SEXTO DÍA: La Lucha

No hay amor sin instinto sexual. El amor usa de este instinto como de una fuerza brutal, como el bergantín usa el viento.José Ortega y Gasset.

Después de veinte minutos de trabajo intenso y concentrado de dos almas sabedoras de su disciplina, el proyecto ya estaba. La Universidad lucia sola, las festividades se desarrollaban en los campos deportivos, por lo que el silencio se podía cortar con una espada.

Él estaba como el día domingo, de polo y bermuda. Ella muy parecido, solo que su bermuda era corta y ajustada y su polo le reventaba esplendorosamente sus senos.

Ni ella, ni él, daban el primer paso de lo que sus mentes no dejaban evidenciar el uno para el otro.

Parecía que todo quedaría en sus mentes, no atinaban a dar un paso que mostrara sus oscuros propósitos. Sin embargo, el sonido que a lo lejos llego de una música pegajosa y muy bailable, seguramente una de las empleadas de intendencia haciendo el aseo, que escuchaba música, hizo que la suerte fuera VIVA y EFICAZ.

Se trataba de la celebré canción del venezolano Simón Díaz:

“Caballo le dan sabana porque está viejo y cansao pero no se dan ni cuenta que un corazón amarrao cuando le sueltan las riendas
es caballo desbocao

Y si una potra alazana caballo viejo se encuentra

el pecho se le desgarra y no le hace caso a falseta y no le obedece al freno ni lo paran falsas riendas”
Al escuchar, los dos se sonrojaron al máximo, se volvieron torpes, ya estaban por salir, en su nerviosismo tiraron papeles, al agacharse sus cabezas chocaron levemente, él presto acaricio suavemente la hermosa cabellera de ella. Con solo ese hecho, los dos al levantarse quedaron frente a frente, su mirada se dijo todo, no fue necesario charlar, simplemente se fundieron en un abrazo y en un beso con todo, un faje ya en toda la extensión de la palabra. No se trataba de algo forzado, no hay chantajes de por medio, ni circunstancias de que no quiero y luego si quiero, no sabía y me gusto, de un hecho fortuito que se sale de control, de una situación en
donde un enervante, el alcohol o una droga contribuye, o de que me atraes porque eres feo, bello, violento, distinto o que será, no….aquí los dos fueron germinando su deseo y atracción de poco a poco, su emocionalidad e intelecto les fue preparando para este desenlace, solo un hombre y mujer que se desean, se gustan y se encuentran.

No supieron si fue ella o fue él o quizás al mismo tiempo, pero ella empezó a acariciar con todo la fuerte espalda de él. Él empezó a acariciar a ella, llegando incluso a su nalgatorio. Lo aprisiono, lo estrujo, lo amaso, lo palpo. Ella se dejó hacer e incluso también tocaba a ese hombre de todo a todo. El fundimiento duro hasta que la música ya era muy perceptible afuera de la oficina.

Esa música y ese abrazo era MÁS CORTANTE QUE TODA ESPADA DE DOS FILOS. Jadeando ambos se separaron, él decidido y ya en su postura de mayor edad: Lizbeth, quiero hacerte el amor….ella, decidida: siiiiii, pero aquiiiií nooooo…no estaban para andarse con rodeos.

Iván: ¿traes carro?

Lizbeth: Si, un Susuki guinda…

Iván: Bueno, sígueme de favor. Yo tengo un Cross Fox gris. Tengo un pequeño departamento amueblado que deje de rentar y que ya está listo para ser nuevamente ocupado. Por el momento está libre, ¿vienes?, ¿estás segura? Porque yo te deseo con todo el alma.

Lizbeth: Siiii, Iván, nunca he estado más segura que de esto.

Conduciendo ambos, siguiéndolo ella a él, cual chiquilla descocada, temblando ligeramente, pero plenamente consciente de que esto que haría estaría bien. Su novio la había decepcionado, se consideraba mucho más madura que la gente de su edad y estaba ya dispuesta a dar el paso a lograr su primera vez. Toda la semana, los acontecimientos que le toco vivir, le hacían reafirmar su decisión. Sentía húmeda su intimidad. Contrastaba el cuerpo de su profesor con el de su papá, incluso era mayor a su progenitor por un año, pero no lo parecía así. Nunca había visto un cuerpo casi desnudo de un hombre hecho y derecho y no el artificioso de sus jóvenes compañeros. No por ello dejaba de temblar, de manera discreta manejaba siguiendo a su tutor académico y futuro primer hombre.

