Lunes 29 de abril de 2013

Cuando desperté Mila no estaba en la cama. Me asome y Ana tampoco estaba en su habitación. Me di una ducha. Tome café, que estaba preparado y fui al centro de control.

Tenía que ver que habían hecho, el sábado, mientras estuve fuera con los niños.

Pase imágenes de Ana contándome su historia hasta que me vi salir del piso. Las dos seguían en la cocina. Mila hablaba con Ana.

–Eso que le has contado yo no lo sabía—

–El qué mamá—

–Lo de Pedro—

–¿Lo conoces?—

–Me tuvo liada casi dos años. Trató de chulearme, pero de eso hace mucho. Es un amigo de María y ella lo utiliza para convencer, a tontas como tú, de lo bueno que es ser puta.—

–¿Tontas como yo? Y cómo tu, ¿no?

–Si, tienes razón, también como yo, no nos peleemos por eso.—

–Mamá, ¿desde cuándo conoces a María?

–Desde hace muchos años. Cuando entramos Marga y yo en el grupo Ji, (X en griego), ella estaba allí. Trabajaba como celestina de G, que regentaba una cadena de puticlubs de carretera y un club de citas para gente importante, donde empezamos a putear Marga y yo recibiendo a “Señores”, que pagaban cifras astronómicas por hacer guarradas con nosotras. Claro que, muchas veces, disfrutábamos.

–¿Y qué hablasteis cuando te llamo?.—

–Me llamo por teléfono, quería hablar conmigo. Le dije que viniera a verme y me contestó que quería mostrarme algo, que era muy importante. Me esperaba en su casa el siguiente martes a las once de la mañana.

Cuando llegué a su casa la noté muy nerviosa, atropelladamente, de sopetón, me dijo que tú estabas allí con un cliente.

Me entro lo que no puedes imaginarte. No quería esta vida para ti.

Se me aflojaron las piernas y tuve que sentarme.

Cuando me calmé me explicó que habías llegado allí por casualidad, ella no supo que eras mi hija hasta el día antes. Hablando con Paolo le dio tu nombre completo, asoció el segundo apellido conmigo, indago y lo confirmó.

Ella me conoce y sabe que puedo crearle problemas, así que opto por decírmelo antes de que me enterase por otro lado.

Me dijo que si quería verte, me levanté y fui a la habitación del cuadro, lo quité, miré y allí estabas tú.

Era uno de tus primeros encuentros con el tipo importante.

Estaba dispuesta a entrar y formar una bronca, pero María me calmo y me hizo ver que tú eras como yo de cabezona, que te gustaba aquello y lo disfrutabas, como yo.

Y que si te sacaba de allí lo harías por tu cuenta, con los peligros que sabemos conlleva. Al menos allí María te tendría más controlada.

Así que decidí dejarte como estabas.

Por cierto mamabas muy bien aquella mierdecilla de polla, tienes una habilidad especial.—

–Al parecer es de familia. Nos gusta y ya está.—

Dejo la grabación porque entran Mila y Ana en la cocina

–¿Que vamos a hacer con lo de papá?—

–Tal y como están las cosas, lo que él diga. De todos modos ya estaba harta de esta vida. Después de la paliza del otro día me estaba replanteando si seguir o no con las citas.—

–Oye, ¿nos estará escuchando?

— Quien sabe. De todos modos las imágenes que vimos eran del dormitorio, allí si puede que esté grabando.—

–Por cierto, ya he llamado a Marga, Claudia y tu amiga para que vengan a comer y no sé dónde está tu padre. Voy a llamarlo al móvil.—

–¿Para qué las querrá ver?

Suena mi teléfono.

–¿Si?, dime Mila.—

–José, he invitado a Marga y a Claudia con su niña para que vengan a comer. ¿Tú estarás no? Me dijiste que las llamara.

–Vale Mila, te dije que tenías que llamarlas pero no cuando. Por esta vez pase, pero la próxima no llames a nadie ni hagas nada sin consultarme. ¿Está claro?

Dentro de un rato estoy ahí–—

–Ssi, perdona no volverá a repetirse.—

Cuelga.

