Martes, 30 de abril.

Me despiertan las discusiones de los niños por el uso de los lavabos, les teníamos dicho que debían utilizar el del pasillo y no entrar en el de nuestro dormitorio.

Estoy solo en la cama. La puerta de la entrada se cierra, se han ido al colegio.

Hoy va a ser un día movido, espero a Marga para organizar la decoración del piso en función de las necesidades del negocio. Oigo hablar, son las voces de Marga y Mila. Salgo al pasillo para oír mejor.

–No lo esperaba de ti, Marga, de cualquiera menos de ti.—

–Mila, no puedo decirte que lo siento, porque no sería cierto. Sabias que me gustaba José cuando lo conocimos en su facultad, pero utilizaste tus malas artes para atraerlo y quedártelo. Me dijiste que te habías enamorado y que me apartara, lo hice y me arrepentí. Me quede a tu lado porque así también estaba cerca de él y llegue a quererte a ti también. Te quiero Mila. No me peleare contigo, os quiero a los dos y creo que podríamos llegar a un acuerdo, los tres. Sin mentiras, sin ocultar nada.—

–No sé Marga, creo que lo he perdido para siempre y ahora sé lo mucho que lo quiero. Tú sabes que nunca me he dejado manipular por ningún hombre, y muchos lo han intentado. José era otra cosa, lo tenía en casa, era mi soporte, mi seguro y mi refugio en momentos de depresión y angustia. El siempre estaba ahí, sin una pregunta, sin un reproche. Cariñoso y atento. Demostrándome su amor. Y no permitía que me tocara, mientras yo me arrastraba como una perra, sometiéndome a las mayores depravaciones con tipos que no le llegaban a él ni a la suela del zapato. Lo engañaba, si, y ahora pagare muy caro mi error. Le he hecho mucho daño. Y lo he perdido. —

Me asome un instante, sin que me vieran y estaba abrazada a Marga, lloraba. Regrese al dormitorio.

–Mila, ¿estás ahí?

–¡Si José, estoy en la cocina, ven a desayunar, ha llegado Marga!

Me refresco, me aseo, voy a la cocina.

–Marga querida, deberíamos pensar en la posibilidad de que te quedaras aquí, en casa, un tiempo. Al menos hasta que solucionemos lo del piso. ¿Qué te parece?.

–Así no tendrías que ir y venir todos los días.—

Me mira con extrañeza. Quizá intuya que las he oído hablar.

–Por mi bien ¿tú qué dices Mila?

Mila me mira.

–¿Lo que yo diga o piense, servirá para algo?—

Me revuelvo.

–Si, servirá. Si eres sincera y dejas de comportarte como una niña caprichosa y egoísta. Cuando empieces a pensar un poco en los demás y no solo en ti.-

Dirige la mirada hacia Marga.

–Creo que debes venirte a vivir con nosotros, Marga. Te necesitamos, José y yo.

–Pues decidido, tenemos que preparar la habitación de la entrada con lo necesario para que estés cómoda. Mi despacho lo trasladaremos al piso nuevo. Ya he contratado ADSL para empezar a trabajar cuanto antes. Mila, alegra esa cara que vamos a perder clientes, si te ven así.

Mila mira a Marga y agacha la cabeza, con desaliento.

–Por cierto, he pensado en incluir a María en el proyecto como regente del local. Por lo que sé ya tiene experiencia. ¿Qué os parece?

–Creo que puede sernos de gran ayuda además, dentro de lo que cabe, es honrada, ¿Cómo lo ves Mila?

–Si, si acepta puede sernos muy útil, conoce a mucha gente y me fio de ella.

–Pues llámala y que venga a vernos esta tarde. ¿Qué sabemos de Claudia?

–Nada, no ha llamado.

–Llámala y averigua que pasa.

Suena el zumbador del portero. Mila va a responder. Vuelve.

–No es necesario que la llame, ya está aquí.

–Hola a todos, vaya os veo tristes, ¿pasa algo?

Me hace gracia el desparpajo que tiene, después de lo ocurrido la tarde anterior se comporta como si nada. Parece alegre.

–Clau, ¿porque estas tan risueña?

–Tengo mis razones. Esta mañana he discutido con Agu.

