Todo comenzó con un anuncio en internet, en el que se promocionaba, masajes relajantes y terapéuticos, por las imágenes y términos algo sugestivos del anuncio, se podía deducir que por un pago extra quizá se podía obtener un masaje de aquellos que llaman con “final feliz”, ya saben de esos que se termina con una eyaculación del putas,  en ocasiones anteriores ya había frecuentado discretamente lugares similares y francamente había quedado totalmente satisfecho, después de todo no tenia a quien rendirle cuentas, pues a mis 39 años disfrutaba libremente de mis escarceos amorosos.
Entre tantos asuntos laborales que resolver, había terminado la semana ansiando  una copa en aquel barcillo donde solíamos reunirnos varios colegas. Manejaba  haciendo algo de tiempo puesto que apenas eran cerca de las ocho, y odiaba ser de los que se sientan en una mesa  a esperar a los demás, así que di unas cuantas vueltas por el bulevar y en ese momento por enésima vez recordé el anuncio del spa. Estaba cerca a la dirección así que no resistí la tentación de premiarme con algo de relax.
En la entrada del edificio un guardia me dio la bienvenida y me condujo hasta una pequeña sala de espera, en cuestión de un par de minutos una mujer algo rechoncha pero de buen ver,  me abordó indicándome al detalle los tipos de servicio y sus correspondientes tarifas.
_Por cual opción  se decide el caballero?
_Tengo un problema lumbar, y algo de tensión en los hombros y cuello, supongo que por el estrés así que por el momento lo que necesito es un par de manos mágicas que me ayuden a relajar mis mus músculos, ya veremos luego si requiero algo más…
_Encantada, estamos listas a ayudarle en lo que necesite dijo mientras sonreía abiertamente, le llevaré con Alexa, es una experta.
Caminamos por un breve pasillo, que nos  condujo al ala izquierda de la edificación, en la cual se ubicaban 4 saloncillos, construidos  en forma ovalada, forrados totalmente en madera al igual que el piso y los detalles de la capota, dando un ambiente acogedor, al interior se veía una camilla, al fondo una mesa con varias botellitas de esencias, un pequeño biombo en la esquina, y un sugestivo juego de espejos haciendo parte de la decoración y algo que realmente me impactó,  una diosa de cuerpo impresionante contemplaba un cuadro de dos amantes entrelazados,  estaba de espaldas a nosotros así que lo que verdaderamente me había impactado era su culo llenando a la perfección la faldita blanca, que hacía juego con una blusita ligera que abrazaba su cuerpo, dejando a la vista la perfección de sus líneas.
 Parecía absorbida por la calidez  del cuadro y con su índice perfilaba al adonis de aquella pintura erótica, llevando su dedo desde la espalda hacia las piernas y se detenía unos segundos en el trasero como si quisiera palpar la dureza.
Estaba tan distraída, que no notó nuestra presencia, así que guiñándole un ojo a la mujer que me acompañaba, le hice un gesto de que nos dejara solos; me arrimé al marco de la puerta para seguir  examinándola, pero por desgracia perdí el equilibrio  dando un traspié, ella volteó abrupta me y me hirió con el destello de unos bellos ojos verdes.
En verdad era hermosa, impactaba con esos labios teñidos de rosa y los párpados ahumados,  el flequillo de su melena grafilada  le daba un aire salvaje, y tuve que carraspear para no quedar como idiota.
_Perdón, me quedé impresionado por…por la pintura que contemplabas dije mientras bajaba la vista al escote que exhibía sus  senos carnosos…y continúe diciendo: de hecho no tengo un culo tan musculoso como ese que tocabas, pero tiene buen jale…
Me miro desdeñosa y cortando de golpe mi intención de parecer  gracioso musitó
_En que le ayudo?
Si hace unos segundos había sentido ser herido con su mirada, definitivamente ahora si literalmente me asesinaba con su indiferencia. Vaya la chiquilla que desagradable resultó. Había estado en lugares de este tipo, con chicas igual de hermosas y  aunque estaba claro que mi comentario fue algo lanzado, seguro cualquiera hubiera respondido al menos con una sonrisa, no jodas que uno está para que le traten bien.