–Vaya, ¿a que resulta que no conocíamos a tu padre? —

–¿Que te ha dicho?.—

–Que ahora viene, pero echándole genio—

–Y que esperabas después de lo que le hemos hecho. Mama, me da mucha pena. Es muy bueno y no se merecía esto.—

–Ya me lo has dicho dos veces, ¡Sí! lo he engañado, pero ¿Qué podía hacer? Convertirme de la noche a la mañana en la puritana que aparentaba ser cuando me casé? ¿Consumirme en casa como una monja mientras el mundo giraba a mí alrededor?

No Ana. Hubiera sido peor. Hay millones de parejas que viven toda su existencia amargándose, sacrificándose, sufriendo y haciendo sufrir a toda la familia. Al menos nosotros hemos sido felices, hasta ahora. Nos gusta follar y lo hemos hecho. Ya está.

–Pero, es que no ha sido un simple engaño, ha sido monstruoso mamá. Hasta ahora yo no era consciente de lo que estábamos haciendo y de las consecuencias que podía acarrear.—

–Que le vamos a hacer. Ahora solo podemos esperar a ver que decide papá. Y obedecer.

Si lo piensas bien no es muy diferente a lo que he estado haciendo hasta ahora. Me llaman, acudo a la cita y obedecemos las ordenes que nos dan, chupa, chupo, chocho, chocho, culo, culo, lo que nos piden lo hacemos.

La única diferencia es que será papa quien lo organice.

Quizá no sea tan malo, sobre todo para ti. Recuerda que te dije que no estaba conforme con lo que hacías. Que debías dejarlo, que eres una niña.–

–Y yo te conteste que tú no eras quien para decirme que debía hacer. Ahora me arrepiento, lo siento mama. Quizás tengas razón y esto que ha pasado sea lo mejor.—

Me voy para mi casa. Ya no me altera nada. Sigo adelante con mis planes.

En la entrada me encuentro con Marga. Nos saludamos con un beso y subimos.

–Hola familia, ¿que se celebra hoy para invitar a tita Marga?—

–Es una comida familiar y tu eres de la familia.—

–Si Mila, pero sospecho que algo mas ocurre. ¿No estarás embarazada?

–No querida. Eso se acabo.

Cuando tuve a Mili me hice ligar las trompas para evitar más embarazos.—

Me quede de piedra, yo no sabía nada. La miré. Si pudiera la hubiera fulminado con los ojos.

–Vaya, gracias por avisar, ¿Guardas más cosas en tu armario?

–Puede José. Puede. Ya irán saliendo según vayas aceptándolas.—

–Oh. Oh. Aquí pasa algo y yo me quiero enterar.—

Mire a Marga a los ojos.

–Te enteraras, Marga, te lo aseguro.—

–Mila, Ana poner la mesa.—

Marga me mira sorprendida, normalmente era yo el encargado de prepararlo todo.

Llaman al portero. Contesta Ana y abre, son Claudia y su hija.

Abro la puerta, entran, saludo con un beso.

–Que sorpresa, José en casa un lunes. ¿Ocurre algo?—

–Ya hablaremos, pasa al comedor.—

Ana intenta irse a la habitación con la hija de Claudia.

–¡¡Ana!! Veníos al comedor. Nada de secretitos por ahora.

Vuelven las dos y nos sentamos a la mesa. Comemos sin casi intercambiar palabras.

–Oye Marga ¿tú sabes que hacemos aquí?—

–Se lo mismo que tu Claudia.—

Terminada la comida me dirijo al equipo de sonido.

–Queridas, el motivo de esta reunión es el de poner algunas cosas en claro.–

Conecto el pendrive con las fotos y la grabación sonora de los lavabos del bar de Chueca.

Claudia abre los ojos como platos. Marga, Mila y Ana me miran con asombro.

–¿Qué es esto José? ¿Qué pretendes con esto?

Claudia me fusilaba con la mirada.

–En principio que tu hija sepa algo de ti que no sabía. Si te digo la verdad fue patético, dejaste al pobre chaval traumatizado para el resto de su vida ¿Cómo podéis ser tan egoístas?.—

–Claudia, hija vámonos.—

–No Claudia, quédate, te conviene, también vas a conocer a tu hija.—

Selecciono la grabación de la niña con mi hija y los sus “clientes”, incluida la charla donde se habla de María.

