Más tarde, nos reunimos a la mesa para cenar, tras lo cual, repasé las lecciones con Vero, por no haberlo hecho antes y la hice chupármela hasta ponerla dura.

-Mira, Marta, la próxima te toca a ti chupármela.

-No. No lo haré. Lo hice una vez y fue asqueroso. El muy cerdo se corrió metiéndomela hasta la garganta. Vomité todo lo que había cenado.

Mi polla ya estaba en forma, por lo que pedía a Vero que se colocase en posición para follarle el culo. Marta miraba con cara llorosa, pero no pude descubrir sus sentimientos.

Mientras follaba a Vero, le dije a Marta, no por celos, sino con intención de abochornarla y humillarla.

-Así que fuiste capaz de dar a un extraño, que te tomó con violencia, lo que no quisiste dar a tu marido que lo hubiese hecho con cariño. ¡Vaya puta que estás hecha!

Se puso roja de repente, y dijo:

-¡Yo no soy ninguna puta!

-Y como llamas a una mujer que niega a su marido su culo y su boca y sin embargo se lo ofrece a cualquiera.

-Yo… Yo… -Rompió a llorar y se fue su habitación.

Terminé de follarme a Vero, le proporcioné dos orgasmos y otro más durante su castigo y me fui a dormir. Al día siguiente me levanté temprano, como siempre, y fui a atender a los animales. Ya había repartido su comida y estaba terminando el ordeño, cuando apareció Marta en el establo, viniendo a mi lado.

-Buenos días. –Saludó

-Buenos días, Marta. ¿Qué te trae por aquí tan temprano?

-He dormido mal, y estaba despierta cuando te has levantado. Tenemos que hablar, Jóse.

-Huy, huy, huy. Mal asunto cuando una mujer te dice “Tenemos que hablar”. Pero dime, ¿qué es lo que pasa?

-Anoche no tuviste razón al llamarme puta. No me voy con cualquiera ni cobro por ello, pero tienes razón, les he dado a otros, casi sin pedirlo, lo que a ti te negué durante meses. Ahora estoy dispuesta a ofrecerte todo lo que deseas en compensación por mis negativas.

-Perdona por lo de anoche. Sé que me pasé bastante. Mi intención era la de abochornarte un poco, pero se me fue de las manos. No es necesario que me ofrezcas nada. Si en algún momento surge, como ocurrió ayer, ya nos lo plantearemos. Por el momento, puedes estar tranquila, que no te voy a obligar.

-La verdad es que he visto como disfrutan mi hermana y mi sobrina cuando hacen todo eso, y ahora sé que contigo no sólo no me dolerá, sino que disfrutaré de todo lo que quieras hacerme.

-No entra dentro de mis planes follarte como a esas dos …

-¿Y por qué? ¿No te gusto? ¿Es porque estoy gorda? ¿Soy más fea que ellas?

-Mira, tú no estás aquí para que te folle. Debes recuperar tu autoestima. Si para recuperarla necesitas perder peso, ponte en los quilos con los que te sientas bien y busca alguien que te folle por todos los agujeros y que te haga gritar de placer, pero no porque no tengas con quien follar, sino porque te apetece hacerlo con él. Yo no puedo estar follando con las tres todos los días. Me agotaríais. Eso no es problema para que podamos hacerlo cuando a ambos nos apetezca.

En ese momento nos interrumpió Vero gritando que ya había preparado el desayuno, por lo que dimos por terminada la conversación.

Durante los días siguientes, la nieve caída, había bajado de las copas de los árboles al suelo y no era prudente salir del pueblo, por lo que la hice correr por las calles vacías, mientras yo preparaba un rudimentario banco de abdominales, porque ya se iba notando la pérdida de peso y la flacidez de los músculos de su tripa, brazos y piernas.

En diciembre, Vero tenía unos exámenes parciales, por lo que un mes antes, sentados todos a la mesa después de la cena, les dije:

-Vero, a partir de hoy tienes que concentrarte bien en los estudios para aprobar el parcial del próximo mes. Esta noche te follaré por última vez por mi gusto. Desde mañana, me deberás pedir que te folle cuando tengas ganas. Debes dedicar todo tu tiempo a estudiar y repasar lecciones.

Se quejó diciendo que podía estudiar y disfrutar, pero insistí, y no di más opción, en que debía dedicar su tiempo a descansar y estudiar. Que en vez de quedarse a follar, se iría a la cama.