Nos vamos a divorciar. Nuestro matrimonio era una farsa. El se gastaba el dinero en juergas y fulanas. Así que le he dicho que a partir de hoy si quiere follar conmigo tendrá que pagar.

Mila sonríe.

–Entonces te puedo decir que yo lo tenía en mi agenda, nos veíamos una o dos veces al mes.

–¡¡Zorra!! ¡Mala amiga! José, ya ves que aquí nadie se libra de los cuernos. Pues bien, me alegro. Por cierto Mila, ¿Cuánto le cobrabas? y ¿Qué te pedía?

–Depende, lo normal trescientos por sesión, pero a veces se lo hacía a cambio de gestiones como abogado. Me citaba en su despacho. Allí me proporcionó buenos clientes. Me pedía mamadas, algún folleteo pero le gustaba más darme por el culo. Iba directo al grano, sin florituras. Me desnudaba me colocaba como él quería y la metía. En unos minutos se acababa todo. A mí no me excitaba en absoluto. Resultaba muy desagradable, despótico, no ocultaba su desprecio. A mí me daba igual, cobraba y me iba.-

Mila hablaba con Clau pero me miraba a mí, estudiando mi cara, mis gestos.

Disimulé como pude el pellizco que sentí en el estomago y forcé una sonrisa.

–¡Quizás tengas en él tu primer cliente, Clau!. Ya sabes lo que le gusta.

–Lo estaba pensando, no creas. Jajajaj

¡¡Estaba feliz!! Es como si se hubiese quitado un peso de encima.

–Clau, a tu hija la dejaras tranquila. No soy quien para juzgar a nadie, pero creo que no es bueno para ella que mantengáis esa relación. Su carácter rebelde indica que le afecta lo que hacéis. Eres libre de educarla como te parezca. Pero esto le perjudica.

–Anoche tuvimos una charla. Creo que dejamos las cosas claras y parece que ella se aviene a razones. El tiempo lo dirá. Pero por favor José, ayúdame. Confió en ti.

–¿A pesar del chantaje?


–Creo que entendí tu mensaje. Aun a costa de mi esfínter. Esta mañana no podía sentarme. Jajaja- Pero debo reconocer que lo pase muy bien con lo que me hicisteis. Yo me consideraba frígida. Me obsesionaba el no llegar al orgasmo. Me gustan los jovencitos y me excito con facilidad, pero luego una vez empezamos me bloqueo y por mucho que insista no lo consigo, entonces me cabréo. En ocasiones me he pasado horas dándome en la pepitilla sin llegar al final. Es muy decepcionante.

Mi marido nunca ha tenido la paciencia suficiente. Me excitaba, pero el entraba se corría y no me daba tiempo.

Llego a violarme. Sí. No pongáis esa cara. Me hacía sentir muy mal cada vez que lo hacíamos, me sentía frustrada. Un día me negué, el insistía y yo que no, que no me dejaba, que me utilizaba como a una muñeca hinchable y no quería pasar otro mal trago. Por sorpresa cogió la pechera de mi camisa la desgarro y me tiro sobre la cama, se sentó sobre mi estomago y me quito la ropa a tirones. Grité. Le suplicaba que me dejara, que no quería, pero no me oía, me arranco las bragas, que me produjeron un corte en la ingle y no se detuvo. Cuando terminó se vistió y se fue sin decir nada.

Desde aquel día me propuse ponerle los cuernos cada vez que tuviera ocasión. Pero aunque lo intentaba no llegaba al orgasmo y eso me hacía sentirme mal. Durante años me he dejado utilizar por él para masturbarse dentro de mí, sin hacerme sentir nada.

Hace unos meses, pille a mi hija masturbándose en su habitación, me excité mucho, ella no podía verme. Me subí la falda, metí mi mano dentro de mis bragas y me acaricié. Cuando ella alcanzo el orgasmo y vi el placer reflejado en su rostro, los ojos cerrados, su boquita entreabierta, los jadeos, no pude más y me ocurrió algo que nunca había sentido, el placer fue inmenso. Tanto es así que se me escapó un grito. Al oírme se giró, me vio se asustó. Yo fui hacia ella, la tranquilice y le hable de mi problema, me miro con dulzura, me empujo a su cama y se tendió a mi lado. Me besaba, sus manos recorrían todo mi cuerpo bajo la ropa. Se paró en mi almejita y la acaricio con sus deditos hasta que exploté en otro orgasmo. Era la primera vez, no sabía lo que era un orgasmo, había estado casada, había tenido una hija y nunca antes había llegado a sentir ese placer.

