dueno-inesperado-1Nota del autor:

Bueno, estoy tratando de subir varias series más o menos al mismo tiempo. Tengo el problema de que tiendo a ser incapáz de mantenerme en un solo asunto, de modo que me es más sencillo ir trabajando sobre varias historias. Espero les agraden y agradezco mucho su paciencia, como siempre, sus comentarios son de suma utilidad y bienvenidos.

Mundo de alegría, al menos en la primera entrega, empieza algo lento en cuanto acción, pues es más explicativo del contexto de los personajes; pero creo que la paciencia será bien recompensada.

Saludos.

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PRÓLOGO.

sin-tituloA su alrededor, sobre los estantes en las paredes, las viejas muñecas de Julieta parecían observar en silencio la escena que se desarrollaba en la recamara. Eran las seis de la tarde, afuera hacía un calor insoportable pero dentro la temperatura, calor o frio, parecían haber dejado de existir. Tampoco el tiempo daba señales.

Julieta y Joel se fundían en un beso que había durado minutos; él estaba recostado sobre la cama, con ella sobre él. Desnudo de su torso, Joel disfrutaba las suaves caricias que las manos de la chica regalaban a su piel. Cuando terminaron, se miraron durante cinco segundos, antes de que la chiquilla soltara en risas. Joel acarició su rostro, antes de que esta se alejara, deslizándose hacia abajo.

Con serenidad, la chica desabrochó los pantalones y los deslizó, desnudándolo. Con un cuidado ceremonial Julieta liberó la erecta verga de Joel, que descansaba completamente endurecida bajo las suaves telas de sus calzoncillos.

Julieta se puso de pie, y con paciencia descalzó al hombre, y dobló sus pantalones para colocarlos con cuidado sobre una de las sillas del cuarto. Regresó, colocándose suavemente sobre la cama; Joel se sentía en el cielo, mientras miraba como aquel ángel regresaba para sostener cuidadosamente su falo antes de llevárselo a la boca.

La fresca boca de Julieta masajeaba el glande del hombre, lo hacía con tal delicadeza que Joel ni siquiera estaba seguro de si aquello era la lengua de la chica o algún extraño efecto del viento. Por su mente corría el deseo de atraer a la chica hacía él y clavarle su falo erecto hasta el tope; deseaba escuchar las arcadas de la chiquilla, mientras le azotara la cabeza contra su entrepierna, pero ni siquiera se atrevía a tocarla. En vez de ello, Joel permaneció inmóvil, dejando que la chica hiciese lo que quisiera con él.

Julieta era menuda y tierna, se movía con una ligereza gatuna que sorprendía a muchos, tenía unos largos, lisos y hermosos cabellos rubios. Su nariz era perfecta, sus labios gruesos y suaves, su rostro ovalado tenía por encima una frente amplia. Sus cejas eran medianamente pobladas, tan rubias como su cabello. Pero lo mejor – o peor – eran sus ojos, enormes y redondos, tenían un hermoso color grisáceo que era imposible de ignorar y más aún para quien los disfrutaba en medio de una felación.

Ella le había dicho que se había vestido especialmente para él; llevaba una blusa de red roja, con la que se distinguía su clara piel bajo la tela, con mangas largas pero con el vientre descubierto. Era obvio que debajo de aquella blusa, nada más cubría sus pechos.

Debajo, unas bragas blancas de algodón, le daban un aspecto natural y desinteresado. Sus hermosas piernas estaban desnudas, y finalmente sus pies lo habían recibido dentro de unas rojas zapatillas de aguja.

El cuarto era color rosa, las ventanas del cuarto estaban despreocupadamente abiertas y la luz del atardecer iluminaba de lleno aquel ambiente. La clara piel de Julieta se pintaba hermosamente con el crepúsculo, mientras su boca hacía aparecer y desaparecer lentamente el pene de su compañero. Joel aún permanecía incapaz de moverse.

Hacía minutos que había dejado de pensar en la posibilidad de que alguien, o peor, el propio Sr. Galloso los descubriera. Había caído inerte en los encantos de la muchachita, la hija menor de su jefe y protector.

La chica sacó el falo de su boca y dirigió una preciosa sonrisa a Joel antes de desaparecer hacia abajo. Entonces los testículos de Joel disfrutaron de los suaves besos y caricias que los labios de Julieta proporcionaban. A veces se metía uno entero a la boca, y otras veces dibujaba su circunferencia con la lengua. De pronto subió de nuevo, recorriendo con su lengua el interior de su tronco; terminó el recorrido dándole un dulce beso a la cabeza del pene cuando de pronto Joel se puso de pie.

