Cuando de infidelidad se trata, una de sus raíces principales es la soledad, bueno al menos en mi caso. Cuanto hubiera dado porque mi pareja en lugar de obsequios me hubiera regalado su compañía, con gusto hubiera cambiado las comodidades por un poco mas de sexo, necesitaba sentirme deseada, quería ser tratada como una amante a la que se la coge en cualquier lugar y en cualquier momento, pero su cansancio producto de la adhesión  al trabajo lo único que me dejaba era noches enteras de soledad, y una adicción mórbida a la masturbación. Infinidad de noches lo hacía cuando el dormía a mi lado, mientras se ponía de espaldas, yo ya tenía mi mano lista entre mis piernas acariciando mi sexo, hurgando en mi entrada, gozando de la suavidad de mis labios  y de mi aroma de mujer que se calaba hasta en mis uñas. Apretando la almohada entre mis piernas fantaseaba con amantes inexistentes que entraban a mis sabanas a saciarse de mi carne, a darme orgasmos que me hacían mojar, mientras él  abatido por las rutinas prefería descansar.
Una treintañera ansiosa de placer, tenía hambre de lujuria  y nada hay más triste que necesitar un falo entre tus piernas y tener que saciarte con tus dedos, o con el vibrador  que escondía entre mis pijamas. Lamentablemente así era nuestra vida sexual; después de  solo seis años de matrimonio se había roto el encanto del inicio y nos quedaba tan solo una vida estable con  proyectos comunes, como un castillo levantado en el aire, del cual a veces se me antojaba escapar.
Pedro, por cuestiones de trabajo viajaba constantemente, dejándome sola, me sabia buena y eso le daba tranquilidad, además yo no tenía la pinta ni la actitud de mujer infiel, y él al igual que muchos hombres no comprendía que en una esposa abandonada hay una amante en potencia pugnando por salir, en fin nunca quiso entender mis reclamos, mis lagrimas, mi mirada triste, mi silencio reprochador, ni mi ultimada indiferencia, sentía una tonta seguridad  de mi fidelidad, sin temer que  resultaba atractiva a los ojos de otros hombres y eso junto a mi soledad era un peligro silencioso. Modestia aparte tengo un rostro agraciado y un cuerpo con ondulaciones donde se necesita, buenos pechos, buen trasero, piernas que producen un mal pensamiento de tenerlas abiertas ubicadas…ubicadas en donde sea….bueno al menos esas eran las sensaciones que percibía de las miradas de algunos hombres.
Al disponer de mucho tiempo en las noches, el internet se convirtió en una buena opción para mi, acostumbraba a chatear con un amigo que absorbía algún espacio, la interacción  era expresiva y directa, solíamos contarnos nuestras experiencias sexuales y nuestras fantasías,  no nos reprimíamos puesto que estábamos  ocultos tras de un nick.  Pese a que no habíamos llegado  a tener sexo virtual,  en alguna ocasión a solas  ya había fantaseado con él.
Justamente aquella tarde, luego de los consabidos saludos, nos habíamos deslizado sutilmente a los temas eróticos, en cada letra suya me empezaba a transmitir deseo, ganas, hambre, y me invadió esa sensación de tener el  poder frente a un hombre dispuesto a todo por llevarme a la cama aunque en ese instante solo fuera una cama virtual. Le imaginé frente a su portátil, envuelto en una toalla, con el cabello húmedo, al igual que sus labios,  de pronto mis pezones tan solo con esos pensamientos empezaron a brotar, mis manos se descontrolaron sobre mis pechos y mis piernas se abrían. Su escritura empezó a volverse lenta y que podía imaginar sino que se daba manivela en busca de placer, ninguno de los dos mencionaba lo que hacía, pero creo que el también intuía que jugaba con mis dedos. Estábamos cruzando los límites de las insinuaciones y así tan fácilmente mi orgasmo amenazaba con llegar…
Estaba a punto de correrme cuando pufff se apagó mi computador, maldición dije: la batería y corrí a conectar los enchufes pero no funcionaba, era mi portátil otra vez con la  falla esa  que llevaba días, simplemente se apagaba cuando le daba la gana y debía espera varios minutos para poderla encender. Después de casi una hora de intentos logró arrancar,  abrí el msg pero solo me encontré con un mensaje de: linda noche princesa…
Fastidiada realicé una llamada telefónica.
