La chica no podía ni mirar a su madre a la cara, pasaba los días evitándola. El pensamiento de que habían compartido al mismo hombre la hacía sentir como una zorra, ¿Deberia hablar con ella? No, eso no… No sabría ni como decírselo, además, no estaba segura de lo que sentía… ¿Estaba enfadada consigo misma? ¿Con su madre? ¿Con Frank? Estaba… ¿Celosa?

Lo que si se convirtió en rutina fue la compañía nocturna de Manolo. Cada noche se masturbaba con el vibrador hasta saciarse, a veces incluso se había quedado dormida con el en la mano.
Los días siguientes en la universidad estaba como ausente. Los profesores la llamaban la atención en clase, llegaba tarde y no cogía apuntes. Tampoco había borrado las fotos. Sabía que no debían estar ahí, sobre todo la de su madre, que si alguien le cogía el móvil…
Había recibido varias llamadas de Gonzalo, pero no se las había cogido. Entre la vergüenza de lo que había hecho, y la decepción de después no tenia ganas de hablar con el.
————–
– Esta tarde va a venir Frank a llevarse unos muebles viejos. – Informó Elena el viernes por la mañana.
Alicia se tensó sobre el desayuno y no respondió.
– ¿No te quejas, Alicia? ¿Ni siquiera un mohín? Debes estar madurando por fin. – Le dijo su madre con sorna.
– No quiero molestarme ni en hablar de él. – Dijo Alicia.
Pero mentía.
Se pasó el resto del día pensando en la tarde, no le había visto desde que le hizo la mamada, y no sabia muy bien como reaccionar. Incluso se cambió la ropa interior por algo más… interesante.
Cuando llegó estaba preparada para contestarle cuando se metiera con ella, pero se quedó con la boca abierta cuando la saludó con un simple “Hola, Ali”. No la hizo demasiado caso en toda la tarde, casi ni la miraba. En cambio, a su madre y a su hermana si les prestaba atención. Sobre todo a su madre…
Los cuchicheos, miradas y risas cómplices se repitieron varias veces, incluso vio como la mano del chico se deslizaba por las nalgas de su madre un par de veces sin que ésta hiciera nada por impedirlo.
¿Por que se estaba comportando así? ¿Habia hecho algo mal?
Cuando el chico se fue, Alicia salió detrás, agobiada por la situacion, y le interceptó en la calle.
– ¡Frank! 
El chico se detuvo, pero no se dio la vuelta. Cuando Alicia le alcanzó continuó andando.
– ¿Que quieres? – Preguntó.
– Yo… – No sabía que decir, en ningún momento había pensado en ello. Guardó silencio ybno acabó la frase.
– Si no tienes nada que decir no me molestes, tengo algo de prisa.
– ¡Espera! – Se situó ante él, impidiéndole caminar. – ¿He hecho algo mal? No se por qué te comportas así conmigo…
– ¿Desde cuando te importa como me comporto contigo? Nunca me has soportado.
Alicia bajó la mirada, le gustaría desaparecer, salir de su cuerpo y no escuchar lo que iba a decir en ese momento.
– Es cierto pero… Ya no…
– ¿Ya no? ¿Desde cuando?
– Desde… Desde lo del otro día…
– Cuando, ¿Cuando te tragaste mi lefa? – El chico levantó la cara de Alicia, la obligó a mirarle. – ¿O cuando viste como me follaba a tu madre?

La cara de la chica se puso roja.
– Por favor… Dime que he hecho para que ahora ni me mires…
Frank puso cara de severidad, pero una inmensa satisfacción le embargaba. Estaba esperando que Alicia rompiese la máscara de orgullo que exhibía y fuese ella la que le buscase. 
– Eres una arrogante, siempre lo has sido. Nunca me has soportado y ahora, por que a ti te apetece, ¿Tengo que ir detrás tuya? Las cosas no funcionan así. Puedo tener a todas las zorras que quiera sin despeinarme. En tu propia casa sin ir mas lejos…
Nuevamente esa sensación de indignación y celos embargó a la chica.
