Tras ese encuentro, Lucy se bañó, no saldría con toda mi leche en la espalda y piernas a caminar por los pasillos del hotel. Pensé que se quedaría a dormir, pero puso la excusa de la reunión al día siguiente y se fue a su habitación, así como yo en la mañana hui de su cuarto.

No me opuse ni insistí en que se quedara, no quería incomodarla y en realidad se sentía algo raro. Ósea era magnifico tener sexo salvaje y la manera en que disfrutaba, pero luego de eso cuando entraba a tallar la conciencia o las vergüenzas, como que las cosas se enfriaban.

Tampoco es que estuviéramos enamorados o hubiera un gran cariño entre ambos como para quedarnos acaramelados en mi cama toda la noche, durmiendo en posición de cucharita como enamorados y dándonos cariños de rato en rato.

Lo nuestro parecía más bien un acuerdo tácito y práctico, como quien dice: tú tienes ganas y yo también, nos gustamos y entendemos de alguna manera, entonces… ¡hagámoslo!.

Nos prodigamos placer mutuamente sin llegar al enamoramiento, era lo que cualquier hombre buscaría, pero… después de la pasión quedaba ese vacío que es el complemento de cariño que, llámenme tonto, pero extrañaba un poco de mi exnovia.

Por el momento ese era el status, era práctico para mi situación, y bueno, no sabía cómo lo manejaba Lucy con Sergio pero no quería hacerme un lio por eso. Supongo que ella lo asimilaba a su manera, quizás yo no era el primero con el cual tenía este tipo de arreglo, según lo que escuche, pero tampoco me importaba… solo tenía que disfrutarlo mientras dure y ya.

Al día siguiente, ambos nos comportamos como profesionales, como si no hubiera pasado nada, fuimos a nuestra reunión, luego al hotel y salimos al aeropuerto. Bueno, durante el vuelo nuevamente se acurruco cariñosa como en el viaje de ida. Al bajar del avión nuevamente me tomo del brazo, creo que hasta las aeromozas pensaban que éramos novios.

Me parece que Lucy quería dejar la idea de que seguiríamos siendo amigos, no sabía si era su despedida o su puente para seguir en lo mismo y no perder el tipo de “contacto” que adquirimos en el viaje… en los siguientes días se resolvería esa incógnita… para mi bien creo.

El problema fue al salir de la sala de equipajes, Lucy seguía tomando mi brazo y caminando a mi lado como mi pareja. En un momento me alejo bruscamente… yo que estaba distraído en el celular revisando mis mensajes, me sorprendí de su accionar.

La vi palidecer y quedarse helada, casi como estatua. Luego note hacia donde miraba y me di cuenta el porqué de su reacción… a unos 15 metros de nosotros, se encontraba Sergio… por la put… madr… se jodio todo… pensé…

Para nuestra suerte, Sergio se encontraba de espaldas, hablando por teléfono. Voltee a ver a Lucy, que al verme solo atino a ver su celular que seguía apagado desde que salimos del aeropuerto de la otra ciudad… seguramente Sergio la estaba llamando.

Lucy solo atino a regresar por donde vino. Yo no podía hacer lo mismo, solo seguí mi camino y le di encuentro a Sergio. Lo salude y sentí que se me caía la cara de vergüenza por haber abusado de su confianza y de su enamorada. Procure verme más relajado posible, pero por ratos tenia flashes de como poseí a la fiera sexual de Lucy que se mostraba como una santa.

– ¿Dónde está Lucy?… pregunto Sergio extrañado.

– Ahhh… creo que fue al baño… respondí improvisando.

– Y que tal el viaje… pregunto Sergio tras una pausa, como para matar el rato.

– Ah, bueno, todo bien, muchas reuniones y poco tiempo… muy agitado (por tu novia que es una fiera)… digo atareado, tu sabes… le dije suspirando de cansancio.

