CAPITULO I (La sorpresa)

Me desperezo. Miro el reloj: Marca las ocho y cuarto. Hoy es por fin mi dieciocho cumpleaños y me levanto como siempre, con mi mástil a tope pidiendo guerra y al igual que cada día comienzo a enderezarlo con dos o tres meneos de mi mano. No hay nada más rico que una buena paja mañanera, ¿qué no?

A mi rabo no le hace falta más que un par de toques, porque enseguida se pone a tope. Hoy lo veo más grande de lo normal, quizá porque cumplo los 18 o porque ayer me rasuré entero, como me recomendó mi gran amigo Rafa y tiene razón, se ve mucho más grande. Dios, miro mi polla y está espléndida. Si pudiera estar dentro de un tierno coño. ¡Que ganas tengo de estrenarme, joder!

Supongo que está mal que hable de mi polla, que, por cierto, tampoco es una cosa del otro mundo, más bien creo que está dentro de lo normal, pero el caso es que hoy la miro y la veo henchida, deseosa tanto como yo de adentrarse por primera vez en un tierno y cálido conejito. No sé lo que se siente, pero es de esas cosas que solo con imaginarlas, estoy convencido de que son mejor de lo soñado.

Como digo, mi verga no necesita de muchos estímulos, pero también es cierto que mi cabeza ayuda bastante en la labor; Ahora estoy imaginando a mi hermana, viéndola tal y como ayer la descubrí saliendo de su cuarto con sus pequeñas braguitas y con esa camiseta ajustada de tirantes. Ella siempre ha sido objeto de mis miradas lascivas, es algo que no puedo evitar y es que con sus 19 primaveras es una tía buena de las de enmarcar y no lo digo yo por el hecho de que sea mi hermana. Para colmo de mis males, lleva unos días muy rara, como más juguetona de lo normal, como si realmente ya no sea yo el que la ve como la musa de mis pajas, sino que es ella misma la que me estimula con sus andares, sus movimientos medio inocentes, sus aparentes descuidos dejando la puerta de su habitación abierta… No, no, todavía no he tenido tiempo de verla desnuda, pero estoy deseándolo, aunque sea por un segundo y es que ella tiene un cuerpo perfecto: Sus horas de gimnasia, su estilizada figura de gran altura y ser capitana del equipo de vóley han ayudado bastante.

Otra de mis musas es, sin duda, mamá, que con apenas los cuarenta cumplidos es una madura de las de coleccionar, porque siempre se ha conservado muy bien. El hecho de ser alta, muy activa y dinámica, le han moldeado una figura que casi no ha perdido nada con el tiempo. Si a eso le sumamos unas tetas enormes y muy bien puestas, pues ¿para qué contar más?

Joder, así tumbado en la cama me gusta siempre rendir un homenaje a mis fantasías y especialmente a mis dos mujeres favoritas. A veces pienso en la vecina de al lado o en alguna compañera del instituto, pero tengo que reconocer que la mayoría de mis pajas van en honor a mi hermana Carla y a mi madre… ¡si ellas supieran!

Al principio, todo sea dicho, tuve mis reparos morales y todo eso… pues me sentía raro y lleno de duda éticas o yo qué sé, pero con una madre y una hermana que están tan buenas, es difícil no sentirse tentado a dedicarles una buena paja. Alguna vez he querido borrar de mi mente esos pensamientos impuros sobre mi hermana o mi madre, pero hoy por hoy me rindo a los hechos ya que ambas son demasiado para mis débiles pensamientos. Debe ser por eso de tener dos coños en casa, que uno no puede evitar que se le disparen las hormonas. Y no es por nada, no soy yo el único que piensa que mi madre es una madurita super sexy o mi hermana una jovencita más que apetecible…, esto está contrastado por muchos de mis amigos que me envidian por tener a esos dos bombones en casa.

− Vamos, dormilón, que llegas tarde.

¡Joder!, es la voz de mamá al otro lado de la puerta de mi habitación. Si llega a abrir me pilla con la minga en la mano mirando al techo y pajeándome como un mono, pensando en ella, precisamente. El susto ha sido morrocotudo, porque estaba totalmente ensimismado. El caso es que se me ha cortado el rollo y me meto en la ducha, dispuesto para empezar un nuevo día. Intento poner orden en mi mente y dejar de pensar en guarradas, pero me cuesta bastante no tener en mente el sexo continuamente. A ver, hoy a primera hora tengo inglés, que por cierto la profe, Luisa que está también muy buena. Coño, estoy hecho un salido, sólo veo mujeres follables.

Después de mi duchita reparadora, me visto y me dirijo a la cocina a desayunar. Oigo trastear y hablar a mi madre con mi hermana y me pregunto si ellas se habrán acordado de mi cumple o seguramente se les ha pasado por completo, lo que me faltaba…. ¡En fin!

Entro en la cocina y me llevo una sorpresa enorme. Está entera decorada con globos, banderolas y un largo cartel que dice, ¡Felicidades Nacho!… pues sí, joder, se han acordado. ¡Que pasada!

