CAPITULO 4 (Que no pare la fiesta)

¿Será verdad que todo esto no acaba más que empezar? Ya no sé si podré alucinar más…

Mamá se acerca a mí, me retira la mano de mi bulto para proporcionarme placer directamente con la suya. Ya no se limita a pasar sus dedos por la largura, sino que se agarra a ese falo y lo soba y aprieta con todas las ganas. Después me besa de la misma forma que ha hecho con Carla. Casi me caigo de espaldas. Nuestras lenguas se cruzan, nuestros labios se persiguen y nuestras salivas se intercambian en un morreo delicioso. Yo me tengo que agarrar a su culo y aprovecho también para amasar esas enormes tetas. Sin soltarnos del abrazo me dice:

− Ahora nos toca a nosotras descubrir nuestro regalo. Pásale la cámara a tu hermana

Carla que continúa inmóvil y completamente desnuda en el centro de la habitación tarda en reaccionar, supongo que expectante a lo que va a descubrir si me desnudo como ellas. Mamá pone sus manos en mi calzoncillo dispuesta a bajarlo, como acabo de hacer yo hace unos minutos con sus respectivas braguitas y me echo involuntariamente hacia atrás, todavía ciertamente cortado.

− Schssss. – vuelve a ponerme su dedo adornado con una uña larguísima en el centro de mis labios y desde luego no acepta un no por respuesta.

En ese momento pasan un montón de pensamientos por mi cabeza, pero el más evidente es que mi madre va a dejarme en pelotas allí mismo, delante de ella y de mi hermana a quien observo y vuelvo admirar con ese cuerpo perfecto. Está sonriente, sin duda quiere ver a mamá en acción y por supuesto, a mí despelotado.

Miro a mi madre, desnuda frente a mí para admirar nuevamente esas curvas y ese cuerpo tan bien proporcionado y alucino una vez más. Igual que Carla que es impresionante vestida, pero desnuda es una diosa. Mamá agarra mi calzoncillo y lentamente lo va deslizando por mis caderas. Giro la cabeza de nuevo hacia Carla que está observando detenidamente toda la operación. Está intrigada por ver que se esconde bajo mi única prenda aunque lo cierto es que hay poco que ocultar.

− ¡Joder! – salta mamá al ver que mi polla ha saltado frente a su nariz como un resorte. Está ciertamente dura, grande y más tiesa que nunca.

La visión de tener a mi madre ahí agachada, con sus muslos abiertos, su sexo adornado con una pequeña tira de pelitos bien recortados y esas tetas prominentes que rozan ligeramente mis muslos hacen que mi polla pegue un brinco ante su atenta mirada.

Veo que Carla se ha quedado paralizada sin hacer fotos, se tapa la boca con su mano, supongo que nadie podría imaginar que llegara este momento, ni ellas tan siquiera, habiéndolo planeado con detalle.

Ahora mamá se pone de pie y observa mi polla que apunta en casi cuarenta y cinco grados hacia esos preciosos pechos que me tienen alucinado. Se moja los labios sin dejar de mirar mi tieso aparato. Después gira a mi alrededor y hace un repaso por todo mi cuerpo fijándose en cada detalle, observando mis pectorales, mi culo, mi polla…

− ¿Has visto Carla lo bueno que está tu hermano? – le pregunta a su hija que responde con un movimiento de cabeza.

Mamá se pone frente a mí y me lanza un pequeño resoplido de admiración sobre todo dirigido a mi verga palpitante. Se va acercando poco a poco. Primero sus tetas chocan contra mi pecho, después mi tieso rabo contra su ombligo y a continuación noto su sexo caliente más abajo, rozando la parte alta de mi muslo izquierdo. Me agarra por el cuello y me besa, como momentos antes hicimos, con toda la pasión. Mi mano se va a su culo, me encanta estar así, es como estar en el cielo, estoy seguro. Mi polla palpita entre nuestros cuerpos y ella nota la dureza. La oigo ronronear mientras nuestras lenguas juegan dentro y fuera de nuestras bocas.

− ¡Hijo mío que polla tienes!, vas a volver loca a más de una. – me dice en un susurro al oído.

Luego mira hacia Carla, que está aguantando con una mano el móvil y haciendo un vídeo y con la otra tocándose ligeramente su rajita. Tiene que estar cachonda perdida, tanto como yo.

− ¡Venga hija, acércate!

Carla deja de nuevo apoyada la cámara y se acerca hacia nosotros. Mamá agarra mi polla con su mano, lo que provoca que lance un pequeño suspiro.

− ¿Has visto qué cosa más bonita, Carla? – dice.

− Sí. – responde mi hermana sin quitar ojo de mi polla que está pletórica.

− Por fin la ves en directo. ¿Es como la habías imaginado?

− Creo que es más grande – añade mi hermana para después mirarme a los ojos mientras yo repaso toda su preciosa anatomía.

Me siento dichoso de tenerlas, pero además orgulloso porque vean grande y hermosa mi herramienta… A mí siempre me ha parecido muy normal, pero el hecho de que dos mujeres tan especiales admiren tu miembro así, hacen que uno se sienta más que feliz.

− Bueno, ¿Qué te parece?, ¿Es bonita entonces? – le pregunta a mi hermana moviendo ligeramente la piel hacia atrás y dejando a la vista mi capullo.