Cuando esa noche terminé de follarla por su coño, como siempre sobre la mesa, y me volví, vi que Marta estaba con las faldas levantadas, se había quitado las bragas y se masturbaba metiéndose tres dedos que se veían chorreantes. Directamente, sin dejar de meterse los dedos, me dijo.

-Supongo que, a partir de ahora, querrás follarme, puesto que te has quedado sin el coño, culo y boca de todos los días.

-De ti depende. Empieza por chupármela hasta que se me ponga dura y pueda follarte.

-¡¡¡ESTÁS LOCO!!! ¿PRETENDES QUE ME META EN LA BOCA LA POLLA QUE ACABA DE SALIR DEL COÑO DE VERO? DE ESO NI HABLAR. HASTA AHÍ PODÍAMOS LLEGAR…

Cuando terminó su perorata, yo no le dije nada. Directamente me fui a duchar. Al salir, ella se había desnudado, pero yo me fui directamente a la cama. Ese día era lunes, y durante el resto de la semana no me dirigió la palabra. El sábado llegó Silvia totalmente acelerada porque tenía mucho trabajo, venía tarde y tenía que estar el lunes a primera hora en su trabajo.

Nada más dejar la bolsa de la ropa, la agarré del pelo, la llevé a mi habitación y la follé por culo y coño y boca. No en balde llevaba toda la semana sin follar. El domingo vinieron los guardias, que también la follaron bien. Por la tarde, se marchó para poder estar en el trabajo a primera hora.

Después de cenar, Vero me preguntó si podía atenderla a ella, si todavía me quedaban ganas. Le dije que sí, pero que sería en mi dormitorio, que compartíamos siempre. A Marta le dije que si quería podía venir a mirar, pero que se entrase una silla.

Vero y yo nos acostamos ya desnudos. La sentía excitada, por lo que decidí jugar un poco con ella. Estando ella acostada de espaldas, la monté a caballo, procurando que mis huevos quedasen a la altura de su coño. Rodee sus pezones con mis dedos y fui dibujando figuras hasta bajar a su pubis y meter un de ellos bajo mis huevos hasta recorrer su raja. Gimió desde la primera vez. Intentó abrir sus piernas inútilmente, ya que yo mismo la bloqueaba.

-MMMMMMMMMMMMM. Por favor, que estoy muy caliente todo el día.

Tras varios gemidos, cada vez más fuertes, oí entrar en la habitación a Marta y el ruido de la silla. Seguí acariciando a Vero hasta que se retorcía tanto que pensé que me iba a tirar de la cama, entonces me separé subí sus piernas hasta mis hombros y quise frotar mi polla por su raja, pero estaba tan excitada y abierta que solamente me dejó hacer el movimiento de bajada, pues al hacer el de subida, se metió directamente en su agujero, sin que pudiese controlarla.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH –Su respuesta fue una primera corrida que me llenó la polla de sus jugos.

Una vez calmada y con toda la polla dentro, comencé a sacar y meter, mientras con el pulgar frotaba su clítoris sobre su piel.

Sus gritos de placer llenaban la habitación. Durante un instante, miré de reojo a Marta, viendo que se estaba follando con los dedos a toda velocidad.

Después de un par de corridas más de Vero, acabé llenándole el coño con mi leche, caí a su lado y besé su frente, mientras ella permanecía con los ojos cerrados, pasando al sueño inmediatamente.

Me levanté, me acerqué a Marta y, poniéndole la polla delante de la cara, le pregunté:

-¿Te apetece ponérmela dura y que te folle? Te advierto que no me la he lavado desde ayer por lo que podrás saborear a tu hermana y sobrina a la vez.

Hizo un gesto de asco y volvió la cabeza.

-Buagggg.

Esperé unos segundos mirándola, mientras ella seguía con la cara vuelta.

-Bueno, pues para otro día. –Dije, tras lo cual me di media vuelta y me dirigí a la puerta.

-¡Espera! –Exclamó cuando ya la había abierto.- Dame un poco de tiempo para decidirme.

-Voy a saborear un vaso de buen vino antes de ducharme. Si te decides, ven a la cocina. –Y salí, casi seguido de ella, que dejó la silla cuidadosamente en su sitio y se sentó. Yo lo hice en el sofá lateral. Me estuvo mirando un largo minuto, luego vino junto a mí y se arrodilló entre mis piernas. Cogió mi polla y la estuvo observando. La olió, poniendo cara de disgusto. La pajeó un par de veces. Pasó la lengua por el glande y no pareció desagradarle.