–Entiendo. Y tu Marga, ¿por qué te divorciaste?

Sonríe tristemente.

–Fue una equivocación.

–No el divorcio, sino el haberme casado con él. Era celoso al máximo, razón no le faltaba, pero me asfixiaba, no me dejaba respirar. Cuando Mila me dijo que había contactado con ella para una cita, me encaré con él. Le dije que yo estaba follando con medio Madrid, exagere, intento pegarme y no se lo permití. Le di un rodillazo en los huevos y me marche. Nos vimos lo imprescindible para los trámites del divorcio. Llegamos a un acuerdo bastante bueno para mí y ya no lo he visto más.

–Pero yo sí marga, no quería que lo supieras pero necesito acabar con las mentiras. Acepte acudir a una cita y follamos, pagando claro. Le advertí que si trataba de hacerte daño lo pagaría muy caro. Y si me delataba y mi marido se enteraba de algo acabaría en una cuneta. No he vuelto a saber de él.

–Bien dejémonos de cháchara y a trabajar. Marga al piso haz una relación de lo necesario. Luego te vienes para comer. Clau con la documentación que te facilitará Mila haz las gestiones para contratar luz y agua.

–¿Y yo?

–Te quedaras conmigo, aún tenemos mucho de qué hablar.

Mila rebusca en su armario y le entrega a Clau la documentación. Marga coge las llaves y se dirige al otro piso. Nos quedamos solos.

–Prepara algo para comer los tres, Mila.

Sin responder se dirige a la cocina. La sigo. Está de pié ante el fregadero. Me pongo detrás y coloco mis manos sobre sus hombros. Acerco mi boca a su cuello, aspiro su aroma, la sensación que provoca en mi es indescriptible. Al sentir mi respiración cerca de su oreja izquierda percibo un estremecimiento, se eriza su piel, me encantaba hacerla sentir aquella sensación, acariciar su “piel de gallina”.

Mila inclina su cabeza hacia atrás para aumentar el contacto. Yo me retiro.

–Sigue por favor. No me dejes así. Bésame.

Me obligo a alejarme de su cuerpo que me atrae como un imán.

–Necesito confiar en ti Mila, pero aun no puedo. Voy a ver que hace Marga.

La sorprendo con una tablet PC en la mano, tomando notas.

–Como vas.—

–Bien, creo que tengo anotado casi todo lo que necesito. Casi todo.

–¿Que quieres decir? Por favor habla claro, no me gustan los dobles sentidos.

–Me has sorprendido con tu decisión de que venga a vivir contigo.

–Pues no debería, es lo más lógico. Si tú me quieres, yo te quiero y ambos queremos a Mila. ¿Qué puede extrañarte? Todo es cuestión de establecer entre los tres unas normas que permitan la convivencia pacífica.

–¿Y lo crees posible?

–Hace un mes hubiera puesto el grito en el cielo. Pero como le he dicho a Mila, soy otro José.

He replanteado todos mis principios, y en ellos cabe una convivencia a tres, llevándonos bien y estableciendo los canales de comunicación adecuados. Vamos a ver qué pasa.

–Mila lo pasara mal y me duele. La quiero mucho, ha sido mi compañera desde que tengo uso de razón, fuimos juntas a la guardería.

–Puedes tener la seguridad de que no tan mal como yo lo he pasado. Pero es inteligente y fuerte. Lo superará y después nos lo agradecerá ya lo veras.

–Dios te oiga.—

–Eehhh, cuidado, Dios aquí no pinta nada. Somos nosotros quienes decidimos y establecemos las normas. Las suyas que las sigan los curas. Ya oíste a Mila criticando mi forma de ser influida por las leyes divinas.

–Vaya, realmente has cambiado. Así me gustas más.

Se acerca mucho, peligrosamente, percibo su aliento, me besa en los labios. Acaricio su mejilla con el dorso de mi mano, con la otra la separo de mi.