–¡¡Claudia por dios!! ¡¡Que es esto!!

La niña se rebrinca.

–Ya lo ves mama, a mí también me gusta follar.—

Marga no dejaba de mirarme con gesto escrutador. Ya se imaginaba lo que estaba pasando.

–Claudia, a partir del 3 de Junio, lunes empiezas a trabajar para mí en mi agencia como puta. La discreción será total, ganaras dinero y te follaran, que es lo que te gusta.

Si no aceptas tu marido y toda tu familia recibirá las grabaciones las fotos que tengo y, jajaja Tus bragas. Con restos de tu calentura y los del chaval a quien casi conseguiste follar.

Ya lo decía tu hija, te cuesta la misma vida correrte y aquel muchacho, me consta, hizo lo que pudo.—

Sentada en el sofá se abraza a Mila sollozando.

Marga me mira fijamente, con sorna.

–Y a mí, ¿cómo me vas a chantajear?.

–De ninguna forma Marga.

A ti te voy a proponer un negocio, que no creo que dejes escapar.

Como he dicho a Claudia en un mes y medio estará funcionando la agencia, por eso necesito tu ayuda, tus contactos, y quizás tu fidelidad.

Creo que has sido la más honrada de todas y prefiero que seas tú quien me ayude a llevar este negocio. ¿Qué contestas?

Ya más relajada, su cara reflejaba sorpresa, incredulidad.

–Jajaja. ¿No vas a dejar que lo piense?

–Si. Un minuto. O te subes al tren o lo pierdes.

–Jajaja. No me dejas elección. De acuerdo. ¿Cuándo empezamos?

–¡Ya!. Ahora mismo—

–Las niñas a la habitación de Ana. No salgáis de allí hasta que yo os llame.—

Mila me miraba asombrada.

–No Mila, no estoy loco, he estado a punto de perder el juicio por tu culpa, pero no.

Marga, durante años he deseado besarte, ¿Puedo?

Marga sin dudar se acerca a mí la tomo en mis brazos, acerco mis labios y la beso, me gusta, huele muy bien, además de su perfume detecto un delicioso aroma a hembra en celo.

Pongo música chillout, suave.

–Marga, ¿bailamos?.—

Inicia un baile sensual con movimientos sugerentes. Yo me muevo a su alrededor. Ayudo a desprenderse de la camisa y queda desnuda de cintura para arriba. No lleva sujetador. No lo necesita, sus pechos no son grandes pero sí muy hermosos. Las aureolas como pequeñas monedas de un delicioso color rosado y un pezón casi imperceptible.

–¡¡Vamos, espabilar Mila, Claudia!!.

Ahora soy vuestro cliente, tenéis la obligación de complacerme, si no lo conseguís no cobráis.—

Mila intenta marcharse y la detengo.

–No Mila. Tú te quedas. Quiero que estés presente. ¡¡Obedece!!

Marga sorprendida no pierde el tiempo y me desabrocha la camisa. Me desprendo de ella y del cinturón del pantalón que se encarga de bajarme. Le quito la falda y admiro sus torneadas piernas con un tanga hilo dental negro con lacitos en ambas caderas y medias grises hasta el muslo con ligas.

Paso el dedo índice de la mano derecha por sus labios, su boca se abre y lo captura en un voluptuoso chupeteo.

Mi mano izquierda acaricia sus pechos, los pezones crecen, parecen pequeños garbancitos, duros y rugosos. Deslizo mi mano izquierda a lo largo de su vientre acariciándola mientras con la derecha sujeto su cabeza con los dedos entre sus sedosos cabellos atrayéndola hacia mí, besándola con ansia, con desesperación. Jamás había besado a otra mujer además de Mila.

Mi excitación me hace estremecer, mi miembro constreñido por el slip me produce dolor.

Al llegar con mi mano izquierda al elástico del tanga paso mis dedos por dentro hasta colocar mi mano sobre el pubis.

Meto un dedo en su húmeda fruta y da un respingo.

Me paro un momento y empiezo a frotarlo, a pasarlo a lo largo de su raja que moja toda mi mano, froto lentamente arriba y abajo varias veces hasta detenerme en su guisantito abultado por la excitación. Me entretengo en el mientras sigo besándola y arañando con mis dedos su nuca.

