CAPITULO 2 (El regalo)

Después de tanta tortura pero ¡bendita tortura!, al sentir de lleno los cuerpos de mi madre y de mi hermana, primero sus respectivos culos sobre mi regazo y después bailando con ellas aquella música tan seductora es algo que me tiene realmente loco. Aprovecho para acariciar zonas impensables días atrás en el cuerpazo de mi madre. No me atrevo a tocar el culo directamente pero sí que rozo muy cerca.

− ¿Qué tal te lo estás pasando hijo?, ¿Te gusta tu fiesta de cumpleaños? – me pregunta al oído juntando aun más su cuerpo al mío.

− Muy bien, mamá. Está todo genial.

Ella sonríe victoriosa por mi respuesta pero al tiempo parece disfrutar con la erección que yo intento disimular a toda costa y que le roza cada dos por tres.

Mamá dice de servir un café y para proceder, según comenta, ¡por fin! a la entrega de mi regalo, ese por el que antes estaba tan impaciente, aunque ahora mi mente está francamente en otro lugar, solo ve culos y tetas por todas partes.

Mi hermana, como siempre, se encarga en la cocina del café y mi madre se sienta a mi lado en el sofá cruzando sus piernas y pasando su mano por mi pierna. Comienza en la rodilla y va subiendo lentamente. Nuestras miradas se cruzan y mis ojos no pueden evitar perderse en ese sexy canalillo.

− ¡Qué mayor estás ya, hijo! – dice pellizcando con sus dedos mi muslo por encima de mi vaquero. – Ya tengo un hombretón en casa. No sabes cuánto he esperado este momento. Estoy muy orgullosa de ti. Bueno, estoy muy orgullosa de los dos.

Mamá siempre sabe como animarnos y halagarnos, pero además de una forma que estimula a cualquiera, porque lo hace siempre con tanto cariño… pero es que hoy además, la veo como muy cariñosona, muy melosa. Mi vista vuelve a recorrer esas curvas impresionantes que marcan su ceñidísimo vestido y sobre todo el escote, que es un hermoso valle de piel morena que forman sus dos prominentes pechos.

− Se te van los ojos – dice ella de pronto, descubriéndome.

− No, esto… no.- respondo cortadísimo al verme pillado en una de mis miradas libidinosas a sus tetas.

− No seas tonto, hombre, es normal. Eres un hombre ya.

− Es que…

− De verdad, Nacho, es normal. Ya no eres el niño que mamaba estos pechos cuando era un bebé – añade cogiendo sus dos tetas y amasándolas de forma que provoque un estremecimiento por todo mi cuerpo.

Ella lo dice como si en este día fuese el cambio de mi vida y hubiese pasado de niño a hombre en un instante. Es verdad que he cambiado en poco tiempo, pues hace bien poco que no había mirado a mi madre como una mujer, desde el punto de vida sexual, pero de un tiempo a esta parte, ya no es solo una madre, sino que irradia mil y unas sensaciones difíciles de controlar, gracias a su sensualidad y una belleza escultural, que me tiene idiota perdido.

Lo cierto es que mi madre está demasiado buena, ella lo sabe y sabe también como sacarse partido con su forma de vestir. Su gran altura le ha permitido mostrar sus piernas en ceñidísimos vaqueros o en vestidos ajustados como el que lleva hoy. Aun recuerdo la paja que me hice la semana pasada cuando la vi con una falda de cuero nueva. Estaba impresionante con aquellas piernas interminables. En casa también viste con ropa más cómoda, pero a mí me sigue pareciendo sexy, con sus vestidos veraniegos tan livianos, sus batitas, pero es que hoy, en esta noche tan especial, está resplandeciente, tan sexy, tan ceñida… y yo bastante salido, para qué engañarnos.

− ¿Estoy guapa? – me pregunta de sopetón.

− Esto… claro… – respondo titubeando.

− Vamos hijo, ya sé que te he puesto nervioso y que te has empalmado. No soy tonta.

Joder, con esa frase me deja pillado del todo. Ya imaginaba que ella se hubiera podido percatar de mi polla dura bajo su culo o pegada a su bajo vientre durante el baile, pero claro, otra cosa no podía ser. Lo extraño es oírla decir eso, con tanta jovialidad.

