Miércoles 1 de mayo de 2013

El trasiego mañanero es el de todos los días, Pepito y Mili peleándose por el baño, Ana, pacientemente mediando en la disputa.

Es mi casa, son mi familia, mis hijos, mi mujer.

Pero que estoy diciendo.

¡Despierta José!. ¡Ya nada es igual, todo ha cambiado!.

La casa, la familia, el trabajo. Todo eso pertenece al pasado. El ahora es distinto.

–Mamá, nos vamos.

Es Ana, se lleva a los niños. Me levanto y me termino de despertar con una ducha. Mila me observa desde la puerta del baño.

–Buenos días dormilón.

–Buenos días Mila, ¿Cómo estas hoy?

–Más tranquila. ¿Te lavo la espalda?

–Como quieras.

Entra y refriega mi espalda con la esponja. Me enjuago y salgo de la ducha. Mila me mira atentamente.

–¿Que miras?

–¿No puedo mirar a mi marido?

–Claro pero no puedes tocar.

–Lo sé. Solo miro. Has adelgazado.

–Bastante, he perdido cinco kilos en menos de un mes. Los cuernos deben ser una buena dieta.

–Ya estamos otra vez. Por favor, me haces daño.

–Dejémoslo así. Vamos a desayunar.

Se oye la puerta. Es Mariele. La muchacha que ayuda a Mila en la casa y en la cama.

–¿Hay alguien? Donde estas Mila?

–Aquí, en el dormitorio.

–¿Ya estas dispuesta a coger mamita?

–Si me dejan ¿Por qué no?

–¿Y quién te lo va a impedir?

Entra en el dormitorio y me ve desnudo junto a Mila.

–Hay por dios, perdóneme usted señor, no sabía que estaba aquí y le gastaba una broma a su esposa. Me da pena verle desnudo señor.

–No te de vergüenza Mariele. Y no te preocupes. Sé lo que hay entre ustedes.

Y si estas dispuesta a coger, cogeremos, a mi me encantará. ¿Qué te parece Mila?

–Estoy dispuesta, llevo más de una semana sin correrme, si me dejas lo disfrutaré.

–Mariele, ¿te apetece?

–Hay señooor, estoy apenaada. Pero si no hay bronca por mi vale.

–Acercaos y acariciaos las dos. Me gusta veros.

Mila se acerca a Mariele y le besa los labios, le quita la ropa hasta dejarla desnuda. Se desnuda a su vez. Forman un bello cuadro, dos cuerpos, jóvenes, esbeltos, de piel suave como la seda, una blanca, la otra de tono canela, acariciándose. Se tienden en la cama.

–Mariele, sé que te atrae el fisting y a mí me gustaría aprender a practicarlo. Mila me guiará para no hacerte daño, ¿Qué te parece? ¿Mila me enseñarás?

–Estoy dispuesta si Mariele está de acuerdo.

–¡Ay! Señora no me hagan daaño. Me dolerá la chimba.

–No temas. Cuando quieras paramos.

–Mila colócate debajo y ella encima, en un sesenta y nueve.

Se colocan y se besan sus respectivas chimbas. Acaricio sus cuerpos con mis manos en sus pechos, sus pezones, sus nalgas. Me detengo en las de Mariele y beso su ojete. Mila intenta besarme pero solo le permito llegar a mi barbilla. Sigo hurgando con mi lengua. La chica no puede más y llega a su primer orgasmo. Llaman al portero. Será Marga me levanto y voy a abrir.

–Continuad, no os paréis.

Marga se sorprende al verme desnudo pero reacciona y me saluda con un beso en los labios.

–¿Qué estabais haciendo? ¿No os habréis liado verdad?

–Algo sí, pero no te preocupes, nada entre Mila y yo. Está con Mariele.

–¡Ah putones! ¡Zorras ahora veréis lo que os espera por haber empezado sin mí!

