no son dos sino tres2Saludos de nuevo a mis queridos lectores. En este relato tienen la ocasión de disfrutar de un relato basado en una persona real, la atleta australiana Michelle Jenneke.

Vean por favor este vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=tMgmYutL9W0

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Sin título-¿Qué hay de tu bailecito sexy, nena? – le preguntador su entrenador

-¿Quieres que lo repita en esta competición? Jaja– se reía Michelle.

Michelle Jenneke, esa joven australiana que había ganado el oro en los 100 metros vallas en Barcelona, repitió el calentamiento sexy para regocijo de los que la miraban entrenar. El campo no tenía más público que aquellas atletas femeninas llegadas desde todo el mundo y sus preparadores. Quedaban dos días para el inicio del Campeonato Mundial y todo el mundo estaba volcado por primera vez en el atletismo.

Sólo hay dos hechos que han hecho al público centrarse tanto en este deporte en los últimos años. Uno es Usain Bolt. El otro son los calentamientos de Michelle que calientan a tantos espectadores, los hombres se vuelven locos con ella.

Michelle esbozaba una sonrisa muy natural mientras meneaba sus caderas al ritmo que ella tarareaba en su cabeza. Sabía que los hombres de la pista la miraban. Quizás la deseaban y en secreto odiaban a las sosas de las atletas que preparaban.

Pero ella se sentía feliz. Al principio la desbordó ser el foco de atención con algo tan ridículo como calentar con ese bailecito. Pero es algo que ya hacía en su barrio cuando salía a entrenar. La idea le vino con la música, otra de sus pasiones. El calentamiento siempre es necesario, pero es un rollo. Lo emocionante es correr y saltar después. Por eso ella tuvo la simple pero genial idea de unir la música al proceso previo a correr. Nunca lo había hecho en público hasta aquel campeonato. Le daba vergüenza, pero sabía que le daría mucha confianza y además no era conocida ni siquiera a nivel nacional. Y fíjate, acabó ganando el oro en los 100 metros y su vídeo de calentamiento dio la vuelta al mundo.

Dio un par de saltitos y estiró sus manos para relajar la tensión de sus músculos. En ese momento mucha gente se reía e incluso aplaudían. Se puso un poco roja. Se alineó con el resto de atletas en la línea de salida. Las vallas frente a ella, como tantas otras veces. Todo el mundo estaba preparado. Se pusieron en posición de salida. Se imaginó que este entrenamiento era real…

Al momento sonó la señal de inicio de la carrera.

Mientras miraban a Michelle salir como el rayo y saltar las primeras vallas, dos hombres comentaban algo sobre ella desde la grada:

-Oye, esta putita de Michelle volverá a ganar – por el aspecto, se deducía que era preparador, llevaba una gorra que no permitía verle apenas los ojos.

-Ojalá pudiésemos hacer que no fuese así. Nuestras competidoras están en general muy desanimadas. Michelle muy probablemente vuelva a ganar el oro si lo hace como en los entrenamientos que han ocurrido durante estos días – le dijo el otro, también vestido con indumentaria de entrenador.

-Además la muy guarra, con ese bailecito se lleva el cariño del público y desmoraliza más a las nuestras – dijo el de la gorra con rabia.

-Cierto. Eso también cuenta bastante.

La carrera de entrenamiento había ganado y la australiana del bailecito volvía a ser la ganadora.

-Oye, vamos fuera un rato, tengo que comentarte algo que he estado pensando… – dijo el de la gorra y los dos salieron por el vomitorio principal del estadio.

Una sudorosa Michelle desaceleró su ritmo, mientras la sonrisa por haber llegado primera no se le iba de la cara. Algunas personas gritaban su nombre emocionadas, una de ellas era su preparador que se acercaba con una evidente expresión de alegría y una toalla con la que envolvió a su deportista.

-¡Felicidades de nuevo Jenneke! ¡Bien hecho, chica, eres una fiera! ¡Si sigues así incluso podías batir un récord aquí! – le decía su entrenador mientras ella se limpiaba el sudor de la frente con la toalla.

-¡¡Sí!! ¡Estoy motivadísima! – Michelle gritaba y reía como la persona más feliz del mundo. Quería competir y ganar. Nada podía estropear esos momentos de felicidad…

En los exteriores del estadio, los dos entrenadores que habían estado comentando la carrera de la australiana Michelle Jenneke paseaban juntos en silencio, alejados del resto de personal que seguía atareado con sus tareas. Uno de ellos le preguntó al otro:

-¿Qué querías comentarme?

-Mira, no entrenamos a la misma atleta, ni somos del mismo país. Pero tenemos algo en común- explicó el de la gorra.- Esa chica sexy hace que nuestras atletas no lleguen al primer puesto porque ella se lo llevará. Creo que podríamos aliarnos en contra de Michelle Jenneke.

-¿Qué?- dijo el otro sorprendido

-¿Te haría feliz que tu atleta, tu niña pudiera ganar un oro? ¿Y no conformarse con una plata o un bronce? ¿Verdad que sí? A mí también. ¿No te gustaría que en el atletismo femenino que entrenamos hubiera sitio para las nuestras y no para tanta expectación alrededor de los calentamientos porno de Jenneke? A mí también. Y por eso mismo te digo que podríamos juntar nuestras fuerzas para impedir que Jenneke gane. Eso devolvería mucha motivación a nuestras chicas y les daríamos la opción de ganar.

-A ver, por supuesto que me haría ilusión, no tienes ni que preguntármelo. Quiero la gloria para mi niña y para mí, para todos los que nos rodean, igual que tú e igual que cualquier otro entrenador aquí. ¿Pero cómo ibas a deshacerte de Michelle Jenneke? Es sencillamente una de las mejores aquí. ¿Qué quieres, romperle un tendón o un pie?

-Sólo pensaba en inhabilitarla de alguna forma. Nada macabro, por supuesto, ella merece estar siempre en condiciones de correr porque es una atleta prometedora. Pero al menos en este campeonato, que no compita.

-¿Una inhabilitación temporal? Me gusta. Por supuesto, nada de violencia física porque se nos podría caer el pelo…

-Ya que veo que seguimos los mismos fines, ¿te unes a mí? – el de la gorra le tendió una mano.

Y el otro entrenador le dio un apretón de manos.

-Sí, estamos juntos en esto. Quiero dejar fuera a Michelle Jenneke. ¿Has pensado en usar algún tipo de droga? Un bloqueante muscular o así.

-Por supuesto, es la opción más fácil. Pero no es sencillo meter aquí algo así, mira que en los controles nos miran el contenido hasta de los gayumbos casi. Aparte, si lo consiguiésemos y le inyectásemos algo creo que rastrearían cielo y tierra hasta dar con nosotros y no les costaría nada. Descartamos el dopaje. Tengo otro plan.

-¿Cuál? Dime, dime, me tienes expectante.

-Igual lo ves raro, pero yo lo veo muy factible. Tú también te has fijado en lo buena y apretadita que está Michelle, ¿no? Mi idea era darle una dosis brutal de sexo la noche antes. Follarla con un miembro bien gordo el coñito y darle por el culo también. Castigarla duramente durante horas. Así, cuando acabase que no se pudiera ni sentar. Su pelvis le dolería tanto que, sí, podría correr quizás; pero el esfuerzo que tiene que hacer una atleta para saltar esas vallas a esa velocidad es tremendo. Sería incapaz de hacerlo porque estaría muy dolorida.

-Ostia, no lo había pensado tío. Pues claro que está buenísima la muy zorra. Pero es verdad, sería incapaz de saltar vallas si se la follaran así. Pero si la violamos y nos pillan se nos caería el pelo.

-No. Para empezar no la violaríamos nosotros para que no nos descubran, podríamos traer a alguien del exterior, eso es lo de menos. Y además, tú ya sabes que en este tipo de campeonatos folla todo dios. Es decir, Michelle habría tenido una noche de sexo tan intensa que lo tendría que acabar declarando porque le impediría competir a primera hora. Y a nadie le extrañaría una bacanal de sexo aquí, cuando nos regalan diez condones cuando entramos. Creo que muy pocos se preocuparían de si es una violación o Michelle ha querido cepillarse a dos maromos por la noche y ha quedado perjudicada. Yo lo veo.

-Yo también. Y hasta lo podríamos grabar en vídeo y nos forraríamos, tío. Para que el mundo vea no sólo como calienta, sino como se pone caliente…

-Jaja, ¿por qué no? Ahora preparémoslo…

Las dos figuras vestidas en chándal, que en un momento se habían vuelto íntimos, siguieron hablando en su paseo lleno de maquinaciones…

Al día siguiente, la atleta Michelle Jenneke se tomó el lujo de levantarse algo más tarde. Aquél día calentaría igual pero entrenaría lo justo, quería estar bien descansada para darlo todo al día siguiente, el día de la competición de los 100 metros vallas. Se levantó con más pereza de costumbre y se quitó el pijama, dispuesta a meterse en la ducha.