− Mamá, perdona, pero es que no pude evitarlo…

− No te preocupes, es normal. Estás en la edad. Además, me alegra despertar a esto.

Nada más decir esa frase, pasa su mano por mi paquete y lo agarra suavemente. Sí…. sí, estoy mirando su mano y no acabo de creerlo, pero sus dedos se aferran a mi polla por encima del vaquero y aprietan suavemente. Tardo en reaccionar y es que me parece increíble a pesar de estar viviéndolo.

− ¡Mamá! – digo yo más como sorpresa que como queja y ella retira la mano para no incomodarme más.

− No seas tonto, ya te digo que es normal que estés así, ya eres un hombre y te parezco una mujer atractiva ¿no?

− Esto… sí, claro mamá, estás guapísima.

− Gracias hijo, me gusta que me lo digas y por cierto, me lo dices muy poco.

− Bueno, pues eso. Eres muy guapa.

− Pero… ¿Estoy buena todavía?, ¿Soy una mujer follable?

− ¡Mamá! – reclamo.

− Vamos Nacho, no te cortes ahora. Solo dime si tu madre está buena o no.

− Sabes que sí. Los hombres están locos contigo.

− ¿Ah sí?

− ¿No me digas que no te das cuenta que levantas pasiones?

− Bueno sí que me doy cuenta que me miran pero no sé hasta qué punto eso puede levantar otras cosas – añade arañando levemente el dibujo que forma mi polla bajo el vaquero.

− No soy el único, cuando voy contigo todo el mundo se te queda mirando el culo, el escote, las piernas. Eres una madurita muy sexy.

Su blanca sonrisa sale otra vez a relucir contenta por ese comentario mío, pero es que es cierto, todos los tíos andan embobados con ella, desde sus compañeros de trabajo, nuestros vecinos, muchos familiares y amigos alucinan con esa belleza tan bien conservada de mamá.

− Bueno, estas tetas ya están algo caídas – añade sosteniendo en sus manos sus prominentes pechos. Aquello produce un cosquilleo raro en mi entrepierna que sigue teniendo una empalmada que creo que me va a durar toda la noche. Parece que ella adivina mis pensamientos y me sonríe mirando una vez más hacia mi paquete.

En ese momento aparece Carla en escena con la bandeja de las tazas y con la cafetera echando humo. Mi mirada va ahora a ese otro cuerpazo que tengo en casa. Sus andares me parecen tan sensuales y es que con ese ajustado vestido, sus largas y bien delineadas piernas, sus curvas un redondísimo culo, acompañado de un dulce rostro, la convierten en una mujer espectacular. Hoy, además, está aún más explosiva que nunca.

− ¿Y tu hermana? – me pregunta mamá.

− Mi herma, ¿Qué?

− ¿Qué si está buena?

Tardo en responder y Carla, mientras posa la bandeja sobre la mesita se queda un rato observándome a la espera de mi comentario al respecto. No sé, puede que el vino, que el ser ya un adulto o tener a mis chicas tan apabullantemente hermosas pero me lanzo por fin, dejando las dudas y miedos atrás.

− Sí que está buena, mamá… mucho además. – afirmo.

Ambas ríen, pero noto a Carla un rubor en sus mejillas impregnadas de ese tono rojizo que la hacen más deseable todavía.

− Tiene unas piernas de ensueño y larguísimas – añade mamá acercando su mano y subiéndola por sus muslos hasta colarse por debajo de la faldita de su vestido.

Carla se gira nerviosa y se siente algo cortada después de servir los cafés, pero lo que dice mi madre es cierto, mi hermana es un bellezón, con un culo redondo precioso y unas piernas largas y muy bien formadas.

− Mira que finas, Nacho. – me dice mamá invitándome a que acaricie las piernas de mi hermana.

Subo la mirada y veo que Carla no parece molestarle que lo intente y aun con cierto temor acerco mi mano a sus piernas. Acaricio su gemelo derecho y noto su suavidad de unas piernas finas y bien depiladas. Mamá me observa expectante y en su mirada noto que me incita a subir más. Lo hago temeroso y subo hasta la mitad del muslo percibiendo aun más suavidad en esa parte. Nunca antes había tocado así a mi hermana.