Tanto placer había sido más que suficiente para aquel hombre. Tomó a la chica por la cintura y la colocó en su lugar; ahora era ella quien, recostada sobre su espalda, miraba divertida a Joel desvistiéndole sus calzones.

El hombre deslizó estos hasta las rodillas de la chiquilla. Su cocho precioso y sin vello yacía desnudo entre las piernas de la chica. Con una mano, Joel separo las piernas de Julieta y las alzó, de manera que ella tuvo que abrazar sus rodillas mientras el sujeto se escurría, dirigiendo su boca hacia el manjar que le esperaba entre las piernas de la chica.

En aquella posición, Joel se deleitó con el manjar que aquel coñito representaba. Húmedo, suave y rosado, aquello era aún más fascinante que besarle los labios del rostro a aquella muchacha angelical.

Una cosa llevó a otra, y pronto las piernas de Julieta comenzaron a vibrar de placer mientras la boca del hombre no se detenía en su afán de masajear su entrepierna. La chica sintió perder el conocimiento mientras su mente se nublaba con el placer de aquel orgasmo.

Dejándole un respiro, Joel se sentó sobre la orilla de la cama mientras Julieta se recuperaba. Un minuto después, ella se incorporó, sentándose junto a él. Un semblante serio apareció en su rostro.

– Joel – dijo, con una voz tan suave y dulce que Joel apenas lo percibió – hoy quiero hacerlo.

Joel la miró, con una interrogante en su rostro.

– Me refiero a hacerlo, quiero que lo hagas – insistió la chica

– No creo que sea buena idea – murmuró Joel, como si alguien pudiera escucharlos.

La chica miró unos segundos el suelo, parecía pensativa. Pero insistió.

– Te lo pido por favor – continuó, mientras su voz comenzaba a ennudecerse – Es que realmente quiero hacerlo.

– ¿Sucede algo? – preguntó Joel.

– No sucede nada.

– Tú papá…

– No es eso, sólo que quiero hacer esto.

– Creo que no es correcto.

– Mi papá ha hecho cosas peores – recriminó – Que tú no quieras me hace sentir mal. ¿No me qui…?

– No empieces. Es sólo que no entiendes.

– ¿Qué tengo de malo?

– Nada.

La discusión continuó un par de minutos más, y Joel la perdió miserablemente. Recostó de nuevo a la chica, mientras con su mano abría cuidadosamente sus piernas. Julieta no era virgen, y él lo sabía, pero aún así la trataba como si estuviese a punto de desflorarla.

Era la primera vez que la penetraría; en el fondo, siempre había esperado el momento de que aquello sucediera, pero ahora se sentía extrañamente incapaz de imaginar siquiera lo que estaba a punto de realizarse.

Dejó que su instinto tomara el control, pues la razón sólo lo hacía sentir una culpa cegadora. Su erecto falo se dirigió al borde de la cálida entrada del coño de Julieta, mientras esta lo miraba fijamente, seduciéndolo con sus hermosos ojos grises.

Lentamente, pero sin detenerse, la verga de Joel penetró a Julieta, abriéndose paso entre los apretados labios vaginales de la chiquilla. Joel estaba tan excitado que sabía que aquello no duraría mucho; se arrodilló sobre la cama, alzando a la chica sobre él. Pronto, sin dejar de penetrarla, ambos quedaron en unión de loto, y Julieta no desaprovechó para besar a Joel mientras este deslizaba su falo suavemente dentro de ella.

Aguantó aquello durante poco más de cinco minutos, antes de que la excitación prolongada tuviera sus efectos. Entonces su cuerpo se endureció, mientras por su próstata comenzaba a correr una copiosa cantidad de espesos líquidos.

La chica suspiro, y besó su pecho suavemente mientras sentía la calidez de aquellos jugos cayendo dentro de sí. Gemía suavemente, tratando de no olvidarse de respirar.

Mientras su esperma manaba hacía el cálido coño de la chiquilla, Joel cerraba los ojos, mientras su barbilla sudorosa, descansaba sobre la cabeza de Julieta. Era incapaz de imaginar que aquella tarde sería la última vez que la vería en mucho tiempo.

