el-elegido2Segunda parte de Mi jefa es una hija de puta  con  tetas.
 
Como expliqué en el relato anterior, mi jefa una zorra intratable y caprichosa decidió hacerme suyo y ¡Yo me dejé!. Cautivado por ese monumento de mujer, me convertí no solo en su más cercano colaborador sino en su obediente amante.  
Desde que me entregué en cuerpo y alma a esa mujer, ella ha tomado por mí las grandes decisiones de mi vida. No solo me tuve que trasladar a trabajar a Lisboa siguiéndola sino que desde entonces tengo un hueco en su cama pero solo en ella. Durante el día soy su asistente pero al llegar la noche, me convierto en el instrumento con el que apacigua su lujuria.
Nuestra relación es un tanto extraña, aunque yo estoy completamente subyugado por la personalidad y el cuerpo de doña Maria, sé que ella solo me toma  en cuenta por ser bueno en la cama. Para ella soy poco más que un consolador con patas. Me usa cuando le viene en gana pero para mantener su teórica independencia no me deja colaborar con el mantenimiento de la casa donde vivimos porque tal y como no se cansa de recordar, soy su mantenido y cuando quiera me pone de patitas en la calle.
-Tú estás aquí para follar- me soltó un día en que me quejé de que ella pagaba todo.
Ese status-quo, envidiado por la mayoría, a mí me resultaba una losa difícil de soportar. Si bien al no tener que gastar en el día a día, hacía que mi cuenta corriente se fuera engrosando a pasos agigantados, en mi interior me sentía un prostituto vulgar. Os resultara raro pero a pesar de sus muchos desplantes, amó a esa mujer.
 
Sé que es una zorra libertina, me consta que es egoísta, vanidosa y caprichosa pero con solo sonreírme hace que me olvide de sus defectos y que mis quejas se disuelvan como un azucarillo entre sus brazos. Doña María me tiene bien medido, cuando nota que estoy indignado me llama a su lado y me exige que satisfaga su calentura. Sabe que con eso, olvidaré durante semanas cualquier tentación de volver a Madrid.
Soy un puñetero títere en sus manos y como tal, me trata.
 
