Mi cuñada, mi alumna, mi amante (4)

sin-tituloEstábamos terminando de recoger la mesa después de comer. Tere, mi mujer, tenía que volver a su oficina y yo me pasaría la tarde en casa corrigiendo los trabajos que un grupo de mis alumnos me había entregado por la mañana.

– Se me olvidaba- dijo Tere metiendo el último plato en el lavavajillas-, me dijo mi hermana que, si fueras tan amable, tal vez podrías explicarle no sé qué de unos ciclos que no entiende…

Con sólo mencionar a su hermana el corazón me dio un vuelco en el pecho.

– …y como esta tarde no tienes clases- prosiguió-, tal vez ella podría acercarse hasta aquí para que le eches una mano, ¿qué te parece?.

– Sí, claro- pensé-, una mano y las dos, como la última vez…

– Cariño- dije-, tengo la tarde muy ocupada, tengo que corregir un montón de trabajos que me han entregado esta mañana, y…

– Venga, hombre, ¡que es mi hermanita!. Seguro que puedes hacerle un hueco, no creo que tengas que tener los trabajos corregidos para mañana, ¿o sí?.

– No, pero…

– Pues ya está- sentenció cogiendo su móvil-, ahora mismo la llamo y le digo que venga esta tarde para que le ayudes, ¿vale?.

– Está bien- contesté resignado.

Había pasado una semana desde mi desliz con mi preciosa cuñada Patty. Desde entonces sólo habíamos coincidido en cuatro clases, y ambos habíamos aparentado una normal relación profesor – alumna, con las palabras y las miradas justas, perfectamente medidas por mi parte, aunque cada vez que la miraba no podía dejar de pensar en su cuerpo desnudo vibrando con cada una de mis embestidas…

– Hola, guapa- dijo Tere con el teléfono pegado a la oreja-. Carlos tiene la tarde libre, así que pásate por casa cuando quieras para que te explique lo que me dijiste…

Oí a Patty contestando a través del teléfono, pero no pude entender lo que decía.

– ¿Hasta las 7.00?- dijo mi mujer-, vale, pues cuando salgas vente para acá que él estará para lo que necesites. Un besito.

– Para lo que necesites- pensé-. Más vale que sea verdad que necesita que le explique algo, no puedo volver a cometer el mismo error de montármelo con la hermana de mi mujer.

sin-tituloEs cierto que mi tarde de sexo lujurioso con mi cuñada, la semana anterior, había sido increíblemente excitante y satisfactoria, pero a pesar de que no podía sacar de mi cabeza cada detalle disfrutado con ella (la muy viciosa había tenido razón; la increíble mamada que me hizo aquella tarde se había grabado en mi cerebro a fuego y acudía a torturarme cada noche) no podía dejar que volviese a suceder. Durante doce años le había sido completamente fiel a la que desde sólo hacía dos meses era mi esposa, y en una sola tarde había echado eso a perder con reiteración, con su propia hermana pequeña, con esa preciosa jovencita de 22 años que había conseguido someterme con sus encantos para que cumpliese sus fantasías de tirarse a su cuñado.

– Tiene clase hasta las 7.00- me dijo Tere sacándome de mis pensamientos-, así que sobre las siete y cuarto estará aquí.

– Bueno, al menos podré trabajar algo hasta esa hora.

– ¿Ves?, tienes tiempo para todo, así que no te quejes y hazle este favor a mi hermana por mí.

– Le haré el favor por ti- contesté pensativo.

Tere se calzó cogiendo los zapatos del mueblecito de la entrada, se puso el abrigo, recogió su maletín, y tras darme un beso se despidió dejándome con mis pensamientos.

Pasé la tarde revisando los trabajos de los alumnos, aunque sin prestarles mucha atención. Mi mente volaba una y otra vez hasta el día en que, como si fuese un adolescente cegado por las hormonas, me follé irracionalmente a la hermanita de mi mujer sobre la mesa que ahora estaba cubierta de papeles.

El timbre de la puerta sonó, ¡uf!, ya eran las siete y media, la tarde se me había pasado casi sin enterarme y mi cuñada ya había llegado.

Abrí la puerta, ahí estaba ella, tan guapa y resuelta como siempre.

– Hola, profe- me saludó dándome un cándido beso en la mejilla-, perdón por el retraso, el tráfico estaba horrible.

– No te preocupes- contesté dejándole pasar y ofreciéndole mis brazos para que me diese su abrigo.

