Hace un año me vine a Madrid a estudiar un postgrado. Yo soy dentista, chilena, tengo 33 años, soy casada y tengo una hija de dos años. En el aeropuerto conocí a otra chilena, que también viajaba a Madrid para lo mismo que yo, salvo que ella es abogada y su master es en derecho. Nos llevamos bien de inmediato y al poco de conocernos acordamos arrendar un piso juntas, así se nos hacía más barato a ambas y teníamos la ventaja de ya conocer a alguien en un paisaje nuevo.
Mi nueva amiga se llama Beatriz, también de 32 años. Ella es más extrovertida que yo y más amistosa, cosa que me agradó desde un principio, pues nos complementamos bien, de inmediato supe que el ser amiga de ella, me traería nuevos amigos.
Al año de estar acá, y luego de mucho estudio para ambas, Bea me dijo que había quedado de invitar a 6 amigos al piso, consecuente con su forma de ser formal y respetuosa, antes de hacerlo estaba pidiendo mi aprobación. Yo no tuve mayor problema, le dije que encantada y que además a mí también me vendría bien algo de distracción ya que mi esposo se quedó en Chile con nuestra hija. Yo decidí hacer el postgrado aprovechando la poca edad de ella, hablaba todos los días con él por chat y pese a la distancia me sentía a gusto la situación.
 Llegó el día en que venían los amigos de Bea. Era un día viernes, pero en vez de llegar 6 personas llegaron dos tíos y una chica. No me molestó, pero le pregunté a Bea que por qué llegaron menos, y me dijo que los otros 3 eran extranjeros como nosotras y que aprovecharon de ir a Barcelona por unos días. Todo bien, pero a uno de los chicos, lo conocía de antes de alguna parte. Cuando llegaron, yo aún estaba en short y camiseta, dado el verano, los saludé y les dije que volvía al rato. Ellos venían con algunas botellas de licores y picoteos, no me pareció nada malo ni extraño. Eran las 21:00, pero la sensación ambiental era calurosa, así que me puse una falda, ni tan corta ni tan larga, unos dedos sobre la rodilla y una blusa. Así me integré con el grupo que estaba muy divertido jugando al juego de penitencias de responder o beber.
Yo no fumo ni tengo la costumbre de beber así que en principio solo miraba como jugaban, y me reía con ellos. Hasta que uno de los chicos, el que me pareció conocer me dijo:
-Hace poco te he agregado al Facebook, te acuerdas:
Fue entonces lo reconocí. Pese a no conocerlo lo acepté porque teníamos de amiga en común a Bea. Conversamos un poco, el, al igual que los otros invitados son españoles. Ya había corrido algo la hora y eran cerca de las doce. La chica del grupo, Francisca estaba algo afectada por el alcohol, así que llamó a su hermana menor para que fuera a buscarla. A los pocos minutos estaba ahí. Así que Bea se quedó jugando sola con los dos chicos, para no dejar a mi amiga entré yo también al juego.
Javier, el otro chico me hizo una pregunta algo incómoda; con cuántos hombres había estado, pasé de responder así que me tocó beber ron. Luego otra pregunta de Raúl de la que también pasé, y ya tenía dos copas en el cuerpo. Vino el turno en que le preguntaron a Bea, pero ella respondía todo el tiempo así que no tuvo problemas con los licores. Pensé que o empezaba a responder o terminaba borracha. Al rato pensé:
-Da lo mismo, estoy en mi piso y si quiero puedo irme a acostar sin problemas.
Así que jugando, no respondí a nada y tomé dos copas más antes de sentirme mareada. Les dije que no quería ser aguafiestas, pero que por ahora prefería acostarme. Todos se rieron y siguieron jugando. Cerré la puerta y me acosté sobre la cama, se me levantó algo la falda, pero me dio igual, era mi cuarto y nadie entraría. Escuchaba las risas y las respuestas subidas de tono, yo también reía desde mi cuarto hasta que me dio sueño y me dormí.
