Sin título1

Aunque me da mucha vergüenza reconocer, ¡Me hice bisexual gracias a Alonso!, el famoso prostituto de Nueva York y ya pasado el tiempo, os tengo que reconocer que ¡No me arrepiento!. 
Antes de explicaros mi historia, debo presentarme:
Me llamo Patricia y si bien puede resultar pretencioso, soy una monada de veintiseis años. Gracias a los genes heredados de mis antepasados europeos, tengo el pelo rubio y la piel clara, en consonancia con el verde de mis ojos.  Sé que me llamareis presumida, coqueta y vanidosa pero cuando ando por mi ciudad, los hombres de todas las edades y clases, se voltean al verme pasar.
Soy lo que se dice ¡Un bombón! Y por eso os tengo que reconocer que me jodió que la primera vez que le vi, ese hombre no me hiciera ni caso.
Como soy mexicana os preguntareis como llegué  a contratarle, pues muy sencillo: Lo conocí gracias a que  fui a visitar a mi prima que vivía en esa ciudad.
No sé si fue la casualidad, el destino o la suerte lo que me hizo coincidir con él en una conocida discoteca neoyorquina. Todavía recuerdo que estaba tomándome una copa con mi prima cuando le vi entrar. Os reconozco que me quedé impresionada de su porte de galán pero también al observar que todas las mujeres se derretían a su paso, dando igual si estaban solas o acompañadas.
Sin ser capaz de retirar mi mirada de él, pregunté a Mariola si lo conocía. Mi prima soltando una carcajada, me dijo:
-Olvídate de él, ¡No está a tu alcance!
Sus palabras y sus risas lejos de cortarme, azuzaron mi orgullo y cogiendo mi copa, me puse a bailar a su lado. Desgraciadamente por mucho que moví mi cuerpo sensualmente a escasos centímetros de él solo pude sacarle una sonrisa. Enojada hasta decir basta, pensé que era gay y ya estaba a punto de volver a mi asiento cuando levantándose, llegó a mi lado y con su voz ronca pero tierna, me dijo:
-Eres demasiado joven y bonita para necesitarme- tras lo cual se abrazó a una vieja de unos treinta y cinco años que acababa de llegar.
Derrotada por primera vez en mi vida, volví con mi prima como cachorra apaleada. No me podía creer que ese Don Juan prefiriera a esa arrugada a mí y por eso, me cabreó escuchar sus risas mientras me decía:
-¡Te lo dije! ¡No es para ti!
Fue cuando más hundida estaba, cuando decidí volver a la carga y tratarle de conquistar. Al ver mis intenciones, Mariola me impidió volver a la pista, diciendo:
-Siéntate y no hagas más el ridículo. Ese tipo es Alonso, el más famoso prostituto de Nueva York. Muchas de las mayores bellezas de la ciudad se lo han tratado de llevar a la cama pero solo lo han conseguido las que le han pagado.
Al escucharla comprendí la inutilidad de mis actos el porqué ese pedazo de hombre había pasado olímpicamente de mí:
¡Estaba esperando a su clienta!
Obsesionada con él, me lo quedé mirando mientras ese rubia de peluquería bailaba rozando su sexo contra la entrepierna del muchacho.
“¡Será zorra!” pensé al ver el modo tan lascivo con el que se pegaba.
Mientras tanto Alonso, ajeno a estar siendo observado por mí, sonreía como si nada pasase. Resulta duro de reconocer pero deseé ser yo la mujer que estaba con él en ese momento.
“¡Qué bueno está!” me dije al observar los músculos de sus brazos al bailar. Totalmente absorta seguí fijamente sus pasos en la pista e incluso cuando volvió con su pareja hasta la mesa.
Una vez allí, ese putón desorejado se pegó a su lado y haciendo como si jugaban le empezó a acariciar. Sin cortarse, pasó su mano por su pecho y bajando por su cuerpo, llegó hasta su bragueta. Creí que iba a ver cómo le hacía una paja cuando Alonso retirando la mano de la rubia de su entrepierna, le dijo algo al oído y se levantó. Supe al ver la cara de alegría de la mujer que se la iba a follar y por eso deseando que fuera en el local, los seguí a una moderada distancia.