Para que os hagáis una idea del modo en que esa morena me trata, os voy a contar lo que ocurrió una noche cuando acabábamos de llegar a su casa. Tal y como tenía costumbre, nada más cerrar la puerta del apartamento se tumbó en el sofá y mientras yo me ocupaba de preparar la cena, ella se puso a ver la televisión. Todavía recuerdo que le estaba preparando el risotto de setas que tanto le gusta cuando escuché que sonaba su móvil.
Conociendo el morbo que le daba que le comiera el coño mientras ella hablaba por teléfono, dejé lo que estaba haciendo y quitándome el delantal, me acerqué al salón. Doña María al verme entrar separó sus rodillas y levantándose la falda me exigió que comenzara.
Sabiendo mi función, me arrodillé  a su lado absorto contemplando la belleza de su sexo. Mi jefa entonces separando sus labios con dos dedos, lo puso a mi entera disposición y mientras ella seguía hablando por el móvil, rocé con mi dedo el botón que se escondía entre sus pliegues.
Dando un suspiro, tapó con su mano el auricular y me dijo:
-Date prisa que llevo cachonda todo el día.
Sin quejarme, le metí un primer dedo dentro mientras su coño se empapaba producto de mis maniobras. Lo supe no solo ni siquiera tuve que lamer su clítoris para que ver su cara de lujuria. El aroma a hembra hambrienta de sexo llenó mis papilas en cuanto separé con mis yemas sus labios.
Buscando facilitar mi cometido, separó aún más sus rodillas mientras le decía a su interlocutor:
-¿Y cuando dices que vas a venir?
Su nueva posición permitió que mi lengua recorriera sus pliegues mientras no dejaba de gemir y jugueteando  con la punta su clítoris, di un buen repaso a ese coño antes de concentrarme en él. Al recogerlo entre mis dientes con un suave mordisco, mi jefa reprimió un aullido y presionando mi cabeza contra su coño, me exigió que continuara. Obedeciendo a su muda orden,  volví a meter mi dedo en su interior sin dejar de chupar el bulto que ya estaba totalmente erecto entre sus labios. Doña María  al sentir esa doble estimulación, movió brutalmente sus caderas y pero manteniendo la cordura, dijo al que estaba al otro lado del teléfono:
-Está bien, mañana te recojo en el tren- y mientras le contestan , volvió a tapar el micrófono y dejándose llevar por el placer, me soltó: -¡Cabrón! ¡Date prisa que quiero correrme!- y sin importarle lo que pensara, me pidió que le metiera el segundo.
Siguiendo sus instrucciones, le incrusté otro dedo y moviéndolos rápido en su interior, me la quedé mirando mientras esa mujer sacudía las caderas restregando su sexo contra mi boca. No tarde en observar como su coño se contraía de placer y sin que me lo tuviera que pedir, decidí a meter el  tercero. Saboreando su chocho con profundos lametazos, seguí follando con mis dedos el coño de la morena mientras ella intentaba que quien  estuviera hablando con ella no notara que estaba descompuesta por el placer.
Sabiendo que estaba a punto de correrse, le seguí sacando y metiendo mis tres falanges cada vez más rápido. Doña María, temblando de placer sobre el sofá, se mantenía en silencio. Pero el morbo de estar siendo comida mientras hablaba con otra persona pudo mas que ella y al sentir que su cuerpo se crispaba, me agarró la cabeza y la presionó contra su sexo. Decidido a incrementar su calentura y a que esa mujer sintiera lo que era una buena comida de coño, continué lamiendo su clítoris con mayor intensidad si cabe.
-¡Que sí! ¡Mañana hablamos!- soltó cortando la comunicación mientras mi boca se llenaba con su flujo.
 
