Silvia estaba confusa. Había tenido un sueño extraño…
Estaba sola en una habitación oscura, desnuda, no veía nada. Entonces, varias voces de hombres empezaron a increparla, la decían de todo. La llamaban puta, guarra, zorra… Le decían que les chupase las pollas, que era para lo único que servía. Intentaba huir de allí, corríaen todas direcciones y la habitación no se acababa, no tenía fin. Entonces vió a Peter, estaba hablando con Ian. Intentaba acercarse a ellos pero no podía, les gritaba, les llamaba, pero ellos sólo la miraban y se reían. Se dejó caer al suelo. Y no pudo volver a levantarse. Tenía algo al cuello, era una correa de perro. De ella salía una cadena que estaba enganchada a un gancho del suelo. Los hombres seguían gritándola, le decían todas las formas en las que se la follarían. Entonces, de la nada, surgió una voz de mujer:
– Serás mi esclava, perra
Y entonces fué cuando despertó. Se encontró desnuda en la cama y entonces lo recordó todo. Un desasosiego recorrió su mente. ¿Qué había hecho? Se había dejado chantajear por esa joven, ¡Y le había permitido grabarlo en video! Seguro que había una salida de esa situación, sólo tenía que buscar la manera de encontrarla…
Se levantó de la cama y entonces vió en el suelo el vestido de asistenta. Un escalofrío recorrió sus partes intimas, ¿Por qué le pasaba esto? Sólo recordar las sensaciones de ayer le infundía unas ganas enormes de masturbarse otra vez. Se resistió con todas sus fuerzas y, guardó el vestido en un armario y se puso un batín. Bajó a desayunar y allí intentó pensar en sus opciones. No veía mucha salida… Lo único que sacó en claro es que de momento no podía contrariar a mistr… Ivette, no podía contrariar a Ivette. Así que esa mañana iría a una clínica depilatoria a que le afeitasen las partes.
Subió a darse una ducha y se dió cuenta de que había vuelto a dejar la puerta abierta, ¡Ese había sido el comienzo de todo! Se maldijo a si misma mientras se duchaba, pero no pudo evitar notar la humedad de su entrepierna…
Cuando llegó a la clínica y comenzaron con el proceso, Silvia estaba aterrada. Llevaba toda la mañana cachonda… ¡Seguro que la esteticien se daba cuenta! ¡Era inevitable! Así que pasó la sesión entera cerrando los ojos con fuerza y tratando de pensar en otra cosa.
Si la Chica se dió cuenta o no, no lo supo, pues no hizo ningún comentario ni reacción que lo demostrase. Salió aliviada de la clínica en dirección a su casa, hoy no iría al gimnasio, no tenía demasiadas ganas.
Pasó el resto del día recogiendo la casa; no tenía mucha idea de hacerlo, pero lo dejó lo mejor que pudo. Después de comer, llegó un mensajero a entregar un paquete, lo recogió extrañada, pues no esperaba nada. No tenía remitente, ni daba ninguna pista de qué podía ser, así que se dirigió al salón para abrirlo. Cuando lo hizo, se asustó tanto que lanzó el paquete sobre la mesa. Todo el contenido se desparramó por encima, un montón de fotos en las que se la veía claramente mostrándose y exibiendose, otras follando con Ian, otras comiendole el coño a Ivette y dos cd’s con una inscripción que rezaba “Video 1” y “Video 2”. No le hacía falta verlos para saber lo que eran…
Estaba asustada, ahora que tenía las pruebas delante se dió cuenta de que la situación era más grave de lo que pensaba…
En ese momento, la puerta de la calle se abrió e Ivette entró en la casa. Iba con una bolsa grande de deporte. Entró en el salón y al ver a Silvia con las fotos, dejó la bolsa y exclamó:
– Bien, veo que el paquete ha llegado a tiempo. Espero que ahora te des cuenta de que no tienes escapatoria. Si no me tienes contenta, todos tus conocidos tendrán acceso libre a ese material.
Silvia miró a Ivette con cara de desolación.
– ¿Que miras con esa cara de estúpida? Ven aquí a presentar tus respetos a tu ama.
Silvia se levantó y avanzó rapidamente hacia Ivette, cuando estuvo frente a ella no supo como reaccionar.
– ¿No sabes que hacer? ¡Lame mis botas! – Silvia se arrodilló y, con algo de apreensión empezó a lamer.