Se metió la punta en la boca, dándole una arcada y sacándola rápidamente. Poco a poco fue pasando la lengua de nuevo por el glande, llegando a rodearlo, y no tardó en pasar la lengua por el pene. Debió de darse cuenta de que ensalivando bien, obtenía el sabor de sus babas, por lo que la llenó abundantemente de babas.

Hizo un nuevo intento de meterla en la boca, consiguiendo aguantar con el glande dentro.

-Acaríciala con la lengua. Sobre todo los bordes del glande. –Le dije. Se puso a ello de inmediato.

Mi polla ya estaba dura, pero seguí pidiendo que continuase. Le pedía cada vez un poco más, además de presionarla con la lengua por debajo.

-Métela más adentro. –Era la frase que repetía yo.

Con grandes esfuerzos llegó a meterla casi en su totalidad. Los últimos dos centímetros, tuve que ayudarle, presionando su cabeza con mi mano, hasta que entró toda entre grandes arcadas y expulsión de babas.

Cuando metérsela entera ya no le producía molestias, la dejé seguir y me dejé llevar, hasta que al fin, se la clavé hasta el fondo y me corrí directamente en su garganta.

-AAAAAAAAAAAAAAGGGGGGGGGGGGG. Qué gusto. No te muevas. Me corroooo.

Y descargué. Iba a escupir lo que quedó en su boca al sacarla, pero se lo prohibí directamente.

-Trágatelo todo.

Luego le hice limpiármela, y cuando acabó, me fui a duchar, diciéndole:

-Bueno… Te falta mucho que aprender pero eso es cuestión de práctica y tiempo. Te has portado muy bien y me gustaría seguir, pero es tarde y hay que irse a dormir. Hasta mañana.

-PPeroo…

-A dormir. Mañana más. –Era mi castigo y venganza.

El lunes, después de cenar, Vero fue a dormir y yo pedí a Marta que se desnudase, al tiempo que lo hacía yo. Me senté en el sofá y la hice acercarse, ya desnuda.

-Chúpamela –Le dije

Se puso de rodillas entre mis piernas, tomó mi polla, ya dura, con la mano y empezó a pajearme.

-No, sin las manos.

Las apoyó sobre mis rodillas y se puso a lamerla. Poco después la hice colocarse sobre mí en posición del 69, en lo que permitía el sofá.

Me eché hacia adelante, con la cara a la altura de su coño y comencé a comerlo y ensalivarlo, aunque lo último no era muy necesario, por lo que me dediqué un ratito a jugar con su clítoris y recorrer su raja. Tras lo cual, la mandé darse la vuelta, arrodillarse en el sofá con una pierna a cada lado mío y empalarse ella misma.

Se la fue metiendo poco a poco hasta que le entró entera, se detuvo unos segundos y empezó a moverse rápidamente, hasta que alcanzó su orgasmo.

-AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH Me corrooooooo.

Desplomándose seguidamente sobre mí. Cuando se recuperó, le pregunté:

-¿Te ha gustado?

-OOOOhhhhh Siiiii. Ha sido buenísimo.

-Yo no me he corrido.

-Oh! Vaya. Pero no pasa nada, puedes follarme hasta que te corras.

-Estás muy equivocada. Eso no son formas. A partir de ahora, se acabó el correrte de cualquier manera. Si quieres seguir follando conmigo, tendrás que buscar mi placer en primer lugar, y solamente cuando no puedas aguantar más, te correrás.

-Perdona, pero últimamente, los hombres con los que he estado solamente buscaban su placer, por lo que si no me apresuro a disfrutar, me quedo con las ganas.

-Ahora van a cambiar las cosas. Sigue moviéndote despacio hasta que yo te diga.

Empezó a moverse con suave vaivén. Apoyada sobre mi pecho y con mis manos en sus caderas, fui guiando sus movimientos para que mi polla frotase toda su raja y clítoris, a la vez que me la presionaba con fuerza. No tardó mucho en volver a gemir de gusto.

-MMMMMMMMMMMM ¡Qué buenooo!

Cuando cogió el ritmo, pasé mis manos a sus pechos, acariciándolos, pellizcando sus pezones, frotándolos, estrujándolos. Tras unos minutos en esta situación, empezó a gemir más deprisa.

-MMMM. Siento que me viene. UFFFFFFFF. No puedo más.

