No se si ha sido un sueño, una vivencia extrasensorial o he viajado realmente através del tiempo. Cuando se lo conté a mi madre, pensó que algo me pasaba en la cabeza. Las revisiones neurológicas no han detectado ningún problema. Me ha llevado al psiquiatra, que ante el relato atropellado y desordenado de mi historia, me ha mandado escribirla en el ordenador, organizarla cronológicamente y entregársela en la próxima visita.

Esta parte no irá en la historia que entregaré, pero la incluyo porque quiero publicarla en sitios donde alguien que le haya ocurrido lo mismo o algo parecido, se ponga en contacto conmigo antes de que me vuelva loco de verdad.

Me llamo Rodrigo, tengo 18 años, estudio Económicas, practico varios deportes y vivo con mi madre, Marta, de 36 años y mi hermana María de 2 años. Mi padre no vive con nosotros y casi no lo vemos. Se casaron muy jóvenes, porque mi madre ya estaba embarazada. Los diez primeros años de matrimonio fueron bien, con tendencia a decaer. A los doce se divorciaron cuando mi madre descubrió algunos devaneos de él. A los 15, ante la insistencia de mi padre mi madre se avino a aceptarlo de nuevo, pero sólo duraron un año quedando como recuerdo mi hermana María y un rechazo de mi madre hacia los hombres.

Mi historia tiene un principio en las noticias que aparecen desde hace unos meses en prensa y televisión. El incremento de los ataques terroristas por parte de grupos yihadistas en ciudades de todo el mundo, el gran movimiento de personas que, desde los países árabes, se reparten por todo el mundo en busca de refugio, escapando de la guerra que los masacra. Los comentarios de las tertulias hablando de los terroristas que se camuflan en esos movimientos, etc.

En una de esas tertulias, que escuchaba de fondo mientras hacía algunos trabajos, estuvieron hablando sobre estos problemas y su relación con las profecías de Nostradamus. Los escuchaba hablar, pero sin prestar demasiada atención, pero al día siguiente fui a una librería especializada en libros usados, donde compro los que necesito para mis estudios, ya que, aunque no vivimos mal gracias al trabajo de mi madre, procuro gastar lo menos posible. En ella encontré una edición antigua de dichas profecías, con comentarios y traducciones, y la compré por curiosidad.

Tengo que decir que me resultó un peñazo enorme. Leía una página y me saltaba cuatro (o veinte), hasta que llegué a las que se supone afectan a nuestros días o días de un futuro cercano. Entre ellas se habla de una guerra del mundo árabe contra Europa que me llamó la atención y otras cosas más de las que no había bases por las que pensar que eso estaba sucediendo ya.

El libro terminaba con una serie de poemas sin traducir, con algunos títulos que hablaban del amor, de la guerra, del futuro, del dinero…, etc. Estaban en su idioma original, un italiano antiguo, con mezcla de latín y alguna versión de otro idioma. En días sucesivos, cuando tenía tiempo, me acostumbre a declamarlos dándole toda la pompa que se me ocurría, pues me divertía por lo gracioso que sonaba.

El 23 de marzo pasado, fue un miércoles festivo en mi localidad. Me desperté sobre las nueve, desayuné y, como no tenía nada mejor que hacer, me puse a declamar un rato, sentado en la cama y con la espalda apoyada en la cabecera.

A eso de las once, debí quedarme dormido. Me despertaron unas manipulaciones en mi cabeza y dolor en la parte posterior de la misma. Cuando abrí los ojos, me encontré con una mujer de unos 40 años que me quitaba una venda de la cabeza con manchas de sangre en algunos puntos, pero lo más extraño era que llevaba ropas normales, con varios remiendos. Es decir, no era ni mi madre ni una enfermera.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué me ha pasado? –Pregunté, al tiempo que desistía de levantarme al sentir un fuerte mareo y tener que contener una náusea que se acercaba a mi garganta.

-Shhhhsssss. No hables ni te muevas. Recibiste un fuerte golpe en la cabeza que te podía haber matado. ¿Te acuerdas?

-No, no recuerdo nada de eso. ¿Cómo sucedió? ¿Y quién eres tú? ¿Dónde está mi madre? …

-Shhhhhsss. Espera. Vamos poco a poco. Yo te contaré. El doctor dijo que por el lugar del golpe, podrías perder la memoria cercana, pero que será algo pasajero. ¿Qué es lo último que recuerdas?

-Que es el 23 de marzo de 2016 y que me he quedado dormido sobre las 11 de la mañana para despertarme así… Pero … ¿Qué día es hoy? Y ¿Quién es usted?.

-Dios mío, debe ser peor que de lo que pensaba el doctor. Hoy es 23 de marzo, pero de 2036. ¿No recuerdas nada de los últimos días, meses o años?

-No. No recuerdo nada posterior a esa fecha. Puedo contar mi vida con todo detalle hasta ese momento.