_Diego será que ahora sí me puedes ayudar con mi maquina, sigue con el problema que te conté y  perdí algo importante, dime si no puedes, para buscar otro técnico
_Vaya linda sí que debió ser importante porque se te nota molesta, espérame, en una hora estoy allá.
Diego era mi amigo del alma, a más de médico de cabecera de mi portátil,  así  que de seguro resolvería mi problema. En poco tiempo, llegó, la revisó, corrió algún antivirus, además de hacer algunas actualizaciones y quién sabe qué más.
El parecía absorto en lo que hacía así que simplemente le dejé trabajar, de rato en rato decía un humm  y a momentos me alzaba a mirar con una expresión desconcertada, que fue transformándose en un gesto de placer….placer??? Bajé la vista a su entrepierna y una erección se le había disparado, se notaba abultada, llamativa….
Qué atrevimiento!! Supuse que veía pornografía, iba a reclamarle, pero casi involuntariamente me entretuve en su bragadura e inconscientemente empecé a curiosear todos sus rasgos…cabello castaño, piel blanca, ojos color miel, delgado, con un par de muslos fuertes que seguro le sostenían magníficamente cuando agitaba su cadera dando arremetidas sexuales, reí para mis adentros, realmente andaba muy susceptible a los estímulos eróticos.
 Me levanté con la intención de sorprenderle, y reprochándole dije:
_Qué diablos haces en mi portátil.!!
Pero me quedé helada cuando vi que en la pantalla estaba condensada mi charla virtual de hace poco con Mauricio.
Qué horror!! Como podía ser? había leído cada detalle, cada confesión, cada fantasía…
Sentí mi cara arder de vergüenza y el sonrió divertido,
_Tranquila chiquita, ese tipo de charlas son usuales, aunque…. no tenía idea de que tuvieras esos problemillas sexuales.
Queriendo evitar el tema murmuré:
_Supongo que esto queda entre nosotros verdad?
_Si linda desde luego, soy una tumba, aunque si te soy sincero siempre imaginé  que eras así de ardiente y expresiva…
Volví a incomodarme, y reí nerviosamente, no me digas más!!  Ya para!!, para!!
_Jajaja desde luego que ya lo tengo para….,
No terminó de decir la frase y le lancé una mirada enfadada
_Perdona, perdona dijo acariciando mis mejillas, solo bromeo, aunque debería estar molesto, esas confesiones  tuvieron que ser conmigo, acaso no soy tu mejor amigo?
_Quizá tienes razón, pero él está en otro país, así que no resulta ningún riesgo real para mí
_Interesante…interesante… o sea que yo si soy un riesgo?
_Ay! No quise decir eso…no inventes…
Le lancé un golpe al estómago como cuando acostumbraba fingir enojo y él me hizo cosquillas, en la pancita hasta hacerme reír
Se tumbó en el sofá y halándome de la mano me hizo recostar , quedando con mi cabeza en su regazo, y las piernas semiflexionadas, la posición hacía que mi faldita se me subiera dejando libres  mis muslos; sentí que me los acariciaba con la mirada, y en lugar de cubrirme, necesitada de afecto me acurruqué más contra él.
_Princesa tanto tiempo sin hacer esto, recuerdas cuando éramos estudiantes, me pasaba horas contigo charlando de boberías con tal de tenerte así, confieso que más de una vez tuve ganas de robarte un beso, pero  era tan tímido que nunca me animé, ojala lo hubiera hecho…aunque sea para recibir una cachetada de esa mano horrorosa que tienes
_Oye mi mano es muy linda, así como yo…. Bromeé con la intención de huir de sus palabras
_Vaya tu siempre pecas de modesta, bueno,  también de linda, tanto así que me provocas ganas de …de  cometer otro tipo de pecados…
_Humm algo me dice que intentas coquetear conmigo, mejor olvídalo
_Mmmm pues si somos honestos, también tú sueles coquetear, disimuladamente, pero lo haces, vamos reconócelo o no dejare de hacerte cosquillas…
De pronto lo tenía allí, más cerca de lo normal, con su cuerpo reclinado sobre mí, con su olor a hombre, a macho con ganas de amar…
Temblé con su cercanía, su presencia en ocasiones me producía cierto desbalance hormonal, éramos buenos amigos y  aunque nunca habíamos llegado a nada, la proximidad nos generaba un aire especial, una brisa de deseo; quizá  la afinidad, las confidencias, el trato cariñoso, desembocaba en una atracción que con el tiempo se hacía más evidente y esta noche  me sentía más débil que nunca…
Nos  hablamos sin palabras, su mano en mi cintura la otra jugando con mi cabello, las mías sobre su pecho como si quisieran impedir el contacto y a la vez encubrir la necesidad  de sentirle más, mis circunstancias no eran las apropiadas, era una mujer comprometida pero bastaba su aroma para olvidar todo, en cuestión de segundos pisoteaba una relación, olvidaba mi matrimonio, mi bienestar, y a un compañero de tantos años… no podía detenerme, quizá no tenía la fuerza que otras tienen para resistir tentaciones, o tal vez simplemente no quería hacerlo y como muchas abría mi cuerpo para disfrutar y mi corazón para guardar el secreto de mi primera infidelidad.