De pronto desperté, suavemente, pero me dije a mi misma, quizás por efecto del alcohol que seguía soñando. Estaba teniendo un sueño erótico, eran comunes en mí por esos días, ya que no estaba con mi esposo ni con nadie más desde que había llegado a España. Me desperté sintiendo mi falda subida, mis bragas bajo mis glúteos, mis nalgas separadas por una mano en cada una y una lengua entrando y saliendo, paseándose por los contornos de mi ano. Me sentía muy a gusto con el sueño, pensé, así que me dejé llevar y puse el culo en pompa. Pero entonces sentí la lengua recorriéndome el interior de las nalgas en lametones suaves y largos, y un mordisco fuerte en mi nalga derecha seguido de un chupón.
Eso lo sentí muy real. Reaccioné, giré mi cabeza, y había un tipo sobre mí, solo lo divisaba por las luces de la calle que entraban por la ventana. Como pude estiré la mano y prendí la luz del velador. Tremenda sorpresa me llevé al ver a Raúl entre mis nalgas, mirando y sonriéndome. De inmediato reaccioné y me levante, muy enojada le di un bofetón y le dije:
 -¡Que te has creído imbécil!
Me levanté rápido y salí del cuarto al salón, en eso escuché un sonido que reconocí de inmediato, estaba encendida una de las lámparas y lo que vi me dejó petrificada. Javier estaba sentado en el sillón y Bea le daba la espalda, sentada en sus piernas con la camiseta en la cintura y las tetas al aire. Javier se las estrujaba y Bea se relamía de gusto.
No supe que pensar ni decir ni hacer. Sólo atiné a fijarme en las tetas de Beatriz, son grandes, muy paradas y redondas, como melones en su lugar pensé. En lo absorta de la visión me olvidé de Raúl, que de pronto se puso detrás de mí, apoyándome su bulto, en el culo y con su boca respirándome en el oído me dijo:
-Desde el principio planeamos esto con Javier y ahora es tu turno de estar como tu amiga.
Con una mano rodeó mi cintura, la otra la puso bajo mi falda y sobre mis bragas, apoyándose en mi entrepierna, algo aturdida, algo sorprendida y algo enojada, solo le dije en un suspiro:
-Estoy casada y tengo una hija.
Muerto de risa, el me respondió:
-Ahora tu marido soy yo, y ahora mismo voy a hacerte otro hijo- dicho eso me llevó un par de metros a la habitación y cerró la puerta con seguro.
Allí, me arrinconó desde atrás contra la pared, restregando su pico en mi culo, había subido mi falda y su pantalón con el bulto duro estaba en contacto directo con mis calzones. Me punteaba contra la pared, ya empoderado y agarrado, adueñado de mis tetas por sobre la blusa y el sostén. Empezó a decirme un montón de obscenidades, pero una me llamó más la atención:
-No sabes cuánto he fantaseado con esto desde que vi tus fotos en el facebook.
Entre el alcohol, la imagen del tipo con mi amiga ruborizada y Raúl prácticamente clavándome la polla en las nalgas por sobre la ropa, estaba algo encendida, pero aun molesta, lo empujé hacia atrás con mis caderas, me di vuelta quedando frente a él, lo mire fijo dos segundos y le di un bofetón. El respondió dándome un beso de lengua en la boca. De mi parte otro bofetón, él respondió con otro beso esta vez atrapando entre sus labios mi labio inferior y estirándolo hacia él. Otro bofetón, y de su parte otro beso.
Esta tercera vez no hubo un bofetón….me había gustado los besos y sentirme poderosa al abofetearlo….sólo bajé mi cara en dirección al suelo, porque estaba algo avergonzada. Tomó mi menton y vino otro beso, su lengua acarició toda mi boca por dentro. Ahora sí lo respondí. Y comenzaron besos ansiosos, cargados de lujuria, terminó con mi lengua pasando de abajo hacia arriba por sobre su boca. Se separó de mí y me miró. Tras lo cual, me atrajo hacia él agarrada del culo y me restregó su bulto.
Entonces volvió a girarme contra la pared, dándole yo la espalda, bajó mis bragas y puso su pene entre mis nalgas y aferrado con fuerza de mis tetas me respiraba en el oído y me dijo:
-Esto es mil veces mejor que las pajas que me hice mirando tus fotos.