Entonces yo, que tampoco estaba para mucho aguante, volví a tomarla por las caderas y empecé a moverla más rápido, hasta que:

-AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH. Me corrooooooo.

Estuve a punto de acompañarla, sobre todo al sentir sus contracciones contra mi polla, pero conseguí aguantar lo suficiente. Cuando se relajó y recuperó, le dije:

-Yo no he acabado. Hazme llegar con la boca.

-Pero no te corras dentro, me da mucho asco. –Dijo mientras se bajaba de mi cuerpo para empezar a lamerla y hacerme una buena mamada.

-Me correré en tu boca, te tragarás todo y me la dejarás bien limpia, o esta noche duermes en la ciudad. Y…

-OOOOOOOOOOOOHHHHHHHHHHHHHH Me corrooooo.

Y le solté todo lo que llevaba, mientras empujaba su cabeza para que le entrase toda. Se atragantó y tosió, pero volvió a metérsela y limpiarla completamente.

Nos lavamos y acostamos, ella en el dormitorio superior y yo en el mío, junto a Vero.

Durante las siguientes semanas alterné entre Vero y Marta, follándolas alternativamente, a Vero por cualquier agujero y a Marta solamente coño y boca y los fines de semana, a Silvia.

Los días fueron pasando sin cambios. Pasaron las semanas, y llegó la navidad. En los años anteriores, no celebraba las fiestas, pero ese año, tanto Vero como Marta se empeñaron en hacerlo. En Nochebuena, vinieron a cenar Paco y su mujer, Elena, y recuerdo que fue una tranquila y agradable velada. Vinieron pronto y, mientras Paco y yo preparábamos la mesa para la cena, leña para el fuego y atendíamos a los animales, su mujer ayudaba a Vero y Marta en la preparación de la cena. Mejor dicho, fue al revés, Vero y Marta ayudaron a Elena que era una magnífica cocinera.

La cena estuvo estupenda y lo pasamos también estupendamente, cantando y bailando hasta la madrugada, momento en que dimos por terminada la fiesta, marchando Paco y Elena a su casa y nosotros a la cama, no sin antes acordar volvernos a juntar para fin de año.

A la semana siguiente, celebramos el fin de año también con una buena cena y abundante bebida. De nuevo, a altas horas de la madrugada, nos fuimos a dormir. Paco había bebido más de lo que podía soportar y Elena dijo que también se había pasado de copas. A él, tuvimos que acostarlo en una de las camas de arriba y Elena quedó en la otra.

Esa noche, notros dormimos los tres en mi cama. Vero en medio y Marta y yo, uno a cada lado. No suelo beber mucho, por lo que ya estaba dormido, cuando una cálida sensación en mi polla me despertó. Cuando me di cuenta, era una boca que me la estaba chupando desde el lateral de la cama.

-MMMMMM (Parece que Marta que ha dado la vuelta a la cama para buscar “guerra”) –Pensé.

Cuando me la puso bien dura, me levanté y, cogiéndola de la mano, la llevé hasta la cocina. Iba yo delante, guiándola hasta la camilla. Cuando me di la vuelta para ayudarla a colocarse, me di cuenta de que se trataba de Elena, que estaba totalmente desnuda.

-¿Pero qué estás haciendo? ¿Estás loca? ¿Y Paco?

-Estoy preparándote para que follemos. Paco está en la cama, roncando y resoplando como una locomotora.

Y era cierto, pues los ronquidos llegaban a la cocina como si estuviese allí mismo.

-¡Pero no podemos hacer eso!, ¡eres su mujer!. ¡Eres la mujer de mi amigo!

-No me vengas con tonterías. Lo sé todo.

-¿Que sabes qué?

-Lo de mi marido con tu ex cuñada y lo que os montáis todos vosotros.

-¿No te lo estarás imaginando?

-Mi marido, cuando está muy cansado, habla dormido y hace unos días habló recordando algunas escenas que había vivido. Solo tuve que interrogarlo convenientemente y cantó de plano. Hace tiempo que tengo ganas de acostarme contigo, pero no lo he hecho por respeto a él. Ahora no tengo trabas para pedirte que follemos, ya que me dijiste que no me harías el amor.

Preparé la camilla para que pusiese las piernas en alto, le ayudé a acomodarse sobre ella, bajé su cabeza y empecé a follarle la boca mientras acariciaba sus pechos y frotaba los pezones para que se me fuese poniendo bien dura, pues me había bajado un poco. Con la polla en todo su esplendor, coloqué bien su cabeza, pasé al otro lado, situándome entre sus piernas elevadas por los apoyos y me incliné para meterme el sobresaliente clítoris en mi boca, alternando con un repaso de lengua por su encharcada raja.

