Un importante personaje me ha hecho una propuesta indecente, me ofrece 30.000 € por Sin títuloacompañarle, como única pasajera, en un crucero de tres semanas, para visitar todas las islas del Mediterráneo.

Tiene un velero y el capricho, por llamarlo de alguna manera, de tenerme a toda costa, quizás incrementado por las muchas proposiciones que me ha hecho en los dos últimos años, sin haber nunca conseguido nada.

En esta ocasión se ha pasado y no cabe duda de que la oferta es tentadora, ese dinero me permitiría cancelar todas mis deudas que, en realidad no son tantas, pero agobian, y comprar un montón de pequeñas cosas que necesito. Por otro lado, la idea de recorrer las islas del Mediterráneo no es menos seductora, es una oportunidad única.

Hay sin embargo un pero…, y es lo que me preocupa. Su barco requiere una tripulación de cuatro personas, incluido el Capitán, y esto es lo que me preocupa. La idea de ser la única mujer en el barco, con cinco hombres, no solo es una idea inquietante, sino la preocupación por una posible tragedia. De un barco no hay escape posible y no soy tan ingenua como para no darme cuenta de que existe un peligro y que el factor riesgo es importante; todo ello, por supuesto, sin conocer en absoluto a esas personas…

El Importante, es un hombre de unos 56 años, norteño y con pinta de bruto, es robusto, medirá 1,70 – 1,75, relativamente culto y educado. Está casado y tiene un par de hijos ya mayores. Es un canalla, de eso no me cabe duda, y su obsesión conmigo no la esconde, creo que su virtud es que habla muy claro, aunque eso también sea prepotencia. Su plan consiste en todo sexo, así como suena, otra cosa es que creo debe llevar las bodegas del barco llenas de Viagra, por lo que se promete, pero voy a hacer un recapitulativo porque estoy hecha un lío.

Días antes de iniciar el viaje y para conocernos, tendríamos un encuentro en un piso de su propiedad. Me facilitaría las llaves, previamente, y yo deberé esperarle vestida solamente con un delantal.

Realmente todas sus indicaciones están copiadas de un texto mío, La Secretaria, según parece se ha convertido en un texto fetiche para él, y quiere recrearlo al pié de la letra.

Cuando él llegue, tendré que recibirle como si estuviera realmente enamorada de él y hacer exactamente lo que sigue:

(Fernando, tan apuesto y elegante como siempre, aprieta el botón del timbre. Espera impaciente algunos segundos y la puerta se abre. Sus ojos expresan asombro y admiración. Sonríe. En el dintel de la puerta aparece Sonia. Está radiante y completamente desnuda. Sólo la cubre un gracioso delantal de cocina. Esboza una sonrisa sensual y terriblemente seductora).

SONIA:

        ¡Hola!

FERNANDO:

        Hola.

SONIA:

        Pasa.

 

(Fernando traspasa el umbral y la puerta se cierra tras él, absolutamente fascinado, contempla a Sonia. La recorre de arriba abajo con la mirada).

FERNANDO:

(Sorprendentemente tímido).

Vaya… estás… estás preciosa. Jamás pude imaginar que me recibieras así.

SONIA:

(Sensual).

¿Quieres que te diga la verdad? Yo tampoco.

(Hay música de fondo. Sting).

FERNANDO:

(Totalmente entregado).

¿Bailas?

(Sonia asiente. Él la toma por la cintura y, bailando, atraviesan el lujoso hall y desembocan en el salón).

Siguen bailando suavemente, totalmente entregados. Penetran en el amplio salón).

SONIA:

(Susurrándole al oído).

He preparado una cena exquisita… te chuparás los dedos. Me he tomado el día libre.

(Pícara)Quiero experimentar en la cocina.

FERNANDO:

He cenado ya. Te cuesta tanto cenar conmigo que pensé que era inútil invitarte. Pero no importa. La noche es larga y mi apetito también. Probaré tu cena. Por cierto… además de en la cocina…

(La despoja lentamente del delantal).

… ¿te apetece experimentar en algún otro sitio?

SONIA:

(Muy sugerente).

Puede… ¿por qué no pruebas?