Creí morir al verle salir de las disco y suponiendo que me iba a quedar con las ganas de verlos, los perseguí hasta el aparcamiento. Cuando ya creía que iban a coger su vehículo y marcharse, Alonso cogió a la vieja de la cintura y dándole la vuelta la apoyó contra un mercedes y antes que se diera cuenta, le había subido la falda y bajado el tanga.
Usando un coche como escudo, pude observar como Alonso la penetraba de un solo golpe mientras preguntaba:
-¿Te gusta esto?, ¿Verdad puta?-
-Sí- gimió al sentir que el pene la llenaba por entero -¡Házmelo duro!
El hombre que me tenia obsesionado no se hizo de rogar y sin piedad no dejó de follársela mientras con sus manos castigaba su trasero. Aunque había tráfico a esa hora, el ruido de los azotes llegó a mis oídos mezclado con los gemidos de la mujer.
Contra todo pronóstico algo en mí se empezó a alterar. Jamás pensé que observar a una pareja me pudiera poner tan bruta pero sin darme cuenta mis dedos se habían apoderado de mi clítoris al ver a esa zorra disfrutando.
-¡Dios! ¡Qué cuerpo!- exclamé al ver su dorso desnudo mostrando sus dorsales.
Desde mi punto de observación, podía distinguir cada uno de los músculos de la espalda y el culo de ese sujeto cuando la penetraba. Eran enormes y definidos. No me cupo duda de que dedicaba largas horas en el gimnasio para estar así. Completamente bruta, decidí que parecía un dios. 
En cambio, al fijarme en esa rubia decidí que yo era mucho más bella. Los pechos que rebotaban al compás de la lujuria demostrada nada podían hacer contra los míos. Esa guarra los tenía grandes pero caídos mientras que yo poseo unos senos pequeños duros y bien parados.
Aun así, no me resultó difícil, el imaginarme que era yo quien recibía ese delicioso castigo de ese semental y por enésima vez envidié a esa mujer mientras involuntariamente con los dedos, me empezaba a acariciar.
Mi cuerpo ya empezaba a notar los primeros síntomas de placer, cuando al oír el orgasmo de la mujer, por miedo a que me descubrieran, tuve que dejar de espiarlos y disgustada tuve que volver con mi prima. 
El resto de la noche me lo pasé rememorando cómo ese portento se había follado a esa puta y por eso al meterme en la cama, la calentura me había dominado. Como una cierva en celo, separándome los labios, empecé a torturar mi sexo pensando en ese hombre que acababa de ver.
Sin darme cuenta y con creciente lujuria, me dejé llevar. Ya no  era esa mujer a quien poseía sino a mí. En mi mente, ese hombretón me sometía contra el coche mientras la mujer me azotaba el culo. En mi imaginación me convertí en una muñeca en los brazos de los dos y por eso, soñé con que me invitaban a su cama. Una vez allí, me ataban sobre el colchón y la mujer le ayudaba separando mis piernas.
Totalmente fuera de mí, llegué al orgasmo con solo pensar que la rubia me comiera los pechos mientras Alonso llenaba mi interior con su miembro. Con sentimiento de culpa al imaginarme algo tan depravado, me corrí cerrando mis piernas en un vano intento de no empapar el colchón de casa de mi tía.
No me había repuesto, cuando oí como tocaban la puerta de mi habitación. Pregunté que quien era, respondiéndome del otro lado, Mariola que quería entrar a acostarse.
Si bien no era nada extraño por que esa era su habitación, asustada de que se diera cuenta de mis mejillas coloradas por la excitación, me tapé con las sábanas.  Por eso me sorprendió cuando me dijo:
-Patricia, perdóname, no sabía que  estabas dormida.
Mis temores desaparecieron al verla desvestirse dándome la espalda. Como no podía verme, me quedé observándola mientras lo hacía pero al darme cuenta que estaba mirando con interés a mi prima, cerré los ojos acojonada.
“¡No soy lesbiana!” me dije tratando de dormír.