Por suerte Lucy salió, antes que yo soltara una estupidez. Esta vez ella estaba transformada en la chica fría y tímida que conocí antes, le dio un abrazo a Sergio, que me dio la espalda, cosa que ella aprovecho para hacerme unos gestos, como diciéndome… Debiste irte…

Por un momento pensé en huir, pero irme sin saludar sería sospechoso, mejor afrontar las cosas ahí, no podía evitar lo inevitable, que era cruzarme con Sergio en el trabajo en algún momento. Supongo que Lucy ya tenía en mente un pretexto para justificar mi huida. Lo cierto es que estábamos ahí, hubo un incómodo silencio, creo que yo era un mal tercio.

Sergio se ofreció a compartir el taxi. Bueno, ya habíamos compartido a su chica, algo mas no sería problema, pensé… pero volví a ver la expresión entre asustada y avergonzada de Lucy, entonces entendí que sería muy incómodo, yo tampoco era tan caradura.

Me excuse diciendo que iba por otro lado, a encontrarme con mi “novia” (imaginaria en ese momento, ya que como recordaran había terminado con ella), enfatice lo de mi novia para calmar los posibles celos de Sergio por el tiempo que pase con Lucy.

Olvide comentar que en el viaje, Sergio llamaba un par de veces al día y mensajeaba, cosa normal en pareja, pero que algunos interpretarían como un chequeo para ver en que andaba Lucy. No sabía si él había oído los mismos rumores sobre Lucy, pero bueno, era su tema.

Durante la semana siguiente apenas vi a Lucy, no sabía si me huía o quería guardar distancia para evitar rumores. Solo nos vimos una vez para rendir cuentas al jefe sobre el viaje. Todo transcurrió en tono formal y ella volvió a su seriedad de siempre no dando pie a bromas.

Más bien quien me acecho fue el que me comento de Lucy, el chismoso de Oscar:

– Y ¿te la cogiste o no?… me pregunto directamente.

– Nada, igual que el primer viaje… le dije tragando saliva… parece que solo son rumores, no me aceptaba que le invite ni agua por miedo a que la drogue…

Le di a entender a Oscar, para que no me hostigue más, que quizás esos rumores fueron ciertos en su época universitaria, pero tal vez ahora ya había dejado esas cosas y había madurado, por decirlo así…

– Quizás tú no sabes cómo hacer aflorar esa Lucy desinhibida y liberal… me replico Oscar, que según él conoció en la universidad o que escucho por rumores.

– Nooo… respeta mucho a su novio… me parece bien… dije excusándome.

– Nada… eres un tonto… me bromeo Oscar.

Ya las cosas tras una semana se habían enfriado. Comencé a pensar que era una ilusión lo vivido, que quizás lo alucine, porque veía a pasar a Lucy como si nada hubiera pasado, volvió a su trato esquivo y tímido de antes de conocernos, quizás por guardar apariencias con Sergio.

Al final me dije resignado, nadie me quitara lo vivido, quizás me pajearia en honor a Lucy, mientras fantaseaba con lo sucedido en el viaje. Dicen que a veces uno atrae las cosas con el pensamiento y fue cierto…

– Hola. ¿Tienes tu informe de gastos del viaje?… me pregunto Lucy por mensaje.

– Ah… si te lo llevo… replique ansioso por hacer contacto de nuevo.

– No, mejor no, por correo nomas… me dijo apurada.

– Ah ok… respondí cortante, decepcionado.

Bueno, las cosas seguirán frías, me dije, debe estar aún avergonzada solo se transforma fuera del trabajo. Hubo una pausa aunque la seguía viendo en línea y ella a mí.

– Danny… aun… aún tengo frio… me mensajeo tímidamente Lucy.

– Yo también… respondí sintiendo que el corazón se me aceleraba.

– Pensé que después del viaje ya no querrías más…

– Más bien me dejaste con ganas de más…

Hubo otra pausa, ambos asimilando y alucinando lo que pasaría, tal como en el viaje o mejor… todo lo que no dijimos en una semana, de repente se destapaba, todas las ansias contenidas.

– Uhmmm… ¿con ganas de qué?… pregunto Lucy coqueteándome por primera vez desde que la conocía.