La intensidad de su orgasmo fue brutal y derramando su placer por mis mejillas, usé mi lengua para sorber una parte del torrente en que se convirtió su chocho. Las piernas de mi jefa se cerraron sobre mi cara en un intento de retener el goce que la estaba asolando. Durante una eternidad, Doña María se corrió en mi boca mientras de su garganta no paraban de surgir berridos, tras lo cual se derrumbó sobre el sofá y sin estar totalmente satisfecha, me soltó:
-Mañana llega mi hermana. Como no sé si voy a poder usarte mientras ella está aquí, esta noche tendrás que esforzarte. ¿Lo has entendido?
-Sí- respondí.
Sara es tan hija de puta como su hermana.
Cuando ya creía que mi humillación era total apareció en mi vida Sara, la hermana mayor de mi jefa. Tal y como habían quedado, a la mañana siguiente Doña María fue por ella a la estación de tren. Nada mas recogerla la trajo a su casa donde yo las esperaba haciendo la limpieza.
Esa tarde y como gesto de rebeldía decidí que aunque sabía que mi jefa no quería que su pariente se enterara de que se estaba acostando conmigo, iba a pasar la aspiradora tal y como le gustaba a ella que lo hiciera, es decir, en pelotas y con un delantal que me cubriera las miserias. Anticipando su reacción, disfruté por primera vez de las labores caseras imaginándome a cada instante la cara que pondría cuando entrara con su hermana y me viera casi desnudo.
“Se va a cabrear” pensé descojonado y obviando que a buen seguro me iba a castigar, me dije: “¡Qué se joda!”
Tal y como preví, las dos mujeres nada mas cruzar la puerta se toparon con la imagen de mi culo en la mitad del salón. Si bien mi jefa se indignó conmigo tal y como había planeado, nunca anticipé que la zorra de su hermana al ver que estaba como dios me trajo al mundo soltara una carcajada diciendo:
-María, ¡Eres la leche!-y menos que acercándose hasta mí, me acariciara el trasero mientras le decía: -¡No me puedo creer que has contratado a un prostituto para mí!
Hecha una furia, Doña María le soltó:
-No lo he contratado. Manuel es un inútil que uso cuando me apetece.
Creyendo todavía que era una broma orquestada por su hermana, la mujer contestó mientras  levantaba mi delantal:
-Pues tengo que reconocerte que tienes buen gusto: ¡Me encantan los hombres depilados!- y por si eso no fuera poca humillación, siguió diciendo:- ¿Me lo prestas?
-¡Ni de coña! Este idiota es de mi uso exclusivo, si quieres uno: ¡Búscatelo!
Por su mala leche, Sara comprendió que María estaba cabreadísima y por eso decidió no seguir provocándola, no fuera a ser que tuvieran un altercado nada más llegar. Por mi parte y aunque sea difícil de comprender, yo estaba en la gloria porque de cierta y cruel forma, mi jefa me consideraba suyo y le había enfadado que le preguntara si podía hacer uso de mí.
Como no podía ser de otra forma, mi jefa ni siquiera se dignó a hablarme en toda la noche. Haciendo como si fuera un mueble, me ignoró durante horas. Aunque normalmente, que me ignorara era para mí un castigo, esa noche no. Si os preguntáis el porqué, es muy fácil:
¡Su hermana se dedicó a devorarme con sus ojos!
Buscando incrementar sus celos, mi actitud con Sara excedió lo meramente servicial ya que descaradamente tonteé con ella. Realmente disfruté haciéndolo y no solo porque con ello estaba sacando de quicio a Doña María sino porque aunque tuviera casi quince años mas que yo, esa madura estaba buena. Rubia de peluquería, esa hembra estaba dotada con una de las mejores delanteras que nunca había visto. La enormidad de sus pechos se realzaba aún más debido a la delgadez de su dueña.  Imaginándome como sería pellizcar esas dos ubres se pasaron las horas sin que me molestara el ser ignorado.