A partir de ahí, Raúl se movía como culeándome,. Me tenía prisionera entre sus brazos, agarrándome las tetas, yo agitada, moviendo mis caderas a su ritmo y hacia él, entregada al que en ese momento era mi amante. Desde atrás soltó mi blusa y pasando las manos por dentro y debajo del sostén se apoderó de mis tetas, por primera vez piel con piel y me dijo:
-Ya no es en foto, al fin son mías-, tras lo cual puso todo mi pelo a un costado de mi cabeza, y por el otro lado devoraba mi cuello, mientras me daba chupones muy sonoros.
Asustada por las fuerza de mis sensaciones, le dije:
– No, ¡qué me dejas marcas!
Soltando una carcajada, respondió:
-Sí, marcas de que eres mía- mientras seguía moviendo su pico y yo apretándoselo con las nalgas, al tiempo que con una mano me agarraba las tetas y con la otra se adueñó de mi frente mientras que mordía mi cuello y  me tenía aplastada en la muralla lamiendo mi cuello, me dijo:
-Te encanta mi polla, tu culito la está gozando.
Era cierto, por un poco de pudor dejé de hacerlo y aflojé mis nalgas. Entonces, sonriendo, se sentó al borde de la cama y me obligó a colocarme  en sus piernas, mirándolo de frente y con mis piernas abiertas. Con mi sostén en su lugar pero con ambas tetas afuera y con marcas del contacto, se puso a lamer suave mis senos al principio, de uno a uno, hasta deshacerse de mi sujetador.
En ese momento, juntó ambos pechos para besarles en la punta. Os juro que me creí morir al notar que pasaba la lengua por mis pezones, que recorría desde la base a la punta del pezón con su lengua, siempre alternando durante unos segundos en cada teta.
-Tienes los pechos suaves como flanes y a la vez duros como rocas- murmuró en mi oreja.
Como si mis dos peras hubiesen crecido algo entre sus manos, agradecida,  se las apreté contra la cara para que mi supuesto agresor disfrutara de ella y para que perversamente me las mordiera más. Intentaba tragarlas enteras.
Intempestivamente se puso de pie y me arrinconó contra la muralla; levantó mis dos manos por sobre mi cabeza tomada por una de las de él, y con la otra me dio un par de cachetadas en las tetas. Al principio no supe cómo reaccionar, pero a la quinta ya me tenía caliente. Lo quisiera o no, me excitaba más que  de ninguna otra forma que me cacheteara las tetas. Él debió notarlo en mi cara porque volvió a apoderarse de mi boca con la suya, tras lo cual me quitó del todo la blusa y la tiró con violencia al suelo.
Una vez allí, me estaba mirando fijo cuando se produjo una interrupción, al escuchar ambos la voz de Bea decir:
-Por el culo ¡no!
Intrigado por lo que ocurría en la otra habitación, Raúl abrió la puerta, que estaba a mi costado y por eso mientras permanecía con mis manos en alto y mis tetas aun vibrando y agitadas por mi respiración, pude ver a mi amiga a cuatro patas sobre la alfombra del salón y a Javier detrás de ella. Raúl sonrió, cerró la puerta y dijo en un murmullo:
-A lo nuestro- tras  lo cual soltó mis manos y arrodillándose frente a mí, me subió mi falda y tomando de los costados mis bragas las deslizó hacia abajo por mis piernas. Excitada como estaba, levanté una y luego la otra. Ya sabía lo que iba a pasar. Íbamos a culear, a follar. Sin darme tiempo a pensármelo otra vez, me llevó hasta la cama y me recostó.
-Tranquila, solo te voy a meter la puntita para ver que se siente estar dentro de ti y después la saco- hipócritamente me susurró porque….una vez entró la punta, la metió toda.
Me tenía presa del culo por sus manos y por mí misma, por mi deseo. Pero todavía me resistía un poco, en contradicción conmigo misma. Atine a susurrarle despacio:
-Sácala, por favor.
Desoyendo mis deseos, me agarró fuerte de los muslos y empezó a ensartarme en círculos, como si su pico estuviera bailando dentro de mi chochi. Me estrujaba fuerte del culo y me miraba fijo, quiso besarme pero yo, reservándola para mi marido, cerré la boca. Entonces apretó suave mi nariz y yo abrí mi boca. Su lengua entró de inmediato y se dio gusto en hacerla pasar por mis dientes por todo el tiempo que quiso
Ya no tenía moral para resistir, su lengua en mi boca y su pene en mi vagina, así que lo abrace con mis brazos por su cuello, con mis piernas por su cintura y empecé a besarlo también, con todas las ganas que me traía esa noche.
