IVANKA TRUMP: EL IMPERIO DE LAS ZAPATILLAS ROJAS 2.
Un consejo: es conveniente, aunque no forzoso leer Cazatesoros: Sydney y las zapatillas rojasExpedientes X: el regreso de las zapatillas rojas, Alias: La invasión de las zapatillas rojas y Crónicas de las zapatillas rojas: la camarera antes de leer esta historia.
Gracias a Julio Cesar por la idea.
Por Sigma
Vincent entró a la recepción de la oficina de Ivanka de forma apresurada.
Asintió satisfecho al ver a los dos escoltas vigilando la puerta de la empresaria, pero casi de inmediato sacudió la cabeza levemente al darse cuenta de que los dos hombres miraban embobados las piernas y nalgas de una hermosa joven pelirroja que conversaba con la asistente personal de Ivanka.
– Buenas tardes Jill -dijo con rapidez al acercarse- necesito hablar con la señora Trump.
– Oh, hola Vincent -respondió sonriente la asistente- me temo que la señora Trump está en una reunión importante, tendrás que esperar.
– Lo siento pero esto es urgente… -dijo el escolta al dirigirse a la gran puerta de Ivanka.
Sin embargo en el último momento Vincent se vio interceptado por la pelirroja que le habló muy emocionada.
– ¡Tu eres Vincent! ¡Que honor! Jill me comentaba que tu y tus compañeros enfrentaron un grupo de secuestradores y salvaron a la señora Trump… oh, me aterró sólo imaginarlo, creí que se me detenía el corazón -dijo Muñequita mientras tomaba la mano del guardaespaldas y colocaba la palma sobre su amplio y expuesto escote- ¿Puedes sentirlo?
Vincent no pudo evitar mirar los grandes senos que casi asomaban del vestido, ni evitar sentir la tersa, blanca y tibia carne palpitando bajo su mano.
– …muy duro? -preguntó la joven del vestido rojo y de golpe Vincent se dio cuenta de que le había estado hablando.
– ¿Como…? yo… no entiendo…
– Me refiero a si enfrentarse a criminales armados es muy duro -le dijo la pelirroja con una sonrisa invitante de sus rojos labios.
– Es mi trabajo… yo… lo siento pero tengo prisa -dijo el escolta logrando sacudirse la atrayente imagen y dulce perfume de la joven frente a él.
Sin siquiera tocar entró por la puerta mientras los otros guardaespaldas le saludaban con un movimiento de cabeza.
Sentada ante su escritorio estaba Ivanka Trump vestida con un vestido negro y del otro lado un hombre de traje y cola de caballo que en sus manos sostenía una carpeta. Ambos voltearon a verlo con sorpresa.
– Vincent… ¿Qué ocurre?
– Lo lamento señora Trump pero debo hablar con usted de forma urgente.
– No hay problema -dijo el hombre de cola de caballo mientras se levantaba y tomaba su portafolios negro- de todos modos ya terminamos… por hoy.
– De acuerdo señor Scorpius, ya le llamaré… hasta pronto -se despidió la rubia mientras se levantaba y le estrechaba la mano al hombre.
– Hasta muy pronto señora Trump -dijo Scorpius para luego darse la vuelta y salir con calma del lujoso despacho, cerrando la puerta al partir.
– Bien Vincent… dime que ocurre, me asustas -dijo la rubia preocupada al sentarse tras el escritorio.
– Le explicaré, logramos encontrar la camioneta de los atacantes, por desgracia estaba limpia como un cristal… excepto por una libreta, que tenía la mayoría de las hojas arrancadas…
– Pues no parece que tengas mucho… ¿Por que la preocupación?
– Ah, muy sencillo: por que quien escribió en ella dejó marcadas palabras en las hojas en blanco al presionar demasiado, tengo un amigo en el FBI que usó un tratamiento químico y luz ultravioleta para poder leerlas y apareció un calendario.
– ¿Y que descubrieron?
– No solamente estaba marcada la fecha del intento de secuestro sino que había un comentario de uno de los secuestradores: “No se por que X nos engaño, pero era parte de su plan”. Suponemos que X es quién los contrató y por lo que entendemos usted sigue en peligro, eso cuadra con mi sospecha de que el ataque era una trampa. Por eso a partir de hoy duplicaré de nuevo la seguridad y cambiaremos las rutas. Era urgente que lo supiera y que esté prevenida.
– ¿Con eso bastará? -preguntó la empresaria algo más calmada.