Lanza un grito y con un extraño movimiento, me aprisiona entre sus muslos con una fuerza inusitada.

No puedo mover ni sacar mi mano, la sujeto con mi brazo derecho por la espalda para que no se caiga y la deposito en el sillón.

Se deja caer con la cabeza hacia atrás. Al poco se recupera.

–¡¡¡JODER, JODER, JODER!!! ¡¡Ha sido bestial!!

Hacía años que no me corría así. Mila eres una hija de puta. Lo tenías guardado y no lo aprovechabas. Has perdido y me has hecho perder quince años de autentico placer.

Mila sentada junto a Claudia en el sofá cubre su cara con las manos.

–¡¡Mila, mírame!! Quiero que veas en lo que me has convertido.

Mila levanta la cabeza y me mira con profunda tristeza. ¿O la finge? No lo sé aún.

–¿Qué quieres que vea? ¿Qué ha sido necesario que me veas follar como una perra para que te comportes como un hombre? ¿Para qué dejes de ser un santurrón con la mente de un monje? Si lo hubieras hecho hace quince años, ahora no estaríamos así.

–Tienes mucha razón, pero tú lo sabías, sabías como era hace quince años. Si me hubieras dejado entonces mi vida sería otra, sin tener que pasar por las humillaciones que me has prodigado. Ahora ya no tiene remedio. Marga ven conmigo. Vosotras quedaos aquí, ya os llamare.–

Me llevo a Marga al dormitorio. Me tiendo, ella se arrodilla en el suelo entre mis piernas, con las dos manos coge mi verga que ha empezado a encogerse por el altercado con Mila.

Pasa sus labios por el glande, golpea ligeramente con la lengua el prepucio, sube a la cama y coloca su sexo sobre mi cara.

Es la primera vez que tengo un sexo tan cerca de mi cara. Lo que me estaba perdiendo. No se lo pedí nunca a Mila y ella tampoco me lo ofreció. Aunque de haberlo hecho quizá yo lo hubiera rechazado.

Beso y con la lengua acaricio su grieta. Me impacta el sabor, que yo pensaba sería desagradable y ahora compruebo que me gusta, un punto salado pero suave. Ella chupa y lame mi miembro hasta que la rigidez se me hace insoportable.

Empujo suavemente su culo desplazándolo y ella, comprendiendo lo que quiero, coloca su vulva sobre mí y se empala. Deja caer su torso sobre mí y siento sus senos duros y sus pezones sobre mi pecho. Me abraza, sus besos son cálidos, húmedos. Mueve sus caderas con la maestría de años de experiencia. Intento pensar en todo lo ocurrido, en las lágrimas que he derramado, en mi desgracia. Estos pensamientos retrasan la eyaculación, Marga de pronto grita, araña mis hombros, mi espalda, me estruja entre sus brazos y grita.

¡¡¡AAHHH!!! ¡¡¡QUE GUSTO DIOOSS!!

¡¡JOSÉ TE QUIERO, TE HE QUERIDO DESDE QUE TE CONOCÍ!!

Tras un fulminante orgasmo se desploma sobre mi pecho. Yo al sentirla arqueo mi cuerpo penetrándola totalmente y me derramo en su interior.

Lo que sentía es inenarrable. Era fuego en mi pecho. Mi corazón casi se paraba. Me faltaba aire.

— ¡Marga. Te quiero. Yo también te quiero!.

— Te he querido siempre.

–Pero mi moral, mi ética, no me permitían demostrarte mi amor.

–Yo era un hombre casado y me debía a mi familia. Ahora todo es distinto.

Acaricio su espalda su nuca, la redondez de su culo, la piel suave delicada, deslizo su pelo entre mis dedos.

–Pero a pesar de todo también quiero a Mila, ha sido mi compañera durante muchos años.

–Al principio me engañe a mí mismo, confundiendo amor con obligación. Ahora siento cariño y pena por ella. Sabes bien que me casé por el embarazo. Era mi responsabilidad.

–Con el tiempo he llegado a quererla, pero su traición ha hecho inviable nuestro futuro juntos. Por otro lado están los pequeños a los que quiero, a pesar de no ser míos. –No quiero que sufran.