− Sí. – responde Carla mojándose los labios con su lengua.

− Además tu hermano parecía estar esperando el momento porque se ha afeitado todo – añade mientras acaricia con sus dedos mi pubis y mis huevos libres de vello haciéndome estremecer.

Carla sonríe al ver mi apuro y mamá no deja de acariciar mi pene con mucha suavidad. Es como una paja a cámara lenta que me vuelve loco.

− ¿Es más grande que la de plástico, ¿verdad?, jajaja… – dice de pronto mi madre sin soltar mi polla.

− Sí, ¡mucho más!… – afirma la otra.

− ¿De plástico? – pregunto confuso.

− Sí, cariño, Carla ha probado un consolador que le regalé. – indica mamá con toda la naturalidad del mundo.

− ¿Un consolador?

− Sí, – añade mamá, sin dejar de acariciarme los huevos y la largura de mi polla que sigue dando espasmos. – ella tuvo su regalo de cumpleaños, ese fue el adelanto, una polla de plástico, a la que ha cogido cariño… jajajaja.

− ¡Mamá! – protesta Carla avergonzada pero sin dejar de mirar mi polla en ristre.

− Es cierto, hija, al principio te costó un poco, pero desde que conseguimos desflorarte, ahora es tu juguete favorito, ¿O no?

No sé si mamá está algo bebida o el que está borracho soy yo, pues no doy crédito a lo que oigo de su boca ni de todo lo que está sucediendo en esta noche mágica. Luego miro a mi verga y veo que mamá sigue aferrada a ella, como si no la quisiera soltar nunca. Pero todavía me cuesta asimilar que Carla haya usado un consolador para perder su himen y que esté jugando con ese aparato desde hace un montón de tiempo, creo que mi polla me va a reventar en cualquier momento.

− ¿Quieres tocarla? – dice mamá a Carla señalando hacia esa barra de carne que se mece entre sus dedos.

Mi hermana me mira, como si estuviera pidiéndome permiso y yo parece que suplico a que lo haga cuanto antes, nada más me gustaría en ese preciso momento. Cuando mamá suelta mi polla esta rebota como si fuera una catapulta y Carla se queda perpleja por ese movimiento. La veo desnuda delante de mí y sigo sin creérmelo. ¡Mi preciosa hermana va a pajearme!

− ¡Cógela! – anima a su hija que sigue indecisa.

La orden de mamá no se hace esperar más y la mano de mi hermanita rodea por fin mi polla. ¡Joder qué sensación más alucinante! me encanta sentir sus finos dedos atrapándola. Sin duda alguna que ella tiene que sentir la palpitación y yo quiero quedarme así siempre. Mi madre sonríe viendo mi cara y la de su hija que ahora mece suavemente mi rabo tieso. Los dedos de Carla son más largos y finos que los de mi madre y me gusta ese calor que siento sobre mi cilindro enhiesto.

− ¿Qué tal? – comenta mamá.

No sé si la pregunta es a mí o a Carla, pero ambos respondemos al unísono.

− ¡Bien!

− Jajajaja… ya veo que no os disgusta a ninguno de los dos. – añade nuestra improvisada maestra del sexo.

Los tres desnudos en medio del salón y el móvil grabando un vídeo apoyado sobre la mesa. Ya tengo ganas de verlo. Aunque no quiero moverme de esa posición. En ese momento mamá agarra la muñeca de Carla y empieza un movimiento oscilante que hace que mi polla se mueva en una paja monumental, proporcionada por mis dos chicas.

− ¿Ves cómo se mueve la piel hacia atrás? – le indica instruyéndola en ese nuevo menester.

− Sí. Se pone más dura cuando la muevo. – añade mi hermana.

− Claro, ya te dije que es lo que les excita a ellos. ¿Qué sientes masturbando tu primera polla? – le pregunta de sopetón.

− Me siento rara.

Yo también lo estoy, pero sin creerme que ambas me estén tocando. Mientras Carla me pajea lentamente con sus pequeños y finos dedos, la otra acaricia mis bolas y las soba con dulzura. ¡Si esto es un sueño no quiero despertar!

− Observa el glande, mira qué bonito, cómo brilla. A ellos les gusta que acaricies así con tus dedo y roces el frenillo de aquí ¿Ves?

− Sí.

− Luego, extiendes así los dedos por su largura y también deberás acariciar sus huevos, eso les encanta, ¿verdad, cariño? – me pregunta sin dejar de acariciarlos.

− ¡Sí! – contesto a duras penas, extasiado al notar la mano de Carla acariciando las partes más sensibles de mi miembro.

La miro y veo que tiene los carrillos encarnados y un brillo en los ojos que me encanta. Sus piernas juntas tan largas están tan cerca de mí… Su pecho se mueve agitadamente en una respiración acelerada.

− ¡Ahhh! – digo en fuerte gemido cuando Carla ha cogido ritmo y me pajea con brío. Mi corazón se sale por la boca directamente al notar los primorosos dedos de mi hermana alrededor de mi polla y machándomela cada vez a más velocidad. Le está gustando ese movimiento y a mí, no digamos.

− Sube y baja, lentamente, ve más despacio o se te correrá en un abrir y cerrar de ojos – le concreta mamá.

