Sexto y último episodio de  LAS ENORMES TETAS Y EL CULO DE MI TÍA, LA POLICÍA.
Todavía hoy me arrepiento de lo que os voy a contar. Aunque han pasado años, reconozco que fui yo quien la pifió. Aunque estaba viviendo en un paraíso terrenal con dos bellezas a mi disposición, debido a la facilidad con la que bajaba mi bragueta, lo eché todo a perder.
Por el aquel entonces y quizás por mi juventud, no me di cuenta que, para Andrea y Laura, éramos una peculiar familia. Nuestra relación era importante y por eso no fueron capaces de perdonar mi desliz y me alejaron de su lado.
Reconozco que fui un gilipollas, un niñato que al tener un nuevo culo al que echar mano, me olvidé de lo que tenía en casa. De haber recapacitado antes, nunca me hubiera dejado llevar por mi lujuria.
El triste desenlace de nuestra efímera unión se produjo a raíz de una fiesta con la que mis dos amantes quisieron celebrar mi cumpleaños….
 
El inicio del fin.
Buceando en mis recuerdos, no me puedo creer lo idiota que fui. El sábado anterior a mi décimo noveno cumpleaños estaba todavía dormido cuando una mano recorriendo mi cuerpo me despertó. No tuve que abrir los ojos para saber que la dueña de esos dedos que me acariciaban era mi tía. La seguridad con la que iban bajando por mi pecho me reveló que era Andrea la que se había despertado.
“¡Dios como me gusta!”, pensé abriendo los ojos para descubrir que no me había equivocado y que era la morena quien me tocaba.
Mi tía al advertir que estaba despierto, incrementó sus caricias mientras me decía:
-Estoy cachonda.
Antes de que pudiera decir nada, se agachó entre mis piernas y  comenzó  a besarme con mayor énfasis. OS juro que creí estar en el cielo cuando abriendo sus labios, se puso a recorrer mi polla con su lengua. A base de profundos lametazos, elevó mi extensión hasta límites insospechados.
-Necesito follar- me dijo mientras  una de sus manos agarraba mi pene con fuerza y con la otra me acariciaba los testículos.
La puta de mi tía sonrió al ver que había conseguido mi atención y poniendo cara de zorrón, empezó a besarlo sin dejar de masturbarme lentamente. Haciéndose de rogar, jugueteó con mi miembro sin introducírselo en la boca. Era tanta mi urgencia por sentir sus labios que no pude evitar decirle:
-Cómetela.
-Tranquilo cariño- respondió dando otro lametón.
Mi erección era de campeonato. Todo mi ser anhelaba que esa mujer usara su boca y se metiera mi pene hasta el fondo de su garganta,  pero ella desoyendo mi súplica, siguió jugando con mi miembro sin llegárselo a introducir.
-No seas cabrona. ¡Hazlo ya!
Al escuchar mi ruego, abrió sus labios y se la metió en la boca. El ritmo lento de su mamada buscó el incrementar mi excitación. Haciendo breves pausas, levantaba su mirada para que fuera yo quien le pidiera que continuara.
-Lo necesito- imploré al sentir que afianzando su dominio sobre mí, esa zorra  abriendo su boca, se había olvidado de mi polla y se había centrado en mis huevos.
Disfrutando de mi entrega y sin dejar de masturbarme, se metió en la boca mis cojones. Una vez los había dejado bien impregnados de su saliva, me preguntó sino prefería que parara y nos fuéramos a correr por el Retiro.
-No me jodas- le solté  y cogiendo su melena, llevé  su cabeza contra mi pene.
Muerta de risa, permitió que toda mi extensión se encajara en su boca y disfrutando de su poder, dejó que su garganta la absorbiese por entero antes de empezar a sacar y a meter mi verga de su interior. Creí morir al advertir el modo con el que su boca la acogió con mimo y os confieso que estuve a punto de correrme cuando ella incrementó la velocidad con la que me estaba realizando la mamada.
 -¿Te gusta cómo te la mamo? ¡Sobrinito mío!- preguntó con su voz  claramente excitada.
-Sí, mi querida y zorrísima tía.
Mi insulto lejos de molestarla, la excitó y con los ojos inyectados de deseo, me soltó:
-Tranquilízate mientras despierto a Laura.