¡Con ganas de reventarte el orto!… quería gritarle, dos veces me había rechazado, no aguantaría una tercera, creo que se la metía en una sin pedir permiso y me atenía a las consecuencias. Por como disfrutaba, tenía esperanza que el sexo anal la alocara también, pero no debía desesperarme… ya estaba aceptando tener otro encuentro… debía ser cauteloso con mi propuesta y ver como reaccionaba.

– Con ganas de explorar nuevos placeres… de inaugurar zonas prohibidas… ¿me dejarías intentarlo?… le pedí, casi suplique, se me hacía agua a la boca y una gota de leche se me salía de la verga que la tenía súper dura con esa conversación.

Nuevamente una pausa, ¿se estaría contrayendo su esfínter con la idea de que se lo romperían por primera vez? ¿Habría sido muy agresiva mi propuesta? ¿Se habría arrepentido o se habría excitado? Habían pasado unos segundos sin responder y fueron una eternidad. Por el celular veía que escribía, borraba y reescribía aumentando mis ansias.

– Tendrás acceso a todo lo que quieras… me respondió Lucy, incluyendo una carita feliz.

– Uffff… al finnn… replique emocionado, casi saltando en mi sitio.

Mis compañeros en los escritorios aledaños se percataron de mi reacción y me vieron extrañados… ahhh, una buena noticia familiar, explique excusándome. Pero poco me importaba si me creían o no, ¡Lucy me había dado permiso para romperle el culo!

– Jajaja… voy a necesitar mucho lub (lubricante)… respondió graciosamente Lucy.

Ser paciente tuvo sus frutos, acepte sus rechazos de darle por el ano, le di su espacio después del viaje. Quizás me tuvo a prueba, ver si no era un loco desesperado por aprovecharme de ella, si no era un hablador con ganas de contar su gran aventura… ¿qué se yo?, el punto es que me gane su confianza, y el tiempo hizo su parte, el morbo acumulado, el hecho que la habíamos pasado genial… todo eso sumo a esto.

– Bueno… ¿cuándo?… ¿hoy?… le dije desesperado.

– Me encantaría… pero tengo clases… me dijo apenada… ¿me puedes llevar?

– Claro, con gusto…. ¿no tendrás problemas por eso (con Sergio)?

– No, está en reunión, no vendrá…

Pues bien, a la salida, la recogí a una cuadra del trabajo para evitar miradas de chismosos. En el camino bromeamos e hicimos alusiones a lo que haríamos, parecíamos niños que estrenarían juguete. Hasta que me toco dejarla cerca de un parque, para que tome un bus que la acerque a su universidad, no quiso que la lleve para evitar comentarios de sus compañeros.

Me estacione, Lucy no aguanto y se me abalanzo llenándome de besos con lengua, mientras su mano comenzaba a acariciar mi verga por encima del pantalón. Estaba súper excitada por lo que haríamos al día siguiente, casi tuve que separarla de mí, parecía que no se quería ir, pensé que me la empezaría a mamar ahí mismo… bueno, eso fue en otra ocasión, ya les contare.

Yo más bien quería alejarla, porque estaba preocupado ya que estábamos en la calle, mi auto no tenía lunas oscuras y nunca se sabe quién nos podría ver…

– Mañana… le dije, masajeando sus piernas.

– Ok… Ufff… ya me calenté… dijo colorada.

Habíamos llegado al acuerdo que ella vendría a mi depa, no quería que la vieran entrando a un hotel entre su universidad y el trabajo. Mi depa le parecía más discreto ya que le comente que el ascensor iba directo del estacionamiento al depa, sin que nos vean. Al menos tenía esa tarde para arreglar mi desastre en el depa, como comprenderán, hombre soltero y desordenado.