–Tenemos que empezar a establecer las normas a seguir. Creo que la primera será la de no permitir ningún contacto intimo de ninguna de las dos conmigo sin estar los tres presentes. Entre vosotras podéis hacer lo que queráis sin mí. ¿Cómo lo ves?

–Vaya, eres duro, no lo parecías hace un mes.

–No lo era Marga, pero lo que he visto me ha creado una coraza de la que difícilmente podre librarme. Por supuesto si en algún momento te sientes mal con esta relación lo hablamos y si decides marcharte tendrás la libertad de hacerlo. Nadie te retendrá.

–Con Mila es distinto, ella debe seguir junto a mí, al menos, hasta que los niños sean independientes afectivamente. Entonces podrá seguir conmigo o no, según yo decida.

La puerta de entrada estaba entreabierta y se movió, supuse que Mila estaba escuchando. Rodee los hombros de Marga con mi brazo y nos encaminamos a la cocina donde ya estaba Mila.

–¿Ya os habéis estado enrollando?

–Ya sabes que no, lo has visto y oído todo, y también que para cualquier rollo entre nosotros deberemos estar los tres.

Durante la comida intentamos dar un toque de humor a la conversación, les sugerí que contaran anécdotas de su vida “profesional”. Relataron peripecias que por un lado me hacían reír, pero por otro me producían un gran desasosiego interno. Mila había tenido multitud de experiencias que yo desconocía y me hacían verla como una extraña. Me producía una rara sensación. Tras el café Marga decidió ir a encargar algunas cosas que necesitaba.

–¡A ver qué vais a hacer..!

Y se marcho. Nos quedamos solos de nuevo. De pronto el ambiente se hizo pesado, como si una losa cayera sobre mí.

–Voy a tumbarme un rato. ¿Te vienes?

Asentí con la cabeza y fui tras ella. Se desnudo totalmente y se dejo caer en la cama. Yo vestido, me quite las zapatillas y me acosté a su lado. Se acerco hasta pegar su cuerpo al mío. No pude evitar una erección evidente bajo mi pantalón.

–Parece que no te soy tan indiferente.

–Mila, la indiferencia es un sentimiento que puedo controlar con el pensamiento y lo que tu observas en mi bragueta es una reacción puramente mecánica. No te equivoques. No vas a conseguir nada por ese camino.

Me gire sobre el lado izquierdo y le di la espalda. No podíamos dormir. Nuestras mentes no lo permitían. Se removía en la cama una y otra vez, hasta que no pudo soportarlo más y se levanto, se puso la bata y se fue. Poco después se oía la música del TV del salón. Me asome discretamente, estaba frente a la tele pero con la cabeza baja, ligeramente ladeada, pensativa. Me acerque y reacciono con un ligero sobresalto.

–Te creía dormido. ¿Quieres algo?

–Como si pudiera conseguir lo que quiero. Quiero a Mila, la que yo conocí, la que me enamoró. No la Mila egoísta y sin conciencia. ¿Y tú, qué quieres?

–También quiero al José amable que conocí pero ya estoy convencida de que ha muerto. ¿Podre tener algún día al nuevo José? Y si lo consigo, ¿tendré que compartirlo con Marga?

–Mila ¿te has parado a pensar en lo que dices?. Durante quince años has vivido conmigo sin yo tenerte y poseyéndote otros. Te he estado compartiendo con un montón de hombres que se acostaban contigo, sin yo saberlo. ¿Ahora te quejas porque tendrás que compartirme, estando tú presente?

–Dejémonos de reproches y háblame de ti. Que paso con la gente del grupo Ji, con María y con el tal Pedro, que al parecer inicio a la madre y la hija en el oficio más viejo del mundo.

–¿Realmente no te enfadas cuando hablamos de las cosas que hemos hecho?

–Si me enfado o no es cosa mía. Tengo que asumir y aceptar que habéis tenido una vida que yo desconocía y que jamás hubiera aprobado, pero es vuestra realidad y necesito conocer todo lo que habéis hecho para saber a qué atenerme en el futuro, si lo tenemos.

–No sé si has escuchado mis conversaciones con Ana.

–Algo he escuchado, se que te llevaron a una orgia en una casa en Toledo y que entraste en el grupo Ji. Después lo que comento Ana sobre la forma de convencerla para que trabajara para la tal María, al parecer a ti te hicieron lo mismo.