Es cierto, si mi hermana continúa con ese ímpetu, me corro en un segundo. Entonces ella obedece, me mira a los ojos durante unos instantes y después sigue con la vista fija en esta herramienta mía que sigue pletórica. Vuelve a dirigir otra vez sus ojos a los míos y ambos disfrutamos de ese momento porque irremediablemente nos sonreímos.

Mamá acaricia mis muslos mientras sigo siendo pajeado por mi otra chica que se afana en ello a pesar de no tener experiencia. Lo cierto es que nadie antes, salvo yo, había tocado mi verga. Ella lo hace despacio observando como aparece y desaparece mi glande en cada movimiento.

− Por fin tienes una polla en tu mano, ¿Qué te parece? – le pregunta mamá a su hija.

− Me gusta… ¡mucho! – responde nerviosa y ambas ríen.

Después mamá me mira con sus ojazos y su sonrisa con ese gesto de madre y al mismo tiempo con cara de deseo, al menos eso me parece.

− ¿Sabes hijo? Tu hermana estaba deseando tanto este momento. Estaba nerviosa de que llegara que ahora parece que no se lo cree. Supongo que como tú.

− Sí.

− La habrás notado rara estos días, bueno a mí también, porque estaba nerviosa con todo esto. Y ahora estás descubriendo lo que debe sentir un hombre y una mujer… bueno dos mujeres y un hombre, jeje.

− Todavía no me lo creo. – respondo.

De nuevo ambas ríen y es que es la verdad, no me creo que esté en esa situación ni que estén tan excitadas y nerviosas como lo estoy yo en ese mismo momento.

Yo me siento orgulloso, claro y como digo mi rabo no es nada del otro mundo, es normal, pero supongo que para verlo por primera vez, ella tiene que alucinar, como yo viendo esos esculturales cuerpos desnudos a mi lado.

− Así, cielo, lentamente, lo haces muy bien – le va indicando nuestra profesora del placer a su hija.

Yo estoy en la gloria de tener a esas mujeres a mi lado participando de ese trío mágico, que jamás hubiera soñado vivirlo en realidad.

De la punta de mi polla sale la primera gota de líquido pre seminal que Carla observa detenidamente algo asombrada, después mira a mamá que con toda la naturalidad acerca sus dedos a mi glande para apretar ligeramente y la gota va creciendo para convertirse en una buena porción de líquido transparente que ahora se ha depositado entre sus dedos. Carla sigue bajando y subiendo la piel de mi prepucio muy despacio sin dejar de mirar a mi polla y a los dedos impregnados de mamá.

− Mira, esto significa que el hombre está preparado y totalmente lubricado, como te pasa a ti cuando te excitas. – le explica mamá.

Después pasa su pulgar por la punta y aprieta junto a la mano de Carla por debajo del glande lo que produce que salga mayor cantidad de ese líquido transparente. Mamá lo recoge con la punta de sus dedos y empieza a jugar con ese viscoso brebaje que pasa de un dedo a otro.

Después, Carla suelta mi miembro de repente y este oscila arriba y abajo al dejar de sentir esa dulce mano. El motivo es que ella quiere compartir con mamá el líquido que ha salido segundos antes de mí. Ambas se lo pasaban entre los dedos. Esa visión, para mí, es maravillosa.

− ¿Ves que espeso?, Pruébalo, verás que rico. – propone mi madre con naturalidad.

Mi hermana es remolona al principio, pero cuando mamá chupa uno de sus dedos y lo hace con tanto fervor entiende que tiene que participar y probar ese flujo cristalino. Carla acerca la punta de su lengua hacia un dedo de mamá y lo chupa suavemente haciéndome estremecer al ver como estaban saboreándolo de aquella forma tan sensual. De pronto se abrazan y comparten ahora ese elixir entre sus bocas dejándome aun más pasmado. Se ponen muy cerca de mí, pudiendo notar su calor y continúan con sus lenguas jugando fuera de sus bocas y trasladar el líquido mezclado con su propia saliva, aquello me enloquece. Acaricio ambas cabezas en señal de agradecimiento.

Mamá sostiene entonces mi polla y se la ofrece a su hija, que coge el testigo con placer, mientras la primera acaricia mis testículos mirándome fijamente a los ojos. Acerco mi boca a la suya y vuelvo a sentir los labios de mamá, esta vez más calientes y con el sabor mezclado de su boca, la mía, la de mi hermana y el brebaje que segundos antes han compartido. Noto la tensión que indica que estoy demasiado excitado casi a punto de explotar. Mi madre, la experta profesora del sexo lo nota al instante y retira la mano de Carla de mi polla. Esta frunce el ceño como si le hubieran quitado un caramelo. Yo también me quedo con las ganas, evidentemente pues me hubiera gustado seguir notando los dedos de mi chica divina acariciándome sin parar.

− Debemos parar un instante, cariño, porque si no tu hermano se correrá – le indica mamá.

Joder, eso es lo que yo hubiera deseado, aunque parece que los planes de mamá son otros.

− Tranquilo, hijo, luego podrás soltar todo lo que llevas aquí dentro – añade acariciando tiernamente mis huevos.

Siento su boca una vez más contra la mía y me siento pletórico, esperando que ese momento se produzca cuanto antes.