Abrió el grifo de duchar y empezó a salir el agua. Frente al espejo del baño, Michelle estaba en ropa interior ahora. Su pelo negro caía sobre sus hombros. Le encantaba lo bien que la depilaban allí en las competiciones, sus fuertes y musculosos muslos se veían mejor que nunca, incluso brillaban. El excesivo ejercicio que le preparaba para las competiciones hacía que mantuviese una figura que todas las mujeres deseaban. Tenía un vientre planísimo. De una forma muy sexy se quitó las braguitas blancas dejándolas bajar por sus bien torneados muslos que tantas veces registraban las cámaras, revelando por detrás un culo de infarto, de nalgas tersas y bien juntas y por delante su intimidad, su vagina depilada de labios finos y cerrraditos.

Michelle era virgen. Le parecía divertido que la gente pensase que tendría una amplia experiencia sexual y que se comentase así en los foros tras su éxito viral. Pero la verdad es que la pasión por el atletismo le llevaba lejos de echarse novios o de preocuparse por ellos de momento. No escapaba a la autosatisfacción sexual que se provocaba con sus propios dedos cuando penetraba sus labios vaginales y tocaba repetidamente su clítoris, como tantas mujeres en su intimidad. Pero no había dado un paso más allá, se guardaba celosa de la penetración de su sexo. Mirándose en el espejo, pasó uno de sus dedos recorriendo su rajita inmaculada mientras pensaba en todos los hombres que se morirían por penetrarla salvajemente.

Por último, se desprendió de su sujetador y sus pechos quedaron libres, completando por fin su imagen desnuda. No le gustaba la opresión a la que se sometían sus tetas bajo el top deportivo. Parecía que en los medios de comunicación tuviese mucha menos talla. Sus pechos eran generosos y resaltaban aún más con el resto de su estilizada figura. Podía haber sido modelo o lo que hubiese querido.

El agua caía por todo su recién amanecido cuerpo. Lo mejor de los campeonatos era poder ducharse a solas en un cuarto propio, no como en otras que había que ducharse en el vestuario con el resto de atletas femeninas a las cuales no solía conocer, las cuales no dejaban de mirar su cuerpo desnuda y comentar envidias sobre ella. Esto era una verdadera gozada, un cuarto además bastante privilegiado, había que decirlo, alejado del resto de competidoras en otro lado más lujoso del pabellón, presumiblemente por haber sido la última ganadora del campeonato anterior y también por cierta colaboración de sus patrocinadores. Cerró los ojos y disfrutó del placer de que el agua templada recorriera cada curva, cada rincón inexplorado de su cuerpo antes de empezar la última jornada de entrenamiento…

Al acabar el día, el entrenador estaba gozando con la jornada de Michelle. Se había preparado bien y en ninguna de las carreras había quedado por debajo de los tres primeros puestos. Lo más importante es que seguía manteniendo sus tiempos bastante constantes.

-¡Ensaya ese bailecito para mañana!- gritaban algunos admiradores.

Arriba, en las gradas, los dos entrenadores que empezaron tramando el día anterior su postura común contra la joven Jenneke, sonreían de un modo demasiado sádico. Para sus adentros estaban casi seguros de que la pobre australiana no podría estar en condiciones de competir la mañana siguiente.

-¡Te queremos, Michelle Jenneke!- gritaron ambos.

Michelle sonrió por última vez a la grada y a esos dos curiosos entrenadores tan amigos. Después marchó con su entrenador para ultimar los detalles de cara a mañana.

La noche caía tranquila en el hotel de la organización. La campeona Jenneke estaba sola en su habitación. Michelle acababa de cenar algo ligerito y practicaba riéndose su baile sexy frente al espejo de la habitación, con música de fondo. Cuando se cansó de la broma, puso la alarma en su reloj para el gran día de mañana, aunque no era necesario, porquesabía que su entrenador vendría en persona a levantarla cuanto antes.

Ya estaba a punto de meterse en la cama, pero, para su sorpresa, llamaron a la puerta. ¿Quién podría ser a esas horas?

De repente, oyó una voz al otro lado de la puerta.

-Servicio de habitaciones. ¿Puede abrirnos, señorita Jenneke?

A Michelle le pareció muy raro, pero al fin y al cabo era gente que hacía su trabajo. Michelle se arregló un poco el pijama y se dirigió hacia la puerta. Quitó los cerrojos y abrió la puerta. Al otro lado había tres hombres negros gigantescos. Con poca pinta de ser del servicio de habitaciones, la verdad. Jamás debía haber abierto la puerta, pero ya era tarde.

Uno de ellos puso la mano en la puerta y la empujó hasta el fondo, desplazando a la propia atleta. Ella intentó quejarse por la intromisión, pero otro negro pasó rápidamente el umbral, le tapó la boca a la chica en pijama y la empujó hacia el interior de la habitación. Los otros dos negros entraron detrás de la rehén y el compañero y cerraron la puerta con cada uno de los cerrojos que Michelle había abierto antes.

-Sujétala bien, pero déjala hablar. Si chillas, nena, desearás no haber competido nunca.

-¿Pero qué queréis? ¿Qué hacéis aquí?- dijo una asustadísima Michelle en pijama. Le contestó el negro que parecía más grande.

-Tenemos un encargo que resolver contigo, así que cuanto menos te rebeles mejor. Y sí, es lo que parece así que no hacen falta más preguntas. Con pijama no eres tan sexy como cuando te vistes de atleta, pero te lo vamos a quitar rápido, tranquila.

-¿QUÉEEE?- acto seguido Michelle recibió un puñetazo en la tripa.

-Es mejor que te calles- el negro se acercó a ella y le tocó las tetas por encima del pijama, mientras ella se retorcía de dolor por el golpe. Michelle no volvió a gritar porque uno de los negros sacó un cuchillo enorme y le bastó verlo para entenderlo. El negro comprobó para su sorpresa que era una atleta muy bien dotada. No tardó en arrancarle la camiseta del pijama para revelar el sujetador que había debajo. El negro volvió a tirar con sus manazas de esta prenda interior con fuerza, mucha fuerza hasta que rompió las costuras del sujetador y las separó del torso desnudo de la joven. Sus tetas, redondas y perfectas, cayeron y rebotaron en un gesto que encendió la lujuria de los tres violadores al máximo.

-No está buena la putita esta, jodeeeer.

Mientras uno seguía sujetando a la atleta por la espalda, los otros cogieron un pecho cada uno y lo estrujaron con fuerza, provocando dolor en Michelle, quien procuraba gritar lo más bajo que podía para no ganarse otro puñetazo. El puto negro le sujetaba las finas muñecas con una de sus manazas y con la otra apretaba su cadera. Podían destrozarla, lo tenía bien presente, jamás se había sentido así de indefensa. Sus pezones estaban ahora siendo violentamente estirados por cada uno de sus agresores, y tuvo que soportar la visión de cómo uno de ellos se metía uno en la boca, tuvo que soportar la sensación de sentir su pezón en la boca asquerosa y sin lavar de su violador mientras succionaba de la teta ansioso por encontrar algo que ni ella sabía. Esa situación, que podría resultar excitante en un ambiente distinto, estaba a punto de matarla del disgusto. Sus pechos, maltratados para el placer de hombres a quienes ni siquiera conocía…

Cuando los hombres se cansaron de magrear sus suculentas tetas, ella no sabía si aliviarse o no, porque eso significaba que ahora iban a por lo que escondían las ropas que le quedaban, las de cintura para abajo.

Sin embargo, los negros le quedaron mirándola maliciosamente y uno de ellos le propuso:

-Queremos que saltes de esa forma tan cachonda, queremos ver cómo te rebotan las tetas. Y más te vale que lo hagas con gracia.

Le daba rabia, mucha rabia ofrecer su calentamiento inocente tan disfrutado por las cámaras a esos violadores. Pero Michelle sabía que no podía negarse, a la vista seguía el cuchillo amenazador colgado del cinturón de uno de ellos. Les iba a encender a cien, ella lo había hecho frente al espejo de la ducha, sabía lo que se bamboleaban sus tetas. Pero no tenía alternativa.

Michelle posó sus manos en sus caderas tras sentir el roce de sus brazos contra sus pechos desnudos. Sus pechos sobresalían magullados, apuntando directamente a sus tres incomodadores nocturnos. La chica empezó a moverse hacia un lado, flexibilizando piernas y caderas y su silueta siguió la trazada. Su pelo danzaba por detrás de ella al ritmo de su dueña. Muerta de vergüenza, sintió como sus tetas rebotaban contra su cuerpo, más violentamente cuanto más rápido se meneaba hacia los lados. Pero, para su sorpresa, no le costaba hacer ese movimiento que ya tenía tan automatizado, estuviese delante de quien estuviese. Le faltaba la camiseta y su sonrisa para ser la Michelle Jenneke que hacía calentamientos sexys ante las cámaras.