-Pffffff. –Soltó aire y continuó.- Te haré un poco de historia hasta que recuperes tu memoria:

“Estamos en un pueblo oculto entre montañas. Vivimos en cuevas o casas de madera ocultas entre los árboles. Desde hace diez años estamos en guerra contra los árabes, que invadieron y ocuparon nuestro país. Hace dos días salisteis a una incursión contra uno de los poblados enemigos que nos rodean y, al parecer, recibiste un golpe de maza, que por suerte no te alcanzó de lleno, pero que te hizo una buena herida en la cabeza y te dejó sin sentido.

Estuvieron a punto de dejarte por muerto, pero por suerte se dieron cuenta y te trajeron. Llevo estos dos días cuidándote. Yo soy Eva, una de las pocas mujeres que van quedando y que al ser viuda y en edad no fértil, como algunas otras, nos dedicamos a atender las necesidades de los hombres sin pareja.”

La miré detenidamente, aunque en algunos momentos no podía fijar la vista. Vi a una mujer que mostraba las huellas de haber pasado por un gran sufrimiento, que todavía no lo había superado del todo. Resignada a su suerte, pero con ganas de vivir y de compartirlas con los demás era lo que me transmitía. Llevaba el pelo rapado por los lados y detrás, con la parte superior más larga, tipo cepillo.

No se apreciaba una gran figura, ni era una belleza. De haberla cruzado por la calle no la hubiese mirado ni por guapa ni por fea. Su cara era muy corriente, con algunas arrugas en sus ojos y labios, su culo era grande y tenía algo de tripa. Las tetas no se apreciaban altas, sino más bien grandes y caídas. Aparentaba unos 45 ó 48 años, luego me enteré de que tenía 51.

-¿Por qué no hay más mujeres? ¿Y qué pasó con mi madre y mi hermana?

“A veces, cuando los hombres está fuera, peleando, las patrullas enemigas encuentran algún poblado, compuesto en su mayoría de mujeres, niños y ancianos. A los ancianos los matan y a las mujeres y niños los llevan prisioneros. Nos han dicho que, a las mujeres que son jóvenes y bonitas, las destinan a los harenes o a los prostíbulos de los soldados, las que no lo son pero pueden procrear, las destinan a tener hijos y las que no valen para una cosa ni otra, las destinan a trabajos junto con los hombres prisioneros.

Yo me uní a este campamento hace seis años, cuando atacaron nuestro pueblo y conseguimos escapar mi marido, mi hijo y yo. Hace dos años y medio me quedé viuda y ahora atiendo a cinco hombres, uno de ellos tú. Mi hijo Ramón, que vive con una muchacha, cumplirá 20 años el día 30 y es uno de tus soldados. Vive al otro lado del pueblo. No nos hablamos porque piensa que estoy mancillando la memoria de su padre con lo que hago.

Tu madre y hermana fueron capturadas al poco de llegar yo, y no sabemos nada de ellas hasta el día de hoy”.

Permanecí… o permaneceré… No se cómo decirlo. Lo pondré en pasado. Permanecí una semana en descanso y recuperación, enterándome de cómo había sucedido todo.

Los problemas económicos y sociales fomentaron la conversión al islamismo radical de muchos jóvenes, unido a la expansión por las guerras entre los extremistas radicales y el resto de los creyentes, que crearon una trama de terroristas suicidas en la sombra, esperando órdenes

En un momento dado, no se sabe quién la dio, surgió la orden de ataque. Primero fueron misiles contra Estados Unidos, Rusia, Inglaterra y Francia. Lo tenían organizado para hacer coincidir que, en todos los puestos de control de ataques en estos países, hubiese mayoría de terroristas que se encargaron de eliminar a los que podían dar el aviso. Luego, durante el ataque, se inmolaron en una serie de explosiones atómicas de las bombas que habían sabido ocultar a las inspecciones de la ONU. También arrasaron las zonas de producción de China, Japón, Taiwan, etc. Así como las fábricas de armas.

Fue una operación perfectamente planeada y ejecutada. Desaparecidas las principales potencias y sin posibilidad aumentar su armamento las demás, atacaron los países en una expansión sin parangón, nutriéndose de los simpatizantes y terroristas durmientes para ir colonizando el mundo.

Sólo tuvo un fallo. Destruyeron las fábricas de armas para dejar al enemigo sin ellas, pero no contaron que ellos mismos carecían de esas mismas fábricas y que las que tenían procedían del contrabando de esos mismos países que estaban destruyendo, por lo que, conforme aumentaban las batallas y escaramuzas, disminuían las municiones y conforme aumentaban los soldados, faltaban las armas, hasta el punto de tener que volver a utilizar espadas y lanzas, como antaño, ante la imposibilidad de destinar recursos para montar nuevas fábricas. Había petróleo, pero no vehículos en condiciones de funcionar, y si alguno lo hacía, dejaba de hacerlo en medio de una lucha entre ellos. Nosotros no teníamos ninguno, por supuesto.