− ¿No son finísimas? – me pregunta mamá.

− Muchísimo – respondo alucinado mientras mi hermana sonríe allí de pie de espaldas a nosotros.

− Tócalas por dentro, verás que son aún más suaves.

Así lo hago y compruebo por primera vez, como puede llegar a ser una piel de terciopelo en la cara interna de los muslos de mi hermana, haciendo que mi polla pegue otro de sus espasmos bajo el pantalón. Me recreo tocando esa parte y subiendo hasta bien arriba, no llegando al “punto crítico” pero sí excesivamente cerca. Me parece oír un ronroneo por parte de mi hermana al tocarla ahí.

Ella se sienta de pronto a mi lado y me da un beso en la mejilla. Hoy está más cariñosa que nunca. Jamás la había visto así.

− Bueno, y ¿mi regalo? – digo de nuevo impaciente, intentando apaciguar los ánimos que los veo demasiado “calientes”. Lo cierto es que también estoy intrigadísimo con saber de qué se trata.

− ¡Qué impaciente! – apunta mamá – verás, es algo muy especial Nacho… y recuerda que es un regalo para los dos.

Lo primero que pasa por mi cabeza es que se trata de un portátil o algo así, y que tendré que compartirlo con Carla.

− Quiero que sea el regalo especial para vosotros. – dice señalándonos a ambos con su dedo. Aunque hoy sea la mayoría de edad de Nacho, es como si fuera la de los dos, porque para mí hoy habéis dejado de ser mis niños. – añade.

No entiendo nada, pero Carla sabe sin duda de qué está hablando y noto muchos nervios en su mirada y en su risita que diría, suena histérica.

− Bueno, ¿pero es algo para Carla y para mí? – pregunto.

− Sí, ella no tuvo un gran regalo en su cumple de los 18 ¿recuerdas?, fue algo de ropa, pero hoy que los dos sois mayores, tendréis vuestro regalo de adultos en conjunto. Aunque Carla ya lo sabe y le gusta, estoy segura de que a ti también.

− ¿Qué es? – le pregunto a Carla, para que me adelante algo, pero ella desvía la mirada nerviosa.

Por más que pienso, no adivino de qué demonios habla mamá. Por mi cabeza pasa la idea de que nos ha comprado un coche y lo compartiríamos una vez que saquemos el carnet, algo muy de adultos, ¿no?, pero me da que debe ser otra cosa.

Sonrío cuando mi madre estira su mano y saca un paquete de debajo del sofá.

− Aquí tienes – me dice.

Extiende el paquete, no muy grande, por lo que deduzco que para nada es la consola y mucho menos el portátil. Por su textura, parece algo de ropa. Me maldigo con mis imaginaciones, pero más todavía cuando rompo el papel nerviosamente para descubrir que me han regalado ¡un calzoncillo!, sí, uno tipo bóxer de color azul marino.

− Gracias – digo bastante decepcionado y con cierto retintín de protesta.

Mi madre se ríe a carcajadas, cuando ve mi cara de sorpresa. Y dirijo mis ojos a Carla que parece pasárselo también muy bien tapando su boca partiéndose de risa. Todavía no sé si es una broma o es realmente el regalo que han elegido.

− ¿No te gusta? – pregunta mamá sin dejar de reír.

− Sí, claro. – respondo con mi sonrisa más forzada

− Es de la marca esa que siempre me pides. Lo escogió tu hermana.

− Es muy chulo, mamá pero…

− ¿Esperabas otra cosa? – interviene mamá.

No respondo, pues en ese momento pienso que estoy siendo muy egoísta y un criajo caprichoso. La verdad es que con el homenaje que me estoy llevando tengo más que de sobra, para que me vea siendo un puto materialista. Sonrío.

− Vete a tu cuarto y pruébatelo. – añade.

− Bueno, ya me lo probaré mañana, mamá.

− No. Ahora. Vete a tu cuarto y te vienes con él puesto y te decimos como te queda. – impone seria.

