-¿Aceptas, el qué?

-Que me castigues después de follarme.

-¿Por qué lo aceptas?

-Porque en estos días me he dado cuenta de que te preocupas por mí, me cuidas, me enseñas… Aunque seas duro conmigo. He recibido más atención de ti en una semana que en toda mi vida de la gente que me ha rodeado.

-Me haces dudar, pero de momento tienes pendiente la otra parte del castigo. Ahora cenaremos e irás a dormir al pajar. Mañana hablaremos.

Después de cenar, la llevé al pajar para que durmiese.

El sábado por la mañana, le quité la cadena, la hice vestirse con la ropa con la que había venido y nos fuimos con la motocicleta al pueblo, a visitar “la tienda de Juan”, un vendedor ambulante que recorre los pueblos con una furgoneta cargada de las cosas más diversas y en cuyos costados aparece ese nombre. Allí le compre ropa para trabajar en el campo, más ajustada a su cuerpo, consistente en unas batas y un conjunto de camisa y pantalón de faena, eligiendo ella entre los pocos modelos que disponía y pidiendo mí opinión cuando se los probaba. También compré algunas cosas que necesitaba y volvimos a casa.

Al volver estaba contenta. Cuando le pregunté el porqué, me dijo que era porque nunca había ido con alguien a comprarse algo, que de pequeña, la ropa se la compraba su madre y que de mayor le daba el dinero para que se la comprase ella. El ir de compras hoy, le había hecho mucha ilusión.

Se arrodilló ante mí y puso la mano en mi cinturón.

-¿Quieres que te haga una mamada?

Casi reviento el pantalón de lo dura que se me puso. Asentí con la cabeza. Soltó mi cinturón con calma, sacándolo de las trabillas.

-Para luego. –Me dijo, mientras lo dejaba a un lado.

Soltó el botón de la cintura y bajó la cremallera, todo ello con una calma que me exacerbaba. Me bajó el pantalón hasta los tobillos, ayudándome a quitarlo totalmente. Me bajó el calzoncillo, haciendo la misma operación. Se levantó desabrochando mi camisa y me la quitó.

Cuando estuve totalmente desnudo, volvió a arrodillarse, cogió mi polla con una mano y empezó a lamer mis huevos, mientras me pajeaba despacio. Luego, fue subiendo y bajando recorriendo mi polla con la lengua para dejarla bien empapada de saliva.

Siguió dando lametazos al borde del glande y recogiendo las gotas de líquido que salían por la punta. Cuando más desesperado estaba, metió el glande en su boca, presionándolo contra el paladar con su lengua, y haciendo un pequeño movimiento de entrada y salida para frotarlo bien. Ya iba a correrme, cuando se detuvo.

-¡Sigue, que me tienes a punto!

Sin decir nada, me llevó hasta un sofá que hay a un lado y me hizo recostar. Se subió encima, me hizo abrir las piernas y se colocó en medio, volviendo a empezar el tratamiento.

No tardó tanto tiempo en llegar a meterse la polla entera en la boca. Le entraba toda entera, mientras que yo la sentía presionada como en un estrecho coño.

La sacaba casi por completo y la metía entera en la boca de nuevo, haciendo un movimiento de succión que me volvía loco, quería correrme, pero el ritmo era demasiado lento. Sin embargo, una de las veces, cuando la tenía entera dentro de su boca, me acarició los huevos y presionó el perineo, a la vez que hacía algún movimiento con la lengua, que me hizo correrme como una fuente.

Ella se tragó todo, y me la estuvo chupando un rato más para dejarla bien limpia.

-Me gusta el sabor de tu esperma. El de mi novio y sus amigos era asqueroso.

-Gracias.

Volvió a chuparla mientras cogía mis huevos con su mano, hasta que me la puso dura otra vez. Me senté en el sofá, la hice incorporarse, la fui desnudando hasta que no quedó una sola prenda encima, la acosté sobre el sofá para clavársela en el coño. Mi intención era que se sintiese usada, como cuando estaba con su novio. Pensaba que me iba a costar penetrarla, pero la verdad es que estaba totalmente encharcada.

Mi polla entró con suavidad. La sensación que me produjo fue como si la hubiese metido en una funda de seda. Entraba hasta que mi pelvis chocaba con la suya, la sacaba totalmente y recorría toda su raja, volvía a meterla de nuevo hasta dentro en una serie de movimientos constantes y lentos.

-MMMMMMMMMMMMMMMM –Gemía constantemente.

Estuve largo rato con estos movimientos. Cuando me sentí muy excitado y preparado, aceleré, procurando no excitarla mucho más a ella, hasta que volví a sentir mi orgasmo, con el tiempo justo de tener una abundante corrida sobre su vientre.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAH. ¡Qué gusto me has dado! Ahora pasa a la mesa para recibir tu parte.

Me miró con cara de disgusto. Se le notaba que la había dejado a las puertas, pero me hizo caso, tomó el cinturón y me lo pasó, luego se colocó sobre la mesa para recibir el castigo. Yo cambié el cinturón por la paleta y empecé:

-ZASSSSS

-PFFFFSSSS. Uno

Me acerqué. Mi dedo recorrió su raja desde el clítoris al ano, con vuelta para frotar un momento su clítoris antes de separarme.

-MMMMMMMMMMMMMMMM –Gemía.

-ZASSSSS

-PFFFFSSSS. Dos.

Nuevamente volví a realizar el recorrido, solo que esta vez, mi dedo medio, entró en su coño, frotando la zona de su punto G, para retirarlo a la vez que lo hacía yo.