FERNANDO:

(Besándola suavemente entre la oreja y el cuello).

Por ejemplo… ¿qué te parece si experimentamos esta zona?

(Ella ronronea con placer al tiempo que cierra los ojos y ladea la cabeza).

FERNANDO:

Ahora creo que debemos experimentar por esta otra…

(Fernando va descendiendo la cabeza y comienza a besar los senos de Sonia. Se arrodilla y aprieta el armonioso cuerpo de ella contra el de él. Besa su vientre y consigue la máxima excitación. Es un recorrido muy sabio. Sonia le habla con los ojos cerrados y voz entrecortada. [Plano muy corto del rostro]).

SONIA:

Debería… debería ser yo quien te pagara a ti…

FERNANDO:

Te quiero, Sonia. Eres mi locura.

SONIA:

(Entregada).

Yo… yo también te quiero.

(Fernando se yergue de nuevo y ambos se besan repetida y ansiosamente en la boca.)

Aparte de esta escena que desea recrear, se supone que durante el resto del día y de la noche, se lo va a pasar poniendo en práctica conmigo, todo lo que pueda saber sobre sexo, aunque también supongo que vendría con cajas repletas de Viagra.

Después de esa sesión continua de sexo, iniciaríamos el viaje en avión, teniendo como destino Marraquech, donde iríamos a un palacete propiedad de unos franceses, amigos suyos. Por supuesto, su idea es que durante el tiempo que estemos con ellos, tengamos sesiones de sexo a cuatro, y que toda nuestra estadía allá, no sea otra cosa que una permanente orgía. Dice haberle encargado a su amiga, la compra de diversas túnicas de seda natural y trasparentes, que será la única ropa que debo usar durante todo el viaje, por supuesto, cuando se le antoje. Todo esto me confirma la idea de que pretende pasemos los días de estancia en Marraquech como si de un maratón de sexo se tratase, así como lucirme por las calles y a su lado, para que todo el mundo me vea desnuda.

No es esto todo, el crucero en el barco es altamente preocupante, sola, única mujer en el barco, con cinco hombres como tripulantes y pasajero, significa que piensa en que los cinco me follen a destajo, porque nadie podría convencerme de que toda la tripulación, Capitán incluido, van a permanecer inmutables mientras hace que esté a todas horas desnuda y ante todos. Imagino la escena, o al menos una de ellas.

Pasear desnuda por cubierta, sentarme a su lado y comenzar a acariciarme será todo uno, pero no es lo mismo hacerlo a solas en un camarote y en privado, que hacerlo ante la tripulación, eso es una clara provocación, una invitación a que todos participen y que yo me convierta en el alimento de las fieras….

Han pasado diez días, estamos anclados en la bahía de Nápoles,  el barco se mece sobre el agua y yo aprovecho para descansar un poco de las largas sesiones de sexo de los últimos días. Todo muy normal, salvo el hecho de que soy la sola mujer a bordo y que permanezco todo el día desnuda, siento sobre mí, y cada vez más, las miradas de la tripulación, todos hombres de entre 30 y 50 años que tiene el Capitán.

Debo haberme quedado dormida, me despierta el frío de una copa que Chema acaba de posar sobre uno de mis senos, abro los ojos y efectivamente, está de rodillas a mi lado y, junto a él, sosteniendo un par de botellas de champagne está Paolo, el más joven de los tripulantes. No tengo apenas tiempo de beber un sorbo cuando Chema me quita la copa de las manos, su boca se apodera de la mía, juega con mi lengua mientras sus manos me recorren entera. Su boca abandona la mía y desciende hasta mis pezones y mientras los mordisquea siento que su mano abre los labios de mi sexo, me acaricia, titila mi clítoris que se humedece rápidamente, sus dedos me penetran… Abro los ojos y me encuentro con los de Paolo fijos en mi, está sudando y sus manos que sostienen la botella tiemblan. Chema, inconsciente de esa mirada, le ordena que descorche la botella y que la vierta lentamente sobre mi, desde la cabeza a los pies. El frío del vino me hace estremecer. Chema con su boca va bebiendo sobre mi, siento que sus manos separan mis piernas, pero sus manos están sobre mis senos. ¡No son sus manos!, ni es tampoco su boca la que ahora se apodera de mi sexo, es Paolo quien me corta el reflejo de cerrar fuertemente las piernas. Intento hablar, decir que no quiero, pero la boca de Chema cierra mis labios y su lengua penetra en mi boca; la de Paolo hace estragos, ha encontrado mi clítoris que mordisquea tratando de excitarme, y lo está consiguiendo; la presión de su cuerpo entre mis piernas impide que las cierre, deja sus manos libres para que con sus largos dedos me penetre, sin dejar por ello de que su lengua paladee mi clítoris.