Él por su parte, también temblaba ligeramente, sus pensamientos se cruzaban. Deseaba hacer un buen rol de enseñante, pero dudaba, pues pensaba que ella ya era experta en esas lides. Se relamía de gusto, así como una tremenda adrenalina le recorría el cuerpo, al saberse a solas con esa monumental joven mujer. Su imagen en bikini, en el traje de gala entallado, la caricia en el muslo, el beso robado en el Teatro Degollado…no hacían más que avivar su morbo, su erección era fuerte, al grado de hasta dolerle. Iría a por todas, sería un amante excepcional. No por todo ello dejaba de temblar, de manera discreta manejaba para que ella lo siguiera, su futura primera infidelidad en regla.
Una vez que llegaron sin mediar palabra de por medio en todo el trayecto hacia el apartamento, ya que no eran necesarias, se volvieron a fundir en un abrazo largo incluyendo besos profundos e intensos. Sabían a lo que estaban, de poco a poco se fueron quitando una a una sus prendas, sin preocuparse en donde quedaban. Un reguero de ropa se daba en el pequeño apartamento. Primero ella le quito el polo y él a su vez a ella, no sin dejar de besarse como locos desaforados. Estando así, ella procedió a desabrochar la bermuda de su mentor y este a quitarle con cierta gracia y habilidad la pequeña prenda de mezclilla. Sus zapatos salieron volando. Solo se quedaron en sus vestimentas menos visibles a los ojos de los demás.

Se llegaron a una pequeña recamara, la cama si era matrimonial. Ya solo les restaban sus prendas íntimas. Acostados siguieron con el pleno agasajo, ninguna palabra había salido de sus bocas, solo gemidos callados, como con timidez, las manos de ambos no alcanzaban para cubrir la piel del otro. Se estaban recorriendo con calma, con rapidez, con furia, con suavidad, intercambiando y cual si fuera una pieza de vals cadencioso, ponerse de acuerdo tácitamente en la nueva caricia, en el nuevo recorrido, descubriéndose uno al otro. Esto era plena conciencia, plena entrega, nada de casualidades, todo bien planeado y ejecutado.

Iván despojo del brasier a su joven amada de una manera que le resulto hasta gratificante. Lizbeth empezó a gemir ya con mayor intensidad al recibir los chupetones de su maduro amante, él no dejo ningún milímetro de piel por recorrer, con calma, sapiencia y paciencia fue besando, acariciando desde la cintura hacia arriba, poniendo especial énfasis en las aureolas virginales de esos senos duros, perfectos, ella solo gemía y le masajeaba con descaro y sin tapujo alguno la fuerte espalda y los viriles hombros. La comida de senos que se estaba dando el maduro profesor era de antología. Ella se dejaba hacer dócil, tierna, recatada a la vez, al fin joven inexperta y provinciana.

Él la supo guiar hasta ver coronados en fuertes espigas hacia el cielo las corolas de los pezones juveniles. Ella ya giraba su larga caballera negra que como cascada brotaba de esa angelical carita de un lado a otro, fuertemente apretando los hombros y la cabellera negra de él.

Ahora, Iván fue descendiendo de a poco por ese esbelto y trabajado estomago para llegar al ombligo en donde volvió a aplicarse a fondo con delicadeza y ternura que acabaron por convencer a Lizbeth, proceder a desamarrar los pequeños moñitos de los lados de su minúscula prenda íntima y cual si fuera un bárbaro invadir su más preciado tesoro. La estaba calentando con todo. A ese momento ya Lizbeth se retorcía como pez fuera del agua y sus gemidos ya eran de mujer gozosa en plena faena. Ahhhhhhhhhhhh, Ivaannnnnnaa, riiiiiicoooooooooooo, noooooooo saaabiiaiaaaaa……ahhhhhhhhhhhh, huuummmmmmmm, huuuummmmm, ayyyyyyyyyy, riiriiicoocooo, siiiiiiiiii, maasssssssssss, siiiiaisiiiiiiiiiiiiiiisiiiiiiiiiiiiii

Ahora los labios y lengua eran las principales armas invasoras de ese bárbaro que llega a la cima más alta de toda hembra, sus lengüetazos, besos, mordiscos, acciones y tareas que ejecutaba con diestra maestría evidenciaban los años de experiencia en estos menesteres. Estaba dictando su mejor catedra. Su obra maestra se estaba conformando: enseñar a una mujer a gozar como dios manda.
El tiempo, ah ese preciado recurso, del que sabemos tiene un principio y un fin, fue largo, corto, eterno, sin final, rápido, corto, el silencio se podía raspar con la famosa espada de la cual el sacerdote hablaba apenas el domingo pasado. Así el hombre se recorrió las piernas, desde arriba, pasando por esos muslos firmes, suaves, duros, increíbles hasta llegar a las pantorillas y los pies exquisitamente cuidados de esa virginal joven.