Aunque en un principio me encabronó el que no terminara la mamada, en cuanto la vi empezar a acariciar a la rubia que dormía a nuestro lado, se me pasó el enfado y me puse a observarla.
-¿Verdad que tiene unas tetas impresionantes?- me preguntó mientras sin esperar a que nuestra amante se despertara, metió uno de sus pezones en la boca.
La forma tan sensual con al que recorrió su areola, me hizo reaccionar y pidiéndola permiso me uní a ella acariciando el otro pecho mientras mis dedos se acercaban lentamente hasta el sexo de nuestra inerte víctima. Supe que se había despertado en cuanto separando sus rodillas dio vía libre a mis caricias. Al saberla consciente, Andrea pellizcó los pezones de Laura mientras le susurraba que era una guarra.  La rubia suspiró al notar la acción de los dedos de la morena sobre sus areolas y abriendo sus ojos, gimió de deseo. Fue entonces cuando mi tía reinició su ataque separándome y agachándose entre sus piernas.
-Abre tus piernas, puta- le dijo. -Quiero que el cerdo de mi sobrino disfrute de cómo devoro tu coño.
Supe que la rubia se estaba excitando por momentos, al observar tanto sus pezones erectos como la humedad que estaba haciendo aparición en su sexo. Andrea al notarlo le obligó a separar aún más las rodillas y sacando la lengua empezó a recorrer sus pliegues.
-Ahhh- suspiró nuestra amante ya totalmente despierta.
Mi tía aceleró las caricias mientras torturaba los pezones con sus dedos. Laura, entregada a la lujuria apretaba sus manos mientras su jefa metía dos dedos en el interior de su  coño.
-¿Te gusta?, gatita- masculló al comprobar que la vulva de la mujer aceptaba con facilidad sus dos dedos.
-¡Mucho!- berreó totalmente dispuesta.
Andrea al oírla, se acomodó sobre la cama y sacando la lengua se puso a disfrutar de su coño. La nueva postura de la hermana de mi madre puso su culo a mi disposición y sin espera a que me pidiera que la tomara, acerqué mi miembro hasta su entrada. Andrea al sentir mi glande acariciando su vulva, gimió de deseo y sin dejar de lamer el sexo de su amada, me pidió que la follara.
Sin que me lo tuviera que repetir,  fui metiendo mi pene en su interior mientras ella daba buena cuenta del coño de la rubia.
-¡Me encanta mi amor!- gritó al experimentar mi intrusión.
El chillido de mi tía, curiosamente excitó a Laura y presionando con sus manos la cabeza de su jefa, forzó su mamada. Andrea al notarlo se concentró en el clítoris de la rubia mientras yo empezaba a follármela. Conociendo de antemano la voracidad de mi tía en el sexo y aunque su coño rezumaba de flujo, decidí incrementar su morbo diciendo:
-Muévete o tendré que buscarme a otra- mientras le daba un sonoro azote.
Mi ruda caricia le sirvió de acicate e incrementando la velocidad de sus caderas, me rogó que la tomara. Usando mi pene como un albañil usa una maza, demolí sus defensas con fieras penetraciones. Mi nuevo ímpetu provocó que Andrea disfrutara siendo poseída por un hombre mientras se comía el chocho de una mujer. Su doble función elevó la cota de su excitación y pegando un bufido, gritó:
-¡Me corro!
Su entrega fue la gota que derramó el vaso de la rubia, la cual, uniéndose a su jefa, sintió que su cuerpo se incendiaba y dando otro berrido, se derramó en la boca de su ama. Dejándome llevar, permití que mi pene sembrara de blanca simiente la vagina de mi tía.
Agotados nos tumbamos y con nuestras piernas entrelazadas, nos quedamos descansando durante unos minutos. La tranquila belleza de ese momento quedó hecha trizas cuando de pronto Laura se levantó y con cara desencajada, salió corriendo al baño.
-¿Qué le pasa?- pregunté al escuchar que vomitaba.
-Mejor que te lo diga ella- sonrió mi tía sin llegarme a contestar.
Su enigmática respuesta me puso los pelos de punta al comprender que el motivo de su indisposición matutina bien podía ser un embarazo. Mis peores augurios se vieron confirmados a su vuelta, porque al insistir y con una sonrisa en los labios, me dijo:
-Felicidades, papá.