− Pero, ¿Qué salga con él Ahora?

− ¿Te da vergüenza? Ya te hemos visto en calzoncillos o en bañador muchas veces.

Yo flipo, ¿pues no quieren que me ponga el slip y vuelva tan solo con él puesto para hacer un pase de modelo? Me levanto y voy a mi habitación pensando que quizá allí hay otra sorpresa y por eso mi madre está tan vacilona y tan intrigante. Una vez más me llevo la decepción cuando descubro que en mi cuarto no hay nada nuevo ni ningún tipo de regalo escondido.

En fin, me despojo de la ropa, la pongo sobre la cama y me miro desnudo al espejo. Joder sigo con mi erección de caballo y creo que no se me va bajar en toda la velada. Sin duda que las chicas lo han tenido que notar, pero realmente no parece importarles a ninguna de las dos. Acaricio una vez más mi polla, observándome frente al espejo y pienso que lo mejor es hacerme una paja y bajar esta calentura que me tiene torturado, porque si no, no podré calzarme ese bóxer azul.

− Venga, tardón. – oigo decir a mi hermana dando con sus nudillos en mi puerta.

Coño, no me la voy a poder pelar con tranquilidad. Bueno, lo intentaré esta noche y será una paja memorable recordando todo lo que ha acontecido esta extraña y maravillosa velada. Me pongo los calzoncillos que son bastante ajustados. Por un momento pienso que se han equivocado de talla, pero después al girarme frente al espejo me doy cuenta de que son unos bóxer muy marcados, que por cierto, me quedan bastante bien, todo sea dicho. Me miro de nuevo a la imagen del espejo y veo que mi polla está muy gorda. Ya no sé qué hacer para bajar tanta tensión. Decido pensar en otra cosa, en algo desagradable y tras varios segundos, me concentro y al fin salgo cortado al salón donde me esperan impacientes mis dos chicas. Me da corte que me vean en gayumbos, hoy sobre todo, porque no sabré reponerme de otra erección. Ambas están juntas sentadas en el sofá, extraordinariamente sexys, mostrando sus mejores atributos, labios ardientes por aquí, piernas interminables por allá, canalillo más que sugerente por otro lado… Aplauden nada más hacer yo la entrada, ataviado únicamente con aquel bóxer ajustado y mi polla morcillona remarcada bajo la tela.

− ¡Guau! – grita mi madre poniéndose en pie y aplaudiendo nerviosamente. Carla se pone a su lado y le dice algo al oído, probando la risa de ambas.

No sé lo que se han dicho, pero me gusta la forma en cómo me miran. Me siento realmente halagado y les sonrío a ambas, agradecido por ese regalo, que estaba seguro causaría sensación. Ellas están espectaculares y han conseguido impactarme desde el primer momento, ahora soy yo el que se siente admirado con mi prenda íntima.

− Te queda genial, Nacho. Como un guante- dice mamá – ¿verdad Carla?

− Sí, está muy bueno – añade tímidamente mi hermana.

Nunca antes me había dicho Carla tal cosa, incluso podría haberse reído de mí o decir alguna barbaridad de las suyas, sin embargo noto su sinceridad al decirlo. Me siento el centro de las miradas, corroborado por sus piropos.

− Bueno, ahora te vamos a enseñar los nuestros. – dice de pronto mamá.

− ¿Los vuestros? – pregunto intrigado.

− Sí, nosotras también nos hemos comprado ropa interior.

− ¿En serio? – vuelvo a preguntar intrigado no creyéndome que me vayan a enseñar sus conjuntos de lencería allí mismo. Me sonrío a mí mismo creyendo que eso sería otro sueño sin cumplir, pero intento ser realista pensando que eso no puede ser.

− Claro, amor, ya te dije que hoy hay regalos compartidos. – añade mi madre con su blanca sonrisa.

Ella pasa sus manos por los tirantes del vestido y de la forma más sensual que jamás haya podido imaginar, empieza a hacerlo correr hacia abajo lentamente y sin dejar de mirarme. Si no fuera mi madre, diría que el regalo es un striptease en toda regla. ¡Joder con mi madre! Estoy flipando pues está totalmente desconocida esta noche.

