Recomiendo a los lectores leer las anteriores tres partes, la historia va cogiendo ritmo…

Nami estaba de nuevo rindiéndose al deseo sexual de su cuerpo en el puesto de vigía. Eso no podía ser… Pero estaba tan excitada, de su cuerpo salía tanto calor que no podía evitarlo, ahora mucho menos que la anterior vez.

Nami agarraba con fuerza sus pechos y se frotaba el clítoris con pasión… Si seguía así, en menos de tres minutos estaría de nuevo jadeando de placer y con nuevos flujos bañándole los muslos.

Pero Nami tuvo una pequeña dosis de sentido común. Miró el día, la mitad del Sol ya había salido de la línea del horizonte. Eso significaba que la actividad en cubierta se iba a iniciar dentro de unos minutos, que la iban a pillar masturbándose. Y decidió que tenía que dejar de hacerlo.

Peor no era fácil tomar la decisión, nada más sacar los dedos de su vagina sintió tal dependencia que los volvió a meter y volvió a rascarse el clítoris con fiereza. Pero aquello no podía ser, hizo un esfuerzo para detenerse a pensar. El coño la hervía de ansiedad, la pelirroja sufría si no continuaba su plan onanista. Debía volverse a rendir, no podía parar.

¡Pero no podía ser ahora! ¡La verían!

– Joder, ¿por qué estaré tan cachonda? Amms… ¿Qué hago? – se preguntaba Nami.

Vio el zumo tirado en el suelo. Recordó a Sanji, y tuvo una idea, le pediría que vigilase por él hasta que los demás se levantaran, total, quedaba muy poco… Bajó a toda leche del mástil a la cubierta. Nami notó que mientras descendía el calor dentro de ella iba en aumento, sus pechos se inflaban y los pezones se excitaban casi con el roce de la camiseta al moverse. La vagina se le iba a fundir…

Nami respiraba fuertemente, es como si no pudiese aguantarlo.

– ¡Aaaah, aaaah! – jadeaba Nami porque desde el interior de la vagina seguía aumentando el placer… Pero ya estaba pisando el barco, se dirigió hacia los camarotes. Le costaba un montón andar porque su vagina quería sexo, le pedía a su dueña que volviese a hacerla caso, el placer se elevaba exponencialmente a cada paso que daba…

– ¡Aaaaahhhhh! Joder… ¡dios! ¡Aaaah!

Nami se acercó a la cocina, rápidamente debía dar el recado e irse a su habitación.

– Oye Sanji, tengo…. tengooo que ir aahh aal baño, ¿te importaaa….aahhh! ¿te importa vigilaaar?

– No, tranquila, pero… ¿te pasa algo pelirroja? ¡Pareces muy agobiada! – dijo Sanji saliendo de entre los fogones. – Tienes una voz un tanto rara.

A la pelirroja le costaba hablar. Esa como si su voz sólo quisiese gemir.

– Noooohh, es que meee ¡¡aaahh!!… me meooo, ¡voy ya aaaaaAAH! – nami salió disparada, corriendo hacia su camarote. ¿Qué coño era aquella sensación?

Sanji miró como corría sorprendido. Dejó lo que estaba haciendo y salió fuera.

Nami siguió corriendo como podía mientras jadeaba. Llegó a su cuarto y cerró la puerta, para tirarse sobre la cama. Sin tardar ni un segundo, se quitó la camiseta, la falda y tiró sus braguitas lejos y se quedó desnuda sobre su edredón. El deseo sexual era tan grande que no podía andarse con miramientos, tenía que hacerlo ya.

Dejándose llevar por aquél intenso placer que recorría sus venas y la obligaba a tocarse, Nami volvió a deslizar su mano en su entrepierna cada vez más húmeda y empezó a frotarse nerviosa los labios vaginales, lijándolos casi con su piel y experimentando chispas de placer cada vez que los arrugaba.