Entonces, Raúl me dio vuelta y poniéndome a cuatro patas sobre la cama, me agarró de los brazos cogiendo cada una de mis muñecas y bien ensartada desde atrás como me tenía, se puso a lamerme las axilas desde atras, a la vez que soplaba suave mis brazos, mis muñecas, mis axilas por el interior. Reconozco que en ese instante,  estaba derretida.
El al notarlo, lamió al tiempo que me daba besos, chupones, lametones, mordiscos en los hombros y en mis espalda. Yo solo atinaba a decirle que siguiera. Mis tetas colgaban, se movían adelante y atrás, se bamboleaban. Él se acercó a mí por atrás, con delicadeza levanto mi torso pegándolo al suyo, devorándose mi boca y yo la suya. Acto seguido, apretando, esta vez con sus manos como dos prensas mis tetas, masajeó mis pezones, yo pegada a él, penetrada por él. Abrazándolo mientras revolcaba su lengua contra la mía dentro de mi boca.
Empujando mi torso hacia abajo con su mano, me dejó apoyada de boca sobre la cama con el culo en pompa. Aun con la falda, me dijo:
-Voy a seguir donde me quedé, cuando despertaste.
Cumpliendo su amenaza, se ubicó por sobre y detrás de mí, a la altura de mi culo, separó bien mis nalgas y me clavó su lengua en el culo. Yo estaba que explotaba de calentura al sentir como la punta de su lengua entraba y salía de  mi interior. No contento con ello, daba lametones en mi culo y volvía a introducir su lengua divina en mi ano. No pude evitar pensar que mi esposo jamás me había hecho sentir así de deseada, de calentona, de morbosa.
Sabiéndose mi dueño, sopló suave mi ano, y me preguntó sin mover un centímetro su cara, echándome el aliento:
-¿Te gusta?
Solo pude responder:
-Me encanta.
Eso lo envalentonó parece porque estuvo un buen rato literalmente comiéndome el culo, no solo lamidas y lametones, eran chupones también. Se irguió y empezó a frotarme el coño, a deslizar sus dedos por los costados de mis labios, por entre ellos y dejaba su dedo ubicado, sin hacerlo entrar en mi coño.
¡Estaba volviéndome loca!
Puso otro dedo en la entrada de mi culo, sin hacerlo entrar, y mantuvo el otro. Incapaz de moverme, me dejaba hacer, pero me notaba muy húmeda, muy excitada. Desde afuera se escuchaban los gemidos y grititos de Bea. La situación de ser infiel a pocos metros de mi amiga siendo fornicada por otro tipo, me ponía muy cachonda.
En ese instante, Raúl tomó una de las cremas de mi velador y empezó a untarme el ano, esta vez fui yo, la que girándome le dije:
-Por el culo no.
Como única respuesta, me jaló del pelo y dijo mirándome fijo:
-¡Por tu rico culo, sí!- y sin perder tiempo, juntó mis piernas, se puso encima de mí y me clavó la punta.
Yo me quedé en stop…lejos de dolerme, era una delicia de morbo y sexo. Puso más crema en mi culo e introdujo más su verga, repitiendo varias veces, hasta que me sentí profundamente penetrada, y por el culo. Mientras lo hacía lamía con dedicación y tomándose su tiempo mi cuello, hasta que me pregunto:
-¿El cornudo te encula?
Guardé silencio un momento y luego respondí:
-Sí.
Él me volvió a preguntar:
-¿Mejor que yo?
Absolutamente entregada, respondí;
-No- `porque para entonces la culeada ya no era suave, sino que a buen ritmo, y yo la gozaba como una cerda.
El muerto de risa, insistió:
-¿Te gusta putita?
Gozando y aun así, guardaba silencio por lo que el volvió a preguntarme:
-¿Te gusta putita?
