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Mayo III

Sin títuloA pesar de que Mayo va en el asiento trasero, yo he preferido el asiento del copiloto, al lado del chofer que, muy profesional y atento a su trabajo, conduce el coche a gran velocidad, con destino a Madrid y sin, aparentemente prestar atención a  mis piernas, largamente descubiertas. Me he dado cuenta del malestar de Mayo, por no haberme sentado a su lado, y me vuelvo hacia él sonriente, haciendo un gesto para que se aproxime y darle un beso en los labios.

El problema con Mayo es que siempre quiere más y posee un fenomenal descaro  (aparte de una verga que mide sus buenos 30 cm. y una resistencia bárbara), así es que no tengo muchas posibilidades de mantenerle quieto, al beso suceden las caricias, pegado al respaldo de mi asiento, me rodea con sus brazos, y sus manos comienzan a buscar bajo mi blusa hasta descubrir mis senos que desnuda.

No es  cosa de tener un accidente, por una distracción del chofer, al que se le empiezan a animar los ojos, así es que le hago parar al borde de la ruta, y me paso al asiento trasero, junto a Mayo que me acoge en sus brazos que se han convertido en más inquietos que los tentáculos de un pulpo. En un momento me ha desnudado por completo y a base de contorsiones ha conseguido llegar con su lengua a mi clítoris, mientras la mía recorre su verga y la apreso con mis labios. Siento su latido en mi boca, a cada envite penetra más profundo, sus manos me recorren, me voltea haciendo que me siente sobre sus piernas, de cara a él; apenas si tiene que hacer un pequeño movimiento para penetrarme y comenzar a movernos buscando llegar y que me llegue hasta lo más profundo con esa verga enorme que me llena, una mano presionando mis tetas y la otra buscando llegar hasta mi ano. No alcanza y me da la vuelta, ahora es de espaldas a él, en equilibrio y sin llegar a sentarme, mientras que la punta de su sexo penetra en mi vagina, en realidad solo buscaba humectarse y una vez conseguido, la saca y busca la entrada de mi ano hasta encontrarla, presiona con cuidado para no hacerme daño, pero esa presión es firme hasta que consigue dilatarme lo suficiente para que penetre su gruesa cabezota. Con cuidado me dejo descender sobre ella, que avanza en mi interior hasta quedar sentada literalmente sobre sus testículos, y cuando el dolor amaina comienzo a mover mis caderas despacio, más deprisa, furiosamente. Movimientos en los que me sigue Mayo descontrolado totalmente.

Empalada como estoy, y no necesitando el apoyo de mis manos, estiro mis brazos hacia delante y tomo con mis manos la cabeza de Vittorio, el chofer, que se estremece a mi contacto y pierde por un momento los nervios y el control del vehículo, que da un gran bandazo, provocando con el brusco movimiento, que Mayo se corra en mi interior incontenible.

Vittorio ha conseguido recuperar el control del coche y aparca sobre el arcén de la autopista, permanece quieto en su asiento mientras trata de recuperar la calma, y cuando recobra el movimiento es para abrir su puerta y salir del coche. No es una fuga, todo lo contrario, abre la mía y tira de mi mano para sacarme de él, totalmente desnuda como estoy.

Me abrazo a él, que se desplaza hasta depositarme sobre el capot caliente; me mira así tumbada, con rapidez desabrocha su pantalón, desnudando una bastante gruesa verga completamente inhiesta, con ayuda de sus largas manos, separa los labios de mi vagina, la humecta con saliva y la ayuda de sus dedos, me penetra de un golpe cuando levanto mis caderas hacia él. A pesar de la violencia del momento, sus movimientos son lentos y profundos, demuestran sentimientos. El roce de su verga sobre mi  clítoris me provoca un placentero orgasmo, y el movimiento sigue, mis piernas le rodean, mis pies se anudan en su espalda, soy yo ahora quien se mueve, trato de hacerle avanzar más, que me penetre hasta lo más profundo, y cuando por fin consigo lo que parecía imposible, él se corre con secos movimientos, y ríos de su semen comienzan a inundarme, provocándome un nuevo y fuerte orgasmo, mientras otros coches pasan velozmente al lado nuestro, haciendo sonar sus bocinas al darse cuenta de lo que estamos haciendo.

Después, tranquilamente, entre Mayo y Vittorio, me ayudan a vestir y seguimos el viaje.

  • : Continúa la serie de Mayo y nos demuestra que no todos los viajes son aburridos