− Venid, sentémonos un momento en el sofá y tomemos otra copa, así nos relajamos un poco, entiendo que estéis confusos, excitados, raros… y de paso se va cargando la batería del móvil.

Carla va a la cocina a por otra botella, pues la anterior nos ha durado dos asaltos. Creo que hemos bebido demasiado. Verla caminar desnuda es todo un espectáculo y la música la pone el sonido de sus tacones en la madera del parqué. Se vuelve antes de entrar en la cocina. Parece que sepa que la estoy observando.

Mamá se sienta a mi lado y observo aún más detenidamente su cuerpo. Esas tetas enormes, sus caderas armoniosas, el coño tan bonito. Sigo sin creerme todo lo que está pasando. A continuación ella acaricia suavemente mi miembro con la punta de sus dedos, desde mi glande hasta llegar a mi pubis depilado. Me parece oírla gemir al hacer eso y yo por descontado estoy sin poder casi respirar.

− ¿Estás bien, cariño? – me pregunta esta vez acariciando mi pecho suavemente.

− Sí, pero estoy muy excitado.

− Es normal cariño. Pero no he querido que eyacularas todavía. una cosa que debes aprender desde el principio es a no correrte nunca antes que tu chica. Acuérdate que es ella la primera, ¿Entiendes lo importante que es?

− Claro, pero es que ahora mismo no sé si podré controlarme y…

− Lo sé, vida mía. No digo que sea una tarea fácil, por eso quiero que vayas aprendiendo. Es lógico que te desboques.

− ¿Y ahora lo estoy haciendo bien?

− Lo haces genial, cariño, y quiero que esto sea muy especial para ti. Pero nunca, nunca olvides que primero debes excitar a tu pareja al máximo. Nunca debes dejar a una chica con las ganas. Hoy quiero que aprendáis ambos a controlar vuestros cuerpos y a saber dar y recibir placer. Algún día me lo agradeceréis.

Naturalmente que este día es especial, pero ¿se quedará solo en eso? A partir de hoy ninguno vamos a olvidar todo lo que está pasando y eso no sé si es bueno o malo, lo importante, viendo los ánimos de ella, es que yo lo disfrute.

− Podrás aguantar ¿Verdad, mi amor? – vuelve a decirme acariciando suavemente mi polla con tan solo la punta de sus dedos. Me estremezco al notarlos en mi capullo.

− No te lo prometo, mamá. – respondo entrecortadamente.

Carla sale de nuevo de la cocina pero mi madre no retira su mano. Ella se nos queda mirando extasiada. Y yo al mismo tiempo viéndola acercarse. De nuevo puedo disfrutar del movimiento de esas caderas aproximándose, sonriente, con sus tetas bamboleándose y ese chochito rasurado. Joder, mi hermana es impresionante. ¡Vaya polvazo que tiene!

− Siéntate junto a tu hermano, cariño. – le manda mamá.

Tras servir las copas y dar un trago cada uno tras un brindis, quedo sentado en el sofá junto a esos dos bombones. Mamá deja la copa y habla con mi hermana mientras yo acaricio su pezón muy cerca de mi cara.

− Le estaba contando a tu hermano, que es importante que sepa controlarse y que no llegue al orgasmo, si antes no ha conseguido que ella esté excitada. Por eso, creo que debe aprender a controlar su cuerpo lo primero. – añade haciendo dos o tres movimientos sobre mi verga.

− Yo estoy excitada. – añade Carla por si hubiera quedado alguna duda.

Me fijo en su rajita y veo que brilla extraordinariamente lo que indica que es cierta su excitación. Me encanta verla así, con sus pezones duros, sus carrillos encarnados, sus ojos brillantes y su sexo empapado.

− Ahora hijo, vas a comprobarlo de cerca. – añade mamá.

Aun quedándome con las ganas de que siguieran pajeándome no me disgusta la idea de admirar sus sexos desde cerca. Ambas se sientan juntas en la pequeña mesa de madera que está delante del sofá y enfrente de mí abren sus piernas ofreciéndome la impactante imagen de dos lindos sexos. ¿Cuándo habría imaginado tener yo a dos bellezas, tan cerca, con sus piernas totalmente abiertas y tan sólo engalanadas con sus zapatos de tacón? Mamá me invita a arrodillarme y observar cada uno de sus respectivos coños. Nunca he tenido la oportunidad de ver uno y menos dos desde tan cerca.

− Ven, acércate, cariño – me invita a empezar con el suyo.

El chochete de mamá está abultado, unos cuantos pelitos muy bien recortados alrededor de su vulva. Sus labios mayores sobresalen dejando a la vista unos pliegues que me recuerdan a una flor.

− ¡Tócalo, mi vida! – me invita.

Acerco mis dedos temblorosos ante esa impactante visión y los poso ligeramente sobre su pubis. Comienzo a acariciar esos labios que son blanditos, tiernos y calientes. Miro a los ojos a mamá y ella corrobora afirmando con su cabeza que lo estoy haciendo bien. Entonces mi mano se abre paso en esa parte que oculta su rajita y ella me ayuda abriéndolo más con sus dedos estirándolo a cada lado. Entonces emerge ante mi vista algo parecido a las puertas del cielo. Un coño rosado abierto, jugoso, con un brillo espectacular y un agujerito tentador. Mis dedos se posan ahí y al mirar hacia arriba mamá cierra los ojos ligeramente. Creo que le gusta. Entonces recuerdo lo del botoncito y lo busco acercando más mi cara a ese coño a tan solo unos diez centímetros, veo que en lo alto de sus labios se esconde una especie de bola rosa y creo que ese es el detonante, porque en cuanto lo acaricio con la yema de los dedos, mamá empieza a gemir. Ella sostiene mi muñeca y con ese gesto indica que no siga tan directo o llegará al orgasmo enseguida.