Acercó sus labios a mi mejilla, humedeciendo mis comisuras, y en ese instante supe que ya nada podía detenernos, lamió bordando mis labios, dibujándolos con humedad, y por primera vez descubrí que el sabor  de los besos prohibidos es aún más delicioso, en cuestión de segundos la dulzura se transformó, en un animal deseo de comernos, nuestros labios se abrían , como si hubieran estado esperando la menor oportunidad para hacerlo, su lengua me exploraba intercambiando saliva, con gusto hubiera bebido todo lo que de él emanara; terminé sentada sobre él, mientras nuestros cuerpos exigían la justa cercanía de sus sexos.
Le ofrecía mi cuello, mis hombros, dejaba que lamiera el canalillo de mis pechos y a medida que el apretaba mi cadera, dejaba que desate los botones de mi blusa. En cuestión de segundos mis senos mostraban su belleza protegidos tan solo por el brasier, lamia sobre ellos, erizándome, a la vez que aprovechando mi disposición subía mi faldita hacia la cintura
Sus caricias me sabían a gloria, a gloria y a pecado,  levantaba su cadera haciendo que su pubis se restregara contra mí y allí apresada contra  su cuerpo, era encajada a través de la ropa. Su correa se desató, su pantalón bajó hacia sus rodillas, pero tuve miedo de seguir…. Era cruel que detuviera las cosas en ese punto, pero así somos a veces las mujeres, impredecibles, variables, temerosas…
_No sigas susurré,  por favor no sigas…y bajando el ardor de sus caricias terminó como empezó, con un roce suave en mis mejillas…
Tomé sus cosas y se las entregué obligándole a despedirse
_Ahhh por cierto ten cuidado con la configuración del messenger plus, tenias activado el registro de conversaciones, y haciéndome un guiño añadió y si quieres guardar tus charlas mejor encripta los historiales.
Tan solo le devolví una cómplice sonrisa
Había dado tan solo unos pasos hacia la salida, y como si adivinara mis temores, retrocedió
_Eres especial  para mí, no sabes cuánto había esperado por esto y presiento que también tu….me besó dulcemente y salió.
Iba a correr tras él, pero preferí contenerme, ya había entregado demasiado en una noche.

El sonido de su auto arrancando, me dejó pegada a la ventana por varios minutos como si quisiera atraerlo nuevamente con la mirada, pero era mejor dejarlo marchar.

A partir de ahí procuré poner distancias, aunque claro el hecho de estar en el mismo círculo de amistades, hacia que de una u otra forma coincidiéramos en los mismos lugares y pese a que tratábamos de que nuestra amistad se mantuviera intacta, definitivamente ya no nos veíamos igual.
Siempre había una mirada que duraba unos segundos de más o un roce que parecía ser intencional. No faltaba un mensaje, o una llamada  aparentemente  cordial, pero  ambos sabíamos que llevaba implícita la intención de acercarnos, de sentirnos, de volvernos a ver.
En casa la situación no había cambiado mucho, salvo que la soledad ya no me dolía  y  extrañamente ahora  era yo quien rehuía las caricias de mi pareja.
Un tarde Diego había ido a mi oficina, a retirar una declaración de impuestos, pues así como el era mi salvador en sistemas yo era su auxiliadora contable; no pude negarme  a la carita dulce con la que me invitó un café,  y terminamos en un reservado con nuestras pláticas de siempre. Fue tan fácil, sentirnos cómplices de nuevo, tanto que las farolas de la ciudad ya anunciaban la noche y continuábamos  allí robándole  horas  a la vida.
De pronto sin más aprisionó mis labios dejándome perpleja por su impulso adolescente, y entre respondiendo a su beso y a la vez aterrada por alguna mirada indiscreta, logré unos segundos de respiro
_Estás loco es un lugar público!!