– ¿Y que quieres que haga? Dame una oportunidad…
Frank la miró fijamente. Estaba sorprendido de lo rápido que había cedido aunque claro, conociendo como era su madre tampoco debia extrañarle…
– Sólo una. – Dijo. Alicia mostró su sonrisa. – Esta noche iremos de fiesta, según como te comportes veré si has dejado de ser una zorra arrogante.
– No te preocupes. – Contestó Alicia.
– Espero que te lo tomes en serio. Empezando por la ropa de mojigata que sueles llevar. – Diciendo eso, Frank la apartó a un lado y comenzó a andar. – A las once en punto te paso a buscar. No me hagas esperar.
– N-No… A-Adios…
Alicia se quedó en el sitio, algo confusa. Su cabeza estaba hecha un lío, ¿Por que se comportaba de esa manera con aquel cabrón? Hace tan solo unos días le odiaba, pero ahora ejercía sobre ella una fuerte atracción. Pensó en su madre y un atisbo de rabia y remordimiento apareció en su mente, pero lo desechó rápidamente. Estaba decidida.
Un poco antes de las once ya estaba preparada. Se había puesto un vestido negro ajustadísimo que sólo se había puesto una vez por que le parecía demasiado atrevido para ella. Era corto. Muy corto. Solo unos dedos de tela mantenian a salvo su intimidad.  La vez que se lo puso, fue para dar una sorpresa a Gonzalo, y porque no iba a andar por la calle con él, se tiraron toda la noche en una habitación de hotel. 
Se maquilló y se puso un bonito conjunto negro de encaje, sujetador y culotte. No se atrevió a ponerse un tanga con ese vestido. Unas medias de rejilla y unos tacones altos completaban un atuendo que pedía guerra a gritos.
Salió de casa intentando que no la viera su familia cuando vio llegar el coche de Frank.
– H-Hola. – Saludó tímida.
Frank la miró de arriba a abajo.
– Hola. Sientate. 
Y sin decir nada más, arrancó.
P
asaron el trayecto en silencio, Alicia con la mirada baja, con las dudas sembrando su mente. Frank aparcó cerca de un local y rompió el silencio.
– Parece que estás dispuesta a seguir adelante con esto. Espero que te portes bien. Si es así, te aseguro que tu también lo pasarás bien. Dejate llevar y todo saldrá perfectamente. – Salió del coche y abrió la puerta de la chica. Nuevamente la miro de arriba a abajo. – Parece que tenías un fondo de armario mas interesante que la ropa de sosa que sueles llevar… – Guardó silencio durante unos segundos. – Vamos, me están esperando.
– ¿Q-Quien? ¿No vamos solos? – Preguntó Alicia, asustada.
– Si, pero tengo un asuntillo que tratar con mi camello.
El chico se dirigió a un callejón en el que había un enorme negro esperándole.
– Hola, Piernas, ¿Que tal todo?
Saludó al hombre con un afectuoso apretón de manos.
– Genial, y ya veo que a ti también te va bien. – Contestó el Piernas, comiéndose a Alicia con la mirada. La chica se ruborizó e intentó mirar hacia otro lado. Ese vestido la hacia sentirse desprotegida. – ¿Realmente es…?

– Si. – Cortó Frank. – Su hija. – Alicia soltó un extraño ruidito con la boca y miró a los hombres. – Aunque le queda mucho por aprender para ser como su madre.

– Pero ya te encargarás tu de eso, ¿No? – El Piernas se rió de su comentario.
– Si fuese fácil no sería divertido. ¿Has traído lo que te encargué?
– Por supuesto.
El hombre mostró dos bolsitas de plástico al chico que las cambió por algunos billetes.
– Me alegro de verte. – Dijo Frank. – Estaremos en contacto.
El Piernas no dijo nada, solo se dio la vuelta y se fue por el callejón.
– ¿Quien era ese? – Preguntó a Alicia. – ¿Por que hablabais de mi madre?
Frank no contestó. Se limitó a sonreír y entró en el local.
Nada mas entrar Alicia se dio cuenta de que iba a llamar la atención mas de lo que quería. Era un local de musica Funk y el vestido que llevaba llamaba la atención incluso más que normalmente. La hacía parecer una puta.
