Captura de pantalla 2015-11-19 17.52.52El teléfono móvil empezó a timbrar, el Dr. Robert Sagel saca el móvil de su saco y espera a Sin títuloque deje de timbrar, al abrirlo reconoce el número. Solo un grupo menor a 8 personas podían llamarle a ese número. Toma una línea segura y devuelve la llamada desde su despacho.

– ‘‘¿Que podemos hacer por usted Mr. D?”

– ”Mi querido Robert ¿Cómo estas….?”

– ”Pues ahora no muy contento que no siga el protocolo Mr. D”

– ”Ja ja ja…. Mi querido Robert tan franco y directo como siempre. Te encanta el juego de los espías…”

– ”Pues puedo decir que el protocolo esta para la protección de ambos…. Pero volviendo al tema, usted no vino a la ciudad solo para saludarme, ¿qué puedo hacer por usted?”

– ”Sabes que me encanta tu ciudad Robert, y pues soy un hombre con necesidades…”

-”Eso me queda claro, puedo enviarle a alguien a su habitación en unos 40 minut…”

-”Bueno, bueno Robert, ambos sabemos que soy uno de tus mejores clientes. Esta vez desearía algo más… digamos estimulante…”

Ya para este punto de la conversación, Robert no podía ocultar su enfado ante la poca prudencia de su cliente. Una verdadera lástima era reconocer que Mr. D tenía absoluta razón al decir que era uno de sus mejores clientes y de más esta decir exigente y descuidado.

Robert atentamente atiende los detalles que le plantea su cliente y al terminar revisa una base de datos, dando con lo requerido.

– ”Bueno… déme una hora para esta petición…. enviare a alguien por usted, debo recodarle que esta es una petición atípica y….”

– ”Y no me vas a insultar contándome el precio del servicio. Ponlo en mi cuenta, 5 dígitos no son representativos para lo que se puede disfrutar….”

– ” Por supuesto que no le insultaría de esa forma, solo quería recordarle seguir las normas básicas de discreción”

– ”Despreocúpate Robert, esperare por el auto…”

La comunicación termina y Robert piensa para sus adentros que precisamente el despreocuparse era lo más preocupante del trato.

Al otro lado de la ciudad la Dra. Carol Arellanos termina con su penúltima paciente del día, habían progresado muchísimo desde su primera sesión, Elizabeth ahora se sentía más confiada con Carol y le era más sencillo expresas sus sentimientos, Elizabeth era una joven arquitecta, graduada con honores, había centrado sus esfuerzos en ser una de las mejores en su campo y lo había logrado, pero en el plano emocional, los constantes fracasos en sus relaciones las habían dejado muy vulnerable.

– Pero es que yo hice cuanto pude para que la relación funcionara pero… nada…

– Algunas relaciones simplemente no funcionan Elizabeth, pero debes seguir y hacer lo mejor la próxima vez. Intenta distraerte, sal con amigas o amigos, has cambios en tu rutina.

– A veces creo que me veo tan mal como me siento…

La Dra. Arellanos observa en silencio unos minutos a la acongojada chica. Cuanto tiempo desperdiciado en llorar por un novio infiel. Todos esos títulos académicos y logros alcanzados por Elizabeth no valían de nada en el plano sentimental. La Dra. le extiende una cajita de pañuelos desechables y toma una tarjeta de su bolso.

– ¿Elizabeth estas tomando el suplemento que te recete?

– Siii aunque no siento avances…

Saca de su escritorio otro frasco de píldoras las entrega a Elizabeth, junto a una tarjeta mientras le dice:

– Deberás tomar dos tabletas por día y esta vez sin excusas, aquí tienes también la tarjeta del salón de belleza donde me atiendo, esta tarde llamare para que te atiendas este viernes, por dinero no debes preocuparte, lo pondré todo a mi cuenta, te sentirás hermosa… iras verdad

Elizabeth recibe la tarjeta con algo de recelo., se lo piensa un momento y decide que no tiene nada que perder

– Iré al salón… Gracias doctora…

– Tranquila Elizabeth estoy para ayudarte

Justo al despedirse Elizabeth la Dra. Arellanos empieza a ordenar sus notas y guardar el archivo de su paciente, el intercom se activa.

– “Dra. tiene una llamada del Doctor Barreto”

– “OK comunícame”

Un momento de silencio y luego una voz que se le hizo muy familiar pregunto

– “¿Helen?”

– “Sí soy yo, en que puedo ayudarle”

– “DREAMLAND”

Una oleada de calor la invade sin la menor resistencia, su respiración aumenta a medida que sus piernas se separan y sus pezones se hacen cada vez más duros, su coño empieza a humedecerse y palpitar a medida que su cerebro se va desconectando de la realidad. Mientras todo esto ocurría, esa voz no deja de darle órdenes. Ordenes que Carol ejecutaría de lo más gustosa pues a ella lo que más la excita es obedecer.

