el-elegido2Cercanías de Leningrado, Rusia invierno de 1941. El Kubelwagen alemán entró en la aldea, avanzo por la única calle digna de ese nombre entre aquella acumulación de dachas, (casas de pueblo rusas con paredes de troncos y techos de paja y ramajes) hasta llegar al único sitio medianamente decente del lugar, había sido una taberna, ahora era el cuartel general del batallón, el vehículo se detuvo y el Hauptman (Capitan) Otto Schater bajó de el por la portezuela trasera derecha, se inclinó para decir a los dos hombres sentados en la parte delantera del coche: – Feldwebel (sargento) usted y el chofer, busquen los suministros médicos que necesitamos, reposten el combustible del vehículo, allí al final del pueblo en la granja, se ha edificado un cuartelillo con barracones y un almacén, la cantina está al lado del antiguo granero, que les den de comer, les buscare allí al acabar de dar mi informe, entren en calor y si pueden duerman algo, pues nos espera un largo camino de regreso al frente ¿entendido?. El felwebel Hoffman y el soldado Pleist asintieron con la cabeza y dijeron el unísono: – ¡Ja herr Haptman! El sargento añadió: – Si quiere le pedimos algo de comida para llevar señor. El capitán repuso: – Bien dicho sargento, cojan algo de comida para la vuelta, seguramente se nos hará de noche a eso de las 17:00 maldito y frio invierno ruso, además con estos caminos de barro helado, mejor llevar provisiones.
 

El Capitán entró en la vieja taberna, ahora reconvertida en cuartel general del batallón, era amplia y estaba llena de humo de cigarrillos, varios ordenanzas se movían entre las mesas, resonaba en el lugar una mezcla de sonidos, maquinas de escribir y teléfonos sonando, voces de mando y conversaciones entremezcladas, se dirigió a un gefreiter (cabo) de transmisiones y le preguntó: – Cabo Adshell ¿Cuánto tiempo hace que me esperan?.  El cabo le conocía de otras reuniones y de hecho le caía bien aquel capitán de 24 años, le contestó: – Mi capitán, el Oberst (Coronel) Fluckensek, está que trina señor, llevan casi una hora maldiciéndole señor. El capitán se quitó el abrigo y se estiró el uniforme, diciendo: – Por culpa del frio, del barro, el hielo y las puñeteramente abundantes minas de los ruskis, guárdeme el abrigo por favor, mejor que entre y los ponga al corriente.

 
Entretanto, los otros dos hombres habían repostado el coche, y recogido del almacén el material médico para su unidad, dejaron el vehículo en el parque de vehículos regimental en la explanada de la granja, preguntaron al centinela y se dirigieron a las antiguas cuadras ahora reconvertidas en cantina de tropa.
 
Dentro había muchos hombres, con lo cual el interior conservaba el olor de su antiguo uso, habían hecho una especie de barra para servir bebidas, en la parte trasera del edificio había una cocina de campaña y  de ahí que pudieran tomar casi todo el rancho que quisieran, los extras del rancho se pagaban aparte, pidieron dos cervezas y se pusieron a la fila, al rato y tras repetir el plato de comida, estaban sentados fumando y pensando en dormir un poco cuando otro sargento le dio un golpe en el hombro al felwebel Hoffman diciendo: – Kurt Hoffman, viejo cabron, ¿Qué haces aquí granujilla? Era Hans wolher otro veterano de la compañía, hacía tiempo que le habían pasado al C.G. menudo tío con suerte, charlaron un poco, luego les dijo: – Mirad si queréis echar un polvo, veniros conmigo y por 100 Reichmarks ó 300 Rublos follaís los dos, aceptaron pero estaban intrigados, en aquella aldea no podía haber muchas mujeres fáciles y dispuestas, siguieron a Hans y este los llevó detrás de la granja, 200 metros mas allá y entre los árboles, encontraron un pequeño campo de prisioneros con varios barracones, Hans le habló a un centinela y pasaron.
Dentro del barracón de los centinelas, un sargento de las SS se dirigió a ellos, habló con Hans y asintió, tendió la mano y ellos le dieron el dinero, se lo guardo sonriendo y dijo: – Podéis elegir rubias o morenas, lo siento solo pueden ser delgadas, aquí no comen mucho, de hecho lo que las vais a dar, será su primera comida en dos días, así que cuidado con vuestras mingas. El muy  cabroncete iba de simpático, se dirigió a un oficial ruso y le dijo algo, este gritó en ruso hacia fuera y casi enseguida, varias mujeres rusas uniformadas de soldados de transmisiones del ejército rojo, entraron en el barracón.
 