Cuando el reloj marcaba las doce, mi jefa se disculpó con Sara diciéndola que se iba a su cuarto y de malos modos, me exigió que la acompañase. Sumisamente la seguí hasta la habitación, nada mas entrar me soltó un tortazo y me recriminó la manera tan descarada con la que estaba flirteando con su hermana.
-No sé de qué habla- me defendí- ¡He sido solo agradable!
-¿Te crees que soy tonta? ¡Lo has hecho a propósito!- tras lo cual se metió en la cama.
Esa noche por mucho que intenté congraciarme con ella, me resultó imposible porque en cuanto intenté tumbarme junto a ella, me echó de su cuarto con grandes gritos, de forma que no me quedó más remedio que coger una almohada e irme a dormir al sofá del salón. Afortunadamente cuando llegué, Sara se había acostado y por eso pensando que al día siguiente a mi jefa se le había pasado, me dormí…
Al día siguiente, al ser sábado, no trabajábamos y como seguía cabreada, mi jefa decidió salir de casa temprano para no verme siquiera. Ajeno a estar solo con su hermana en la casa estaba plácidamente durmiendo cuando sentí que alguien acariciaba mi sexo. Todavía adormilado, abrí los ojos para descubrir a Sara desnuda a mi lado. Comprendiendo lo delicado de la situación y que Doña María no me iba a perdonar si me acostaba con ella, intenté escapar de su abrazo pero la mujer, haciendo sacando un cuchillo me lo puso en el cuello diciendo:
-Llevo bruta desde que vi tu culito. ¡Lo quieras o no vas a ser mío.
Asustado por las consecuencias, le grité que me dejara en paz pero esa mujer no me hizo caso y con gran violencia, me desgarró el pijama, dejándome desnudo. Aún seguía intentando zafarme de ella cuando esa mujer se apoderó de mi miembro. El sentir la presión de sus manos sobre mi sexo, me obligó a permanecer paralizado, ya que  temía que si la rechazaba me hiciera daño.
Al tenerme dominado, sonrió y sin quitar la hoja de mi cuello, esa puta me empezó a pajear. Aunque fue algo forzado, tengo que reconocer que en poco más de un minuto, mi pene había alcanzado su máxima longitud. Sara, en cuanto sintió mi dureza, se agachó entre mis piernas y abriendo su boca, se la introdujo en su interior.
“Doña María no me va a perdonar”, me dije mientras sentía cómo engullía mi pene.
Si al principio intenté permanecer impasible, con el paso del tiempo, sin darme cuenta, empecé a colaborar con mi captora. Mis manos se posaron en su cabeza y marcándole el paso, dejé que esa puta devorara mi extensión. Al igual que su hermana, esa rubia demostró ser una mamadora de primera y sin problema  consiguió introducírselo totalmente en su garganta. Alucinado por el modo tan experto en que me lo chupaba, no tardé en sentir  sus labios recorriendo la base de mi pene.
No se si fue el morbo o el miedo a que nos descubrieran pero rápidamente exploté en su boca y cuando lo hice, absorto, vi cómo se tragaba todo mi semen mientras no paraba de gritar el mucho tiempo que saboreaba una buena ración de semen. Si pensaba que ahí se había acabado todo, me equivocaba, porque sin darme tiempo a descansar, girando sobre sí misma, puso su sexo en mi boca.
Al contrario que su hermana, Sara llevaba el coño exquisitamente depilado. Aterrorizado por lo que me estaba obligando hacer, tardé en responderla. La mujer, sin hablar y apretándome suavemente mis testículos, dejó claro que era lo que esperaba de mí y forzado por las circunstancias, comencé a acariciar su clítoris. Su aroma dulzón me embriagó y ya sin reparo, separé sus labios y usando mi lengua como si de mi pene se tratara, empecé a penetrarla mientras que con mis dedos torturaba su botón.
“Sabe tan bien como el de su hermana”, acepté en mi fuero interno.
No recuerdo cuantas veces llegó esa mujer al orgasmo con mi boca pero, tras media hora dándole placer, sentí que bajando por mi cuerpo, cogía mi sexo y sin pedirme opinión, se ensartaba de un solo golpe.
 
