño, solo ha sido la sangre que es muy escandalosa. Tres puntos y un dolor de cabeza nada más. Mañana estará bien.

–Menos mal, vaya susto nos ha dado.

Papá ha ido corriendo a ver si me he dado cuenta de lo que tenía en su ordenador. No miro directamente, pero por el rabillo del ojo lo veo sacar el pen y guardárselo en un bolsillo.

¿Qué hace ahora? ¿Adónde va? Ira a esconderlo al garaje. Voy tras él. Va al banco de herramientas, coge un martillo y machaca el pen sobre un trozo de hierro.

¡Lo ha destrozado!

Me voy corriendo para que no me vea. Está claro que quiere acabar con el pasado. Cuando pueda, tengo que entrar en su ordenador a ver qué más tiene.

Suena el teléfono, mamá lo ha cogido.

–No Claudia, no quiero ir a Madrid, no quiero volver, nunca. ………………Haz lo que creas conveniente. ……………¿José? Sí, está aquí,….. Se pone.

–Dime Claudia…………..Si…………..de acuerdo, iré. A ver como lo arreglamos. ……………Esta tarde salgo para Madrid y mañana hablamos con mi abogado y lo solucionamos. ……….Un beso.

–¿Qué piensas Mila? Te veo rara.

–El pasado José. Que no deja de perseguirme. Mientras estoy contigo, con los niños, en la playa, aquí. Os veo a todos felices y eso me ayuda a no pensar. Ahora esto. De nuevo el negocio, los pisos. No quiero saber nada. Nada.

–Mi vida, no tienes por qué ir, no hace falta que vengas. Iré yo solo. En un par de días lo soluciono y vuelvo con Marga y Claudia.

–Me da miedo José. No quiero quedarme sola. Ahora no.

–No estarás sola. Ana y Claudia te acompañarán. Ven bésame.

Mi madre está llorando, se abrazan y se besan. Ella se va al jardín.

–¡Ana! ¡Ven, quiero hablar contigo! ¡Llama a Claudia!

Voy por Claudia, está en la habitación. La llevo de la mano. Papá está solo en el salón.

–¿Qué pasa, papá?

–Mira Ana, tengo que ir a Madrid, salgo después de comer. Tu madre no debe estar sola en ningún momento, sigue muy delicada y puede sufrir una recaída. Tienes mi teléfono, el de Marga y Clau. Si notaras lo más mínimo en mamá, llámanos enseguida y nos lo dices. También os dejo el número de teléfono de Pablo, por si fuera muy urgente. Repito, no dejarla sola. Por favor.

–¿Qué vas a hacer en Madrid?

–Aún no lo sé. Pero al parecer se han liado las cosas. Necesitan la firma de tu madre y ella no puede ir. Pero yo tengo un poder notarial que me autoriza a firmar lo que sea necesario en su lugar y así evitarle un mal trago. Cuando vuelva podre deciros algo más concreto. Y ahora, la comida, que me voy. Mamá está en la cocina. No dejéis que se canse demasiado, aún está muy débil.

Papá se ha marchado.

Claudia lleva los niños a la playa. He preparado la cena para todos, cuando lleguen comerán y se acostaran.

Mamá está en la cama, parece dormida. Pero no, está despierta. Me acerco y me tiendo a su lado.

–Mamá, ¿No puedes dormir? ¿Qué te preocupa?

–No hija. Me cuesta conciliar el sueño. Y estoy preocupada por lo que está pasando en Madrid. La muerte de Gerardo e Isidro puede complicar las cosas. No se cuales, pero ya verás cómo se lían. Andaban en asuntos turbios. Y me siento cansada. No tengo fuerzas para enfrentarme a nuevos problemas.

De nuevo las lágrimas. Mi madre era feliz antes de todo este lio. No le he visto llorar nunca, era fuerte. Pero ahora está siempre triste, llora a cada momento, se siente desgraciada.

Oigo llegar a Claudia con los niños. Los deja jugando en su habitación. Entra sola y se tiende con nosotras.

–Hola pareja. ¿De qué habláis?

PABLO.