Yo gozaba y guardaba silencio, Raúl me preguntó un montón de veces, y yo callada, hasta que en una de sus preguntas, mientras me culeaba, me acariciaba el coño con una mano, la otra la tenía en mi boca y yo lamiéndole un dedo, y su boca besuqueándome detrás de mi oreja, me corrí y sin importarme nada grité con todas mis fuerzas:
-¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
Ante mi entrega, sacó su pene de mi ano y me dejó descansar, yo temblaba, casi convulsionaba. Y él me tenía abrazada. Cuándo volví más en mí, me fijé en la hora, eran las 4:13 am. Raúl se percató y me apresó entre sus brazos, abrió grande su boca alrededor de la mía y como tratando de engullirme a través de ella me dio el mejor beso que jamás alguien me haya dado, follaba mi boca con su lengua, las puntas de ambas lenguas se tocaban y escapaba y volvían, ambos mirándonos de frente, me hizo sentir entregada y lujuriosa, muy lujuriosa. Me miró fijo y me dijo:
-Es viernes, me quedo acá en tu cama hasta el domingo- tras lo cual me hizo mamársela, pues él aún estaba duro y se corrió en mis tetas.
Después de eso volví a mamársela para que me enculara de nuevo. Me estuvo culeando hasta las 11 a.m, cuándo decidimos dormir. Desperté a las 5 de la tarde con una pierna sostenida en un brazo de Raúl y el montándome, lamiéndome la cara y las tetas. Ese fin de semana me hizo chupar, tragar, sentarme, recibir, dónde, cómo y cuánto quiso. Javier también se quedó con Bea, sólo nos vimos el sábado por la tarde y el domingo por la mañana para desayunar. Esa semana quedamos con Raúl todos los días, a dos semanas de lo ocurrido, Raúl se convirtió en mi amante y Javier en el de Bea.
Al mes y medio de vernos y follar casi a diario, decidí que debía terminar con Raúl, puesto que no estaba bien que una mujer casada se comportara de dicha forma. Lo llamé y le pedí que hablásemos en serio de la situación, porque yo ya no estaba tranquila. Él me dijo que lo entendía totalmente y que nos juntáramos a conversar en un bar para poder quedar como amigos.
Me pareció muy racional su propuesta y su forma de abarcar el problema, así que accedí. Ese mismo día nos juntamos a las 8 pm más o menos. Me expliqué y el me escuchó. Sólo me pidió una última vez como despedida. Algo reacia, pero en vista de su buena disposición y de todo lo que habíamos pasado, acepté. Quedamos de salir el día viernes a bailar y luego a nuestra despedida. Sabía que el sexo iba a ser efervescente, así que me vestí para la ocasión.
Me puse una minifalda, tacones y una blusa que dejaba expuestos mis hombros. Sabía que después de esa noche dejaría de ser una mujer adúltera y volvería a ser una esposa fiel. A la distancia, pero fiel. Raúl paso por mí en su carro y nos dirigimos a la disco. Llegamos, bailamos. Parecíamos una pareja muy normal. Hasta que a eso de las 2 am recibo una llamada al móvil; era mi esposo desde Chile. Con la salvedad, de que mi móvil lo tenía Raúl, pues yo dejé mi bolso en la guardarropía y él tenía bolsillos donde guardarlo. El sintió la vibración del teléfono y me lo entregó. Me separé de la multitud para contestar, se escuchaba el ruido y le dije a mi marido que fui a bailar con mis amigas.
Raúl no se había separado de mí. Hasta que un momento, mientras hablaba con mi marido, lo sentí muy pegado a mi cuerpo. De pronto, mientras hablaba y le preguntaba por nuestra hija, me da un lametón largo detrás de la otra oreja. Eso me hizo temblar un poco la voz. Para empeorar las cosas mordió suave el lóbulo. Me arrebató el teléfono y le dijo a mi marido:
-Lo siento, la seguridad no permite teléfonos dentro del local- y le cortó.
Sorprendida y enojada le dije que por qué había hecho eso, a lo que respondió:
-Porque ha llegado la hora de follarte.