-Déjate de perder el tiempo y métela de una puta vez. –Me dijo

No me hice rogar y colocando la punta a la entrada de su coño, fui metiéndosela lentamente. Ella en un alarde gimnástico, se incorporó de golpe, doblando su cintura con los brazos estirados hasta que las tetas se situaron a la altura de sus muslos y agarrándome de los hombros, se dejó caer de nuevo, arrastrándome a mí y obligándome a clavársela de golpe hasta el fondo.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH. Así, así lo quiero. No es tan gorda como la de mi marido, pero me llega mucho más adentro. ¡Muévete de una puta vez!

Empecé mi movimiento, pero no como ella quería, sino despacio. Coloqué mi dedo pulgar sobre su clítoris, presionando sobre él, pero sin moverlo, y seguí follándola despacio.

-OOOOOOHHHHH. Cabrón, que gusto me das. ¡Muévete más rápido!

-¿Quieres correrte ya?

-Siiiiii. Estoy deseándolo desde antes de la cenaaaa. Siiiii. Sigueeee.

-¿Pero no te gusta más la gorda polla de tu marido?

-OOOOOOHHHHHH. No seas imbécil. Deja al bruto de mi marido que ronque a gusto y dame a mí el gusto que él no me da.

Aceleré los movimientos. Ella sacó los pies de los soportes y me rodeó la cintura con sus piernas, forzando mis movimientos para que fuesen más rápidos y profundos.

-Siii. Sigue. Sigue

-Siii. Más. Maaaasss.

-Me corrooooooo. No pareeesss. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG.

Aprovechando que estaba ligeramente inclinado sobre ella, alzó su cuerpo para colgarse de mi cuello, lo que aumentó la presión sobre mi polla y casi me hizo correrme. Estuvo abrazada a mí hasta que se relajó. La ayudé a recostarse y volví a colocar sus piernas sobre los estribos.

-Ahora te voy a encular…

-NOOOO. Nunca lo he hecho por ahí. Con el pollón de Paco no me he atrevido nunca.

-Entonces, esta será la primera vez. De aquí no te vas sin que te estrene ese ojete.

-Pero me va a doler mucho. Paco hizo un intento y casi me mata solamente con presionar.

-Verás como ahora conmigo lo vas a disfrutar.

Fui a coger el aceite que teníamos para estas cosas y me acerqué con él y con una silla, apunté el bote a su ano y le metí dentro una buena cantidad. Luego embadurné mis dedos, me senté en la silla frente a su coño y culo y, tras detenerme unos segundos en contemplarlo, empecé a lamer su coño y, con la otra mano, frotar su clítoris sobre la piel, con suavidad.

Al mismo tiempo, acaricié su ano con la yema de mi dedo bien engrasado, presionando poco a poco hasta que se abrió, momento en el que empecé a meterlo y sacarlo suavemente.

-MMMMMMMM. –Gemía suavemente.

Cuando ya entraba completamente y salía con suavidad, añadí más lubricante y empecé con un segundo y así sucesivamente hasta que tres dedos entraban y salían sin problemas. En ese momento, embadurné también mi polla y la puse a sustituir a mis dedos.

-AAAAAAAYYYYYY. Me duele un poco.

Detuve mi avance un momento para que se fuese acostumbrando. Al alzar la vista, vi que Marta estaba mirando desde la puerta del dormitorio.

Sin preocuparme por ella, continué metiéndola despacio, hasta que perdió la resistencia y entró completamente.

-OOOOOOHHHHH. La siento dentro. Tengo el culo lleno.

Sin dejar de acariciar su clítoris en ningún momento, esperé una nueva adaptación y comencé a follarle el culo. Su estrechez envolvía mi polla con una ligera presión que solamente me dejaba acelerar durante un momento para luego bajar el ritmo, para no correrme de inmediato.

Su coño abierto por la follada anterior, me invitaba a penetrarlo, pero la estrechez de ese culo me impedía cambiar de agujero.

Sus gemidos fueron en aumento, hasta que le metí el pulgar en el coño y comencé a follarla también con él, mientras el dedo índice frotaba su clítoris. Cuando salía de su culo, sacaba el dedo, cuando se la metía de nuevo, entraba el dedo. Si me detenía dentro, movía el dedo a los lados para frotar su punto G.

