Eva llegó a su casa y dejó las bolsas a un lado, en el recibidor. Vivía en un pequeño chalet de dos plantas, con un pequeño jardín El la parte delantera. Había decidido ir a comprar algunas cosas que le fuesen útiles con su nueva forma de vida. Se sentía bien, se sentía libre, se sentía feliz… Tenía que darle las gracias a la señorita Diana Querol, la había ayudado a ver la vida desde el lado correcto y a dejar las dudas a un lado.   

 

Sin títuloDecidió subir a darse un baño relajante, había sido un día duro y quería descansar…   

 

Diana se acercó a la puerta del chalet. Se agachó al lado de la puerta y levantó una piedra que había allí. Tal como había ordenado a aquella zorra, había dejado una copia de las llaves para ella. ¿Habría cumplido el resto de sus peticiones? No lo dudaba, pero lo comprobaria en unos segundos. Abrió la puerta del jardín, lo atravesó y accedió a la casa. Nada más abrir la puerta una sonrisa apareció en su cara, allí estaba, tal como había introducido en su mente.   

 

Eva estaba de rodillas en el recibidor, prácticamente desnuda, solo llevaba una prenda compuesta por tiras de cuero que, más que tapar, levantaban y exhibían su figura. Se había puesto un ballgag y tenía las manos esposadas a su espalda. Un collar de perro adornaba su cuello.   

 

A un lado estaban las bolsas que había traído, con todos los juguetes que le había mandado comprar.   

 

Eva levantó la vista y se alegró de lo que vió. Diana estaba magnífica, unas botas de cuero altas, por encima de la rodilla y con tacones de 15 cm, un corsé negro con detalles en rojo y una minifalda a juego, el pelo recogido en una alta coleta. El conjunto le daba un aspecto imponente. La mujer no se planteó que estaba haciendo Diana allí, igual que no se planteó por qué había hecho una copia de sus llaves y las había dejado escondidas debajo de una piedra, solamente estaba contenta de ver a aquella mujer que tanto la había ayudado.   

 

Diana, cerró la puerta y pasó caminando al lado de su presa. No le hizo ningún caso. Pasó de largo y comenzó a investigar la casa. Cuando terminó, fue al salón, desde donde podía ver a la mujer arrodillada desde su espalda, se sentó en un sillón y esperó pacientemente.   

 

“¿Qué hace?” Pensaba Eva. “¿Por qué no dice nada? ¿No se acerca? ¿N-No lo estoy haciendo bien?” La mujer tenía una fuerte sensación de humillación. Estaba casi desnuda, arrodillada, esposada y amordazada en su propio recibidor, ante una mujer que había conocido esa mañana. Pero esa sensación la calentaba… Estaba realmente cachonda, eso la hacia sentirse más humillada y, mientras más pensaba en ello, más cachonda se ponía. Era un círculo vicioso.   

 

Diana leía en su mente todo eso, y procuraba manipularla acrecentando las sensaciones y pensamientos que más le convenían. Aquella zorra iba a ser una buena puta y todo iba a comenzar aquella noche.   

 

El timbre de la puerta sonó, sobresaltando a Eva que no esperaba más visitas. ¿Quién sería? No podía verla así, aunque, en el fondo, no la desagradaba en absoluto.   

 

Diana se acercó a abrir la puerta y ante ellas apareció Henry. No podía ocultar su cara de desconcierto ante lo que estaba sucediendo, que se tornó en sorpresa al ver a la mujer que estaba arrodillada ante él. ¡Era Eva Jiménez!   

 

Diana le invitó a pasar y avanzó con el hasta el salón, dejando allí sola de nuevo a la excitada mujer.   

 

Eva estaba atónita, ¿Qué hacia ese hombre aquí? No podía olvidar los pensamientos que había tenido esa tarde y, la remota idea de descubrir si en verdad tenía una enorme polla la excitaba. Pero, ¿Por qué se habían ido? ¿No iban a hacer nada con ella?   

 

– Yo… Yo tengo familia, señorita. – Estaba diciendo Henry.   

 

– No te preocupes, no lo veas como unos cuernos. Esta mujer necesita ayuda y tenemos que dársela. ¿No has visto cómo se pavonea por la empresa? ¿Cómo mira con superioridad al resto de la gente?   

 

Henry si se había fijado en eso, esa mujer despreciaba todo lo que consideraba inferior.   