Las caricias combinadas de los dos hombres hacen que mi vagina comience a segregar, qué en un momento, mis jugos vaginales inunden la cara de Paolo. Todo se precipita, siento que en oleadas todos mis músculos se tensan, espasmo tras espasmo hasta que un formidable orgasmo sobreviene dejándome agotada, totalmente indefensa.

Los dos hombres se retiran de mi, con un paño limpian entre mis piernas cuidadosamente, con delicadeza. Sin decir palabra, Chema me tiende una copa de champagne que bebo ávidamente, me sirve una segunda y me acerca la suya en un brindis mudo, mientras Paolo se aleja y en mi cabeza las ideas se entrechocan. Me pongo en pié y aún desmadejada desciendo al camarote, necesito descanso y poner en orden mis ideas.

Cuando subo a cubierta lo hago vestida con una gruesa bata de esponja, Chema, recostado sobre una tumbona sostiene entre sus manos una copa y me mira expectante, yo tampoco digo una palabra. Frente a él, desanudo la bata y la dejo deslizar hasta el suelo, estoy desnuda, y al verme su cara se ilumina con una sonrisa. Me tiende su copa, de la que tomo un sorbo y al devolvérsela toma mi mano y me atrae hacia él haciéndome sitio a su lado, sobre la tumbona.

Estaba inquieto, me dice, y es su sola frase porque su boca se adueña de la mía, y sus manos me recorren entera. Yo comienzo a besarle, recorro su torso con mis besos y mis manos encuentran su sexo erecto. Lo tomo, lo acaricio, sin dejar de recorrerle con mi boca, levanto la mirada hasta fijarla en sus ojos, y de allí la desciendo hasta su sexo. Lentamente desciendo hasta él y lo acaricio con mis labios, lo apreso con mi boca, es bastante grueso pero lo hago entrar hasta tocar con mis labios sus testículos, inicio un movimiento de vaivén mientras se deja ir, acaricio su vientre, y sus caderas comienzan a moverse, mete y saca su verga de mi boca, cada vez está más excitado. Al cambiar de postura, siento, otra vez, una presencia extraña, es Paco, el Capitán que nos observa desde cerca, en el mismo momento, a Chema le sobreviene su orgasmo, trago apresuradamente su semen para no ahogarme, mis ojos fijos en los del Capitán que avanza un par de pasos sin dejar de mirarme. Me pongo en pie, con calma enjuago mi boca con el champagne que queda en la copa, lo escupo por la borda y avanzo hacia la estatua de sal en que se ha convertido. Le agarro de la mano y es cuando reacciona, como puestos de acuerdo iniciamos una carrera por la cubierta, hasta su camarote.

Nada mas entrar, sin tiempo apenas para cerrar la puerta, me toma entre sus brazos, me cuelgo de su cuello y con mis piernas abrazo su cintura, siento que sus manos desabrochan su pantalón, y de pronto el roce de su sexo erguido; colgada como estoy voy resbalando mi cuerpo en busca de su falo, no necesita ayuda, húmeda como estoy, rápidamente encuentra su sitio y me quedo totalmente empalada sobre él. Es una unión violenta, ambos nos agitamos como si quisiéramos exprimir completamente al otro, caemos sobre la litera, rodamos sobre ella, él arriba o debajo, yo lo mismo.