Eran seis, el sargento Hoffman eligió una rubia de unos 22 años, grandota con buen culo y grandes tetas, debía de haber sido granjera en la vida civil, el soldado Pleist  eligió una morena de pelo muy corto, de talla era pequeña, tenia rasgos asiáticos debía de ser de Mongolia, aparentaba veintipocos años y tenía poco pecho pero buenas caderas, ambas mujeres estaban delgadas, debía ser cierto que comían poco o casi nada, el sargento SS comentó: – Tengo casi 300 prisioneros, a estos cerdos cobardes, solo les echamos las sobras del rancho y algunas hogazas de pan, debíais de ver como se pegan entre ellos por comer algo, en unos días se les ofrecerá unirse al ejército alemán como auxiliares, la mayoría dirán que no para conservar su orgullo o su honor, bueno es su decisión, el camino de un prisionero desnutrido hasta Alemania puede ser muy largo, muchos no llegaran pero ese es su problema, estas de aquí se quedaran de auxiliares de cama, así comerán y vivirán más que el resto del ganado de ahí fuera.
Se retiraron el sargento, el soldado y las dos chicas, a un cuarto aparte, este debía de ser el dormitorio de los SS, ocuparon las dos últimas camas del fondo, antes de cerrar la puerta y dejarlos solos, el SS dijo: – Dejadme vuestras pistolas para evitar sorpresas, usad las duchas y el jabón antes de nada, no queremos que os peguen o les peguéis enfermedades o ladillas, se jodería el negocio, imaginaros todo el cuartel general con sífilis, así no se puede hacer la guerra. Ellos obedecieron y se las entregaron, quedaron solos con ellas.
 

El sargento Hoffman se quito el abrigo, el barracón estaba caliente gracias a una estufa de carbón en el centro del mismo, decidieron hacer caso del consejo y mientras se desnudaban los cuatro, Pleist saco del abrigo unas galletas que llevaba y se las dio a las rusas que se las comieron vorazmente, ellos las miraban mientras comían y se acababan de desnudar sin dejar de apreciar sus cuerpos, la rubia grandota tenía unas tetas grandes, con aureolas marrón claro y pezones como habas, las piernas macizas y largas, anchas caderas y el culo duro muy bien formado, la cara era la típica de una campesina, labios anchos y nariz corta, ojos grandes y marrones, el pelo rubio con media melena enmarañada, la otra chica parecía una muñeca, morena de pelo corto, tan corto que parecía un chico, ojos oblicuos y negros, nariz pequeña y labios delgados en una boca grande, la piel muy tersa y clara de su cuerpo contrastaba con su cara y manos mas curtida por el tiempo y el viento, se apreciaban claramente en el cuello y muñecas estas marcas, respecto al cuerpo era bonito, pechos pequeños pero firmes tamaño pomelo con pezones pequeños y oscuros, cintura de avispa y buenas caderas, culito chiquito pero firme y muy apetecible, ambas mujeres tenían un buen matojo de pelo entre sus piernas, lógicamente nadie las había proporcionado nada para recortarlo y “cuidarse el jardín” pero los dos hombres no se quejarían, llevaban un par de meses sin catar hembra.