– ¡Frank! – El grito de una mujer sacó a Alicia de sus pensamientos.
La camarera salió de detrás de la barra y fue corriendo a saludar al chico con un apasionado morreo. Frank rodeó a la chica con sus manos y no perdió la ocasión de manosearle el culo.
Alicia sintió un arranque de celos.
– Me alegro de verte, Mina. ¿Que tal todo?
Alicia observó a la chica, llevaba unos pantalones anchos, de talle bajo que dejaban ver el tanga negro que llevaba, un top cortito, mostrando escote y ombligo y el pelo rubio y corto. Varios piercing adornaban su cara. No escuchaba lo que decían, pero entonces se dio cuenta de que la chica la estaba observando.
– ¿Una chica nueva? – Preguntó. – Es bastante guapa.
– Se llama Alicia. Todavía tengo que decidir si merece la pena…
– Hola Alicia. Soy Mina. – La camarera se acercó a saludar y, sin dar tiempo a ninguna reacción le plantó un húmedo beso en la boca. Alicia no supo como reaccionar ante aquella lengua que la invadía y tardó unos segundos en quitarse a la chica de encima.
– ¿Q-Que haces? – Protestó.
– ¿No ves? Aun está un poco verde. – Se excusó Frank. – Quédate aquí un momento, Ali. Enseguida vuelvo.
Alicia se sentía incómoda, ¿Como había accedido a meterse en ese lío?
– Venga chica, relajate. Mira, vamos a tomar algo, invita la casa.
– No, yo… Yo no quiero nada… – Alicia de planteaba seriamente la opción de irse, pero en seguida tenía un par de vasos de chupito frente a ella y una botella verde.
– ¿Has probado alguna vez el Jager?
– ¿Eh? No… Los chupitos no me suelen sentar bien, así que no los suelo tomar.
– Pues venga, de un trago. – Ante la mirada preocupada de la chica añadió. – ¿Acabas de llegar y ya estas poniendo pegas? ¡Animate!
Y brindando se tomó el suyo de un trago. Alicia la imitó, notando como algo parecido a fuego bajaba por su garganta.
– Aahhhggg. – Se quejó.
– Al principio cuesta, luego le coges el truco. – Llenó de nuevo los vasos. – ¡Para adentro!
Alicia pensó que si seguía así, la noche seria muy corta… Pero imitó a la rubia.
– Es increíble, ¿Verdad? – Preguntó la camarera después de unos segundos. Estaba mirando la botella con aire distraido.
– Yo no lo llamaría así… – Alicia se agarraba la garganta. – Abrasador, mas bien…
– ¿Eh? ¡No, tonta! Me refiero a Frank… 
– Yo…
– Tiene algo… – Cortó Mina. – Absorbente… Su personalidad, su fuerza… Es imposible resistirse…
La chica miraba a la camarera intentando asimilar lo que le decía.
– Y el sexo con él… Buff… Es como una fuerza de la naturaleza…
– Yo… Yo no…
Mina la miró y Alicia pudo ver en sus ojos una sensación extraña. ¿Era compasión?
– ¿No has follado con él?
– Bueno… Mas o menos…
– ¿Mas o menos? En esto no hay medias tintas chica… O si… O no… – Comenzó a acercarse a Alicia. Puso una mano a cada lado de su cuerpo y comenzó a deslizarlas hacia abajo. – Cuando te toca… Cuando te toca puedes sentir que te posee, que eres completamente suya. Sus manos recorren tu cuerpo mientras deseas que no acabe nunca. – Las manos de Mina estaban ya sobre las caderas de Alicia, se había acercado tanto que estaba a pocos centímetros de su cara. Podía notar su respiración perfectamente. – En ese momento podrías hacer cualquier cosa que te pidiese… Venderías a tu madre para conseguir que te hiciese suya…
Alicia se estremeció, ¿Esa mención era casual? Miró a Mina a los ojos, esta se ladeó, vertiendo su aliento sobre el cuello descubierto de la chica, arrancándole un incontrolable suspiro.