Ivette se estaba divirtiendo muchisimo. Había pasado la mañana buscando juguetitos y planeando que hacer con su apetitosa esclava. Cuando pensó que la había humillado lo suficiente, le ordenó que parara.
– Desnudate. De ahora en adelante, cuando estés en mi presencia estarás desnuda. Sólo deberás llevar liguero, unas medias y zapatos de tacón. A parte de ésto.
Tendió la mano hacia Silvia mostrandole un collar de perro, tenía una pequeña argolla para poner una chapita con el nombre y otra para enganchar una correa. Silvia se lo puso lentamente, cuando lo abrochó, sintió que estaba sellando su destino.
– Cuando estemos fuera de casa (¡Fuera de casa! ¡Pensaba hacerla salir!) YO elegiré tu ropa hasta que tengas la destreza de hacerlo tú. Cada vez que llegue a casa tendrás que venir a presentar tus respetos y después te situarás en posición de inspección. Esto es, de rodillas, piernas separadas a la altura de los hombros, espalda erguida, mirando al frente y manos detrás de la cabeza.
Silvia obedeció.
– Vamos a ver si me has hecho caso…
Ivette examinó con su mano el coño de Silvia, pudo comprobar que seguía tan cachonda como ayer; Esta perra iba a ser una esclava de primera – Pensó.
– Ahora la siguiente postura: posición de sumisión. De rodillas en el suelo, apoya tus pechos en el suelo, los brazos extendidos, el culo apoyado en los tobillos.
Ivette rodeó a Silvia, examinando su culo y vió que todavía estaban visibles las marcas del día anterior.
– Siguiente postura: Posición de ofrecimiento. Sobre las rodillas, el culo en alto y la cara en el suelo, sepárate las nalgas con las manos ofreciendote a tu ama.
A Silvia, le costó ponerse en esa posición, su pudor le impedía mostrarse tan descaradamente, pero el recuerdo del castigo del día anterior hizo que obedeciera.
– Muy bien esclava. Cuando no te haya ordenado nada, esperarás en un rincón de la habitación, de pie, con las piernas separadas, las manos juntas detrás de la espalda y la mirada al suelo.
– Si mistress. – Contestó Silvia ocupando un lugar en el rincón del salón.
Ivette salió de la sala sin decir nada, comenzó a examinar la casa. Parece que Silvia había estado limpiando, no estaba perfecto, pero estaba correcto. Subió a la habitación de su esclava, empezó a examinar la ropa de su armario y a seleccionar la ropa que le permitiría ponerse. Sólo le dejó las faldas que llegaban a medio muslo, shorts, unas mallas cortas del gimnasio y unas pocas camisetas escotadas y ajustadas. Después fué al cajón de la ropa interior, donde
acabo con todo lo que no fuese tanga, liguero, media o sujetador sugerente. Metió toda la ropa en bolsas de basura y las dejó en la entrada.
Silvia no se atrevía a moverse. Oía a Ivette rondar por la casa pero no movió ni un pelo. Y le costó trabajo. Estaba loca por llevar las manos a su coño.
– Está bien – Dijo Ivette volviendo a entrar en la sala. – Vamos a empezar con la sesión de hoy
Se acercó a la bolsa y comenzó a sacar un trípode y una cámara que colocó en un rincón de la habitación. Después comenzó a desvestirse y, quedandose en ropa interior, sacó de la bolsa unas botas de cuero hasta las rodillas, de tacón alto, un corset y un antifaz, que, poniendoselo, le daban un aspecto de dominatrix que dejó impresionada a Silvia. Pulsó un botón de la cámara y se colocó a un lado.
– Ponte en el centro de la habitación esclava. – Silvia obedeció.
– Ahora te voy a ir haciendo unas preguntas, y deberás contestarme la verdad si no quieres que me enfade. – Amenazó, enseñando a Silvia la pala de ping pong. – ¿Entendido?
– Si mistress.
– ¿Cual es tu nombre?
– Silvia Arellanos, mistress
– ¿Trabajo?
– No tengo Mistress
– ¿Estás casada?
– Si, mistress
– ¿Tu marido te satisface sexualmente?
– Si mistress.
– ¡No quiero mentiras perra! – Exclamo Ivette acercandose a Silvia y poniendole una pinza en el pezón izquierdo.
– ¡Ahhhh! – Grito Silvia.- ¡NO! ¡No me satisface! ¡Siempre está de viaje! ¡Quíteme esto, por favor mistress!
PLAFF
– ¿Crees que puedes darme ordenes? – Gritó Ivette.- Una desobediencia conlleva un castigo, tendrás que soportar.