-MMMMMMMMMMMMMMMM –Gemía más.

-ZASSSSS

-PFFFFSSSS. Tres

Alternaba los golpes a ambos lados del culo. Ensalivé bien mi dedo índice y se lo fui metiendo por el ano, mientras el dedo medio volvía a su coño.

-MMMMMMMMMMMMMMMM –Su gemido era más agudo.

-ZASSSSS

-PFFFFSSSS. Cuaaaaagggtro

Repasé otra vez su raja, volviendo a su clítoris.

-OOOOOOOOOOOOOOHHHH –Empezó a gritar.

-ZASSSSS

-PFFFFSSSS. Ciiiinco

Puse mi índice sobre su clítoris, mu pulgar dentro de su coño y el dedo medio de la otra mano, previamente mojado en saliva, en su ano, empezando un rápido frotamiento de todas las partes. No sé si llegó al minuto antes de que empezase a gritar.

-OOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHH

-ME CORROOOOOOO. NO PAREEEESSS

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH

Su orgasmo fue largo y extenuante, hasta el punto que se le soltaron las manos del otro lado de la mesa y tuve que sujetarla para que no cayese al suelo.

Tal y como estaba, la llevé al pajar, le puse la cadena y le eché por encima el saco que había sido su vestido hasta entonces. Luego le acerqué los libros, le di pomada y volví a mí trabajo, le llevé un plato de comida a medio día y otro por la noche.

Al día siguiente, a pesar de ser domingo, fue día normal para nosotros, labores de casa, del campo, de los animales, desayuno, estudios, comida, explicaciones, estudios, preguntas y cena.

La hice recoger la mesa a ella y limpiarlo todo. Cuando terminó, vino hacia mí vestida con una de las nuevas batas, a por nuevas órdenes y le dije:

-Desnúdate y ponte sobre la mesa en posición de castigo.

En silencio, hizo lo ordenado, mientras yo tomaba una botella de aceite y me desnudaba también. Cuando ambos estuvimos preparados, embadurné mi dedo medio en aceite y se lo fui metiendo por el culo. Entraba con suavidad. Le eché abundante aceite, así como en mi polla, que estaba dura solamente de pensar lo que le iba a hacer.

La coloqué a la entrada de su ano y presioné. Pareció que me la absorbía. Me entró toda. Estuve enculándola largo rato. Cuando el aceite se absorbía, echaba más, pero seguía dándole sin parar. Ella resoplaba, haciendo presión con el anillo del culo y creo que hasta se corrió alguna vez Cuando ya no pude más, se la clavé hasta el fondo y descargué mis cojones dentro.

Luego tomé la paleta e hice lo mismo que el día anterior, le di los cinco golpes intercalando masturbaciones, hasta que con el quinto, se corrió. La llevé al pajar con su bata y cadena, donde la dejé.

El resto de la semana ya no durmió en cama. Todas las noches la usaba por un agujero u otro, todas las noches recibía su castigo y su orgasmo, para terminar durmiendo en el pajar. Le compré anticonceptivos para evitar embarazos y no fue necesario pegarle por los estudios, pues me demostró que dominaba todas las materias perfectamente. Le obligué, aunque no tuve que hacer mucho esfuerzo, a aprender a pedir las cosas “por favor” y a dar las gracias por todo. En ese tiempo también le creció el pelo lo suficiente como para empezar a peinarse.

Mi amigo Paco insistió mucho en follarla, tanto a mí como a ella, yo negaba, diciendo que, mientras ella no lo aceptase, no se lo consentiría. Al final, fue Vero la que me propuso una solución intermedia. El día que venía Paco, yo la follaría en la mesa y él podría hacerse una paja mirando. Y así lo hicimos. Paco empezó a ir al mercado dos veces por semana. Venía un poco antes, entrábamos en casa, mandaba desnudar a Vero y ponerse en posición de castigo y la enculaba la mayor parte de las veces, otras la follaba por el coño y las menos me hacía una mamada, todo esto hasta que nos corríamos los dos.

Después, Paco podía contemplar alucinado el castigo y orgasmo de Vero, mientras se hacía una segunda paja. Al terminar y lavarnos todos, él marchaba contento al mercado mientras nosotros seguíamos con nuestras labores

En el mes de septiembre se hicieron pruebas de recuperación para los suspendidos, y la llevé hasta el colegio para que se presentase. Fuimos un día antes y nos alojamos en un hotel. Pasamos por un gran almacén para comprarle un vestido y unos zapatos, donde disfrutó mucho haciéndome un pase de modelos, hasta elegir el que más nos gustó. La llevé un centro de peluquería y estética para que la dejasen bien guapa. Cuando salió me dejó sin habla por lo preciosa que estaba. Le habían dejado un corte muy bien adaptado a su pelo corto, con los ojos perfilados, labios pintados en rojo, al igual que las uñas. Se había puesto su nuevo vestido y los zapatos y quedaba espectacular.

Al día siguiente fue el examen y unos días después, cuando volvimos a por los resultados, me dio la alegría de que aprobó todas las asignaturas

Como premio, le quité la cadena para siempre. Creo que su madre también se alegró cuando la llamé el día que fuimos a recoger las notas para decírselo.

Vino a visitarnos el fin de semana siguiente. Vero se acercó al coche y dijo:

-Por favor, mamá, ¿me dejas que meta tu maleta? –Al tiempo se la cogía para meterse en la casa y dejándola con cara de tonta.

Yo la miraba divertido porque ella no sabía qué hacer ni decir. Al final dijo:

-La verdad es que no me esperaba esto. En tres meses has conseguido lo que nadie ha podido en años.