– Y entonces viene lo mejor, notas como el monstruo crece poco a poco, lo tocas, lo sientes… Y cuando lo liberas… La maravillosa visión de esa enorme polla… Piensas que no vas a poder, que es enorme, que te va a partir en dos… – Las manos de Mina recorrían el cuerpo de la chica. Ésta recordó esa sensación cuando vio el tamaño del rabo de Frank… Realmente era enorme… – Pero lo deseas, deseas que te parta en dos… Que te taladre… Que te empale…
Mina llevó las manos al culo de Alicia y apretó las nalgas con fuerza, con deseo.
– ¿Eh? – Exclamó Mina, algo confusa. – ¿No te lo dijo Frank? Esto no le va a gustar… 
– ¿E-El que? – Ahora la confundida era Alicia. Empezaba a sentirse algo mareada.
– Chicas, ¿Empezais la fiesta sin mi o que? – Frank acababa de llegar. – ¿Que tal se porta nuestra nueva amiga? – Preguntó a Mina.
– Es muy simpática. Y muy guapa. Siempre has tenido buen gusto.
Alicia se puso algo colorada, le estaba entrando calor.
– Te vamos a dejar sola un rato, preciosa. Vamos a divertirnos un poco, ¿Verdad, Ali?
– Eh… Si, claro… 
Siguió a Frank hacia el centro de la pista mientras se comía la cabeza pensando que podía haber hecho mal. Cuando pararon, Frank se situó ante ella y, sujetándola por las caderas con voz seria dijo:
– Es tu última oportunidad de dar marcha atrás. Sal de aquí y convierte te en una mojigata insatisfecha, o quedare y disfruta.
La chica no dijo nada, miró a Frank a los ojos, recordando las palabras de Mina, notando sus fuertes manos sobre ella. No podía evitar pensar en el estado de excitación en que se encontraba desde su pequeña aventura voyeurista. 
Comenzó a moverse al ritmo de la música. Primero suave, lentamente, casi por inercia. Después, ante la sonrisa de aprobación del chico, comenzó a arrimarse y a marcar mas sus movimientos.
Las manos de Frank pasaron de sus caderas a su espalda y de ahí, bajaron sin preámbulos a su culo.
– ¿Que coño es esto? – Preguntó apartándose de ella.
– ¿Q-Que? – Igual que Mina, Frank veía algo que Alicia no. – ¿Que ocurre?
– Te dije que tendrías que dejar de ser una mojigata, ¿Y traes puestas unas putas bragas?
– E-Es un culotte… Es de encaj…
– Me da igual lo que sea. Si quieres seguir con esto o llevas tanga o no llevas nada. Así que, a no ser que lleves un tanga escondido en el culo solo tienes dos opciones.
Alicia se quedó muda, las lágrimas acudieron a sus ojos, ¿Por que tenia que aguantar eso? Ese cabrón no volvería a verla. Se dio la vuelta y se dirigió a la salida.
Se paró a medio camino a secarse las lágrimas, y al volver a caminar, en vez de a la salida se dirigió al cuarto de baño.
Cuando Frank la vio aparecer con los ojos enrojecidos supo que la noche iba a ser muy divertida.
– Toma. – Dijo secamente Alicia, poniendo sus bragas en la mano del chico. – Y-Ya tienes lo que querías.
Frank se llevó las bragas a la nariz y aspiró.
– Mmmmm. Me encanta el olor a hembra cachonda… Estas caliente, ¿Verdad? Esto te gusta… Te estás comportando como una zorrita y eso te calienta…
Alicia apartó la mirada.
– Llévale esto a Mina y pídele un par de copas. – Dijo, devolviéndole las bragas.

La chica cerró los ojos, respiró hondo y se dirigió a la barra. Sin decir nada, sin mirar a la cara a Mina, le pidió las copas y puso las bragas sobre el mostrador.

– Te dije que no le gustaría. – Dijo, comprensiva. – Pero no te preocupes, en cuanto aprendas lo que le gusta que hagas y lo que no, todo será mas fácil. – Cogió las bragas y, al igual que Frank, se las llevó a la nariz. – No puedes negar que te gusta todo esto, ¿Verdad? – Acarició la mejilla de Alicia, la obligó a mirarla. – No te sientas mal, solo dejate llevar y disfruta.