− ¿Te gusta Nacho? – me pregunta.

− Mucho, mamá. Es precioso.

− Gracias hijo. Recuerda que esa parte es muy sensible y debes ir poco a poco, primero sabiendo que la mujer en cuestión esté excitada.

− Pero vosotras lo estáis. – afirmo seguro.

− Claro, pero aun así debes ir lento, nunca adelantarte, hasta que prácticamente ella muestre todas las señales de estar preparada. Debes asegurarte. ¿Ves como está de hinchado?, ¿Lo notas? – dice y a continuación agarra mi mano y la lleva de nuevo a su abultada vulva.

− Sí, está hinchado. Mucho.

− Esa es la primera evidencia. Luego los pezones, asegúrate que están duros, incluso rugosos.

Es una invitación para que los pellizque y están realmente rígidos. Me encanta sobarlos y que esa dureza se meta entre mis dedos. Por un momento miro a Carla que está sentada al lado de mamá y noto su respiración agitada. Sin duda está súper cachonda esperando su momento.

− Luego debes pasar el dedo por la rajita y comprobar que está lubricada. ¿Lo notas? – continúa con sus explicaciones mi madre.

− ¿Así? – pregunto pasando mi dedo por el suave chochito haciendo que suelte un suspiro.

− Así, mi amor, lo haces muy bien. Ahora toca por todas partes menos aquí – añade señalando su clítoris.

− ¿Lo hago bien? – vuelvo a preguntar alucinado mientras acaricio sus labios y toda su rajita empapada.

− Sí hijo, así, pero muy suave, no aprietes… Ahora acércate a olerlo.

− Huele de maravilla, mamá. – digo cuando percibo ese aroma con mi cara a pocos centímetros de ese lugar.

− Recuérdalo, cariño ese es el olor de una mujer excitada.

− Sí, es muy penetrante.

− Claro, nosotras desprendemos ese olor tan característico al estar calientes. Ahora, ¿Estás preparado para chuparlo?

− Sí – digo abriendo los ojos como platos, sin acabármelo de creer.

− Adelante, mi amor. Hazlo.

Entonces me envalentono y acerco mi cara aun más. El olor vuelve a embriagarme, tal y como dice mamá, es un aroma indescriptible, a mar, a paraíso, a hembra… Mi lengua se acerca y le doy la primera lamida a ese chochito que mamá recibe con otro gemido más intenso de lo normal y acariciando mi pelo en señal de aprobación. Levanto la vista para mirar a mi hermana y está con una mano acariciándose su propio sexo y con la otra una de sus tetas. En ese momento me gustaría tener cuatro manos, dos bocas, dos lenguas, para satisfacer a ambas. Mamá aprieta de nuevo mi cabeza para que no me distraiga y me meto de lleno en lamer otra vez la largura de esos labios mayores, también los menores, y mis dedos juegan en entrar y salir de esa gruta tan abierta y apetitosa. Oírla gemir a cada una de mis lamidas es el mejor regalo que puedo recibir, pues entiendo que lo estoy haciendo de maravilla. Sus jugos se mezclan con mi saliva y noto que mamá está cada vez más empapada. El sabor va cambiando, además de caliente lo noto ligeramente salado y muy espeso en mi lengua, en el paladar. Otra lamida muy cerca del botón, y un segundo después un roce directo a ese clítoris que se mueve al contacto con mi lengua, entonces mamá no puede aguantar más, aprisiona sus piernas contra mi cara y se corre entre jadeos, gemidos y una respiración entrecortada.

− ¡Qué bien hijo, lo has hecho de maravilla! – dice al fin, tras reponerse y sin dejar de acariciar mi cabello.

− ¿En serio lo hice bien? – pregunto, aunque en el fondo sé la respuesta.

− De cine. Has aprendido de maravilla. Ahora te toca practicar con tu hermana, tal y como has hecho conmigo. ¡Hazla disfrutar, cariño!

No lo dudo ni un instante y después de abandonar los muslos de mamá, me arrodillo entre los de mi hermanita preciosa que parece expectante. Sus perfectas piernas están muy abiertas y algo temblonas, dispuestas a recibir mis caricias. Quiero vivir ese momento y hacerlo lo más largo posible, porque con mamá se me ha hecho excesivamente corto. Empiezo a acariciar sus muslos, esa tersura suave y delicada de su piel, para hacerlo por su parte interna después y entretenerme en sus ingles.

Al levantar la vista veo el cuerpo desnudo de mamá, que en pie nos graba en vídeo con su teléfono móvil. Me sonríe y me guiña un ojo.