El día siguiente transcurrió en el trabajo lento, se me hacía eterno esperar la hora de salida, más aun con las indirectas que nos mandábamos por mensajes. Al salir pensé que la recogería, se excusó diciéndome que había moros en la costa (Sergio), cuando se desocupara me alcanzaría en mi depa. Creí que se habría arrepentido, solo me quedo ir a mi depa y esperar…

Hasta que el sonido típico de un mensaje recibido en el celular, me saco de mi negativismo, era Lucy… estaba cerca. La vi desde mi ventana, cruzando la calle, le abrí la puerta por el intercomunicador… luego le abrí la puerta del depa y la vi cansada por el ajetreo pero ansiosa, había venido preparada, traía una falda clara y una blusa escotada…

– Ufff… me demore pasando por la farmacia… se disculpó, luego al verme extrañado agrego… ya sabes, por el lub…

Me conto lo gracioso y vergonzoso que puede ser para una mujer comprar lubricante, la expresión del farmacéutico, etc. Mientras me contaba yo la iba arrinconando por instinto contra mi sofá. Lucy iba retrocediendo cuando se dio cuenta, sus piernas ya chocaban con el mueble, solo le quedo dejarse caer graciosamente sentada, mientras sus manos nuevamente hurgaban en mi pantalón, buscando mi verga dura para mamarla, igual que en el hotel.

Estaba más excitada que en el viaje, lo notaba porque su respiración era más agitada, se ahogaba mamándomela. Aproveche que se separó de mi verga para respirar, y la empuje hacia atrás, Lucy no opuso resistencia, se dejó caer y por instinto fue abriendo las piernas, aparto su mojada tanga para dejarme espacio y que la penetre…

– Uhmmm… siii… otra vez te tengo dentro… exclamo complacida

Si bien Lucy estaba excitada, entendí que debía llevarla de a pocos, quizás clavármela por el ano (como me hubiera gustado) la hubiera espantado. Primero debía complacer su vagina, llevarla a un orgasmo, a otro nivel de excitación donde ella misma lo pida, pero también debía incentivar con mis dedos la flexibilidad de su ano.

Tenía sus piernas casi en el hombro, su falda se había raído en la desesperación por penetrarla, y a ella no le importo, mientras mi verga la penetrara con cada vez más vehemencia, cosa que Lucy agradecía con besos cada vez más apasionados. Hasta que tras un par de minutos de accionar, sentí su primera contracción…

– Ohhh… uhmmm… ricooo… ufff… gimió arañando mi espalda.

Me lleno de húmedos besos con lengua, mientras Lucy fue entrando en cuenta que tenía mis dedos metidos en su esfínter. Los había metido en esa dificultosa posición, mientras la empalaba por la vagina, y mientras la besaba le inserte otro dedo más, eran 2 entrando y saliendo, de su arrugado anillo, flexibilizándolo.

Lucy me alejo un poco, estaba echada, recostada contra un cojín mientras había levantado más el trasero en esa posición, e iba abriendo instintivamente más las piernas, sujetándolas con sus manos… me alejo porque quería ver mi verga dura como le había dado placer… y como mis dedos entraban y salía de su ano sin mayor resistencia…

– Tienes una verga grande y gorda… me dijo alucinada, luego exclamo algo temerosa… no me va entrar…

– Ya entraron 2 dedos… si va entrar… le refute excitado.

Ella siguió viendo mi verga en ristre, tiesa, y mis dedos entrando y saliendo de su esfínter, hasta que empezó a contraerse, la excitación iba superando el miedo, se fue haciendo a la imagen de mi verga atorándola por el ano… y esa idea fue más fuerte…

– Debo estar loca… Ponme el lub que está en mi cartera… quiero tu verga en mi culo…

Al fin, me dije… mientras mano libre buscaba torpemente el lub en su cartera, sin dejar que mi otra mano siguiera desflorando su ano. Como pude abrí el contenido, salto algo del líquido viscoso por su rostro, ella no se espantó. Me imagine que en algún momento vaciaría mi leche en su cara y tampoco le importaría, pero eso también fue en otra ocasión.

Embarre mis dedos de lub, y los metí y saque, embadurne todo lo que pude su esfínter de ese gel. Lucy entendió que era el momento, sus manos dejaron de tomar sus piernas y se fueron acomodando en sus nalgas, para abrirlas y dejarme pasar…

– Métemela… antes que me arrepienta de esta locura… me dijo desvariando de ansiedad.