Cuando Robert termino de darle las instrucciones, en el consultorio ya no queda nada de la Carol racional. La mujer exitosa e inteligente ha sido sustituida por una hembra en celo deseosa por obedecer, sentada en su escritorio con sus piernas abiertas, su coño empapado y su mirada perdida.

Al finalizar la llamada, necesita ir al baño con urgencia. Antes de ir, abre su blusa y saca su sostén, desliza sus manos bajo su falda quitándose las bragas y depositando ambos en una gaveta de su escritorio.

Al salir del baño le toma a Carol unos segundos volver a la realidad y terminar de ordenar sus notas, marca el intercom.

-“Gloria cancela mi citas de la tarde… si no tienes inconveniente toma la tarde libre”

– “Como usted guste Dra.”

No era extraño para Gloria el recibir la tarde libre, pues desde hacia unos meses la Dra. Arellanos había iniciado una serie de estudios que le consumían mucho de su tiempo.

Unos 10 minutos más tarde la Dra. revisa sus apuntes en su portátil. Escucha el timbre de la recepción, espera unos segundos que Gloria atendiera. Al escuchar el segundo timbrazo recuerda que le había dejado la tarde libre. Piensa en pasar por alto a quien llamaba a la puerta pero al tercer timbrazo se levanta a atener. Al llegar a la puerta se encuentra con un caballero de cabellos canos, entre 45 y 50 años, elegantemente vestido y con un rostro extrañamente familiar.

– Buenas tardes, en que puedo ayudar…

– Buenas tardes, busco a la Dra. Helen, ¿es usted su asistente?

La interrupción y confundirla con Gloria no ayuda mucho a cambiar la molestia reflejada en la cara de la Dra.

– Yo soy la Dra. ¿En que puedo ayudarle?

– Vengo a mi consulta.

– Disculpe usted señor pero mi asistenta debió cometer algún error, las consultas de la tarde están canceladas.

– Disculpe usted pero no veo el error, usted esta aquí y yo acabo de llegar.

Diciendo esto el recién llegado entra a la recepción y espera por la asombrada doctora. Definitivamente esta debía ser su primera sesión, al parecer no aceptaba una negativa por respuesta. Cerrando la puerta principal le hace pasar al consultorio, toma el expediente dejado en la bandeja de atención. Al entrar encuentra a su paciente sentado esperándole, se sienta frente a él y empieza a revisar el expediente. Hace una pausa y comienza la rutinaria sesión…

El paciente empieza a describir una aburrida serie de dolencias que llevan a la doctora hasta el hastío. Luego unas preguntas más, unos consejos sacados del libro y más tedio, hasta que el paciente le dice:

– Lo que más me preocupa es que últimamente he tenido una serie de sueños y pensamientos recurrentes…

– ¿Qué tipo de sueños?

– Sueños de tipo eróticos.

– ¿Eso cómo le hace sentir?

– Excitado ¿A usted cómo la haría sentir?

– Pues no estamos para hablar de mí, estamos aquí para usted.

– Pues me sentiría más cómodo si me dijera si tiene sueños o fantasías…

– Concentrémonos en usted. ¿Cuénteme que tipo de fantasías?

– Pues comenzó con la llegada de mi nueva asistente, un par de hermosas piernas que sostienen un cuerpo que solo hay que mirarlo para querer joderla, ni que hablar de su rostro de muñeca, en las noches no dejaba de masturbarme pensando en su culo y sus tetas, más de una vez le insinúe mis deseos de pasar nuestra relación a algo más que laboral, pero siempre se negó. Amenacé con despedirla y no le importo. Empecé soñando con domarla con someterla, hacerla ver quien manda, atarla a una silla y cortarle su ropa dejándole visible ese culo, el coño y esas tetas deliciosas. Usarla y hacer de ella mi puta.

– La mayoría de los varones tienen fantasías donde fuerzan a tener reacciones, va muy ligado a sus instintos más básicos. La mayoría de los hombres logran dominar estos impulsos sin caer en la violación…

– Precisamente eso era lo que detenía mis sueños, si llevaba eso a la realidad, todos los esfuerzos de mi vida se irían por el drenaje, empecé a idear otros planes. Toda mi creatividad desbordada en ella, tendría que meterme en su mente, agotarla física y mentalmente, iniciando con dejarle trabajar horas y horas extras todas las semanas. Horas y horas la misma rutina, agregar un suplemento en su bebida y hacerla mas sugestionable. Ayudarme con mensajes subliminales en la música ambiental de la oficina, poco a poco hacer que gustara más y más de sus horas extras de trabajo y guiar sus pensamientos a sus deseos sexuales más irracionales, mis deseos sexuales.