Como consecuencia de su rápida expansión y las constantes batallas, su número de soldados no crecía lo suficiente, por eso las guarniciones de los poblados eran pequeñas, de todas formas, nosotros pocas veces atacábamos y casi siempre eran grupos desordenados en busca de comida, y ese detalle me había sugerido días atrás, la idea de atacarlas de forma bien planificada y liberar a los prisioneros ya que eso, además de poder contar con más gente, nos permitiría saber el por qué no se rebelaban contra ellos cuando eran muchos más.

Descubrimos que tenían una técnica quirúrgica mediante la cual, actuaban en partes del cerebro, anulando la capacidad de decisión, volviéndolos a educar para que realizasen las tareas que les encomendaban.

Así, los destinados al campo, eran entrenados para sembrar, regar, limpiar malas hierbas y recolectar, los destinados al ganado, a sus funciones propias, y todos lo hacían como autómatas, bajo la dirección de un jefe que se encargaba de decirles la tarea a realizar.

De ése primer ataque, rescatamos a 40 hombres y 15 mujeres, todos ellos idiotizados además de animales, semillas y alimentos, a los que reubicamos en las mismas tareas que tenían: el campo, los animales y la cocina, eso nos permitió recuperar para la lucha a los hombres que lo hacían hasta entonces, al no tener que dedicarlos a estas tareas.

Mi convalecencia terminó cuando nuestros puestos de vigilancia nos informaron de que había salido una patrulla con bastantes hombres, lo que dejaba bastante indefenso al pueblo del que partían. Partimos a caballo en su busca. Me extrañó lo bien que manejaba mi montura y lo seguro que me sentía con la espada en mi cintura. Luego me enteré de que era uno de los mejores espadachines del grupo, si no el mejor. Además de ser uno de los principales jefes del grupo. Descubrí también que mis recuerdos volvían conforme los iba necesitando.

Acostumbrados a la falta de resistencia marchaban confiados realizando su ronda, hasta que llegaron al lugar que consideré que podíamos establecer una trampa. Tras comentarlo con los compañeros, decidimos el cómo hacerlo y nos distribuimos en las laderas de un estrecho paso. Estábamos todos decididos a luchar, a pesar de que eran más que nosotros. La trampa era simple. Ningún militar, por muy tonto que fuese, hubiese caído en ella, pero nos enfrentábamos a fanáticos sin otro pensamiento que matar a los no creyentes o morir en nombre de su Dios y casi ninguna formación militar.

Cinco hombres aparecieron ante ellos, a prudente distancia, como sorprendiéndose de un inesperado encuentro, volviendo grupas y escapando a toda velocidad hacia la cañada, siendo seguidos por la patrulla hasta que penetraron en la trampa y una lluvia de flechas, lanzas, piedras y troncos los fueron eliminando en cuestión de segundos.

Envalentonados por la hazaña, segunda de nuestra época, decidimos atacar el poblado también. Éste era bastante importante, así que decidimos montar otra trampa. Una parte de los hombres se vistió con las ropas de los enemigos muertos para actuar como escolta, los demás actuaron como prisioneros y todos partieron hacia la población. Los que hacían de prisioneros iban andando, los soldados a caballo y el resto de las monturas en reata tras nosotros.

Hicimos coincidir nuestra aparición en el horizonte del poblado con los últimos rayos del sol frente a nosotros, que nos hacía destacar con nuestras cotas de malla brillantes como soldados amigos ante los guardias del poblado. Así conseguimos llegar y cruzar la empalizada de madera que la rodeaba cuando ya había oscurecido, lo que facilitó la eliminación de la vigilancia y todos los que formaban el cuerpo de guardia.

Desde allí, guiados por uno de los soldados que dejamos vivo y que no era de los que querían morir por su dios, aprovechando que no había luz por falta de electricidad; que la gente los mandaban a sus barracones y no se movían y que los propios soldados no salían del acuartelamiento si no era necesario, nos repartimos peinando el pueblo y degollando a cuantos encontrábamos, para confluir todos en el cuartel principal, un barracón donde dormían la mayoría y donde entraron los disfrazados de soldados primero, llegando al fondo y empezando a matar a todo el que se ponía delante mientras los empujaban a la salida. Al mismo tiempo entraron los demás, pillándolos en una pinza y eliminándolos a todos.

No podíamos llevarnos a los hombres y mujeres esclavizados, así que los reunimos a todos y me presenté como nuevo jefe, dando instrucciones de que debían obedecer a dos de los nuestros que se quedarían allí y al retén de 10 hombres de vigilancia.

Aquel poblado era muy grande, había unos mil hombres y seiscientas mujeres, doscientas de ellas destinadas al placer de la tropa. También recuperamos a 150 hombres y 80 mujeres, prisioneros capturados no hacía mucho, pendientes de enviar al lugar donde los reeducarían.

Nuestra vuelta al campamento, casi amaneciendo, fue muy celebrada por todos. Querían organizar una fiesta, pero aconsejé dejarlo para el día siguiente, para estar descansados y no dejar abandonada la guardia.