La alegría con la que acogieron las dos mujeres la noticia contrastó con el susto que heló mi sangre. Con casi treinta años, ellas vieron natural e incluso deseable ese embarazo pero para mí, resultaba un bombazo de consecuencias imprevisibles.
-¿Cómo ha pasado?- pregunté todavía alelado.
Tras soltar una carcajada, mi tía contestó:
-¡Follando!- las risas de ambas solo consiguieron humillarme. Mi pregunta era retórica, lo que realmente quería decir era por qué no habían tomado precauciones.
“No puedo ser padre tan joven”, pensé realmente acojonado, “¡Qué coño voy a hacer!”
No estaba preparado para asumir esa responsabilidad pero disimulando mi terror, me acerqué a Laura y dándole un beso cariñoso, le dije:
-Vas a ser una madre preciosa.
La rubia sonriendo y sin ser consciente de mi angustia, contestó mientras se tocaba con genuina felicidad su panza:
-Espero que salga tan guapo como el padre.
Os juro que en ese momento lo que realmente me apetecía era salir corriendo pero sin hacer patente mis verdaderos pensamientos, bromeando respondí:
-Ahora solo falta que mi tía también se embarace y que su hijo juegue con el tuyo.
-Ojala sea verdad- soltó la hermana de mi madre envidiando el estado de nuestra amante.- No quiero ser una madre vieja.
Fue entonces cuando por primera vez caí en la cuenta de la diferencia de edad entre nosotros. Mientras ellas eran dos mujeres con su futuro y sus carreras encarriladas, yo era un puñetero crio recién salido de la adolescencia. Para terminarme de asustar, Andrea pasó su mano por mi entrepierna diciendo:
-Cariño, ¿Estás listo para intentar preñar a la puta de tu tía?
Para que os hagáis una idea de mis nervios basta que os reconozca que le resultó imposible hacer que mi pene se pusiera duro y eso que Laura acudió en su ayuda y entre las dos lo intentaron. Fue tanta su insistencia que al final las dos policías lo único que consiguieron fue ponerse ellas brutas. Mi gatillazo lejos de enfadarlas, las puso de buen humor y tomándome el pelo, la rubia me preguntó muerta de risa:
-¿Necesitas que vayamos a comprarte una caja de viagra?
-Vete a la mierda- respondí….
La actitud de las dos cambia cuando hacemos el amor.
Esa noche aunque seguía sin digerir la noticia al menos estaba más tranquilo. Me sentía como el reo al que acaban de condenar a muerte y sabiendo que no podía hacer nada por cambiar la sentencia, al menos se consolaba con el tiempo que le quedaba de vida. En claro contraste, mi tía y su amiga estaban felices y por eso decidieron que esa noche saldríamos a celebrarlo.
Sin quejarme accedí a acompañarlas aunque lo que realmente me apetecía era quedarme a llorar mi desgracia. Tal y como preví, la cena fue un martirio. Andrea y Laura se pasaron haciendo planes sobre lo que harían cuando naciera el bebé. Dejándome a un lado, parecía que ambas fueran a ser las madres del niño. Entre ellas, eligieron el nombre, el hospital donde nacería e incluso el color con el que pintarían la habitación de invitados.
“!Hay que joderse!”, mascullé entre dientes al oírlas.
La alegría de ambas era tal que llegaron a contagiarme con ella, pero cuando empezaron a plantearse a que colegio pensaban llevarlo, decidí que bastaba y les dije:  
-¿No os estáis pasando? ¡Faltan años para que tomemos esa decisión!
Como dos lobas cayeron sobre mí quejándose de mi actitud. No comprendían por qué les decía eso, la educación de un niño era un tema muy importante y tenían que estar seguras de su elección. Su rotunda reacción provocó mi retirada y sin intervenir más en la charla, deseé que terminara la puñetera cena.  Mi total derrota llegó cuando a los postres, oí a mi tía decir:
-Me parece increíble que vayamos a ser una familia. ¿Quién me iba a decir que al fin encontraría la felicidad con mi sobrino y mi mejor amiga?
-Yo, al menos nunca me lo hubiese planteado- contestó la rubia- pero pienso igual. Estoy encantada siendo vuestra mujer.