JOEL I

La lengua de Joel descendía sobre la espalda de Mireya, la chica hacía descender su vestido violeta de hombros descubiertos al tiempo que los labios del hombre se desplazaban tras de sí. Pero este la detuvo, pues prefirió alzarle el vestido para descubrir sus bragas blancas.

Besó el coño de la chica a través de la humedecida tela de la ropa interior, y olió el aroma de excitación de la chica.

La chica era una actriz secundaría de una película juvenil estrenada hacía un par de meses; la película había tenido éxito, y ahora la chica – y su madre – deseaban un papel más protagónico para la joven artista.

Su propia madre la había traído, yéndose en seguida, como quien entrega una ofrenda a sus dioses. Joel la recibió en la puerta, y no dudó en saludarla con un despreocupado apretón de nalgas frente a la señora, sólo para conocer la reacción de esta. No solía comportarse como un patán, pero tampoco era muy afecto a los padres o madres que presionaban a sus hijos para entrar en aquella clase de mundo de la que él mismo había tratado de salir, durante años, sin los mejores resultados.

Cuando se quedaron solos, Joel le invitó un vaso de agua a la chica y la actualizó en las noticias que tenía respecto a su papel en un nuevo programa juvenil.

– Hasta tendrán grupo musical – reveló Joel – Espero que sepas cantar.

La chica lo escuchaba encantada, de obtener ese espacio, sin duda se haría famosa cantando o actuando, o ambas cosas.

Aunque joven, sus anchos hombros y su gran altura la hacían parecer mayor. Sus largas y hermosas piernas se coronaban con un culito respingón que evidenciaba varias horas de gimnasio.

Su rostro no era el más agraciado, tenía una nariz extraña y una cabeza relativamente pequeña, con una gran frente que trataba de ocultar con su largo y frondoso cabello castaño oscuro. Joel sabía que la chica necesitaría siempre de un gran trabajo de maquillaje para lucir bien en pantalla.

Joel era un agente de talento, especializado en los contenidos infantil y juvenil; llevaba más de diez años en aquel ámbito, y se había ganado la fama de lograr colocar siempre a las jóvenes estrellas en papeles más protagónicos. Seis de sus anteriores representadas ya eran completamente famosas, y varias más de ellas seguían en pie de lucha en el inestable mundo de la farándula.

De modo que la visita de Mireya a casa de su representante no era más que la continuidad de la estructura de favores sexuales a cambio de oportunidades de fama que regía en todo aquel ámbito y al que Joel había terminado más que acostumbrándose.

Cuando ambos terminaron sus bebidas, Joel le hizo una seña a Mireya para que se acercara. La chica lo hizo con una sonrisa nerviosa, y al poco tiempo estuvo de nuevo al alcance de las hábiles manos del hombre.

Ahora, colocada en cuatro sobre la cama, la chica ofrecía su culo a los labios y nariz que inspeccionaban tras ella. Sentía la nariz de Joel olfateando su coño y la piel de sus nalgas; un estremecimiento recorrió su cuerpo cuando las cálidas manos del hombre tomaron sus bragas por los costados y las comenzaron a deslizar hacía abajo, en segundos, la húmeda concha de la chica se asomaba bellamente y a merced de aquel sujeto.

– Estás completamente mojada – murmuró Joel

– Sí – suspiró la chica, quién de pronto sintió como las manos y el cuerpo de Joel se alejaban por unos segundos, sólo para sentir de nuevo sus manos, con más fuerza, colocándose sobre sus caderas,

Joel deslizó las bragas de la chica hacía abajo, sólo lo suficiente para que su falo pudiera abrirse paso a través de sus nalgas y entrara con relativa facilidad en la estrecha entrada de la muchacha.

Mireya se mordió el labio mientras sentía cómo lentamente aquel pedazo de carne la atravesaba hasta su totalidad.

Joel se detuvo cuando la penetró por completo, y aguardó un momento para sentir como su pene endurecido palpitaba dentro de su representada, al mismo tiempo, sus manos deambulaban sobre el torso de la esbelta chica, concentrándose de pronto en sus pechos, que desnudó con cierta desesperación para tenerlos por completo en sus manos.

A Mireya aquello estaba lejos de molestarle; aunque la diferencia de edades parecía abismal, sabía que podría haber sido peor. Después de todo, Joel era bastante bien parecido, un agasajo comparado con los viejos, feos y obesos productores de cine y televisión con los que también tenía que vérselas.