– Tranquila Iv -dijo Vincent sonriendo levemente- Te aseguro que estarás a salvo, yo me encargaré de eso.
– ¡Oh Vincent… gracias! -dijo la rubia, muy emocionada mientras rodeaba el escritorio y abrazaba al escolta de una forma un tanto inapropiada, casi… íntima.
– Oh… es un… placer… debo irme… -dijo el hombre tratando de mantener la calma y tras liberarse delicadamente del abrazo se dio la vuelta y salió del despacho, dejando atrás a la empresaria sonriendo de forma enigmática.
– Eso fue raro -pensó el guardaespaldas- Iv siempre es amable pero mantiene distancia.
Siguió caminando, sintiendo que definitivamente algo andaba mal, pero no estaba seguro de que.
– Fue demasiado efusiva, casi… excitada -recordaba el ex MI6- su cabello siempre perfecto parecía algo despeinado y esas zapatillas…
Frunció el seño mientras pensaba que jamás la había visto usar semejante calzado.
– ¿Desde cuando se pone zapatillas de ballet para venir a la empresa? Y además de color rosa… -Vincent salió del edificio mientras trataba de recordar ciertos sucesos relacionados con ese tipo calzado que habían sido investigados por el FBI años atrás.
Esa noche, mientras su esposo dormía profundamente a su lado, Ivanka no podía conciliar el sueño, se sentía acalorada, tensa.
– Ooohh… ¿Qué me pasa? -pensaba molesta mientras se daba la vuelta en la cama. Ella y su marido habían tenido una buena sesión de sexo y normalmente después de eso descansaba muy bien. Pero no esta vez.
– No me siento relajada… estoy… -meditaba recostada boca abajo tratando de encontrar la palabra correcta- insatisfecha…
Finalmente apartó de un soplido un rubio mechón de cabello de su rostro y con cuidado se levantó de la cama. Llevaba una amplia camiseta y unas cómodas pantaletas de algodón.
– Quizás si veo un poco de televisión -pensó al dirigirse a la puerta de la alcoba, pero recordó algo, se desvió a al enorme tocador de caoba y de su bolso sacó sus zapatillas de ballet rosas.
– No debo andar descalza -susurró muy quedo, al salir al pasillo se las calzó y tras entrecruzar las cintas en sus tobillos se las ató con primorosos moños. Entró a un pequeño despacho donde a veces trabajaba su esposo en casa, se sentó en un cómodo sillón y encendió la televisión con el control remoto.
– A ver si hay algo bueno -pensó mientras comenzaba a cambiar de canal. Pero solamente encontró interesante un noticiero.
– Umm, no hay gran cosa -susurró mientras pensaba en el día que había pasado- aun no se por que llamé a Scorpius, es interesante pero debí invitar a un diseñador más reconocido. Sin embargo quiero su consejo… no, necesito su consejo. Por eso estoy usando estas zapatillas.
Levantó sus larguísimas piernas y las extendió para verlas perfectamente.
– Mmm… debo admitir que se me ven muy bien. Pero no se por que considera Scorpius que serán la nueva moda.
En ese momento, afuera de la casa, muy lejos, empezó a sonar la dulce música de una zampoña, lenta y relajante. Como la de un pastor descansando en el campo. Al instante la rubia entrecerró los ojos y recargó suavemente su cabeza en el respaldo del sillón.
– Ooohhh… que linda música… -pensó mientras se relajaba, la zampoña era como una canción de cuna que la aletargaba. Sentía que flotaba en un cálido vaivén, el sueño casi venciéndola.
La melodía cambió de ritmo. Dejó de ser tranquila, aceleró y se volvió cadenciosa. Como la de un sátiro tratando de seducir a una ninfa griega.
– Mmm… me gusta… -pensó Ivanka mientras inconscientemente se humedecía los labios y cerraba completamente los ojos. Las esbeltas piernas colgaban cómodamente del borde del sillón y sus lindos pies comenzaron a tensarse hasta ponerse de punta en las zapatillas de ballet, pero ella no se dio cuenta.
– Tengo… calor… -pensó la mujer mientras se quitaba la camiseta dejando su senos libres y expuestos, su piel se veía brillante por la transpiración y sus rosados pezones estaban erguidos.
– Quizás… necesito… -susurró suavemente mientras una de sus manos se deslizaba sobre sus pechos, su estómago, hasta llegar a su entrepierna, lánguidamente la introdujo en sus pantaletas y comenzó a darse placer, un placer lento y dulce… acariciante.