 
Se metieron los cuatro en las duchas, enjabonándose cada uno lo suyo, al momento el sargento enjabono bien a su chica y el otro a la morena, ellas se dejaban hacer pues el agua salía caliente, se relajaron y disfrutaron de la limpieza, hasta que ellas se pusieron manos a la obra y colaboraron en el enjabonamiento de los hombres, sus cuerpos se rozaban con ellos y al instante se encontraron con dos miembros erectos y ansiosos de ellas, el agua empezó a enfriarse y salieron de la ducha, se secaron y se dirigieron desnudos a los camastros del fondo, Hoffman tumbo a la rubia y se acostó al lado de ella, la beso en el cuello mientras la acariciaba los pechos con sus manos, amasaba aquellas tetas grandes con lujuria sin dejar de besarla en el cuello y orejas, ella le dejaba hacer sintiendo como el deseo la llegaba, este no era un bruto, parecía un buen hombre, era del ejercito no uno de esos brutos de las SS, no la penetraba la jodía y punto, este tío la estaba excitando en serio, como la acariciaba y la besaba pero si hasta estaba excitándola, noto como una de sus manos bajaba acariciándola por todo su cuerpo, llegando a su coño suavemente y acariciándolo casi con cariño, ella estaba mojada esperándolo y casi deseándolo
 
Le escuchó gemir al cambiar de posición y situarse sobre ella, entre sus piernas sintió la cabeza del miembro buscando el camino, el lubricado coñito se abrió sin resistencia y el órgano del sargento Hoffman entro en ella, la penetro sin brusquedades sin insultos, simplemente entro en ella profundamente, la besó en los pechos mientras sus caderas iniciaban un lento balanceo dentro y fuera de su coñito, ellos no se dijeron nada ambos con los ojos cerrados, ella imaginando que se la metía su novio Olej, el pensaba que lo hacía con su esposa Frida, las carnes se rozaban el calor de los cuerpos era real y un miembro entraba en un coño, los movimientos se fueron acelerando y ella hacia rotar sus caderas apretando los músculos de la vagina aferrando el miembro invasor, el sentía su miembro dentro del mojado coñito muy ajustado y caliente, culeó más rápido sintiendo el placer aumentar, ella no simulaba lo estaba pasando bien, los suspiros y gemidos que soltaba lo demostraban, Hoffman estaba a punto de acabar, se dejo caer sobre ella sin dejar de follarla, la besó en los labios, ella le devolvió el beso y dijo el nombre de su novio, seguían ambos con los ojos cerrados, el movimiento se hizo frenético y ella le atrapó las piernas con las suyas, jadeó de puro gusto y dio un pequeño grito, el supo que se había corrido, se dejo ir dejando de contenerse seguía bombeando en su coñito, noto llegar su orgasmo rápidamente y eyaculo en el interior de ella, fue un gustazo tan intenso que el esperma rebosaba del coño de la chica, esta no paraba de jadear y decir cosas a gritos, sus cuerpos tensos se abrazaban en aquel gran orgasmo compartido, se quedaron finalmente abrazados con los ojos cerrados, mientras sus respiraciones  se fueron calmando lentamente.
En el otro camastro, la morena se anticipó a Pleist, el estaba tumbado y ella se acercó a el, la chica pensaba que aquel chico desnudo no estaba nada mal, tenía un buen miembro ella se lo había acariciado y enjabonado en la ducha, quedándose maravillada por sus 20 cm, se arrodillo entre las piernas del soldado y lamio el miembro erecto, se lo fue introduciendo en la boca, dejándolo entrar poco a poco en su boca sin dejar de lado sus pelotas, que se dedicó a acariciar con sus manitas, el chico estaba pasándolo de vicio con su rabo dentro de aquella boquita, deseaba metérsela en el coñito y correrse pero aquella chica la mamaba muy bien, ella siguió con su tarea de chuparlo, se excitaba cada vez que aquel miembro la tocaba la campanilla, acelero el movimiento de su boca, era consciente de que si seguía follándose al chico con su boca este no aguantaría mucho, el se repuso al placer que sentía y se incorporo en la cama apartándola suavemente.
 