Para su disgusto, vio como ellos empezaban a quitarse la camiseta mientras un bulto enorme salía de cada pantalón. Michelle seguía saltando por inercia, pero estaba a punto de llorar por dentro.

-¡Bravooo! – dijeron los tres emocionados casi a la vez.

-Genial, putita. Ahora tenemos mucha más urgencia por quitarte lo que te queda de ropa- el negro que había dicho eso se adelantó como poseído hacia ella, y la empujó, arrollándola a su paso y tirándola contra la cama. Michelle cayó tumbada boca arriba mientras sintió como el negro, a los pies de la cama, daba un tirón fuerte para quitarle el pantalón del pijama.

-¡¡¡NOOOOO!!! – pero fue callada al instante por la mano de otro negro que apoyaba la labor del compañero. El pantalón fue desprendido de su lugar y se lo sacó por los pies, quedando Michelle únicamente cubierta por la braguita blanca. Su reacción natural fue cubrirse los desproporcionados pechos con las manos mientras cerraba algo los muslos para cubrirse la ropa interior. Esa imagen de indefensión inútil, de esa mujer morena, de buenos pechos, silueta perfecta y fuertes muslos, desnuda solo con unas braguitas y sollozando por evitar el sexo no consentido, puso muy cachondos a los agresores, dos de los cuales ya estaban completamente desnudos. Pese a la mala situación que pasaba, Michelle se fijó en las dos grandes pollas duras de los negros, y se quedó horrorizada. ¿En verdad los penes de los hombres podían ser tan enormes?

Uno de ellos se percató de la mirada sorprendida de la atleta a su aparato y se acercó a ella inclinándose sobre la cama. Se reclinó y le puso una mano negra sobre una de las manos que intentaba ocultar la piel de sus tetas. Pero, para sorpresa de Michelle, que esperaba que las retirara, el negro fue directo a besarla en los labios. Sus bocas quedaron unidas y la del negro forzó que ella separara sus labios juveniles. Entre los dientecitos de Michelle se coló una lengua áspera como la lija y un chorretón de saliva que no era suya. Sintió como la lengua se metía adentro de su boca, hasta casi meterse la garganta y chocar contra el paladar mientras le privaba de su espacio, una sensación asfixiante que en otro momento podría haber sido un beso muy apasionado. En aquel momento la chica se estaba ahogando. Michelle intentó quitárselo de encima, pero justo entonces notó el tacto frío de un metal en su mejilla. El negro salió de su boca dejando un regusto asqueroso y la dejó ver como la amenazaba de cerca con aquel cuchillo que antes había ido de lejos.

El negro que la había besado dijo, empuñando el cuchillo:

-Espero que seas una niña buena, o te puedes imaginar las consecuencias de ser mala.

La corredora estaba paralizada por el terror, no podía mover ni uno de sus potentes músculos al ver el arma blanca. Es como si todo su gimnástico cuerpo hubiese perdido su valía de repente. Mientras tanto el negro se movió encima de ella y pasó la mano libre del arma entre sus tetas, magreando una de ellas con delicia. La mano del cuchillo se deslizó por los muslos de la mujercita y de repente notó como se detenía a la altura de sus braguitas.

-¿Qué… qué está pasando? – musitó una atemorizada Michelle mirando hacia su pubis.

-Será mejor que no te muevas ni chilles, recréate – Michelle observó la figura desnuda del negro subido encima del suyo. Un cuerpo musculado al máximo, peludo, con un enorme miembro que apuntaba hacia la cara de la atleta mientras rozaba sus hinchadas tetas. La imagen era imponente, Michelle no pudo evitar que el recordase a alguna peli porno donde un negro impresionante se follaba a una actriz que parecía jovencita y se hacía la virgen… Pero sacudió eso de su mente porque recordó que esto era la realidad y él llevaba un cuchillo.

El negro empuñó el arma y las acercó a sus braguitas, Michelle seguía paralizada. El filo del arma se deslizó por la brillante piel de la chica, metiéndose por debajo del muslo hasta llegar a la prenda interior. Siguiendo la línea de la ingle, el filo enfiló la tela de las braguitas y la estiró hasta que la tela se empezó a desgarrar por la punta y al tirar del cuchillo hacia arriba la rompió verticalmente para revelar lo que aún no habían podido ver. Su agresor quiso fijarse en la cara de la horrorizada Michelle al ver troceadas sus braguitas mientras los otros dos negros se excitaban visiblemente y uno de ellos ya se manoseaba el pene con las manos. El otro se quitó también sus gayumbos para revelar una desplegada erección y le lanzó la prenda a la cara de la putita. Michelle se apartó la prenda ladeando la cara para acabar de ver como el negro encima suyo uso el puñal para rasgar la telita por la otra ingle con una expresión de morbo incesable en su cara. Las braguitas se rompieron en trozos y el negro con su manaza retiró todo resto de las destrozadas bragas de la pelvis de la jovencita.

-¡Oooooh! – exclamaron al unísono los tres violadores.

Porque ahora es cuando la intimidad de Michelle, la rajita de la atletacodiciada por las masas quedaba expuesta. Y qué bella vaginita albergaba entre sus lucientes y jugosos muslos. Tan bien depilado como el resto de su escultural cuerpo, su sexo brillaba con la luz de la habitación. La vagina de Michelle Jenneke expuesta por fin, hasta entonces solo en la mente de tantos que la ven bambolearse y quieren poseerla día a día desde YouTube. De entre los bien torneados muslos, asoma un sexo retraído, como intentando esconderse al mundo. Un coñito inusualmente cerrado, donde unos labios se aprietan uno contra el otro para proteger el interior del conducto. Y sin un pelito, deliciosa. Michelle estaba horrorizada de que los negros viesen sin censura su parte más protegida.

-¡Qué rica vaginita luces, putita!

-Bua, no puedo aguantar, quiero metérsela hasta el fondo.

-Voy a explorarte, pequeña- dijo uno de los negros mientras tomaba con una mano uno de los muslos y lo separaba para dejar expuesta más aún la vagina. El tacto con la pierna suave excitó al negro, que empezó a recorrer uno de los muslos con su áspera lengua camino al sexo.

-Oye, parat… – Michelle se empezó a quejar pero muy cerca de su cuello apareció ese cuchillo intimidante. Los tres negros se arremolinaban alrededor de ella. Uno de ellos cogió una de sus perfectas tetas con las manos y empezó a hundir sus dedos en esa masa, juegueteando con sus pezones. Otro pasó sus dedazos por las finas curvas de su cara y los posó en sus labios. Michelle se empezaba a ver acosada a tres bandas, cosa que duraría toda la noche.

El negro que se movía entre sus piernas dio lametones por todos los ángulos de los muslos femeninos con los que Michelle Jenneke recorría las pistas de atletismo, lo cual le excitó mucho y no tardó en volverse hacia el sexo delante de él. Ese apetitoso coñito cerradito, demasiado estrecho, probablemente por lo atlético del cuerpo de Michelle. Con la punta de un dedazo, estiró un poco el labio derecho hacia un lado, revelando parte de la carne rosada interna de la chica y por fin el clítoris de la chica asomó a la luz. Ella notó la invasión y asistía impotente a ella. El negro acarició por primera vez la zona de placer de Michelle y ella se sintió ultrajada, jamás hubiera podido concebir eso. Pero parece que el negro no tenía mucho interés por darle gusto porque lo dejó al momento.

-Estás muy cerrada, deportista, te dilataré metiendo un dedo – Michelle observó con miedo esas morcillas con las que se llevaría su virginidad por delante sin poder evitarlo en cuanto las deslizara en su vagina. El negro deslizó uno de los dedos entre la seca vagina y Michelle sentía como un hombre la abría, la exponía por primera vez de esa forma. Y sintió, para su agobio, como uno de sus dedos recorrían con dificultad sus angostas paredes vaginales por dentro hasta que llegaron a la membrana intacta de su virginidad. Se quería morir, la iba a romper de un momento a otro…

El dedo morcillón del negro llegó al punto donde el himen de Michelle protegía su pureza. El negro, visiblemente sorprendido, sacó el dedo y abrió la vaginita de Michelle para ver lo que no podía creer haber tocado.

-No…- dijo tímidamente ella pero no pudo evitar lo que siguió:

– ¡¡¡Ostia, troncos, mirad!!! ¡¡Es virgen!! – dijo dejando expuesta la rosadita membrana virginal de la atleta a sus compañeros.

Los negros vieron la membrana virginal de la cachonda Michelle y se movieron entre la sorpresa y la excitación.

– ¿Virgen? ¿Teniendo esa cara de niña y ese cuerpazo de puta? ¡Joder, es la ostiaaaa! – dijo uno de ellos.

– Pues sí, joder, quien lo hubiera esperado, es capaz de calentar como nadie a los hombres y aún no tuvo una polla dentro, quién lo diría. Follémonosla ya, vamos a estrenarla a lo grande.