− ¡Feliz cumpleaños! – repiten al unísono mis dos chicas con una gran sonrisa en cada uno de sus preciosos rostros…

Mamá está aún en camisón y se nota que poco más lleva debajo. Desde luego, sostén no usa, porque sus enormes tetas se mueven en cuanto ella habla o se mueve, por no mencionar sus pezones que se marcan clarísimamente en la fina tela. Abajo, me pregunto ¿llevará bragas? De repente, sin tiempo a reaccionar, se acerca y me planta un beso en toda la boca… la verdad es que me pilla totalmente por sorpresa y me quedo paralizado. Ella ríe repitiéndome:

− ¡Felicidades, cariño!

Me ha gustado esa sorpresa y creo que pocas veces mamá me ha besado en la boca y menos de esa manera, con una candidez de sus labios tiernos, que ha hecho que se me ponga dura al instante. Me siento en la silla y oculto el bulto rápidamente bajo la mesa. Desde luego no ha sido un beso tierno, sino algo que me ha parecido cargado de sensualidad. Definitivamente estoy salido.

Tan ensimismado estoy con esa sorpresa de mamá que no me doy cuenta de que mi hermana está a mi derecha con su perfecto culo apoyado en la encimera descojonándose a moco tendido al ver mi cara de asombro. Joder, ahora que la vuelvo a mirar, ¡Qué buena está! Creo que cada día más. No, si ya digo que últimamente aparte de desquiciarme su cuerpo, me vuelven loco sus traviesos movimientos. Acaba de venir de correr y lleva esas mallas negras tan pegadas que hacen que la prenda se pegue a sus curvas de forma vertiginosa y esa camiseta deportiva blanca que es un top ajustado y se nota que está algo sudorosa. Mis ojos se van inevitablemente a esos muslos embutidos en sus ajustadas mallas para después observarla obsesivamente esa entrepierna perfecta y ese coñito que se dibuja tras la tela. Madre mía, me pone malo esta tía. Qué lástima que sea mi hermana, pero es que tengo que reconocer, como dicen todos mis amigos, el polvazo que tiene. Ojalá me eche una novia que esté tan increíble como ella. Esa imagen de mi hermana en mallas va a formar parte de otra de mis memorables masturbaciones. ¡Esta noche la paja va por ti, hermana! – pienso para mis adentros. La miro a los ojos y creo que se ha dado cuenta que la estoy mirando embobado hacia esa curvatura que se forma en lo alto de sus muslos en el centro del paraíso, pero curiosamente no sólo no se mosquea, sino que me vuelve a sonreír.

Mamá me saca de la ensoñación. También la veo hoy más guapa de lo normal. Con ese camisón, por encima de la rodilla, pero tan ligero, que muestra las redondeces que se esconden debajo. Cuando se gira veo que sí que lleva bragas, que se marcan con la costura sobre su culo y qué pedazo de culo, por cierto, ¡Dios…me pongo malo!

Como digo, mamá se conserva de maravilla, con un cuerpo muy estilizado y bastante bien proporcionado. No pasa desapercibida para ningún hombre y eso se nota en las miradas lascivas que la echan siempre. Enviudó muy joven, pues mi padre murió cuando yo apenas era un crío y ella no ha rehecho su vida con ningún otro hombre, pero lo cierto es que pretendientes y moscones nunca le han faltado. El hecho de haber criado a dos hijos, no le han quitado un ápice de su belleza, además un rostro precioso, con unos ojos enormes color avellana, una boca perfecta, un pelo largo moreno y unas bien proporcionadas curvas. La verdad es que es cierto que se cuida y tal, pero a pesar de eso, ella viene de serie con una belleza espectacular. Sus voluminosos pechos son su fuerte y ella lo sabe explotar con prendas más ceñidas o generosos escotes, algo que yo agradezco el primero.. En su cuerpo es posible que no haya las carnes prietas y juveniles de mi hermana Carla, eso está claro, pero como digo, muchas cuarentonas quisieran tener esa figura que tiene mamá. Para mí, está buenísima.

Cuando ella me ha besado, su gran masa en forma de tetas se ha pegado lógicamente contra mi pecho y aunque está mal decir que eso me gusta más allá de la ternura de una madre, debo confesar que me pone y bastante. ¿Serán mis 18 tacos cargados de testosterona? Creo que soy un enfermo, definitivamente, sobre todo si de quién estoy hablando es de mi madre. Vienen a mi mente esas tetas y las imagino saltando a mi alrededor y mis pensamientos van más allá, soñando que mi polla se coloca entre ellas para hacerme una cubana dentro de ese canal adorado.

− Vamos, Carla, felicita a tu hermano. – comenta mamá despertándome de mis sucias fantasías.

Mi hermana me mira y lo que menos me espero es que siga las instrucciones de su progenitora. El caso es que deja el vaso de zumo en la encimera y comienza a andar hacia mí. ¿No será verdad? Pues sí, veo oscilar las preciosas caderas de mi hermana acercándose a mí y la veo con más erotismo que nunca… Apoya una mano sobre mi hombro y ¿Me va a besar en la boc…? ¡Coño, que lo ha hecho!, ¡Joder y de qué manera! Mi polla ha pegado un bote. Posiblemente ha durado dos o tres segundos, pero deliciosos. Debo tener cara de bobo porque ambas se miran y se ríen a carcajadas.