Al quitarse el abrigo comprobé que vestía muy casual, con unos pantalones vaqueros y una camisa blanca. A pesar de no venir tan deslumbrante como la última vez, seguía teniendo un aspecto muy sexy porque los vaqueros se ajustaban perfectamente a su magnífico culito, y la camisa llevaba abiertos los botones superiores dejando entrever debajo un top de color negro, no pude reprimir un cosquilleo en mi entrepierna.

Llevé su abrigo a la habitación, y cuando volví al salón respiré aliviado al ver que ella se había sentado a la mesa y estaba sacando una carpeta con los apuntes de su bolsa.

– ¿Puedes traerme un cenicero?- me dijo-, he salido tan corriendo de la facultad que ni me ha dado tiempo a fumarme un cigarrito.

Cogí el cenicero que tenemos para las visitas y se lo ofrecí mientras ella encendía un cigarrillo.

– ¡Aahh!- gimió sugerentemente tras exhalar el humo.

Otro cosquilleo recorrió mi entrepierna.

– Dos horas de Hidráulica y media hora de atasco sin poder fumar- dijo-, me estaba consumiendo ya.

– Es que eres puro vicio- pensé yo.

– Bueno- dijo hojeando con sus apuntes-, ¿te ha dicho mi hermana lo que necesito que me expliques?.

– Más o menos- contesté sentándome a su lado-. Supongo que se refería a los ciclos patogénicos de los hongos oomicetes, ¿no?.

– ¡Exacto!, ¡pero que listo eres, profe!- me dijo con una amplia sonrisa y mirándome fijamente con sus preciosos ojos-. Creo que no completé bien los ciclos, me faltan algunas fases y algunos nombres, así que no entiendo ni jota.

– A ver.

Fuimos repasando uno a uno los esquemas que tenía fotocopiados y, efectivamente, le faltaban bastantes cosas por completar.

– ¿Ves?- le dije indicando uno de los esquemas-, aquí te falta poner que esta estructura es el apresorio.

– Ah, vale- contestó Patty mostrando verdadero interés-. ¿Puedes apuntármelo?- preguntó ofreciéndome un bolígrafo.

Entonces se desabrochó la camisa y se la quitó dejándola sobre el respaldo de la silla.

– ¿Qué haces?- pregunté sintiendo cómo mi polla comenzaba a crecer ante la visión de su ajustado top negro marcando espléndidamente sus firmes pechos.

– Tienes la calefacción a tope, y yo, viniendo de la calle, me estoy asando como un pollo.

– Ah, perdona. Es que la calefacción es central, la arrancan a las 12.00 y no la cortan hasta las 10.00 de la noche. Como es el primer piso del edificio a veces pasamos calor.

– Pues eso, que yo me estaba asando, ¿por dónde íbamos?.

– Te estaba apuntando lo del apresorio aquí- contesté indicando el esquema.

– A ver- dijo ella acercándose más a mí hasta que su pecho izquierdo

contactó con mi antebrazo derecho.

El roce mandó una corriente eléctrica por todo mi cuerpo desde el brazo hasta mi verga, que seguía creciendo abriéndose paso hacia la pata derecha del slip. Y por si eso había sido poco, Patty deslizó inocentemente su mano izquierda sobre mi muslo derecho, sintiendo yo su calidez a través de la tela de mi fino pantalón de deporte. Me quedé inmóvil, e intenté aparentar normalidad como si no hubiese sentido ambos contactos.

– Y en este otro dibujo te falta por poner el nombre de las esporas- continué.

Mi cuñada se apretó un poco más a mí y su mano avanzó por la cara interna de mi muslo, subiendo un par de centímetros con una suave caricia. La sensación hizo que mi polla alcanzase su longitud máxima pegada contra mi pierna derecha.

Durante media hora seguimos revisando cada uno de los ciclos que mi alumna tenía en sus apuntes, aprovechando ella la oportunidad de restregar su pecho izquierdo contra mi brazo cada vez que yo escribía algo. Con el roce pude comprobar que no llevaba sujetador bajo el top, sentía claramente su pezón erizado punzándome suavemente la piel. Yo ya estaba bastante excitado, con la polla crecida pegada al muslo por la sujeción de la pata del slip, y cada vez más dura.