Me rio de la ocurrencia y vamos al cuarto, Marga va dejando la ropa por el pasillo. Al llegar al dormitorio va con zapatos, las medias y el tanga. Es una preciosidad de mujer. Al llegar a la cama lanza los zapatos y se une a la pareja.

–Dejad algo para mí. Un chochito por favor.

Saca a Mila de debajo y se coloca ella, están cruzadas en la cama de forma que presentan cara y culo a ambos lados. Me dispongo a follar a Mariele.

–Métame la poronga en la chimba señor José, para calentarme.

Ella misma coge mi poronga y la coloca en posición. Empujo un poco y entra como un cuchillo en manteca, me muevo adelante y atrás. Mila se endereza y me besa, lo acepto. Sigo practicando las enseñanzas recibidas. Pensar en otra cosa, no en lo que se está haciendo. La muchacha lanza un aullido y se desploma sobre Marga. Mila se apresura a chupar mi polla que sigue firme. Marga me acaricia los testículos.

–¡Folla ahora a Mila, José! ¡Fóllala!

Mila se incorpora y me mira con ojos suplicantes. Con mis manos rodeo sus hombros y la atraigo hacia mí. Beso sus labios, me saben a miel, me embarga la emoción y la estrecho fuertemente entre mis brazos.

Marga le indica a Mariele que salga y se marchan las dos. Nos dejamos caer sobre la cama, seguimos abrazados, la siento cerca, más cerca que nunca.

Nos fundimos, ella dirige mi miembro hacia su interior, la penetración es lenta, se desliza suavemente hasta las profundidades de su cuerpo. Acaricio sus senos, los hombros, paso mis dedos por sus labios que se abren para dejarlos entrar, los lame. Con mi mano en su nuca la atraigo hacia mí, hacia mi boca y bebo sus carnosos labios, su lengua que juguetea con la mía. Estoy ciego de pasión, no puedo pensar, solo en ella.

Nos movemos, al unísono, despacio, más rápido, más y más hasta estallar en el mayor y mejor orgasmo de mi vida. Su cuerpo se estremece, convulsiona y grita, un grito que sale de lo más hondo de su ser, le falta el aire, se agita y se derrumba, sigue con la respiración agitada.

Dentro de mí se libra una terrible batalla. Quiero a esta puta.

Y por su engaño estoy descubriendo un mundo nuevo, distinto a todo lo conocido por mí anteriormente.

Hacer que una mujer se corra de gusto, alcance el máximo placer en mis brazos, me produce una sensación totalmente desconocida.

Una emoción distinta a las anteriormente experimentadas.

Y seguro que la mayoría de los hombres desconocen este placer. Como yo lo desconocía.

Poco a poco se va normalizando. Con sus dos manos aprisiona mi cara y la atrae hacia ella, me besa, como jamás me había besado.

–¡¡Gracias!! ¡Gracias, José! ¡Te quiero!

–No tienes porque darlas Mila, sabes que te quiero y te seguiré queriendo a pesar de todo. No sé si es una bendición o una condena.

Regresan las chicas. Desde los pies de la cama Marga nos mira con un poco de resentimiento.

–Vaya con la parejita, ¿Lo habéis pasado bien?

–He follado mucho a lo largo de mi vida Marga, tú lo sabes, pero nunca había hecho el amor. Y esto es distinto. Es algo maravilloso. Lo que he sentido hoy no lo había experimentado nunca. Y es distinto a todo lo que he vivido hasta ahora.

La emoción de Mila es evidente, sus ojos están anegados de lágrimas. Endurezco el gesto.

–Sin embargo, yo he querido hacerte el amor durante quince años y ahora lo que hago es follarte. Ya ves como cambian las cosas Mila. Vamos Mariele, Marga, sigamos con el curso de fisting.

–Eres cruel José, no sigas lastimando a Mila. Te ama.

Marga me miraba con tristeza.

–Quizás, pero aun no estoy seguro de su sinceridad.

Mila no puede más.