Mi hermana está que se sale y como digo hoy está hasta más buena de lo normal. Es una tía impresionante, corroborado, como comentaba, por los salidos de mis amigos, incluído Rafa, que se la come con la mirada cada vez que viene a casa y aunque ella no tenga el par de tetas de mamá, está provista de un cuerpo increíble con rostro aniñado. Tiene cierto parecido a su madre, aunque son distintas. Carla es morena, de pelo largo hasta la cintura, ojos marrones claros y labios carnosos. El culo debe ser la parte más increíble, redondo, respingón y los muslos, ¡Joder… parece que no esté hablando de mi hermana! pero volvemos a lo antes y las neuronas despatarradas que tengo y aunque ella y yo estemos a la greña de vez en cuando, lo cortés no quita lo valiente: Ella está muy buena y no puedo evitar sentir atracción por su perfecto cuerpo… ¡Que uno no es de piedra, coño!

− Se te quedó cara de tonto – añade la vacilona de Carla, sonriente.

Lo cierto es que no esperaba que ambas mujeres me felicitaran de esa manera esta mañana de mi cumple, pero esos besos han sido muy extraños. Producen en mi interior sensaciones encontradas difíciles de asimilar.

− Bueno, ya tenemos un hombre en casa, nena y bien crecidito que está. – comenta mi madre sonriéndome. – ¡Dieciocho añazos ya, cómo pasa el tiempo! – añade

Lo de crecidito lo dice principalmente por mis 1,85 de altura y algo fuerte ya que practico baloncesto desde alevines. No soy un musculitos precisamente, pero sí es cierto que me conservo fuertote. El tamaño me viene heredado de mamá que también es una mujer de altura, lo mismo que Carla, que ha adquirido esa cualidad, lo que le ha permitido ser una de las mejores jugadores de voleibol del instituto, pero además admirada, por su extraordinaria belleza, claro.

− ¡Pensé que no os ibais a acordar! – digo al fin, después del impacto mañanero y mirando por doquier la cantidad de globos y guirnaldas que adornan la cocina con las que me han sorprendido en esta mañana.

− ¿Cómo nos vamos a olvidar cariño? – repite mamá sosteniendo mi barbilla y volviendo a besar mis labios de nuevo, suavemente… de esa forma tan extraña e increíble.

Mi hermana me mira y parece estar descojonándose al ver mi careto de sorpresa, pero no es para menos, os lo aseguro.

− Bueno, yo me voy a duchar que tengo mucho lío en la oficina – dice mamá de pronto – esta tarde cuando vuelva celebramos tu cumple como Dios manda, que uno no hace 18 todos los días.

− ¿Y mi regalo? – pregunto de pronto.

Ya sé, ya sé, soy un materialista, pero coño es que las cosas hay que dejarlas claras, que luego se pueden pasar por alto. Ambas se miran y sueltan una risa tonta. ¿Qué tendrán preparado?

− El regalo, esta noche, amor, no te preocupes, que lo tendrás y te gustará, te lo prometo- interviene mi madre. – además te hice la tarta de queso que tanto te gusta.

− Ya me podíais dar ahora el regalo. – insisto algo caprichoso y hasta cursi diría yo.

Otra vez se descojonan. ¿Qué me habrán regalado?. Vuelven su vista hacia mí y después a reírse por enésima vez en una mirada cómplice. Me estoy empezando a mosquear.

− Ahora no puede ser, Nacho, es imposible, tiene que ser esta tarde. Te va a gustar mucho, mucho, mucho… ya lo verás. – dice mamá con un tono de emoción y me da un golpecito cariñoso con sus dedos en la nariz.

No sé si he dicho que mi madre se emociona fácilmente pero es que para ella nosotros somos sus dos ojitos: el derecho y el izquierdo y nada hay más importante para ella que nosotros dos. Ha sido muy complicado para ella sacarnos adelante tras la muerte de papá. No solamente se ha sabido sobreponer a su pérdida y a la adversidad, sino que ha sido capaz de velar por nosotros a cada instante. Se puso a trabajar y a cuidarnos al mismo tiempo, con total dedicación y ahora que yo cumplo la mayoría de edad, eso supone algo muy especial para ella. Lo noto en el brillo de su mirada. Está orgullosa de ambos y nosotros también de ella, naturalmente.

− ¿A qué hora es la fiesta? – pregunto.

− Cuando salgas de entrenar, te vienes pronto, que mañana hay clase. – añade con su coletilla de madre.

− ¿Y no me podéis adelantar algo del regalo? ¿Una pista? – sigo yo en mis trece.

− No, no podemos, pero tu hermana y yo lo tenemos todo muy bien preparado. No seas impaciente hombre. Además queremos celebrar que ambos sois ya adultos.

Miro a mi hermana e intento sacarle más información. Ella vuelve a sonreírme de esa forma que la hace tan atractiva y tan deseable. Siempre hemos sido cómplices en casi todo y al llevarnos tan poca diferencia de edad, hemos compartido casi todo, sobre todo cuando éramos unos críos, después ella se ha convertido en una mujer y ya no estamos siempre juntos, como antes, pero seguimos siendo ante todo “buenos hermanos”, aunque yo tenga sueños lascivos pensando en ella.