Por fin terminamos de revisar todo cuanto me pidió, pero quería que le explicase en detalle las distintas fases de los tres primeros ciclos que habíamos visto. Yo accedí deseando que esa exquisita tortura terminase, y pareció que ella me leyó el pensamiento, porque se separó de mí para coger algo de su bolsa.

Al apartarse pude ver con claridad cómo sus dos pitones se marcaban exageradamente en la tela que los cubría y aprisionaba. La imagen de sus redondos senos delineados por el ajustado top, marcando pezones, era tan sugerente que un breve resoplido escapó de mis labios. Patty me dedicó una pícara sonrisa y terminó de sacar de su bolsa una piruleta roja con forma de corazón, le quitó el envoltorio y se la llevó a la boca.

– ¡Uf!- pensé-, al menos se me ha quitado de encima. Me está poniendo malísimo.

Pero no había terminado de formular el pensamiento cuando ella volvió a arrimarse a mí, “clavándome” su pitón izquierdo en el brazo mientras su mano se deslizaba por mi muslo derecho más arriba de donde había estado antes, justo un par de milímetros por debajo de mi glande.

Intenté permanecer impasible, pero mi polla ya estaba muy dura, y sólo mi ropa le impedía saltar como un resorte apuntando hacia arriba con orgullo.

Empecé con mi explicación con la vista puesta sobre los apuntes, pero por el rabillo del ojo observé fascinado cómo mi cuñadita se deleitaba con la piruleta. La chupaba suavemente con sus jugosos y apetecibles labios, deslizándola entre ellos y sacando la punta de su lengua para relamerlos sensualmente.

Mi mente comenzó a evadirse evocando la increíble felación que esos labios me habían realizado unos días atrás y que, noche tras noche, acudía recurrentemente a mis sueños para atormentarme. Mi aparente compostura, mi fachada de imperturbabilidad, se estaba resquebrajando como una luna de coche a la que le hubiese saltado una chinita de la carretera.

-… entonces- seguía yo explicando-, el micelio del hongo comienza a formar hifas especializadas…

Patty chupaba y chupaba su piruleta como si fuese la cosa más deliciosa del mundo. Sus eróticos labios brillaban teñidos ligeramente de rojo por el caramelo, eran tan irresistibles… En mi mente se repetían las imágenes de esos labios envolviendo mi miembro… ¡Crásh!, una nueva grieta en mi estado de aparente inmutabilidad.

Mi alumna me miraba fijamente siguiendo la explicación con sus ojos verdeazulados incendiados de deseo, tan seductores… como en aquella ocasión en la que lo que saboreaba era mi falo… ¡Crásh!, otra grieta más.

-… las hifas especializadas- proseguía yo explicando- se engrosan para formar conidióforos…

La palabra “engrosar” hizo que la mano de Patty subiese un poco más por mi pierna y palpase el bulto que mi glande formaba en mi pantalón… ¡Crásh!, una larga y profunda grieta atravesó de lado a lado mi integridad, haciendo que el cosquilleo que en ese instante sentí en mi verga se manifestase externamente con rubor en mis mejillas.

Mi cuñada sonrió jugueteando con la piruleta sobre sus labios, y su manó palpó sin disimulo toda mi polla a través del pantalón, acariciándola de abajo hacia arriba y volviendo nuevamente al glande mientras la punta de su lengua recorría lentamente su labio superior… un terremoto me sacudió internamente.

¡Catacrásh!, mi fachada se derrumbó por completo. Mi cuñada, mi alumna, mi amante había conseguido atraparme nuevamente en sus redes. La deseaba, la deseaba tanto que todo juicio se me nubló. Me giré hacia ella y me quedé mirando, con mis ojos incendiados de deseo, cómo seguía chupando su piruleta; con sus pezones apuntándome, tan marcados en el top que parecía que podían atravesarlo.

Patty esbozó su característica sonrisa de picardía, y sujetando el palo de la piruleta con su mano derecha, apoyó el caramelo sobre su carnoso labio inferior.

– ¿Te apetece?- preguntó con su voz cargada de sensualidad.

Yo estaba totalmente obnubilado, creo que el riego no me llegaba bien al cerebro por la acumulación de sangre en mi miembro, porque como un tonto dije:

– ¿La piruleta?.

Ella rió, y con cara de vicio y lujuria exclamó:

– ¡No, joder!, ¡que te chupe la polla como este caramelo!.

La capacidad de razonar volvió a mí por unos instantes y miré mi reloj.