 

– Necesita esto para curarse, y además… ¿No querrías devolverle todo ese desprecio?   

 

El hombre la miraba, pensativo. Si, deseaba darle su merecido a aquella perra, pero no quería hacerle eso a su familia. Su mujer… Pensaba en lo que le diría su mujer si se enterase…   

 

“¡Vamos! ¡Vengate de esa zorra!” Podía escuchar claramente su voz. En frente suya, Diana sonreía complacida. ¿Por qué? Si le estaba dando largas…   

 

“¡Follatela!” Continuaba gritando su mujer. “Haz con ella lo que nunca harías conmigo”. Algo dentro de su cabeza le decía que esa no era su mujer, que ella se enfadaria realmente, pero ese algo cada vez se oía más lejano en su mente. La voz de su mujer le instaba a aceptar la propuesta de aquella extraña.   

 

– Esta bien, acepto. Formaré parte de la terapia.   

 

– Me alegra oírlo, ¿Comenzamos pues?   

 

Los dos se levantaron y avanzaron hacia su presa.   

 

Eva estaba luchando contra sí misma, estaba cachondisima, deseaba masturbarse allí mismo, pero las esposas que ella misma se había puesto no se lo permitían. Entonces, levantó la vista y lo vió. Allí estaba, una enorme polla negra colgaba ante su cara. Le llegó a la nariz el olor característico que desprendía. Miró a los ojos al dueño de aquel rabo, suplicandole con los ojos. Henry comenzó a restregar su miembro por la cara de la mujer.   

 

– ¿Esto es lo que tanto estabas deseando? – Le dijo. – No te preocupes que te vas a hartar.   

 

Y diciendo esto, de un tirón le quitó el ballgag de la boca, lo que permitió a Eva lanzarse a por el manjar que tenía delante. Se metió el grande en la boca, jugando con su lengua dentro de ella, recorriendolo, rozandolo, saboreandolo.   

 

Henry, que quería algo más de pausa, agarró su miembro y, levantandolo lo saco de la boca de la mujer, mostrandole los huevos, que está se apresuró a lamer.   

 

El hombre no se creía la situación en la que estaba, ¡Aquella pedazo de hembra le estaba chupando las pelotas! Y mientras,oía claramente la voz de su mujer dentro de su cabeza, “Eso es,que te lama los huevos. Enseña a esa zorra quién manda”   

 

Diana por su parte, veía satisfecha como se desarrollaba todo. La zorra de su ex jefa era una adicta a la humillación y al sexo, y aquél hombre había accedido fácilmente a someterla. Estaba comenzando a calentarse ella también, tanto por la propia situación como por las sensaciones que llegaban de la mente de aquella pareja. Llevó su mano debajo de su falda, apartó el tanga y comenzó a frotarse lentamente.   

 

Eva estaba practicando una profunda felacion a Henry, algo bastante complicado debido al enorme tamaño de su tranca, pero la mujer no desfallecia. Se introducía la polla hasta el fondo de la garganta una y otra vez. Henry estaba a punto de llegar al climax, agarró la cabeza de Eva y comenzó a follarla con violencia hasta que derramó el contenido de los huevos en su garganta. Eva, lejos de sentirse contratada con ello, recibió la descarga con alegría, pensando en lo humillante que era que un simple hombre de la limpieza la usase de aquella manera y la obligase a tragarse su leche.   

 

Diana alcanzó su primer orgasmo acompasado al de Henry, y quería disfrutar también de su presa. Se acercó a ella y acariciandola el pelo, le susurró al oído.   

 

– ¿Es esto lo que buscabas?   

 

Eva asintió con la cabeza.   

 

– En lo más profundo de tu ser querías ser un objeto, estar a disposición de cualquiera que quiera utilizarte. No eres más que un juguete.   

 

Eva interiorizaba las palabras de Diana. Ésta la agarró del pelo, forzandola a levantar la cara mirando al techo, se dio la vuelta, se quitó el tanga y se sentó sobre su cara. Eva no sabia como reaccionar, nunca había estado con una mujer y mucho menos así. Tenía el coño de Diana sobre su boca y su nariz quedaba justo ante el rosadito ano de la mujer,  casi no podía respirar, pero inexplicablemente la situación la excitada sobremanera. Se sentía usada como un objeto, ¡Estaba sentada en su cara!   