Enseguida empezó a gemir con fuerza.

-MMMMMMMMMM. Siiii. Me voy a correr otra veeeez.

Yo aceleré mis movimientos para conseguir su placer.

-OOOOHHHHH. SIIIII. ME CORROOOO. SIIII.

Un instante después, me vaciaba en su interior.

Al recuperarme, tomé el rollo de papel que teníamos junto a la camilla y me limpié la polla. Mientras lo hacía, levanté la vista y volví a ver a Marta en la puerta del dormitorio. Le señale la polla y le hice un gesto para que viniese a chuparla. Tras pensarlo brevemente, se acercó corriendo, se arrodilló ante mí se metió la polla en la boca.

Luego fue sacándola para lamerla y ensalivarla bien durante un buen rato, hasta que me la puso dura otra vez. Elena aprovechó para ponerse un camisón y unas bragas que estaban por el suelo y que yo no había visto, para luego sentarse a mirarnos. En ello estábamos, cuando apareció Paco en la puerta.

-¿Pero qué coño estáis haciendo para dar tantos gritos? –Y cuando lo vio, continuó- Joder, Jóse, mira a ver si le pones bozal para que no grite tanto. –Y al ver también a su mujer allí:- Y tú qué… Haciéndote pajas? Anda, vamos a la cama.

-Paco, ¿por qué no vienes y me follas?.

-Déjate de tonterías y vente a la cama, que está amaneciendo.- Y se marchó a seguir durmiendo.

Yo hice que Marta se levantase y recostase sobre la camilla boca abajo, con los pies en el suelo. Separé sus piernas y se la metí poco a poco y empecé a moverme. Me incliné sobre ella para poder acariciar su clítoris con una mano a la vez que presionaba para sentir más apretada mi polla.

Nuevamente se oyeron gritos y gemidos, esta vez por parte de ambas, ya que Elena se estaba masturbando en el sillón, mientras yo follaba con Marta. Ambas gemían fuerte, y a los gritos y gemidos, volvió a bajar Paco.

-¿Pero es que no vais a parar? ¡Parad ya, que no dejáis dormir! Y tú –dirigiéndose a Elena, su mujer- No seas tan puta y vamos a la cama, que ya te voy a terminar yo.

-Ella me sonrió y ambos se fueron a… ¿dormir? Yo creo que Paco vino para ver si me estaba follando a su mujer.

Yo seguí follando a Marta hasta que llegó mi orgasmo, junto a ella, que número hacía, pero sé que fueron varios.

El resto del curso, fue repetitivo. Solamente destaco que no le hice el culo a Marta en todo ese tiempo.

Vero terminó los estudios con buenas notas, aprobó el acceso y entró en la universidad. Quiso hacerse economista, para ayudarme a mí con mi proyecto. Con ánimo de que se reconocí Le hice escribir a sus abuelos, con los que no tenía contacto porque ellos no querían saber nada de ella por su mala conducta. No recibió contestación.

Eso nos obligó a desplazarnos a la ciudad, donde compré un piso y al que fuimos a vivir Vero, Marta y yo. Tuve que vender los animales y abandonar el huerto. La casa la cerré, pero con vistas a ir los veranos y vacaciones.

Marta siguió con su trabajo, vivíamos como un matrimonio de tres. Nos organizamos para follar un día con cada una de ellas, dejando otro día entre medio para recuperarme.

Vero aprobó el primer curso y decidió que también quería licenciarse en administración de empresas. Yo le di mi opinión sobre la dificultad de llevar dos carreras a la vez, pero ella me convenció con su determinación.

Ese curso, ella entraba muy poco en los juegos de sexo, pues tenía que dedicar mucho tiempo a los estudios. Como recompensa, también aprobó ambos cursos con buenas notas.

Nuevamente le hice escribir a sus abuelos para contarles las buenas noticias y recibió la escueta respuesta en una nota que decía: Tu abuela y yo nos alegramos mucho.

Durante el curso, empezó a salir con un muchacho un par de años mayor que ella, que estudiaba su tercera carrera, perteneciente a una familia muy adinerada. Yo pensé que, por lo menos, podría tener una vida mucho mejor que la que había tenido hasta entonces.

La primera vez que vino a casa, me cayó bien. Era (y es) un hombre dominante, que es lo que Vero necesita para estar bien dirigida. Indudablemente, follaron en su cuarto desde el primer día, y debía hacerlo bien, pues Vero gritaba de placer tanto que nos teníamos que ir Marta y yo a la cama a follar también porque, además de excitarnos, no dejaba ni oír la televisión.