-¡Serás puta!- le dije al sentir como  esa puta forzaba  mi pene hasta extremos impensables.
 
Obviando mis quejas, esa zorra usó mi miembro para apuñalarse repetidamente la vagina sin importarle nada más. Decidida a obtener su placer a costa de lo que fuese, me usó como instrumento de su lujuria y no paró hasta que por segunda vez, descargué en su interior.  
Con una alegría insana y mientras me dejaba descansar, me dijo desapareciendo por la puerta:
 
-Con razón mi hermana te mantiene.
 
Jodido, agotado  y nuevamente solo, lloré por la humillación de haber sido violado. Había sido un puto objeto en la lujuria de esa maldita. Y sin ser plenamente consciente de que eso se iba a repetir mientras esa rubia siguiera en Portugal, desee que volviera mi jefa.
Mi jefa vuelve con una sorpresa.
Sobre las doce de la mañana, María volvió al apartamento llevando una bolsa con compras. Al verla entrar supe que tramaba algo. Su sonrisa maliciosa escondía algún plan pero sabiendo que no tardaría en descubrir que cojones había elucubrado, decidí callar y esperar. Conociéndola como la conocía sabía que, si le preguntaba, no me iba a decir nada. Si a eso le añadimos la pseudo-violación de la que había sido objeto por parte de su hermana, era mejor esperar acontecimientos y no forzarlos.
Nada mas entrar se encerró con su hermana en el cuarto de invitados. Me acojonó empezar a oir gritos y suponiendo que esa puta le había contado lo sucedido, preferí no intervenir. Solo al cabo de un cuarto de hora, me mandó llamar. Acudiendo a su llamado, pasé a la habitación para llevarme una sorpresa mayúscula:
“¡Sara estaba atada sobre la cama!”
Sin saber a qué atenerme, me quedé paralizado en el quicio de la puerta. Mi jefa muerta de risa me soltó:
-Cómo la zorra de mi hermana quería follarte, he decidido darle una lección.
-¿Quiere que me la tire?- pregunté totalmente confundido al comprobar el modo tan brutal con el que había inmovilizado a la rubia.
-¡Eres idiota o qué! ¡Eres solamente mío!
-¿Entonces?
Soltando una carcajada, respondió:
-Ya que necesitaba ser follada, voy a satisfacerla. Prepárame su culo, ¡Qué se lo voy a estrenar!
No comprendí  el alcance de sus palabras hasta que la vi sacar de una de las bolsas un arnés con un tremendo falo adosado a él:
“La va a destrozar” pensé al comprobar el tamaño de ese aparato  pero mas excitado de lo que podía reconocer a esa hija de puta, no me quedó mas remedio que obedecer.
Acercándome a su víctima, le separé los cachetes de su trasero para descubrir que tal y como me había anticipado mi jefa, el ojete con el que me encontré permanecía virgen. Su permiso me dio alas e introduciendo mi  cara entre las piernas de la ahora asustada sádica, le introduje  dos dedos en el coño mientras la rubia se retorcía pidiendo mi ayuda. Los chillidos de la mujer no consiguieron su objetivo y incrementando el ritmo de mis yemas, seguí violando su interior mientras Doña maría se terminaba de ajustar el arnes.
-María, por favor, ¡No lo hagas!- imploró con lágrimas en los ojos.
 
Desgraciadamente para ella, la morena no se apiadó de sus lloros y con mayor énfasis, me exigió que la preparara. Siguiendo sus instrucciones,  ninguna parte de su cuerpo se libró de mis duros toqueteos. Devolviendo una parte de lo que me me hizo esa mañana. Le pellizqué cruelmente sus pezones antes de dedicarme a su culo. Una vez saciada parcialmente mi venganza, con  sadismo violé  su esfínter con mis dedos sin usar ningún tipo de lubricación.
-¡Me duele! ¡Maldito!- aulló al sentir como forzaba su ojete.
Temiendo la reacción de Doña María, intenté que no se percatara de que me había puesto bruto y que tenía mi pene tieso. Afortunadamente para mí al ver a su hermana con el  el culo en pompa, sin mediar conversación alguna, me separó de ella y separando sus nalgas con las manos,  escupió en su ojete mientras metía una de sus yemas para relajarlo.
-Será mejor que no te muevas y me dejes darte por culo. ¡Te dolerá menos!- le dijo obviando las quejas de la pobre mujer.
 
Cual convidado de piedra, me quedé mirando como la morena poco a poco conseguía su objetivo mientras Sara totalmente acojonada se dejaba hacer.
-¡No sé porque lloras! ¡Zorra!- le soltó al ver sus lagrimas- ¿No es esto lo que venías buscando?
Sacando fuerzas de su flaqueza, Sara le contestó:
-¡No! Cuando me dijiste que en Portugal me iban a follar, ¡No sabía que iba a ser por ti!
-¡Nada es perfecto!-  respondió y mientras cogía el artificial pene entre sus manos, soltó una carcajada.
Haciendo caso omiso de su chillido, posó el glande en su hoyo, tras lo cual tanteó su relajación. Al haber comprobado la misma, de un solo golpe lo introdujo por entero en el interior de sus intestinos. La brutalidad fue  tal que de Sara no pudo reprimir un alarido mientras de sus ojos afloraron  las lágrimas en señal de dolor. La forma en la que invadió su trasero no solo  le hizo gritar sino que intentó zafarse del ataque.
Doña María profundizando el sufrimiento de su hermana empezó a sacar y a meter el tremebundo aparato con rápidos movimientos de su cadera.
-¡Sigue llorando puta! ¡Me ponen bruta!- berreó mi jefa ya absorta en su función.
Apiadandome de Sara, llevé mis manos a su coño y la empecé a masturbar mientras su hermana seguía campeando libremente sobre su culo. Mi antigua torturadora  al sentir sus dos entradas forzadas, apretó sus mandíbulas intentando relajarse pero le resultó imposible porque con un sonoro azote, Doña Maria le ordenó que se moviera. Los chillidos de la rubia al sentir los ataques en su culo fueron atroces, demostración palpable del daño que estaba experimentando en su cuerpo.
 