-Ella lo tenía dentro. Solo había que sacárselo.

Como era ya medio día, comimos los tres tranquilamente. Luego, en la sobremesa, Silvia estuvo comentando sobre los cotilleos de la ciudad, hasta que decidimos ir al río para darnos uno de los últimos baños del final del verano.

Silvia y yo nos metimos desnudos, pero Vero quedó de pie en la orilla, esperando a que le dijese qué hacer.

-Desnúdate y ven con nosotros. –Le dije

Y ella lo hizo. Su madre volvió a quedarse muda. Estuvimos largo rato jugando en el agua, para salirnos después y secarnos al sol de última hora sobre las piedras.

Cuando llegó la noche y terminamos la cena, pedí a Silvia que se sentase en el sofá, le acerqué una copa de vino, mandé a Vero limpiar y recoger, ante la estupefacción de su madre, que no se creía lo que estaba viendo.

Cuanto terminó, le indiqué que preparase el aceite (que ya era especial para estos usos) y se colocase en posición de castigo. Obediente, dejó el aceite sobre la mesa y se quitó la camisa y pantalón de trabajo que llevaba ese día, quedando totalmente desnuda y colocándose en posición.

Me acerqué, tomé el aceite y procedí a lubricar bien su ano. Silvia miraba extrañada, imagino que no se creía que iba a hacer lo que mis actos indicaban. Me saqué la polla, la embadurné con la mano y se le metí directamente. Le entraba sin problemas desde hacía tiempo.

-¡PPPPero! ¿Qué estás haciendo? ¡Deja a mi hija inmediatamente! ¡Serás hijo de puta! –Dijo Silvia levantándose y agarrando mi brazo.

-Lo mismo que todos los días y con lo que he conseguido los resultados que has visto. Si te parece mal, puedes llevártela ahora mismo a tu casa. –Le respondí, poniendo mi cara más seria y la voz y mirada más duras que pude.

Puso cara de susto y se apartó… Me la estuve follando como lo hacía habitualmente, despacio. Ella gemía de gusto, sobre todo cuando metía mi mano bajo su cuerpo y frotaba su clítoris.

-MMMMMMMMMMMMMMMMMM.

-SIIIII.

Mientras entraba y salía de su culo, pude ver que Silvia, que se había ido colocando a un lado, movía las piernas en un claro gesto de frotar su propio clítoris.

Como siempre, Vero se corrió un par de veces, antes de forzarle un último orgasmo al tiempo que me corría en su culo.

Cuando me bajó la erección, tomé la paleta y empecé la sesión de castigo.

-ZASSSSS

-PFFFFSSSS. Uno

-¡Pero! ¿Qué haces, mal nacido? –Dijo al tiempo que sujetaba mi mano que portaba la paleta.

Giré rápidamente sobre mí y le solté una bofetada con la otra mano mientras seguía el impulso que la lanzó sobre el sofá, donde se quedó llorando.

Volví a Vero y como siempre, mi dedo recorrió su raja desde el clítoris al ano, en una caricia profunda, que resultó excitante tanto para la hija y que llamó la atención de la madre.

-MMMMMMMMMMMMMMMM –Se le oía a la hija.

-ZASSSSS

-PFFFFSSSS. Dos.

La alternancia de golpes y caricias, con la consiguiente excitación de la hija, hicieron que Silvia prestase atención y que su mirada, fija en el culo y mis gestos, denotase una gran excitación.

Cuando acabé con el quinto azote y la última caricia, que le hizo alcanzar un nuevo y más fuerte orgasmo que nunca había disfrutado, y que la dejó agotada, procedí a darle la pomada en la zona lastimada, mientras emitía suaves gemidos. Yo estaba nuevamente empalmado, pues el tener a Silvia mirando, nos había excitado en sobremanera a ambos. La prueba era que, cuando acabé con la crema, pasé mi dedo por su coño, encontrándolo muy mojado, que era normal, pero me confirmó que también se había excitado mucho el hecho de tener el clítoris duro y sobresaliendo entre los labios.

-Vete a dormir y no te toques. –Le dije. Y marchó a dormir al pajar.

-¿A dónde va? –Preguntó la madre.

-Ella duerme en el pajar. Es su lugar de castigo por dejarse follar. Ahora te toca a ti. ¿Qué vas a hacer? Mi cama, el coche o la habitación de arriba.

-La verdad es que no sé qué me pasa. Aunque me haya salido la vena de madre, la verdad es que me ha excitado mucho todo esto. He llegado a correrme sin necesidad de tocarme, y ahora estoy chorreado. Creo que es lo que he buscado toda la vida sin encontrarlo. ¿Estarías dispuesto a hacer lo mismo conmigo?

-¿Estás dispuesta a obedecerme en todo y aceptar todo lo que quiera hacer contigo?

-Me pongo en tus manos para que hagas lo que quieras.

-Lo primero que quiero es tu culo.

-Tuyo es, si quieres.

-Desnúdate y colócate sobre la mesa en posición de castigo.

Tuve que explicarle cual era esa posición. Se desnudó y se colocó en la posición. Separé un poco sus piernas para pasar un dedo por su coño. Comprobé que soltaba flujo como si estuviese orgasmando.

Tomé la paleta y le solté cuatro fuertes golpes, deteniéndome al observar que las propias contracciones pélvicas la iban a llevar al orgasmo.

Cuando vio que no seguía me dijo.

-¿Por qué te paras? Sigue, por favor.