Al final, aprobó todos los cursos con una las mejores notas de la universidad. Escribió a sus abuelos invitándolos a la ceremonia graduación, pero sin ninguna esperanza de que acudiesen.

Cuando llegábamos los cinco (Vero, su novio, Silvia, Marta y yo), estaban en la entrada, esperando. Fue Silvia la que los reconoció y todos nos acercamos. La acogida fue desigual, el abuelo, frío, como buen abogado, la abuela llorando. Dio un abrazo fuerte y largo a la nieta y otro más breve y suave a Silvia, que nos presentó para que nos recordasen, ya que a mí no me habían visto desde la boda y a Marta desde poco después.

Al terminar, el abuelo había reservado un salón en un famoso restaurante, donde nos invitó a todos a comer. A los postres, habló el abuelo, que con su seriedad característica, preguntó a Vero qué era lo que pensaba hacer y en qué iba a trabajar.

Vero contestó que quería casarse con su novio y trabajar en mi proyecto de repoblación de pueblos abandonados.

-Perdona, Jóse, -dijo sin alterar su cara lo más mínimo- pero eso es una tontería. Vero, te ofrezco que dirijas uno de los negocios que tengo, y que vayas enterándote del funcionamiento de los demás. Tengo que reconocer que no he creído en ti al principio. Tu vida anterior no auguraba nada bueno. Pero con esta nueva actitud me has hecho cambiar de opinión. Tu abuela y yo lo hemos hablado y hemos llegado a una conclusión…

-Hija mía, -siguió la abuela- tu padre ha sido nuestro único hijo y heredero. No tenemos más, y por ello, tú serás la heredera de todos nuestros bienes. A tu abuelo le falta poco para jubilarse, y queremos retirarnos a terminar nuestros días tranquilamente. Por eso es muy importante para nosotros que aceptes y te hagas cargo rápidamente de los negocios y de la mayor parte de nuestra fortuna.

Nos quedamos todos en silencio. Por fin, Vero me miró con la incertidumbre reflejada en la cara, yo asentí con la cabeza y ella se levantó para abrazar a sus abuelos mientras todos lloraban. Yo me levanté discretamente y me salí del restaurante. Marta me alcanzó en la puerta.

-¿A dónde vas?

-A casa. Ahora ya no soy necesario. Mi misión ha terminado. Vero se ha convertido en una mujer hecha y derecha, que fue para lo que me contrató su madre y debe seguir su vida. La familia se ha reconciliado. Se casará en breve con un hombre que la sabe manejar y que pensaba que era rico, pero ha resultado que ella será mucho más rica que él. Ahora solo espero que me visiten de vez en cuando.

-¿Vas a volver al pueblo?

-Sí, aunque ya no será lo mismo. Ya no tengo ilusión por mi proyecto. Confiaba en llevarlo adelante con ella, pero… Las cosas han cambiado, para beneficio de ella, y si lo pienso bien, tampoco era tan importante para mí.

-Jóse…

-Dime.

-Tú… … ¿Tú sientes algo por mí? ¿Me quieres?

-Bueno… En estos años te he cogido cariño. Has despertado en mí sentimientos olvidados. No me malinterpretes, no es igual que cuando nos casamos, pero si, te quiero. Y no solamente eso, me excitas y estimulas mi pasión. Pero no sé si eso será suficiente para reiniciar una relación. –Respondí, adivinando por donde iba la pregunta.

-A mí me gustaría probar… ¿Quieres?

-Retrasar o adelantar el viaje, no tiene importancia, tampoco me espera nada ni nadie allí.

La abracé y nos dimos un beso de enamorados, tranquilo, sin la pasión del sexo. La tomé de la cintura y nos fuimos caminando como dos enamorados, hasta casa. Allí se desató nuestra pasión. Desde que cerramos la puerta de la calle, empezamos a desnudarnos entre besos y caricias, dejando un reguero de prendas hasta el dormitorio.

Caímos sobre la cama abrazados, besándonos, acaricié su cuerpo, subiendo mi mano desde la rodilla hasta sus pechos, sin tocar su coño, besé sus pezones, los chupé. Estaban gordos y alargados. Masajeé sus pechos, grandes y hermosos.

-Eres preciosa,-musité.

-¿Te gusto? ¿Te gusta mi cuerpo?