En un minuto ya estaba gimiendo y su otra mano comenzó a acariciar y pellizcar sus senos de forma lenta y deliberada.
– Esa melodía… tengo que saber… su nombre -pensó Ivanka mientras su cabeza descansaba en el respaldo- ooohhh… ¿Suena más… fuerte?… ¡Ojala!… aaahhh… ¡Que rico!
De pronto la zampoña aceleró su ritmo hasta volverse frenético y explosivo, como si el propio dios Pan tratara de someter a una mujer mortal.
La música del instrumento de viento todo lo invadía con su seductor poder, era ensordecedor… pero para la rubia simplemente se volvió irresistible.
– Aaaahhh… aaahhh… -gemía una y otra vez mientras se mordía los labios, tratando inútilmente de controlarse, de no gritar.
Cerró los ojos apretando fuertemente sus parpados, su boca abierta en un perfecto circulo rosa. Su mano acariciaba sus pechos vigorosamente, sus pezones estaban increíblemente duros y sensibles, su otra mano se movía a toda velocidad, agitando sin control sus pantaletas, frotando su clítoris.
– Ooohh… ooohhh… -gruñía Ivanka al sentir que la centelleante melodía lo convertía todo en placer y lujuria, el tibio sillón de cuero bajo su casi desnudo cuerpo, el aire que la rodeaba acariciando su piel, las suaves pantaletas de algodón provocando su entrepierna y sobre todo, sus increíbles zapatillas de ballet cuyo satín acariciaba los dedos de sus pies, sus plantas, su empeine, sus cintas sujetaban posesivamente sus femeninos tobillos como un amante al apoderarse de sus piernas para someterla y…
– ¿Qué… me… pasa?… yo no… soy así… –pensó confundida la heredera.
En ese instante entreabrió los ojos y vio sus piernas bien extendidas y duras, sus pies en punta calzados con las zapatillas agitándose en el aire como si caminara sobre una pared.
– ¡Oooooohhhh…! ¿Qué es… esto? -logró gemir tratando de recuperar la compostura, el control.
Pero entonces sintió un nuevo estremecimiento de placer entre sus abiertas piernas, impactada vio como su mano bajo las pantaletas ahora la penetraba con dos dedos una y otra vez, a un ritmo enloquecedor.
Ese movimiento acabó con su débil resistencia y aunque la rubia no lo deseaba su cuerpo se dejó llevar por el forzado placer que le causaban las zapatillas.
– ¡Ooohhh… noooo… ooohhh… basta… basta… -susurraba la mujer tratando de dominarse. Hasta que en medio de la música escuchó un voz que como un trueno le ordenó:
– ¡VENTE PARA MI!
– ¡Noooo… bastaaaaaaahhhhh! -gritó finalmente al estallar su mente y sus sentidos en el mejor orgasmo de su vida. Su cuerpo se tensó por varios segundos hasta que la misma voz de antes volvía a resonar, esta vez como un insidioso susurro:
– Olvida Ivanka -en ese momento la enloquecedora música de la zampoña al fin terminó.
Al instante la rubia se desvaneció como muñeca sin hilos, quedando inerte en el sillón, confundida y… satisfecha.
Un momento después entró su marido al despacho.
– ¡Cariño… cariño… -le llamó tenso al arrodillarse junto a ella, pero relajándose al verla entreabrir los ojos – ¿Estás bien? ¿Fue una pesadilla?
– Oh… si… creo que si… -mintió, avergonzada de lo que recordaba estar haciendo en el sillón y sorprendida del pesado silencio que había en la atmosfera- no podía dormir por el calor y vine a ver si la televisión me daba sueño.
– ¡Oh querida! Debió ser terrible… -le dijo su esposo al abrazarla tratando de reconfortarla, pero sin que el hombre se diera cuenta, la rubia miró sus delicados pies calzados con las zapatillas de ballet y sonrió…
A buena distancia de la casa una camioneta negra encendía sus luces y arrancaba el motor. En su interior, X sonreía complacido mientras con una mano masturbaba suavemente a Muñequita, vestía su uniforme de esclava: taparrabo frontal, garras de acero dominando sus senos y zapatillas de esclava forzando sus pies casi de puntas. La camioneta arrancó en la noche.
– Mmm… ooohhh… Amo… ooohh… -gemía de placer la jovencita reposando lánguidamente en el asiento reclinado casi horizontal del copiloto.