-No. Mañana hablaremos de esto. No quiero que me preguntes ni me digas lo que tengo que hacer. Por el momento, tengo pensada otra cosa para ti. Esta noche dormirás en el pajar, como tu hija, y mañana tendrás un buen entrenamiento.

La acompañé al pajar y, ante la extrañeza de la hija, le puse la cadena al cuello y sujeté sus muñecas con una cuerda al collar por la parte de la nuca. Como vi que se frotaba los muslos, busqué un palo y le até las piernas a él, a la altura de las rodillas para que las mantuviese separadas.

-Esta noche, duermes aquí y tú Vero, échale algo por encima y ven conmigo a la casa. –Les dije.

Esa noche, íbamos a dormir Vero y yo juntos, más que nada para que no tuviesen la tentación de hacer llegar al orgasmo a Silvia.

Nos fuimos a la casa Vero y yo, pasamos por la ducha y nos acostamos en mi cama.

-Hazme una buena mamada. –Le dije.- pero esta vez será, sin castigo, por tanto puedes negarte si quieres.

No dijo nada. Se agarró a mi polla como si fuese un clavo donde sujetarse y empezó a pajearme con suavidad. Para poder hacerlo mejor, se puso de rodillas a mi lado, con la cabeza en mi polla y el culo en pompa a mi alcance. Al tiempo que pasaba su lengua recorriendo mi polla, yo paseaba mi dedo recorriendo su coño.

-MMMMMMMMMMM.

Un corto gemido me indicó que le estaba gustando. Me dediqué al juego de que: cuando ella chupaba mi polla, yo le metía primero uno y luego dos dedos en el coño, y cuando la lamía yo pasaba el dedo por toda su raja. Si se dedicaba a mi glande, yo me dedicaba a su clítoris.

-MMMMMMMMMMMM. PPPFFFFFFFFFFFSSSSSSSSSSSS.

-AAAAAAAAAAAA

Nuestras expresiones eran de todo tipo. Cuando estaba lo bastante excitado y ella a punto de correrse, la hice acostarse boca arriba, me coloqué entre sus piernas y la froté bien por su raja, hasta que la punta quedó enganchada en su coño y la fui metiendo poco a poco.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA. SSSIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII.

Poco a poco, los gemidos de ambos fueron subiendo de tono y frecuencia, hasta que por fin, a ella le sobre vino un fuerte orgasmo, momento en el que me dejé llevar para conseguir el mío.

-SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII. Me corrrroooooo. No pareeees. Siiiiiii.

-Y yo también. Prepárate a recibir toda mi carga. OOOOOOOOOOOOOOOOOOOHHHHH. Me corro yo tambiéeeeen.

Tras unos minutos de relax, fuimos a lavarnos y nos acostamos a dormir. Vero se situó en borde del colchón y allí durmió toda la noche.

Cuando me levanté por la mañana Vero no se enteró, fui a realizar mis labores habituales, encontrándome que Silvia también dormía, pero que se despertó con los ruidos y movimientos de los animales. Cuando terminé con ellos, me acerqué a ella.

-¿Qué tal has pasado la noche?

-Bien, pero me estoy orinando. ¿Puedes soltarme un momento?

No sé si ya se le había escapado algo de orina o era que se había excitado nuevamente, pero el coño le brillaba en ese momento.

-No, pero puedes mear en la regata.

Inicialmente, todo el local era establo, pero al no tener tantos animales, utilicé una parte para almacenar la paja y hierba para los animales. Por aquí, los establos tienen un canalillo que los recorre de un extremo a otro, al que llamamos regata, para recoger los líquidos de los animales y sacarlos fuera.

La ayudé a levantarse tirando de la cadena y la medio arrastré hasta colocarla sobre ella y le dije:

-Mea ahora o tendrás que hacértelo encima después.

Se puso roja y le costó un rato. La estuve amenazando con arrojarla con las vacas para no manchar la paja y regalándole insultos varios hasta que empezó a soltar un tímido chorrito, que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en una buena meada.

Cuando terminó la dejé en equilibrio precario y fui a por un cubo de agua, que lancé contra su coño para lavarlo. No se cayó porque estuve rápido en sujetar la cadena.

Luego la dejé en el sitio donde había dormido y me fui a la casa.

Vero se había levantado y estaba preparando el desayuno.

-MMM ¡Qué grata sorpresa, y huele muy bien! Pensaba que no sabías cocinar.

-Es la primera vez. Espero que me haya salido bueno. He hecho lo mismo que haces tú.

Cuando lo probé, no dejé de alabar lo bien que le había salido, sin comentar que estaba algo soso.

Cuando llegué al pueblo, además del lavamanos antiguo, también encontré una jarra y cánulas para lavativas. Que limpié y restauré, pues la goma estaba totalmente estropeada.

Llené la jarra de agua y pedí a Vero que me acompañase a ver a su madre.

Cuando llegamos, entregué todo a Vero y tomé a Silvia por un pié, arrastrándola de nuevo a la regata. Acerqué las dos banquetas utilizadas para ordeñar a mano (normalmente es con máquina) y le coloqué un pie encada una de ellas.

Quedó acostada como en la camilla de un ginecólogo. En esa posición, metí la cánula por su ano, pedí a Vero que la levantase bien alta y abrí la espita. Silvia estaba totalmente roja, pero su coño decía que siguiese adelante.

Pasé un dedo por su raja y le di dos vueltas sobre el clítoris, soltando un grito de placer.

-OOOOOOOOOOOOOOOhhhh

-¡Pero qué puta eres, Silvia! –Le dije

-SSIIIII. Pero tú has conseguido que me guste.