El vestido ha caído hasta el suelo y alucino al ver a mi madre con un tanga blanco minúsculo, cubriendo lo justo y mostrando la mayor porción de carne que le haya visto jamás. En la parte superior dos parches pequeños apenas cubren la aureola de sus pezones y cuando vuelvo a mirar a su entrepierna veo un triangulito que tapa un pubis en los límites más limitados. Decir impresionante es decir poco, es algo increíble, mamá es ahora una de esas tías con las que tantas veces me he pajeado en las páginas de internet, con tangas diminutos, pero coño, esta es mi madre y por cierto no tiene nada que envidiar con todos esos pibones con los que yo me divierto algunas noches en la pantalla de mi ordenador. Sus enormes tetas que parecen salirse y aquel triangulito que tapa lo mínimo… Con sus tacones, sus piernas parecen más esbeltas y torneadas. Esa imagen será difícil de olvidar mientras viva…

Se da la vuelta muy coqueta y muestra su grandioso culo con aquella braguita tanga que se cuela literalmente entre sus cachetes enseñando la redondez de un trasero que no ha perdido la forma en absoluto. Un culazo en toda regla que debe serla envidia de sus compañeras de gimnasio. Nunca jamás había visto el culo a mi madre, así, en vivo y en directo y ahora…

Vienen a mi mente los momentos en que he podido ver a mi madre en bañador, con algún bikini o incluso en casa cuando la he pillado fortuitamente con sus braguitas de algodón, pero es que ahora, ese conjunto de lencería es una invitación al pecado más absoluto. Muestra casi más de lo que cubre.

− Vamos Carla, ahora tú. – ordena mamá entonces.

Alucino. Mi hermana se pone en pie y tras sonreírme baja un tirante de su vestido por sus hombros, luego el otro y con cierta dificultad, pues la prenda está muy pegada a su cuerpo. Me mira y vuelve a mostrarme su blanca sonrisa, después giro la cabeza para volver a ver a mi madre que se está colocando el tanga para tapar algo que cualquier pequeño movimiento pueda dejar al aire. Vuelvo la vista hacia mi hermana que va deslizando ese vestido que siendo tan ceñido le obliga a tener que mover sus caderas para ayudarse a bajarlo. No lo hace con el erotismo de mamá, desde luego, pero estoy igual de alucinado ante ese extraordinario espectáculo.

Cuando por fin cae al suelo el vestido, vuelvo a flipar al descubrir ante mis ojos el hermoso y perfecto cuerpo de Carla que está cubierto por un minúsculo conjunto rojo de sostén y tanga, del mismo color que su vestido que está ahora está a sus pies. Al igual que mamá, esas mini prendas cubren escasamente sus pezones en la parte de arriba y por debajo es también tan reducido como el de mi madre, creo que incluso más, pues es un cuadrado que hace que se vean las ingles de Carla a la perfección, cubriendo únicamente su pubis o más bien su rajita, porque el pubis casi se adivina. El cuerpo de Carla es perfecto en su conjunto y aunque ya lo he visto en bikini un montón de veces y alguna vez en ropa interior, pero ahora, con ese conjunto tan sugerente, esas sandalias de fino tacón y una noche tan increíble, hacen que sienta un temblor por todo mi cuerpo. Me encanta su cintura fina, esas caderas tan bien puestas, sus pechos mucho más pequeños que los de su madre, pero igual de bonitos, me parece una imagen de la chica de mis sueños y creo que en este momento ambas lo son.

− Date la vuelta, cariño, que te vea bien tu hermano – propone mamá sosteniendo su mano en lo alto y obligándola a girar sobre sí misma.

Carla está roja como su tanga, pero preciosa, cuando se da la vuelta y veo su culo casi me da algo. El culazo de Carla, ese trasero perfecto que es la envidia de mis amigos y que en muchas ocasiones he podido admirar en vaqueros o en leggings, incluso en bragas, pero está ahora con un tanga de esos de tira fina que muestra su carne al completo. No tiene marcas, por lo que deduzco que toma el sol desnuda y eso me hace preguntarme, ¿Donde? ¿Por qué no me entero yo?