– Ahora sigue acariciándote -le susurró el hombre al apartar la mano y concentrarse en el camino.
– Aaahh… Siiii… -se deleitó la joven al introducir su mano bajo el delicado velo que cubría su entrepierna.
– Vamos muy bien esclava… ahora que puedo enviar la música directamente a las zapatillas usando su poder sobrenatural, ni siquiera necesitamos acercarnos y nadie más puede escuchar la melodía más que nuestro objetivo.
– Oooohhh… siii Amo…
– Por supuesto no es tan eficaz como el condicionamiento en persona, pero nos permitirá ir alterando poco a poco a la señora Ivanka. Y los días en que nos veamos en persona…
X sonrió de antemano relamiéndose al pensarlo.
– Pero ahora tengo una tarea para ti Muñequita…
– Siii… Amo…
– Necesitaremos que alguien más nos cubra la espalda con Ivanka… creo que su asistente ejecutiva sería una excelente adición a nuestra red -la sonrisa del encapuchado se desvaneció en una mueca- por pura suerte ese maldito guardaespaldas no nos descubrió.
– Si… ooohh… si… Amo…
– Estaré muy ocupado con Ivanka así que quiero que la sometas y la condiciones para mi…
– Aaahhh… pero… Amo… esa mujer no me apetece, es muy formal y… fría. Por favor…
– Jejeje… normalmente te castigaría por tu osadía lindura o gozaría condicionándote, pero no tengo tiempo… -tras esto X dijo las antiguas palabras de poder y, sin dejar de masturbarse, la pelirroja formó con sus rojos labios una sonrisa que prometía cumplir cualquier cosa que se les pidiera. Sus ojos estaban totalmente en blanco, sin pupila.
– Deseas a Jill Castro… es un reto… lo harás para complacerme… -empezó a entonar X.
– Deseo a Jill Castro… es un reto… lo haré para complacerte…. -repitió lentamente la hechizada pelirroja, masturbándose cada vez más rápido.
– Tráemela Muñequita… entrégame su cuerpo, sus piernas, su alma. ¡Hazla nuestra!
– ¡Siiii… Aaaaamo… siii… la deseoooohh…! -gruñó la joven al recuperar la conciencia y alcanzar un delicioso orgasmo, quedándose dormida a lado de X mientras este acariciaba sus expuestas y tersas piernas.
– Sabía que accederías primor…
Al día siguiente Ivanka se encontraba en su oficina tratando de concentrarse, pero constantemente recordaba lo ocurrido la noche pasada, cuanto había disfrutado tocarse y el placer que le había dado usar las zapatillas rosas de Scorpius.
– Mmm… fue tan delicioso…-pensó, pero casi al instante sacudió la cabeza incrédula- ¿pero que me está pasando?
Se inclinó sobre el escritorio y trató de concentrarse en el trabajo, pero el recuerdo del éxtasis del día anterior la distraía.
Casi sin darse cuenta empezó a frotar sus muslos entre si, disfrutando la suavidad de las pantimedias color piel que usaba.
– Mmm… oohh… no puedo seguir así… -pensó ya molesta, se enderezó y luego sonrió con picardía al activar el intercomunicador- Jill… no quiero llamadas ni visitas hasta que te avise.
– Si señora Trump.
Luego Ivanka se estiró sobre el escritorio y sacó de su bolso el par de zapatillas de ballet.
– Quizás si me desahogo un poco podré concentrarme -pensó mientras se sacaba sus zapatillas negras cerradas y formales, se colocaba las de ballet y se ataba las cintas en los tobillos, de inmediato sintió un delicioso estremecimiento de placer por la caricia del satín.
– Mmm… es un buen inicio -se recargó en el asiento y muy despacio empezó a subirse el vestido, dejando sus largas piernas cada vez más expuestas, las rodillas, los muslos, finalmente aparecieron sus pantaletas blancas de seda cubiertas y a la vez mostradas por sus translucidas medias.
– Uuff… aun no empiezo… y ya lo estoy disfrutando… -susurró sonrojada la rubia mientras.  acomodaba su vestido alrededor de la cintura. Lentamente introdujo su mano bajo las medias, luego bajo sus pantaletas y comenzó a acariciarse muy despacio.
– Aaaahhh… siiii…
Apenas en minutos su mano se movía con ritmo en su entrepierna, acariciando, penetrando, complaciendo.