Cuando hubo entrado toda el agua, le dije que la aguantase, si no quería tener que bebérsela después. Hizo lo que pudo y pidió que la dejase soltarla.

Cuando me pareció, la cogí y la hice girar para ponerla en cuclillas sobre la regata.

-Ahora puedes soltar todo.

Fue de lo más bochornoso para ella, soltó gases, agua y mezcla de heces, junto con un olor inaguantable. La vi llorar de vergüenza, pero también correrse al final. Después de lavarla, la dejamos allí nuevamente.

Durante el día, no le hice mucho caso. Solamente pasaba de vez en cuando para frotar su raja sin entrar en el interior, para mantenerla cachonda, mientras ella pedía a gritos que la follase.

-Cabrón, ¿Cuándo me vas a follar? ¿Para qué me tienes aquí? …

No le hacía ni caso. Por la tarde vino Paco, sin esperarlo, mientras repasábamos lecciones. Se acercó ya con la polla fuera y empalmado.

-¡Pero Paco! ¿Dónde vas así? ¿No ves que vas a sonrojar a la niña?

-Déjate de tonterías, que vengo más salido que la punta de un pico. Venga, vamos a la mesa y empezad ya.

-¿Qué te ha pasado para venir así, en ese estado? –Le dije riéndome, pues no era la primera vez.

-Que este fin de semana hubo baile en el pueblo y estuve bailando con una prima de mi mujer que me puso como una moto.

-Pues lo siento, Paco, pero hoy no te vas a hacer una paja viéndonos follar.

-¿Por qué? No me jodas, Jóse, que no es el momento de bromas.

-Anda, vamos al pajar, que si quieres correrte tendrás que hacerlo allí. –Dije mientras nos poníamos en marcha.

-Joder, Jóse, No seas cabrón. Mira cómo la llevo.

Protestó durante todo el camino hasta el pajar, pero cuando entramos, primero se quedó parado, mirando a Silvia, que encadenada, desnuda y con las piernas abiertas, también lo miraba a él, con la polla fuera (de buen tamaño y gorda como un brazo) y empalmado.

-Joder, Jóse, ¿Qué has hecho? ¿La has secuestrado? ¿En qué lío te has metido?

-En ninguno, es un regalo para ti. –Le dije mientras me acercaba a Silvia y soltaba su cadena y todas las sujeciones.

-Tu turno, puta, haz una buena mamada a mi amigo.

Paco, que se había acercado y bajado la erección, se quedó alucinado cuando Silvia cogió su polla y se metió el glande en la boca y lo pajeó ligeramente. Rápidamente alcanzó su máxima erección y se la tuvo que sacar de la boca para no desgarrársela por su grosor. Estuvo lamiéndola en lo que pudo.

-Bájale los pantalones y quítaselos, y tú, dije a Vero, tráeme la paleta. –Cada una se puso a lo suyo.

Cuando llegó Vero con la paleta, pedí a Paco que se acostase sobre la paja y a Silvia que se metiese la polla en el coño y lo cabalgase, cosa que ambos hicieron rápidamente.

Cuando Silvia intentó meterse la gorda polla de Paco, se dio cuenta de que iba a resultar difícil

Empezó apoyando solo la punta y presionando para que entrase.

-Es demasiado gruesa y larga. No me va a caber.

-Insiste. –Le dije- Haz fuerza hasta que la tengas toda dentro.

-No puedo, es muy gruesa… ¡AAAAAAAAAAYYYYYYYY!

Mientras hablaba, apoyé las manos en sus hombros e hice presión hacia abajo, obligándola a que le entrase completamente.

-AAAAAAHHHH Déjame. Me duele mucho. Me va a reventar.

-Calla y aguanta, puta, verás cómo te va a gustar. –Le dije mientras mantenía la presión para que se acostumbrase –El juego es el siguiente: Te vas a follar a mi amigo Paco, pero lo harás acostada sobre él, pecho contra pecho, y moviendo las caderas atrás y adelante. Si levantas el cuerpo o te detienes, recibirás un correazo en la espalda o donde caiga, que te dará tu propia hija. –Esto lo dije soltando con una mano mi cinturón y pasándoselo a Vero- Mientras, yo me encargaré de azotar tu culo.

La empujé hacia adelante hasta que quedó sobre el pecho de Paco. Como no se movía, hice una señal a Vero para que se preparase.

-¡Empieza a moverte! –Dije haciendo señal a Vero para que le diese un golpe en la espada.

-PLASSS.

-¡AAAAAAAAAYYYYYYYY!

Echo el culo hacia atrás despacio, hasta casi sacar totalmente la polla de su interior, para luego metérsela al mismo ritmo hasta llegar a entrar toda. En esa posición tenía que estar recibiendo una tremenda presión, además de un fuerte roce sobre su clítoris. Y no digamos Paco, que bufaba como una locomotora y solamente era el primer movimiento. Cuando la tenía toda dentro, previa señal a Vero para que estuviese preparada, le di un fuerte golpe con la paleta en uno de los cachetes del culo. Como esperaba, gritó y se enderezó.

-ZASSSSS.

-¡AAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYY!

-PLASSSSS.

-¡UAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYYYYYY!

El correazo de Vero se adelantó por un instante a las manos de Paco, que la atrajo fuertemente hacia él, para evitarle nuevos golpes, pero no reanudó el movimiento, sino que llevó la mano a su culo.

-PLASSS.

-¡AAAAAAAAYYYYYYYYY!

Nuevo correazo a mi señal. Nuevo grito y por fin se dio por enterada, moviendo su culo con más agilidad.