Estoy leyendo lo que José escribió, en el periodo desde que descubrió el engaño de Mila, hasta su asentamiento aquí en ——-. La verdad es que me tiene alucinado. ¿Cómo este hombre pudo superar tamaño golpe?

Es realmente un buen hombre, cualquier otro habría hecho alguna barbaridad irremediable, pero él no. Me resulta fascinante como una persona puede adaptarse a las circunstancias, incluso a las más dolorosas y traumatizantes.

José, con una formación tradicional, con una gran carga religiosa, con la influencia de su madre, muy de iglesia, de derechas, se ve en la tesitura de abandonar, prácticamente, todos sus principios morales, éticos, religiosos y sustituirlos por una ideología que le permite aceptar, lo que hace un tiempo sería impensable.

Llaman a la puerta, aún no son las seis. Abro y me encuentro con Ana y Claudia, las invito a pasar y sentarse en un sofá, yo ocupo el sillón, frente a ellas.

–Bien, señoritas. Cuenten como les va en este mini paraíso.

Claudia, más directa.

–Bien. No nos podemos quejar ¿Verdad Ana?

–Tienes razón. No nos podemos quejar.

–¿Ya tenéis amigos? ¿Estáis saliendo con alguien?

Ana sonríe pícaramente.

–Pues claro, estamos muy buenas, solo tenemos que dar una vuelta y tenemos a los moscones detrás. Pero hay dos chavales que nos gustan, nos vemos de cuando en cuando, salimos, charlamos…

–Claudia, ¿Puedes hablarme de tu padre? ¿Cómo te sientes?

Cambia el gesto de su cara, se torna más serio.

–Mal, si te digo la verdad, no lo quería mucho. Lo veía muy poco, su trabajo, los negocios. Además, no se portaba bien con mi madre. No le pegaba, pero si la maltrataba psicológicamente, la despreciaba, continuamente le decía que no hacía nada bien, que era un desastre de mujer, que no servía para nada. Además de controlarla constantemente, quería apartarla de todas sus amistades, sobre todo de Mila y Marga. Pero mi madre, sin que él lo supiera, aprovechaba los viajes que hacia mi padre, para salir con ellas a divertirse un poco. Desde hace tiempo vigilaba a mis padres, cuando follaban. Pronto me di cuenta que no la satisfacía, pero no podía decir nada. Hasta que una noche me pilló masturbándome y yo la sorprendí a ella, mirándome y tocándose, me levanté la llevé a mi cama y conseguí que se corriera. Fue su primera vez. Según me dijo, nunca antes había llegado al orgasmo. Mi padre era un bruto, preocupado solo por su satisfacción. Desde entonces estamos liadas. No todos los días, pero si la encuentro deprimida, sé como acariciarla para que se anime… Ahora tú Ana.

Ana sonríe y me mira fijamente.

–No sé lo que serás capaz de aguantar, Pablo, pero lo que te podemos contar te puede poner cachondo, a no ser que seas gay.

–No Ana, no soy gay, pero tengo la suficiente experiencia en estas lides como para no dejarme arrastrar por un calentón. Piensa que durante veinte años me las he visto con muchas chicas, que como vosotras, carecían de inhibiciones, me llevaba bien con ellas, e intentaba que no cometieran errores que les pasaran factura en su futuro. Me siento satisfecho por qué algunas de mis alumnas no han pasado por lo que vosotras, gracias a que se han confiado a mí y han seguido mis consejos. Ahora están casadas, tienen familia y una vida normal. Sois niñas aún, aunque tengáis el cuerpo de una mujer adulta, no lo sois. Vuestra personalidad, no está lo suficientemente madura, para hacer frente a situaciones que os desbordan.

–Ya, pero, nosotras tenemos una experiencia, que no tienen otras chicas de nuestra edad.

–Lo supongo. Pero eso puede tener aspectos positivos y negativos. ¿A qué tipo de experiencias te refieres?

–Pues con los hombres.

–¿Con qué hombres?

–¡Jope! ¡Pues con los que follábamos!

–Tranquilízate. Simplemente quiero que toméis conciencia, de la repercusión, que esos actos pueden tener en vuestra vida. ¿Cómo eran los hombres con los que habéis estado?