Cuando Iván, sabedor de que sus notas estaban dando en el punto exacto, con calma empezó a bajar su trusa, viéndose sorprendido cuando Lizbeth felina, coqueta, retadora y con una chispa de animal endemoniado y lujurioso en los ojos y una sonrisa que hubiera puesto a temblar a cualquiera se acercó y fue ella la que de manera lenta, pero firme y segura le bajo la masculina ropa. Ya una vez Liz le había empezado a hacer una felación a su aún novio, pero el lugar en donde estaban, que era la casa de él, con los padres presentes no permitió que la acción prosperará del todo. De hecho los penes eran muy similares, incluso el de su novio era un poco más largo, pero el de su ya inminente primer hombre más grueso. Le bajo la trusa, le empezó a menear con la manita el duro garrote e incluso poniéndose a tono con la primicia, musitar con voz ronca y sensual a más no poder: queee ricccacaaa ññooongaaaa, seríaaa la enviididaa de másss de unnaaa alumnnaaa

Lizbeth sabía muy bien que su profesor Iván era un tipo ególatra, al cual le gustaba que le enervaran la estima…al ver su reacción no verbal, continuo con su ahora calentamiento hacia ese hombre que podría ser su padre: Sabes que tienes tu pegue…que cualquiera daría lo que fuera por estar aquí….con este “amiguito” en sus manos. Ella estaba poniendo en práctica el poder de su cuerpo y de su mente que son competencias que le serían útiles en su futura vida. En estos días, ratifico eso que tenía latente en su cerebro. Ahora ella era la dominadora, el trabajo manual que hacía, estaba haciendo retorcer al otro, para ello se rozaba con sus senos en el pecho y cara de él, que no alcanzaba a contestar nada.

Ella se acomodó arrodillada para ya pasar sus senos en medio del miembro y fue la inercia lógica la que le llevo a poner sus divinos y naturales rojos labios en el chipote masculino. A lo lejos de escuchaba música de mariachis, conjunto típico de la Perla Tapatía. Shusgg, glupp, glupp glupppp, pero más que nada la mirada de ella mirando hacia la de él que viraba de un lado a otro por el placer que esta endiablada chiquilla le estaba haciendo.

En este punto, Iván no dudaba de que esta hembra era experta en estas latitudes. Su cerebro atinaba a razonar que quizás era una de las mentadas acompañantes de lujo, de una de las llamadas “putas de lujo”…ese solo chispazo de pensamiento le enervo aún más la fuerza de su virilidad, le dolían los cojones. Solo atino a acariciar y meter sus manos en la cabellera reluciente, brillante y negra de ella y musitar con gutural voz: Liizzzzbethhhh, riiiiccooooo, hummmm, asiiiii, chiiquiiiitttaaa, no sabeesss cuanttasss veceessss pennnnseee en estoooooo…hummmmmm.

Lizbeth por primera vez, pero como si fuera una experta amazona sobre su brioso corcel realizaba el acto de poner aún a punto esa daga, esa espada que la atravesaría por primera vez para hacerla al fin mujer.
Él ya estaba a punto, su alumna resultaba ser una diestra jinete, por lo que suavemente le indicio, le suplico parara y se acomodara sobre de él para con un beso demostrarle que ya serían uno para el otro sin tapujos, ni falsas posturas, compartiendo sus cuerpos, sus salivas y jugos.

Ahora, él podía palpar a plenitud el glorioso nalgatorio e incluso introducir sus dedos en la vaina. A pesar de ser virgen, esto no se apreciaba ya que al ser una deportista consumada, su himen lo mantenía muy flexible, además al estar por completo humedecida y exhumando su sabia facilitaba la labor de iniciación de su querido Cosme Iván.

El tiempo sin fin transcurría, ahora los gemidos de ella ya indicaban el punto fino en que una mujer sin pedirlo, necesita ser ya penetrada, ya empalada, ya fundirse en un solo cuerpo con el del hombre que sepa conquistar esa montaña, esa cima más alta del mundo.

