indefensa1Nacida en una familia con principios morales algo anticuados, crecí  restringida de libertad,  por lo que nuestro noviazgo transcurrió bajo la sombra de cuidados maternales, que no nos dejaban gozar del sexo a plenitud.
Siempre vivimos al límite, disfrutando de nuestra sexualidad en lugares poco convencionales y en momentos inesperados, aprovechando instantes de descuido o inventando oportunidades, que si bien es cierto en ocasiones nos causaban tensión, también nos generaban grandes dosis de adrenalina y sin duda nos dejaron los mejores recuerdos.
  Mi primer beso, mi primera cogida de pechos, mi descubrimiento de un pene, mi  estreno  sexual, mi primera mamada, mi inauguración anal, etc, etc, las recuerdo al detalle, fueron experiencias únicas que compartimos en distintas etapas de nuestra relación,  y cada una tiene su historia propia por lo  inverosímil de  las circunstancias,  sin embargo siempre estaba latente ese añorado  deseo de amarnos  sin riesgos.  Quizá por ello siempre fantaseamos con nuestra noche de bodas…una cama, sabanas limpias, y la soledad de una habitaciónm sin sentir que al menor momento podría llegar alguien, así de simple, no pedíamos mas que nuestros cuerpos amándose con tranquilidad.
 Que porqué no escapamos a un  lugar que nos diera esa paz? es lo que siempre me he preguntado.
 Después de un largo noviazgo, llegó el día esperado…
 Fue una boda de aventura….nos casamos con la compañía de unos pocos parientes, sin amigos, sin vestido blanco, sin fiesta y sin pastel, éramos jóvenes impulsivos, y simplemente planeamos escapar por unos días a una  playa tranquila. Firmamos nuestro registro matrimonial, nos pusimos un par de jeans, mochilas al hombro y 20 minutos después ya estábamos abordando el interprovincial que nos llevaría a una zona costera en la cual disfrutaríamos de nuestra luna de miel.
 Subimos, era un bus con capacidad para al menos 40 personas, ubicadas en dos  hileras de  pares de asientos separados por un estrecho pasillo, estaba totalmente repleto. Nuestros lugares estaban ubicados un poco mas al fondo de la mitad; mi flamante esposo se sentó cerca de la ventana y yo en el asiento que daba al pasillo. Reclinamos los sillones procurando acomodarnos pues serian 13 largas horas de viaje.
 Eran alrededor de las ocho  de la noche, ya habíamos charlado mucho rato así que intentábamos dormir un poco, pero el ajetreo ocasionado por las malas carreteras y tantas emociones juntas no nos dejaban conciliar el sueño.
 _SE ACABO EL SEXO PUBLICO Y RIESGOSO, me dijo mientras me hacía recostar sobre su pecho, sonreí por el que creía el más acertado comentario. No pude responderle pues ese instante el controlador pasó recogiendo los boletos,  además apagó  las luces, quedándonos iluminados tan solo por los faroles de la carretera.
 Con música de fondo proveniente de la cabina cerré mis ojos decidida a  dormir, pero un roce suave sobre mi abdomen me hizo estremecer, su mano se había deslizado bajo  mi blusa, y pretendía meterse entre mi brasier, me moví un poco como acomodándome, estábamos acostumbrados a nuestros juegos, pero había gente despierta y detrás se escuchaba el murmullo de algunas conversaciones. Nuevamente insistió ahora un poco mas atrevidamente, alzó mi brasier hacia arriba y agarrando de lleno mis pechos, estrujaba mis pezones a su antojo; le alcé a mirar  retadora, y susurró: solo es de cariño, y fingió dormir.

Unos minutos después otra vez  agarraba explícitamente mis senos masajeándolos descaradamente, me gustaba esa sensación de simular impedirle sus avances cuando en realidad lo que quería era que insistiera más, pues andábamos muy ardientes ya que desde hace más de un mes no nos habíamos tocado como promesa de bodas.