– Son casi las ocho y media, tu hermana está a punto de llegar.

– Por eso, porque no tenemos tiempo para más… Quiero chuparte la polla y que me des toda tu leche. ¿Quieres correrte en mi boca?, ¿te apetece?- volvió a preguntar relamiéndose los labios.

– ¡Dios!, es lo que llevo deseando e intentando apartar de mi mente desde que entraste en esta casa, pero ya no puedo más: Patty, ¡chúpame la polla!.

Me levanté ligeramente de la silla para bajarme el pantalón y el slip hasta las rodillas. Mi verga, por fin liberada, saltó como un resorte mostrándose congestionada, dura y con sus gruesas venas muy visibles. Me senté de nuevo.

– Ummm- gimió Patty al verla pasándose nuevamente la punta de su lasciva lengua por los labios -, tiene un aspecto tan apetitoso como recordaba.

Me ofreció la piruleta que me llevé a la boca degustándola como ella había hecho anteriormente. Mi cuñada se puso de rodillas en el suelo, me cogió de la cadera con su mano izquierda y, sujetando la base de mi polla con su mano derecha, se reclinó sobre ella. Sentí su cálido aliento sobre la punta y el peso de sus voluptuosos pechos descansando sobre mis muslos, ya no podía soportar más la expectación. Puse mi mano sobre la cabeza de Patty y se la bajé hasta que mi glande contactó con sus labios. Seguí bajando su cabeza sintiendo cómo mi falo se abría paso a través de sus labios e iba invadiendo su boca hasta que tocó su garganta.

– Oohhhh- gemí al sentir la humedad y calidez de su boca envolviendo más de la mitad de mi rabo.

Aparté la mano de su cabeza y observé cómo volvía a subir despacio, haciendo presión con los labios, succionando con fuerza y deslizando la parte de abajo del tronco por su lengua mientras subía. La sensación era tan exquisita que me arrancó otro gemido: “Aaahhhhhh”.

Patty se sacó la polla de la boca dejándola brillante de saliva, y mirándome, haciendo un coqueto gesto para colocarse su moreno cabello tras la oreja derecha, dijo:

– Está más rica que la piruleta, te voy a dejar seco.

– Eso espero, porque tengo leche de dos días acumulada para llenarle la boca a mi viciosa cuñada.

– Ummm… Se me hace la boca agua…

Acarició todo mi glande con movimientos circulares de su lengua, y succionó con la cabeza ligeramente ladeada para que yo pudiese ver cómo mi falo iba desapareciendo entre sus labios, con sus mejillas hundidas hacia dentro por la fuerza de succión, “ummppff”.

La sensación era muy intensa, el placer que me proporcionaban sus labios, su lengua y toda su boca recorría mi polla y mandaba descargas eléctricas por mi columna vertebral haciendo que se me arquease. Acompañaba cada lenta succión arriba y abajo con un delicioso masaje que su mano derecha hacía en el tronco de mi verga que su boca no conseguía engullir. Sus maravillosas tetas, con el sube y baja, rebotaban contra mis muslos restregándome sus duros pezones cada vez que mi glande tocaba su garganta. Pero el placer también era sonoro, sus labios regalaban mis oídos con el característico sonido de una profunda mamada: “ummppff” en la bajada y “ssluurpff” en la subida, simplemente delicioso.

Patty parecía disfrutar su trabajo oral casi tanto como yo, emitiendo de vez en cuando gemidos de disfrute con lo que saboreaba y con la fricción de sus pezones en mis piernas: “mmmm”. La cadencia de sus movimientos era lenta, y a pesar de tener mis testículos doloridos por estar llenos de amor, era capaz de mantener mi placer sin que me corriese demasiado rápido.

Durante diez placenteros minutos estuvo mamándome la polla de esa forma, haciéndome suspirar con cada succión, pero empezó a aumentar el ritmo, y mis jadeos comenzaron a hacerse tan profundos como la fuerza y velocidad de sus chupadas.

Los espasmos empezaron a sucederse en mi interior mientras mi falo latía preparándose para eyacular.

– Aahh, cuñadita, ahahahh- conseguí decir entre jadeos-, la chupas taaan biennn, mmmmm, que te voy a llenar la boca de lefaaaa.