Cada vez que se metía la polla hasta adentro, yo le daba con la paleta en el culo, alternando las posiciones. La escena se convirtió en un concierto de golpes y gemidos.

-Bufffffffffffffff. –Soltaba Paco.

-MMMMMMMMMM. –Silvia

-ZASSSS. – Mi paleta en su culo.

Y, cuando algún golpe era muy fuerte y se paraba o cuando alcanzaba alguno de los muchos orgasmos que tuvo y se detenía mucho tiempo, se oía el

-PLASSSSS – de Vero.

Los golpes hacían que Silvia contrajese los músculos de la pelvis, lo que repercutía en la presión sobre la polla de Paco. Se corrió a los escasamente quince segundos, pero era tal la excitación que traía y la que le había subido con el morbo de la situación, que ni siquiera se le bajó lo más mínimo.

Por su parte, Silvia estaba sometida a mis deseos, los golpes la excitaban, el roce del clítoris con la polla de Paco la ponían a 100 y la excitación sin calmar adecuadamente de los dos últimos días, hicieron el que casi seguido a Paco, tuviese otro orgasmo.

Silvia movía su culo con rapidez, lo que hacía que no siempre acertase a dar el golpe con toda la polla dentro, por eso, aproximadamente a los cinco minutos y varios orgasmos más de Silvia, Paco volvió a correrse, saliéndose del coño al bajarle algo la erección.

Le dije a Silvia que levantase el culo y a Vero que le chupase la polla hasta ponérsela dura otra vez, mientras, yo le iría dando golpes en el culo con la pala mientras ella los contaba.

Coloqué a todos como quería y Vero se puso a chuparle la polla Paco, mientras gotas se semen y flujo de su madre caían del coño a su cara y sobre la polla. Yo me preparé y…

-ZASSSSS.

-UFFFF. Uno.

No eran muy fuertes, por la cantidad de golpes que llevaba, pero sí que pasé el dedo por su raja para darle pequeños toques en el clítoris y hacer que cayesen gotas más gruesas sobre la polla de Paco y que Vero se las tragase.

-ZASSSSS.

-UFFFF. Dos.

Vero ya tenía la polla de Paco en condiciones. Su calentura debía de ser muy alta.

-ZASSSSS.

-UFFFF. Tres.

Yo le decía por señas a Vero que siguiese, mientras seguía calentando a Silvia. Paco solo bufaba y se dejaba hacer

-ZASSSSS.

-UFFFF. Cuatro.

-ZASSSSS.

-UFFFF. Cinco.

-Ahora vuelve a meterte la polla y sigue follándolo hasta que se vuelva a correr.

Siguió moviéndose sobre él durante unos veinte minutos más y tres orgasmos, mientras yo seguía dándole con la paleta. Al cabo de ese tiempo, Paco se corrió por fin, y los dejé separarse.

-Uffff. Tengo el coño en carne viva, pero volvería a empezar de nuevo.

-Ahí tienes a Paco. Pónsela dura otra vez y sigue. –Le dije.- Y tu Vero, chúpamela hasta que me corra.

Vero, que pensaba que la estaba dejando en segundo plano, según me confesó después, bajó mis pantalones y calzoncillos y empezó a lamer. Primero mis huevos, mientras me pajeaba suavemente, luego, un recorrido con la lengua a lo largo de mi polla, en su máximo esplendor desde hacía rato, llenándola bien de saliva, para luego meterse la punta y succionar sobre el glande, mientras lo recorría alrededor con su lengua.

No tardé mucho en correrme. Los huevos me dolían de tanto rato empalmado. A los pocos minutos de disfrutar de la excitante sensación y vista, de meterse la polla hasta la garganta sacarla llena de babas, le avisé

-OOOOOOOOH Me voy a correeeeeeer. ME CORROOOOOO.

Ella, no solo no se apartó, sino que todavía se metió más adentro mi polla para que descargase directamente a su estómago.

Por su parte, Paco había conseguido una nueva erección y se estaba follando a Silvia machacando su coño sin piedad. Mientras ella gemía medio ida después de tantos orgasmos.

-MMMMMMMM. OOOOOOOO.

Vero y yo nos quedamos mirando.

-PLAS, PLAS, PLAS… -Se oían los rápidos choques de pelvis, entre los gemidos de uno y otra.

-OOOOOOOOOOOO Qué gusto me das, puta.

-SIIIII Dame más. Siii. Me estas reventando de placer. Cómo me llena tu polla.

-Estoy apunto otra vez.

-Espera. Yo también lo estoy. Quiero que te corras en mi bocAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH. MMMMMMM. SIIIIIIIIIIIII.

Paco saco la polla y se movió para llevarla a la boca de Silvia, la cual, lo hizo girar para tumbarlo y metérsela directamente hasta la garganta. Lo agarró de los huevos y, mientras se los masajeaba, le chupaba la polla con lentas entradas y salidas haciendo el recorrido del glande de su garganta a sus labios.

– Me voy a correeeee. Me corroooooo.

Ella se metió toda la polla en la boca hasta el fondo, recogiendo toda su corrida, y lamiéndosela hasta dejarla totalmente limpia.

Paco se fue satisfecho y nosotros cenamos y nos fuimos a descansar. Esa noche dormimos los tres en mi cama

-El lunes, cuando llegó la hora de marchar, Silvia me dijo:

-¿Te pudo pedir un favor?

-Sí, claro, ¿qué quieres?

-Quiero quedarme contigo toda la semana.