− Carla, dime de qué va la cosa, al menos, ¿la consola? ¿el móvil nuevo?… – le insisto de forma machacona con mi cara de niño bueno. Reconozco que me pongo pesado.

Mi hermana enrojece y me esquiva la mirada, seguramente no quiere estropear la sorpresa y noto cierto nerviosismo en sus movimientos. Sin decirme nada abandona la cocina y sale disparada hacia su cuarto. Mis ojos se clavan en su precioso culo que lleva un ritmo adorable y yo sueño con poderlo tocar, acariciarlo, bajarle esas mallas, sobarle directamente ese precioso trasero… ¡Joder, ya estoy otra vez!

Me quedo en la cocina pensando en qué podrán haberme preparado y vuelve el recuerdo de ese beso que ambas me han plantado como quién no quiere la cosa. Nunca había sentido los labios de ambas sobre los míos y es que ha sido algo más que un pico, algo más que un beso fraternal y tierno. Me acaricio la polla por encima del pantalón y está a tope. Esta noche me daré otro de mis homenajes, pensando en ellas. Tengo que reconocer que soy un tipo con suerte viviendo con esas dos bellezas.

….

He estado todo el día elucubrando para averiguar qué se traían las dos entre manos, pero no tengo ni idea, aunque estoy seguro de que será algo especial, acorde a mis dieciocho tacos. Mamá siempre me lo ha dicho, que a esta edad, uno ya tiene que empezar a pensar por sí mismo, dejar un poco las faldas de su madre y plantearse una vida nueva, conocer chicas y todo eso. Por un momento ha pasado por mi cabeza la idea de que se trate de la moto que le había pedido meses atrás, pero después lo descarto porque eso a mamá le aterra, vamos, que la scooter, ni de coña.

No me concentro en clase prácticamente nada, ni con la buenorra profe de inglés y sus ajustados vaqueros, pero es que hoy solo me quedo con la sorpresa que me tienen preparada en casa y porque además de esa intriga, tengo todavía grabada la imagen de mi madre y mi hermana besándome de esa forma tan sensual en la boca. Una vestida con camisón súper fino, en el que casi se le transparentan los pezones y se adivina un cuerpazo bajo la fina tela y la otra con unas mallas tan ceñidas a su cuerpo que son casi una segunda piel. Eso es demasiado para un ser vivo, menos para un cachondo pervertido como yo. Mi polla ha dado otra sacudida recordando ese momento. Está siempre a punto. Desde que me la he rasurado junto a mis huevos, está juguetona y con ganas de fiesta. No se lo reprocho, que yo también. Mira que yo intento que descarte de mi mente esa sucia manera de ver a mis “chicas”, pero mi aparato no parece decir lo mismo y sigue creciendo inconmensurablemente bajo mi pantalón.

Es mi compañero de mesa el que me dice que me estoy distrayendo y la profe me está preguntando no sé qué. Me mira con cara de pocos amigos al ver que me he quedado en blanco. Me temo que vuelvo a sacar otro cero en inglés. Ni siquiera soy capaz de concentrarme en el entrenamiento de hoy y eso que es una de las cosas que más me gustan. Sólo estoy pensando en los besos y en los cuerpos de mis dos mujeres en casa. ¿Por qué tengo que tener una madre que esté tan espectacular y una hermana que también se sale del mapa?

Llego a casa por fin esta tarde de mi cumple, deseoso de volver a ver a mis, cada vez más deseadas musas… Oigo a mi madre trasteando en la cocina y al asomarme veo también a Carla. Ambas están trajinando con algunos canapés y pastelitos que están preparando para mi cumple.

¡Joder!, me fijo bien en ellas y no lo puedo creer, están impresionantes. Ambas llevan vestido pero las veo más arregladas de lo normal, casi diría que muy elegantes y extremadamente sexys a la vez. Ya imaginaba que mis dieciocho se iban a celebrar casi como mi graduación, pero esto supera todas las expectativas.

Mamá lleva un vestido largo, casi hasta los pies y muy ceñido de color beige que resalta poderosamente sus curvas, especialmente sus caderas y evidentemente sus pechos. El escote resalta sus tetas más de lo normal que si ya son grandes de por sí, ahora las veo tremendas. Se ha puesto unos zapatos de tacón que no le había visto antes. En la cabeza se ha hecho un moño muy coqueto, sus ojos pintados, labios rojos y algunas de sus joyas, que son una gargantilla, pendientes a juego y anillos y pulseras por doquier. Está preciosa, parece que tiene quince años menos.

Carla está igualmente impresionante. Lleva un vestido muy ceñido, pero este es muy muy corto, de los que si se agacha enseña todo. ¿Ya dije que a ella le quedan de diez las minifaldas? Con ese vestido rojo de lycra, que tampoco he visto antes, se remarcan poderosamente sus curvas y con generoso escote, distanciada mucho del impresionante canalillo de mamá, pero se la ve extremadamente sexy. Su pelo con bucles, que se habrá hecho con unas planchas esa misma tarde, lleva los labios pintados de un rosa chicle y unas sandalias de tacón altísimo que la hacen casi de mi altura. También lleva unos pendientes grandes de aro, varias pulseras y un brazalete en lo alto de su brazo. Está para comérsela. Siempre está divina, pero nunca antes la había visto tan rompedora.