Fuimos por nuestras cosas y nos dirigimos al estacionamiento. En todo el trayecto mi móvil no paraba de sonar. Era mi marido. Llegamos al auto, me puse en la puerta del copiloto, pero Raúl, me hizo subir a la parte trasera, y entró conmigo. Me ubicó de tal forma que mi cabeza quedó en el asiento, mis caderas en el aire y levantadas, y su cara ubicada frente a mi tanga, con mis muslos en sus hombros. Empezó a pasar su lengua por mi vagina, pero sobre mi tanga, daba lametones. Mientras el teléfono no paraba de sonar. De pronto paró el sonido, Raúl hizo a un costado mi tanga, sopló sobre mi vulva expuesta y dijo:
-Se cansó el cornudo- mientras se pasaba al al asiento del conductor y yo al del copiloto.
Llegamos al edificio en que vivo. Iba a hacer parar el ascensor, pero me dijo que por las escaleras. Me hizo subir las escaleras con su mano al interior de mi tanga, con su dedo entrando y saliendo de mi culo, debíamos llegar al piso 8°, en el 4 o 5, me dijo que se la mamara….sumisa obedecí….me imaginaba la escena y debió parecer sacada de una película porno…una mujer casada de 33 años, arrodillada con la minifalda subida hasta la espalda y mostrando las bragas, la camiseta levantada y las tetas al aire, mamándosela un hombre 5 años menor y que no era su marido, y que me follaba cuando quería.
El pensarlo me ponía más calentona, le chupaba la polla con más ganas: la tomé con mi mano derecha y con la izquierda sobaba sus testículos, y pasé mi lengua rodeándosela varias veces por la punta, bajé mi cara un poco y pasaba mi lengua desde la base hasta la punta, repetidamente…puse mi cabeza de costado y empecé a subir a bocados por su verga ya dura, hasta que la tuve de frente. Entonces  abrí grande mi boca y la engullí con placer morboso mientras no dejaba de mirarlo fijo, mi cabeza subía y bajaba con su polla dentro de mi boca y mi lengua la acariciaba al interior.
Puso su mano sobre mi cabeza y se dejaba hacer, hasta que me agarró del pelo, no muy fuerte la verdad, y me hizo levantar, una vez de pie me lo tiró un poco más fuerte, me soltó del pelo y rápidamente volvió a meterme su dedo en el culo…casi en un segundo y me tenía caminando nuevamente hacia mi piso. Llegamos a la puerta de las escaleras de emergencia, quise acomodarme la ropa, pero no me dejó.
Así que me apresuré en entrar y cerrar la puerta. Si alguien hubiese visto, de no ser por la hora, me habrían echado del edificio. Apenas entramos me llevó contra el sofá, me apoyó de boca en una de los brazos y me empezó a penetrar, suave, rodeando la entrada de mi vagina, mis labios, con su verga, hasta que la hizo entrar toda, luego la sacó lento, y volvía a penetrarme lento, haciéndome enloquecer.
Entonces me dijo:
-Dime que eres mi puta.
Y yo respondí:
-Soy tu puta.
Tras lo que él volvió a agarrarme del pelo y me llevó a la habitación. Cerró la puerta, y se desvistió. Yo aún estaba de pie cuándo él empezó a desvestirme. Me desvistió y se separó de mí un poco y me miró las tetas. Casi como si lo hiciera con sed o hambre o algo así.
Me agarró fuerte del culo y levantada me llevó contra la pared. Me ensartó lento, al mismo tiempo me dijo que no dejara de mirarlo fijo mientras me penetraba. No pude evitar hacer una mueca con mi boca. Empezó a comerme la boca, con su lengua saboreando la mía. La puso debajo de la mía, y con su lengua hizo entrar mi lengua en su boca. El beso era una delicia. Abrió la puerta y conmigo en upa empezó a caminar por el departamento, yo agarrada a él de su cuello y el agarrándome del culo. Me llevó al balcón, y apoyada contra la rejilla siguió follándome.
Sentía el frescor de la brisa en mis tetas, en mi culo desnudo y veía de reojo las luces de los autos que pasaban por la calle, pero no era lo importante, sino la calentura que llevaba en ese momento. Con furia lujuriosa lo besé y empecé a mover mis caderas al ritmo de las de él. Mis tetas se aplastaban como globos contra su pecho. Bien agarrada del culo como me tenía, al tiempo que lo masajeaba, me llevó hasta el sofá. Me fornicaba mientras me follaba el culo con un dedo, y lamia mi cara, mi nariz, mis mejillas, mi boca. Me nalgueaba y me hacía que le dijera que me gustaba como me follaba.