–Si, me montaron la misma encerrona que a nuestra Ana, precisamente por eso sabía que sería casi imposible convencerla para que lo dejara.

–Porque yo no lo dejé. Pedro era y es un maestro en las artes amatorias, María lo adiestro. Me convencieron de que esa vida era maravillosa y yo, a decir verdad, la he disfrutado. Por eso te repito que no me arrepiento.

–Nunca lo he considerado como algo malo. El sexo para mí era y es, una fuente de placer, pero también de dinero, ya lo sabes. Pero nunca he asociado el sexo al afecto.

— Tu no me pedias sexo y yo me acostumbre a no dártelo. Por eso no me parecía tan mal follar con otros, que me daban placer, y quererte a ti que me dabas cariño, amor.

–Supongo que para ti será muy difícil de entender. Y de verdad lo siento.

–Siento haberte hecho tanto daño. Jamás he sentido celos, tú no me dabas motivo, estaba segura de tu fidelidad, de tu amor. Hasta ahora.

–No me importa que folles con quien quieras. Lo has hecho con Claudia y creo que lo has pasado bien, me alegro, yo también lo hacía y lo pasaba bien, pero lo que has hecho con Marga es distinto, aquí entran en juego otros factores que lo complican todo.

–Ella ha confesado que está enamorada de ti. Y tú ¿sientes algo por ella?

–Con ella no solo follas, haces el amor y eso me duele. Me rompe el corazón. La vida sin ti ya no tiene sentido. No la quiero.

–Sigues siendo Mila, la egoísta. La ególatra, quieres que el mundo gire a tu alrededor, tú en el centro. Y te importamos poco o nada los demás. ¿Y tus hijos? Son tu responsabilidad, tú los has traído al mundo y ahora, como no logras lo que quieres los abandonas a su suerte. ¿Qué ocurriría si te enamoraras de cualquiera con el que estuvieras follando? No dudarías en dejarnos a todos para irte con él. De eso estoy seguro. Y en el futuro ¿Qué garantía tengo de que no lo harás?

–Ninguna, tenlo por cierto, nadie tiene el futuro garantizado. No te equivoques. Hace ya muchos años que aprendí una lección que a ti te vendría bien.

Vive el momento, deja el futuro a los astrólogos. Disfruta y vive. Si lo pasas bien gózalo, si lo pasas mal olvídalo. El pasado es un lastre que no te deja avanzar. El futuro es algo vacio y desconocido que te aterra y no te deja olvidar. Solo el momento es real, el pasado ya no existe ni existirá más, el futuro aun no es y quizá no lo sea nunca. Vive el presente y disfrútalo.

En ese momento llaman al portero. Mila se levanta para abrir. Entra María sonriente.

–Vaya, por fin voy a conocer a tu marido.

Besa a Mila y me da la mano. La estrecho.

–No puedo decir que me alegre conocerla por ciertas circunstancias, de las que supongo, le habrá hablado Mila.

–Si algo me ha adelantado pero ¿supongo que no habrá problemas? Yo no quiero líos. Y menos con maridos celosos.

–Dirá usted con cornudos celosos.

–¡Uyuyuiii! Como esto siga así me voy.

Mila intercede.

–No por favor María, quédate y escucha a José.

María se sienta en uno de los sillones del salón.

–Bien, vamos a dejar de lado la inducción a la prostitución de menores y el hecho de que la menor es mi hija. Vamos a obviar que hace veinte años hicieron lo mismo con Mila. Y vamos a olvidar que estuve a punto de matarlas a Mila y a usted.

–Por Dios, ¿Qué me dice usted?

–Como lo ha oído. Pero no se preocupe. No quiero hacer daño a nadie. Solo proponerle un negocio. Y olvide a Dios. Es un lastre del pasado que no deja vivir a mucha gente.

–Vaya. Me había asustado. Y ¿Qué negocio?

–El mismo que tiene montado en el cuchitril de su piso pero a mayor escala, con más medios y con menos peligro de ir a la cárcel por comerciar sexo con menores.

–Mila enséñale el otro piso y explícale lo que queremos hacer. Y para que la necesitamos.

Se trasladan al otro piso. Había citado a mi amigo Andrés para hablar con él y luego comprar algunos equipos para ampliar la cobertura de observación al otro piso. Nos saludamos en el café donde nos solemos encontrar.