Esa noche dormí fatal, en cuanto me sumía en un sueño aparecía Alonso y empezaba a follarme una y otra vez. Otras veces el prostituto llegaba con mi prima y entre los dos, me obligaban a comerme el coño de Laura mientras él me poseía por detrás. Lo más irritante de mis pesadillas era que aunque en un principio me negaba:
¡Terminaba disfrutando como una perra!
Mi prima y yo nos obsesionamos con Alonso.
A la mañana siguiente me desperté hecha unos zorros. Las continuas “pesadillas” con las que mi sueño se vio alterado me dejaron exhausta y caliente como nunca en mi vida había estado. Aun despierta seguía erre que erre imaginándome como protagonista de escenas altamente eróticas. Si ya de por sí eso era extraño, lo peor es que en ellas Laura tenía un papel estelar. Lo quisiera o no, me la imaginaba compartiendo conmigo los brazos de Alonso. En mi mente, entre las dos, disfrutábamos no solo de las caricias del prostituto sino que una vez dominadas por la lujuria, nos dejábamos llevar por el placer lésbico.
“Estoy cachonda” pensé dándome la vuelta en la cama.
Al hacerlo me llevé la sorpresa de descubrir que en la cama de al lado, mi prima se estaba masturbando con los ojos cerrados.
“¡No pude ser!” exclamé mentalmente al ver que bajo sus sábanas, Laura estaba usando su mano para darse placer.
Sé que no debí quedarme mirando pero el morbo de ver a mi pariente pajeándose en silencio teniéndome a mí a un par de metros, fue superior a mis fuerzas.  Cómo de antemano estaba ya caliente, en cuanto la vi se me pusieron los pezones duros como piedras.
Os juro que no recordaba estar tan excitada y por eso dude si tocarme mientras observaba como ella no dejaba de frotar su clítoris con su mano. Lo que me decidió hacerlo fue ser testigo de que ajena a ser espiada, Laura se llevaba los dedos empapados a la boca y los succionaba saboreando sus fluidos.
“¡Dios!” gemí en silencio.
No me cupo duda de que mi prima debía de estar pensando en que un tío la  estaba haciendo gozar porque sin darse cuenta la colcha se le había deslizado hacia abajo, dejándome disfrutar de sus pechos.
“¡Menudas chichis!” me dije al valorar esa parte de su cuerpo.
Para empeorar la situación y mi calentura, en ese momento, mi querida prima cogió uno de sus senos apretándolo con la mano izquierda mientras  la derecha no dejaba de torturar su mojado coño.
Queriendo calmar mi propia calentura llevé un dedo a mi tanga y retirándola con cuidado me empecé a tocar mientras, a mi lado, Laura  intensificó su paja. Os juro que podía sentir como su cuerpo se mojaba en sudor y sin poder pensar en otra cosa, me apoderé del botón que se esconde entre los pliegues de mi sexo.
Ya estaba totalmente excitada, cuando de pronto vi cómo se arqueaba su espalda y como cerraba sus piernas con su mano dentro de ella, en un intento de controlar el placer que estaba sintiendo. Desde mi punto de observación puedo atestiguar que mi prima se corrió brutalmente. Aunque no salió de su garganta ruido alguno, su cara se contrajo y su cuerpo se tensó mientras se dejaba de llevar por su orgasmo. Al terminar, se dejó caer sobre el colchón y pegando un suspiro, se tapó.
No queriendo que me descubriera, cerré los ojos y me hice la dormida.
 
Durante unos minutos y con mi coño totalmente mojado, esperé a que ella diera el primer paso porque no quería que sospechara que había presenciado su desliz. Afortunadamente, Laura no tardó en desperezarse y levantarse, Fue entonces, aprovechando que había hecho ruido, abrí los ojos diciéndola:
-¿Qué hora es?
Lo que no me esperaba es que con una expresión pícara en sus ojos, mi prima se lanzara encima de mí y me empezara a hacer cosquillas mientras me llamaba vaga.