Para ese momento una cierta sensación de humedad y calor llenaba el ambiente y la doctora no podía concebir que su paciente confesase, sin el menor pudor, sus deseos de privar a una persona de su libre pensamiento.

– Las teorías de conductivismo podrían ayudarle a realizar sus fantasías, pero le recuerdo que solo son teorías y lo suyo solo fantasías. El Dr. Pavlov logro avances en este campo pero solo a nivel de canes, perros entrenados, pues… Moral y éticamente nadie se atrevería a hacer esto en personas… no es posible.

– ¿Posible, imagine las posibilidades? Se imagina ahora domesticar a mi asistente al punto de hacerlas desear quedarse en la oficina y pasar sus horas masturbándose mientras busca pornografía en la red. Pornografía que dejara yo a propósito en su computadora. Iniciando poco a poco con parejas, luego tríos, grupo, lesbianismo, orgías y por ultimo dominación. Hacerla desear ser dominada. Meterme en su mente, con mensajes subliminales para que se masturbarse sin pausa y un buen día negarle poder llegar a correrse. Dejarla semanas frustrada, hacerla coger con su novio, otros amigos o amigas sin la menor posibilidad de llegar a su anhelado orgasmo.

– Puede imaginar como semanas de adoctrinamiento terminan acabando con su voluntad. Llevarla al final de un día de trabajo a mi oficina y colocada de pie frente a mi escritorio amonestarla por su pobre desempeño laboral. Trabajo de semanas atrasado por su incompetencia. Cualquier puta callejera de 20 euros la hora haría un mejor trabajo. Decirle que debería ser castigada por ser una “puta incompetente” y con solo decirle eso ver como sus pezones se endurecen y sus ojos se cierran al tiempo que sus piernas se separan y su anhelado orgasmo la hace temblar. Escucharla gemir sin control y al final ver en sus ojos la sorpresa y lujuria de sentirse una puta. Levantarme y colocarme detrás de ella y meter mis manos bajo su falda para sacar sus bragas empapadas de sus babas. Colocarle una mano en la nuca y otra en el culo y sin la menor resistencia doblarla sobre mi escritorio. Alzando su falda y metiendo mi verga en su encharcado coño, colocar en su cara sus bragas para que huela el olor de una puta. Joderla y apretar sus tetas con mis manos. Verla babear y perder todo el control, aplastar su cuerpo con el mío contra el escritorio y mirándola a los ojos preguntarle “¿Qué eres?”, y escuchar sus gemidos al oírla decir con su hermosa boca de perra entrenada “Soy tu puta incompetente”.

Para este punto ya la doctora no puede articular palabras, mucho menos mantener un línea de pensamiento, pues su cerebro esta congestionado sexo. Su cuerpo excitado a niveles que el simple roce de sus ropas la hacen temblar, sentía sus pezones tan duros y su coño palpitando y chorreante. Sin mediar palabra se levanta y se va al baño, necesita despejar su mente dejar de pensar en… vergas… ¿Cómo podía sentirse como una gran perra en celo, solo por las historias de… ¿Cual era su nombre?… ¿Cómo no podía recordar un nombre y sí recordar ese bulto en sus pantalones?… Limpiando su rostro con agua decide que es hora de dar por finalizada la sesión con… su paciente.

Al salir del baño y entrar al consultorio se queda de pie sin creer lo que ve. En el sillón su paciente se masturba tranquilamente frente a ella. Ese bulto ahora palpita libremente en las manos del hombre. Su tronco ancho y venoso con su punta rosada y humedecida de líquido preseminal. Sus ojos no se apartan del movimiento de las manos de su paciente y de su verga. Ella necesitaba esa verga, necesitaba ser, ser un…

– ¿Le pasa algo doctora?

– No, no puede… no puedo

– ¿No puede dejar de mirar mi verga no es así doctora?, ¿Dígame doctora cómo la hace sentir esto?

– Excitadaaa

– ¿Qué necesita?

– Quiero tener…. sexo con usted…

– Mi querida doctora, ambos sabemos que esa no es la respuesta correcta

– Quiero que me use, necesito que me cojas…

– Venga conmigo…

Sin la menor resistencia la doctora sube a las piernas del hombre y empieza a deslizar esa verga dentro de su coño mientras va soltando pequeños gemidos hasta tenerla toda dentro. Empieza a subir y bajar mientras su cuerpo empieza a vibra. El hombre le abre los botones de su blusa y deja expuestas sus tetas, que rápidamente, son tomadas por las manos expertas del hombre amasándolas y con su boca y lengua inician el ataque a esos duros pezones. Esa lengua que hace giros y los labios que aprisionan mientras el bombeo en su coño no da tregua. Su cuerpo se acompasa al ritmo se las embestidas del hombre. Los minutos se hacen horas mientras ella se deja llevar. Su coño es quien decide ahora y se convierte en la marioneta del hombre que la hace gemir y temblar. La coloca de espaldas mientras le besa el cuello y le acaricia y aprieta las tetas.

