CAPÍTULO 12, MI TERCERA Y ÚLTIMA BIRMANA

Tal y como me había mi futuro suegro echó la casa por la ventana pero aun así me resultó curioso la rapidez en la que se desarrollaron las cosas porque no había pasado ni una hora cuando desde el porche de la mansión vi llegar una carreta cargada con flores.
«Joder, se ha dado prisa», murmuré mas solo que la una porque la novia había insistido en que María y sus paisanas estuvieran presentes mientras la preparaban para el enlace.
Y digo enlace porque aunque nominalmente está prohibida la poligamia en ese país, durante la fiesta iba a tener lugar un paripé de boda que según Thant me había asegurado no tendría más que valor simbólico pero que su padre había insistido porque así limpiaba su conciencia por entregar a su hija a un hombre que no la hiciera su esposa legal.
Personalmente me daba igual y con una copa en la mano, decidí dar una vuelta por la mansión que sería mía al día siguiente. Mientras recorría sus pasillos, la historia del lugar me tenía impresionado al comprobar en sus paredes el papel que esa familia había tenido en toda la zona.
«Va a volver a vivir otra época de esplendor», me dije cada vez más involucrado al saber que si todo iba como tenía planeado, los hijos que tuviera con esa monada serían los depositarios de una herencia centenaria.
Estaba admirando un retrato de un miembro de esa familia cuando vi llegar a mi esposa con la cara desencajada. Supe que algo pasaba y por eso no me cogió desprevenido que me dijera muy nerviosa que Thant quería verme antes de la ceremonia.
Asumiendo que era importante, dejé que me condujera por el edificio hasta una zona privada, cuyas rejas de hierro forjado me hicieron suponer que era el área donde antaño vivían las integrantes del harén del señor de la casa. De haber tenido tiempo con gusto me hubiese entretenido en observar los mosaicos con los que estaba decorada pero urgido por mi esposa entré en la habitación donde me esperaba mi “novia”.
Tal y como me habían anticipado, Thant estaba hecha un mar de lágrimas y por más que mis dos concubinas intentaban consolarla nada parecía tener efecto.
-¿Qué te pasa?- pregunté en inglés.
Al escuchar mi voz, esa preciosa birmana se tiró a mis pies y gimoteó desconsolada:
-Júreme que pase lo que pase mantendrá su promesa que los hijos que le dé serán los dueños de estas tierras y esta casa.
Pasando mi mano por su negro pelo, respondí que nunca faltaba a mi palabra y por lo tanto si me llegaba a dar descendencia, ellos serían los herederos de esa parte de mis bienes.
Todavía muy nerviosa, se limpió las lágrimas con la mano y levantando su mirada me pidió que la hiciese mi mujer en ese momento sin esperar al enlace. Como se puede comprender, esa premura me mosqueó y levantándola del suelo, la llevé a un sofá y le pedí que me explicara qué narices le ocurría para pedirme adelantar unas horas su entrega.
Consternada me rogó que no me enfadara con mis esposas pero por una indiscreción suya se había enterado del verdadero motivo por el que quería comprar a su padre esa hacienda. Conteniendo el aliento, repliqué que no sabía de qué hablaba pero entonces la oriental susurró llena de dolor:
-Estaba enseñando a María el vestido que me iba a poner cuando le ofrecí un té y ella sin darse cuenta, dijo que prefería el tieguanyin al earl gray. Al contestar que no teníamos esa variedad, Aung me rectificó y comentó que ese era el nombre que su amo daba al que producíamos.
-Entiendo- contesté dando por perdido el negocio y sin demostrar el cabreo que tenía, la pregunté qué era lo que iba a hacer.
Entonces para mi sorpresa, Thant respondió:
-Mi padre no es capaz de mantener la herencia de mis antepasados. Cuando murió mi abuelo, eran más de tres mil hectáreas las que heredó y las fue malvendiendo para pagar sus vicios. Mi deber como hija es informárselo pero no quiero porque aun así él terminará vendiendo esta hacienda a un extraño.
-Me he perdido- reconocí.
Llena de angustia, me miró insistiendo:
-Como ya le expliqué mi deber como hija es decírselo pero si antes que le vea, usted me hace suya, mi obligación sería para usted y podría callar por el bien de los hijos que le dé. Si quiero mantener estas tierras en la familia… ¡necesito que me tome ahora!
Entendí su petición como una llamada de auxilio y posando brevemente mis labios en los suyos, contesté:
-Te juro que nunca pondré en peligro esta casa y las tierras que la circundan y te prometo que haré todo lo posible para incrementarlas y así el día en que yo falte, los hijos que me des hereden más tierras de las que tu padre me venda.