En fin le expliqué de mis dolores de espalda, me prestaba tanta atención como al óleo, bueno eso es lo que quería creer, que mis ojos pardos, y mis labios carnosos, la habían impactado, pero en realidad lo que hacia era escuchar mis dolencias mientras yo me dejaba cautivar por aquella  carita angelical.
Un tanto más amable pero con mucha formalidad me entregó una toalla y me señaló el biombo, dirigiéndose luego a la mesita de esencias a alistar sus  aceites.
Desaté la corbata, la camisa  y añorando la esbeltez de mis años juveniles metí el abdomen adoptando la típica pose de macho, el espejo me devolvía la imagen de un cuerpo  fibroso aunque ya un  rollito daba cuenta de que en algunas aéreas el tiempo no perdona; me quité el pantalón, y bueno la cosa mejoraba, no tenia nada que envidiar a nadie, una polla bien provista me saludaba y metiendo mi mano en el bóxer la acaricie rasqueteando mis huevos, por acto reflejo la polla se levantó y ese rico hormigueo en los genitales me hizo acercar a la puertecilla del biombo, deleitándome nuevamente con aquel culo de la masajista que me la ponía mas dura.
Se inclinó al estante inferior de la mesilla de trabajo y su movimiento descuidado me dejo ver más arriba de ese espectacular par de largas piernas, el partido de la falda coqueteaba dejando a la vista el comienzo de sus nalgas, las imagine separadas a unos centímetros de mi verga y no puede contener las ganas de jalármela de arriba abajo…sonreí mientras pensaba que  el masaje con final “feliz” podía dármelo yo mismo, pero que bahh prefería soñar con ese par de suaves manos femeninas explorándome completo.
Me envolví en la toalla y me acomodé sobre la camilla, los tacones desplazándose de un lado a otro me hacían disfrutar de la espera, así como el aroma a sándalo que se metía por mis narices, abombando mi cerebro con decenas de pensamientos eróticos.
Alguna vez una amiga me había confesado que le causaba morbo la espera de una revisión médica, le daba un palpitar en el pecho de tan solo imaginar los ojos de un extraño sobre su cuerpo, sentir sus dedos rozándola, su palma tocándola, aunque solo fuera profesionalmente,  ufff bueno justamente eso sentía pensando en  mi masajista…
El aceite tibio al fin destiló sobre mi espalda, masajeaba suavemente sobre los hombros, sobre mi cuello, bajaba presionando a ambos lados de la columna vertebral, de arriba hacia abajo. Sentía como sus dedos un poco rígidos rastrillaba, sobre mi espalda hasta casi llegar a los glúteos provocándome continuos estremecimientos, liberaba las tensiones subyacentes del mas profundo de mis tejidos.
Usaba sus pulgares firmemente casi sobre la carne de mis nalgas, curveando hacia arriba y alrededor por el lado de la pelvis, ouuuch que bien se sentía su merodeo cerca de mi pubis.
Mientras ella continuaba con el masaje sentía como mi pene se endurecía, tanto que disimuladamente apretaba la cadera contra la camilla,  seguramente llenando de poluciones la sabana blanca. Soñaba con un coño resbaladizo en donde guarecerme o al menos una mano que me diera alivio y sin aguantar más me di vuelta y casi supliqué:
_Sigue… por favor siguee….quiero un masaje completo…
_El  servicio extra lo cancelará en efectivo o con tarjeta?
Diablos!! que manera tan ruda de apagar mi calentura…si no fuera por sus manos maravillosas hubiese creído que esta chica era una principiante.
La miré de pies a cabeza y fingiendo indiferencia musité:
_Olvídalo, en realidad no eres el tipo de mujer que me gusta para eso.
Se quedó sorprendida, su gesto de fastidio me decía que había recibido una bofetada, después de todo era hermosa y quizá era el primero que con un  simple comentario la hacia de menos.
No respondió y continuó masajeando mi espalda y extrañamente sus movimientos se volvían más sensuales, más dedicados, sus yemas encontraban mis puntos electrizantes, como si se dedicara a amarme con sus palmas  y comenzó una lucha tácita de yo querer disimular  esas sensaciones que me provocaba, y ella  de estar empeñada en demostrarme que podía derretirme con sus manos.