_Pero si es  un reservado, además aquí nadie nos conoce, no pasas de ser mi novia, y volvió a besarme con intensidad, esta vez no me negué, quería soltar mis miedos, olvidarme de todo y solo sentir…
Bajo la mesa acariciaba mis rodillas, y nuestros pies intercambiaban abrazos, me sentía ebria de caricias como una chiquilla que empezaba a descubrir la pasión. Había intentado reprimirme, alejarme,  pero como luchar contra la naturaleza, contra mi  innegable naturaleza de mujer ardiente.
Su mano casi temblando buscaba calor entre mis muslos, ascendiendo al cielo que se abría bajo mi pubis, y mientras mantenía la mirada fija en los ocupantes de una  mesa cercana,  disimuladamente  separé mis piernas. Sonrió con satisfacción  profundizando  sus caricias y la invasión de su dedo bajo el hilo de mi tanguita; que delicioso  estaba  bañándose con mi humedad y aquel movimiento de entrada,  me arrancó un gemido, que hizo que uno de los meseros volteara,  pero en ese instante  no me  importaba la mirada curiosa de un  desconocido, al contrario ponía una dosis extra de excitación al momento.
El peligro nos recalentaba, sus dedos jugaban con más intensidad serpenteando   mi clítoris,  y los míos tanteaban sus genitales que se mostraban dispuestos a todo por complacerme. Bajé su cierre y dando libertad a su pene, oscilaba suavemente desde la base, me detenía en el capuchón y tan solo con unas cuantas movidas, lagrimeaba de gusto.
Desesperada  apretaba mis piernas buscando concentrar mis sensaciones y volvía a abrirlas necesitada de más, sus dedos ingresaban sin darme descanso al punto de que perdí el sentido del raciocinio y me arquee sobre mi silla,  ante la intensidad de palpitaciones que me provocaban un orgasmo en verdad delicioso.
Su sonrisa de satisfacción  incitaba al placer,  pero  pese a estar protegidos por las tenues luces del privado, sentía de nuevo la mirada de aquel mesero sobre nosotros, quizá solo lo imaginaba, pero preferí separar mi silla y acomodarme frente a Diego, al menos por un momento.
Mientras tomaba un sorbo de mi bebida, me deshice de mi tacón, y deslicé mi pie por encima de su bragueta, con movimientos circulares, masajeaba su sexo, aquel sexo duro que suplicaba por correrse.
Con mi propia saliva humedecí entre el pulgar y el índice de mi pie, y con una habilidad propia en mí, lo deslizaba desde la base hasta la punta, ascendiendo y descendiendo, y pese a que supongo que no era la mejor de las pajas, al menos lo ponía en exceso caliente, lo suficiente para que sin resistir mas, él mismo agarre su pene masturbándoselo insistente mientras mi pie jugueteaba en sus bolas.
No tardo más que unos escasos momentos  en aquel vaivén de movimientos,  y su rostro  me  aclaró lo que sucedía, sí, su rostro de placer y la humedad que chorreó por mi pie…
Tomo unas cuantas servilletas, y las llevó bajo la mesa, yo hice lo mismo limpiando mi pie.
Burlonamente murmuré:
_Así de rápido resultaste?
_Es que tienes unos pies deliciosos, dijo haciéndome un guiño, sin avergonzarse en lo más mínimo
_Se nota, se nota, no imagino si hubiera sido mi…
_Ahh con que esas tenemos!!! Ya verás chiquita como entre otras “cosas” terminas comiéndote esas palabras…
Ambos reímos maliciosamente.
Me dejó en casa, después de una ducha, apagué las luces  y me tiré  en la cama, la suavidad de las sábanas me recordaba su piel, sus besos, y una calentura terrible entre mis muslos no me dejaba hacer otra cosa que pensar en él. No había duda, otra vez caería en brazos de la autocomplacencia y esta vez no me conformaría con una corrida.
Jugaba con mis pezones, exprimiéndolos,  pero ellos ya no querían mis caricias, sino que hambreaban sus labios, no podía resistir tocaba mis ingles pensando en su lengua, y penetraba mi sexo añorando su falo, aquel falo que pude sentirlo duro…ostentoso…perfecto para mi…

Se me alteraba la respiración tan solo recordando y una llamada  me robó aun más el aliento…

_Hola linda…cómo estás?