Yo lo hacía.
Me dio la vuelta y empezó a follarme dándole yo la espalda. En esa posición me agarró de los muslos y me llevó al cuarto. Sin dejar de follarme ni un sólo segundo. Me depositó de boca en la cama, con las piernas juntas. La gozada que me estaba propinando era increíble. Y mis gemidos se lo hacían saber. En medio de la vorágine de sexo, el teléfono vuelve a sonar.
Pero esta vez Raúl no lo dejó sonando. Lo contestó. Y era mi esposo. Para mi sorpresa y espanto, escucho a Raúl diciendo:
-Déjate de molestar que me la estoy jodiendo- y cortó.
Sin darme tiempo a reaccionar, sacó rápido su polla y la reubicó en mi culo. Grite….por lo caliente, lo afligida y lo sorprendida. Las embestidas eran fuertes. Estaba segura que los vecinos de abajo y de arriba me escuchaban gritar y gemir. Pero no me importó. No pensaba en lo que Raúl había dicho mi marido. Sólo pensaba en la follada que me estaba propinando. Después daría explicaciones a mi marido, le diría que perdí el teléfono y lo encontró un pesado o algo así.
Raúl se inclinó hacia mí y me dijo al oído:
-¿Aún quieres que cortemos?

Respondí con un No rotundo. Debió gustarle mi respuesta, porque me dio un beso que lo sentí desde la punta de mi lengua hasta la base de mi cerebro. Me giró, me puso de lado, él subido sobre una de mis piernas y la otra en el aire afirmada por su mano. Besaba mis dedos de ese pie, la planta. Me traía loca de morbo y placer. Y el teléfono volvió a sonar. Raúl contestó nuevamente, y lo puso en altavoz mientras me daba verga. Mis gemidos debieron escucharse, porque a los pocos segundos mi marido colgó. En ese momento nada me importaba. Raúl acabó dentro de mí y sin condón. Se quedó a dormir conmigo esa noche.

Me desperté unas horas después, 2 o 3 porque eran las 8, vi su polla a medio endurecer y empecé a mamársela, hasta que Raúl despertó y su polla terminó de crecer en mi boca. Se sentó en la cama y me hizo cabalgarlo. Yo movía mis caderas adelante y atrás, arriba abajo, en círculos. Él me nalgueaba y trataba de agarrar mis tetas con su boca, pero le resultaba difícil, porque botaban para todos lados. Estuve ensartada en su verga por todo el resto de la mañana.
Luego de ese día, sencillamente no tuve argumentos frente a mi misma para cortar con Raúl. Le dije a mi marido que había perdido el teléfono y que seguramente alguien lo encontró. Raúl me ha fotografiado y grabado en todas las poses que ha querido. Muchas haciéndose pajas con mis tetas. En uno de los videos se le escucha preguntar:
-¿Quieres que te lo meta por el culo?- y a continuación se escucha mi voz diciendo: -Me encanta por el culo.
Me ha follado en mi trabajo, en el suyo, en su auto, en estacionamientos, en un cine, en la piscina de mi edificio, de noche. Incluso me ha hecho llamar a mi marido y decirle que lo amo, mientras él está montado arriba de mí clavándome por el culo, o me tiene sudada montándolo. Pero algo había cambiado, ya no era sólo sexo. Ahora buscaba empatizar emocionalmente conmigo. Los besos y los preámbulos eran más tiernos y largos. Hasta que llegaban las obscenidades y yo me corría como nunca. Me había estado diciendo hacía poco, pero en repetidas ocasiones que pretende dejar a su novia para que estemos juntos, pero todas las veces le he dicho que eso no puede ser porque yo estoy casada, tengo una hija y una vida de esposa fiel a la que volver en Chile.