 Dándole facilidades me recosté sobre sus piernas totalmente relajada, y el colocó una chompa cubriéndome mientras daba gusto a mis tetitas que ya no se conformaban solo con caricias,  expulsé mis pechos hacia el frente dejando en claro lo que quería, así que fingiendo agacharse a recoger algo del suelo, chupo mis senos dándome una  rica mamada que me hizo suspirar, olvidándome de dónde estábamos.
 Al virar mi rostro hacia su pelvis noté su herramienta ya endurecida, eso me excitó mucho y empecé a manoseársela por encima del pantalón, pero la mirada entrometida de uno de los pasajeros nos hizo detenernos un rato, dejando a mi vagina latir apresuradamente por las ganas que cargaba.
 Pasaron un par de minutos, y sintiéndonos mas seguros, baje la cremallera de su jean en busca de la belleza palpitante de su sexo, saqué mi lengua y se la pasé a lo largo del troco, un estremeciendo lo hizo mover ligeramente la cadera como pretendiendo llenarme la boca de su carne, seguí dándole lengüetazos hasta llegar a su glande, chupe suave esa cabecita colmándole de saliva, lamiendo por el frenillo, y desesperándolo en sus ansias de comérmela completa.
 Mis labios llegaban hasta el frenillo, subían  y bajaban   varias veces, y de pronto cuando menos lo esperaba zás!! me  la introduje de golpe, hasta el fondo, haciéndole gemir bajito; luego con movimientos suaves la sacaba y la volvía meter.
 Provocadoramente paré de estimularle y él sujetándome por la cabeza me empujaba sobre ella una y otra vez.  Allí condenados al silencio se la mamaba hasta sentir que de tanto chupar su falo se me cansaban los maxilares y se lastimaba mi garganta, pero seguía porque me gustaba parársela.
 Lo hacía con fuerza y luego bajaba la marcha, incrementaba el ritmo y lo  bajaba a mi antojo, a momentos intercalaba mis manos, agarrándole de la base y subiendo hasta la punta en un ir y venir que hacia que se destile un poquito de su leche la cual con mis labios secaba, para no desperdiciar ni una sola gota de su miel.
 Procurando devolverme placer,  zafó los broches de mi jean, metió su mano por mi pubis entreteniéndose en enervar mi clítoris, rodeaba su capuchón y lo agitaba de un lado al otro haciéndome estremecer vez tras vez. En medio de tanta excitación  escuchamos el ruido de alguien como  incorporándose, estoy segura que uno de los pasajeros de al lado, había notado nuestros extraños movimientos y empezaba a disfrutar de nuestro ligero exhibicionismo, pero estaba con tantas ganas que no me importaba, es más separé mis piernas todo lo que el pantalón me permitía  para que sus dedos se ahogaran en la laguna caliente de mi vagina.

Sus dedos sin misericordia entraban,  salían, despacio subían por en medio de mis labios restregando mi clítoris y volvían a hundirse en mi conchita, en nada me afectaba que en el asiento detrás del nuestro un niño lloriqueaba, que importancia podía  tener que aquel curioso pasajero conduciéndose al urinario desviara la vista hacia nosotros, si yo estaba en el gloria disfrutando de mi noche de bodas.

 De pronto se oyó un ruido como si alguien tropezara  al fondo, aparentemente era el tipo que acaba de cruzar, pero otros pasos se acercaban, seguro eran los del vigilante porque inesperadamente se encendieron las luces!! Nos quedamos totalmente helados aún más cuando murmuró: Qué sucede allí?
 Su mano metida en mi coñito, y mis tetitas al aire, eran una imagen digna de una fotografía, sumada  las caras de susto al ser sorprendidos, rápidamente  retiró su manoy lanzó la chompa sobre mi pubis desnudo y me abrazó cubriéndome los pechos con su cuerpo.
Nos quedamos quietitos, esperando la regañada del siglo, esa que no habíamos  recibido ni siquiera de mi madre, se detuvo en nuestros asientos, nos plantó la mirada, pero siguió muy despacio conduciéndose hacia los urinarios. Uffffff que alivio, seguro el también tenía alma de aventurero.
 Ruidos…voces…pasos…se apagaron las luces y todo volvió a la normalidad.
 Después del susto reíamos bajito con complicidad y le prohibí volverme a tocar!! bueno, al menos por unos minutos.
 Nuevamente empezamos con nuestros toqueteos, a mas de las ganas que traíamos era una situación altamente excitante, que se estaba sumando a nuestra colección. Sus labios entre los míos, succionando, chupando eróticamente, su lengua recorriendo mi boca descubriendo mis rincones, introduciéndomela como si fuera su falo el que me penetrara…mis pezones hinchados  escapándose de la blusa… era suficiente para volver a calentarnos…
 Me acomodé con el rostro hacia el pasillo recostándome de lado, tenía el pantalón abierto y la chompa sobre mis piernas, su mano abusiva bajaba por entre mis glúteos acariciando la línea que conduce a mi  vagina y sorprendiéndome con frecuentes empotradas me hacía brincar, era delicioso y ya no resistía más, necesitaba su pene incrustándome, dándome un paliza, para aliviar mi calentura.