– ¿Has chupado alguna vez una polla?
– Si mistress
– ¿Has tragado semen?
– No mistress, siempre lo escupo.
– Ya te acostumbrarás… ¿Te han dado por el culo alguna vez?
– ¿Eh? ¿P-Porqué lo quiere saber?
Ivette rapidamente le puso una pinza en el otro pezón. El grito de Silvia se escuchó en toda la casa.
– ¡Basta de insolencias! Ya he tenido suficiente. – Ivette fué a la bolsa a por más cosas. Le puso unas esposas a Silvia, atandole las manos por detrás.
– ¡Abre la boca! – Silvia obedeció con miedo. Ivette introdujo un ballgag con forma de doble pene en su boca. Una parte quedaba fuera y la otra en su garganta. Agarró del cuello a Silvia y la hizo sentarse al borde del sofá, con la cabeza inclinada hacia atrás. Ivette se quitó el tanga y se sentó sobre la cara de Silvia, introduciendose el pene en el coño.
En la postura que estaban, el ojete de Ivette quedaba sobre la nariz de Silvia y no podía respirar bien. La dominatrix empezó a cabalgar la cara de Silvia, follandose con el pene de plastico. A través de un pequeño agujero en el ballgag, llegaban a la boca de Silvia los flujos de su ama. No tenía más remedio que tragar.
Ivette se levantó, sentandose con las piernas abiertas en el borde del sofá. Puso a su esclava de rodillas sobre ella y, agarrándole la cabeza, empezó a masturbase con ella. Cuando estaba a punto de correrse, le quitó el ballgag a Silvia, ordenándole que acabara con su lengua.
Silvia no quería decepcionarla, todavía notaba el dolor de los pezones, así que se afanó con ganas en su nueva tarea, intentando satisfacer  a su mistress.
Ivette se corrió en la boca de Silvia entre sonoros gemidos, obligando a su esclava a seguir lamiendo un rato más.
Cuando se levantó, fué a la bolsa, manipulando algo que Silvia no era capaz de ver. Ésta no se atrevió a moverse.
– Ya que no has contestado a mi pregunta, perra, voy a hacer que me de igual la respuesta. – Dijo Ivette, empujando a Silvia para que dejase su culo en pompa.
De repente, Silvia abrió los ojos tanto como pudo y soltó un grito al notar sus intenciones. ¡La iba a dar por el culo!
– Ahhhhh. ¡Por favor mistress! ¡No lo haga!. – La súplica de Silvia se cortó con un empujón de Ivette, que introdujo el falo de plástico hasta dentro del culo de la esclava.
El dolor recorrió a Silvia de arriba a abajo, ¡La estaba partiendo por la mitad! El consolador que estaba usando debía ser enorme. Ivette esperó unos segundos para que Silvia se adaptase al enorme falo que le había metido por el culo, después, lentamente, empezó a sacarlo y meterlo de nuevo. Mientras lo hacía, su mano se dirigió al coño de Silvia, que a pesar de todo, seguía empapado. COmenzó a acariciarle el clitoris, para que el placer enmascarase el dolor.
Poco a poco, las sensaciones de Silvia comenzaron a cambiar, el dolor dió paso a un placer extraño, que nunca había sentido. Notaba como el placer dominaba su cuerpo y empezó a moverse alante y atrás, intentando aumentar el ritmo.
– ¿Te gusta esclava? ¿Te gusta que te rompan el culo?
– Mmnmnn Si mistressssss- Gimió Silvia.
Ivette aumentó el ritmo hasta que la tuvo al límite y entonces, de golpe, paró. Silvia se quedó extrañada e intentó echarse atrás para volver a penetrarse. Ivette paró su intento con un fuerte azote.
– Tus orgasmos me pertenecen esclava. Y ahora no te lo mereces.
– ¡Por favor mistress! Deje que me corra, ¡Haré lo que sea! – Ivette sonrió para sus adentros, aunque no dejó que esa expresión se notara en su cara.
– Quiero ver como chupas una polla, así que ponte de rodillas y limpia esta polla de plastico.
Silvia, sin pensar donde acababa de estar esa polla se la metió en la boca y comenzó a chuparla. Siguió lamiendo por un tiempo hasta que Ivette estuvo satisfecha.
– Esta bien. Si quieres correrte, acercate a la camara y dile quién eres ahora y a quien perteneces. Después comienza a sobarte las tetas ante el objetivo y si lo haces bien, te daré tu orgasmo.