Esta vez no fue distinto. Nos metimos a la tina y besándonos me lo dijo. Yo simplemente no dije nada, cerré mis ojos, abrí mi boca sobre la suya y metí mi lengua dentro de su boca. Estaba sobre él abrazándolo por el cuello, arrodillada con mis piernas a los costados de sus caderas y el agua caliente nos rodeaba. Me dio vuelta, quedé yo abajo, el entre mis piernas, de frente a mí, yo apoyada en la tina de espaldas con el torso algo levantado y el me haciéndome un colchón en la espalda con sus brazos. Mis tetas en parte flotaban en el agua. Raúl empezó a chuparlas, como sólo él me lo ha hecho hasta ahora, y que al parecer le encanta. Habrá estado al menos una hora chupándome las tetas. Hasta que me hizo correr de tanto chupármelas. Me besaba, como captando el aroma de mi aliento.
Puso su polla en la entrada de mi chochi y empezó a penetrarme muy lento y suave, mientras me decía:
-Di que dejarás a tu marido por mí.
Y yo como una autómata erotizada, con la mirada perdida y mi boca semi abierta, dije:
-Voy a dejar a mi marido por ti.
Raúl me hizo repetirlo muchas veces, y yo lo repetí todas las que mis gemidos me lo permitían. El me daba verga y yo mordía mi mano para acallar un poco los gemidos. Me dio vuelta, quedando yo a cuatro patas en la tina, con el culo en pompa, apoyada en el borde y solo mis pantorrillas dentro del agua. Se puso detrás de mí, separó mis nalgas y empezó a rodear el contorno de mi ano con su lengua. A introducir de a poco, muy lentamente su lengua.
Besaba mi ano, lo lamía, lo succionaba. Paseaba su lengua por mi periné, entre mi vagina y mi ano. Acariciaba esa zona con la punta de su lengua y volvía a metérmela en el ano. Cuando me tenía a punto de llegar a otro orgasmo, me dijo:
-Di que me amas.
Y yo, en ese momento, más de su propiedad que de mi misma, lo dije; le dije:
-Te amo.
Satisfecho, me sodomizó duro con su lengua, hasta que me corrí de la manera y con la intensidad más deliciosa que recuerde. Se levantó y me susurró al oído:
-Me calientas más que Isadora” (el nombre de su novia), y me dio un lametón detrás de la oreja.
Me dijo:
-Vamos a la cama.
Yo estaba muy caliente, y muy agresiva, lo conduje hasta la cama, caminando delante de él, agarrándolo de la polla. Se recostó en la cama y yo empecé a cabalgarlo. Pasé mi mano derecha por atrás de mis nalgas y le sobaba sus pelotas. Con mi mano izquierda me agarraba el pelo yo misma, el sobaba las tetas y decía:
-Qué sabrosas, chilena.
Ahora con ambas manos yo misma me agarraba el pelo mientras me movía adelante atrás clavada en su verga. El me magreaba las tetas. Me dio vuelta, quedando el arriba y yo de frente a él. Empezó a fornicarme, hasta que de un momento a otro me dice:
-Voy a embarazarte, así tendrás que quedarte.
Yo solo me di vuelta, quedando de boca en la cama y le ofrecí mi culo. Él no se resistió y empezó a encularme. Toda esa semana se repitió esa misma dinámica, él me lo decía, y yo acaba ensartada por el culo.
Terminó con su novia. Ahora se pasea conmigo como si fuéramos una pareja normal; me da besos de lengua y me agarra el culo en público. Uno de los besos, lo recuerdo en particular: me arrinconó contra un árbol, puso sus labios juntos sobre los míos y los movía; me dijo:
-Saca la lengua- lo hice, y el empezó a besarla, a lamerla, a chuparla. Me follaba la boca con su lengua. Cuando llegamos al piso, no me resistí y le sobé la verga sobre el pantalón; me arrodillé a mamársela; no me importaba nada, quería culear con él.
Hasta me ha presentado a algunas amistades como su nueva novia. Me hace andar sin anillo. Ya sea saltando en su verga, o con mis piernas en sus hombros y mis tetas bailando descontroladas, o apoyada contra una muralla con mis piernas juntas y su lengua en mi ano, me hace decirle que dejaré a mi marido por él.

¡¡¡¡¡No sé qué hacer!!!!!


Para contactar con Paulina, la autora, mandadla un email a:

paulina.ordeix@hotmail.com

 

 

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