–¿Necesitas más pruebas? ¡¡Haré lo que me pidas!!.

–Déjalo estar Mila, dame tiempo. Aun está todo muy reciente.

–Ahora lo que quiero es experimentar, aprender y follar. Tengo que recuperar el tiempo que he perdido. Tal vez a ti también te convenga experimentar con esta nueva forma de relacionarte conmigo, para eso necesitas tiempo. Según has dicho nunca habías hecho el amor. ¿Eso es cierto? ¿Puedo creerte? ¿O esto es una comedia, en la que, me consta, eres experta? ¿Cómo puedo saberlo? Con el tiempo. Con el día a día.

–Repito ¡¡A la cama chicas!! Dejémonos de charla que hay mucho que hacer.

Me miran las tres con cara de disgusto.

–Ahora no tenemos muchas ganas, la verdad.

Marga no se callaba. Pero yo debía seguir adelante.

–Sin embargo estoy seguro de que en muchas ocasiones habréis tenido que hacerlo sin ganas, incluso con gente a quienes detestabais. Y lo habéis hecho con profesionalidad. ¿Me equivoco?

Cariacontecidas se suben las tres a la cama y comienzan a acariciarse. Marga y Mila colocan a Mariele en posición, tal y como las vi hace unos días a través de la cámara. Beso a Marga, que acepta sin mucho entusiasmo pero no me importa. Me acerco a Mila e intenta rechazarme pero le sujeto un brazo y la fuerzo a besarme. No es un beso cariñoso, es una pugna, un duelo, una batalla, en la que nos mordemos los labios hasta hacerlos sangrar, hasta que ella, impotente para oponerse, se entrega.

Coge mi mano y la dirige hacia la vagina de Mariele que ha recibido una buena dosis de líquido lubricante con algún dilatador.

Con mi mano en sus manos me coloca los dedos en posición para penetrarla, dos dedos, tres dedos, movimientos dentro, fuera, rotando la mano y dándome instrucciones hasta que, tras varios minutos, con un profundo gemido de la chica, mi mano queda alojada en su interior.

Me sujeta para que no me mueva durante algún tiempo, después me indica que gire a izquierda y derecha lentamente. Me dice que cierre levemente el puño manteniendo las uñas hacia el interior de la palma, para evitar lesiones.

El tacto es suave, cálido, la sensación es de una extrema sensualidad. Adentro y afuera, una y otra vez, rotando. La muchacha gime, mientras Marga, debajo, acaricia con su lengua el clítoris y con sus manos pellizca sus pechos, sus pezones.

El orgasmo me pilla desprevenido, es brutal, espasmódico. Las contracciones del esfínter vaginal aprisionan mi mano en su interior con una fuerza increíble, sus gritos resuenan en la habitación. Mueve la cama con todos nosotros encima.

Miro a Mila atónito, no me lo esperaba. Mila sonríe, como una madre sonríe a un hijo que acaba de aprender una lección. Me indica cómo sacar la mano sin provocar dolor a la chica que queda desmadejada con los brazos en cruz sobre Marga y las piernas estiradas y abiertas en V invertida. La experiencia ha sido grandiosa. ¿Quién me lo iba a decir?. En un mes estoy conociendo más sobre sexo que en treinta y nueve años de vida

Por fin Marga consigue librarse del cuerpo de Mariele que al poco se queda dormida. La dejamos descansar y nos vamos al salón. Mila prepara algo para comer.

La comida se realiza en un ambiente más distendido, incluso se cuentan anécdotas y chistes que nos hacen reír.

Marga ha llamado a unos conocidos que se dedican a trabajos de albañilería, fontanería, electricidad… Cuando llegan los acompaña para que vean el local y nos faciliten un presupuesto.

Mila ayuda a Mariele para terminar rápido con sus quehaceres domésticos. Yo preparo el nuevo dormitorio de Marga en el que era mi despacho.