Al sentir sus manos tocándome mis areolas se erizaron nuevamente y completamente cortada, intenté separarme de ella.  Mi prima que no sabía nada interpretó mi intento como una mera huida de sus cosquillas y usando la fuerza, me retuvo con sus piernas e involuntariamente mis muslos entraron en contacto con la tela mojada de sus bragas, causándome un mayor embarazo.
-¡Déjame!- chillé espantada al darme cuenta de lo bruta que me estaba poniendo.
Afortunadamente  mi tía, alertada por el  escándalo, nos llamó a desayunar lo que le obligó a dejarme en paz. Pero si creía que ese mal rato había terminado, me equivoqué porque al levantarme, Laura se me quedó mirando  y  muerta de risa, me soltó:
-¡Mi primita se levanta con los pitones tiesos!
Avergonzada, miré a mi camisón para percatarme con rubor de que se notaba a la legua que tenía los pezones duros. Tratando de cortarla, le solté:
-¡No todas las mañana se mete en mi cama un bellezón como tú!
Mi burrada lejos de molestarla, le dio alas y dándome un azote en el trasero, me contestó muerta de risa:
-Como te quedas una semana, ¡Veremos si es verdad eso!- tras  lo cual salió de la habitación hacia la cocina dejándome alucinada tanto conmigo como con ella.
Con el recuerdo de su mano todavía en mi nalga, no pude dejar de pensar que sus palabras tenían doble sentido y nuevamente excitada fui a reunirme con ella. Al llegar a donde estaba, me la encontré hablando con su padre por lo que no tuve oportunidad de preguntarle a que se refería y luego como mi tío quería mostrarme Nueva York también me fue imposible por lo apretada de la agenta que me tenía preparada. Aunque parezca imposible, ese día visitamos el Empire State, el Metropolitan e incluso tuvimos tiempo de dar una vuelta rápida al Museo de Arte contemporáneo. De forma que ya era tarde cuando volvimos a la casa.
Nada más llegar Laura me preguntó dónde quería ir esa noche, sin dudarlo respondí que al sitio del día anterior. Mi prima al escuchar mi respuesta, entornó sus ojos y con tono meloso, afirmó:
-Quieres volver a ver a Alonso- el rubor de mis mejillas me delató y por eso con una sonrisa en sus labios, dijo: -Hoy es sábado.
-¿Y eso que tiene que ver?
Soltando una carcajada, respondió:
-Hoy caza en el bar del Hilton Towers. ¿Te apetece que nos tomemos algo allí?
-Sí.
Una vez habíamos decidido donde ir, nos fuimos a vestir. Aleccionada por lo ocurrido en la mañana, tomé la decisión de hacerlo sola en el baño. No me fiaba de la reacción que podía tener si volvía a ver desnuda a mi pariente. Por eso cuando ya estaba lista y Laura apareció, me quedé impresionada con su belleza.  Embutida en un traje de seda negro, parecía una modelo de revista.
“¡Qué buena está!”, pensé para rápidamente mortificarme por tener esos sentimientos por una mujer.
Los enormes pechos con los que la naturaleza le había dotado quedaban magnificados por el sugerente escote. Sé que se dio cuenta de mi mirada porque acercándose hasta mí, dijo en mi oído.
-¡Tú también estás impresionante!
Instintivamente mis pezones se marcaron bajo la tela y totalmente azorada le di las gracias, urgiéndola a que se diera prisa. Laura que no era tonta, se rio de mi vergüenza y cogiendo su bolso, salió rumbo a la calle sin hacer comentario alguno.
Agradecí su tacto y por eso en cuanto nos subimos al taxi, empezamos a charlar como si nada hubiese ocurrido. La primera en hablar fue ella que haciéndome una confidencia, reconoció que sabía dónde alternaba ese prostituto porque durante una época lo había seguido.
-¡Qué calladito te lo tenías!- le dije encantada de compartir con ella mi obsesión.
Mirando fijamente a mi ojos, respondió:
-¡Soy capaz de valorar la belleza allá donde esté! y Alonso está muy bueno.