_Bien… tranquila…, no me atreví a decir: caliente y con ganas de coger
_Pues yo no, no me dejas concentrar, no me dejas dormir, no me dejas hacer nada más que pensar en ti…
_Diego que locura hicimos que nos pasó…
_Pasó que ya no pudimos fingir más,  ha sido demasiado tiempo conteniéndonos, ocultando lo que sentimos y simplemente hoy probamos lo que queríamos, y nos encantó
_Yo diría que más bien TE encantó, dije con la intención de juguetear
_Jajaja amor si temblabas de gusto, parecías una niñita asustada pero también muy muy golosa, es mas creo que planeaste todo para aprovecharte de mí
_Yooo?? Que atrevido, mira que hasta me provoca ganas de matarte
_Si a veces sí, pero también te provoco ganitas de besos en la naricita, en el cuello, en la pancita en….
_En…
_En tu…
_En mi…
_En tu vagina mi amor
_Ufffffffff
_Jajaja amor ves que te gusta, mira como te pones calientita tan rápido. De seguro te gustaría que yo esté ahí sobre tu pecho, lamiendo esos pezoncitos que ya los debes tener duros, chupándolos, amasándolos…
_Ahhh Diego…Diego…
_Si amor… así… siente como te los lamo, como juego con ellos, tócalos mami, tócalos por mí,
_Me gusta Diego me gusta lo que me dices
_A mi más mi amor me tienes muy inquieto…
_inquieto?
_Si amor inquieto, alterado, por no decir cosas más fuertes, tan fuertes como lo que sentiste hace poco con tu pie…porque sentiste verdad, sentiste todo lo que tengo para darte…
Mientras Diego me provocaba con sus palabras yo ya había lanzado mis braguitas por el suelo, sentía mi cuerpo abrirse al placer, y entre sus palabras y mis dedos me regalaban sensaciones que  necesitaba para calmarme
_Diego, amor te necesito, quiero sentirlo de nuevo, quiero que me llenes de todo…
_Completo mi vida?
_Sí papi sí, lo quiero todo, completito
_Qué quieres mi reina?
_Tu sabes, tú sabes lo que quiero
_Quiero que me lo pidas como se debe chiquita
_Ahhh papi …papii quiero tu…tu pene entrando en mi
_Pídelo bien amor, como debe pedir una putita como tu
_Papito…papito rico… quiero, necesito  que me des verg…!!!
Mis ansias de mujer se desbordaban, sabía cómo jugar conmigo, como provocarme, como hacerme pedir, como hacerme suplicar; un nuevo orgasmo estaba a punto de hacerme gemir, pero como nada en la vida es perfecto, el timbre de la puerta sonó insistentemente.
_Diego tengo que colgar alguien insiste en la puerta.
_No, no la abras, no ahora…
_Amor no espero a nadie, pero debo abrir
_Porqué justo ahora que estoy con todo…prométeme que volverás a llamarme
_Si claro, sabes que si puedo de seguro lo haré
_Solo una cosa más, lo harías mi amor, lo harías conmigo?
_Pensé un segundo y presa de la excitación respondí, es lo que más quiero…
Cerré la llamada, busque una bata para cubrirme, recogí mi cabello en un moño, procuré respirar un poco, y algo fastidiada miré la hora, era aun temprano, solo esperaba que no sea alguna de esas vecinas que no hay quien se las pueda sacar de encima
Fingiendo haber sido despertada, y casi bostezando, salí de la habitación no sin antes echar una miradita, para ver si algo delataba mi euforia, encendí las luces, y abrí la puerta de madera dejando aun la protección cerrada por si era alguien desconocido.
_Pensé que no me abrirías cariño? Porque tardaste tanto?
Sorprendida no hice más que quitar el seguro de la puerta corrediza, mientras él se deslizó hacia dentro
_Qué… qque haces aquí…
_Mientras charlábamos manejaba por aquí y vine a darte lo que me pediste…o prefieres seguir por el teléfono mi cielo?
Me ericé ante su descaro, estaba a su merced…después de todo ya me había calentado telefónicamente así que no me quedaban fuerzas para resistir más…y él lo sabia, claro que lo sabía.
Inmediatamente cerré la puerta se puso de rodillas, y metió sus dedos en mi coñito
_Estas como lo imaginé mojadita, ya mamita, ya te doy lo que necesitas…
Mis gemidos eran mi única respuesta.