La indicó que se quedara como estaba y el se situó detrás de ella, se agacho y la lamio brevemente el coñito moreno de labios atractivos, vio su clítoris y le paso la lengua varias veces, ella gemía de placer y le temblaron las piernas, luego el soldado se incorporó detrás de ella y dirigió su erecto miembro a su chochete, apretó el culito de ella y separo un poco las nalgas, introdujo el prepucio en aquel baboso conejito y empujó firme y profundamente, ella dio un gritito pero lo deseaba y enseguida se puso a disfrutar, agitaba sus caderas y culeaba de atrás a adelante contra el hombre, penetrándose ella misma con decisión, el se fijo en los dos hoyitos que ella tenía por debajo de los riñones, le gustaban mucho se fijaba en ellos mientras ponía las manos en su delgada cintura y asiéndola, con decisión la penetro a fondo, acoplaron sus movimientos y el placer aumentó, ella se dejo caer de bruces en el camastro, seguía de rodillas se llevó las manos a sus pechos y se tironeo de los pezones, sin dejar de jadear debido al gusto que le daba aquel miembro, caliente fuerte duro y gordo en su coñito, se corrió sin pensar para nada en esperar al soldado, su cuerpo temblaba y de su boca salían fuertes jadeos, el muchacho seguía dándola fuerte con su erguida polla, la noto correrse y eso le gustó mucho, sin dejar de penetrarla bajó una de sus manos y la acaricio el clítoris, ella corcoveó como una yegua, su cuerpo se estremecía y el notó como le estrujaba el miembro con su coñito, eso era lo que él esperaba, aceleró a tope el rimo de sus movimientos follándola a conciencia, se concentró en los dos hoyitos y su precioso culo, siguió tocándola el clítoris, ella gozaba como loca, no podía parar de jadear pues aquel tronco en su interior la estaba haciéndola disfrutar como nunca, acababa un orgasmo y enseguida le venía otro debido a los dedos que sentía apretándole el clítoris, estaba llegándole otro, si sii a siii pensaba ella cuando le notó quedarse quieto y tenso, se estaba corriendo dentro de su coñito, bien dentro de ella, una sensación de placer y abundante liquido muy caliente la inundo por dentro, aquello precipitó su última corrida, temblaba y disfrutaba a la vez, se quedo tumbada en la cama recuperándose del placer.
El soldado Pleist salió del coñito después de correrse, vio su esperma dentro del coñito que estaba abandonando, un poco de el salía resbalando y mojando los labios del coñito, se sentó en la cama delante de la chica, esta lo miraba sonriendo y sin decir nada se introdujo el pene en la boca para limpiarlo, el cogió una de las manos de ella y se la llevó al coñito, ella sintió el esperma resbalando de sus labios externos, se dedico a acariciarse el coñito con sus dedos llenos de esperma, así estuvo un momento chupando y limpiando el miembro que recuperaba fuerzas, mientras se pajeaba rápido con sus dedos llenos de leche, en breve paso lo que tenía que pasar, mientras ella se corría masturbándose, Pleist le llenaba la boca con una segunda eyaculación, ella se la tragó mientras alcanzaba otro orgasmo agitando sin control las caderas, con los ojos en blanco  de puro gusto.
 
Golpearon la puerta del barracón, se escucho el vozarrón del sargento SS: – Vamos, la hora ya ha pasado, salid rápido. Las mujeres se habían asustado con la voz de aquel bruto, se abrazaron a los hombres, estos aprovecharon para darlas un último magreo y un par de caricias, pero acabaron separándose de ellas, se vistieron todos y fueron abrazados cada uno a su chica hasta la puerta, abrió el sargento SS y se hizo cargo de las chicas, empujándolas hacia la puerta que daba al cercado de prisioneros, allí el oficial ruso se hizo cargo de ellas, pero durante el corto trayecto, los ojos de las chicas no se separaron de los de sus momentáneos amantes, finalmente la puerta se cerro y el SS los acompaño a ellos, los llevó a la entrada del improvisado campo de prisioneros y los despidió con un: – Volved pronto, traed dinero y seréis felices, vuestro compañero dijo que os esperaba en la cantina, adiós.
 