Sus roces por mis muslos, alborotaban mis ingles, sus cuerpo inclinado sobre el mío dejándome gozar del bamboleo de sus tetas, del perfume de su cuello, de las raspe de sus uñas, cielos me provocaba ganas de correrme,  pero me bastaba ver esos ojazos verdes desdeñosos para que con toda mi alma contuviera las ganas de dejarme llevar, aunque el bulto en la entrepierna ya era imposible de disimular
_Por lo visto le gusta el masaje dijo mirando de soslayo la toalla levantada por mi  erección.
_Sí, claro, aunque siendo honesto he recibido mejores, dije mientras me incorporaba, y agarrando la toalla me encaminé al biombo…suficiente por hoy, y abruptamente di por terminada la sesión.
Sé que era una locura lo que hacia, pero soy de esos tipos cabronazos, que gusta de poner en su sitio a algunitas que se creen mas de la cuenta y ésta se había portado antipática desde el primer momento y a pesar de que no le había dado una lección como la que hubiese querido, al menos  le causé algun fastidio.
La siguiente semana me la pasé zambullido entre papeleos con la presión propia de un empleado de mando medio que trabaja detrás de un escritorio por al menos diez horas, pero me sentía a gusto,  las molestias en mi cuello y espalda había mejorado notablemente tanto que hasta el sueño parecía aliarse conmigo, definitivamente la terapia relajante  aunque inconclusa había reportado buenos efectos.
El viernes en la mañana m sentía mas alegre de lo normal, un ligero tarareo demostraba mi buen humor, claro como todos los mortales amaba los fines de semana y todo lo que implicaba, largas horas de sueño, una que otra copa, alguna cita escurrida,  las salidas con amigos, y claro porque no una nueva visita al centro de masajes. Tomé el teléfono y solicité una cita para la noche, con Alexa, era extraño pero su  mirada fría me había perseguido durante toda la semana más aún cuando alguna madrugada se me antojó pajearme en su nombre.
Ya en la noche, como la vez anterior, dejé mi auto en el estacionamiento privado, luego  vino  la bienvenida del guardia, la sonrisa de la recepcionista,  y nuevamente estaba frente  a la puerta del saloncillo. Llegué unos minutos antes así que tuve que esperar en la salita adjunta, al cabo de unos pocos minutos un tipo algo grasiento salió con la felicidad bañada en el rostro.
Vaya me dije si tuvo que atender a éste, debería dar brincos por masajear a un tipazo como yo, en realidad solo trataba de animarme y controlar esa sensación de ansiedad por volverle a ver, bueno por volver a ver ese culo perfecto entallado en la minifalda.
_Buenas noches, saludé vengo por la continuación de mi tratamiento.
Con la indiferencia típica en ella,  levantó la vista de una revista  y arqueando una ceja respondió
Ah si? Cual es su problema y hace cuanto le atendí?
Diablos  fingía no recordarme o realmente no me recordaba,  por lo visto mi atractivo y mi personalidad arrolladora habían caído al piso y me lo restregaba con su falta de memoria.
Procurando no desencajarme sonreí:
_Mi nombre es Alfonso Guzmán, sufro de tensión en el cuello y en la espalda, me atendió el viernes anterior a las ocho de la noche, y yo la recuerdo perfectamente Alexa, no solo por sus bellos ojos verdes sino también por su mágicas manos que han hecho que esta semana al fin pueda dormir como un bebé.
Me miró unos segundos como desconcertada y luego me regaló una leve sonrisa, siiii le había gustado mi halago, después de todo que mujer se resiste a un par de palabras que levanten su ego.
Como la vez anterior me entregó la toalla y me recosté en la camilla.
Se puso su bata de masajista, y comenzó a calentar el aceite en sus manos, luego embadurnó mi cuello y dejó que algunas gotas corrieran por mi espalda.
Por lo que veo a ido a la playa, se le nota mas bronceado, debería protegerse un poco la piel, no es recomendable exponerse demasiado al sol.
Mientras escuchaba sus recomendaciones sonreía satisfecho, sí, me recordaba, tanto que hasta notaba el cambio en el tono de mi piel, y si en un principio fingió no recordarme mmmmm pues podría suponer que tendría algún motivo especial, por lo visto no le resulté tan indiferente o al menos es lo que quise interpretar.