Continúo animado en mi labor alargando mi mano derecha que sube por el vientre plano de Carla, jugando ligeramente con su ombligo y después atrapando uno de sus redondos pechos para acariciarlo y sentir esa suavidad tan agradable. El pezón me roza duro entre los dedos, señal inequívoca de su excitación, como indicaba mamá y continúo jugando con mis yemas sintiendo esa tersura tan nueva para mí. Ella suspira. Entonces mi otra mano descubre ese coño totalmente depilado, observando que está mucho más cerrado que el otro que acabo de devorarme. Su piel es mucho más suave todavía y libre de pelos, la rajita se ve a la perfección. Observo que los labios mayores apenas sobresalen como el de mamá y sin embargo la largura de su vulva también brilla en un color sonrosado. Abro algo más ese chochete tan bonito y descubro el agujero mucho más pequeño.

Miro a Carla a los ojos y ella está observándome fijamente con un brillo fuera de lo normal. Sus manos se aferran a la pequeña mesa como queriendo no caerse ante lo que se le avecina. No puedo remediar acercar mi lengua para rozar esa preciosa rajita cerrada y al entrar en contacto mi hermanita da un largo suspiro. Yo no doy abasto, entre sus tetas, sus muslos, sus pantorrillas, sus caderas y afanado con mi lengua en buscar los pliegues desde sus ingles hasta ese agujerito tan estrecho que se asoma con cada lametada. Apenas toco un poco el botoncito mucho más pequeño que el de mamá también y Carla entra en éxtasis, acariciando mi pelo como hiciera antes mi madre y disfrutando un orgasmo que casi la pilla tan de sorpresa como a mí. Mi gozo en un pozo, pues aunque quise hacerlo perdurar por mucho tiempo, mi hermana se corre con mi cabeza aprisionada en sus muslos, mi lengua recibiendo todos sus jugos deliciosos mientras acaricio unas tetas que me parecen divinas. Mi hermana está en trance, pues todo su cuerpo tiembla, su piel está erizada, sus pezones como piedras y su coño rezumando más y más líquidos que me apuro en relamer. Ese néctar sabe delicioso.

Miro a mi polla que sigue dura y tiesa, está como un resorte y ver a Carla que se ha tumbado en la mesa y está todavía recibiendo los últimos coletazos del placer, es superior a cualquiera. ¡Me encantaría follármela ahora!

En ese pensamiento estoy cuando mamá me invita a sentarme en el sofá junto a ella, observando como el cuerpo de Carla está tumbado sobre la mesa recuperándose de ese intenso orgasmo todavía llena de sacudidas. Es una imagen preciosa y yo me siento orgulloso de haberle proporcionado tanto placer.

− ¡Qué bien lo has hecho cariño! ¿Te ha gustado? – dice mi madre acariciando de nuevo mi polla que se pone más tensa al notar sus dedos.

− Mucho, mamá. Es lo mejor que me ha pasado en la vida.

− Me alegro, mi vida. Ahora esperemos que tu hermana se recupere. Nosotras lo hacemos antes, pero aun así, debes ser paciente y esperar. La paciencia te regalará más placer del que puedas imaginar.

Me encanta esa sabiduría de mi madre, pues parece toda una experta en el sexo. Sirve otras dos copas y brindamos con el cava por esa hazaña de haberlas hecho gozar con maestría y eso se lo debo a mi madre, que siempre se ocupa de educarme en lo mejor.

− ¿Qué tal mi vida? – le pregunta a su hija mientras esta se sienta de nuevo en la mesa con su cuerpo brillante por el sudor.

− ¡De maravilla!, nunca había tenido un orgasmo así – añade mirándome a continuación a los ojos con su gran sonrisa.

− Genial, Carla, eso es que Nacho ha hecho un buen trabajo… supongo que debemos darle su recompensa, ¿no crees?

Esa frase de mamá y la afirmación de mi hermana, no indican otra cosa que es el momento mío, mi turno tan esperado en el que voy a recibir placer por esas dos bellezas que me vuelven loco. No soy consciente de lo que va a ocurrir, solo sé lo que es eso por las películas porno que devoro en mi ordenador, pero ahora… ¡Ahora soy yo el protagonista!

− ¿Preparado? – me pregunta mamá al tiempo que me invita a poner mi culo al borde del asiento del sofá y mi polla en ristre para ser atendida por ambas mujeres que se arrodillan a mis pies.

Naturalmente que estoy preparado, no hace falta ni que lo diga y es que estoy esperando ese momento tan deseado que no consigo asimilar que se va producir de inmediato.

La mano de mamá comienza a pajearme lentamente, haciendo que el tamaño de mi pene crezca entre sus dedos a medida que cada sacudida se hace más intensa.

− ¿Has visto que maravilla, Carla? – pregunta mamá orgullosa meneando mi rabo.

− Si, está enorme. – añade la otra dedicándome una pícara sonrisa.

− Ahora es cuando tienes que notar que está preparado. – dice de pronto mamá, que tiene el cuerpo de su hija desnuda pegada al suyo muy atenta a cada una de sus indicaciones. – Comprueba lo duro que está.

La mano de Carla es la que toma el mando y vuelvo a notar la tersura de sus finos dedos, acabados en largas uñas, que están atrapando con firmeza mi duro mástil. Me siento en el cielo.

− ¿Notas la tensión y los espasmos que da? – añade nuestra profesora experta.

− Sí, está a tope.

− Pues es el momento exacto para que reciba tu boca.