–Ya lo suponía, Mila no tenía idea de quienes podían ser los padres. Cuando descansaba de los anticonceptivos estaba muy expuesta, trataba de poner barreras pero cuando bebíamos en alguna fiesta perdía los papeles.—

–Y las bragas Marga, y las bragas. Así me engañó. En una de las pocas fiestas a las que me llevó, me convenció para beber tequila, yo no estaba acostumbrado al alcohol, me maree, me arrastro a una habitación donde había otra pareja follando, los aparto y me coloco a mí en la cama.

–Los otros siguieron y cuando me di cuenta estaba desnudo y ella me estaba cabalgando.

–Era mi primera vez, en un momento de lucidez la vi desnuda, con sus pechos botando y la otra pareja mirándonos. Aquello era alucinante y llegue al clímax.

–Después lo hicimos algunas veces más, pero ella se cabreaba cuando me corría enseguida y ella no llegaba. Y en lugar de ayudarme a superarlo me hizo un cornudo.

–Y lo sigues siendo, un maldito cabrón que ahora me traiciona a mi.—

Mila y Claudia nos miraban desde el pasillo.

–Lo has oído. Bien me alegro. Pues esto es lo que has conseguido, un cabrón.

Y como estoy en periodo de aprendizaje en un curso de cornudos, Marga necesito que me ayudes en esta aventura que es nueva para mí. ¿Le comerías el chocho a Claudia?

–Me encantaría, es una estrecha para ciertas cosas. A mi ya sabes que me encanta comerme un chumino y que me lo coman..—

–Pasa Claudia, creo que te perdiste algunos temas del curso.

–¿Yo? ¿Qué quieres hacer ahora conmigo?

–Ya lo veras. Por lo pronto desnúdate, Mila ayúdala.

Se desnuda y se acerca a la cama.

–Esto no me gusta José.—

–Te gustara ya lo veras. Marga tiéndete y tu Claudia colócate al revés sobre ella.—

–Esto es un sesenta y nueve.—

–Así es, comeos el coño, ¿Te gusta Marga?—

–Si, ya sabes que me gustan los chochetes. Jajaja—

— ¿Y a ti Claudia?

–Estoy muy cohibida, me da vergüenza.

–Mila desnúdate y ayúdalas.—

En silencio se desnuda y se tiende al lado de la pareja acariciándolas.

–¿Habéis hecho esto muchas veces?—

–Muchas con Marga pero Claudia no solía participar, era mas de polvete y sal corriendo en el WC de cualquier bar.—

— ¿Y le cuesta correrse?

–No le conozco ningún orgasmo con nosotras, es muy dura y no venía a las orgias. Decía que no le gustaban.–

Mientras hablábamos se comían sus respectivos chochos. Me coloco detrás de Claudia que se mueve inquieta.

–Por atrás no, por favor que no me gusta.—

–Te gustara, ya lo creo que te gustara.—

Emitía grititos, como una niña pequeña.

–Mila trae el bote de lubricante de tu armario. Ah y no lo cierres nunca más con llave.—

Mila obedece. Dejo caer un chorro de líquido en el culo de Claudia, que da un respingo al sentir el frio.

–Ahora me toca a mi.—

Deslizo arriba y abajo mi miembro rozando los labios de su coño hasta que lo siento suficientemente húmedo, entonces penetro su cuerpo, lentamente, centímetro a centímetro, hasta tenerla toda dentro. Marga le lamia el clítoris y mis testículos. La saco despacio, a cámara lenta y noto la agitación de la mujer, acelero y cuando la oigo jadear con fuerza ante el inminente orgasmo, se la saco.

–Marga, párate.

–¡Ahora no os paréis, cabrones! Estoy a punto de correrme.

Inicio la introducción en su ano y ella protesta, se mueve hacia los lados.

–Marga sujétala—

Y con un fuerte golpe de caderas meto más de la mitad, ella grita. Me quedo quieto.

–No te habían follado nunca el culo ¿verdad?—

Llorando.

–No, nunca ha entrado nadie por ahí.

Mila le da una palmada en la nalga y le grita enfadada.