Pasaron unas semanas sin que me la quitara de la cabeza, esperaba con ansias el viernes, ya no solo para sentir sus manos, quería sentir su mirada, escuchar sus palabras, me estaba acostumbrando a ella, al edificio y hasta al guardia que viernes tras viernes me daba la bienvenida.  Los masajes no habían pasado de los típicos movimientos de relajación, y algún ligero roce, de su cuerpo contra el mío.
A momentos me sentía indefenso ante ella y las cosas se salían de foco,  el juego me tenia siempre planeando estrategias, para sentir el roce de sus pechos, o sujetar sus manos unos segundos, y definitivamente yo no era hombre para andar tan despacio y menos con una masajista, cuando con un pago extra podía tomarla sin mayor esfuerzo como quizá otros lo hacían, pero inevitablemnte dejaba que las cosas sigan su curso.
Aquella memorable noche sus manos nuevamente volvían a darme la dicha de relajarme, y su cuerpo imprimía en mi mente las imágenes perfectas para fantasear. La camilla era estrecha y yo estaba ubicado al filo de ella,  de pronto mientras subía el masaje desde el abdomen hacia el pecho, sentí en mi brazo el suave roce de su pelvis, cerraba mis ojos, con aquella sensación de llenarme involuntariamente del calor de su vientre, mientras mi pene dando brincos de alegría se tensaba bajo la toalla.
 Moví un poco mi brazo,  y el contacto se hizo estrecho, estaba a unos centímetros de su sexo, lo rozaba, sentía su tibieza, y el sándalo parecía mezclarse con el aroma de su coño. Un par de minutos sintiéndola me hicieron desear la eternidad, y soñar con estar entre sus labios… entre sus pechos… entre sus muslos.
Bajó hacia mis piernas, y casi temblando moví mi mano hacia afuera y santos cielos mis nudillos
la tocaban, no estoy seguro, pero ella  parecía buscar el roce o al menos  no rechazaba el contacto, parecía gustarle ese sutil vaivén de su vagina contra mis dedos.
Busque su mirada, y rehuyó la mía,  el tinte rosáceo de  sus mejillas la traicionaba,  eso me animó, a casi imperceptiblemente mover mi mano palpándola torpemente,  pero  un respingo la hizo reaccionar echándose hacia atrás. Fingí no notar su turbación y cerré mis ojos como si nada anormal hubiera sucedido.
Estuve a punto de pedirle un masaje completo, pero me aguanté las ganas, jamás podría compararse el placer comprado con el placer deseado, y aunque ansiaba su manos  agarrando mis huevos y manoseando mi verga, eran más fuertes mis ganas de  excitarle, de sentirle ansiosa entregada y gozando plenamente de ser follada.
Sin saber cómo nuevamente estaba cerca, su cuerpo se restregaba contra mis costados, mientras deslizaba sus manos desde mi abdomen hacia mi vientre, bajó un poquito la toalla dejando a la vista el inicio de mi pubis; sus dedos, rozaban mis primeros vellos,  y sentía como mis bolas se endurecían haciéndome gemir.
_Duele?
_No,… esta perfecto así…
No podía decírselo pero lo que me dolía era la verga de tenerla tan hinchada.
Fingiendo incomodidad  y ayudado por mis talones ligeramente me impulsé hacia arriba, y volví a cerrar mis ojos como si permaneciera concentrado en los masajes, mi sutil movimiento, hizo que sus manos tocaran de lleno mi pubis, y rozaran mi troco, pensé que las retiraría inmediatamente, pero las dejo allí unos segundos, como si quesera catar, el tamaño, el grosor y la dureza, de aquello que la tenia con los pezones endurecidos.
Quizá pecaba de atrevido pero me arriesgué a descolgar mi brazo, y mientras ella se inclinaba a masajear mi rostro, mi mano quedaba chantada por la parte posterior de su muslo, no usaba medias así que sentía su piel erizada, esperé a ver su reacción y como no pusiera resistencia la subí muy despacio hasta casi rozar el culo de mis sueños.