Su respuesta me puso los vellos de punta al no estar segura de si sus palabras escondían un doble sentido. Literalmente era un piropo a ese hombre pero se podía deducir que los gustos de Laura no se limitaban a los hombres y por eso no supe que responder. Mas nerviosa de lo que me gustaría reconocer, me quedé mirando por la ventanilla el resto del viaje.
Al llegar al Hotel, directamente nos dirigimos hacia el bar. Despues de dar una vuelta rápida al local y no encontrar a Alonso, un tanto desilusionadas nos sentamos en una mesa del fondo para así tener una visión general del establecimiento.
No llevábamos ni cinco minutos allí cuando vimos entrar al hombre que nos había llevado hasta allí. Durante unos segundos, el morenazo examinó a los presentes como si buscara a alguien y sorpresivamente, se diririgió hacia nosotras.
“No puede ser”, pensé al ver que se acercaba a donde estábamos.
Y no podía ser porque, con una sonrisa en sus labios, se sentó en la mesa de una rubia otoñal justo a nuestro lado. No tuve que ser un premio nobel para entender que esa mujer con cara de zorrón era su clienta.
Laura acercándose a mí me dijo:
-¡Menuda suerte! ¡Desde aquí podremos espiarle sin que se nos note!
Ni siquiera la contesté, en ese instante, solo tenía ojos para Alonso.
“¡Con razón es el prostituto más caro de Nueva York!”, sentencié mentalmente al mirarle. “¡Está de muerte!”
Mientras mi mente divagaba en cómo le iba a hacer para contactar con él, su clienta arrimándose al morenazo le preguntó que quería beber. Alonso llamando al camarero, le pidió un whisky con hielo y volteándose hacia la rubia, empezó a hablar con ella. Sin importarle que la gente se fijara en ellos, esa guarra babeaba riéndole las gracias.
Su acoso era tan evidente que mi prima se rio a carcajadas al verla acomodándose las tetas para que el tamaño de sus pechos pareciera aún mayor. Os juro que no sé qué me cabreó más, esa mujer al comportarse como una puta barata o  cómo él la alentaba con tímidas caricias. Lo cierto es que no tardamos en observar a ese putón manoseándole por debajo de la mesa.
Aunque Alonso solo era un sujeto pasivo de sus lisonjas, sin colaborar con ella, nos  resultó evidente que el jueguecito le estaba empezando a gustar al ver el brillo de sus ojos.
-Me encantaría ser yo- me susurró Laura con la voz alterada por su excitación.
-Y a mí- no dudé en contestar mientras  fulminaba con los ojos a esa cincuentona.
Aunque tenía claro que estaba cumpliendo con su trabajo, me enfadó oir a ese Don Juan diciéndole a su acompañante que se había manchado su blusa.  La rubia que no se había dado cuenta de la mancha, preguntó mientras se miraba la camisa:
-¿Dónde?
El cabrón, poniendo cara de bueno, le señaló el pecho. Si bien  el lamparón  era enorme, la muy puta le dijo que no lo veía. Entonces, Alonso tiernamente llevó sus dedos al manchón y aprovechado que estaba al lado de uno de sus pezones, lo pellizcó suavemente.  De lo obsesionada que estaba, os juro que sentí su caricia en mi pecho y más cuando la zorra no pudo evitar pegar un gemido al experimentarlo.
-¿No te excita?- preguntó a mi lado mi prima.
-Mucho- contesté en voz baja.
En la mesa de al lado, esa mujer estaba cachonda. Debajo de la tela de su blusa, dos pequeños bultos la traicionaban dejando claro que le había puesto bruta ese pellizco. Sin pensar en otra cosa que dar rienda  a su lujuria, disimulando, llevó su mano a las piernas de Alonso.
Curiosamente, su descaro consiguió calentarme y sin creerme mi reacción, sentí que mi coño se encharcaba al comprobar que bajó el pantalón del prostituto, algo se estaba empezando a poner duro. Tratando de calmarme, tomé un sorbo de mi copa  pero confieso que me resultó imposible no seguir echando un ojo a lo que ocurría en esa mesa.
-¡Fijate!- exclamó mi prima al ver que ese zorrón estaba masturbando a su acompañante por encima del pantalón.