Me hice espacio con mi dedo, mi verga fue empujando contra su piel que se iba abriendo, era difícil, ella en su nerviosismo se retorcía y por momentos contraía el ano para defenderse de ese duro invasor.

– Lucy ábrete más… le decía excitado.

– Auuu… si, si… pero despacio… que duele… se quejaba Lucy.

Me hizo caso y abrió más sus generosas nalgas, mientras se relajaba un poco… lo que aproveche para terminar de meterle la cabeza de mi pene. Ella contrajo sus dedos en sus nalgas, arañándose así misma por el dolor que le causo… contrajo el abdomen para soportar, contuvo el aire y su rojo enrojecía.

– Ouuu… uffff… ayyyy… dijo lastimosamente.

– Ya entro, ya entro… le dije para calmarla.

Fui entrando y saliendo de a pocos, en un corto recorrido, hasta que su esfínter fue cediendo ante ese nuevo inquilino, mi musculoso miembro. Cuando la note menos tensa, en una de esas metidas y sacadas, tome impulso y de un envión le inserte un cuarto de verga…

– Ayayay… me partiste el culo… se quejó.

– Ya va pasar… la animaba besándola.

Una cosa era la cabeza que es flexible y el cuello delgado que bien después, pero luego, el tronco del pene engrosa de nuevo y es más duro, eso fue lo que sintió Lucy que la desgarro por dentro. Mientras yo sentía deliciosamente presionada mi verga.

Ella lagrimeaba soportando esa incursión. No queriendo dar pie a mayores quejas, decidí ahogar sus lamentos con mi lengua y mis labios, así de a poco iba metiéndole más y más, mientras ella entre jadeo y jadeo soportaba ese empalamiento. Ya tenía media verga adentro de Lucy, oficialmente le había desvirgado el ano y se sentía espectacular.

Yo estaba inclinado hacia ella, clavándola de a pocos y besándola, pero en esa posición, estaba casi de puntitas haciendo presión contra su ano… Quizás me confié, tal vez debí embadurnarme la verga de más lub… lo cierto es que perdí el equilibrio y mi tieso pene termino por meterse de lleno hasta el fondo… mis bolas chocaron con sus nalgas…

– Ouuuu… no… no… noooo… sácalo… sácalo… dueleee… se quejaba como una niña.

– Resisteee… ya está… ya esta… le decía, tapándole la boca para que no grite más.

Sus dientes mordían la palma de mi mano, soportando el dolor, sus ojos se salieron de su órbita unos minutos, mientras Lucy parecía llorar. Pero a pesar de todo, sus manos siguieron abriendo sus nalgas y ella no forcejeo por salirse de su prisión, lo soporto sin patalear.

Estuvimos unos minutos así, mientras sentía su esfínter contraerse, queriéndose desquitar con mi verga, apretándola fuertemente, así me transmitía su dolor y yo también lo soportaba, era lo justo. La fuerte respiración de su pecho, que hacia subir y bajar sus senos, se fue calmando hasta casi normalizarse. Lucy dejo de morder mi mano, entonces reemplace esa mordaza con mis labios.

– Ohhh… uhmmm… ohhh… fue gimiendo entre beso y beso.

Lucy quería desahogar su dolor y nuevamente sentir placer, y lo fue sintiendo a través de mi lengua y sus jugosos besos. Cosa que aproveche para empezar a moverme en su interior, de a pocos, con resistencia al inicio, y luego con algo de flexibilidad.

– Me rompiste el culo… se quejó graciosamente Lucy mientras veía nuevamente un brillo de excitación en sus ojos.

Mi verga iba haciendo un recorrido cada vez más largo, cada vez chocaba con más fuerza mi ingle contra sus nalgas, hasta por momentos sentía mis testículos rebotar con sus glúteos, mientras Lucy me prodigaba cada vez besos mas efusivo.

– Ayyy… nooo… ouuu… exclamo arañando mi espalda, pareciendo haber llegado a su primer orgasmo anal, cosa que la sacudió.