–¡Pues como van a ser! ¡Hombres! Altos, bajos, rubios, morenos, gordos, flacos, viejos…Puagg. Hombres, con algunos lo pasábamos bien, nos gustaban, con otros menos, pero el dinero compensaba los malos ratos. Era un trabajo. Una mujer que trabaje limpiando retretes en los bares, seguramente, lo pasara peor.

— Ante todo debéis tener en cuenta, que no soy un juez, ni un inquisidor, no voy a juzgaros. Vamos a analizar esas experiencias, para sacar algún provecho de ellas. Me gustaría que os fijarais en algo. Me habláis de la apariencia física. No de su forma de ser, de pensar. ¿Por qué solicitaban vuestros servicios? ¿Todos los hombres son como ellos?

Claudia toma la palabra.

–La verdad es que no me lo he planteado nunca. Y ahora que lo pienso, puedes tener razón. Por ejemplo, José se ha portado con mi madre, mi hermana y conmigo de forma distinta a como se portaban aquellos cerdos. Hasta el extremo de que siento más cariño por él que por mi padre. Y sé. Sabemos ¿Verdad Ana? Que nos desea como hombre, pero no se deja llevar por esos deseos, solo follamos con él una vez y fue porque lo drogamos.

–Eso es muy fuerte Ana. Se sentiría mal. ¿Y vosotras, como os sentíais después?

Ana me mira, dos lágrimas recorren sus mejillas.

–Si, Pablo, lo hicimos, fue una locura, no sabía las consecuencias que tendría. Lo veíamos muy mal, urdimos un plan para que dejara de pensar en mi madre y fue peor. Lo que conseguimos fue agravar el problema. Lo quiero mucho, el problema es que no consigo separar el cariño que le tengo, de la atracción sexual. Le quiero y le deseo y los dos sentimientos van juntos. Esto ha hecho que me replantee mi vida, ya no me atrae lo que hacía, antes disfrutaba, cada cita era una ventura. Ahora me doy asco de mi misma por las barbaridades que he llegado a hacer. Me siento mal, cuando pienso en ello me dan escalofríos y se me revuelve el estómago, de pensar las cosas que he hecho, que me han hecho.

–No te castigues así, no consigues nada, excepto atormentarte. Por lo que sé, el cariño que tu padre siente por vosotras, le ha hecho aceptar lo que hicisteis sin rechazaros. Ese es el verdadero amor. Os quiere y os acepta como sois, trata de corregir aquellos comportamientos, que sabe, que os hacen daño. Lo hecho, echo está y no tiene vuelta atrás. Hay que asumirlo, extraer lo positivo, siempre lo hay, incluso de las peores experiencias se puede aprender y vosotras, tenéis muchas experiencias, que analizaremos, para extraer lo positivo.

–Os habéis parado a pensar, que solo conocéis a un cierto tipo de hombre, sin escrúpulos, sin conciencia, capaz de tener relaciones con una menor, sin remordimiento, sin que medie el más mínimo afecto. Hombres que, en cuanto se satisfacían, os apartaban de su lado, os despreciaban. ¿Y los demás? Porque los hay, son la mayoría. Personas que no se dejan arrastrar por sus pulsiones. Me gustaría que reflexionarais sobre esto. Así qué, tranquilas. Seguiremos hablando pasado mañana, a esta misma hora ¿Os parece bien?

–Por nosotras de acuerdo, aquí estaremos. Por cierto Pablo, esta noche no está mi padre en casa y mi madre me dijo que te dijera si podías venir a cenar ¿Vendrás?

–No puedo negarme. Me pondré gordo con vosotras. Yo no suelo comer mucho y menos de noche, pero iré.

Se marchan dejándome preocupado. Los problemas de esta familia, súper familia, son mayores de lo que esperaba. Mila quiere hablar conmigo, sin que esté presente su marido.

Sigo leyendo los comentarios de José.

Realmente es una historia para ser contada. Se lo voy a proponer, le cambio nombres, lugares y en fin, cualquier dato que pueda facilitar la identificación. El comportamiento de José es digno de alabanza.

A alguien, en similares circunstancias, le podría servir como ejemplo.