Después de minutos interminables la levanta tomándola de sus nalgas, llevándola al escritorio donde sigue el bombeo, haciendo que su verga entre más y más rápido. El hombre la acuesta boca arriba. Acompañado de los gemidos de placer de la doctora, en su mente solo hay un pensamiento “soy una puta, soy una puta y me encanta que me cojan… obedecer es un placer”, levemente empieza a decirlo como un murmullo que poco a poco empieza a hacerse audible escapando se su boca. Justo en ese momento un orgasmo como nunca ha tenido barre su cuerpo, llevándose las pocas resistencias que quedaban en ella. El hombre la levanta y la hace caminar semidesnuda hasta la pared llena de certificados a su nombre. Manteniéndola contra la pared el hombre la embiste desde atrás mientras le dice al oído.

– ¿Que dicen esos certificados?

– ahhhh ahhhh nooo ahhhhh noooo seee

– ¿Por que no lo sabes acaso no sabes leer?¿No puedes pensar?

– Nooooo no puedo…. las putas no deben pensar ahhhhhh solo necesitan joderrrrrr

– Así es, solo eso eres una puta

Tomándola de la cintura la dirige al suelo y colocándola en cuatro patas sobre la alfombra levanta su falda dejando ver su redondo culo expuesto a merced del hombre. Con una sonrisa en su rostro acaricia el coño de su puta y finalmente desliza dos dedos siguiendo la línea que divide las nalgas. La doctora tomando sus nalgas con sus manos las separa ofreciéndole el culo. El hombre con su mano toma una anilla circular que sobresale del ojete del culo. Lo extrae entre sollozos y gemidos, un dilatador anal que hacia ya una hora la doctora se había insertado en el culo. Al retirar el dilatador deja expuesto el ojete que pronto es llenado con su verga que empieza a penetrarla, acompañando cada embestida con un insulto o una buena palmada en el culo. A lo que la doctora responde con gemidos y abriendo su boca en busca de aire. Unos minutos después siente como su culo se va llenando con la leche caliente, que con cada espasmo, sale de esa verga que le llena las entrañas.

Unos minutos después Mr. D termina de arreglar su corbata y acomodar su camisa en el baño y al salir al consultorio lanza una última mirada a la semiconsciente puta que esta aun acostada en la alfombra. De todos sus agujeros escurren mezclas de semen, saliva y sus propios jugos. Ya ella ha dejado de contar las veces que se ha corrido, orgasmo tras orgasmo y cada uno acabando más con su voluntad.

Al bajar del ascensor en el estacionamiento del edificio una limosina le espera, el chofer le abre la puerta, entra y se acomoda. Al encender el auto e iniciar la marcha, un leve tintineo de campanillas se escucha en el interior de la cabina de pasajeros. Toma un cristal de vodka y le da un trago mientras observa a una chica semidesnuda sentada frente a él, sus hermosos ojos azules vagan perdidos y distantes. Es una rubia de aproximadamente 22 años que solo viste un saco ejecutivo y zapatos de tacón de aguja de 3 pulgadas. Los únicos accesorios que lleva puesto son un collar de cuero con una argolla de plata y un par de cascabeles que cuelgan de sus pezones perforados que coronan un par de hermosas tetas.

– Me encantan los viajes de trabajo… ¿a ti no querida?

El viernes por la tarde en un exclusivo salón de belleza de la ciudad, Elizabeth tiene más de 15 minutos adormecida en el secador de cabello. Una de las estilistas del salón se ha encargado de bombardear cada uno de sus sentidos y provocar la mayor relajación para que disfrute su tratamiento. Aromas florales y esencias llenan su nariz, bloqueando químicamente sus impulsos nerviosos, los audífonos en sus oídos le llenan con música relajante cargada de mensajes subliminales, mientras sus ojos intentan mantenerse abiertos mirando los paisajes y colores que le llegan a través de gafas de realidad virtual, que cada cierto tiempo proyectan imágenes sexuales que se marcan a fuego en su cerebro. Los suplementos que ha tomado en la semana han hecho que su cerebro poco a poco se desconecte de la realidad, haciendo fácil el trazar senderos de pensamiento que darán paso a su nueva personalidad.

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