Ambas nos quedamos de piedra cuando ese tiarrón se bajó la bragueta y sacando su miembro, obligó a su clienta a continuar.  Si en un principio, intentó negarse por vergüenza de que alguien la descubriera, al sentir en su palma el tamaño de la herramienta de ese hombre, no pudo dejar de desear cumplir sus órdenes y con sus pezones como escarpias, recomenzó su paja en silencio.
Pero entonces y cuando mi sexo estaba anegado, vi que la mujer le decía algo. Alonso al oírla, cogía su móvil e hizo una llamada infructuosa. Al no contestar a quien llamaba, buscó en su agenda a otro y volvió a intentar conectar pero tampoco. Con gesto serio, informó a su clienta que no contestaban. Entonces la mujer señalándonos, susurró algo en su oído. Aunque en un principio, Alonso se sintió escandalizado, al pensárselo otra vez se levantó y vino a nuestra mesa.
-¿Puedo sentarme?- dijo con una sonrisa.
-¡Por supuesto!- tuvo que contestar mi prima porque yo estaba totalmente paralizada.
Nada más hacerlo, Alonso nos preguntó protocolariamente  si queríamos beber otra copa. Sin creérmelo todavía acepté en nombre de las dos.  El prostituto llamando al camarero pidió otra ronda y mientras el empleado del hotel nos la traía, cortésmente nos preguntó nuestros nombres. Tanto a mí como a Laura nos quedó claro que estaba haciendo tiempo para plantearnos el motivo por el que se cambió de mesa.
En cuanto nos pusieron las copas, bastante cortado, Alonso nos preguntó:
-¿Queréis ganaros mil dólares?
Os podréis imaginar nuestra sorpresa. Nuevamente mi prima fue la que reaccionó:
-¿Qué tenemos que hacer?
En ese momento, mi mente se imaginó muchas posibilidades pero no su respuesta:
-Mi acompañante desea que nos miréis haciendo el amor-contestó sinceramente.
Cómo comprenderéis nos quedamos perplejas ante semejante propuesta. Viendo nuestra indecisión Alonso, levantándose, nos dijo:
-Pensadlo entre vosotras y me decís- tras lo cual volvió junto a la rubia.
En cuanto nos dejó solas, nos pusimos a discutir. Mientras mi prima estaba encantada con la idea, a mí me parecía descabellada. No sé si fue las ganas que tenía de observarlo en faena o los quinientos dólares que me tocarían pero lo cierto es que dando mi brazo a torcer, acepté. Habiéndolo acordado, Laura fue a decírselo a la pareja.
La mujer tras abonar tanto su cuenta como la nuestra, cogió al morenazo del brazo y salió del local. Mi prima, haciendo lo propio, me llevó en volandas siguiéndoles. Para entonces, os confieso que estaba muerta de miedo y a la vez expectante por lo que íbamos a contemplar.
Ya en el ascensor, la rubia aprovechando que estábamos solos los cuatro en su interior se lanzó al cuello del prostituto. Alucinada contemplé como esa cincuentona se lo comía a besos sin dejar de rozar su sexo contra él. Si ya eso era suficiente estímulo, mi calentura se acrecentó hasta niveles impensables al llegar a la habitación de la mujer porque nada más cerrar la puerta, Alonso nos pidió que nos sentáramos en el sofá enfrente a la cama y sin más dirigiéndose a su clienta, le soltó:
-¿Qué esperas?
La zorra supo de inmediato a qué se refería y en silencio se arrodilló entre sus piernas. Desde nuestro asiento, vimos a esa guarra arrodillarse y desabrochándole los pantalones, sacar de su interior su sexo. Mierandonos entre nosotras, no nos podíamos  creer lo que estábamos viendo:
¡Esa mujer estaba introduciéndose centímetro a centímetro toda su extensión en la boca, mientras con sus manos acariciaba el musculoso culo de su conquista!
Admirándola en cierta medida, me quedé mirando la exasperante lentitud con la que lo hizo y por eso aunque quisiera evitarlo,  mi  almeja estaba ya encharcada cuando sus labios se toparon con su vientre. En mitad de ese show porno, mi prima se pegó a mí y susurrando me dijo:
-¡No te imaginabas esto!