Silvia corrió a situarse ante la cámara y sobando sus tetas y acariciando sus pezones comenzó a gemir y a exclamar.
– Soy Silvia, la esclava de mistress Ivette. Mi cuerpo le pertenece, mis orgasmos le pertenecen.
Como Ivette no se acercaba Silvia continuó.
– Necesito servirla, darle placer, ¡Mi única misión es obedecerla!… Mi coño es suyo, ¡mi culo es suyo! – Notó la mano de Ivette inclinandola sobre la cámara, sus pechos quedaban obscenamente colgando ante ella ofreciendo un primer plano de su cara y de como se las sobaba.
Entonces Ivette le metió la polla de una estacada en el coño. Silvia se volvió loca de placer. Ivette continuó sus embestidas hasta que su esclava se deshizo de placer en un orgasmo interminable, quedando inmortalizado ante la cámara.
Silvia quedo tendida sobre la mesa, extasiada, pero Ivette no le dió descanso.
– ¿Que crees que haces esclava? ¡Debes agradecerme cada orgasmo que te permita tener! ¡Al suelo!
Silvia se arrodilló ante su ama, y al ver como ésta le ofrecía la punta de sus botas, entendió lo que quería y empezó a lamerlas.
– Ahora vamos a ver como te desenvuelves durante el resto de tu primer día como esclava. – Dijo Ivette. – De ahora en adelante, yo ocuparé tu lugar como señora de la casa, dormiré en tu cama y tú dormirás en el suelo, a mis pies. Debes despertarme todas las mañanas con una comida de coño y, por tu bien espero que lo hagas correctamente, por que tengo muy mal despertar. Como hemos dicho antes, tu única vestimenta en casa será un liguero, unas medias a medio muslo, zapatos de tacón de aguja y tu collar, que llevarás siempre. Eso de momento. (¿De momento? – Pensó Silvia). El tiempo del día en el que no te haya ordenado nada, lo emplearás en hacer las tareas de la casa e ir al gimnasio. – Silvia quedó sorprendida. – Quiero que mi esclava se mantenga en buena forma.
– Además de eso, continuaremos con tu entrenamiento para que seas una buena esclava. ¿Tienes algo que objetar?
– No mistress. – Contestó Silvia.
– Esta bien. Posición de ofrecimiento, esclava.
Silvia dudó, intentó recordar las tres posturas que le había enseñado, y después de unos segundos, se echó hacia alante levantando su culo y separó sus nalgas con las manos.
Ivette se acercó por detrás y colocó en el culo de Silvia un pequeño plug anal. La sorpresa hizo que la esclava soltase las nalgas, pero inmediatamente reaccionó y se las volvió a separar.
– Llevarás puesto este plug en todo momento. Hay que preparar tu culo para que seas una buena esclava. Cuando tengas que ir al servicio, te lo quitarás, lo limpiarás y, cuando acabes, lo volverás a introducir. Si me entero de que no lo llevas, serás castigada severamente.
– Como he dicho antes, tus orgasmos ya no te pertenecen. Tienes prohibido masturbarte y, por supuesto, tener relaciones sin mi permiso. Ni con tu marido ni con ninguno de tus amantes.
– P-Pero, ¿Que haré cuando venga Peter? No podré evitarle siempre. – Preguntó Silvia
– ¿Te crees que eso me importa? Es tu problema como lo hagas, pero más vale que en ese coño no entre ni una polla sin mi permiso.
– Si mistress.
– Eso es todo de momento, puedes comenzar con tu labor.
– Si mistress.
Silvia pasó el resto del día en esa humillante situación. Prácticamente desnuda, con unos tacones imposibles y un consolador metido en el culo. Le costaba acostumbrarse a eso, el plug le molestaba cuando se movía, pero a la vez le daba una sensacion placentera que la
tenía en un estado de calentura en todo momento. La situación también la ponía cachonda, no sabía porqué. Era como cuando dejaba la puerta abierta del baño, pero a lo bestia, se estaba exhibiendo ante esa joven que la dominaba y no podía hacer nada por evitarlo…
¿Y cuando llegase Peter? Suponía que Ivette evitaría la situación mientras estuviese él… Después de todo, lo que estaba haciendo era para que ocultarselo a Peter…
Éntre esos pensamientos se acabó el día. Ivette durmió en la cama de Silvia, y ésta, en el suelo, sobre una manta, acurrucada como la perra que era.

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