Al ver que esperaban que expusiera mis sentimientos, levantando mi copa, les dije:
-Quiero brindar  por vosotras y  por nuestros futuros hijos.
Nunca supuse que mi brindis supusiera tanto para mi tía. Sobre reaccionando a mis palabras y con lágrimas en los ojos, me soltó:
-Te amo y quiero tener un hijo contigo.  
Esa confesión por parte de Andrea me dejó helado y pensé por vez primera en cómo les informaríamos a mis padres de nuestra amoral e incestuosa relación.  Sabiendo que iban a poner el grito en el cielo cuando se enteraran de que había dejado embarazada a Laura, no me imaginaba lo que dirían cuando supieran que mi tía y yo éramos amantes.
-¡Nos van a matar en cuanto se enteren!- exclamé en voz alta sin darme cuenta.
Mi tía comprendió a lo que me refería y cogiéndome de la mano, me susurró:
-Déjame eso a mí. Mi hermana es muy moderna y comprenderá lo nuestro.
“Lo dudo”, en silencio, pensé pero no dije nada porque en ese instante llegó el camarero con la cuenta.
Ya en el coche, no tuve ganas de reiniciar la conversación y por eso me mantuve callado, mientras las dos mujeres decidían el que hacer:
-¿Nos vamos de copas?- preguntó Andrea.
Fue entonces cuando poniendo un puchero, Laura le recordó que ella no podía beber por su estado.
-Tienes razón. Vamos a casa- sentenció mi tía, dando un beso a nuestra amante.
 Nada más entrar en casa, mis dos mujeres me llevaron a empujones hasta la cama. Bromeando de buen humor, me dijeron que pensaban dejarme seco esa noche. Sabiendo que debía de seguir sus instrucciones, dejé que me tumbaran sobre las sábanas y como si fuera algo pactado, las vi desaparecer juntas hacía el baño.  Al cabo de un rato y cuando ya estaba desesperado por la espera, las vi aparecer desnudas por la puerta. Os juro que me quedé sin aliento al comprobar que no sabía cuál era más atractiva, si la rubia y traviesa Laura o la erótica y sensual Andrea.
Como tantas noches esperé que se reunieran conmigo. Con los tres en el colchón, mi tía me besó mientras su pubis contra mi sexo. Queriendo compartir también con la rubia, la besé uniendo sus labios a los nuestros. Olvidándome de todo,   acerqué mi lengua a los pechos casi juveniles de Laura y jugueteé con su pezón mientras imitándome cogió el otro seno entre sus manos y metiéndoselo entre los dientes, lo mordisqueó suavemente. Nuestra amante al sentir la doble estimulación sollozó de deseo diciendo:
-Soy vuestra.
Mi tía al oírla, nos dio sus propios pechos como ofrenda. La belleza de sus negras aureolas nos llevó a mamar de ellas sin esperar más instrucciones.. El gemido de placer que salió de su garganta, nos indujo a profundizar en las caricias.
-Tómame- rogó separando sus rodillas.
La excitación de la mujer me terminó de convencer y  acercando mi glande a su excitado orificio, me puse a jugar con su clítoris mientras le decía a nuestra amante que se ocupara de sus pechos. Andrea, con su cuerpo hirviendo de lujuria, me repitió que la tomara. La expresión de puta de su cara terminó con mis reparos y ya convencido, fui introduciendo mi extensión en su interior.
Mi tía molesta por la lentitud con la que iba rellenando su conducto,  por su virginidad perdida pero, reponiéndose rápidamente, violentó mi penetración con un movimiento de sus caderas. La humedad que envolvía mi verga facilitó mis maniobras y casi sin oposición la cabeza de mi sexo chocó contra la pared de su vagina. Andrea al sentirlo se corrió de inmediato y sin cortarse, me imploró que le siguiera haciendo el amor.
Laura, tan excitada como ella, se tumbó y llevando mi mano hasta su sexo, me rogó que la masturbara. Andrea al oírlo y no queriendo que nada me perturbara mientras la follaba, llevó sus dedos hasta el coño de la rubia y con una velocidad endiablada, torturó con ellos el clítoris de nuestra amante. Al observarlo,  incrementé al máximo el ritmo de mis embestidas.
-¡Dios! ¡Cómo me gusta!- gritó mi tía.