Yo fui a la que era mi casa, donde me encontré a Eva, a la que pedí que me preparase un baño. Cuando quedó listo, me desnudé y me metí en la bañera. Me quedé atónito al ver que ella se desnudaba también y se metía tras de mí, haciéndome encoger para permitir que se metiese y poniendo una pierna a cada lado mío. Seguidamente, tomó un paño, lo mojó y enjabonó para frotar mi cuerpo dejarme completamente limpio.

Mientras lo hacía, sentía sus tetas frotándose por mi espalda al tiempo que sus manos lo hacían por mi pecho. Los pelos de su coño me hacían cosquillas en mi culo y cuando sus manos bajaron a limpiar mi polla, que ya se encontraba a media asta, saltó como un muelle y se puso como el tronco de un árbol.

Me pajeó un momento, antes de seguir con su limpieza, al tiempo que empecé a sentir cómo frotaba su coño contra mi culo y se incrementaba el roce de sus tetas. Excitado por la situación, di por terminada la limpieza poniéndome de pie, seguido por ella, que tomó una gran toalla que previamente había dejado al lado, procediendo a secar mi cuerpo empezando por la espalda. Cuando terminó, me rodeó para seguir por delante, pero no le di tiempo, aparté la toalla dejándola caer y abracé su cuerpo, con una mano en la espalda y otra en su culo, presionándolo contra mí, y sobre todo contra mi enhiesta polla.

A mi memoria vinieron recuerdos, como destellos, de otras veces que habíamos hecho lo mismo, como si fuese una liturgia a realizar siempre que volvía a casa, antes de fundirnos en un morreo lujurioso acompañado de manoseos mutuos por todo el cuerpo mientras nos empujábamos hacia la cama.

En ese momento no me di cuenta, pero luego pensé que jamás me había acostado con una chica o mujer, mi experiencia sexual era tan dilatada que no pasaba de unos besos, mejor dicho, piquitos con una ex novia y alguna frotación bailando con amigas o conocidas. Sin embargo, parecía que había nacido besando, sabía lo que tenía que hacer para excitarla, cuando estaba preparada para penetrarla… Era algo extraño que me producía excitación y miedo a la vez. Conforme iba actuando sabía qué era lo siguiente que tenía que hacer.

Sabía lo excitada que estaba y la obligué a detenernos cuando nuestras piernas rozaron la cama. Me moví para retirar sus manos y que abrazase mi cuello. Hice que mi polla se metiese entre sus piernas y me puse a magrear su culo. Tenía un culo grande, aunque no tanto como me había parecido al principio. Su coño sin depilar dejaba resbalar mi polla por su centro, empapándola hasta hacerme sentir cómo goteaba por la punta su flujo, casi convertido en rio, y que yo recogía con la punta de mi dedo para humedecer su ano, acariciándolo con la yema y presionando ligeramente.

Emitía gemidos de placer, mientras nuestras lenguas estaban enzarzadas en una lucha sin cuartel. Por fin, se separó lo suficiente para decir:

-Métemela ya! No aguanto más.

Entonces la ayudé a recostarse en la cama, pero no le hice caso. Me extendí a mamar sus pezones, cortos y gordos, que estaban duros ya. Sus pechos estaban algo caídos y aplanados pero el conjunto resultaba muy excitante a mis ojos.

Saltaba de sus pechos a su boca y cuello, haciendo que mi polla puntease la entrada de su coño, resbalando hacia arriba, sin dejar que la penetrase, a pesar de los movimientos que ella hacía para que le entrase.

A los pocos minutos de estar en esa situación, empezó a darme puñetazos en la espalda mientras decía:

-¡Cabrón! ¡Fóllame de una puta vez, que hace rato que estoy apunto y siempre me cortas en el último momento!

Entonces si. En el siguiente punteo, no la dejé subir y se la clavé hasta el fondo, deteniéndome cuando nuestros pubis chocaron. Ella emitió un grito de placer y deseo, al tiempo que ponía sus talones en mi culo y forzaba su cuerpo para intentar meterla más, cosa ya imposible.

-Siiiiiiiiiiiiiiiiii. Aaaaaaaahhhh.

Ella misma, forzando la presión entre nuestros cuerpos, empezó a mover el suyo frotándose contra mí, no tardando ni medio minuto en alcanzar su placer, en un intenso y largo orgasmo. Curiosamente no gritó. Solamente resopló con fuerza aspirando y soltando aire.

– Ufffff Psssss Ufffff Psssss Ufffff Psssss Ufffff Psssss.

Nada más recuperarse, volvió a mover su cuerpo muy despacio, como aprovechando unos últimos coletazos de su orgasmo, pero poco a poco fue acelerando de nuevo, lo mismo que su respiración, yo me salí de ella y volví a chupar y lamer sus pezones. Ella seguía moviendo su cuerpo buscando mi contacto.