Girando cual si estuvieran en una desierta y sórdida playa, en la típica posición de misionero, él procedió a pasar su acuoso estilete por la vagina sudorosa que buscaba cual aspiradora succionar ya de una buena vez dicho artefacto humano, no sin musitar con un tanto de miedo y temor: Despaaaaccciiitootoo Iváaannnnn.

La espada humana de Iván acometió su más preciada meta. Inicio su suave vaivén para empezar, disciplinado en lo académico y caballero en todo, obedecer de hacerlo despacio. Ella no aprecio el rostro de sorpresa y de maravilla, un rostro que de retratarlo hubiera reflejado de una manera fiel, fidedigna la mayor felicidad del mundo. Lizbeth era virgen…el mejor regalo que jamás hubiera recibido de estudiante alguna.

La joven pupila estaba a la altura, al ser preparada de la mejor manera posible, con un consciente consentimiento, no experimento más que un ligero dolor al principio y solo pequeñas gotas del líquido rojo fueron los signos de su ya pérdida virginidad. Ahora la espada humana penetra hasta PARTIR EL ALMA Y EL ESPÍRITU, las coyunturas y los tuétanos, Y DISCIERNE los pensamientos y las intenciones del corazón. Las palabras del sermón dominical sin saberlo ambos les llego a cada una de sus afiebradas mentes. Eso solo lo sabrían hasta compartir sus sentimientos, después de la tempestad de esta fragorosa lucha.

Ahora el gemía sin recato, ella sin pudor, él con fuerza, ella con intensidad, él con felicidad, ella con gratitud, él entusiasmado, ella optimista, él arremetía en su mete y saca, ella en el recibir y en el dar.

Lizbeth: Hummmmmmm, ayyyyyyyyyyyyyyyy, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh Dioossss estooooo esss riqiiiiiisiiimmmmooo , Ivaannnn queriiiiidodoododo, asiiiiiii looooo queeerriiiaiaia,,,, grrararaccciaassss pappappiiittototooo chuuuuullooooooo

Ivan: chiiiquiiiiitttattaa, chiquuiiillallaa miiaaaa,, errressss miiaaaaaaa, ereresss una dioooooosaaaaaa, unaaaa diosssaaaa

La buena copula entre hombre y mujer es como una espada de dos filos. Penetra hasta partir el alma y el espíritu porque logra unir con el cosmos ofreciendo uno de
los mayores placeres mundanos, y discierne los pensamientos e intenciones del corazón porque logra conciliar al hombre y a la mujer de manera pragmática. Toda buena relación se fundamente en ese balance de mente y ser, el buen sexo es la mejor ARMA que tenemos para lograrlo.

La inercia de la salvaje copula, hizo que ella abriera aún más sus poderosas piernas y rodeara con ellas a su hombre. Con lo cual él tiene una mayor profundidad de logro, por ello mismo estando en esa postura ahora él para tener mayor presencia inclino las piernas de ella y tener así un mejor agarre, para posteriormente pasar sus piernas en sus hombros entrando más de lleno a ese acoplamiento.

Lizbeth: pappapapiiiii,,,enseññaaaammmmeee tooooodoooooo, hazzzzz lo qquuee quiearttasssss connnnmiiigooooo, perrorooooo quuue nooooo acacccnabbeeeee estoooooooo, Dioosssssss queuue riiicocooooo.

Iván: siiiiii miiii reuyyyynnaaaa saannttttaaaaa, ufffffff, hummmm

Demostrando su gran acoplamiento, él se bajó las piernas de sus hombros y sin sacar su pene y dejarla de penetrar y la otra también de estarse comiendo su garrote, se viraron para que ella fuera la que llevará el control.

Lizbeth inicio un frenético movimiento con su pelvis y cintura pasando de una rapidez a una lentitud como si se dominará de toda la vida la tarea asignada. Definitivamente estaba exentado la materia y con honores.

Ayyyyyyyyyyyyyyy, hummmmmm, asiiiiiiii,, ricoococococo, Ivaananannnn eressss un suuueeñññooooo, asiiiiiiiii, ayyyyyyyyyyyyyyy, hummmmmmmmmmmmmm, ayyyyyyyy

Iván se recostó para poder besar y amasar esos sudorosos y bamboleantes
senos….llevaban ya buen rato cogiendo como desatados.