-¡La verdad que no!- contesté.
 
No tardamos en comprobar que esa mujer era una experta en mamadas y que contra la lógica, se había conseguido introducir todo ese inmenso pene hasta el fondo de su garganta sin sentir arcadas. Para entonces ya me había contagiado de su fervor y mientras seguía mirándolos, sentí una mano entre mis muslos.
Al levantar mi mirada, Laura me dijo:
-Déjame y disfruta- tras lo cual empezó a  masturbarme.
Os juro que estuve a punto de correrme al sentir sus dedos recorriendo la tela de mi tanga mientras a unos metros de nosotras, la rubia se había tomado un respiro sacándose esa verga de la boca.
-Sigue, puta- le exigió Alonso al notarlo.
Su clienta no se vio afectada por el insulto y mientras las yemas de mi prima separaban mis pliegues, cogió su instrumento con sus manos y empezó a pajearlo suavemente mientras se recreaba viendo crecer esa erección entre sus dedos. Dominada por la situación, no pude  dejar  admirar que la polla de ese hombre en todo su esplendor mientras Laura acariciaba dulcemente mi clítoris.
-Me gusta- gemí calladamente.
 
 
Para entonces, la cincuentona había aumentado el ritmo y moviendo su muñeca arriba y abajo, consiguió sacar los primeros jadeos de su momentáneo amante. Los jadeos de Alonso, me impulsaron a bajar mi mano hasta los muslos de mi prima. Esta al sentirlo, separó sus rodillas dejándome hacer. Aunque nunca lo había hecho, no tuve reparo en coger entre mis dedos su hinchado clítoris y sin dejar de espiarlos, me puse a calmar la calentura de mi parienta.
El sonido de la paja a la que estaba sometiendo al hombre y la acción de mi prima en mi coño, consiguieron alterarme de tal modo que me vi impelida a meter dos dedos en el interior de Laura mientras sentía que estaba a punto de tener un orgasmo.
“¡No puede ser!” exclamé mentalmente al percatarme de lo bruta que me estaba poniendo al ver como ese putón se la comía a ese hombre pero sobre todo al masturbar yo a una mujer.
Incrementando la velocidad en que mis dedos entraban y salían de su vulva, tuve tiempo para observar mejor esa mamada. Alonso al descubrirme y comprobar el brillo de mis ojos, profundizó mi morbo presionando la cabeza de la clienta contra su entrepierna.
Con la verga completamente inmersa en la garganta de la mujer, le  preguntó si quería que se la follara ya:
-Sí- respondió con alegría.
Alonso levantándola del suelo y se puso a desnudarla mientras la mujer se nos quedaba mirando con una sonrisa. Nunca creí que ser observada me pusiera tan cachonda y menos que fuera capaz de hacer lo que hice a continuación: Arrodillándome entre las piernas de mi prima, le quité las bragas y comencé a darle besos en las pantorrillas.
-¿Estás segura?- me preguntó Laura al sentir mis labios en su piel.
-No pero lo deseo- respondí sin dejar de acercarme hasta mi meta.
La morena, completamente acalorada, dejó que siguiera y pegando un gemido separé aun más sus rodillas. Mi actuación azuzó el deseo de la mujer y pegando un grito, rogó al hombre que se la follara. Alonso no se hizo de rogar y cogiendo su pene, lo introdujo de un solo golpe hasta el fondo de su vagina. El chillido que pegó esa rubia me convenció de que pocas veces su coño había sido violado con un instrumento parecido al trabuco que tenía entre sus piernas y tratando de excitar a mi prima, le dije:
-¡Eres tan puta como ella!
Lo sé me contestó, obligándome a subir al sofá y me besó mientras me decía:
-¿Te apetece hacer un 69?
-Lo deseo- respondí ya sobreexcitada y acomodándome sobre ella, le solté: -¡Comete mi chocho! ¡Puta!