– Ooohhh… eso… esooo…
De nuevo la rubia empezó a escuchar a lo lejos una melodía, esta vez una flauta. Su ritmo era casi hipnótico y la heredera empezó a seguirlo casi sin darse cuenta.
– Oooohh… más… más… -de pronto el intercomunicador se activó.
– Una disculpa señora, pero es su coordinador de seguridad, Vincent, al teléfono, dice que es urgente -dijo Jill casi apenada.
– No… ahora no… -pensó por un momento la rubia, antes de sonreír de forma traviesa- tal vez pueda seguir… mientras escucho a Vincent… me gusta su voz…
– ¿Le digo que está ocupada? -preguntó la asistente al no recibir respuesta, sin saber que la empresaria hacía un esfuerzo supremo por no gemir mientras se masturbaba cada vez más de prisa.
– No… hiciste bien… en avisaaarme… debe ser importante… comunícalo…
La mujer activó el alta voz y siguió dándose placer.
– Vincent… -logró decir con calma antes de morderse los labios para contenerse.
– Señora Trump…
– Puedes… llamarme Iv… ya lo saaabes…
– Oh, gracias, bueno… le llamaba para comentarle algunas pistas que tenemos.
– Siii… te escucho…
– Eh… resulta que hace casi dos años hubo varios secuestros de mujeres jóvenes.
– Siii… ooohh… me gusta… su voz -pensaba la mujer.
– Bien lo interesante al respecto es que en varios casos hubo pistas relacionadas con el ballet.
– Mmm… -apenas logró susurrar Ivanka ya al borde del orgasmo, sin que ella se diera cuenta sus pies se pusieron completamente de punta bajo el escritorio, formando sensuales y pequeños arcos- ¿Si…?
– Según se supo, en algunos casos la victima recibió un par de zapatillas de ballet días e incluso horas antes de desaparecer y al menos en un par de casos fueron raptadas una maestra de ballet y una joven chef que había sido bailarina profesional.
– …¿Y crees… que me… pasará… lo mismo? -la rubia apenas pudo ahogar un gritito al tener un pequeño orgasmo.
– Es una posibilidad… pero hare lo necesario para impedirlo. No se preocupe, la protegeré.
– ¡Ooohh… Vinceeeeent! -finalmente estalló la mujer ante las protectoras palabras del escolta, sus lindas piernas bien tiesas y horizontales bajo el escritorio, sus pies en punta… pero esta vez la heredera no se dio cuenta al tener los ojos cerrados, un instante después del orgasmo sus extremidades se relajaban bajo el escritorio.
– ¡Señora Trump! ¡Se encuentra bien?… ¡Iv!
– ¿Qué…? -respondió la mujer aun reponiéndose del orgasmo- oh… estoy bien Vincent…
– ¿Segura?
– Si… es sólo que… por un instante reviví… lo ocurrido… -dijo Ivanka con voz entrecortada
– El intento de secuestro…
– Si… eso…
– Suena afectada ¿Llamo a su esposo?
– No, estaré bien… sigue con tu investigación, vas muy bien.
– Muy bien señora, la mantendré informada. Hasta pronto.
– Hasta pronto.
Vincent meditó brevemente al colgar el teléfono.
– Que curioso… si Iv no me hubiera dicho que recordó el ataque hubiera creído que hacía algo muy diferente.
Sentado en su estudio, el ex MI6 abrió un folder y siguió revisando los casos, tratando de encontrar una conexión… algo.
– El primer caso relacionado fue el de una… antropóloga y arqueóloga… llamada Sydney… Fox -leyó el hombre- aun está desaparecida. Mmm…
Días después Ivanka platicaba de nuevo con Scorpius en otra reunión de trabajo.
– Me alegra que le gustaran mis comentarios y consejos. ¿Qué le parecieron las zapatillas? Espero las haya disfrutado… -dijo al sonreír el hombre.
– Pues debo confesar que al principio no me parecieron nada especiales, pero poco a poco he aprendido a apreciar sus virtudes -dijo a su vez la rubia con una sonrisa misteriosa.
– Perfecto… perfecto, ahora por favor entréguemelas.
– ¿Qué? Pero pensé que… -empezó a decir ella sintiendo una gran desilusión.
– ¿Que eran un regalo? Normalmente lo serían pero las que le presté son un prototipo. Las necesito.
– Oh… por supuesto… -dijo casi con tristeza mientras le entregaba las zapatillas rosas tras sacarlas de su bolso.