-Quieres más?

-Siiiiii. Necesito máaaassss. Mucho máaaassss.

Bajé hasta su coño y me dediqué a pasar la lengua recorriendo los bordes en un círculo infinito ella seguía moviendo su pelvis buscando colocar su clítoris ante ella, cosa que evitaba constantemente.

-Ohhhhh. No me hagas esooo. –Me decía.

Tenía el coño empapado, a pesar de la cantidad de flujo que se llevaba mi lengua, y empezó a soltar más cuando hice un recorrido desde abajo hacia arriba, por el centro, entrando ligeramente en ella y dando rápidos lengüetazos entre su vagina y la base del clítoris.

Los movimientos de su pelvis se hicieron más rápidos a la vez que gemía y pedía más.

-Aaaaaaaaaaahhhhhhhh Maaaasssss. Por favoooorrr.

Dejé mi tarea y la hice ponerse a cuatro patas, me coloqué tras ella y le hice bajar la cabeza hasta que chocó con la cama. Entonces mojé la punta de mi polla en su coño, al tiempo que me pajeaba para que recuperase la poca dureza que había perdido. Eso la puso frenética y volvió a insultarme pidiendo que la penetrase.

-Métemela de una vez, cabrón. No aguanto más.

Y se la metí…

-Waaaauuuuuu. Siiiiii.

Primero empecé despacio. La metía hasta que chocaban nuestros cuerpos, para volverla a sacar hasta que la punta quedaba en la entrada. La volvía a meter y de nuevo la sacaba. Cuando la tenía dentro, ella apretaba y aflojaba los músculos de la pelvis, lo que aumentaba mi placer y me estaba acercando a mi orgasmo.

Antes de que no pudiese seguir, aceleré mis movimientos, a la vez que me inclinaba sobre ella y llevaba mi mano para acariciar su clítoris. Sus gemidos eran cada vez más fuertes. Se acercaban más al grito que al gemido en si.

-AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH.

Pronto anunció:

-No pares ahora. Estoy apuntoooo. Me voy a correr otra veeeez.

Esas palabras fueron mi detonante. Se la clavé hasta el fondo, moví mis dedos con rapidez sobre su clítoris mientras soltaba mi leche en su interior. No se la cantidad que solté, pero debió de ser mucha por lo largo que fue. Ella también alcanzó su orgasmo, y esta vez lo anunciamos ambos.

-Aaaaaaaaaaa. Toma lecheeeeee. Me vas a dejar secooooo.

-Oooooohhhh. Siiii AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH.

Caímos rendidos uno a cada lado, recuperándonos de la corrida. Me dijo:

-No se qué te pasa últimamente, pero te noto distinto. Hasta la forma de follar es distinta.

No pensé en ello, solo dije: “Creo que igual que siempre”. No había follado nunca, pero al fin y al cabo hasta hacía un par de semanas estaba harto de ver películas porno y leer historias y relatos sobre sexo mientras me pajeaba. Teoría mucha, práctica ninguna.

Poco después se levantó.

-¿Dónde vas? –Le pregunté.

-Te recuerdo que tengo otros cuatro hombres que atender.

-¿Por qué no me la chupas un poco para ponérmela dura otra vez y te hago ese culo que tienes y que está pidiendo polla?

-Ya te dije la primera vez que ni la chupaba ni me la dejaba meter por el culo, y menos una polla tan grande y gorda como la tuya. Pero si quieres, dentro de una media hora habré acabado con ellos y podemos continuar.

-¿Con los cuatro en media hora?

-Si. Bueno, solamente son dos, los otros dos los he atendido antes. ¿No lo recuerdas tampoco? Viven juntos en la misma casa pero no duran casi nada a la hora de follar. Solo sirven para calentarme. Seguramente podré venir incluso antes.

-Es igual, déjalo para mañana. También estoy cansado y me vendrá bien un sueño reparador.

-Cabrón. –Me dijo

Fue a la bañera, se lavó allí mismo, se vistió y marchó. Yo también fui para lavarme la polla y luego en el aguamanil, la cara y las manos. Después me acosté y me quedé dormido.

Desperté a media tarde. Se oía a Eva limpiar y trastear por la casa y la cocina. Mis ojos se posaron en un viejo libro, muy manoseado, que reconocí como el de las profecías. Eso me creó la necesidad imperiosa de reflexionar. Me quedé un rato en la cama pensando en lo que me había sucedido e intentando aclarar ideas.