-Por mí, no hay inconveniente. Pero… No se preocupará alguien si no apareces.

-Necesito hacer unas llamadas de teléfono y ya podré quedarme.

Se duchó, vistió y la llevé hasta la torre de los guardabosques que era uno de los lugares con cobertura de teléfono. Nada más subir, sacó su teléfono se apoyó en la ventana echando el culo hacia atrás, con el cuerpo en ángulo recto, en clara provocación hacia mí, mientras buscaba el número en su agenda. La primer llamada a su hermana…

Yo me acerqué por detrás, levanté su falda y empecé a acariciar su coño.

-… Si, chica, ha sido un fin de semana alucinante. Jóse me ha hecho disfrutar como nadie, por eso he deci… ¡Por favor, Jóse, por el coño no, que lo tengo muy irritado, mejor por el culo! … como te decía, he decidido quedarme esta semana… Que no, que no me obliga, no te puedes imaginar lo que ha sido. Cuando vuelva te cuento…

Yo me desentendí de la conversación y me puse a mojar mis dedos en saliva para ir metiéndolos por el culo para dilatarlo. Inicié con el dedo medio. Mojado en mi boca, lo coloqué apoyado en su ano, presionando levemente y soltando, añadí un buen churretón de saliva que cayó un poco más arriba del punto de unión y que la fui metiendo con el mismo dedo.

-…. AAAAAAGGGGG. … nada, que me está dilatando el culo…

Cuando entraba con suavidad, añadí el dedo índice, seguido de otro churretón, y así fui dilatando hasta que calculé que podía metérsela, entonces, coloqué la punta, nuevo churretón y se la metí, dejándola un momento para que terminase de dilatar.

-Ufffffffffff, … que me la acaba de meter…

Cuando empecé a moverme despacio, metiendo hasta el fondo para sacar poco a poco para que se acostumbrase, mientras con mi mano acariciaba su clítoris por encima de los labios. La oí decir…

-MMMMMMM Si, Vero estAAAAAAAAHHH. Muy bieeeeen. Siii. Estudiaaaaaa mmmmmmmmuchoooooo oooyeee, queee nnnnnnnnnnnnoooo te llamaré aaaaaaaaaaaahhhhhh sta que vuelvaaaaaaaa. …. Siiiii, queeee teee cuelgooo, queeee nooooo meeee cooonnceeeentroo000 AAAAAAAAAHHHHHh ¡Que gusto!

Y colgó.

-MMMMMMMM ¡Qué culo tan estrecho tienes! –Le decía mientras me movía lentamente

-Dame más. Quiero más. – me decía ella.

Y le hice caso. Empecé a follarle el culo con fuerza.

-MMMMMMMMMMMMMMMMMMMMM AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH. –Gritaba ella.

-Me voy a correeeer. Frótame más el clítoris. Siiiii. Siiii. Me corroo.

Cuando ella alcanzó su orgasmo, no me pude contener y solté lo que me quedaba en los huevos, dentro de su culo.

De nuevo nos relajamos en el suelo, hasta que ella se recuperó y siguió con las llamadas. Peso a eso ya no presté atención.

Al bajar, llegaban los guardias forestales, que nos habían vuelto a ver desde lejos, pero simplemente nos saludamos y ellos me lanzaron un guiño.

-¿Por qué no os pasáis por casa cuando acabe vuestro trabajo para relajaros un poco?

-Sí, gracias, mañana nos pasaremos, en cuanto terminemos.

Y así volvimos a la casa para lavarnos, comer algo y descansar. Ella se acostó y estuvo durmiendo hasta el día siguiente. Vero y yo comenzamos con los estudios del nuevo curso, cambiando ligeramente el plan, ya que ahora tocaba aclarar primero los conceptos y que luego los estudiase. A tal efecto, establecí que, por la mañana leeríamos las lecciones, le explicaría los conceptos que no entendiese, por la tarde los estudiaría y al anochecer le preguntaría sobre lo estudiado.

El martes fue una jornada caótica. A las 8 de la mañana, ya estaba Paco en casa, mostrándome dos cajas de viagra y deseoso de empezar una nueva orgía. También en ese momento se despertó Silvia y aprovechamos, junto con Vero, que llevaba ya un rato conmigo, para desayunar todos juntos.

Les expliqué el plan con Vero y que todo estaba supeditado a él. Pedí a Paco que me fuese adelantando las tareas con los animales y el huerto para yo poder dedicarme a Vero y poder empezar antes. Durante dos o tres horas estuvimos con las lecciones de Vero, que resultaron relativamente fáciles. Sobre las once o poco más, varias voces en la calle llamaron mi atención, eran la pareja de guardabosques, Paco y Silvia, hablando, por lo que la dejé estudiando y salí con ellos.

-… De verdad que es increíble, no os lo podéis imaginar… ¡Ah! Hola Jóse, les estaba contando el gusto que da follarse a Silvia.

-Algo me imaginaba, al ver el bulto que llevan ya en los pantalones. Vamos al pajar, que esta puta no merece ser follada en otro sitio.

Cuando llegamos, la hice desnudarse, arrodillarse en el suelo y puse a los tres delante de ella.

-Quítales los pantalones y hazles una buena mamada.

No lo dudó. Fue desabrochando, bajando y quitando los pantalones uno a uno, dejando al aire sus ya enhiestas y duras pollas, para volver al primero, pajearlo mientras le lamía los huevos. Cuando los tuvo bien ensalivados, pasó al segundo, y después al tercero. Nuevamente volvió al primero, que era Paco, para lamer su polla y meter el glande en la boca. Por los gemidos, imagino que les seguía dando con la lengua.