− ¡Qué guapas! – digo casi por inercia, pero no es un cumplido, están divinas y lo grito realmente impresionado.

Ambas levantan la vista y sonríen agradecidas.

− ¿Vais de boda? – pregunto haciéndome el chistoso.

− No, vamos de cumple- responde Carla con su blanca sonrisa.

− Vamos cariño, sube a cambiarte que esto está casi listo. He hecho los canapés que te gustan. No tardes. – ordena mamá.

Subo a mi habitación, todavía impactado con la imagen de mis chicas y me desnudo dispuesto a cambiarme sin dejar de pensar en esa imagen de mi hermana y mi madre en la cocina. Están realmente deslumbrantes. Mi polla lo corrobora porque sigue en completa erección y casi me ha costado quitarme los calzoncillos. No sé qué ropa ponerme, ya que quiero estar a la altura de la celebración de mi onomástica y también a la altura de ellas, claro. No acostumbro a tener ropa elegante, pero opto por un pantalón vaquero nuevo que me sienta muy bien, una camiseta color burdeos y una americana de lino beige. Me miro al espejo y me digo “¡Coño Nacho, pareces un hombre y todo!”. Me agarro la polla por encima del pantalón y la digo en alto:

− Tú, relajadita… ¿eh?

Cuando regreso al salón, veo que mis chicas han decorado la mesa en el salón adornada con flores y la cubertería de ocasiones memorables. Las puertas y cuadros están repletas de guirnaldas y globos.

− ¡Tío bueno! – grita mi hermana al verme aparecer en el salón y esta vez no me ha parecido que sea con su tono sarcástico ni nada parecido, creo que yo también le parezco tan atractivo y elegante como ella a mí.

− ¡Que guapo! – añade mi madre al salir de la cocina con una fuente de canapés.

− Gracias, pero vosotras sí que estáis impresionantes.

Ambas se miran y se sonríen. Pocas veces soy yo efusivo en galanterías ni piropos a mis dos mujeres, pero lo cierto es que lo digo con total sinceridad y hasta lejos de ser una cordialidad, lo hago como hombre, atraído por dos impresionantes bellezas. Mi polla vuelve a certificar tal cosa con una de sus empalmadas. Y yo como siempre, intentando disimularla.

La mesa es todo un festín, con innumerables pastelitos, canapés y demás ricuras que prepara mamá con tanto cariño, pero también es un festín ver a aquellas dos mujeres pasearse de la cocina al salón y mostrando sus atributos más exuberantes que nunca.

− Sirve el vino, Nacho. – comenta mi madre cuando trae el último plato.

− Vaya, ¿Hoy me vas a dejar beber, mamá? – le digo entusiasmado

− Claro, mi amor, ya eres mayor de edad. – responde sonriente.

No es que anteriormente yo no haya bebido, aunque ella lo sospeche, nunca me ha permitido nada de alcohol en su presencia. Por lo que veo, esta noche hay “Barra libre”.

La cena transcurre muy amena y mis ojos no paran de ir del escote de mi madre o a los muslos de mi hermana, alucinado con esos dos cuerpos resplandecientes.

Hemos bebido vino a base de bien, seguramente demasiado para todos… el caso es que de pronto las conversaciones van tornando hacia el sexo.

− Dime hijo, en el tema del sexo, ¿aun no te has estrenado? – es la pregunta contundente de mi madre.

− ¡Mamá! – protesto apurado

− Vale, no lo has probado entonces. Ya lo imaginaba. Pero no te preocupes, con ese cuerpazo, enseguida encontrarás una chica dispuesta.

Los tres hemos tenido siempre muchas confianza, aunque no tanta como para hablar de esas intimidades de forma tan directa. Yo estoy cortado y no sé dónde meterme con esas preguntitas. Mamá me lanza otro dardo:

− ¿Te masturbas mucho, Nacho?

Casi se me atraganta el último sorbo de vino. Mi hermana se tapa la boca con el dorso de su mano para que no veamos cómo se descojona.

− Vamos tonto, Carla ya me ha confesado que ella es virgen y que se masturba a menudo, no tiene nada de malo. ¿Tú qué?

Miro a mi hermana de nuevo y flipo. Esta vez ya no sonríe, sino que se ve también su apuro, está colorada pero me intenta transmitir su serenidad con una sonrisa algo forzada, confirmando lo que mi madre dice. Estoy alucinado: Primero por saber que mi hermana Carla se masturba ¡a menudo!, algo que desconocía y que no había imaginado ni por asomo, pero al hacerlo ahora, mi polla se ha puesto otra vez mirando al techo. Lo otro que me deja trastornado es que se lo haya contado a mamá con tanta naturalidad. Y además virgen, seguro que el que se estrene con ella vivirá uno de los momentos más inolvidables de su vida.

− Chicos, hoy toca sincerarnos a todos, al fin y al cabo ya sois un hombre… una mujer y yo vuestra madre, que además pretende ser vuestra amiga para lo que necesitéis y consejera también, claro…

− Es que eso es muy privado, mamá – protesto muy serio – es como si te preguntamos si tú te has acostado con alguien después de lo de papá.