Nos besamos con la locura de quien ve realizarse su sueño, con las ansias de quien quiere demostrar con besos la lujuria que ya no puede contener, sus besos descubrían mis espacios,  cada rincón, cada centímetro, desde mi cuello hasta mis pies, su lengua metiéndose en mi boca, en mis oídos, en mi ombligo, en cada agujero que a su paso encontraba…
Tomó mis pechos, calmándoles de esa profunda necesidad de ser apresados, de ser amamantados dejándome sin más ganas que perder el aliento, su dedo bajó hacia mi clítoris y casi sin más necesidad que rozarlo, me regaló un orgasmo que me hacía jadear.
_Tan rápida resultaste?…rió vengativo,  recordando mis palabras burlonas durante el café.
Y lanzándose entre mis muslos se zambulló en mi sexo, lamia mis ingles, se apropiaba del sabor de mis labios, como si quisiera arrancarme un pedazo de ellos, los abría de par en par, buscando mis gemidos. Tropezándo con mi clítoris lo absorbió entero, lamiendo, moviendo, chupando,  a la vez que sus dedos como garfios buscaban donde ensartarse. Una perrita recibiendo placer, moría  tan solo con su par de dedos que jugaban desde el hoyo uno al dos,  uno a uno, los dos a la vez,  me atacaba con  morbo. Me encantaba aquella manera aguerrida de esperar a ponerme putona antes de cogerme, mis palabras se ponían sucias, asi como su  boca al mancharse de mi néctar, mientras me corría por segunda vez….
Mis labios también se adueñaban de su piel, de sus muslos, de su pubis, de su sexo, lo metía muy suave en mi boca avanzando hasta el glande, rodeando el frenillo,  ascendiendo nuevamente, despacio para desesperarlo, me lo metía con más insistencia hasta cubrir medio cuerpo y volvía a subir, una y otra vez, dejando un camino de saliva en cada succionada, y cuando menos lo esperaba me lo introduje con fuerza hasta el tope, atragantándomelo entero, subía y bajaba haciendo que mis labios y mi saliva, formen una cavidad que le recuerde la humedad de mi vagina y se le antoje correrse. Oscilaba su cadera golpeando mi garganta, mientras la imagen de su desnudez me hacia ansiar su leche desparramándose por mis comisuras, pero aguantaba,  diablos como aguantaba. Bajé hacia sus esferas endurecidas, y mientras masturbaba su falo, llené mi boca con ellas,  chupándolas. Deslicé mi lengua por la línea que se pierde en su  trasero, tembló como si fuera una zona prohibida o como si quisiera impedir mi paso, y justamente eso hizo que yo quiera avanzar más, pisotear sus miedos,  latiguear sus temores,  y que  le quedara bien en claro, que yo beso donde  me da la gana.
Rió nervioso como un chiquillo que estuviera aprendiendo a amar
_Que haces cielo… que haces ahí…
Por respuesta le di una nueva lamida y un azote en su trasero
_Anda chiquito date vuelta para mí…
Tímidamente obedeció.
Empecé a llevar mis manos desde sus omóplatos, haciendo presión en  cada vertebra de su columna, avanzaba por sus laterales, y me deslizaba hacia abajo con mis labios, me causaba ternura su miedo, y sus manos agarradas  a la almohaba, temiendome   como si yo fuera su verduga…Rocé sus glúteos con dulzura, relajandolos de aquella rigidez con las que los mantenía apretados impidiendo cualquier caricia, y mientras me daba modos de acariciar su pene rozaba con mis labios sus glúteos. Gemía, y poco a poco dejaba que mi lengua se pasee por la frontera de lo supuestamente prohibido. Separé con delicadeza sus glúteos, y  ascendiendo por aquella línea, lamí alrededor de su anillo, y a medida que él se estremecía introduje mi lengua lo más profundo que pude, la sacaba y la metía,  haciendo que su rostro  se desfigure  por el placer, luego dándole vuelta violentamente, me lancé sobre su pene, y succionándole como una guarra, extraje la miel de sus entrañas. La bebía entrañablemente, y dejando que una parte fluyera por mis comisuras, me acerqué a mi amante a compartir el sabor de su leche.
Quedamos tirados sobre la cama, con la  felicidad estampada en la cara…
_Mi niña… mi niña mala…
Trepándome sobre su cintura y con una mirada maliciosa susurré:
_Más que tu niña mala, a partir de hoy quiero ser: Tu niña perversa….