Lizbeth por un momento paro para acomodarse los cabellos de la frente que ya todos mojados le escurrían su sudor en sus ojos.

Iván aprovecho para que con ese mudo lenguaje que ya dominaban entre los dos, destrabarla con lo cual un sonido extraño se escuchó, dando a la risa de los dos.

Ahora la acomodo de rodillas para que parara esas suculentas nalgotas. Enfilo su envarada, totalmente mojada espada y volverla a partir ahora desde atrás en la clásica postura de “perrito”. La penetración que ambos se hacían ciertamente era una espada que los estaba atravesando de cabo a rabo, sin dejar huella, ni macula alguna. A priori, ellos ya sabían que esto pasaría, que bueno que no se habían equivocado en sus elucubraciones.

Ahora el sonido fuertísimo que se escuchaba en el mete y saca era de antología incluso combinándose con el famoso “Son de la Negra” que otro conjunto de mariachi tocaba ya más cerca. Pareciera que los dos bailaban al compás de tan afamada y distinguida pieza mexicana—Pappapap. Papappaa, papapa, papapappa,
papapapa, como si fueran las guitarras y percusiones…galalaapp, galapapa,, glapapa.,, glaapap, galalalao, como si fueran las trompetas y los gemidos de ambos como si fueran las voces de los maricachis….se acerca el culmen de esta verdadera primera vez de ambos….para ella auténticamente la primera, para él, en el sentido de hacerlo fuera de su lecho nupcial y con una joven y sobre todo con su alumna…..paappappa,,glllalaaaoooo, galallaoaoa…..ambos llegaron a un fuerte orgasmo al mismo tiempo, hasta en eso, su acuerdo era mutuo, pleno y de regocijo…..terminaron juntos al igual que la pieza musical.

Esa tarde-noche aún continuaron hasta quedar exhaustos. Ese día Lizbeth ya no vio al novio, ya rompería después con él. Ese día, Iván llego muy tarde pero renovado a su hogar. Pero esos hechos son otra historia.

ELLA:

Consciente de que su precoz madurez le indicaba que con nadie de su edad hubiera experimentado lo placentero y rico que fue perder su virginidad. Simplemente la mejor experiencia corporal que se hubiera podido imaginar. Sería su más profundo secreto. Sabría ya cómo manejarse con los hombres, sencillamente se estaba graduando de todo a todo. Se sentía plena, radiante, segura de sí misma, confiada en salir a la vida para vivir, gozar y ser plena. Serúa su más profundo secreto, se lo llevaría a la tumba.

EL:

Consciente de que su serena madurez le indicaba que con ninguna otra mujer, ya sea compañera o alumna hubiera experimentado lo placentero y rico que fue traspasar este umbral de falsa moralidad. Simplemente la mejor experiencia corporal que se hubiera podido imaginar. Sería su más profundo secreto, se lo llevaría a la tumba. Se sentía pleno, radiante, seguro de sí mismo, confiado en salir al paso de esta increíble aventura extramarital para vivir, gozar y ser pleno.

SÉPTIMO DÍA: El acuerdo

Si vas a hacer algo relacionado con el sexo, debería ser cuanto menos genuinamente perverso. Grant Morrison.

Y dios hizo el séptimo día para descansar, el hombre y la mujer para retozar. Ellos retozaron como si fuera su luna de miel y las que siguieron, pero eso es otra historia por contar.

ELLA:

Las dos mejores decisiones de su vida, en tan solo siete días se habían conformado. Su intelecto le había permitido conocer la gloria y no se arrepentía, simplemente era una mujer moderna, sin trabas morales ya y dispuesta a seguir gozando. En la empresa le daban un año de estancia en México, después se iría al extranjero. Que bien, así estaría un año con Iván, siguiendo su proceso de formación. La discreción de ambos, es algo que agradecía. Era feliz y así seguiría, tan era así que no tendría que contárselo a nadie, nunca más.

EL:

Estaba maravillado y feliz, en una sola semana, logro lo que en su más profundo subconsciente quería desde siempre. Su experiencia y madurez le había permitido conocer la gloria y no se arrepentía, simplemente era un hombre nuevo, sin trabas morales ya y dispuesto a seguir gozando. En la empresa de Lizbeth le daban un año de estancia en México, después se iría al extranjero. Que bien, así estaría un año con ella, disfrutando de esta aventura de maduros. La discreción de ambos, es algo que agradecía. Era feliz y así seguiría, tan era así que no tendría que contárselo a nadie, nunca más.

FIN