No puedo creer lo que estoy oyendo de boca de nuestra madre. Le está diciendo a Carla que me coma la polla allí y en ese mismo instante, no es una broma, no es un sueño, es totalmente real… ¡Wow, qué momento!

Mi hermana sonríe y se la ve ilusionada con esa idea. En ese momento agacha su cabeza, dispuesta a comerse mi rabo, pero justo en el momento en el que sus labios van a impactar contra la cabeza dura de mi glande, mamá la detiene… ¡Noooo….! – grito para mis adentros preso de una tensión acumulada.

− Espera cariño, primero, dale besitos en la punta, en toda su longitud, sino se te correrá en un segundo y no es lo que queremos. – añade la instructora. – es importante que hagas un buen trabajo, como ha hecho él con nosotras.

Carla obedece de nuevo y siento sus labios posarse en la punta de mi glande, esta vez sin freno, aquello es supremo, divino, maravilloso, luego su lengua recorre todo el falo hasta llegar a mis huevos. Lo hace como las chicas que veo en las páginas porno de internet en esos videos que tanto me gustan, pero la realidad supera a la ficción, no solo porque mi hermana esté besando y lamiendo mi polla, sino porque la imagen es mucho más impresionante que cualquier película. ¡Quiero que el mundo se pare en ese instante!

Los ojos de las dos chicas se miran en algo que parece pactado y Carla se mete uno de mis huevos en su boca mientras sostiene mi polla entre sus dedos mirándome fijamente a los ojos esperando ver mis reacciones. Nunca hubiera imaginado eso y la sensación es todavía más alucinante. Los hermosos ojos de Carla me miran brillantes mientras su boca tiene atrapado mi huevo izquierdo.

¡Qué pasada! – ya no sé si esto lo digo en mi cabeza o sale por mi boca, casi no consigo coordinar mis movimientos, mis sensaciones…

Luego su lengua va subiendo por el tronco hasta depositarse en el glande sin dejar de mirarme fijamente a los ojos, en unas instrucciones que parece tener bien aprendidas, para después abrir su boca y meterse todo el capullo entre sus labios. La lengua de mi hermana juega con mi polla, esmerándose en el frenillo, dando lamidas por doquier. Mamá sonríe orgullosa y todavía tiene tiempo de hacerle alguna foto de la punta de mi polla metida en la boca de su hija. Después suelta el móvil y acariciando la cabeza de su pupila, hace que esta deje por un momento de chuparme, lo que quiere decir que es ella la que toma el relevo, aprovechando para dar indicaciones de dónde poner los dedos, cómo colocar los labios, cómo trabajar con la lengua… La boca de mamá es tan experta que noto enseguida esa diferencia con su hija y no es que esta lo hiciera mal, pero es que mamá consigue darme todavía más placer en cada lamida, como continúe así, con ese brío y ese arte, explotaré en poco tiempo. Ella nota claramente la cercanía a ese orgasmo y saca mi polla de su boca, guiñándome un ojo, para indicarle a su hija como tiene que continuar.

− Mira, aparte de lubricar él mismo, deberás aportar más con tu saliva, ¿ves?

A continuación mamá suelta un hilillo con una buena porción de su saliva que cae como una suave cascada sobre mi glande para a continuación extenderlo con su lengua. ¡Dios! Mi hermana copia a su madre, haciendo exactamente lo mismo y me mira juguetona al tiempo que noto también su saliva caer de sus labios hasta la punta de mi cipote que está a punto de reventar. Carla chupetea la punta y después mamá le sostiene el mentón para intercambiar saliva, mis propios fluidos y un beso intenso que se dan ambas arrodilladas a mis pies. Mamá besa a su hija sin dejar de pajearme, pero consigue mantenerme en esa tensión a la perfección sabiendo cómo tenerme a tope sin que explote.

Ver besar a dos preciosidades mientras a uno se la están meneando no tiene precio. Pero si eso ya era sublime, el hecho de que en un guiño programado ambas se llenen de saliva las lenguas y las pasen por los costados de mi polla, desde la punta hasta la base y viceversa, es algo muy difícil de describir.

Luego se van alternando y mientras una se mete la punta en la boca, la otra me lame los huevos o al tiempo que una da mordisquitos por toda la largura, la otra juega con su lengua en mi frenillo. ¡Qué maravilla!

Si alguna vez soñé que dos mujeres me comen la polla a la vez, nunca pensé que fuera a pasarme en el día de mi cumpleaños y mucho menos que ellas fueran mi madre y mi hermana.

Las dos mujeres se enfrascan en mi polla y siguen chupando desenfrenadamente, ¡Qué imagen! Sus dos caras ahí abajo, tan guapas, con sus labios inflamados, sus ojos brillantes, desnudas… Esto es la bomba. Me fijo en la mesa y veo que la cámara sigue grabando, sin duda esto va a ser la mejor película de mi vida.

Mi madre se separa un instante y acaricia mi pecho, mirándome a la cara que debe estar desencajada mientras Carla sigue chupando y chupando mi polla sin descanso.

− Nacho, cariño, intenta no correrte todavía, aguanta, campeón. – me incita la profe.

− No sé si resistiré mucho. – respondo entre hipidos.

− Cuanto más lo hagas, más gusto recibirás después. Comprendo que nunca habrás imaginado tener a dos mujeres comiéndote la polla así, pero debes intentar controlarte, piensa en otra cosa y después el placer se multiplicará.