Voy al local para tomar unas medidas de una de las salas y al entrar oigo quejidos, lamentos. Me acerco a la habitación del fondo y me encuentro a Marga entre los dos conocidos formando un sándwich. Han subido su falda hasta la cintura, mostrando sus nalgas desnudas, han bajado la parte superior del vestido y sus pechos están entre las manos del que la abraza por detrás, mientras el que está delante le besa la boca mientras con las manos amasa los glúteos y acaricia su chocho.

Me retiro discretamente y vuelvo con Mila.

–¿Qué ocurre?, traes mala cara.

–¿Marga no se cansa?. Esta liada con los dos albañiles.

–A ella la has dejado al margen hoy y estaría caliente. Además es su modo de cerrar los tratos. ¿Cómo crees que he ganado el dinero que tenía en el banco?

–Con tus citas. ¿No?

–No José, no. Las citas no dan tanto dinero, hay mucha competencia con las muchachas que vienen engañadas, de los países del este, de África, de Asia, forzadas a prostituirse a cambio de una miseria.

–Las citas, han sido para nosotras, una forma de acceder a información que, adecuadamente utilizada, puede llevar a negocios donde sí se gana mucho dinero. Hace unos años el mercado inmobiliario era una mina. Se cerraban tratos en los que los beneficios eran muy altos y el sexo facilitaba esos tratos. Marga y yo comprábamos sobre plano y nos dedicábamos a buscar clientes a quienes vender con márgenes altísimos.

–¿Entonces la sesión de la otra noche con Marga y los dos energúmenos que acabaron soltando el dinero en nuestra cama? ¿También era un negocio? No me lo creo.

–Pues créetelo. Precisamente un antiguo colaborador nuestro en el tema inmobiliario, llamó a Marga para pedirnos el favor de convencer a esos “energúmenos”, y así firmar un contrato con un ayuntamiento que le permitiría ganar cerca de un millón de euros. De los que recibiríamos un pellizquito. Por eso les permitimos hacer lo que viste.

–Pero tú disfrutabas, yo lo vi.

–Mira José, no deberíamos hablar de esto porque sé que te duele. Aprendí muy joven que cuando me veo forzada a hacer cosas que son desagradables, incluso dolorosas, lo mejor es hacerlo buscando alguna fuente de placer que lo compense. Para eso Marga es insustituible. Nos compenetramos muy bien y ella sabe cuando lo estoy pasando mal. Cuando me duele, trata de paliar el dolor dándome placer. Aquel tipo me destrozaba el culo, creo que lo viste ¿No? Pues Marga me acariciaba el clítoris y los pechos para hacerlo soportable.

También utilizamos la bebida como anestésico. Después de algunas copas se me hace todo más llevadero. Lo que no he aceptado nunca es ir por el sendero de las drogas, cocaína, heroína. He visto a otras putas lo que son capaces de hacer por un chute. Eso jamás.

–Pero con Carlitos si lo pasabas bien ¿O no?

–Por favor José, no sigas atormentándote. Carlitos era un juguete, me daba gusto y me traía las cosas del súper sin pagar.

Si, también es prostitución, he sido y soy una puta.

He follado por dinero y porque me gustaba, te lo he dicho y lo repito.

¿Hasta cuándo vas a seguir dándole vueltas a este asunto?

Te quiero, no sabía cuánto, pero ahora sí, lo sé.

Cuando te he perdido. Cuando quizá ya no tenga remedio.

¿Pero qué puedo hacer? ¿Qué quieres que haga? ¡¡Dímelo por favor!!

No te quedes callado y dímelo.

–No sé qué decir Mila. Déjame que intente entender lo que ha pasado. Es por esto que te pido que me lo cuentes todo, sin dejar nada. Necesito comprender.

–Pues estoy dispuesta a responder a lo que me preguntes. No te ocultaré nada y sé que habrá cosas que te dolerán mucho. Quería evitarte ese sufrimiento.