− ¿Qué tal? Te has quedado mudo – apunta mamá sonriente ante mi atónita mirada.

No puedo responder, primero porque no sé qué decir, pero segundo porque mi boca y mi garganta están secas, así que casi suelto un suspiro en forma de bufido.

− Veo que muy bien, jeje.- dice al fin ella señalando el bulto que muestra mi nuevo bóxer casi apuntándolas a ellas.

No me percaté en absoluto que durante la exhibición de mi hermanita, mi polla hubiera crecido a tope bajo la tela de mi nuevo slip. Me tapo como puedo la tremenda empalmada intentando ocultar algo que se ve a todas luces enorme, como si estuviera más grandiosa que nunca.

Mi madre se acerca hacia mí con esos andares me parecen súper eróticos cuando alza los pies con sus tacones altos y sus muslos y tetas botando a cada paso, en los que por cierto parece que sus tetas van a salirse de su prisión en cualquier momento. A todo esto mi polla sigue pletórica ante esa visión. Mamá retira mis manos de mi entrepierna y las coloca a ambos lados de mi cuerpo.

− Hijo, no te apures, eso que sientes es normal. Dos mujeres vestidas sexy con esta bonita ropa interior y tacones es algo a los que pocos se pueden resistir.

“Dos mujeres en ropa interior” es una expresión que no concuerda con la realidad. Yo diría que dos mujeres monumentales en dos reducidísimos conjuntos de lencería que cubren poco más de lo que la imaginación no pueda desvelar porque si se descuidan un poco acabarán enseñándolo. De nuevo mi polla saluda con un espasmo y ellas se miran y sonríen.

El tanga blanco de mamá realza todas sus curvas y exhibe un cuerpo moreno, pero es que el tanga rojo de Carla, es también una bomba de relojería. Ya no sé a dónde mirar, porque ambas me tienen trastornado.

Mi madre está muy cerca, tanto que casi puedo notar su calor y mi polla se resiste a bajar a pesar de que yo intento poner cordura, pensando que incluso aquello no está sucediendo realmente y pueda ser fruto de una alucinación. Ella sonríe y mis ojos vuelven a admirar ese cuerpo medio desnudo, cuando me dice:

− Mira Nacho, hoy ya no eres un crío, eres mayor de edad. Tienes a dos mujeres que se han vestido para la ocasión de forma muy atrevida y ahora las tienes delante con estas prendas, es lógico que tengas esa erección. No quiero que sientas vergüenza.

A continuación pasa su mano ligeramente por mi miembro acariciándolo por encima del calzoncillo. Ahora no es mi polla la que ha dado un respingo, sino yo por entero, casi cayéndome hacia atrás. Ella amplía su sonrisa al tiempo que acaricia suavemente mi pecho con sus manos.

− Quiero que hoy ambos experimentéis las sensaciones de ser mayores de verdad.

No puedo entender nada de lo que me estaba diciendo, tan solo veo que mi madre, medio desnuda, está a pocos centímetros de mí provocando unas sensaciones rarísimas.

− Vamos a abrir la botella de cava. Tráela de la nevera, Carla. – ordena mamá sin que yo pueda mover un músculo, salvo mi polla que está pletórica y juguetona bajo mi bóxer. Si me descuido saldrá el glande por la parte superior.

Me pasmo una vez más con mi hermana y sus andares cuando acude a la cocina en busca de la botella de cava y mi vista se pierde en ese cuerpo y en ese diminuto tanga que se cuela travieso por sus posaderas. No puede haber algo más sensual… yo sigo sin poder reaccionar, totalmente inmóvil. Es mamá la que se acerca, me da la mano y me lleva hasta el sofá. Voy tras ella sin poder despegar la vista de su culo que en armonioso movimiento oscila ante mí. Se sienta y dando una palmada en el sofá, me ordena que haga lo mismo a su lado.

− No te sientas mal, cariño, tú relájate – me dice, acariciando mi pecho con la punta de sus dedos.