Lo que más me impacta es como sus principios, el código moral, que le sirve como guía, que le fue impuesto por su familia, su educación, es desmontado por su razón y sustituido por otro, el libertario, dentro del cual, cabe su nueva forma de vida. De otra forma, sería imposible su existencia.

Una persona, que se vea forzada a vivir, de forma contraria a sus principios, es muy desgraciada.

El ejemplo de Mila es manifiesto. Era feliz, mientras se cumplían las normas que ella se impuso. La principal, no enamorarse de nadie. El amor para ella era dependencia y no quería vivir a costa de nadie.

Pero surge lo imprevisto, cuando llega al convencimiento de que está profundamente enamorada de José, ya no puede seguir sus propios principios, su mundo se viene abajo y llega un momento, en que no puede vivir con él, pero tampoco sin él y se le hace insoportable la vida, hasta el extremo de intentar suicidarse.

Solo el amor que José siente por ella y por sus hijos, puede sacarla del pozo en que está inmersa. Mila, como José, también tiene que cambiar sus principios, por otros que le permitan seguir viviendo y ser feliz.

Estas cavilaciones las hago mientras voy andando hacia la casa de Mila, son más de las ocho. Me reciben con muestras de cariño. Mi mente no deja de analizar los comportamientos de las personas que me rodean y en esta casa solo observo pautas de conducta afectiva, sin violencia, sin agresividad.

Pepito tiene un apósito en la cabeza, me cuentan que jugando se cayó al hoyo de la piscina, pero lo que me fascina es el cariño con que le tratan todos, con que se tratan entre sí. Si surge alguna disputa, normal entre niños, Ana o Claudia, median para resolverla, tratando de que no se moleste a Mila. Su cara muestra una profunda tristeza, solo paliada por alguna sonrisa que consiguen arrancarle los niños.

Cenamos todos juntos, en una gran mesa en el comedor. Se gastan algunas bromas y chanzas que hacen agradable la comida. Terminamos y las chicas se hacen cargo de retirar la mesa, Mila va al servicio, Ana me coge por el brazo.

–Pablo, necesito hablar contigo. Esta tarde, cuando llegue a tu casa, vi, antes que lo apagaras, lo que estabas leyendo en tu ordenador. Yo ya lo conocía, era lo que había escrito mi padre.

–Vaya descuido el mío, lo siento, no debías haberlo visto, no le digas nada a tu madre, por favor, tu padre me lo dio para que estudiara lo que os estaba pasando y es lo que hacía.

–No pasa nada, es solo que tengo la historia de mi madre. Una especie de diario donde registraba todo lo que hacía con sus clientes, nombres, datos personales, gastos, cobros.

–¿Y qué quieres hacer con eso?

–No lo sé, mi padre quiso destruirlo pero yo ya lo había copiado. Toma, está todo en este pendrive. Puedes hacerte una idea, más clara, de lo que ha pasado.

Me lo guarde y nos dirigimos al porche trasero, Mila ya estaba allí. Nos sentamos en dos sillones alrededor de una mesa de jardín. Ana me dice si quiero tomar algo y pregunto si tienen pacharán, dice que sí, me lo trae con un gintonic para Mila, regresa a la cocina.

–Pablo, José está en Madrid, se ha desplazado para resolver algunos problemas de herencias, como consecuencia de la muerte de Isidro y Gerardo. Por cierto, Gerardo era el padre biológico de Pepito.

Yo ya lo sabía, lo había leído en los textos de José. Pero no quise manifestárselo y simulé extrañeza.

–Sí, en mi vida he cometido muchos errores y ahora estoy pagando las consecuencias.

Me relató lo que en gran parte ya sabía, por el pendrive de José y por las charlas que manteníamos cuando nos veíamos en Madrid. En alguna ocasión estuve tentado de pedirle que me vendiera sus favores, pero ese tipo de trato, a mi no me satisfacía. Ella era muy hermosa y yo muy enamoradizo. Corría el peligro de engancharme con ella, lo que hubiera supuesto la ruptura de la confianza y la amistad que existía entre los dos. Ahora me alegraba de no haberlo hecho. No estaría aquí, con esta gran mujer, a la que admiro.