Con una dulce pero amarga sonrisa se levantó del diván y mientras dejaba caer su vestido, dijo con tono seguro:
-Aunque ha pagado por mí, le informó que me entrego voluntariamente a usted y me comprometo a amarle como su más fiel pareja todos los años que me queden de vida.
La belleza de esa mujer quedó más que patente al verla desnuda y mientras recreaba mi mirada en sus curvas, respondí usando su mismo tono grandilocuente:
-Aunque he pagado por ti es mi intención ser tu marido y no tu dueño por lo que después de comprar a tu padre la hacienda, serás libre. Podrás irte pero si te quedas con nosotros y entras a formar parte de mi familia, juro hacerte feliz y cumplir todas mis promesas.
Thant no se esperaba que le diese la libertad de decidir y saltando sobre mí, me empezó a besar mientras me decía:
-Estaría loca si le perdiera, soy suya y lo seguiré siendo con más razón una vez me libere.
La alegría con la que buscaba mis caricias me convenció y cogiéndola entre mis brazos, la llevé hasta la cama. No había terminado de depositarla sobre las sábanas cuando María acercándose hasta ella, comentó:
-La voluntad de Alberto es mi deseo y por ello me comprometo en recibirte como mi igual y los hijos que engendres en tu vientre los consideraré como nacidos de mí sin hacer ninguna diferencia.
Completamente conmovida la birmana contestó:
-Señora, nunca me atrevería a ser su igual y desde ahora juro obedecerla y amarla… y espero que me dé la posibilidad de demostrárselo.
Mayi que hasta entonces había permanecido en silencio, se aproximó y comenzó a acariciarla mientras le decía:
-Amo y Maria buenos con nosotras, nosotras buenas contigo- para acto seguido cerrar su compromiso con un beso sobre una de sus areolas.
Imitando a su compañera, Aung acercó su boca al otro pezón y sacando la lengua, se puso a lamerlo diciendo:
-Nosotras y María darte placer para que amo te haga suya.
Observando a esas tres bellezas me percaté que siendo de la misma raza, Thant era mucho más alta.
«Se nota que por generaciones a su familia no le faltó jamás la comida», pensé al compararlas y ver que sus dos paisanas a su lado parecían liliputienses.
Ajenas a mi examen, se notaba que mis concubinas eran las primeras interesadas en que esa recién llegada disfrutara en su estreno al ver el modo tan cariñoso y sensual con el que se estaban ocupando de ella.
Cualquier duda de cómo se tomaría ese cálido recibimiento desapareció de mi mente al escuchar que la birmana decía a mi señora con tono pícaro al tiempo que separaba sus rodillas:
-Mi señora debe comprobar que llego virgen y que no he conocido ni conoceré más hombre que nuestro dueño.
María comprendió que la oriental se le estaba ofreciendo para demostrar su disposición a integrarse plenamente en nuestra peculiar familia y riendo comentó:
-Me parece que a esta putilla le gustaría que me ayudaras.
Aceptando que era así, me acerqué a la cama. Thant al verme llegar me miró a los ojos y sonriendo confirmó las palabras de mi mujer al decir con su mirada cargada de deseo:
-Soy suya.
Aún admitiendo que gran parte de la motivación de esa muchacha tenía que ver con la fidelidad a sus orígenes, pude descubrir que su mirada estaba cargada de deseo y eso me hizo saber que también se sentía atraída por mí.
-Eres preciosa- respondí al tiempo que me quitaba la camisa.
Ratificando que no le era indiferente, Thant no perdió detalle y aunque en ese momento sus pechos estuvieran siendo mimados por sus paisanas, con un revelador acto reflejo, se mordió los labios al comprobar que me quitaba los pantalones.
-Mi dueño y señor- susurró y más afectada de lo que había supuesto con mi striptease, me rogó levantando sus brazos hacia mí que me tumbara junto a ella.
Obviando su petición, comenté en ingles a María lo bella que era nuestra última adquisición, incrementando con ello la calentura de la birmana, la cual con la respiración entrecortada se retorcía sobre las sabanas dando muestras de una creciente excitación.
-Me encantan sus piernas- comentó mi señora mientras la acariciaba con la mano.
Llevando mis dedos a una de sus mejillas, recorrí su cara con mis yemas mientras con sus negros ojos la muchacha imploraba que no la hiciéramos sufrir.
-No están mal pero ¿qué me dices de sus pechos?- pregunté deslizando mi mano por su cuello al comprobar que María se había apoderado de uno de ellos.