 

Diana, ante la duda de Eva, comenzó a balancearse, restregando su coño sobre la cara de su ex jefa. La mujer comenzó a mover la lengua, lentamente, con dudas al principio, pero luego, mientras más subía la excitacion iba aumentando el ritmo, calentando a Diana y llevándola al borde del orgasmo.   

 

Recorría su coño y su culo, lamiendo con gusto, notando como los flujos de Diana llenaban su cara. Se aplicó a ello hasta que la mujer se levantó y, tirandola del pelo, la obligó a pegar la cara al suelo, quedando su culo en pompa, expuesto ante ellos.   

 

Henry disfrutaba con lo que veía, dos mujeres como aquellas montándoselo ante él… Era una situación que sólo había vivido en sueños. Aun así, se extraño de haberse vuelto a empalmar, tenía una edad y a veces no aguantaba ni un asalto, pero ahora parecía que tenía la energía de un chaval… No se podía imaginar que eso era obra de Diana.   

 

– Toda tuya. – Le dijo de repente la cazadora.   

 

Abandonó sus pensamientos y vió la situación, Eva estaba con el culo en pompa, ante él, mostrandole sus dos preciados agujeros.   

 

No perdió la oportunidad y se la introdujo en el coño de una embestida, haciendo que la mujer diese un grito. Su primera idea había sido sodomizarla, pero la voz de su mujer resonó en su cabeza y le hizo cambiar de opinión.   

 

“El culo es para Diana. Follate el coño de esa zorra, que sepa lo que es una buena polla”   

 

Diana sentía el placer y el dolor de Eva, nunca le habían metido una polla tan grande, y menos con la intensidad con la que lo hacía aquel viejo. Había conseguido rejuvenecer su espíritu, aunque fuese durante un rato, eliminando las barreras psicológicas de la edad. Al día siguiente, el esfuerzo le pasaría factura, pero eso a Diana poco le importaba…   

 

Fue hacia la bolsa y extrajo un plug anal, le untó algo de lubricante y se colocó sobre la espalda de Eva. Agarró sus nalgas, separándolas, disfrutando de la visión de aquella enorme polla penetrando el abierto coño de su ex jefa. Colocó la punta del plug en el ojete de la mujer y lo introdujo de un empujón. El esfinter rodeó aquel trozo de plástico de tal manera que parecía que lo quería a engullir.   

 

Esa visión fue demasiado para Henry, que volvió a correrse llenando de semen el coño de Eva la cual estaba exhausta y derrotada, pero seguía cachonda. A Henry le pasaba lo mismo, no se explicaba el aguante del que estaba haciendo gala. Desmontó a la mujer y se sentó en un lado de la sala.   

 

Diana dejó libre a Eva, aunque mantuvo el plug dentro de su culo.   

 

– Desnúdate, zorra. Muestrate en pelota ante nosotros y limpia lo que has ensuciado. – Le dijo.  

 

 

Eva sabía a que se refería. Se situó ante Henry y obedeció. Primero se despojo de las escuetas prendas que llevaba y luego se arrodilló ante él y le hizo nuevamente una mamada. Notaba claramente el sabor de su coño, que era algo distinto al de Diana. Henry tardó pocos minutos en correrse de nuevo, pero esta vez lo hizo sobre la cara de la mujer.   

 

El hombre se levantó del sitio, se vistió y se dispuso a salir.   

 

“Así se trata a una zorra. Muy bien” Oía a su mujer. “Pero te olvidas de algo, a las putas hay que pagarlas”   

 

Entonces Henry lanzó a Eva un par de billetes de 20. Uno de ellos quedó pegado a su cuerpo debido a la corrida que acababa de recibir.   

 

Ese acto fue demasiado para Eva. El morbo de verse como una prostituta fue tal que se corrió allí mismo, sin contacto con nadie, ante la atenta mirada de Diana, que sonreía satisfecha.   

 

En cuanto Henry cruzó la puerta, todo recuerdo de Diana se borró de su mente, sólo quedó el hecho de haberse follado a Eva, de que era una puta. Nadie se lo creería al día siguiente en el trabajo…   

 

– ¿Cómo te sientes? – Preguntó Diana.   

 

– Mejor que nunca… – Suspiró Eva. – Me has ayudado a liberarme, a ser yo misma.   

 

“Ha llegado la hora” Pensó Diana. Había hundido a su presa, la había convertido en una adicta a la humillación, pero se había guardado un pequeño placer para el final, para ella misma, para paladearlo y disfrutarlo.   