Pero al volver a ver a Scorpius se encontró con que sostenía unas zapatillas negras de punta afilada, grueso y alto tacón, ancha pulsera al tobillo. Lucían profesionales.
– Ahora quiero que pruebe este par y me diga que le parece -le dijo Scorpius sonriente mientras tomaba de su mano las de ballet.
– Oh… se ven muy bien… pero el tacón es demasiado alto para trabajar.
– Recuerde que quería mi consejo.
– Oohh… yo… -empezó a dudar la empresaria mientras sus parpados se entrecerraban.
– Vamos… sea buena chica y póngaselos…
– Si… está bien… -dijo finalmente la rubia en un susurro, casi como hipnotizada, mientras tomaba de la mano del diseñador las altas zapatillas.
Se quitó sus zapatillas cerradas azul marino y con mucho cuidado se colocó las negras, abrochando las pulseras lentamente.
Luego parpadeó un par de veces y sonrió.
– Pues se sienten muy cómodas – dijo para luego levantarse y caminar por el despacho- ¿Como me veo?
Scorpius estaba extasiado al ver las largas piernas de la rubia calzadas con las altas zapatillas, su cabello rubio suelto, sus senos marcándose bajo el ajustado vestido azul, sus nalgas resaltadas por los tacones.
– Muy bien, cuando la someta será una exquisita esclava, es simplemente perfecta, a la altura de las demás hembras de mi harem… -pensaba mientras sonreía a la mujer.
– Luce espectacular como siempre Ivanka, sin duda lleva la herencia de su madre –le halagó Scorpius sin disimular su admiración.
– Me refería a sus zapatillas –dijo sonriendo la rubia- y recuerde que soy casada.
– En realidad eso no me importa en lo absoluto –le respondió el hombre mientras sacaba de su bolsillo una especie de control remoto- no quiero que seas mi esposa, sino mi esclava, mi hembra… mi mascota… ah y no olvide que sólo puede susurrar, nada de gritos.
– ¿Pero de que habla?
Ivanka pudo percibir una música lenta y sensual que empezaba a dominar la habitación. Luego una cálida vibración fue subiendo desde sus pies, por sus piernas y hasta el centro de su femineidad.
– Ooohh… mmm… ¿Qué pasa? -pensó un instante antes de mirar hacia abajo, para encontrarse con que sus pies empezaban a moverse levemente con la música.
– Debemos seguir trabajando Ivanka… -le dijo suavemente al oído Scorpius a la vez que suave pero firmemente sujetaba sus muñecas y tras ponerlas tras la espalda de la rubia las atrapaba ahí con sus grilletes. Dejándola completamente indefensa.
– ¿Pero que hace? -trató de gritar la empresaria, pero las palabras salieron convertidas en un sensual susurro.
En ese momento la música aumentó de volumen y aceleró su ritmo, el hombre le dio un suave empujón a la rubia haciéndola dar un par de pasos al frente. Pero sus pies ya no se detuvieron, siguieron moviéndose fuera del control de la mujer, obligándola a bailar.
– ¡Aaahh! ¿Qué… me hizo?
– Tenemos mucho por hacer lindura, pero no puedo explicarle ahora, mejor recuerde…
Sin dejar de moverse como una consumada bailarina exótica, levantando sus piernas, arqueando su espalda y ondulando sus caderas, la mujer cerró los ojos al ser golpeada por los recuerdos que en tropel la abrumaban: en la limusina, en esa misma oficina, la humillación y sobre todo el desbordante placer…
– ¡Noooo…! ¡No de… nuevo! -trató de exclamar, pero sus palabras sonaban más eróticas que alarmantes.
– Bien… veo que ya recuerda.
– Basta… deténgase…
– Lo siento pero nuestro horario es muy apretado.
– No me… haga esto… -gimió suavemente la mujer mientras agitaba sus caderas y nalgas de espaldas a Scorpius… como ofreciéndosele.
– Creo que para avanzar debemos empezar a eliminar sus inhibiciones, eso nos servirá a futuro.
– No… no… por favor…
– Me lo agradecerá cuando empiece a disfrutar…
– Oooohhh… nooo… -susurró Ivanka cuando sintió el placer extenderse de nuevo desde las zapatillas malditas hasta su entrepierna, inflamando su sexo…
Scorpius empezó a bailar con ella, guiándola.