–Entonces nos tenias engañadas, nos decías que tu marido te lo hacia todos los días zorra, que es lo que le gustaba.—

–La mentira es la norma en este mundillo.—

Comienzo un lento mete saca, sigo rociando con el lubricante, su esfínter comprimía mi polla pero la situación me excitaba y me la endurecía.

Consigo que se relaje y la follo sin compasión. Grita pero Marga apretaba su cabeza contra su coño tapándole la boca.

Silencio, solo se oye el chop-chop de mis testículos golpeando sus muslos.

Nos sorprende con un grito, unos movimientos descontrolados, espasmódicos y se deja caer desmadejada sobre Marga, que se la quita de encima medio asfixiada, con la cara llena de fluidos varios.

Cuando nos reponemos nos me dirijo a la ducha.

Mila me interroga con la mirada.

–¿Qué?

–¿Yo no participo en el cursillo?—

–No Mila, a ti no puedo enseñarte nada sobre sexo. Tendrás que hacer cursillos de otras cosas, por ejemplo sinceridad, honestidad, dentro de tu mundo de rameras.—

Mira al suelo, recoge y se pone el vestido que llevaba.

Ya todos vestidos conduzco al grupo al salón y llamo a las niñas, que se han enterado de todo desde el pasillo.

–Bien señoritas. Esto va a cambiar para ustedes también y mucho. Ya he visto sus notas del último trimestre. Nefastas.

–He reservado dos plazas para el próximo curso en dos institutos privados. En función de las notas del próximo trimestre, irán a uno u otro.

–El primero es serio pero abierto. O sea a comer y dormir en casa. El segundo es de régimen cerrado o sea interno. Vosotras veréis lo que os conviene.

Ana no protesta, agacha la cabeza y asiente pero Claudia me mira altanera.

–Y si no me da la gana ir. Tú no eres mi padre.—

Muy tranquilo, bajando el tono. Las demás mirándome.

–Tienes razón, no soy tu padre.

–Claudia, explícale a tu hija lo que ocurriría si tu padre se enterase de todo lo que yo sé, sobre ti y sobre tu madre. Si esto trascendiera vuestras madres irían a prisión y vosotras a un centro de menores. Piensa que en estas semanas pasadas he estado al borde del suicidio.

Lo he perdido todo. Vosotras sois lo único que voy a intentar salvar. Tú y Ana, sois ahora lo que más me importa.

En pocos años seréis mayores de edad, espero que las decisiones que estoy tomando ahora, sirva para que toméis las decisiones acertadas de cara a vuestro futuro.

Ana ya te ha puesto en antecedentes de cuáles son las normas. No me importa si os folláis a medio colegio, pero siempre dentro de un orden.

Nada de prostitución ni escándalos. Nada de drogas ni alcohol. Así nos llevaremos bien y tendréis acceso a muchos caprichos.

–Claudia, hija, tenemos que hacerle caso. No le discutas. Es la mejor solución.

–Ana un taxi y a por los niños.—

–Mila, dame las llaves del otro piso y prepara la merienda.—

–Claudia y Marga conmigo.—

Nos trasladamos los tres al otro piso. La distribución era idéntica a la del mio pero al revés, o sea como visto en un espejo.

–Marga, ¿tengo entendido que has hecho algo de decoración?—

–Si claro, estudie bellas artes, ¿No te acuerdas?

–Lo recuerdo, por eso te pido que te hagas cargo de acondicionar este piso para la tarea a realizar aquí. O sea, follar. Tiene que ser algo coqueto, agradable, que incite al goce y la lubricidad.—

–Por mi encantada, pero ¿Nosotras trabajaremos aquí de putas?—

–¿Tu quieres? Claudia lo tiene que hacer y creo que tu también. Además tengo en mente un plan que seguramente os gustara. Vamos con Mila.—

Mila está preparando la merienda de los niños y algo para los demás.

–Ya tengo la libreta con nombres y direcciones de clientes de Mila. Y los listados de correos electrónicos de la web de Mila. Que por cierto ya está cerrada. Seleccionare nombres para que investiguéis las correrías de las mujeres de los “clientes” y después invitarlas a trabajar con nosotros, por muy buenos ingresos, claro. Algunas os resultarán fáciles, ya las conocéis, por ejemplo la mujer de Edu. ¿Qué os parece?