-Te vamos a romper esa membrana, no la necesitas, preciosa putita…

-¡Michelle Jenneke llena de leche! No puedo esperar a verlo

Michelle escuchaba horrorizada e impotente las burradas sexuales que los negros decían. Fantaseaban con su cuerpo. Ellos la iban a desvirgar y a hacer mil cosas más, era terrible. Michelle, la atleta más deseada del mundo, virgen en todos los rincones de su cuerpecito, musculosa y sin grasa, desnuda y a merced de tres negros con miembros enormes… Sus pensamientos no auguraban nada bueno, ni la realidad tampoco.

-La ostia, pues con el ejercicio que haces debes ser la virgen la más apretadita del mundo, follarte va a costar, pero va a ser una delicia.

-Ahora me explico que me haya costado tanto meterle un dedo…

-A ver, troncos… – terció el negro que faltaba – ¿quién de los tres la va a estrenar?

En ese momento, los tres negracos en pelotas que hablaban lujuriosos frente a la pobre Michelle empezaron a comentar cosas horribles para sus oídos: “Yo ya he desvirgado a unas cuantas y siempre lloran porque les duele…”, “Yo una vez tuve que metérsela a martillazos casi a una virgen…” “Pues yo me acuerdo de la sangre que soltó otra putita blanca…” Hacían referencias continuas a sus grandes miembros mientras discutían y se relamían mirando la vagina de la aterrada atleta que yacía en la cama. Michelle, como gran atleta, pensó en escaparse, pero por mucho que corriese, era inútil salir de aquella habitación, no le daría tiempo a desbloquear los cerrojos de la puerta sin que los negros se le echasen encima. Una vez más, el pánico aterró su mente y cubrió sus desnudas partes de mujer como pudo mientras luchaba contra el destino…

Para entonces, los negros se alinearon uno al lado del otro, dejando estiradas sus pollas hacia la sensual Michelle.

-Vas a tener suerte, nena, vamos a elegir cuál de nuestras vergas es la más apropiada para tu primera vez. La más grande de estas tres. Míralas.

Michelle recorrió con la vista las tres barras gruesas y negras de carne que salían del pubis de los hombres. La primera era larga y resaltaba por ser la más oscura, la segunda no era tan larga pero se engrosaba mucho en la base al igual que sus testículos, pero la tercera…

La tercera lo tenía todo en una. Una polla negra bastante más larga que las otras dos, pero también de un grosor atemorizador, Michelle calculó que como su propio brazo. Temía especialmente las dimensiones de ese rígido ejemplar. Nunca imaginó que el rumor de que los negros tenían esos tamaños sería tan real como contaban las chicas de otros países en los vestuarios. El negro dueño la tercera polla se dio cuenta del temor de Michelle al compararlas y observar la suya y sonrió.

Miró a sus dos otros compañeros y contó con su aprobación.

-Veo que no es solo cuestión nuestra, amigos, sino que la virgen opina igual. ¡¡¡La mía será quien la abra!!! – el negro de la polla más grande dio un salto hacia delante y la verga parecía un sable que cortaba el aire entre la chica y el gran desflorador. Agarró su rabo y lo empezó a menear como si se estuviera haciendo una paja delante de la chica, a pocos centímetros de ella.

– Dinos zorrita, ¿cómo es que no te has metido una verga todavía? – preguntó otro de ellos mientras sobaba sus tetas y ponía su miembro cerca de su cara.

– ¿No será que eres bollera? ¿Te van las tijeras?

El negro elegido para desflorar a Michelle dijo:

– Callaros imbéciles, yo sé la verdad. La niña ha estado esperando a su príncipe azul, ¿no es así? Háblanos, querida…

Michelle seguía callada, aunque sus mejillas empezaban a colorearse de la vergüenza que sufría…

– Mira, niña, yo seré tu príncipe te guste o no, ¿así que por qué no me besas? – El gigantesco negro se abalanzó cubriendo por completo el cuerpo de la virgen, el contraste entre los géneros era muy fuerte. El hombre cogió con su manaza la carita de Michelle y la acercó a la suya, llevando sus labios morcillones y con cicatrices a juntarse con los labios puros de la chica. Sorbió lentamente su juventud e inocencia y metió la lengua hasta la garganta, Michelle sintió nauseas por segunda vez debido a otro beso asqueroso. Terminó rápido, pues el negro estaba visiblemente cachondo.

– Ahora quiero que beses otra cosa, a la que vas a coger cariño.

Era evidentemente su enorme trabuco, el cual puso cerca de la boquita de la niña, parecía su micrófono. Ella miró para otro lado, desentendiéndose de su destino, cosa que no agradó a su portador.

– Será mejor que no te resistas, putita…

Al momento los otros dos agarraron a Michelle inmovilizándola, a la vez que uno abría con sus dedos la boquita de piñón. Empezó a introducir el miembro, pero viendo que Michelle se resistía, apuntó con el cuchillo a la vagina de la atleta y deslizó el filo entre la abertura. Ella sintió el frío del metal y comprendió…

– Como se te ocurra usar tus dientecitos, te quedas sin coño, puta.

Una dócil y asustada Michelle Jenneke abrió la boca voluntariamente, lejos de ser forzada por los negros y rodeó la polla con sus labios. Al abrir la boca se dio cuenta de que apenas podía alcanzar la anchura suficiente para cubrir el grosor del sexo masculino. El gran glande encontró difícil entrar en la boca de la pequeña, pero detrás quedaba gran parte del pene que ocupó la cavidad bucal de la chica inexperta en pollas. El negro cabrón intentó meterla hasta la base, pero chocó contra la campanilla de la nena pronto y no pudo, ella empezó a poner cara de disgusto.

– Bus, dios, que placer, que boquita pequeñita… chupa mi niña…- mientras a su lado otro negro llevaba tiempo masturbándose ante esa escena.

Michelle, con más de medio rabo en la boca por vez primera, movilizó como pudo su lengua y luchó por encontrar sitio en su boca, chocando contra el miembro negro que tenía incrustado y llenándolo de saliva. El negro puso cara de estar gozándolo, movió su miembro hacia dentro y hacia fuera mientras rozaba con los labios y la lengua virgen… Michelle se dio cuenta de que no era difícil, pero sentía asco porque era muy grande y era áspera, incluso sabía mal, pero estaba amenazada…

– Joder, para no haberla chupado nunca no lo haces mal…

El negro sacó el miembro rápidamente, porque sentía que se iba a correr y no quería hacerlo tan pronto. Y tan pronto como salió la otra polla que había estado siendo agitada se metió en Michelle.

– ¡Chúpamela a mí también putita!

Michelle siguió con el trabajo aunque con un pene distinto, esta vez más manejable aunque también descomunal. Pero no tuvo que pasar mucho tiempo chupando, ese otro negro estaba ya a punto de venirse:

– ¡Aaaaah, Dios, me corrooooooo! ¡Toma lefaaaa!

En ese momento, Michelle sintió como un chorro de algo caliente salió de la polla que tenía dentro y se expandía por su paladar. Asustada lo dejó ir y se lo sacó de la boca, pero el resultado fue peor, porque el segundo chorrazo de semen espeso y los siguientes fueron a parar a la cara de la chica. Un líquido blanco-amarillento ardiendo quemaba la piel de Michelle y cubrió sus ojos llorosos. Al mismo tiempo ella abrió la boca para quejarse y de ella salió una manantial del mismo semen, propio de una película porno.

– ¡¡ooooOOHH!!- fue el grito generalizado por parte de los violadores al ver ese espectáculo. Michelle, con la cara corrida, estaba indignada.

-¡Ya no puedo esperar más a desvirgarla! –dijo el elegido, cachondo perdido por la cara inundada de la virgen. Los otros dos agarraron los brazos y piernas de la atleta facilitando a este llegar al conejito virgen al instante. Michelle forcejeó pero su empeño fue inútil, la iban a tomar a la fuerza – Mirad que curvas, qué cintura gasta la preciosidad que voy a estrenar…

El negro se arrodilló delante de su conchita virginal, sus compañeros le abrían las piernas hasta dolerle a la atleta elástica, mientras se entretenían tocando con descaro los musculosos muslos de Michelle y sus duras nalgas, producto de su entrenamiento diario. Su conejito miraba con miedo a esa polla desgarradora, al igual que lo hacía Michelle. La verga ya tocaba los labios virginales de la deliciosa niña, Michelle sintió el cálido tacto del miembro masculino contra su fina piel impoluta.

Los cerraditos labios mayores del coñito aparentaban proteger con fuerza la intimidad de Michelle. El violador acercó ese mamotreto sexual contra la pequeña abertura de la chica virgen, la comparación entre ambas era descomunal.

– ¡Es, es muy grande! – dijo Michelle presa del pánico – ¡No me va a caber!

Los negros se rieron al momento, pero el que llevaba la iniciativa le contestó.