Una vez que el interior de la chica se relajó, Joel inició un lento meneo. Poco a poco, sus movimientos de mete y saca se fueron convirtiendo en rápidas embestidas que aumentaban tanto su intensidad como los gemidos de la chica.

El celular de Joel sonó de nuevo, y aunque intentó alcanzarlo la chica no se lo permitió, en vez de ello se abalanzó sobre él, haciéndolo caer de espaldas sobre la cama.

En cuclillas, sobre Joel, se clavó el erecto falo, y saltó divertida sobre este. Las risas no tardaron mucho en convertirse en profundos gemidos de placer, y Joel se olvidó por completo del teléfono para concentrar sus manos en las tetas medianas y suaves de la chica.

Era el tercer encuentro de ese tipo que tenía con la chica, y era la primera vez que la veía así. Los primeros habían sido con una chiquilla tímida e insegura, hacía casi un año, con una experiencia nula en aquel ámbito.

La chica no tardó en ser víctima de sus propios movimientos, y se detuvo en seco sólo para apretujar los hombros de Joel, que le sostuvo por la cintura para mantenerse dentro de la chiquilla mientras esta disfrutaba de su clímax.

La chica sonrió, mirándolo, y tratando de recuperar el aliento, también Joel respiraba aceleradamente, no porque se hubiese corrido sino por el ajetreo de la propia chica.De pronto el teléfono celular sonó de nuevo. Joel suspiró, con cierta molestia, aunque supo que era mejor saber de qué se trataba.

Se hizo a la chica a un lado y se puso de pie, su verga brillaba embadurnada por los jugos de la chica. Se acercó de un salto a la mesita, justo a tiempo para contestar.

– ¿Bueno?

– ¿Joel?, soy yo, ¿cómo estás?

Era Ignacio. Ignacio era, por alguna misteriosa razón, uno de los mejores amigos de Joel. A pesar de eso, ambos parecían haber tenido una suerte completamente distinta; mientras que Joel había tenido un éxito total en el mundo del espectáculo, Ignacio luchaba para sobrevivir económicamente tras un divorcio que le había dejado devastado.

Se habían conocido hacía años, cuando Ignacio presentó a un joven Joel a diversos productores de teatro, en el tiempo en que Ignacio era un prominente bailarín y coreógrafo.

Sin embargo, un accidente de tránsito había provocado un coma de un mes a Ignacio, y posteriormente más de cuatro meses en hospitalización, debido a una complicación neuronal que terminó en una costosa cirugía que le salvó la vida al tiempo que se la arruinaba financieramente.

Años después terminaría por divorciarse de su ex mujer, quien se llevaría la mitad de sus bienes junto a un hombre completamente desconocido, dejando a Ignacio y a su pequeña hija, a quien la madre ni siquiera se tomó la molestia de exigir la tutela, solos. Ninguno de los dos había vuelto a saber nada de ella.

– Estoy bien Ignacio, gracias, ¿tú cómo estás?

Joel le hizo señas a la chica para que se acercara.

– Bien Joel, gracias. Fíjate que logré inscribir a Fernanda a un casting, no sé si sepas de una telenovela que se va a llamar “Ciudad de la alegría”.

La chica se puso de pie y avanzó hacía él.

– Sí, he escuchado sobre eso, me parece que el nombre es sólo del proyecto, tentativo.

Joel colocó su mano sobre el hombro de la chica, indicándole que se arrodillara.

– Sí, bueno. Te quería preguntar qué tanto sabes de ese proyecto, no sé si puedas apoyar de alguna manera a Fernanda.

La chica, sin necesidad de alguna otra orden, se llevó aquel falo a la boca, que se endureció por completo entre sus labios.

– Francamente, Ignacio, no estoy muy inmerso en ese proyecto. Sólo sé algunas cosas. – mintió

– Yo creo que sí, Fernanda no quedó tan mal en el casting inicial, pasó el primer filtro.

– ¿De verdad?

Joel frunció los labios; Fernanda no tenía muchas esperanzas, pues ya una de las candidatas – y su madre, desde luego – habían tenido un trato con la producción de dicho proyecto. La chiquilla seguiría la vieja tradición y conseguiría el estelar a punta de folladas.

– Fíjate que no pudimos ver a las otras candidatas, las tienen por números, pero si vimos la puntuación. Me preocupa que, aunque Fernanda consiguió el tercer lugar de diez, la que quedó en primer lugar si nos lleva por varios puntos.