-Inmejorables- replicó mientras con los dientes se ponía a mordisquear su pezón.
Aung que se había visto apartada por mi señora, aprovechó para desnudarse y al volver le ofreció como ofrenda sus propios senos. Thant me miró pidiendo mi aprobación. Al comprobar mi sonrisa, abrió sus labios y ser apoderó de la tetita de la morena.
El gemido de placer con el que mi concubina respondió a esa caricia, exacerbó a la noble y ya sin ningún recato se puso a mamar como si fuera algo que llevara deseando desde niña.
-Esta niña va a resultar tan puta como sus paisanas- murmuró María señalando la humedad que amenazaba con desbordarse en el sexo de la birmana.
Reconozco que se me hizo la boca agua al fijarme que siguiendo la moda occidental esa muchacha llevaba el coño totalmente depilado.
-Debe de estar riquísimo- repliqué mientras me acomodaba entre sus piernas.
Mi esposa al comprobar que sacando la lengua y partiendo de su tobillo me ponía a recorrer una de sus pantorrillas, me imitó y junto a mí comenzó a besar la otra.
No llevábamos ni medio minuto lentamente subiendo por ellas cuando escuchamos el berrido de placer con el que Thant nos confirmaba lo mucho que le estaba gustando ese tratamiento.
-Esta guarrilla no tardará en correrse- susurró María en mi oído- debemos darnos prisa si no queremos llegar tarde.
-La primera vez es importante- objeté y para dejar claro que quería tanto a ella como a las otras dos birmanas, las informé que no pensaba hacer uso de Thant hasta que esa cría se hubiese corrido.
Mayi fue la primera en reaccionar y acercando su boca a la de mi “novia”, recorrió los labios de la muchacha con su lengua mientras hablaba tiernamente en su idioma. Por el tono sensual que imprimió a su voz y el posterior gemido de nuestra víctima supe que le había traducido mis palabras pero como quería que lo supiera por mí, usando el inglés comenté:
-Mi prioridad es que disfrutes.
Temiendo no poder responder antes de verse sumergida en el placer, Thant gritó:
-Sé que a vuestro lado seré inmensamente feliz e intentaré compartirlo con el resto de vuestras esposas.
Su declaración de intenciones azuzó a María a actuar y con suaves mordiscos fue subiendo por un muslo mientras yo hacía lo propio por el otro.
Jadeando respondió al incremento de nuestras caricias y sin poderse contener comenzó a mover sus caderas al sentir que tantas sensaciones estaban llevándola al límite. Mayi, que hasta entonces se habían mantenido expectante, se desvistió y pegando su dorso desnudo al de la noble, la hizo ver que también ella sería su mujer. Thant al experimentar el roce de los pezones de su paisana contra su pecho, no pudo más y maullando como si fuera un gatito, se corrió.
Ese dulce y casi inaudible orgasmo provocó una inmensa calentura en mi señora, la cual intentó hacerse con el coño de la mujer pero advirtiéndolo se lo impedí diciendo:
-Quiero ser el primero en probarlo.
Poniendo un puchero, me obedeció pero antes se permitió el lujo de soplar en él y ese singular regalo fue suficiente para que el clímax de la guapísima birmana alcanzara un nuevo límite.
-No quiero que nada me impida ser suya- aulló totalmente descompuesta Thant mientras todas sus neuronas amenazaban con colapsar- ¡Hágame su mujer!
Convencido que estaba lista, separé los labios de su sexo y sacando la lengua me puse a recorrer sus bordes, sin llegar a tomar posesión de él. Al sentir esa húmeda caricia se estremeció y sin poder casi respirar, me rogó que la tomara.
-Fóllatela, no la hagas sufrir más- dijo mi esposa al ver como la muchacha tiritaba.
-Todavía no- contesté y acercando mi lengua a su sexo, empecé jugar con el erecto botón que sobresalía entre sus pliegues.
El brutal gemido que salió de su garganta fue la antesala a su total entrega y mientras metía mi lengua en su interior, su sexo se convirtió en un ardiente volcán que entró en erupción de manera súbita empapando mi cara y salpicando la de mi esposa.
-¡Menuda forma de correrse!- muerta de risa, María exclamó y presa de su propia lujuria buscó probar ese manjar con su boca.
Thant casi pierde el conocimiento al sentir que eran dos lenguas las que la estaban follando. Su inexperiencia en ese tema la hizo dudar si ya la había tomado y abriendo los ojos, buscó con la mirada si ya la había poseído. Al ver que no era así, dijo casi llorando:
-No resisto más. Por favor, hazme mujer.