¿Pero cómo demonios voy a pensar en otra cosa si estoy viendo a Carla lamiendo mi glande, mis huevos y con su lengua toda la largura de mi polla, mientras mamá va alternándose con ella, en chupeteos, mordisquitos, lengüetadas, succiones…? Yo solo puedo repetir:

− ¡Dios, Dios, Dios!

Ellas se besan de vez en cuando y vuelven al ataque sobre mi polla alterándose en las chupadas o intercambiando sus bocas. Mientras una me come mi verga, la otra me muerde en un pezón, luego cuando una lame toda la largura de mi rabo, la otra pasa la lengua en círculos por la punta.

− Pobrecito, creo que no puede más – dice Carla de pronto cuando ve mi cara desencajada intentando no soltar allí toda la presión acumulada.

− Tiene que aguantar – insiste mamá convencida. Ahora, hija, intenta tragártela entera.

− Pero… – le interrumpe la otra – es muy grande.

− Abre lentamente la boca y adapta toda tu boca y la garganta, suavemente e imagina que tragas algo suavemente, como hicimos el otro día con el plátano. ¿Recuerdas?

Me vuelven a sorprender pues han ensayado hasta una mamada con un plátano. Estoy flipando por momentos.

Mamá después de pronunciar esas palabras pone en práctica sus teorías y se mete mi polla en la boca, poniendo su lengua por debajo, a continuación va deslizando sus labios hasta que todo mi miembro se mete en su garganta. Sus labios están tensados abriéndose en mi gran trozo de carne. ¡No puedo creérmelo!, ¡Mi polla ha desaparecido dentro de la boca de mamá!, ¡Está completamente adentro!

Suspiro, cuando mamá saca su boca de pronto y un gran hilo de saliva acompaña esa salida de su garganta, mezclado con mis propios flujos.

− Ahora tú, cariño – invita a mi hermana jadeando y sacando una buena porción de su saliva.

Como no, ella sigue sus pasos, primero realizando varias chupadas seguidas, haciéndome ver el cielo. Después se introduce el glande y una buena porción de mi polla, viendo como su boca se va abriendo lentamente, tal y como le han indicado. Sus labios se vuelven más finos adaptándose a esa nueva anchura. Retira la boca un momento, toma una buena bocanada de aire y vuelve a intentarlo. Otra vez su boca se aferra y ahora va avanzando más, casi tres cuartos. Saca su boca y un hilo de saliva se une a mi glande. Me mira… es maravilloso ver esa sonrisa y esa boca que me está mamando como los ángeles. Tercer intento y ahora hasta que de su nariz sale un gran suspiro para tomar aire y después se la mete casi por entero, a pesar de no haber conseguido igualar a su profesora, yo veo las estrellas mientras ella retira la boca entre arcadas.

− Despacio, hija…- le orienta su mentora. – No te obsesiones, eso es cuestión de práctica.

Carla se limpia la saliva de los labios, me sonríe de nuevo y vuelve tragarse mi polla, al tiempo que mamá se ocupa de mis huevos, cuando ambas me miran yo quiero morirme de placer, esa imagen de sus ojos clavados en los míos, que yo a veces no puedo evitar cerrar, pero quiero seguir mirando como comparten mi polla, aun sabiendo que no podré aguantar por más tiempo a pesar de intentar en todo lo posible retrasar mi descarga.

− No puedo más— digo entre bufidos.

Mamá separa la boca de Carla de mi polla y nada más hacerlo ese miembro rígido se tensa aún más y el orgasmo me llega casi sin poderlo controlar. El primer chorro sale disparado a la cara de mi hermana chocando contra una de sus cejas y parte de su frente, el segundo va directamente a su barbilla muy cerca de su boca, el tercer chorro lo orienta mamá hacia su propia boca entrando dentro gran parte del espeso líquido blanco que se posa sobre su lengua. Los últimos van hacia sus enormes tetas dejándola bien pringada. Se nota que están entre nerviosas y eufóricas por haberme hecho correr de esa manera.

− ¡Qué cantidad!.. dice Carla recogiendo con sus dedos el lefazo que ha caído ya sobre su párpado izquierdo guiñando el ojo y notando cierto picor.

Mamá está saboreando el semen que había caído en sus labios y lengua. Me quedo flipado pues se lo traga sin rechistar, a continuación recoge con su propia lengua la gran cantidad de semen que ha caído en la ceja de mi hermana. El de la barbilla lo recoge con sus dedos y se lo ofrece a Carla que se me queda mirando. Yo estoy feliz de ver esa escena, pero cuando agarra la muñeca de mamá y le empieza a chupar los dedos de forma tan lasciva, eso hace que mi polla de un pequeño respingo y mi corazón vuelva a latir con fuerza. Ambas se lo tragan todo sin dejar nada

Casi me muero de ver aquello, mis dos chicas adoradas, tras haberme hecho la mamada de mis sueños, están devorando mi semen, compartiéndolo y disfrutándolo.

Me tiro en sofá recibiendo las caricias de mis dos chicas por todo mi cuerpo. Cierro los ojos asimilando al completo esa maravilla que estoy viviendo y que sigo sin creerme.

Juliaki

CONTINUARÁ…

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