En este tiempo había adelgazado mucho, sobre todo de los sitios precisos. Todavía le sobraba algún kilo para el peso ideal, pero yo no quería que siguiese perdiendo, pues se había convertido en una mujer con buenas curvas y buenas tetas.

-Me enloqueces.

-¿Te excito?

-Lleva tu mano hasta mi polla y verás lo contenta que está.

Sonrió y nos besamos de nuevo.

-Hoy será como nuestra luna de miel. Voy a desvirgarte de nuevo. –Le dije.

-Sí, nos imaginaremos que es la primera vez que follamos…

-Y lo será. Quiero que me des tu culo.

-Pensaba que no ibas a pedírmelo nunca. Pero… házmelo con cuidado.

-No te preocupes, que no tendrás queja.

Seguí con besos y caricias por todo su cuerpo, mientras me iba situando entre sus piernas. Recorrí con mi lengua los labios del coño, que ya estaban abiertos y mojados. Me coloqué para recorrer con la lengua el espacio entre su clítoris y el agujero. La metía todo lo que podía, soltando abundante saliva, que escurría por su perineo hasta el ano. Con un dedo pulgar estuve frotando su agujero, a la vez que hacía presión para abrir camino.

-MMMMMMMMMMMMM -Gemía, mientras se retorcía para que mi lengua alcanzase su clítoris y llegar al orgasmo que le negaba.

Por fin, mi dedo pulgar, entró en su culo. Tomé el lubricante de la mesita de noche y embadurné bien su culo y mis dedos. Volví a probar y masajear, presionando ahora con dos dedos bien embadurnados. A mi lengua llegó el sabor a fresa del lubricante y más saliva cayó sobre los dedos. Cuando entraron los dos, añadí un tercero y cuando todos entraron con fluidez, embadurné mi polla, coloqué las dos almohadas bajo sus riñones para elevarlo bien y coloqué la punta en la entrada de su culo.

Despacio y bien lubricada, mi polla fue abriéndose paso por su ano hasta que, casi sin darnos cuenta, quedó empotrada completamente. Tras un poco de espera para que se acostumbrarse, empecé a moverme.

-OOOOOOOOOOHHHHHHHHHH. Me gustaaaa. –Decía.

Coloqué mi pulgar sobre su clítoris, haciendo una ligera presión y moviéndolo en círculos, mientras aceleraba la follada en su culo. Estaba muy excitada. A punto del orgasmo.

Movió su cuerpo para ajustar su placer a mis movimientos, y al momento dijo:

-Jodeeeeeer. Me corroooooo. AAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH

Me detuve un momento, pero ella dijo inmediatamente.

-No pares, joder, sigue, sigue más.

Y seguí con mis movimientos, tanto por el culo como con su clítoris, hasta que bastantes minutos después, cuando yo estaba en el límite de mi aguante, volvió a correrse nuevamente, gritando.

-SIIIIIIIIIIIIIII. ME CORROOOOOO. OOOOHHHHH QUE BUENOOOO.

Sus contracciones fueron la guinda para mi polla, que empezó a soltar leche como una fuente, llenándole el culo con ella. Cuando la saqué y retiré las almohadas, empezó a escurrir en un hilillo blanco y fresa con manchas marrones.

Un rato después, ya recuperados y descansados, nos dimos cuenta de que había pasado toda la tarde y ya había anochecido. Cenamos tranquilamente y nos fuimos a dormir. Antes me hizo una buena mamada y, cuando me la puso dura otra vez, follamos del modo tradicional hasta corrernos juntos.

Ya han pasado cuatro años. Vero ha tenido un niño que ahora tiene un año, y que está siendo mimado por los abuelos y por nosotros. Silvia no acepta que es abuela y no le hace casi ningún caso. Para él, los abuelos maternos somos Marta yo. Se ríe cuando nos ve, y se nos cae la baba cuando lo hace.

He abandonado el campo y vivo en la ciudad, con Marta. No hemos regularizado nuestra situación, pero nos queremos y somos felices. Los fines de semana y vacaciones, nos vamos al pueblo, donde algunos días viene a visitarme Elena. A Marta no le importa o eso dice, pero luego tengo que follarla a ella.

A veces viene a mi cabeza mi proyecto y la idea de que se fue al traste por culpa de mi ex cuñada, mi ex sobrina y mi ex mujer, pero… No me puedo quejar.

Agradezco los comentarios y valoraciones.

Espero que la próxima les guste más que esta y las anteriores