Alguien ha entrado, me sorprenden otras manos que desde atrás agarran mis senos, no quiero mirar, tan solo siento el peso de otro cuerpo sobre los nuestros, algo caliente que pugna entre mis piernas desde atrás. Sigo clavada sobre la verga de Paco y con otra que busca mi ano, me contraigo, trato de razonar y ya no puedo, sintiendo esa presión violenta. Quien sea, detiene el movimiento, se vuelve lento, trata con suavidad de penetrarme hasta que lo consigue, y a partir de ahí es la locura, ya no hay control que valga, los tres nos agitamos violentamente, un orgasmo, dos, tres, son incontables, sus descargas me llenan, ríos de semen corren por mis piernas, estoy agotada y me sorprendo a mi misma, no me siento en absoluto arrepentida.

El barco ha fondeado en una pequeña cala de Mikonos, nos preparamos para ir a tierra. Mientras la tripulación apresta la lancha en que lo haremos, me miro al gran espejo que ocupa toda la pared del camarote. Me satisface lo que veo, la túnica  me cubre desde el cuello hasta los tobillos, es casi completamente transparente y a través de ella, veo todo mi cuerpo totalmente desnudo; me pregunto como van a acabar los caprichos de Chema, no creo que, pese a su fijación,  las respuestas de la gente cuando me vean pasear desnuda totalmente bajo esta bata de seda, sean indiferentes, eso puede que pase, como ya ha sucedido, en la casa de sus amigos de Marraquech, pero no creo ocurra lo mismo en las calles estrechas de Mikonos.

Y así es, como me imaginaba, todos los hombres de la isla están revueltos, todos quieren verme mas de cerca, tocarme, poseerme allí mismo, en la calle o sobre la mesa de un bar. Los hombres de la tripulación forman un círculo protector alrededor mío. Y al verlo, los hombres de la isla, jóvenes y viejos, se mantienen expectantes, haciendo comentarios entre ellos mientras Chema, feliz me acaricia descaradamente abriendo los botones del frente de la bata. Ahora ya no es que se vea mi cuerpo desnudo a través del tejido semitransparente, ahora el aire cálido acaricia mis senos enteramente descubiertos, como lo hacen también las manos de Chema erizando mis pezones.

Se ha colocado en pié detrás de mi, y tomando los bordes del escote lo abre enteramente, lo desliza de mis hombros, estoy con todo el torso descubierto y frente a mi tengo a una docena de hombres que me miran hambrientos. A una señal suya Paolo se aproxima, sin mirarme a los ojos, se arrodilla ante mi y pone sus manos sobre mis rodillas. Quiero evitar lo que imagino va a seguir, pero mis fuerzas no llegan a tanto y un instante después mi sexo descubierto recibe la visita de la lengua del joven marinero; bastan unos segundos para que esté mi sexo desbordando, jamás me había sentido tan excitada, con mis manos aprieto su cabeza contra mi, le apreso con mis piernas para no dejarle escapar, su lengua me penetra por unos instantes, enseguida me abandona y se pone en pié para tomar mis piernas y colocarlas en torno a sus caderas. No se como lo ha hecho, pero siento como su verga me penetra de un golpe, el choque de su pubis contra el mío es violento. Alguien me sostiene por la espalda para evitar que caiga, mientras las manos de Paolo sujetan mis caderas y me aprietan contra él, otras manos se adueñan de mi cuerpo, las hay sobre mis pechos que aprietan sin mesura, sobre mi vientre, sobre mis nalgas tratando de abrirlas, consiguiéndolo y, de pronto, un ariete brutal que me penetra. Mi grito de dolor solo se inicia, como si lo estuvieran esperando, otra verga penetra en mi boca y llega hasta mi garganta, pierdo la consciencia de los actos, siento tan solo que si una verga sale del lugar que ocupa, otra ocupa de inmediato su puesto hasta descargar su semen que me inunda por todas partes y corre libremente desbordando de mi boca, de mi ano y mi sexo, semen de  todos los hombres del poblado mezclado con mis propios jugos producto de innumerables orgasmos.

Semi-inconsciente siento que me transportan, que me sumergen en un medio líquido, manos que limpian mi cuerpo, que extienden sobre él cremas balsámicas, que me ayudan a caer en un profundo sueño.