Su entrega fue la gota que derramó mi vaso y sin poder rechazar el placer que me dominaba, me corrí sembrando con mi simiente el interior de ella. La hermana de mi madre, al sentir que estaba eyaculando, nuevamente entre gritos, se corrió diciendo:
-¡Quiero que me hagas un hijo!
Agotado por el esfuerzo, me tumbé en la cama. Al verme,  Laura que estaba como una moto, aprovechó mi postura para acercar su sexo a mi cara. El olor a hembra hambrienta me cautivó y ya sin hacerme de rogar sacando la lengua, jugueteé con sus pliegues mientras me reponía. La rubia gimió al sentirlo y agachándose sobre mi cuerpo, usó su boca para hacer reaccionar a mi alicaído  pene. Disfrutando de su calentura, mordí su clítoris mientras le daba un azote.
-Ayúdame a levantarlo.
Andrea ya repuesta, se incorporó y acudió en su auxilio. Al notar que eran dos bocas las que alternativamente se engullían mi pene, me dio tanto morbo que actuando como un resorte, fue lo único que para erguirse a su máxima expresión.
La rubia, viendo que estaba ya preparado, le pidió con una sonrisa a mi tía que lo usara:
-¿Y tú?- preguntó Andrea pensando que era  el turno de Laura, se negó en un principio pero viendo su tozudez, cogiendo mi extensión entre sus manos, fue lentamente empalándose sin dejar de gemir.
La rubia viendo que su jefa estaba disfrutando, aprovechó para acercarse y poniendo sus pechos en mi boca, me dio de mamar. Nuevamente excitado, mamé de sus tetas mientras mi pene seguía campando por el sexo de la morena. La lujuria acumulada en mi cuerpo me dominó e incorporándome sin sacársela, le clavé repetidamente mi estoque hasta lo más profundo de su cuerpo. Andrea se vio desbordada por el placer y soltando un grito, se corrió por otra vez cayendo, con grandes gritos. Su orgasmo  me indujo a aumentar el ritmo de mis estocadas.
Para entonces, Laura hervía de deseo y en vez de pedirme que la tomara, cogió un consolador y se lo metió hasta el fondo de su vagina mientras chillaba:
-¡Dale un hermano a mi hijo!
Su grito hizo que levantara la mirada.  Al verla despatarrada con ese aparato incrustado, me dejé llevar y bañe con mi semen la vagina de mi tía. Agotado por el esfuerzo, caí sobre la cama mientras mi mente se quejaba del lio en el que me estaba metiendo.
 “Cuando se entere mi padre de lo que he hecho, me va a matar”.
 Por un error, mando todo a la mierda.
Sé que fue culpa mía pero también me costa el que de alguna forma, ellas en cierta manera fueron responsables de mi error. Viendo que estaba nervioso e irritable por el hecho de ser padre, se les ocurrió hacer una fiesta para celebrar mi cumpleaños y aprovechar a decirles a sus conocidos que Laura estaba embarazada.
A mí, la verdad es que no me hizo ni puta gracia la idea. Aunque en teoría yo era el homenajeado, en realidad iban a usar mi presencia para acabar con los rumores que corrían en la comisaria sobre su lesbianismo. Para ellas era más fácil de explicar que la rubia se había conseguido un yogurin a informarles que en realidad éramos un trio.
Esa noche y siguiendo el plan elaborado al pie de la letra, Laura me presentó a sus conocidos diciendo que yo era su novio. La reacción de los presentes fue diferente dependiendo de su sexo. Mientras los hombres se mostraron escandalizados que anduviera con un crio de diecinueve años recién cumplidos, sus compañeras se quedaron alucinadas por su suerte. Mi tía por su parte, se mantuvo en un segundo plano, actuando como anfitriona sin dejar que nadie se imaginara que además de la casa también compartía conmigo la cama.
En un momento dado en el que Laura estaba con dos de sus amigas, me acerqué a preguntarle si quería algo:
-Sabes que no puedo- respondió tocándose la barriga.
Las dos mujeres se quedaron alucinadas y Almudena, la mas valiente, se atrevió a preguntar:
-¿Estás embarazada?
Luciendo la mejor de sus sonrisas, contestó:
-Sí- y recalcando su alegría, les soltó: -Manuel, además de estar bueno, es una fiera. El no haber salido de su cama ha tenido consecuencias.