Al decir eso me doy cuenta de que he metido la pata, pues esto es algo muy reservado que alguna vez había imaginado de mi madre, pero claro, no puedo corroborar, aunque sí imaginar. Sé que desde la muerte de papá, casi quince años atrás, mi madre no ha podido estar sin probar sexo, a pesar de que nunca lo haya ni tan siquiera evidenciado. Lo curioso es que ella en ese momento no se corta y me responde como quién no quiere la cosa:

− Pues sí, hijo, y me alegro contarte que he tenido relaciones sexuales con varios hombres.

Si me pinchan no sangro. ¿Varios hombres? No puedo evitar imaginar a mi madre desnuda y siendo acariciada por distintos hombres indefinidos.

− ¿En serio? – pregunta Carla igualmente sorprendida con su boca abierta.

− Claro hija, que una no es de piedra y necesita satisfacer sus necesidades.

− ¿Con quién, mamá? – pregunta de nuevo con curiosidad mi hermana en la noche de las confesiones prohibidas.

− Pues con Lorenzo, mi jefe, alguna vez, con Carlos, un compañero del gimnasio que creo que no conocéis y con Adrián, el vecino…que por cierto tiene una polla enorme y folla de maravilla.

Mi madre no puede continuar, porque me da una tos que me hace atragantarme al escuchar lo que sale por su boca. Ella ha dicho polla y follar en la misma frase y eso es algo que suele evitar hasta para contar un chiste. Estoy viendo la cara de mi vecino Adrián, un tipo separado que parece una mosquita muerta y le veo follándose a mamá y me entran una serie de cosas raras que no acabo de encajar, entre envidia, celos, rabia, excitación….

Ella sigue enumerando sus hazañas sexuales con toda la frescura del mundo. Carla y yo nos miramos sin acabarlo de creer, nos parece imposible. No tanto porque no sea cierto lo vivido sino el hecho de que lo cuente con tanta facilidad. Creo que el vino es de mucha graduación y se la ha subido a la cabeza rápidamente.

− Es cierto, hijos, no tiene nada de malo. Una tiene sus necesidades, ya os digo. Vosotros os masturbáis y en algún momento disfrutaréis del sexo directamente con otra persona. Supongo que estaréis deseando, es normal… – nos dice mamá bebiendo otro buen trago de vino. Yo la imito y miro hacia mi polla que sigue dura como una piedra. Después miro a Carla, que parece tan flipada como yo.

La conversación ha sido casi una confesión y por mi parte, al final he tenido que admitir, más que avergonzado, como me la pelo a menudo, con mis pajas mañaneras, las nocturnas y las que cuadren, aunque Carla también ha reconocido que se pajea de vez en cuando, mucho más de lo que yo hubiera imaginado jamás. Ha confesado que se hace deditos en la ducha y en la cama en más de una ocasión, algo que me sigue pareciendo increíble, pero que debe ser cierto por la forma tan cortada en que lo comenta. Mi verga se vuelve loca de contenta y parece estar diciéndome, “bueno, esto hay que celebrarlo con una buena paja esta noche, ¿no?” No me quito de la cabeza la imagen de Carla acariciando su coño.

Mamá nos ha contado que también tiene un juguetito con el que se masturba de vez en cuando: Un consolador con forma de pene que la hace gozar como una perra (palabras textuales). Incluso nos cuenta que tiene más cosas como unas bolas chinas, que a veces usa cuando sale a la calle y que le proporcionan mucho gusto y un pequeño vibrador con un motorcillo que se mete alguna vez en su vagina cuando “le pica aquello”. Miro a Carla y a ella no le parece tan extraño, al menos no veo curiosidad en su mirada o a lo mejor sí, pero lo disimula. Esto es demasiado para mí.

− Bueno Nacho, ¿Entonces nos hemos puesto guapas para tu cumpleaños? – comenta mamá mientras se pone de pie con sus brazos en jarras y rompiendo ese silencio que había en un momento en la estancia e intentando quitar hierro al asunto, supongo que comprendiendo mi turbación.

Tardo algo en contestar y es que mi madre lo hace con una sonrisa muy picarona girando sobre sí misma. Mi rabo da otro respingo descontrolado de los suyos. Entre la conversación subida de tono y su ofrecimiento a confesar lo hermosas que se encuentran esta noche, no queda otra:

− Estáis muy guapas. Nunca os había visto así. – respondo dando otro trago.

− Es cierto – intervino Carla – ni para mi cumpleaños nos hemos puesto así.

Noto cierta envidia en sus palabras, pero es verdad, cuando unos meses atrás celebramos el dieciocho cumpleaños de Carla, no hicimos una cena tan espectacular ni ellas se pusieron tan extremadamente sexys, ni mucho menos tan enormemente sinceras en sus intimidades.

− Bueno Carla, – interrumpe mi madre – ya hemos comentado que en el cumpleaños de Nacho, celebramos mucho más que su día, estamos celebrando que ambos ya sois mayores de edad y que empezáis a ser adultos a todos los efectos.

− Ya, pero Carla, lleva casi un año de mayoría – intervengo yo.

− Sí, pero por eso quise esperar a este día para hacer una fiesta conjunta muy especial… Primero celebrar el cumple de mi chiquitín (refiriéndose cariñosamente a mí) y por otro que ambos ya sois un hombre y una mujer. Hoy es el principio de todo. Es vuestra fiesta.