“¿Y cómo no?”, pensó Joel, la chica tendrá que chupar muchas vergas para pagar esa puntuación.

– Creo que eso dice mucho Ignacio – respondió Joel, cuidando sus palabras con su amigo – por lo general esas puntuaciones, aunque no son definitivas, difícilmente se modifican. Podría ser muy complicado que Fernanda…

– Oye, Joel, no me digas eso, es decir, ¿no existe alguna manera de hablar con alguien?

– Es una decisión de un jurado, Ignacio, tú sabes bien cómo es esto, depende de la opinión de los productores.

– Me dijeron que el productor principal es un tal señor Galloso.

“Viejo loco y pervertido”, sonrió Joel, mientras empujaba con firmeza la cabeza de Mireya hacia su verga.

– Lo conozco, es productor de muchas…

– Sí, lo sé, por eso me gustaría platicar con él.

– No creo que exista manera…

– ¡Vamos Joel!, sé que lo conoces, tan solo necesito que me permitas hablar con él, sólo para saber que tan probable…

Joel comenzó a sentirse estresado, no sabía cómo explicarle que, aún reuniéndose con el Sr. Galloso, Fernanda no tenía posibilidad alguna. A menos claro que…pero ni siquiera debía considerarlo.

– ¡Ignacio!, por favor, créeme cuando te digo que es imposible.

– Joel – dijo Ignacio, con una extraña serenidad – No soy tonto, sé lo que sucede, y Fernanda y yo estamos dispuestos a competir…a competir de esa manera.

Joel tragó saliva.

– Creo que no te entiendo – mintió de nuevo, pero con menos convicción.

– Yo diría que sí, Joel. Seamos francos, no te preocupes por ocultármelo, si Fernanda tiene que hacer eso que sabes que se debe hacer, te aseguro que estamos dispuestos.

– Es que…

– ¡Por favor! ¿Necesitas que sea más específico?

– Es que realmente no te entiendo. Me gustaría saber de qué me estás hablando. – dijo, simulando una risa confusa.

“¿Cómo rayos se ha enterado?”, pensó. Se llevó la mano a la cabeza mientras escuchaba el relato de su amigo, acerca de cómo se había enterado del funcionamiento de aquel sistema de selección de actrices.

– ¿Entonces te pusiste a investigar y espiar a los productores?

– Sólo algunas cosas, en realidad no sé ni siquiera quien es la otra chica, pero sé que quien sea está haciendo eso. Y su madre lo sabe, o la obliga, no lo sé. Y los productores parecen estar muy satisfechos con eso.

“Me imagino”, pensó Joel.

– Bueno Joel. Yo te puedo asegurar…

– Sólo necesito que me ayudes, sólo una entrevista, para saber qué posibilidades tiene Fernanda. No tienes nada que ocultarme, y yo no tengo nada qué revelar a nadie. ¿Me entiendes?

Joel quiso saber si aquello era una especie de amenaza, pero prefirió no indagar en los pensamientos de Ignacio. Miró a Mireya, quien mirándolo indagadora, pero sin dejar de chupar, parecía haber notado el malestar de Joel.

Aumentó la intensidad de sus movimientos a fin de tranquilizarlo, y aquello funcionó de cierta manera. Joel no tardó en sentir que aquello estaba por terminar y tomo él mismo su falo, mientras la chica, de rodillas y con la boca bien abierta, se preparaba para recibir su corrida.

– Hablaré con el Sr. Galloso – resolvió Joel, mientras su mano apuntaba su falo hacia la chiquilla.

– Te lo agradeceré realmente, Joel. ¿Qué día crees que pueda ser?

Pero Joel no respondió, un silencio inundó el auricular, emitió un quejido ahogado que Ignacio no alcanzó a interpretar. Sobre la abierta boca de Mireya, los brotes de esperma de Joel caían gentilmente, mientras unas cuantas gotas erráticas salpicaban su rostro y su pecho.

Atrajo de nuevo a la chica, quien terminó su faena limpiando el pene de su representante, que iba perdiendo lentamente su dureza, pero sin perder del todo su tamaño.

– Supongo que sabes lo difícil que es que me pidas esto, Ignacio, más para ti que para mí. – rompió el silencio con una voz entrecortada por el placer, una clara molestia y los nervios, todo junto.

– Tú no te preocupes por eso, Joel, sólo necesito una cita.

Joel suspiró.

– No será una cita Ignacio, deben ir preparados.

CONTINUARÁ…

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