Totalmente cortado, me excusé y fui por una copa, mientras sentía las miradas de sus amigas clavadas en mi cuerpo. Todavía no me había alejado de ellas, cuando oí a la tal Almudena decir:
-No me extraña, teniendo a ese bombón, yo tampoco saldría de la cama.
Su burrada provocó la risa de todos los presente y mordiéndome un huevo, me bebí la copa de un golpe.  Apoyado en la barra y durante más de tres  horas tuve que soportar poniendo una sonrisa, las anécdotas de la comisaria. Laura  con su papel totalmente asumido, se comportó como una novia enamorada mientras sus compañeros no daban crédito a su transformación. 
Eran más de las dos de la madrugada, cuando con más copas de las necesarias, fui hacia el baño sin percatarme que tras de mí, Almudena me  seguía. Estaba a punto de entrar cuando me topé con ella.
-¿Quieres algo?
Antes de que me diera cuenta y sin cortarse por el hecho de que fuera el novio de Laura, se metió conmigo en el aseo.
-¿Qué haces?- pregunté al verla agacharse y desabrocharme el pantalon. 
-Ver si eres tan bueno como dice- respondió metiéndose de golpe mi pene en la garganta. 
Con mi juicio nublado por el alcohol y azuzado por el morbo, la levanté y girándola, la pegué

contra las baldosas del baño mientras le decía:

-Te equivocas zorra. Una puta como tú esta para ser usada- y sin pedirle su opinión, le levanté la falda.
Ese putón al ver mi violencia, se quedó paralizada y tras bajarle sus bragas, la penetré salvajemente. La mujer consiguió retener el grito al sentir su interior horadado por mi miembro. Si creyó que le resultaría fácil abusar de un joven, se equivocó y en contra de lo que había venido a buscar, se vio poseída con brutalidad. 
-¡No eres más que una zorra!- le solté acelerando el ritmo de mis incursiones.
El modo tan brutal con el que la traté,  en vez de repelerla, la excitó y berreando como en celo, me gritó que no parara.   No hacía falta que me lo pidiera porque necesitaba liberar mi tensión. Acuchillando repetidamente su interior con mi miembro, conseguí que esa puta se corriera. Abundando en su vergüenza, usé su culo como tambor y  siguiendo el compás de mis incursiones, le di repetidos azotes hasta que exploté en su interior.
Ya satisfecho, me puse a mear y al terminar le exigí que me lo limpiara con su lengua. Aunque nadie la había tratado nunca así, resultó que le gustó y obedeciéndome cual servil sumisa, se arrodilló y se introdujo mi miembro en su boca.
-Dame tu teléfono- le pedí tras haberle bajado los humos.
La mujer me lo dio sin rechistar y encantado, salí del baño. Desgraciadamente para mí, mi tía nos pilló saliendo y con los ojos, me llamó a su lado. En mi juvenil inconsciencia, no adiviné la que se me venía encima. Furiosa me llevó a nuestra habitación y allí me exigió que le contara lo sucedido.
Hoy en día, sé que “antes muerto que confeso” pero entonces me pareció gracioso explicarle lo que había sucedido. Reteniendo su ira, me soltó:
-Pensaba que eras diferente pero eres un cerdo como los demás.
Para no haceros el cuento largo y ahorraros las lindezas que salieron de su boca, solo deciros que llamó a Laura y entre las dos hicieron mi maleta. Por mucho que intenté pedirlas perdón, mostrando mi arrepentimiento, esa noche me echaron de su casa y no me quedó más remedio que volver con mis padres.
Durante semanas intenté que me perdonaran pero ni siquiera se dignaron a cogerme el teléfono y fue al cabo de varios meses, cuando durante una fiesta familiar, llegó con Laura y presentándosela a mis viejos como su novia, les informó que ambas estaban embarazadas.
Me creí morir e hice un último intento, pero despidiéndome con cajas destempladas, me dijo:
-He descubierto que una no se puede fiar de los hombres.
Actualmente, se han casado. Mis primos tienen diez años y nadie en la familia sabe que en realidad son hijos míos.  Aunque pensándolo bien, quizás mi madre sospeche algo porque no para de decirme “lo mucho que se parecen a mí”.
 
¡SEGURO QUE TE GUSTARÁ!