En una escaramuza había resultado herido en la cabeza y como consecuencia de ello había perdido la memoria de los últimos veinte años. En mi cabeza creía que tenía la edad de 18 años y que acababa de leer el libro que descansaba junto a mi cama. Era un gran guerrero, muy hábil con la espada y con muy buenas ideas para la batalla, por lo que me habían nombrado presidente del consejo y jefe de las escasas tropas del poblado. Mi madre y hermana habían sido hechas prisioneras más de un año atrás. Estaba atendido por una mujer que a su vez atendía a otros cuatro hombres a la que me follaba desde no se cuando ni con qué frecuencia, pero que creía que era desde hacía tiempo y muchas veces. Y además, ¿cómo tendrían las pollas los otros, para decir que la mía era grande y gorda, cuando en las duchas después de los partidos y en el gimnasio era de los más normalitos… Y tenía 38 años… 38 años…

Salí desnudo y corriendo a la habitación que hacía de baño, donde había un espejo grande y algo roto. Cuando me puse ante él, me devolvió un imagen de un hombre mayor (de 38 años, como debía ser) con una poblada barba de la que no me había dado cuenta que llevaba porque debía ser habitual. Una cicatriz pequeña en el nacimiento del pelo y tres más en el torso. Al no tener agua corriente y lavándome en el aguamanil de la habitación, no había pensado en afeitarme, pues a los 18 años no tenía prácticamente barba y lo hacía muy de tarde en tarde. Eso propició que no hubiese visto mi imagen actual.

-Ah, ya estás levantado? Venía despertarte yo. Han venido dos miembros del consejo en tu busca para que vayas cuanto antes, pues hay noticias importantes.

Eva había entrado sin que me diese cuenta, ensimismado en mis pensamientos.

-Si, me visto y voy inmediatamente.

-No. Te vistes, comes algo y te vas después.

Cuando llegué, ya estaban todos los miembros del consejo, además de los oficiales y los hombres importantes del pueblo.

Fuimos informados de que una columna de soldados se dirigía al asentamiento más grande y cercano a nosotros. Esperaban su llegada en unos diez días. Era el relevo de la guarnición de la ciudad.

Los hombres y mujeres rescatados eran prácticamente gente con estudios o buenos profesionales. Al parecer intentaban recuperar algo de la cultura anterior para disponer de armas y máquinas con las que derrotar a los grupos que, desperdigados por las montañas, les hacíamos frente y robábamos sus alimentos en las incursiones, causando últimamente bastantes bajas entre sus filas.

Una vez escuchada esta información, pregunté qué podían hacer por nosotros. Uno dijo que podría fabricar bombas, que lo llevaba pensado desde tiempo atrás, pero no le habían dado oportunidad. En las proximidades había material suficiente para preparar pólvora, aunque no de buena calidad, pero que resultaría suficiente para causar grandes daños si sabíamos usarla.

-Pero para hacer bombas necesitamos recipientes que se rompan en mil pedazos cuando estallen. ¿Qué vamos a usar?

-Yo he trabajado en una cerámica. Puedo hacer recipientes que se rompan en pequeños trozos. –Dijo otro.

-También podemos meter clavos y tuercas. Vi muchos en viejas tiendas en el pueblo conquistado.-Dijo un tercero.

-A mí me llamó la atención unas alas delta en una tienda de deportes que podríamos usar para lanzarles las bombas. ¿Alguien sabe utilizarlas? –Dijo un soldado

Nadie dijo nada.

-Necesito voluntarios para aprender. –dije yo- e id ahora mismo a buscarlas. Buscad y traed también los libros y manuales que encontréis sobre su uso. Tenéis diez días para dominarlas.

El oficial y un soldado, que resultó ser Ramón, el hijo de Eva, fueron a buscarlas trayendo cinco de ellas y gran cantidad de manuales. De los voluntarios que se presentaron, elegimos a veinticinco de los cuales, a los tres días quedaban diez sanos, los demás estaban llenos de roturas y descalabros. Al quinto día hubo uno más espabilado que consiguió acertar con el ángulo de ataque y supo controlar las corrientes, manteniéndose mucho tiempo en el aire.

Pronto los demás asimilaron las enseñanzas del nuevo maestro se incorporaron otras diez personas más con lo que conseguimos veinte pilotos capaces de recorrer largas distancias volando, sobre todo de noche.

Por su parte, los alfareros hicieron unas ollas de cerámica con muchos cuadrados en su superficie, para crear unas zonas fuertes y otras débiles, así, al explotar, romperían por la parte débil y saldrían despedidas las fuertes.

Los químicos elaboraron pólvora, mejorando incluso la primera fórmula. Los resultados de las pruebas de las ollas con pólvora fueron espectaculares, tanto en efectos como en heridos entre los manipuladores. No eran las clásicas granadas de mano que estaba acostumbrado a ver en las películas, sino más bien algo más grande que balones de fútbol, pero cumplían los requerimientos que necesitábamos.

Se planteó un problema. Cada piloto solamente podría llevar dos bombas, tanto por manejo y encendido de la mecha como por seguridad, por lo que se organizaron los pilotos para que saliese un grupo, arrojase sus bombas y volviese. Un segundo grupo ya preparado, tomaría el ala y volvería al ataque. Así los cuatro grupos.

Con algunos oficiales estuvimos observando al ejército que se acercaba. Era una gran columna central, con patrullas en cabecera, flancos y retaguardia, lo bastante separadas para no poder resultar sorprendidos.