No entiendo esa frase de mi madre, porque el hecho de ser mayor de edad tampoco me hace sentir nada raro ni una transformación de mi cuerpo que no tuviera días atrás… pero en fin, hoy todo resulta raro.

− Venga chicos, vamos a recoger y traemos la tarta. – dice.

Yo me hago el remolón porque después de la conversación tan caliente que hemos tenido y la visión de esas mujeres tan cachondamente vestidas tengo una empalmada fuera de lo normal y no quiero que quede en evidencia. Intento con mi mano orientar mi polla hacia otro lado, pero esta me dice que quiere guerra y que me deje de tonterías.

− Venga, Nacho, no te hagas el sordo, guapo, que hoy tampoco te libras. – dice mi hermana a mi lado.

Joder, la tengo a unos centímetros y me pongo malo, veo su culo redondo tan cerca de mí que me dan ganas de sobárselo ahí mismo. No sé si estoy borracho, pero lo que es seguro es que estoy muy cachondo. Las piernas de Carla son interminables y con esas sandalias de tacón súper fino que se agarran con una hebilla a su elegante tobillo, son todavía más largas, por no hablar de cómo se pega su vestidito a su figura, su vientre plano, sus caderas, sus tetas… Ella me mira y me dice que me espabile sin dejar de sonreír.

Me levanto, cojo unos vasos e intento ir muy cerca de ella, de esa manera, no me podrá ver y al tiempo mamá tampoco se dará cuenta de mi empalme cuando entremos en la cocina.

En cuanto atravesamos la puerta, veo a mamá agachada colocando platos en el lavavajillas y su culo está en pompa notándose su forma redondeada y enorme. No parece que lleve bragas bajo ese fino vestido, yo al menos no veo las costuras a través de la tela. Sus tetas cuelgan más de lo normal y con esa imagen me veo agarrándola ahí mismo y acariciando esas ubres que me dieron rica leche años atrás. ¡Coño, qué visión más flipante!

Carla se ha dado cuenta de que observo embobado a mamá. Por un momento he pensado que se lo va a decir en un “mira el cerdo de tu hijo”. Sin embargo Carla sonríe, por enésima vez esta noche, como si quisiera guardarme el secreto.

Me acerco a la mesa y cojo la tarta pegándola a mi barriga, de esa forma entiendo que ellas no se percatarán de mi tremenda erección.

− No, no, tú vete al salón que ya sacamos nosotras la tarta, que tengo que ponerle las velas. – dice nuestra progenitora quitándome de pronto la tarta de las manos. El bulto de mi pantalón es más que evidente y a mamá no le pasa desapercibido… ¡Joder, me ha visto!

Le echa un buen vistazo a mi bulto para después sonreírme. ¿Pero qué coño está pasando esta noche aquí? Estoy alucinando. Me voy al salón y espero a que ellas lleguen. Antes las oigo reír continuamente en la cocina, supongo que hablando de mi evidente erección. De pronto se abre la puerta de la cocina y aparecen mis dos chicas con la tarta entre sus manos y sus correspondientes 18 velas. Vienen caminando con mucha sensualidad y cantando el cumpleaños feliz. Me sonrojo, pero ya no sé si es por vergüenza, por el vino o porque estoy más caliente que una moto. No sé si fijarme en la tarta o en sus armoniosos cuerpos avanzando hacia mí. Por un lado las larguísimas piernas de Carla, por otro el escotazo de su madre.

Toca pedir un deseo y pienso para mis adentros que no es otro que la de que mi virginidad se acabe cuanto antes, porque ya veo sexo en todas partes y pensar en mi madre y en mi hermana me parece que se ha convertido en algo enfermizo. Tengo que echarme novia ya. Soplo las velas, entre los flashes de sus respectivos móviles y sus aplausos.

− ¡Bravo!, ¡Bien! – gritan ellas que me abrazan una por cada lado y dándome un montón de besos en las mejillas.

Lo curioso es cuando mamá vuelve a acercar de nuevo su boca a la mía, esta vez posa sus labios suavemente sobre los míos. Está tardando más de lo normal mientras yo me quedo paralizado. Noto la tersura de esos cálidos labios que se acoplan suavemente a los míos. Se separa y me dice casi en un susurro el consabido “Felicidades chiquitín”.

Ahora es mi hermana la que hace lo propio, se agarra a mi cuello, noto sus finos dedos en mi nuca y me encanta, pero cuando noto sus labios color chicle pegarse a los míos, no puedo evitar abrir ligeramente la boca y sacar un poco la lengua. Joder, ha sido un acto reflejo que debe haber provocado tanto vino y cuando se retire Carla seguramente me va a partir la boca. Pero no, ella también abre ligeramente la boca y nuestras lenguas se tocan durante unos segundos. No sé cuantos pero me saben a gloria. Después nos separamos mientras mamá aplaude entusiasmada. Mi polla sigue mirando al techo, a lo suyo, pasándoselo en grande. Y desde luego ellas lo tienen que notar.

− Siéntate ahí con tu hermano y soplar juntos las velas que os hago una foto. – comenta mamá.