–Vamos a ver Mila, sé que es imposible olvidar. Pero si lo es asimilar, aceptar lo hecho, no se puede borrar, pero si se puede dar un giro a tu vida, no permitir que se repita lo que te ha hecho tanto daño y reorganizar vuestra vida desde otro ángulo. Es lo que creo que intenta hacer José. ¿Tú le quieres?

–¡¡Con toda mi alma Pablo!! ¡Como jamás he querido a nadie! No lo dudes.

–Pues que esa sea tu tabla de salvación. Aférrate a ella y no la sueltes, al menos, hasta que estés en condiciones de navegar sola.

–¿Navegar yo sola? ¿Qué quieres decir?

–Muy sencillo, ahora te encuentras en una situación crítica, necesitas ayuda, él, José, tus hijos, tus amigas y yo, estamos aquí para ayudarte. Incondicionalmente. Tienes que recuperar tu fortaleza, la misma que te permitió hacer lo que hiciste durante años, la misma fuerza pero con otra dirección, dedica esos esfuerzos a hacer felices a los que te rodean. Centra en ello todos tus esfuerzos. Obsesiónate con ese objetivo. Y eso te ayudará a superar cualquier obstáculo, que pueda presentarse en vuestro camino.

–Es fácil decirlo, pero me siento débil, no me quedan fuerzas, ha sido un golpe tras otro, me siento hundida, soy una mierda Pablo, he destruido todo lo que he tocado a mí alrededor.

–¿Estás segura? ¿Todo? Mira, Mila. Tienes un hombre a tu lado que, a pesar de lo que ha pasado, te quiere, estoy seguro, con verdadera devoción. Tu hija Ana, es como tú. Fuerte, inteligente y también te quiere con locura, te idolatra. Tus hijos te necesitan y tus amigas, por lo que sé, están decididas a hacer lo que sea por ti. Has destruido lo que habías construido con engaños, pero eso es bueno. Ya no necesitas mentir más. Ahora puedes empezar de nuevo, tienes los apoyos necesarios y no todo el mundo tiene esa oportunidad. ¡Aprovéchala! No la malgastes en elucubraciones negativas, eres joven y tienes una vida entera por delante.

–Si, todo eso está muy bien, pero ¿Cómo?

–Pues en principio, obligándote a no pensar en malos momentos del pasado. Cada vez que las ruedas de la cabeza te lleven a estos recuerdos, ¡Pega un grito! ¡¡Aaaahhhh!! Rompe el hilo de los pensamientos negativos y coloca en su lugar algún buen recuerdo, que seguro los hay. Y si ese recuerdo te hace reír, mejor.

Ana y Claudia se acercan alarmadas por mi grito. Mila sonríe al ver sus caras de asustadas.

–Lo ves, ya he conseguido hacerte reír. No pasa nada Ana, estamos haciendo experimentos, quedaos aquí con nosotros. Tu madre necesita risas, alegría. Alejar las preocupaciones y vosotras sois las más adecuadas para lograrlo. La tristeza es mala consejera.

Ana sonriendo.

–Bueno, buscaré en internet chistes para hacerla reír.

–No es imprescindible. Pero tu madre necesita mucho cariño y sé que la queréis, demostrádselo. Es así de simple.

–¿Cómo se lo demostramos? ¿La llevamos a la cama y le hacemos el amor?

–¡Noo! No es ese tipo de cariño el que precisa. Que, también, pero no con vosotras. Me refiero a un beso, un abrazo, una caricia, una mirada amorosa, mimos…

Se acercan las dos a Mila y comienzan a acariciarla, ella se queda quieta, sonríe. Las manos de las chicas se pierden bajo la falda. Ella reacciona y las aparta suave, pero firmemente. Se quedan sentadas una a cada lado de Mila.

–¿Entiendes ahora a lo que me refiero, Pablo? Ellas no distinguen entre amor y sexo, para ellas van unidos los dos conceptos. Cuando se ponen cariñosas no saben parar y la verdad es que me consiguen encender. Y no sé, si eso es bueno o malo.

–La verdad es que vuestras relaciones son atípicas, ya me lo dijo José, pero no imaginaba que lo fueran tanto. ¿Tenéis relaciones entre vosotras?