–Aquí estoy José, a tu disposición, me dijiste que me ibas a proponer algo y me asusté. Dime que no vas a hacer una animalada.

–Depende de cómo lo interpretes. ¿Recuerdas la frase de Sun Tzu “Si no puedes con tu enemigo únete a él” de “El arte de la guerra”?

–Si tengo una vaga idea.

–Pues es lo que estoy haciendo. Y necesito tu ayuda. Está muy relacionado con tu trabajo, tendrás que pasar revisiones médicas periódicas a las putas con las que voy a trabajar. Entre ellas a mi mujer.

–¡¡¡¡JOSÉ, NO ME JODAS!! ¡¡¿Pero que me estás diciendo? ¿Estás loco?

–No Andrés, no estoy loco y baja la voz que nos miran, nos teníamos que haber entrevistado en mi cubil. Pero ya estamos aquí.

Le puse en antecedentes de todo lo que había planeado y las razones que me movían a hacerlo. Y lo entendió.

–Tengo que felicitarte, Te juro que he pasado noches sin dormir con tu problema y por lo que veo has tomado, creo, la única decisión posible, la más razonable. Y me alegro. Por mi parte colaboraré en todo aquello que mi ética me permita.

–Hay otra cosa, quiero que hagas una llamada anónima a la policía, al grupo de menores. Grabarán la voz y no puedo verme involucrado. Informales para vigilen esta dirección, particularmente los martes a partir de las diez de la mañana. Un alto ejecutivo estará allí con una menor.

–Se puede liar, lo sabes ¿no?

–Si, pero no puedo permitir que esa bruja siga destrozando la vida de más adolescentes.

–Lo haré, no te preocupes.

–Gracias, sabía que podía contar contigo.

Nos despedimos y me desplazo a la tienda donde adquiero el material que necesito. Vuelvo a casa.

Mila está en la cocina preparando la cena de los niños. Al verme corren y me saltan encima. Juego con ellos un rato en el salón. Mila se asoma y nos mira pensativa, esboza una sonrisa triste. Ana está en su cuarto. La llamo para cenar.

–¿Cómo te encuentras Mila?

–Físicamente bien, anímicamente mal, muy mal.

–¿Y tú?, sé sincero, ¿como estas?

–Tengo la extraña sensación de estar viviendo una pesadilla de la que en cualquier momento despertaré.

–Es curioso, a mi me pasa igual. No sé si podre superar esta angustia que me oprime el pecho y me ahoga.

–Es la misma sensación que he sufrido durante todo este tiempo. Desde que descubrí tu mentira.

–Pero podemos superar esto. Yo pongo todo de mi parte. A ti te cuesta más, no das tu brazo a torcer.

–Papá, mamá, porqué no dejáis de atormentaros los dos. Yo no puedo más. Me quiero morir.

Ana llora, Mila intenta consolarla. Yo no puedo más y las abrazo a las dos. Me separo un poco y las miro.

–Parecéis dos lloronas ¿No? Mira que cara tiene Ana, llena de mocos y lágrimas, déjame que te suene, como cuando eras niña. Jajaja

Las beso a las dos. Estamos más calmados. Le hago cosquillas a mi hija y consigo hacerla reír.

–Vamos Ana, cuéntanos que has hecho hoy.

–He pasado todo el día en el insti. Los huecos entre clases los he pasado en la biblioteca estudiando y….

–Y qué, Ana. Puedes hablar de todo. Ya no debe haber secretos entre nosotros.

–Pues que me he encontrado con Paolo. Y me ha parecido un jilipollas. He pasado de él. Solo es un pobre diablo por el que ya no siento nada.

–Es curioso. Antes, solo pensaba en él y no podía estudiar. Ahora ha desaparecido ese problema.

–En la mañana he preparado un examen que tenía pendiente y he aprobado el trimestre. Ha sido tipo test. Voy por las notas.

Mila me mira, me besa. La abrazo.

–Tenías razón José, aun tenemos esperanza.

Ana nos mira. Me entrega un papel en el que figuran las contestaciones y las correctas. La puntuación es media alta. La atraigo y la estrecho entre mis brazos. Mila sonríe.

–Vamos a dormir.

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