Mi mirada se pierde en esas tetas que apenas son tapadas por el sostén tan pequeño y luego bajo la vista para ver esa braguita que tapa su pubis al límite. ¡Dios, mamá está increíble!

− Es que me siento raro, mamá. – le digo intentando disculparme de nuevo ante mi evidente erección.

− Eso no te tiene que turbar hijo mío, por eso hoy hemos organizado esta fiesta, para que seas el hombre de la casa y disfrutes de tu mayoría de edad.

La mirada de mamá se centra en mi polla que apunta como una montaña bajo mis nuevos calzoncillos. Ella estira la mano acaricia de nuevo suavemente mi bulto, haciéndome estremecer.

Carla se acerca con la botella y mamá ya ha colocado unas copas en la pequeña mesa que hay frente al sofá. Mis ojos van de nuevo a la entrepierna de mi hermana que hace que se forme ese huequito tan apetitoso entre sus muslos.

− Nacho, haz los honores – dice mi madre entregándome la botella para que la abra.

Mientras tanto, Carla, a la que no quito ojo, se sienta a mi lado y sigo sin creerme que mi electrizado cuerpo esté entre estos dos bellezones a los que mi vista no para de quitar ojo, una a la izquierda, otra a la derecha. Abro la botella y no puedo controlar que el gas contenido dentro haga que salga un chorro disparado que pone perdida la alfombra.

Mamá no se enfada, sino que dice un “alegría” aplaudiendo, como si aquello fuera hasta divertido. Reparto el cava en las copas y los tres brindamos ante una noche que se ha convertido en muy especial, tal y como predijo mamá. Estar entre ellas dos es mejor que si me hubiera tocado la lotería y algo que no hubiera ni podido soñar.

− ¿Cómo os sentís chicos? – comienza a hablar mamá tras los brindis y tomando un sorbo.

Observo como sus labios rojos se juntan para tomar ese pequeño trago y no dejo de pensar en si no fuera mi madre, con ganas una mano ya hubiera intentado alcanzar una teta. Es que está para morirse. Luego giro la vista al otro lado y veo otra hermosísima mujer sentada a mi lado con su piel pegada a la mía, sus muslos morenos, ese vientre liso, esos labios pintados que parecen más grandes que nunca.

Ninguno hablamos, supongo que yo estoy cortado, pero mi hermana a pesar de estar al tanto también parece estar llena de dudas.

− Venga, empieza tú Nacho, como me has dicho antes. – ordena mamá.

− Pues me siento muy raro mamá, ya te lo he dicho, no me esperaba esto. Estoy alucinando…

− ¿Quieres decir que te han gustado tus regalos?

− Vosotras dos habéis sido el mejor regalo. – lo digo inconscientemente pero totalmente convencido.

− Genial, ¿ves que fácil? Muy bien Nacho, así es como puedes conquistar a las mujeres. Puede que estés obnubilado, perdido, excitado, pero nunca olvides el caballero que llevas dentro. Eso nos vuelve locas a todas, pero sigue, sigue… ¿qué más te ha gustado de todo esta noche?

− Pues… ¡Me gustó todo! Ha sido una gran sorpresa, desde luego.

− Y eso que aún no has visto lo mejor – añade mamá guiñándole un ojo a Carla.

− ¿Todavía hay más?

− Por supuesto, hijo mío, hoy quiero que sea para los dos un día inolvidable, en el que ya sois adultos y podéis decidir por vosotros mismos. Hoy vamos a desnudarnos del todo.

− ¿Cómo? ¿desnudarnos? – pregunto alarmado.

− A ver, por dentro al menos y decirnos qué sentimos. – añade y vuelve a tener una mirada cómplice con mi hermana.

Después de dar un trago, vuelve al ataque:

− Quiero que nos sinceremos, como tres adultos que somos, ¿estáis de acuerdo?, ¿Os atrevéis?

No hay respuesta pero sí un gesto afirmativo de mi hermana que vuelve a dejarme alucinando. Ellas dos tienen un plan claro y yo estoy perdido a la vez que extraordinariamente sorprendido. Nuestra madre prosigue:

− Bueno, venga, empiezo yo, a ver, seré sincera, ¿vale? Me ha gustado mucho planear todo esto, hablar con Carla durante todos estos días, comentar todo lo que iba a pasar, ver tu cara de asombro. Los besos de esta mañana que te dejaron tan extrañado. Supongo que estarías alucinado…

− Y tanto, mamá, no me lo esperaba. – intervengo.