La notaba inquieta, continuamente se mordía los labios, pero me dejaba seguir con el juego, colocó un rodilla sobre la camilla y al separar sus piernas, sus sexo quedo expuesto a mis intenciones, tenia terror de romper la magia del momento pero aún así deslicé mi dedo por la tanguita que ahorcaba sus genitales y los descubrí maravillosamente húmedos.
Enloquecido de morbo hundí mi dedo en esa rajita y la oí gemir por primera vez. Espoleé suave, dándole unas cuantas metidas, y en total delirio dejó caer sus senos sobre mi pecho mientras yo continuaba restregándole el coño.
Me miró con esos ojitos verdes que suplicaban placer, y dejándole de acariciar, besé dulcemente su boca, abrió sus labios y permitó que mi legua se encontrara con la suya. Retire la bata blanca, y hundí mi cara en el escote de su blusa, lamiendo desesperado por encontrarme con sus pezones.
Estaba tan húmeda, que tenía las ingles bañadas,  mis dedos no daban abasto, e incorporándome le hice girar el cuerpo despatarrándola  y zampándome sobre el coño le introducía mi lengua, chupaba sus labios, lactaba su clítoris, mientras en mi rostro se pegaba el aroma  excitante de sus huequitos. Quería todo de ella y sin dudar obligué a mi lengua a bucar refugio en la estrechez de su culito, que dilatándose permitía no solo la entrada de mi lengua sino que se abría para dejar que mis dedos le regalen felicidad.
Jadeaba descontrolada pero eso no impedía, que se llene la boca con mi pieza, chupaba suave y apresuraba el movimiento, mi glande hinchado destilaba jugos producto de sentir el túnel delicioso de su boca apretándome, sus labios daban la medida para que el movimiento de entra y sale me empezara a provocar ese estado en que se siente que ya no hay retorno, que orgasmo esta a punto de llegar.
_Para…Paraaa… gritaba queriendo alargar el momento, pero ella juguetona, acariciaba el perineo haciéndome espeluznar. La agarré de las nalgas, la atraje nuevamente a mi boca, y aprisioné su clítoris con la una mano mientras con la otra le perforaba uno a uno sus agujeros, le hice gemir, y chorrearon sus jugos sobre mi boca. Las piernas le temblaban y sus gruñidos me calentaban aun mas, era delicioso verle contrayendose de placer.
Un par de minutos después, sentándose frente a mí, embadurnó sus palmas de aceite, con la una mano sujetó mi glande y la otra la movía suavemente a lo largo del pene, incrementando el ritmo a momentos,  la que sujetaba el glande empezó a hacer movimientos de descenso mientras la otra se apropiaba de mis testículos, el aceite tibio resbalando aumentaba la tensión en mis músculos, y empujando mi pelvis hacia arriba la deje a expensas de esa boca que sabia los movimientos que generan una corrida, no pude mas, el cosquilleo en el vientre, la contracción, la sensación de ahogo y las ganas de gritar se hicieron una y mi leche fluyo arrebatandome el alma.
Su rostro quedó salpicado, se veía hermosa con la carita manchada como una viciosa, y la boquita presta a limpiarme, la besé nuevamente esta vez con mucha dulzura, pero unos nudillos golpeando la puerta, y la vocecilla estridente de la recepcionista nos distrajo.
_Alexa recuerda que tienes planificada una cita a las nueve, ya te están esperando.
Que rápido había pasado el tiempo, no sabia que decir, como despedirme, y si debía preguntar cuánto tenía que cancelar por el servicio extra, la verdad me incomodaba la situación. Saqué del bolsillo posterior de mi pantalón la  billetera y mientras buscaba entre los compartimentos, noté su mirada decepcionada, y me sentí el más estúpido de los hombres.
_Epa chiquita, le dije mientras acariciaba su rostro, no es lo que piensas, …solo busco esto, mira, es una tarjeta con mis números telefónicos, es que…. no quiero perderte de vista
Me sonrió, la vi más bella que nunca… y de pronto la tenía en mis brazos, apretándola con fuerza.
Salí  feliz como un chiquillo desesperado por el próximo encuentro, sí, aquella noche conocí un verdadero masaje con “término feliz” uno que arrancó un orgasmo…. de la profundidad de mi corazón….