-MMMMMMMMMMM –Soltaba Paco.

Al momento, pasó al segundo, Manuel, aplicando el mismo tratamiento.

-Jodeeeer. Qué boquita tiene.

Luego al tercero, Jorge.

-UUUFFFFFFFFFFFF. Si sigues mucho así, no sé si podré aguantar.

Tanto Manuel como Jorge eran dos agentes jóvenes, recién ingresados en el cuerpo el año anterior, de unos 25 ó 26 años.

Silvia volvió al primero y se metió la polla entera, iniciando una mamada profunda, ayudada por los empujones que daba Paco a su cabeza para que le entrase bien. Yo indiqué a Manuel y Jorge que se colocasen uno a cada lado y que Silvia los fuese pajeando. Las toses, arcadas y babas que soltaba Silvia, estaban excitando más si cabe a los dos guardabosques, poco o nada acostumbrados a la escena.

Cuando decidió cambiar de polla, pasó a Manuel, ocupando Paco su lugar.

Manuel era más comedido y dejaba que Silvia se la metiera hasta donde quisiera, pero para eso estaba Paco al lado, que tomó la mano de él, la puso en la cabeza de ella y le ayudó en los primeros movimientos. Luego fue él quien la ayudaba. Sus pollas, sin ser muy grandes, tenían un grosor y longitud algo mayor de lo normal, lo que Silvia agradecía después de meterse el pollón de Paco.

Cuando pasó a Jorge, no necesitó ninguna indicación. Directamente comenzó a follarle la boca a toda velocidad. Me fijé que los muslos de ella estaban brillantes, señal de que el trato que recibía la estaba calentando.

-Joderrr. Estoy a punto. Me voy a correr. AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH.

Pese a tener toda la polla dentro de la boca, algo escurrió por la comisura de sus labios. Cuando terminó de soltar leche, se la sacó, la recogió con el dedo y se la llevó a la boca de nuevo, para volver a meterse la polla y dejarla limpia.

De nuevo a Paco y luego a Manuel, mientras Jorge se pajeaba para ponérsela dura otra vez. Manuel tampoco aguantó mucho, terminando también con una abundante corrida, de la que no se le escapó ni una gota.

-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH. Toma lecha, puta. –Decía mientras se corría.

Paco, todo un experto ya, la hizo acostarse bocarriba sobre la paja con intención de follarla por el coño. Antes le hice ponerse aceite lubricante en la polla para que no se le irritase. Se la clavó de golpe.

-AAAAAAAAAGGGGGGGGGGGGGG. Animal. Métela más despacio, que es demasiado gorda. –Dijo al principio, pero cuando empezó a moverse despacio.

-SIIIIII. Sigue. Sigueee. Maaasss.

Jorge, con la polla casi lista, se colocó sobre su pecho y se la metió en la boca para que terminase de ponérsela dura, mientras Manuel se masturbaba para conseguir el mismo efecto.

Paco machacaba el coño de Silvia sin piedad, ella gritaba de placer…

-SIIIII. SIGUEEEEE. NO PAREEEES. MEVIENE. MEVIENE. MEVIENE. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHH.

Eso no frenó a Paco, que pasaba del placer de ella. Tuve que intervenir, pues Jorge y Manuel estaban ya en forma (maravillosa juventud) y le hice parar para que ella se repusiese de su orgasmo para ponerse a cuatro patas, con Manuel bajo ella, Jorge a su boca y Paco por el culo, con una nueva rociada de lubricante al culo, polla de Paco y de Manuel.

-AAAAAYYYYYYYY. Por favor, Paco, más despacio y espera a que dilate, que eres un animal. –Dijo Silvia cuando Paco empezó a empujar su ano.

Poco a poco, la polla de Paco pasó por el ano hasta entrar completamente.

-Joder, Paco, vaya pollón que tienes. Me vas a echar la polla fuera del coño. –Dijo Manuel.

Después de las anteriores corridas, los jóvenes aguantaron bien. Paco, que imagino que se habría metido ya una viagra o más, también aguantaba. Durante más de veinte minutos, no se oía más que los bufidos de los hombres y los gemidos de Silvia, acallados por la polla de Jorge.

-FFFF FFFF FFFFF

-MMMMMM MMMMM MMMM

Primero se corrió Jorge en la boca de Silvia, clavándosela bien adentro y sujetando la cabeza, hasta vaciarse. Mientras le limpiaba la polla, Manuel se corrió en su coño, que al terminar, se entretuvo acariciándole el clítoris, y Silvia alcanzó su placer cuando sintió que sus intestinos se llenaban con la corrida de Paco.

A partir de aquí, fueron repitiendo todos, hasta tres veces Paco y una más los guardias forestales. Utilizaron todos sus agujeros y se corrió tantas veces que, con la última corrida de Paco, pidió que la dejasen descansar.

Como ya era la hora de comer, fuimos a la casa y mientras, se iban duchando preparé una comida ligera, de la que dimos cuenta los cinco. Al terminar, Vero recogió la mesa y mandé a Silvia quitarse la bata que se había puesto después de la ducha y que se colocase en posición de castigo.

Le apliqué los correspondientes cinco golpes con la paleta, volviendo a quedar sus muslos brillantes y las pollas tiesas de nuevo. Denegué la petición de follarla otra vez por parte de los hombres y los despedí hasta que quisieran.

Paco dijo: ”Hasta mañana”

Los guardias: “¿Podemos venir mañana con los compañeros del otro turno?”

Agradezco vuestras valoraciones y comentarios.