 

Se dirigió a las bolsas y cogió un arnés, se lo puso rápidamente. Se sorprendió de la impaciencia con la que estaba actuando.   

 

– Ven aquí, falta una barrera por romper.   

 

Eva obedeció, no le había dicho nada, pero sabia exactamente lo que quería que hiciera. Volvió a colocarse de rodillas, con la cara pegada al suelo y el culo en pompa. Con sus manos todavía esposadas tras su espalda, separó sus nalgas, mostrando el plug anal que sobresalía.   

 

Diana lo extrajo de un tirón, sin miramientos, y de igual manera le introdujo el enorme falo de plástico que portaba. Durante muchos minutos, sin pausa, bombeó el culo de Eva haciéndola gritar de placer y de dolor, sin ningún tipo de cuidado, arrancandola orgasmos ya fuera por la sodomizacion o por que ordenaba a su mente que los tuviera. Y así estuvo hasta que tuvo suficiente. Cuando extrajo la polla, el ojete de Eva estaba dilatado formando una enorme O que continuaba hasta sus entrañas. Se despojó del consolador, introdujo de nuevo el plug en su culo y salió de la casa.   

 

– Mañana volveremos a vernos.  – Dijo, justo antes de salir.   

 

Y allí quedó Eva, la orgullosa y ambiciosa mujer reducida a ser una vulgar zorra.   

 

——-   

 

Diana entró a su antigua empresa, cogió el ascensor y se bajó en la planta 9. Había algo de jaleo, pero no le hizo caso y se dirigió ansiosa al despacho de Eva.   

 

“¿Cómo se encontrará esa pequeña zorra?” Pensaba, excitada. Peor llamó al despacho y no le contestaba nadie. Abrió lanpuerta curiosa y se encontró con un despacho vacío. ¿Donde estaría Eva?   

 

Entonces reparó en el jaleo que antes había pasado por alto. Se acercó y vió que venía del servicio de caballeros. Abrió la puerta con cautela y lo que vió la dejo anonadada. Allí estaba Eva, desnuda y arrodillada entre montones de hombres. Tenía el cuerpo lleno de semen y su ropa estaba tirada a un lado del servicio hecha un amasijo.  

 

Diana no se lo creía, ¿A tanto había llegado? Sin ella delante, sin instrucciones, sin ordenes mentales… Y allí estaba, siendo usada por todos aquellos hombres…  

 

En un lado estaba Henry, que sin duda habría contado su experiencia y animado a los demás a participar.  

 

Uno tras otro los hombres acercaban sus pollas a la cara de la directiva, que las engullia ansiosa, desesperada, como si nunca tuviese suficiente. Algunos se corrían en su garganta y otros preferían llenarle la cara de semen, o las tetas, o el pelo… Eva disfrutaba. Saboreaba cada polla como si fuese la última, recibía cada corrida con deleite, saboreaba todo lo que entraba en su boca, pedía más.  

 

Diana supo que su trabajo había acabado, que ya estaba todo hecho. Se dió la vuelta y se fue del lugar. Salió del edificio y esperó en la puerta, aquella situación solo tenia una salida posible.  

 

Y así fue. Un par de horas después, Eva salia por la puerta principal, desmadejada y sucia, con la ropa desaliñada y restos de corridas en el pelo que no se había podido limpiar.  

 

En cuanto vió a Diana se dirigió hacia ella.  

 

– Me han despedido. – Dijo. Pero no lo dijo decepcionada, ni triste, si no de manera impersonal, como el que dice la hora.  

 

Diana escrutó su mente y vió como el director entró en el servicio hecho una furia, sabedor de lo que estaba ocurriendo y llamó a Eva a su despacho. Una vez allí, le dijo que era un comportamiento inaceptable para su cargo y, después de follarse a aquella zorra ante la insistencia de ella misma, la puso de patitas en la calle.  

 

– ¿Qué sientes?  

 

-… Es… Extraño. Me siento liberada. He descubierto una parte de mi que ansiaba salir y mostrarse y ahora, sin este trabajo, puedo vivir sin preocuparme por cosas secundarias…  

 

– ¿Qué vas a hacer ahora?  

 

– No lo se… No se hacer nada más que lo que hacía aquí… Y no quiero seguir haciendo esto. Tu…  

 

Diana la observaba, sabedora de lo que le iba a decir.  