Después del avergonzante momento de las bragas, todo se puso algo mejor. Las copas volaron y Alicia estaba algo borracha, lo que hizo que se desinhibiera bastante. Estuvieron bailando toda la noche, y las manos de Frank recorrieron entero el cuerpo de Alicia. Ésta estaba cada vez mas caliente, lo que hacia que cada vez buscara más el contacto con Frank, se restregaba contra el, notaba el enorme bulto en su entrepierna y buscaba el contacto.
– Frank… – Balbuceó.
– ¿Que pasa?
Alicia se lanzó al cuello de Frank, devorándolo, casi no era capaz de controlar sus actos, se dejaba llevar por el deseo. Apenas fue consciente de salir a la calle e introducirse en el callejón donde hablaron con el piernas.
– ¿Quieres que te folle, Ali? ¿Quieres que acabe lo que empezaste el otro día? – La mano de Frank se deslizaba bajo el vestido y exploraba el empapado sexo de la chica.
– Frank… No aguanto más… Necesito…
– ¿El que necesitas? ¿Eres una zorra y necesitas polla? ¿MI polla?
– Si… Por favor…
– Dilo.
– ¿El que?
El chico la miró fijamente en silencio, dejando de masturbarla. Alicia movía las caderas buscando de nuevo el contacto con el chico.
– …Soy… Soy una zorra y necesito polla…
– ¿Que polla?
– Tu polla… Por favor…
Frank sonrió pero, en vez de lanzarse sobre ella se aparto y se acercó a un contenedor. Sacó un pequeño espejo y una bolsita y, en unos segundos, se estaba metiendo una raya de coca.
– Toma, aquí tienes la tuya. – Dijo a la chica. – Venga, te gustará.
Alicia, confundida, borracha y con una sola cosa en mente se colocó frente al espejito, dudando. La mano de Frank se introdujo en su entrepierna y comenzó a masturbarla de nuevo.
– Vamos zorrita, no tienes mas que aspirar.
Alicia estaba comenzando a gemir. Se agachó y, sin pensarlo mucho, esnifó entera la droga que tenia enfrente. Dolía. Le dolió la nariz, le dolió la cabeza y le dolió su orgullo. Nunca había probado las drogas, y ahí estaba ahora, a merced de aquél negro que hasta hace tan poco odiaba.
– Eso es, zorrita, ahora vamos a pasarlo bien.
Frank comenzó a besar el cuello de Alicia desde atrás, mientras restregaba su paquete por el culo de la chica. Los gemidos de Alicia cada vez eran mas audibles. Rápidamente comenzó a notar como el efecto del alcohol desaparecía de su cabeza gracias a la coca, pero el ansia por el sexo seguía ahí. Incluso mas fuerte que antes.
Se giró y se arrodilló ante Frank, apresurándose en liberar a la bestia que la esperaba. Miró a los ojos al chico mientras intentaba devorar aquella enorme polla. Le entraban arcadas pero no le importaba. La saliva se acumulaba en su boca y en la polla del chico, y escurría por su barbilla. Un pequeño hilillo de sangre salia de su nariz.
– Para ya. Quiero follarme a mi zorra.
Alicia se levantó inmediatamente, estaba nerviosa. Nerviosa y cachonda.
Frank levantó el vestido hasta las caderas y la obligó a inclinarse sobre el contenedor. La agarró del pelo, obligándola a levantar la cabeza y comenzó a penetrarla sin prisa pero sin pausa.
Los gemidos de Alicia dieron paso a pequeños grititos de dolor. Era enorme.
– No pares… – Decía. – Fóllame, párteme en dos… Fóllate a tu zorra.
Al oír esa palabra, Frank metió lo que restaba de su polla hasta el fondo y comenzó a bombear frenéticamente.

Los gritos de dolor de Alicia se tornaron nuevamente en gemidos mientras la sobrevenía un orgasmo tras otro. Por su ahora lucida mente pasaba un pensamiento tras otro. Se acordó de Gonzalo, pensó que había estado completamente equivocada toda su viva con respecto al sexo. Lo que tenía con el no era sexo, era un juego de niños comparado con ESTO.