Mila me mira con incredulidad.

–¡¡Tu lo que quieres es venganza!!

–De todas no, solo de algunas. Pero ¿qué más da si mi venganza os beneficia?

–No puedo creer que hayas caído tan bajo—

–¿Más bajo que tú!? A ti te lo tengo que agradecer.

–Ahora voy a ser un verdadero cabrón, ya te lo dije.

–Tú me has hecho así. Ahora no te extrañes de nada de lo que haga.—

Llega Ana con los niños. Merendamos. Yo me siento bien por primera vez en mucho tiempo.

–Mañana empezamos a trabajar. Claudia. Tu estudiabas derecho ¿verdad?—

–Si pero no termine, me case con un abogado—

–Pero algunos conocimientos tendrás. Ponte al día en temas de constitución de empresas, hacienda, permisos para actividades en fin para montar una o varias empresas.

Y ahora a casa que es tarde.

Mila acuesta a los niños y con Ana nos sentamos en el salón. Se sientan una a cada lado, me dejan en medio. No sé porqué encendemos la tele. No la vemos. Cada cual con sus pensamientos.

–Ana, dijiste que sabias lo que hacía mamá, desde hace mucho tiempo.

¿Cómo lo supiste?—

Mira a su madre y luego a mí.

–Ya hace unos años. Tú estabas de viaje, tenias que dar un curso de unos aparatos, eso me dijiste, era en Málaga y estuviste muchos días fuera.

Una noche mamá se puso mala. Después supe lo que era, estaba bebida.

Nos mando a dormir y nos dio un vaso de leche, como muchas veces. Los niños se lo tomaron pero yo se lo cogí y lo deje sobre la mesita para tomarlo luego. Sin darme cuenta lo deje caer. Cogí una toalla del baño y lo seque todo, mama estaba en la ducha y no se entero. Los cristales los tire a la basura. Y me acosté.

Al rato la escuche hablar con alguien en el salón, se reían y se oía música. Me asomé y vi que estaban mamá y un señor en el sofá y se abrazaban y se besaban.

Volví a mi cama pero no podía dormir. Al ratito los oí por el pasillo hacia el cuarto de Mamá, había dejado la puerta un poquito abierta y por la rendija vi que el señor le sacaba las tetas a mamá con una mano mientras la abrazaba con la otra.

Cuando entraron en el cuarto dejaron la puerta entreabierta. Esperé un poco.

Me acerque por el pasillo y, desde la puerta, vi a mama desnuda encima de aquel hombre y chupaba algo entre sus piernas.

Después se puso de revés y ella chupaba y el señor le chupaba a ella el chichi.

Me asuste mucho, no sabía qué hacer y me quede quieta a ver qué pasaba.

Aquello me daba miedo pero también me atraía, no podía dejar de mirar.

Mamá se colocó sobre el hombre y se metió la cosa aquella que chupaba en su pepe y botaba encima y daba grititos y parecía que lloraba y yo creía que le hacían daño, me puse a llorar. Y me oyeron. Mamá se giró y me vio.

Yo llorando me fui a la cama, pero ella entro al momento y me acariciaba el pelo y la cara, las manos le olían raro. Me daba besos que olían a tabaco.

Le pregunte quien era aquel señor y me dijo que un amigo de papá, que no se encontraba bien y papa le había dicho que fuera a verla a ella para que no estuviera sola y triste.

Que papa lo sabía, pero que no le gustaba que habláramos de eso y que si le decía algo se enfadaría mucho conmigo.

Me sentía mal, muy mal. Se me revolvió el estómago. Con tan tierna edad, mi hija, había visto a su madre follando con un desconocido. Y la madre le miente y la convence de que su padre lo sabe y lo acepta. Y mantiene la mentira durante años. Es demencial.

Mila agachaba la cabeza sin atreverse a mirarme. Ana viene hacia mí me abraza y me besa con verdadero cariño. Como pidiendo perdón, cuando la culpable era su madre.

La abrace y mire sus ojos empañados por las lágrimas, y no, no llore. Ya no quedaban lágrimas. Tanto dolor endurece. Enfurece.