Carla lejos de ponerse a mi lado me dice que me eche un poco para atrás en la silla. A continuación, dejándome totalmente flipado, va la tía y se sienta directamente sobre mis piernas, pero no lo hace sobre mis rodillas precisamente, sino que todo su culazo se posa sobre mi paquete. Me agarro sorprendido a su estrechísima cintura. Otra vez mi polla hace acto de presencia y esta vez definitivamente ella lo tiene que notar directamente bajo su culo, de hecho, se vuelve y me sonríe, antes de decir:

− ¡Una, dos y tres!

El culo de Carla se clava un poco más contra mi polla y su vestidito me parece aún más fino de lo normal, porque noto como la curvatura de sus nalgas rodea mi miembro inhiesto que se ha ubicado justo ahí, entre sus cachetes. ¡Joder, mi hermana no se inmuta!, pero tiene que percibir clarísimamente mi polla de lleno al igual que yo noto todo su potorro rozándome y haciéndome sentirme más cachondo de lo que ya estoy. Por un momento estoy soñando. Me aferro a su cintura fuertemente imaginando que me la estoy follando en esa postura, ella sobre mí. Soy un depravado, lo sé, pero no lo puedo remediar. Para ella puede ser algo inocente, pero yo estoy demasiado salido.

− Venga Nacho, otra vez, que tú no sales. – me riñe mamá, que tras varios disparos con su móvil, no ha conseguido sacar mi cara.

Mi hermana se levanta para encender las velas, algo que provoca que su vestidito suba un poco más por sus piernas, dejándome una visión inolvidable por detrás. Sus muslos parecen cerrarse allá arriba tan cerca de lo que debe ser ya el comienzo de su culo… Se sienta de nuevo sobre mí, parece que ubica su culo para que mi dura tranca se vuelva a colocar en la mitad de sus glúteos. Después pasa su brazo derecho por detrás de mi cuello y al hacerlo su teta se pega mi costado mientras su culo se aferra más aún a mi paquete. Mi mano derecha sigue en su cintura pero la otra se asoma por delante para disfrutar de ese vientre liso del que es poseedora mi bella hermana. ¡Joder que a gusto estoy!, no quiero que esto se acabe nunca. Salen flashes por doquier y me parece estar viendo las estrellas en este momento. Soplamos las velas y el culo de mi hermana se me incrusta más todavía…. ¡Qué gozada!

− Bueno, ahora yo. – Dice mamá de pronto. – Carla, haz tú la foto.

Mi hermana se levanta dejándome con una empalmada y el vaquero ligeramente húmedo pues estoy que no puedo más. Mamá se me acerca y mira hacia la protuberancia que hay en mi entrepierna pero lejos de molestarse, me sonríe y me da un beso en la frente, muy tierno, al tiempo que una de sus tetas choca contra mi barbilla. ¡Joder, que tortura más deliciosa estoy teniendo hoy! ¡Qué de imágenes para mi pajote nocturno!

Mi madre ocupa la posición que momentos antes tenía Carla y ubica su grandioso culo encima de mí, situando ligeramente sus posaderas para que mi polla la reciba gustosa. Se deja caer literalmente sobre mi paquete. Otra vez noto la ligereza de la tela de su vestido y siento la suavidad de su culo de pleno. Mis manos acuden prestas a sus caderas y las acaricio ligeramente. Mi madre no parece enterarse o le gusta la cosa, ya no sé qué pensar, pero tiene que notar que debajo de su culito, justo bajo la entrada de su coño, su hijo tiene una erección fuera de lo normal, con una dureza extrema. Yo creo que estoy a punto de estallar.

Vuelvo a acariciar sus caderas extendiendo algo más mi mano y percibo que sí que lleva bragas, pero deben ser pequeñitas, al menos la tira es súper fina.

− Venga hijo, que no sales. – me dice.

Me arrimo por su costado y su teta vuelve a pegarme de lleno en mi cara, pero esta vez me entretengo algo más para recibirla durante el máximo tiempo posible. Encendemos la velas por enésima vez y mi hermana justo enfrente me ofrece la visión de su extraordinaria belleza, mientras mamá se levanta una y otra vez, apoyando su culazo sobre mi verga, algo que me tortura más todavía, aunque sarna con gusto…

Una de las veces cuando apoya su culo sobre mi polla, lo hace de forma lenta, como si estuviera recreando y no puedo evitar soltar un bufido de gusto al sentirla de lleno, pero lo más sorprendente es que me ha parecido que ella también ha emitido un leve gemido.

Después de las velas, ponemos algo de música y bailamos riendo y disfrutando de esta extraordinaria celebración, donde “mis chicas” están más desinhibidas y hermosas que nunca. La primera es Carla que se pega a mí y aprovecho esa entrega para acariciar su cintura y sus caderas, mientras su cuerpo se pega al mío como una lapa y mamá sigue haciendo fotos, luego es el turno de ella y Carla es la fotógrafa, haciendo que las enormes tetas de mamá se peguen a mi pecho y aspire el rico perfume que se ha puesto hoy en ese cuello que miro con ganas de morder y chupar. Mamá no deja de sonreírme a pesar de que tiene que notar mi turbación y sobre todo mi palpable erección. Se pega más aún a mí. ¡Bendita tortura!, ¡Esta es mi mejor fiesta de cumpleaños!

Juliaki

CONTINUARÁ….

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