–Si, Pablo. Y la verdad es que no suponen un problema, José lo sabe y lo acepta, aunque no participa, a veces mira. Dice que son formas de manifestarse el amor, no hay violencia, no se obliga a nadie a hacer lo que no quiera y es muy satisfactorio. Él tiene relaciones con Marga y con Claudia con frecuencia.

–¿Y a ti no te importa? ¿No sientes celos?

–No, para nada. Sé que las quiere y ellas a él, yo también las quiero y vivimos una sexualidad sin tabúes, sin mentiras, con cariño y mucho placer. Los únicos que no participan son los niños y tenemos cuidado para que no nos vean, nada más.

–Interesante. ¿Y ocurre solo entre vosotros, o participa alguien más?

Mila me mira sonriendo.

–¿Por qué? ¿Quieres participar?

–¡¡No, por favor!! Mila, no vayas a pensar eso. No se me ocurriría.

Al ver mi cara de espanto se ríen a carcajadas las tres.

–Vaya la cara que has puesto. No te preocupes. Y sí, Ana y Claudia tienen sus amigos, con los que están empezando, llevan poco tiempo. Marga y Clau, tienen algunos conocidos con quienes salen, pero no los traen aquí y yo me dedico solo a José, aparte de algún escarceo con las chicas, normalmente cuando estoy con él. Son relaciones abiertas, aparte de mí, que no quiero contacto con ningún otro que no sea José, no me atrae ningún otro, por lo demás, todos pueden estar con quienes quieran, guardando unas mínimas formas, claro.

–Lo cierto es que como experimento sociológico no tenéis desperdicio. Se podría hacer una tesis doctoral.

Mila se ríe.

–Como conejillos de indias ¿No?

–No necesariamente. Hacéis vuestra vida, yo observo sin participar, claro, y trato de determinar que puede fallar en vuestras relaciones. Un análisis psicológico. Si detecto algo que puede afectar a vuestra estabilidad, nos reunimos y lo discutimos. ¿Qué os parece?

Mila me mira con curiosidad. Asiente con la cabeza.

–Si, puede ser interesante. Lo cierto es que, a pesar de haber tenido tantas experiencias, se han limitado al ámbito sexual, no al afectivo. Si, puede que logremos sacar algo positivo. ¿Por qué no? ¿Qué os parece chicas?

–Por nosotras no hay problema, pero ¿Tendremos que follar delante de él? No es que me importe, pero al chico le puede extrañar ¿No?

Me río de la salida de Claudia.

–No Claudia. Esas cosas las hacéis en la intimidad, pero después me informareis de las novedades que surjan, si ha ido bien, mal, peleas…

–Ya veo. Y cuando te lo contemos te dedicaras a hacerte pajas ¿No?

–¡No! Chiquilla, no. Pero en función de lo que me digáis podemos hacernos una idea de cómo va la relación, si os conviene o no, si vais demasiado rápido…Yo tengo mis vías para satisfacerme y no os las voy a contar. Son cosa mía. Y bueno, es tarde y no quiero cansarte más, Mila. Me voy a mi casa que mañana madrugo. Vamos, a descansar, que falta te hace.

Me dispongo a irme y las chicas se agarran a mis brazos, medio en serio, medio en broma.

–Quédate, Pablo, ven a nuestra habitación y nos cuentas algo.

–Anda, anda, dejad a Pablo tranquilo y vosotras a la cama sin hacer ruido, que vais a despertar a los niños. Un beso Pablo.

Nos damos dos besos en las mejillas, también a las chicas, que suben refunfuñando, de broma y riéndose. Mila me acompaña a la puerta de la parcela.

–Gracias Pablo. Estas siendo de gran ayuda para nosotros.

–No estoy haciendo nada, Mila. Solo escucho.

–Y ¿Te parece poco? No podemos hablar con nadie, fuera de nuestra familia. Hacemos verdaderos esfuerzos para que los vecinos no sepan cómo vivimos. Poder hablar libremente contigo nos hace mucho bien.

–Lo sé, Mila. Lo comprendo y ten por seguro que estaré a vuestro lado para ayudar en lo que pueda.

Me marcho a casa. Enciendo el ordenador y sigo leyendo los comentarios de José hasta muy tarde.