Hicimos algo parecido a la última vez. Algunos hombres vestidos de soldados se acercaron a la vista de las patrullas laterales cuando no podían verlos desde la columna, distrayendo su atención y permitiendo que ellos y otros hombres escondidos los sorprendieran y mataran. Después hicieron lo mismo con la retaguardia. Así, con ese sistema, nos hicimos con los flancos, retaguardia y avanzada. Todas patrullas fueron sustituidas por mis hombres en el último tramo de la marcha, antes de la llegada a la ciudad.

Cuando la columna principal ya tenía a la vista la ciudad, fueron atacados y bombardeados por las alas delta, pillándolos desprevenidos y muriendo o resultando heridos en su mayoría, pues cuando divisaron las delta que volaban una tras otra, no pensaron en un ataque ni consideraron el peligro que podían suponer cinco hombres volando contra una columna de varios cientos. Incluso les pareció curioso y se pararon a mirarlas.

Las bombas cayeron, unas explotaron en el suelo, otras cerca de él, pero todas mataron hombres y reventaron caballos. Los que consiguieron escapar se dirigieron hacia sus compañeros en las patrullas laterales, resultando muertos por mis hombres.

Las delta volvieron a recargar, mientras mis hombres reagrupados y ya sin enemigos, cabalgaban despavoridos hacia la ciudad, desde donde habían visto el ataque en la lejanía. Todavía espolearon más los caballos cuando aparecieron las delta y empezaron a soltar algunas bombas más tras ellos, simulando que seguía el ataque.

La guardia de la ciudad abrió las puertas y entramos en desbandada. Inmediatamente subimos a la empalizada para controlar un posible ataque enemigo, y nos distribuimos lo más posible, a la espera de que llegase pronto la noche, con ello intentábamos hacer algo de tiempo y evitar preguntas incómodas.

Solamente cuatro hombres que escaparon y se juntaron a nuestro grupo no subieron a la empalizada, y cuando fueron preguntados por sus oficiales, tuvieron que responder que debían de haber muerto, porque no se encontraban entre nosotros. Fue una suerte, porque aunque los entendíamos se hubiese notado nuestro acento al hablar.

Entre preguntas y búsquedas inútiles se hizo de noche, permitiendo que eliminásemos a los guardias “oficiales”, al cuerpo de guardia y dejásemos abiertas las puertas. También íbamos eliminando a los soldados que se acercaban a la empalizada.

Esa noche, multiplicaron la vigilancia en muchos puntos del poblado y tuvimos que organizar patrullas que con la excusa de control, se acercaban a los puestos y eliminaban y sustituían a los vigilantes.

Gran parte de esos puestos de vigilancia se encontraban en los acuartelamientos donde dormían las tropas, con el fin de alertarlas rápidamente en caso de ataque. Los sustitutos, una actuación perfectamente sincronizada, colocaron antorchas en los edificios que albergaban tropas o que era necesario eliminar.

Las deltas iniciaron un ir y venir destructivo que mató a muchos de los soldados. Los barracones de madera se incendiaron y también más soldados perecieron en el incendio, unos por el fuego y otros en las luchas entre ellos para escapar de él. Los que consiguieron escapar, pelearon y fueron abatidos por mis hombres camuflados, y los pocos que escaparon a ellos, cayeron a manos de los demás que entraban en la ciudad.

Diez horas después, la ciudad era un lago de sangre de los enemigos. Habían muerto también algunos esclavos, pocos, y resultado heridas tres mujeres de la cocina de los soldados. Los cadáveres de los soldados fueron sacados fuera por los esclavos, que en cantidad de varias decenas de miles estaban en la ciudad, lo que aceleró el proceso.

Era una de las ciudades grandes de la zona y gran productora agrícola, sobre todo de cereal, por eso y por su docilidad, había esclavos en gran cantidad. Unos los amontonaron y otros trajeron mucha madera. Cuando terminaron, prendimos fuego a la pira, mezcla de cadáveres y madera, liberamos a los prisioneros no esclavizados y partimos hacia el campamento, dejado unos cuantos al cargo de los esclavos, un retén de guardia y llevándonos a las esclavas heridas.

Al llegar, me fui directamente a casa. Pasé del jolgorio que se montó en el campamento. Por suerte, nuestro campamento había sido antiguamente una población importante, por lo que había cientos de casas vacías que pudieron ser ocupadas por los nuevos liberados.

En mi casa estaba Eva. Se repitió la situación anterior. Mientras ella llenaba la bañera con varios cubos yo me metí en el dormitorio y me masturbé hasta correrme. Cuando la bañera estuvo preparada, Eva, se desnudó y esperó a que me metiese yo.