Nos fuimos a la cama, Ana remoloneaba, no quería acostarse. Mila la convenció. Y nos acostamos Mila y yo.

–Mañana nos traen una cama nueva, colchón, almohadas y vamos a llevar toda nuestra ropa de cama y los muebles al otro piso.-

–¿Es necesario?—

–Es imprescindible. Me da asco dormir aquí después de lo que he visto.-

–Y de lo que has hecho esta tarde ¿No te da asco?-

–No Mila, en absoluto. Tal vez tengas razón en algo. Debería haber probado antes todo esto. Pero aun tengo tiempo para aprender.-

–¿Quieres que te enseñe?-

–No. Tuviste quince años para enseñarme y no me permitiste ni siquiera verte desnuda, y ahora ¿Quieres hacer en una noche lo que no hiciste en quince años?.

–¡No!. Ahora me sucede algo muy raro.

–El amor que yo creía sentir hacia ti, primero se volvió rabia, dolor, después se ha convertido en lastima y ahora en indiferencia.

–No siento nada por ti Mila. Ahora ni siquiera me atraes sexualmente, ha sido algo extraño para mí. Se fueron mis principios, mi ética, mi moral mi estima y mi amor. Ya no queda nada.

–Pero yo te deseo. Te quiero. Ahora sé que no puedo vivir sin ti, sin tus halagos, tus atenciones, tus besos. Te necesito. (Sollozando)

–Pues vete acostumbrando. Seguiremos aparentando que no ha pasado nada ante los niños y ante amigos y conocidos, pero aquí entre nosotros ya no queda nada.

–En cuanto a halagos, atenciones y besos, los imprescindibles cuando haya alguien delante, pero nada más.

–¡Olvida a José, Mila!. ¡Olvídalo!. Hazte a la idea de que el José que conocías ha muerto. Buenas noches.

Le di la espalda y me quede en silencio. Sollozaba. Oí muy despacio.

–Dios mío. ¿Qué he hecho?-

No pude evitarlo. Salté.

–Mila, ¡¡ese dios al que ahora te diriges era mi guía!! ¡¡Ese dios ya no existe, ha muerto con el otro José!!

Vi a Ana en el pasillo de entrada. Lloraba, me conmovió. Me acerque a ella y la abrace intentando serenarla, tenía el corazón encogido, hipaba con desesperación. La acompañe a su cama. La acosté me tendí a su lado, se acurruco contra mí. Temblaba.

–¿Papa tu no me dejaras verdad?

–Ana, te quiero más de lo que puedas imaginar, cuando tengas hijos lo entenderás. Pasamos por una fase crítica. Se ha derrumbado el edificio de nuestras vidas y hay que empezar a construir desde cero.

–Ahora, lo que necesito de ti es sinceridad y obediencia. Solo así podremos remontar esta crisis.

Tenía a mi hija sufriendo entre mis brazos y una gran ternura se apropio de mí. La estreche entre mis brazos. Ella levanto su cabecita y me dio un beso, a continuación otro. Y otro. Intentó besarme en la boca. Sentí un roce de su mano en mi bajo vientre. Y me aparté de ella. Con el movimiento de mi cabeza le dije, no.

–Ese no es el camino, Ana.

–¡¡Papa, te lo suplico no te enfades conmigo!!.-

–No Ana, no me enfado, pero es precisamente esta actitud tuya la que debe cambiar. Aun eres una niña por mucho que te creas mayor. Has aprendido demasiado pronto las artes de la seducción, pero no cuando y con quien puedes o debes utilizarlas. Y son un arma de doble filo.

Ya sabía que lo intentarías, pero también que no debo permitirlo. Y no lo haré. Si consintiera esta relación dejaría de ser tu padre para convertirme en uno más de tus amantes o peor, clientes.

No, la única razón por la que sigo aquí eres tú. Mi hija. Y no quiero perderte. Tu principal problema en este momento son tus estudios, tu comportamiento, no me falles Ana.

Ahora duérmete y descansa.

Beso su frente y al salir de la habitación veo a Mila de pié, en medio del pasillo llorando.

Se abraza a mí, la acompaño a la cama y la acuesto.

Me tiendo a su lado y tardo poco en dormirme.

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