Entraron en la cantina y encontraron a Hans, se sentaron en una mesa y mientras bebían el les contó cosas,- escuchad dijo Hans: – Hace un mes, atrapamos a casi todo un batallón ruso, fue durante el último avance, los rodeamos y ellos no tenían casi comida, les echamos encima la aviación, luego tres horas de bombardeo de artillería y finalmente dos compañías de panzer III acompañadas de infantería y lanzallamas, estaban rodeados y se defendieron bien, pero al cabo de tres horas de combate, los valientes y los idiotas aspirantes a héroe habían muerto, había multitud de heridos, la mayoría murieron por falta de asistencia y la gravedad de las heridas, el resto fueron al campo que acabáis de visitar, allí cayeron en manos de los SS ya os podéis imaginar lo que siguió, según el FüRER son untermensch (semi-humanos) el trato es brutal y apenas comen, duermen en sus propias tiendas de campaña, estamos en invierno y mueren de frio y de hambre, solo les dan restos de comida y algunas hogazas de pan, así quiebran su espíritu de resistencia, según los mandos de las SS claro. Los dos hombres le escuchaban asustados.
 

Finalmente Pleist pregunto: – ¿Pero, las chicas con que hemos estado? Hans mirándole contestó: – Ya habéis visto sus uniformes, eran del cuerpo de transmisiones del ejército rojo, cuando llegaron eran unas 20, las fanáticas y las rebeldes se murieron. Hoffman asintiendo preguntó: – ¿De frio o de hambre? Hans repuso:- De SS, solo quedaron las dóciles, las fáciles de controlar y que reportan dinero al gran sargento Meyer de las SS, aquí los mandos no dicen nada pues nada saben de malos tratos, ni quieren saberlo.

 
Media hora después se despidieron de su amigo, cogieron unos bocadillos para el viaje de vuelta, volvieron al kubelwagen y esperaron al capitán, aprovechando para dormir un poco mientras lo hacían, el sargento soñó con su esposa y sus hijos, el soldado pleist soñó con llegar a fin de mes y cobrar su paga, para volver aquí a follarse a su putita de ojos rasgados.
 
Fin.
 
La mayoría de las historias de esta página, tienen un denominador común, gente más o menos feliz en sus casitas y en sus países, con problemas más o menos comunes. Pero en numerosas ocasiones han pasado cosas que no debemos pasar por alto, la gente que las vivió no puede o no quiere contarlas. Os propongo explorar esas otras situaciones, la guerra es un buen tema, gente normal llevada a situaciones límite. La guerra es cruel, todo el mundo ha oído esta frase pero pocos la entienden en toda su extensión y dureza, en cualquier libro de historia veréis fechas y nombres de batallas, (más que de descubrimientos ó fundación de ciudades) el ser humano va de guerra en guerra, solo cambian los lugares, las personas y las fechas, parece que nunca aprenderemos, ¿ó es que nos gusta la guerra porque podemos matar de forma impune a otros seres humanos?, no lo se, lo confieso, solo sé que el hombre es el único animal, que tropieza dos veces en la misma guerra… ¡perdón piedra! me he equivocado, ¿ó no?  Pero que le vamos a hacer, las personas son complicadas a veces y otras veces muy simples, yo solo digo: – ¡Joder pero que puta es la guerra!
PD. Habrá más historias de guerra, no os las perdáis. Aceptare vuestras críticas ó ánimos, así como otras ideas gustosamente.
Para escribirme:        javiet201010@gmail.com