– A ver, nena, si te va a entrar, pero va a costar, estás bien apretadita. Te va a doler un rato, pero luego ya verás que bien cuando estés perforada, gozando de un buen macho…

La imagen de Michelle perforada por ese tronco en su mente era aterradora, la iba a partir en dos… Se puso muy nerviosa, con lo cual el negro se excitó aún más a la hora de desvirgarla. Ese hombre se moría de ganas de enterrársela a la chica que tenía desnuda delante suyo y no pudo evitar pensar en otra niña virgen que se tiró la semana pasada en una choza, le reventó el himen de una estocada y a ella le dolió tanto que se desmayó… Michelle era mayor que ella, pero su himen también sufriría…

El contacto entre los dos sexos ya hizo descontrolarse a Michelle, quien sentía que iba a ser violada de forma irremediable y con quien ella jamás hubiera deseado. No quería sentir por más tiempo el tacto cálido y extraño de aquél pene moreno y ajeno a ella, y el solo pensar en acogerlo dentro a la fuerza, en su primera vez, le rompía su estado psíquico hasta la desesperación. Sintió como el órgano se paraba por encima de su clítoris y descendía limando ásperamente sus jugosos labios externos bien prietos y a estrenar. Como ciertamente el coñito de Michelle era en aspecto el de una niña prepúber, el violador tuve que usar sus dedos para ensanchar el espacio entre los labios y así empezar a crear una abertura lo suficientemente grande como para que su polla empezara a entrar al interior de la deportista. El férreo glande se acomodó entre la abertura de los labios y empezó a deslizarse, aunque le costaba mucho abrirse paso entre las paredes. Le llevó segundos de breves empujones el conseguir que la circunferencia del glande pudiera casi colarse dentro de los labios vaginales tan estrechos, creando así una deformación en el sexo de la virgen, la primera que era premonitoria del destrozo total que causaría tan grande verga en el sexo tan inocente que iba a desflorar. Y por supuesto a Michelle esa invasión superficial de su intimidad ya empezaba a escocerla, le irritaba muchísimo como ese hinchado glande, ese desmesurada cabeza quería entrar por donde nada había entrado jamás, le estiraba sus tibias carnes hasta causarle roces dolorosos…

Hundir un poco más el glande en ella empezó a desbaratar sus primeros gritos de dolor y de resistencia. El negro lo sabía, pero se relamía, avanzando lentamente por el interior de Michelle.

-¡Noooo! ¡Quiero seguir virgen!

-Calla joder, no grites – y uno de los negros corrió a taparle la boca más fuerte. Con tal brutalidad que hizo que ella no pudiera casi respirar… Todos los movimientos de esos bestias eran extremadamente rudos.

Sin embargo, el ya seguro desvirgador de la pobre Michelle ordenó a su compañero:

-Por favor, destápale la boca, quiero oír como pierde su virginidad.

De manera que la mano dejó de oprimir la boquita de la atleta, pero el compañero se quedó bien cerca de la muchacha. Y el negro protagonista, teniendo como escenario el cuerpo virginal de la hermosa y codiciada atleta Michelle Jenneke, hincó con más fuerza su enorme herramienta de carne dentro de la cerrada vagina. Pese a su poder muscular, la penetración era difícil ya que las apretadas paredes íntimas de la adolescente, al ser periódicamente ejercitadas al más alto nivel de competiciones mundiales, estaban tremendamente rígidas. Todos los músculos de Michelle estaban bien trabajados y la tersura se mostraba incluso en su sexo, de forma que era difícil para el negro y su polla abrirse camino entre la rajita.

La figura negra se recostó sobre el sensual cuerpo de su involuntaria amante. Dejó caer su peso sobre ella, y sus negras extremidades se abrazaron a la cintura de Michelle para acercar aún más su pelvis a la suya. La oscuridad se fundía con la dorada piel de la chica, dando un aspecto mortífero a lo que iba a ocurrir. La estaca negra se hundía con sufrimiento de la mujercita dentro de ella, destrozando los tejidos sexuales de ella, lijándolos a conciencia, despojando de toda la dulzura a Michelle y cubriéndola de dolor al obligarla a ensancharse para aceptar la maldad negra en su interior. Gemía la desdichada concubina, revolviéndose entre las sábanas, sus ojos preciosos dejaban destilar las primeras humedades, las primeras lágrimas de pura piedad no escuchada… Y al fin, entre tanto pasaje angosto, el pene encontró la pared virginal de Michelle, su tesoro de mujer finamente acomodado a media altura de su sexo. El primer empujón de la polla negra contra el casto himen de la muchacha retumbó por todo el cuerpo femenino, una ola de estremecimiento la recorrió de la cabeza a los pies al sentir su tierna y mimada virginidad tan duramente amenazada.

Michelle volvió a gritar de puro terror, sintiendo su himen tan próximo a ser arrebatado. Estaba fuera de sí, intentó patalear y escapar, pero los otros negros corrieron a inmovilizar sus fibrosas piernas contra la cama, y el bravo amante apoyó su peso y sus toscos brazos hundiendo la figura grácil de la jovencita contra la cama, asfixiándola y sin darle opción a escapar. Agarrando con ambas manos las tersas y perfectas nalgas de la doncella prisionera, las usó para acercar el sexo de la virgen aún más a la pelambrera densa de la base de su polla. La espalda de Michelle se arqueó mientras la presión contra su sello de inocencia peligraba….

Presintiendo el dolor de su víctima, y corriendo a concentrar el sadismo que por sus venas latía, el negro hizo acopio de todas sus fuerzas para pegar un empujón letal contra el sexo de Michelle. De esta forma, el grueso y largo tronco del negro se hundió de un fuerte impulso dentro de la inmaculada vaina de Michelle, y a su paso destrozó el preciado himen de la adolescente.

-¡¡AAAAAAHHHH!! ¡Nooo!!! ¡No, por Dios, NOOOO! – gritó en solitario Michelle al sentir una gran punzada de dolor entre sus piernas, al sentir el bestial pedazo de polla clavado bien dentro de su coñito. El negro esbozaba una gran sonrisa, dejando entrever sus dientes salvajes y amarillentos ante el patente destrozo que causaba en la oprimida Michelle. Sentía como su equina verga estaba bien enterrada en la joven mujer llena de vitalidad, como la juventud e inexperiencia de su sexo era roto por una buena verga de dimensiones enormes, y como las tersas paredes musculares de su vagina se abrazaban a él con una fuerza desmesurada, qué bien estrecha estaba esa preciosa niña…

El escozor de haber sido desvirgada era enorme, la rotura de la membrana se había sumado a la tortura de esa enorme polla que oprimía su sexo. La vagina de Michelle comenzó a llenarse de sangre vertida a consecuencia del himen roto, y su violador pudo sentir con sadismo como había causado la herida del estreno de ese bellísimo cuerpo, como el fluido empezaba a cubrir su fibrosa polla y se deslizaba hacia la base…

Michelle, furibunda por su mala fortuna a causa de su condición de mujer, lloraba desgarrada mientras su sexo sangraba. A ella le atormentaba tanto que imaginaba que su hemorragia era enorme, agigantada por la desproporción del sexo que le habían metido.

El negro, sonriendo como nunca por haber logrado su mejor triunfo, incrustó aún más su miembro en el interior de la candente hembra mientras con su manaza agarró a Michelle por la barbilla. Aterrada, Michelle no podía siquiera seguir gimiendo de dolor, esos gruesos y firmes dedos estaban casi a punto de reventarle su delicada mandíbula… Acercándose a la carita llorosa de la chica, le dijo mirándolas fijamente a sus nacarados ojos:

– Es tan delicioso haberte abierto el coño así, Michelle. Te he jodido bien, estoy disfrutando de tu cara, y aún más cuando haga esto:

Michelle casi se desmaya cuando sintió un empujón brutal por parte de su violador y le metió el miembro hasta lo más profundo, hasta tropezar contra el inicio de su útero y presionar con tanta fuerza que pareciera que podía fracturarla… Él se deleitaba cuando la chica imploraba que no la hiciera más daño, que se detuviera. Las lágrimas en sus ojos hablaban por ella sola, la angustia dominaba su mente…

-Tan solo relájate, vamos a follarte viva durante horas. Puedes disfrutarlo o sufrirlo. Tendrás tiempo para ambas cosas incluso.

Cada embestida costaba pese al culturismo del negro, pues la vagina de Michelle aún aprisionaba con fuerza al miembro, impidiendo su avance con facilidad. Los músculos bien formados de la joven vagina impedían la libre circulación de la polla, aunque el negro, usando toda su energía de forma desmesurada, estaba consiguiendo romper esa resistencia y volverlos más flácidos para follar a la niña a gusto. Arremetía su ariete contra las puertas del sexo débil, y cada vez ocupaba mayor presencia dentro de ella, lograba empalarla limpiamente hasta el fondo cada vez con menor resistencia de su matriz. No para ella, a quien cada embestida y cada clavada dolía como fuego que quemaba su coñito, inflamando aún más sus paredes sangrantes y escocidas por la brutalidad…

Tenía que soportar la joven como el negro babeaba sin contenerse, y como chorretones de saliva caían de su boca e impactaban contra la delicada piel del cuello de ella. Al de poco aprovechaba para morderle el cuello y dejarlo marcado con sus colmillos mientras ella chillaba como loca por poder quitárselo de encima, y justo en el momento que más daño le hacía la dentellada más a lo hondo la penetraba, degustando el doble dolor de la adolescente. Sus pechos también eran víctimas de esas manos enormes que jugaban, estiraban y arrugaban su carne, y retorcían los pezones a ritmo de las clavadas de verga.