Ella aumentó aún más la velocidad de la mamada succionado desesperadamente. Debió sentir los espasmos de mi polla, porque se la colocó sobre la lengua acariciando el frenillo con ella, aprisionando mi verga con sus labios, dispuesta a recibir la corrida dentro. Y el primer y abundante chorro se disparó con fuerza en su boca, llenándola densamente y quemándome el glande en un éxtasis que me dejó mudo.

Oí un portazo procedente de la entrada de la casa. Otro abundante chorro de leche caliente se derramó en la boca de Patty que, tragando el primero y concentrada para no ahogarse, parecía no haber oído el portazo.

– ¡Cariño, ya estoy en casa!- escuché la voz de Tere a través del pasillo.

– ¡Sííííííí!- grité disparando el tercer chorro de lefa ya decreciente en la glotona boca de mi cuñada.

Patty seguía degustando y tragando mi espeso y ardiente elixir haciendo caso omiso a sus oídos. Sólo unos segundos nos separaban de que mi mujer, tras quitarse los zapatos y dejarlos en el mueble del hall, entrase en el salón y descubriese a su marido con la polla metida en la boca de su hermanita pequeña y corriéndose como un caballo.

La excitación de ser cazados in fraganti y la tensión sexual acumulada hicieron que mi hiperestimulado miembro, en vez de decaer en sus eyaculaciones, volviese a descargar otra abundante y espesa corrida en la boca de mi aventajada alumna, que apenas daba abasto para engullir tanto semen.

Traté de apartarla de mí, pero seguía tragando los últimos lechazos que mi polla le daba en su agonía orgásmica.

El inequívoco chirrido de la puertecita del mueble zapatero del hall llegó a mis oídos, justo cuando mi falo daba su último estertor y Patty paladeaba hasta la última gota, lo cual a la postre resultó ser muy práctico para no dejar ninguna prueba de nuestro delito.

Mi golosa cuñada se incorporó sacándose la polla de la boca, dejándomela reluciente. Yo me levanté y, en un rápido movimiento, me subí el slip y el pantalón de deporte recolocando mi pene ya decadente justo cuando mi mujer entraba en el salón.

– ¡Anda!- exclamó Tere cuando vio a su hermana- pero si sigues aquí.

– Ya se iba a marchar- respondí yo sacándome el palo de la piruleta ya gastada de mi boca- ¿Verdad?- añadí girándome hacia Patty, que terminaba de ponerse la camisa para ocultar sus pezones duros como para rallar un cristal.

Al mirar a la cara de mi cuñada me dio un vuelco el corazón cuando me percaté que de la comisura derecha de sus labios había rebosado mi semen, de tal modo que se veía un fino reguero brillante que partía de su boca para terminar en una pequeña gota blanca en su barbilla. Patty, muy inteligente, al ver mi cara de susto, disimuladamente pasó su mano por sus labios y barbilla chupándose los dedos para hacer desaparecer todo rastro de mi corrida.

Tere me dio un beso en los labios, y un cariñoso beso en la mejilla de su hermana.

– ¡Uffff!- resoplé internamente-, ¡por muy poco!.

– ¿No te quedas a cenar con nosotros?- le preguntó mi mujer a su querida hermana.

– Uy, no- contestó-, no suelo cenar. Con un buen trago de leche calentita tengo hasta mañana- añadió resuelta dedicándome una furtiva mirada- así que recojo y me marcho, que seguro que tendréis cosas que hacer.

– “Un buen trago de leche calentita”- repetí en mi mente-. Le come la polla al marido de su hermana mayor, y no contenta con casi ser descubierta, se lo restriega a su inocente hermana por la cara. ¡Qué zorra!.

Patty recogió sus apuntes en lo que yo fui a por su abrigo. Lista para marcharse le dio un cariñoso beso en la mejilla a su hermana y un cándido beso a mí, también en la mejilla. En su fugaz acercamiento a mi cara, percibí el sutil aroma de mi semen en su aliento, lo que me provocó una sonrisa.

– Muchas gracias, profe- dijo saliendo por la puerta-. Lo he digerido todo muy bien- añadió alegremente con su habitual desparpajo. Mañana nos vemos en clase.

– “Lo he digerido todo muy bien”- repetí internamente-, ¡pero qué vicio tiene la niña!.

– ¿Lo ves?- me dijo mi mujer cuando mi cuñada se hubo marchado-. No te ha costado nada y mira qué feliz has hecho a mi hermana. Puedes estar satisfecho.

– Muuuuy satisfecho, cariño- pensé-, pero que muuuuuuy satisfecho.

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