La rapidez con la que mi prima se apoderó de mi sexo, me dejó claro que no era la primera vez que disfrutaba de una mujer.  Yo en cambio, era nueva en esas lides y por eso me sorprendió la ternura con la que acogió en su boca mi clítoris. Sin cortarse un pelo, separó los pliegues de mi sexo mientras Alonso seguía machacando otra vez a la cincuentona  con su pene.
-¡Dios!- gemí descompuesta al notar que con sus dientes empezaba a mordisquear mi botón.
 
El prostituto, al escuchar mi alarido, soltó una carcajada y mientras incrementaba  sus incursione mientras exigió a Laura que buscara mi placer, diciendo:
-¡Hazle que se corra que yo me ocupo de esta zorra!
Cumpliendo a pies juntillas sus deseos, mi prima introdujo un par de dedos en mi sexo y no satisfecha con ello con su otra mano, me desabrochó la camisa. Una vez había dejado mis senos al aire, los pellizó consiguiendo sacar de mi garganta un berrido.
-¡Me encanta!- chillé al notar sus labios mamando de mi pezón.
Mis palabras consiguieron incrementar tanto el ritmo de las caricias de mi prima como el compás de las penetraciones de ese tiarrón y con el sonido de sus huevos rebotando contra el sexo de su clienta, me corrí sobre la silla. Laura que hasta entonces se había mantenido a la expectativa al notar mi orgasmo, como histérica le pidió que arreciara con mi mamada.
Alonso, nos miró satisfecho y centrándose en la cincuentona, le dio un sonoro azote en su trasero.
-Dale duro- le exigí mientras disfrutaba de los estertores de mi propio placer.
El prostituto, obedeciendo mis deseos, le dio una salvaje tunda en su trasero. Las violentas caricias lejos de incomodar a esa zorra, la puso a mil y con un tremendo alarido, le rogó que continuara. Mi prima presionó con su mano mi cabeza y gimiendo me rogó que la amara.
Imbuida por la lujuria que asolaba esa habitación, usé mi lengua para recrearme en la almeja de mi parienta. Su sabor agridulce me cautivó y por eso no me pareció extraño usarla para follármela como si de mi pene se tratara. Fue entonces cuando me percaté que aunque nunca me hubiera dado cuenta era bisexual y que lejos de reconcomerme la idea, disfrutaba siéndolo.
 
-¡Por favor! ¡Sigue!- aulló Lorena al experimentar la caricia de uno de mis dedos en su ojete.
Decidida a devolverle el placer, introduje una yema en su ojete mientras en la cama el prostituto seguía follando sin parar a su clienta. Inexperta como era no anticipé el orgasmo de mi prima hasta que su flujo empapó mis mejillas y entonces completamente cachonda y con mi propio coño hirviendo de placer, me dediqué en cuerpo y alma a satisfacer a mi morena.  Mi renovado interés la llevó a alcanzar un clímax tras otro retorciéndose sobre el sofá y justo cuando la cincuentona caía rendida en el colchón, Laura me rogó que parara:
-¡No puedo más!-dijo con una enorme sonrisa.
Os juro que fue entonces cuando me enamoré de ella. Su cara radiando felicidad me enterneció y cambiando de postura, la besé con pasión. Mi prima me respondió con el mismo o mayor cariño y mientras a nuestro lado el prostituto regaba con simiente el coño de su clienta, comprendí que esa visita a Nueva York cambiaría mi vida.
Al cabo de unos minutos, Alonso que se había mantenido al margen mientras nos amábamos, se acercó con un fajo de billetes y poniéndoselo a mi prima en sus manos, nos dio las gracias.
Cómo ya no hacíamos nada allí, nos vestimos y salimos del ascensor. Ya en él, Laura se acercó a mi diciendo:
-¿Vamos a celebrarlo?
-Por supuesto- respondí- pero no en un bar, sino ¡En tu cama!
Soltando una carcajada, mi prima me besó diciendo:
-¿No te apetece otra copa?
Sabiendo que lo hacía para picarme, le di un azote en el culo mientras le contestaba:
-Tal y como estoy de bruta: si cojo una botella, ¡Es para follarte con ella!