– Me encanta su cuerpo Ivanka, sus largas piernas, sus firmes tetitas, ese esbelto cuello, sus nalguitas respingadas… pero debería mostrarlo más…
– Nooo… yo nooohh… soy así… -trató de negarse la empresaria.
– Siempre tan formal, tan elegante, libérese, sea más audaz, enseñe sus atributos…
– Nooo…
– Si… debe mostrar sus piernas…
– Nooo… por favor…
Sin inmutarse Scorpius la levantó y la recostó en el escritorio, sus nalgas casi al borde del mueble, luego se acomodó entre las torneadas extremidades de la mujer, estas subían y bajaban, rodeaban su cintura y luego se abrían en V, rozando con sus altos tacones los costados de su captor. Una nueva canción empezó a sonar en los oídos de la indefensa empresaria, más rápida y casi hipnótica.
Siguiendo la melodía, ahora la rubia usaba sus atrapados brazos e incontrolables piernas para apoyarse y levantar sus caderas del escritorio en un erótico vaivén, lo que aprovechó el hombre para arremangar su falda gris a la rodilla hasta su pequeña cintura, dejando expuesto su apetitoso pubis cubierto por unas elegantes pantaletas negras.
– Muy bien Ivanka, tienes un gusto exquisito… –dijo complacido el diseñador mientras se bajaba lentamente los pantalones, disfrutando ver a la vulnerable rubia moviendo su entrepierna adelante y atrás, en un instante quedó expuesto su miembro bien duro y listo para cobrar su presa en la bella empresaria.
Al ver esto los ojos de ella mostraron su terror y empezó a sacudir su cabeza de lado a lado mientras gemía sin poder controlar su cuerpo.
-No… por favor… no haga esto… -sollozó, pero Scorpius respondió sujetando la cintura de las pantaletas y aprovechando un momento en que las piernas se extendieron derechas y verticales, como columnas de placer, las deslizó hasta dejar a la mujer completamente expuesta a su dominador, acariciando con la delicada prenda la tierna piel de sus muslos y pantorrillas.
– Aaaaahhhh… -gruñó complacida la empresaria ante la maniobra, sin saber bien el motivo, ignorando que el poder de las zapatillas poco a poco volvía su cuerpo más sensible y vulnerable a toda caricia… a todo contacto.
– Aunque debo decir que me hace falta sentir sus piernas cubiertas de medias… –le dijo el hombre de la cola de caballo complacido ante su reacción- pero ya arreglaremos eso después.
Al decir esto, el hombre entre sus piernas sujetó firmemente los tobillos de Ivanka y tras mirar un instante como sus pies y caderas seguían moviéndose en pequeños círculos, la penetró con fiereza y facilidad, gracias a la abundante humedad de su vagina.
– ¡Aaaaahhh…! -trató de gritar ella en un esfuerzo final, pero solamente se escuchó un delicioso gemido salir de sus pálidos labios.
Sujetándola firme pero amorosamente Scorpius empezó a marcarle el ritmo, que ella empezó a seguir de forma compulsiva gracias a las zapatillas.
– Ooohh… es como… lo… imaginé… -pensó por un instante la rubia al recordar aquella noche en el despacho- mi amante… dominándome… y… ¡No!… ¡Basta!
– Muuuy bien… esclava… eres muy… receptiva… -le susurró su atacante mientras entraba en ella una y otra vez, más y más rápido, sonriendo al ver como las piernas en su poder se tensaban y sus pies se ponían aun más de punta.
– Ooohhh… ooohh… nooo… ooohh… -apenas pudo gruñir la indefensa mujer.
– Eso es… me enloqueces… Ivanka… pero deberías… mostrar más… tu cuerpo… -empezó a decirle Scorpius- tienes… una figura… exquisita.
– Nooo… basta…
– Una figura… como esa… debe ser mostrada… ante el mundo… – empezó a condicionarla Scorpius mientras la poseía vigorosamente.
– No… no… se lo suplico… -le pidió la rubia entre gemidos, pero su cuerpo indicaba otra cosa y su voluntad se desmoronaba con cada enloquecedora embestida de placer, cada vez más intenso.
– Para empezar… sus piernas… son perfectas… largas y esbeltas… debería permitirle… a todos… disfrutar de la vista… de esas maravillas naturales… -le condicionaba Scorpius mientras seguía penetrándola y con una mano le acariciaba una de sus piernas bien extendidas.
– Aaahhh… aaahhh… aaahhhh…
– Debes lucirlas…
– No…
– Debes lucirlas…
– Nnnn….