 

– Tu me has conocido mejor en dos días que el resto del mundo, me has ayudado a salir del cascarón y a ser lo que soy… ¿Podrías… Ayudarme?  

 

– ¿A que?  

 

– A encontrar un trabajo, una forma de vida. Quiero romper con mi vida anterior, resarcirse de mis pecados…  

 

– Conozco el sitio perfecto… – Dijo Diana, tendiendole una tarjeta.  

 

“7Pk2” rezaba en ella. Eva la miraba como hipnotizada.  

 

– Pregunta por la dueña y dile que vas de mi parte. Ella te podrá ayudar.  

 

La ex directiva seguía en el mismo sitio, mirando la tarjeta, absorta. La gente que pasaba la miraba, y no era para menos debido a las pintas que llevaba, y las manchas de obvia procedencia que tenía por el pelo.  

 

Diana se dió la vuelta y se dispuso a irse.  

 

– ¡Espera! – Gritó Eva. Diana se paró y la miró. – G-Gracias… Por todo.  

 

– De nada. – Contestó Diana, exultante de felicidad.  

 

———– 

 

Hacia meses que no iba por aquel sitio. Desde antes del cambio. Pero tenía que verlo, quería ver el destino que esperaba a Eva.  

 

Tamiko la había llamado por la mañana informándola de que una mujer había llegado la tarde anterior, diciendo que venía de parte de Diana Querol. Por su puesto la había dado el trato que merecía, y creía que Diana querría ver a su amiga.  

 

Así que allí estaba, entrando en el sitio que representaba el nexo entre su antigua vida y la nueva, dispuesta a ver su venganza completada.  

 

Cuando entró, buscó en el escenario con la mirada, pero no era Eva la que estaba allí, sino las dos hermanas que tantas calenturas le habían ofrecido. Se sentó entonces en una de las mesas cerca del escenario. ¿Saldría después en alguna actuación? ¿Qué haría en su número?  

 

– ¿Qué desea tomar?  

 

La sobresaltó una voz, interrumpiendo sus pensamientos.  

 

– Un whisky sol…  

 

La frase murió en su boca antes de acabar. ¡Era Eva!  

 

Llevaba únicamente un pequeño delantal que difícilmente le tapaba el pubis, unas medias hasta medio muslo, tacones negros,  una cofia sobre la cabeza y unas pinzas en los pezones.  

 

¡Era la camarera!  

 

La mujer la estaba mirando con auténtica admiración. Diana pudo ver en su mente como era completamente feliz con su nuevo trabajo y todo se lo debía a ella. 

 

– Un whisky solo. – Repitió. 

 

Eva se dio la vuelta y fue a por su bebida, solícita. 

 

– Espero que te guste su nuevo puesto de trabajo. – Escuchó a su lado. 

 

Se giró y vio a Tamiko, sentada junto a ella. 

 

– Esto es nuevo… Antes no teníais camareras así. Creía que la pondrías a bailar. 

 

Eva llegó, dejó el vaso de whisky y se retiró para seguir haciendo su trabajo. 

 

– Después de ver lo que habías hecho con ella consideré que funcionaria mejor en este puesto, la has convertido en una adicta a la humillación y la degradación. Y además, pensé que te complacerian sus nuevas funciones… 

 

Tamiko hizo un gesto con la cabeza, señalando hacia la nueva camarera. Cuando Diana miró, vio como estaba arrodillada ante uno de los clientes, chupandole la polla. 

 

– Vamos a hacer algunos cambios aquí… – Continuó Tamiko. – Vamos a dejar de ser un simple burdel para convertirnos en algo más, y tu serás en parte la artífice de todo esto. 

 

– ¿A que te refieres? 

 

– Nos vamos a convertir en un club privado. Cobraremos cuota de entrada a los socios y, una vez dentro, podrán disponer de nuestras putas cuando ellos quieran. Tu ex-jefa es la primera de muchas, un aperitivo para que vean lo que habrá aquí dentro de poco. 

 

Diana observaba asombrada como después de la mamada, un hombre había comenzado a sodomizar a Eva. 

 

– Aunque, de momento, lo único que estamos consiguiendo es ralentizar el servicio de mesas. – Apuntó Tamiko, divertida. –  Diana, tu y yo juntas vamos a conseguir grandes cosas… ¿Estás conmigo? 

 

– Soy la persona que buscas. – Dijo, mientras imaginaba cuál sería la ocupación de su ex-mujer en ese nuevo club.