A la vez, sus pezones erectos y duros reclamaban más tacto que su otra mano, la cual era insuficiente para abarcarlos y estimularlos como debía. La cachondísima pelirroja acabó por tumbarse boca abajo y frotarse contra la colcha como si se estuviese follando a la cama. El roce de la cama con sus enormes pechos se sentía bien, la cama se movía masajeando aquellas maravillas de la naturaleza con las que nació, sus pezones quedaban raspados con la superficie y en su pecho brotaba placer, pero ella quería que brotara leche.

En sus pensamientos se agolpaban las imágenes del hombre fornido que había visto antes en su mente, le pasaba esa pedazo de polla entre sus tetas y entre sus labios, ella la chupaba como un chupete…

Mientras, sus dedos buscaban sensaciones cada vez más álgidas en su coño, estiraban su excitado clítoris que también estaba duro como sus pezoncitos y respondía a todas las estimulaciones de la pirata llevándola más lejos en la búsqueda del placer.

Nami lo pasaba realmente mal porque sabía que no podía gritar, ni siquiera gemir, que la oirían en las habitaciones de al lado; así que se puso una almohada en la cara para ahogar sus gemidos contra la misma, intentando que no sonaran más allá de sus paredes.

– ¡mmmmhh! ¡Más, mmmhhh! – musitaba contra la almohada allí en pelotas.

En su mente, ese hombre la había penetrado violentamente, abriendo a Nami con su virilidad gruesa y dura como el acero.

Mientras seguía frotándose contra el colchón, ese deseo que había salido de ella de forma repentina la estaba llevando al clímax… Nami ardía por dentro, quería arder por fuera, quería quemar la cama.

– ¡mmmmmMMMMHH! – Nami sentía cada vez más sensaciones brotar de su sexo.

La joven cachonda se metió dos dedos en el fondo de su vagina y empezó a frotarse el interior, sabía que tenía que andarse con cuidado para no romper su virtud de mujer, pero no podía controlarse, los pechos se aplastaban contra la colcha como si quisieran romperla, su clítoris se fundía como un caramelo… Ese hombre que sólo estaba en su imaginación, pero también en una realidad cada vez más palpable, la follaba a gusto.

Y llegó, justo cuando los dedos frotaban su matriz ya casi rasgando el himen, cuando sus pezones parecía que se iban a romper, cuando su clítoris perdió la consciencia y la abandonó a su suerte, Nami sintió que el orgasmo la inundaba y se corrió a gusto.

– ¡mmMMMMMMMHH! ¡¡MMMMMMHHHH!! ¡¡¡Síiiiiii!!! – intentaba controlar su voz mientras el deseo salía de ella y quemaba la estancia… Ese hombre de su imaginación empezó a soltar semen sobre ella como si fuese una fuente…

Nami se sintió inundada por dentro, sus paredes vaginales se inundaron con sus jugos femeninos mientras descargas eléctricas muy potentes recorrían su anatomía, la hacían delirar y la dejaban exhausta, llevándola al paroxismo. La chica bufaba de placer y cansancio por la masturbación… Estaba cubierta de semen, así se veía tras haber sido follada.

De la tierna vaginita de Nami salieron despedidos fluidos vaginales que mojaron su interior y su exterior, resbalándose bellamente por la rajita de la mujer, que olía a sexo y a calor, impregnando de deseo toda la habitación. La mano que había buscado el tesoro en su coñito salió empapada y Nami la chupó para absorber todo el rastro de putita que había en ese jugo suyo, quizás también para sentir a ese tío que en su mente le había dado el polvo de su vida.

Al final Nami, todavía respirando fuertemente y totalmente sudada por todo su cuerpo desnudo, cayó en un profundo sueño instantáneo por el cansancio del sexo y de la noche en vela. Se quedó dormida tal cual, con las piernas abiertas dejando ver la entrepierna húmeda y las tetas mirando hacia la puerta.

Pero quien se había deslizado en el cuarto mientras ella se autosatisfacía y sin que ella se hubiese dado cuenta, aún seguía allí.

Seguía observándola y compartiendo la excitación de tal espectáculo y ese cuerpo escultural ahora indefenso…

Continuará

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