Se colocó detrás de mí nuevamente y empezó a frotar mi cuerpo. Esta vez mi polla no reaccionó como esperaba, pero ella sí. Se fue calentando a base de frotamientos conmigo, pero yo pude aguantar estoico, con gran dolor de corazón. Cuando ya me consideré limpio, salí de la bañera y ella se puso a secarme, solo que esta vez no le hice nada. Me secó por detrás, luego por delante, insistió en mi polla sin conseguir nada.

-¿Qué te pasa hoy que no se te pone? ¿Has estado con otra?

-No, pero estoy cansado, ha sido un día muy duro. Debo necesitar mucho más estímulo.

-Déjame hacer y verás cómo te pongo en forma.

Me hizo recostar en la cama y ella se subió a caballo sobre mí. Su coño sobre mi polla acariciaba con sus pelos mi glande. Se inclinó para darnos un beso salvaje que anuló parte de mi concentración e hizo que, ayudado por la presión de su coño sobre ella, mi polla creciese ligeramente.

-Mmmmm. Esto promete. –Dijo al notarlo.

Seguimos besándonos, mientras ella continuaba frotándose conmigo. Yo intentaba recrear en mi mente las escenas más truculentas e impactantes de la batalla para hacer que mi polla bajase, sin conseguirlo, aunque tampoco aumentaba.

Bajó a lamer mis pezones al tiempo que acariciaba mi pecho y vientre. Poco a poco fue bajando hasta llegar a mi pubis, donde descansaba mi polla, que mantenía floja a consta de un gran esfuerzo y a cuyo alrededor repartió besos, además de frotarla con su mano.

Tras varios recorridos por el cuerpo, me dio un beso en el glande, cosa que agradecí con un pequeño gemido de placer, que no me costó soltar, para animarla a seguir por ese camino. No se dio cuenta o no quiso hacerlo. Siguió por mi cuerpo, sin obtener nada de mí, hasta que volvió a darme otro y yo también le correspondí con un nuevo gemido. Esta vez si se dio por enterada, por lo que empezó a repartirme besos por toda la polla.

El aumento de mis gemidos le dio nuevos ánimos y se metió el glande en la boca. Mi polla se descontroló y quedó a media asta, mientras un largo suspiro escapaba de mi boca.

-Aaaaaaaaaaaaaahhhhhhhh.

Empezó metiendo y sacando solamente el glande, mientras mantenía los labios presionando alrededor. Poco a poco fue metiendo más trozo, hasta que llegó a la mitad. Entonces la hice colocarse sobre mí para hacer un 69.

Volví a recorrer los bordes con mi lengua, metí la punta en su vagina y azoté con ella moviéndola a gran velocidad desde la base del clítoris hasta el perineo. Solo se oía el chapoteo de mi lengua en su coño y sus bufidos y sonidos casi ininteligibles.

– Pffff. Pffff. Pffff. Pffff. Pffff. Mmziiiimmmmm.

Yo mojaba el dedo pulgar en su coño y con él acariciaba su ano. Daba vueltas alrededor de su apretado agujero, consiguiendo que fuese cediendo poco a poco.

Cuando mi dedo entró en su culo puse mis labios alrededor de su alargado e hinchado clítoris y moviendo mi cabeza arriba y abajo para hacerle una mamada en su botoncito. Eso la descontroló y le hizo presionar su coño sobre mi cara, con mi boca apresando su clítoris y mi nariz incrustada en su agujero. Se empezó a mover frotándose contra mí, mientras yo atacaba su clítoris con la lengua.

Aguanté la respiración hasta casi la asfixia, mientras ella se corría, derramando líquidos que mojaban mi cara y escurrían por los lados. Por fin disminuyó su presión y siguió con la mamada, incorporando su mano para pajearme cuando se la sacaba y retirarla cuando se la metía.

Cuando sentí que mi orgasmo llegaba, subí las piernas sobre su cabeza para hacerle presión e incrustársela hasta la garganta, donde solté toda mi carga. Cuando terminé y la solté, se separó tosiendo y con arcadas, poniéndose en pie inmediatamente. Gruesos hilos de babas y semen caían desde sus labios y mojaban sus pechos mientras yo trataba de extraer cualquier residuo que hubiese quedado en mi polla.

Cuando pudo hablar, empezó a insultarme y a vestirse.

-¡Cerdo! ¡Cabrón! ¡Eres un maldito hijo de puta! Te has corrido en mi boca y me lo has hecho tragar. Eres un asqueroso… -Y un montón de improperios más.

Cuando me dejó hueco, le dije:

-Pero ¿has disfrutado?…

Y ella se calló un momento y dijo:

-No volveré más por aquí. ¡Cerdo! Mejor dicho, como tengo que seguir atendiendo tu casa, lo haré mientras no consiga liberarme, pero no volverás a tocarme nunca más. –Y se marchó.

Yo me recosté bien en la cama con la satisfacción de haber conseguido una parte de lo que deseaba y que había sido inspiración en mis masturbaciones cuando lo leía en los relatos o veía en los vídeos porno. Y pensando que, a partir de ese momento, debería ir buscando la forma de hacerme con su culo, me quedé dormido.