Marga entra y nos mira a ambos.

–¿Ya estamos otra vez de gresca? ¿Qué pasa ahora?.

–José te ha visto con los albañiles y no entiende porque.

–Pues es muy sencillo. De un presupuesto inicial de doce mil euros vamos ya por ocho mil. ¿Te parece bien?. ¡Ah! y he visto que ya tengo el cuarto arreglado, esta noche me quedo aquí, si os parece bien.

–Por mi bien, Mila ¿qué piensas?

–Por mi también, a ver si entre las dos podemos meterle en la cabeza, a este bruto, que lo que hacemos es por el interés, por el nuestro y por el suyo.

–O sea, que vais a seguir follándoos a quien se os ponga a tiro.

–Bueno, si no te parece bien lo podemos discutir.

Llegan los niños con Ana y dejamos el dialogo en suspenso. El resto de la tarde se desarrolla con normalidad. Con los peques en la cama nos sentamos en la cocina.

–¿Ana como te ha ido hoy?

–Bien papa. Te he prometido que no te voy a fallar y no lo haré.

Se sienta sobre mis rodillas y me besa con cariño en la mejilla.

–Ana deja a tu padre que tenemos que continuar hablando con el de ciertos asuntos.

–Yo me quedo. A mí también me interesan vuestros asuntos.

–Si hija, quédate porque entre las dos me pueden, a ver si contigo a mi favor se equilibra la cosa.

–Pero ¿Cuál es el problema?

–Que tu padre quiere entender porque somos putas. Y yo le digo que no hay nada que entender. Lo somos. Y eso no se puede cambiar. ¿Qué no le gusta? Lo siento, pero esto es así. Cuanto antes lo acepte mejor para él. Y aceptar supone no pillar un berrinche cada vez que nos vea a alguna de nosotras liada con alguien. Tiene que tener la seguridad de que lo hacemos por el interés, que solo follamos, pero es a él a quien queremos.

–Pues yo solo veo una solución. Papa, dices que necesitas saber nuestro pasado para comprender. De acuerdo, pero ten en cuenta que no debe condicionar nuestro futuro. No nos reproches nada. Lo que hemos hecho, hecho esta y no podemos cambiarlo, pero sí podemos comprometernos a vivir sin crearnos problemas absurdos. Podemos cambiar. Tú ya lo estás haciendo. Nosotras también. Yo no volveré a venderme, puedes estar seguro.

Pero nosotras pensamos que el sexo y el afecto son cosas distintas. Si no aceptas esto, no podremos ponernos de acuerdo nunca. Tienes que aprender a separar las dos cosas. Mientras no lo hagas, mientras asocies el sentimiento y el placer sexual no tendremos paz. Te queremos mucho las tres pero debes aceptar que no somos monjas y nos gustan los juegos sexuales. Puedo asegurarte que no volveré a vender mis favores, eso lo tengo muy claro, pero no dejare de tener sexo. Tengo que confesarte que hoy nos hemos hecho unos deditos Claudia y yo en el servicio del insti. Me relaja mucho. Y ahora me da vergüenza decirlo.

Ana se cubre la cara con ambas manos. Su exposición, su sinceridad, me deja perplejo.

Vaya, el razonamiento de Ana me ha dejado sin habla.

–Eres una mujer muy madura Ana. Al parecer el equivocado soy yo. Abrázame cariño.

–Pero aunque cambie mi modo de pensar, cosa que ya he hecho, mi problema sigue siendo la desconfianza. Y esto, ya lo he hablado con Mila solo el tiempo y vuestro comportamiento lo resolverá.

Y ahora vamos a la cama.

–¿Como lo vamos a hacer José?

–¿El que Mila?

–¿Como nos vamos a acostar? O mejor dicho, ¿Con quién, te vas a acostar?.

De nuevo mi cara de extrañeza.

–Pues, no me lo había planteado. ¿Qué pensáis vosotras? ¿Cómo lo hacemos?