– Debes lucirlas… para todos… y en especial para mi… -le dijo de forma irresistible el hombre al venirse profundamente dentro de la vulnerable mujer- Nnnngggg…
– Nnnnaaaahhh… siii… -se rindió al fin Ivanka al ser empujada al placentero abismo del orgasmo, se tensó  sobre el escritorio y sollozó mientras con una mano el hombre sujetaba su barbilla obligándola a mirarlo a los ojos- siiii… son para… lucirlas…
La melodía terminó de pronto.
– Tuvimos… un buen progreso… lindura… pero aun… podemos añadir algo más… -le susurró el diseñador al oído a la mujer mientras con la otra mano le apretaba posesivo una de sus firmes nalgas- empezando por una lista de las zapatillas que de ahora en adelante siempre usarás…
– Ooohhh… -gimió ella, agotada pero deliciosamente satisfecha, sus piernas colgando relajadas del escritorio, brillantes por el sudor…
Afuera, la pelirroja ayudante de Scorpius platicaba con la asistente de Ivanka.
Patricia llevaba un vestido negro ajustado que apenas le llegaba a medio muslo y dejaba expuesta su espalda casi hasta sus nalgas, dos largos trozos de tela cubrían sus grandes senos para atarse en un lindo moño atrás de su cuello. Unas sandalias negras de tacón alto dejaban ver sus delicados pies con la uñas pintadas de negro, y una serie de tiras muy delgadas se entrecruzaban sobre su empeine hasta atarse en sus tobillos. Estaba sentada en un sillón a lado de la trigueña, sus piernas cruzadas casi expuestas en toda su gloria.  Los escoltas en la sala no la perdían de vista…
– Vamos Jill, pruébalas… te van a gustar… -le decía mientras le mostraba unas sandalias de tacón alto color violeta dentro de una caja.
– No se… -dijo la formal mujer mientras sonreía, atrapada por la simpatía y labia de Muñequita- son demasiado altos…
– Inténtalo, si no te gustan me los devuelves mañana…
Al pensar en la marca y costo del calzado que la pelirroja le ofrecía como regalo de la empresa, Jill se decidió.
– Bueno… tu ganas, lo intentaré… vaya que eres persuasiva… -dijo al fin con una sonrisa.
– No te arrepentirás -dijo para añadir con una sonrisa misteriosa- una vez que las pruebes no podrás dejar de usarlas…
– Tal vez las use esta misma tarde, cenaré con una vieja amiga… ¿Te gustaría acompañarnos? -le dijo amablemente la asistente a la pelirroja.
– Oh… pues gracias… si, claro que acepto, tu avísame donde, ya tienes mi número.
En ese momento, las puertas del despacho se abrieron y salió Ivanka acompañada de Scorpius que llevaba su portafolios en mano, se detuvieron junto al escritorio.
– Muy bien entonces continuaremos la próxima vez… -le dijo a la rubia antes de volverse a su asistente- Paty, es hora de irnos. Buenas tardes señora Trump.
– Buenas tardes señor Scorpius, lo espero con ansias… Jill, asegúrate de agendarle otra cita la próxima semana a la misma hora.
– Si señora –dijo la asistente mientras empezaba a escribir en la computadora.
Scorpius se despidió con una inclinación de cabeza y se dirigió al ascensor con su ayudante.
Por su parte Ivanka entró de nuevo al despacho.
– Qué buenas ideas –pensó mientras se pasaba una mano por el cuello- ufff pero que acalorada estoy, me siento cubierta de sudor. Me daré un baño y… esta falda tan larga me estorba.
Se dirigió al gran baño del despacho mientras se subía su falda gris hasta medio muslo, sintiéndose más cómoda y libre, pero a medio camino se quedó paralizada por lo que sintió, o más bien, lo que no sintió bajo su falda.
– Pero… ¿Por qué no llevo pantaletas? No pude olvidar ponérmelas… ¿O si? –dudó mientras ponía las palmas de las manos en sus caderas- ¿O en que momento me las quité?
Entonces sintió un poco de humedad extendiéndose por el interior de sus carnosos muslos.
– Que vergüenza… ¿Por que me puse así ante Scorpius? Dios… ¿Qué me está pasando?
En el ascensor, X disfrutaba del sensual aroma de las pantaletas negras que se había llevado como recuerdo, pensando en los futuros placeres que obtendría de la rubia y en que la obligaría a disfrutarlos.
CONTINUARÁ
 
 
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