No sabía si alguien además del señor de hace un rato notaba nuestra faena, pero se escuchaban cuchicheos bajitos, que se confundían con nuestras respiraciones agitadas. Aún así me tomó de la cadera empujándome hacia atrás, qué rico su falo buscando mi entrada, no fue difícil hallarla por lo resbaloso del camino; su cabecita empezó a hundírseme deliciosamente pero  apreté las piernas para no darle paso, el insistía y yo le dejaba jugar solo por las afueras, porque odiosamente estaba en mis días más fértiles, y de ninguna forma por un antojo sexual iba a permitir que cambiaran nuestros planes, aunque ese antojo realmente me estaba enloqueciendo, _ no podemos susurre…

 El me entendió perfectamente y automáticamente rebuscó en su billetera, un preservativo podía hacernos el milagro de seguir gozando, buscó en un bolsillo, en el otro, nada, abría los cierres de la mochila tampoco, no había un bendito preservativo. Vaya con las ganas que teníamos, y tener que aguantárnosla
A pesar de eso seguimos calentándonos protegidos por la oscuridad, bajé aún mas mi pantalón pero como resultaba incómodo, terminé dándome modos para liberar la una pierna y también  mi tanguita así podía abrirme a mi gusto. 
Me coloqué de lado  y mientras me enloquecía con sus dedos, esperó a que mis movimientos inquietos le demuestren el momento exacto de  caminar  hacia mi traserito, entendí perfectamente sus intenciones aun más cuando a medida q lengüeteaba en mis oídos me susurró: dámelo putita, quiero dejarte mis semillas detrás…
Cómo me encendía que me dijera putita, así que instintivamente expulsé mi cola hacia atrás, y empezó a preparar mi anillo, mojándolo con mis propios líquidos para suavizar la embestida. Su dedo medio y el pulgar masajeaban despacio pero firmemente, haciendo movimientos laterales para ensancharlo, poco a poco iba dilatándose y cediendo a sus intenciones.
Bajó un poco sus pantalones lo que la dificultosa posición le permitía, tomó saliva de mis labios y la rozó por su falo, sentí como me lo empinaba tratando de zambullirse en mi hoyo, avanzó suave pero rítmicamente,  dejándome sentir como mi  túnel se abría centímetro a centímetro hasta llegar al tope.

Me gustaba la sensación de sentirme ensartada, aunque un poquito de dolor inhibía mis ganas, que las fui olvidando a medida que con mi mano estiraba mis pezones y con la otra restregaba sobre mi clítoris.

La humedad de mi vagina destilando hacia mi culito facilitaba su lucha por cogerme, ya nada impedía que gozáramos, aunque teníamos que hacerlo sin la libertad de cambiar de posiciones y ahogando nuestros ruidos de placer por obvias razones.
Irrumpía una y otra vez contra mí, como lo hace un hombre cuando tiene una mujer que ama el sexo. Con aquellos estímulos mi clítoris se hinchaba tanto como mis pensamientos obscenos y mi corazón palpitaba con la misma fuerza, que mi vagina al explotar en un orgasmo  intenso, que me hizo arquear  matándome en vida por muchos segundos.
Varias arremetidas más hacían que su instrumento se hinchara, como si con un ligero roce fuera a explotar,  agarró su pene, apretándolo y hundiéndomelo de nuevo, se quedó quieto unos segundos como si se le acabaran las ganas de luchar mas..Segundos después me apretaba con furia contra sí, y claramente sentí como sus líquidos tibios corrían en mi interior como si fueran expulsados por un chisguete, nos quedamos inmóviles mientras con varias contracciones dejaba toda su leche en la hondonada de mi ser.
Nos higienizamos como mejor pudimos, me besó ahora con dulzura, y me dejo descansar entre sus brazos.
No teníamos idea de si quienes nos rodeaban advirtieron nuestra aventura, presumo que sí, era casi imposible que no notaran nuestra respiración, nuestros callados gemidos, el sonido del placer y el aroma a sexo que inundaba el vehículo, pero afortunadamente  nadie  dijo nada…supongo que calladamente disfrutaban de espiar a dos locos que se amaban bajo las sombras…
Al amanecer varias miradas curiosas se dirigían a nuestros asientos, en ese momento comprendimos que más de uno, había gozado en silencio de nuestra noche de bodas.
Ya en nuestro destino pasamos unos días inolvidables, disfrutamos de lo que siempre soñamos amarnos con la dulzura, la pasión y la entrega de quienes  tienen todo el tiempo del mundo para gozarse, de sus labios sobre mi espalda y los míos en su vientre, de la espuma del baño y del masaje relajante, de dormir juntos y despertar abrazados, pero cuando pienso en mi luna de miel, el más rico y excitante recuerdo, sin duda es el de mi noche de bodas …en el bus de pasajeros.
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