Han pasado varios días, seguimos navegando, desnuda sobre la cubierta y con los ojos cerrados, juego conmigo misma a adivinar de quien es la mano que acaricia mis senos, los dedos que me penetran, los cuerpos que me cubren. Las vergas que siento en mi interior y que tanto placer me producen. Vivo casi en un permanente orgasmo, y no me explico cómo antes de empezar este viaje, pude vivir sin ello.

Pertenece a Paco, el Capitán del barco, la lengua que titila mi clítoris, el dedo con el que me penetra dilatándome, dos, tres dedos. Para de pronto y tomando mis caderas me da la vuelta y me coloca en posición de perrito. No cabe duda, es el capitán por el tamaño de su verga, su ancha cabeza no encuentra resistencia alguna cuando me penetra, estoy empapada y aprovecha para mojar sus manos, para extender esa humedad hasta mi ano y colocar su verga a la misma entrada sin cesar de hacer presión. No le cuesta demasiado, gracias a la dilatación previa, en dos o tres movimientos se abre camino, y de un potente envite la hace entrar hasta su misma raíz. Ambos nos movemos al unísono, despacio, más deprisa, vertiginosamente, hasta que siento un potente chorro de semen que inunda mi interior y mi orgasmo acompaña al suyo.

Algo ha debido tomar porque no se detiene, apenas lo justo para darme la vuelta y colocarme boca arriba, con mis talones apoyados sobre sus hombros. En esta posición mi sexo queda completamente abierto y a su merced, su inmensa verga penetra mi vagina con envites secos y profundos, Por momentos parece que va a salirse enteramente, para penetrarme una y otra vez; el roce de su sexo contra mi clítoris me produce espasmos, contracciones que no me es posible dominar, siento un orgasmo tras otro, como antes jamás había sentido.

Cambiamos de postura nuevamente, me toma en pié, con mis brazos rodeando su cuello, mis piernas en torno a su cintura y su verga clavada hasta lo mas profundo, sus manos?. ¡Otra vez!, otras manos aprisionan mis pechos, pellizcan mis pezones y la presión de ese cuerpo me aprieta aún mas contra el cuerpo de Paco, siento otro sexo que intenta poseerme como este lo hace. No es posible!, me doy cuenta de pronto que tengo al mismo tiempo, alojadas dos vergas en mi vagina hiper-dilatada. Acompasan su ritmo aunque les debe resultar difícil mantenerlo, porque siento que la presión del segundo disminuye y se retira. Sin embargo y como si se hubieran puesto de acuerdo previamente, esa retirada es solo una estrategia para tomar impulso, esta vez es mi ano el que se abre para darle cabida. Los tres nos movemos furiosamente en una carrera en busca del supremo orgasmo, y los tres llegamos casi en el mismo segundo. Después, descabalgados, reconozco a mi último invasor, es Chema el que me sonríe mientras descorcha una botella de Champagne y a gollete, nos la da a beber y la rotamos entre los tres hasta vaciarla.

Se acaba el viaje, han sido quince días en una casi permanente orgía, días en los que he aprendido entre muchas cosas, mi propia ansia de placer, que antes desconocía. Vamos a desembarcar y ya estoy preparada, visto mi preciosa túnica de seda transparente y bajo ella mi cuerpo entero está desnudo; cuando subo a cubierta, Chema y su tripulación me miran admirados. Como has cambiado, dicen, mientras los cinco me acarician y me besan. Yo me despido de ellos, a mi manera, claro, me agacho en medio del circulo formado por los cinco, desabrocho sus pantalones y voy tomando en mi boca, una tras otra, las cinco vergas pero sin darles tiempo a que se corran. Ahora tengo que cuidar mi aspecto, y escoltada por los cinco hombres que no quieren soltarme, llegamos hasta el coche de Chema, que nos espera. Al chofer, al abrirme la puerta, falta poco para que se le salgan los ojos de sus orbitas.

Chema pregunta, donde te llevamos?. A tu casa, respondo, mirando a los ojos del chofer a través del espejo retrovisor….

 

P.S. No he contado los cinco días pasados en Marraquech, esa es otra historia.

 

  • : De un viaje en barco lleno de sorpresas