Al cabo de unos minutos y ya con su esfínter relajado, la rubia fue  empezando a relajarse  de manera que empezó a experimentar placer cada vez que mi jefa la penetraba.
-¡Dios!- aulló al sentir los primeros síntomas del orgasmo y retorciéndose sobre las sábanas, buscó el placer pegando otro berrido.
Curiosamente, su hermana se mostró menos dura y mas cariñosa al sentir que se aproximaba el clímax de su víctima y con una breve orden me pidió que la besara. Al acercar mis labios a los de Sara, pegando gritos y con su cuerpo convulsionando, se corrió mientras Doña María seguía retozando en el interior de su culo. Al oír su orgasmo, dejó de torturarla y ya claramente excitada me pidió que me la follara.
Sin sacar el aparato del culo de la rubia, puso su culo en pompa dándome acceso. Incapaz de discernir por donde quería que me la tirase, se lo pregunté:
-¡Eres imbécil!- contestó sin aclarar nada.
Asustado por la decisión, acerqué mi pene a su coño. Al sentir que lo tenía totalmente empapado, se lo fui metiendo poco a poco mientras la morena reiniciaba el acoso sobre el culo de su hermana. Sara al sentir nuevamente hoyado su esfínter, gritó pero esta vez de placer.
No sé qué fue lo que provocó  que mi jefa se contagiara del orgasmo de su hermana, si la acción de mi miembro en el interior de su chocho o los gemidos de Sara pero lo cierto es que casí no había empezado a moverme cuando pegando un aullido se corrió como una puta y cayendo sobre la rubia, se derrumbó exhausta.
Quise seguir tirándomela pero separándome de un empujón, me soltó:
-¡Quédate quieto!.
Mas excitado de lo humanamente posible, me humillé diciendo:
-Por favor, necesito correrme.
Fue entonces cuando desatando a su hermana, me ordenó:
 
-Mastúrbate para nosotras-
 
 
Mientras Sara se incorporaba sobre la cama, intenté protestar pero al chocar contra su total intransigencia, decidí cumplir su capricho. Cogiendo mi pene entre mis manos, empecé a pajearme mientras desde el colchón esas dos putas me miraban. Increíblemente Sara había olvidado la afrenta y con su respiración agitada, se me quedó mirando. Alucinando observé que  sus pezones se erizaban aun antes de que me empezase a tocar.
Con mi mente y mi cuerpo entablando una lucha entre la humillación que sentía y la calentura que dominaba mi cuerpo, seguí masturbándome. No tuve que ser ningún genio para comprender que mi jefa estaba probando a su pariente y supe de antemano quién iba a ganar.
-Acércate- me exigió.
En cuanto me aproximé, cogió a su Sara de la melena y poniendo mi pene entre sus labios, le preguntó:
-¿Quieres mamársela?
-Sí- le contesto.
Disfrutando de su poder, la soltó un bofetón diciendo:
-Esa polla es solamente mía- y soltando una carcajada, le soltó: -Si quieres mamar, ¡Mama mi coño!
Colaborando con ella, cogí la cabeza de Sara y la puse entre sus piernas sin que me lo pidieran. ¿Por qué hice eso? Os preguntareis:
¡Claramente me apetecía ver como su hermana se comía el coño de mi jefa!
La rubia al sentirse desvalida no pudo desobedecer y separando los pliegues del sexo que tenía enfrente, sacó su lengua y se puso a dar largos lametazos sobre el clítoris de Doña María. El brillo que manaba de su coño desnudo me anticipó que estaba cachonda y por eso decidí acercar mi pene a su boca.
Fue entonces cuando mi jefa me dijo antes de meterse mi miembro en su boca:
-Acaríciame los pechos.
Esa orden emitida solo para mí pero produjo un fenómeno curioso puesto que tanto Sara como yo obedecimos cogiéndole las peras.  Sin que se lo hubiese mandado, Sara me imitó  y cogiendo uno de los pezones de la morena  entre los dedos, empezó a acariciarlo. Mi jefa al sentir las caricias de ambos pegó un gemido y ya incapaz de contenerse, se dedicó a mi miembro mientras su hermana se apoderara de su sexo.
Entusiasmado por el modo en que se iban desarrollando las cosas, me concentré en la rosada aureola de mi superiora sin darme cuenta de que como me estaba afectando su mamada y mientras Sara le incrustaba  dos dedos en el interior, la morena me ordenó:
-¡Córrete ya!, ¡Necesito mi ración de leche!
 