Las tres mujeres me miran y riendo dicen casi al unísono.

–¡¡Pues con las tres!!

–¿Los cuatro juntos?

–¿Por qué no?

–¿Por qué no?. Jajaja vamos.

Y fuimos los cuatro juntos a la cama. Resultaría algo pequeña, pero no era la primera vez que se las tenía que ver con tanta gente encima.

Me empujaron, caí de espaldas y sobre mi cayeron las tres, la cama crujió y se partió. Fue una casualidad que no nos diera el cabecero a cualquiera de nosotros. Entre risas desmontamos la cama, fuimos a por los colchones de Ana y Marga, los colocamos en el suelo y nos acostamos, haciéndonos cosquillas y acariciándonos los unos a los otros.

Me dejaron en medio de Mila y Marga y a su lado Ana. Poco después penetraba a Marga, que me daba la espalda mientras Mila detrás acariciaba mis testículos y sentía las caricias de Ana a Marga, sus besos, está, a su vez, la masturbaba con los dedos.

No tardaron en producirse los orgasmos, Ana fue la primera, la experiencia de Marga surtía efecto. Casi inmediatamente aprecié el temblor que agitaba a Marga. También Ana la acariciaba.

Cuando se calmó me gire hacia Mila que esperaba impaciente. Acaricié sus mejillas y bebí la miel de sus labios al tiempo que ella acariciaba con sus manos mi verga que seguía rígida, la colocaba entre los labios de su vulva y movía las suaves caderas hasta quedar enterrada en su carne. Vibraba, se movía con una suave cadencia, entraba y salía de su cuerpo provocando sensaciones jamás experimentadas por mí.

No quería correrme aun, quería que fuera ella quien primero llegara al clímax.

Dio un giro con su cuerpo me puso boca arriba y se coloco sobre mí, me cabalgo como una posesa, mis manos amasando sus tetas, se dejaba caer sobre mi pecho y me sorbía la vida por mi boca, su aliento, sus labios, la lenguas se entrelazaban, las manos acariciaban sin descanso. Jadeaba, se erguía y abría la boca como queriendo atrapar todo el aire.

Y lo logré. Fue como un quejido salido de lo más hondo de sus entrañas, fue creciendo hasta convertirse en un bramido gutural acompañando las contracciones de sus piernas que aprisionaban mis caderas y se derrumbó sobre mi pecho.

En medio de sus estertores me deje ir, sentí el calambrazo que recorría mi cuerpo desde la cabeza a los pies y se centraba en mis genitales, estallando en un orgasmo que nublo mi vista y dejo sin fuerzas mi cuerpo, pero seguía dentro de Mila que se movía de nuevo hasta lograr varios orgasmos, en un corto periodo de tiempo, para quedar deshecha sobre mí con nuestros labios unidos.

No es posible definir lo que sentí en aquellos momentos. Una mezcla de ternura, cariño, gozo, pasión. Estaba eufórico. ¡¡Amor, joder!! ¡¡Esto es AMOR!! ¡¡Os quiero y me encanta que seáis felices follando con quien os dé placer!! Pensé en silencio.

Para mí fue una gratísima experiencia sentir tan cerca los cálidos cuerpos de las mujeres a quien más amaba, a las que deseaba. Si alguien, hace un mes, me hubiera dicho lo que estaba sucediendo, no solo no le hubiera creído, le habría partido la cara. Sin embargo ahora me siento feliz.

Tengo la sensación de haber salido de una profunda caverna y ver la luz por primera vez. Como cuenta Sócrates, desde dentro solo veía sombras, eso era para mí el mundo, sombras. Ahora al salir veo las imágenes claras con una luz diáfana. Pero tanta luz me deslumbra. ¿Lo que veo es real? ¿Yo estaba equivocado?, ¿ciego?. Con estas disquisiciones caí en los brazos de Morfeo. Y en los de Mila y Marga que me abrazan por ambos lados.

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