Michelle había cerrado los ojos para no ver la imagen de ese asqueroso profanador de su virgo. Quien le estaba clavando así la verga hasta el fondo de su intimidad, quien la estaba violando sin piedad y solo por su propio placer… era algo tan infame que en ninguna de sus peores pesadillas podía concebir.

Las formidables nalgadas que le pegaba a la chica hacían temblar a la nena y a la cama entera con ella. Perdía el sentido Michelle, duramente tratada era incapaz de procesar nada, tan solo de seguir notando el penetrante taladro que la abría en dos en contra de su voluntad. La fuerza de los movimientos copulatorios de la bestia negra la colapsaba, no le dejaba casi ni reaccionar, y en medio de su follada la trataba casi como si fuera una muñeca de goma inerte. Ella solo podía gemir, sollozar con una voz cada vez más ronca.

De placer casi ni podía sentir nada, nada… Todo era un torbellino de tortura y sometimiento brutal. El serrucho que la violaba paseaba rápidamente a través de ella, la traspasaba dejando sus muslos completamente insensibles…

Cabalgándola como le apetecía, el negro disfrutaba con la mejor virgen que había caído en sus manos. La tenía sometida contra el colchón, magullada, despeinada y sudando a mares, a la vez que llorosa y suplicante…

Y sintió en sus entrañas el calor final acumularse en sus testículos. El semental cerró sus ojos y comenzó a bombear mucho más potentemente a la inexperta Michelle, con gran rapidez y poniendo cuidado en deslizar la punta hasta la entrada del útero… Ya notaba los últimos segundos y quería apuntar bien dentro de la deliciosa morenita…

Una asustada Michelle, a quien el pelo recogía ya sus lágrimas mientras su vagina era masacrada en esas acometías que ella no sabía finales, sentía un inusitado dolor cada vez que los golpes se producían más al fondo de ella. Y de repente, sin esperarlo, oyó un aullido de locura de su violador, quien mordía con fuerza sus mandíbulas casi como si fuera a darle una dentellada de lo cerca que estaba de su cara. Al momento se lo explicó, cuando incrustada bien la polla dentro de su presa, sobrevino una convulsión que explotó en un denso líquido que perturbó la matriz…

– ¡¡NO!! – los ojos llorosos de Michelle se alzaron en alerta con sus gritos al sentir el proceso líquido en su interior – ¡Dios! ¡Dentro no, que me quedo embarazada!

Y parece ser que así lo deseaba el forzoso amante, su polla escurría sin piedad abundante esperma amarillento, pesado y denso que se vertía abriéndose camino sobre las recientes carnes inflamadas del sexo de la joven. El semen, vertido a borbotones, tenía una temperatura infernal que causaba estragos en Michelle, más aún al acabar todo en la parte más interna de su íntegro útero. Aún seguían lloviendo las últimas gotas de leche que el negro exprimía sin esfuerzo y depositaba en su seno para fecundarla. Al sentir la desdichada deportista tal volumen de secreción caliente llenar su parte reproductora activa, al percibir no sólo la invasión y el picor causados por el caudal del macho, sino también al imaginarse inseminada y preñada a su corta edad, su boca se abrió para proferir un chillido entrecortado de desesperación, mientras sus ojos aún encontraban humedad que destilar mejillas abajo. Una vez el negro responsable de su deshonra, tras unos segundos de reposo, notó que su polla había quedado completamente vaciada en su interior, se echó hacia atrás y extrajo su instrumento del coñito maltratado, para a continuación examinar la debilidad de la pobre Michelle.

La promesa del atletismo se cubría la linda carita con sus manos, empapándose de su propio lago de lágrimas. Su cuerpo yacía muy sugerente entre aquellas sábanas arrugadas, era un auténtico regalo a la vista. Su piel broceada con un esmaltado perfecto dejaba reflejar la escasa luz del fluorescente. Mantenía su cuerpo doblado hacia un lado, escondiéndose en la almohada pero sin poder ocultar la magnanimidad de su figura del disfrute. Tenía por tanto los muslos cerrados, pero no podía aliviar lo que le escocía el sexo, lo abierto que había quedado tras la brutal penetración, y como una gota blancuzca-amarillenta se escapaba de la abertura. Cerca de sus muslos aparecía pintada una mancha de sangre esparcida en varias gotas que formaban un lienzo gótico en la sábana, producto del himen arrebatado para siempre.

Ahora tocaba que otro de los asistentes gozara de la encantadora doncella.

Se adelantó, aquel que ya estaba muy caliente al ver el polvazo que le habían dado. El negro portador de la polla larga se acercó a la colcha, tumbándose sobre el cuerpo de la nena. La chica lo notó pero se comportó como si nada, aunque sabía perfectamente que el sexo no había hecho más que comenzar. La tomó de las hinchadas nalgas, descubrió que le encantaba su tacto esponjoso, como se hundían al ser palpadas y recobraban de nuevo su forma. Extendiéndose al lado de ella, dejaba caer el aliento y su olor a sudor sobre la espalda recta de la chica, y revolvía su melena desordenada.

Y era imposible para ningún hombre resistirse al intenso deseo de cópula que desataba el cuerpo de Michelle yaciendo sobre la cama. Cada vez fue tomando más contacto con su espalda juvenil y colocándose más cerca de esas nalgas de diosa, su cuerpo negro fue ocultando la calidez triste de una Michelle desvirgada que lloraba de espaldas y para sus adentros. Buscando una posición cómoda, se recostó al lado de la muchacha, sus fuertes muslos los pasó por encima de los de la chica inmóvil, y usó sus brazos para atraer las apetitosas nalgas desnudas y de proporciones áureas, las cuales se arrastraban arrugando la sábana.

Su capullo viril moreno estaba bien rígido, rasgando el aire, sus hercúleas venas daban sacudidas poderosas a toda su gran mole de carne. En esa posición de cuchara, este nuevo portento africano localizó la dilatada abertura íntima de Michelle, aún brillosa por la reciente eyaculación, y colocó su glande hinchado entre sus labios. Poco antes de que Michelle pudiera oponerse de nuevo a la misma tortura, el macho agarró fuertemente las nalgas de la joven prodigiosa y con una fuerza decidida y bestial empujó dentro, rasgando de nuevo las tibias paredes musculares de Michelle y colándole su tronco negro en su interior.

– ¡Ahhh! ¡¡Bastaaaa, otra vez no, qué dolor!! – gimió Michelle cerrando sus ojos con fuerza, como si sus párpados fueran a desgarrarse, mientras de nuevo su sexo era de nuevo deformado contra su voluntad, su coñito que estaba embarrado de sucio semen acogía con resistencia a un nuevo violador, una nueva masa de carne se abría paso por su interior dolorido y tristemente lubricado gracias a la corrida anterior. Notaba un gran escozor al volver a ser abierta, y más aún al notar que este miembro llegaba más al fondo, pues a poco que empujó su dueño logró aparcarlo tan al fondo de la celestial morenita que dio a parar al inicio de su cuello uterino.

– ¡Noooo! ¡No, por favor, sal, me estás rompiendo! – Por varios segundos dejó su nuevo amante la polla anclada hasta lo más adentro de ella, estaba tan cachondo que solo buscaba su dolor. Intentaba zafarse Michelle, inútilmente, sus movimientos no eran nada contra las sacudidas del gran africano, que ya habían comenzado a manipular su trasero a su antojo, y con fuerza mercenaria usaba sus brazos para mover la funda en la cual frotaba su miembro. Michelle notaba esa polla penetrarla de forma ruda, a su antojo, despiadadamente, solo por el placer de su violador.