Me miro sorprendida, no dando fe que aquello que le dolió tanto al inicio ahora le causaba un enorme placer… cuando esa oleada de placer paso, quiso disfrutarlo nuevamente pero desde otro ángulo… algo que parecía gustarle vaginalmente ahora lo quería experimentar en su ano.

– Perrito… perritooo… me pidió efusivamente, como si no supiera otra palabra.

Me aleje un poco, mientras ella se iba ubicando ansiosa sobre el sillón en 4 patas, con el pecho y los brazos sobre el respaldar. Me ubique detrás de ella lo más rápido que pude, no quería que su ano perdiera flexibilidad, en verdad me desespere y empuje… ella resistió el embiste, pero adolorida fue huyendo.

– Espera… espera… no… nooo… se quejaba, mientras su mano apretaba la mía, como conteniéndola para que no avance mi verga en sus intestino

Pero era muy tarde, yo estaba súper excitado para escuchar razones y seguí avanzando y empalando, hasta que a ella no le quedo más lugar para huir, sus piernas casi estaban contra el respaldar del mueble y ella semi arrodillada, con media verga en el ano. Con tantos alaridos y quejas que daba Lucy, pensé que me tendría que mudar de edificio.

– Ayayayyyy… uffff… yaaa… despaciooo… me pidió, aceptando que no podría huir, estaba sometida analmente, enganchada hasta las tripas.

Así, la fui cabalgando de a pocos, primero en movimiento bruscos y torpes, propios de mi morbo, por fin la tenía atorada por su arrugado anillo, cosa con la que fantasee desde el primer encuentro.

Sin querer, fui retrocediendo, creo que Lucy me fue culeando, hasta que le di espacio de acomodarse en la posición del perrito como ella quería. Ahora tenía su ano a mi disposición, por ratos la cabalgaba tomándola de la cintura, estampándola contra el mueble, en otros momentos la tiraba del cabello para arquear su espalda y besarla.

– Uyyyy… siiii… siiii… uhmmm… exclamo finalmente estremeciéndose brutalmente.

– Uffff….ahhh… ufff… exclame yo a su vez, inundando sus intestinos con leche ardiente.

Mi verga escupía y escupía litros de semen, parecía no acabar, en cada contracción sentía la resistencia de su aun estrecho esfínter. Ella soportaba cada descarga con un espasmo en su espalda. Lucy ya se había dejado caer apaleada contra el respaldar del sofá, muerta.

Estuvo unos minutos así, agitada, observe como lo que quedaba de su falda ya estaba en su cintura como una faja, sus pantis raídas. Su cabello era una maraña que cubría su enrojecido y sudoroso rostro. Su enrojecido ano y seguía palpitando sobre mi verga que dé a pocos se iba deshinchando.

– Pensar que le tenía miedo a esto… ¡q tonta!… ¿cómo no lo hice antes?… exclamo, parecía estar pensando en voz alta.

Cuando cayó en cuenta de lo que dijo, sonrió nerviosa, para evitar que yo diga algo más, desde su posición volteo y busco mis labios. Me dio unos jugosos y efusivos besos con lengua, que lograron exprimirme unas gotas más de leche en su ano, cosa que le dio un cosquilleo que la hizo sonreír.

Tras eso, la lleve a su casa, no la podía dejar ir con la falda semi rota en un taxi sentada de lado, como para que todos supieran que le acababan de estrenar el orto. Lo cierto que estuvo con una sonrisa entre boba e incrédula por lo que hizo. Solo me pidió evitar los huecos en la pista, ya que hacían saltar al auto y golpeaban su ahora sensible trasero.

Así fue que le inaugure el culo a Lucy, la monjita de la oficina a quien nadie creía si quiera capaz de hablar de sexo sin ruborizarse… era capaz de pedir de la manera más cachonda que se la claven y resistir un empalamiento anal con tal de prodigarse placer…

Desde entonces se fue haciendo una constante que le rompa el culo, al principio tímidamente se acoplaba a lo que yo le pedía pero con el tiempo incluso ella me lo llego a pedir… así como intentar otras posiciones y maneras de hacerlo… según lo que su libido o el mío nos dictaran… pero… ya les contare…

Continuara…

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