− Pues eso me hizo sentirme muy feliz y al tiempo rara, como juguetona de algo prohibido que no había podido hacer hasta ahora. Ahora tengo un hombre en casa y me gustó mucho que sintieras eso con el beso. Yo también lo sentí.

Estas palabras de mamá son algo que no me espero. ¿Acaso se excitó besándome esta mañana? ¿Disfrutaba con ese juego? Lo cierto es que fueron unos besos muy tiernos pero muy excitantes. Mamá continúa con su explicación:

− Me encantó sobre todo cuando entraste esta noche en la cocina y nos viste así vestidas. ¿Qué te pasó por la cabeza?

− Pues en la suerte que tenía. De teneros en casa. – respondo con sinceridad.

− Ya, eso lo sé, cariño, pero ¿en qué te fijaste?, ¿qué te hizo sentir algo especial?

− No te entiendo.

− ¿Qué te emocionó?

− Pues no sé, me gustó mucho tu vestido tan ceñido y que mostraba tus curvas.

Mamá no puede evitar una carcajada, pero incluso eso me parece erótico, lo mismo que los movimientos de sus piernas, creo que está excitada Yo continúo envalentonado, sabiendo que eso le gusta tanto a mamá:

− Me encantó la forma de tu pecho bajo ese escote y como tus tetas parecían querer salirse. Y ahora te tengo aquí al lado con ese conjunto, que ni soy capaz de asimilarlo…

Giro mi cabeza y miro a Carla que está expectante esperando algo sobre ella y sé que mamá también lo espera. Me lanzo a demostrar todo lo que me ha excitado de ella:

− Me quedé flipado de ver a Carla también con ese vestido rojo tan corto y ajustado. Estaba preciosa. Nunca la había visto tan sexy.

No puedo evitar hacer una pausa para ver la reacción de ambas y eso me excita más, tanto que mi polla da otro de sus avisos, pero es que en realidad no ha bajado su hinchazón ni un segundo. Me envalentono, bebo un sorbo de cava y continúo:

− Las piernas de Carla me parecen divinas y ahora que la tengo aquí al lado con ese tanga rojo estoy flipado.

Mi hermana sostiene mi cara cara con sus manos plantándome un piquito en la boca, al tiempo que su pecho se junta al mío. Ufff, no aguantaré mucho sin correrme encima.

− ¿Y tú, Carla? – pregunta mi madre a su hija.

Mi hermana me mira, da un pequeño sorbo a su copa y tras una cierta duda expone su visión:

− Bueno me sentí también muy rara todos estos días planeando esto. Tenía muchas dudas e imaginaba que Nacho se iba a sorprender, pero al verlo ahora, me encanta haberlo organizado. Esta mañana cuando te besé y cuando me mirabas las piernas y mi sexo con las mallas de gimnasia, me dio un cosquilleo extraño…

Ufff, no podía creer lo que decía, ¿se ha puesto cachondilla con el beso y mi mirada a su cuerpo? Luego saber que llevan días planeándolo también me resulta muy morboso, pues se que ambas cuando se juntan son inigualables, así que han debido prepararlo todo con dedicación absoluta.

− ¿Y qué has sentido cuando se ha empalmado al vernos con los tangas? – le pregunta a mi hermana.

− Me he excitado al verlo. – contesta apesadumbrada Carla y bebe otro trago.

Si me pinchan no sangro. Lo que tantas veces he soñado en mis innumerables pajas pensando en mi madre o mi hermana está sucediendo hoy, el día de mi cumpleaños. ¿Será que estoy soñando? Ahora, teniéndolas aquí a mi lado, las deseo más que nunca. Lo más alucinante es que mamá dice que todavía habrá más sorpresas…

Juliaki

CONTINUARÁ…

PARA CONTACTAR CON EL AUTOR.

juliaki@ymail.com