Viendo que ya era hora y que de nada servía postergar el tomar posesión de mi propiedad, puse la cabeza de mi glande entre los labios de su sexo. La birmana se derritió completamente al sentir mi miembro en su entrada y moviendo sus caderas, trató de forzar mi penetración.
-Tranquila-, dije mientras introducía un par de centímetros la cabeza en su interior.
Increíblemente sentí como si sus labios inferiores estuvieran besando mi pene justo en el instante que esa muchacha a voz en grito me preguntaba si algún día podría amarla.
-Ya te amo. No lo dudes nunca- contesté.
Mis palabras fueron el detonante de su locura y presionando con su cadera forzó que su cuerpo fuera absorbiendo mi extensión hasta que mi capullo se encontró con una barrera. Entonces y solo entonces, me dirigió una sonrisa y de un solo golpe consiguió romper su himen y ensartarse hasta el fondo todo mi sexo.
El grito de la muchacha al sentir como se desgarraba su interior me puso en sobre aviso y mientras sus dos paisanas intentaban consolarla con tiernos besos, esperé a que se acostumbrara a esa invasión. Durante unos instantes Thant se quedó paralizada por el dolor pero rápidamente se rehizo y moviendo sus caderas empezó un delicado vaivén que me volvió loco.
-Eres increíble- susurré al experimentar la estrechez de su gruta.
A pesar de estar acompañados y que en ese instante, María siguiera lamiendo el clítoris de la oriental, el tiempo se detuvo para mí y solo existíamos ella y yo mientras de forma inconsciente relajaba y presionaba los músculos de su vagina al ritmo de mis penetraciones.
-¡Por fin tengo dueño!- chilló al notar que un nuevo orgasmo se acumulaba en su interior.
-Córrete en su interior, mi amor. ¡Esta putita lo está deseando!- me espoleó María mientras Thant aceleraba sus caderas.
Tumbandome sobre ella, busqué nuestro mutuo placer pero entonces esa muchacha absorta en su papel de presa me mordió en el cuello mientras me pedía que me vaciara dentro de ella. Que de alguna forma me marcara como suyo, me gustó y llevando al límite el ritmo con el que machacaba su interior desencadené su orgasmo. Orgasmo que al contrario de los anteriores fue ruidosamente brutal hasta el punto que temiendo que nos oyeran desde fuera, Aung cerró su boca con las manos.
Los estertores de su cuerpo y sus gritos al correrse desató mi propio gozo y descargando mi simiente en su fértil receptáculo, me corrí mientras en mi cerebro oleadas de placer se sucedían sin pausa. Todavía desconozco como pudo hacerlo pero sentí como su interior abrazaba mi pene prolongando con ello mi éxtasis. Tras lo cual exhausto caí sobre ella.
Ella metiendo su mano entre sus piernas, sacó sus dedos ensangrentados y llevándolos a mi boca, me dijo:
-Has sido el primero y serás el último hombre de mi vida. Soy tu fiel esclava hasta el final de mis días.
El sabor de la sangre con la que me demostró su virginidad perdida, me hizo reaccionar y abrazándola, contesté:
-Como tal te acepto y juro en presencia de mis otras esposas, que dedicaré todos mis esfuerzos en haceros felices a todas.
Rompiendo el hielo, María soltó una carcajada y forzando la boca de mi nueva esposa con su lengua, la besó durante unos segundos hasta que separándose de ella, dijo:
-Como hermana mayor, yo también me comprometo a hacerte dichosa.
Los ojos de Thant se poblaron de lágrimas al escucharla y mirando a sus paisanas, les algo en su idioma que las hizo reir. Lleno de curiosidad, le pedí que me dijera que les había dicho.
La hija del noble venido a menos contestó:
-Daba las gracias a mis dos “hermanas” por explicarme que solo podían hablar maravillas de usted y de María en la cama y que llegado el caso, no tuviera miedo porque sabrían sacar de mí a la mujer ardiente que llevaba años ocultando.
Con la mosca detrás de la oreja, pregunté:
-¿Solo le has dicho eso?
Muerta de vergüenza, bajó su mirada y replicó:
-También les preguntaba cuanto tardaría usted en usar mi trasero.
-¿Te apetece que lo haga?
Sin saber dónde meterse, replicó:
-Hay un cuadro en el cuarto de mi padre donde uno de mis antepasados sodomiza a una concubina y desde niña he deseado que mi esposo me tome así.
Riendo a carcajada limpia, María contestó:
-Tu culito no tardará en ser poseído por tu dueño y por mí…

FIN