Podía notar como la polla de Frank forzaba las paredes de su coño con cada embestida, como sus huevos chocaban contra ella. Se acordó de su madre, volvió a verla apoyada sobre el sofá, recibiendo el mismo tratamiento que estaba recibiendo ella en este momento.
 
Se sintió sucia. Se sintió zorra.
Se sintió SU zorra.
– ¿Te gusta puta? ¿Te gusta que te reviente?
– Mmmmm Siiiiii Ufff… Fóllame cabrón, no paressss.
– Eres igual que tu madre, remilgada al principio pero luego toda una puta. ¿No es así zorra? – Alicia casi no podía articular palabra. – ¡Contesta! – Ordenó, tirando más fuerte del pelo.
– ¡Sí! ¡Si! ¡Soy una zorra! ¡Soy una puta!
– ¿Como quien?
– ¡Como mi madre! ¡Soy una zorra como mi madre! ¡Soy tu zorra como mi madre!
Mientras decía esas palabras una enorme corrida le llenó las entrañas. Sentía perfectamente los espasmos que tenía la polla al descargar dentro de ella. Frank se apretó contra su culo y la penetró lo más profundo posible, soltando gemidos de placer y desahogo. Alicia se derrumbó sobre el contenedor jadeando, estaba agotada.
– No te relajes mucho, ¿Piensas dejarme así?
Frank agarró su polla y la sacudió ligeramente, dando a entender a la chica lo que quería que hiciera. Ésta, obediente, se arrodilló sobre el chico y comenzó a lamer el rabo hasta dejarlo limpio. Se levantó y se apoyó en la pared, le temblaban las piernas, nunca se había sentido tan satisfecha. Notaba como el semen comenzaba a resbalar por sus muslos. 
– Espero que hayas disfrutado de la experiencia, zorra, por que va a ser la primera de muchas. Anda, pasa al servicio y limpiate un poco, no vas a subir así a mi coche.
Alicia le hizo caso y avanzó tambaleándose. No quiso mirar a nadie en el local, pero le dio la impresión de que Mina sonreía con la mirada fija en ella.
Se miró en el espejo. Tenia el rímel corrido y estaba despeinada, el vestido estaba descolocado y seguramente todos en el local la habían visto el culo. Parecía una verdadera puta.
Por un momento, en su reflejo vio a su madre en vez de así misma. Apartó la mirada. ¿Habria pasado por algo similar? ¿Se sentiría igual que ella ahora mismo?
Se sentía tan sucia…. Tan zorra…
Tenía la cabeza embotada por el alcohol y las drogas pero se sentía tan… bien…
————————-
– Ya hemos llegado. – Dijo Frank cuando llegaron a casa de Alicia. – Dentro de poco me pasaré por aquí otra vez, no me gusta dejar a mis zorritas desatendidas. – Alicia agachó la cabeza y se sonrojó. – Me encanta. Tres zorras viviendo bajo el mismo techo.
“¿Tres?”
– No metas a mi hermana en esto. – Replicó Alicia. No fue consciente de que con ese comentario aceptaba su condición y la de su madre.
– ¿Tu hermana? – Frank la miró sonriendo, cadí riéndose. – No tenías ni idea de quien era tu madre y no tienes ni idea de quien es tu hermana.
– ¡He dicho que no te acerques a ella! Por… Por favor… – Añadió, cuando se dio cuenta de que había elevado demasiado el tono.
– Tu hermana es mayorcita, y tiene perfectamente claro lo que quiere y deja de querer. Preocupate de ti misma y dejate de rollos… Anda, baja del coche.
Alicia bajó y Frank se fue. Se quedó unos segundos parada en la calle antes de entrar en su casa, intentando no despertar a nadie. Se quedó mirando la habitación de su hermana, pensando en las ultimas palabras de Frank, pero no le dio demasiadas vueltas. Estaba agotada y se fue a dormir enseguida.
PARA CONTACTAR CON LA AUTORA