La explosión de mi pene coincidió con su climax y mientras se dedicaba a absorber el semen que brotaba de mi sexo, se corrió. Ya totalmente verraca, Doña Maria  buscó mi simiente mientras los dedos de su pariente seguían torturando su ansioso sexo.
Os juro que fue impresionante sentir como me dejaba seco mientras su cuerpo se retorcía de placer pero mas observar que Sara venciendo su natural reluctancia a lo que estaba siendo obligada a hacer, se masturbaba con frenesí mientras su lengua seguía dando cuenta del coño de la morena.
-¡Me corro!- berreó mi jefa olvidándose de mi verga y presionando la cabeza de la rubia contra su entrepierna.
Sus palabras fueron el acicate que necesitaba Sara para ya sin ningún tipo de resquemor follarla con sus dedos. Esa maniobra prolongó el éxtasis de mi jefa que retorciéndose sobre las sábanas. Esa visión fue mas de lo que pude aguantar y con mi pene nuevamente tieso, separé a la mujer y acercándome a mi jefa, introduje de un solo empujón mi sexo en su coño.
 
Doña María, agradecida al sentir mi polla retozando en su interior, gimió de placer mientras no dejaba de mover sus caderas. La sobre excitación que asolaba su cuerpo la llevó de un orgasmo a otro mientras yo seguía machacando su chocho con mi instrumento.
-¡Te deseo!- gritó sorprendida por la fuerza de sus sensaciones.
Sin saber todavía lo que se avecinaba, le contesté que yo también sin dejar de penetrarla. Lo que no me esperaba fue que mi jefa se abrazara a mí y llorando me preguntase si también la quería.
-¡Más que a nadie en este mundo!- respondí con sinceridad porque lo quisiera o no,  estaba prendado de ella.
La morena al oírme se volvió a correr mientras Sara convulsionaba a su lado con los dedos metidos en el interior de su coño. Ver a esas dos presas de la lujuria fue superior a mis fuerzas y derramándome con brutales sacudidas, llegué al orgasmo. Mi eyaculación fue total y vaciando mi semen en el coño de mi jefa, asolé con ello también la última de sus defensas. Ya agotada sobre el colchón, se quedó en silencio durante un minuto.
Debió estar meditando lo sucedido mirándome por primera vez  con cariño y me dijo:
-Túmbate a mi lado y abrázame.
Sintiéndose marginada, Sara protestó diciendo:
-¿Y Yo?
 Al oírla su hermana, le dijo:
-Bésame y si lo haces bien quizás te preste a mi hombre.
 
Pegando un grito de alegría, se lanzó sobre los brazos de su querida pariente.