El negro se adueñó completamente del sexo de la joven, el cual concebía solo para su inmenso placer. Desgarrando sus tejidos aún inmaduros y doloridos, colaba su polla con fuertes estertores procurando siempre machacar lo más hondo de la atleta para reventarla, la posición de cuchara dejó a Michelle casi al borde de la cama a la cual se agarraba para no caer mientras el negro seguía acosando su sexo y calentándose increíblemente rápido. Sus cojones enormes golpeaban la pelvis sudorosa de la niña despeinada y de nuevo angustiada, produciendo un néctar blanquecino que no tardó en estar listo para la fecundación…

El aguante de este semental, menor que el del primero por haber sido testigo de su desvirgación anterior, no pudo resistirse por mucho tiempo a violar a esa preciosa bronceada. Su prepucio estaba casi insensible debido a la estrechez vaginal de ella, notaba la lubricación por la sangre y el semen acumulados antes, el glande estaba casi atorado y machacado al deformar el cáliz sagrado de aquél ángel… Emprendiendo entonces unos sonidos cuasi selváticos, salvajes y feroces, acompañó a sus gritos con las más potentes y atronadoras embestidas que había recibido esa noche el coñito de la tierna adolescente, mientras la pobre Michelle tenía de nuevos riadas de lágrimas manchándole la boca y sus brazos se retorcían de dolor tras no poder soportar por más tiempo su cuerpo, ni sentía ya su pelvis ni la parte superior de sus muslos con tantos golpes en su vaina.

Y lo peor fue para ella identificar por esos fuertes empujes que el orgasmo del negro estaba por llegar, y era inevitable para ella sufrirlo en desgracia. El negro empezó a dar una serie de brutales metidas de polla, casi convulsivas mientras su tronco ardía en fuego interno…

– Nooo, dentro de nuevo nooo, ¡¡¡me vais a preñar, animales!!! – gritó ronca la sufrida jovencita.

– ¡Puta, cállate! – le espetó el negro, dándole una ostia en la nuca – Ya me corro nena, ¡toma toda mi lefaaaa! – Y así vino el torrente masculino de aquella bestia, que asoló la cavidad ya llena de la joven con más cantidad de leche blancuzca, bien espesa que mojó sus carnes hasta colarse en el útero, y así, durante varias sacudidas, hasta que la última gota de semen no reposó dentro de la mujer, no quiso su follador salir. Ahora Michelle se retorcía de ira y dolor al sentirse de nuevo rellenada, la semilla de dos negros se revolvía en el fondo de su estómago y de nuevo escurría parte al exterior, de tal voluminosa que era. Contempló el delicioso espectáculo el negro que aún sostenía su polla dura, satisfecho de aquel trabajo que aún no tenía fin…

El tercer negro, que aún no había penetrado a la desvirgada Michelle, la tomó por las caderas y separó sus hermosas piernas para meterle su oscuro miembro en su ya no tan íntima conchita. Sus labios, ya más abiertos que cuando era virgen, chorreaban todavía la mezcla de la sangre pura de la mujer con el esperma de sus dos compañeros. Su polla se lubricó a la entrada con esos fluidos, pero nada más meter el sexo un poco notó que el interior de la vagina de la chica estaba inundado.

-Joder, está a reventar de semen, colegas. Creo que voy a buscar otro sitio donde meter el mío…

Michelle no se imaginaba lo que quería decir con eso, pero lo entendió rápido. El negro la volteó y la puso boca abajo, para levantarla y sentarla sobre sus rodillas. La chica se quedó a cuatro patas mientras intentaba incorporarse, sus pechos colgando hacia la cama, y lo comprendió cuando el negro tocó su culo con ambas manos.

El negro asqueroso estaba separando sus nalgas para dejar al aire el ano.

– ¡Oye, no, noooo! ¡Por favor, eso sí que NO! –imploró la deportista.

Colocó su grueso glande moreno tocando los pliegues del ano virgen de Michelle, que estaba cerrado al máximo. Empezó a hacer presión sobre él, era un tronco muy grande para ese agujero…

– Madre mía, niña, que apretadito parece que está… – decía el negro. Agarró a Michelle de las caderas para facilitar la entrada de la verga en esa deliciosa nena.

-¡Ay, Dios! ¡Quiero morir, quiero morir, NOOOO! – se retorcía Michelle clamando piedad inútilmente.

Pero los movimientos de resistencia que intentaba Michelle eran prácticamente inútiles, más cuando los otros dos negros se acercaron y la agarraron de los costados de su cuerpo para dejarla quieta ante quien la reclamaba analmente. Michelle gritaba por la anticipación cuando su tortura aún ni había comenzado. Sus nalgas estaban bien abiertas hacia los lados para dejar al descubierto su hoyito apretado. El ano de la joven era un diminuto orificio rodeado de tersa conjuntiva. Su ahora poseedor paseó un índice por su superficie e introdujo la punta del dedo hasta meter toda la uña dentro. Eso volvió a llenar a Michelle de sufrimiento, pero el negro con ello solo comprobó sus sopechas: el culo virgen Michelle estaba mucho más apretado que su vagina… Y pronto estaría igual que como quedó esta.

Apoyó ese tronco de ébano grueso entre las carnes traseras, y ya su punta temblaba deseosa contra la nueva entrada, su glande firme y sólido apuntaba a la diana…

Empujaba y el ano de Michelle no cedía, parecía empujar más bien a su dueña contra las sábanas en su intento de entrar. Michelle se agitaba, intentando zafarse, mientras el negro empuñaba duramente su polla con la mano, haciendo así más presión contra el delicado esfínter. La pobre mujercita no estaba hecha para aquellos tratos: en el momento en el que el glande por fin, a fuerza de empujar salvajemente, se abrió paso por el ano virgen de la muchacha, Michelle sintió la fuerza de la perforación en sus tejidos como una brusca sacudida que le arrancó de cuajo varias lágrimas que cayeron solas colcha la colcha donde ahora se restregaba. Emitió un grito agudo y lacerante que hizo las delicias de sus acompañantes.

A pesar de estar bien estrecha y difícil, el negro siguió empujando con ahínco y poco a poco, centímetro a centímetro, excavó la caverna de la atleta para enterrarle su portento negro. Michelle ya prácticamente ronca y psicológicamente rota, moría en vida al notar sus intestinos colapsarse y reventar ante esa intrusión. La entrada no cesó hasta que el violador logró aparcar su extenso falo en toda su longitud, hasta que sus huevos no chocaron contra la entrada de la vagina. Y ahí exhaló el africano, victorioso por su lucha en doblegar el último reducto de castidad de Michelle. Notaba palpitante las paredes intestinales de la chica ahogarle la polla con altas presiones, pero ahora llegaba el momento de su disfrute.

Al desenterrarla, Michelle se sacudió ahora con un dolor muy superior al que pensaba haber ya coronado su cima. Y es que sentir el tronco clavado e inmóvil durante unos segundos parecía haberla anestesiado, pero el duro roce, casi astillado contra su anatomía, empezaba a causarle una incomodidad tan dura que ella solo pudo asociarla a…

– ¡¡Aaaah!! ¡¡¡Bruto, me duele tantísimo, me estás sangrando!!!

Efectivamente, al extraer el miembro, se había cubierto de una fina capa rojiza que bañaba ambas pieles unidas por el ensañamiento. Nada importaba al violador, a quien tal visión solo le hizo sonreír con más sadismo mientras disfrutaba de su sumisa. También se alegraron sus compañeros, más aún cuando otra penetración hasta el fondo volvió a sacudir las heridas de Michelle.

Y a partir de ahí, el negro disfrutó de su posesión casi inanimada como quiso. La penetró de una forma deshumanizada, bruta, a pesar de no tener nada en contra de ella, pero empujo y sacó su miembro de su ano con tal fiereza y velocidad que no tuve en cuenta la virginidad ni la estrechez de la joven. A cada latigazo dentro de ella, la joven respondía con gritos ahogados entre las sábanas, con lágrimas que mojaban y remojaban la misma parte de la sábana, con músculos que flaqueaban como los de sus brazos que ya no pudieron poner más resistencia y se dejaron batir al ritmo del imparable negro.

Una buena follada es lo que le estaba pegando aquél forzudo a aquella nena jovencita de tan buen cuerpo, cada reventada a su culo elevaba aún más su libido y pugnaba por vencer paulatinamente la resistencia de la atleta, por ir formando su ano a imagen y semejanza de su descomunal herramienta.

Entre lamentos y rápidas convulsiones copulatorias, el negro ya sentía acumularse en su tronco y en la punta esas ricas sensaciones, proporcionadas por el exuberante cuerpo de la atleta de competición. Le ardía el miembro y sabía que con ello inflamaba más el calor dentro de la chiquilla…

Pasaron unos minutos y sacó su polla del ano reventado de Michelle, orificio el cual había desdibujado para siempre. Un gran boquete quedaba como huella, una deformación aberrante causada por su grosor… Escurrían restos de sangre del intestino dañado de la joven, pero él aún no había acabado, y quería acabar por todo lo alto…

El cuerpo de la joven cayó destrozado y débil contra la colcha, temblando por el padecimiento recién causado, encogiéndose en posición fetal y pasando una de sus frágiles manos por sus partes bajas tan irritadas, intentando reconocer lo que hace unas horas eran sus orificios vírgenes y bien cerrados. Y de ellos nada quedaba: la leche que emanaba del coñito desvirgado y ensangrentado empapaba ya los muslos tan perfectos, las nalgas enrojecidas se estremecían mientras el ano seguía abierto por defecto, imperturbable e inflamado… Michelle se rompía de indignación, se sentía sucia como nunca antes en su vida…

La visión de esa mujercita domada a la fuerza embravecía a quien acaba de tomar su culo, dicha imagen servía para encender el calor de su cuerpo durante horas. Pero no era horas lo que necesitaba, sino unos pocos segundos más, unos pocos segundos más de agitación de su mástil para culminar… Como una verdadera bestia retorcía con su mano el prepucio de su corpulento miembro para acabar de llamar a ese ardor que ya empezaba a quemarle por dentro los testículos y que lentamente se expandía por la longitud de su polla. Y ya eran menos las sacudidas que lograron, a base de duros golpes y latigazos, tersar el rictus de la cara de aquél semental al sufrir el tornado de apocalipsis que ya sufría, el placer que se acompañaba de un torrente blanco…

Su polla actuó como si fuera una manguera con el cuerpo de Michelle. Un gigantesco chorrazo de esperma lechoso voló hasta impactar limpiamente contra los labios entreabiertos de la joven. Sintiendo la repulsa del semen, Michelle sacudió su cabeza, lo cual no hizo sino salpicar también a sus pómulos, nariz, cuencas de los ojos, pestañas, cejas y la gran mayoría del perfecto cutis de la atleta sometida. Su rostro, manchado de hombría, con el calor masculino pegajoso sobre su piel, aún tuvo que soportar otra sorpresa láctea, y es que sus otros dos violadores, quienes se habían masturbado ferozmente con el desfloramiento anal, también estaban machacando sus pollas en alto, y a los pocos segundos se sumaron también a la corrida.

De forma que, de nuevo, dos potentes flujos de semen viscoso fluyeron contra el cuerpo de la atleta. Concentrados primero en gotear su linda cara, acabaron recorriendo también la frente y parte del pelo, y descargando más volumen sobre su torso desnudo, sobre esas tiernas tetas magulladas después de los ejercicios amatorios. Ríos de leche cayeron sobre su cuello y hombros, manchando los senos y el ombligo, escurriendo más abajo y vistiendo a la mujer de blanco nupcial. La corrida de los tres negros acabó con una lluvia de gotitas que complementó el relieve fluvial, y dejó a la niña hermosamente adornada. Verla cubierta entera era una obra de arte pornográfica, una perversión inimaginable…

– Ahora que estás llena de leche, queremos que repitas el bailecito, preciosa.

Pero Michelle no podía ni mover un músculo después de esas tremendas folladas. Intentó cambiar de posición pero fuertes tirones musculares que nacían en la pelvis se clavaban en sus huesos, haciéndole sufrir como si tuviera una lesión. Sin embargo, los negros querían que su orden se repitiera, y le agarraron fuertemente por las delgadas muñecas, sin tocar ni una parte de su cuerpo embadurnada, para obligarla a ponerse de pie. A tirones, Michelle se dejó llevar y quedó apoyada sobre sus pies, aunque tremendamente débil debido al destrozo que aún sufría en su pelvis.

Todo el semen que resbalaba por su piel le ardía como el aceite caliente le incomodaba muchísimo. Tenía tanto en la cara que sentía sus mejillas pesadas, y le costaba abrir los ojos pues tenía semen en torno a ellos. Los negros le gritaron, increpándole que comenzara a ejecutar su ridícula danza. Taladraban sus oídos con amenazas, y ella tenía miedo de que volvieran a magullarla, a maltratarla.

Así que con mínima decisión, llevada casi por la inercia que sus músculos agarrotados ya habían aprendido en todos sus calentamientos, Michelle llevo sus manos, ahora doloridas de tanto agarrare a las sábanas donde la violaron, a su fina cintura, la cual también sufría internamente las heridas abiertas de su doble desfloración. Aguantando el latido de sus carnes abiertas, miró hacia el frente, como fijándose en un punto ajeno al de sus tres folladores. Empezó un contoneo de la cadera hacia la derecha, solo para descubrir que era increíblemente inhumano intentar doblar esa parte de su cuerpo.

– ¡Ay! – gritó Michelle, que ya casi parecía perder el equilibrio, rota por la aflicción.

El negro que la desvirgó su sexo se adelantó hacia ella, con una cara de disconformidad patente por la debilidad de la muchacha. Viendo la ira en sus ojos, Michelle extendió una mano hacia el frente:

– Por favor, ¡no! Sólo déjame, lo haré, estoy un poco adolorida, voy… – suplicaba la gran atleta, y mientras lo hacía un chorretón de esperma se le caía de la nariz al interior de su boquita, recibiéndolo con desagrado pero sin atreverse a escupir por lo que dijeran los corpulentos acosadores. Sintió el sabor del esperma, deslizarse por su garganta, lo notó ácido y denso, muy caliente, pero reprimió sus impulsos y lo tragó hasta el fondo.

Se incorporó, frotando con sus manos la cintura para favorecer la movilidad de sus afligidas y magulladas curvas femeninas. De nuevo la mirada al frente, con las comisuras de los labios bien apretadas para disminuir al máximo el dolor que los brutos pudieran entrever en ella, Michelle inclinó su cadera derecha suavemente acompasando el movimiento de muñeca contra su piel. A pesar de que sentía desfallecer a cada movimiento, Michelle acompasó el movimiento de sus piernas al ejercer el salto y cambiar la cintura, al estar esta composición tan integrada en su anatomía no le costó tanto ejecutarla, pese a las tirantes contracciones musculares a las que estaba sometida especialmente su pelvis. El baile sexy le salía forzado y le costaba perfilarlo debido al entumecimiento, pero parecía ser que los negros la observaban embelesados, muy satisfechos con su ejecución.

Y es que claro, este era un bailecito sexy en pase privado como nadie nunca hubiera soñado ver. Esa nena brincaba y se contorneaba similar a como lo hacía en los estadios, pero Michelle Jenneke estaba ahora completamente desnuda. Su pelo negro se esparcía de forma sensual por detrás de la joven amazona. Y debido a estar cubierta en gran parte por semen, la luz de la habitación brillaba sobre las partes manchadas de su cuerpo, incluso algunas gotas parecían desplazarse y cubrir más extensión sobre la sensual piel. Sus tetas rebotaban libres, removiendo el esperma que descansaba como rocío sobre una bella flor. Esparcía aroma a hombre, ella podía olerlo claramente…

Y esa fue la imagen que los tres negros necesitaron para sentir de nuevo como sus pollas, de sopetón, alcanzaban su máxima rigidez. La noche que quedaba por delante daba de sobra para cumplir su cometido: si bien la muchacha parecía moverse con cierta dificultad y algunos de sus gestos eran toscos, aún tenían que reventarla muchísimo más de cara a la mañana siguiente. Tarea que claro, estaban encantados de hacer, con tan suculenta hembra estrenada por ellos…

Como movidos por el rayo, mientras Michelle se frotaba para vencer los calambres sufridos durante su ejecución, los tres negros se abalanzaron sobre ella y la levantaron como si fuera una vulgar muñeca, sin esfuerzo. La arrollaron contra el lecho revuelto, cayó Michelle cerca de las manchas de sangre que aún recordaban la pérdida irreparable de su castidad. Las manazas oscuras jugaban con sus extremidades y con su torneado tronco como si nada, ella se perdió entre los brazos que la colocaban en la postura que ellos quisieron. Michelle sintió como una mano le apretaba el cuello, sujetándolo contra la sábana, pero descubrió al segundo siguiente que era para inmovilizarla mientras uno de ellos le metía una buena porción de polla negra en la boca. Otro atenazó su espalda mientras el tercero agarraba sus pechos, jugaban con las piernas de ella sólo para descubrir que querían meter a la vez sus dos gruesos miembros hasta el fondo de los dos agujeros restantes. Sintió como se abrían paso en ella, por delante y por detrás, mientras el pene que ocupaba su boquita le impedía quejarse.

Y penetrada por los tres a la vez… continuó durante horas y horas una noche de continuas incursiones al cuerpo de Michelle, una tras otra, con aquellos incansables negros jugando a su antojo con el cuerpecito de la atleta desdichada.

Michelle fue descalificada de la competición.

Era difícil de entender para todos: no se presentó.

Ni apareció en los dos días sucesivos por allí donde alguien pudiera verla. Nadie sabía nada de ella, y cuando reapareció lo hizo muy tímida. Jamás dio a la prensa explicación alguna de su eliminación del campeonato, ni lo hizo su entrenador. Se especuló muchísimo al respecto, pero nunca se llegó a saber la verdad.

Un mes más tarde, Michelle tenía un nuevo entrenador. Al parecer, había tenido muchos malentendidos con él, quizás a raíz de aquella eliminación del campeonato. Fue también bastante misterioso. Entre todos los rumores, parece ser que el entrenador una vez le dijo: “Te dejó bien abierta, te reventó entera y no te podías ni levantar de la cama, ¡pedazo de guarra!”

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Espero que hayan disfrutado de mi relato.

Agradezco sus comentarios y sus correos.

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